1 REYES

2 Y se volvió aquel día la salud en luto para todo el pueblo; porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo.

3 Se entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la batalla.

4 Mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!

5 Y entrando Joab en casa del rey, le dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que han hoy librado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas,

6 amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman; porque hoy has declarado que [no estimas] tus príncipes y siervos; porque [yo] entiendo hoy que si Absalón viviera, y todos nosotros todos estuviéramos muertos hoy, entonces [esto sería] recto en tus ojos.

7 Levántate pues ahora, y sal fuera, y habla al corazón de tus siervos; porque juro por el SEÑOR, que si no sales, ni aun uno quede contigo esta noche; y de esto te pesará más que de todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora.

8 Entonces se levantó el rey, y se sentó a la puerta; y fue declarado a todo el pueblo, diciendo: He aquí el rey está sentado a la puerta. Y vino todo el pueblo delante del rey; mas Israel había huido, cada uno a sus estancias.

9 Y todo el pueblo porfiaba en todas las tribus de Israel, diciendo: El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y él nos ha salvado de mano de los filisteos; y ahora había huido, de la tierra por miedo de Absalón.

10 Y Absalón, a quien habíamos ungido sobre nosotros, es muerto en la batalla. ¿Por qué pues os estáis ahora quedos en orden a hacer volver al rey?

11 Y el rey David envió a Sadoc y a Abiatar sacerdotes, diciendo: Hablad a los ancianos de Judá y decidles: ¿Por qué seréis [vosotros] los postreros en volver el rey a su casa, ya que la palabra de todo Israel ha venido al rey [de volverle] a su casa?

12 Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne sois; ¿por qué pues seréis vosotros los postreros en volver al rey?

13 Asimismo diréis a Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y así me añada, si no fueres general del ejército delante de mí para siempre, en lugar de Joab.

14 Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el de un varón, para que enviasen a [decir] al rey: Vuelve tú, y todos tus siervos.

15 Volvió, pues, el rey, y vino hasta el Jordán. Y Judá vino a Gilgal, a recibir al rey y pasarlo del Jordán.

16 Y Semei hijo de Gera, hijo de Jemini, [que era] de Bahurim, se dio prisa a venir con los varones de Judá a recibir al rey David;

17 y con él [venían] mil hombres de Benjamín; asimismo Siba criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey.

18 Atravesó [después] la barca para pasar la familia del rey, y para hacer lo que le quisiera. Entonces Semei hijo de Gera se postró delante del rey pasando él el Jordán.

19 Y dijo al rey: No me impute mi señor mi iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día que mi señor el rey salió de Jerusalén, para guardarlos el rey en su corazón; 20 Porque yo tu siervo conozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey.

21 Y Abisai hijo de Sarvia respondió y dijo: ¿No ha de morir por esto Semei, que maldijo al ungido del SEÑOR?

22 David entonces dijo: ¿Qué tenéis vosotros conmigo, hijos de Sarvia, que me habéis de ser hoy adversarios? ¿Ha de morir hoy alguno en Israel? ¿No conozco yo que hoy soy rey sobre Israel?

23 Y dijo el rey a Semei: No morirás. Y el rey se lo juró.

24 También Mefi-boset hijo de Saúl descendió a recibir al rey; no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día que el rey salió hasta el día que vino en paz.

25 Y luego que vino él a Jerusalén a recibir al rey, el rey le dijo: Mefi-boset, ¿por qué no fuiste conmigo?

26 Y él dijo: Rey señor mío, mi siervo me ha engañado; pues había tu siervo dicho: Enalbardaré un asno, y subiré en él, e iré al rey; porque tu siervo es cojo.

27 Pero él revolvió a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios; haz pues lo que bien te pareciere.

28 Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados de tu mesa. ¿Qué derecho pues tengo aún para quejarme más contra el rey?

29 Y el rey le dijo: ¿Para qué hablas más palabras? Yo he determinado que tú y Siba partáis las tierras.

30 Y Mefi-boset dijo al rey: Y aun tómelas él todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.

31 También Barzilai galaadita descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompañarle al otro lado del Jordán.

32 Y era Barzilai muy viejo, de ochenta años, el cual había dado provisión al rey cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico.

33 Y el rey dijo a Barzilai: Pasa conmigo, y yo te daré de comer conmigo en Jerusalén.

34 Mas Barzilai dijo al rey: ¿Cuántos son los días del tiempo de mi vida, para que [yo] suba con el rey a Jerusalén?

35 Yo soy hoy día de edad de ochenta años, que ya no haré diferencia entre lo bueno y lo malo. ¿Tomará gusto ahora tu siervo en lo que comiere o bebiere? ¿Oiré más la voz de los cantores y de las cantoras? ¿Para qué, pues, sería aún tu siervo molesto a mi señor el rey?

36 Pasará tu siervo un poco el Jordán con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa?

37 Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que muera en mi ciudad, [junto] al sepulcro de mi padre y de mi madre. He aquí tu siervo Quimam; que pase él con mi señor el rey, y hazle lo que bien te pareciere.

38 Y el rey dijo: Pues pase conmigo Quimam, y yo haré con él como bien te parezca; y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré.

39 Y todo el pueblo pasó el Jordán; y luego que el rey hubo también pasado, el rey besó a Barzilai, y lo bendijo; y él se volvió a su casa.

40 El rey entonces pasó a Gilgal, y con él pasó Quimam; y todo el pueblo de Judá pasaron al rey con la mitad del pueblo de Israel.

41 Y he aquí todos los varones de Israel vinieron al rey, y le dijeron: ¿Por qué los varones de Judá, nuestros hermanos, te han hurtado, y han hecho pasar el Jordán al rey y a su familia, y a todos los varones de David con él?

42 Y todos los varones de Judá respondieron a todos los varones de Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os enojáis vosotros de eso? ¿Hemos nosotros comido [algo] del rey? ¿Hemos recibido de él algún don?

43 Entonces respondieron los varones de Israel, y dijeron a los de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros; ¿por qué pues nos habéis tenido en poco? ¿No hablamos nosotros primero en volver a nuestro rey? Mas [al fin] la razón de los varones de Judá fue más fuerte que el de los varones de Israel.

1 Y acaeció estar allí un varón de Belial que se llamaba Seba, hijo de Bicri, varón de Jemini, el cual tocó la trompeta diciendo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad en el hijo de Isaí. Israel, ¡cada uno a sus estancias!

2 Así se fueron de en pos de David todos los varones de Israel, y seguían a Seba hijo de Bicri; mas los que eran de Judá fueron adheridos a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén.

3 Y [luego que] llegó David a su casa en Jerusalén, tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y las puso en una casa bajo guardia, y les dio de comer; pero nunca más entró a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron en viudez de por vida.

4 Y el rey dijo a Amasa: Júntame los varones de Judá para el tercer día, y hállate tú aquí presente.

5 Fue, [pues], Amasa a juntar a Judá; pero se detuvo más del tiempo que le había sido señalado.

6 Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bicri nos hará ahora más mal que Absalón; toma pues tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que halle las ciudades fortificadas, y se nos vaya de delante.

7 Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los cereteos y peleteos, y todos los hombres valientes salieron de Jerusalén para ir tras Seba hijo de Bicri.

8 Y estando ellos junto a la grande peña que está [en] Gabaón, les salió Amasa al encuentro. Y Joab estaba ceñido sobre su ropa que tenía puesto, sobre la cual tenía ceñido un cuchillo pegado a sus lomos en su vaina, el cual salió y cayó.

9 Y Joab dijo a Amasa: ¿Tienes paz, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo.

10 Y Amasa no se cuidó del cuchillo que Joab tenía en la mano; y él le hirió con el cuchillo en la quinta [costilla], y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle segundo golpe. [Después] Joab y su hermano Abisai persiguieron a Seba hijo de Bicri.

11 Y uno de los criados de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que amare a Joab y a David [vaya] en pos de Joab.

12 Y Amasa se había revolcado en la sangre en mitad del camino; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura, porque veía que todos los que venían se paraban junto a él.

13 Luego que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba hijo de Bicri.

14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel y Bet-maaca y todo Barim; y se juntaron, y lo siguieron también.

15 Y vinieron y lo cercaron en Abel de Bet-maaca, y pusieron baluarte contra la ciudad; y [el pueblo] se puso al muro; y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla.

16 Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, [diciendo]: Oíd, oíd; os ruego que digáis a Joab se llegue hasta acá, para que [yo] hable con él.

17 Y cuando él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: [Yo] soy. Y ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo.

18 Entonces volvió ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían hablar, diciendo: Quien preguntare, pregunte en Abel; y así concluían.

19 Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel; y tú procuras destruir una ciudad que es madre de Israel; ¿por qué destruyes la heredad del SEÑOR? 20 Y Joab respondió, diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca, que [yo] destruya ni deshaga.

21 La cosa no es así; mas un hombre del monte de Efraín, que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey David; entregad a ése solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será echada desde el muro.

22 La mujer fue [luego] a todo el pueblo con su sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y la echaron a Joab. Y él tocó la trompeta, y se esparcieron [todos] de la ciudad, cada uno a su estancia. Y Joab se volvió al rey a Jerusalén.

23 [Así quedó] Joab sobre todo el ejército de Israel; y Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos;

24 y Adoram sobre los tributos; y Josafat hijo de Ahilud, el canciller;

25 y Seba, escriba; y Sadoc y Abiatar, sacerdotes;

26 e Ira jaireo fue sacerdote de David.

1 Y en los días de David hubo hambre por tres años consecutivos. Y David consultó al SEÑOR, y el SEÑOR le dijo: [Es] por Saúl, y por aquella casa de sangre; porque mató a los gabaonitas.

2 Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y les habló. (Los gabaonitas no [eran] de los hijos de Israel, sino del residuo de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento; mas Saúl había procurado matarlos con [motivo de] celo por los hijos de Israel y de Judá).

3 Dijo, [pues], David a los gabaonitas: ¿Qué os haré, y con qué expiaré para que bendigáis a la heredad del SEÑOR?

4 Y los gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros [pleito] sobre plata ni sobre oro con Saúl, y con su casa; ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que [vosotros] dijereis os haré.

5 Y ellos respondieron al rey: Aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros; asolaremos, que no quede [nada de él] en todo el término de Israel.

6 Dénsenos siete varones de sus hijos, para que colgarlos al SEÑOR en Gabaa de Saúl, el escogido del SEÑOR. Y el rey dijo: Yo [los] daré.

7 Y el rey perdonó a Mefi-boset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento del SEÑOR que hubo entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl.

8 Mas tomó el rey dos hijos de Rizpa hija de Aja, los cuales ella había dado a luz a Saúl, [a saber], a Armoni y a Mefi-boset; y cinco hijos de Mical hija de Saúl, los cuales ella había dado a luz a Adriel, hijo de Barzilai meholatita;

9 y los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los colgaron en el monte delante del SEÑOR; y murieron juntos aquellos siete, lo cuales fueron muertos en el tiempo de la siega, en los primeros días, en el principio de la siega de las cebadas.

10 Tomando [luego] Rizpa hija de Aja [un] saco, se lo tendió sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó a ninguna ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche.

11 Y fue dicho a David lo que hacía Rizpa hija de Aja, concubina de Saúl.

12 Entonces David fue, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los varones de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los filisteos, cuando deshicieron los filisteos a Saúl en Gilboa;

13 y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y juntaron también los huesos de los colgados,

14 y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis su padre; e hicieron todo lo que el rey había mandado. [Después] se aplacó Dios con la tierra.

15 Y los filisteos volvieron a hacer [la] guerra a Israel, y David descendió y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David se cansó.

16 E Isbi-benob, el cual era de los hijos del gigante, y el peso de cuya lanza [era de] trescientos siclos de bronce, y tenía él ceñida una nueva [espada], este había determinado de herir a David.

17 Mas Abisai hijo de Sarvia le socorrió, e hirió al filisteo, y lo mató. Entonces los varones de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí adelante saldrás con nosotros a batalla, para que no apagues la lámpara de Israel.

18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los filisteos; entonces Sibecai husatita hirió a Saf, que era de los hijos del gigante.

19 Otra guerra hubo en Gob contra los filisteos, en la cual Elhanán, hijo de Jaare-oregim de Belén, hirió a Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como el rodillo de [un] telar. 20 Después hubo otra guerra en Gat, donde hubo [un] varón de grande altura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro en todos; y también era de los hijos del gigante.

21 Este desafió a Israel, y lo mató Jonatán, hijo de Simea hermano de David.

22 Estos cuatro le habían nacido al gigante en Gat, los cuales cayeron por la mano de David, y por la mano de sus siervos.

1 Y habló David al SEÑOR las palabras de este cántico, el día que el SEÑOR le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.

2 Y dijo: El SEÑOR [es] mi peña, y mi fortaleza, y mi libertador.

3 Dios es mi peñasco, en él confiaré; mi escudo, y el cuerno de mi salud; mi fortaleza, y mi refugio; mi salvador, que me librarás de violencia.

4 Invocaré al SEÑOR, digno de ser loado. Y seré salvo de mis enemigos.

5 Cuando me cercaron ondas de muerte, y arroyos de iniquidad me asombraron,

6 [cuando] las cuerdas del sepulcro me ciñieron, y los lazos de muerte me tomaron descuidado,

7 [cuando] tuve angustia, invoqué al SEÑOR, y clamé a mi Dios; y desde su santo templo él oyó mi voz; cuando mi clamor [llegó] a sus oídos.

8 La tierra se removió, y tembló; los fundamentos de los cielos fueron movidos, y se quebrantaron, porque él se airó.

9 Subió humo de sus narices, y de su boca fuego consumidor, por el cual se encendieron carbones.

10 Y bajó los cielos, y descendió; una oscuridad debajo de sus pies.

11 Subió sobre el querubín, y voló; se apareció sobre las alas del viento.

12 Puso tinieblas alrededor de sí a modo de tabernáculos; aguas negras y espesas nubes.

13 Del resplandor de su presencia se encendieron ascuas ardientes.

14 El SEÑOR tronó desde los cielos, y el Altísimo dio su voz;

15 arrojó saetas, y los desbarató; relampagueó, y los consumió.

16 Entonces aparecieron los manantiales del mar, y los fundamentos del mundo fueron descubiertos, a la reprensión del SEÑOR, al resoplido del aliento de su nariz.

17 Extendió [su mano] de lo alto, y me arrebató, y me sacó de las aguas impetuosas.

18 Me libró de fuertes enemigos, de aquellos que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo.

19 Los cuales me tomaron descuidado en el día de mi calamidad; mas el SEÑOR fue mi bordón. 20 Me sacó a anchura; me libró, porque puso su voluntad en mí.

21 Me pagó el SEÑOR conforme a mi justicia; y conforme a la limpieza de mis manos, me dio la paga.

22 Porque [yo] guardé los caminos del SEÑOR; y no me aparté impíamente de mi Dios.

23 Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas; y atento a sus fueros, no me retiraré de ellos.

24 Y fui perfecto [para] con él, y me guardé de mi iniquidad.

25 Y me pagó el SEÑOR conforme a mi justicia, y conforme a mi limpieza delante de sus ojos.

26 Con el bueno eres bueno, y con el valeroso [y] perfecto eres perfecto;

27 con el limpio eres limpio, mas con el perverso eres adversario.

28 Y tú salvas al pueblo pobre; mas tus ojos [están] sobre los altivos, para abatirlos.

29 Porque tú [eres] mi lámpara, oh SEÑOR; el SEÑOR da luz a mis tinieblas.

30 Porque en ti rompí ejércitos, y con mi Dios pasé las murallas.

31 Dios, perfecto su camino; la palabra del SEÑOR purificada, escudo es de todos los que en él esperan.

32 Porque ¿qué Dios [hay] sino el SEÑOR? ¿O quién [es] fuerte sino nuestro Dios?

33 Dios [es] el que con virtud me corrobora, y el que despeja mi camino;

34 el que hace mis pies como de ciervas, y el que me asienta en mis alturas;

35 el que enseña mis manos para la pelea, y [da que] con mis brazos quiebre el arco de acero.

36 [Tú] me diste asimismo el escudo de tu salud, y tu mansedumbre me ha multiplicado.

37 [Tú] ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que no titubeasen mis rodillas.

38 Perseguí a mis enemigos, y los quebranté; y no me volví hasta que los acabé.

39 Los consumí, y los herí, y no se levantaron; y cayeron debajo de mis pies.

40 Me ceñiste de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron.

41 [Tú] me diste la cerviz de mis enemigos, de mis aborrecedores, y [que yo] los talase.

42 Miraron, y no hubo quien los librase; [aun] al SEÑOR, mas no les respondió.

43 [Yo] los quebranté como a polvo de la tierra; como a lodo de las plazas los desmenucé, y los disipé.

44 [Tú] me libraste de contiendas de pueblos; tú me guardaste para que fuese cabeza de gentiles; pueblos que no conocía, me sirvieron.

45 Los extraños temblaban [ante] mí [mandamiento]; en oyendo, me obedecían.

46 Los extraños desfallecían, y temblaban en sus encerramientos.

47 Viva el SEÑOR, y sea bendita mi peña; sea ensalzado el Dios, [que es] la roca de mi salvación.

48 El Dios que me ha dado venganzas, y sujeta los pueblos debajo de mí.

49 Que me saca de entre mis enemigos; tu me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mi; me libraste del varón de iniquidades.

50 Por tanto [yo] te confesaré entre los gentiles, oh SEÑOR, y cantaré a tu nombre.

51 El que engrandece las saludes de su rey, y hace misericordia a su ungido David, y a su simiente, para siempre.

1 Estas [son] las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel:

2 (El Espíritu del SEÑOR ha hablado por mí, y su palabra [ha sido] en mi lengua.

3 El Dios de Israel me ha dictado, el Fuerte de Israel habló): Señoreador de los hombres, justo señoreador en temor de Dios.

4 Y como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana resplandeciente sin nubes; como resplandor por llovizna [sobre la] yerba de la tierra.

5 ¿No será así mi casa para con Dios? bien que a toda mi salud, y a toda mi voluntad no [se] hará producir todavía. Mas él ha hecho conmigo pacto perpetuo ordenado en todas las cosas, y [será] guardado;

6 mas los de Belial [serán] todos ellos como espinas arrancadas, las cuales nadie toma con la mano;

7 sino que el que quiere tocar en ellas, se arma de hierro y de asta de lanza, y son quemadas en su lugar.

8 Estos [son] los nombres de los valientes que tuvo David: El que se sentaba en cátedra de sabiduría, principal de los tres: Adino el eznita, que en una ocasión [se halló] haber matado ochocientos enemigos.

9 Después de éste fue Eleazar, hijo de Dodo de Ahohi, entre de los tres valientes que [estaban] con David, cuando desafiaron a los filisteos que se habían juntado allí a la batalla, y subieron los de Israel.

10 Este, levantándose, hirió a los filisteos, hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día el SEÑOR hizo gran salud; y se volvió el pueblo en pos de él solamente a tomar el despojo.

11 Después de éste [fue] Sama, hijo de Age araita; que habiéndose juntado los filisteos en una aldea, había allí una heredad de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos.

12 El entonces se paró en medio de la heredad de tierra, y la defendió, e hirió a los filisteos; y el SEÑOR hizo una gran salud.

13 [Estos] tres [que eran] de los treinta principales descendieron y vinieron en [tiempo de] la siega a David a la cueva de Adulam; y el campamento de los filisteos estaba en el valle de Refaim.

14 David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los filisteos [estaba] en Belén.

15 Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera a beber del agua de la cisterna de Belén, que está a la puerta!

16 Entonces [estos] tres valientes rompieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua de la cisterna de Belén, que [estaba] a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino la derramó al SEÑOR, diciendo:

17 Lejos sea de mí, oh SEÑOR, que [yo] haga esto. ¿[He de beber yo] la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. [Estos] tres valientes hicieron esto.

18 Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, [fue] el principal de tres; el cual alzó su lanza contra trescientos, los cuales mató; y tuvo nombre entre los tres.

19 El era el más noble de los tres, y el primero de ellos; mas no llegó a los tres [primeros]. 20 [Después], Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab: y él [mismo] descendió, e hirió un león en medio de un foso en el tiempo de la nieve:

21 También hirió él a un egipcio, hombre de [grande] estatura; y tenía el egipcio una lanza en su mano; mas descendió a él con un palo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su [propia] lanza.

22 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes.

23 De los treinta fue el más noble; pero no llegó a los tres [primeros]. Y lo puso David en su consejo.

24 Asael hermano de Joab [fue] de los treinta; Elhanán hijo de Dodo de Belén;

25 Sama de Harodi, Elica de Harodi;

26 Heles de Palti, Ira, hijo de Iques, de Tecoa;

27 Abiezer de Anatot, Mebunai de Husa;

28 Salmón de Hahoh, Maharai de Netofat;

29 Helec hijo de Baana de Netofat, Ittai hijo de Ribai de Gabaa de los hijos de Benjamín;

30 Benaía piratonita, Hidai del arroyo de Gaas;

31 Abi-albón de Arbat, Azmavet de Barhum;

32 Eliaba de Saalbón, Jonatán de los hijos de Jasén;

33 Sama de Arar, Ahíam hijo de Sarar de Arar.

34 Elifelet hijo de Ahasbai hijo de Maaca; Eliam hijo de Ahitofel de Gelón;

35 Hesrai del Carmelo, Paarai de Arbi;

36 Igal hijo de Natán de Soba, Bani de Gadi;

37 Selec de Amón, Naharai de Beerot, escudero de Joab hijo de Sarvia;

38 Ira de Itri, Gareb de Itri;

39 Urías heteo. Entre todos treinta y siete.

1 Y volvió el furor del SEÑOR a encenderse contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, cuenta a Israel y a Judá.

2 Y dijo el rey a Joab, general del ejército que tenía consigo: Rodea todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y contad el pueblo, para que yo sepa el número del pueblo.

3 Y Joab respondió al rey: Añada El SEÑOR tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey; mas ¿para qué quiere esto mi señor el rey?

4 Pero la palabra del rey pudo más que Joab, y que los capitanes del ejército. Salió, [pues], Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para [ir] a contar el pueblo de Israel.

5 Y pasando el Jordán asentaron en Aroer, a la mano derecha de la ciudad que [está] en medio del arroyo de Gad y junto a Jazer.

6 Después vinieron a Galaad, y a la tierra baja de Hodsi; y de allí vinieron a Danjaán y alrededor de Sidón.

7 Y vinieron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos; y salieron al mediodía de Judá, a Beerseba.

8 Y después que hubieron andado toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días.

9 Y Joab dio la cuenta del número del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada; y de los de Judá quinientos mil hombres.

10 Y después que David hubo contado el pueblo, le herió su corazón; y dijo David al SEÑOR: [Yo] he pecado gravemente por haber hecho [esto]; mas ahora, [oh] SEÑOR, te ruego que traspases el pecado de tu siervo, porque yo he obrado muy locamente.

11 Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino palabra del SEÑOR a Gad profeta, vidente de David, diciendo:

12 Ve, y di a David: Así dijo el SEÑOR: Tres cosas te ofrezco; tú te escogerás una de ellas, la cual yo haga.

13 Vino, [pues], Gad a David, y le denunció, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿O que huyas tres meses delante de tus enemigos, y que ellos te persigan? ¿O que tres días haya pestilencia en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me envió.

14 Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; ruego que [yo] caiga en la mano del SEÑOR, porque sus miseraciones son muchas, y que [no] caiga yo en manos de hombres.

15 Y envió el SEÑOR pestilencia en Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres.

16 Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, el SEÑOR se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía el pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Entonces el ángel del SEÑOR estaba junto a la era de Arauna jebuseo.

17 Y David dijo al SEÑOR, cuando vio al ángel que hería al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre.

18 Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y haz [un] altar al SEÑOR en la era de Arauna jebuseo.

19 Y David subió, conforme al dicho de Gad, que el SEÑOR [le] había mandado. 20 Y mirando Arauna, vio al rey y a sus siervos que pasaban a él. Saliendo [entonces] Arauna, se inclinó delante del rey hacia tierra.

21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti esta era, para edificar [en ella] altar al SEÑOR, [a fin de] que la mortandad cese del pueblo.

22 Y Arauna dijo a David: Tome y sacrifique mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto; y trillos y otros aderezos de bueyes para leña;

23 todo lo da el rey Arauna al Rey. Luego dijo Arauna al rey: El SEÑOR tu Dios te sea propicio.

24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré al SEÑOR mi Dios holocaustos por nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.

25 Y edificó allí David [un] altar al SEÑOR, y sacrificó holocaustos y pacíficos; y el SEÑOR se aplacó con la tierra, y cesó la plaga de Israel.

1 Cuando el rey David [era] viejo, y entrado en días, le cubrían de vestidos, mas no se calentaba.

2 Le dijeron, [por tanto], sus siervos: Busquen a mi señor el rey una joven virgen, [para] que esté delante del rey, y lo caliente, y duerma a su lado, y calentará a nuestro señor el rey.

3 Y buscaron una joven hermosa por todo el término de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey.

4 Y la joven [era] muy hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía; mas el rey nunca la conoció.

5 Entonces Adonías hijo de Haguit se levantó, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de carros y gente de [a] caballo, y cincuenta varones que corriesen delante de él.

6 Y su padre nunca lo entristeció en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Y también éste era de hermoso parecer; y lo había engendrado después de Absalón.

7 Y tenía tratos con Joab hijo de Sarvia, y con Abiatar sacerdote, los cuales ayudaban a Adonías.

8 Mas Sadoc sacerdote, y Benaía hijo de Joiada, y Natán profeta, y Simei, y Rei, y todos los grandes de David, no seguían a Adonías.

9 Y matando Adonías ovejas y vacas y [animales] engordados junto a la peña de Zohelet, que [está] cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey;

10 mas no convidó a Natán profeta, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano.

11 Y habló Natán a Betsabé madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor?

12 Ven pues ahora, y toma mi consejo, para que guardes tu vida, y la vida de tu hijo Salomón.

13 Ve, y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no has jurado tú a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué pues reina Adonías?

14 Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti, y acabaré tus razones.

15 Entonces Betsabé entró al rey a la cámara; y el rey era muy viejo; y Abisag sunamita servía al rey.

16 Y Betsabé se inclinó, y adoró al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?

17 Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por el SEÑOR tu Dios, [diciendo]: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono;

18 y he aquí ahora Adonías reina; y [tú], mi señor rey, [hasta] ahora no lo supiste.

19 Ha sacrificado bueyes, y [animales] engordados, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a Abiatar sacerdote, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convidado. 20 Rey señor mío, los ojos de todo Israel [están] sobre ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.

21 Y acontecerá, cuando mi señor el rey durmiere con sus padres, que yo y mi hijo Salomón [seremos estimados] pecadores.

22 Y estando aún hablando ella con el rey, he aquí Natán profeta, que vino.

23 E hicieron saber al rey, diciendo: He aquí [está] Natán profeta; el cual cuando entró al rey, se postró delante del rey inclinando su rostro a tierra.

24 Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has dicho tú: Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?

25 Porque hoy ha descendido, y ha sacrificado bueyes, y [animales] engordados, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y también a Abiatar sacerdote; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonías!

26 Mas ni a mí tu siervo, ni a Sadoc sacerdote, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a Salomón tu siervo, ha convidado.

27 ¿Es este negocio [ordenado] por mi señor el rey, sin haber declarado a tu siervo quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?

28 Entonces el rey David respondió, y dijo: Llamadme a Betsabé. Y ella entró a la presencia del rey, y se puso delante del rey.

29 Y el rey juró, diciendo: Vive el SEÑOR, que ha redimido mi alma de toda angustia,

30 que como [yo] te he jurado por el SEÑOR Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.

31 Entonces Betsabé se inclinó al rey, su rostro a tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.

32 Y el rey David dijo: Llamadme a Sadoc sacerdote, y a Natán profeta, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey.

33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y haced subir a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón.

34 Y allí lo ungirán Sadoc sacerdote y Natán profeta por rey sobre Israel; y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón!

35 [Después] iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he ordenado para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.

36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey, y dijo: Amén. Así [lo] diga el SEÑOR, Dios de mi señor el rey.

37 De la manera que el SEÑOR ha sido con mi señor el rey, así sea con Salomón; y él haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.

38 Y descendió Sadoc sacerdote, y Natán profeta, y Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, e hicieron subir a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón.

39 Y tomando Sadoc sacerdote el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!

40 [Después] subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba el pueblo con flautas, y hacían grandes alegrías, [que parecía] que la tierra se hundía con el clamor de ellos.

41 Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él [estaban], cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo?

42 Estando aún él hablando, he aquí Jonatán hijo de Abiatar sacerdote vino, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú [eres] hombre de esfuerzo, y traerás buenas nuevas.

43 Y Jonatán respondió, y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón.

44 Y el rey ha enviado con él a Sadoc sacerdote y a Natán profeta, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le hicieron subir en la mula del rey;

45 y Sadoc sacerdote y Natán profeta lo han ungido en Gihón por rey; y de allá han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este [es] el alboroto que habéis oído.

46 Y también Salomón se ha sentado en el trono del reino.

47 Y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.

48 Y también el rey habló así: Bendito sea el SEÑOR Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.

49 Ellos entonces se espantaron, y se levantaron todos los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino.

50 Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue, y tomó los cuernos del altar.

51 Y fue hecho saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón; porque ha tomado los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a cuchillo a su siervo.

52 Y Salomón dijo: Si él fuere virtuoso, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él, morirá.

53 Y envió el rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él vino, y se inclinó al rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.

1 Llegaron los días de David para morir, y mandó a Salomón su hijo, diciendo:

2 Yo voy [por] el camino de toda la tierra; esfuérzate, y sé varón.

3 Guarda la ordenanza del SEÑOR tu Dios, andando en sus caminos, y guardando sus estatutos y mandamientos, y sus derechos, y sus testimonios de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que tengas entendimiento en todo lo que hicieres, y en todo aquello que emprendieres;

4 para que confirme el SEÑOR la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren su camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón, y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón del trono de Israel.

5 Y ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner, y a Amasa hijo de Jeter, los cuales él mató, derramando en paz la sangre de guerra, y poniendo la sangre de guerra en su talabarte que tenía sobre sus lomos, y en sus zapatos que tenía en sus pies.

6 Tú [pues] harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas al sepulcro en paz.

7 [Mas] a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron así a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu hermano.

8 También tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo [con una] maldición fuerte el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por el SEÑOR, diciendo: Yo no te mataré a cuchillo.

9 Pero ahora no lo absolverás; que hombre sabio eres, y sabes cómo te has de haber con él; y harás descender sus canas con sangre a la sepultura.

10 Y David durmió con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David.

11 Los días que reinó David sobre Israel [fueron] cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén.

12 Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y fue su reino firme en gran manera.

13 Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella dijo: ¿[Es] tu venida de paz? Y él respondió: [Sí], de paz.

14 En seguida dijo: [Una] palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di.

15 Y él dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro, para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a mi hermano; porque por el SEÑOR era suyo.

16 Y ahora yo te hago una petición: no me hagas volver mi rostro. Y ella le dijo: Habla.

17 El entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te hará volver tu rostro) para que me dé a Abisag sunamita por mujer.

18 Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.

19 Y vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó a ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo poner una silla a la madre del rey, la cual se sentó a su diestra. 20 Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me hagas volver mi rostro. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te haré volver el rostro.

21 Y ella dijo: Dese Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías.

22 Y el rey Salomón respondió, y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino, porque él es mi hermano mayor; y tiene también a Abiatar sacerdote, y a Joab hijo de Sarvia.

23 Y el rey Salomón juró por el SEÑOR, diciendo: Así me haga Dios y así me añada, que contra su vida ha hablado Adonías esta palabra.

24 Ahora pues, vive el SEÑOR, que me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y que me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy.

25 Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, él lo hirió, y murió.

26 Y a Abiatar sacerdote dijo el rey: Vete a Anatot a tus heredades, que tú [eres] digno de muerte; mas no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca del Señor DIOS delante de David mi padre, y además has sido trabajado en todas las cosas en que fue trabajado mi padre.

27 [Así] echó Salomón a Abiatar del sacerdocio del SEÑOR, para que se cumpliese la palabra del SEÑOR que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.

28 Y vino la noticia hasta Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo del SEÑOR, y tomó los cuernos del altar.

29 Y fue hecho saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo del SEÑOR, y que estaba junto al altar. [Entonces] envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y mátale.

30 Y entró Benaía al tabernáculo del SEÑOR, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino [que] aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así habló Joab, y así me respondió.

31 Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérralo, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.

32 Y el SEÑOR hará tornar su sangre sobre su cabeza; que él ha muerto dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a cuchillo sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército de Judá.

33 La sangre, pues, de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su simiente perpetuamente; mas sobre David y sobre su simiente, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte del SEÑOR.

34 Entonces Benaía hijo de Joiada subió, y lo hirió, y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto.

35 Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército; y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.

36 [Después] envió el rey, e hizo venir a Semei, y le dijo: Edifícate [una] casa en Jerusalén, y mora ahí, y no salgas de allá a una parte ni a otra;

37 porque sabe de cierto que el día que salieres, y pasares el arroyo de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza.

38 Y Simei dijo al rey: La palabra [es] buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en Jerusalén muchos días.

39 Pero pasados tres años, aconteció que se le huyeron a Simei dos siervos a Aquis, hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos [están] en Gat.

40 Se levantó entonces Simei, y enalbardó su asno, y fue a Gat, a Aquis, a procurar sus siervos. Fue, pues, Simei, y volvió sus siervos de Gat.

41 Y fue dicho a Salomón como Simei había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había vuelto.

42 Entonces el rey envió, e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te conjuré yo por el SEÑOR, y te protesté, diciendo: El día que salieres, y fueres acá o allá, sabe de cierto que has de morir? Y tú me dijiste: La palabra [es] buena, yo la obedezco.

43 ¿Por qué pues no guardaste el juramento del SEÑOR, y el mandamiento que yo te mande?

44 Dijo [además] el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; el SEÑOR pues, ha tornado el mal sobre tu cabeza.

45 Y el rey Salomón [será] bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante del SEÑOR.

46 Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió; y murió. Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.

1 Y Salomón hizo parentesco en Faraón rey de Egipto, porque tomó [por mujer] la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa del SEÑOR, y los muros de Jerusalén alrededor.

2 Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los altos; porque [aún] no había casa edificada al nombre del SEÑOR hasta aquellos tiempos.

3 Mas Salomón amó al SEÑOR, andando en la institución de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba perfumes en los altos.

4 E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el alto principal, y sacrificaba allí, mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar.

5 Y se [le] apareció el SEÑOR a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que [quisieres que yo] te dé.

6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, según la manera que él anduvo delante de ti con verdad, con justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has guardado ésta tu grande misericordia, que le diste hijo que se sentase en su trono, como [sucede] en este día.

7 Ahora pues, el SEÑOR Dios mío, tú has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo [soy] joven, que no sé cómo entrar ni salir.

8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú elegiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.

9 Da pues a tu siervo corazón dócil para juzgar a tu pueblo, para que pueda juzgar entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar éste tu pueblo tan grande?

10 Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.

11 Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, mas demandaste para ti inteligencia para oír juicio;

12 he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, [tanto] que no haya habido antes de ti [otro] como tú, ni después de ti se levantará [otro] como tú.

13 Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria; tal, que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.

14 Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, [yo] alargaré tus días.

15 Y cuando Salomón despertó, vio que era sueño; y vino a Jerusalén, y se presentó delante del arca del pacto del SEÑOR, y sacrificó holocaustos, e hizo pacíficos; hizo [también] banquete a todos sus siervos.

16 En aquella sazón vinieron dos mujeres rameras al rey, y se presentaron delante de él.

17 Y dijo una mujer: ¡Ruego, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz [estando] con ella en la casa.

18 Y aconteció al tercer día después que yo di a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.

19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. 20 Y se levantó a medianoche, y tomó a mi hijo de junto a mí, estando [yo] tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y me puso a mi lado su hijo muerto.

21 Y cuando [yo] me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, he aquí [que estaba] muerto; mas le observé a la luz del día, y vi que no era mi hijo, que yo había dado a luz.

22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo [es] el que vive, y tu hijo [es] el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. [Así] hablaban delante del rey.

23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.

24 Entonces dijo el rey: Traedme un cuchillo. Y trajeron al rey un cuchillo.

25 Y el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.

26 Entonces la mujer cuyo era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ruego, señor mío! Dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; [sino] partidlo.

27 Entonces el rey respondió, y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis: ella [es] su madre.

28 Y todo Israel oyó aquel juicio que había juzgado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.

1 Así que el rey Salomón fue rey sobre todo Israel.

2 Y estos [fueron] los príncipes que tuvo: Azarías hijo de Sadoc, sacerdote;

3 Elihoref y Ahías, hijos de Sisa, escribas; Josafat hijo de Ahilud, canciller;

4 Benaía hijo de Joiada [era] sobre el ejército; y Sadoc y Abiatar [eran] los sacerdotes;

5 Azarías hijo de Natán era sobre los gobernadores; Zabud hijo de Natán era el príncipe, compañero del rey;

6 y Ahisar [era] mayordomo; y Adoniram hijo de Abda era sobre el tributo.

7 Y tenía Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales mantenían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obligado a abastecer [por] un mes en [el] año.

8 Y éstos [son] los nombres de ellos: el hijo de Hur en el monte de Efraín;

9 el hijo de Decar, en Macaz, y en Saalbim, y en Bet-semes, y en Elón, y en Bet-hanán;

10 el hijo de Hesed, en Arubot; éste tenía también a Soco y toda la tierra de Hefer.

11 El hijo de Abinadab, en todos los términos de Dor; éste tenía por mujer a Tafat hija de Salomón;

12 Baana hijo de Ahilud, en Taanac y Meguido, y en toda Bet-seán, que [es] cerca de Saretán, abajo de Jezreel, desde Bet-seán hasta Abel-mehola, y hasta el otro lado de Jocmeam;

13 el hijo de Geber, en Ramot de Galaad; éste tenía también las ciudades de Jair hijo de Manasés, las cuales [estaban] en Galaad; tenía [también] la provincia de Argob, que [era] en Basán, sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras de bronce;

14 Ahinadab hijo de Iddo, en Mahanaim;

15 Ahimaas en Neftalí; éste tomó también por mujer a Basemat hija de Salomón.

16 Baana hijo de Husai, en Aser y en Alot;

17 Josafat hijo de Parúa, en Isacar;

18 Simei hijo de Ela, en Benjamín;

19 Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, y en la tierra de Sehón rey de los amorreos, y de Og rey de Basán; [y además de éstos había] un gobernador [general] en toda la tierra. 20 [Los de] Judá y [de] Israel eran muchos, como la arena que [está] junto al mar en multitud, comiendo y bebiendo y alegrándose.

21 Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos, desde el río de la tierra de los filisteos, hasta el término de Egipto; y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió.

22 Y la despensa de Salomón era cada día treinta coros de flor de harina, y sesenta coros de harina.

23 Diez bueyes engordados, y veinte bueyes de pasto, y cien ovejas; sin los ciervos, cabras, búfalos, y aves engordados.

24 Porque él señoreaba en toda la región que estaba al otro lado del río, desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes del otro lado del río; y tuvo paz por todos lados en derredor [suyo].

25 Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón.

26 Tenía además de esto Salomón cuarenta mil caballos en sus caballerizas para sus carros, y doce mil caballos de cabalgar.

27 Y estos gobernadores mantenían al rey Salomón, y a todos los que a la mesa del rey Salomón venían, cada uno su mes; y hacían que nada faltase.

28 Y traían también cebada y paja para los caballos, y para las bestias de carga, al lugar donde él estaba, cada uno conforme al cargo que tenía.

29 Y dio Dios a Salomón sabiduría, y prudencia muy grande, y magnanimidad de corazón, como la arena que [está] a la orilla del mar.

30 Que fue mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.

31 Y aun fue más sabio que todos los hombres; más que Etán ezraíta, y que Hemán y Calcol y Darda, hijos de Mahol; y fue nombrado entre todas las naciones de alrededor.

32 Y propuso tres mil parábolas; y sus versos fueron cinco mil.

33 También disertó de los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó de los animales, de las aves, de las serpientes, y de los peces.

34 Y venían de todos los pueblos a oír la sabiduría de Salomón, y de todos los reyes de la tierra, donde había llegado la fama de su sabiduría.

1 Hiram rey de Tiro envió también sus siervos a Salomón, luego que oyó que lo habían ungido por rey en lugar de su padre; porque Hiram había siempre amado a David.

2 Entonces Salomón envió a decir a Hiram:

3 Tú sabes como mi padre David no pudo edificar casa al nombre del SEÑOR su Dios, por las guerras que le cercaron, hasta que el SEÑOR puso [sus enemigos] bajo las plantas de sus pies.

4 Ahora el SEÑOR mi Dios me ha dado reposo por todas partes; que ni hay adversarios, ni mal encuentro.

5 Yo por tanto he determinado ahora edificar Casa al nombre del SEÑOR mi Dios, como el SEÑOR lo habló a David mi padre, diciendo: Tu hijo, que yo pondré en lugar tuyo en tu trono, él edificará casa a mi nombre.

6 Manda pues ahora que me corten cedros del Líbano; y mis siervos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario que tú dijeres; porque tú sabes bien, que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar la madera como los sidonios.

7 Y cuando Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró en gran manera, y dijo: Bendito [sea] hoy el SEÑOR, que dio hijo sabio a David sobre este pueblo tan grande.

8 Y envió Hiram a decir a Salomón: He oído lo que me enviaste [a decir]; yo haré todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro, y la madera de haya.

9 Mis siervos la llevarán desde el Líbano al mar; y yo la pondré [en] balsas por el mar hasta el lugar que tú me señalares, y allí se desatará, y tú la tomarás; y tú [también] harás mi voluntad, en dar de comer a mi familia.

10 Dio pues Hiram a Salomón madera de cedro, y madera de haya toda lo que quiso.

11 Y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su familia, y veinte [mil] coros de aceite limpio; esto daba Salomón a Hiram cada año.

12 Dio, pues, el SEÑOR a Salomón sabiduría como le había dicho; y hubo paz entre Hiram y Salomón, e hicieron alianza entre ambos.

13 Y el rey Salomón impuso tributo a todo Israel, y el tributo fue de treinta mil hombres;

14 los cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil, cada mes por su turno, viniendo así a estar un mes en el Líbano, y dos meses en sus casas; y Adoniram estaba sobre aquel tributo.

15 Tenía también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores en el monte;

16 sin los principales oficiales de Salomón que [estaban] sobre la obra, [eran] tres mil y trescientos, los cuales tenían cargo del pueblo que hacía la obra.

17 Y mandó el rey que trajesen grandes piedras, piedras de precio, para los cimientos de la Casa, y piedras labradas.

18 Y los albañiles de Salomón, y los de Hiram, y los aparejadores, cortaron y aparejaron la madera y la cantería para labrar la casa.

1 Y fue en el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, en el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, que él comenzó a edificar la Casa del SEÑOR.

2 La Casa que el rey Salomón edificó al SEÑOR, tuvo sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto.

3 Y el portal delante del templo de la Casa, de veinte codos de largo, según la anchura de la Casa, y su ancho [era] de diez codos delante de la Casa.

4 E hizo a la Casa [ventanas] anchas [por dentro], y estrechas [por fuera].

5 Edificó también junto al muro de la Casa un colgadizo alrededor, [pegado] a las paredes de la Casa en derredor del templo y del oratorio; e hizo cámaras alrededor.

6 El colgadizo de abajo [era] de cinco codos de ancho, y el de en medio de seis codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho; porque por fuera había hecho disminuciones a la casa en derredor, para no trabar [las vigas] de las paredes de la Casa.

7 Y la Casa cuando se edificó, la fabricaron de piedras perfectas que traían [ya acabadas de labrar]; de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la Casa, ni ningún otro instrumento de hierro.

8 La puerta del colgadizo de en medio estaba al lado derecho de la Casa; y se subía por una [escalera de] caracol al del medio, y del medio al tercero.

9 Labró pues la Casa, y la acabó; y cubrió la Casa de labrados y de maderas de cedro puestas por orden.

10 Y edificó asimismo el colgadizo en derredor de toda la Casa, de altura de cinco codos, el cual se apoyaba en la casa con vigas de cedro.

11 Y vino palabra del SEÑOR a Salomón, diciendo:

12 Esta Casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos, e hicieres mis derechos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo tendré firme contigo mi palabra que hablé a David tu padre;

13 y habitaré en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel.

14 Así que, Salomón labró la Casa, y la acabó.

15 Y edificó las paredes de la Casa por dentro con tablas de cedro, vistiéndola de madera por dentro, desde el solado de la casa hasta las paredes de la techumbre; y el solado cubrió de dentro con madera de haya.

16 Edificó también al cabo de la Casa veinte codos de tablas de cedro, desde el solado hasta las paredes, y se labró en la Casa un oratorio, que es el lugar santísimo.

17 Y la Casa, a saber, el templo adentro, tenía cuarenta codos.

18 Y la Casa [estaba cubierta de] cedro [por] dentro, y tenía entalladuras de calabazas silvestres y de botones de flores. Todo [era] cedro; ninguna piedra se veía.

19 Y adornó el oratorio por dentro en medio de la Casa, para poner allí el arca del pacto del SEÑOR. 20 Y el oratorio [estaba] en la parte de adentro, el cual tenía veinte codos de largo, y otros veinte de ancho, y otros veinte de altura; y lo vistió de oro purísimo; asimismo cubrió el altar de cedro.

21 Así que vistió Salomón de oro puro la Casa por dentro, y cerró la puerta del oratorio con cadenas de oro, y lo vistió de oro.


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