Chapter 8

CORO

CORO

Lleno de dolor he oído los muchos desastres que hoy afligen a los bárbaros y los que han de sobrevenir aún.

ATOSSA

¡Oh Destino, y cuántos dolores me asaltan, y qué crueles! Y lo que me hiere más es oír la fealdad e ignominia con que viene mi hijo hechas harapos sus magníficas vestiduras. Corro a mi estancia; tomaré cuanto sea menester para su remedio y regalo, y me daré prisa a salirle al encuentro. No abandonemos en la desgracia lo que más amamos en el mundo.

(Vase.)

CORO

¡Oh dolor! ¡Qué poderosa y feliz y bien gobernada vivía nuestra república cuando imperaba aquel anciano generoso que a todo acudía, el invencible Darío, aquel rey igual en grandeza a los mismos dioses!

Entonces brillábamos por la gloria de nuestras armas, y las leyes gobernaban nuestras bien defendidas ciudades, y de retorno de nuestras guerreras empresas veníamos otra vez sanos y salvos, y trayendo la victoria a nuestros hogares.

¡Y cuántas ciudades tomó sin pasar el río Halys ni moverse del augusto hogar de su palacio! Tal como las palustres ciudades del mar Estrimonio vecinas a las mansiones de los Tracios, y a las que fuera del lago se asientan en la tierra firme, bien circuídas de muros, las cuales todas le acataban por su rey y señor. Y las engreídas y jactanciosas que se levantan en entrambas orillas del prolongado estrecho de Helles, junto con las de la sinuosa Propóntide, y las de la boca del Ponto. Y las islas que ciñe el mar cerca del dilatado promontorio que avanza en las ondas, al cual se avecinan: Lesbos, la olivífera Samos, Chíos, Paros, Naxos, Miconos y Andros que está al lado de Tenos, y con ella se toca. También dominó aquellas islas de alta mar que se asientan entre una y otra costas: Lemnos, y la sagrada mansión de Ícaro, y Rodas y Cnido, y las ciudades ciprias, y Pafos, y Solos, y aquella Salamina cuya metrópoli es ahora causa de este llanto. En fin, bajo el imperio y auspicios del gran Darío, hízose dueña el Asia de las opulentas y populosas ciudades de la parte griega de la Jonia. Que entonces era invencible el esfuerzo y valor de nuestros guerreros, y de aquellos sus aliados venidos de todas las naciones de la tierra; pero ahora trocaron los dioses la suerte de las armas. Obra de ellos es sin duda este desastre que hemos sufrido, quedando rotos y deshechos en una batalla naval.

(Sale Xerxes solo, con los vestidos desgarrados y en desorden y sin ningún aparato ni pompa real. En la mano trae el arco de sus flechas.)

XERXES

¡Ay infeliz de mí! ¡Y qué triste suerte alcancé, como nunca podía esperarla! ¡Con qué crueldad se ha ensañado la Fortuna en la nación persa! ¿Qué haré?¡Miserable! Mi cuerpo desfallece; me faltan las fuerzas al contemplar a estos ancianos. ¡Oh Zeus! ¡Ojalá que con aquellos esforzados varones que perecieron, a mí también me hubieses sepultado en las sombras fatales de la muerte!

CORO

¡Ay, oh rey! ¡Ay de nuestro valeroso ejército! ¡Ay de la grandeza y majestad del imperio de los Persas! ¡Ay del marcial continente y de los ricos arreos de aquellos soldados que acaba de segar el Destino! La patria llora a aquella juventud que nació en su suelo, y a la cual Xerxes ha llevado a la muerte, llenando con ella las profundas mansiones de Hades. — ¡Qué multitud de guerreros, la flor de esta tierra, los de temible arco, han descendido a aquel imperio tenebroso! Toda una generación entera de miles de miles de hombres que ha perecido. ¡Ay ejército insigne! ¡Cayó miserablemente la nación reina y señora de Asia! ¡Cayó postrada de rodillas!

XERXES

¡Heme aquí; yo soy el miserable, el digno de ser lamentado por toda mi raza; yo, que nací para ruina de la tierra de mis padres!

CORO

Y estas serán las aclamaciones con que salude y celebre tu vuelta; tristes voces, doloridos lamentos, el lacrimoso y funerario cántico del plañidor Mariandyno.

XERXES

¡Dejad salir las lágrimas, los ayes y los gemidos, porque ya estáis viendo cómo se ha mudado el Destino y cómo se ha vuelto contra mí!

CORO

Sí; yo dejaré que salgan mis quejas y mis ayes; yo rendiré tributo de duelo y de plañidos a las desgracias de nuestro pueblo; a esa tremenda calamidad que ha sepultado en las ondas a toda una generación que ahora está llorando la patria. Yo clamaré una vez y otra con doloridas y lacrimosas voces.

XERXES

Ares nos la arrebató, Ares que se puso de parte de los Jonios, que combatió en su armada, y segó la infausta llanura del mar y las malaventuradas costas. ¡Ay, ay! clama a grandes voces, y pregunta todo cuanto quieras.

CORO

¿Dónde está aquella multitud amiga, dónde los que te escoltaban, como Farandaces, Susas, Pelagón, Agdabatas, Dotamas, Psammis y Susiscanes, que abandonaron a Ecbatana en tu seguimiento?

XERXES

Allí los dejé muertos. Cayeron de sus naves tirias, y arrastrados por las olas hasta las costas de Salamina, se estrellaron contra sus ásperos riscos.

CORO

¡Ay, ay! ¿Y dónde tienes a Farnuco y al valeroso Ariomardo? ¿Dónde al rey Sevalces y al noble Lileo? Y aún te he de preguntar: ¿Y Menfis? ¿y Tharibis? ¿y Masistres? ¿y Artembares? ¿y Hystekmas?

XERXES

¡Ay de mí! Todos cayeron de un solo golpe. Sus míseros cuerpos palpitantes aún, yacen en la costa mirando a la antigua, a la odiosa Atenas.

CORO

¿Y aquel que era siempre tu ojo fiel, que contaba diez mil a diez mil tus soldados persas; Alpisto, el hijo de Batanoco ... hijo de Sesames el de Megabactes? ¿Y Partho? ¿Y el grande Oibares? ¿Dónde los has dejado? ¿Dónde los has dejado?

XERXES

¡Oh! ¡los enemigos!

CORO

¡Males más fieros y terribles anuncias con esto a los generosos Persas!

XERXES

Tú me haces renovar la memoria de aquellos buenos compañeros, y avivas en mí su amor vehementísimo. Tú que me hablas de calamidades tan terribles y horrendas, y que no son para olvidadas jamás. De lo hondo de mi pecho clama por ellos mi corazón con grandes voces.

CORO

¿Y tantos otros a quienes con tan vivo deseo esperamos? ¿Y Xantho, que mandaba diez mil Mardos? ¿Y el belicoso Ancares? ¿Y Diaxis y Arsaces, capitanes de la caballería? ¿Y Cedadates? ¿Y Litimna? ¿Y Tolmo, que jamás se hartaba de pelea?

XERXES

¡Allá quedan sepultados; allá quedan sepultados! No los llevaron en entoldadas literas, ni detrás los acompañaba fúnebre cortejo. Perecieron aquellos caudillos de nuestro ejército y perecieron sin gloria.

CORO

¡Ay dioses! ¡ay! ¡Qué desastre habéis enviado contra nosotros! ¡Desastre inesperado; desastre no vistojamás, desastres digno de que le contemple la mirada de Ate!

XERXES

Golpe es el que nos ha herido cual los que la Fortuna suele dar en la vida.

CORO

Sí, ella es quien nos ha herido. Bien claro está. ¡Calamidad inaudita! ¡calamidad inaudita! Con bien menguada suerte abordamos a la armada Jonia. ¡Infeliz es en las armas la gente de los Persas!

XERXES

¿Y cómo no serlo, cuando con ejército tan poderoso fuí miserablemente destrozado?

CORO

¡Verdad! ¡cómo no, cuando ha perecido por completo el poderío de la Persia!

XERXES

¿Ves lo que me resta de todos mis arreos y pompa militar?

CORO

¡Lo veo, lo veo!

XERXES

Este carcaj...

CORO

¿Qué es lo que dices que has salvado?

XERXES

El carcaj donde guardo mis flechas.

CORO

¡Miserable resto de tesoros tan ricos!

XERXES

Hemos perdido todos nuestros defensores.

CORO

¡No huye del combate el pueblo jonio!

XERXES

Es un valerosísimo pueblo. ¡No me esperaba yo la derrota que he presenciado!

CORO

¿Dices, pues, que nuestra armada ha huído en derrota?

XERXES

Al contemplar aquel desastre, rasgué mis vestiduras.

CORO

¡Ay, ay de mí!

XERXES

¡Ay! Es poco decir ¡ay! para tamaña desdicha.

CORO

Sí, que son desdichas que doblan y triplican la desdicha más grande.

XERXES

¡Tristísimas para nosotros; pero bien alegres para nuestros enemigos!

CORO

¡Quedó abatida nuestra pujanza!

XERXES

Vedme sin ninguno de los que me escoltaban.

CORO

Amigos infelices, que han perecido en el mar.

XERXES

Llora, llora nuestra pérdida, y vuélvete a tus hogares.

CORO

Lloro sí, y no me dejan hablar los sollozos.

XERXES

Responde a mis clamores con tus clamores.

CORO

Triste consuelo de sus desdichas para los desdichados.

XERXES

Acompaña mi fúnebre canto con tus tristes acentos.

CORO

¡Ay, ay! ¡oh dolor!

XERXES

¡Desastre que nos abruma!

CORO

¡Desastre del cual me duelo en el fondo de mi alma!

XERXES

Hiere tu pecho, hiérele, y llora por mi causa.

CORO

¡Ay infortunio! ¡ay infortunio!

XERXES

Responde a mis clamores con tus clamores.

CORO

¡Oh, mi señor, no necesitas decírmelo!

XERXES

Alza hasta el cielo tus sollozos.

CORO

¡Ay, ay de mí! De nuevo acompañaré mis gemidos con tristes extremos de dolor.

XERXES

Hiere tu pecho al lúgubre són del canto misio.

CORO

¡Oh desdichas, desdichas!

XERXES

Mésate la blanca barba.

CORO

¡Con toda mi fuerza, con toda mi fuerza! ¡Oh miserabilísima desventura!

XERXES

Lanza agudos ayes.

CORO

Así haré.

XERXES

Desgarra tu ancha túnica con toda la fuerza de tus manos.

CORO

¡Oh desdichas, desdichas!

XERXES

Mésate los cabellos, y llora nuestra perdida armada.

CORO

Con toda mi fuerza, con toda mi fuerza. ¡Oh miserabilísima desventura!

XERXES

Báñense en lágrimas tus ojos.

CORO

¡Sí que me deshago en lágrimas!

XERXES

Responde a mis clamores con tus clamores.

CORO

¡Ay, ay de mí!

XERXES

Vuelve a tus hogares llorando nuestra ruina.

CORO

¡Oh patria mía de Persia, lanza un ay de dolor!

XERXES

Sí; resuene en toda la ciudad.

CORO

¡Ay, ay! lloremos más todavía; lloremos más.

XERXES

Caminad con tácitos y lentos pasos en señal de duelo y gemid.

CORO

¡Oh patria mía de Persia, lanza un ay de dolor!

XERXES

¡Ay trirremes mías! ¡armada mía destrozada!

CORO

Yo te seguiré con doloridos ayes.

Viñeta ornamental


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