Chapter 38

Por todas partes se agolpaba la gente, hablando de negocios,leyendo periódicos, y en perpétuo movimiento, á todos los departamentos del hotel.Sobre la escalera soberbia de mármol, se arrancaba, sobre pilares colocados circularmente, la cúpula del edificio, alta y grandiosa, ceñida de trecho en trecho por anchos corredores que conducian á suntuosos salones, de los que cada uno era lugar de tertulia en que se tocaba, se cantaba y las hermosas hacian ostentacion de sus gracias. Las paredes eran espejos, el suelo alfombras, y en los aires, la claridad del gas no permitia el recuerdo del sol.Despues de instalados varios compañeros, fuimos presentados á M. Ca-hill, redactor de un periódico en español, titulado:El Comercio del Valle, quien tiene noticias bastante exactas sobre el tráfico de México, y sostiene con calor y copia de datos, las ventajas de la estrechez de relaciones mercantiles.Pequeño de cuerpo, de ojos vivos, de fácil palabra, aunque con dejo inglés, M. Ca-hill era un preciosocicerone.Nos dijo que tocando San Luis en el golfo de México, nuestra República está llamada á estrechar sus vínculos con esta parte de la Union, fundando una ventajosa reciprocidad.San Luis, decia M. Ca-hill, en rigorosa exactitud geográfica, está situado casi en el centro del gran valle de Mississippí, y participa de las ventajas de suelo tan fértil y de punto de comunicacion tan poderoso.La ciudad está delineada con toda regularidad, y como vd. sabe, contiene medio millon de habitantes. Por lo general, las calles, partiendo de la orilla del rio, corren al Occidente. Los edificios más notables son de fierro, piedra y ladrillo.—Es lástima, dijo un compañero de M. Ca-hill que solo permanezcan vdes. aquí unas cuantas horas, en cuyo tiempo no pueden formarse idea de nuestra sociedad.Esta sociedad, que tuvo nacimiento de la Luisiana, mejor dicho, que en calidad de cesion de ella, se hizo la concesion cuando todavía era Colonia Francesa, en 1762, á Liguest Laclede y á sus socios, conserva algunos tintes de su orígen. En el fondo de sus costumbres, hay algo del pulimento de la raza latina, se tiene en mucho la sociedad culta, las artes merecen atencion y encuentra analogías la raza de vdes., que no encontraria en el Norte.El acrecimiento de la ciudad en poco más de cien años de fundada, ha sido estupendo. Vea vd. solo en poco más de cincuenta años:En 1811tenia1,400habitantes.En 1850”74,439”En 1860”160,773”En 1870”310,864”En 1875”490,000”Los ramos principales de comercio, son: algodon, plomo de las minas del Missouri, heno, sal, lana, maderas de construccion, tabaco y especias y granos.En 1874, la importacion del grano ascendió á 30.674,504 fanegas, y la exportacion á 24.417,411.San Luis es la primera ciudad de la Union en la elaboracion de harina. En 1874 habia 24 molinos en actividad, los cuales producian 1.573,202 barriles.No obstante desarrollo tan prodigioso en la agricultura, se calculan 40,850 hombres dedicados á las manufacturas,y la riqueza que representan se valúa en 240.000,000 de pesos.Miéntras disertaban muy sérios los señores formales en la sobremesa de la fonda, otros amigos, en un santiamen, habian contraido relaciones y las calentaban con sabrosos ponches en elrestaurant frances, comunicado con el hotel.Contaba uno lo familiar que es aquí á los americanos el idioma de Racine, y apoyaba su aserto en varias anécdotas.En una botica, por cierto muy próxima, cuyo propietario es cubano, charlaba un compatriota de la brusquedad de los yankees y de la antipatía de las razas.Un yankee se presentó pidiendo una bebida: el imprudente cubano seguia su charla, y por vía de paréntesis, dijo al boticario; “Oh! si estos son unos béstias.... póngale vd. á ese unas gotitas de estrignina en ese brebaje, á ver si revienta.” Eso lo decia en broma, por supuesto.El yankee no se dió por entendido de la conversacion.Confeccionáronle su bebida, tomóla el yankee, pagó, y al salir, con mucha amabilidad dijo al cubano en correcto español:—Dígame vd., caballero: ¿cuál es la causa de que desee vd. que yo reviente?El cubano quedó estático, respondiendo confuso y aturdido:—Yo he dicho al señor “revente,” es decir, que vuelva á venir conmigo, para que demos un paseo....Elyankeese retiró riendo á carcajadas.La conversacion continuó animada, hasta que nos retiramos á nuestros cuartos, deseosos de aprovechar el siguiente dia para dar un paseo por San Luis.Yo dormí mal, porqué me tocó un alojamiento en el quinto cielo, y la preocupacion de los incendios se apodera de tal modo de la imaginacion, que constituye un verdadero tormento: presentir convertido el local que nos abriga en inmensa hoguera; verse rodeado de abismos; escuchar el desplome de los techos; oir los alaridos de las víctimas.... todo eso me espantaba, considerándome como condenado á muerte.Un francecillo muy simpático, llamado Arture, que me habia conocido en México, estaba en mi cuarto á las auroras de Dios, invitándome á pasear.Arture es el hombre de sociedad por excelencia; sabe un poco de todo y se amolda á todas las situaciones y á todos los caractéres; tira la pistola, canta, diserta sobre ciencias y artes con buen sentido, conoce á las notabilidades de Europa y América; galante con las damas, audaz con aventureros, marinos y soldados, circunspecto con hombres de respeto, y alegre, servicial y campechano con todo el mundo. Era otro Mr. Gland en tafilete frances.—Ha venido vd. al mejor hotel, me decia, y esto que en la ciudad los hay magníficos.Lindell-Hotel, sin ir más léjos, compite con este; tiene seis pisos, es de piedra arenisco, costó 800,000 pesos. Está aquí cerca, en la avenida de Washington.Plander’s-Hotel,Hotel-Barnim-Lacled, y hasta elGran-Central, que cuesta un peso diario, son establecimientos que no desdeñarian las mejores capitales de Europa.—Planamericano por supuesto, observé yo aludiendo á las comidas.—Hay de todo: ya ha visto vd. anoche una excelente fonda francesa.—Excelente, Arture: yo sentí no cenar, porque todo me pareció muy bien.—Por ese estilo es la fonda Sincler y C.ª, de Olive-Street, Garner, Cafferitta, Garmi-Restaurant,Nicholas-Cantine, y otras muchas, la mayor parte al estilo frances.Miéntras hablaba Arture, yo me vestia á toda prisa y hablaba á Lancaster, que estaba en un cuarto contiguo, para que hiciese lo mismo.Alfonso, como lo tenia de costumbre, en cuanto llegó, y en el propio hotel, se habia provisto de guías, de mapas y de lo necesario para sus sesudos estudios, dedicándose á ellos en las noches y al levantarse.—Vamos A***, aprovechemos la bondad de nuestrocicerone: quiere que primero recorramos algunas calles, visitemos algunos edificios, y desea que concurramos en la tarde á un concierto que dan unas señoritas, para el fomento de una Biblioteca.—¿De qué te ocupabas tú? dije á Alfonso.—Me ocupaba, me dijo, del estudio de este comercio en sus relaciones con el nuestro. Estos Estados brindan mil facilidades, así como Orleans, por muchos motivos que explaya perfectamente el periódico en español que nos facilitaron anoche.—Pero en estas relaciones mercantiles, en su modo espontáneo, y con total independencia de los gobiernos, es en donde yo creo ver, dije, elquidde nuestras difíciles cuestiones de los Estados-Unidos, y á ello dirijo yo mi mira: el acrecimiento prodigioso de la Union Americana presenta estos sorprendentes resultados. La creciente preponderancia del Oeste que es entidad autonómica, tan independientedel Norte como del Sur, formando espontáneos vínculos, convierte en privativos sus intereses y debilita la influencia del gobierno central.Este acrecimiento tendrá por fuerza su representacion en el congreso, y al punto que esa representacion se aumente, la lucha tiene de iniciarse y poner en peligro las conveniencias del Norte.La adquisicion de tierra, el fomento de las ideas de conquista, la intervencion por la fuerza, en mi juicio no las intentará el Norte; pero no puede ser indiferente á la marcha de México ni á sus tendencias á la libertad mercantil; así, no le queda más recurso que influir en sus negocios, sea por medio de tratados, sea considerando á México como colonia ó brindándole con un protectorado; pero esto mismo ofrece graves dificultades. El ideal de la gente ambiciosa del Norte, es hacer de México la India de los Estados-Unidos.—Señores.... el tiempo vuela, dijo nuestrocicerone. Veamos aunque sea algunas calles y volvamos por los compañeros. Si pudieran vdes. detenerse siquiera un dia, tendria el gusto de presentarlos al Club Germania ó al de la Universidad, centros en que se reune lo más selecto de la sociedad de San Luis.Para que vdes. se formen muy somera idea del movimiento de San Luis, iriamos á los depósitos de los ferrocarriles: el de San Luis y Kansas; el del Atlántico, Pacífico, Kansas, Tejas y el Gran Depósito de la Union, en que parece que el mundo entero se da cita para activar el tráfico.Por lo demás, las ciudades de los Estados-Unidos se parecen como gotas de agua: dilatadas arboledas, anchas plazas, generalidad de edificios hechos como con panes de jabon,techos de caballete, largas chimeneas, coches, carretones, carros y carritos por todas partes.Vacilábamos sobre el rumbo que tomariamos á la puerta del hotel, cuando burla, burlando, no obstante el pésimo dia, salian nuestros compañeros á ver la Lonja del Comercio, y nos antellevaron, como se dice por nuestra tierra.Yo me dejé conducir por M. G. A. Hayward, cumplido caballero á quien merecí especiales atenciones, y quien me encantó por la mezcla de sabiduría y buen humor de su conversacion: á mí los sabios adustos.... me cargan, no los puedo tolerar.Fuimos á la Lonja de Comercio, que es un edificio como una catedral: soberbio pórtico con robustas columnas, amplios corredores con ventanas rasgadas y lujosos departamentos, y en el templo, un salon como una iglesia, de forma elíptica, lo ménos de ochenta varas de extension.El centro del salon está despejado para el tráfico, y hay gente que va y viene como en una gran plaza.En una de las cabeceras y en los costados, hay extensas mesas que corresponden á los diferentes bancos; al pié del salon se ven como aparadores con toda clase de semillas y artículos de comercio, como un depósito inmenso de muestras, al cuidado de corredores y agentes mercantiles.La techumbre es una alta y extensa cúpula con una cornisa saliente en su arranque, que le forma cintura, y la guarnece una amplia balconería, desde donde asiste el público á aquel espectáculo lleno de ruido, de movimiento febril y de cierta alegría, de que no es fácil dar idea.No es fácil describir, en efecto, aquellas caras rubicundas, con sus dentaduras blancas y su piel restirada; aquellas inmensasbotas de suelas de á dos dedos de grueso; aquellos hombres intrusos, de camisetas encarnadas, y aquellos flacos escurridizos que parece que llevan una locomotora en cada corva.Este gentío, que es inmenso, se agrupa en el centro del salon, corre, alterca, disputa, improvisa remates, transa, y sale y entra, como si se tratase de apagar un incendio.Adviértase que este tragin se verificaba estando las calles inandables de lodo y de nieve, entrando algunos empapados con la lluvia, con sus pantalones remangados hasta la mitad de las botas, ó hundidos en la parte superior de ellas.A medio dia el salon se despeja, se establece silencio profundo y se hacen las operaciones deClearing-House, ó sea casa de liquidaciones, ó como si dijéramos, traduciendo la palabrita enlépero, (aclarar paradas).Como se sabe, cada banco emite sus billetes que fungen como dinero: de esos papelitos hemos visto en México y sabemos cómo se manejan.Pues bien, con los tales papelitos, éstos y aquellos han hecho sus compras. A tal hora, cada banquero recoge sus billetes y da en cambio los de los otros bancos, quedando cada quien con lo suyo. Así se hacen cambios y negocios por millones, sin necesidad de que ande el dinero de aquí para allá, y en un abrir y cerrar de ojos. Toma tus billetes, dáme los mios, y tan amigos como siempre....El crédito, el crédito es una gran cosa; pero no estamos para sermones.Nosotros habiamos asistido al espectáculo descrito al principio, desde la balconería superior.Salimos de allí y nos condujeron á la parte superior deledificio, desde donde se distinguia la opulentísima ciudad, las llanuras que la circundan cuajadas de vistosas sementeras, y ese mar subordinado y grandioso que tiene por nombre “El Padre de las Aguas,” y que lleva en su seno ciudades de embarcaciones, que hacen marchar sobre la corriente, sementeras, ganados, bosques y montañas.M. Hayward me decia, satisfecho de mi sincera admiracion:—Oh! es un dolor que vd. no vea el puente para que vd. se forme idea de ese puente: le referiré, poco más ó menos, lo que dice de él un ilustre viajero frances (Simonin), á quien tal vez habrá vd. leido.El largo del rio, dice, en aquel punto es de quinientos metros, el lecho es profundísimo, la corriente cambiante, y movibles los bancos de arena de las orillas.Fué necesario para establecer el cimiento del puente descender hasta la roca sólida que está situada á treinta metros bajo el nivel medio de las aguas. Cuando se proyectó al principio este trabajo, se juzgó imposible.Se llegó á la roca por medio de cestos y cajones en que descendian los obreros, proveyéndoseles de aire desde sobre las aguas. Así se quitaron por medio de bombas de vapor las arenas y se evitaron las infiltraciones que pasaban, á pesar de la presion de muchas atmósferas mantenidas en el aparato.De esta manera se empezaron á construir los cimientos, venciendo, con esfuerzo hercúleo, obstáculos inmensos.Despues se elevaron los pilares, ó mejor dicho, las torres en que descansa el puente. Estos pilares, en número de cuatro, son de granito y parecen construidos para la eternidad: dos á los extremos y dos en el centro del rio.Los arcos que se apoyan sobre estas torres están formadosde enormes tubos de acero, abiertos en el interior, y empalmados de dos en dos. Los dos arcos exteriores tienen de luz 150 metros, el del medio 158, tanto y medio de la distancia del Sena á Paris.La altura del arco principal, sobre el nivel de las aguas, y midiendo desde la clave, es de cerca de cuarenta varas, de tal manera, que los más grandes buques de vapor pueden pasar por debajo, inclinando sus chimeneas, lo que ejecutan fácilmente por medio de una palanca.Así correspondió esta obra grandiosa á la obligacion que se impuso á los ingenieros de que no estorbasen la navegacion del rio.El puente tiene dos corredores ó tránsitos, uno superior para la gente, los caballos y los coches, y uno inferior para el tránsito de los trenes de los ferrocarriles. Estos entran en la ciudad por un túnel abierto donde termina el puente. Catorce líneas férreas tocan en el puente monumental. El corredor ó tránsito superior tiene bastante espacio para que se haya formado en él un paseo público.En el pilar central del puente se fabricó una plataforma, en que se reune por las noches la música militar.Desde aquel sitio se disfruta la vista de un panorama magnífico: el rio cuajado de embarcaciones, las fértiles llanuras del Illinois á corta distancia, y en el fondo, hasta el horizonte, se percibe, se ve, un bordado de alegres sementeras, cortado de Norte á Sur por una ancha faja de plata, con ligeras sinuosidades, que parece una mansa corriente, y que conduce á la mar, como dice Simonin, una de las más grandes masas líquidas que corren sobre el globo.Descendimos de la Lonja y nos dirigimos á la oficina deapagar incendios. Allí nos recibió un caballero chaparro, de una fisonomía alegre como una sonaja, de dentadura blanquísima y de unas mejillas escarlatas que reventaban de gordura.Reia de todo, nos apretaba las manos hasta hacernos desesperar, iba, venia, y se manifestaba, no con intimidad, sino casi con parentesco, con sus caballos.La oficina tiene el mismo ó mayor esplendor que en San Francisco, con la diferencia de que cada caballo es un prodigio de hermosura, y que haria una buena compra quien consiguiese cada uno en mil quinientos pesos.Elciceroneescarlata de que acabo de hacer mencion, afable, obsequioso, semibrusco, pero atento y franco, es un personaje popularísimo en la ciudad entera, por su nobleza y generosidad.No solo enseñó á mis compañeros todas las oficinas, sino que ofreció hacer, como lo hizo en la tarde, un simulacro de apagar un incendio en nuestro propio hotel, para que viésemos funcionar las máquinas.El escarlata y yo fuimos los hombres más amigos del mundo, y apuramos sendos vasos de cerveza en el breve espacio de nuestro conocimiento.Miéntras descansaba el Sr. Iglesias y recibia personas de las más notables de la ciudad que le presentaba el senador y el distinguido periodista que ya conocemos, yo, sacudiendo la albarda de la etiqueta, me lancé á recorrer la animadísima ciudad.Como era mi costumbre, entré en dos ó tres tabaquerias, cierto como estaba de encontrar en alguna de ellas gente de la tierra de María Santísima.En una de ellas, que tenia por muestra la estatua grotesca de un marino patilludo, de piernas abiertas, puro en boca; volteado cuello y sombrerillo con sendos listones, percibí un conjunto que me atrajo, porque trascendia á tierra de cristianos, como manojito de flores.Un viejecillo de sombrero alto á la Pipelet, chupiturco de lienzo rayado y con más arrugas el pantalon tirando á blanco, que carrillos de vieja histérica, estaba repantigado en una butaca, con un párvulo panzudo en camison entre las rodillas; un gato y un perro dormitaban á distancia, desmintiendo aquello de “Como perros y gatos.”Las paredes del estanquillo están tapizadas de anuncios: en el aparador del mostrador hay sus chácharas: bolsitas para tabaco, pipas, fósforos, tijeras para cortar las cabezas de los puros, mecheros, bolsas de budruz y atadillos de papel, para improvisaciones de cigarros.La dama que despachaba en el interior del mostrador es nariguda, rígida, biliosa, con el peineton ladeado, un tápalo como colcha cruzado al pecho, y un purillo entre los labios, que la enseria y masculiniza lo que no es decible.Entré al estanquillo deLa Perla de las Antillaspidiendo cigarros de Cabañas, y soltando cien palabras más, para dar á conocer que era de casa, y al punto, de debajo del mostrador y tras de las vidrieras, asomaron caritas de ángeles de ojazos negros, boquitas de flor de granado y aquellaendenidáde la raza española que me agarabata materialmente.—¡Hola! hola! dijo la señora saliendo del mostrador y fijándose en mí.... Isabela!.... Paquita!.... Tula! (gritando) vengan vdes. acá. ¿Cuál es su gracia de vd.?—Guillermo Prieto, servidor de vd.—Oh! si no lo podrá decir.... ¿lo ven? el mismo empaque, la propia manera de reir.—Veanle vdes..... (á sus hijas).—Vamos, despáchate.... dale un abrazo.—Denos vd. un abrazo.Yo tenia cara de simple; pero tratándose de bonitas, en abrazar no hay engaño.... abracé á las muchachas, á la vieja, al viejo.... y me disponia á seguir con todo el mundo.—No, vd. por fuerza es pariente muy cercano de D. Felipe de la Cueva: si tiene vd. toda su cara.... veanle vdes. ahora que se ríe.... y aquello fué agasajarme y llevarme al interior de la habitacion, en medio del regocijo mayor.... excepto Tulita, á quien se anublaban los ojos y soltaba cada suspiro que me erizaba el cabello.Don Felipe de la Cueva, que debe ser buen chico y á quien en su casa conocen, habia hecho mil favores á aquella excelente familia y era el prometido de Tulita. Yo me encontré con los honores de la fotografía, y no me pesaba.... procuraba adivinar hasta dónde llegaban las confianzas del venturoso D. Felipe con Tulita, para perfeccionar mi asimilacion....—Tula.... ¿ven vdes.? decia, y su propio buen humor; ahí se sentaba, yo aquí....—Debe haber sido más cerca de mi silla.En cinco minutos fuí dueño de la casa.Regalé al viejo D. Pablito un lapicero, á las muchachas unos anillos y mis mancuernas á Tulita, que me hacia probar los placeres de la semejanza.... Yo, que en mi país me parezco á todos los decidores, á todos los padres de hijosde contrabando y á todos los políticos derrotados, gozaba de deliciosas sorpresas....En la casa almorcé y pasé parte de la tarde oyendo tocar la guitarra.De todo me hablaban, todo me consultaban; yo encarecí á Doña Salomé las inmensas ventajas de que se estableciese en México: allí, le decia, nos desayunamos con cajetas de la Habana; por poco que una gente se respete, fuma puro habano; el cigarro habano es de toda gente bien educada, y desde el salon al templo, una danza habanera disipa los pesares y refresca y anima los más adoloridos corazones....Don Pablito me habló de negocios; echó pestes contra los yankees, y cuando vino su hijo Leopoldo del colegio, porfió porque me enseñase la traduccion que estaba haciendo del inglés, porque es un muchacho como el demonio y con un talentazo más lindo que Jesus del Monte.Leopoldo ya tenia sus toques de yankee; su saco holgado, su sombrero de fieltro y su zapato bajo con hebilla de acero.Las muchachas estaban acurrucadas, por mi dicha, al rededor del retrato de D. Felipe....—Vea vd. mi traduccion, me dijo, es un simpleBook notessobre Missouri.—Lee tú, Leopoldo, para que el señor se haga el cargo de tu sindéresis.Y leyó Leopoldo:“El Missouri, desde los tiempos que pueden distinguirse á la luz de la historia, era del dominio de los hombres dePiel Roja, que vivian en aduares y formaban bandas ó tribus errantes sobre el territorio que hoy forma el Estado deaquel nombre. Vivian lospieles rojasde la caza y la pesca. Tenian perros, pero no otros animales domésticos; hablaban diferentes idiomas incultos, y á veces se hacian cruda guerra los unos á los otros.Tal era la condicion de aquellos hombres, cuando el 7 de Julio de 1683, una pequeña banda de europeos y canadienses, procedentes de Quebec y conducida por el fraile Marquete y el comerciante Zohet, llegó con todos á las orillas del Mississippí.Está comprobado que lospieles rojasno hostilizaron á los extranjeros y que los dejaron internarse rio abajo hasta la reunion con el Arkansas, y volver de allí á remontar el rio para ocupar su punto de partida á publicar ante el mundo la admirable descripcion del rio más grande é imponente conocido hasta entónces, ya por el caudal de sus aguas, la extension de su curso, su magnificencia, la majestad de sus tributarios y la riqueza de sus márgenes.En 1688, Lasalle navegó por el Mississippí hasta la desembocadura, sin hallar obstáculo alguno ni resistencia de parte de los indios, y desde entónces hasta hoy, los aborígenas del Missouri han mostrado gran confianza en toda clase de extranjeros.Por la causa enunciada, esta region ha sido siempre de paz, donde no se han sentado jamás las discordias y las guerras, que en otras comarcas de los Estados-Unidos han sembrado por todas partes la ruina y la desolacion.El Missouri ha sido siempre una tierra de asilo. En 1755 fundaron á Santa Genoveva los franceses, atraidos allí por las minas de plomo encontradas en sus inmediaciones. Este fué el primer establecimiento fundado por europeos en elEstado. No hay memoria de que los fundadores compraran tierra alguna á los habitantes primitivos, ni que éstos los viesen como enemigos; aunque es cosa sabida que los indios del Illinois eran reconocidos como los dueños de aquellas tierras por lospieles rojas. Pero en aquellos dias, ni se conocia el nombre de indios, ni se les habian dado leyes algunas para protegerlos, de manera que se les invadian sus tierras impunemente y se les despojaba de ellas para todos los que las codiciaban.La paz de Paris fijó, en 1763, el Mississippí como límite de las posesiones de Francia é Inglaterra. Esto cambió el tráfico y relaciones de los indios con los franceses, continuando aquellos su comercio en las poblaciones de Cahokia y Kaskaskia, hasta que Pedro Laclede trasladó sus almacenes del fuerte Chartres hasta el sitio donde hoy está la ciudad de San Luis.El 15 de Febrero de 1764, un lugar-teniente, el coronel Chouteau, comenzó á trabajar en el lago, cerca del rio, al Sur de donde hoy está la casa del cambio, y ha sido el único mercado en forma que tuvo la ciudad durante sesenta años.Laclede construyó edificios pasajeros para abrigar á sus trabajadores y herramientas, con las abundantes maderas que habia en las márgenes del rio y de que estaba cubierta aquella orilla, bastando para esas construcciones y para el fuego de los vivaques de los nuevos pobladores, durante la rigurosa estacion del invierno. En Marzo volvió allí Pedro Laclede, llevando consigo el plan del nuevo pueblo, que debió llamarse San Luis, en honor de Luis XV, rey de Francia.Lisquet manifestó en la fundacion de la ciudad un gran respeto por la religion y las cosas sagradas. Al lado de la calle del Mercado destinó un lote de más de cien yardas por lado cuadrado, para una iglesia católica y un cementerio que sirviera para su objeto, durante el cual fueron sepultados allí cuantos acompañaron á Pedro Laclede Lisquet.Todos estos restos se conservan en la Catedral y en la Casa del Obispo, que ocupa la mayor parte de la calle del Nogal.Lisquet era un hombre activo y perspicaz; se dedicó á varias empresas, instalado en la que hoy es calle de Main, frente al mercado. Donde hoy se encuentra el Hotel Barnim y otros magníficos, estaba la casa habitacion de Lisquet y sus almacenes.”Miéntras el jóven estudiante nos leia entusiasmado su traduccion, las chicas, primero tímidas, despues ménos consideradas, cuchicheaban y me llamaban la atencion, haciéndome la jóven llorosa, confidente de las penas por la ausencia de mi parecido, á quien en otra edad hubiera querido semejarme en todo y por todo.La bulla era tal, que al lector apénas se escuchaba, quedándole por todo auditorio su amante padre.Mis amigos fueron á buscarme: unos estaban citados para ver fungir las bombas en el simulacro de un incendio figurado en el hotel Southern, y otros debiamos ir al concierto musical cuyos productos deberian ser para una biblioteca particular.Despedíme de la tabaquería, no sin dar las gracias por la generosa acogida á que habia dado lugar mi semejanza con D. Felipe de la Cueva.Mis compañeros se dispusieron á ver el gran simulacro del incendio, yo me dirigí al concierto.Allí ví, como entre nosotros, y no sé con cuántas exageraciones más, aquellos socios ceremoniosos y encendidos por el afan de figurar, que apartan curiosos, conceden gracias, suben de brinquito las escaleras y llevan triunfales de su brazo á las notabilidades artísticas.No faltaban susdonasacatarradas, siempre envidiosas y poniendo peros á sus compañeras, que lo hacen divinamente; no escaseaban esos figurines que ven con el lente, tararean distraidos, y desde la altura de unacromática, apénas nos distinguen á los míseros mortales.Como tengo indicado, á mí me llevó al concierto una persona amabilísima que tenia un amigo, mi acompañante, conocedor de todos los artistas, confidente de todas las poridades de los teatros,dilletantiencarnizado, que sabe todos los motivos, impone silencio en las reuniones, lleva pastillas de pino marítimo para obsequiar á losvirtuosi, y para quien los asuntos de bastidores son como el primero de todos los deberes y la más séria de todas las ocupaciones.Algunas frases de buena educacion le hicieron creer, yo no sé con qué motivo, que yo era (¡bárbaro!) unamateurde primera fuerza.Aquel era un concierto de mucha importancia.El elegante teatrito, los pianos, todo me trasportó al Conservatorio Mexicano.La tarde era lluviosa: el salon estaba amorosamente calentado por bien repartidos tubos.... la música era clásica hasta en sus últimas notas; imperaban Mozart, Hayden, Bethoven; todo era recogimiento y atencion.Yo comencé á sentir pesada la cabeza, tiesos los párpados, á sufrir un muelleo desconocido en mis quijadas; cuando quise evitarlo, habia topado con mi frente á una respetable señora que estaba delante de mí; quise reponerme, con esa afectada gravedad de los dormilones, pero á poco me sentí sacudido con cierta brusquedad por un caballero de cuyo hombro habia hecho mi reclinatorio.Entre tanto, los sacerdotes de la armonía estaban en el éxtasis.... mi compañero vino á decirme al oido que roncaba yo de un modo estúpido, de llamar la atencion, de hacer el descrédito de México.... mi amigo queria devorarme, y me sacó de aquel lugar, sonrojado y queriéndome pedir una satisfaccion.Cuando volvimos al hotel, nuestros compañeros nos describieron el simulacro del incendio, altamente complacidos de la precision y celeridad de las maniobras, de la inteligencia de los caballos y de la bondad y riqueza de máquinas, escalas y útiles de todas clases para la extincion de los incendios.Gomez del Palacio, á quien muchas bondades merecí, siempre habia recogido para mí algunos datos sobre el comercio de Missouri, que yo me entretuve en ordenar, miéntras llegaba la hora de la marcha, no obstante el tragin y el aire de fiesta que reinaba en el hotel.¿Quién me habia de decir que á los diez dias habia de quedar convertido aquel alcázar del descanso y del lujo, en un monton de cenizas, despues de los horrores del incendio?...................Pero no anticipemos los sucesos........Las apuntaciones anteriores las hice en verdadera tortura,porque han de estar vdes. que un amigo de San Luis me proporcionó un chiquitin, como un monito, para que me acompañase. Este diminutociceroneá quien llamabanPetit-Courrierera un rehilete, y para mí, un verdadero tabardillo: no me dejaba quieto un instante, á cada movimiento me decia: “¿se ofrece algo?” Veia yo para una tabaquería, él me decia al momento: “¿qué usa vd.? ¿trabucos?”—Hombre, si soy un pollo.—¿Damas?—No me ve vd. viejo?—¿Coraceros?—Esos los usan conmigo cuando me ponen preso. Volteaba como examinando una cantina:—Tomamoslague? ¿coptail? ¿unos amargos? ¿menta? Y aquel demonio no me dejaba un instante, haciendo diez mil caravanas en un ladrillo.—Hermosa mujer! clamaba yo.... ¿Eh? je!.... repetia el chiquitin.... ese es el lado flaco de todos.... iremos á una visita.... se habla español.... buen Champaña; hay una andaluza que canta el torito de la castainuela....—¡Hombre, si estamos con el pié en el estribo! yo quisiera.... un libro cualquiera......—¡Oh, la bella literatura! para eso, la francesa, centro del mundo.... ¿Vd. conoce algo de Feuillet? ¿de Droz?....Oh, quell filosofie!.... Y con semejante chicharra pegada á la oreja, he escrito esos números, que parece que cada uno de ellos me picaba los dedos con un alfiler.Las diez de la noche fué la hora designada para nuestra marcha á Orleans.Soplaba un viento cortante y destemplado; á la estacion marchábamos hundiéndonos en el lodo y rompiendo fragmentos de hielo: un policía, alto como torre, fornido como un Sanson, y del que cada bota podria servir de funda áun pilar de Catedral, arrojaba al vuelo tercios y baúles al carro de los equipajes; nosotros nos acomodamos lo mejor que pudimos en el wagon, y partió el tren.En los momentos en que partiamos para Orleans, estaba la cuestion política en su mayor efervescencia; demócratas y republicanos se tiraban con las gamarras á la cara, y no fijaba uno los ojos por parte alguna, por donde no viera saltar un politicastro vivaz y escurridizo como una rata.Los programas que circulaban, corrian parejas con sus avisos para curar toda clase de enfermedades, con la sola diferencia que la competencia era en cinismo en cuanto á abalanzarse rabiosos á los destinos públicos.No puede ser de otra manera: los partidos beligerantes son como empresas mercantiles, con sus ramificaciones perfectas hasta las últimas aldeas; ahí está la intriga, la corrupcion; ahí se apuran hasta los últimos términos la influencia y el soborno; pero esto afecta poco el modo de ser social, que sigue el rumbo de los grandes intereses de aquella sociedad.Hablando de tarifas de aduanas, decia laplat form(programa) de los demócratas:“La tarifa actual empobrece multitud de industrias para subvencionar un pequeño número, prohibe la importacion que podria comprar el trabajo americano, ha degradado al comercio americano, ha detenido la venta de los productos del trabajo entorpeciendo los cambios; una industria que ocupa la mitad de la poblacion y cuesta al pueblo cinco veces más de lo que produce el Tesoro, impide los progresos de la produccion y es nociva al trabajo.Queremos que la aduana se reduzca á su purísimo carácter fiscal.Tal comoestá la tarifa, solo sirve para alentar el contrabando, enriquecer empleados pícaros y precipitar en la bancarota á los negociantes honrados.”No obstante las recriminaciones que se hacian al partido republicano, éste decia en su favor:“Durante el último año fiscal que terminó en 30 de Julio de 1876, el excedente de los ingresos fué 29.249,000 pesos, que fueron aplicados á la reduccion de la deuda. En los diez últimos años, el reembolso ha sido 579.423,284 pesos de nuestra deuda. En 30 de Junio de 1866, la deuda nacional era de 2,640.348,000 pesos. En 1866, el ingreso producido por las contribuciones interiores era de 309.226,813 pesos. En 1876, se redujo en 200.000,000 para aliviar al pueblo.”Veamos ahora la situacion del Sur pintada por un republicano:“Cinco, diez ó veinte negros han sido muertos, y á veces tambien algun blanco segun se nos dice diariamente; pero cada anuncio de un hecho de este género, es seguido de la mentira de estampilla de que los negros han comenzado el ataque ó los blancos se han limitado á defenderse. Los negros, pobres ignorantes, casi desarmados ó sabiendo apénas servirse de sus armas, son representados como precipitándose sobre sus adversarios, bien armados, ejercitados é intrépidos, haciéndose matar con el único objeto de preparar un pequeño suplemento de capital político á sus amigos del Norte.Los asesinatos cometidos de diez negros en Hamburgo, con las particularidades de una atrocidad extraordinaria, no son sino el prólogo de la campaña en favor de Tilden en aquel Estado.Ese es el principio de la obra de intimidacion. Bajo un pretexto fútil y escandaloso, como trescientos hombres blancos invaden aquella pequeña aldea habitada por gente de color, y ejecutan allí sus asesinatos, lanzan á los bosques á las mujeres y á los niños, y saquean sus infelices habitaciones.”—No se apure vd., decia yo al entusiasta mexicano que me hablaba de estos pormenores: si le cogemos la embocadura al sufragio, como estos caribes, armaremos cada zambra de perecernos de risa.... No se puede decir que estemos del todo atrasados...................................—No, no es para dar idea, á galope, de la situacion de los partidos en los Estados-Unidos, y mucho ménos despues de la guerra. Cuando vd. profundice sus estudios, verá que en la vida privada, el americano es inteligente, racional y modesto; pero en cuanto se trata de la cosa pública, nada conoce vd. de más fátuo, de más pretensioso é intolerante.Se elogia su sentido práctico, porque todo lo quiere reducir á la mecánica y al número; el derecho, la economía política, la diplomacia, todo se subordina á la conveniencia del momento, aunque esto les produzca terribles desengaños.En la guerra pasada se ha perdido un millon de hombres, se han gastado catorce mil millones de pesos; pero la emision del papel aumentaba el negocio, y se decia que casi era un bien la guerra.Pero las quiebras se sucedieron, huyeron los capitales espantados, y en el fondo de la reorganizacion, quedan vivos los gérmenes de lucha entre el Este y el Sur.No puede ser de otra manera: la masa del pueblo trabaja y se entrega á sus negocios; cosa de trescientos milpolitiquerostienen á su cargo, ó mejor dicho, profesan como industriala cosa pública: éstos están divididos en republicanos y demócratas, partidos irreconciliables, porque no caben en una propia especulacion: la lid se entabla; el partido vencido sigue explotando en corta escala á sus adeptos; el vencedor se apodera de los destinos públicos, y anda la anderga.Vea vd. cómo pinta Molinari á los partidarios de Tilden, con motivo de la convencion de San Luis. Se habla del partido demócrata:“Allí se encuentra, dice, el viejo propietario de esclavos, con el corazon henchido de amargos recuerdos, convencido de que la emancipacion era el robo, y de quien la única esperanza es la indemnizacion que puede arrancarse al gobierno.“Allí se encuentra el viejo agitadorseparatistaque precipitó á los Estados á la rebelion y redactó las actas de sesecion. Allí están los oficiales y soldados que hicieron flotar la bandera confederada sobre campos de batalla teñidos de sangre de sus compatriotas, y que se vanagloriaban de sus expediciones como títulos legítimos para los honores y los empleos. Allí están los nombres del congreso rebelde de Richmond, que debatieron á puerta cerrada la cuestion de la bandera negra....”—No, decia mi amigo, la cuestion en muchos puntos está intacta ahora como ántes; es preciso armonizar por medio de la libertad intereses que aun están encontrados. Hoy puede decirse á Hayes como se decia á Grant:“Los productos que alimentan las manufacturas del Norte y sostienen las relaciones con el extranjero, se recolectan en el Sur; el Oeste cuenta con los mercados de la Luisiana, de la Florida y de la Carolina, para la salida de sus cereales,en cambio de lo que recibe azúcar y tejidos. De esos intereses comerciales depende todavía la conservacion y tranquilidad de la Union.”Durante la travesía en que me ocupo, se hablaba de la série de batallas conocida en la última guerra con el nombre de la “Campaña del Mississippí,” y se repetian nombres que, aunque nos eran familiares, oiamos figurar con cierto carácter de novedad.Lincoln, Farragust, Rosecrans, venian á nuestro encuentro como viejos conocidos.Yo aproveché aquella ocasion para hacer algunas apuntaciones acerca de esos personajes, que tambien cobraron nuestro conocimiento en los dias de la intervencion francesa.Hé aquí algunas de mis apuntaciones:“Lincoln nació en 12 de Febrero de 1809, de unos padres tan oscuros, que Tomás Lincoln, que le dió el sér, apénas sabia firmar.A los siete años, y ya frecuentando la escuela Abraham, el padre abandonó el Kentuky y se trasladó al condado de Spencer, en Indiana, donde se dedicó al cultivo de la tierra, de suerte que hasta los veintidos ó veintitres años, no dejó la azada de la mano.Hasta 1830, Lincoln no era otra cosa que un buen peon de campo.Honradísimo, robusto, constante en el trabajo Abraham Lincoln, la única aventura que interrumpió la tranquilidad de su vida, fué un encuentro con siete negros que quisieron asaltarlo en compañía de un amigo suyo, yendo á Orleans, y en que el intrépido labriego del Kentuky salió victorioso.En 1830, emigró de nuevo Abraham con su padre al Illinois, dirigiendo él mismo las carretas que conducian á su familia.En la nueva residencia, se distinguió Lincoln como leñador, manejando el hacha con más destreza que la hoz y el azadon.En 1831, un tal Denton Offat, que traficaba con Nueva-Orleans, le propuso una expedicion, unido á dos de sus amigos; para ello fué preciso construir una barca: dedicáronse al trabajo Lincoln y sus amigos con la remuneracion de doce pesos diarios, y se efectuó la expedicion.Al volver Lincoln de su viaje, se encontró con que su padre se habia mudado al condado de Coles, á la orilla del rio Sangamon.En aquel lugar quiso continuar Abraham su educacion: comenzó por procurarse una gramática inglesa, y no habiéndola, hizo un viaje de ocho millas para ir á copiar el libro requerido, que aprendió en un mes, con sorprendente tenacidad.El presidente Jackson nombró por este tiempo á Lincoln administrador de correos de la Nueva Salem. Sin duda el nombramiento de Lincoln se debió á lo muy despoblado de aquellos lugares. Lincoln, sin embargo del cortísimo sueldo de administrador, recorria aquellos lugares, dando pábulo á la inclinacion que tenia á los debates políticos.Ascendió Lincoln á escribiente de los almacenes de Offat, y de ahí nacieron sus relaciones con Douglas.En 1834, fué elegido representante de la legislatura, y en 1836, fué reelecto.En 1834, le aconsejó Juan D. Stuart que estudiase leyes;le facilitó libros, otros amigos influyentes le favorecieron y se hizo al fin abogado.Acreditado su bufete más de lo que él mismo esperaba, se trasladó á Sprierfield, se unió primero á Stuart y despues al juez Longan.En la campaña de 1844, Lincoln fué de los más celosos é infatigables partidarios de loswhigs, se opuso enérgicamente á la anexion de Tejas y compartió la derrota del famoso orador Enrique Clay, derrota que debia precipitar la guerra con México.En 1846, se le eligió para tomar asiento en el congreso general, siendo el únicowhigque ganó la votacion.Cuando se verificó la eleccion presidencial en 1848, Lincoln apoyó la candidatura de Taylor, pronunciando en su favor elocuentísimos discursos.En 1849, se retiró Lincoln del congreso para dedicarse á su profesion, y reapareció en 1852 en la escena política, propalando la presidencia de Scott.En la convencion nacional republicana de 1856, Lincoln obtuvo ciento dos votos para el cargo de vice-presidente, si bien no alcanzó entónces la victoria, y en 1858 se le proclamó como el primer campeon del partido.En 1860, la convencion republicana formada en Chicago dió todos sus votos á Lincoln para la presidencia, y en 1861, el 13 de Febrero, fué proclamado presidente de los Estados-Unidos.Estéban Douglas fué de los más ardientes partidarios de Lincoln. En uno de sus más notables discursos decia:“Hace veinticinco años que conozco á Lincoln, nos tratamos los dos, siendo muy pobres ambos; yo era maestro deescuela, él tenia una tiendecita cualquiera en Nueva Salem; era él más afortunado que yo, y tuve lugar de admirar su perseverancia, su honradez sin tacha, su inteligencia y sus buenos sentimientos.”Morris, al mismo tiempo, emitia conceptos respecto de Lincoln, en que se le representaba como una medianía en el foro y en la tribuna. Decia Morris tambien:“Cuando se comunicó á Lincoln que la convencion republicana de Chicago le habia elegido presidente de la Union, estaba jugando un partido de pelota con los muchachos, y no dejó el juego. Elegidle, anunciad despues que ha desembarcado algun enemigo en nuestras costas ó que algunos Estados se niegan á reconocer al gobierno general, y es muy probable que vaya á terminar alguna partida empezada, ántes de averiguar si el hecho es cierto.”Estos eran los juicios sobre Lincoln en los momentos de su eleccion; el triunfo de Lincoln determinó la separacion de la Carolina, siguiendo su ejemplo Virginia, Georgia, Carolina del Norte, Luisiana, Alabama, Florida, Tennessee, Kentucky, Missouri, Tejas, Mississippí y Arkansas. Al advenimiento de Lincoln al poder, tronaba la guerra civil y estaba destrozada la Union.Durante cuatro años, se sucedieron los combates: las masas de hombres que se chocaron ensangrentando el suelo americano, oscurecen todo lo conocido en los tiempos antiguos y modernos.El tercer año de la guerra fué inaugurado por Lincoln con la proclama de emancipacion, fecha 1.º de Enero de 1863. En 1864, el Norte contaba con más de un millon de hombres á su servicio.La Guerra, que hasta entónces le habia sido adversa, comenzó á sonreirle, y conquistando palmo á palmo un terreno que se podia calcular en extension como la mitad de la Europa, penetró al interior del Sur, y encerró, por decirlo así, en la fortificacion de Richmond, al general Lee, que ántes habia sido el terror de Pensylvania, miéntras los formidables monitores en el mar, se apoderaban, despues de sangrientas luchas, de todos los fuertes sublevados.El Norte entero, como un solo hombre, secundaba las miras de Lincoln; abrió la mano con liberalidad inaudita para toda clase de recursos, contándose por millones diarios. Se escucharon rumores de paz, pero las primeras proposiciones fueron inadmisibles.Lincoln se habia trasladado á Haptom para facilitar las negociaciones, y al fin, el 9 de Abril, las fuerzas del general Lee se rindieron al general Grant en Appomata Court House, despues de una honrosa capitulacion.La guerra habia durado cuatro años, dia por dia.Con el fin de celebrar tan fausto suceso, los habitantes de la capital se reunieron al frente de la Casa Blanca, y Lincoln les dirigió una arenga llena de moderacion y compostura, evitando toda alusion que pudiese herir susceptibilidades.Tres dias despues, aunque era el aniversario del bombardeo del fuerte Sumter, se evitó todo recuerdo; pero en la noche asistió Lincoln al teatro con su familia.Poco despues, dice uno de sus biógrafos, de terminado el tercer acto del drama que se representaba, y á eso de las nueve de la noche, la detonacion de una pistola hacia estremecer al público, y el presidente Lincoln, que se hallabaapoyado en el antepecho del palco, caia herido mortalmente por la bala que le disparó el asesino John Wilkes Booth, jefe de una partida de conspiradores.El presidente recibió la herida en la parte inferior de la cabeza, yendo la bala á sepultarse en el cerebro, y quedando el herido insensible hasta su muerte, que fué á las siete y veinte minutos del 18 de Abril.”Al amanecer del siguiente dia, esto es, del 12 de Marzo, con un cielo espléndido como si se hubiera corrido una cortina, como si se presentase á nuestros ojos deslumbrados el cambio de una decoracion teatral, gozábamos las delicias de un clima templado, y como que nos sorprendia la vegetacion de nuestro país.Corria el tren entre quiebras y cañadas á los dos lados del camino; dilatadísimos bosques ofrecian á los ojos sus sombras, sus hilos de agua pura cayendo de las rocas, y sus claros en que ya distinguiamos habitaciones risueñas rodeadas de ganados, ya chozas medio destruidas con los rastros del incendio, la tablazon floja y como flotante, y cenizas y desolacion por todas partes.A veces de entre esas chozas arruinadas salian, colocadas en fila para ver pasar el tren, familias de negros; los niños casi desnudos; las mujeres como arpías, con el seno desnudo y los lanudos montones de cabellos en desórden, y negros consorbetesdesgobernados y rotos, restos de harapos de paño y unas botas incomprensibles, indescribibles, que eran el cataclismo del calzado sobre el pié desnudo.No es posible describir el efecto que me producian aquellos lugares, algunos de ellos semejantes á nuestras Huastecas. ¡Cómo revivian en mi mente mis impresiones de niño,cuando leyendo á Chateaubriand, me encantaba con aquellos cuadros en donde parece que vibra su voz y se desliza su poderoso espíritu!Atravesando esos pintorescos rios nos detuvimos algunas horas en Mobila.Mobila, como dice Molinari, es el gran puerto de embarque del algodon del Alabama y de una parte de la Georgia. En ninguna parte se han hecho más sensibles los estragos que agobiaron á aquella rica y fecunda region del Sur.Las más hermosas habitaciones se destruyeron ó vendieron á vil precio.Mobila exportaba ántes de la guerra 900,000 balas de algodon por año: la exportacion, hoy, ha disminuido en más de una mitad.Al ver las calles de Mobila, involuntariamente se exclama:“¿Por qué se ha convertido en desierto la ciudad llena de gente?”Mis compañeros se quedaron descansando en uno de los hoteles; yo me salí á la ventura á recorrer aquella ciudad, que hace esfuerzos titánicos por reconquistar su antiguo esplendor.En unbar-room, de la manera más inesperada, me hallé un mexicano jóven, aventajadísimo estudiante de medicina, que, como por adivinacion, se dirigió á mí, me tendió la mano del modo más oportuno, y á las cuatro palabras éramos amigos.El jóven Z*** es natural del Saltillo; su vestir es elegante y su educacion me pareció sobresaliente.Hacia alarde del habla, de las maneras y de las costumbres de la gente bien educada de la frontera. Apénas hablamos,cuando le invité á que diéramos una vuelta, porque solo cinco horas teniamos disponibles.Tomó á pechos el chico su mision, y echamos á andar.A nuestro regreso al hotel, me ayudó á compaginar las siguientes apuntaciones.Mobila está situado en la parte occidental del rio de su nombre, casi á la entrada de la bahía y á treinta millas del Golfo de México.La ciudad está como guarecida entre frondosos árboles, como si temiera el arenal que la rodea, y la limitan colinas de poca elevacion.Tiene grande regularidad la ciudad, por supuesto forjada con el molde americano; el piso es excelente y llaman sobre todo la atencion en el centro las sombrías arboledas y el profuso follaje de los robles, entre cuyas ramas medio aparecen, medio se ocultan los edificios, dando aspecto muy agradable al conjunto.Dominan la reducida, pero risueña bahía, el fuerte Morgan, antiguamente Bowyer, Mobila, Point y el fuerte Gaine: en la extremidad de la isla del Delfin, descuella sobre todas esas eminencias un faro cuya linterna está elevada á cincuenta y cinco piés sobre el nivel del mar.En la direccion de la bahía se distinguen restos de las baterías construidas durante la guerra, que destruyeron los vencedores.Gran número de buques de vela navegan entre Mobila y Nueva-Orleans, y cruzan en el interior el Alabama, el Tombigbe y otros rios, lo que da á la bahía y á las orillas de los rios grande animacion.Mobila fué el sitio original de la colonizacion francesa, ylos que conocen las costumbres de sus habitantes, hacen grandes elogios de su cultura, costumbres y maneras simpáticas con nuestra raza. La fundacion, en el comun sentir, se verificó en 1703.En 1723, la residencia del gobierno colonial se trasportó á Nueva-Orleans. En 1763, Mobila, con toda la parte de la Luisiana, al Este del Mississippí y al Norte de Bayon, Iberville y los lagos Maurepas y Pontchartrain, pasaron á la posesion de la Gran Bretaña. En 1780, la Inglaterra devolvió á España este territorio, y aquel gobierno, en 1813, entregó la ciudad, que no contenia ni mil personas, á los Estados-Unidos, por el tratado de 1819.Mobila en la última guerra, se hizo notable por su poderosa resistencia al Norte, tanto que no se rindió sino tres dias despues de la rendicion de Lee (12 de Abril de 1865).Cuando en 1864, las tropas del general Farragust destrozaron los fuertes y cerraron el puerto, no lograron apoderarse de la ciudad.Además del comercio del algodon, de cuya extension hemos dado idea, tiene importancia la manufactura de muebles, carruajes, papel, fundiciones, maquinaria, etc.La calle del Gobierno es de las más hermosas, los jardines de las casas que se perciben bajo los robles pomposos que sombrean la calle, hacen hermosísima la vista.Bienville park, entre las calles del Delfin y San Francisco, es tambien muy hermoso, y ya se notarán en los nombres las invasiones de la raza americana entre franceses y españoles, y ya se deja entender cuáles serán los matices que tal mezcla produzca en lo más íntimo de las costumbres.La aduana, en que se encuentra la oficina de correos, es de los más hermosos edificios; está hecha toda de granito y tuvo de costo 250,000 pesos.El Teatro y la Casa del Mercado, están en la Calle Real.Dos edificios llamaron, en mi rápido tránsito por Mobila, singularmente mi atencion: el edificio de las Compañías impares,Old fellows Hall, que está al frente de la aduana y es de fierro y ladrillo, y el Banco de Mobila, que tienen columnata y pórtico magníficos.Las iglesias más notables son la Catedral de la Inmaculada Concepcion (católica romana); la Iglesia de Cristo y la Trinidad (episcopales).Hay en Mobila suntuosos hospitales, cuatro asilos para huérfanos, un colegio de Medicina á que pertenecia mi simpático fronterizo, muy bien atendido, y multitud de escuelas y academias, entre ellas una escuela hebrea, de mucha fama.Spring Hilles un agradable suburbio situado al Oeste de la ciudad, al cual se va por los wagones de la calle de San Francisco.En la ciudad hay seis líneas de wagones.EnSpring Hillestá situado el colegio de San José, institucion jesuítica: fué fundada en 1832 por el obispo Portier, y tiene un hermoso edificio de 375 piés de largo, coronado por una torre desde la cual se disfrutan vistas deliciosas.El colegio contiene una librería de 8,000 volúmenes, y una muy valiosa coleccion de aparatos científicos. En la espalda del edificio hay una magnífica estatua de la Vírgen, llevada de Francia.A lo largo de la bahía, en una extension de más de dosleguas, se prolonga una magnífica calzada, que puede considerarse como el mejor paseo de la ciudad.Acababa mis apuntaciones con mi jóven amigo el Sr. Zartuche, le abrazaba, me escribia en un papel algunas palabras afectuosas para su hermano Andrés, que reside en México, cuando tocó la puerta Francisco, que venia á decirme que iba á sonar la hora de partir.Estábamos á 144 millas de Orleans, é íbamos á ver el Golfo de México, algo de México, por Dios, que yo estaba sudandowiskeyhacia tres dias, y á recorrer el camino de fierro más sorprendente de los Estados-Unidos.Como suena la palabra, es un camino construido sobre un pantano lleno de resumideros y hundiciones; vamos, era como un esfuerzo de patinar sobre una tortilla de huevos.Lo diré francamente: yo no estoy organizado para ninguna clase de maromas; pero mucho ménos para estas; no las soporto, no hay una cosa que más me encocore, que esos fanfarrones del mar, que dicen que á ellos se les marean los dientes cuando se anuncia una tormenta, ó esos soldaditos de tres al cuarto que se jactan de dormir en el suelo y beberse una botella de aguarrás, porque son hombres.El camino es un equilibrio perpétuo; se ven los delgados troncos de los pinos como balaustradas y crujías en que salta y se juega la luz, se extienden en soberbios cortinajes enredaderas que flotan rotas por los vientos; y por los claros de aquella crujía de los árboles tupidos, se ven casitas blancas, vegas risueñas en que juegan los niños, ó que atraviesan los carros tirados por caballos, y grupos de hombres blancos y negros, dedicados á unas mismas labores.Hay en el trayecto muchas estaciones de nombres franceses:Rigollets, Cheft, Menteur, Michaud, Gentilly, y nombres indios como Pascagoula y Biloxi: esta última estacion está habitada por gascones á quienes se conoce al vuelo.Vayan vdes. á ver una puerilidad singular: aquel coqueteo de las selvas con el Golfo de México, visto por interrupciones como envuelto en un manto de púrpura y oro, me tenia realmente regocijado; pero con un verdadero fandango en las entrañas, me saludaban los árboles, me decian chicoleos las aves, me parecia que tenia el cielo sombrero ancho y que la estrella de la tarde se habia terciado un rebozo para hacerme una muequilla, como cualquiera maldita de estas de los barrios de México.La tarde caia como para restituirme á la realidad: la sombra descendia lentamente como un párpado que priva al ojo eternamente de la luz.No cantaban las aves, el viento parece que llegaba fatigado y recogia sus alas sobre las ramas de los árboles.Hondo silencio reinaba en el interior de nuestro coche; yo, en la plataforma, veia sin ver, me mantenia sin conciencia de la vida, en esa disposicion del espíritu, entre el ensueño y el éxtasis: mi alma no estaba en mí, se paseaba libre en esos espacios que nos deja el olvido.Repentinamente me pareció que atravesábamos por dentro un mar de llamas; era, en efecto, el resplandor vivísimo de un incendio reverberando en las aguas.Incendiaban aquellos, como nuestros labradores, el pasto seco; pero la llama caprichosa, ya se recogia como encharcándose entre los árboles, ya se extendia en agitados lagos en los claros sin árboles, ya trepaba á lo más alto de una colina, convirtiéndola en edificio maravilloso y fantástico, y ya, descendiendo en corrientes, perfilaba los bordes de las aguas y culebreaba en direcciones distintas.

Por todas partes se agolpaba la gente, hablando de negocios,leyendo periódicos, y en perpétuo movimiento, á todos los departamentos del hotel.Sobre la escalera soberbia de mármol, se arrancaba, sobre pilares colocados circularmente, la cúpula del edificio, alta y grandiosa, ceñida de trecho en trecho por anchos corredores que conducian á suntuosos salones, de los que cada uno era lugar de tertulia en que se tocaba, se cantaba y las hermosas hacian ostentacion de sus gracias. Las paredes eran espejos, el suelo alfombras, y en los aires, la claridad del gas no permitia el recuerdo del sol.Despues de instalados varios compañeros, fuimos presentados á M. Ca-hill, redactor de un periódico en español, titulado:El Comercio del Valle, quien tiene noticias bastante exactas sobre el tráfico de México, y sostiene con calor y copia de datos, las ventajas de la estrechez de relaciones mercantiles.Pequeño de cuerpo, de ojos vivos, de fácil palabra, aunque con dejo inglés, M. Ca-hill era un preciosocicerone.Nos dijo que tocando San Luis en el golfo de México, nuestra República está llamada á estrechar sus vínculos con esta parte de la Union, fundando una ventajosa reciprocidad.San Luis, decia M. Ca-hill, en rigorosa exactitud geográfica, está situado casi en el centro del gran valle de Mississippí, y participa de las ventajas de suelo tan fértil y de punto de comunicacion tan poderoso.La ciudad está delineada con toda regularidad, y como vd. sabe, contiene medio millon de habitantes. Por lo general, las calles, partiendo de la orilla del rio, corren al Occidente. Los edificios más notables son de fierro, piedra y ladrillo.—Es lástima, dijo un compañero de M. Ca-hill que solo permanezcan vdes. aquí unas cuantas horas, en cuyo tiempo no pueden formarse idea de nuestra sociedad.Esta sociedad, que tuvo nacimiento de la Luisiana, mejor dicho, que en calidad de cesion de ella, se hizo la concesion cuando todavía era Colonia Francesa, en 1762, á Liguest Laclede y á sus socios, conserva algunos tintes de su orígen. En el fondo de sus costumbres, hay algo del pulimento de la raza latina, se tiene en mucho la sociedad culta, las artes merecen atencion y encuentra analogías la raza de vdes., que no encontraria en el Norte.El acrecimiento de la ciudad en poco más de cien años de fundada, ha sido estupendo. Vea vd. solo en poco más de cincuenta años:En 1811tenia1,400habitantes.En 1850”74,439”En 1860”160,773”En 1870”310,864”En 1875”490,000”Los ramos principales de comercio, son: algodon, plomo de las minas del Missouri, heno, sal, lana, maderas de construccion, tabaco y especias y granos.En 1874, la importacion del grano ascendió á 30.674,504 fanegas, y la exportacion á 24.417,411.San Luis es la primera ciudad de la Union en la elaboracion de harina. En 1874 habia 24 molinos en actividad, los cuales producian 1.573,202 barriles.No obstante desarrollo tan prodigioso en la agricultura, se calculan 40,850 hombres dedicados á las manufacturas,y la riqueza que representan se valúa en 240.000,000 de pesos.Miéntras disertaban muy sérios los señores formales en la sobremesa de la fonda, otros amigos, en un santiamen, habian contraido relaciones y las calentaban con sabrosos ponches en elrestaurant frances, comunicado con el hotel.Contaba uno lo familiar que es aquí á los americanos el idioma de Racine, y apoyaba su aserto en varias anécdotas.En una botica, por cierto muy próxima, cuyo propietario es cubano, charlaba un compatriota de la brusquedad de los yankees y de la antipatía de las razas.Un yankee se presentó pidiendo una bebida: el imprudente cubano seguia su charla, y por vía de paréntesis, dijo al boticario; “Oh! si estos son unos béstias.... póngale vd. á ese unas gotitas de estrignina en ese brebaje, á ver si revienta.” Eso lo decia en broma, por supuesto.El yankee no se dió por entendido de la conversacion.Confeccionáronle su bebida, tomóla el yankee, pagó, y al salir, con mucha amabilidad dijo al cubano en correcto español:—Dígame vd., caballero: ¿cuál es la causa de que desee vd. que yo reviente?El cubano quedó estático, respondiendo confuso y aturdido:—Yo he dicho al señor “revente,” es decir, que vuelva á venir conmigo, para que demos un paseo....Elyankeese retiró riendo á carcajadas.La conversacion continuó animada, hasta que nos retiramos á nuestros cuartos, deseosos de aprovechar el siguiente dia para dar un paseo por San Luis.Yo dormí mal, porqué me tocó un alojamiento en el quinto cielo, y la preocupacion de los incendios se apodera de tal modo de la imaginacion, que constituye un verdadero tormento: presentir convertido el local que nos abriga en inmensa hoguera; verse rodeado de abismos; escuchar el desplome de los techos; oir los alaridos de las víctimas.... todo eso me espantaba, considerándome como condenado á muerte.Un francecillo muy simpático, llamado Arture, que me habia conocido en México, estaba en mi cuarto á las auroras de Dios, invitándome á pasear.Arture es el hombre de sociedad por excelencia; sabe un poco de todo y se amolda á todas las situaciones y á todos los caractéres; tira la pistola, canta, diserta sobre ciencias y artes con buen sentido, conoce á las notabilidades de Europa y América; galante con las damas, audaz con aventureros, marinos y soldados, circunspecto con hombres de respeto, y alegre, servicial y campechano con todo el mundo. Era otro Mr. Gland en tafilete frances.—Ha venido vd. al mejor hotel, me decia, y esto que en la ciudad los hay magníficos.Lindell-Hotel, sin ir más léjos, compite con este; tiene seis pisos, es de piedra arenisco, costó 800,000 pesos. Está aquí cerca, en la avenida de Washington.Plander’s-Hotel,Hotel-Barnim-Lacled, y hasta elGran-Central, que cuesta un peso diario, son establecimientos que no desdeñarian las mejores capitales de Europa.—Planamericano por supuesto, observé yo aludiendo á las comidas.—Hay de todo: ya ha visto vd. anoche una excelente fonda francesa.—Excelente, Arture: yo sentí no cenar, porque todo me pareció muy bien.—Por ese estilo es la fonda Sincler y C.ª, de Olive-Street, Garner, Cafferitta, Garmi-Restaurant,Nicholas-Cantine, y otras muchas, la mayor parte al estilo frances.Miéntras hablaba Arture, yo me vestia á toda prisa y hablaba á Lancaster, que estaba en un cuarto contiguo, para que hiciese lo mismo.Alfonso, como lo tenia de costumbre, en cuanto llegó, y en el propio hotel, se habia provisto de guías, de mapas y de lo necesario para sus sesudos estudios, dedicándose á ellos en las noches y al levantarse.—Vamos A***, aprovechemos la bondad de nuestrocicerone: quiere que primero recorramos algunas calles, visitemos algunos edificios, y desea que concurramos en la tarde á un concierto que dan unas señoritas, para el fomento de una Biblioteca.—¿De qué te ocupabas tú? dije á Alfonso.—Me ocupaba, me dijo, del estudio de este comercio en sus relaciones con el nuestro. Estos Estados brindan mil facilidades, así como Orleans, por muchos motivos que explaya perfectamente el periódico en español que nos facilitaron anoche.—Pero en estas relaciones mercantiles, en su modo espontáneo, y con total independencia de los gobiernos, es en donde yo creo ver, dije, elquidde nuestras difíciles cuestiones de los Estados-Unidos, y á ello dirijo yo mi mira: el acrecimiento prodigioso de la Union Americana presenta estos sorprendentes resultados. La creciente preponderancia del Oeste que es entidad autonómica, tan independientedel Norte como del Sur, formando espontáneos vínculos, convierte en privativos sus intereses y debilita la influencia del gobierno central.Este acrecimiento tendrá por fuerza su representacion en el congreso, y al punto que esa representacion se aumente, la lucha tiene de iniciarse y poner en peligro las conveniencias del Norte.La adquisicion de tierra, el fomento de las ideas de conquista, la intervencion por la fuerza, en mi juicio no las intentará el Norte; pero no puede ser indiferente á la marcha de México ni á sus tendencias á la libertad mercantil; así, no le queda más recurso que influir en sus negocios, sea por medio de tratados, sea considerando á México como colonia ó brindándole con un protectorado; pero esto mismo ofrece graves dificultades. El ideal de la gente ambiciosa del Norte, es hacer de México la India de los Estados-Unidos.—Señores.... el tiempo vuela, dijo nuestrocicerone. Veamos aunque sea algunas calles y volvamos por los compañeros. Si pudieran vdes. detenerse siquiera un dia, tendria el gusto de presentarlos al Club Germania ó al de la Universidad, centros en que se reune lo más selecto de la sociedad de San Luis.Para que vdes. se formen muy somera idea del movimiento de San Luis, iriamos á los depósitos de los ferrocarriles: el de San Luis y Kansas; el del Atlántico, Pacífico, Kansas, Tejas y el Gran Depósito de la Union, en que parece que el mundo entero se da cita para activar el tráfico.Por lo demás, las ciudades de los Estados-Unidos se parecen como gotas de agua: dilatadas arboledas, anchas plazas, generalidad de edificios hechos como con panes de jabon,techos de caballete, largas chimeneas, coches, carretones, carros y carritos por todas partes.Vacilábamos sobre el rumbo que tomariamos á la puerta del hotel, cuando burla, burlando, no obstante el pésimo dia, salian nuestros compañeros á ver la Lonja del Comercio, y nos antellevaron, como se dice por nuestra tierra.Yo me dejé conducir por M. G. A. Hayward, cumplido caballero á quien merecí especiales atenciones, y quien me encantó por la mezcla de sabiduría y buen humor de su conversacion: á mí los sabios adustos.... me cargan, no los puedo tolerar.Fuimos á la Lonja de Comercio, que es un edificio como una catedral: soberbio pórtico con robustas columnas, amplios corredores con ventanas rasgadas y lujosos departamentos, y en el templo, un salon como una iglesia, de forma elíptica, lo ménos de ochenta varas de extension.El centro del salon está despejado para el tráfico, y hay gente que va y viene como en una gran plaza.En una de las cabeceras y en los costados, hay extensas mesas que corresponden á los diferentes bancos; al pié del salon se ven como aparadores con toda clase de semillas y artículos de comercio, como un depósito inmenso de muestras, al cuidado de corredores y agentes mercantiles.La techumbre es una alta y extensa cúpula con una cornisa saliente en su arranque, que le forma cintura, y la guarnece una amplia balconería, desde donde asiste el público á aquel espectáculo lleno de ruido, de movimiento febril y de cierta alegría, de que no es fácil dar idea.No es fácil describir, en efecto, aquellas caras rubicundas, con sus dentaduras blancas y su piel restirada; aquellas inmensasbotas de suelas de á dos dedos de grueso; aquellos hombres intrusos, de camisetas encarnadas, y aquellos flacos escurridizos que parece que llevan una locomotora en cada corva.Este gentío, que es inmenso, se agrupa en el centro del salon, corre, alterca, disputa, improvisa remates, transa, y sale y entra, como si se tratase de apagar un incendio.Adviértase que este tragin se verificaba estando las calles inandables de lodo y de nieve, entrando algunos empapados con la lluvia, con sus pantalones remangados hasta la mitad de las botas, ó hundidos en la parte superior de ellas.A medio dia el salon se despeja, se establece silencio profundo y se hacen las operaciones deClearing-House, ó sea casa de liquidaciones, ó como si dijéramos, traduciendo la palabrita enlépero, (aclarar paradas).Como se sabe, cada banco emite sus billetes que fungen como dinero: de esos papelitos hemos visto en México y sabemos cómo se manejan.Pues bien, con los tales papelitos, éstos y aquellos han hecho sus compras. A tal hora, cada banquero recoge sus billetes y da en cambio los de los otros bancos, quedando cada quien con lo suyo. Así se hacen cambios y negocios por millones, sin necesidad de que ande el dinero de aquí para allá, y en un abrir y cerrar de ojos. Toma tus billetes, dáme los mios, y tan amigos como siempre....El crédito, el crédito es una gran cosa; pero no estamos para sermones.Nosotros habiamos asistido al espectáculo descrito al principio, desde la balconería superior.Salimos de allí y nos condujeron á la parte superior deledificio, desde donde se distinguia la opulentísima ciudad, las llanuras que la circundan cuajadas de vistosas sementeras, y ese mar subordinado y grandioso que tiene por nombre “El Padre de las Aguas,” y que lleva en su seno ciudades de embarcaciones, que hacen marchar sobre la corriente, sementeras, ganados, bosques y montañas.M. Hayward me decia, satisfecho de mi sincera admiracion:—Oh! es un dolor que vd. no vea el puente para que vd. se forme idea de ese puente: le referiré, poco más ó menos, lo que dice de él un ilustre viajero frances (Simonin), á quien tal vez habrá vd. leido.El largo del rio, dice, en aquel punto es de quinientos metros, el lecho es profundísimo, la corriente cambiante, y movibles los bancos de arena de las orillas.Fué necesario para establecer el cimiento del puente descender hasta la roca sólida que está situada á treinta metros bajo el nivel medio de las aguas. Cuando se proyectó al principio este trabajo, se juzgó imposible.Se llegó á la roca por medio de cestos y cajones en que descendian los obreros, proveyéndoseles de aire desde sobre las aguas. Así se quitaron por medio de bombas de vapor las arenas y se evitaron las infiltraciones que pasaban, á pesar de la presion de muchas atmósferas mantenidas en el aparato.De esta manera se empezaron á construir los cimientos, venciendo, con esfuerzo hercúleo, obstáculos inmensos.Despues se elevaron los pilares, ó mejor dicho, las torres en que descansa el puente. Estos pilares, en número de cuatro, son de granito y parecen construidos para la eternidad: dos á los extremos y dos en el centro del rio.Los arcos que se apoyan sobre estas torres están formadosde enormes tubos de acero, abiertos en el interior, y empalmados de dos en dos. Los dos arcos exteriores tienen de luz 150 metros, el del medio 158, tanto y medio de la distancia del Sena á Paris.La altura del arco principal, sobre el nivel de las aguas, y midiendo desde la clave, es de cerca de cuarenta varas, de tal manera, que los más grandes buques de vapor pueden pasar por debajo, inclinando sus chimeneas, lo que ejecutan fácilmente por medio de una palanca.Así correspondió esta obra grandiosa á la obligacion que se impuso á los ingenieros de que no estorbasen la navegacion del rio.El puente tiene dos corredores ó tránsitos, uno superior para la gente, los caballos y los coches, y uno inferior para el tránsito de los trenes de los ferrocarriles. Estos entran en la ciudad por un túnel abierto donde termina el puente. Catorce líneas férreas tocan en el puente monumental. El corredor ó tránsito superior tiene bastante espacio para que se haya formado en él un paseo público.En el pilar central del puente se fabricó una plataforma, en que se reune por las noches la música militar.Desde aquel sitio se disfruta la vista de un panorama magnífico: el rio cuajado de embarcaciones, las fértiles llanuras del Illinois á corta distancia, y en el fondo, hasta el horizonte, se percibe, se ve, un bordado de alegres sementeras, cortado de Norte á Sur por una ancha faja de plata, con ligeras sinuosidades, que parece una mansa corriente, y que conduce á la mar, como dice Simonin, una de las más grandes masas líquidas que corren sobre el globo.Descendimos de la Lonja y nos dirigimos á la oficina deapagar incendios. Allí nos recibió un caballero chaparro, de una fisonomía alegre como una sonaja, de dentadura blanquísima y de unas mejillas escarlatas que reventaban de gordura.Reia de todo, nos apretaba las manos hasta hacernos desesperar, iba, venia, y se manifestaba, no con intimidad, sino casi con parentesco, con sus caballos.La oficina tiene el mismo ó mayor esplendor que en San Francisco, con la diferencia de que cada caballo es un prodigio de hermosura, y que haria una buena compra quien consiguiese cada uno en mil quinientos pesos.Elciceroneescarlata de que acabo de hacer mencion, afable, obsequioso, semibrusco, pero atento y franco, es un personaje popularísimo en la ciudad entera, por su nobleza y generosidad.No solo enseñó á mis compañeros todas las oficinas, sino que ofreció hacer, como lo hizo en la tarde, un simulacro de apagar un incendio en nuestro propio hotel, para que viésemos funcionar las máquinas.El escarlata y yo fuimos los hombres más amigos del mundo, y apuramos sendos vasos de cerveza en el breve espacio de nuestro conocimiento.Miéntras descansaba el Sr. Iglesias y recibia personas de las más notables de la ciudad que le presentaba el senador y el distinguido periodista que ya conocemos, yo, sacudiendo la albarda de la etiqueta, me lancé á recorrer la animadísima ciudad.Como era mi costumbre, entré en dos ó tres tabaquerias, cierto como estaba de encontrar en alguna de ellas gente de la tierra de María Santísima.En una de ellas, que tenia por muestra la estatua grotesca de un marino patilludo, de piernas abiertas, puro en boca; volteado cuello y sombrerillo con sendos listones, percibí un conjunto que me atrajo, porque trascendia á tierra de cristianos, como manojito de flores.Un viejecillo de sombrero alto á la Pipelet, chupiturco de lienzo rayado y con más arrugas el pantalon tirando á blanco, que carrillos de vieja histérica, estaba repantigado en una butaca, con un párvulo panzudo en camison entre las rodillas; un gato y un perro dormitaban á distancia, desmintiendo aquello de “Como perros y gatos.”Las paredes del estanquillo están tapizadas de anuncios: en el aparador del mostrador hay sus chácharas: bolsitas para tabaco, pipas, fósforos, tijeras para cortar las cabezas de los puros, mecheros, bolsas de budruz y atadillos de papel, para improvisaciones de cigarros.La dama que despachaba en el interior del mostrador es nariguda, rígida, biliosa, con el peineton ladeado, un tápalo como colcha cruzado al pecho, y un purillo entre los labios, que la enseria y masculiniza lo que no es decible.Entré al estanquillo deLa Perla de las Antillaspidiendo cigarros de Cabañas, y soltando cien palabras más, para dar á conocer que era de casa, y al punto, de debajo del mostrador y tras de las vidrieras, asomaron caritas de ángeles de ojazos negros, boquitas de flor de granado y aquellaendenidáde la raza española que me agarabata materialmente.—¡Hola! hola! dijo la señora saliendo del mostrador y fijándose en mí.... Isabela!.... Paquita!.... Tula! (gritando) vengan vdes. acá. ¿Cuál es su gracia de vd.?—Guillermo Prieto, servidor de vd.—Oh! si no lo podrá decir.... ¿lo ven? el mismo empaque, la propia manera de reir.—Veanle vdes..... (á sus hijas).—Vamos, despáchate.... dale un abrazo.—Denos vd. un abrazo.Yo tenia cara de simple; pero tratándose de bonitas, en abrazar no hay engaño.... abracé á las muchachas, á la vieja, al viejo.... y me disponia á seguir con todo el mundo.—No, vd. por fuerza es pariente muy cercano de D. Felipe de la Cueva: si tiene vd. toda su cara.... veanle vdes. ahora que se ríe.... y aquello fué agasajarme y llevarme al interior de la habitacion, en medio del regocijo mayor.... excepto Tulita, á quien se anublaban los ojos y soltaba cada suspiro que me erizaba el cabello.Don Felipe de la Cueva, que debe ser buen chico y á quien en su casa conocen, habia hecho mil favores á aquella excelente familia y era el prometido de Tulita. Yo me encontré con los honores de la fotografía, y no me pesaba.... procuraba adivinar hasta dónde llegaban las confianzas del venturoso D. Felipe con Tulita, para perfeccionar mi asimilacion....—Tula.... ¿ven vdes.? decia, y su propio buen humor; ahí se sentaba, yo aquí....—Debe haber sido más cerca de mi silla.En cinco minutos fuí dueño de la casa.Regalé al viejo D. Pablito un lapicero, á las muchachas unos anillos y mis mancuernas á Tulita, que me hacia probar los placeres de la semejanza.... Yo, que en mi país me parezco á todos los decidores, á todos los padres de hijosde contrabando y á todos los políticos derrotados, gozaba de deliciosas sorpresas....En la casa almorcé y pasé parte de la tarde oyendo tocar la guitarra.De todo me hablaban, todo me consultaban; yo encarecí á Doña Salomé las inmensas ventajas de que se estableciese en México: allí, le decia, nos desayunamos con cajetas de la Habana; por poco que una gente se respete, fuma puro habano; el cigarro habano es de toda gente bien educada, y desde el salon al templo, una danza habanera disipa los pesares y refresca y anima los más adoloridos corazones....Don Pablito me habló de negocios; echó pestes contra los yankees, y cuando vino su hijo Leopoldo del colegio, porfió porque me enseñase la traduccion que estaba haciendo del inglés, porque es un muchacho como el demonio y con un talentazo más lindo que Jesus del Monte.Leopoldo ya tenia sus toques de yankee; su saco holgado, su sombrero de fieltro y su zapato bajo con hebilla de acero.Las muchachas estaban acurrucadas, por mi dicha, al rededor del retrato de D. Felipe....—Vea vd. mi traduccion, me dijo, es un simpleBook notessobre Missouri.—Lee tú, Leopoldo, para que el señor se haga el cargo de tu sindéresis.Y leyó Leopoldo:“El Missouri, desde los tiempos que pueden distinguirse á la luz de la historia, era del dominio de los hombres dePiel Roja, que vivian en aduares y formaban bandas ó tribus errantes sobre el territorio que hoy forma el Estado deaquel nombre. Vivian lospieles rojasde la caza y la pesca. Tenian perros, pero no otros animales domésticos; hablaban diferentes idiomas incultos, y á veces se hacian cruda guerra los unos á los otros.Tal era la condicion de aquellos hombres, cuando el 7 de Julio de 1683, una pequeña banda de europeos y canadienses, procedentes de Quebec y conducida por el fraile Marquete y el comerciante Zohet, llegó con todos á las orillas del Mississippí.Está comprobado que lospieles rojasno hostilizaron á los extranjeros y que los dejaron internarse rio abajo hasta la reunion con el Arkansas, y volver de allí á remontar el rio para ocupar su punto de partida á publicar ante el mundo la admirable descripcion del rio más grande é imponente conocido hasta entónces, ya por el caudal de sus aguas, la extension de su curso, su magnificencia, la majestad de sus tributarios y la riqueza de sus márgenes.En 1688, Lasalle navegó por el Mississippí hasta la desembocadura, sin hallar obstáculo alguno ni resistencia de parte de los indios, y desde entónces hasta hoy, los aborígenas del Missouri han mostrado gran confianza en toda clase de extranjeros.Por la causa enunciada, esta region ha sido siempre de paz, donde no se han sentado jamás las discordias y las guerras, que en otras comarcas de los Estados-Unidos han sembrado por todas partes la ruina y la desolacion.El Missouri ha sido siempre una tierra de asilo. En 1755 fundaron á Santa Genoveva los franceses, atraidos allí por las minas de plomo encontradas en sus inmediaciones. Este fué el primer establecimiento fundado por europeos en elEstado. No hay memoria de que los fundadores compraran tierra alguna á los habitantes primitivos, ni que éstos los viesen como enemigos; aunque es cosa sabida que los indios del Illinois eran reconocidos como los dueños de aquellas tierras por lospieles rojas. Pero en aquellos dias, ni se conocia el nombre de indios, ni se les habian dado leyes algunas para protegerlos, de manera que se les invadian sus tierras impunemente y se les despojaba de ellas para todos los que las codiciaban.La paz de Paris fijó, en 1763, el Mississippí como límite de las posesiones de Francia é Inglaterra. Esto cambió el tráfico y relaciones de los indios con los franceses, continuando aquellos su comercio en las poblaciones de Cahokia y Kaskaskia, hasta que Pedro Laclede trasladó sus almacenes del fuerte Chartres hasta el sitio donde hoy está la ciudad de San Luis.El 15 de Febrero de 1764, un lugar-teniente, el coronel Chouteau, comenzó á trabajar en el lago, cerca del rio, al Sur de donde hoy está la casa del cambio, y ha sido el único mercado en forma que tuvo la ciudad durante sesenta años.Laclede construyó edificios pasajeros para abrigar á sus trabajadores y herramientas, con las abundantes maderas que habia en las márgenes del rio y de que estaba cubierta aquella orilla, bastando para esas construcciones y para el fuego de los vivaques de los nuevos pobladores, durante la rigurosa estacion del invierno. En Marzo volvió allí Pedro Laclede, llevando consigo el plan del nuevo pueblo, que debió llamarse San Luis, en honor de Luis XV, rey de Francia.Lisquet manifestó en la fundacion de la ciudad un gran respeto por la religion y las cosas sagradas. Al lado de la calle del Mercado destinó un lote de más de cien yardas por lado cuadrado, para una iglesia católica y un cementerio que sirviera para su objeto, durante el cual fueron sepultados allí cuantos acompañaron á Pedro Laclede Lisquet.Todos estos restos se conservan en la Catedral y en la Casa del Obispo, que ocupa la mayor parte de la calle del Nogal.Lisquet era un hombre activo y perspicaz; se dedicó á varias empresas, instalado en la que hoy es calle de Main, frente al mercado. Donde hoy se encuentra el Hotel Barnim y otros magníficos, estaba la casa habitacion de Lisquet y sus almacenes.”Miéntras el jóven estudiante nos leia entusiasmado su traduccion, las chicas, primero tímidas, despues ménos consideradas, cuchicheaban y me llamaban la atencion, haciéndome la jóven llorosa, confidente de las penas por la ausencia de mi parecido, á quien en otra edad hubiera querido semejarme en todo y por todo.La bulla era tal, que al lector apénas se escuchaba, quedándole por todo auditorio su amante padre.Mis amigos fueron á buscarme: unos estaban citados para ver fungir las bombas en el simulacro de un incendio figurado en el hotel Southern, y otros debiamos ir al concierto musical cuyos productos deberian ser para una biblioteca particular.Despedíme de la tabaquería, no sin dar las gracias por la generosa acogida á que habia dado lugar mi semejanza con D. Felipe de la Cueva.Mis compañeros se dispusieron á ver el gran simulacro del incendio, yo me dirigí al concierto.Allí ví, como entre nosotros, y no sé con cuántas exageraciones más, aquellos socios ceremoniosos y encendidos por el afan de figurar, que apartan curiosos, conceden gracias, suben de brinquito las escaleras y llevan triunfales de su brazo á las notabilidades artísticas.No faltaban susdonasacatarradas, siempre envidiosas y poniendo peros á sus compañeras, que lo hacen divinamente; no escaseaban esos figurines que ven con el lente, tararean distraidos, y desde la altura de unacromática, apénas nos distinguen á los míseros mortales.Como tengo indicado, á mí me llevó al concierto una persona amabilísima que tenia un amigo, mi acompañante, conocedor de todos los artistas, confidente de todas las poridades de los teatros,dilletantiencarnizado, que sabe todos los motivos, impone silencio en las reuniones, lleva pastillas de pino marítimo para obsequiar á losvirtuosi, y para quien los asuntos de bastidores son como el primero de todos los deberes y la más séria de todas las ocupaciones.Algunas frases de buena educacion le hicieron creer, yo no sé con qué motivo, que yo era (¡bárbaro!) unamateurde primera fuerza.Aquel era un concierto de mucha importancia.El elegante teatrito, los pianos, todo me trasportó al Conservatorio Mexicano.La tarde era lluviosa: el salon estaba amorosamente calentado por bien repartidos tubos.... la música era clásica hasta en sus últimas notas; imperaban Mozart, Hayden, Bethoven; todo era recogimiento y atencion.Yo comencé á sentir pesada la cabeza, tiesos los párpados, á sufrir un muelleo desconocido en mis quijadas; cuando quise evitarlo, habia topado con mi frente á una respetable señora que estaba delante de mí; quise reponerme, con esa afectada gravedad de los dormilones, pero á poco me sentí sacudido con cierta brusquedad por un caballero de cuyo hombro habia hecho mi reclinatorio.Entre tanto, los sacerdotes de la armonía estaban en el éxtasis.... mi compañero vino á decirme al oido que roncaba yo de un modo estúpido, de llamar la atencion, de hacer el descrédito de México.... mi amigo queria devorarme, y me sacó de aquel lugar, sonrojado y queriéndome pedir una satisfaccion.Cuando volvimos al hotel, nuestros compañeros nos describieron el simulacro del incendio, altamente complacidos de la precision y celeridad de las maniobras, de la inteligencia de los caballos y de la bondad y riqueza de máquinas, escalas y útiles de todas clases para la extincion de los incendios.Gomez del Palacio, á quien muchas bondades merecí, siempre habia recogido para mí algunos datos sobre el comercio de Missouri, que yo me entretuve en ordenar, miéntras llegaba la hora de la marcha, no obstante el tragin y el aire de fiesta que reinaba en el hotel.¿Quién me habia de decir que á los diez dias habia de quedar convertido aquel alcázar del descanso y del lujo, en un monton de cenizas, despues de los horrores del incendio?...................Pero no anticipemos los sucesos........Las apuntaciones anteriores las hice en verdadera tortura,porque han de estar vdes. que un amigo de San Luis me proporcionó un chiquitin, como un monito, para que me acompañase. Este diminutociceroneá quien llamabanPetit-Courrierera un rehilete, y para mí, un verdadero tabardillo: no me dejaba quieto un instante, á cada movimiento me decia: “¿se ofrece algo?” Veia yo para una tabaquería, él me decia al momento: “¿qué usa vd.? ¿trabucos?”—Hombre, si soy un pollo.—¿Damas?—No me ve vd. viejo?—¿Coraceros?—Esos los usan conmigo cuando me ponen preso. Volteaba como examinando una cantina:—Tomamoslague? ¿coptail? ¿unos amargos? ¿menta? Y aquel demonio no me dejaba un instante, haciendo diez mil caravanas en un ladrillo.—Hermosa mujer! clamaba yo.... ¿Eh? je!.... repetia el chiquitin.... ese es el lado flaco de todos.... iremos á una visita.... se habla español.... buen Champaña; hay una andaluza que canta el torito de la castainuela....—¡Hombre, si estamos con el pié en el estribo! yo quisiera.... un libro cualquiera......—¡Oh, la bella literatura! para eso, la francesa, centro del mundo.... ¿Vd. conoce algo de Feuillet? ¿de Droz?....Oh, quell filosofie!.... Y con semejante chicharra pegada á la oreja, he escrito esos números, que parece que cada uno de ellos me picaba los dedos con un alfiler.Las diez de la noche fué la hora designada para nuestra marcha á Orleans.Soplaba un viento cortante y destemplado; á la estacion marchábamos hundiéndonos en el lodo y rompiendo fragmentos de hielo: un policía, alto como torre, fornido como un Sanson, y del que cada bota podria servir de funda áun pilar de Catedral, arrojaba al vuelo tercios y baúles al carro de los equipajes; nosotros nos acomodamos lo mejor que pudimos en el wagon, y partió el tren.En los momentos en que partiamos para Orleans, estaba la cuestion política en su mayor efervescencia; demócratas y republicanos se tiraban con las gamarras á la cara, y no fijaba uno los ojos por parte alguna, por donde no viera saltar un politicastro vivaz y escurridizo como una rata.Los programas que circulaban, corrian parejas con sus avisos para curar toda clase de enfermedades, con la sola diferencia que la competencia era en cinismo en cuanto á abalanzarse rabiosos á los destinos públicos.No puede ser de otra manera: los partidos beligerantes son como empresas mercantiles, con sus ramificaciones perfectas hasta las últimas aldeas; ahí está la intriga, la corrupcion; ahí se apuran hasta los últimos términos la influencia y el soborno; pero esto afecta poco el modo de ser social, que sigue el rumbo de los grandes intereses de aquella sociedad.Hablando de tarifas de aduanas, decia laplat form(programa) de los demócratas:“La tarifa actual empobrece multitud de industrias para subvencionar un pequeño número, prohibe la importacion que podria comprar el trabajo americano, ha degradado al comercio americano, ha detenido la venta de los productos del trabajo entorpeciendo los cambios; una industria que ocupa la mitad de la poblacion y cuesta al pueblo cinco veces más de lo que produce el Tesoro, impide los progresos de la produccion y es nociva al trabajo.Queremos que la aduana se reduzca á su purísimo carácter fiscal.Tal comoestá la tarifa, solo sirve para alentar el contrabando, enriquecer empleados pícaros y precipitar en la bancarota á los negociantes honrados.”No obstante las recriminaciones que se hacian al partido republicano, éste decia en su favor:“Durante el último año fiscal que terminó en 30 de Julio de 1876, el excedente de los ingresos fué 29.249,000 pesos, que fueron aplicados á la reduccion de la deuda. En los diez últimos años, el reembolso ha sido 579.423,284 pesos de nuestra deuda. En 30 de Junio de 1866, la deuda nacional era de 2,640.348,000 pesos. En 1866, el ingreso producido por las contribuciones interiores era de 309.226,813 pesos. En 1876, se redujo en 200.000,000 para aliviar al pueblo.”Veamos ahora la situacion del Sur pintada por un republicano:“Cinco, diez ó veinte negros han sido muertos, y á veces tambien algun blanco segun se nos dice diariamente; pero cada anuncio de un hecho de este género, es seguido de la mentira de estampilla de que los negros han comenzado el ataque ó los blancos se han limitado á defenderse. Los negros, pobres ignorantes, casi desarmados ó sabiendo apénas servirse de sus armas, son representados como precipitándose sobre sus adversarios, bien armados, ejercitados é intrépidos, haciéndose matar con el único objeto de preparar un pequeño suplemento de capital político á sus amigos del Norte.Los asesinatos cometidos de diez negros en Hamburgo, con las particularidades de una atrocidad extraordinaria, no son sino el prólogo de la campaña en favor de Tilden en aquel Estado.Ese es el principio de la obra de intimidacion. Bajo un pretexto fútil y escandaloso, como trescientos hombres blancos invaden aquella pequeña aldea habitada por gente de color, y ejecutan allí sus asesinatos, lanzan á los bosques á las mujeres y á los niños, y saquean sus infelices habitaciones.”—No se apure vd., decia yo al entusiasta mexicano que me hablaba de estos pormenores: si le cogemos la embocadura al sufragio, como estos caribes, armaremos cada zambra de perecernos de risa.... No se puede decir que estemos del todo atrasados...................................—No, no es para dar idea, á galope, de la situacion de los partidos en los Estados-Unidos, y mucho ménos despues de la guerra. Cuando vd. profundice sus estudios, verá que en la vida privada, el americano es inteligente, racional y modesto; pero en cuanto se trata de la cosa pública, nada conoce vd. de más fátuo, de más pretensioso é intolerante.Se elogia su sentido práctico, porque todo lo quiere reducir á la mecánica y al número; el derecho, la economía política, la diplomacia, todo se subordina á la conveniencia del momento, aunque esto les produzca terribles desengaños.En la guerra pasada se ha perdido un millon de hombres, se han gastado catorce mil millones de pesos; pero la emision del papel aumentaba el negocio, y se decia que casi era un bien la guerra.Pero las quiebras se sucedieron, huyeron los capitales espantados, y en el fondo de la reorganizacion, quedan vivos los gérmenes de lucha entre el Este y el Sur.No puede ser de otra manera: la masa del pueblo trabaja y se entrega á sus negocios; cosa de trescientos milpolitiquerostienen á su cargo, ó mejor dicho, profesan como industriala cosa pública: éstos están divididos en republicanos y demócratas, partidos irreconciliables, porque no caben en una propia especulacion: la lid se entabla; el partido vencido sigue explotando en corta escala á sus adeptos; el vencedor se apodera de los destinos públicos, y anda la anderga.Vea vd. cómo pinta Molinari á los partidarios de Tilden, con motivo de la convencion de San Luis. Se habla del partido demócrata:“Allí se encuentra, dice, el viejo propietario de esclavos, con el corazon henchido de amargos recuerdos, convencido de que la emancipacion era el robo, y de quien la única esperanza es la indemnizacion que puede arrancarse al gobierno.“Allí se encuentra el viejo agitadorseparatistaque precipitó á los Estados á la rebelion y redactó las actas de sesecion. Allí están los oficiales y soldados que hicieron flotar la bandera confederada sobre campos de batalla teñidos de sangre de sus compatriotas, y que se vanagloriaban de sus expediciones como títulos legítimos para los honores y los empleos. Allí están los nombres del congreso rebelde de Richmond, que debatieron á puerta cerrada la cuestion de la bandera negra....”—No, decia mi amigo, la cuestion en muchos puntos está intacta ahora como ántes; es preciso armonizar por medio de la libertad intereses que aun están encontrados. Hoy puede decirse á Hayes como se decia á Grant:“Los productos que alimentan las manufacturas del Norte y sostienen las relaciones con el extranjero, se recolectan en el Sur; el Oeste cuenta con los mercados de la Luisiana, de la Florida y de la Carolina, para la salida de sus cereales,en cambio de lo que recibe azúcar y tejidos. De esos intereses comerciales depende todavía la conservacion y tranquilidad de la Union.”Durante la travesía en que me ocupo, se hablaba de la série de batallas conocida en la última guerra con el nombre de la “Campaña del Mississippí,” y se repetian nombres que, aunque nos eran familiares, oiamos figurar con cierto carácter de novedad.Lincoln, Farragust, Rosecrans, venian á nuestro encuentro como viejos conocidos.Yo aproveché aquella ocasion para hacer algunas apuntaciones acerca de esos personajes, que tambien cobraron nuestro conocimiento en los dias de la intervencion francesa.Hé aquí algunas de mis apuntaciones:“Lincoln nació en 12 de Febrero de 1809, de unos padres tan oscuros, que Tomás Lincoln, que le dió el sér, apénas sabia firmar.A los siete años, y ya frecuentando la escuela Abraham, el padre abandonó el Kentuky y se trasladó al condado de Spencer, en Indiana, donde se dedicó al cultivo de la tierra, de suerte que hasta los veintidos ó veintitres años, no dejó la azada de la mano.Hasta 1830, Lincoln no era otra cosa que un buen peon de campo.Honradísimo, robusto, constante en el trabajo Abraham Lincoln, la única aventura que interrumpió la tranquilidad de su vida, fué un encuentro con siete negros que quisieron asaltarlo en compañía de un amigo suyo, yendo á Orleans, y en que el intrépido labriego del Kentuky salió victorioso.En 1830, emigró de nuevo Abraham con su padre al Illinois, dirigiendo él mismo las carretas que conducian á su familia.En la nueva residencia, se distinguió Lincoln como leñador, manejando el hacha con más destreza que la hoz y el azadon.En 1831, un tal Denton Offat, que traficaba con Nueva-Orleans, le propuso una expedicion, unido á dos de sus amigos; para ello fué preciso construir una barca: dedicáronse al trabajo Lincoln y sus amigos con la remuneracion de doce pesos diarios, y se efectuó la expedicion.Al volver Lincoln de su viaje, se encontró con que su padre se habia mudado al condado de Coles, á la orilla del rio Sangamon.En aquel lugar quiso continuar Abraham su educacion: comenzó por procurarse una gramática inglesa, y no habiéndola, hizo un viaje de ocho millas para ir á copiar el libro requerido, que aprendió en un mes, con sorprendente tenacidad.El presidente Jackson nombró por este tiempo á Lincoln administrador de correos de la Nueva Salem. Sin duda el nombramiento de Lincoln se debió á lo muy despoblado de aquellos lugares. Lincoln, sin embargo del cortísimo sueldo de administrador, recorria aquellos lugares, dando pábulo á la inclinacion que tenia á los debates políticos.Ascendió Lincoln á escribiente de los almacenes de Offat, y de ahí nacieron sus relaciones con Douglas.En 1834, fué elegido representante de la legislatura, y en 1836, fué reelecto.En 1834, le aconsejó Juan D. Stuart que estudiase leyes;le facilitó libros, otros amigos influyentes le favorecieron y se hizo al fin abogado.Acreditado su bufete más de lo que él mismo esperaba, se trasladó á Sprierfield, se unió primero á Stuart y despues al juez Longan.En la campaña de 1844, Lincoln fué de los más celosos é infatigables partidarios de loswhigs, se opuso enérgicamente á la anexion de Tejas y compartió la derrota del famoso orador Enrique Clay, derrota que debia precipitar la guerra con México.En 1846, se le eligió para tomar asiento en el congreso general, siendo el únicowhigque ganó la votacion.Cuando se verificó la eleccion presidencial en 1848, Lincoln apoyó la candidatura de Taylor, pronunciando en su favor elocuentísimos discursos.En 1849, se retiró Lincoln del congreso para dedicarse á su profesion, y reapareció en 1852 en la escena política, propalando la presidencia de Scott.En la convencion nacional republicana de 1856, Lincoln obtuvo ciento dos votos para el cargo de vice-presidente, si bien no alcanzó entónces la victoria, y en 1858 se le proclamó como el primer campeon del partido.En 1860, la convencion republicana formada en Chicago dió todos sus votos á Lincoln para la presidencia, y en 1861, el 13 de Febrero, fué proclamado presidente de los Estados-Unidos.Estéban Douglas fué de los más ardientes partidarios de Lincoln. En uno de sus más notables discursos decia:“Hace veinticinco años que conozco á Lincoln, nos tratamos los dos, siendo muy pobres ambos; yo era maestro deescuela, él tenia una tiendecita cualquiera en Nueva Salem; era él más afortunado que yo, y tuve lugar de admirar su perseverancia, su honradez sin tacha, su inteligencia y sus buenos sentimientos.”Morris, al mismo tiempo, emitia conceptos respecto de Lincoln, en que se le representaba como una medianía en el foro y en la tribuna. Decia Morris tambien:“Cuando se comunicó á Lincoln que la convencion republicana de Chicago le habia elegido presidente de la Union, estaba jugando un partido de pelota con los muchachos, y no dejó el juego. Elegidle, anunciad despues que ha desembarcado algun enemigo en nuestras costas ó que algunos Estados se niegan á reconocer al gobierno general, y es muy probable que vaya á terminar alguna partida empezada, ántes de averiguar si el hecho es cierto.”Estos eran los juicios sobre Lincoln en los momentos de su eleccion; el triunfo de Lincoln determinó la separacion de la Carolina, siguiendo su ejemplo Virginia, Georgia, Carolina del Norte, Luisiana, Alabama, Florida, Tennessee, Kentucky, Missouri, Tejas, Mississippí y Arkansas. Al advenimiento de Lincoln al poder, tronaba la guerra civil y estaba destrozada la Union.Durante cuatro años, se sucedieron los combates: las masas de hombres que se chocaron ensangrentando el suelo americano, oscurecen todo lo conocido en los tiempos antiguos y modernos.El tercer año de la guerra fué inaugurado por Lincoln con la proclama de emancipacion, fecha 1.º de Enero de 1863. En 1864, el Norte contaba con más de un millon de hombres á su servicio.La Guerra, que hasta entónces le habia sido adversa, comenzó á sonreirle, y conquistando palmo á palmo un terreno que se podia calcular en extension como la mitad de la Europa, penetró al interior del Sur, y encerró, por decirlo así, en la fortificacion de Richmond, al general Lee, que ántes habia sido el terror de Pensylvania, miéntras los formidables monitores en el mar, se apoderaban, despues de sangrientas luchas, de todos los fuertes sublevados.El Norte entero, como un solo hombre, secundaba las miras de Lincoln; abrió la mano con liberalidad inaudita para toda clase de recursos, contándose por millones diarios. Se escucharon rumores de paz, pero las primeras proposiciones fueron inadmisibles.Lincoln se habia trasladado á Haptom para facilitar las negociaciones, y al fin, el 9 de Abril, las fuerzas del general Lee se rindieron al general Grant en Appomata Court House, despues de una honrosa capitulacion.La guerra habia durado cuatro años, dia por dia.Con el fin de celebrar tan fausto suceso, los habitantes de la capital se reunieron al frente de la Casa Blanca, y Lincoln les dirigió una arenga llena de moderacion y compostura, evitando toda alusion que pudiese herir susceptibilidades.Tres dias despues, aunque era el aniversario del bombardeo del fuerte Sumter, se evitó todo recuerdo; pero en la noche asistió Lincoln al teatro con su familia.Poco despues, dice uno de sus biógrafos, de terminado el tercer acto del drama que se representaba, y á eso de las nueve de la noche, la detonacion de una pistola hacia estremecer al público, y el presidente Lincoln, que se hallabaapoyado en el antepecho del palco, caia herido mortalmente por la bala que le disparó el asesino John Wilkes Booth, jefe de una partida de conspiradores.El presidente recibió la herida en la parte inferior de la cabeza, yendo la bala á sepultarse en el cerebro, y quedando el herido insensible hasta su muerte, que fué á las siete y veinte minutos del 18 de Abril.”Al amanecer del siguiente dia, esto es, del 12 de Marzo, con un cielo espléndido como si se hubiera corrido una cortina, como si se presentase á nuestros ojos deslumbrados el cambio de una decoracion teatral, gozábamos las delicias de un clima templado, y como que nos sorprendia la vegetacion de nuestro país.Corria el tren entre quiebras y cañadas á los dos lados del camino; dilatadísimos bosques ofrecian á los ojos sus sombras, sus hilos de agua pura cayendo de las rocas, y sus claros en que ya distinguiamos habitaciones risueñas rodeadas de ganados, ya chozas medio destruidas con los rastros del incendio, la tablazon floja y como flotante, y cenizas y desolacion por todas partes.A veces de entre esas chozas arruinadas salian, colocadas en fila para ver pasar el tren, familias de negros; los niños casi desnudos; las mujeres como arpías, con el seno desnudo y los lanudos montones de cabellos en desórden, y negros consorbetesdesgobernados y rotos, restos de harapos de paño y unas botas incomprensibles, indescribibles, que eran el cataclismo del calzado sobre el pié desnudo.No es posible describir el efecto que me producian aquellos lugares, algunos de ellos semejantes á nuestras Huastecas. ¡Cómo revivian en mi mente mis impresiones de niño,cuando leyendo á Chateaubriand, me encantaba con aquellos cuadros en donde parece que vibra su voz y se desliza su poderoso espíritu!Atravesando esos pintorescos rios nos detuvimos algunas horas en Mobila.Mobila, como dice Molinari, es el gran puerto de embarque del algodon del Alabama y de una parte de la Georgia. En ninguna parte se han hecho más sensibles los estragos que agobiaron á aquella rica y fecunda region del Sur.Las más hermosas habitaciones se destruyeron ó vendieron á vil precio.Mobila exportaba ántes de la guerra 900,000 balas de algodon por año: la exportacion, hoy, ha disminuido en más de una mitad.Al ver las calles de Mobila, involuntariamente se exclama:“¿Por qué se ha convertido en desierto la ciudad llena de gente?”Mis compañeros se quedaron descansando en uno de los hoteles; yo me salí á la ventura á recorrer aquella ciudad, que hace esfuerzos titánicos por reconquistar su antiguo esplendor.En unbar-room, de la manera más inesperada, me hallé un mexicano jóven, aventajadísimo estudiante de medicina, que, como por adivinacion, se dirigió á mí, me tendió la mano del modo más oportuno, y á las cuatro palabras éramos amigos.El jóven Z*** es natural del Saltillo; su vestir es elegante y su educacion me pareció sobresaliente.Hacia alarde del habla, de las maneras y de las costumbres de la gente bien educada de la frontera. Apénas hablamos,cuando le invité á que diéramos una vuelta, porque solo cinco horas teniamos disponibles.Tomó á pechos el chico su mision, y echamos á andar.A nuestro regreso al hotel, me ayudó á compaginar las siguientes apuntaciones.Mobila está situado en la parte occidental del rio de su nombre, casi á la entrada de la bahía y á treinta millas del Golfo de México.La ciudad está como guarecida entre frondosos árboles, como si temiera el arenal que la rodea, y la limitan colinas de poca elevacion.Tiene grande regularidad la ciudad, por supuesto forjada con el molde americano; el piso es excelente y llaman sobre todo la atencion en el centro las sombrías arboledas y el profuso follaje de los robles, entre cuyas ramas medio aparecen, medio se ocultan los edificios, dando aspecto muy agradable al conjunto.Dominan la reducida, pero risueña bahía, el fuerte Morgan, antiguamente Bowyer, Mobila, Point y el fuerte Gaine: en la extremidad de la isla del Delfin, descuella sobre todas esas eminencias un faro cuya linterna está elevada á cincuenta y cinco piés sobre el nivel del mar.En la direccion de la bahía se distinguen restos de las baterías construidas durante la guerra, que destruyeron los vencedores.Gran número de buques de vela navegan entre Mobila y Nueva-Orleans, y cruzan en el interior el Alabama, el Tombigbe y otros rios, lo que da á la bahía y á las orillas de los rios grande animacion.Mobila fué el sitio original de la colonizacion francesa, ylos que conocen las costumbres de sus habitantes, hacen grandes elogios de su cultura, costumbres y maneras simpáticas con nuestra raza. La fundacion, en el comun sentir, se verificó en 1703.En 1723, la residencia del gobierno colonial se trasportó á Nueva-Orleans. En 1763, Mobila, con toda la parte de la Luisiana, al Este del Mississippí y al Norte de Bayon, Iberville y los lagos Maurepas y Pontchartrain, pasaron á la posesion de la Gran Bretaña. En 1780, la Inglaterra devolvió á España este territorio, y aquel gobierno, en 1813, entregó la ciudad, que no contenia ni mil personas, á los Estados-Unidos, por el tratado de 1819.Mobila en la última guerra, se hizo notable por su poderosa resistencia al Norte, tanto que no se rindió sino tres dias despues de la rendicion de Lee (12 de Abril de 1865).Cuando en 1864, las tropas del general Farragust destrozaron los fuertes y cerraron el puerto, no lograron apoderarse de la ciudad.Además del comercio del algodon, de cuya extension hemos dado idea, tiene importancia la manufactura de muebles, carruajes, papel, fundiciones, maquinaria, etc.La calle del Gobierno es de las más hermosas, los jardines de las casas que se perciben bajo los robles pomposos que sombrean la calle, hacen hermosísima la vista.Bienville park, entre las calles del Delfin y San Francisco, es tambien muy hermoso, y ya se notarán en los nombres las invasiones de la raza americana entre franceses y españoles, y ya se deja entender cuáles serán los matices que tal mezcla produzca en lo más íntimo de las costumbres.La aduana, en que se encuentra la oficina de correos, es de los más hermosos edificios; está hecha toda de granito y tuvo de costo 250,000 pesos.El Teatro y la Casa del Mercado, están en la Calle Real.Dos edificios llamaron, en mi rápido tránsito por Mobila, singularmente mi atencion: el edificio de las Compañías impares,Old fellows Hall, que está al frente de la aduana y es de fierro y ladrillo, y el Banco de Mobila, que tienen columnata y pórtico magníficos.Las iglesias más notables son la Catedral de la Inmaculada Concepcion (católica romana); la Iglesia de Cristo y la Trinidad (episcopales).Hay en Mobila suntuosos hospitales, cuatro asilos para huérfanos, un colegio de Medicina á que pertenecia mi simpático fronterizo, muy bien atendido, y multitud de escuelas y academias, entre ellas una escuela hebrea, de mucha fama.Spring Hilles un agradable suburbio situado al Oeste de la ciudad, al cual se va por los wagones de la calle de San Francisco.En la ciudad hay seis líneas de wagones.EnSpring Hillestá situado el colegio de San José, institucion jesuítica: fué fundada en 1832 por el obispo Portier, y tiene un hermoso edificio de 375 piés de largo, coronado por una torre desde la cual se disfrutan vistas deliciosas.El colegio contiene una librería de 8,000 volúmenes, y una muy valiosa coleccion de aparatos científicos. En la espalda del edificio hay una magnífica estatua de la Vírgen, llevada de Francia.A lo largo de la bahía, en una extension de más de dosleguas, se prolonga una magnífica calzada, que puede considerarse como el mejor paseo de la ciudad.Acababa mis apuntaciones con mi jóven amigo el Sr. Zartuche, le abrazaba, me escribia en un papel algunas palabras afectuosas para su hermano Andrés, que reside en México, cuando tocó la puerta Francisco, que venia á decirme que iba á sonar la hora de partir.Estábamos á 144 millas de Orleans, é íbamos á ver el Golfo de México, algo de México, por Dios, que yo estaba sudandowiskeyhacia tres dias, y á recorrer el camino de fierro más sorprendente de los Estados-Unidos.Como suena la palabra, es un camino construido sobre un pantano lleno de resumideros y hundiciones; vamos, era como un esfuerzo de patinar sobre una tortilla de huevos.Lo diré francamente: yo no estoy organizado para ninguna clase de maromas; pero mucho ménos para estas; no las soporto, no hay una cosa que más me encocore, que esos fanfarrones del mar, que dicen que á ellos se les marean los dientes cuando se anuncia una tormenta, ó esos soldaditos de tres al cuarto que se jactan de dormir en el suelo y beberse una botella de aguarrás, porque son hombres.El camino es un equilibrio perpétuo; se ven los delgados troncos de los pinos como balaustradas y crujías en que salta y se juega la luz, se extienden en soberbios cortinajes enredaderas que flotan rotas por los vientos; y por los claros de aquella crujía de los árboles tupidos, se ven casitas blancas, vegas risueñas en que juegan los niños, ó que atraviesan los carros tirados por caballos, y grupos de hombres blancos y negros, dedicados á unas mismas labores.Hay en el trayecto muchas estaciones de nombres franceses:Rigollets, Cheft, Menteur, Michaud, Gentilly, y nombres indios como Pascagoula y Biloxi: esta última estacion está habitada por gascones á quienes se conoce al vuelo.Vayan vdes. á ver una puerilidad singular: aquel coqueteo de las selvas con el Golfo de México, visto por interrupciones como envuelto en un manto de púrpura y oro, me tenia realmente regocijado; pero con un verdadero fandango en las entrañas, me saludaban los árboles, me decian chicoleos las aves, me parecia que tenia el cielo sombrero ancho y que la estrella de la tarde se habia terciado un rebozo para hacerme una muequilla, como cualquiera maldita de estas de los barrios de México.La tarde caia como para restituirme á la realidad: la sombra descendia lentamente como un párpado que priva al ojo eternamente de la luz.No cantaban las aves, el viento parece que llegaba fatigado y recogia sus alas sobre las ramas de los árboles.Hondo silencio reinaba en el interior de nuestro coche; yo, en la plataforma, veia sin ver, me mantenia sin conciencia de la vida, en esa disposicion del espíritu, entre el ensueño y el éxtasis: mi alma no estaba en mí, se paseaba libre en esos espacios que nos deja el olvido.Repentinamente me pareció que atravesábamos por dentro un mar de llamas; era, en efecto, el resplandor vivísimo de un incendio reverberando en las aguas.Incendiaban aquellos, como nuestros labradores, el pasto seco; pero la llama caprichosa, ya se recogia como encharcándose entre los árboles, ya se extendia en agitados lagos en los claros sin árboles, ya trepaba á lo más alto de una colina, convirtiéndola en edificio maravilloso y fantástico, y ya, descendiendo en corrientes, perfilaba los bordes de las aguas y culebreaba en direcciones distintas.

Por todas partes se agolpaba la gente, hablando de negocios,leyendo periódicos, y en perpétuo movimiento, á todos los departamentos del hotel.

Sobre la escalera soberbia de mármol, se arrancaba, sobre pilares colocados circularmente, la cúpula del edificio, alta y grandiosa, ceñida de trecho en trecho por anchos corredores que conducian á suntuosos salones, de los que cada uno era lugar de tertulia en que se tocaba, se cantaba y las hermosas hacian ostentacion de sus gracias. Las paredes eran espejos, el suelo alfombras, y en los aires, la claridad del gas no permitia el recuerdo del sol.

Despues de instalados varios compañeros, fuimos presentados á M. Ca-hill, redactor de un periódico en español, titulado:El Comercio del Valle, quien tiene noticias bastante exactas sobre el tráfico de México, y sostiene con calor y copia de datos, las ventajas de la estrechez de relaciones mercantiles.

Pequeño de cuerpo, de ojos vivos, de fácil palabra, aunque con dejo inglés, M. Ca-hill era un preciosocicerone.

Nos dijo que tocando San Luis en el golfo de México, nuestra República está llamada á estrechar sus vínculos con esta parte de la Union, fundando una ventajosa reciprocidad.

San Luis, decia M. Ca-hill, en rigorosa exactitud geográfica, está situado casi en el centro del gran valle de Mississippí, y participa de las ventajas de suelo tan fértil y de punto de comunicacion tan poderoso.

La ciudad está delineada con toda regularidad, y como vd. sabe, contiene medio millon de habitantes. Por lo general, las calles, partiendo de la orilla del rio, corren al Occidente. Los edificios más notables son de fierro, piedra y ladrillo.

—Es lástima, dijo un compañero de M. Ca-hill que solo permanezcan vdes. aquí unas cuantas horas, en cuyo tiempo no pueden formarse idea de nuestra sociedad.

Esta sociedad, que tuvo nacimiento de la Luisiana, mejor dicho, que en calidad de cesion de ella, se hizo la concesion cuando todavía era Colonia Francesa, en 1762, á Liguest Laclede y á sus socios, conserva algunos tintes de su orígen. En el fondo de sus costumbres, hay algo del pulimento de la raza latina, se tiene en mucho la sociedad culta, las artes merecen atencion y encuentra analogías la raza de vdes., que no encontraria en el Norte.

El acrecimiento de la ciudad en poco más de cien años de fundada, ha sido estupendo. Vea vd. solo en poco más de cincuenta años:

Los ramos principales de comercio, son: algodon, plomo de las minas del Missouri, heno, sal, lana, maderas de construccion, tabaco y especias y granos.

En 1874, la importacion del grano ascendió á 30.674,504 fanegas, y la exportacion á 24.417,411.

San Luis es la primera ciudad de la Union en la elaboracion de harina. En 1874 habia 24 molinos en actividad, los cuales producian 1.573,202 barriles.

No obstante desarrollo tan prodigioso en la agricultura, se calculan 40,850 hombres dedicados á las manufacturas,y la riqueza que representan se valúa en 240.000,000 de pesos.

Miéntras disertaban muy sérios los señores formales en la sobremesa de la fonda, otros amigos, en un santiamen, habian contraido relaciones y las calentaban con sabrosos ponches en elrestaurant frances, comunicado con el hotel.

Contaba uno lo familiar que es aquí á los americanos el idioma de Racine, y apoyaba su aserto en varias anécdotas.

En una botica, por cierto muy próxima, cuyo propietario es cubano, charlaba un compatriota de la brusquedad de los yankees y de la antipatía de las razas.

Un yankee se presentó pidiendo una bebida: el imprudente cubano seguia su charla, y por vía de paréntesis, dijo al boticario; “Oh! si estos son unos béstias.... póngale vd. á ese unas gotitas de estrignina en ese brebaje, á ver si revienta.” Eso lo decia en broma, por supuesto.

El yankee no se dió por entendido de la conversacion.

Confeccionáronle su bebida, tomóla el yankee, pagó, y al salir, con mucha amabilidad dijo al cubano en correcto español:

—Dígame vd., caballero: ¿cuál es la causa de que desee vd. que yo reviente?

El cubano quedó estático, respondiendo confuso y aturdido:

—Yo he dicho al señor “revente,” es decir, que vuelva á venir conmigo, para que demos un paseo....

Elyankeese retiró riendo á carcajadas.

La conversacion continuó animada, hasta que nos retiramos á nuestros cuartos, deseosos de aprovechar el siguiente dia para dar un paseo por San Luis.

Yo dormí mal, porqué me tocó un alojamiento en el quinto cielo, y la preocupacion de los incendios se apodera de tal modo de la imaginacion, que constituye un verdadero tormento: presentir convertido el local que nos abriga en inmensa hoguera; verse rodeado de abismos; escuchar el desplome de los techos; oir los alaridos de las víctimas.... todo eso me espantaba, considerándome como condenado á muerte.

Un francecillo muy simpático, llamado Arture, que me habia conocido en México, estaba en mi cuarto á las auroras de Dios, invitándome á pasear.

Arture es el hombre de sociedad por excelencia; sabe un poco de todo y se amolda á todas las situaciones y á todos los caractéres; tira la pistola, canta, diserta sobre ciencias y artes con buen sentido, conoce á las notabilidades de Europa y América; galante con las damas, audaz con aventureros, marinos y soldados, circunspecto con hombres de respeto, y alegre, servicial y campechano con todo el mundo. Era otro Mr. Gland en tafilete frances.

—Ha venido vd. al mejor hotel, me decia, y esto que en la ciudad los hay magníficos.

Lindell-Hotel, sin ir más léjos, compite con este; tiene seis pisos, es de piedra arenisco, costó 800,000 pesos. Está aquí cerca, en la avenida de Washington.

Plander’s-Hotel,Hotel-Barnim-Lacled, y hasta elGran-Central, que cuesta un peso diario, son establecimientos que no desdeñarian las mejores capitales de Europa.

—Planamericano por supuesto, observé yo aludiendo á las comidas.

—Hay de todo: ya ha visto vd. anoche una excelente fonda francesa.

—Excelente, Arture: yo sentí no cenar, porque todo me pareció muy bien.

—Por ese estilo es la fonda Sincler y C.ª, de Olive-Street, Garner, Cafferitta, Garmi-Restaurant,Nicholas-Cantine, y otras muchas, la mayor parte al estilo frances.

Miéntras hablaba Arture, yo me vestia á toda prisa y hablaba á Lancaster, que estaba en un cuarto contiguo, para que hiciese lo mismo.

Alfonso, como lo tenia de costumbre, en cuanto llegó, y en el propio hotel, se habia provisto de guías, de mapas y de lo necesario para sus sesudos estudios, dedicándose á ellos en las noches y al levantarse.

—Vamos A***, aprovechemos la bondad de nuestrocicerone: quiere que primero recorramos algunas calles, visitemos algunos edificios, y desea que concurramos en la tarde á un concierto que dan unas señoritas, para el fomento de una Biblioteca.

—¿De qué te ocupabas tú? dije á Alfonso.

—Me ocupaba, me dijo, del estudio de este comercio en sus relaciones con el nuestro. Estos Estados brindan mil facilidades, así como Orleans, por muchos motivos que explaya perfectamente el periódico en español que nos facilitaron anoche.

—Pero en estas relaciones mercantiles, en su modo espontáneo, y con total independencia de los gobiernos, es en donde yo creo ver, dije, elquidde nuestras difíciles cuestiones de los Estados-Unidos, y á ello dirijo yo mi mira: el acrecimiento prodigioso de la Union Americana presenta estos sorprendentes resultados. La creciente preponderancia del Oeste que es entidad autonómica, tan independientedel Norte como del Sur, formando espontáneos vínculos, convierte en privativos sus intereses y debilita la influencia del gobierno central.

Este acrecimiento tendrá por fuerza su representacion en el congreso, y al punto que esa representacion se aumente, la lucha tiene de iniciarse y poner en peligro las conveniencias del Norte.

La adquisicion de tierra, el fomento de las ideas de conquista, la intervencion por la fuerza, en mi juicio no las intentará el Norte; pero no puede ser indiferente á la marcha de México ni á sus tendencias á la libertad mercantil; así, no le queda más recurso que influir en sus negocios, sea por medio de tratados, sea considerando á México como colonia ó brindándole con un protectorado; pero esto mismo ofrece graves dificultades. El ideal de la gente ambiciosa del Norte, es hacer de México la India de los Estados-Unidos.

—Señores.... el tiempo vuela, dijo nuestrocicerone. Veamos aunque sea algunas calles y volvamos por los compañeros. Si pudieran vdes. detenerse siquiera un dia, tendria el gusto de presentarlos al Club Germania ó al de la Universidad, centros en que se reune lo más selecto de la sociedad de San Luis.

Para que vdes. se formen muy somera idea del movimiento de San Luis, iriamos á los depósitos de los ferrocarriles: el de San Luis y Kansas; el del Atlántico, Pacífico, Kansas, Tejas y el Gran Depósito de la Union, en que parece que el mundo entero se da cita para activar el tráfico.

Por lo demás, las ciudades de los Estados-Unidos se parecen como gotas de agua: dilatadas arboledas, anchas plazas, generalidad de edificios hechos como con panes de jabon,techos de caballete, largas chimeneas, coches, carretones, carros y carritos por todas partes.

Vacilábamos sobre el rumbo que tomariamos á la puerta del hotel, cuando burla, burlando, no obstante el pésimo dia, salian nuestros compañeros á ver la Lonja del Comercio, y nos antellevaron, como se dice por nuestra tierra.

Yo me dejé conducir por M. G. A. Hayward, cumplido caballero á quien merecí especiales atenciones, y quien me encantó por la mezcla de sabiduría y buen humor de su conversacion: á mí los sabios adustos.... me cargan, no los puedo tolerar.

Fuimos á la Lonja de Comercio, que es un edificio como una catedral: soberbio pórtico con robustas columnas, amplios corredores con ventanas rasgadas y lujosos departamentos, y en el templo, un salon como una iglesia, de forma elíptica, lo ménos de ochenta varas de extension.

El centro del salon está despejado para el tráfico, y hay gente que va y viene como en una gran plaza.

En una de las cabeceras y en los costados, hay extensas mesas que corresponden á los diferentes bancos; al pié del salon se ven como aparadores con toda clase de semillas y artículos de comercio, como un depósito inmenso de muestras, al cuidado de corredores y agentes mercantiles.

La techumbre es una alta y extensa cúpula con una cornisa saliente en su arranque, que le forma cintura, y la guarnece una amplia balconería, desde donde asiste el público á aquel espectáculo lleno de ruido, de movimiento febril y de cierta alegría, de que no es fácil dar idea.

No es fácil describir, en efecto, aquellas caras rubicundas, con sus dentaduras blancas y su piel restirada; aquellas inmensasbotas de suelas de á dos dedos de grueso; aquellos hombres intrusos, de camisetas encarnadas, y aquellos flacos escurridizos que parece que llevan una locomotora en cada corva.

Este gentío, que es inmenso, se agrupa en el centro del salon, corre, alterca, disputa, improvisa remates, transa, y sale y entra, como si se tratase de apagar un incendio.

Adviértase que este tragin se verificaba estando las calles inandables de lodo y de nieve, entrando algunos empapados con la lluvia, con sus pantalones remangados hasta la mitad de las botas, ó hundidos en la parte superior de ellas.

A medio dia el salon se despeja, se establece silencio profundo y se hacen las operaciones deClearing-House, ó sea casa de liquidaciones, ó como si dijéramos, traduciendo la palabrita enlépero, (aclarar paradas).

Como se sabe, cada banco emite sus billetes que fungen como dinero: de esos papelitos hemos visto en México y sabemos cómo se manejan.

Pues bien, con los tales papelitos, éstos y aquellos han hecho sus compras. A tal hora, cada banquero recoge sus billetes y da en cambio los de los otros bancos, quedando cada quien con lo suyo. Así se hacen cambios y negocios por millones, sin necesidad de que ande el dinero de aquí para allá, y en un abrir y cerrar de ojos. Toma tus billetes, dáme los mios, y tan amigos como siempre....

El crédito, el crédito es una gran cosa; pero no estamos para sermones.

Nosotros habiamos asistido al espectáculo descrito al principio, desde la balconería superior.

Salimos de allí y nos condujeron á la parte superior deledificio, desde donde se distinguia la opulentísima ciudad, las llanuras que la circundan cuajadas de vistosas sementeras, y ese mar subordinado y grandioso que tiene por nombre “El Padre de las Aguas,” y que lleva en su seno ciudades de embarcaciones, que hacen marchar sobre la corriente, sementeras, ganados, bosques y montañas.

M. Hayward me decia, satisfecho de mi sincera admiracion:

—Oh! es un dolor que vd. no vea el puente para que vd. se forme idea de ese puente: le referiré, poco más ó menos, lo que dice de él un ilustre viajero frances (Simonin), á quien tal vez habrá vd. leido.

El largo del rio, dice, en aquel punto es de quinientos metros, el lecho es profundísimo, la corriente cambiante, y movibles los bancos de arena de las orillas.

Fué necesario para establecer el cimiento del puente descender hasta la roca sólida que está situada á treinta metros bajo el nivel medio de las aguas. Cuando se proyectó al principio este trabajo, se juzgó imposible.

Se llegó á la roca por medio de cestos y cajones en que descendian los obreros, proveyéndoseles de aire desde sobre las aguas. Así se quitaron por medio de bombas de vapor las arenas y se evitaron las infiltraciones que pasaban, á pesar de la presion de muchas atmósferas mantenidas en el aparato.

De esta manera se empezaron á construir los cimientos, venciendo, con esfuerzo hercúleo, obstáculos inmensos.

Despues se elevaron los pilares, ó mejor dicho, las torres en que descansa el puente. Estos pilares, en número de cuatro, son de granito y parecen construidos para la eternidad: dos á los extremos y dos en el centro del rio.

Los arcos que se apoyan sobre estas torres están formadosde enormes tubos de acero, abiertos en el interior, y empalmados de dos en dos. Los dos arcos exteriores tienen de luz 150 metros, el del medio 158, tanto y medio de la distancia del Sena á Paris.

La altura del arco principal, sobre el nivel de las aguas, y midiendo desde la clave, es de cerca de cuarenta varas, de tal manera, que los más grandes buques de vapor pueden pasar por debajo, inclinando sus chimeneas, lo que ejecutan fácilmente por medio de una palanca.

Así correspondió esta obra grandiosa á la obligacion que se impuso á los ingenieros de que no estorbasen la navegacion del rio.

El puente tiene dos corredores ó tránsitos, uno superior para la gente, los caballos y los coches, y uno inferior para el tránsito de los trenes de los ferrocarriles. Estos entran en la ciudad por un túnel abierto donde termina el puente. Catorce líneas férreas tocan en el puente monumental. El corredor ó tránsito superior tiene bastante espacio para que se haya formado en él un paseo público.

En el pilar central del puente se fabricó una plataforma, en que se reune por las noches la música militar.

Desde aquel sitio se disfruta la vista de un panorama magnífico: el rio cuajado de embarcaciones, las fértiles llanuras del Illinois á corta distancia, y en el fondo, hasta el horizonte, se percibe, se ve, un bordado de alegres sementeras, cortado de Norte á Sur por una ancha faja de plata, con ligeras sinuosidades, que parece una mansa corriente, y que conduce á la mar, como dice Simonin, una de las más grandes masas líquidas que corren sobre el globo.

Descendimos de la Lonja y nos dirigimos á la oficina deapagar incendios. Allí nos recibió un caballero chaparro, de una fisonomía alegre como una sonaja, de dentadura blanquísima y de unas mejillas escarlatas que reventaban de gordura.

Reia de todo, nos apretaba las manos hasta hacernos desesperar, iba, venia, y se manifestaba, no con intimidad, sino casi con parentesco, con sus caballos.

La oficina tiene el mismo ó mayor esplendor que en San Francisco, con la diferencia de que cada caballo es un prodigio de hermosura, y que haria una buena compra quien consiguiese cada uno en mil quinientos pesos.

Elciceroneescarlata de que acabo de hacer mencion, afable, obsequioso, semibrusco, pero atento y franco, es un personaje popularísimo en la ciudad entera, por su nobleza y generosidad.

No solo enseñó á mis compañeros todas las oficinas, sino que ofreció hacer, como lo hizo en la tarde, un simulacro de apagar un incendio en nuestro propio hotel, para que viésemos funcionar las máquinas.

El escarlata y yo fuimos los hombres más amigos del mundo, y apuramos sendos vasos de cerveza en el breve espacio de nuestro conocimiento.

Miéntras descansaba el Sr. Iglesias y recibia personas de las más notables de la ciudad que le presentaba el senador y el distinguido periodista que ya conocemos, yo, sacudiendo la albarda de la etiqueta, me lancé á recorrer la animadísima ciudad.

Como era mi costumbre, entré en dos ó tres tabaquerias, cierto como estaba de encontrar en alguna de ellas gente de la tierra de María Santísima.

En una de ellas, que tenia por muestra la estatua grotesca de un marino patilludo, de piernas abiertas, puro en boca; volteado cuello y sombrerillo con sendos listones, percibí un conjunto que me atrajo, porque trascendia á tierra de cristianos, como manojito de flores.

Un viejecillo de sombrero alto á la Pipelet, chupiturco de lienzo rayado y con más arrugas el pantalon tirando á blanco, que carrillos de vieja histérica, estaba repantigado en una butaca, con un párvulo panzudo en camison entre las rodillas; un gato y un perro dormitaban á distancia, desmintiendo aquello de “Como perros y gatos.”

Las paredes del estanquillo están tapizadas de anuncios: en el aparador del mostrador hay sus chácharas: bolsitas para tabaco, pipas, fósforos, tijeras para cortar las cabezas de los puros, mecheros, bolsas de budruz y atadillos de papel, para improvisaciones de cigarros.

La dama que despachaba en el interior del mostrador es nariguda, rígida, biliosa, con el peineton ladeado, un tápalo como colcha cruzado al pecho, y un purillo entre los labios, que la enseria y masculiniza lo que no es decible.

Entré al estanquillo deLa Perla de las Antillaspidiendo cigarros de Cabañas, y soltando cien palabras más, para dar á conocer que era de casa, y al punto, de debajo del mostrador y tras de las vidrieras, asomaron caritas de ángeles de ojazos negros, boquitas de flor de granado y aquellaendenidáde la raza española que me agarabata materialmente.

—¡Hola! hola! dijo la señora saliendo del mostrador y fijándose en mí.... Isabela!.... Paquita!.... Tula! (gritando) vengan vdes. acá. ¿Cuál es su gracia de vd.?

—Guillermo Prieto, servidor de vd.

—Oh! si no lo podrá decir.... ¿lo ven? el mismo empaque, la propia manera de reir.

—Veanle vdes..... (á sus hijas).

—Vamos, despáchate.... dale un abrazo.

—Denos vd. un abrazo.

Yo tenia cara de simple; pero tratándose de bonitas, en abrazar no hay engaño.... abracé á las muchachas, á la vieja, al viejo.... y me disponia á seguir con todo el mundo.

—No, vd. por fuerza es pariente muy cercano de D. Felipe de la Cueva: si tiene vd. toda su cara.... veanle vdes. ahora que se ríe.... y aquello fué agasajarme y llevarme al interior de la habitacion, en medio del regocijo mayor.... excepto Tulita, á quien se anublaban los ojos y soltaba cada suspiro que me erizaba el cabello.

Don Felipe de la Cueva, que debe ser buen chico y á quien en su casa conocen, habia hecho mil favores á aquella excelente familia y era el prometido de Tulita. Yo me encontré con los honores de la fotografía, y no me pesaba.... procuraba adivinar hasta dónde llegaban las confianzas del venturoso D. Felipe con Tulita, para perfeccionar mi asimilacion....

—Tula.... ¿ven vdes.? decia, y su propio buen humor; ahí se sentaba, yo aquí....

—Debe haber sido más cerca de mi silla.

En cinco minutos fuí dueño de la casa.

Regalé al viejo D. Pablito un lapicero, á las muchachas unos anillos y mis mancuernas á Tulita, que me hacia probar los placeres de la semejanza.... Yo, que en mi país me parezco á todos los decidores, á todos los padres de hijosde contrabando y á todos los políticos derrotados, gozaba de deliciosas sorpresas....

En la casa almorcé y pasé parte de la tarde oyendo tocar la guitarra.

De todo me hablaban, todo me consultaban; yo encarecí á Doña Salomé las inmensas ventajas de que se estableciese en México: allí, le decia, nos desayunamos con cajetas de la Habana; por poco que una gente se respete, fuma puro habano; el cigarro habano es de toda gente bien educada, y desde el salon al templo, una danza habanera disipa los pesares y refresca y anima los más adoloridos corazones....

Don Pablito me habló de negocios; echó pestes contra los yankees, y cuando vino su hijo Leopoldo del colegio, porfió porque me enseñase la traduccion que estaba haciendo del inglés, porque es un muchacho como el demonio y con un talentazo más lindo que Jesus del Monte.

Leopoldo ya tenia sus toques de yankee; su saco holgado, su sombrero de fieltro y su zapato bajo con hebilla de acero.

Las muchachas estaban acurrucadas, por mi dicha, al rededor del retrato de D. Felipe....

—Vea vd. mi traduccion, me dijo, es un simpleBook notessobre Missouri.

—Lee tú, Leopoldo, para que el señor se haga el cargo de tu sindéresis.

Y leyó Leopoldo:

“El Missouri, desde los tiempos que pueden distinguirse á la luz de la historia, era del dominio de los hombres dePiel Roja, que vivian en aduares y formaban bandas ó tribus errantes sobre el territorio que hoy forma el Estado deaquel nombre. Vivian lospieles rojasde la caza y la pesca. Tenian perros, pero no otros animales domésticos; hablaban diferentes idiomas incultos, y á veces se hacian cruda guerra los unos á los otros.

Tal era la condicion de aquellos hombres, cuando el 7 de Julio de 1683, una pequeña banda de europeos y canadienses, procedentes de Quebec y conducida por el fraile Marquete y el comerciante Zohet, llegó con todos á las orillas del Mississippí.

Está comprobado que lospieles rojasno hostilizaron á los extranjeros y que los dejaron internarse rio abajo hasta la reunion con el Arkansas, y volver de allí á remontar el rio para ocupar su punto de partida á publicar ante el mundo la admirable descripcion del rio más grande é imponente conocido hasta entónces, ya por el caudal de sus aguas, la extension de su curso, su magnificencia, la majestad de sus tributarios y la riqueza de sus márgenes.

En 1688, Lasalle navegó por el Mississippí hasta la desembocadura, sin hallar obstáculo alguno ni resistencia de parte de los indios, y desde entónces hasta hoy, los aborígenas del Missouri han mostrado gran confianza en toda clase de extranjeros.

Por la causa enunciada, esta region ha sido siempre de paz, donde no se han sentado jamás las discordias y las guerras, que en otras comarcas de los Estados-Unidos han sembrado por todas partes la ruina y la desolacion.

El Missouri ha sido siempre una tierra de asilo. En 1755 fundaron á Santa Genoveva los franceses, atraidos allí por las minas de plomo encontradas en sus inmediaciones. Este fué el primer establecimiento fundado por europeos en elEstado. No hay memoria de que los fundadores compraran tierra alguna á los habitantes primitivos, ni que éstos los viesen como enemigos; aunque es cosa sabida que los indios del Illinois eran reconocidos como los dueños de aquellas tierras por lospieles rojas. Pero en aquellos dias, ni se conocia el nombre de indios, ni se les habian dado leyes algunas para protegerlos, de manera que se les invadian sus tierras impunemente y se les despojaba de ellas para todos los que las codiciaban.

La paz de Paris fijó, en 1763, el Mississippí como límite de las posesiones de Francia é Inglaterra. Esto cambió el tráfico y relaciones de los indios con los franceses, continuando aquellos su comercio en las poblaciones de Cahokia y Kaskaskia, hasta que Pedro Laclede trasladó sus almacenes del fuerte Chartres hasta el sitio donde hoy está la ciudad de San Luis.

El 15 de Febrero de 1764, un lugar-teniente, el coronel Chouteau, comenzó á trabajar en el lago, cerca del rio, al Sur de donde hoy está la casa del cambio, y ha sido el único mercado en forma que tuvo la ciudad durante sesenta años.

Laclede construyó edificios pasajeros para abrigar á sus trabajadores y herramientas, con las abundantes maderas que habia en las márgenes del rio y de que estaba cubierta aquella orilla, bastando para esas construcciones y para el fuego de los vivaques de los nuevos pobladores, durante la rigurosa estacion del invierno. En Marzo volvió allí Pedro Laclede, llevando consigo el plan del nuevo pueblo, que debió llamarse San Luis, en honor de Luis XV, rey de Francia.

Lisquet manifestó en la fundacion de la ciudad un gran respeto por la religion y las cosas sagradas. Al lado de la calle del Mercado destinó un lote de más de cien yardas por lado cuadrado, para una iglesia católica y un cementerio que sirviera para su objeto, durante el cual fueron sepultados allí cuantos acompañaron á Pedro Laclede Lisquet.

Todos estos restos se conservan en la Catedral y en la Casa del Obispo, que ocupa la mayor parte de la calle del Nogal.

Lisquet era un hombre activo y perspicaz; se dedicó á varias empresas, instalado en la que hoy es calle de Main, frente al mercado. Donde hoy se encuentra el Hotel Barnim y otros magníficos, estaba la casa habitacion de Lisquet y sus almacenes.”

Miéntras el jóven estudiante nos leia entusiasmado su traduccion, las chicas, primero tímidas, despues ménos consideradas, cuchicheaban y me llamaban la atencion, haciéndome la jóven llorosa, confidente de las penas por la ausencia de mi parecido, á quien en otra edad hubiera querido semejarme en todo y por todo.

La bulla era tal, que al lector apénas se escuchaba, quedándole por todo auditorio su amante padre.

Mis amigos fueron á buscarme: unos estaban citados para ver fungir las bombas en el simulacro de un incendio figurado en el hotel Southern, y otros debiamos ir al concierto musical cuyos productos deberian ser para una biblioteca particular.

Despedíme de la tabaquería, no sin dar las gracias por la generosa acogida á que habia dado lugar mi semejanza con D. Felipe de la Cueva.

Mis compañeros se dispusieron á ver el gran simulacro del incendio, yo me dirigí al concierto.

Allí ví, como entre nosotros, y no sé con cuántas exageraciones más, aquellos socios ceremoniosos y encendidos por el afan de figurar, que apartan curiosos, conceden gracias, suben de brinquito las escaleras y llevan triunfales de su brazo á las notabilidades artísticas.

No faltaban susdonasacatarradas, siempre envidiosas y poniendo peros á sus compañeras, que lo hacen divinamente; no escaseaban esos figurines que ven con el lente, tararean distraidos, y desde la altura de unacromática, apénas nos distinguen á los míseros mortales.

Como tengo indicado, á mí me llevó al concierto una persona amabilísima que tenia un amigo, mi acompañante, conocedor de todos los artistas, confidente de todas las poridades de los teatros,dilletantiencarnizado, que sabe todos los motivos, impone silencio en las reuniones, lleva pastillas de pino marítimo para obsequiar á losvirtuosi, y para quien los asuntos de bastidores son como el primero de todos los deberes y la más séria de todas las ocupaciones.

Algunas frases de buena educacion le hicieron creer, yo no sé con qué motivo, que yo era (¡bárbaro!) unamateurde primera fuerza.

Aquel era un concierto de mucha importancia.

El elegante teatrito, los pianos, todo me trasportó al Conservatorio Mexicano.

La tarde era lluviosa: el salon estaba amorosamente calentado por bien repartidos tubos.... la música era clásica hasta en sus últimas notas; imperaban Mozart, Hayden, Bethoven; todo era recogimiento y atencion.

Yo comencé á sentir pesada la cabeza, tiesos los párpados, á sufrir un muelleo desconocido en mis quijadas; cuando quise evitarlo, habia topado con mi frente á una respetable señora que estaba delante de mí; quise reponerme, con esa afectada gravedad de los dormilones, pero á poco me sentí sacudido con cierta brusquedad por un caballero de cuyo hombro habia hecho mi reclinatorio.

Entre tanto, los sacerdotes de la armonía estaban en el éxtasis.... mi compañero vino á decirme al oido que roncaba yo de un modo estúpido, de llamar la atencion, de hacer el descrédito de México.... mi amigo queria devorarme, y me sacó de aquel lugar, sonrojado y queriéndome pedir una satisfaccion.

Cuando volvimos al hotel, nuestros compañeros nos describieron el simulacro del incendio, altamente complacidos de la precision y celeridad de las maniobras, de la inteligencia de los caballos y de la bondad y riqueza de máquinas, escalas y útiles de todas clases para la extincion de los incendios.

Gomez del Palacio, á quien muchas bondades merecí, siempre habia recogido para mí algunos datos sobre el comercio de Missouri, que yo me entretuve en ordenar, miéntras llegaba la hora de la marcha, no obstante el tragin y el aire de fiesta que reinaba en el hotel.

¿Quién me habia de decir que á los diez dias habia de quedar convertido aquel alcázar del descanso y del lujo, en un monton de cenizas, despues de los horrores del incendio?...................

Pero no anticipemos los sucesos........

Las apuntaciones anteriores las hice en verdadera tortura,porque han de estar vdes. que un amigo de San Luis me proporcionó un chiquitin, como un monito, para que me acompañase. Este diminutociceroneá quien llamabanPetit-Courrierera un rehilete, y para mí, un verdadero tabardillo: no me dejaba quieto un instante, á cada movimiento me decia: “¿se ofrece algo?” Veia yo para una tabaquería, él me decia al momento: “¿qué usa vd.? ¿trabucos?”—Hombre, si soy un pollo.—¿Damas?—No me ve vd. viejo?—¿Coraceros?—Esos los usan conmigo cuando me ponen preso. Volteaba como examinando una cantina:—Tomamoslague? ¿coptail? ¿unos amargos? ¿menta? Y aquel demonio no me dejaba un instante, haciendo diez mil caravanas en un ladrillo.

—Hermosa mujer! clamaba yo.... ¿Eh? je!.... repetia el chiquitin.... ese es el lado flaco de todos.... iremos á una visita.... se habla español.... buen Champaña; hay una andaluza que canta el torito de la castainuela....—¡Hombre, si estamos con el pié en el estribo! yo quisiera.... un libro cualquiera......

—¡Oh, la bella literatura! para eso, la francesa, centro del mundo.... ¿Vd. conoce algo de Feuillet? ¿de Droz?....Oh, quell filosofie!.... Y con semejante chicharra pegada á la oreja, he escrito esos números, que parece que cada uno de ellos me picaba los dedos con un alfiler.

Las diez de la noche fué la hora designada para nuestra marcha á Orleans.

Soplaba un viento cortante y destemplado; á la estacion marchábamos hundiéndonos en el lodo y rompiendo fragmentos de hielo: un policía, alto como torre, fornido como un Sanson, y del que cada bota podria servir de funda áun pilar de Catedral, arrojaba al vuelo tercios y baúles al carro de los equipajes; nosotros nos acomodamos lo mejor que pudimos en el wagon, y partió el tren.

En los momentos en que partiamos para Orleans, estaba la cuestion política en su mayor efervescencia; demócratas y republicanos se tiraban con las gamarras á la cara, y no fijaba uno los ojos por parte alguna, por donde no viera saltar un politicastro vivaz y escurridizo como una rata.

Los programas que circulaban, corrian parejas con sus avisos para curar toda clase de enfermedades, con la sola diferencia que la competencia era en cinismo en cuanto á abalanzarse rabiosos á los destinos públicos.

No puede ser de otra manera: los partidos beligerantes son como empresas mercantiles, con sus ramificaciones perfectas hasta las últimas aldeas; ahí está la intriga, la corrupcion; ahí se apuran hasta los últimos términos la influencia y el soborno; pero esto afecta poco el modo de ser social, que sigue el rumbo de los grandes intereses de aquella sociedad.

Hablando de tarifas de aduanas, decia laplat form(programa) de los demócratas:

“La tarifa actual empobrece multitud de industrias para subvencionar un pequeño número, prohibe la importacion que podria comprar el trabajo americano, ha degradado al comercio americano, ha detenido la venta de los productos del trabajo entorpeciendo los cambios; una industria que ocupa la mitad de la poblacion y cuesta al pueblo cinco veces más de lo que produce el Tesoro, impide los progresos de la produccion y es nociva al trabajo.Queremos que la aduana se reduzca á su purísimo carácter fiscal.Tal comoestá la tarifa, solo sirve para alentar el contrabando, enriquecer empleados pícaros y precipitar en la bancarota á los negociantes honrados.”

No obstante las recriminaciones que se hacian al partido republicano, éste decia en su favor:

“Durante el último año fiscal que terminó en 30 de Julio de 1876, el excedente de los ingresos fué 29.249,000 pesos, que fueron aplicados á la reduccion de la deuda. En los diez últimos años, el reembolso ha sido 579.423,284 pesos de nuestra deuda. En 30 de Junio de 1866, la deuda nacional era de 2,640.348,000 pesos. En 1866, el ingreso producido por las contribuciones interiores era de 309.226,813 pesos. En 1876, se redujo en 200.000,000 para aliviar al pueblo.”

Veamos ahora la situacion del Sur pintada por un republicano:

“Cinco, diez ó veinte negros han sido muertos, y á veces tambien algun blanco segun se nos dice diariamente; pero cada anuncio de un hecho de este género, es seguido de la mentira de estampilla de que los negros han comenzado el ataque ó los blancos se han limitado á defenderse. Los negros, pobres ignorantes, casi desarmados ó sabiendo apénas servirse de sus armas, son representados como precipitándose sobre sus adversarios, bien armados, ejercitados é intrépidos, haciéndose matar con el único objeto de preparar un pequeño suplemento de capital político á sus amigos del Norte.

Los asesinatos cometidos de diez negros en Hamburgo, con las particularidades de una atrocidad extraordinaria, no son sino el prólogo de la campaña en favor de Tilden en aquel Estado.

Ese es el principio de la obra de intimidacion. Bajo un pretexto fútil y escandaloso, como trescientos hombres blancos invaden aquella pequeña aldea habitada por gente de color, y ejecutan allí sus asesinatos, lanzan á los bosques á las mujeres y á los niños, y saquean sus infelices habitaciones.”

—No se apure vd., decia yo al entusiasta mexicano que me hablaba de estos pormenores: si le cogemos la embocadura al sufragio, como estos caribes, armaremos cada zambra de perecernos de risa.... No se puede decir que estemos del todo atrasados...................................

—No, no es para dar idea, á galope, de la situacion de los partidos en los Estados-Unidos, y mucho ménos despues de la guerra. Cuando vd. profundice sus estudios, verá que en la vida privada, el americano es inteligente, racional y modesto; pero en cuanto se trata de la cosa pública, nada conoce vd. de más fátuo, de más pretensioso é intolerante.

Se elogia su sentido práctico, porque todo lo quiere reducir á la mecánica y al número; el derecho, la economía política, la diplomacia, todo se subordina á la conveniencia del momento, aunque esto les produzca terribles desengaños.

En la guerra pasada se ha perdido un millon de hombres, se han gastado catorce mil millones de pesos; pero la emision del papel aumentaba el negocio, y se decia que casi era un bien la guerra.

Pero las quiebras se sucedieron, huyeron los capitales espantados, y en el fondo de la reorganizacion, quedan vivos los gérmenes de lucha entre el Este y el Sur.

No puede ser de otra manera: la masa del pueblo trabaja y se entrega á sus negocios; cosa de trescientos milpolitiquerostienen á su cargo, ó mejor dicho, profesan como industriala cosa pública: éstos están divididos en republicanos y demócratas, partidos irreconciliables, porque no caben en una propia especulacion: la lid se entabla; el partido vencido sigue explotando en corta escala á sus adeptos; el vencedor se apodera de los destinos públicos, y anda la anderga.

Vea vd. cómo pinta Molinari á los partidarios de Tilden, con motivo de la convencion de San Luis. Se habla del partido demócrata:

“Allí se encuentra, dice, el viejo propietario de esclavos, con el corazon henchido de amargos recuerdos, convencido de que la emancipacion era el robo, y de quien la única esperanza es la indemnizacion que puede arrancarse al gobierno.

“Allí se encuentra el viejo agitadorseparatistaque precipitó á los Estados á la rebelion y redactó las actas de sesecion. Allí están los oficiales y soldados que hicieron flotar la bandera confederada sobre campos de batalla teñidos de sangre de sus compatriotas, y que se vanagloriaban de sus expediciones como títulos legítimos para los honores y los empleos. Allí están los nombres del congreso rebelde de Richmond, que debatieron á puerta cerrada la cuestion de la bandera negra....”

—No, decia mi amigo, la cuestion en muchos puntos está intacta ahora como ántes; es preciso armonizar por medio de la libertad intereses que aun están encontrados. Hoy puede decirse á Hayes como se decia á Grant:

“Los productos que alimentan las manufacturas del Norte y sostienen las relaciones con el extranjero, se recolectan en el Sur; el Oeste cuenta con los mercados de la Luisiana, de la Florida y de la Carolina, para la salida de sus cereales,en cambio de lo que recibe azúcar y tejidos. De esos intereses comerciales depende todavía la conservacion y tranquilidad de la Union.”

Durante la travesía en que me ocupo, se hablaba de la série de batallas conocida en la última guerra con el nombre de la “Campaña del Mississippí,” y se repetian nombres que, aunque nos eran familiares, oiamos figurar con cierto carácter de novedad.

Lincoln, Farragust, Rosecrans, venian á nuestro encuentro como viejos conocidos.

Yo aproveché aquella ocasion para hacer algunas apuntaciones acerca de esos personajes, que tambien cobraron nuestro conocimiento en los dias de la intervencion francesa.

Hé aquí algunas de mis apuntaciones:

“Lincoln nació en 12 de Febrero de 1809, de unos padres tan oscuros, que Tomás Lincoln, que le dió el sér, apénas sabia firmar.

A los siete años, y ya frecuentando la escuela Abraham, el padre abandonó el Kentuky y se trasladó al condado de Spencer, en Indiana, donde se dedicó al cultivo de la tierra, de suerte que hasta los veintidos ó veintitres años, no dejó la azada de la mano.

Hasta 1830, Lincoln no era otra cosa que un buen peon de campo.

Honradísimo, robusto, constante en el trabajo Abraham Lincoln, la única aventura que interrumpió la tranquilidad de su vida, fué un encuentro con siete negros que quisieron asaltarlo en compañía de un amigo suyo, yendo á Orleans, y en que el intrépido labriego del Kentuky salió victorioso.

En 1830, emigró de nuevo Abraham con su padre al Illinois, dirigiendo él mismo las carretas que conducian á su familia.

En la nueva residencia, se distinguió Lincoln como leñador, manejando el hacha con más destreza que la hoz y el azadon.

En 1831, un tal Denton Offat, que traficaba con Nueva-Orleans, le propuso una expedicion, unido á dos de sus amigos; para ello fué preciso construir una barca: dedicáronse al trabajo Lincoln y sus amigos con la remuneracion de doce pesos diarios, y se efectuó la expedicion.

Al volver Lincoln de su viaje, se encontró con que su padre se habia mudado al condado de Coles, á la orilla del rio Sangamon.

En aquel lugar quiso continuar Abraham su educacion: comenzó por procurarse una gramática inglesa, y no habiéndola, hizo un viaje de ocho millas para ir á copiar el libro requerido, que aprendió en un mes, con sorprendente tenacidad.

El presidente Jackson nombró por este tiempo á Lincoln administrador de correos de la Nueva Salem. Sin duda el nombramiento de Lincoln se debió á lo muy despoblado de aquellos lugares. Lincoln, sin embargo del cortísimo sueldo de administrador, recorria aquellos lugares, dando pábulo á la inclinacion que tenia á los debates políticos.

Ascendió Lincoln á escribiente de los almacenes de Offat, y de ahí nacieron sus relaciones con Douglas.

En 1834, fué elegido representante de la legislatura, y en 1836, fué reelecto.

En 1834, le aconsejó Juan D. Stuart que estudiase leyes;le facilitó libros, otros amigos influyentes le favorecieron y se hizo al fin abogado.

Acreditado su bufete más de lo que él mismo esperaba, se trasladó á Sprierfield, se unió primero á Stuart y despues al juez Longan.

En la campaña de 1844, Lincoln fué de los más celosos é infatigables partidarios de loswhigs, se opuso enérgicamente á la anexion de Tejas y compartió la derrota del famoso orador Enrique Clay, derrota que debia precipitar la guerra con México.

En 1846, se le eligió para tomar asiento en el congreso general, siendo el únicowhigque ganó la votacion.

Cuando se verificó la eleccion presidencial en 1848, Lincoln apoyó la candidatura de Taylor, pronunciando en su favor elocuentísimos discursos.

En 1849, se retiró Lincoln del congreso para dedicarse á su profesion, y reapareció en 1852 en la escena política, propalando la presidencia de Scott.

En la convencion nacional republicana de 1856, Lincoln obtuvo ciento dos votos para el cargo de vice-presidente, si bien no alcanzó entónces la victoria, y en 1858 se le proclamó como el primer campeon del partido.

En 1860, la convencion republicana formada en Chicago dió todos sus votos á Lincoln para la presidencia, y en 1861, el 13 de Febrero, fué proclamado presidente de los Estados-Unidos.

Estéban Douglas fué de los más ardientes partidarios de Lincoln. En uno de sus más notables discursos decia:

“Hace veinticinco años que conozco á Lincoln, nos tratamos los dos, siendo muy pobres ambos; yo era maestro deescuela, él tenia una tiendecita cualquiera en Nueva Salem; era él más afortunado que yo, y tuve lugar de admirar su perseverancia, su honradez sin tacha, su inteligencia y sus buenos sentimientos.”

Morris, al mismo tiempo, emitia conceptos respecto de Lincoln, en que se le representaba como una medianía en el foro y en la tribuna. Decia Morris tambien:

“Cuando se comunicó á Lincoln que la convencion republicana de Chicago le habia elegido presidente de la Union, estaba jugando un partido de pelota con los muchachos, y no dejó el juego. Elegidle, anunciad despues que ha desembarcado algun enemigo en nuestras costas ó que algunos Estados se niegan á reconocer al gobierno general, y es muy probable que vaya á terminar alguna partida empezada, ántes de averiguar si el hecho es cierto.”

Estos eran los juicios sobre Lincoln en los momentos de su eleccion; el triunfo de Lincoln determinó la separacion de la Carolina, siguiendo su ejemplo Virginia, Georgia, Carolina del Norte, Luisiana, Alabama, Florida, Tennessee, Kentucky, Missouri, Tejas, Mississippí y Arkansas. Al advenimiento de Lincoln al poder, tronaba la guerra civil y estaba destrozada la Union.

Durante cuatro años, se sucedieron los combates: las masas de hombres que se chocaron ensangrentando el suelo americano, oscurecen todo lo conocido en los tiempos antiguos y modernos.

El tercer año de la guerra fué inaugurado por Lincoln con la proclama de emancipacion, fecha 1.º de Enero de 1863. En 1864, el Norte contaba con más de un millon de hombres á su servicio.

La Guerra, que hasta entónces le habia sido adversa, comenzó á sonreirle, y conquistando palmo á palmo un terreno que se podia calcular en extension como la mitad de la Europa, penetró al interior del Sur, y encerró, por decirlo así, en la fortificacion de Richmond, al general Lee, que ántes habia sido el terror de Pensylvania, miéntras los formidables monitores en el mar, se apoderaban, despues de sangrientas luchas, de todos los fuertes sublevados.

El Norte entero, como un solo hombre, secundaba las miras de Lincoln; abrió la mano con liberalidad inaudita para toda clase de recursos, contándose por millones diarios. Se escucharon rumores de paz, pero las primeras proposiciones fueron inadmisibles.

Lincoln se habia trasladado á Haptom para facilitar las negociaciones, y al fin, el 9 de Abril, las fuerzas del general Lee se rindieron al general Grant en Appomata Court House, despues de una honrosa capitulacion.

La guerra habia durado cuatro años, dia por dia.

Con el fin de celebrar tan fausto suceso, los habitantes de la capital se reunieron al frente de la Casa Blanca, y Lincoln les dirigió una arenga llena de moderacion y compostura, evitando toda alusion que pudiese herir susceptibilidades.

Tres dias despues, aunque era el aniversario del bombardeo del fuerte Sumter, se evitó todo recuerdo; pero en la noche asistió Lincoln al teatro con su familia.

Poco despues, dice uno de sus biógrafos, de terminado el tercer acto del drama que se representaba, y á eso de las nueve de la noche, la detonacion de una pistola hacia estremecer al público, y el presidente Lincoln, que se hallabaapoyado en el antepecho del palco, caia herido mortalmente por la bala que le disparó el asesino John Wilkes Booth, jefe de una partida de conspiradores.

El presidente recibió la herida en la parte inferior de la cabeza, yendo la bala á sepultarse en el cerebro, y quedando el herido insensible hasta su muerte, que fué á las siete y veinte minutos del 18 de Abril.”

Al amanecer del siguiente dia, esto es, del 12 de Marzo, con un cielo espléndido como si se hubiera corrido una cortina, como si se presentase á nuestros ojos deslumbrados el cambio de una decoracion teatral, gozábamos las delicias de un clima templado, y como que nos sorprendia la vegetacion de nuestro país.

Corria el tren entre quiebras y cañadas á los dos lados del camino; dilatadísimos bosques ofrecian á los ojos sus sombras, sus hilos de agua pura cayendo de las rocas, y sus claros en que ya distinguiamos habitaciones risueñas rodeadas de ganados, ya chozas medio destruidas con los rastros del incendio, la tablazon floja y como flotante, y cenizas y desolacion por todas partes.

A veces de entre esas chozas arruinadas salian, colocadas en fila para ver pasar el tren, familias de negros; los niños casi desnudos; las mujeres como arpías, con el seno desnudo y los lanudos montones de cabellos en desórden, y negros consorbetesdesgobernados y rotos, restos de harapos de paño y unas botas incomprensibles, indescribibles, que eran el cataclismo del calzado sobre el pié desnudo.

No es posible describir el efecto que me producian aquellos lugares, algunos de ellos semejantes á nuestras Huastecas. ¡Cómo revivian en mi mente mis impresiones de niño,cuando leyendo á Chateaubriand, me encantaba con aquellos cuadros en donde parece que vibra su voz y se desliza su poderoso espíritu!

Atravesando esos pintorescos rios nos detuvimos algunas horas en Mobila.

Mobila, como dice Molinari, es el gran puerto de embarque del algodon del Alabama y de una parte de la Georgia. En ninguna parte se han hecho más sensibles los estragos que agobiaron á aquella rica y fecunda region del Sur.

Las más hermosas habitaciones se destruyeron ó vendieron á vil precio.

Mobila exportaba ántes de la guerra 900,000 balas de algodon por año: la exportacion, hoy, ha disminuido en más de una mitad.

Al ver las calles de Mobila, involuntariamente se exclama:

“¿Por qué se ha convertido en desierto la ciudad llena de gente?”

Mis compañeros se quedaron descansando en uno de los hoteles; yo me salí á la ventura á recorrer aquella ciudad, que hace esfuerzos titánicos por reconquistar su antiguo esplendor.

En unbar-room, de la manera más inesperada, me hallé un mexicano jóven, aventajadísimo estudiante de medicina, que, como por adivinacion, se dirigió á mí, me tendió la mano del modo más oportuno, y á las cuatro palabras éramos amigos.

El jóven Z*** es natural del Saltillo; su vestir es elegante y su educacion me pareció sobresaliente.

Hacia alarde del habla, de las maneras y de las costumbres de la gente bien educada de la frontera. Apénas hablamos,cuando le invité á que diéramos una vuelta, porque solo cinco horas teniamos disponibles.

Tomó á pechos el chico su mision, y echamos á andar.

A nuestro regreso al hotel, me ayudó á compaginar las siguientes apuntaciones.

Mobila está situado en la parte occidental del rio de su nombre, casi á la entrada de la bahía y á treinta millas del Golfo de México.

La ciudad está como guarecida entre frondosos árboles, como si temiera el arenal que la rodea, y la limitan colinas de poca elevacion.

Tiene grande regularidad la ciudad, por supuesto forjada con el molde americano; el piso es excelente y llaman sobre todo la atencion en el centro las sombrías arboledas y el profuso follaje de los robles, entre cuyas ramas medio aparecen, medio se ocultan los edificios, dando aspecto muy agradable al conjunto.

Dominan la reducida, pero risueña bahía, el fuerte Morgan, antiguamente Bowyer, Mobila, Point y el fuerte Gaine: en la extremidad de la isla del Delfin, descuella sobre todas esas eminencias un faro cuya linterna está elevada á cincuenta y cinco piés sobre el nivel del mar.

En la direccion de la bahía se distinguen restos de las baterías construidas durante la guerra, que destruyeron los vencedores.

Gran número de buques de vela navegan entre Mobila y Nueva-Orleans, y cruzan en el interior el Alabama, el Tombigbe y otros rios, lo que da á la bahía y á las orillas de los rios grande animacion.

Mobila fué el sitio original de la colonizacion francesa, ylos que conocen las costumbres de sus habitantes, hacen grandes elogios de su cultura, costumbres y maneras simpáticas con nuestra raza. La fundacion, en el comun sentir, se verificó en 1703.

En 1723, la residencia del gobierno colonial se trasportó á Nueva-Orleans. En 1763, Mobila, con toda la parte de la Luisiana, al Este del Mississippí y al Norte de Bayon, Iberville y los lagos Maurepas y Pontchartrain, pasaron á la posesion de la Gran Bretaña. En 1780, la Inglaterra devolvió á España este territorio, y aquel gobierno, en 1813, entregó la ciudad, que no contenia ni mil personas, á los Estados-Unidos, por el tratado de 1819.

Mobila en la última guerra, se hizo notable por su poderosa resistencia al Norte, tanto que no se rindió sino tres dias despues de la rendicion de Lee (12 de Abril de 1865).

Cuando en 1864, las tropas del general Farragust destrozaron los fuertes y cerraron el puerto, no lograron apoderarse de la ciudad.

Además del comercio del algodon, de cuya extension hemos dado idea, tiene importancia la manufactura de muebles, carruajes, papel, fundiciones, maquinaria, etc.

La calle del Gobierno es de las más hermosas, los jardines de las casas que se perciben bajo los robles pomposos que sombrean la calle, hacen hermosísima la vista.

Bienville park, entre las calles del Delfin y San Francisco, es tambien muy hermoso, y ya se notarán en los nombres las invasiones de la raza americana entre franceses y españoles, y ya se deja entender cuáles serán los matices que tal mezcla produzca en lo más íntimo de las costumbres.

La aduana, en que se encuentra la oficina de correos, es de los más hermosos edificios; está hecha toda de granito y tuvo de costo 250,000 pesos.

El Teatro y la Casa del Mercado, están en la Calle Real.

Dos edificios llamaron, en mi rápido tránsito por Mobila, singularmente mi atencion: el edificio de las Compañías impares,Old fellows Hall, que está al frente de la aduana y es de fierro y ladrillo, y el Banco de Mobila, que tienen columnata y pórtico magníficos.

Las iglesias más notables son la Catedral de la Inmaculada Concepcion (católica romana); la Iglesia de Cristo y la Trinidad (episcopales).

Hay en Mobila suntuosos hospitales, cuatro asilos para huérfanos, un colegio de Medicina á que pertenecia mi simpático fronterizo, muy bien atendido, y multitud de escuelas y academias, entre ellas una escuela hebrea, de mucha fama.

Spring Hilles un agradable suburbio situado al Oeste de la ciudad, al cual se va por los wagones de la calle de San Francisco.

En la ciudad hay seis líneas de wagones.

EnSpring Hillestá situado el colegio de San José, institucion jesuítica: fué fundada en 1832 por el obispo Portier, y tiene un hermoso edificio de 375 piés de largo, coronado por una torre desde la cual se disfrutan vistas deliciosas.

El colegio contiene una librería de 8,000 volúmenes, y una muy valiosa coleccion de aparatos científicos. En la espalda del edificio hay una magnífica estatua de la Vírgen, llevada de Francia.

A lo largo de la bahía, en una extension de más de dosleguas, se prolonga una magnífica calzada, que puede considerarse como el mejor paseo de la ciudad.

Acababa mis apuntaciones con mi jóven amigo el Sr. Zartuche, le abrazaba, me escribia en un papel algunas palabras afectuosas para su hermano Andrés, que reside en México, cuando tocó la puerta Francisco, que venia á decirme que iba á sonar la hora de partir.

Estábamos á 144 millas de Orleans, é íbamos á ver el Golfo de México, algo de México, por Dios, que yo estaba sudandowiskeyhacia tres dias, y á recorrer el camino de fierro más sorprendente de los Estados-Unidos.

Como suena la palabra, es un camino construido sobre un pantano lleno de resumideros y hundiciones; vamos, era como un esfuerzo de patinar sobre una tortilla de huevos.

Lo diré francamente: yo no estoy organizado para ninguna clase de maromas; pero mucho ménos para estas; no las soporto, no hay una cosa que más me encocore, que esos fanfarrones del mar, que dicen que á ellos se les marean los dientes cuando se anuncia una tormenta, ó esos soldaditos de tres al cuarto que se jactan de dormir en el suelo y beberse una botella de aguarrás, porque son hombres.

El camino es un equilibrio perpétuo; se ven los delgados troncos de los pinos como balaustradas y crujías en que salta y se juega la luz, se extienden en soberbios cortinajes enredaderas que flotan rotas por los vientos; y por los claros de aquella crujía de los árboles tupidos, se ven casitas blancas, vegas risueñas en que juegan los niños, ó que atraviesan los carros tirados por caballos, y grupos de hombres blancos y negros, dedicados á unas mismas labores.

Hay en el trayecto muchas estaciones de nombres franceses:Rigollets, Cheft, Menteur, Michaud, Gentilly, y nombres indios como Pascagoula y Biloxi: esta última estacion está habitada por gascones á quienes se conoce al vuelo.

Vayan vdes. á ver una puerilidad singular: aquel coqueteo de las selvas con el Golfo de México, visto por interrupciones como envuelto en un manto de púrpura y oro, me tenia realmente regocijado; pero con un verdadero fandango en las entrañas, me saludaban los árboles, me decian chicoleos las aves, me parecia que tenia el cielo sombrero ancho y que la estrella de la tarde se habia terciado un rebozo para hacerme una muequilla, como cualquiera maldita de estas de los barrios de México.

La tarde caia como para restituirme á la realidad: la sombra descendia lentamente como un párpado que priva al ojo eternamente de la luz.

No cantaban las aves, el viento parece que llegaba fatigado y recogia sus alas sobre las ramas de los árboles.

Hondo silencio reinaba en el interior de nuestro coche; yo, en la plataforma, veia sin ver, me mantenia sin conciencia de la vida, en esa disposicion del espíritu, entre el ensueño y el éxtasis: mi alma no estaba en mí, se paseaba libre en esos espacios que nos deja el olvido.

Repentinamente me pareció que atravesábamos por dentro un mar de llamas; era, en efecto, el resplandor vivísimo de un incendio reverberando en las aguas.

Incendiaban aquellos, como nuestros labradores, el pasto seco; pero la llama caprichosa, ya se recogia como encharcándose entre los árboles, ya se extendia en agitados lagos en los claros sin árboles, ya trepaba á lo más alto de una colina, convirtiéndola en edificio maravilloso y fantástico, y ya, descendiendo en corrientes, perfilaba los bordes de las aguas y culebreaba en direcciones distintas.


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