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E ornadaEnlas Cortes de Toledoque el buen rey Alfonso hacíapara dar derecho al Cid,que querellado se habíade los condes de Carrión,sus yernos que ser solían,porque á sus buenas mujeresdeshonrado las habían,vuelto le han sus dos espadas,el su haber también volvían.El Cid por grandes traidoresá ambos retado había;los infantes no respondená lo que el buen Cid decía.El rey dijo á los infantesqué era lo que respondían.Diego González, el uno,al rey así le decía:—Ya, señor, sabéis que somosde los buenos de Castilla;dejamos nuesas mujeresporque no nos merecían;casar con fijas del Cidgran deshonra nos traía.—Los del Cid no respondieron,que el Cid mandado teníaque si él no lo mandaseninguno fablar debía.Ordoño, sobrino suyo,era el que respondía:—Calla tú, Diego González,que eres de gran cobardía;muy valiente eres de lengua,mas esfuerzo no tenías,y en esa tu falsa bocaninguna verdad había.Lémbrate cuando en Valenciaen la lid que el Cid facíaechaste á fuir de un moro,y el moro bien te seguía,y yo le salí al encuentromuerto en tierra lo ponía,díte su caballo y armasy al Cid entender facíaque tú mataste aquel moroque aquel caballo traía.Yo lo hice por te honrar,por casar con la mi prima;alabástete tú d’esto,yo lo otorgaba á tu guisa,nunca salió de mi bocafasta hoy que lo decía,y si agora lo publicoes por tu gran villanía;y sepan cuando en Valencia,cuando el león que ende habíase soltó de donde estaba,tú, porque á esconderte ibas,rompiste el manto y el sayoque cobijado tenías,por entrar bajo un escañoque en el aposento había.No digo cómo tu hermano,que es aquel que me veía,cayó con notable miedoen parte do no debía.Así, señor rey Alfonso,á tu Alteza yo decíaque este día fuera biendemostrar su valentía,no en los robledos de Tormes,do ferido habían mis primas,mujeres de tal linaje,que muy más que ellos valían,que si yo ende estuvieracometerlo no osarían.Ficieron como cobardes,yo se lo combatiría;no ficieron como buenos,como manda la hidalguía.Muy feble es facer tal cosaningún home de valía,y poner mano en mujeresnon es de caballería.
E ornada
Enlas Cortes de Toledo
que el buen rey Alfonso hacía
para dar derecho al Cid,
que querellado se había
de los condes de Carrión,
sus yernos que ser solían,
porque á sus buenas mujeres
deshonrado las habían,
vuelto le han sus dos espadas,
el su haber también volvían.
El Cid por grandes traidores
á ambos retado había;
los infantes no responden
á lo que el buen Cid decía.
El rey dijo á los infantes
qué era lo que respondían.
Diego González, el uno,
al rey así le decía:
—Ya, señor, sabéis que somos
de los buenos de Castilla;
dejamos nuesas mujeres
porque no nos merecían;
casar con fijas del Cid
gran deshonra nos traía.—
Los del Cid no respondieron,
que el Cid mandado tenía
que si él no lo mandase
ninguno fablar debía.
Ordoño, sobrino suyo,
era el que respondía:
—Calla tú, Diego González,
que eres de gran cobardía;
muy valiente eres de lengua,
mas esfuerzo no tenías,
y en esa tu falsa boca
ninguna verdad había.
Lémbrate cuando en Valencia
en la lid que el Cid facía
echaste á fuir de un moro,
y el moro bien te seguía,
y yo le salí al encuentro
muerto en tierra lo ponía,
díte su caballo y armas
y al Cid entender facía
que tú mataste aquel moro
que aquel caballo traía.
Yo lo hice por te honrar,
por casar con la mi prima;
alabástete tú d’esto,
yo lo otorgaba á tu guisa,
nunca salió de mi boca
fasta hoy que lo decía,
y si agora lo publico
es por tu gran villanía;
y sepan cuando en Valencia,
cuando el león que ende había
se soltó de donde estaba,
tú, porque á esconderte ibas,
rompiste el manto y el sayo
que cobijado tenías,
por entrar bajo un escaño
que en el aposento había.
No digo cómo tu hermano,
que es aquel que me veía,
cayó con notable miedo
en parte do no debía.
Así, señor rey Alfonso,
á tu Alteza yo decía
que este día fuera bien
demostrar su valentía,
no en los robledos de Tormes,
do ferido habían mis primas,
mujeres de tal linaje,
que muy más que ellos valían,
que si yo ende estuviera
cometerlo no osarían.
Ficieron como cobardes,
yo se lo combatiría;
no ficieron como buenos,
como manda la hidalguía.
Muy feble es facer tal cosa
ningún home de valía,
y poner mano en mujeres
non es de caballería.