XIV

XIVCamino de Albany.—Fábrica de Remington.—Albany.

Camino de Albany.—Fábrica de Remington.—Albany.

A las nueve de la mañana se anunció el lujosísimo tren de Albany, y hétenos en marcha, confundiéndose el rumor de los wagones y el estruendo del Niágara, con los gritos de la locomotora que parecian vitorear la gran maravilla de Dios.

Corriendo iba nuestro tren, cuando Gomez del Palacio y Lancaster le alcanzaron, no sin grave riesgo, dando muestras de rara agilidad.

Yo, en circunstancia tan crítica, me habria quedado sembrado en el suelo como una papa.

Aunque me dijeron que íbamos á pasar por Rochester, Siracusa y Palmira, que son poblaciones interesantes, yo meinstalé en el cuarto de fumar, que estaba solitario, subí los piés en el asiento, hice atril de mis muslos, coloqué mi cartera, requerí la punta de mi lápiz y escribí lo que voy á copiar literalmente:

¡Patria! ¡oh mi patria! al invocar tu nombre,Llena la mente con tu luz de gloria,Mi pecho de patriota, mi alma de hombreSe inundan en la luz de tu victoria;Enjugo el triste llanto,Y dispersas las nubes del quebranto,Brilla en los cielos, como sol, tu historia.De orgullo y pompa, y de esplendor vestida,Bella y convulsa con tu aureola de oro,En medio de tus hijos insepultos,En la tierra teñidaCon sangre, vindicando tu decoro,La luz divina de tu excelso asientoEn tu infame verdugo reflejaba,Augurio de baldon y de escarmiento.¡Grande es la guerra! grande la matanzaCuando encendidos de furor los pechos,Los pueblos sin cuidar de su pujanzaSe levantan vengando sus derechos.¡Grande es la guerra! entre el fragor tremendoSe columbra un arco-íris de esperanza,Se miran sus horrores con delicia,Cuando descuella en medio de los héroesLlevando su estandarte la Justicia.Y así te ví, mi México querido:A tí se lanza el Galo enfurecido:Con las calumnias escupió tu frente:Tu hermoso cuello amenazó su planta:Fué escarnio el llanto de tus ojos bellos,Y pegar quiso al suelo tu gargantaPara su alfombra hacer de tus cabellos."—Yo fuí tu amiga, te tendí mis brazos"Y te senté en mi hogar.—Baldon y muerte!"Mírame herida.—Tu dolor me alienta!"Mírame desdichada.—Yo soy fuerte,"Tengo sed de tu sangre y de tu afrenta...."Clamó así el invasor.... sus estandartesEn alto van, relinchan sus bridones,La faz erguida, undívagas las crines,El sol irradia en vivos reverberos,En el cuello que tienden sus cañones,En las olas que forman sus aceros."Guerra!" gritan agudos los clarines,Y marcando soberbio su camino,En ese mar de horror alegre ondeaLa bandera triunfal de Solferino,Ceñida con los lauros de Crimea.¿Dónde va ese torrenteA desfogar su saña omnipotente?....Negra traicion le guía,Descollando á su frente."¡Pueblos, en pié! que de la patria se oye"El doliente gemir: en pié, valientes!"Oidme montañas, escuchadme mares!"¡Venganza y muerte! ¡Independencia y guerra!"Y conmovida palpitó la tierraVibrando el trueno de la voz de Juares.—Horrenda fué la lid! el extranjeroEscaló como furia las montañas,Dejó como reguero,Palpitando en la tierra sus entrañas.El rayo, el trueno, el raudo torbellino,Desatan en la tierra sus horrores;Aturdida vacila la Victoria,La luz en luto envuelve sus fulgores,Y al fin estalla en ráfagas de gloriaEl sol de Mayoque alumbró en Dolores.A esa luz vimos tu divina frente,Zaragoza inmortal, tu inmensa aureolaEse sol fué, los cantos que á tus hechosEl renombre entonó, repercutieronCuando implacable el Dios de las batallasA su justicia plugoPoner en la picota á tu verdugoDe la Francia humillada en las murallas.¡Gloria, sí, gloria y timbres de grandeza,Pero ventura no: duelo y quebrantoTendrá ¡oh mi patria! tu sin par belleza;Divinos ojos, pero eterno llanto;Coronas de laurel sobre tus sienesY espinas taladrando tu cabeza;Pisando siempre con tu planta heridaLa alfombra que recama tu riqueza;Rasgando del dolor en la malezaSu velo de oro tu preciosa vida.¡Oh mi patria! ¡oh mi bien! tierno amor mio!Yo siento como labios en mi frenteLa tierra de tu suelo, de tus auras;Mi pecho como tumba está vacío;Tu sol falta á mi sér.... con no mirarte,En mi alma siento de la muerte el frio:Mendigo de la luz, hongo del suelo,Llevo como cadena la existencia,Y me insulta el sonreir de la hermosuraY me hiere el placer de la inocencia....Ah! si fueras feliz, sobre mi llantoUn rayo de consuelo luciria,Como en el manto de la noche umbríaTiemblan los resplandores de la estrella.Si tú fueras feliz ¡oh patria bella!Orgulloso la mano me pondriaSobre mi abierta herida, y triunfal himnoA este sol de tu gloria entonaria;Pero así desdichada, más te adoro,Yo, el cantor de tu duelo y de tu luto,Y á tu inmenso infortunio le tributoEn tu ara santa reverente lloro!Guillermo Prieto.

¡Patria! ¡oh mi patria! al invocar tu nombre,Llena la mente con tu luz de gloria,Mi pecho de patriota, mi alma de hombreSe inundan en la luz de tu victoria;Enjugo el triste llanto,Y dispersas las nubes del quebranto,Brilla en los cielos, como sol, tu historia.De orgullo y pompa, y de esplendor vestida,Bella y convulsa con tu aureola de oro,En medio de tus hijos insepultos,En la tierra teñidaCon sangre, vindicando tu decoro,La luz divina de tu excelso asientoEn tu infame verdugo reflejaba,Augurio de baldon y de escarmiento.¡Grande es la guerra! grande la matanzaCuando encendidos de furor los pechos,Los pueblos sin cuidar de su pujanzaSe levantan vengando sus derechos.¡Grande es la guerra! entre el fragor tremendoSe columbra un arco-íris de esperanza,Se miran sus horrores con delicia,Cuando descuella en medio de los héroesLlevando su estandarte la Justicia.Y así te ví, mi México querido:A tí se lanza el Galo enfurecido:Con las calumnias escupió tu frente:Tu hermoso cuello amenazó su planta:Fué escarnio el llanto de tus ojos bellos,Y pegar quiso al suelo tu gargantaPara su alfombra hacer de tus cabellos."—Yo fuí tu amiga, te tendí mis brazos"Y te senté en mi hogar.—Baldon y muerte!"Mírame herida.—Tu dolor me alienta!"Mírame desdichada.—Yo soy fuerte,"Tengo sed de tu sangre y de tu afrenta...."Clamó así el invasor.... sus estandartesEn alto van, relinchan sus bridones,La faz erguida, undívagas las crines,El sol irradia en vivos reverberos,En el cuello que tienden sus cañones,En las olas que forman sus aceros."Guerra!" gritan agudos los clarines,Y marcando soberbio su camino,En ese mar de horror alegre ondeaLa bandera triunfal de Solferino,Ceñida con los lauros de Crimea.¿Dónde va ese torrenteA desfogar su saña omnipotente?....Negra traicion le guía,Descollando á su frente."¡Pueblos, en pié! que de la patria se oye"El doliente gemir: en pié, valientes!"Oidme montañas, escuchadme mares!"¡Venganza y muerte! ¡Independencia y guerra!"Y conmovida palpitó la tierraVibrando el trueno de la voz de Juares.—Horrenda fué la lid! el extranjeroEscaló como furia las montañas,Dejó como reguero,Palpitando en la tierra sus entrañas.El rayo, el trueno, el raudo torbellino,Desatan en la tierra sus horrores;Aturdida vacila la Victoria,La luz en luto envuelve sus fulgores,Y al fin estalla en ráfagas de gloriaEl sol de Mayoque alumbró en Dolores.A esa luz vimos tu divina frente,Zaragoza inmortal, tu inmensa aureolaEse sol fué, los cantos que á tus hechosEl renombre entonó, repercutieronCuando implacable el Dios de las batallasA su justicia plugoPoner en la picota á tu verdugoDe la Francia humillada en las murallas.¡Gloria, sí, gloria y timbres de grandeza,Pero ventura no: duelo y quebrantoTendrá ¡oh mi patria! tu sin par belleza;Divinos ojos, pero eterno llanto;Coronas de laurel sobre tus sienesY espinas taladrando tu cabeza;Pisando siempre con tu planta heridaLa alfombra que recama tu riqueza;Rasgando del dolor en la malezaSu velo de oro tu preciosa vida.¡Oh mi patria! ¡oh mi bien! tierno amor mio!Yo siento como labios en mi frenteLa tierra de tu suelo, de tus auras;Mi pecho como tumba está vacío;Tu sol falta á mi sér.... con no mirarte,En mi alma siento de la muerte el frio:Mendigo de la luz, hongo del suelo,Llevo como cadena la existencia,Y me insulta el sonreir de la hermosuraY me hiere el placer de la inocencia....Ah! si fueras feliz, sobre mi llantoUn rayo de consuelo luciria,Como en el manto de la noche umbríaTiemblan los resplandores de la estrella.Si tú fueras feliz ¡oh patria bella!Orgulloso la mano me pondriaSobre mi abierta herida, y triunfal himnoA este sol de tu gloria entonaria;Pero así desdichada, más te adoro,Yo, el cantor de tu duelo y de tu luto,Y á tu inmenso infortunio le tributoEn tu ara santa reverente lloro!Guillermo Prieto.

¡Patria! ¡oh mi patria! al invocar tu nombre,Llena la mente con tu luz de gloria,Mi pecho de patriota, mi alma de hombreSe inundan en la luz de tu victoria;Enjugo el triste llanto,Y dispersas las nubes del quebranto,Brilla en los cielos, como sol, tu historia.De orgullo y pompa, y de esplendor vestida,Bella y convulsa con tu aureola de oro,En medio de tus hijos insepultos,En la tierra teñidaCon sangre, vindicando tu decoro,La luz divina de tu excelso asientoEn tu infame verdugo reflejaba,Augurio de baldon y de escarmiento.¡Grande es la guerra! grande la matanzaCuando encendidos de furor los pechos,Los pueblos sin cuidar de su pujanzaSe levantan vengando sus derechos.¡Grande es la guerra! entre el fragor tremendoSe columbra un arco-íris de esperanza,Se miran sus horrores con delicia,Cuando descuella en medio de los héroesLlevando su estandarte la Justicia.Y así te ví, mi México querido:A tí se lanza el Galo enfurecido:Con las calumnias escupió tu frente:Tu hermoso cuello amenazó su planta:Fué escarnio el llanto de tus ojos bellos,Y pegar quiso al suelo tu gargantaPara su alfombra hacer de tus cabellos."—Yo fuí tu amiga, te tendí mis brazos"Y te senté en mi hogar.—Baldon y muerte!"Mírame herida.—Tu dolor me alienta!"Mírame desdichada.—Yo soy fuerte,"Tengo sed de tu sangre y de tu afrenta...."Clamó así el invasor.... sus estandartesEn alto van, relinchan sus bridones,La faz erguida, undívagas las crines,El sol irradia en vivos reverberos,En el cuello que tienden sus cañones,En las olas que forman sus aceros."Guerra!" gritan agudos los clarines,Y marcando soberbio su camino,En ese mar de horror alegre ondeaLa bandera triunfal de Solferino,Ceñida con los lauros de Crimea.¿Dónde va ese torrenteA desfogar su saña omnipotente?....Negra traicion le guía,Descollando á su frente."¡Pueblos, en pié! que de la patria se oye"El doliente gemir: en pié, valientes!"Oidme montañas, escuchadme mares!"¡Venganza y muerte! ¡Independencia y guerra!"Y conmovida palpitó la tierraVibrando el trueno de la voz de Juares.—Horrenda fué la lid! el extranjeroEscaló como furia las montañas,Dejó como reguero,Palpitando en la tierra sus entrañas.El rayo, el trueno, el raudo torbellino,Desatan en la tierra sus horrores;Aturdida vacila la Victoria,La luz en luto envuelve sus fulgores,Y al fin estalla en ráfagas de gloriaEl sol de Mayoque alumbró en Dolores.A esa luz vimos tu divina frente,Zaragoza inmortal, tu inmensa aureolaEse sol fué, los cantos que á tus hechosEl renombre entonó, repercutieronCuando implacable el Dios de las batallasA su justicia plugoPoner en la picota á tu verdugoDe la Francia humillada en las murallas.¡Gloria, sí, gloria y timbres de grandeza,Pero ventura no: duelo y quebrantoTendrá ¡oh mi patria! tu sin par belleza;Divinos ojos, pero eterno llanto;Coronas de laurel sobre tus sienesY espinas taladrando tu cabeza;Pisando siempre con tu planta heridaLa alfombra que recama tu riqueza;Rasgando del dolor en la malezaSu velo de oro tu preciosa vida.¡Oh mi patria! ¡oh mi bien! tierno amor mio!Yo siento como labios en mi frenteLa tierra de tu suelo, de tus auras;Mi pecho como tumba está vacío;Tu sol falta á mi sér.... con no mirarte,En mi alma siento de la muerte el frio:Mendigo de la luz, hongo del suelo,Llevo como cadena la existencia,Y me insulta el sonreir de la hermosuraY me hiere el placer de la inocencia....Ah! si fueras feliz, sobre mi llantoUn rayo de consuelo luciria,Como en el manto de la noche umbríaTiemblan los resplandores de la estrella.Si tú fueras feliz ¡oh patria bella!Orgulloso la mano me pondriaSobre mi abierta herida, y triunfal himnoA este sol de tu gloria entonaria;Pero así desdichada, más te adoro,Yo, el cantor de tu duelo y de tu luto,Y á tu inmenso infortunio le tributoEn tu ara santa reverente lloro!Guillermo Prieto.

¡Patria! ¡oh mi patria! al invocar tu nombre,

Llena la mente con tu luz de gloria,

Mi pecho de patriota, mi alma de hombre

Se inundan en la luz de tu victoria;

Enjugo el triste llanto,

Y dispersas las nubes del quebranto,

Brilla en los cielos, como sol, tu historia.

De orgullo y pompa, y de esplendor vestida,

Bella y convulsa con tu aureola de oro,

En medio de tus hijos insepultos,

En la tierra teñida

Con sangre, vindicando tu decoro,

La luz divina de tu excelso asiento

En tu infame verdugo reflejaba,

Augurio de baldon y de escarmiento.

¡Grande es la guerra! grande la matanza

Cuando encendidos de furor los pechos,

Los pueblos sin cuidar de su pujanza

Se levantan vengando sus derechos.

¡Grande es la guerra! entre el fragor tremendo

Se columbra un arco-íris de esperanza,

Se miran sus horrores con delicia,

Cuando descuella en medio de los héroes

Llevando su estandarte la Justicia.

Y así te ví, mi México querido:

A tí se lanza el Galo enfurecido:

Con las calumnias escupió tu frente:

Tu hermoso cuello amenazó su planta:

Fué escarnio el llanto de tus ojos bellos,

Y pegar quiso al suelo tu garganta

Para su alfombra hacer de tus cabellos.

"—Yo fuí tu amiga, te tendí mis brazos

"Y te senté en mi hogar.—Baldon y muerte!

"Mírame herida.—Tu dolor me alienta!

"Mírame desdichada.—Yo soy fuerte,

"Tengo sed de tu sangre y de tu afrenta...."

Clamó así el invasor.... sus estandartes

En alto van, relinchan sus bridones,

La faz erguida, undívagas las crines,

El sol irradia en vivos reverberos,

En el cuello que tienden sus cañones,

En las olas que forman sus aceros.

"Guerra!" gritan agudos los clarines,

Y marcando soberbio su camino,

En ese mar de horror alegre ondea

La bandera triunfal de Solferino,

Ceñida con los lauros de Crimea.

¿Dónde va ese torrente

A desfogar su saña omnipotente?....

Negra traicion le guía,

Descollando á su frente.

"¡Pueblos, en pié! que de la patria se oye

"El doliente gemir: en pié, valientes!

"Oidme montañas, escuchadme mares!

"¡Venganza y muerte! ¡Independencia y guerra!"

Y conmovida palpitó la tierra

Vibrando el trueno de la voz de Juares.

—Horrenda fué la lid! el extranjero

Escaló como furia las montañas,

Dejó como reguero,

Palpitando en la tierra sus entrañas.

El rayo, el trueno, el raudo torbellino,

Desatan en la tierra sus horrores;

Aturdida vacila la Victoria,

La luz en luto envuelve sus fulgores,

Y al fin estalla en ráfagas de gloria

El sol de Mayoque alumbró en Dolores.

A esa luz vimos tu divina frente,

Zaragoza inmortal, tu inmensa aureola

Ese sol fué, los cantos que á tus hechos

El renombre entonó, repercutieron

Cuando implacable el Dios de las batallas

A su justicia plugo

Poner en la picota á tu verdugo

De la Francia humillada en las murallas.

¡Gloria, sí, gloria y timbres de grandeza,

Pero ventura no: duelo y quebranto

Tendrá ¡oh mi patria! tu sin par belleza;

Divinos ojos, pero eterno llanto;

Coronas de laurel sobre tus sienes

Y espinas taladrando tu cabeza;

Pisando siempre con tu planta herida

La alfombra que recama tu riqueza;

Rasgando del dolor en la maleza

Su velo de oro tu preciosa vida.

¡Oh mi patria! ¡oh mi bien! tierno amor mio!

Yo siento como labios en mi frente

La tierra de tu suelo, de tus auras;

Mi pecho como tumba está vacío;

Tu sol falta á mi sér.... con no mirarte,

En mi alma siento de la muerte el frio:

Mendigo de la luz, hongo del suelo,

Llevo como cadena la existencia,

Y me insulta el sonreir de la hermosura

Y me hiere el placer de la inocencia....

Ah! si fueras feliz, sobre mi llanto

Un rayo de consuelo luciria,

Como en el manto de la noche umbría

Tiemblan los resplandores de la estrella.

Si tú fueras feliz ¡oh patria bella!

Orgulloso la mano me pondria

Sobre mi abierta herida, y triunfal himno

A este sol de tu gloria entonaria;

Pero así desdichada, más te adoro,

Yo, el cantor de tu duelo y de tu luto,

Y á tu inmenso infortunio le tributo

En tu ara santa reverente lloro!

Guillermo Prieto.

Al alzar mi lápiz de la cartera, desperté como de un sueño: mis amigos me hacian la guardia fuera delsmokin; pero Pancho, prefirió que no almorzase á que dejara sin concluir los anteriores versitos: estábamos al frente de una poblacion, pregunté su nombre y me dijeron que no era un pueblo como me pareció por su aspecto, sino la famosa fábrica de armas del conocido Remington....

Poco ántes habiamos pasado frente áSiracusa, famosa por sus fábricas de sal. Las operaciones de las salinas se hacen por medio del vapor y el comercio es muy considerable.

En Siracusa hay un excelente hotel, un buen teatro y un hospital, costeado por Remington, para cuya fundacion, que lleva su nombre, dió doscientos mil pesos.

Frente de Utica pasamos tambien: es un pueblo de tantos como hay en el camino, que tiene setenta mil habitantes, lindos edificios, frondosas arboledas y amplias calzadas.

La fábrica de armas de Remington, de universal reputacion, está situada en Ilion, condado de Herkirner, y gira bajo la razon social de "Remington é Hijos."

En medio de un terreno accidentado, lleno de árboles, sementeras y casitas pintorescas, se forma un círculo imperfecto de pequeñas y verdes colinas, y en su centro se encuentra la fábrica; mejor dicho, se encuentra la negociacion de catorce ó diez y seis edificios de diferentes dimensiones, formando cuadros con sus techos en desvan, sus chimeneas en alto arrojando humo, y la monótona uniformidad de ventanas con persianas perfectamente iguales.

Contigua á los edificios de la negociacion y unida á ella por amplísima y sombría calzada, está la poblacion, que cuenta de ocho á nueve mil habitantes.

La fábrica es no solo de grande y merecido renombre, por la excelencia de sus armas, por su riqueza y por las activas relaciones que mantiene con las principales naciones del mundo, sino por el sistema económico que sigue y puede servir de modelo para el mantenimiento de la buena armonía entre el capitalista y el trabajador.

El trabajo por participacion se sigue con grande escrupulosidad, y el resultado es que no hay un solo individuo que no tenga interes en la prosperidad creciente de la negociacion.

Los Sres. Remington é Hijos son propietarios de edificios y maquinaria; pero el trabajo se hace por contratos con los representantes de los grupos ó secciones en que se dividen.

Cada contratista, de los que hay más de treinta, asume la responsabilidad de su obra y busca operarios á propósitopara su desempeño, discutiendo el precio y en el precio entrando el cálculo del interes recíproco.

El sistema expuesto está ligado con el de la subdivision del trabajo.

Cada una de las piezas de que se compone una arma, se fabrica en oficina separada, dándose lugar á su celeridad y perfeccionamiento.

Se calcula que se invierten treinta y tres dias en las ochenta y tres distintas operaciones necesarias para concluir un fusil Remington, desde el cilindro de acero fundido, hasta que llega á manos del ensamblador, convertido en brillante tubo, calibre 50, para entregar á México por ejemplo.

El tren que nos conducia hizo parada, como todos los que por allí atraviesan, porque así lo exige el tráfico de la fábrica, y entró á nuestro carruaje un jóven á quien yo habia conocido y tratado en México en la casa de D. José María Sanchez.

Es José María Sanchez, hermano de D. Delfin, enlazado con la distinguidísima familia del Sr. Juarez.

Entró como dependiente en la casa de Remington, y á fuerza de inteligencia y trabajo logró un rango superior en la negociacion, viniendo á México en calidad de su apoderado y haciéndose en esta plaza, por su finura, formalidad y honradez, de generales simpatías.

El jóven transeunte á que me refiero es amantísimo de México, para mí la primera de todas las recomendaciones: agobiélo á preguntas, charlamos y remojamos la palabra como debe hacerlo la gente que se respeta.

Aprovechando el tiempo y el corto descanso del tren,desde la plataforma le señalaba los edificios que más llamaban mi atencion, pidiéndole explicaciones.

—¿Y ese edificio, el más grande de todos, que tiene cinco pisos, y como que se aisla adelantándose á los otros?

—Esa es fábrica de instrumentos de agricultura, en que se fabrican máquinas baratísimas de las más recientes invenciones, y se expenden palas, picos, arados, hoces, rastrillos y cuanto puede necesitar la finca de campo mejor montada.

—Más acá estoy viendo otro edificio muy aislado, de tres pisos.

—En efecto: esa es la fábrica de cartuchos.

El primer piso está destinado á cortar el metal en ruedas como pesos, segun el calibre del cartucho.

El segundo piso contiene la maquinaria por donde se estira el metal, que pasa por seis operaciones ántes de poder recibir la bala.

El tercer piso es el de primor: es un paraíso que alberga á la coleccion de muchachas más lindas que puede vd. imaginar: trescientas de estas criaturas están exclusivamente destinadas á poner la pólvora en el tubito metálico y colocar el fulminante, operaciones curiosas que requieren, así como el engrase, mucha delicadeza.

Está aislado el edificio, porque es un gran depósito de pólvora rodeado de las más previsoras precauciones. En ese edificio ha llegado á construirse hasta un millon de cartuchos por dia.

Contiguo á ese edificio está el de esas maravillosas máquinas de escribir, de las que se han visto varias en México y de las que aquí se sirve todo el mundo con la mayor comodidad.

Escribe uno como quien toca un piano, y puede soltar pliegos y pliegos como por vapor, cuando está diestro, y sin experimentar cansancio; es como la máquina de coser para las mujeres: los hilvanadores de letras, harán tambien á centavo la vara de escritura, andando los tiempos.

—El grupo de edificios que se ve detrás, sí parece unido, observé á mi guía.

-Sí, señor; están unidos por puentes y se recorren todos sin tocar en tierra.

Al frente tiene vd. el despacho de Remington, viejo de fisonomía un tanto áspera, pero lleno de generosidad, sincero, franco y deseoso como pocos de hacer el bien.

La historia de los Remington es curiosa.

Hace algunos años, esto se encontraba muy poco poblado: en un rincon de esas llanuras, ahora cubiertas de fincas, arboledas y sembrados, entónces casi desiertas, habia un humilde rancho; en ese rancho trabajaba como oscuro campesino Eliphalet Remington, fundador de la actual casa.

Un dia el jóven Eliphalet, con la petulancia de un chico de ménos de quince años, pidió dinero á su padre para comprarse una escopeta.

¡Bonito el viejo para andar gastando en armamento! Por supuesto que el chico no vió un solo centavo del bolsillo paterno para cumplir su antojo.

Pero tratábase de un hijo del Norte, y si han puesto en su pabellon las estrellas, es para cogerlas con la mano. La negativa irritó al mancebo, á quien preocupó, sin descanso, la idea de la escopeta.

Entre los viejos enseres del rancho habia una fragua que en total abandono esperaba su ruina completa.

Eliphalet se dedicó á reparar la ruina; puso en corriente la hornilla, limpió el cañon de la chimenea, recorrió el fuelle, y la fragua quedó servible.

Con la misma diligencia de la reparacion, colectó fragmentos de fierro, los fundió, templó, pulió, y á poco tenia en sus manos un cañon que satisfizo su ambicion.

Faltaban la llave y la caja: emprendió, en cuanto pudo, un viajecillo á Utica, donde se conchavó con un armero, quien completó su obra, y cantó victoria el muchacho tenaz, fabricante de cañones.

El armero que proveyó de caja á Eliphalet, era hombre de conciencia; le elogió su trabajo, y el chico dijo: "Haré más cañones, puesto que me salen bien." Acreditóse la mercancía, la demanda de los cañones crecia y le dejaba utilidad....goahed, adelante! y la fragua se acompañó de otra, y en dos edificios flamantes se construian llaves y cajas.

Tal fué la primitiva fábrica de Remington en la cabeza de la cañada, donde permaneció nueve años, extendiendo por todas partes su reputacion. (De 1816 á 1825.)

En 1825 compró Remington el terreno en que hoy está la fábrica y tiene el nombre de Ilion. En 1835, Eliphalet era rico fabricante y tomó parte en las contratas que la casa de Sprienfield y C.ª tenia con el gobierno de los Estados-Unidos.

Entónces la fábrica tomó mayores proporciones, y Eliphalet asoció á dos de sus hijos mayores de edad, á sus trabajos.

Con uno de los hijos de Remington se repitió la anécdota del pedido de una escopeta; pero Remington el capitalista, no era el labriego su abuelo; dióle el cañon de la escopeta al chico para que él fabricase la llave y la caja. El testarudo retoño del enérgico Eliphalet se dió tales trazas, que produjo al fin el fusil Remington, sin rival en el mundo, y fuente de la riqueza de la familia y del hermoso pueblecito de Ilion.

Vd. perdone mis divagaciones. Quedamos en la puerta del despacho. Entrese vd. de rondon y verá una gran sala tapizada de estantes, en donde hay armas de todos los tiempos y de todas las naciones, conservadas con delicado primor.

Pared de por medio del despacho, está la oficina del tesorero, que tiene en movimiento algunos millones de pesos.

A la vista del jefe de ese departamento, se ven como cuarenta tenedores de libros, de cada una de las secciones de las fábricas, y uno que los comprende á todos, como si dijéramos, encargado de la formacion, dia por dia, de la cuenta general.

Abandona vd. esa elegante oficina, pasa unos puentes, y el ruido, la llama y hombres como demonios, aturdiendo con sus martillazos en el yunque, le advierten que está bajo el dominio de Vulcano.

Cuarenta hornos despiden llamas y chispas en aquel lugar, que sorprende por su actividad y por su aspecto fantástico. Desde el tejo que envía Inglaterra, hasta el tubo reluciente que se coloca marcado en la caja, se ve en aquellas fraguas, pudiéndose seguir sus curiosas trasformaciones.

En otro edificio de tres pisos se trabajan percutores y martillos.

En otro, muelles reales; en el salon de junto se pulimenta.

En otro edificio se arman los fusiles.

Por último, la carpintería no es un taller, sino un palacio en que se ostentan los adelantos más recientes y costosos.

Por cientos de miles se cuentan las armas fabricadas para todas las naciones. Oiga vd. lo que recuerdo:

Muchos miles las repúblicas americanas, entre las que figura México con 40,000.

El capital invertido en edificios y maquinaria se calcula en cinco millones de pesos, sin que entre en esto el capital circulante, ni me sea fácil calcular el movimiento de caudales.

Siento que no pueda vd. ver el pueblo nacido de la fábrica, en que se gozan los beneficios de la civilizacion, y la casa del Sr. Remington, que á todo el mundo dispensa una hospitalidad generosa, y á quien mucho aman por sus relevantes virtudes.

Vdes. para sus instrumentos de agricultura podian haber aprovechado esas relaciones, tanto más, cuanto que Pepe Sanchez conoce á México y es el apoderado solícito de Remington.

—Pero como no tiene casa abierta....

—¿Cómo no? Calle de Plateros núm. 4....

—Yo creí que solo se trataba de máquinas de coser, y de que las despacha una jóven lindísima y muy apreciable.

—Eso le trabucó á vd. las ideas.

—Bien puede ser....

Poco despues de haber oscurecido, llegamos á la estacion de Albany, gran capital del Estado de Nueva-York.

Era sábado, es decir, dia de gran movimiento: los guías que nos secuestraron, apoderándose de nuestros equipajes, nos dijeron que eran innecesarios los carruajes, puesto que el hotel á que íbamos á parar, estaba á unos cuantos pasos de distancia. Pero esto lo dijeron haciendo líos, cargando maletas y penetrando como caballos desbocados entre un mar de gente que nos empujaba, nos hacia variar camino y nos amagaba con dejarnos á la ventura, flotando entre la multitud: tiendas, luces, carruajes, todo formaba torbellinos y nos envolvia, con especialidad á mí, bobo y distraido por demás.

El trayecto de la estacion al hotel me pareció interminable: empujones, magullones, codazos, rizas y extrañezas acompañaron aquella procesion de fardos, que cayeron al fin en el renombrado Hotel del Globo, cuya muestra es un farol esférico de vidrios encarnados.

A la entrada del hotel tuvimos la fortuna de encontrar á D. Andrés Cupia, muy conocido en México como empresario del extinguido Circo de Chiarini.

Este caballero, atento y servicial, facilitó los arreglos de instalacion, y hétenos descansando en nuestros aposentos.

Aunque el hambre me hacia insinuaciones urgentes, la quietud imperturbable del comedor me impuso respeto.

Busqué la cantina y el despacho: tenia más bien aspecto de sacristía, por lo mústio de la gente y la frialdad dominante en cuanto me rodeaba.

El Globo, si mal no recuerdo, está en la calle de la Perla, calle en ese momento invadida por un gran gentío; las damas con sus túnicos largos y sus gorritos; los caballeros con el sorbete bajo de copa y ancho de ala, chalecos blancos, holgados sobretodos de alas volantes, grandes cadenas de acero y zapato bajo con hebilla, con cierto aire pretensioso y grotesco, que no habia visto en otra parte.

Entré en unbar-roommugroso y ahumado, con sus antepuertas de alambre, situado en el subterráneo óbassementdel hotel.

Crucé á la acera de enfrente, donde me vieron la pinta de extranjero en unrestaurantde apariencia elegante, unos criados ceremoniosos y pedantes: me cobraron dos pesos por dos piltrafas perdidas en un bosque de perejil, unos truscos de mantequilla, y un café abominable.

Volvíme á la estancia, bien lóbrega por cierto, del Hotel del Globo.

Allí me encontré en la mesilla de noche una gran Biblia, y en la pared, en que se hace de un huésped unkuakero, un reglamento como para un fraile meditabundo y austero; advirtiéndose que en aquel hotel á nadie se servian, ni se permitia el uso de los licores, porque era un hotel de temperancia.

Fiebre tenia yo de verme sujeto á tanta gazmoñería y tanta regla conventual; jamás la tiesura y las pretensiones cortesanas me cayeron más en desgracia.

Estaba realmente desesperado.

Para ahuyentar en lo posible mi mal humor, abrí mi guía y copié:

"Albany.—Capital del Estado de Nueva-York, situada á la orilla occidental del rio Hudson, 80,000 habitantes.

"Fundaron la ciudad los alemanes en 1614, un poco másabajo de donde se encuentra la ciudad actual, donde se construyó el Fuerte Orange en 1623. Este fué el primer establecimiento europeo, en los trece Estados originales que formaron la Union.

"La ciudad fué conocida con los nombres de Veaberwyk y de Williams Tadt, ántes que recibiese su nombre actual en honor del duque de York y Albany, despues Jacobo II.

"En 1664 cayó en poder de los ingleses: en 1798, se declaró capital del Estado."

Por otros datos que pude procurarme, vine en conocimiento que la importancia comercial de Albany es muy secundaria en el Estado de Nueva-York. Debe la importancia que tiene á su posicion sobre el Hudson y sobre los canales Erie y Champlain. Se comunica con el lago Ontario, y por consiguiente con el Mississippí, Missouri y San Lorenzo.

Líneas directas de ferrocarril ponen á Albany en comunicacion constante con Boston, Búffalo y Nueva-York, circunstancias que harán que acrezca su comercio. Los artículos principales de éste, son: maderas de construccion, harinas, lanas y varias manufacturas, entre las cuales la del tabaco tiene grande importancia.

Copiando, copiando, y entre si sigo, y si cierro los ojos, y entre si escribo ó si borro, me quedé dormido.

Al despertar, me sorprendió muy agradablemente el toque de las campanas: primero me pareció, y despues me persuadí, que tocaban sonatas con bastante perfeccion.

Asoméme á la ventana de mi cuarto; la ciudad estaba de todo punto desierta; el silencio dominaba desde los altosedificios, uniformes, austeros y monótonos como todos los de los Estados-Unidos.

Las líneas de vapores y los trenes estaban suspendidos.

Era mucho eso de comulgarse veinticuatro horas en la ciudad desierta y en un hotel obligado á claustro de temperancia.

Reinaba en el hotel un silencio sepulcral, entristecian sus angostos claustros y sus cuartitos como celdas.

Sonó la campana lúgubre del comedor. A la entrada de éste se nos presentó un maestro de ceremonias de peinado pretensioso, gran furia, abultados bucles, frac, y corbata blanca, con la servilleta blanca bajo el brazo, que nos señaló, conforme graduaba nuestra categoría, los asientos que debiamos ocupar, extendiendo el brazo con majestad impertinente y pedantesca.

Como movidos por un resorte, los de la pequeña colonia mexicana le hicimos una seña de renuencia, y nos instalamos todos reunidos, provocando el primer desazon al gendarme aquel tan ceremonioso.

Para el servicio de las mesas habia una excelente coleccion de muchachas de tinte devoto y timorato, pero por lo mismo de cierta atraccion no del todo despreciable en aquellas alturas monacales.

Una amiga de esasladiesservidoras, M. Emma, fué objeto de mi especial solicitud: era alta, desembarazada, atenta, sabia frances, y detractando al maestro de ceremonias, mi maledicencia abrió el camino de las simpatías á la colonia mexicana; pero á pesar de sus generosos esfuerzos, la comida americana en su último grado de perfeccion, tan insoportable para nuestros estómagos, en su degeneracion en aquellacasa era otra cosa; era la fantasmagoría, la impostura de los manjares, la suplantacion de las formas, la calumnia de la alimentacion.

VIAJE DE FIDELLIT. H. IRIARTE, MEXICOEl Niágara.

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Era la hoja de higuera cocida, llamada lechuga; las bolas de astillas de carpintero, apellidadas papas; la vaqueta remojada, designada con el nombre debiftek; el engrudo, desfigurado con el título de puré; la hacha de fierro pasada por la grasa, y dada á conocer como costilla.

Y todo esto servido en unos platos del peso de media arroba, de cantería barnizada, en tazas que hacian abrir los labios como un freno, con picheles en el medio de las mesas, como parvulitos en paños menores: nada de mantel.

Pedimos vino.... y se nos vió con desden, sin darnos respuesta....—Pues dénnos vdes. cerveza.—El maestro de ceremonias nos volvió la espalda.

—¿Pero quién ha dicho á vdes. que nos hemos de alistar en la temperancia los que vamos pasando?

Esto dije como recado á Emma, para el maestro de ceremonias. Emma, yo no sé cómo tradujo, que el D. Fachenda de las ceremonias bramaba como toro: yo le preguntaba:—¿Qué es lo que dice?—Tonterías.—Y Emma le plantaba otra banderilla que bufaba, atribuyéndome no sé cuántas indignidades.

De todos modos, Emma fué mi protectora en Albany: era una flor de azahar caida, por una caprichosa inconsecuencia de la suerte, en un tazon de chapurrado añejo.

Albany está construido sobre colinas cuyo descenso es al rio, y desde su orilla, alzándose la vista, se distinguen en las alturas edificios magníficos, templos suntuosos, plazas y arboledas de delicioso aspecto.

Yo me dirigí solitario al muelle rodeado de almacenes cerrados,restaurantssin gente y tercios regados bajo los portales.

La calle del Estado sube un escalon escarpado desde el agua, limitando al fin de la calle la vista, la plaza del viejo Capitolio edificado en 1807.

El Nuevo Capitolio que se está construyendo será un edificio que solo tendrá rival en el gran Capitolio de Washington.

Construido el Nuevo Capitolio en la parte más alta de la ciudad, su torre tendrá 320 piés de altura.

La librería del Estado contenida en un edificio cuadrado, á prueba de fuego, tiene 86,000 volúmenes y varios objetos curiosos, entre ellos una espada y una pistola de Washington.

La casa de gobierno, edificada en 1843, es de mármol blanco, y tuvo de costo 350,000 pesos: en ella están las principales oficinas.

Siempre con mi guía en la mano, ví la parte exterior, porque todo estaba cerrado, de la casa del Ayuntamiento, que costó doscientos mil pesos.

Un viejecillo italiano que me encontré dormitando en un café, y que como yo, parecia rebelde á las sociedades de temperancia, me dijo que haria bien en procurar ver los varios bancos de la ciudad, que tienen en giro sobre dos millones de pesos: me elogió el Observatorio, fundado por Mr. Blandina, que tiene una buena librería y magníficos instrumentos.

Del Colegio de Medicina y de su valioso Museo, me habló tambien con mucho encarecimiento. La Escuela de Jurisprudencia de Albany, es de las mejores del país.

El viejecito italiano, de ojos pequeñísimos, cara joco-séria, nariz de alcatraz, boca desdentada, y gran tomador de rapé, es hombre á mi juicio entendido, y como me dijo, tenia hambre de hablar en su idioma.

—Lo que yo quisiera que vd. viese y examinase, me decia, era la Escuela normal de Profesores: aquí la educacion es una ciencia, el arte de enseñar está elevado á la categoría de los primeros conocimientos humanos.

Por otra parte, las asociaciones hacen prodigios.

La asociacion de los jóvenes tiene una biblioteca de doce mil volúmenes.

La de los aprendices, cinco mil.

La del instituto, nueve mil.

Vea vd., me dijo por último, el edificio en que están depositadas las colecciones públicas de historia natural, geología y agricultura. Es de los más interesantes edificios, y en ellos tiene entrada todo el mundo.

Despedíme del viejecito, despues de pedirle instrucciones para ir á la Catedral y á la iglesia de San José, los más famosos templos de que tenia yo noticia.

La Catedral es un vasto edificio con sus torres puntiagudas, bastiones, ojivas y una mezcla de estilos que la afean y complican, á fuerza de querer imitar las iglesias europeas de la edad media. El interior es espacioso y tiene capacidad para cuatro mil asientos.

Más que la iglesia de San José me agradó la de San Pedro, hermosísimo edificio de correcto estilo gótico. Dícese que posee un magnífico juego de plata para el servicio de la Comunion, regalo de la reina Ana para los indios Conondagas.

No me fué posible visitar la parte norte de la ciudad, que se dice es la que contiene más suntuosas habitaciones, en edificios que, como la Penitenciaría, gozan de renombre en todos los Estados-Unidos.

Literalmente producia pavor andar en las calles desiertas; el ruido de los pasos se oia á distancia, y el encuentro con otra persona producia extrañeza.

Las calles de la Perla, la llamada Hig-Street, la de Jay, ostentan grandes edificios, muros cubiertos de muestras y letreros: animadas, deben producir sorpresa y contento al viajero; pero en aquel momento de catalepsia dominical, me produjeron tristísima impresion.

Al volver al hotel, en su despacho, me presentaron á la familia de una niña Zárate, que con el carácter de liliputiense, se estuvo exponiendo en México en compañía de otro parvulillo en diminutivo.

Confieso que yo no soy afecto á esos espectáculos en que aparece envilecida y como descarriada la naturaleza; esos personajes de un cuerno en la frente, de tres ojos, de rabo, desmesuradamente grandes, ó exageradamente pequeños, me parecen ejemplares echados á perder, que léjos de darse á luz, deberian guardarse cuidadosamente.

La vista de la niña me hizo mal.

Tendrá poco más de tres cuartas; es morena, delgada, de voz chillona y su conjunto trae irresistiblemente la idea del monito, por sus saltitos, por la movilidad de sus ojos, por sus movimientos caprichosos.

Por otra parte, yo bien conocia que los padres de la niña, que son personas excelentes, hacian bien de sacar partido de aquella extraña produccion, en beneficio de la misma niña; pero me contrariaba que conocieran á las mexicanas en aquella abreviatura raquítica y enfermiza. Por fortuna, el angelito hacia su gimnasio y mostraba todas sus simpatías á Gomez del Palacio, quien muy grave, pero comedido y amable, celebró aquella monería de la naturaleza.

Yo descendí al despacho, donde nos reunimos para comer.

La comida fué tan mal servida, tan ceremoniosa y molesta para mí, como el almuerzo, no obstante las atenciones de Emma, único rayo de luz social en medio de aquella temperancia, de aquella tiesura y de aquella repelente gazmoñería.

Al concluir nuestra desabrida colacion, porque no puedo darle el nombre de cena, el Sr. Cupia me dió algunas cartas de recomendacion para Nueva-York.

La casa de Cupia en Nueva-York es casa de huéspedes, y como conocen sus directores nuestras costumbres, el servicio es el mejor y más cómodo que se puede apetecer en aquella gran ciudad.

En aquella casa vivió mucho tiempo la familia del Sr. Juarez; allí residió Berriozabal; allí se prodigaron cariñosos cuidados al Sr. Doblado, quien murió rodeado de aquella familia generosa; allí vive Felipe Mantilla, amigo nobilísimo de los mexicanos, honra de las letras por su saber, y de la humanidad por su levantado corazon.

Nuestra conversacion se animaba: Emma, que tenia cierto rango en la casa, se acercó y me hizo algunas preguntas sobre México, y yo, hambriento de charla, con unos ojos seductores al frente, comencé á hablar de mi tierra, sin exageraciones, sin una sola cosa fingida por mi mente, pero con la pasion que es de suponerse.

Llamaron á M. Cupia unos amigos, y yo quedé en el extenso despacho, sin cuidarme de entrantes ni salientes, describiendo á Emma un México tan risueño, tan encantador, que me saborea ahora mismo que estoy escribiendo en mi estancia sombría, con un velon al frente, mis cigarros á granel sobre la mesa y rodeado de la fria atmósfera de la soltería.

Brillaban los ojos verdes de la linda irlandesa, con la pintura de nuestros volcanes y nuestros lagos, nuestro paseo de la Viga y nuestro Chapultepec romancesco.

Por supuesto, que puse en relieve la libertad, las consideraciones de que gozan y el bienestar de muchos extranjeros.

A la media hora de conversacion, Emma estaba casi decidida á marchar á México: yo, al principio, le ofrecia toda clase de facilidades; pero confieso que su resolucion me alarmó, y hablé algo de vómito y de lo riesgoso de la navegacion.

Pero Emma era una amiga que no queria abandonarme y que á su vez me procuraba todo género de facilidades.

Confieso que no me divertia mucho eso de volver á México con la adquisicion americana. ¡Oh, qué holgorio para mis buenos amigos! ¡Oh, qué cosecha para la caricatura! ¡Oh, y qué despabilado viejecillo con laladyviajera llenando las calles!

¡Por vida del demonio! El flujo de lengua me tenia en un apuro. En los ademanes, en los arranques, en aquella expedicion de Emma, conocia, sin que me quedase ninguna duda, que aquella criatura me iba á manejar como un chiquillo.

¿Pero hay cosa más natural que hablar con cariño de nuestra tierra?

Nada de gazmoñerías, Sr.Fidel. Vd. habló de cierta manera, y ha llevado vd. su merecida.

¿Y los sesenta inviernos? y las arrugas? y esa exigüidad de fondos que lo tienen en un¡ay!....?

—¡Oh! lindo México!.... yo va, y tiene muchodollary está listo.... Vd. siñor rica y de guberne, dice á M. Cupia....

—¡Jesus me ampare!.... Vea vd., señora, yo tengo que ir primero á Rusia, á ver en lo que quedan las cosas de la guerra.

—Ecsatly: primero vamos Rusia, y despues te vas por mí Chapoltepeca.

Yo me estaba ahogando materialmente, y comencé una especie de retractacion, diciendo que los lagos producen fiebres, que hay víboras de cascabel en Chapultepec y que los bandoleros hacen horrores.... esencialmente con las irlandesas.

Yo no sé qué trastorno produjo en mi cerebro aquella resolucion de la irlandesa, que me dormí despues de mucho tiempo de dar vueltas en la cama, con extraña inquietud.

Soñé, por esas incomprensibles extravagancias de los sueños, que me encontraba en una de las llamadasRejasen los conventos de monjas. Es decir, una gran sala dividida por una gruesa pared, en cuyo centro habia un cuadrado con una gran reja de palo que daba á la parte interior del convento, y una gran reja de fierro para la parte exterior de la pieza que daba á la calle.

Por el lado del convento se ponian las monjas, por fueralas visitas, y los medios de comunicacion eran: un torno incrustado en la pared y una cuchara con luengo mango, donde se ponian cigarros, dulces, etc., para los recíprocos obsequios.

Yo estaba con mis padres y algunos amigos, muy entretenido en ver por entre las rejas el patio del convento, sus flores y arbustos, su limpia fuente de azulejos y sus altos arcos con cortinaje de yedra, bañados con la luz del sol.

De repente se oyó un estrépito en la calle, volví los ojos y me encontraba absolutamente solo; mis padres, las visitas, las monjas, todo habia desaparecido: en la puerta de la calle habia un toro lanzando mugidos feroces, y me heló el espanto hasta la médula de los huesos, pero no vacilé; me lancé á la reja y comencé á escalarla con ardor febril: por mi fortuna, la reja se estiraba hácia arriba y me ponia muy distante del terreno invadido por la fiera.... aquello me alivió como de un gran peso; pero en mi rapidísimo ascenso, creí oir algun ruido tras de mí sobre los hierros de la reja: volví los ojos.... y ví que el toro, como si corriese por una superficie plana, ó como si estuviera dotado de piés y manos como yo, escalaba la reja en mi seguimiento. Creí entónces morirme de terror, las fuerzas me faltaban, mi angustia era indecible sobre toda ponderacion. Pero la extrañeza del caso me hizo volver el rostro de nuevo, no obstante estar á una inmensa altura, y entónces, ¡oh espanto! ¡oh asombro! ví que la fiera, pero no sé cómo, circuida de extrañeza y expresion diabólica, tenia una fisonomía humana; era.... el rostro de la irlandesa del hotel, con aspecto de toro feroz.... y me perseguia encarnizado y espantable....entónces me entró una convulsion horrible, crispáronse mis manos, me solté sobre el abismo y.... desperté!......

Desperté lleno de angustia, sudaba á mares.... la luz se insinuaba por las rendijas de la puerta: aquello me sirvió de infinito consuelo.

Sin ser visto, como un prófugo, como un ladron, abandoné el hotel, seguro de que Francisco arreglaria todo, y me refugié en la estacion, desde el alba hasta la hora de la salida de los trenes para Nueva-York, siempre temiendo á la irlandesa convertida en toro.


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