XXVIIEscuelas.—"El Educador Popular."—Carácter de la instruccion.—Escuela gratuita.—Descripcion de una escuela primaria.—L. F. Mantilla.—Distribucion de trabajos en la escuela.—Cancion chistosa.—Utiles de escuela.—La escuela de niños.—Desentonos.—Broad de Educacion.—Noticias de las escuelas, segun la organizacion de 1869.—Instituto Charlier.
Escuelas.—"El Educador Popular."—Carácter de la instruccion.—Escuela gratuita.—Descripcion de una escuela primaria.—L. F. Mantilla.—Distribucion de trabajos en la escuela.—Cancion chistosa.—Utiles de escuela.—La escuela de niños.—Desentonos.—Broad de Educacion.—Noticias de las escuelas, segun la organizacion de 1869.—Instituto Charlier.
Dia bien empleado hoy: he comenzado á realizar mi deseo de visitar las escuelas. Este era en México mi pensamiento fijo; esta ha sido aquí mi más ardiente aspiracion.
Desde mi llegada, no he dejado de hacer preguntas, de adquirir libros, de relacionarme con personas poseidas de este sublime fanatismo por la instruccion.
Mi suerte quiso que una de mis primeras amistades aquí, fuese la de Néstor Ponce de Leon, habanero de nacimiento,abogado distinguido, aquí impresor y librero, hombre que vive dedicado á honrosos trabajos.
Publica Néstor Ponce el periódico más interesante, más precioso, más fecundo en bienes para todos los pueblos que hablan la lengua de Cervantes: llámase este periódicoEl Educador Popular, y se deberia llamarLa Luz.
En sus páginas de oro resplandecen los ramos todos de instruccion, trasmitidos á los maestros y al alcance de la inteligencia de los niños. Coopera á sus tareas Antonio Bachiller, y se publica bajo la proteccion del Sr. D. Manuel Prado, presidente de la República del Perú, quien, aunque no tuviera más título que este, por él seria acreedor á la estimacion universal.
Todo lo que el talento puede tener de más entendido en la eleccion de materias; todo lo que la sagacidad del amor al bien puede acumular de mejor para la enseñanza, se encuentra en ese periódico, que deberia ser como el pan del alma en los pueblos hispano-americanos. Sin embargo, el periódico se costea con trabajo, y en nuestra patria infeliz apénas es conocido.
Yo tengo entendido que el asombroso desarrollo de esta nacion; su paz y sus esfuerzos gigantescos; su dominio en los aires y en los mares; sus monumentos que empequeñecen los recuerdos de Egipto y Babilonia, de Grecia y Roma; el secreto de esos milagros que operan aturdiendo la mente, con el espectáculo del futuro, se deben á la educacion y la instruccion universales.
En mi país, la ciencia es curiosidad, es tentativa; aquí es atmósfera.
Nosotros tenemos tesoros de sabiduría que se encierranen los gabinetes, la ciencia cambia de templos; aquí anda en la calle y se confunde en la multitud.
En mi patria, la ciencia y los grandes conocimientos son joyas que se ven al través de los cristales ó que ostenta un poderoso; aquí es como la corbata, como el calzado; es ménos rica, pero está al alcance de todos.
Es la instruccion en nuestro país, como en otros pueblos, como barras de plata y tejos de oro que poseen unos cuantos, miéntras muchos no pueden disponer ni de un centavo; aquí la riqueza, en su mayor parte, está en centavos: nadie tiene hambre, aunque no haya muchos potentados.
La sentencia de Michelet es aquí un axioma: "La patria se respira en la escuela." Las escuelas son planteles de ciudadanos; en la semilla se cuida el fruto, y el fruto es ópimo cuando madura.
La escuela gratuita, atendida con la excelencia que aquí se hace, es la base del poder americano, su garantía de paz, la vivificacion de sus instituciones. La enseñanza es la gran religion del país; y la enseñanza con aplicaciones prácticas, es la encarnacion perpétua de la ventura.
Cruzan los mares vapores, se construyen puentes, se abren canales, y de esas grandes mejoras, la razon es la escuela: las escuelas son como los rieles por donde camina triunfal la locomotora del progreso.
Una sociedad sin escuelas, ó con malas, es como un hombre sin ojos. Supóngasele tan fuerte como se quiera; será un Sanson poderosísimo, pero poderosísimo para destruir.... Para edificar, ántes que todo, se necesita de la luz.
Poseo apuntaciones con muy minuciosos detalles sobre la instruccion pública, que pienso dar á luz, si Dios me concede vida, cuando esté en mi patria: la naturaleza de lo que escribo no permite esas honduras; por lo mismo, limítome á consignar mis impresiones.
Para tener un guía seguro y á la vez un maestro inteligente, me relacioné con el Sr. D. Luis Felipe Mantilla, que es de esos sublimes fanáticos de quien hablaba hace poco.
Es D. Felipe Mantilla hombre que pesca sus cuarenta abriles, delgado y moreno, pelon, barbilampiño y de ojos negros inteligentísimos. Viste de lienzo, como los hijos del país en esta estacion, su sombrero de paja, su zapato bajo.
Mi entrevista con el Sr. Mantilla no fué un conocimiento, fué un asalto y un secuestro; le agobié á preguntas, le urgia para que me llevase á todas partes y todo me lo enseñara. Bueno.... Pero yo acabé por venerarlo y amarlo de todo corazon.
El Sr. Mantilla se ofreció á servirme en todo, y hoy fuimos á una escuela primaria que está cerca de la Sexta Avenida, en la calle 13.
El edificio es una construccionad hocpara su objeto, circunstancia esencial que jamás queremos tener presente.
Consta la escuela de dos pisos. En el primero está la primera enseñanza; en el segundo la superior.
Llegamos á las nueve. En una espaciosa sala, en bancas paralelas, cada una con capacidad para seis niños, habia como quinientos educandos, desde seis á diez años.
En la cabecera, en amplia plataforma, con su mesa circuida de elegante barandal, se veia la directora, matrona elegante y modesta, de treinta y tantos años. No es fácil describir la majestad y dulzura de aquella señora.
Al pié de la plataforma está el piano y á su izquierda lajóven, bellísima por cierto, que dirige las operaciones de los niños.
Los movimientos de los alumnos se hacen al compás del piano, que toca marchas y canciones, recuerdos de las glorias nacionales; en los movimientos se busca la regularidad, el órden, la disciplina, sin degenerar en parodias militares que convierten en pedantes á los niños y hacen que sus marchas se vuelvan retozo.
Distribuidos los niños, preludió la música el himno matutino, implorando la gracia para sus trabajos y dirigiendo preces por la familia y por la patria. Aquel acto me conmovió hondamente. México estaba palpitando dentro de mi corazon.
La directora hizo una breve lectura de la Biblia, y despues se oyó una especie de murmullo dulce, dulcísimo. Los niños sentados, con los ojos bajos y las manos juntas, rezaban el "Pan nuestro."
La preceptora dió fin á la oracion y siguieron al compás de la música algunos ejercicios calisténicos de manos y cabeza, muy divertidos: las mil manecitas blancas se agitaban como alas sobre sus cabezas, se unian, palmoteaban y volvian á la altura como parvadas de palomas.
En seguida cantaron una cancion, que de éstas hay muchas, poniendo en caricatura á un chico perezoso que retardaba su entrada en la escuela, por venir silbando y jugando por la calle: en la cancion se silba y se hacen las contorsiones del muchacho. Resplandecia la alegría cuando concluyó la cancion, y en ordenadas evoluciones, al són de la música, se dirigieron los niños á sus secciones.
Dia á dia en la marcha se hace la distincion de los más yménos adelantados, de suerte que el desfile es una revista de estímulo y correccion de lo más benéfica. Las bancas del salon son de palo con piés de fierro, que se pueden reducir á cortas proporciones y empacarse.
En las paredes de las secciones de la primera enseñanza hay dibujos con figuras geométricas, aparatos mecánicos é instrumentos de útil aplicacion.
Como guardapolvo de friso, incrustada en la pared, está la pizarra: en varias escuelas hay una pasta con que se hace la pizarra, que no estorba, como el pizarron, la pieza, y permite que muchos niños hagan cuentas á la vez.
Entre las pizarras de mano hay algunas con gutta perca en las esquinas, para que aunque caigan no se rompan: hay otras de figura de papelera; la parte superior es corrediza, con muestras grabadas, de letras, flores y líneas de dibujo.
Cada niño tiene su mesita especial con su asiento. Esapropiedadlos hace cuidadosos y cultiva el sentimiento de responsabilidad, sin el cual la idea de libertad se convierte en altamente peligrosa.
No tuve tiempo para estudiar la clase superior. Entré rápidamente.
Habian pasado ya las primeras distribuciones; el maestro acababa de decir una pequeña exhortacion á los jóvenes, enumerándoles las faltas habidas en el dia anterior y el modo de corregirlas.
Por mi desgracia, porque desgracia llamo á la de no haber visto funcionar la clase superior, por mi desgracia digo, cuando yo entré los niños acababan de mostrar con sus desentonos, que no recordaban alguna de las canciones que habian aprendido.
El piano porfiaba, las voces eran más renuentes; se caminaba bien, se llegaba al punto de la dificultad, y las voces se desbarrancaban.
A nuestra llegada, el maestro hizo que no se suspendiese la porfía.
Abandonar un trabajo despues de emprendido, le parecia una leccion funesta; retroceder por la presencia de una dificultad, le pareció de pésimo efecto, y á eso sacrificó toda consideracion. Hizo perfectamente; pero nosotros, que no teniamos empeño en aprender la cancion, nos separamos de allí, citándome el Sr. Mantilla mañana para un paseo igual al de hoy.
De regreso hablóme de los adelantos de la instruccion en Chile y otros lugares de la América del Sur; adelantos inferiores á los Estados-Unidos, respectivamente hablando, pero muy superiores á los adelantos de las otras Américas. El nombre de Sarmiento era repetido con ternura por el Sr. Mantilla.
La organizacion actual de las escuelas data de 1869. Están bajo la inspeccion de una especie de Ayuntamientoad hocque se elige popularmente, y del que dependen doce miembros que forman la Junta Directiva óBoard de Education.
Las escuelas comunes se forman de dos departamentos, uno propiamente primario y otro de perfeccionamiento.
Hay en Nueva-York 237 escuelas gratuitas; de ellas, sostenidas por el Estado, 232, y el resto por asociaciones de beneficencia ó religiosas.
Las escuelas cuestan anualmente sobre tres y medio millones de pesos.
El valor de las propiedades de este ramo es de nueve millones de pesos, poco ménos.
El número de edificios para escuelas en todo el Estado, es 11,700, asistiendo á ellas 1.029,955 niños. Se calcula el valor material de los edificios en 20.417,329. El fondo para atenciones de todas procedencias, es de 10.919,466 pesos 45 centavos.
Como de esta materia nos hemos de ocupar con repeticion, dejemos por hoy esas apuntaciones.
Como escuela privada preparatoria para carreras científicas, mucho llamó mi atencion el Instituto Charlier, que se encuentra frente al Parque, á un lado de la Sexta Avenida.
Es un edificio de ladrillo, de seis pisos, con su fachada compuesta de columnas y pórticos; en todos los pisos hay fajas de ventanas, que son peculiaridad de las construcciones americanas.
El establecimiento es propiedad de M. Charlier, suizo de nacimiento, que llegó á Nueva-York con la suma de veintisiete pesos, se dedicó con asiduidad al cultivo de la enseñanza, y sus claros talentos y su honradez le procuraron, andando el tiempo, una fortuna de más de un millon de pesos. Mr. Charlier es ministro protestante.
El suizo generoso quiso dar un testimonio de gratitud al suelo que le habia enriquecido, y fundó este establecimiento, costándole el solo edificio 400,000 pesos.
M. Charlier es de cuarenta y cinco á cincuenta años, rubio, entrecano, delgado, anguloso, de continente afable, y de finísimos modales.
El salon de recepcion es lujoso; en él hay botones telegráficos, lo mismo que en el despacho del director, que dan á todos los departamentos.
En los tránsitos de piso á piso hay estantes para la ropa del gimnasio y los baños, para depósito de zapatos, á los que se da lustre, etc.
Los dormitorios consisten en canceles de madera con divisiones verticales, sin pared ni puerta al frente; allí está colocada la cama del niño, á la vista de la pieza del inspector de cada dormitorio.
En cada uno de los salones de dormir, hay esos tubos de hierro que dan paso al aire caliente para modificar, como conviene, la temperatura.
Cada una de las distintas cátedras tiene su librería y sus instrumentos análogos, segun la materia que se enseña en ella.
El salon del gimnasio es valiosísimo, y en él está combinada la completa seguridad del niño, con esa parte interesantísima de la educacion.
Llámase capilla á una especie de teatro con capacidad para todos los alumnos, que son más de quinientos, con lunetas y galería; en el centro está la mesa para el director. Sirve el salon para los actos colectivos del establecimiento, juntas y reuniones en que el director quiere dirigir la palabra á sus discípulos reunidos.
Cuídase del aseo y de la limpieza con rara escrupulosidad; por todos lados hay botes en que se arrojan papeles y hasta las más pequeñas basuras que caen al suelo.
La cocina es magnífica, y el departamento de las lavanderas no deja que desear. En instantes se apodera la máquinade la ropa sucia, la sumerge en el agua, la restrega, la exprime, se deposita en morillos de palo que descansan en palo-carriles, camina el tendedero á una atmósfera de vapor que seca la ropa, la plancha y termina la operacion en instantes.
El establecimiento de Charlier puede presentarse como modelo, y si no me detengo en mi descripcion, es porque mi principal objeto en este punto, es dar á conocer los establecimientos para el pueblo.