XXVDecoration day.—Western Union Telegraph Company.—Los palos del telégrafo.—El edificio.—Varias oficinas.—Biografía de Morse.—Viaje á nueve pisos.—Varios establecimientos telegráficos.—Viaje á Broklyn.—El Puente.—La Aimée.—Representacion de la Gran Duquesa.—Los calores.—Tertulia femenina.
Decoration day.—Western Union Telegraph Company.—Los palos del telégrafo.—El edificio.—Varias oficinas.—Biografía de Morse.—Viaje á nueve pisos.—Varios establecimientos telegráficos.—Viaje á Broklyn.—El Puente.—La Aimée.—Representacion de la Gran Duquesa.—Los calores.—Tertulia femenina.
Durante mi viaje, se verificó aquí el dia 29 la conmemoracion ú homenaje á los muertos (decoration day).—En esta ceremonia solemne que consiste en ir á depositar flores en las tumbas, se desplega gran solemnidad.
Marcha la guardia nacional del Estado á la ceremonia, y en esta vez se compuso como de ocho mil hombres de las tres armas, perfectamente equipados.
Es notable para muchos que estando en un mismo cementerio contenidos los restos de los que perecieron en la última guerra, á todos, sus respectivos deudos les tributanhonores y llenan de coronas sus tumbas, reconociendo la imponente igualdad del sepulcro, sin distincion de partidos.
Miéntras yo ponia un paréntesis á mi vida agitada, recorriendo las sombrías arboledas y contemplando los tranquilos lagos de Roslin, me procuraba Alfonso una visita á la oficina telegráfica de más renombre que existe en esta ciudad.
Trátase deWestern Union Telegraph Company, que cuenta con 49 despachos en la ciudad, y á la que se calcula un capital de 40 millones de pesos.
La invencion prodigiosa de Morse, como todos saben, ha tenido desarrollo inverosímil en los Estados-Unidos, y no podrá por ménos tratándose de los nervios de la vida social.
En los caminos, en los lugares que parecen más desiertos, habla la magneta y nos tiene en comunicacion con el mundo; el encuentro de un palo de telégrafo es como el de un amigo, el de un guía, el de un custodio.
En Nueva-York se ven á las orillas de las banquetas como esqueletos de árboles, formando interminables vallas altísimas los palos de los telégrafos, que son pinos traidos desde Noruega, con sus travesaños ó cruceros, como brazos abiertos á la humanidad entera. En algunos de esos palos he solido contar hasta cincuenta y dos aisladores.
Al asomarme á ver la ciudad desde la torre de la Trinidad, veia el suelo de la calle con sus caballos y su corriente de gentío como al través de un tejido, y muchas veces, donde se cruzan los alambres, se hace como sombra en el suelo.
El gigantesco edificio que vamos á recorrer violentamente, está colocado, entre otros eminentes palacios, en la esquina Broadway y Dey, en la acera que da al frente de la casa de correos.
Tiene el edificio nueve pisos visibles, y diez contando con el subterráneo, y sigue en su fachada la arquitectura del renacimiento. Los materiales son granito, fierro, mármol y ladrillo.
La altura del conjunto del edificio es de 140 piés y 75 de frente, es decir, más angosto, pero más alto que el frente y las bóvedas de nuestra Catedral; y dije el conjunto, porque con la torre en que remata y en donde está colocada la campana, es de 230 piés de altura el edificio, como si dijéramos, veinte varas más alta que las torres de la misma Catedral.
Entramos al edificio que rodean en el exterior opulentos almacenes y tiendas, y nos encontramos en un extensísimo salon con puertas y ventanas amplísimas. El pavimento es de mármol blanco y azul; vense diferentes secciones con mostradores, escritorios y estantes; la gente circula y rodea cada despacho en febril actividad.
Presentáronnos debidamente, nos pusieron bajo la direccion de un cumplido caballero que habla perfectamente el español, y atravesando gente y abriendo puertas, nos sustrajimos á la luz, descendimos una escalera y nos hallamos en el subterráneo ó mansion de esas fieras de acero y de bronce, que se llaman las máquinas.
Allí estaban removiéndose sobre sus lechos de granito; allí, alumbrada por la luz del gas, dejaban percibir su afanosa tarea.
Tres pares de máquinas de vapor para los elevadores, esgrimian sus músculos con el poder de veinte y treinta caballos.
De pié y silenciosas, con sus brazos inmóviles, están las bombas, capaces de arrojar cada una de ellas mil galones de agua por minuto para caso de incendio, aunque en el edificio están las bombas ambulantes para acudir á donde estalle el fuego.
A poca distancia de aquellos gigantes, están las calderas del vapor.
Bajo un angosto lecho de fierro distinguí, como en lucha sorda, algo semejante á dos cuerpos humanos; el quejido prolongado que despedian aquellos monstruos en la sombra, impresiona hondamente.
Esas máquinas son las domadoras del aire, dan vida á los fuelles con que se gobiernan los tubos neumáticos, esos quejidos son del aire, que como que protesta al perder su libertad. Tienen la fuerza los cilindros, de veinte caballos.
Al abandonar aquel recinto de sombra y de actores de fierro, lo hice con suma precaucion para evitar la caida en alguno de los diez y ocho hondísimos pozos que tienen vivaqueando á las aguas para el caso de un incendio.
Antes de acabar de subir la escalera nos mostraron unas galerías, que son los vastísimos almacenes de los útiles para la vasta negociacion.
—¿Ha visto vd., me dijo uno de los compañeros, la planta y las paredes del edificio, que tienen de espesor cinco y seis varas, sin contar las numerosas columnas de fierro y granito? Pues bien, el edificio lleva de costo más de dos millones de pesos, y no puede decirse que esté concluido.
Salimos á flor de tierra y nos detuvimos en el salon, en donde está el contacto del público, la tesorería y otras oficinas.
La detencion la dispuso nuestro guía para que viésemos la primitiva máquina de Morse y la recepcion de las notas de los telégramas.
El aparato de Morse es de palo, está en un nicho y se explica con suma veneracion.
Morse (Samuel Finley Breese) nació en 1791, en Charleston de Masachutes, estudió y se graduó en la Universidad de Yale. Pero despues abandonó las letras y se dedicó á la pintura y la escultura.
Notables son como pintor sus cuadros delHércules moribundoy delJuicio de Júpiter.
Asistiendo en 1826 á las lecciones de física de un amigo suyo, se dedicó especialmente al estudio del electro-magnetismo, y en 1832, al regresar de Europa á su patria, ya trajo la idea de su telégrafo.
Hizo patente su proyecto, imploró proteccion, fué desechado, acudió á Europa; allí, unos dijeron: "¿Qué no habrá en la tierra de este hombre casas de locos?" y hasta 1843, protegido por 30,000 pesos que acordó el Congreso, funcionó el maravilloso invento entre Washington y Baltimore.
La seccion en que se reciben los telégramas es amplia, la limita el mostrador y la sirven varios individuos.
Toma el empleado el apunte, lo valúa y luego le deposita en un tubo de cuero de la hechura de una cuja de lanza, sin tapa.
Hecha esta operacion, deja caer el tubo de cuero en un cañuto de metal que está en la mesa y á mí me pareció un tintero ordinario: al suspender el tubo sobre el cañuto, parece que lo arrebata una mano invisible que está debajode la mesa. Ese es el carril aéreo neumático por el cual en instantes atraviesa la minuta del mensaje como un cohete desde el primero hasta el último piso, es decir, cuarenta varas poco ménos. Esa tramoya de los tubos me dejó estupefacto.
En un departamento contiguo al salon que describo, están, como si dijésemos, las postas de mensajeros que en número de cien recorren la ciudad con la celeridad del relámpago, encargándose de calles y rumbos circunscritos para la distribucion más cómoda de los mensajes.
Recorrimos de prisa el segundo y tercer piso ocupado tambien por varias oficinas, el despacho del presidente de la Compañía, redaccion, prensas y todo lo relativo á la publicacion del periódico tituladoEl Telégrafo, anexo á la negociacion. La sala en que reside el presidente es alegre y fresca: en ella están inscritos los nombres de Volta, primer indagador del vuelo del rayo, de Franklin su señor, de Morse su confidente y de Cirus Field, que le abrió paso en el corazon de las aguas, sentando en una mesa, para que bebieran en una copa la ambrosía de la civilizacion, á la América y á la Europa.
En unos departamentos interiores vimos los espaciosos comedores de los dependientes que tienen que asistir permanentemente al despacho.
El cuarto y quinto pisos están ocupados por oficinas de correspondencia y contabilidad.
En el sexto piso, en armazones como de botica, ó mejor dicho, como tinajeros en interminables filas, vimos las baterías ó botes que en número de diez y seis mil ochocientos funcionan en relacion con los aparatos.
El sétimo piso recibe luz por cuarenta y dos rasgadas ventanas que inundan el cuadrado y amplísimo salon de intensa claridad. Desde esa altura que domina la ciudad, se distinguen paisajes encantadores.
Vese Broklyn con su puente, que es una maravilla del mundo; Jersey City entre sus arboledas, y tras la poblacion flotante de mil naves y del bosque que forman sus mástiles, el mar encrespando sus inquietas olas.
A primera vista se ve el salon como una ciudad en miniatura, con sus calles que forman las mesas, y las alturas los estantes, nichos y eminencias del despacho de los tubos, y el registro de las líneas.
Son trescientas mesas servidas por doscientos hombres y cien lindas y elegantes señoritas.
La mayor parte de estas personas se ocupan, al frente de pequeños teclados de marfil, en pulsar sus teclas en sonatas mágicas que llevan á cientos de millas la palabra.
Todos los aparatos son del sistema moderno; la tira se enreda en una especie de copa de bronce y desenvuelve su faja con caractéres impresos, que trae viva la imágen, legible para todos, del pensamiento humano.
Unas secciones envían, otras reciben: las que reciben, despachan su telégrama por una faja que hace de conductor, se traduce, se copia, y se deposita en un tubo que desciende por mágia al despacho del primer piso.
Llamóme la atencion el aparato de los que copian mensajes. Consta de una especie de sencilla pizarra con una preparacion adecuada á su objeto; se coloca el papel sobre el aparato y se escribe con un punzon.... al alzarse el papel, dos ó tres hojas se han escrito á un tiempo con tinta excelente y aptos para ir á la imprenta.
El silencio, la compostura, la solemnidad de aquella entrevista en espíritu con el mundo entero, son indescribibles; aquel murmullo que lo forma el concierto con todas las naciones; esta contrapartida de la torre de Babel, mejorándola, porque aquella es la discordia y ésta la confraternidad universal; aquellos cables que como peregrinos misteriosos que llegan del fondo del mar, vienen á determinado sitio, obedientes á la voluntad del hombre; canales de su espíritu, fibras misteriosas de su idea, articulaciones sublimes de la inteligencia, que encadena el tiempo y salta audaz sobre la distancia. Ese espectáculo que se ve con el espíritu, me hizo, yo no sé por qué, más impresion que el Niágara mismo.
Entre la multitud de aparatos que veiamos, era objeto de especial curiosidad el cuádruplo telégrafo de J. L. Pope, que por un mismo alambre y en opuestas direcciones, conduce cuatro mensajes á la vez.
En un aparato que tiene perfecta semejanza con un piano vertical, están los alambres, como en la guitarra del piano, de todas las vías, y por medio de llaves se unen y separan segun es conveniente.
En otro cuadrito pequeño que con un cristal está en la pared representando un fondo negro, se verifica el tránsito invencible del rayo, que en una que otra chispa casi imperceptible y fugaz, avisa que cumple fiel con el mandato del hombre, al través del espacio y como formando senderos en el infinito. Ese vigía del rayo me pareció cosa de mágia.
El número de mensajes que se reciben y envían diariamente está calculado en 27,000; pero máquinas y aparatosestán calculados y tienen capacidad para 200,000 mensajes por dia.
El personal empleado por esta Compañía puede calcularse en dos mil personas.
Los pisos octavo, noveno y décimo, están ocupados por las oficinas de la prensa asociada, cocina, servidumbre, estanques y maquinaria.
Al hablar con el detenimiento que lo hemos hecho de la Compañía Western-Union, ha sido porque presenta un cuadro completo del desarrollo de este importante ramo; pero las Compañías establecidas en la ciudad son varias, y en todas ellas se hace el servicio con la mayor exactitud.
Hé aquí la relacion que hacen las Guías de los establecimientos telegráficos:
Se mencionan, pero no se da conocimiento de los capitales de las Compañías llamadas Baltimore, Franklin, Pacific and Atlantic y otras muy acreditadas y consideradas de cuantiosos capitales.
El placer y el escándalo se han encargado de anunciar en todos los tonos, y adoptando todas las formas, que la Aimée está en Broklyn, y para los mexicanos no solo era una invitacion para una entrevista con la gracia y con el talento, sino una cita en que nos esperaban bajo su forma más seductora, deliciosos recuerdos.
Para mí personalmente, el llamamiento de la Aimée era justificado motivo de una excursion á Broklyn, que habia visto á la orilla de las aguas entre los árboles de su terreno quebrado.
Ponen en comunicacion constante á Broklyn con Nueva-York, vapores que son en realidad grandes salones, con una calle al medio por donde caminan coches, carros y caballos.
La popa y la proa de estos pasadizos de vapor son semicirculares, y en los muelles de partida y recepcion encajan en el suelo perfectamente, de suerte que la gente sigue andando como si viniera en las aguas la calle misma, buscando su continuidad.
Apénas llega un vapor, parte el otro en crucero incesante; la corriente de gentío que se arranca del laberinto de Fulton, mercado que recorrí con Mr. Bryant, como que se aletarga y queda inmóvil dentro del vapor, y vuelve á cobrar su corriente en cada muelle.
Pero es lo singular que siendo innumerables los viajes, los buques están rebosando gentes, que como en la orilla de una plataforma, se ven de pié avanzando con todos los matices de sus trages, sobresaliendo sombreros, gorros, sombrillas y paraguas, que como que flotan sobre el grupo que se desliza.
El rio que se atraviesa y es extensísimo, está cuajado deembarcaciones, y las orillas forman bosques de mástiles, de cuerdas y de velas.
Atravesábamos casi debajo del famoso puente, pudiendo medir con nuestra vista la prodigiosa altura de sus macizas torres.
Cuando se construia la torre del lado de Broklyn, se describia así:
"Es una inmensa columna neumática; pero no como las columnas conocidas de la comarca, que apénas exceden de seis piés de diámetro; tiene 168 piés de alto y 102 de ancho; la excavacion que se hace bajo el agua, contiene una extension de 166 piés y 98 ó 99 de alto. Se han empleado en el aparato 105 piés cúbicos de madera, y su peso y el del metal empleado en tornillos, escuadras y otros medios de seguridad, asciende á 2,500 toneladas."
El puente aun no está concluido, pero ha recibido los primeros alambres que se ven desde abajo como angosta tela. Pasan debajo de esos alambres los navíos más altos con la mayor holgura; las fragatas tienen que inclinar los topes. La tela que acabamos de mencionar tiene su pasamano de alambre: por allí, con la mayor frescura del mundo, atraviesan lasladiescon sus sombrillas, distinguiéndose entre las nubes como las muñecas de un panorama.
Ya hemos dicho que Broklyn es una seccion de Nueva-York y tiene poco más ó ménos la poblacion de la ciudad de México.
Sus avenidas son amplias y llenas de cristales y de árboles. Sus edificios de calles centrales, achocolatados como los de las calles aristocráticas de Nueva-York, con sus escalerassalientes, sus enverjados de hierro y sus banquetas amplísimas sombreadas por altos árboles.
Contiene Broklyn muchas iglesias; casa de Ayuntamiento, Academia de Música, cárceles, hospitales y colegios; en suma, está dotada de todos los establecimientos de una gran ciudad.
Tuve el disgusto de no ver el Parque famosísimo de Broklyn ni el astillero, considerado como uno de los más grandes del mundo, donde se reparan y construyen los monitores y los navíos de guerra.
El edificio del teatro á que concurrimos no presenta particularidad alguna notable: las mismas puertas que no se chocan y se abren y cierran sin ruido para adentro y fuera; el mismo declive precipitado del piso; los propios sillones de fierro y asiento movible para facilitar los tránsitos; el propio corredor, descubierto en la parte superior.
El telon de boca es de paño ó bayeta verde, liso como el forro de una mesa de billar.
Representábase laGran Duquesa, favorita del público de México, aquella caricatura de los grandes palacios y de la ridícula pompa de las cortes, azotada como con un látigo con la inspiracion implacable de Offembach.
La representacion fué excelente, y la Aimée tuvo ocasion de derramar á puñados la sal y el chiste con que tan liberalmente la dotó la naturaleza.
¡Cómo me halagaron mis recuerdos! ¡cómo traia yo á mi memoria con orgullo la manera con que ha sido comprendida y ejecutada en México esa pieza!
Aquel Bum-Bum fanfarron, tipo eterno de los matasietes de charreteras, azote de los pueblos, era sin duda mejor comprendido por Loza y por Castro.
Fritz, buen mozo, simplon, con pretensiones de veterano, refractario á la pasion de la seductora duquesa, lo interpretaba mejor Poyo ó Garrido. Pero sobre todo, aquel príncipe Polk, narigudo y de frente deprimida, presumido, baboso, impaciente de poseer la mano de la duquesa que le desdeña y lo pone en ridículo, ese papel difícil lo vimos en México en todo su realce caracterizado por Areu.
Multitud de franceses asistian al espectáculo, como si se tratara de un llamamiento de la patria; reian, interpretaban las actitudes de los actores, completaban sus frases y se veia que pasaba sobre sus frentes, refrigerante y dulce, la memoria de los que hablaban y sentian como ellos del otro lado de los mares.
De ese sueño de dicha, de ese olvido de los dolores del presente, adormidos con el néctar de la ficcion, gozaba yo, y me llamaba la atencion que pocas veces ó nunca se hayan considerado las producciones del ingenio bajo esta faz benéfica.
Al lecho del dolor, á la oscura prision en que llora á la puerta la esperanza, en el buque en que la muerte nos habla al través de una frágil tabla en las horas de silencio y duelo, allí llega el ingenio entre las fojas de un libro, se apodera de nuestros sentidos, nos trasporta debajo de las aguas, nos inicia en los grandes salones, en el conocimiento de altos personajes, nos interioriza en los amores tempestuosos de Claudio Frolo, en las aventuras de Artagnan, en las picarescas excursiones de mi Vecino Raymundo, y cuando volvemos los ojos, se han secado nuestras lágrimas, hemos cobrado fuerza para las penas, hemos alejado de nosotros la tentacion suicida. Este milagro lo veia yo patente entre los espectadores franceses. Cada gesto, cada movimiento, cada una de esas irradiaciones de malicia que la Aimée sabe hacer lucir hasta en los pliegues de su trage, eran como ráfagas que iban á iluminar hasta las frentes llenas de canas de las viejas modistas, desertoras de Maville y de los campos Elíseos.
Volvíme de Broklyn: era ya de noche.
En las noches, la parte alta de la ciudad se ve oscura y triste; los remates de los edificios, las agudas agujas de las torres, se destacan en la sombra como fantasmas. De trecho en trecho, en los muros se ven claros luminosos de fondas y billares, y fuera de las avenidas en que el comercio se agita, los promontorios que forman las lámparas, las luces de colores de boticas y de teatros se levantan; se ven, en las calles esencialmente, como huecos de oscuridad suma, lobreguez y silencio tristísimos.
Por ahora todo sucumbe al calor. Un calor que agobia y mata la facultad de pensar; se siente como arena ardiente en las entrañas, nos baña el sudor, los ojos arden y la palabra se arrastra con sonido extraño en los labios secos.
Toda la pompa, todas las grandezas, toda esa ostentacion de civilizacion y de lujo que con justicia se admira en Nueva-York, se cambiarian por un cuarto en el más pobre arrabal de México. Este es un horno, se masca el aire.
Atraviesan gentes con las mangas de las levitas remangadas y los sombreros de paja, ó sendos abanicos en las manos.
Las damas dejan sus salones y están en las puertas de las entradas de las casas: los hombres hacen sus visitas en las escaleras. El suelo quema las plantas, solo con zapatos con suela de un dedo de grueso, se anda cómodo. Yo quiseandar con mi botin á la mexicana, y se me figuraba que iba sobre una parrilla ardiendo.
A las muchas fuentes se abalanza la gente á beber, y cuando el policía se descuida, zanbullen su cabeza en las aguas los más encopetados.
El consumo de hielo es fabuloso; se trasportan verdaderos peñascos en carros: en el vino, en la mantequilla, en los tomates, en elthé, en el café, en todo hay hielo. En los teatros hay regados abanicos sobre los asientos, y no es extraño ver graves espectadores en la galería de un teatro de segundo órden, que quedan en mangas de camisa para no abandonar la diversion.
La gente gira como vagando, aturdida y sin objeto, hasta muy entrada la noche; y fíjese bien la atencion en que se trata de la noche, es decir, las horas de solaz y de fresco.
En el dia es la mansion en las llamas, trasciende como achicharrándose la carne humana en el gentío de Broadway: á cada dos pasos se ven grandes soperas con aguas de naranja ó limones, á uno, dos y tres centavos el vaso. En las boticas se agolpa la gente pidiendo soda,vichyy aguas heladas, y en cualquier momento se podria apagar un incendio, si pudiera deponer la gente la cerveza que toma de las dos á las cuatro de la tarde. El termómetro suele marcar de 100 á 104 grados de Farenheit.
A esas horas, el ruido de los mil carruajes que forman como piso que se mueve con sus techos, se oye como de procesion fúnebre; por poco elevada que sea una subida, se tiene que remudar caballos. A las orillas de las banquetas hay baldes con agua, donde paran los animales á beber, y con todo, caminan cuellicaidos, con las crines colgando y unresollar de angustia que molesta de ver...... Así caen muertos.
Los cocheros, á pesar de preservarse con grandes paraguas que dicen con gigantescas letras: "Guanaco," y así conocidos por su gran tamaño, van empapados en sudor, con los ojos al cerrarse.... algunos bambolean de repente y caen sin vida entre los piés de los caballos.
Los carros son el asilo y la hospitalidad generosa de la gente fatigada: andando andando, trepan á ellos caballeros y mensajeros que van de pié, y muchachos repartidores de periódicos que se acuestan sobreEl Heraldy sobreLa Tribuna, miéntras los devora encarnizada la llama del sol.
Por supuesto que la emigracion en este tiempo es espantosa. Por poco acomodada que sea una familia, se sitúa en los pueblos de los alrededores, en donde el campo engañosamente brinda fresco: otras familias van á los baños, donde el placer ofrece mil encantos á la juventud, y las familias opulentas viajan; siendo tan general la costumbre, que las que no viajan, dicen que viajan y quedan como ocultas en las casas, sin recibir á nadie.
En la mayor parte de las casas, con tal que no sean muy miserables, hay baños, y en los hoteles se sirven á los huéspedes sin aumento de pago.
Hay además multitud de baños públicos en que por muy corta retribucion se obtiene ese refrigerio: hay baños flotantes en las embarcaciones de los rios, asistidos con esmero, y que tienen anexas escuelas de natacion; pero todo eso es poco para templar los calores de esta sucursal de los infiernos. Acaso estos calores influyen en ciertas predilecciones en el vestido masculino, que á primera vista no sé explicar.
La generalidad del uso de puños y cuellos postizos en las camisas, se debe sin duda á la facilidad con que esos adminículos se destruyen, dando aspecto de suciedad á la camisa toda cuando protesta la pechera. Cambiar puños y cuellos equivale á mudar camisa; y aun así, como el lavado de puños y cuellos podria ser costoso, el cuello de papel hecho en máquina tuvo nacimiento, aunque no es tan popular como se cree.
La corbata blanca debe su favor tal vez á la altura del termómetro; una corbata negra se destiñe, lo mismo que de cualquier otro color; la blanca conserva la circunspeccion de la camisa.
La suela gruesa, muy gruesa, del zapato, es otra necesidad en todos los tiempos, así como en estos el zapato bajo.
En los primeros dias de los calores usaba yo mi calzado de suela á la mexicana; pero me tostaba los piés, caminaba como si fuera descalzo sobre ascuas; en el invierno se producen fenómenos análogos, y cuando llueve, se puede hacer una comparacion ventajosa para la suela gruesa, en competencia del zapato de hule.
Es costumbre de la sociedad americana, adoptada generalmente, recibir á los amigos fijando dia determinado de la semana; costumbre conveniente que concilia las distribuciones domésticas, con el solaz y la compostura para obsequiar á las visitas.
Nada más justificado, ¿no es cierto? pues es tal el apego á la costumbre, que en el momento que yo percibo esa especie de cortapisa, ni por Dios ni por sus Santos obedezco la órden, así pudiera perder la vista del lucero del alba.