Chapter 15

CORO

CORO

Si vence la causa de este parricida, su crimen, nuevas leyes habrán trastornado bien pronto el orden del mundo. Todos los mortales se encontrarán sueltos y expeditos para lanzarse a igual atentado. ¡Qué de golpes, no imaginarios sino verdaderos, esperan en adelante a los padres de mano de sus hijos!

Ya no perseguirá los delitos la cólera de estas Furias que estaban siempre con atentos ojos sobre los hombres. Dejaremos correr todo crimen. Cada cual se quejará de las maldades de los suyos y buscará por todas partes el fin de sus penas o su alivio; pero no hallará remedio seguro, y en vano será que el afligido pida consuelo.

Vosotros, los heridos de la desgracia, no nos invoquéis más; no gritéis: ¡oh justicia, oh trono de las Erinnas! Así clamarán de aquí a poco los padres y las madres entre lastimeros gemidos que les arrancará su infortunio; pero cuando ya el templo de la Justicia se derrumba.

A las veces es saludable el terror. Conviene que se asiente en el ánimo, y que allí esté vigilante; que los remordimientos ayudan a aprender a bien vivir. ¿Pues qué ciudad ni qué mortal rendirá culto a la justicia, si se crían sin ningún temor de corazón en la bienandanza?

No desees vivir ni en licencia ni en servidumbre. El cielo puso siempre en el medio la virtud, y mira los extremos con ojos enemigos. Muy conforme a razón es la sentencia que dice: “La impiedad es hija legítima de la soberbia; sólo de la rectitud del corazón nace la felicidad de todos querida y codiciosamente deseada.”

Pero sobre todo te digo: respeta el ara de la justicia; no la derribes con impío pie por mirar a tu provecho, porque la pena seguirá a la culpa, y te aguardará el fin merecido. Así pues, honren todos a sus padres, y respete cada cual los santos fueros del huésped que viene a acogerse a su casa.

De esta suerte el hombre que de voluntad sea justo no será infeliz; jamás podrá ser absolutamente desventurado. Pero el atropellador de toda ley, que a todo se atreve, y todo lo trastorna y confunde sin atender a la justicia, ese hombre será al fin abatido; yo lo afirmo: cuando la borrasca rasgue las velas de su nave, y tronche las antenas.

En su vana lucha con la tormenta que le asalta por todas partes, llamará entonces a los que no le oirán. Los cielos ríen viendo al temerario, contra todo lo que él se imaginó nunca, aprisionado en los lazos inquebrantables de la desgracia y sin poder ganar la orilla. Aquella su felicidad de otro tiempo se estrelló en la roca de la justicia, y él perece y nadie tiene para él ni una lágrima ni un recuerdo.

(Sale ATENA acompañada de los jueces areopagitas, un pregonero, pueblo y cortejo de matronas y doncellas atenienses.)

ATENA

Pregonero, haz tu oficio y contén a la muchedumbre. Que la trompeta tirrena se llene con el humano aliento de tu pecho, y que su aguda voz invada laregión del éther y se haga oír de todo el pueblo. El Consejo está aquí reunido. Silencio, pues, ahora. Escuche la ciudad entera estas mis leyes que por siempre han de gobernarla, y cómo se falla en justicia la causa que se nos ha sometido.

(Sale APOLO.)

CORO

Dios Apolo, manda en lo que tienes bajo tu imperio; ¿qué te interesa a ti este negocio? ¡Di!

APOLO

Vengo a dar mi testimonio. Este hombre llegó suplicante a mi templo, y se acogió a mis aras, y yo le purifiqué. Con él debo ser procesado, pues que yo tengo la culpa de la muerte de su madre. Atena, abre el juicio con las formalidades que tan bien conoces, y sigue la causa.

ATENA

Se abre el juicio. Vosotras tenéis la palabra. El acusador es quien debe hablar primero y exponer conforme a derecho los puntos de su querella.

CORO

Muchas somos, mas con todo ello hablaremos poco y breve.(A ORESTES.)Tú contesta extremo por extremo conforme vayamos preguntándote. En primer lugar di si mataste a tu madre.

ORESTES

La maté. No podría negarlo.

CORO

Bueno. De las tres caídas del lidiador ya tenemos una.

ORESTES

Todavía no he caído para que te jactes así.

CORO

Respóndeme ahora a esto: ¿cómo la mataste?

ORESTES

Respondo. Esta mano la clavó el hierro y la degolló.

CORO

¿Quién te lo aconsejó? ¿Quién te movió a ello?

ORESTES

Los oráculos de este dios. Él dará testimonio.

CORO

¡Qué! ¿El dios profeta te había de inducir a matar a tu madre?

ORESTES

Y hasta aquí cierto que no tengo que acusar a mi fortuna.

CORO

Si la votación te es contraria, pronto mudarás de parecer.

ORESTES

Espero confiado. Mi padre me auxiliará desde el sepulcro.

CORO

¡Confía en los muertos, matador de tu madre!

ORESTES

Sobre ella había caído la mancha de un doble crimen.

CORO

¿Cómo? Demuéstralo ante los jueces.

ORESTES

Al matar a su marido mató a mi padre.

CORO

Y ¿qué? Tú vives aún, mientras que ella pagó ya con la muerte.

ORESTES

Y ¿por qué no la perseguiste en vida?

CORO

Ella no era de la misma sangre del hombre a quien mató.

ORESTES

Pues ¿yo soy de la misma sangre de mi madre?

CORO

Pues ¡malvado! ¿cómo si no te alimentó en sus entrañas? ¿Renegarás de la sangre amadísima de una madre?

ORESTES

Apolo, depón ya tu testimonio. Ven y di si la maté en justicia. Que lo hice no lo negaré; así es la verdad; pero dinos si en tu sentir fuí justo al verter su sangre o no. Decide tú para que yo pueda responder.

APOLO

Yo declaro ante vosotros, augusto tribunal de Atena, que este hombre obró en justicia. Mis profecías no engañan. Jamás desde mi vatídico trono dije a hombre ni a mujer ni a ciudad ninguna, cosa que no me dictase Zeus, el padre del Olimpo. Cuanta sea,pues, la fuerza de nuestro derecho, yo os recomiendo que lo consideréis, y que acatéis el decreto de mi padre; que no hay juramento ninguno que pueda prevalecer contra Zeus.

CORO

¡Así pues a lo que tú dices, Zeus fué quien te dictó ese oráculo de ordenar aquí a Orestes que vengase la muerte de su padre sin tener en nada el amor y reverencia de una madre...!

APOLO

Mayor que no igual crimen es hacer que muera un varón generoso a quien Zeus había honrado con el cetro; y que muera a manos de su esposa y no en leal combate al golpe de un dardo como los que disparan las Amazonas, sino... Lo diré para que lo oigas, oh Palas, y vosotros jueces que con vuestros votos habéis de sentenciar esta causa. Volvía él de la guerra, donde había dado felice cima a grandes hazañas; acógele ella con amoroso semblante, condúcele al baño, y cuando ya se disponía a salir de él, en el mismo punto y término ella le echa encima con artero golpe un ancho velo, y así envuelto en aquella red le hiere de muerte. Expuesta queda a vuestra consideración la suerte infortunada del más augusto de los príncipes; de aquel soldado que capitaneó la armada griega. Os la he contado tal como fué, para mover a justa cólera a este pueblo que ha de dictar sentencia.

CORO

Según tu dicho, Zeus gradúa de más grave que todo otro crimen el homicidio de un padre; y sin embargo él aherrojó entre cadenas a su anciano padreCronos. ¿Cómo no ves aquí la contradicción de tus palabras? Pero vosotros lo habéis oído; yo daré fe.

APOLO

¡Oh monstruos, de todos abominados y de los dioses aborrecidos! Se pueden romper las cadenas: remedios tiene la esclavitud; hay muchos caminos de recobrar la libertad. Pero una vez muerto un hombre, y que el polvo se traga su sangre, ya no hay resurrección para él. Contra la muerte no inventó mi padre encantamientos; él que gobierna y muda todas las cosas, y las humilla y las ensalza sin fatigarse del esfuerzo.

CORO

¿Cómo defiendes su absolución? Considéralo. Este hombre regó la tierra con la sangre de su madre, con la sangre que corre por sus venas: y ¿ha de ir después a Argos y ha de habitar la casa de su padre? ¿A qué aras públicas se atreverá él a acercarse? ¿Qué cofradía habrá que le reciba a sus ceremonias y lustraciones?

APOLO

También contestaré a esto; reconoce tú la verdad de mis razones. No es la madre engendradora del que llaman su hijo, sino sólo nodriza del germen sembrado en sus entrañas. Quien con ella se junta es el que engendra. La mujer es como huéspeda que recibe en hospedaje el germen de otro y le guarda, si el cielo no dispone otra cosa. Te daré la prueba de mi proposición. Se puede llegar a ser padre sin necesidad de madre, y de ello aquí tenemos un testigo, la hija de Zeus Olímpico, que no se nutrió en las tinieblas de materno seno; pero criatura cual diosaninguna hubiese podido engendrarla.(A ATENA.)En cuanto a mí, ¡oh Palas!, yo engrandeceré a tu ciudad y pueblo, como sé hacerlo; yo que envié a mi suplicante a tus aras para que en todo tiempo fuese tu amigo fiel, y por que te le granjeases por aliado, oh diosa, a él y a sus descendientes. ¡Así se mantenga y se ratifique esta alianza para siempre en las futuras edades!

ATENA

La causa está ya bastante dilucidada; consultad, pues, con vuestra conciencia, oh jueces, y votad en justicia.

APOLO(a los jueces.)

Atended a lo que habéis oído, y al dar vuestros votos, oh huéspedes míos, respetad en vuestro corazón el juramento que prestasteis.

ATENA(al CORO.)

Y ahora, ¿qué he de hacer yo para que no tengáis que acusarme jamás?

CORO

Yo he disparado todas mis fechas, y espero a ver cómo se decide el combate.

ATENA

Ciudadanos de Atenas, que vais a juzgar por primera vez en causa de sangre, mirad ahora la institución que yo fundo. En adelante subsistirá por siempre en el pueblo de Egeo este senado de jueces. Se asentará en esta colina donde acamparon las Amazonas y pusieron sus tiendas cuando con ejército poderoso vinieron en son de guerra contra Teseo y su recién edificada ciudad, y frente de sus torres alzaronotras torres. En este lugar ofrecieron sacrificios al dios Ares, con que esta roca tomó el nombre de Areópago, y aquí velarán por los ciudadanos el respeto y el temor, igual de día que de noche, y contendrán la injusticia mientras los mismos ciudadanos no alteren las leyes: que si mezcláis con sucias y cenagosas aguas las claras linfas de una fuente, no encontraréis después dónde beber. Oíd mi consejo, ciudadanos que habéis de mirar por la república: no rindáis culto a la anarquía ni al despotismo; pero no desterréis de la ciudad todo temor, que sin temor no hay hombre justo. Mirad, pues, con temerosa y merecida reverencia la majestad de este senado, porque así tengáis un baluarte defensor de vuestra ciudad y patria, cual no lo tiene pueblo en el mundo, ni se hallaría entre los Escithas ni en la tierra de Pélope. Yo os doy un tribunal que nadie podrá cohechar; venerando, severo, guarda de esta ciudad, que velará por los que duermen. Sirvan en lo venidero a mis ciudadanos estas advertencias que les dirijo. Y ahora levantaos, y dad vuestro voto, y sentenciad esta causa con respeto a vuestros juramentos. He dicho.

CORO

Os aconsejamos que no nos tratéis con menosprecio; que pesaríamos harto gravemente sobre vuestra tierra.

APOLO

Y yo os mando que respetéis mis oráculos, que son los de Zeus, y no hagáis que salgan vanos.

CORO

No te cuides de causas de sangre que no son de tu incumbencia, pues, si te obstinas, ya no habrá más santidad en tus oráculos.

APOLO

¿Por ventura erró mi padre al escuchar las súplicas de Ixión, el primer homicida?

CORO

¡Palabras! Si no obtengo justicia ya me haré yo sentir en este suelo.

APOLO

Tú eres despreciada de los nuevos dioses y de los viejos. Yo soy quien venceré.

CORO

Tales fueron también tus hazañas en el palacio de Feres. Tú persuadiste a las Moiras a hacer inmortales a los hombres.

APOLO

¿Y no es justo hacer beneficios a quien nos honra, y más cuando se halla necesitado?

CORO

Tú derribaste todo el edificio de las antiguas leyes engañando con vino a aquellas viejas deidades.

APOLO

Pronto vas a ser vencida en juicio. Vomita entonces tú ese veneno, que no inquietará mucho a los que aborreces.

CORO

¡Dios nuevo! ¿Tú pisoteas a estas antiguas diosas? No obstante esperaré a oír la sentencia, y en tanto no descargaré mi cólera sobre la ciudad.

APOLO

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ATENA

Eso me toca a mí dar mi voto la última. Este es mi voto, que añadiré a los que haya en favor de Orestes. Yo no nací de madre, y, salvo el himeneo, en lo demás amo con toda el alma todo lo varonil. Estoy por entero con la causa del padre. No ha de pesar más en mi ánimo la suerte de una mujer que mató a su marido, al dueño de la casa. Orestes vencerá aun en igualdad de votos por entrambas partes. Al punto, vaciad las urnas y contad los votos, jueces a quienes está encomendado este cargo.

ORESTES

¡Oh Febo Apolo! ¿cómo se fallará la causa?

CORO

¡Oh negra Noche, madre mía! ¿no ves esto?

ORESTES

No es menos para mí que echarme un dogal al cuello o ver por fin la luz.

CORO

Ni para nosotras que perecer o conservar nuestros honores.

APOLO

Contad bien los votos al sacarlos, huéspedes míos, y en el escrutinio, respeto a la justicia. Un voto que falte sería una gran desgracia; un voto más puede levantar una familia de su abatimiento.

ATENA

Este hombre queda absuelto de su delito: el número de votos es igual por ambas partes.

ORESTES

¡Oh Palas! ¡tú has salvado mi casa; tú me restituyes aquella patria de que yo estaba privado! Y dirán los Helenos: ahí tenéis a ese hijo de Argos que ha recobrado la posesión de la hacienda de sus padres, gracias a Palas y a Loxias, y a aquel Autor sumo de todas las cosas, su tercer salvador. ¡Sí, Zeus, tú eres quien me salva; tú, que al ver a estas abogadas de mi madre, recordaste con horror la impía suerte de mi padre! Marcho ya a mi patria, jurando a esta comarca, jurando a tu pueblo que nunca jamás en los siglos de los siglos príncipe alguno de Argos vendrá aquí en son de guerra, pues donde no contra los que así quebrantaren los juramentos que yo hago, nosotros mismos desde el sepulcro, donde entonces yaceremos, pondrémosles dificultades tan invencibles; tan triste haremos su camino y tan infaustos sus pasos, que les pese de su empresa. Mas si con fidelidad los guardaren, y en paz y en guerra acuden siempre con su alianza a esta ciudad de Palas, les seremos propicios. ¡Salve, oh diosa! y tú, pueblo de Atenas, ¡ojalá que tus enemigos no puedan escapar jamás de tus golpes, y que seas siempre salvo y vencedor!

(Vanse APOLO y ORESTES.)

CORO

¡Ay, dioses nuevos! ¡habéis pisoteado las antiguas leyes! ¡me lo habéis arrebatado de las manos! Pero yo, la miserable, la despreciada, encendida en cólera arrojaré sobre este suelo en desagravio de mi afrenta, todo el veneno que gotea mi corazón. ¡Vaya si lo arrojaré! Y este veneno se derramará por la tierra, y su ponzoña secará hojas y flores, y matará a todo sér viviente, y no perdonará a los hombres.¡Oh justicia! ¡Todo, todo lo apestará y asolará! ¿Lloro? ¡Qué hacer! ¿Me río? ¡Lo que he padecido ha de pesar mucho a los Atenienses! ¡Ay, hijas de la Noche! ¡infelices! ¡cuán grande y afrentosa es la desdicha que lloráis!

ATENA

Creedme a mí, y no lo llevéis así con ese llanto. No habéis sido vencidas. Salió igual número de votos por ambas partes, con toda buena fe y no para tu afrenta. Pero había claros testimonios de la voluntad de Zeus; el mismo dios que pronunció el oráculo, salió por fiador de él. Bien que autor de su delito, Orestes no debía llevar pena. No os irritéis pues; no queráis descargar vuestra cólera sobre esta tierra ni hacerla estéril; no derraméis sobre ella la baba de vuestro furor, que implacable corroe todo germen de vida. Yo os prometo solemnemente que tendréis en este suelo un templo donde moréis, y ricos tronos junto a vuestras aras, donde seáis honradas de los ciudadanos de Atenas.

CORO

¡Ay dioses nuevos! ¡habéis pisoteado las antiguas leyes! ¡me lo habéis arrebatado de las manos! Pero yo la miserable, la despreciada, encendida en cólera arrojaré sobre este suelo en desagravio de mi afrenta, todo el veneno que gotea mi corazón. ¡Vaya si lo arrojaré! ¡Y este veneno se derramará por la tierra, y su ponzoña secará hojas y flores, y matará a todo sér viviente, y no perdonará a los hombres! ¡Oh justicia! ¡Todo, todo lo apestará y asolará! ¿Lloro? ¡Qué hacer! ¿Me río? ¡Lo que he padecido ha de pesar mucho a los Atenienses! ¡Ay, hijas de la Noche!¡infelices! ¡Cuán grande y afrentosa es la desdicha que lloráis!

ATENA

Nadie os ha menospreciado. No os irritéis tanto, oh diosas, ni vayáis a infestar de males sin remedio esta tierra habitación de los mortales. Por mi parte, cuento con el poder de Zeus, y ¿a qué decir más? Yo sola entre los dioses conozco las llaves del sellado tesoro donde se guarda el rayo. Pero nada de esto se necesita, pues, atenta a mis razones, no querrás tú arrojar sobre este suelo el fruto maléfico de tu lengua, del cual toda triste calamidad se engendraría. Calma las negras oleadas de tu amarga cólera, y aquí serás honrada y venerada; y aquí habitarás conmigo; y en natalicios e himeneos recibirás en ofrenda las primicias de esta dilatada comarca, y por siempre celebrarás mi consejo.

CORO

¡Yo sufrir esto, cielos! ¡Yo con mi saber y experiencia habitar en estos lugares despreciada de todos! ¡Maldición! ¡Maldad execrable! ¡Vomitemos todo el furor, todo el odio de nuestro pecho! ¡Ah, ah! ¡oh tierra! ¡oh cielos! ¿Qué dolor es éste que me llega al alma? Noche, madre mía, oye los alaridos de mi cólera. Los engaños de los dioses me han envuelto sin que me pudiese defender y han reducido a la nada los honores que los pueblos me ofrecían.

ATENA

Tolero tus arrebatos porque tienes más años que yo. A no dudar, tú eres mucho más sabia, aunque también a mí me concedió Zeus no pensar del todo mal. Si marcháis a extrañas regiones, ya echaréis de menosesta tierra; yo os lo predigo. Porque correrán los tiempos, y cada vez serán más gloriosos para mi pueblo. Y tendríais venerando altar junto al templo de Erecteo, y allí recibiríais de hombres y mujeres en las grandes fiestas honores cual de ningún otro mortal del mundo podríais obtener jamás... No arrojes, pues, en este suelo, que es mío, el aguijón sangriento de tus odios que corrompan las entrañas de la juventud y la abrasen en furiosa ira, y sin vino la perturben y embriaguen. No siembres la discordia en el corazón de mis ciudadanos, porque no se empeñen entre sí como los gallos en impías y feroces luchas. La guerra... con el extranjero y no larga. Allí es donde el amor a la gloria es noble y generoso: ¡no se llame guerra a una riña de aves domésticas! Acepta lo que te ofrezco, que te está bien aceptarlo. Haz bien, y bien recibirás, y serás grandemente honrada, y poseerás conmigo esta tierra predilecta de los dioses.

CORO

¡Yo sufrir esto, cielos! ¡Yo con mi saber y experiencia habitar en estos lugares despreciada de todos! ¡Maldición! ¡Maldad execrable! ¡Vomitemos todo el furor, todo el odio de nuestro pecho! ¡Ah, ah! ¡oh tierra! ¡oh cielos! ¿Qué dolor es éste que me llega al alma? Noche, madre mía, oye los alaridos de mi cólera. Los engaños de los dioses me han envuelto sin que me pudiese defender y han reducido a la nada los honores que los pueblos me ofrecían.

ATENA

No me cansaré de aconsejarte bien, porque no digas nunca que las antiguas diosas salisteis de esta tierra, arrojadas de ella con desprecio por una diosa más joven que vosotras y por los mortales que habitan laciudad. A poder algo contigo la dulce e irresistible fuerza de la persuasión; si mis palabras fuesen poderosas a calmarte y ablandarte, aquí te quedarías. Mas si no quisieres quedarte aquí, no por ello sería justo que descargases sobre esta ciudad tu furioso encono, ni que hicieses a mi pueblo daño ninguno; pues que en ti está poseer conmigo esta tierra, y ser en ella dignamente honrada.

CORO

Diosa Atena, ¿qué morada dices tú que tendría yo?

ATENA

Una donde jamás hallaría asiento el infortunio. Acéptala pues.

CORO

Y ¿qué honores me esperan si acepto?

ATENA

No habrá casa que pueda prosperar sin ti.

CORO

¿Tanto harás tú que sea mi poder?

ATENA

Levantaré hasta la cumbre de la fortuna a quien te rindiere culto.

CORO

¿Y me prometes que así será en todo tiempo?

ATENA

Yo no prometo jamás lo que no he de cumplir.

CORO

Siento que me ablandas y que desecho todo mi rencor.

ATENA

Corre, pues, a los que acabas de ganarte por amigos.

CORO

¿Qué bienes quieres tú que pida en mis cánticos para este pueblo?

ATENA

Cuanto sea nobles y leales victorias; y que la tierra y el cielo, y el mar con sus aguas, y los vientos con sus blandas corrientes, y el sol con sus claros rayos traigan sobre este suelo toda suerte de bienes. Que la tierra abunde en frutos y rebaños; que vivan los ciudadanos en prosperidad, jamás derribada a los golpes del tiempo; que se logren y florezcan los tiernos retoños infantiles. Pero a los impíos ya puedes exterminarlos con más furor que nunca. Yo amo a los hombres como el hortelano a las plantas, y quiero que la semilla de los buenos no se dañe con la mala hierba de los malos. Tal es lo que te incumbe. A mí toca no permitir jamás que esta ciudad vencedora deje de llevarse nunca entre los hombres el honor y lauro del triunfo en los más gloriosos combates.

CORO

Sí; acepto habitar en compañía de Atena. No he de menospreciar yo ciudad donde moran el omnipotente Zeus y Ares, y que es alcázar fortísimo de los dioses, honor y contento de las deidades griegas y baluarte de sus aras. A la cual mi amorosa voluntad le desea, le predice que los espléndidos rayos del sol han de hacer brotar de la tierra en abundosa copia cuantos frutos hacen afortunada la vida.

ATENA

Obra es de mi amor a esta ciudad haber hecho que en ella pongan su habitación las potentes e implacablesdiosas cuyo destino es regir todas las cosas humanas. Pues el que no se granjea a estos terribles enemigos, no sabe qué calamidades le aguardan aún en la vida. Los pecados de sus mayores le arrastran hasta ellas; la muerte llega en silencio, y con sañuda crueldad le reduce a polvo cuando se jactaba de su fortuna.

CORO

Oíd lo que mi amor os desea. Que jamás la furia de los vientos pierda los árboles; ni los ardores del sol abrasen las plantas e impidan que se abran lozanos los pimpollos; ni la triste y estéril sequía os azote. Antes bien, que vuestros ganados se multipliquen, y a su tiempo os regalen con dobles crías; y que los ricos tesoros arrancados a las entrañas de la tierra honren la liberalidad de los dioses que os los dieron.

ATENA(a los AREOPAGITAS.)

Ya habéis oído, custodios de nuestra ciudad, cuántas bendiciones llaman sobre vosotros. Mucho puede en verdad la veneranda Erinna con los dioses del cielo y con los que habitan las mansiones subterráneas, y bien se ve cómo dispone de la suerte de los humanos: a éstos les da cánticos y alegrías; a aquéllos una vida de sombras y lágrimas.

CORO

Alejaos de aquí, azotes que malográis a los hombres con prematura muerte. Dioses, de quienes penden los destinos de los mortales, dejad que las tiernas y amorosas doncellas gocen de las dulzuras de Himeneo; permitidlo vosotras también, oh divinas Moiras, hermanas mías de madre, que a cada cual recompensáis según sus obras, sin que haya lugar a que no asistáis,ni tiempo en que no hagáis sentir el peso de vuestras justas leyes; diosas honradísimas de todos los dioses.

ATENA

Al oírte pedir para mi pueblo con tanto amor dichas y bendiciones, me lleno de alegría. ¡Oh atractivos ojos de la Persuasión, y cuán merecedores sois de que yo os ame, pues que habéis velado por mi lengua cuando hablaba a quien con dura tenacidad se resistía a escucharme! Venció por fin Zeus, dios de la elocuencia, y nuestra causa, la causa del bien, alcanzó completa victoria.

CORO

Quiera el cielo que jamás se oigan en esta ciudad los rugidos de la discordia, que no se sacia de males. Jamás se empape el suelo en la sangre de los ciudadanos, derramada en fratricidas y vengativas contiendas; sino antes con el deseo del bien común sean unas sus mutuas alegrías, y unos también sus odios: que en la unión tienen los hombres el remedio de sus mayores infortunios.

ATENA

¿No es verdad que, serena ya su razón, encontró por fin su lengua el camino de las bendiciones? Tengo para mí que de estas diosas de espantable catadura han de venir grandes ganancias a mi pueblo. Pagadles amor con amor; tributadles grandes honores, y la ciudad y toda su comarca verán pasar los tiempos en gloria y en justicia.

CORO

¡Salve, salve; los dioses os den felicidades y abundancia! Salve, pueblo de Atenas. Palas, la bienamada hija de Zeus, os mira con amor y habita a vuestro lado. Que no se desmientan nunca vuestras virtudes. Zeus honra a los mortales que Palas acoge bajo sus alas.

ATENA

Salve, también vosotras. Yo saldré delante para mostraros vuestra morada. Marchad al resplandor de las antorchas de ese religioso cortejo y en medio de las sagradas víctimas que os serán ofrecidas en sacrificio. Corred a vuestro templo subterráneo, y apartad de esta tierra la adversidad, y traed sobre ella la bienandanza y la victoria. Y vosotros, ciudadanos de Atenas, hijos de Cranao, guiad a las que vienen a habitar entre vosotros. ¡Ojalá que la ciudad recuerde siempre la memoria de tales beneficios!

CORO

Salve, salve, diré otra vez y otra; salve todos los que habitan en esta ciudad de Palas, dioses y mortales. Honrad con vuestro culto la vecindad que me habéis concedido y jamás tendréis que lamentar los reveses de la fortuna.

ATENA

Vuestros votos me colman de contento. Que el resplandor de las lucíferas antorchas os acompañe hasta los profundos lugares donde tenéis vuestro templo subterráneo. Vayan también mis sacerdotisas, piadosas guardas de mi sagrada imagen. Y vosotras, gloria y ornamento de la tierra de Teseo, cortejo insigne de doncellas y matronas; y vosotras, ancianas venerables, llegad todas luciendo vuestras vestiduras de púrpura y en las manos encendidas teas, y tributad así a estas diosas públicos honores porque su estanciaentre nosotros se señale en las edades futuras con dichosa y perdurable bienandanza.

(Vase.)

CORTEJO

Marchad a vuestra morada, poderosas y venerables hijas de la Noche, castas vírgenes, acompañadas de este pueblo que os ama. Aplaudid, Atenienses.

Descended a esos antiguos y profundos antros donde recibiréis insigne culto de honores y sacrificios. Pueblo de Atenas, aplaudid todos.

Venid acá, venerandas diosas; sednos propicias. Mirad con amor a nuestra comarca, y recibid el agasajo de estas encendidas antorchas que arden en vuestro obsequio. Y nosotras acompañemos su carrera con alegres cánticos y gritos de regocijo.

Por siempre jamás ofrecerá en tu templo la ciudad de Palas libaciones y lucientes antorchas. Así lo concertaron la Providencia infinita de Zeus, y la Moira. Rompamos en cánticos de alegría y regocijo.

Viñeta ornamental


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