PENSAR Y SENTIR.
CARTA Á UNA JÓVEN.I.
CARTA Á UNA JÓVEN.I.
CARTA Á UNA JÓVEN.
I.
Puesto que deseas saber mi opinion, querida Valeria, acerca de si es preferible para la felicidad de la vida el que la mujer sepa pensar ó sepa sentir, voy á decírtela, no dándotela en absoluto, sino sencillamente, como una opinion que me es propia, y nada más.
Creo, mi amada Valeria, que el sentimiento puede llegar á ser un mal no estando guiado por la razon; es decir, que el sentir solo no es bastante para la felicidad de la vida si no se piensa tambien, para regular nuestras acciones del modo más acorde, no sólo con el buen parecer, sino tambien con la tranquilidad á que debemos aspirar.
Personas hay en las que el sentimiento por lo extremado puede llamarse enfermizo, y la que te escribe estas líneas es una prueba de ello: todo lo que sienten es con tan inmensa fuerza, que la razon no se muestra sino generalmente traida por algun amargo desengaño; es decir, que no dan cabida jamas á esa augusta huéspeda cuando tienen el alma llena de flores y de armonía, sino cuando el dolor la ha convertido en un árido desierto, cuando sólo ven tinieblas y soledad dentro y fuera de sí.
Si á la par que el alma se eleva á las regiones del sentimiento, el pensamiento caminase tranquilo por el sendero de la razon; si meditásemos en vez de dejarnos llevar por los sueños vanos y peligrosos de la fantasía, entónces podriamos ser dichosos y labrar á la vez la dicha de cuantos nos rodean.
Pero ¡ay! cuanto más se siente ménos se piensa, y si observas, Valeria, lo que pasa al derredor tuyo, te convencerás de esta triste verdad, lo mismo que si te observas á tí misma; tú amas, y el anhelo de estar constantemente al lado del objeto de tu amor, el exceso mismo del sentimiento que te inspira, no te deja pensar en que puede cansarse de estar siempre en tu compañía; en que en vez de desear que llegue el dia de ser tu esposo, puede temerlo como un mal irremediable. El amor, Valeria mia, necesita de una atmósfera pura y serena, y no puede existir en un ambiente sofocante. El amor ha de vivir libre y no prisionero; el amor ha de ser espontáneo y no impuesto; y si no piensas en esto, si te limitas sola y únicamente á sentirlo, á acrecentarlo cada dia y á exigirle más sacrificios, el amor morirá y huirá de tí, dejándote destrozado el corazon, donde con tanta intensidad, donde con tan ardiente exclusivismo le albergaste.
El amor verdadero, el amor noble, profundo y generoso, tiene su carácter propio, tiene sus manifestaciones, tiene sus distintivos, por decirlo así; una vez convencida de que existe, no te empeñes en sostenerle con artificios, cuando puede vivir por sí solo; déjale completa libertad, deja que luzca la llama sin darle la presion de un fanal, porque toda luz así velada, es más opaca y ménos pura.
Ni te empeñes tampoco, llevada por el exceso mismo del sentimiento, en creer toda la dicha de la tierra encerrada en tu amor.
He visto desdichadas mujeres vestir con las galas de su imaginacion, rica y entusiasta, un ídolo de barro; prodigábanle las perlas y las flores, y le veian, no cual era, que entónces se hubieran asustado, sino como ellas lo querian ver.
¡Ay! ¡Cuanto más elevaban el ídolo, cuanto más levantaban el pedestal, más lo alejaban de ellas! Llegaba el dia en que, cansadas de sostenerlo, en que rendidas de aquel trabajo sin recompensa y sin gloria, de aquel trabajo vil, que la ingratitud no reconocia y que el mundo acusaba, dejaban caer los brazos, y entónces el ídolo venía al suelo, se hacía pedazos y dejaba ver el polvo vil que constituia su sér.
Esta es, Valeria mia, la amarga historia del corazon de muchas mujeres: historia triste, que va envuelta en un dolor mortal, y que no lleva consigo ni áun la gloria del martirio.
Piensa, pues, y rechaza los ídolos de barro; no des tu corazon más que á un hombre digno de tí, pero no pidas tampoco á este hombre más que lo que un hombre puede conceder, ni llegues á las exageraciones del sentimiento.
El sentimiento exagerado no halla su recompensa, ni es pagado jamas.
II.
II.
II.
En el matrimonio te recomiendo más todavía el pensar: las sublimidades, querida mia, no lo son en la vida real sino cuando van acompañadas de la augusta luz de la razon: si no haces más que sentir, eres mujer perdida: el raciocinio es de todo punto indispensable para guiarnos en las sinuosidades del camino: el sentimiento nos extravía muchas veces, ó más bien nos extravía siempre.
Hay que sentir, por decirlo así, con medida, y hay que pensar mucho: hay que pensar en la dicha de toda una familia, y hay que poner al sentimiento límites muy estrechos las más veces, por más que el sentimiento parezca ilimitado como todo lo infinito.
Ya en la edad madura, presumo que el pensar se sobrepondrá en tí al sentir, como sucede á todas las mujeres. La ancianidad: hé aquí el puerto de paz de las mujeres que sienten con exceso: la ancianidad con su velo blanco apaga el fuego de la pasion, y trae á la razon por la mano, como fiel y cariñosa compañera.
En las nobles y elevadas regiones del arte, el pensar y el sentir son tambien dos cosas que deben ir juntas si el artista ha de producir obras de esas que no mueren jamas; pero en el artista el sentimiento ha de preceder al pensamiento, y ha de ser más grande; se necesita sentir en sí mismo la belleza ideal, y luégo pensar con firmeza en la ejecucion; pensar incesantemente en la necesidad de llevarla á cabo; el trabajo constante es la ley del arte, como es la ley de la vida. «Paganini, dice Balzac, que hacía vibrar su alma en las cuerdas de su violin, hubiera llegado á ser un violinista ordinario si hubiera pasado tres dias sin estudiar.»
Y en otra página de sus libros inmortales añade el mismo gran escritor frances:
«El arte es la creacion idealizada: así los grandes artistas, los poetas completos no esperan ni los encargos ni los compradores: crean hoy, mañana, siempre; y de esto resulta esa costumbre del trabajo y ese perpétuo vencimiento de las dificultades, que les mantiene en eterno y amoroso lazo con su musa protectora y con sus fuerzas intelectuales. Canova vivia en su taller, como Voltaire en su gabinete: Homero y Fídias han debido vivir tambien así.»
Si el artista se deja llevar sola y exclusivamente del sentimiento, degenerará en soñador, y entónces no hay gloria posible para él; porque la pereza es el estado normal de todos los artistas, pudiendo ocuparla con sus sueños sin fin, y es muy fácil convertirse de pensador en soñador y sumergirse en esa peligrosa reverie, enfermedad del alma, y abismo donde quedan sofocadas las nobles aspiraciones del arte y del trabajo.
III.
III.
III.
Mas hablemos de nosotras, ó más bien de tí, amada Valeria, de tí que pones ahora el pié en el florido sendero de tu vida; de tí, que tienes el alma llena de fe y henchida de esperanza, y que me preguntas con el santo candor de la inocencia:
¿Qué haré? ¿Conviene más á la mujer pensar ó sentir? ¿Deberé crear en los mundos de la pasion, ó fabricarme una vivienda en los de la razon?
Ni lo uno ni lo otro, Valeria: vive en ambos, y no renuncies del todo á ninguno de los dos: líbreme Dios del dolor de verteracionalistacomo del dolor de verte soñadora: aquello es el desierto de hielo; esto la perpétua y dolorosa decepcion: vive sobre todo para el amor, pero deja á la razon que modere la impetuosidad de tus impresiones y que las regule, como un hábil mecánico regula el movimiento de una magnífica péndola, para que marque el trascurso del tiempo; el decorado de esta péndola puede ser tan bello como el sueño de un poeta: mas esto no impide que la máquina sea de una exactitud y regularidad perfectas, sino que, por el contrario, estas condiciones hacen de ella una obra maestra, y completan la admirable armonía del conjunto.