Chapter 6

CORO

CORO

¡Oh Eteocles, para mí el más querido de los hombres! ¡oh hijo de Edipo, no quieras hacerte semejante en condición a quien tan feamente has denostado! Que Argivos y Cadmeos vengan a las manos; baste con esto. Sangre es que puede expiarse. ¡Pero la muerte de dos hermanos así suicida!... No hay vejez para tal mancha.

ETEOCLES

Cualquier mal que me aviniere, como sea sin ignominia, venga en buena hora; que en la muerte está el único bien. Mas no dirás que hay gloria en lo que sobre desdicha es vergüenza.

CORO

¿Y aún lo intentas, hijo? No te arrastre esa funesta y loca ansia de pelea que llena tu alma. Desecha de ti ese primer impulso de una mala pasión.

ETEOCLES

Pues que el cielo da prisa por el desenlace, láncese viento en popa a las ondas del Cocyto, que son su herencia, toda esta raza de Layo aborrecida de Febo.

CORO

Es un cruelísimo deseo ese que te punza y muerde, y te incita a cometer un homicidio de bien amargos frutos; a derramar una sangre que para ti es sagrada.

ETEOCLES

No; es la maldición de mi padre que se apercibe ya a cumplirse. Llena de odio y con los ojos secos y sin lágrimas, llégase a mi lado y me grita: Primero la venganza y después la muerte.

CORO

Pero tú no la provoques. Por guardar una vida inocente no has de ser motejado de cobarde. Ni Erinna descarga sobre nuestra morada su negra tormenta, cuando las manos se conservan puras, para que nuestras ofrendas sean aceptas a los dioses.

ETEOCLES

Ya los dioses no se curan de nosotros. Además, que ha de poner admiración el beneficio que traerá nuestramuerte. ¿A qué, pues, andamos halagando todavía a nuestro mortal destino?

CORO

Sí, ahora que te estrecha. Porque ese mal espíritu que agita tu alma, quizá mudándose con el tiempo se vuelva en viento más blando; pero ahora está hirviendo aún.

ETEOCLES

Es la maldición de Edipo que se agita hirviente. ¡Harto verdaderas son esas visiones de nocturnos fantasmas que se me aparecen partiendo la herencia de mi padre!

CORO

Créete de mujeres por más que no les tengas amor.

ETEOCLES

Podéis decir cosas que sean de hacer, pero sin hablar mucho.

CORO

No tomes el camino de la séptima puerta.

ETEOCLES

Tus palabras no quebrantarán la resolución de mi ánimo airado.

CORO

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ETEOCLES

Justa o no, los dioses honran siempre la victoria.

CORO

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ETEOCLES

Lenguaje es ese que un soldado no puede aprobar.

CORO

¿Quieres, pues, gozarte en la sangre de tu propio hermano?

ETEOCLES

Si los dioses me lo conceden, no escapará él de la muerte.

(Vase ETEOCLES.)

CORO

¡Estoy transida de terror! Esa diosa, ruina de las casas y en nada igual a los otros dioses; la de los decretos infalibles; la vaticinadora de infortunios; esa Erinna invocada por un padre, va al fin a cumplir las airadas imprecaciones del insensato Edipo. La discordia, que perderá a sus hijos, precipita el desenlace.

El hierro extranjero, venido de los Cálibes de la Escithia, será el fiero y cruel partidor de la hacienda paterna, que hará las suertes, y a cada uno le dará para que habite, en vez de dilatados dominios, la tierra que pueda ocupar después de muerto.

Cuando heridos y despedazados con mutuos y mortales golpes, caigan ya sin vida; luego que el fondo mismo de la tierra haya bebido su roja sangre, ya negra y cuajada, ¿quién ofrecerá sacrificios expiatorios? ¿Quién lustrará sus cuerpos? ¡Oh desdichas nuevas de esta casa, que venís a juntaros con sus antiguos males!

Con aquella vieja culpa de Layo, bien pronto castigada, y que hoy vive en su tercera generación. Por tres veces habíales advertido Apolo desde aquella ara de Pithia, centro de la tierra, que muriese sin hijos si quería ver salva a la ciudad. Dejóse él vencer de temerarios consejos de amigos; fué contra la voluntad del dios, y engendró su propia muerte; aEdipo el parricida, que osó sembrar una estirpe sangrienta en la sagrada tierra de su madre, donde fué sustentado. La demencia juntó a los insensatos esposos, y a modo de un mar, trajo sobre nosotros olas de males. Cayó la una, y otra más terrible se levanta ahora, y muge en torno a la popa de la ciudad. Tan sólo una tabla de salvación hay de por medio; el espesor de una torre; y no para mucho, que bien me temo que con sus reyes va a caer también Thebas.

¡Cumplidas están ya las antiguas maldiciones! ¡Ya se hacen las funestas paces! Las calamidades cuando vienen no pasan de largo, sino que descargan. Afanoso el hombre, amontona sobre el bajel riquezas en demasía, y luego tiene que arrojarlas de lo alto de la popa. Porque ¿a quién admiraron más los hogares de sus conciudadanos y la pública Ágora henchida de atropellada muchedumbre? ¿A quién dieron más honor y gloria que a Edipo cuando limpió la comarca de la peste que le arrebataba sus hombres? Mas así que el infeliz se dió razón de su miserable consorcio, no pudiendo llevar su dolor, y lleno el pecho de rabia, añade a sus males otros dos males nuevos. Con bárbara furia arranca con la mano parricida aquellos sus ojos que tenían que encontrarse con el rostro de sus hijos, y ¡ay de mí! horrorizado de su nefanda obra, lanza tremendas maldiciones sobre los que engendró. ¡Que alguna vez dividan entre sí espada en mano la herencia de sus padres! Tiemblo que la veloz Erinna vaya a cumplirlas ahora.

(Sale un MENSAJERO.)

MENSAJERO

Tened buen ánimo, hijas con tanto regalo criadas por vuestras madres. La ciudad escapó del yugo de la servidumbre. Vinieron por tierra los fieros de aquelloshombres arrogantes; Thebas boga ya por mar serena, y el fondo del bajel no se ha abierto al continuo azotar de las olas. Las torres se mantienen en pie y nos escudan; las habíamos asegurado con defensores poderosos cada cual de ellos para guardar la que le estaba encomendada.

En lo más hemos tenido buen suceso: en seis de las puertas; pero de la séptima se ha apoderado el augusto Apolo, sagrado guía de los siete príncipes, haciendo así que en la raza de Edipo llegue a cumplirse el castigo de la antigua temeridad de Layo.

CORO

¿Qué nuevo desastre es ese que ha venido sobre la ciudad?

MENSAJERO

La ciudad está en salvo; pero los reyes que fueron engendrados de una misma sangre...

CORO

¿Quiénes? ¿Qué dices? Túrbase mi mente con el terror que me ponen tus palabras.

MENSAJERO

Vuelve en ti ahora, y escucha. La raza de Edipo...

CORO

¡Ay de mí desdichada, que soy adivina de males!

MENSAJERO

La tierra ha bebido su sangre, que derramaron el uno contra el otro.

CORO

¡Y hasta ahí llegaron! ¡Espantable crimen! Pero... ¡acaba!

MENSAJERO

Murieron los dos dándose mutua muerte.

CORO

¡Y así con las manos fraternales se han arrancado la vida!

MENSAJERO

Demasiado cierto es. Ambos quedan en el polvo.

CORO

¡Y así a los dos juntos esperaba un mismo destino!

MENSAJERO

Sí, él acabó por fin con la infeliz raza. ¡Cosas para ser celebradas con alegrías y con llanto! Salva está Thebas; pero los príncipes, los dos caudillos hermanos se sortearon con el bien forjado hierro escytha la plena posesión de sus riquezas y tendrán cuanto de tierra puedan ocupar en su sepultura, con que habrán alcanzado los funestos votos de su padre.

(Vase.)

CORO

¡Oh gran Zeus! ¡oh dioses tutelares de la ciudad, que habéis defendido estas torres de Cadmo! ¿Por ventura deberé yo alegrarme y celebrar con regocijadas voces la salvación de Thebas, libre ya de todo riesgo, o lloraré a esos tristes e infortunados caudillos, últimos de su raza? ¡Bien cumplieron con sus nombres; que con harta fama y reñida pelea han perecido llevados de su impío consejo!

¡Oh negra maldición de la raza de Edipo al fin cumplida! Un hielo de muerte se derrama por todo mi corazón. Fuera de mí como una Tiade, rompo en funerario canto, vertiendo lágrimas sobre los ensangrentadoscuerpos de los que tan miserablemente han acabado. ¡Cierto que con mal sino se cruzaron sus lanzas!

Llegó a cumplirse la palabra de maldición de un padre; no ha faltado, no. La terca resolución de Layo ha dado fruto. Y mis ansias por la ciudad no cesan; que están aún en todo su rigor los oráculos de los dioses. — ¡Oh príncipes dignos de perpetuo llanto, ved ahí la inaudita hazaña que habéis acometido!(Traen a la escena los cuerpos de ETEOCLES y POLINICES.)Ya están aquí; no las palabras, sino las calamitosas y lastimeras realidades. Hélas ahí, que ellas mismas se ofrecen a nuestros ojos. Patente está la relación del mensajero. ¡Dobles congojas! ¡Dobles víctimas de un mutuo homicidio! Dobles males, compartidos entre dos sin ventura. Es la ruina, que hoy quedó consumada. ¿Y qué diré yo sino que en esta casa hacen su habitación infortunios sobre infortunios? Ea, amigas, al viento dad los gemidos, golpead con ambas manos vuestra cabeza, e imitad el acompasado batir de los remos, propicio són para los navegantes que de continuo hace bogar por el Aqueronte la gemebunda barca de negras velas hacia la región donde nunca fijó Apolo su planta; lugar sin luz que a todos los mortales recibe, y siempre está con las fauces abiertas, hambriento de devorarlos.(Salen ANTÍGONA e ISMENE.)Pero mirad aquí a Antígona e Ismene, que vienen a un amargo oficio: a endechar sobre sus dos hermanos. Sin duda que dejarán que salga del fondo de su amoroso pecho el justo dolor que las atormenta, mas razón es que antes de su canto entonemos nosotros el lúgubre y desapacible himno de las Erinnas y que luego cantemos el odioso cántico de Edes. ¡Ay hermanas, las de más infelices hermanosde cuantos ceñimos nuestras vestiduras con femenil cíngulo, no imaginéis que hay engaño en mis lágrimas y sollozos, sino que mis ayes salen del fondo de mi pecho!

(Divídese el CORO.)

PRIMER SEMICORO

¡Ay, ay, temerarios, a quienes ni persuadieron amigos, ni quebrantaron tribulaciones! ¡Desdichados, que por la fuerza quisisteis haceros dueños de la casa de vuestros padres!

SEGUNDO SEMICORO

¡Desdichados, sí, que con ruina de su casa hallaron desdichada muerte!

PRIMER SEMICORO

¡Ay, ay, destructores de los muros de vuestra casa, que en un amargo reinar teníais puestos los ojos; ya habéis dirimido con el hierro vuestras discordias!

SEGUNDO SEMICORO

¡Bien cumplió la formidable Erinna la maldición de vuestro padre Edipo!

PRIMER SEMICORO

¡Los dos pasados de parte a parte el costado izquierdo!

SEGUNDO SEMICORO

Sí; pasados de parte a parte costados que salieron de unas mismas entrañas.

PRIMER SEMICORO

¡Ay, ay, infelices! ¡Ay, maldiciones que habéis traído un mutuo fratricidio!

SEGUNDO SEMICORO

¡Herida que los pasó de parte a parte!

PRIMER SEMICORO

¡Herida que los hirió en su cuerpo y en su casa!

SEGUNDO SEMICORO

Con el indecible furor de la fatal discordia, invocada por la imprecación de un padre.

PRIMER SEMICORO

Los gemidos invaden la ciudad; gimen las torres; gime este suelo, que amaba a sus dos hijos. Ahí quedan para los que vengan después las riquezas que a esos infelices les trajeron la discordia, y al fin la muerte.

SEGUNDO SEMICORO

Lleno de ira el pecho, partieron entre sí esas riquezas, de modo que cada cual tuviese igual parte; pero sus amigos no dejarán de maldecir el hierro que los concertó, y que a ninguno hizo gracia de la vida.

PRIMER SEMICORO

Sí ahí están muertos a hierro.

SEGUNDO SEMICORO

Y abiertas a hierro los esperan... Acaso alguno preguntará qué. ¡Dos suertes de tierra cavadas en la sepultura de sus padres!

PRIMER SEMICORO

Hasta la que fué su morada envían sus ecos mis desconsolados ayes; ayes por ellos; ayes por mí, y por mis propias desventuras. Duelo cruel, que huye toda odiosa alegría, y hace que con no fingida penadesfallezca el corazón, y se deshaga en lágrimas por los dos príncipes hermanos.

SEGUNDO SEMICORO

Mas sea lícito decir de los tristes, que ellos fueron causa de grandes males para sus conciudadanos y para esas invasoras haces de extranjeros que en inmensa muchedumbre han perecido en la pelea.

PRIMER SEMICORO

¡Infeliz de la que los parió, sobre todas cuantas mujeres llevaron nombre de madres! Que recibió por esposo a su propio hijo, y de él concibió a los que así acabaron ahora matándose el uno al otro con aquellas manos nacidas de un mismo seno.

SEGUNDO SEMICORO

Sí, los dos a quienes un mismo seno había concebido, muertos quedan a la vez por una herencia amarga, en furioso combate que ha puesto fin a su querella.

PRIMER SEMICORO

Ya la enemistad cesó, y en la sangrienta y empapada tierra se juntaron sus vidas. ¡Ahora sí que son de una sangre!

SEGUNDO SEMICORO

Cruel dirimidor de discordia es el huésped del otro lado del mar, el agudo hierro al fuego forjado. Cruel también es Ares, e inicuo partidor de riquezas, que ha sacado verdadera la maldición de un padre.

PRIMER SEMICORO

¡Míseros de ellos, que cada uno tiene la parte de infortunios que le regaló Zeus, y bajo su cuerpo una riqueza sin fondo: la tierra!

SEGUNDO SEMICORO

¡Oh casa en desastres fecunda! Todo acabó. Ya toda esta raza entera ha desaparecido. Las Furias de la maldición paterna lanzan con desapacible són agudos alaridos de triunfo. Ate ha erigido su trofeo en la puerta donde los dos hermanos se pasaron con las mortales lanzas, y, vencedor de ambos, reposa el Destino.

ANTÍGONA

(Dirigiéndose al cuerpo de POLINICES.)

Tú diste y recibiste la muerte.

ISMENE

(Dirigiéndose al de ETEOCLES.)

Tú has muerto matando.

ANTÍGONA

A hierro mataste.

ISMENE

A hierro moriste.

ANTÍGONA

¡Qué miserias has procurado!

ISMENE

¡Qué miserias has padecido!

ANTÍGONA

¡Salid, gemidos!

ISMENE

¡Salid, lágrimas!

ANTÍGONA

Mataste, y ahora yaces tendido delante de mis ojos.

ISMENE

Caíste envuelto en sangre, y así te ofreces a mí, sangriento y sin vida.

ANTÍGONA

¡Ay!

ISMENE

¡Ay!

ANTÍGONA

El dolor enajena mi mente.

ISMENE

Dentro del pecho angústiase el corazón.

ANTÍGONA

¡Ah, ah, merecedor de ser llorado por siempre!

ISMENE

¡Y tú también, desdichado entre los desdichados!

ANTÍGONA

De mano amiga recibiste la muerte.

ISMENE

Tú diste muerte al amigo.

ANTÍGONA

Doble desastre que referir.

ISMENE

Doble desastre que considerar.

ANTÍGONA

Doble aflicción, que está aquí, ¡a mi lado!

ISMENE

Desgracias de hermano, desgracias hermanas también, que me hacen vecindad desdichada.

ANTÍGONA

¡Horrendo de decir!

ISMENE

¡Horrendo de mirar!

CORO

¡Oh Moira, funesta distribuidora de infortunios! ¡Oh veneranda sombra de Edipo, negra Erinna; y cuán formidable eres!

ANTÍGONA

¡Ay!

ISMENE

¡Ay!

ANTÍGONA

¡Qué de horrendos males...!

ISMENE

Le ofreció a éste su hermano de vuelta del destierro.

ANTÍGONA

¡Y después que le mató, no entró en Thebas!

ISMENE

Y cuando parecía haberse salvado, perdió la vida.

ANTÍGONA

¡Sí, la perdió!

ISMENE

¡Y quitó a éste la suya!

ANTÍGONA

¡Mísera raza!

ISMENE

¡Calamidad miserable!

ANTÍGONA

Desgracias gemelas dignas de lastimosísimo duelo.

ISMENE

Torrente irresistible de males que saltan los unos sobre los otros.

ANTÍGONA

¡Horrendo de decir!

ISMENE

¡Horrendo de mirar!

CORO

¡Oh Moira, funesta distribuidora de infortunios! ¡Oh veneranda sombra de Edipo, negra Erinna, y cuán formidable eres!

ANTÍGONA

¡Bien lo sabes tú, que experiencia hiciste de ella!

ISMENE

Y tú, que no lo aprendiste más tarde.

ANTÍGONA

Cuando volviste a la ciudad.

ISMENE

Cuando lanza en mano le provocaste.

ANTÍGONA

¡Ay dolor!

ISMENE

¡Ay desdichas!

ANTÍGONA

Para mi casa y para la patria.

ISMENE

¡Ay, y más aún para mí!

ANTÍGONA

¡Ay acaudillador de estas discordias!

ISMENE

¡Ay príncipe sin ventura!

ANTÍGONA

Los dos dignos de lástima sobre todos los hombres.

ISMENE

Caísteis ¡ay de mí! bajo la maldición de un padre.

ANTÍGONA

¡Ay de mí! El destino os arrastró al crimen.

ISMENE

¡Ay! ¿En qué lugar daremos tierra a sus cuerpos?

ANTÍGONA

¡Ay! En el lugar más honrado.

ISMENE

¡Oh, sí! ¡Reposen los infelices junto a su padre!

(Sale un PREGONERO.)

PREGONERO

Según mi deber, os anuncio el juicio y sentencia de los magistrados del pueblo de Cadmo: Eteocles, que amó a su patria, recibirá en esta tierra honrada sepultura. Él, por defendernos de enemigos, delante de nuestra ciudad arrostró la muerte; él ha sido hallado puro y sin tacha en presencia de la religión de suspadres; él murió allí donde para un joven guerrero es hermoso el morir. Ahí tenéis lo que me está mandado que anuncie respecto de Eteocles; mas en cuanto a su hermano Polinices, que su cadáver insepulto sea arrojado fuera de aquí a que le devoren los perros, como a quien habría sido el asolador de la tierra de Cadmo, si no hubiese salido un dios al encuentro de su lanza. Pero aun después de muerto sufrirá la expiación el sacrílego; ese, que en deshonor de los dioses, arrojó invasor ejército sobre su patria con el ansia de su conquista. Así se tiene por justo que lleve el premio, recibiendo de las hambrientas aves de rapiña ignominiosa sepultura; y que ni con piadoso oficio manos amigas ningunas echen sobre su cuerpo amontonada tierra; ni tenga funerario culto de endechas y plañidos, ni le paguen los suyos tributo de honrosas exequias. Tal es la sentencia del Senado Cadmeo.

ANTÍGONA

Pues yo les digo a esos mismos que están al frente de la ciudad, que si nadie más quiere venir conmigo a sepultarle, yo le sepultaré, yo. Yo arrostraré el peligro por dar sepultura a mi hermano, y no me avergonzaré de haber negado obediencia a la ciudad en esto. ¡Son muy poderosas aquellas entrañas donde a los dos nos engendraron una madre infeliz y un padre sin ventura! Y así, alma mía, tú que aún estás sobre la tierra, toma parte, y de voluntad, y con afecto de hermana, en el infortunio de quien ya es muerto. No sepultarán los lobos sus carnes en los hondos vientres; que ninguno se lo imagine. Aun mujer como soy, yo misma encontraré como le abra la fosa y como le forme un túmulo; yo misma le llevaré en mis brazos, y le envolveré en los anchos pliegues de este velo de finísimo lino cysino. Y nadie mande lo contrario.(Dirigiéndose al cuerpo de POLINICES.)Descansa; medio habrá de ponerlo por obra.

PREGONERO

Te prevengo que no lo intentes contra el voto de la ciudad.

ANTÍGONA

Te prevengo que no me notifiques decretos inútiles.

PREGONERO

¡Qué arrogante es la plebe luego que escapa del peligro!

ANTÍGONA

Sea arrogante. Pero no quedará insepulto mi hermano.

PREGONERO

¿Y honrarás tú con la sepultura a quien la ciudad tiene por enemigo?

ANTÍGONA

Aún no recibieron sus hechos marca alguna de manos de los dioses.

PREGONERO

Antes que pusiese a la ciudad en peligro, cierto que no.

ANTÍGONA

Había padecido sin razón, y volvió males por males.

PREGONERO

Mas por uno cometió el crimen contra todos.

ANTÍGONA

La divina Eris es siempre la última que habla. Yo le sepultaré. No hables más.

PREGONERO

Sigue, pues, llevándote sólo de tu consejo; mas en cuanto a mí te lo prohibo.

CORO

¡Ay, ay! ¡oh Erinnas, que así os ufanáis con vuestras obras; peste, que arruinas los linajes, y ahora has destruído de raíz toda la raza de Edipo! ¿En qué pararé? ¿Qué hacer yo? ¿Qué partido tomar?(A POLINICES.)¿Cómo me determinaré a no llorarte, ni acompañar tu cuerpo hasta la sepultura? Mas tiemblo, y retrocedo por temor a los ciudadanos...(A ETEOCLES.)Tú a lo menos tendrás muchos que te lloren; ¡pero este infeliz irá sin otro duelo ni llanto que las lágrimas de una hermana! ¿Quién habrá que pueda resignarse a esto?

(Divídese el CORO.)

PRIMER SEMICORO

Haga lo que quiera la ciudad con los que lloran a Polinices; nosotras iremos con Antígona, y le haremos las exequias, y le daremos sepultura. Su duelo toca también a toda la raza de Cadmo; y en punto a justicia a las veces el pueblo muda de pareceres.

SEGUNDO SEMICORO

Pues nosotras con éste, como a una mandan la ciudad y la justicia. Porque después de los felices dioses y del poder de Zeus, él fué sobre todos quien salvó de la ruina a la ciudad de Cadmo; él quien contuvo la ola de extranjeros próxima a inundarla.

Viñeta ornamental


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