EFESIOS

10 Solamente [nos pidieron] que nos acordásemos de los pobres; lo mismo que fui también solícito en hacer.

11 Pero viniendo Pedro a Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar.

12 Porque antes que viniesen unos [de parte] de Jacobo, comía con los gentiles; mas después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión.

13 Y a su disimulación consentían también los otros judíos; de tal manera que aun Bernabé fue también llevado de ellos en su hipocresía.

14 Como vi que no andaban derechamente [conforme] a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿por qué constriñes a los gentiles a judaizar?

15 Nosotros [que somos] judíos naturaleza, y no pecadores de los gentiles,

16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesús, [el] Cristo, nosotros también hemos creído en Jesús, el Cristo, para que fuésemos justificados por [la] fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada.

17 Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es [por eso] el Cristo ministro de [nuestro] pecado? En ninguna manera.

18 Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, rebelde me hago.

19 Porque yo por la ley soy muerto a la ley, para vivir a Dios. 20 Con Cristo estoy juntamente colgado en el madero, y vivo, no ya yo, sino vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, [lo] vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí.

21 No desecho la gracia de Dios; porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

1 ¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os hechizó, para no obedecer a la Verdad, ante cuyos ojos Jesús, el Cristo fue ya descrito como colgado en el madero entre vosotros?

2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oído [obediente] de la fe?

3 ¿Tan locos sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?

4 ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Sí, pero en vano.

5 Aquel, pues, que os da el Espíritu, y obra las maravillas entre vosotros ¿lo hace por las obras de la ley, o por [el oír] obediente de la fe?

6 Como Abraham creyó a Dios, y le fue atribuido a justicia.

7 Así que conocéis que los que son por la fe, los tales son los hijos de Abraham.

8 Y viendo antes la Escritura que Dios por la fe había de justificar a los gentiles, evangelizó antes a Abraham, [diciendo]: Que todos los gentiles de la tierra serán benditos en ti.

9 Luego los de la fe son [los] benditos con el creyente Abraham.

10 Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

11 Además por la ley ninguno se justifica para con Dios, queda manifiesto: Que el justo por la fe vivirá.

12 La ley tampoco es de la fe; sino: El hombre que los hiciere [los mandamientos], vivirá por ellos.

13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque está escrito: Maldito cualquiera que es colgado en [un] madero),

14 para que la bendición de Abraham en los gentiles fuese en el Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del Espíritu.

15 Hermanos, (hablo como hombre): Aunque un pacto sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo cancela, ni le añade.

16 A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es el Cristo.

17 Esto pues digo: Que el Pacto [previamente] ratificado de Dios para con el Cristo, la ley que fue hecha cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

18 Porque si la herencia es por la ley, ya no [será] por la promesa; pero Dios por la promesa hizo la dió a Abraham.

19 ¿Pues de qué [sirve] la ley? Fue puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la Simiente a quien fue hecha la promesa; [y fue] ordenada por los Angeles en la mano de un Mediador. 20 Y el Mediador no es de uno [solo], pero Dios es uno.

21 ¿Luego la ley [es] contra las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si alguna ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.

22 Mas encerró la Escritura todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe de Jesús, [el] Cristo.

23 Pero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta.

24 De manera que la ley fue ayo nuestro para [llevarnos] a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe.

25 Mas venida la fe, ya no estamos bajo [la mano] del ayo;

26 porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

27 Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos.

28 No hay [aquí] judío, ni griego; no hay siervo, ni libre; no hay macho, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la Simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa, los herederos.

1 También digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es el señor de todo;

2 pero está bajo [la mano] de tutores y administradores hasta el tiempo señalado por el padre.

3 Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos siervos bajo los elementos del mundo.

4 Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, nacido de mujer, nacido súbdito de la ley,

5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.

7 Así que ya no eres más siervo, sino hijo, y si hijo, también heredero de Dios por Cristo.

8 Antes, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;

9 mas ahora, habiendo conocido a Dios, o más bien, siendo conocidos de Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a los débiles y pobres elementos, en los cuales queréis volver a servir?

10 Guardáis días, y meses, y tiempos, y años.

11 Temo por vosotros, que haya trabajado en vano en vosotros.

12 Hermanos, os ruego, sed como yo, porque yo soy como vosotros; ningún agravio me habéis hecho.

13 Que vosotros sabéis que por flaqueza de carne os anuncié el Evangelio al principio;

14 y no desechasteis ni menospreciasteis mi aflicción que estaba en mi carne; antes me recibisteis como a un ángel de Dios, como al [mismo] Cristo Jesús.

15 ¿Dónde está pues vuestra bienaventuranza? Porque yo os doy testimonio que si se pudiera hacer, os hubierais sacado vuestros ojos para dármelos.

16 ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, diciéndoos la verdad?

17 Tienen celos de vosotros, pero no [para] bien; antes os quieren echar fuera para que vosotros los celéis a ellos.

18 Bueno es ser celosos en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros.

19 Hijitos míos, que vuelvo otra vez a estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros; 20 querría cierto estar ahora con vosotros, y mudar mi voz; porque estoy avergonzado de vosotros.

21 Decidme, los que queréis estar bajo la ley, ¿no habéis oído la ley?

22 Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, el otro de la libre.

23 Mas el de la sierva nació según la carne; pero el de la libre [nació] por la promesa.

24 Las cuales cosas son dichas por alegoría, porque estas [mujeres] son los dos pactos; el uno ciertamente del monte Sinaí, el cual engendró para servidumbre, que es Agar.

25 Porque Agar o Sinaí es un monte de Arabia, el cual corresponde a la que ahora es Jerusalén, la cual [junto] con sus hijos está en esclavitud.

26 Mas la Jerusalén de arriba, libre es; la cual es la madre de todos nosotros.

27 Porque está escrito: Alégrate, la estéril, que no das a luz; Prorrumpe [en alabanzas] y clama, La que no estás de parto; Porque más son los hijos de la dejada, Que de la que tiene marido.

28 Así que, hermanos, nosotros como Isaac, somos hijos de la promesa.

29 Pero como entonces el que era engendrado según la carne, perseguía al [que había nacido] según el Espíritu, así también ahora.

30 Mas ¿qué dice la Escritura? Echa [fuera] a la sierva y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre.

31 De manera, hermanos, que no somos hijos de la sierva, sino de la libre.

1 Estad, pues, [firmes] en la libertad en que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el yugo de servidumbre.

2 He aquí, yo Pablo os digo, que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechará nada.

3 Y otra vez vuelvo a protestar a todo hombre que se circuncidare, que está obligado a hacer toda la ley.

4 Vacíos sois del Cristo los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.

5 Porque nosotros por el Espíritu aguardamos la esperanza de la justicia por la fe.

6 Porque en el Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la caridad.

7 Vosotros corríais bien, ¿quién os embarazó para no obedecer a la verdad?

8 Esta persuasión no es de aquel que os llama.

9 Un poco de levadura leuda toda la masa.

10 Yo confío de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa sentiréis; mas el que os inquieta, llevará el juicio, quienquiera que él sea.

11 Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? Pues que quitado es el escándalo del madero.

12 Deseo que fuesen también cortados los que os inquietan.

13 Porque vosotros, hermanos, a libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión a la carne, sino servíos por la caridad los unos a los otros.

14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amaras a tu projimo como a ti mismo.

15 Y si os mordéis y os coméis los unos a los otros, mirad que también no os consumáis los unos a los otros.

16 Digo pues: Andad en [el] Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

17 Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y estas cosas se oponen la una a la otra, para que no hagáis lo que quisierais.

18 Pero si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley.

19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

22 Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe,

23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

24 Porque los que son del Cristo, han colgado en el madero a la carne con sus afectos y concupiscencias.

25 Si vivimos por [el] Espíritu, andemos también en [el] Espíritu.

26 No seamos codiciosos de vana gloria, irritándose [los] unos a [los] otros, envidiándose [los] unos a [los] otros.

1 Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con [el] espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, para que tú no seas también tentado.

2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley del Cristo.

3 Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.

4 Así que cada uno examine su obra, y entonces tendrá gloria sólo respecto de sí mismo, y no en otro.

5 Porque cada cual llevará su carga.

6 Y el que es enseñado en la palabra, comunique en todo lo bueno al que lo instruye.

7 No os engañéis, Dios no [puede] ser burlado; porque todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

8 Porque el que siembra en su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra en el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

9 No nos faltemos, pues, de hacer bien; que a su tiempo segaremos, si no hubiéremos faltado.

10 Así que, entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

11 Mirad qué larga carta os he escrito de mi mano.

12 Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os constriñen a que os circuncidéis, solamente por no padecer la persecución del madero del Cristo.

13 Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; sino que quieren que vosotros seáis circuncidados, para gloriarse en vuestra carne.

14 Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en el madero del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo, por quien el mundo me es muerto a mí, y yo al mundo.

15 Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.

16 Y todos los que anduvieren conforme a esta regla, la paz y la misericordia [de Dios será] sobre ellos, y sobre el Israel de Dios.

17 De aquí [en] adelante nadie me sea molesto; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.

18 Hermanos, la gracia del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, [sea] con vuestro espíritu. Amén.

1 Pablo, apóstol de Jesús, el Cristo por la voluntad de Dios, a los santos que están en Efeso, y a los fieles en Cristo Jesús que están en Efeso:

2 Gracia y paz tengáis de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesús, [el] Cristo.

3 Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesús Cristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en [bienes] celestiales en Cristo,

4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en caridad;

5 el cual nos señaló dede antes [el camino] para ser adoptados en hijos por Jesús, [el] Cristo, en sí mismo, por el buen querer de su voluntad,

6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado;

7 en el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia,

8 que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría e prudencia,

9 descubriéndonos el misterio de su voluntad, por el buen querer de su voluntad, según lo que [se] había propuesto en sí mismo,

10 de restaurar todas las cosas por el Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que [están] en los cielos, como las que [están] en la tierra.

11 En él [digo], en quien asimismo tuvimos herencia, [quien] nos señaló desde antes [el camino] conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad,

12 para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en el Cristo.

13 En el cual [esperásteis] también vosotros oyendo la Palabra de Verdad, el Evangelio de vuestra salud; en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa,

14 Que es las arras de nuestra herencia, para la redención de la posesión adquirida para alabanza de su gloria.

15 Por lo cual también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y la caridad para con todos los santos,

16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones,

17 que el Dios del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, [el] Padre de gloria, os dé Espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de El;

18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su llamado, y cuáles [sean] las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

19 y cuál sea aquella supereminente grandeza de su potencia en nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, 20 la cual obró en el Cristo, resucitándole de los muertos, y colocándole a su diestra en los [lugares] celestiales,

21 sobre todo principado y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino aun en el venidero:

22 y sujetándole todas las cosas debajo de sus pies, y poniéndolo por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia,

23 la cual es su cuerpo, [y él] es la plenitud de ella: el cual llena todas las cosas en todos.

1 Y [él os hizo vivir a] vosotros, estando muertos en vuestros delitos y pecados,

2 en que en otro tiempo anduvisteis conforme a la condición de este mundo, conforme a [la voluntad del] príncipe de la potestad de este aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de incredulidad,

3 entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.

4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su mucha caridad con que nos amó,

5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con el Cristo; por [cuya] gracia sois salvos;

6 y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en lugares celestiales en Cristo Jesús,

7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en [su] bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8 Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

9 no por obras, para que nadie se gloríe.

10 Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

11 Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros erais gentiles en carne, que erais llamados incircuncisión de la que se llama circuncisión en carne, la cual se hace con mano;

12 que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros a los Pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre del Cristo.

14 Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, deshaciendo la pared intermedia de separación;

15 deshaciendo en su carne las enemistades, [que eran] la ley de los mandamientos en orden a ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz,

16 y reconciliando a ambos con Dios por el madero en un mismo cuerpo, matando en ella las enemistades.

17 Y vino, y anunció la paz a vosotros que [estabais] lejos, y a los que [estaban] cerca;

18 que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

19 Así que ya no sois extranjeros y advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios; 20 sobreedificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo la principal piedra del ángulo, Jesús, [el] Cristo;

21 en el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un Templo Santo en el Señor;

22 en el cual vosotros también sois juntamente edificados, por morada de Dios en el Espíritu.

1 Por causa de esto yo Pablo, prisionero, del Cristo Jesús para vosotros los gentiles,

2 si empero habéis oído la dispensación de la gracia de Dios que me ha sido dada en vosotros,

3 [a saber], que por revelación me fue declarado el misterio, como arriba he escrito en breve;

4 (leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi inteligencia en el misterio del Cristo;)

5 el cual en los otros siglos no se dio a conocer a los hijos de los hombres como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas en Espíritu:

6 Que los gentiles sean juntamente herederos, e incorporados, y consortes de su Promesa en el Cristo por el Evangelio;

7 del cual yo soy hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado, según la operación de su potencia.

8 A mí, [digo], el más pequeño de todos los santos, es dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el Evangelio de las inescrutables riquezas del Cristo,

9 y de aclarar a todos cuál sea la comunión del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas por Jesús, [el] Cristo.

10 Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la Iglesia a los principados y potestades en los cielos,

11 conforme a la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro,

12 en el cual tenemos seguridad y entrada con confianza por la fe de él.

13 Por tanto, pido que no desmayéis [por causa de] mis tribulaciones por vosotros, lo cual es vuestra gloria.

14 Por esta causa doblo mis rodillas al Padre del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo,

15 (del cual es nombrada toda la familia en los cielos y en la tierra),

16 que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu.

17 Que habite el Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en caridad,

18 podáis [bien] comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longitud y la profundidad y la altura,

19 y conocer la caridad del Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. 20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, por la potencia que obra en nosotros,

21 [a él] sea gloria en la Iglesia por el Cristo Jesús, por todas las generaciones de los siglos de [los] siglos. Amén.

1 Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados;

2 con toda humildad y mansedumbre, con tolerancia, soportando los unos a los otros en caridad;

3 solícitos a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

4 Hay un cuerpo, y un espíritu; como sois también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;

5 un Señor, una fe, un bautismo,

6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros.

7 Pero a cada uno de nosotros es dada [la] gracia conforme a la medida del don del Cristo.

8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.

9 (Y que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero en las partes [más] bajas de la tierra?

10 El que descendió, él mismo es el que también subió sobre todos los cielos para cumplir todas las cosas.)

11 Y él dio unos, apóstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y maestros;

12 con el fin de perfeccionar a los santos en la obra del ministerio, para edificación del cuerpo del Cristo;

13 hasta que todos salgamos en unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, en varón perfecto, a la medida de la edad cumplida del Cristo;

14 que ya no seamos niños inconstantes, y seamos atraídos a todo viento de doctrina por maldad de hombres que engañan con astutos errores;

15 antes siguiendo la verdad en caridad, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, el Cristo;

16 del cual, todo el cuerpo compuesto y [bien] ligado entre sí por el alimento que cada vínculo suministre, [que recibe] según la operación [de] cada miembro conforme a su medida, toma aumento de cuerpo edificándose en caridad.

17 Así que esto digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su sentido.

18 Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la ceguedad de su corazón;

19 los cuales después que perdieron el sentido [de la conciencia], se entregaron a la desvergüenza para cometer con avidez toda [suerte de] impureza. 20 Mas vosotros no habéis aprendido así al Cristo;

21 si empero lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús,

22 a que dejéis, [en] cuanto a la pasada manera de vivir; [es a saber] el viejo hombre que se corrompe conforme a los deseos del error;

23 y a renovaros en el espíritu de vuestro entendimiento,

24 y vestir el nuevo hombre que es creado conforme a Dios en justicia y en santidad de [la] verdad.

25 Por lo cual, dejando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

26 Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo;

27 ni deis lugar al diablo.

28 El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad.

29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que [sea] buena para edificación, para que dé gracia a los oyentes.

30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención.

31 Toda amargura, y enojo, e ira, y gritería, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia;

32 antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en el Cristo.

1 Así que sed imitadores de Dios como hijos amados;

2 y andad en caridad, como también el Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave.

3 Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a los santos;

4 ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias.

5 Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que [también] es servidor de ídolos, tiene herencia en el Reino del Cristo, y de Dios.

6 Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.

7 No seáis pues compañeros con ellos;

8 porque [en] otro tiempo erais tinieblas; mas ahora [sois] luz en el Señor: andad como hijos de luz,

9 (porque el fruto del Espíritu [es] en toda bondad, y justicia, y verdad),

10 aprobando lo que es agradable al Señor.

11 Y no tengáis comunión con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien impugnadlas.

12 Porque torpe cosa es aun hablar de lo que estos hacen en oculto.

13 Mas todas estas cosas cuando de la luz son impugnadas, son manifestadas; porque la luz es la que manifiesta todo.

14 Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará el Cristo.

15 Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como locos, sino como sabios;

16 redimiendo el tiempo, porque los días son malos.

17 Por tanto, no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

18 Y no os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu;

19 hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20 dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el Nombre del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo;

21 sujetados los unos a los otros en el temor de Dios.

22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.

23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como el Cristo es cabeza de la Iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo.

24 Así que, como la Iglesia está sujeta al Cristo, así también las casadas [lo estén] a sus maridos en todo.

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como el Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

26 para santificarla limpiándola en el lavamiento del agua por la palabra,

27 para presentársela gloriosa para sí [mismo], una Iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.

28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

29 Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes la sustenta y regala, como también El Señor a su Iglesia;

30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.

31 Por esto dejará el hombre al padre y a la madre, y se allegará a su mujer, y serán dos en una carne.

32 Este misterio grande es; acerca de Cristo y la Iglesia.

33 Así también [haga] cada uno de vosotros, cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer que tenga en reverencia a su marido.

1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres; porque esto es justo.

2 Honra a tu padre y [a tu] madre, (que es el primer mandamiento con promesa),

3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

5 Siervos, obedeced a vuestros amos según la carne con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como al Cristo;

6 no sirviendo para ser visto, como los que agradan [solamente] a los hombres; sino como siervos del Cristo, haciendo de ánimo la voluntad de Dios;

7 sirviendo con buena voluntad, como al Señor, y no a los hombres;

8 sabiendo que el bien que cada uno hiciere, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.

9 Y vosotros, amos, haced a ellos lo mismo, dejando las amenazas; sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que no hay acepción de personas con él.

10 Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza.

11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar [firmes] contra las asechanzas del diablo.

12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del siglo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los cielos.

13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y estar [firmes,] acabado toda [la obra].

14 Estad pues [firmes], ceñidos vuestros lomos de [la] verdad, y vestidos de la cota de justicia.

15 Y calzados los pies con el la preparación del Evangelio de [la] paz;

16 sobre todo, tomando el escudo de [la] fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

17 Y tomad el yelmo de [la] salud, y la espada del Espíritu; que es la palabra de Dios;

18 por toda oración y ruego orando en todo tiempo en el espíritu, y velando en ello con toda instancia y súplica por todos los santos,

19 y por mí, para que me sea dada palabra en el abrir de mi boca con confianza, para hacer notorio el misterio del Evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que resueltamente hable de él, como debo hablar.

21 Mas para que también vosotros sepáis mis negocios, y cómo lo paso, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel siervo en el Señor,

22 al cual os he enviado para esto mismo, para que entendáis lo tocante a nosotros, y que consuele vuestros corazones.

23 Paz [sea] a los hermanos y caridad con fe, por Dios Padre y el Señor Jesús, [el] Cristo.

24 Gracia [sea] con todos los que aman al Señor nuestro, Jesús, el Cristo en incorrupción. Amén.

1 Pablo y Timoteo, siervos de Jesús, [el] Cristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos con los obispos y diáconos:

2 Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre y del Señor Jesús, [el] Cristo.

3 Doy gracias a mi Dios en toda memoria de vosotros,

4 siempre en todas mis oraciones haciendo oración por todos vosotros con gozo,

5 por vuestra comunión en el Evangelio, desde el primer día hasta ahora.

6 Confiando de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, [la] perfeccionará hasta el día de Jesús el Cristo;

7 como me es justo sentir [esto] de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del Evangelio, sois todos vosotros compañeros de mi gracia.

8 Porque Dios me es testigo de cómo os quiero a todos vosotros en las entrañas de Jesús, [el] Cristo.

9 Y esto oro: que vuestra caridad abunde aún más y más en ciencia y en toda percepción,

10 para que aprobéis lo mejor; que seáis sinceros y sin ofensa para el día del Cristo;

11 llenos de fruto de justicia, que [son] por Jesús, el Cristo, a gloria y loor de Dios.

12 Y quiero, hermanos, que sepáis que las cosas [que me han sucedido], han redundado más en provecho del Evangelio;

13 de manera que mis prisiones han sido célebres en Cristo en todo el pretorio, y en todos los demás [lugares];

14 y muchos de los hermanos, tomando ánimo con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra de Dios sin temor.

15 Y algunos, a la verdad, predican al Cristo por envidia y porfía; mas otros también por buena voluntad.

16 Los unos anuncian al Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir tribulación a mis prisiones;

17 pero los otros por caridad, sabiendo que soy puesto [en ellas] por la defensa del Evangelio.

18 ¿Qué pues? Que no obstante, en todas maneras, o por pretexto o por verdad, es anunciado el Cristo; y en esto también me gozo, y aun me gozaré.

19 Porque sé que esto se me tornará en salud, por vuestra oración, y por la alimentación del Espíritu de Jesús el Cristo; 20 conforme a mi deseo y esperanza, que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será engrandecido el Cristo en mi cuerpo, o por vida, o por muerte.

21 Porque para mí el vivir es Cristo y el morir, ganancia.

22 Mas si viviere en la carne, esto me será para fruto de la obra, (y no sé entonces qué escoger;

23 porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho) teniendo deseo de ser desatado, y estar con Cristo, [lo cual es] mucho mejor;

24 pero quedar en la carne [es] más necesario por causa de vosotros.

25 Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para provecho vuestro y gozo de la fe;

26 para que puedan gloriarsen más en Cristo Jesús por mi venida otra vez a vosotros.

27 Solamente que converséis como es digno del Evangelio del Cristo; para que, o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis [firmes] en un mismo espíritu, unánimes obrando juntamente por la fe del Evangelio,

28 y en nada intimidados de los que se oponen; que a ellos ciertamente es indicio de perdición, mas a vosotros de salud; y esto de Dios;

29 porque a vosotros es concedido acerca de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él,

30 Teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís estar en mí.

1 Por tanto, si [hay] en vosotros alguna consolación en el Cristo; si algún refrigerio de caridad; si alguna comunión del Espíritu; si algunas entrañas y misericordias,

2 cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo una misma caridad, unánimes, sintiendo una misma cosa.

3 Nada [hagáis] por contienda o por vanagloria; antes [bien] en humildad, estimándoos inferiores los unos a los otros;

4 no mirando cada uno a lo que es suyo, mas a lo que es de los otros.

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en el Cristo Jesús;

6 que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios;

7 sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

8 y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte del madero.

9 Por lo cual Dios también le ensalzó a lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre;

10 que al Nombre de Jesús toda rodilla de lo celestial, de lo terrenal, y de lo infernal se doble.

11 Y todo lenguaje confiese que el Señor Jesús el Cristo está en la gloria de Dios, el Padre.

12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, obrad vuestra salud con temor y temblor;

13 porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

14 Haced todo sin murmuraciones o dudas,

15 para que seáis irreprensibles e inocentes, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo;

16 reteniendo la Palabra de vida para que yo pueda gloriarme en el día del Cristo, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano.

17 Y aun si soy derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y congratulo por todos vosotros.

18 Y asimismo gozaos también vosotros, y regocijaos conmigo.

19 Mas espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo, entendido vuestro estado. 20 Porque a ninguno tengo tan unánime, y que con sincera afición esté solícito por vosotros.

21 Porque todos buscan lo que es suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.

22 [Pero] la experiencia de él habéis conocido, que como hijo a padre ha servido conmigo en el Evangelio.

23 Así que a éste espero enviaros, luego que [yo] viere cómo van mis negocios;

24 y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros.

25 Mas tuve por cosa necesaria enviaros a Epafrodito, hermano, y compañero y consiervo mío, y vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades;

26 porque tenía [gran] deseo [de veros] a todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado.

27 Pues en verdad estuvo enfermo a la muerte, pero Dios tuvo misericordia de él; y no solamente de él, sino aun de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.

28 Así que le envío más pronto, para que viéndole os volváis a gozar, y yo esté con menos tristeza.

29 Recibidle pues en el Señor con todo gozo; y tened en estima a los tales,

30 porque por la obra del Cristo estuvo cercano a la muerte, poniendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.

1 Resta, hermanos, que os gocéis en el Señor. A mí, a la verdad, no [me] es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.

2 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos del cortamiento.

3 Porque nosotros somos la circuncisión, los que servimos en espíritu a Dios, y nos gloriamos en el Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.

4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más [que nadie].

5 Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; [en] cuanto a la ley, fariseo;

6 [en] cuanto a celo, perseguidor de la Iglesia; [en] cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.

7 Pero las cosas que para mí eran ganancias, las he apreciado pérdidas por Cristo.

8 Y ciertamente, aun aprecio todas las cosas [como] pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, para ganar a Cristo,

9 y por ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

10 por conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte,

11 si en alguna manera llegase a la resurrección de los muertos.

12 No que ya [lo] haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; mas sigo para asir [de aquello] como también soy asido del Cristo Jesús.

13 Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero una cosa [hago]: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,

14 prosigo al blanco, al premio del soberano llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

15 Así que, todos los que somos perfectos, esto [mismo] sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os [lo] revelará Dios.

16 Pero en aquello a que hemos llegado, vamos por la misma regla, sintamos una misma cosa.

17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo.

18 Porque muchos andan, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos del madero del Cristo,

19 cuyo fin [será] la perdición, cuyo dios es el vientre, y su gloria [esta en] su vergüenza; que sienten lo terrenal. 20 Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos el Salvador, al Señor Jesús, [el] Cristo;

21 el cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la cual puede también sujetar a sí todas las cosas.

1 Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así [firmes] en el Señor, amados.

2 A Evodia ruego, y a Síntique exhorto, que sientan lo mismo en el Señor.

3 Asimismo te ruego también a ti, hermano compañero, ayuda a éstas que trabajaron juntamente conmigo en el Evangelio, con Clemente también, y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.

4 Gozaos en el Señor siempre; otra vez digo: Que os gocéis.

5 Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

6 Por nada estéis afanosos; sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en todo con oración y ruego y acción de gracias.

7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en el Cristo Jesús.

8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto ejercitaos.

9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros.

10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin ha reflorecido vuestro cuidado de mí; de lo cual aun estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.

11 No lo digo en razón de indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo.

12 Sé estar humillado, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para [estar] saciado como para [tener] hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.

13 Todo lo puedo en el Cristo que me fortalece.

14 Sin embargo, bien hicisteis que comunicasteis juntamente a mi tribulación.

15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio del Evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna Iglesia me comunicó en razón de dar y recibir, sino vosotros solos.

16 Porque aun a Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces.

17 No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.

18 Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios.

19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20 Al Dios pues y Padre nuestro [sea] gloria por [los] siglos de [los] siglos. Amén.

21 Saludad a todos los Santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan.

22 Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de la casa del César.

23 La gracia del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo sea con todos vosotros. Amén.

1 Pablo, apóstol de Jesús, [el] Cristo, por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,

2 A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz a vosotros de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesús, [el] Cristo.

3 Damos gracias al Dios y Padre del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo, siempre orando por vosotros;

4 habiendo oído vuestra fe en el Cristo Jesús, y la caridad [que tenéis] para con todos los santos,

5 a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos; la cual habéis oído ya por la palabra de la verdad del Evangelio;

6 el cual ha llegado hasta vosotros, como [está] por todo el mundo; y fructifica, como también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,

7 como [lo] habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, el cual es para vosotros un fiel ministro de Cristo Jesús;

8 quien también nos ha declarado vuestra caridad en Espíritu.

9 Por lo cual también nosotros, desde el día que [lo] oímos, no cesamos de orar por vosotros, y [de] pedir [a Dios] que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y entendimiento espiritual;

10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en [el] conocimiento de Dios.

11 Corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y tolerancia con gozo;

12 dando gracias al Padre que nos hizo dignos para participar en la herencia de los santos en luz;

13 que nos libró de la potestad de las tinieblas, y nos traspasó en el Reino de su amado Hijo,

14 en el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados.

15 El cual es la imagen del Dios invisible, [el] Primogénito de toda criatura.

16 Porque por él fueron creadas todas las cosas que [están] en los cielos, y que [están] en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por él y en él.

17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas consisten por él;

18 y él es la cabeza, del cuerpo de la Iglesia, principio y primogénito de [entre] los muertos, para que en todo tenga el primado.

19 Por cuanto agradó [al Padre] que en él habitase toda plenitud, 20 y por él reconciliar todas las cosas a sí, pacificando por la sangre de su madero, así lo que [está] en la tierra como lo que [está] en los cielos.

21 A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero [os] ha reconciliado

22 en el cuerpo de su carne por medio de [la] muerte, para haceros santos, y sin mancha, e irreprensibles delante de él;

23 si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del Evangelio que habéis oído; el cual es predicado a toda criatura que está debajo del cielo; del cual yo Pablo soy hecho ministro.

24 Que ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las tribulaciones del Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia;

25 de la cual soy hecho ministro, por la dispensación de Dios la cual me es dada en vosotros, para que cumpla la palabra de Dios;

26 [a saber], el misterio escondido desde los siglos y generaciones y que ahora ha sido manifestado a sus santos,

27 a los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio en los gentiles; que es Cristo en vosotros, [la] esperanza de gloria,

28 el cual nosotros anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para hacer a todo hombre perfecto en el Cristo Jesús;

29 en lo cual aun trabajo, combatiendo por la operación de él, la cual él obra en mí poderosamente.

1 Porque quiero que sepáis cuán grande solicitud tengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y [por] todos los que nunca vieron mi rostro en carne;

2 para que tomen consolación sus corazones, unidos en caridad, y en todas [las] riquezas de cumplido entendimiento para conocer el misterio del Dios y Padre, y del Cristo;

3 en el cual están escondidos todos los tesoros de [la] sabiduría y [del] conocimiento.

4 Y esto digo, para que nadie os engañe con palabras persuasivas.

5 Porque aunque estoy ausente en cuerpo, [no obstante] en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro orden y la firmeza de vuestra fe en el Cristo.

6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesús, el Cristo, andad en él;

7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como [lo] habéis aprendido, creciendo en ella con acciones de gracias.

8 Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones [de] los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según el Cristo,

9 porque en él habita toda plenitud de [la] Divinidad corporalmente,

10 y en él estáis cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y potestad.

11 En el cual también sois circuncidados de circuncisión no hecha con manos, con el despojamiento del cuerpo de la carne, en la circuncisión del Cristo;

12 sepultados juntamente con él en [el] bautismo, en el cual también resucitasteis con él, por la fe de la operación de Dios que le levantó de los muertos.

13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,

14 Rayendo la cédula de los decretos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y clavándola en el madero;

15 y despojando los principados y las potestades, sacándolos a la vergüenza en público, confiadamente triunfando de ellos en él.

16 Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día de fiesta, o de nueva luna, o de sábados;

17 lo cual es la sombra de lo [que estaba] por venir; mas el cuerpo es del Cristo.

18 [Que] nadie os gobierne a su voluntad con [pretexto de] humildad y religión de ángeles, metiéndose en lo que no ha visto, andando hinchado en el vano sentido de su carne,

19 y no manteniendo el vínculo [a] la cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y unido por [sus] ligaduras y coyunturas, creciendo en aumento de Dios. 20 Pues si sois muertos con el Cristo a [los] elementos del mundo, ¿por qué como si vivieseis al mundo, decretáis ritos:

21 No toques, No gustes, No trates?

22 Los cuales perecen en el mismo uso por [ser] mandamientos y doctrinas de hombres.

23 Las cuales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto a la voluntad y humildad, y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

1 Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está el Cristo sentado a la diestra de Dios.

2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

3 Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con el Cristo en Dios.

4 Cuando se manifestare el Cristo, nuestra vida, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

5 Mortificad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, deleite [carnal], mala concupiscencia, y avaricia, la cual es servicio de ídolos;

6 por estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelión.

7 En las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo viviendo en ellas.

8 Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, palabras deshonestas de vuestra boca.

9 No mintáis los unos a los otros, despojándoos del viejo hombre con sus hechos,

10 y revestíos del nuevo, el cual por [el] conocimiento es renovado conforme a la imagen del que lo creó;

11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre; mas Cristo [es el] todo, y en todos.

12 Vestíos pues, (como escogidos de Dios, santos y amados) de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;

13 soportándoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros, si alguno tuviere queja del otro, de la manera que el Cristo os perdonó, así también [hacedlo] vosotros.

14 Y sobre todas estas cosas [vestíos de] caridad, la cual es el vínculo de la perfección.

15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, en la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.

16 La palabra del Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos e himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.

17 Y todo lo que hagáis, sea de palabra, o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias al Dios y Padre por él.

18 Casadas, estad sujetas a vuestros propios maridos, como conviene en el Señor.

19 Maridos, amad [a vuestras] mujeres, y no seáis desapacibles con ellas. 20 Hijos, obedeced a [vuestros] padres en todo; porque esto agrada al Señor.

21 Padres, no irritéis a vuestros hijos, para que no se vuelvan de poco ánimo.

22 Siervos, obedeced en todo a [vuestros] amos carnales, no sirviendo al ojo, como los que agradan [solamente] a los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo a Dios;

23 y todo lo que hagáis, hacedlo de [buen] ánimo, como al Señor, y no a los hombres;

24 estando ciertos que del Señor recibiréis el salario de herencia, porque al Señor Cristo servís.

25 Mas el que hace injuria, recibirá la injuria que hiciere; [ya] que no hay acepción de personas.

1 Amos, haced lo que es justo y derecho con [vuestros] siervos, sabiendo que también vosotros tenéis amo en los cielos.

2 Perseverad en [la] oración, velando en ella con acción de gracias;

3 orando también juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de la palabra, para que hablemos el misterio del Cristo, (por el cual aun estoy preso),

4 para que lo manifieste como me conviene hablar.

5 Andad en sabiduría para con los extraños, ganando la ocasión.

6 [Sea] vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; [para] que sepáis cómo os conviene responder a cada uno.

7 Todos mis negocios os [lo] hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro y consiervo en el Señor,

8 el cual os he enviado a esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y consuele vuestros corazones;

9 con Onésimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Todo lo que acá pasa, os [lo] harán saber.

10 Aristarco, mi compañero en la prisión, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé (acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle),

11 y Jesús, el que se llama el Justo; los cuales son de la circuncisión, éstos solos son los que me ayudan en el Reino de Dios, y me han sido consuelo.

12 Os saluda Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, siempre solícito por vosotros en [sus] oraciones, [para] que estéis [firmes], perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere.

13 Porque le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que [están] en Hierápolis.

14 Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas.

15 Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas, y a la Iglesia que está en su casa.

16 Y cuando [esta] carta fuere leída entre vosotros, haced que también sea leída en la Iglesia de [los] laodicenses; y la de Laodicea que la leáis también vosotros.


Back to IndexNext