LXXV

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TTirad, fidalgos, tiradá vuestro trotón el freno,que en fuir de aquese modomostráis el pavor del pecho.De un home solo fuís,mirad que no es de homes buenosfuir en tal lid de un morodonde hay tantos que lo vieron.Si non queredes morir,como buen fidalgo, á fierro,non viváis entre fidalgosque fincan contino muertos.Tornadvos luégo á Valencia,que si non facéis más qu’eso,también saldrán á lidiarlas damas que quedan dentro.¡Mal andanza vos dé Dios!Pues con aspecto tan feoasí en público fuís,¿qué vos dirán en secreto?¡Mal la doctrina tomastesde mi tío, vuestro suegro,pues non mancháis la Tizona,deshonrando el honor viejo!Decides que sois fidalgos,¡pues yo vos juro á San Pedroque tales desaguisadosnon facen fidalgos buenos!Las armas traéis doradas,non las regaléis, mancebos,porque son fierros doradosque publican vuestros yerros.Tomad aquese caballodel moro que yace muerto,y decid que le vencistes,que de callar os prometo.Galanes sois entre damas,sed valientes entre perros,porque non digan de vosá los que os han parentesco.Y adios, que quiero partirme,porque el Cid mi tío es viejo,y le quiero ir á ayudar,pues no le ayudan sus yernos.—Esto dijo el buen Bermúdezporque el infante don Diegoen la Vega de Valenciafuyó de un moro gran trecho.

T

Tirad, fidalgos, tirad

á vuestro trotón el freno,

que en fuir de aquese modo

mostráis el pavor del pecho.

De un home solo fuís,

mirad que no es de homes buenos

fuir en tal lid de un moro

donde hay tantos que lo vieron.

Si non queredes morir,

como buen fidalgo, á fierro,

non viváis entre fidalgos

que fincan contino muertos.

Tornadvos luégo á Valencia,

que si non facéis más qu’eso,

también saldrán á lidiar

las damas que quedan dentro.

¡Mal andanza vos dé Dios!

Pues con aspecto tan feo

así en público fuís,

¿qué vos dirán en secreto?

¡Mal la doctrina tomastes

de mi tío, vuestro suegro,

pues non mancháis la Tizona,

deshonrando el honor viejo!

Decides que sois fidalgos,

¡pues yo vos juro á San Pedro

que tales desaguisados

non facen fidalgos buenos!

Las armas traéis doradas,

non las regaléis, mancebos,

porque son fierros dorados

que publican vuestros yerros.

Tomad aquese caballo

del moro que yace muerto,

y decid que le vencistes,

que de callar os prometo.

Galanes sois entre damas,

sed valientes entre perros,

porque non digan de vos

á los que os han parentesco.

Y adios, que quiero partirme,

porque el Cid mi tío es viejo,

y le quiero ir á ayudar,

pues no le ayudan sus yernos.—

Esto dijo el buen Bermúdez

porque el infante don Diego

en la Vega de Valencia

fuyó de un moro gran trecho.


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