JORNADA TERCERA
[Enrico,atraído por el amor filial, vuelve a Nápoles acompañado dePedrisco.Ambos caen en poder de la justicia y están presos en la cárcel de la ciudad.Celiase burla deEnricodiciéndole que está casada; él se enfurece y quiere romper los hierros de la prisión. Acuden los carceleros para sujetarle y mata a uno de ellos con un golpe de cadena en la cabeza. ElAlcaidemanda que le pongan más hierros, y sólo a viva fuerza pueden sujetarle. Vanse todos, y al quedar soloEnrico,elDiablo,invisible para él, viene a hablarle.]
Enrico.En lóbrega confusión,ya, valiente Enrico, os veis:pero nunca desmayéis;tened fuerte el corazón,porque aquesta es la ocasiónen que tenéis de mostrarel valor, que os ha de darnombre altivo, ilustre fama.Mirad...(Dentro.)Enrico.Enrico.¿Quién llama?Esta voz me hace temblar.Los cabellos erizadospronostican mi temor;mas ¿dónde está mi valor?¿Dónde mis hechos pasados?(Dentro.)Enrico.Enrico.Muchos cuidadossiente el alma. ¡Cielo santo!¿Cúya es voz que tal espantoinfunde en el alma mía?(Dentro.)Enrico.Enrico.A llamar porfía.De mi flaqueza me espanto.A esta parte la voz suena,que tanto temor me da.¿Si es algún preso que estáamarrado a la cadena?Vive Dios, que me da pena.
Enrico.
En lóbrega confusión,
ya, valiente Enrico, os veis:
pero nunca desmayéis;
tened fuerte el corazón,
porque aquesta es la ocasión
en que tenéis de mostrar
el valor, que os ha de dar
nombre altivo, ilustre fama.
Mirad...
(Dentro.)
Enrico.
Enrico.
¿Quién llama?
Esta voz me hace temblar.
Los cabellos erizados
pronostican mi temor;
mas ¿dónde está mi valor?
¿Dónde mis hechos pasados?
(Dentro.)
Enrico.
Enrico.
Muchos cuidados
siente el alma. ¡Cielo santo!
¿Cúya es voz que tal espanto
infunde en el alma mía?
(Dentro.)
Enrico.
Enrico.
A llamar porfía.
De mi flaqueza me espanto.
A esta parte la voz suena,
que tanto temor me da.
¿Si es algún preso que está
amarrado a la cadena?
Vive Dios, que me da pena.
(Sale elDemonioy no le ve.)
Demonio.Tu desgracia lastimosasiento.Enrico.¡Qué confuso abismo!no me conozco a mí mismo,y el corazón no reposa.Las alas está batiendocon impulsos de temor;Enrico, ¿éste es el valor?—Otra vez se oye el estruendo.Demonio.Librarte, Enrico, pretendo.Enrico.¿Cómo te puedo creer,voz, si no llego a saberquién eres y adónde estás?Demonio.Pues agora me verás.Enrico.Ya no te quisiera ver.Demonio.No temas.Enrico.Un sudor fríopor mis venas se derrama.Demonio.Hoy cobrarás nueva fama.Enrico.Poco de mis fuerzas fío.No te acerques.Demonio.Desvaríoes el temer la ocasión.Enrico.Sosiégate, corazón.Demonio.¿Ves aquel postigo?Enrico.Sí.Demonio.Pues salte por él, y ansíno estarás en la prisión.Enrico.¿Quién eres?Demonio.Salte al momento,y no preguntes quién soy,que yo también preso estoy,y que te libres intento.Enrico.¿Qué me dices, pensamiento?¿Libraréme? Claro está.Aliento el temor me dade la muerte que me aguarda.Voime. Mas, ¿quién me acobarda?Mas otra voz suena ya.
Demonio.
Tu desgracia lastimosa
siento.
Enrico.
¡Qué confuso abismo!
no me conozco a mí mismo,
y el corazón no reposa.
Las alas está batiendo
con impulsos de temor;
Enrico, ¿éste es el valor?—
Otra vez se oye el estruendo.
Demonio.
Librarte, Enrico, pretendo.
Enrico.
¿Cómo te puedo creer,
voz, si no llego a saber
quién eres y adónde estás?
Demonio.
Pues agora me verás.
Enrico.
Ya no te quisiera ver.
Demonio.
No temas.
Enrico.
Un sudor frío
por mis venas se derrama.
Demonio.
Hoy cobrarás nueva fama.
Enrico.
Poco de mis fuerzas fío.
No te acerques.
Demonio.
Desvarío
es el temer la ocasión.
Enrico.
Sosiégate, corazón.
Demonio.
¿Ves aquel postigo?
Enrico.
Sí.
Demonio.
Pues salte por él, y ansí
no estarás en la prisión.
Enrico.
¿Quién eres?
Demonio.
Salte al momento,
y no preguntes quién soy,
que yo también preso estoy,
y que te libres intento.
Enrico.
¿Qué me dices, pensamiento?
¿Libraréme? Claro está.
Aliento el temor me da
de la muerte que me aguarda.
Voime. Mas, ¿quién me acobarda?
Mas otra voz suena ya.
(Cantan dentro.)
Músicos.Detén el paso violento;mira que te está mejorque de la prisión librarteel estarte en la prisión.Enrico.Al revés me ha aconsejadola voz que en el aire he oído,pues mi paso ha detenido,si tú le has acelerado.Que me está bien he escuchadoel estar en la prisión.Demonio.Esa, Enrico, es ilusiónque te representa el miedo.Enrico.Yo he de morir si me quedo;quiérome ir; tienes razón.Músicos.Detente, engañado Enrico,no huyas de la prisión;pues morirás si salieres,y si te estuvieres, no.Enrico.Que si salgo he de moriry si quedo viviré,dice la voz que escuché.Demonio.¿Que al fin no te quieres ir?Enrico.Quedarme es mucho mejor.Demonio.Atribúyelo a temor;pero, pues tan ciego estás,quédate preso, y veráscómo te ha estado peor. (Vase.)Enrico.Desapareció la sombra,y confuso me dejó.¿No es este el portillo? No.Este prodigio me asombra.¿Estaba ciego yo, o vien la pared un portillo?Pero yo me maravillodel gran temor que hay en mí.¿No puedo salirme yo?Sí; bien me puedo salir.Pues, ¿cómo?... —¡Que he de morir!La voz me atemorizó.Algún gran daño se infierede lo turbado que estoy.No importa, ya estoy aquípara el mal que me viniere.
Músicos.
Detén el paso violento;
mira que te está mejor
que de la prisión librarte
el estarte en la prisión.
Enrico.
Al revés me ha aconsejado
la voz que en el aire he oído,
pues mi paso ha detenido,
si tú le has acelerado.
Que me está bien he escuchado
el estar en la prisión.
Demonio.
Esa, Enrico, es ilusión
que te representa el miedo.
Enrico.
Yo he de morir si me quedo;
quiérome ir; tienes razón.
Músicos.
Detente, engañado Enrico,
no huyas de la prisión;
pues morirás si salieres,
y si te estuvieres, no.
Enrico.
Que si salgo he de morir
y si quedo viviré,
dice la voz que escuché.
Demonio.
¿Que al fin no te quieres ir?
Enrico.
Quedarme es mucho mejor.
Demonio.
Atribúyelo a temor;
pero, pues tan ciego estás,
quédate preso, y verás
cómo te ha estado peor. (Vase.)
Enrico.
Desapareció la sombra,
y confuso me dejó.
¿No es este el portillo? No.
Este prodigio me asombra.
¿Estaba ciego yo, o vi
en la pared un portillo?
Pero yo me maravillo
del gran temor que hay en mí.
¿No puedo salirme yo?
Sí; bien me puedo salir.
Pues, ¿cómo?... —¡Que he de morir!
La voz me atemorizó.
Algún gran daño se infiere
de lo turbado que estoy.
No importa, ya estoy aquí
para el mal que me viniere.
[ElAlcaidelee aEnricosu sentencia de muerte. El criminal, lejos de sentirse abatido, insulta alAlcaidey rehusa confesarse antes de morir.]