XCV

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E ornadaEnValencia estaba el Ciddoliente del mal postrero,que agravios en pechos noblespueden mucho más que el tiempo.Á su cabecera tienereligiosos y hombres buenos,y en torno de su personasus amigos y sus deudos,cuyos semblantes mirandode dolor y cuita llenos,con tan sesudas razonesasí conhorta su duelo.—Bien sé, mis buenos amigos,que en tan duro apartamientono hay causa para alegraros,y hay mucha para doleros;pero mostrad mi enseñanzacontra los adversos tiempos,que vencer á la fortunaes más que vencer mil reinos.Mortal me parió mi madre,y pues pude morir luégo,lo que el cielo dió de gracia,non lo pidáis de derecho.No muero en tierras ajenas,en mis propias tierras muero,cuanto más que siendo tierraes propia heredad del muerto.No siento el verme morir,que si esta vida es destierro,los que á la muerte guiamosá nuestra patria volvemos.Tan sólo llevo en el almaque en poder de un rey vos dejoen quien vos podrá empecerser míos, ó ser ya vuesos.Que trate bien mis soldadospues le defienden sus reinos,y crea á piernas quebradasmás que á sabios consejeros.Que traiga siempre en balanzael castigo con el premio,que la lealtad de vasallosvirtud pone, y pone miedo.Que estime un noble lealmás que muchos falagüeños,que de muchos homes malosnon puede facer un bueno;y á quien menester hubiere,nunca le faga denuestos,ni pague servicios propiospor pareceres ajenos.Y non fablo de agraviado,antes le quedo debiendo,que las sinrazones suyasfueron mis merecimientos.—En esto entrara Jimena,cuyo desamparo viendo,ellos se enjugan los ojos,y el Cid dejó el parlamento.

E ornada

EnValencia estaba el Cid

doliente del mal postrero,

que agravios en pechos nobles

pueden mucho más que el tiempo.

Á su cabecera tiene

religiosos y hombres buenos,

y en torno de su persona

sus amigos y sus deudos,

cuyos semblantes mirando

de dolor y cuita llenos,

con tan sesudas razones

así conhorta su duelo.

—Bien sé, mis buenos amigos,

que en tan duro apartamiento

no hay causa para alegraros,

y hay mucha para doleros;

pero mostrad mi enseñanza

contra los adversos tiempos,

que vencer á la fortuna

es más que vencer mil reinos.

Mortal me parió mi madre,

y pues pude morir luégo,

lo que el cielo dió de gracia,

non lo pidáis de derecho.

No muero en tierras ajenas,

en mis propias tierras muero,

cuanto más que siendo tierra

es propia heredad del muerto.

No siento el verme morir,

que si esta vida es destierro,

los que á la muerte guiamos

á nuestra patria volvemos.

Tan sólo llevo en el alma

que en poder de un rey vos dejo

en quien vos podrá empecer

ser míos, ó ser ya vuesos.

Que trate bien mis soldados

pues le defienden sus reinos,

y crea á piernas quebradas

más que á sabios consejeros.

Que traiga siempre en balanza

el castigo con el premio,

que la lealtad de vasallos

virtud pone, y pone miedo.

Que estime un noble leal

más que muchos falagüeños,

que de muchos homes malos

non puede facer un bueno;

y á quien menester hubiere,

nunca le faga denuestos,

ni pague servicios propios

por pareceres ajenos.

Y non fablo de agraviado,

antes le quedo debiendo,

que las sinrazones suyas

fueron mis merecimientos.—

En esto entrara Jimena,

cuyo desamparo viendo,

ellos se enjugan los ojos,

y el Cid dejó el parlamento.


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