XVIII
E ornadaEnZamora está Rodrigo,en corte del rey Fernando,padre del rey sin venturaá quien llamaron don Sancho,cuando llegan mensajerosde los Reyes tributariosá Rodrigo de Vivar,al cual dicen humillados:—Buen Cid, á ti nos envíancinco reyes tus vasallosá te pagar el tributoque quedaron obligados;y por señal de amistadte envían más cien caballos,veinte blancos como armiñosy veinte rucios rodados;treinta te envían morcillosy otros tantos alazanos,con todos sus guarnimientosde diferentes brocados,y á más á doña Jimenamuchas joyas y tocados,y á vuestras dos fijas bellasdos jacintos muy preciados;dos cofres de muchas sedaspara vestir tus fidalgos.—El Cid les dijera:—Amigos,el mensaje habéis errado,porque yo no soy señoradonde está el rey Fernando:todo es suyo, nada es mío,yo soy su menor vasallo.—El Rey agradeció muchola humildad del Cid honrado,y dijo á los mensajeros:—Decidles á vuestros amosque aunque no es rey su señor,con un rey está sentado,y que cuanto yo poseoel Cid me lo ha conquistado;y que yo estoy muy contentoen tener tan buen vasallo.El Cid despidió á los moroscon dones que les ha dado,siendo dende allí adelanteel Cid, Ruíz Díaz llamado,apellido, entre los moros,de hombre de valor y estado.
E ornada
EnZamora está Rodrigo,
en corte del rey Fernando,
padre del rey sin ventura
á quien llamaron don Sancho,
cuando llegan mensajeros
de los Reyes tributarios
á Rodrigo de Vivar,
al cual dicen humillados:
—Buen Cid, á ti nos envían
cinco reyes tus vasallos
á te pagar el tributo
que quedaron obligados;
y por señal de amistad
te envían más cien caballos,
veinte blancos como armiños
y veinte rucios rodados;
treinta te envían morcillos
y otros tantos alazanos,
con todos sus guarnimientos
de diferentes brocados,
y á más á doña Jimena
muchas joyas y tocados,
y á vuestras dos fijas bellas
dos jacintos muy preciados;
dos cofres de muchas sedas
para vestir tus fidalgos.—
El Cid les dijera:—Amigos,
el mensaje habéis errado,
porque yo no soy señor
adonde está el rey Fernando:
todo es suyo, nada es mío,
yo soy su menor vasallo.—
El Rey agradeció mucho
la humildad del Cid honrado,
y dijo á los mensajeros:
—Decidles á vuestros amos
que aunque no es rey su señor,
con un rey está sentado,
y que cuanto yo poseo
el Cid me lo ha conquistado;
y que yo estoy muy contento
en tener tan buen vasallo.
El Cid despidió á los moros
con dones que les ha dado,
siendo dende allí adelante
el Cid, Ruíz Díaz llamado,
apellido, entre los moros,
de hombre de valor y estado.