Chapter 7

ESCENA XIX

(SaleGalván.)

Galván.Advierte, Paulo famoso,que por el monte ha bajadoun escuadrón concertado,de gente y armas copioso,que viene sólo a prendernos.Si no pretendes morir,solamente, Pablo, huíres lo que puede valernos.

Galván.

Advierte, Paulo famoso,

que por el monte ha bajado

un escuadrón concertado,

de gente y armas copioso,

que viene sólo a prendernos.

Si no pretendes morir,

solamente, Pablo, huír

es lo que puede valernos.

[PauloyGalvánse disponen a hacerles frente.]

[ElJuezy los villanos armados persiguen aPaulo,el cual, herido, cae rodando por las peñas. SalePedrisco.]

Pedrisco.¿Cómo estás ansí?Paulo.¡Ay de mí!Muerte me han dado villanos.Pero ya que estoy muriendo,saber de ti, amigo, aguardoqué hay del suceso de Enrico.Pedrisco.En la plaza le ahorcaronde Nápoles.Paulo.Pues ansí,¿quién duda que condenadoestará al Infierno ya?Pedrisco.Mira lo que dices, Paulo;que murió cristianamente,confesado y comulgadoy abrazado con un Cristo,en cuya vista enclavadoslos ojos, pidió perdóny misericordia, dandotierno llanto a sus mejillas,y a los presentes espanto.Fuera de aqueso, en muriendoresonó en los aires clarosuna música divina;y para mayor milagroy evidencia más notoria,dos paraninfos aladosse vieron patentemente,que llevaban entre ambosel alma de Enrico al Cielo.Paulo.¡A Enrico, el hombre más maloque crió naturaleza!Pedrisco.¿De aquesto te espantas, Paulo,cuando es tan piadoso Dios?Paulo.Pedrisco, eso ha sido engaño:otra alma fué la que vieron,no la de Enrico.Pedrisco.¡Dios santo,reducidle vos!Paulo.Yo muero.Pedrisco.Mira que Enrico gozandoestá de Dios: pide a Diosperdón.Paulo.¿Y cómo ha de darloa un hombre que le ha ofendidocomo yo?Pedrisco.¿Qué estás dudando?¿No perdonó a Enrico?Paulo.Dioses piadoso...Pedrisco.Es muy claro.Paulo.Pero no con tales hombres.Ya muero, llega tus brazos.Pedrisco.Procura tener su fin.Paulo.Esa palabra me ha dadoDios; si Enrico se salvó,también yo salvarme aguardo. (Muere.)

Pedrisco.

¿Cómo estás ansí?

Paulo.

¡Ay de mí!

Muerte me han dado villanos.

Pero ya que estoy muriendo,

saber de ti, amigo, aguardo

qué hay del suceso de Enrico.

Pedrisco.

En la plaza le ahorcaron

de Nápoles.

Paulo.

Pues ansí,

¿quién duda que condenado

estará al Infierno ya?

Pedrisco.

Mira lo que dices, Paulo;

que murió cristianamente,

confesado y comulgado

y abrazado con un Cristo,

en cuya vista enclavados

los ojos, pidió perdón

y misericordia, dando

tierno llanto a sus mejillas,

y a los presentes espanto.

Fuera de aqueso, en muriendo

resonó en los aires claros

una música divina;

y para mayor milagro

y evidencia más notoria,

dos paraninfos alados

se vieron patentemente,

que llevaban entre ambos

el alma de Enrico al Cielo.

Paulo.

¡A Enrico, el hombre más malo

que crió naturaleza!

Pedrisco.

¿De aquesto te espantas, Paulo,

cuando es tan piadoso Dios?

Paulo.

Pedrisco, eso ha sido engaño:

otra alma fué la que vieron,

no la de Enrico.

Pedrisco.

¡Dios santo,

reducidle vos!

Paulo.

Yo muero.

Pedrisco.

Mira que Enrico gozando

está de Dios: pide a Dios

perdón.

Paulo.

¿Y cómo ha de darlo

a un hombre que le ha ofendido

como yo?

Pedrisco.

¿Qué estás dudando?

¿No perdonó a Enrico?

Paulo.

Dios

es piadoso...

Pedrisco.

Es muy claro.

Paulo.

Pero no con tales hombres.

Ya muero, llega tus brazos.

Pedrisco.

Procura tener su fin.

Paulo.

Esa palabra me ha dado

Dios; si Enrico se salvó,

también yo salvarme aguardo. (Muere.)

[Los villanos rodean el cadáver dePaulo.Descúbrese fuego, yPaulolleno de llamas.]

Paulo.Si a Paulo buscando vaisbien podéis ya ver a Pauloceñido el cuerpo de fuegoy de culebras cercado.No doy la culpa a ningunode los tormentos que paso;sólo a mí me doy la culpa,pues fuí causa de mi daño.Pedí a Dios que me dijeseel fin que tendría, en llegandode mi vida el postrer día:ofendíle, caso es llano;y como la ofensa vióde las almas el contrario,incitóme con quererperseguirme con engaños.Forma de un ángel tomó,y engañóme; que a ser sabio,con su engaño me salvara;pero fuí desconfiadode la gran piedad de Dios,que hoy a su juicio llegando,me dijo: “Baja, malditode mi padre, al centro airadode los oscuros abismos,adonde has de estar penando.”¡Malditos mis padres seanmil veces, pues me engendraron!¡Y yo también sea maldito,pues que fuí desconfiado!

Paulo.

Si a Paulo buscando vais

bien podéis ya ver a Paulo

ceñido el cuerpo de fuego

y de culebras cercado.

No doy la culpa a ninguno

de los tormentos que paso;

sólo a mí me doy la culpa,

pues fuí causa de mi daño.

Pedí a Dios que me dijese

el fin que tendría, en llegando

de mi vida el postrer día:

ofendíle, caso es llano;

y como la ofensa vió

de las almas el contrario,

incitóme con querer

perseguirme con engaños.

Forma de un ángel tomó,

y engañóme; que a ser sabio,

con su engaño me salvara;

pero fuí desconfiado

de la gran piedad de Dios,

que hoy a su juicio llegando,

me dijo: “Baja, maldito

de mi padre, al centro airado

de los oscuros abismos,

adonde has de estar penando.”

¡Malditos mis padres sean

mil veces, pues me engendraron!

¡Y yo también sea maldito,

pues que fuí desconfiado!

(Húndese por el tablado, y sale fuego.)

Juez.Misterios son del Señor.Galván.¡Pobre y desdichado Paulo!Pedrisco.¡Y venturoso de Enrico,que de Dios está gozando!Juez.Por que toméis escarmiento,no pretendo castigaros;libertad doy a los dos.···············No más: a Nápoles vamosa contar este suceso.Pedrisco.Y porque éste es tan arduoy difícil de creer,siendo verdadero el caso,vaya el que fuese curioso(porque sin ser escribanodé fe de ello), a Belarmino;y si no, más dilatadoen la vida de los padrespodrá fácilmente hallarlo.Y con aquesto da finEl Mayor Desconfiado,y pena y gloria trocadas.El cielo os guarde mil años.

Juez.

Misterios son del Señor.

Galván.

¡Pobre y desdichado Paulo!

Pedrisco.

¡Y venturoso de Enrico,

que de Dios está gozando!

Juez.

Por que toméis escarmiento,

no pretendo castigaros;

libertad doy a los dos.

···············

No más: a Nápoles vamos

a contar este suceso.

Pedrisco.

Y porque éste es tan arduo

y difícil de creer,

siendo verdadero el caso,

vaya el que fuese curioso

(porque sin ser escribano

dé fe de ello), a Belarmino;

y si no, más dilatado

en la vida de los padres

podrá fácilmente hallarlo.

Y con aquesto da fin

El Mayor Desconfiado,

y pena y gloria trocadas.

El cielo os guarde mil años.

Viñeta de adorno


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