ESCENA XVIHabitación de doña Magdalena.
Habitación de doña Magdalena.
Doña Magdalena, Mireno.
Doña Mag.Mi maestro habéis de serdesde hoy.Mireno.¿Qué ha visto en mí,vuestra excelencia, que asíme procura engrandecer?Dará lición al maestroel discípulo desde hoy.Doña Mag.(Ap.) ¡Qué claras señales doydel ciego amor que le muestro!Mireno.(Ap.) ¿Qué hay que dudar, esperanza?Esto, ¿no es tenerme amor?Dígalo tanto favor,muéstrelo tanta privanza.Vergüenza, ¿por qué impedísla ocasión que el cielo os da?Daos por entendido ya.Doña Mag.Como tengo, don Dionís,tanto amor...Mireno.(Ap.)Ya se declara,¡ya dice que me ama, cielos!Doña Mag.Al Conde de Vasconcelos,antes que venga, gustara,no sólo hacer buena letra,pero saberle escribir,y por palabras decirlo que el corazón penetra;que el poco uso que en amartengo, pide que me adiestreesta experiencia, y me muestrecómo podré declararlo que tanto al alma importay el amor mismo me encarga,que soy en quererle largay en significarlo corta.En todo os tengo por diestro;y así me habéis de enseñara escribir, y a declararal Conde mi amor, maestro.Mireno.(Ap.)¿Luego no fué en mi favor,pensamiento lisonjero,sino porque sea tercerodel Conde? ¿Veis, loco amor,cuán sin fundamento y frutotorres habéis levantadode quimeras, que ya han dadoen el suelo? Como el brutoen esta ocasión he sido,en que la estatua iba puesta,haciéndole el pueblo fiesta,que loco y desvanecidocreyó que la reverencia,no a la imagen que traía,sino a él sólo se hacía;y con brutal impacienciaarrojalla de sí quiso,hasta que se apaciguócon el castigo, y cayóconfuso en su necio aviso.¿Así el favor corresponde,con que me he desvanecido?Basta; que yo el bruto he sidoy la estatua es sólo el Conde.Bien puedo desentonarme,que no es la fiesta por mí.Doña Mag.(Ap.) (Quise deslumbrarle así,que fué mucho declararme.)Mañana comenzaréis,maestro, a darme lición.Mireno.Servirte es mi inclinación.Doña Mag.Triste estáis.Mireno.¿Yo?Doña Mag.¿Qué tenéis?Mireno.Ninguna cosa.Doña Mag.(Ap.)(Un favorme manda amor que le dé.)¡Válgame Dios! Tropecé...(Ap.) (Que siempre tropieza amor.)
Doña Mag.
Mi maestro habéis de ser
desde hoy.
Mireno.
¿Qué ha visto en mí,
vuestra excelencia, que así
me procura engrandecer?
Dará lición al maestro
el discípulo desde hoy.
Doña Mag.
(Ap.) ¡Qué claras señales doy
del ciego amor que le muestro!
Mireno.
(Ap.) ¿Qué hay que dudar, esperanza?
Esto, ¿no es tenerme amor?
Dígalo tanto favor,
muéstrelo tanta privanza.
Vergüenza, ¿por qué impedís
la ocasión que el cielo os da?
Daos por entendido ya.
Doña Mag.
Como tengo, don Dionís,
tanto amor...
Mireno.
(Ap.)Ya se declara,
¡ya dice que me ama, cielos!
Doña Mag.
Al Conde de Vasconcelos,
antes que venga, gustara,
no sólo hacer buena letra,
pero saberle escribir,
y por palabras decir
lo que el corazón penetra;
que el poco uso que en amar
tengo, pide que me adiestre
esta experiencia, y me muestre
cómo podré declarar
lo que tanto al alma importa
y el amor mismo me encarga,
que soy en quererle larga
y en significarlo corta.
En todo os tengo por diestro;
y así me habéis de enseñar
a escribir, y a declarar
al Conde mi amor, maestro.
Mireno.
(Ap.)¿Luego no fué en mi favor,
pensamiento lisonjero,
sino porque sea tercero
del Conde? ¿Veis, loco amor,
cuán sin fundamento y fruto
torres habéis levantado
de quimeras, que ya han dado
en el suelo? Como el bruto
en esta ocasión he sido,
en que la estatua iba puesta,
haciéndole el pueblo fiesta,
que loco y desvanecido
creyó que la reverencia,
no a la imagen que traía,
sino a él sólo se hacía;
y con brutal impaciencia
arrojalla de sí quiso,
hasta que se apaciguó
con el castigo, y cayó
confuso en su necio aviso.
¿Así el favor corresponde,
con que me he desvanecido?
Basta; que yo el bruto he sido
y la estatua es sólo el Conde.
Bien puedo desentonarme,
que no es la fiesta por mí.
Doña Mag.
(Ap.) (Quise deslumbrarle así,
que fué mucho declararme.)
Mañana comenzaréis,
maestro, a darme lición.
Mireno.
Servirte es mi inclinación.
Doña Mag.
Triste estáis.
Mireno.
¿Yo?
Doña Mag.
¿Qué tenéis?
Mireno.
Ninguna cosa.
Doña Mag.
(Ap.)(Un favor
me manda amor que le dé.)
¡Válgame Dios! Tropecé...
(Ap.) (Que siempre tropieza amor.)
(Tropieza y da la mano aMireno.)
El chapín se me torció.Mireno.(Ap.) (¡Cielos! ¿Hay ventura igual?)¿Hízose acaso algún malvuexcelencia?Doña Mag.Creo que no.Mireno.(Ap.)(¡Que la mano la tomé!)Doña Mag.Sabed que al que es cortesanole dan, al darle la mano,para muchas cosas pie.
El chapín se me torció.
Mireno.
(Ap.) (¡Cielos! ¿Hay ventura igual?)
¿Hízose acaso algún mal
vuexcelencia?
Doña Mag.
Creo que no.
Mireno.
(Ap.)(¡Que la mano la tomé!)
Doña Mag.
Sabed que al que es cortesano
le dan, al darle la mano,
para muchas cosas pie.
(Vase.)
Mireno.“¡Le dan, al darle la mano,para muchas cosas pie!”De aquí, ¿qué colegiré?Decid, pensamiento vano:en aquesto, ¿pierdo o gano?¿Qué confusión, qué recelosson aquéstos? Decid, cielos,¿esto no es amor? Mas no,que llevo la estatua yodel Conde de Vasconcelos.Pues ¿qué enigma es darme piela que su mano me ha dado?Si sólo el Conde es amado,¿qué es lo que espero? ¿Qué sé?Pie o mano, decid: ¿por quédais materia a mis desvelos?Confusión, amor, recelos,¿soy amado? Pero no,que llevo la estatua yodel Conde de Vasconcelos.El pie que me dió, serápie para darla lición,en que escriba la pasiónque el Conde y su amor la da.Vergüenza, sufrí y callá;bajad ya, atrevidos vuelos,vuestra ambición, si a los cielosmi desatino os subió,que llevo la estatua yodel Conde de Vasconcelos.
Mireno.
“¡Le dan, al darle la mano,
para muchas cosas pie!”
De aquí, ¿qué colegiré?
Decid, pensamiento vano:
en aquesto, ¿pierdo o gano?
¿Qué confusión, qué recelos
son aquéstos? Decid, cielos,
¿esto no es amor? Mas no,
que llevo la estatua yo
del Conde de Vasconcelos.
Pues ¿qué enigma es darme pie
la que su mano me ha dado?
Si sólo el Conde es amado,
¿qué es lo que espero? ¿Qué sé?
Pie o mano, decid: ¿por qué
dais materia a mis desvelos?
Confusión, amor, recelos,
¿soy amado? Pero no,
que llevo la estatua yo
del Conde de Vasconcelos.
El pie que me dió, será
pie para darla lición,
en que escriba la pasión
que el Conde y su amor la da.
Vergüenza, sufrí y callá;
bajad ya, atrevidos vuelos,
vuestra ambición, si a los cielos
mi desatino os subió,
que llevo la estatua yo
del Conde de Vasconcelos.