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XXXColegio de Profesores.—M. Humter.—El edificio.—El gran salon.—Los exámenes.—Calificaciones.—La Aimée.—La Academia de Música.—Profanacion de Shakespeare.—Otros teatros.—Literatura dramática.—Vehículos.—La muchedumbre.—Otra vez la escuela.—"Grammar School."—Tributo de gratitud á mi querido amigo M. W. C. Bryant.

Colegio de Profesores.—M. Humter.—El edificio.—El gran salon.—Los exámenes.—Calificaciones.—La Aimée.—La Academia de Música.—Profanacion de Shakespeare.—Otros teatros.—Literatura dramática.—Vehículos.—La muchedumbre.—Otra vez la escuela.—"Grammar School."—Tributo de gratitud á mi querido amigo M. W. C. Bryant.

Me he asomado, he abierto los ojos, por expresarme así, sobre el Colegio Normal de Profesores, y yo mismo no me puedo dar idea aún de su importancia y grandiosidad.

El colegio está situado en la Avenida de Lexitong, entre las calles 68 y 69, es decir, en la parte que se construye á toda prisa en los alrededores del Parque Central: trechos despoblados, rocas vivas, y la calle, y el gas, y las cañerías, abriéndose paso con audaz insistencia.

En la misma calle en que está el colegio, se ven como haciéndole corte y realzando su magnificencia, otros edificios de beneficencia y caridad.

El colegio tiene un extenso frente y ocupa una manzana. Está ceñido el frente por un costoso barandal de fierro y se alza el edificio como sobre una peana.

La arquitectura es del estilo peculiar que aquí se usa en general: tendido frente, interrumpido por anchos y salientes bastiones de abovedados de remate coronado (Mansard roof), ventanas superpuestas y una fachada ó pórtico para cada piso.

El edificio es de ladrillo, y las columnas, cornisas, arcos y escalones, de cantería y de granito.

La grande escalera da á la calle y conduce en el interior á galerías extensas y verdaderos laberintos de salones y salas, siendo los tránsitos grandiosos claustros, con la luz modificada y el aspecto de riqueza severa.

Presenté al director mis cartas de introduccion, me recibió con la finura que es característica en casi todas las personas que se hallan al frente de establecimientos de esta clase, y nos invitó para que lo siguiésemos. En el tránsito íbamos viendo las diferentes cátedras y distinguiendo por cada ventana colosal un paisaje encantador.

La costumbre de ver en esta clase de edificios, amplios corredores con arbustos y flores y alegres patios, me hace ver á mí estos inmensos cajones de piedra con cierta tristeza; siempre se parecen más al buque que al hogar ó que á la habitacion, tal como nosotros concebimos su belleza.

Entramos con el Sr. Humter, que es el director, á un inmenso salon cuadrado, iluminado por más de veinte rasgadas ventanas, que contendria mil señoritas poco más ó ménos.

En la cabecera del salon está levantada la amplia plataforma semicircular con asientos, y una mesilla que funge de tribuna y en que descansa la Biblia.

Al pié del director se ve el piano y los lugares de los inspectores.

El salon es un amplísimo cuadro con su corredor interior formado por columnas, en las que descansa una galería que corre por toda la pieza, con sus gradas, como la galería de un teatro.

Los asientos del patio forman semicírculo en su totalidad, con tránsitos que los convierten en radios que convergen á la plataforma, graduados perfectamente como en un salon de espectáculo. El asiento lo forma un alma de fierro, del que penden dos cuadros de madera fina que se doblan: el uno funge de asiento; el otro, cuando es necesario, se convierte en mesa. Los piés de fierro están fijos en el suelo, de suerte que no se escucha el más leve ruido, porque las puertas no chocan sino que se abren para adentro y fuera: sus hojas están forradas en sus orillas, con paño ó bayeta.

La concurrencia de señoritas deslumbraba de magnificencia, de hermosura: se sentia orgullo por la raza humana, á la vista de aquel coro de serafines.

Las más señoritas concurrentes eran de quince á diez y seis años: las más chicas estaban en la galería.

El director leia los nombres y las calificaciones, interrumpiendo la lista con observaciones oportunas, oyendo á veces á los profesores que ocupaban la plataforma.

De cerca de tres mil niñas que se educan en el colegio,setecientas veintitantas concluian su carrera para profesoras, dos mil y tantas quedaban en los estudios preparatorios. Estas cifras son en sí mismas más elocuentes que cuanto pudiéramos decir.

Visitamos una cátedra de aritmética y otra de frances.

En todas las cátedras habia exámenes y se preparaban los estudiantes para las vacaciones.

Quedé citado con uno de los profesores para que se sirviese instruirme en todo lo que deseaba saber del establecimiento.

Interrumpo la relacion de las escuelas, porque estos chicos á quienes tantas atenciones debo, quieren que eche una cana al aire, y no hay escapatoria; ellos porfiados, y yo de reconocida debilidad, en dos trancos nos ajustamos.

La Aimée con sus gestecicos y su zandunga, con sus alzadas de pié y con su tronar de dedos, nos llama al teatro de la Academia de Música.

Es un suntuoso teatro: desde el pórtico, que es amplísimo, nos reciben esos mil picos de gas que ponen en olvido la noche y conducen por donde quiera la claridad del sol, hasta embriagar de luz.

Lujosísimas alfombras tapizan las escaleras y el suelo. Los tránsitos exteriores son salones semicirculares coronados con barandales y crujías, que sirven de salones de desahogo á los palcos.

Los salones contienen bombillas y candiles de gas, cuya luz reverbera y se reproduce en grandes espejos colocados de trecho á trecho.

Entramos al salon, que estaba revestido, así diremos, por más de cuatro mil espectadores colocados en gradas, y saliente todo el concurso en las divisiones convenientes.

El teatro es semicircular. El centro forma una imperfecta herradura.

Arrancan del patio asientos en gradería como de cinco varas, y termina en una faja ó valla de tres hileras de asientos en gradacion.

Los palcos se alzan á su vez, que son otros dos anillos de departamentos al aire, y formadas sus divisiones por intersticios de fierro y madera que hacen calados y filigranas.

El todo lo corona la galería, con gradas hasta el techo. Esa disposicion del terreno, hace que contenga un mundo de personas, que como que descienden en cascadas de plumas, de velos, de gorros, agitándose aquel mar con el aletear de millares de abanicos que están en movimiento perpétuo.

La vista de abajo arriba presenta el espectáculo de pirámides y de montañas animadas.

Del centro del teatro pende un candil de almendras de cristal, que forman enjambres de colores vivísimos, reverberando con más de trescientas fuentes de llama que á torrentes desciende é inunda la concurrencia, constituyendo la luz por sí sola un espectáculo de cielo y de delicias inefables.

A la boca del palco escénico, y en cada uno de los pisos, hay tres palcos á la manera de los nuestros, formando elegantes fachadas y rematando en figuras alegóricas.

Los asientos, las barandillas y cortinas, son carmesíes, de terciopelo y telas de finísima seda con flecos y bellotas.

Me hechizó la Aimée, me encanté con Duplan, pagué mi tributo de admiracion á la Duparc.

En uno de los intermedios, la Aimée cantó una cancioncita en inglés (Pretty like a picture), remedando á las actrices de los teatritos de segundo y tercer órden.

Salió tiesa y cuellicaida, andando en las puntas de los piés, con aspecto de garza que medita; hizo aquellos movimientos tirantes con sus interrupciones bruscas, siempre el gorrillo á los ojos y desairado el andar: de repente se animaba, juntaba y abria los piés á la usanza de la tierra, zapateaba y daba la patadilla final; pero coqueta, incendiaria, pícara.... de devorarla á besos....

Aquello produjo la tempestad, el desbordamiento, la epilepsía, el desparpajamiento de todas las almas, se hinchaban las manos de aplaudir, llovian ramos, se sentia caliente el aire de besos y de rabia....

¿Y lo creerán vdes? tan linda funcion tuvo para mí un final de pié de banco.

Ya en otra vez me habian revuelto las tripas estos empresarios, anunciando una representacion de Shakespeare, haciendo siete personas distintas, en escenas diferentes, el papel de Julieta.

Hombre!.... pero ¿qué idea tuvieron aquellos especuladores ó director de Shakespeare? ¿con qué se justifica ese toro embolado con el primer trágico del orbe? ¿No tienen ahíministrils? ¿pues á qué hacer mojiganga de lo que se ve de más respetable en el arte? ¿No tienen bastante con haber declarado el jitomate fruta, el maíz potaje y música ese dia del juicio de trompetazos que nos desconciertan?.... hombre, esto pasa de castaño oscuro!

Pues no fueron bastante las siete Julietas, que en las siete plagas de Egipto debieron haberse convertido á estos comanches del buen gusto, sino que en esta representacion dispusieron la de un acto de Mad. Angot, haciendo las mujeres el papel de hombres yvice versa. Esto es la desvergüenza de la especulacion, el poner de mantel de un figon, un gibelino.

Casi no se conciben, estas profanaciones en un país tan fanático por Shakespeare, en donde se montan sus dramas con verdadero lujo y donde en la literatura tiene lugar supremo.

La trasmutación fué atroz: aquella gracejada de maroma á pocos agradó, yo me sentí humillado, me agobió el fastidio.

Al salir, no sé por qué, el oir á la Aimée, la vista de Duplan, el círculo de amigos de México.... no sé, pero buscaba el coche de mi casa, me pareció que salia de Arbeu.... ¡Oh patria! ¡México! ¡México!

—Es forzoso que vea vd. y que examine los otros teatros de primer órden, me decia un amigo literato.

Vea vd. el teatro de Both: aunque ahora es mal tiempo, porque la gente emigra, los teatros se cierran y hay como un intervalo de parálisis en esta sociedad agitada.

El teatro de Both es inmenso, el escenario tiene 75 piés de profundidad y 50 de altura; es todo de mármol blanco, y su construccion tiene el estilo del renacimiento.

Es el teatro clásico por excelencia; en él han hechoúltimamente sus apariciones los actores de más nombradía.

Ese teatro ha sido construido á expensas del actor que le dió su nombre y se hizo de una fortuna cuantiosísima.

Ese actor solo ha estudiado y desempeña dos ó tres papeles, los más de Shakespeare, que le son favoritos, pero su mérito es singular; por otra parte, el público se renueva al punto que se permite la insistencia en una misma pieza, uno ó dos años.

El Teatro de la Opera tiene 113 piés de altura y 84 piés de profundidad.

En el interior, nos parece á nosotros, que estamos habituados á otras construcciones, que el teatro carece de elegancia, y no es así; es que se tiene otro modo de comprender el espectáculo.

El americano se fija, ó parece haberse fijado, en que al teatro se va á asistir á una representacion; la escena es su punto objetivo, y no se cuida de conjuntos, ni se fija en que la concurrencia es un espectáculo tambien.

Esto es tan exacto, que en algunos teatros, durante la representacion, el salon se oscurece y queda iluminado vivamente el foro, que es el punto objetivo.

A esta idea se debe la observacion especial de la ausencia del lujo.

La americana asiste al teatro, con pocas variaciones, como á la calle; la misma montaña de cabello, el mismo gorrito zalamero, que coloca con suma gracia y coquetería en su cabeza, y luego aquel equipo complicado, que consiste en capota, sombrilla, porta moneda, abanico, pañuelo, y no sé cuantas cosas más....

Este equipo se hace más notable en la estacion presente, en que si se rompe un huevo á cierta altura, cae cocido al suelo.

La literatura dramática tiene pocos estímulos; no obstante, en las farsas de losministrils, entre las payasadas impasables, suele vd. encontrar chistes alusivos á las costumbres; pero como arregladores, como falsificadores, tienen su mérito los que se dedican al arte dramático.

Esos estupendos golpes de teatro en que hay tempestades y naufragios, terremotos y avalanches, luchas de fieras y desbarrancadas increibles, son muy del gusto de este pueblo aventurero y atrevido.

La maquinaria suministra recursos poderosos á estos hombres, y en ese particular la escena se sirve con propiedad y con lujo extraordinarios.

Las pingües ganancias y la duracion de las representaciones, permite cuantiosos desembolsos; no es extraño que para montar una ópera se gasten cincuenta ó cien mil pesos; y sin embargo, las entradas no pasan de un peso.

En efecto, me decia yo á solas despues que me dejó mi literato. Se podria escribir un tomo sobre los milagros que producen los muchos.

Estos muchos pueblan los mares y son el alma de la riqueza; la industria cobra proporciones titánicas; la fuerza como que se centuplica; en la atmósfera de la inteligencia se hace luz de llama y parece que los elementos todos de la creacion se trasforman; se vive dentro del sol, se vuelve céfiro el huracan, se abrevia el mar, se familiariza el espíritu con el infinito.

Calles que andan; alegría que lastima; puentes que parececonducen á poblaciones aéreas; la voz humana caminando sobre alambres; el rayo como con librea llevando mensajes; el huracan tirando de la locomotora; el fuego uncido á la caldera como el buey al arado.

Los carritos que cruzan la ciudad en todas direcciones, formando cordon con otros miles de vehículos, todos van llenos de gentes, lo mismo que todos los vapores que cruzan los rios. Las orillas de las banquetas de granito se mellan con el roce, y se tienen que reponer á menudo; se ha pretendido calzarlas de fierro, y el fierro se deshace como el trapo.

En varias calles hay pilares de fierro con llaves económicas y fuentes del mismo metal, con sus tazas para beber, y minuto á minuto vierten rios de esas aguas.

Los rios del Este y el Hudson, que son brazos de mar, se hielan en invierno; esa cantidad inmensa de nieve se embodega en edificios gigantescos de madera y aserrin, y apénas bastan para proveer á la ciudad; la nieve es tan barata, que ahora se dan cinco libras por un solo centavo.

Esta es la riqueza y estos los prodigios que aturden; no es porque tal nacionalidad impera, sino porque el hombre es dueño de sí mismo; el triunfo es de la ley, es decir, se glorifica la razon en el jubileo sublime de la humanidad. Por eso aquí lo colectivo es grandioso y admirable; lo individual, egoísta y vulgar.

A pocos dias de llegar paseaba en Broadway con un amigo entusiasta por este pueblo, y me decia:

—Hay aviso en ese libro (El directorio ó registro de todos los nombres de establecimientos de la ciudad, ó mejor dicho, Guía de forasteros, que tiene 1,500 y tantas páginas),hay aviso en ese libro, que cuesta su insercion diez mil pesos. Una cantidad igual producen alHeraldodiariamente sus avisos; esa es la razon de la baratura de los periódicos y del número de ejemplares que se imprime de cada uno.

Ese cajon de ropa que vd. ve, es una ciudad en abreviatura; su construccion es de fierro y mármol; ha costado más de un millon de pesos.

Aquella esquina que vd. creia templo por su gran cúpula y sus proporciones colosales, es un simple almacen de máquinas de coser.

¿Vd. ve aquella esquina de la calle 18, con su barandal de fierro y un edificio interior de poca importancia? pues al propietario le han ofrecido doscientos mil pesos por solo el terreno, pagándole además el valor de la finca.

Y todo adquiere por los muchos, las proporciones que tengo dichas. En la Exposicion de Filadelfia habia un cristal de ocho varas de largo por seis de ancho; se tuvo que rayar con jabon y que ponerle papeles para que no tropezara con él la gente. En Washington hay un edificio con un salon inmenso tapizado de estantes, que contiene únicamente libros, y esos libros son solo los índices de las invenciones de este pueblo-mundo que estamos observando.

De las mejor arregladas escuelas, es la escuela de la calle 12 para enseñanza de niñas.

Aunque en su frontispicio tiene puesto:Grammar School, hay una seccion que corresponde á la instruccion primaria.

La señora directora, por mis instancias, continuó en las ocupaciones á que estaba dedicada, y me dejó por guía áuna preciosa niña que habla con toda soltura y propiedad el frances.

Las niñas hacen sus evoluciones como los niños, marchando al són de canciones adecuadas á su edad.

En todos los tránsitos, y en las cátedras todas con especialidad, hay colgados mapas con vistas que llaman la atencion, dibujos de adornos y ornamentacion y retratos de los hombres ilustres del país.

En la pieza en que están las niñas de cuatro y cinco años, hay banquitas en que quedan sentadas con comodidad y holgura. No hay libros.

La jóven preceptora tenia, cuando nosotros entramos, unabacoen la mano, es decir, un cuadrito con alambres como líneas paralelas, y gruesas cuentas ensartadas en los alambres.

La preceptora corria unas cuentas: "Tres," decian en coro las niñas.—Otro movimiento: "Cinco," repetia el coro.—Otro más empujando cuentas .... y así era la suma: la resta era la sustraccion de las cuentas.

Las evoluciones del cuadrito eran un curso de aritmética al alcance de las más tempranas inteligencias....

Sacó despues la preceptora una cajita con figuras geométricas y las esparció en la mesa....

—Yo quiero un círculo, dijo .... y muchas manitas con sus deditos preciosos, señalaron el círculo....

—¿Está por ahí el octágono? preguntó la preceptora.

—Aquí, aquí, repitieron diez vocecitas......

—¿Pues qué cosa es cuadrado?

Y las chiquirrinas explicaban las figuras geométricas, como quien se come un dulce.

Al deletreo se le da importancia suma, no solo porque así se habla con propiedad, sino porque quien bien deletrea, me decia mi guía, escribe con toda correccion.

En los ejercicios, la profesora dice una palabra y la deletrean las niñas.

La lectura no se hace privadamente: una niña lee, las demás atienden; pero tiene que continuar la que señala indistintamente la profesora: la lectura se aprende á la vez que la escritura.

En la distribucion de labores hay señalados intervalos de descanso para que las niñas jueguen. La continuidad de nuestras tareas en la escuela, parece á estos preceptores lo más dañoso á la enseñanza.

Habia olvidado contar á mis lectores que entre las bondades de que soy deudor á M. William Collem Bryant, una, y de las más señaladas, fué darme una recomendacion, en los términos más lisonjeros, para sus amigos, diciéndoles que deseaba yo ver algo de Nueva-York, y que me dispensaran las atenciones á que persona tan distinguida me creia acreedor.

La carta ha sido mivarita de virtudy mi llave mágica; con ella he penetrado por todas partes, adquiriendo una instruccion que, de otro modo, me habria sido en extremo difícil.

FIN DEL TOMO SEGUNDO


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