LA ESPERANZA.

LA ESPERANZA.

El sepulcro de la última esperanzaes la cuna del suicidio.

El sepulcro de la última esperanzaes la cuna del suicidio.

El sepulcro de la última esperanzaes la cuna del suicidio.

El sepulcro de la última esperanza

es la cuna del suicidio.

L. V.

I.

I.

I.

La esperanza es hermana de la fe.

Quien no abriga la fe en su corazon, no puede ser consolado por la esperanza.

Nada son, nada valen, ni para nada sirven las esperanzas que hace brotar la ambicion.

La esperanza, si no va sostenida por su madre la Religion y por su hermana la fe, es tan débil que muere al nacer.

Las ilusiones toman con frecuencia el manto de la esperanza; le dividen en pedazos, se cubren con ellos y van á visitar las cabezas enfermizas y los corazones estragados de los mortales.

Éstos las confunden con la esperanza; las acogen con amor, las acarician, las abrigan, y las pérfidas, despues de haber saciado su sed en la savia de su cerebro, huyen riéndose descompasadamente, y dejando las más espantosas tinieblas en el espíritu débil que las acogió.

--¿Por qué la esperanza se deja robar y desgarrar su hermoso manto? me preguntaréis acaso.

Y yo os contestaré:

--La esperanza deja sonriendo que las ilusiones se apoderen de él, y al mirarlas volar sobre la tierra, exclama satisfecha:

--Corto será vuestro reinado: el mio es más hermoso y duradero, pues cuando abandonais á los míseros mortales desengañados y abatidos, á mí toca volar á reanimarlos y á prestarles consuelo. Vuestra mision es herir, la mia curar las heridas que haceis.

Y en efecto, vedla al lado de todos los dolores de la vida.

Vedla sentada junto al que llora, reclinada en el lecho del moribundo.

Vedla velar las tumbas de los muertos.

Vedla, en fin, hasta en el cadalso, mostrando el cielo con su blanca mano al delincuente que espira arrepentido.

II.

II.

II.

Si el mundo llamase á la religion y á la fe; si no desdeñase la benéfica influencia con que constantemente éstas le brindan, la esperanza haria fecundos á tantos genios como se agostan con el soplo amargo del escepticismo: habria más gloria, poder y felicidad; no abortarian tantas empresas, grandes en su concepcion, porque no serian mezquinas en sus medios, y Dios no dejaria caer su mano airada sobre nuestras cabezas.

La esperanza es la que guía todos nuestros pasos en el sendero del bien; la madre sufre todos sus dolores, todas sus penas, no por el egoismo que encierra la idea de que sus hijos le paguen en la ancianidad cuanto por ellos sufrió, sino alentada por laesperanzagenerosa de contemplarlos un dia fuertes, virtuosos y felices.

El soldado arrostra los peligros del combate, porque laesperanzale enseña á lo léjos una corona de inmortal laurel.

El marino reza en la tempestad á la Reina del cielo, porque tiene suesperanzacifrada en tan cariñosa y compasiva señora.

Á mí me conoce y ama como una amiga.

La tengo sentada frente á mí, en mi mesa de escritorio.

La encuentro en el templo, apoyada junto al altar.

La veo en mis largos y solitarios paseos mecerse en las ramas de los árboles.

La oigo en la campiña cantar con los pájaros.

Á su risa brotan en Mayo las flores de mis balcones.

Á su arrullo me duermo.

Á su dulce llamamiento me despierto.

Ella cortó hoy mi pobre pluma para escribir estas líneas.

Ella hace veloces y alegres las horas de mi trabajo.

Ella, en fin, es mi mejor amiga.

Los pesares del corazon, los sinsabores del alma, los amaños de la sociedad, las intrigas del poder, las injusticias de los hombres, los desengaños del mundo, las decepciones más amargas, los dolores más hondos, todo lo alivia la blanda sonrisa de la esperanza.

El desgraciado sufre sus dolores con paciencia, porque laesperanzale promete el alivio de ellos en la tierra, ó el precio de su resignacion en un mundo mejor.

El mártir soporta heroicamente sus tormentos, porqueesperael cielo que la fe le descubre.

El poeta pasa sus breves dias con la cabeza abrasada, sus noches sin sueño, y sus amargos desengaños,esperandoconquistarse un glorioso renombre, que le compense de todas sus fatigas.

Mas ¡ay! todas estas esperanzas se convierten en vanas ilusiones, si la religion y la fe no las sostienen.

Oid á Alfonso de Lamartine en susMeditaciones, en ese libro, consuelo de los corazones heridos, encanto de las almas tiernas y bálsamo de la amargura del desengaño: oidle, y si yo no os inspiro gran fe al rogaros queespereis, tenedla al ménos en el gran poeta, cuya inteligencia parece haber sido iluminada por el mismo Dios.

«Alúmbrate con la antorcha de la esperanza hasta en las sombras mismas de tu muerte, seguro de que la Providencia no tiende lazo alguno á tus pasos; cada aurora la justifica; el universo entero se fia de ella; sólo al hombre ha ofrecido dudas; pero su venganza paternal confundirá la duda infiel en el abismo de su bondad.»

Sí; no hay duda que la bondad suprema no confunda en el abismo de su misericordia sin límites. No hay vacilacion en un alma pura, que no sea sostenida por la fe é iluminada por la esperanza.

¡Amantes y virtuosas madres! ¡Vosotras, que sois los únicos seres para quienes mi voz puede tener algun poder, enseñad á vuestros hijos, desde el momento en que su inteligencia pueda comprenderos, ácreer, áesperaryamar!

Hacedles ver que toda la ciencia de los mortales debe circunscribirse á este círculo, tan estrecho pero tan fácil, y que únicamente la fe y la esperanza pueden labrar su dicha en esta vida, y conquistar el reino eterno que Dios nos tiene prometido.


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