XXX
EElCid fué para su tierra;con sus vasallos partíapara Toledo, do estabaAlfonso cuando fuía.Los condes y ricos homesal rey don Sancho decían,no perdiese tal vasalloy de tanta valentíacomo es Rúy Díaz el Cid,qu’es muy grande su valía.El Rey vido qu’es muy bienfacer lo que le decían;y fablando á Diego Ordóñez,mandóle que al Cid le digaque se venga luégo á él,que como bueno lo haría,y que le haría el mayorde los que en su casa había.Ordoño fué tras del Cid,su mensaje le decía.El Cid se había aconsejadocon los suyos que teníasi haría lo que el Rey manda:su parecer les pedía.Que se vuelva al Rey, dijeron,pues su disculpa le envía;el Cid con ellos se vuelve.El Rey cuando lo sabíados leguas salió á él,quinientos van en su guía.El Cid, cuando vido al Rey,de Babieca descendía;besóle luégo las manos,para el real se volvíay todos los castellanosgran placer con él habían.
E
ElCid fué para su tierra;
con sus vasallos partía
para Toledo, do estaba
Alfonso cuando fuía.
Los condes y ricos homes
al rey don Sancho decían,
no perdiese tal vasallo
y de tanta valentía
como es Rúy Díaz el Cid,
qu’es muy grande su valía.
El Rey vido qu’es muy bien
facer lo que le decían;
y fablando á Diego Ordóñez,
mandóle que al Cid le diga
que se venga luégo á él,
que como bueno lo haría,
y que le haría el mayor
de los que en su casa había.
Ordoño fué tras del Cid,
su mensaje le decía.
El Cid se había aconsejado
con los suyos que tenía
si haría lo que el Rey manda:
su parecer les pedía.
Que se vuelva al Rey, dijeron,
pues su disculpa le envía;
el Cid con ellos se vuelve.
El Rey cuando lo sabía
dos leguas salió á él,
quinientos van en su guía.
El Cid, cuando vido al Rey,
de Babieca descendía;
besóle luégo las manos,
para el real se volvía
y todos los castellanos
gran placer con él habían.