ACTO ÚNICOCUADRO PRIMERO
ACTO ÚNICO
La escena representa el interior de un lavadero cubierto. Es una habitación amplia, cuadrada, de paredes altas. Al foro un gran portalón de dos hojas, ancho, practicable, que da a la carretera de Puerta de Hierro, llena de sol.
En los laterales izquierda, dos puertas de habitaciones de la casa, cubiertas con cortinas de lona.
En los laterales derecha y hacia el último término una puerta de dos hojas que conduce al tendedero.
En la parte superior de las paredes, grandes ventanas de forma apaisada, con cristales polvorientos, por donde se supone que entra la luz que necesita un local tan amplio.
El techo, destartalado, con grandes vigas llenas de telarañas.
En mitad de la escena, y próximos a los laterales, dos lavaderos de piedra, corridos, llenos de agua y en los que puedan lavar ocho mujeres en cada uno.
En el rincón de la izquierda un gran fogón con la caldera para la colada. Tiene tubería moderna.
En los primeros términos una mesa de pino, sillas de anea, un armario, un reloj de pesas, grande, antiguo.
Arrimadas a la pared, sacas de ropa, canastas grandes y muy usadas, barreños, cuerdas, estacas, largueros, etc., etc. Es de día.
Al levantarse el telón aparecen en el lavadero de la derecha en primer términoEncarna, Valentina,laSinfoy cincoLavanderas.En el de la izquierda,laseñá Josefa,Sole,laseñá Mauriciay másLavanderas,hasta ocho. Todas lavan animadamente riendo y bromeando: restriegan las prendas, dan jabón, golpean con las palas, retuercen la ropa, escurren. UnaLavandera,con un barreño de ropa vase por el tendedero. Eltío Peleleentra con un montón de prendas, ya secas y las va doblando y metiendo en una saca.
Música
Todas
Lava, lavandera,vaya restregón,dale con la pala,venga más jabón.Que si quiés blanquitala ropa dejar,pala, pala, pala, (Golpeando.)le tendrás que dar.
Lava, lavandera,
vaya restregón,
dale con la pala,
venga más jabón.
Que si quiés blanquita
la ropa dejar,
pala, pala, pala, (Golpeando.)
le tendrás que dar.
Rita(Asomándose a la puerta del tendedero y a voces.)
Señá Andrea.
Señá Andrea.
Voz(De mujer, dentro, muy fuerte.)
¿Qué quiés, chica?
¿Qué quiés, chica?
Rita
Cuando tienda avíseme.
Cuando tienda avíseme.
Sinfo
¡Dí que no tienda en mi cuerdaque va a tender Salomé!
¡Dí que no tienda en mi cuerda
que va a tender Salomé!
Josefa(Furiosa a Sole.)
¿Pero qué haces, criatura?
¿Pero qué haces, criatura?
Sole(Con rabia.)
Si me s’acabao el jabón.
Si me s’acabao el jabón.
Josefa
Pos coge el de la Tomasa.¡Jesús qué condenación! (Siguen lavando.)
Pos coge el de la Tomasa.
¡Jesús qué condenación! (Siguen lavando.)
——
Sinfo
Échate una copla, Sole.
Échate una copla, Sole.
Sole
¡Que me van a regañar!
¡Que me van a regañar!
Una
No te apures.
No te apures.
Sinfo
Picantita.
Picantita.
Valentina
De las tuyas.
De las tuyas.
Sole
Allá va.
Allá va.
——
La soltera del cuarentadicen que es de las cabales,y ayer me ha echao dos pañales,conque ajuste usté la cuenta.
La soltera del cuarenta
dicen que es de las cabales,
y ayer me ha echao dos pañales,
conque ajuste usté la cuenta.
(Todas ríen. La señá Josefa golpea enfurecida a la Sole.)
——
Josefa
¡Pero ustedes oyen!¡Te voy a matar! (La pega.)
¡Pero ustedes oyen!
¡Te voy a matar! (La pega.)
Sole(Queriendo huir.)
¡Por Dios, sujetarla! (Avanzando a primer término.)
¡Por Dios, sujetarla! (Avanzando a primer término.)
Todas
Amos, déjala. (Se interponen.)
Amos, déjala. (Se interponen.)
Josefa
¡Cantar esas cosas!...¡Te arranco la piel! (Pegándola más.)Toma, toma, toma...
¡Cantar esas cosas!...
¡Te arranco la piel! (Pegándola más.)
Toma, toma, toma...
Todas
No la pegue usté.
No la pegue usté.
Hablado
Sole(Huyendo de su madre y llorando.)—¡Amos, pero están ustés viendo!... Estése usté quieta, hombre... que si no pega usté no vive.
Josefa.—¡Cállate o te arranco la lengua, recondená!
Sole.—¡Pero qué he hecho yo, señora!... ¡Misté que es lo grande, hombre!...
Valentina.—Amos, Josefa, déjala, que la tiés el cuerpo a la chica que es un puro cardenal. (Vuelven a las pilas menos Sole y Josefa.)
Sole.—¿Que si es un puro cardenal?... Amos, por gusto quiero que me vean usté este muslo, a ver si saben ustés de qué color es. (Va a levantarse la falda.)
Josefa(Vivamente.)—¡Pero serás capaz, so arrastrá!
Sole.—Si semos mujeres solas.
Josefa.—¿Y el tío Pelele?
Sole.—Esnutral. Al menos eso dice él cuando pellizca.
Pelele.—A los setenta y dos cumplíos, le enseñen a uno lo que le enseñen, desaplicao.
Sinfo.—A más, de que en esta ocasión la chica no es culpable.
Mauricia.—Hemos sío nosotras, que la hemos dicho que cantase a la creatura.
Josefa.—¿Y quién la manda cantar esas indecencias de coplas? (Vuelve a la pila.)
Sole.—Si me mandase usté a un colegio de pago, cantaría eltuesten, u elguau guau estep, u cualquier otra cosa extranjera... ¡pero qué quié usté que aprenda en la cae Los Moratines ande la persona más fina se restriega con papel de lija!
Josefa.—¿Dónde me he educao yo?
Sole.—En ninguna parte.
Josefa.—Pues ya ves como no canto golferías.
Sole.—¡Porque tié ustéblonquitis!
Josefa.—¿Blonquitis?... Quítate de mi vista si no quiés que te deshaga, so galocha. (Avanza y la da unos tirones del pelo.)
Sole.—Sí, señora, que me quito, que no paece usté mi madre, que me tié usté deshecha a golpes... (Arreglándose el pelo.) que tengo la cabeza que cuando me peino paece que le saco la raya a un montón de grava.
Josefa.—¡Fuera de aquí!
Sole.—Sí, señora, que me voy. Que por no respetar no respeta usté ni a los agüelos que los respeta tóo el mundo. ¡Me ha arrancao uno! ¡Misté que lástima! ¡Maldita sea!... (Como el que adopta una resolución heroica.) Me voy a tender. (Coge un barreño con ropa.)
Josefa.—A ver si te duermes...
Sole(Casi llorando.)—¡Miá si supiese que no me despertaba más!...
Josefa.—¡Anda d’ahí, que me tiés la sangre negra! ¡Galocha, más que galocha!
Valentina.—Mujer, si es que la pegas por demás a la pobre criatura.
Josefa.—Porque quiero que se haga una mujer.
Sole(Volviendo desde la puerta del tendedero.)—¿Pero usté cree que con estos golpes me voy a hacer una mujer?... ¡Como no me haga una pandereta! (Josefa va a pegarla y ella echa a correr por el tendedero. Valentina va a probar con la mano el agua de la colada.)
Dichos,menosSole.LuegoPanolipor el tendedero.
Valentina.—¡Tío Pelele!
Pelele.—Presente.
Valentina.—Dígale usté a Panoli que eche más carbón, que esto está pa servirlo en garrafa.
Pelele(Llamando.)—Panoli...
Valentina.—Cuidao que se lo tengo avertido. Que no me se quede fría la colá, niño. Pos como si lloviznara.
Panoli(Un chicuelo con cara de tonto.)—¿Qué pasa? (Avanza a primer término por la derecha.)
Valentina.—Que eches más carbón, vida mía. ¡Camará, que tiés un alma que te se pasea por Recoletos y a lo mejor se sienta!
Panoli.—Pos antes he echao cinco palás.
Valentina.—Pos dobla, rico.
Panoli.—¡Maldita sea!... Miá que tenerse que pasar uno la vida echando lumbre. (Simula echar carbón.)
Valentina.—Mialo, paece un pasmao. (Avanza secándose los brazos con el delantal.) Bueno; las nueve y media; la que quiera irse a almorzar que se vaya, que hasta la tarde hacemos fiesta en esta casa. Y tú, Sinfo, y usté, señá Mauricia, si queréis un bollito y un trago, arrimaros. (Saca del armario bandejas, botellas y vasos que coloca sobre la mesa, que está a la derecha.)
Sinfo.—Allá vamos. (Se acercan y se sientan.)
Valentina.—Y lo mismo te digo, Josefa.
Josefa(Secamente.)—Gracias. (Sigue lavando.)
Valentina.—Amos, ven y no seas erizo.
Josefa.—No me cumple náa; se agradece.
Valentina.—Tu gusto, hija. (Josefa sigue lavando. Las demás lavanderas, se secan, se quitan los delantales, se ponen los mantones y se marchan por el foro. Alguna, así como Panoli, sale por el tendedero.)
Sinfo.—¡Qué señá Josefa!...
Mauricia.—¡Miá que es agria!
Valentina.—¡Eso es un limón pasao! (A Encarna.) Y tú, Encarna, a ver si dejas de lavar, no sea que venga tu padre.
Encarna.—Le estaba ayudando a la Marcelina.
Valentina.—Pero ya sabes que no te quié ver en ello.
Encarna.—¡Y quién se lo va a decir! A más de quees mi gusto. Si no ando en el agua no vivo. (Viene secándose los brazos desnudos.)
Sinfo.—¡Pa que no te hubieses criao en el río!... (Beben unas copas de vino y comen de los bollos que ha servido Valentina.)
Mauricia.—¡De chica se tié dao cáa chapuzón!... ¿Te acuerdas?
Encarna.—¡A ver!
Mauricia.—Paece que la estoy viendo. Se ponía tal que su madre la trajo al mundo. Y, paf... se zampaba en el agua desnudita.
Valentina.—Era su costumbre.
Pelele.—Hay costumbres que no debían de perderse. Con permiso. (Se bebe una copa.) (Sale Sole del tendedero y se acerca mirando los bollos codiciosamente.)
Mauricia.—¿Y qué, hoy tengo oído que es el gran día en esta casa, jóvenes?
Encarna.—Y que lo diga usté, señá Mauricia.
Valentina.—Hoy es el día más feliz de nuestra vida. Vienen a pedir la mano de esta... y el mes que viene las amonestaciones de ella y de Paco y las de su padre y las mías. ¡Los dos matrimonios en un mes!
Sinfo.—¡Ole con ole!... Eso sí que se mojará a lo grande.
Valentina.—Ni te ocupes. Ya conoces a Hilario que estornuda, le sale bien y convida; conque por una cosa así, que es su felicidad, no digamos.
Sinfo.—Sus merecéis el bien quetenís, hay que decirlo.
Sole.—Sí, señora; que han sío ustés mú regüenas páa tóo bicho viviente que las ha arrodeao y eso tié su pago. (Comiéndose un bollo.)
Valentina.—Eso no; la suerte de cáa uno, hija. Que esto ha sío como un sueño. Ya veis; hace dos años, aún vivíamos, yo, tan ajena con mi marido, y mi hermana casá con el padre de ésta; pos en menos que se dice, faltó mi marido, murió mi hermana, quedó mi cuñao solo con la chica, me hizo de venir a cuidarla, las dos nos encargamos de esto, él se fué a sunegocio del merendero páa no dar que decir, y pasao el luto lo que estaba de Dios: esta se va a casar con el hombre que quiere y su padre y yo, pues... ¡capicúa!
Sole.—Y tú estarás contenta, ¿verdá, Encarna?
Encarna.—Contenta y más que contenta; contenta y recontenta, Sole. (Se abrazan con alegría.)
Sole.—La verdá es que tienes un cacho e novio que no cabe por ese portalón. Es un rato de hombre.
Pelele.—Y una celebridá, que no se os olvide. Que dentro de poco no habrá en España un torero como Paco Cebrián,Chico de las Peñuelas, porque tié unas agallas que pa él no hay toros grandes ni cornalones. A ese le echan un pavo y se lo come.
Sole.—¡En veces, yo también! (Ríen todos.)
Mauricia.—¿Y qué, el domingo dicen que alterna en Tetuán?
Valentina.—Por primera vez, sí, señora.
Encarna.—¡Ay, si queda bien, qué gusto!
Valentina.—Mialá, de pensarlo, se ríe hasta con las orejas.
Encarna.—¡La alegría que tengo! Que quiero, que me quieren, que te veo a ti contenta, a mi padre satisfecho y que hoy por hoy no me cambiaría ni por una marquesa. (Ríe y palmotea.)
Sole.—Ni aunque te diesen prima, miá esta.
Encarna.—Y vaya, vengan ustés pa dentro que les quió enseñar la ropa blanca que me trajo ayer la bordadora. Un primor.
Valentina.—Veréis qué seis enaguas; a la que pueda ser más bonita.
Todos.—Vamos, vamos. (Vanse segunda izquierda. Sole queda la última.)
Sole.—Me gusta a mí más ver ropa interior de novios y novias... porque claro, paece que una se anima y...
Josefa(Deteniéndola.)—¿Ande vas tú? (Haciéndola retroceder de un tirón de la falda y avanzando ambas al proscenio.)
JosefaySole
Sole.—A ver la ropa blanca que dice que la...
Josefa.—Anda a lavar si no quiés que te arranque ese pelote que tienes, so pispajo, fea, gandula... (Amenazándola.)
Sole.—Pero señora... (Retrocediendo.)
Josefa.—¡Tú que tiés que ver náa de nadie!...
Sole.—Pero si es que m’han dicho que...
Josefa.—Anda páa alante que en tóo me tiés que contradecir, mala pécora, tunanta... (Haciéndola retroceder a empujones.)
Sole.—Pero señor, pero hija, pero yo no sé qué la pasa a usté, que cuanta más alegría tien los demás más fiera se pone usté, ¡caray!
Josefa.—¡Fiera!... Cállate si no quiés que te retuerza la lengua, indina, arrastrá... (La pellizca.)
Sole(Huyendo.)—¡Ay, por Dios, madre!... ¡Vamos, hombre!... (Frotándose el brazo pellizcado.)
Josefa.—Que no te gozas si no me ves rabiando. ¡Que yo no debía vivir! ¡¡No debía vivir!!
Sole.—Ni beber, créame usté.
Josefa.—Pué que te figures que es el vino.
Sole.—¿Es el aguardiente?
Josefa.—Es el veneno que tengo aquí que me repudre de ver lo que estoy viendo, que quisiá quedarme ciega pa no verlo... ¡ciega!
Sole.—¡Ya estamos con lo de siempre! (Chillando.)
Josefa(Furiosa.)—No chilles.
Sole.—Pero ¿qué está usté viendo, vamos a ver?... ¿Que son felices? Pues déjelas usté.
Josefa.—Pues no me da la gana. No quiero, no quiero y no quiero, que esto es un asco de farsa. Unos granujas y una tía hambrona engañando entre tóos a un tío baboso... ¡maldita sea! ¿Y pa qué ha sío una buena en este mundo? Pa tener este pago y versearrastrá como una esclava y ver que otros triunfan, y ver que otros se van a llevar lo que una... ¡Miá si no ardiese la casa y nos consumiese a tóos!
Sole.—Amos, hija, madre... amos, cállese usté, que me da usté miedo. Pero, ¿por qué les tié usté ese odio, señor?
Josefa.—Porque son unas asquerosas.
Sole.—Total, ¿qué nos han hecho aquí? Pos llenarnos la andorguita la mar de veces; que si no hubiá sido por esta casa, ¿qué hubiésemos comido la metá e los días? Pos aleluyas algratíny pan deno hay.
Josefa.—Pero lo han hecho pa rebajarte, pa humillarte, pa tenerte bajo el zapato. (Reconcentrado.)
Sole(Imitándola.)—Lo habrán hecho pa lo que haigan querido, pero yo he aumentao cinco kilos; que antes paecía que llevaba las carnes en un pellejo prestao y ahora no se me pué coger un pellizco. Al menos eso dicen tóos los que me lo... (Golpeándose los labios.) digo, ay...
Josefa(Interrumpiéndola bruscamente.)—Lo que eres tú, eres un peazo e carne con ojos, que ni sientes ni padeces ni vales pa na; pero yo veo el mundo, y esta casa y tóo esto podía ser mío, mío... ¡nuestro!
Sole.—Pero, ¿qué iba a ser nuestro? Ganas...
Josefa.—¿Tú qué sabes?
Sole.—Pero si el señor Hilario no le ha hecho a usté en jamás ni mención de na.
Josefa.—Porque se entremetió esa golfa de la Valentina, que ha sío más lagarta que una... y me engatusó a ese tío lila... Pero déjate, que poco lo va a gozar, muy poco. ¡Por estas! (Cruza los dedos. Llora.)
Sole.—Amos, madre, no se ponga usté así. ¡Miá que hasta llorar, hombre! Después de tóo, ¿qué le vamos a hacer? ¿Que son felices? Que Dios se lo habrá dao. ¿Que tienen hombres que las quieran? Pa eso son guapas. Misté, a mí no me da envidia de la Encarna. ¿Que ella es más güena moza que yo? Güeno, pero yo llego donde ella llegue. ¿Que no llego de mi natural? Me aupo. Tóo tié remedio. Después detóo, yo tengo visto que en este mundo con una mijita de labia y un poquito de paripé, rubias, morenas, altas, bajas, guapas, feas... tóo se despacha.
Josefa.—¡Quítate d’ahí, cacho prima!
Sole.—Que sí, señora, ¿pa qué envidiar a nadie? Yo, con tener salú, un río con agua clara, ropita que lavar, puños pa dar jabón, un cacho de novio y boca pa cantar, pos no me cambio ni por la reina de España; porque ¿qué tié la reina, corona? Pos me pongo yo dos claveles en el pelo, salgo a la calle andando así (Anda contoneándose.) y me saludan hasta los alabarderos. (Pasando a la izquierda.)
Josefa(Dándole un manotazo.)—¡Alabarderos! ¡Maldita sea tu estampa! (La zarandea.)
Sole.—¡Pero madre!
Josefa.—¡Que la ves a una repudriéndose y llorando y encima te vienes con chacharramanchas!
Sole.—Pero, señor, ¡encima que lo hago pa aplacarla!...
Josefa.—¡Vete de aquí o te esgarro! (Amenazándola.)
Sole.—¡Dios mío, pero por qué dará tanta pena la alegría de otro! ¡Miá que es castigo! (Vase, atravesando el foro de izquierda a derecha, al tendedero, refunfuñando.)
Josefa.—¡La alegría de otro! ¿Y qué le ha importao la mía a esa golfa? (Se oyen voces y risas dentro.) Yo que había soñao con ser el ama, verla a ella feliz, rica, valiendo una cincuenta mil veces más... ¡Pues no! ¡Sí, reiros, reiros! ¿Veis estas lágrimas? Pos más amargas las tenéis que llorar. (Vase foro izquierda.)
Valentina, Encarna, Sinfo, señá Mauriciaytío Pelelede la segunda izquierda
Sinfo.—Bueno, esa camisa del canesú a ondas, esa paece que no l’han tocao manos.
Mauricia.—Pos ¿y el cubrecorsé rosa?
Valentina.—¿Os ha gustao?
Pelele.—Lo que yo digo es que debe dar lástima ponerse una ropa con tanto lazo pa tan poco público. (Ríen.)
Valentina.—Es mu requetebonito todo.
Encarna.—Como dirigido por ti.
Sinfo.—A mí lo que me ha vuelto loca es el juego de novia.
Pelele.—¡Qué juego! (Con admiración.)
Sinfo.—¿Le ha gustao a usté?
Pelele.—Como que es un juego pa hacer las diez de últimas.
Mauricia.—En fin, chicas, yo me voy al tendedero, que con estas y las otras aún tengo dos sacas en las cuerdas. ¿Me ayudas, Pelele?
Pelele.—Pa luego es tarde.
Encarna.—Y yo echo una mano, ande; y así se recoge en cinco minutos. (Vanse los tres al tendedero. Encarna, al tiempo de hacer mutis, hace una caricia a Valentina.)
ValentinaySinfo
Sinfo.—Se ve que te quiere mucho.
Valentina.—¿Quién, la Encarna? Y yo a ella. Si eso es un ángel. Tan buena como su padre.
Sinfo.—Y oye, a propósito, ¿ande iría el señor Hilario esta mañana a las siete, que le vi tan majo Cuesta e San Vicente arriba?
Valentina.—Qué sé yo, mujer. Y no creas, que la salidita esa me tié intrigá.
Sinfo.—¿Por qué?
Valentina.—Pues que no ha habío forma de que me dijese ande se marchaba.
Dichos, señor Hilario, Aquilino(Guardia municipal),Cosme, señor Cecilioycinco Murguistas
Hilario(Se asoma con cuidado por la puerta y da dos golpecitos en el suelo con el bastón.)—Valentina.
Valentina.—¡Ay, hijo, qué susto! (Retroceden hacia la derecha.)
Sinfo.—Miá si antes le nombramos.
Hilario(En voz baja.)—¿Y la chica?
Valentina.—En el tendedero.
Hilario.—Me alegro.
Valentina.—Pero, ¿qué pasa?
Hilario(Imponiendo silencio.)—Chist... (A alguien que le sigue.) Introducirse, patrulla. (Entran los murguistas con sus instrumentos y Aquilino y Cosme con una caja, un lío de ropa al parecer y otros paquetes.) De puntillas, virtuosos.
Sinfo.—¡Qué comitiva!
Valentina.—Oye, ¿pero traes charanga?
Hilario.—CincoBentovenesy este Puchini. (Por el señor Cecilio.)
Valentina(A Aquilino, que está a su lado.)—Y usté, ¿qué lleva aquí?
Aquilino.—Fuegos artificiales, faroles a la veneciana y cadeneta tricolor.
Valentina.—Pero, ¿qué preparas?
Sinfo.—Alguna de las suyas.
Hilario.—Chist... ya lo sabrás todo. Usté, señor Cecilio y sus diznos... (A Aquilino.) ¿cómo les llamaríamos a los de la banda?
Aquilino.—Bandoleros.
Hilario.—Y sus diznos bandoleros, introdúzcanmese en ese gabinete, que ahora les será remitido bajo sobre un frasco de vino pa que vayan tomando bríos.
Cecilio.—Usté mándenos vino, que ya verá usté cómo soplamos.
Hilario(Indicándoles la habitación.)—Pa adentro.
Cecilio.—Y pa afuera.
Hilario.—Bueno, ahora pa adentro. (Los encierra en la primera izquierda.)
Valentina.—Pero Hilario... pero ¿qué es este misterio, si pué saberse?
Hilario.—¡Chits! Valentina, al verme venir con el señor Cosme Pedrajas, más conocido por Tarángano...
Cosme.—Campeón del mundo en el chascarrillo baturro, pa servir a usté.
Hilario.—Y con el probo urbano señor Aquilino Larrea...
Aquilino.—Cuyo lema es: “Allá donde fueres, ríete lo que pudieres.”
Hilario.—Habrás comprendido que el programa de festejos que nos traemos compite vitoriosamente con el de la atracción pa forasteros.
Valentina.—Bueno; pero si lo que yo no me explico...
Hilario.—Paso a aclararte... Tú sabes, Valentina, que Paco Cebrián,Chico de las Peñuelas, hoy por hoy la única esperanza seria del arte taurómaca nacional e hijo del antiguo y afamao picador de toros señor Bernabé Cebrián,Tomates, va a contraer matrimonio canónigo con mi hija Encarna, que, a medias contigo, es la reina de mi corazón.
Cosme.—Elocuente.
Aquilino.—Conmovedor.
Hilario.—Pues bien, como ahora mismo vendrán Paco y su padre a pedirme la mano de la chica, quiero solenizar este día regalándole a él el capote de paseo que ha de lucir el domingo en Tetuán y a ella el mantón de Manila con que ha de concurrir a dicha fiesta; prendas que te serán exhibidasiso faztopor los pollos que al margen se expresan. Desenvolvan. (Cosme enseña el mantón y Aquilino el capote.)
Valentina.—¡Qué preciosidad!
Sinfo.—¡Jesús, qué hermosura!
Hilario.—¿Te gustan?
Valentina.—Un encanto. ¡Y no me habías dicho na, so arrastrao!
Hilario.—Quería sosprenderos. Y ahora comprenderás también que lo de la murga tiene por ojeto amenizar el azto de la entrega de estas prendas a los agraciaos; azto que quiero que se verifique con la solemnidaz derública.
Valentina.—Te he cogío la idea. Entrega, bailoteo, un arroz, mucha gente, cohetes, música, ecétera, ecétera.
Aquilino.—El ecétera de González Byas y en grandes proporciones, si pué ser.
Hilario.—Me has calcao el pograma, reina. (La abraza.)
Valentina.—Descuida. Voy a convidar a media vecindaz.
Sinfo.—Verá usté qué festival organizamos.
Encarna(Dentro.)—Padre... padre...
Hilario.—Repeine, la chica. Esconde eso.
Valentina.—Hasta luego. Vamos. (Se llevan capote y mantón segunda izquierda.)
Hilario, Aquilino, CosmeyEncarna,del foro izquierda
Encarna(Jadeante y contenta.)—Padre, padre...
Hilario.—¿Qué pasa, chiquilla?
Encarna.—Que ya... que ya vienen por allá abajo Paco y el señor Bernabé.
Hilario.—¡Pero qué nerviosa, hija, y qué coloraíta te has puesto! De que ves a ese melón, cerezas.
Encarna(Ruborosa.)—¡Amos no me sofoque usté, padre! Y a tóo esto, ¿cómo están ustés?
Aquilino.—Pa que nos revoquen, pero gozando de verte dichosa. (Sube al fondo.)
Cosme(Le da la mano.)—Corroboro.
Encarna.—Muchas gracias.
Cosme.—Conque a pedir tu manita, ¿eh?
Encarna.—Sí, señor. Ya están ahí. Voy a arreglarme un poco. (Vase segunda izquierda.)
Aquilino(Desde la puerta.)—¡Camará, vienen el padre y el hijo que echan humo de elegancia!
Hilario, Aquilino, Cosme, BernabéyPaco,del foro izquierda
Bernabé(Desde la puerta, quitándose el sombrero.)—Viva cuarenta mil años tóo lo que se acobija en este distinguido lavadero.
Hilario.—Y tú que lo veas, so tumbón.
Bernabé.—¡Hilario! (Avanzando.)
Hilario.—¡Bernabé! (Se abrazan.)
Bernabé(Estrechándoles la mano.)—Adiós, Cosme... ¡Hola, munícipe!
Aquilino.—Salú, varilarguero.
Cosme.—¿Y el chico?
Paco(Que aparece en la puerta y sin avanzar.)—¡Señores, jovialidá y metálico! (Quedan unos cuantos chicos y chicas, que le han seguido, a la puerta del lavadero.)
Bernabé.—Ahí tenéis a esa aureola de la coleta.
Hilario.—Pasa fenómeno.
Bernabé.—No le llames fenómeno, por tu salú, que eso ya está mu desacreditao. Llámale compendio, estrépito, arrebato, ocecación... Lo que te dé la gana, que de todo tiene.
Paco.—Amos, padre, no me floree usté, que m’azaro.
Bernabé.—¿Que s’azara? Un hombre como un hastial, más guapo que yo, si cabe, astro naciente de la tauromaquia triunfante y más corto que un cablegrama... Pasa, derrumbamiento taurómaca... (Le hace entrar empujándole.)
Paco(Con modestia.)—Ceguera paterna. Ustés le desimulen. (Dándoles la mano.) Padrino, señores... (Se saludan.)
Bernabé(A los chicos de la puerta.)—¡Amos, niños! ¿Pero es que no habéis visto nunca una celebridá, hombre? Largarse d’aquí.
Paco.—Na, que salgo y un hormiguero de almiradores en mi pos. (Aquilino sube y hace intención de sacar el sable; los chicos vanse corriendo.)
Hilario.—Eso es la popularidaz.
Paco.—La popularidaz y la silueta.
Bernabé.—Ven que te vean. (A Hilario.) Qué, ¿te gusta la presentación? (Queda en el centro; a su izquierda Paco e Hilario.)
Hilario.—De primera. Vitola de matador de cinco mil. No le falta detalle. Roten, dije, habano...
Paco.—El sombrero es lo último. Cordobés; copa lisa, ala plana, tono plomo, y por dentro forro verde, Cabestreros, 18, Sombrerería, y un escudito que diceOmni soit qui mal y pense, que debe ser una cosa pal dolor de cabeza. (Se lo pone.)
Aquilino.—Y buen ternito, mi amigo.
Bernabé(Señalando a Hilario.)—Regalo de éste.
Cosme.—Y te cae de primera. ¡Vaya un sastre!
Paco.—Sastre y que tengo un cuerpo que no debía decirlo; pero a mí, por no sentarme mal, ni los calamares en tinta.
Bernabé.—Hemos elegido el tono chocolate. No sé si te gustará.
Hilario.—Es muy señorito.
Paco.—Señorito, y que como usté dijo que fuese un traje pa por las mañanas, pues yo dije: pues pa por las mañanas, chocolate... Es sufrido y alegre. (Da unos pasos.)
Bernabé.—¡Ahí mi niño! ¡Qué suerte tién las mujeres! ¡Maldita sea!
Cosme.—Cómo se nos cae la baba, amigo.
Bernabé.—Si no tengo otra cosa en el mundo. Es mi ceguera, mi chifladura, mi esperanza... mi tóo... ¡Y es que lo vale! No es porque sea mi hijo.
Paco.—Bueno, y sabrán ustés que al remate el domingo se ciñe la mona aquí el tumbonazo este. (Dando un golpe cariñoso a su padre.)
Hilario.—¡Hola! ¿Te has decidío al fin?
Bernabé.—Sí, la verdá. Quiero picar yo el primer toro que mate mi hijo en los Madriles.
Cosme.—¡Ole por los buenos picadores!
Bernabé.—Aunque estoy arrinconao, ya verán apretar en lo alto.
Aquilino.—Y qué, ¿hay esperanzas de quedar bien, pollo?
Paco(Riendo con cierto desdén.)—Padre, aquí el urbano pregunta que si hay esperanzas.
Bernabé(Riendo.)—Ja, ja... Esperanzas y realidades y moños por el suelo y coletas mutiladas... El día que este espanto taurino despliegue el capote en el ruedo de Madrid, con las plumas de losGallosse hace una almohada.
Paco.—Y con la asaúra de Belmonte unendreón.
Bernabé.—Doy fe.
Paco.—Y estará feo que yo lo diga.
Bernabé.—A ti no te está feo na. (Convencido.)
Paco.—Ya lo sé. Es un decir. ¿Pero cuáles son las tres promesas del porvenir aztual taurino? Examinemos: Antonio RiojaEl Confeti. ¿Me pué hacer a mí sombraEl Confeti?
Bernabé.—Muy poquita.
Paco.—Descontao. Casildo PeñaSorbete.
Hilario.—Hombre, ese es un torero concienzudo.
Paco.—Es un torero concienzudo, pero frío; eso no me lo niega a mí nadie.
Bernabé.—Descuenta elSorbete.
Paco.—Descontao. Felipe CanalesChaparrón. ¿Estira los brazos como yo? ¿Empapa como yo?
Bernabé.—¡Qué va empapar elChaparrón!
Paco.—Descontao.
Bernabé.—En cambio éste tiene de tóos los clásicos.
Paco.—Soy unpuz purri.
Bernabé.—EsLagartijo, por el estilo.
Paco.—Mejorao.
Bernabé.—Frascuelo, por la valentía.
Paco.—Cientuplicada.
Bernabé.—Guerrita, por la elegancia.
Paco.—Que ya quisiera...
Bernabé.—Espartero, por el valor.
Paco.—Chsss... (Gesto de resignación.)
Bernabé.—Gorditopor la figura yCaranchapor el aire.
Paco.—Hombre, padre, por el aire no quisiera yo parecerme a nadie.
Bernabé.—No me refiero alamosférico. En fin, que sus diga Hilario la tarde que le vió torear en Morata de Tajuña, ¿te acuerdas?
Hilario.—Y eso que aquella tarde no te acompañó la fortuna.
Paco.—¡La Guardia civil!
Hilario.—En fin, lo que tú eres lo verá el domingo la afición. Conque ahora a lo que estamos.
Bernabé(Adoptando un tono solemne.)—Pues a lo que estamos, Hilario, es que vengo con toda solemnidá a solicitar de ti pa esa memez taurina la mano de ese manojito de claveles que Dios te ha dao por vástaga.
Hilario.—Pues yo, al llegar este momento, que me emociona como na en el mundo te digo que te doy la mano de mi hija y mi corazón y un abrazo.
Paco.—Gracias, padrino.
Bernabé.—¡Bendita sea tu alma buena! (Se abrazan.)
Aquilino.—¡Qué trístico!
Cosme.—¡Patético!
Hilario.—Y ahora una sospresa que os preparo.
Bernabé.—¿Qué sospresa?
Hilario.—Silencio. (Coloca tres sillas a la derecha.) Siéntate aquí. (Le sienta en la del centro.)
Paco.—¿Me van a afeitar?
Hilario(A Bernabé.)—Tú a su diestra. Y vosotros venir conmigo.
Bernabé.—Pero, ¿qué es esto?