CUADRO PRIMERO

ACTO ÚNICOCUADRO PRIMERO

ACTO ÚNICO

Lugar ameno y pintoresco, próximo a la Ribera del Manzanares, en Puerta de Hierro. Sin simetría, pero dejando entre sí los espacios naturales, se levantan por distintos lados de la escena los anchos troncos de viejos árboles, cuyas espesas ramas prestan al lugar grata sombra. El suelo está tapizado de césped. Al fondo continúa la arboleda. En primer término izquierda, al pie de un árbol, un tronco caído, que sirve de banco, y en tercero derecha, un columpio hecho con una cuerda atada a dos árboles, dando frente al público. Es un hermoso día del mes de Mayo.

Al alzarse el telón aparecen los siguientes personajes: Al pie de un árbol corpulento que se levanta en primer término, hacia la derecha, y en derredor de un mantel extendido sobre el césped, sentados en el suelo, laseñá Damiana,laseñá Zoila,elseñor Viriato,elseñor Rafaelyla Benita(de derecha a izquierda).Sobre el mantel se ve una cazuela con restos de comida, platos sucios, mendrugos de pan, varios tenedores y cuchillos, botellas y algunos vasos mediados de vino. Al pie de otro árbol próximo, cestas, mantones y guitarras. Colgados en las ramas y en los troncos dealgunos árboles, chaquetas y sombreros de hombre. Debajo de otro árbol, en el primer término izquierda, sentadas sobre el tronco cortado que sirve de banco,Nievesyla Trini.Detrás de éstas, en un pequeño claro, variasInvitadasjuegan al corro, cantando alguna canción infantil.Más a la izquierda, otro grupo deInvitadosbeben alegremente.En el fondo, centro,Bernabétoca la guitarra y canta una jota, mientras bailan dosMuchachas,rodeándolas variosInvitados de ambos sexos,entre los que se cuentan elTuliquiyAmalia.En el columpio, sentada,Julia,a la que mece elVirutas,y a su lado, chillando y riendo,Pepitay dos o tres más.En el centro de la escena,Avelinosalta a la comba, dando él mismo.Al empezar la obra hablan todos a la vez y reina en los grupos gran animación y extraordinaria alegría.

GRUPO DEL COLUMPIO

Virutas(Dando fuerte.)—¡Arza!... ¡Ande!

Julia(Asustada, a gritos.)—¡Estate quieto, Virutas!... ¡Que no me dés más!

Virutas(No haciendo caso.)—¡Arza!... ¡Vaya!...

Julia.—No le dejes, Pepita.

Pepita.—¡No seas bruto, que la vas a dejar de caer! (Siguen chillando y riendo.)

GRUPO DE LA DERECHA

Damiana(Ofreciendo con el tenedor.)—Amos; otra tajadita, señor Viriato.

Viriato.—No, gracias, Damiana; no me cumple más.

Rafael.—Arriba con este muslo (ofreciéndole unode pollo, que saca de la cazuela), que sabemos tu debilidaz por los muslos. (Ríen en el grupo.)

Viriato.—¡Si es que me vais a hacer de reventar!

Benita.—Yo me lo comeré si no lo quiere. (Siguen bromeando. Benita come vorazmente.)

(Las del baile y el corro cantan a la vez.)

Avelino(Saltando.)—Ochocientos noventa y cinco. Ochocientos noventa y seis. Ochocientos noventa y siete...

Damiana(Riendo.)—Pero ¿qué hace este chico?

Rafael.—No saltes más, hombre.

Zoila.—Pero ¿qué furia te ha entrao de saltar, demonio?

Avelino(Para de saltar; habla fatigosamente.)—No, ¿sabe usté? es que le estoy batiendo a un amigo elrencorde la hora, en el salto a comba. Ya le he batido elrencorde la media.

Rafael(Riendo.)—¿De la media? ¿Y por qué no te subes el calcetín?

Avelino.—¡Ay, es verdá! (Se sube el que se le está cayendo.)—Esto, lo hago yo porque hemos fundao una Sociedad el gremio de ultramarinos que se titula:La dependencia azlética, y cada uno nos dedicamos a un sport. Yo, es por ver si adelgazo. (Sigue saltando.)—Ochocientos noventa y ocho. Ochocientos noventa y nueve.Nuevecientos.Nuevecientos uno... (Sigue saltando y contando.)

Damiana(Al señor Rafael.)—Dale, dale un poco de vino, que se refresque; que entre la corbata tan verde y la cara tan colorá, paece un tomate mollar. (El señor Rafael sirve vino.)

Julia(En el columpio.)—¡Que no me dés tan fuerte, que me voy a matar! (Chillando.) ¡Madre!... ¡Madre!

Zoila.—Tú, Virutas, a ver si la tiráis a la chica.

Virutas.—No tenga usté cuidao; si cae, cae encima de mí.

Rafael.—Pues eso le faltaba si cayese, darse contra un adoquín.

Avelino(Riendo.)—¡Ja, ja, ja! ¡qué señor Rafael! Tié usté unos golpes que acardenalan. (Sigue saltando.)Nuevecientos diez.Nuevecientos once.Nuevecientos doce...

Rafael(Dándole un vasito de vino.)—Toma, de lo blanco.

Avelino.—Gracias. (A Benita.) ¿Quié ustéinagurarmeestechato, Benita?

Benita(Muy huraña y hablando con la boca llena.) No, señor; no quiero náa.

Nieves.—Qué fina eres, mujer.

Benita.—Soy como Dios me ha hecho; y el que no me quiera así, que me deje.

Rafael.—No decirla náa, que se atraganta.

Damiana.—Ahí la tienes a este erizo, lo mismito que en casa; se pasa la vida comiendo y gruñendo.

Viriato.—Pa mí que os la debía de mirar un médico, que esta chica come demasiao; debe tener algo.

Damiana.—No, si desde pequeña ha sío una glotona.

Avelino.—Hace como yo; que cuando era chico, comía tanto, que hasta quería que me diesen el aceite de hígado de bacalaoa la vizcaína.

Damiana.—Pues ahí tienes en cambio a su hermana, que hay que hacerla comer con memoriales.

Zoila.—Esa es otra cosa en el tipo y en todo. No se parecen en náa.

Benita.—Ni falta que me hace parecerme a ella.

Nieves.—¡Y gracias a Dios, hija!

Benita.—¡Bueno, bueno, bueno! (Sigue comiendo.)

Nieves(Acercándose al grupo y dirigiéndose al señor Rafael.)—Oiga usté, padre.

Rafael.—¿Qué quieres, nena?

Nieves.—¿No quedaron en venir esta tarde el señor Melquiades y Serafín?

Rafael.—En venir quedaron; me dijeron que a los postres.

Nieves.—¿Y cómo no habrán venido?

Rafael.—¡Qué se yo! Ya me choca que no estén aquí.

Viriato.—¡Esos dos puntos sí que tién buen humor!

Damiana.—¡De que ellos lleguen, veréis cómo se alegra esto!

Benita(Con rabia.)—Pues ojalá no vengan.

Damiana.—¿Y por qué no van a venir?

Benita.—Porque hacen menos falta que los perros en misa; que ya sé yo lo que me digo. (A Nieves.) Y tú, más valía que te fueras a buscar a tu novio, en vez de preguntar por nadie.

Nieves.—¡Pero están ustedes oyendo el demonio e la tonta!

Damiana.—¿Y qué tié que ver que la chica pregunte una cosa inocente?

Benita.—¡Inocente! (Con guasa.) ¡Ja, jay!

Nieves(Con ira, a Trini.)—Vamos, vamos, que no tengo gana de armarla. (Vanse las dos del brazo por la izquierda.)

Benita.—¡Armarla, armarla! ¡Si yo dijera más de cuatro cosas! (Sigue comiendo.)

Avelino.—¡Bueno, bueno, bueno! dejarse de regaños, que no es día pa ello y écheme usté otro chato, señor Rafael, que voy a echar un brindis. (Rafael le sirve.) Señores.

Virutas.—¿Qué pasa?

Avelino.—¡Viva el taller de lavao y planchao de la señá Damiana Perea, anfitriona de esta garata que estamos celebrando!

Todos.—¡Vivaa!

Avelino.—Y arrimarse, que voy a leer unos versos en cuarteta, improvisaos por mí.

Damiana.—Venga, venga.

Viriato.—Venir, que va a leer unos versos Avelino. (Se acercan todos, formando semicírculo. Avelino coloca una banqueta en el centro y se sube a ella.)

Rafael(Riendo.)—¡Válgame Dios, qué chico!

Bernabé.—Que sean cortitos.

Tuliqui.—Venga d’ahí.

Zoila.—Silencio.

Todos.—¡Chist! (Callan todos.)

Avelino(Leyendo en un papel muy grande que ha sacado del bolsillo.)—A la señá Damiana y consorte, en elcincuenta y cuatrogésimocumpleaños del natalicio de la primera.

“Subiste media centuriade esta vida amarga y cruel;que te subas la otra mediay que lo vea el señor Rafael”.

“Subiste media centuriade esta vida amarga y cruel;que te subas la otra mediay que lo vea el señor Rafael”.

“Subiste media centuriade esta vida amarga y cruel;que te subas la otra mediay que lo vea el señor Rafael”.

“Subiste media centuria

de esta vida amarga y cruel;

que te subas la otra media

y que lo vea el señor Rafael”.

Todos(Aplaudiendo.)—¡Bravo! ¡Bravo!

Viriato.—Y que lo vea un servidor, que tampoco me disgustaría.

(Avelino da las gracias, saludando con una inclinación y cae sobre Viriato y Rafael. Los grupos se esparcen por el fondo; Bernabé, Virutas y Tuliqui quedan en la izquierda; Damiana y Zoila recogen todo lo de la merienda, metiéndolo en una cesta que dejan tras el árbol; Benita continúa de pie, comiendo. El Coro va desapareciendo por ambos lados.)

Rafael.—Has estado muy bueno, Avelino.

Avelino.—Pues ahí tiene usté a Benavente en la Academia y a mí despachando langa.

Rafael.—¡Injusticias! (Se une al grupo de Damiana y hacen mutis por la derecha, como dando un paseo.)

Avelino(Acercándose a Benita. Lleva la comba metida en el bolsillo por un extremo y el otro arrastrando por el suelo.)—Benita.

Benita(Con la boca llena.)—¿Qué pasa?

Avelino.—¿Qué quié usté que diga que toquen pa que bailemos: quié usté que diga quevalsu quetuesten?

Benita.—Quetuestenlo que quieran; yo no bailo. (Se vuelve de espaldas.)

Avelino.—¿Que no? Bueno; pues al menos me otorgará usté el que la aúpe al columpio y la meza.

Benita.—Bueno; pero en cuanto no quiera, me bajo, ¿eh?

Avelino.—Sí, señora; sin compromiso. Con permiso. (Va a cogerla en brazos.)

Benita.—¿Pero me va usté a coger en brazos?

Avelino.—Como no quiera usté que latrasportecon ata mantas; no hay otro remedio.

Benita.—Bueno; pero coja usté lo menos posible, ¿eh?

Avelino.—Descuide usté, que tengo costumbre de coger señoritas. La cogeré por lo indispensable. (La levanta en vilo; Benita sigue comiendo.)

Bernabé(Riendo.)—¡Ja, jay! ¿A qué llamas tú lo indispensable, joven?

Avelino.—Hombre, pues no creo yo que el perímetro abarcao exceda de lo preciso.

Tuliqui.—Cómo se ataraza, pollo.

Avelino.—¡Caray! Pues si no he calculao mal, lo cogido no es para que nadie tenga que decir.

Virutas.—Amos, amigo, que hemos agarrao un puñaíto, ¿eh?

Avelino(Yendo hacia el grupo, siempre con Benita en brazos.)—Hombre; hagan ustés el favor de no lanzar especiescaciosas, ¡caray!

Virutas.—¿Te irritan las especies?

Avelino.—Lo que me irrita es que están ahí los padres y podrían creerse que yo no procedo de buena fe.

Benita.—Oiga usté, si va usté a seguir la conversación, haga usté el favor de dejarme en el suelo.

Avelino(No haciendo caso.)—Y que coste que he abarcao lo indispensable, y si no que se mida.

Los del grupo.—¡Que se mida, que se mida!

Benita.—No, hombre, por Dios; qué se va a medir. Vamos al columpio.

Avelino(Dirigiéndose al columpio.)—Es que uno tiene que contestar a las sátiras. (Volviéndose al grupo.) ¡Si yo la he cogido de donde la he cogido!...

Benita(Incomodada, tirándole el sombrero.)—Pero ¿me lleva usté o no?

Avelino.—Sí, señora; pero es que me molesta que se malicien lo que no es. (Yendo al columpio y deteniéndose a mitad de camino.) Estoy por volver y... (Lleva al fin a Benita al columpio y la deja sentada, volviendo a recoger el sombrero. Aparte, para sí mismo.) ¡Rediez, qué bien formadita! ¡Hubiese dao cinco reales porque hubiese estao el columpio en el Puente de Vallecas! (Vuelve y la mece.)

BenitayAvelino,en el columpio.Bernabé,VirutasyTuliqui,al fondo con dos o tres más. Por la izquierda, primeros términos,Nievescon laTrini.

Nieves(Saliendo.)—¿Lo ves? Ya no viene Serafín. ¡Si tengo yo una suerte!... (Contrariada, agitando nerviosamente el abanico.)

Trini(Hablando en voz baja.)—¡Pero, por Dios, mujer; disimula, que te van a conocer el mal humor!

Nieves.—¡Que me lo conozcan, no tengo genio de disimular náa!

Trini.—Y luego a mí, lo que me apura es tu novio. ¡Tóo el día huyéndole! ¿Lo habrá notao?

Nieves.—Déjalo que lo note. Lo que siento es que no venga Serafín, porque me hubiá gustao que le hubieses conocido.

Trini.—Sí; y pa verle tú, a mí no me la das. Pa mí, que ese tío te ha enguirlotao, Nieves.

Nieves.—¡No tanto, mujer! ¡Si no hace arriba de un mes que nos tratamos!

Trini.—¿Y dónde os conocisteis?

Nieves.—En el Cine. La noche que íbamos no me quitaba ojo en los intermedios; luego, con disimulo, se arrimó a nosotros y se hizo amigo de mi padre.

Trini.—Tu novio se habrá escamao.

Nieves.—Está que no vive.

Trini.—¿Y es guapo ese hombre?

Nieves.—Guapo y bien portao. Se conoce que hay guita; ya lo verás. Y es lo que yo digo, chica; un hombre así, aparte de lo que te guste es algo. Porque, sí que me da lástima de mi novio, pero ¿qué sacas con un pobre albañil? ¡Miseria y compañía! Y eso de estar agarrá toa tu vida a un mísero jornal, y no tener una mujer siquiera un trapo pa que salga a la calle y se luzca y la miren a una, no me hace, francamente.

Trini(Dirigiéndose a sentarse al tronco de la izquierda.)—En eso dices la verdad, chica. Pero, oye; ten ojo, que decían que era casao.

Nieves.—¡Qué va a ser! Ha vivido dos años con una, pero ya no la ve. (Se sientan; Nieves a la derecha.)

Trini(Mirando hacia el fondo derecha.)—¡Calla; tu novio! ¡Vaya un pisto que trae!

DichoseHiginiopor el fondo derecha

Higinio(Que ha salido un poco antes, mirando a todas partes se acerca al grupo.)—¡Gracias a Dios! Pero ¿dónde te metes, mujer? ¡Parece que me huyes!

Nieves(A Trini.)—¡Oye; dice que le huyo! Cansás de buscarte nos hemos sentao aquí; que te diga ésta.

Higinio.—¡Sí que me choca!

Trini(Levantándose.)—Pero ya están ustés mano a mano. Poco se ha perdido, y el onceno no estorbar. Conque: de verano, pollos. (Vase fondo izquierda. Pausa. Nieves se corre en el asiento dejando sitio a Higinio, que se sienta a su derecha.)

Higinio.—Bueno; ¿y qué es lo que te pasa?

Nieves.—¿A mí?

Higinio.—A ti.

Nieves.—¡Tú dirás!

Higinio.—¿Qué te pasa, que ni te veo ni puedo hablarte?

Nieves.—¡Ni que tuviese yo la culpa! ¡Si no te he encontrao en toa la mañana!

Higinio(Con acritud.)—Mira, Nieves; guasitas encima, no. No me has encontrao, porque no has querido. Y si te parece, lo mejor es que hablemos francamente de una vez, que no estoy yo pa servir de mono a nadie. Las cosas claras.

Nieves.—Como quieras; pero no sé a qué viene el ponerse así.

Higinio.—Viene, a que tú ya no eres pa mí lo que eras.

Nieves.—Te se figurará a ti.

Higinio.—Y es la verdá. Tú has dao un cambiazo, Nieves; ni me quieres como me querías, ni te alegra ya mi querer.

Nieves.—Amos, chico; quita, quita. A ti te han hecho guiños.

Higinio(Con ira creciente.)—A mí no me han hecho náa. Y sé lo que te pasa.

Nieves.—Tú dirás.

Higinio.—Pues lo que te pasa, Nieves, es que tú le estás haciendo cara a otro hombre; así, en plata.

Nieves.—¡Yo! (Levantándose asombrada.)

Higinio.—¡Tú! (Levantándose también, y cada vez con mayor energía.)

Nieves.—¡Mentira!

Higinio.—Verdá. Y si te has cansao de mí, me lo debías haber dicho antes, y no que me estás haciendo hacer un papel feo. Pero yo soy un hombre de bien, que te he querío con toda mi alma, y como no lo merezco, no te lo aguanto; ¡por éstas!

Nieves.—Tóo eso es mentira.

Higinio.—Es verdá. Y sé quién es. (Amenazador.) Y si esta tarde viene aquí ese tipo...

Nieves(Desafiando.)—Si viene, ¿qué? (Se oye gran algazara por el fondo izquierda, y vuelven a salir todos los grupos de principio de cuadro.)

Higinio.—Si viene, por éstas que... Cállate ahora. (Nieves se sienta, y él queda en pie a su izquierda.)


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