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LLasobsequias funeralescelebra doña Jimenade Rodrigo de Vivaren San Pedro de Cardeña,juntamente con sus fijas,á quien el cielo hizo reinas,satisfaciendo el agraviono debido á su inocencia.Pone el cuerpo en una tumba,más que su esperanza negra,y así llorando le dice,como si vivo estuviera:—¡Oh amparo de los cristianos!¡rayo del cielo en la tierra!¡azote de la morisma!¡de la fe de Dios defensa!¿No sois aquel que jamásos vieron la espalda vueltalos disfrazados amigosque causaron vuestra ausencia?¿No sois el que, desterradopor palabras lisonjeras,allanó para su reymil castillos y fronteras?¿No sois vos quien sujetóá la ciudad de Valencia,y el que venció en seis batallassin alma mil almas fieras?¡Ay, amarga soledad,cómo al sufrimiento enseñasá sufrir contra justiciatan penosa y triste ausencia!—No pudo pasar de aquíla madre de la nobleza,que sobre el cuerpo cayódesmayada, ó casi muerta.

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Lasobsequias funerales

celebra doña Jimena

de Rodrigo de Vivar

en San Pedro de Cardeña,

juntamente con sus fijas,

á quien el cielo hizo reinas,

satisfaciendo el agravio

no debido á su inocencia.

Pone el cuerpo en una tumba,

más que su esperanza negra,

y así llorando le dice,

como si vivo estuviera:

—¡Oh amparo de los cristianos!

¡rayo del cielo en la tierra!

¡azote de la morisma!

¡de la fe de Dios defensa!

¿No sois aquel que jamás

os vieron la espalda vuelta

los disfrazados amigos

que causaron vuestra ausencia?

¿No sois el que, desterrado

por palabras lisonjeras,

allanó para su rey

mil castillos y fronteras?

¿No sois vos quien sujetó

á la ciudad de Valencia,

y el que venció en seis batallas

sin alma mil almas fieras?

¡Ay, amarga soledad,

cómo al sufrimiento enseñas

á sufrir contra justicia

tan penosa y triste ausencia!—

No pudo pasar de aquí

la madre de la nobleza,

que sobre el cuerpo cayó

desmayada, ó casi muerta.


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