VIAJEÁ LOSESTADOS-UNIDOSPOR FIDELDESPERTABA como de un sueño á la orilla del mar Pacífico y en el puerto del Manzanillo el 13 de Enero de 1877.Y cuidado que el sueño picaba en historia: habia de todo, como en los dramas románticos: escursiones á caballo, lastimeras y dolientes como unde profundis, entrevistas al rayo de la luna, como parodiando las que tuvo el Ariosto con los recaudadores de equipajes en los caminos, mansiones en una especie de sepulcros de vivos, de donde habia huido para siempre el ruido y caminaban maquinalmente los cadáveres con los ojos abiertos: arcos triunfales, repiques, banquetes y entusiasmo frenético, descensos á las entrañas de la tierra,sonrisas del poder, cobardía y traiciones viles, y en fin, tanto y tan variado suceso, que á ser mi objeto, formaria entretenidas leyendas y sabrosas enseñanzas para los presentes y venideros siglos.Yo tenia la conciencia de haber visitado en otro tiempo,dulce y alegre cuando Dios queria, aquellos mismos lugares, embriagado de luz con la grande epopeya de la Reforma, y tratando de seguir las huellas, como por mi fortuna las seguí de cerca, de Juarez, de Ocampo y Degollado. Pero aunque mi memoria insistia en restablecer el cuadro que entónces se ofreció á mis ojos, no quedaba ni un fragmento, ni un resquicio, ni señal ninguna que sirviese de punto de apoyo á mis recuerdos.Entónces (1858), mal feridos y desgobernados en nuestros rocines y llevando á cuestas el retumbante título dela familia enferma, llegamos al Manzanillo, Juarez, Ocampo, Leon Guzman, Ruiz Manuel, Cendejas Francisco, Jacinto Aguilar, Zambrano, D. Matías Romero y algunos otros, como perseguida compañía de cómicos de la legua.Era en aquel tiempo Manzanillo una playa casi desierta en donde la fiebre se enseñoreaba, tenia el apodo de centro mercantil una tienda de lona, habitada por unos alemanes que no interrumpian su eterno sueño sino para agotar toneladas de cerveza ó hacer sus excursiones á la aduana.Estaba enriquecida con titulo tan afianzador y conspicuo una galera sucia y sombría con el brazo tendido de una viga sobre las aguas, para afianzar los cargamentos que no habia querido recoger el contrabando, porque en cuanto á los náufragos, se encargaban de ellos los tiburones, únicos competidores en voracidad con el hambriento resguardo marítimo.Unos cuantos jacales hundidos en la arena, como sapos y tortugas que hubiesen dejado en seco las mareas, la falda escabrosa del monte, de que parecian precipitarse enormes peñas, y un cerro avanzado hácia el mar, pomposo y arrogante, que desde entónces, á la entrada de la bocana, pide á gritos un faro, sin que nadie le haga maldito el caso.Recordaba con enérgica fidelidad, que habiendo llegado muy enfermo y manifestando deseo de ver la bahía, Juarez y Ocampo me hicieron silla de manos y me pasearon en la playa, yendo yo orgulloso y triunfal y con el alma luminosa dentro del pecho, más feliz que sobre el primer trono del mundo: mi amado Pancho Cendejas iba por delante haciendo farsa. De repente volvia los ojos y me sorprendian las brillantes huellas que iban dejando mis conductores (eran los efectos del fósforo): alegres con mis sorpresas, los acompañantes de mis amigos restregaban la arena con las manos y la esparcian refulgente como polvo de luceros....Ahora el puerto del Manzanillo tiene sus calles regulares, sus tiendas y valiosos almacenes, su capitanía, su cuartel, su plaza, con asientos y embanquetado, y su aduana, que es un edificio de madera con sus amplísimos corredores viendo á la bahía, que es por cierto poética y encantadora.El Manzanillo sale de las aguas de la laguna de Cuyutlan, sacude su cabellera y se escurre entre dos altísimas montañas: parecen descender, saltando sobre las rocas, casucas alegres con sus huertecitos llenos de flores, á ver pasar á la pequeña ciudad que se asienta en la arena de la playa, entre edificios de apariencia americana, con sus ventanillas con persianas verdes, sus enverjados y sus chimeneas en alto, agitando sus plumeros de humo.Caminaba al lado de Joaquin Alcalde, haciéndole partícipe de mis impresiones: éste, con sus ojazos negros, su fisonomía animada y su mímica vehemente, acentuaba mi relacion, produciéndome vivo placer.Vestía Joaquin frac gris y pantalon ajustado, bota fuerte y un fieltro tan elástico y expresivo como la fisonomía del propietario.Ibamos al acaso, cuando de un balconcillo pequeño, angosto, desdentado y trémulo de barandal, una señora frescachona, morena, alegre y de blanquísima dentadura, nos dió el alto.—Aquí, Sr. D. Guillermo, aquí, yo soy Fermina, la que asistió á vdes. la otra vez; aquí, en este lugar, vivió el Sr. Juarez, yo tengo la silla en que estuvo sentado, y no la doy por todo el oro de la tierra.... Pasen vdes.En dos por tres renovamos conocimientos, procuróse una cómoda instalación en una piececita aseada con sus blancas cortinas de musolina en los catres y cómodas butacas de fresca vaqueta en las puertas.Miéntras yo hacia preguntas á Fermina y la acompañaba, tomando posesion de su casa, Alcalde, en el expendio de tabacos, anexo á la misma casa, se daba á conocer con el marido de Fermina, portugués recalcitrante, recio de carnes, flaco de costillar, con unos nervios como cables y unas venas como tubos de acueducto.El portugués es marino consumado,atracajunto á un tonel y se queda fresco, fuma unos tabaquillos como baupré de navío y dispara unas desvergüenzas capaces de descalabrar al más pintado.LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Puerto del Manzanillo.En el Manzanillo, y asistidos por Fermina y su consorte, duramos cuatro dias, hasta que el dia 17 las señales delCerro del Frailenos anunciaron la llegada del vapor que debia conducirnos para Mazatlan.El vapor “Granada” en que nos embarcamos es hermoso, y se distingue entre los palacios flotantes, que con el nombre de vapores, atraviesan las aguas del Pacífico.Sobresale del seno de las aguas el casco inmenso del buque, que apénas cabria en una de las calles que llamamos cabeceras, teniendo mayor altura.Dos fajas de balaustrados lo ciñen exteriormente, formando corredores, y la superior que es, digámoslo así, la cubierta ó azotea del barco.En los corredores se ven las puertecitas de los cuartitos ó camarotes.En el interior, por pisos que comunican régias escaleras, están el amplísimo corredor con sus lámparas, alfombras y muebles riquísimos, y en el piso superior, cuyo techo es la cubierta, hay un salon espléndido con espejos y sofaes riquísimos, mesas y sillones y un soberbio piano que suele ser solaz y contento de la tripulacion, cuando el dios de las aguas echa una cana al aire.Sobre la cubierta está la elegante estancia del capitan, contigua á un precioso gabinete destinado á los fumadores.Sombrea la cubierta tendida lona, bajo la que están colocados cómodos asientos de bejuco, ocupados dia y noche por los que se recrean con el espectáculo siempre nuevo y sorprendente del mar.El “Granada” mide 2,500 toneladas y está al mando de un excelente marino, que es además cumplido caballero.Luego que hicimos nuestros arreglos de instalacion, pasé revista á mis compañeros de viaje.Eranladysdeliciosas, entre las que abundaban personas de esmerada educacion; habia una Sussy dulce y melancólica como la estrella de Occidente cuando brilla solitaria sobre las montañas de mi patria; una Emma poética como una pasionaria viéndose en las aguas del dormido lago; una Katty bulliciosa y sensual como una inspiracion maliciosa de Lecoq, y una Lora sentimental como una melodía de Shubert.Por supuesto no faltaba una literata que iba en pos de impresiones á la California, ni una buena esposa que corría tras del marido escurridizo, ni una víctima que iba á gestionar su divorcio de una especie de tigre feroz que habia marchitado en flor su juventud.Habia viajeros pacíficos de distinguida clase y que viajaban en el estricto órden constitucional.En este número se contaba un acreditado doctor homeópata y su linda esposa. Esta señora es andaluza, y á pesar de su circunspeccion y de su estado, derrama la sal de Jesus por todos los cuatro costados.El servicio del buque se hacia á nuestra llegada con rigorosa puntualidad, y el capitan, que es un cronómetro de cachucha azul, no permitia se relajase en lo más leve la disciplina.La servidumbre era toda de chinos. No dejó de excitar nuestra curiosidad el conocimiento con estos bípedos que están metiendo tanto ruido.El chino no es un hombre, es un ejemplar de una obra inmensa; los chinos son como alfabetos de imprenta; el queconoce unabminúscula, conoce todas lasb b. El chino se produce por moldes, sus poblaciones son como paquetes de alfileres.Cabeza obtusa con el pelo alisado y dos grandes trenzas que rematan en listones negros, y le dan en la parte posterior de los muslos, tez de amarillo deslavazado, ojos oblícuos, nariz chata, boca grande....Una especie de solideo sobre el occipucio, una muy holgada y luenga blusa hasta abajo de la rodilla; la blusa azul ó negra de seda ó lienzo de algodon; calzones anchísimos, azules ó negros; medias blancas como la nieve, y un calzado que tiene mucho de lachalupa, con las puntas agudas vueltas hácia arriba, y una suela gruesa de tres dedos en el centro, dada de blanco como correaje de tropa.Eseson los chinos, y esos chinos componian la servidumbre del buque.La parte masculina eran negociantes ó viajeros retraidos, aventureros alegres y buenos bebedores, y la colonia mexicana en perpétuo movimiento por todos los vericuetos de la embarcacion, las pocas horas que no hicieron amistades extrañas.Pocos de nuestros compañeros, y por desgracia los más graves, sabian inglés, y tambien por desgracia, pocos viajeros, esencialmente viajeras, conocian el español.A Ramon Alcalde quedó reservada la gloria de dar vida y comunicar cohesion á aquellas almas huérfanas que se consumian de fastidio.Acercóse en la noche como distraido al piano, alzó su tapa, preludió algunas quejosas melodías; pero tan silenciosas, por expresarme así, tan ténues, que parecia que hablaba ásolas el piano.... en medio de aquellos rumores tímidos oiamos abrir las puertas de los camarotes, tambien con mucha precaucion. El músico requiere auditorio, se rinde á la alucinacion de la gloria.Las teclas, al fin, dejaron piar, con coquetería indecible, la Paloma.... esa Paloma comprometedora é insurgente, que no puede escuchar con calma ningun ente de razon.Aletea, se sacude y estallan los requiebros abrasadores de la cancion habanera. Los mexicanos, como movidos por un resorte, cercaron el piano y ensayaron el canto: de repente, surge vibrante y sonora una voz ejercitada, dulcísima, llena de aquel jaleo y aquellas cosquillas que nos sacan de quicio; era la esposa del doctor, que dejándolo con tantos ojos abiertos, siguió las notas, se envolvió en ellas, y se pronunció por México.... bendita sea su boca!.... las risas, las palmadas, el entusiasmo, se parecian al delirio.... Lasladysestaban á las puertas de sus camarotes.... retiradas, pero no esquivas; á la Paloma siguióse elTéy elTá; habia un D. Juanito, aleman, de voz privilegiada, que regaba con excelente champaña sin cesar, que acometió elTéy elTá, que siguió á la Paloma con desusado brío, sin interrumpir los compases, al brindarnos con su champaña.... lasladysse acercaron al piano.... amables, pero no comunicativas.... Alcalde, superándose á sí mismo, dejó caer entre una tempestad de notas incendiarias nuestro himno nacional.... hubo entonces explosiones de entusiasmo frenético.... los ojos brillaban con lágrimas, las manos redoblaban los palmoteos, alguno se pasó la mano sobre la frente por sentir como cosquillas; era el tacto de las plumas de los sombrerillos de lasladys,que se inclinaban tambien sobre el piano.... Era necesario no tener pizca de vergüenza, para no estar hecho una aleluya....Al dia siguiente, todos aprendiamos inglés, y lasladysbalbutian palabras españolas que era un contento. La desciplina del buque sufrió un golpe contuso. Uno de los empleados me decia:como estás alborota los mecsicanos.La cosa fué tal, que nadie paró mientes en que el sol caduco que llamamos luna, tenia una glorificacion sublime en el desierto inmenso de las aguas.La navegacion del Manzanillo á Mazatlan se hace casi sin perder de vista las costas, y las nuestras en esa parte del mar Pacífico, si bien desiertas, tienen belleza extremada, por la verdura de los campos cercanos y por las caprichosas montañas que las animan y les quitan su monotonía.Aunque muchas veces, léjos de disminuirse los peligros con la proximidad de las costas se aumentan, hay algo de arrimo con ver la tierra; se nos figura que en un siniestro viene en nuestro auxilio; sobre todo, la idea de un pronto y feliz término del viaje, envolvia las largas horas de fastidio en las distracciones de las sorpresas de los que por primera vez se embarcan.La curiosidad de ver una ballena tenia preocupados á varios de los compañeros, desde el Manzanillo. Al dia siguiente de nuestro embarque, y cruzando las inquietas aguas de Cabo Corrientes, álguien vió aparecer y desaparecer el monstruo, como un relámpago.Agolpámonos sobre cubierta, los conocedores rastreaban con curiosidad el rumbo; al fin vimos salir de entre las aguas una cabeza enorme, boluda, unida á un cuello largo, muylargo y angosto, que como que se balanceaba, dependiente de una masa negruzca que se sumergia en las aguas.Como la navegacion en último término es el abandono de la personalidad; como el ócio es una llama solapada que consume los jugos del espíritu; como la espectativa del acaso, luego que se prolonga produce la indolencia, que es una especie de catalepsia para el alma, cualquier accidente cobra desusada importancia en el mar.La rama vagamunda que se balancea sin rumbo en las olas, la gaviota que sigue al barco para merodear sus desechos y nosotros la creemos cortejo cariñoso, el pájaro perdido en el rastro de humo que deja el vapor, y forma como hileras de árboles y cimas de montañas en el vacío, todo nos despierta, nos interesa, lo encadenamos al mundo que hemos dejado, lo atesoramos, como atesora el pájaro los granos de la planta, y todo lo convierte en reliquia nuestro apartamiento de la madre tierra.Se agobia con preguntas á los viejos marinos y á los navegantes aguerridos, que por su parte se hacen los menesterosos y dan valía á sus conocimientos, viendo con cierta piedad á los neófitos.—Ya verá vd., me decia uno de esos marinos viejos, poseido del provincialismo de las aguas; ya verá vd. si admite comparacion aquel mar encallejonado y mezquino de Veracruz, con este mar que es un señor mar.En aquel mar se revuelven las olas como las nueces en un talego; aquí, no señor, parece que se arrancan del confin del cielo y vienen inmensas y se elevan poderosas y se rompen á los piés de vd., que ve como despedazarse un universo de cristales.Vea vd. qué costas inmensas y desiertas con acceso por todas partes.... dígame si con dos buquecillos como cáscaras de coco y cuatro gatos de resguardo se podrá evitar el contrabando. ¡Y qué costas! Vd. no puede calcular, aunque quiera, la inmensa riqueza de eseValle de Banderasque tenemos al frente y el partido que podria sacarse para la exportacion. Solo en maderas posee tesoros que no se pueden ni valuar; tiene vd. ébano en abundancia,Primavera, que es la codicia de los artistas, linaloé aromático, moral, huayacan y otros muchos árboles preciosos. Pero desde aquí hasta Compostela, donde vamos á llegar, el tabaco crece casi espontáneo, y bastaria un ligero cultivo para hacer de ese ramo un venero inagotable de riqueza.¡Oh y qué atencion tan especial merecen los puertos del Pacífico! Sin los puertos de depósito en estas costas, sin las franquicias arancelarias, se perderán para siempre; no se canse vd.; la desmembracion del territorio, los compromisos de la independencia, no los procuran los yankees; los agentes de esa perdicion están en México, en las aduanas interiores, en las levas, en la bestial proteccion á la industria, que no puede tener otra más eficaz que la libertad y la seguridad.Aquella rinconada que se ve desde aquí, es Ipala.—Sí, señor, es el puentecillo en que han hecho tantos su fortuna.... á poco distinguimos á San Blas, encapotado sesgo entre las rocas, como si quisiera sustraerse á toda vigilancia. El clima dicen que es pésimo.—Así, así; al que perdona la fiebre, le matan las calenturas, y al que no la disenteria; al sol se tuesta el cristiano, y á la sombra se encargan de la tarea de devorarlo los mosquitos y otros bichos.Cuentan de un paisano que quiso venir á instalarse en ese puerto y paró en la casa de un andaluz su amigo. A las veinticuatro horas de estar en San Blas, ya ardia su alma y alzaba el grito al cielo. Quejóse con el andaluz; éste, sin chistar palabra, le tomó por la mano y le llevó al templo: le colocó frente á Señor San Blas, patrono de la ciudad; el santo está muy fresco, con su monterilla puntiaguda, su aire resuelto como el de un majo, el brazo tendido y en alto dos dedos de la derecha mano.—¿Ve vd. ese caballero? dijo el andaluz á su amigo.—Lo veo, ¿y eso qué me importa?—¿Sabe vd. lo que quieren decir esos dos dedos?—No, señor.—Pues quieren decir.... ó aguantarse, ó largarse.—Vdes. ven que el santo no se anda con chiquillas ni con escrúpulos de monja.Poco despues de amanecer el 19, y en la mañana más alegre y fresca que puede darse, nos encontrábamos frente á Mazatlan.Mazatlan se percibe á poco más de dos millas, le forma el mar una herradura inversa á la bahía que cierran enormes peñas, que dan idea como de que el mar corre entre ruinas á estrecharse con la alegre ciudad.Las casitas blancas del puerto parece que bajan en tropel de la colina, atravesando arboledas, trepando sobre las rocas, corriendo por la playa en tumulto, llevando en alto astas, torres y banderas que flotan en los aires.En la bahía percibimos una que otra nave; pero en cambio, multitud de botes cayucos y embarcaciones pequeñas, ya tendiendo sus velas, ya abriendo y cerrando en afanosamarcha sus remos, como las largas patas de animales acuáticos.Dirigiéronse al vapor, como parvada de aves, algunos botes oficiales, otros rodearon el buque como hormigas un terron de azúcar....Como he dicho, contábamos con hacer pié en Mazatlan; pero los hados lo dispusieron de otra manera, y de un modo inesperado, instantáneo, nos encontramos con que debiamos seguir á California. El cambio era súbito y la cuestion de presupuesto, entre otras, se nos presentó con toda su tremebunda deformidad.Antes de partir, visitaron nuestra embarcacion los Sres. Kelly, Ferreira y otros nobles caballeros que nos hicieron generosas ofertas y se apresuraron á aliviar la suerte de los compañeros, que no por no aceptar sus favores dejaron de reconocerlos en lo más íntimo de sus corazones.Yo recibí especiales atenciones de mis amigos Joaquin Redo y su esposa, honra y decoro de las matronas de mi patria; á esas personas quiero consignar este recuerdo de tierna gratitud.En Mazatlan se verificó la desmembracion completa de la familia embarcada en el Manzanillo; hombres heróicos, corazones nobles, caballeros sacrificados á la idea del deber, caian como náufragos en una playa que pudieran llamar extraña, sin recursos, sin arrimo, sin otra espectativa que la de la persecucion y la miseria, y sin haber salvado otra cosa que la dignidad del hombre y las inspiraciones de la conciencia.Vuelta la proa á San Francisco, alzadas las áncoras, viendo perderse en el horizonte las alturas de Mazatlan, como seextinguen las luces de un festin nocturno, se abatió sobre nuestras frentes la tristeza y seguimos al destino, oyendo el resoplar del vapor y sintiendo cimbrar bajo nuestras plantas el costillar del buque que cortaba impetuoso las olas.La noche fué sombría; á deshora, D. Juanito, que se paseaba haciendo X por el salon, sin duda por el recio movimiento del buque, entonó una melodía de Shubert, acompañándose con el piano, tan tierna, tan hondamente sentida, que me pareció que habian encontrado acento todas las dolorosas amarguras, que hechas lágrimas estaban al desbordarse de mis ojos.Llegó el momento de hacer formal conocimiento con la cocina americana.Anúncianse las comidas con un instrumento especial que hace las veces de campana. Este instrumento es un disco de hoja de lata más grande, pero de la figura de uncomal; á este disco, se golpea con un bolillo dejándolo resbalar vibrante, lo que produce estrepitosas notas; mejor dicho, una algarabía de ruidos encerrados en un solo ruido, de venirse el mundo abajo. Ese escándalo de hoja de lata, se llamagongo.Un chino lo suspende por uno de sus lados, tomando por punto de partida la cocina, empuña el bolillo y echa á correr por todo el buque, subiendo y bajando escaleras y armando una algazara verdaderamente infernal.La gula tiene culto especial en un buque; se toma té, se tomalonche, se come, se cena, se vuelve á tomar té y las quijadas pueden resolver el movimiento perpétuo con poquísimo esfuerzo.La mesa está cubierta de platos y escudillas pequeñas conmanjares, si es que tan lisonjero nombre puede darse á esas confecciones inventadas expresamente para martirio y sonrojo de los estómagos.Maíces fresquecitos acabados de llegar de la milpa y á medio cocer, nadando en leche, con trozos de huevo empedernido, jitomates crudos que fungen, bien como frutas, bien como materia prima para ensalada, ramas colosales de ápio, erguidas sobre picheles y jarrones, tortillas de huevo que rociadas con melaza sirven de dulce, mantequilla que se mezcla indistintamente á las frutas, á las conservas y á las más repugnantes grasas, y unos pasteles de intestinos de calabaza mezclados con ruibarbo, capaces de resucitar á un muerto si se le pasa por la nariz.Pero este es solo el pretexto; la verdadera confeccion de los manjares reside en elconvoy, ó lo que se llama las angarillas ó aceiteras y sus adminículos.Todos los cáusticos, todos los tósigos, todos los similares del aguarrás, del álcali y del petróleo, están encerrados en botellitas que hacen temblar las carnes, con los nombres de salsas, pikles, pimientas, polvos y sazones.Llega el manjar, y caldo ó carne todo es uno, llueven polvos, vinagres, melazas, el caos de los sabores, la Babel de los tósigos; aquello se devora y su hervor se apaga con cerveza ó se inunda en agua, varias veces nauseabunda....La mesa era, pues, la béstia negra para mis compañeros y para mí; pero pasadas sus embestidas, renacia el buen humor y se trataba de comunicar variedad al triste encierro que nos sujetaba.El piano levantaba los ánimos, el aprendizaje del idioma estrechaba los vínculos, y la amabilidad mexicana hizo talesconquistas, que á poco tiempo los chinos ensayaban dancitas, los empleados tarareaban elsombrero ancho, el servicio se relajaba y el capitan se tiraba las barbas al ver que lafiebre mecsicanahubiese invadido su ántes silenciosa y austera mansion.Un pasajero de la Baja California, ancho de espaldas, resuelto de mirada, pero de finas maneras, me sorprendió en la tarde dirigiendo piropos á las nubes, extasiado con el espectáculo magnífico de la caida del sol (ya es conocida de mis amigos mi manía de declamar mis versos al improvisarlos, manía que me ha valido algunos chascos).El cuadro que yo tenia delante de los ojos era de una grandiosidad inexplicable.Moles inmensas de nubes veíanse tendidas y como superpuestas en la dilatada extension del horizonte; sobre aquella gradería aérea se condensaban grupos de nubes formando árboles, arcos, pirámides, cabezas de monstruos con garras y alas, caballos, columnas, ancianos de profusa barba y dragones gigantescos: de las extremidades de ese horizonte amplísimo colgaban cortinajes caudalosos de púrpura, que se revolvian ó se derramaban sobre las gradas: el sol, primero apareció como en el centro de un pórtico fantástico y fué descendiendo tras la gradería, trasparentándola, tiñéndola de escarlata, bordando de oro los cortinajes, circuyendo de ráfagas, árboles, arcos y columnas, dejando como en la sombra, rocas, ancianos y monstruos; descendió más y el globo inmenso de fuego tornó en raudalosas cataratas de llama las gradas, apareciendo el astro rey ahogándose en el infinito de luz que reproducian las aguas como incendiándose, en tanto que vislumbraba la luna en Oriente comoinundada en lágrimas al presenciar la agonía de su hijo, el padre del dia.... El cuadro, aunque desnaturalizado por mi pluma, era magnífico, la tripulacion entera asistia á él, ébria de deliciosa admiracion. Yo estaba aislado, y como digo, declamando no sé cuantos disparates.... sentí á mi espalda un ruido y era el pasajero que me decia:—Continúe vd., señor.... continúe vd., yo rezaba tambien como vd.El pasajero es amigo del Sr. Pedrines, vecino de la Baja California, con quien por tal motivo contraje relacion.—Allí tiene vd. mi casa, esa es la Baja California, yo poseo unos ranchos cerca de San José. Cierto es, continuó, que la Baja California no tiene los tesoros que la Alta; pero es opulentísima, son innumerables los ganados que sustenta, de sus minas tienen vdes. noticias bastante exactas por los escritos de los Sres. Esteva y Castillo, el comercio de la orchilla podria hacerse fecundísimo, la pesca de la ballena es ramo que ha producido cuantiosas ganancias y no tengo noticia de que se haga la pesca de la perla, que produce cuarenta y cincuenta mil pesos anuales, en mejores condiciones que aquí.Sobre todo, hay islas no explotadas que encierran inmensas riquezas. ¿Vd. no tiene conocimiento del proyecto del Sr. D. Guillermo Andrade para enlazar por medio de comunicaciones rápidas, Guaymas, es decir, Sonora, la Baja California y San Francisco ó mejor dicho, para comunicar varios pueblos por el Golfo de Cortés?—No, señor; pero debe ser de importancia, porque el Sr. Andrade es hombre calculador y audaz para los negocios.—No sé los pormenores del Proyecto, aunque anda impresoen varias manos; pero sé que se reduce á pedir subvencion para las comunicaciones frecuentes entre esos puntos que á vd. digo, por medio de vapores que conduzcan pasajeros, carga y correspondencia.Como complemento del Proyecto se pide la habilitacion como puerto de altura al de la Libertad, hoy solo de cabotaje, y el de San Felipe en la Baja California, cercano á los valles de la Trinidad, Santa Catarina y los placeres de oro que ahora se tienen que surtir de San Diego, con perjuicio de los intereses nacionales.—De solo harina, continuó uno de los que estaban cerca de mi amigo, se consumirian más de 50,000 pesos al año. La harina de California, puesta en San Rafael, cuesta de cuatro á cinco pesos quintal, ó sean de doce á quince pesos carga; abierto el puerto de San Felipe, tendriamos carga de harina del Altar, por ocho pesos.Lo propio que digo de la harina podria decirse del azúcar, manteca, jabon, tabaco, aguardiente, sal, maíz, frijol y otros artículos.—Tiene vd. razon; yo he oido decir que artículos nacionales, como panocha, mezcal, sombreros, sillas de montar, zarapes, etc., tienen primero que ir á San Francisco, donde pagan derechos, y despues venirse á vender á la Baja California.Esa tendencia á unirse una parte de Sonora en intereses con San Francisco, depende de las pésimas disposiciones fiscales, y el gobierno protegeria con solo no oprimir al trabajo.Medio de oro hubiese yo dado á misvencedoreslos proteccionistas de México, porque hubieran aprovechado laslecciones sábias del Sr. Pedrines, á quien apedrearian sin duda los capataces de nuestros buenos y crédulos artesanos.En estas conversaciones íbamos al frente del Cabo de San Lúcas: allí, en una humilde barca de pescadores, resuelto, y sin arrimo ni otra proteccion que la del cielo, ganó la playa nuestro caballeroso y leal compañero Antonio Gomez, que se separó de nosotros siguiendo la ruta que le marcó su sino.La sencilla y majestuosa celebracion del domingo me conmovió profundamente.Sin antecedente el más ligero, uno de aquellos caballeros, que en nada se diferenciaba de los demás, fué resultando sacerdote. Por supuesto que jamás le ví al lado de sobrinitas cariñosas de parecido perfecto del siervo del Señor; nunca le escoltaba un creyente de fisonomía humilde y estúpida; nunca manifestó esa superioridad del que por creerse en relaciones con el cielo, puede hacer de la tierra cera y pábilo.El comedor se adicionó con una mesa cubierta con la bandera americana, y sobre la mesa un libro.Detrás de la mesa estaba el sacerdote: en las bancas, y al rededor de las mesas se sentaron los creyentes; niñas primorosamente vestidas, señoritas adornadas con elegancia extraña, jóvenes y caballeros entre quienes reinaba el silencio y la compostura.Nada más sencillo que aquel cuadro; pero el recogimiento, la seriedad y el espíritu religioso preponderante, convirtieron en augusto templo aquel departamento del buque y dieron solemnidad al que á primera vista parecia trivial espectáculo.En determinado momento, el sacerdote inició, y los circunstantes formaron coros tan acordes, tan llenos de majestad,que me encantaron; y cuando por las ventanillas del buque distinguia el hervor de las olas de oro que cortaba la proa, y cuando en los intervalos del canto se oia el respirar esforzado de la máquina titánica, domadora de las aguas: en algo de vago y de infinito, tendia sus alas el espíritu, sintiéndose como enaltecido y purificado por la manifestacion del Hacedor Supremo en aquel desierto, en que como algas leves flotaban nuestras vidas en la inmensidad del Océano.Despues de los coros, pusiéronse los circunstantes en pié y el sacerdote hizo una invocacion sublime, que conmovió profundamente.Terminada la ceremonia, unas damas pasearon sobre cubierta, otras se refugiaron al salon, y yo, acurrucado en mi camarote, de pié y haciendo que una tablilla puesta sobre el colchon fungiese de mesa, improvisé los siguientes versos:AL MARTe siento en mí; cuando tu voz potenteSaludó retronando en lontananza,Se renovó mi ser, alcé mi frente,Nunca abatida por el hado impío,Y vibrante brotó del pecho mioUn cántico de amor y de alabanza!¿Te encadenó el Señor en estas playas,Cuando Satán del mundoTemerario plagiando el infinito,Le quisiste destruir, y en lo profundoGimes ¡oh mar! en sempiterneo grito?Tú tambien te retuerces cual remedoDe la eterna agonía;Tambien como al sér mioLa soledad te cercan y el vacío;Y siempre en inquietud y en amargura,Te acaricia la luz del claro dia,Te ven los astros de la noche oscura.A mí te ví venir como en locuraDesparcido el cabello de tus ondasDe espuma en el vaiven, como cercadaDe invisibles espíritus, llegandoDe abismos ignorados y clamandoEn acentos humanos que morianY el grito y el sollozo confundian.A mí te ví venir ¡oh mar divino!Y supe contener tanta grandeza,Como tiembla la gota de la lluvia,En la hoja leve del robusto encino!Eres sublime ¡oh mar! los horizontesRecogiendo las alas fatigadasSe prosternan á tí desde los montes.Prendida de tus hombros la luz bella,Forma los pliegues de tu manto inmenso.Entre la blanca brumaSe perciben los tumbos de tus ondas,Cual de hermosa en el seno palpitanteLos encajes levísimos de espuma.Si te agitas, arrojas de tu senoEn explosion tremenda las montañas,Y es un remedo de la brisa el trueno,Terrible mar, si gimen tus entrañas.¿Quién te describe ¡oh mar! cuando bravía,Como mujer celosa,En medio de tu marcha procelosaEl escollo tus iras desafía?Vas, te encrespas, le ciñes con porfía,Retrocedes rugiente,Y del tenaz luchar desesperada,Te precipitas en su negro seno,Despedazando tu altanera frente.En tanto el viento horrible,Arrastrando al relámpago y al rayo,Cimbra el espacio, rasga el negro veloDe la tiniebla, se prosterna el mundoY un siniestro contento se percibe¡Oh mar! en lo profundo,Cual si con esa pompa celebraras,Entre el eterno duelo,Tus nupcias con el cielo!Cansada de fatiga, cual si el auraTierna te prodigara sus caricias,A su encanto dulcísimo te entregas,Calma tu enojo, viertes tus sonrisas,Y como niña con las olas juegasCuando te dan su música las brisas.Tú eres un sér de vida y de pasiones:Escuchas, amas, te enloqueces, lloras,Nos sobrecoges de terrible espanto,Embriagas de grandeza y enamoras.Cuando por vez primera ¡oh mar sublime!Me ví junto de tí, como tocandoEl borde del magnífico infinito,Dios, clamó el labio en entusiasta grito:Dios, repitió tu inquieta lontananza:YDios, me pareció que proclamabanLas ondas, repitiendo mi alabanza.Entónces ¡ay! la juventud herviaEn mi temprano corazon, la suerteCual guirnalda de luz embelleciaLa frente horrible de la misma muerte.Y grande, grande el corazon, y abiertoAl amor, á la patria y á la gloria,Émulo me sentí de tu grandezaY mi orgullo me daba la victoria.Entónces, el celaje que cruzabaPor el espacio con sus alas de oro,De la patria me hablaba.Entónces ¡ay! en la ola que moriaReclinada en la arena sollozando,Recordaba el mirar de mi María,Sus lindos ojos y su acento blando.Si una huérfana rama atravesaba,Juguete de las ondas, cual yo errante,Léjos de su pensil y de su fuente,La saludaba con mi voz amante,La consolaba de la patria ausente.Si el pájaro perdido iba siguiendo,Rendido de fatiga, mi navío,¡Cuánto sufrir, Dios mio!Su ala se plega, aléjase la nave,Y se esfuerza, y se abate y desfallece,Y convulsa, arrastrándose en las ondas,El hijo de los bosques desparece.En tanto, tus inmensas soledadesLa gaviota recorre, desafiandoLas fieras tempestades.Entónces, en la popa dominandoLa inmensa soledad, me pareciaQue una voz á lo léjos me llamaba,Y acentos misteriosos me decia:Y yo le preguntaba:¿Quién eres tú? ¿de la creacion olvidoTe quedaste sus formas esperandoEngendro indescifrable, en agoníaEntre el ser y el no ser siempre luchando?¿Al desunirse de la tierra el cielo,En tus entrañas refugiaste el caos?¿O mágica creacion, rebelde un diaProvocaste á tu Dios, se alzó tremendo:Sobre tu frente derramó la nadaY te dejó gimiendoA tu muro de arena encadenada?¿O promesa de bien, en tus cristalesLos átomos conservas, que algun diaCuando la tierra muera,Produzca con encantos celestialesOtra luz, otros séres, otro mundo,Y entónces nuestro sueloA tus plantas se llame mar profundoEn que retrate su grandeza el cielo?⁂Hoy llegué junto á tí como otro tiempoSiguiendo ¡oh libertad! tu blanca estela;Hoy llegué junto á tí cuando se hundiaEn abismos de horror y de anarquíaLa linfa de cristal de mi esperanza,Y hoy como en otro tiempo la voz mia,En himno se tornó de tu alabanza.Porque tú eres un poema de grandeza,Porque en tí el huracan sus notas vierte,Luz y vida coronan tu cabeza,Tienes por pedestal tiniebla y muerte.⁂Nadie muere en la tierra; allí se duermeDe tierna madre en el amante pecho:Velan cipreses nuestro sueño tristeY riegan flores nuestro triste lecho.Solitaria una cruz dice al viajeroQue pague su tributoDe lágrimas y lutoEn el extenso llano y el sendero.En tí se muere ¡oh mar! ni la cenizaLe das al viento: en la ola que sepultaLa rica pompa de poblada naveNada conserva las mortales huellas,Se pierden.... y en tu seno indiferenteNace la aurora y brillan las estrellas.A tí me entrego ¡oh mar! roto navío,Destrozado en las recias tempestades,Sin rumbo, sin timon, siempre anhelantePor el seguro puerto,Encerrando en mi pecho doloridoLas tumbas y el desierto....Pero humillado no; y en mi fiereza,A tí tendiendo las convulsas manos,Sintiendo en tí de mi alma la grandeza,Y ahogando mi tormento,Le pido á Dios la paz de mis hermanos:Y renuevo mi augusto juramentoDe mi odio á la traicion y á los tiranos.Enero de 1877.A bordo del “Granada” en el mar Pacífico.Guillermo Prieto.El amor irreflexivo de padre me hizo enseñar mis versitos, y cátenme vdes. en posesion de la más molesta, perjudicial y engorrosa para mí, de todas las reputaciones: la reputacion de poeta.A ella debo que mis estudios más sesudos se hayan graduado de quimeras; de ello ha tomado pié la maledicencia para pintarme como un sér insustancial y soñador; por ella cualquierquídamme hace objeto de sus sátiras y soy el tema obligado de todas las detracciones y calumnias. Ella me hace la mina inagotable de las gracejadas de todos los necios, y el objeto predilecto para los desahogos de los pedantes y malvados.Yo tengo aversion al título de poeta, entre otras cosas, porque no lo merezco: doy todos mis laureles por una gota de olvido de mi manía.Pero no hubo remedio. Joaquin Alcalde y yo fuimos los poetas del buque; en ménos que canta un gallo, se nos volvieron todas nuestras compañeras de viaje, literatas y sentimentales, llovieronálbumsy aquello fué una gloria.A persona tan circunspecta y retraida como Francisco Gomez del Palacio, le asediaban pidiéndole traducciones denuestros versos, y este buen amigo pegaba el grito al cielo por la tarea que le imponian nuestra facundia y los deberes de urbanidad.La fiebre poética se apoderó hasta del sexo fiero, y no faltó bigotudo que se hiciera conducir á mi presencia con su intérprete, diciéndome que cuánto podia bajarle en el precio de una pequeña cantidad de versos de tristeza y de amor.Pero tal circunstancia estableció la confianza, menudeaban las confidencias, se hacia comunicativa la alegría y era de escucharseun palomocoreado por las lindas hijas de Guillermo Penn y de Washington, con sus medias lenguas.La aurora del 25 de Enero nos saludó anunciándonos nuestro pronto arribo al puerto de California.El buque tenia más aseo y estaba más engalanado que de costumbre; los chinos, desde las tres de la mañana, habian hecho maniobrar sus bombas, y chorros y cataratas de agua habian dejado la embarcacion como un espejo.En todos los cuartos se hacian líos y se preparaban los objetos pertenecientes á cada individuo para su fácil trasporte, corrian los niños vestidos de lujo, por corredores, escaleras y cubierta, salieron á luz canarios, guacamayas y perritos falderos, y damas y galanes, guapos como para asistir á un baile, esperaban con sus sacos, bastones, paraguas y sombrillas al lado, el deseado momento del desembarco.Solo el grupo de mexicanos, asaz tristes y derrotados, veian aquel que para los demás era término, como principio de desdichas y como confinacion, algunos al destierro y acaso á la miseria.La navegacion habia sido un paseo, sin una sombra depeligro; el capitan se habia hecho acreedor á nuestra sincera estimacion y gratitud.El mar estaba terso y reluciente con el sol, como un inmenso lago de acero y oro fundidos; comenzamos á percibir buques en todas direcciones, ya cruzando arrogantes por en medio de las aguas, ya en tragin perpétuo, cercanos á la costa. A los primeros se interrogaba con la vista: ¿cuál es tu rumbo? ¿qué destino te prepara el cielo? á los segundos se les veia como de casa, como la servidumbre de la entrada de los palacios, con la que se quiere uno informar de las costumbres de los amos y de las poridades de familia.Los veteranos del mar, los conocedores de las costas, iban nombrando las rocas y designando los accidentes del terreno.... La bulla crecia, la tripulacion de nuestro buque coronaba la cubierta y los corredores vestida de gala, viéndose en los balaustrados del exterior como orlas de rostros humanos, sorbetes y sombrillas de todos colores.De un grupo de buques que parecia venir á nosotros se desprendió el práctico, sonaron los pitos de los vapores, como el relincho de dos caballos que se reconocen.En semicírculo inmenso fueron desplegándose las rocas, los árboles y las alturas de la bahía. Por el centro del pórtico que parece formar al descubrirse, sobre olas de nácar y de llama, se distinguian bosques de mástiles, entre los que negreaban las chimeneas de los vapores, arrojando torrentes de humo blanco y negro que subia vago y se tendia dorándose con el sol. Cordajes y banderas de todas hechuras y colores, formaban redes en los aires, y surcando las aguas, se agitaban embarcaciones de todos tamaños con sus velas hinchadas y sus remeros alegres.Forman gigantescos peñones como inmenso pórtico á la entrada de aquel mar interior que se llama la bahía de San Francisco, una de las más grandes y más bellas del mundo.La bahía de San Francisco tiene grandiosidad sin ejemplo, porque es realmente una cadena de bahías, eslabonadas por las peculiaridades de un terreno cuyos accidentes forman una sucesion de prodigios.El puerto es propiamente laPuerta de orodel Pacífico; dilatadas costas se extienden á sus lados, forman un estrecho promontorio de rocas, que parecen penetrar en las nubes, y enormes peñascos le forman pórtico y la decoran.Islas, fuertes y montañas, forman el cañón de su entrada, y al extenderse como que aparta la tierra empujándola y se dilata diez y ocho leguas. Los bordes de esta inmensa bahía, tranquila y de limpias aguas, están decorados en uno y otro márgen por pueblos, fábricas, molinos y estancias circuidas de árboles y por sementeras risueñas que casi tocan las olas.Cuando uno cree que se terminó la bahía porque se tocaron sus confines, se interna y se percibe una isla que como que la limita; pero al trasponerse la isla, ve abrirse y dilatarse el panorama magnífico de la bahía de San Pablo, encerrada entre fertilísimas tierras, ceñida de árboles gigantes y circundada tambien de habitaciones de campo, que blanquean entre los trigales y al través de los sombríos emparrados. Ebria de tanta hermosura se quiere como reposar la vista, y entonces ve como partidas las montañas y que se precipitan á su espalda en ese cañón profundo, los rios de San Joaquin y del Sacramento, trayendo en su corriente parvadas de embarcaciones que penetran por esa sucesion de bahías y se extienden y como que juegan en las aguas hasta dispersarseen la gran bahía, como una legion de aves acuáticas.Y cuando se ven como perdidas en aquella inmensidad tres mil y más embarcaciones de todos los países, entónces parece trivial el cálculo de que aquellas bahías pueden encerrar la marina de todo el universo.Un jóven amabilísimo de la familia del Sr. D. Guillermo Andrade (Manuel Gonzalez), con quien habiamos contraido muy buenas relaciones, se encargó de ser miciceroneluego que nos acercamos á la bahía.El jóven á quien me refiero, perfectamente educado y de buenos estudios náuticos, me habia instruido en las riquezas de la costa, se habia extendido en hacerme explicaciones sobre el importante buceo de la perla, la pesca de la ballena, el cultivo de la orchilla y otros ramos de riquísimo comercio, de la Sonora y de la Baja California.A grandes rasgos, y sin pretensiones de pedagogo, más bien con la pasion de mexicano patriota, me decia:—¡Ah, señor! qué tesoros perdió nuestra patria; este es un suelo divino, acaso destinado para una sorprendente revolucion en la gran metamórfosis de las nacionalidades americanas, cuando despedazados los miembros del coloso del Norte, adquiera vida propia cada uno de ellos.La California está limitada al Norte por el Oregon, á los 42 grados de latitud setentrional; al Este por las Montañas Rocallosas y la Sierra de los Mimbres; al Sur por Sonora y la Baja California, que acabamos de ver; al Oeste por el Océano Pacífico. Su extension de Norte á Sur es de cerca de setecientas millas; de Este á Oeste de seiscientas á ochocientas: su superficie de 400,000 millas cuadradas!Levántase en los mares de Occidente California, como apoyándose en las abiertas costas de México; desde el Ecuador le tienden los brazos y la cortejan como á una reina las Américas hermanas; las islas de Sandwich y la Australia romancesca, la ven aduladoras y le envían sus frutos: el istmo de Panamá la aclama el gran depósito de los efectos de Europa; el de Suez le sonríe tras los horizontes como celebrando sus nupcias con el mundo antiguo, y el Japon y la China con los encantos de la leyenda, y las tradiciones de la cuna del mundo, la lisonjean, con todo lo que tiene de más grandioso el espectáculo del porvenir de la humanidad.—Yo, replicaba casi avergonzado de mi ignorancia, todo lo que sé de California es que fué descubierta en 1548 por Cortés y explotada por el navegante español Juan Rodriguez Cabrillo. Treinta años despues la visitó Francisco Drake, quien le dió el nombre de la Nueva Albion, y que colonizada por los españoles en 1768, formó parte de una de tantas provincias de la Nueva España.—Ya estamos en la entrada de la bahía, me dijo Manuel; vea vd., forma horizonte, parece un mar interior; diga vd. francamente si tenia idea de un tumulto, de una aglomeracion de embarcaciones semejante; y en tal movimiento, ¿ve vd. esa isla asentada en el centro de la bahía?—Es la isla del Alcatráz.Estos lienzos de roca que parecen precipitarse en el mar, por los que sin embargo hay caminos que culebrean de alto á bajo, son fortines y campamentos para las tropas. El lugar ó entrada por donde estamos pasando esGolden Gate(puerta de oro). Vea vd. entre esos promontorios de rocas ese palacio como volado sobre el mar: esCliff House, casa pública derecreo magnífica: ¡qué balaustradas y qué espléndidos corredores! ¡y cuán concurrido de damas y caballeros! Al frente, en esos arrecifes, están los famosos leones marinos, que viven bajo la proteccion de la ciudad. Las falúas de la capitanía del puerto, del cuerpo de sanidad y del correo estaban abajo de nuestro buque, tambaleándose en las olas, multitud de negociantes, de agentes de periódicos, de amigos y curiosos se nos acercaban: numerosos botes proclamaban sus asientos y medios de trasporte, y por entre los viajeros circulaban en enjambres con sus tarjetas en las manos, personas que nos brindaban hospitalidad en hoteles,restaurants, casas de huéspedes y paraderos infinitos. El “Granada” avanzaba por un laberinto de buques sobre los que flotaban banderas de todos los pueblos del globo, se oian acentos en todos los idiomas conocidos, y se veian los trages variadísimos del chino, del danés, del ruso, del austriaco, del europeo y del americano.Aturdian los mil ruidos, deslumbraba el sol reverberando en las olas inquietas, embriagaba la multitud.Ibamos viendo como ascendiendo á las alturas las calles de la vasta ciudad, rozábamos multitud de corredores de madera que daban á inmensas galeras bajo las cuales habia coches, ómnibus y carros en número sorprendente: eran losmuelles; en los claros que éstos dejaban, veíanse regados y amontonados tercios, maquinaria de fierro, madera en montañas y tragin de carga y de descarga.En las posas que hacia nuestro buque ántes de acomodarse en su respectivo muelle, se hablaban los amigos, los esposos se decian ternezas, los niños desde los brazos de las madres tendian sus bracitos inquietos á los autores de sus dias.Algunos, impacientes, tomando en sus manos una especie de morillo con muescas terminado en gancho (bichero), le afianzaban á la orilla del buque, trepaban de sorbete y paraguas por sus costados como una lagartija, y caian entre risas y lágrimas en los brazos de personas queridas.De mis compañeros y de mí se habia apoderado un recaudador de viajeros y nos condujo al hotel Gaillard; hotelito para la gente de mediana fortuna, pero en el que se comia á la francesa, recomendacion poderosa para los que traiamos el estómago en un hilo á causa delplanósistemaamericano.Rompiamos un mar de transeuntes y carruajes, nos deslumbraban por todas partes edificios magníficos de donde entraban y salian raudales de gentes bien vestidas, y venciendo cuestas y trepando alturas, llegamos al suspirado hotel y quedamos oficialmente instalados.El hotel, como la mayor parte de las casas, está construido bajo el tema de buque.Son grandes cajones de madera dentro de los cuales, y siempre bajo de techo, se superponen pisos de cuartos, comunicados por escaleras de caoba con escalones forrados de metal, los cuartos tienen ventanillas á la calle ó se alumbran con tragaluces de variadas formas. No se conoce lo que llamamos patio, y esto empuja á las gentes á la calle como temerosas de la asfixia.Por lo demás, aunque nuestro hotel fluctúa entre la segunda y la tercera clase, no faltaban sus alfombras y su gas en los tránsitos, ni en los cuartos su cama matrimonial, sus cómodas con mármol, su tocador, su perchero y su mesilla exígua para escribir ó refrescar.El comedor está situado en el primer piso que da á lacalle, tiene sus mesillas como nuestros cafés, su mostrador tras el cual yacia como embutida la monumental directora de escena y un sirviente jorobado, de sesgos ojos azules, sarcástico y pacienzudo como un jefe de glosa del antiguo régimen.Percheros en las paredes, avisos de teatros colgando acá y acullá, un espejo vergonzante, retratos de héroes ó bailarinas, ese era el comedor que se veia á la entrada y frente por frente de la cantina y despacho del hotel, en donde elLager beerimpera, loscoptailsabundan, verdeguea la yerbabuena y está tendido patiabierto el libro colosal en que los mismos viajeros inscriben su nombre al instalarse.Hay sus mesillas para los bebedores sedentarios y su mesa de billar para que maten el fastidio los devotos del trago.Al recomendar mi escaso equipo á un sirviente francés, de charlar inagotable, patilla de contrabandista y empaque de teniente de dragones enamorado, me dijo:—Aquí no hay ladrones; no estamos en México.Acababa de hacer esa reminiscencia de mi cara patria, cuando pasaba un compañero caritativo y supo acentuar con un puntapié tan á tiempo la frasecilla del francés, que jamás se borró de su memoria, conservando hácia mí, sin motivo alguno, especial antipatía.Al frente de la ventana de mi cuarto está un hospital y templo chino, las bocacalles próximas dan á la opulentísima calle de Kearny, asciende la vista por un extremo hasta perderse en la altura silenciosa y poco poblada de la calle dePiney desciende hasta emborucarse en el tropel de calles y vericuetos, que como que se atropellan buscando la orilla del mar.Descansaba en la noche en mi cuarto, cuando en la esquina próxima brotó un desaguisado de tambora, tambores, trompetas, platillos y triángulos, que me conmovió como golpe eléctrico.Asoméme á la ventana, fijé la vista y era una orquesta entre hachones, que alumbraban en carteles estupendos, danzarinas, negros, caballos, y no se cuántas figuras más, con el nombre de Circacianas.Descendí para ver de cerca la gresca, la concurrencia se agolpaba al borde de una escalera que conducia á un subterráneo, que era un verdadero abismo de luz vivísima.Sin más averiguacion, me descolgué por aquella escalera y me encontré en un saloncito pequeño, con su mostrador al rededor del cual, hervian fieltros y sorbetes, levitones y chaquetas de punto, y gente, ya con lo abigarrado del desórden y la dejadez, ya con cierta pulcritud, que certificaba el guante, la cadena del reloj y el bastoncillo pretencioso.En los extremos de la salita hay dos entradas: una para el salon del espectáculo, la otra para los palcos. Yo nada de esto sabia, ni entendia palabra de lo que á mi alrededor se hablaba.Fuí literalmente despojado de medio peso y me empujó suavemente uno de los empresarios á un corredor angosto y no muy alumbrado, que corre á la espalda de los palcos.Entré á uno de esos palquitos cuyo techo casi tocaba con la mano. Son de reducido espacio, tienen hácia el salon una cortinita que se cierra y se abre discretamente.En el palco, y guiados por un mismo impulso de curiosidad impertinente, se encontraban, Alfonso Lancaster, Pablo Ibarra y Manuel Alatorre, de la comitiva mexicana el primero;los otros dos, mexicanos, pero personas independientes, bien acomodadas, ligados á nosotros por sus afectos á Lancaster y el deseo de servirnos personalmente.Mi contento fué extremo. Ellos estaban muy sérios viendo el salon. El tal salon está cubierto de bancas de madera pintada, sin más atavíos ni adminículos; es casi cuadrado, de techo bajo y ancho de extension. En el fondo se levanta sobre gruesos vigones un teatrito, tan escurrido y apocado, que se avergonzaria si se encontrase al frente de nuestros más humildes teatros caseros de casa de vecindad. Unos picos de gas pegados á la pared, un candilillo en el centro á cuarta parte de haber y una hilera de mecheros en el palco escénico, en que no se conoce la concha del apuntador: este es el salon.En cuanto á la concurrencia, masculina en su inmensa mayoría, ya hemos visto algunos bosquejos á la entrada; pero con la luz del gas se ponian en relieve aquellas barbas amarillas como untadas de cera, aquellos cuellos largos y empedrados de poros escarlatas como el cuello de unguajolote, aquellos ojos pardos, pequeños y llenos de penetracion y de audacia, y aquellas concatenaciones de trapos de todas las formas, de todas las procedencias, de la ruina de todas las hechuras, salpicados con botones de vidrio, cadenas de acero, anillos dedoubléy todos los caprichos de la mercería, y estos narigudos, cuellilargos y burdos personajes, envueltos en espesas nubes de tabaco de puro ó de pipa, que ponen la atmósfera de poderse cortar con un cuchillo.El telon estaba levantado y se representaban cuadros animados de no sé cuántas atrocidades mitológicas, históricas y bíblicas.Seguian servilmente la desnudez de las mujeres, ajustadas carnes de finísimo punto; en los hombres habia mayores economías sin ofender el pudor.Pero es de advertir que la propia especulacion y la abundancia de hermosas, hacen que se soliciten por los empresarios mujeres de rara belleza, de suerte que independientemente de la exactitud histórica, la simple exposicion de aquellas damas esclaviza y enamora.El foco en que aparece el cuadro se ilumina con luz eléctrica, miéntras el gas disminuye su fulgor, quedando casi oscura la pieza.Acababa de presentarse el cuadro de Sanson y Dálila; el teatro se hundia á palmadas y gritos.Echóse el telon, blasfemó la música no sé cuántas cosas, y quedó casi desierto el salon, por ser la hora, segun despues supimos, de las grandes libaciones.Nosotros, siguiendo las costumbres que veiamos, corrimos la cortinilla de nuestro palco para fumar con mayor comodidad.Apénas hicimos esto, cuando sin más antecedente y de manos á boca se encontró el palquito invadido por las deidades bíblicas del sexo contrario, que tanto habian encantado al público.Mandaba la guerrilla de hermosas, una matrona gravedosa que conducia cerveza y Champañapara obsequiarnos.Alatorre habla inglés perfectamente; dió las gracias, brindamos asientos á aquellas criaturas que parecian salir del baño, tomamos una copa y llamó una campanilla á la escena á nuestras bellas visitadoras.Por más que ninguno de nosotros tuviese una aureola deinocencia, la visita nos sorprendió altamente, por la excesiva economía en los trages de nuestras favorecedoras.En medio de nuestra sorpresa, no habiamos notado que las hijas de Eva habian despabilado lagos de Champaña. La matrona austera llegó á cobrar una barbaridad por el obsequio que nos habia hecho (dos onzas de oro).Continuó la funcion: á la entrada del proscenio habia unas sillas de palo y en ellas sentados negros y negras, falsificados con perfeccion; los unos tocaban el tambor, otro agitaba una pandereta con cascabeles, el otro tenia unos palillos pequeños entre los dedos, los que sacudiendo fuertemente la mano, castañetean, repican y forman una ruidera espantosa. Todos, cuando el caso llegaba, zapateaban de punta y talon, azotando la pata á trechos con ímpetu desaforado.Estos negros son el alma de la funcion, que no sé por qué se llama deMinistrils; ellos dicen gracejadas obscenas, ellos se dan puñadas y se derriban de las sillas; pero con tan extravagantes contorsiones, con tan descompasados gritos, con puñetazos y patadas tan soeces, que nuestros payasos más desastrados se ruborizarian de semejantes émulos.La escena suele representar un matrimonio mal avenido, con un nene de á dos varas, á quien vapulan, poniendo el reverso de su cuerpo en espectáculo, ó bien le dan papilla en un lavamanos y con una cuchara como una pala. Ya es un negro sirviente de un doctor que le usurpa sus funciones en sus ausencias, equivocando recetas y poniendo á la muerte á los clientes, quienes se vengan á porrazos; ya un chino camarista de su señora, que se ostenta más frio y estúpido,miéntras ella es más abandonada, y que sin la intervencion del telon, único representante de la decencia, yo no sé hasta dónde habria llevado sus libertades.Pero esta farsa indigna es el regocijo de la canalla, silba desaforadamente, que es un modo peculiar de aplaudir, golpea las bancas, grita, aulla y hace que se repitan las escenas más repugnantes, exigiéndolo con frenesí.Apénas terminó el acto, cuando oimos los pasos de las negritas; entónces cerramos el palco, atrancamos con sillas, pusimos verdaderas barricadas; ellas empujaban, de hacer retemblar el cancel, escalaron el tabique y sacaban sus negras caras y sus lanudos cabellos por encima de las tablas; nosotros permanecimos impasibles, atrayéndonos al fin no sé cuántas injurias.No era posible resistir más; en la primera coyuntura, abandonamos el campo, no obstante la curiosidad de viajeros y á pesar de que el espectáculo suele prolongarse hasta la una ó dos de la mañana.Cuando al siguiente dia impuse á Francisco Gomez del Palacio de mi primera aventura, reprochó altamente mi excursion.—¿No sabes que á esos teatros subterráneos, cafés cantantes y salones de baile les llamanlos infiernos? ¿No sabes que esos son los receptáculos de la gente más perdida, de la que hay en grande abundancia en esta tierra? ¿Ignoras que noche á noche en esos lugares hace grandes colectas la policía?En efecto, á los dos ó tres dias de nuestro primer estudio en el teatro de las Circacianas, supimos que Dálila, Sanson y la comitiva de Filisteos y espectadores estaban en la cárcel,de donde nunca debieron haber salido segun sesudas opiniones.La ciudad de California está construida al E. en línea oblícua á la Península, sembrada en su centro de colinas elevadas de tierra pobrísima y de arena; en las ondulaciones rebajadas y aplanadas desde 1846, y en las cuencas de los valles, la vegetacion se ha forzado y se ven algunos árboles tendiéndose en pequeños jardines, follajes pomposos de enredaderas de infinita variedad; á todos los vientos y por donde quiera que se alcanza una altura, se divisa la bahía, que siempre bella, siempre poblada de multitud de buques, ó sorprende nuestra vista con su febril tráfico, ó deja ver á lo léjos melancólica y poética la inmensidad del mar.En el ángulo N. E. de la ciudad se halla el cerro del Telégrafo, á 294 piés de alto; en el ángulo S. E. el cerro Kincon, y al O. la Montaña Rusa, á 360 piés de altura.La parte plana de ese terreno que da al mar y se halla en contacto con la bahía, es la de los grandes almacenes, la de los barqueros y pescadores; se asciende, y es el tráfico en toda su opulencia; se aleja de la bahía, y el terreno se deprime: son las estancias aisladas ó formando calles silenciosas, las grandes casas, los palacios de los banqueros y las mansiones de las familias de la clase media.Porque es de saber que comerciantes, banqueros, letrados, y en general, los hombres todos de negocios, asisten á despachos ú oficinas al interior de la ciudad y residen en mansiones campestres, rodeándose de todo género de comodidades, que se llamanresidencias.Al caminar por el interior de la ciudad se asciende, se desciende ó se camina como hundido en una barranca, siempre presentando regularidad las casas. Pero en las bocacalles, esencialmente en las que se retiran de la bahía, las perspectivas son magníficas; son montañas de casas de campo, palacios y templos; son hondonadas con risueñas mansiones y parques opulentos, y son inmensos horizontes que forma el mar, ya desierto, ya cruzando sus olas una barca aventurera en pos de las posesiones rusas ó la China, ó aisladas barquillas de pescadores.La ciudad puede llamarse naciente: por todas partes se ven señales de propiedades que están esperando elecsurgede la arquitectura para saltar de entre la arena como Vénus de las ondas; grandes huecos como tanques que serán almacenes, salones y lugares de placer, y esqueletos descarnados como peines, como huacales inmensos, como ordenadas osamentas, cartílagos y fibras, que se envolverán en ricos tapices, se engalanarán con cuadros, espejos y candelabros y se revestirán de una capa de cantería ó granito hecho polvo, pero que á la vista y al tacto consuman la suplantacion del mármol y la cantera.Y no obstante que esas jaulas de madera tienen un valor tres ó cuatro veces superior á nuestros edificios de piedra, los creemos roperos habitados, casas de chanza, falsificaciones que no podemos hacer formales por más que queramos.Por otra parte, la vejez de esas casas es verdaderamente espantosa. Si no se tiene sumo cuidado, las persianas se desarticulan, pierden su quicio cornisas y columnas, vuela un pedazo de lienzo como denunciando un fraude, y de lostechos se ven próximos á caer, tablones ennegrecidos por la tierra, el sol y la lluvia, latas desclavadas, costillares al descubierto, balcones desdentados y gateras y tuseros que son el harapo, la hilacha, la piltrafa y la zurrapa de la humana habitacion.
VIAJEÁ LOSESTADOS-UNIDOSPOR FIDELDESPERTABA como de un sueño á la orilla del mar Pacífico y en el puerto del Manzanillo el 13 de Enero de 1877.Y cuidado que el sueño picaba en historia: habia de todo, como en los dramas románticos: escursiones á caballo, lastimeras y dolientes como unde profundis, entrevistas al rayo de la luna, como parodiando las que tuvo el Ariosto con los recaudadores de equipajes en los caminos, mansiones en una especie de sepulcros de vivos, de donde habia huido para siempre el ruido y caminaban maquinalmente los cadáveres con los ojos abiertos: arcos triunfales, repiques, banquetes y entusiasmo frenético, descensos á las entrañas de la tierra,sonrisas del poder, cobardía y traiciones viles, y en fin, tanto y tan variado suceso, que á ser mi objeto, formaria entretenidas leyendas y sabrosas enseñanzas para los presentes y venideros siglos.Yo tenia la conciencia de haber visitado en otro tiempo,dulce y alegre cuando Dios queria, aquellos mismos lugares, embriagado de luz con la grande epopeya de la Reforma, y tratando de seguir las huellas, como por mi fortuna las seguí de cerca, de Juarez, de Ocampo y Degollado. Pero aunque mi memoria insistia en restablecer el cuadro que entónces se ofreció á mis ojos, no quedaba ni un fragmento, ni un resquicio, ni señal ninguna que sirviese de punto de apoyo á mis recuerdos.Entónces (1858), mal feridos y desgobernados en nuestros rocines y llevando á cuestas el retumbante título dela familia enferma, llegamos al Manzanillo, Juarez, Ocampo, Leon Guzman, Ruiz Manuel, Cendejas Francisco, Jacinto Aguilar, Zambrano, D. Matías Romero y algunos otros, como perseguida compañía de cómicos de la legua.Era en aquel tiempo Manzanillo una playa casi desierta en donde la fiebre se enseñoreaba, tenia el apodo de centro mercantil una tienda de lona, habitada por unos alemanes que no interrumpian su eterno sueño sino para agotar toneladas de cerveza ó hacer sus excursiones á la aduana.Estaba enriquecida con titulo tan afianzador y conspicuo una galera sucia y sombría con el brazo tendido de una viga sobre las aguas, para afianzar los cargamentos que no habia querido recoger el contrabando, porque en cuanto á los náufragos, se encargaban de ellos los tiburones, únicos competidores en voracidad con el hambriento resguardo marítimo.Unos cuantos jacales hundidos en la arena, como sapos y tortugas que hubiesen dejado en seco las mareas, la falda escabrosa del monte, de que parecian precipitarse enormes peñas, y un cerro avanzado hácia el mar, pomposo y arrogante, que desde entónces, á la entrada de la bocana, pide á gritos un faro, sin que nadie le haga maldito el caso.Recordaba con enérgica fidelidad, que habiendo llegado muy enfermo y manifestando deseo de ver la bahía, Juarez y Ocampo me hicieron silla de manos y me pasearon en la playa, yendo yo orgulloso y triunfal y con el alma luminosa dentro del pecho, más feliz que sobre el primer trono del mundo: mi amado Pancho Cendejas iba por delante haciendo farsa. De repente volvia los ojos y me sorprendian las brillantes huellas que iban dejando mis conductores (eran los efectos del fósforo): alegres con mis sorpresas, los acompañantes de mis amigos restregaban la arena con las manos y la esparcian refulgente como polvo de luceros....Ahora el puerto del Manzanillo tiene sus calles regulares, sus tiendas y valiosos almacenes, su capitanía, su cuartel, su plaza, con asientos y embanquetado, y su aduana, que es un edificio de madera con sus amplísimos corredores viendo á la bahía, que es por cierto poética y encantadora.El Manzanillo sale de las aguas de la laguna de Cuyutlan, sacude su cabellera y se escurre entre dos altísimas montañas: parecen descender, saltando sobre las rocas, casucas alegres con sus huertecitos llenos de flores, á ver pasar á la pequeña ciudad que se asienta en la arena de la playa, entre edificios de apariencia americana, con sus ventanillas con persianas verdes, sus enverjados y sus chimeneas en alto, agitando sus plumeros de humo.Caminaba al lado de Joaquin Alcalde, haciéndole partícipe de mis impresiones: éste, con sus ojazos negros, su fisonomía animada y su mímica vehemente, acentuaba mi relacion, produciéndome vivo placer.Vestía Joaquin frac gris y pantalon ajustado, bota fuerte y un fieltro tan elástico y expresivo como la fisonomía del propietario.Ibamos al acaso, cuando de un balconcillo pequeño, angosto, desdentado y trémulo de barandal, una señora frescachona, morena, alegre y de blanquísima dentadura, nos dió el alto.—Aquí, Sr. D. Guillermo, aquí, yo soy Fermina, la que asistió á vdes. la otra vez; aquí, en este lugar, vivió el Sr. Juarez, yo tengo la silla en que estuvo sentado, y no la doy por todo el oro de la tierra.... Pasen vdes.En dos por tres renovamos conocimientos, procuróse una cómoda instalación en una piececita aseada con sus blancas cortinas de musolina en los catres y cómodas butacas de fresca vaqueta en las puertas.Miéntras yo hacia preguntas á Fermina y la acompañaba, tomando posesion de su casa, Alcalde, en el expendio de tabacos, anexo á la misma casa, se daba á conocer con el marido de Fermina, portugués recalcitrante, recio de carnes, flaco de costillar, con unos nervios como cables y unas venas como tubos de acueducto.El portugués es marino consumado,atracajunto á un tonel y se queda fresco, fuma unos tabaquillos como baupré de navío y dispara unas desvergüenzas capaces de descalabrar al más pintado.LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Puerto del Manzanillo.En el Manzanillo, y asistidos por Fermina y su consorte, duramos cuatro dias, hasta que el dia 17 las señales delCerro del Frailenos anunciaron la llegada del vapor que debia conducirnos para Mazatlan.El vapor “Granada” en que nos embarcamos es hermoso, y se distingue entre los palacios flotantes, que con el nombre de vapores, atraviesan las aguas del Pacífico.Sobresale del seno de las aguas el casco inmenso del buque, que apénas cabria en una de las calles que llamamos cabeceras, teniendo mayor altura.Dos fajas de balaustrados lo ciñen exteriormente, formando corredores, y la superior que es, digámoslo así, la cubierta ó azotea del barco.En los corredores se ven las puertecitas de los cuartitos ó camarotes.En el interior, por pisos que comunican régias escaleras, están el amplísimo corredor con sus lámparas, alfombras y muebles riquísimos, y en el piso superior, cuyo techo es la cubierta, hay un salon espléndido con espejos y sofaes riquísimos, mesas y sillones y un soberbio piano que suele ser solaz y contento de la tripulacion, cuando el dios de las aguas echa una cana al aire.Sobre la cubierta está la elegante estancia del capitan, contigua á un precioso gabinete destinado á los fumadores.Sombrea la cubierta tendida lona, bajo la que están colocados cómodos asientos de bejuco, ocupados dia y noche por los que se recrean con el espectáculo siempre nuevo y sorprendente del mar.El “Granada” mide 2,500 toneladas y está al mando de un excelente marino, que es además cumplido caballero.Luego que hicimos nuestros arreglos de instalacion, pasé revista á mis compañeros de viaje.Eranladysdeliciosas, entre las que abundaban personas de esmerada educacion; habia una Sussy dulce y melancólica como la estrella de Occidente cuando brilla solitaria sobre las montañas de mi patria; una Emma poética como una pasionaria viéndose en las aguas del dormido lago; una Katty bulliciosa y sensual como una inspiracion maliciosa de Lecoq, y una Lora sentimental como una melodía de Shubert.Por supuesto no faltaba una literata que iba en pos de impresiones á la California, ni una buena esposa que corría tras del marido escurridizo, ni una víctima que iba á gestionar su divorcio de una especie de tigre feroz que habia marchitado en flor su juventud.Habia viajeros pacíficos de distinguida clase y que viajaban en el estricto órden constitucional.En este número se contaba un acreditado doctor homeópata y su linda esposa. Esta señora es andaluza, y á pesar de su circunspeccion y de su estado, derrama la sal de Jesus por todos los cuatro costados.El servicio del buque se hacia á nuestra llegada con rigorosa puntualidad, y el capitan, que es un cronómetro de cachucha azul, no permitia se relajase en lo más leve la disciplina.La servidumbre era toda de chinos. No dejó de excitar nuestra curiosidad el conocimiento con estos bípedos que están metiendo tanto ruido.El chino no es un hombre, es un ejemplar de una obra inmensa; los chinos son como alfabetos de imprenta; el queconoce unabminúscula, conoce todas lasb b. El chino se produce por moldes, sus poblaciones son como paquetes de alfileres.Cabeza obtusa con el pelo alisado y dos grandes trenzas que rematan en listones negros, y le dan en la parte posterior de los muslos, tez de amarillo deslavazado, ojos oblícuos, nariz chata, boca grande....Una especie de solideo sobre el occipucio, una muy holgada y luenga blusa hasta abajo de la rodilla; la blusa azul ó negra de seda ó lienzo de algodon; calzones anchísimos, azules ó negros; medias blancas como la nieve, y un calzado que tiene mucho de lachalupa, con las puntas agudas vueltas hácia arriba, y una suela gruesa de tres dedos en el centro, dada de blanco como correaje de tropa.Eseson los chinos, y esos chinos componian la servidumbre del buque.La parte masculina eran negociantes ó viajeros retraidos, aventureros alegres y buenos bebedores, y la colonia mexicana en perpétuo movimiento por todos los vericuetos de la embarcacion, las pocas horas que no hicieron amistades extrañas.Pocos de nuestros compañeros, y por desgracia los más graves, sabian inglés, y tambien por desgracia, pocos viajeros, esencialmente viajeras, conocian el español.A Ramon Alcalde quedó reservada la gloria de dar vida y comunicar cohesion á aquellas almas huérfanas que se consumian de fastidio.Acercóse en la noche como distraido al piano, alzó su tapa, preludió algunas quejosas melodías; pero tan silenciosas, por expresarme así, tan ténues, que parecia que hablaba ásolas el piano.... en medio de aquellos rumores tímidos oiamos abrir las puertas de los camarotes, tambien con mucha precaucion. El músico requiere auditorio, se rinde á la alucinacion de la gloria.Las teclas, al fin, dejaron piar, con coquetería indecible, la Paloma.... esa Paloma comprometedora é insurgente, que no puede escuchar con calma ningun ente de razon.Aletea, se sacude y estallan los requiebros abrasadores de la cancion habanera. Los mexicanos, como movidos por un resorte, cercaron el piano y ensayaron el canto: de repente, surge vibrante y sonora una voz ejercitada, dulcísima, llena de aquel jaleo y aquellas cosquillas que nos sacan de quicio; era la esposa del doctor, que dejándolo con tantos ojos abiertos, siguió las notas, se envolvió en ellas, y se pronunció por México.... bendita sea su boca!.... las risas, las palmadas, el entusiasmo, se parecian al delirio.... Lasladysestaban á las puertas de sus camarotes.... retiradas, pero no esquivas; á la Paloma siguióse elTéy elTá; habia un D. Juanito, aleman, de voz privilegiada, que regaba con excelente champaña sin cesar, que acometió elTéy elTá, que siguió á la Paloma con desusado brío, sin interrumpir los compases, al brindarnos con su champaña.... lasladysse acercaron al piano.... amables, pero no comunicativas.... Alcalde, superándose á sí mismo, dejó caer entre una tempestad de notas incendiarias nuestro himno nacional.... hubo entonces explosiones de entusiasmo frenético.... los ojos brillaban con lágrimas, las manos redoblaban los palmoteos, alguno se pasó la mano sobre la frente por sentir como cosquillas; era el tacto de las plumas de los sombrerillos de lasladys,que se inclinaban tambien sobre el piano.... Era necesario no tener pizca de vergüenza, para no estar hecho una aleluya....Al dia siguiente, todos aprendiamos inglés, y lasladysbalbutian palabras españolas que era un contento. La desciplina del buque sufrió un golpe contuso. Uno de los empleados me decia:como estás alborota los mecsicanos.La cosa fué tal, que nadie paró mientes en que el sol caduco que llamamos luna, tenia una glorificacion sublime en el desierto inmenso de las aguas.La navegacion del Manzanillo á Mazatlan se hace casi sin perder de vista las costas, y las nuestras en esa parte del mar Pacífico, si bien desiertas, tienen belleza extremada, por la verdura de los campos cercanos y por las caprichosas montañas que las animan y les quitan su monotonía.Aunque muchas veces, léjos de disminuirse los peligros con la proximidad de las costas se aumentan, hay algo de arrimo con ver la tierra; se nos figura que en un siniestro viene en nuestro auxilio; sobre todo, la idea de un pronto y feliz término del viaje, envolvia las largas horas de fastidio en las distracciones de las sorpresas de los que por primera vez se embarcan.La curiosidad de ver una ballena tenia preocupados á varios de los compañeros, desde el Manzanillo. Al dia siguiente de nuestro embarque, y cruzando las inquietas aguas de Cabo Corrientes, álguien vió aparecer y desaparecer el monstruo, como un relámpago.Agolpámonos sobre cubierta, los conocedores rastreaban con curiosidad el rumbo; al fin vimos salir de entre las aguas una cabeza enorme, boluda, unida á un cuello largo, muylargo y angosto, que como que se balanceaba, dependiente de una masa negruzca que se sumergia en las aguas.Como la navegacion en último término es el abandono de la personalidad; como el ócio es una llama solapada que consume los jugos del espíritu; como la espectativa del acaso, luego que se prolonga produce la indolencia, que es una especie de catalepsia para el alma, cualquier accidente cobra desusada importancia en el mar.La rama vagamunda que se balancea sin rumbo en las olas, la gaviota que sigue al barco para merodear sus desechos y nosotros la creemos cortejo cariñoso, el pájaro perdido en el rastro de humo que deja el vapor, y forma como hileras de árboles y cimas de montañas en el vacío, todo nos despierta, nos interesa, lo encadenamos al mundo que hemos dejado, lo atesoramos, como atesora el pájaro los granos de la planta, y todo lo convierte en reliquia nuestro apartamiento de la madre tierra.Se agobia con preguntas á los viejos marinos y á los navegantes aguerridos, que por su parte se hacen los menesterosos y dan valía á sus conocimientos, viendo con cierta piedad á los neófitos.—Ya verá vd., me decia uno de esos marinos viejos, poseido del provincialismo de las aguas; ya verá vd. si admite comparacion aquel mar encallejonado y mezquino de Veracruz, con este mar que es un señor mar.En aquel mar se revuelven las olas como las nueces en un talego; aquí, no señor, parece que se arrancan del confin del cielo y vienen inmensas y se elevan poderosas y se rompen á los piés de vd., que ve como despedazarse un universo de cristales.Vea vd. qué costas inmensas y desiertas con acceso por todas partes.... dígame si con dos buquecillos como cáscaras de coco y cuatro gatos de resguardo se podrá evitar el contrabando. ¡Y qué costas! Vd. no puede calcular, aunque quiera, la inmensa riqueza de eseValle de Banderasque tenemos al frente y el partido que podria sacarse para la exportacion. Solo en maderas posee tesoros que no se pueden ni valuar; tiene vd. ébano en abundancia,Primavera, que es la codicia de los artistas, linaloé aromático, moral, huayacan y otros muchos árboles preciosos. Pero desde aquí hasta Compostela, donde vamos á llegar, el tabaco crece casi espontáneo, y bastaria un ligero cultivo para hacer de ese ramo un venero inagotable de riqueza.¡Oh y qué atencion tan especial merecen los puertos del Pacífico! Sin los puertos de depósito en estas costas, sin las franquicias arancelarias, se perderán para siempre; no se canse vd.; la desmembracion del territorio, los compromisos de la independencia, no los procuran los yankees; los agentes de esa perdicion están en México, en las aduanas interiores, en las levas, en la bestial proteccion á la industria, que no puede tener otra más eficaz que la libertad y la seguridad.Aquella rinconada que se ve desde aquí, es Ipala.—Sí, señor, es el puentecillo en que han hecho tantos su fortuna.... á poco distinguimos á San Blas, encapotado sesgo entre las rocas, como si quisiera sustraerse á toda vigilancia. El clima dicen que es pésimo.—Así, así; al que perdona la fiebre, le matan las calenturas, y al que no la disenteria; al sol se tuesta el cristiano, y á la sombra se encargan de la tarea de devorarlo los mosquitos y otros bichos.Cuentan de un paisano que quiso venir á instalarse en ese puerto y paró en la casa de un andaluz su amigo. A las veinticuatro horas de estar en San Blas, ya ardia su alma y alzaba el grito al cielo. Quejóse con el andaluz; éste, sin chistar palabra, le tomó por la mano y le llevó al templo: le colocó frente á Señor San Blas, patrono de la ciudad; el santo está muy fresco, con su monterilla puntiaguda, su aire resuelto como el de un majo, el brazo tendido y en alto dos dedos de la derecha mano.—¿Ve vd. ese caballero? dijo el andaluz á su amigo.—Lo veo, ¿y eso qué me importa?—¿Sabe vd. lo que quieren decir esos dos dedos?—No, señor.—Pues quieren decir.... ó aguantarse, ó largarse.—Vdes. ven que el santo no se anda con chiquillas ni con escrúpulos de monja.Poco despues de amanecer el 19, y en la mañana más alegre y fresca que puede darse, nos encontrábamos frente á Mazatlan.Mazatlan se percibe á poco más de dos millas, le forma el mar una herradura inversa á la bahía que cierran enormes peñas, que dan idea como de que el mar corre entre ruinas á estrecharse con la alegre ciudad.Las casitas blancas del puerto parece que bajan en tropel de la colina, atravesando arboledas, trepando sobre las rocas, corriendo por la playa en tumulto, llevando en alto astas, torres y banderas que flotan en los aires.En la bahía percibimos una que otra nave; pero en cambio, multitud de botes cayucos y embarcaciones pequeñas, ya tendiendo sus velas, ya abriendo y cerrando en afanosamarcha sus remos, como las largas patas de animales acuáticos.Dirigiéronse al vapor, como parvada de aves, algunos botes oficiales, otros rodearon el buque como hormigas un terron de azúcar....Como he dicho, contábamos con hacer pié en Mazatlan; pero los hados lo dispusieron de otra manera, y de un modo inesperado, instantáneo, nos encontramos con que debiamos seguir á California. El cambio era súbito y la cuestion de presupuesto, entre otras, se nos presentó con toda su tremebunda deformidad.Antes de partir, visitaron nuestra embarcacion los Sres. Kelly, Ferreira y otros nobles caballeros que nos hicieron generosas ofertas y se apresuraron á aliviar la suerte de los compañeros, que no por no aceptar sus favores dejaron de reconocerlos en lo más íntimo de sus corazones.Yo recibí especiales atenciones de mis amigos Joaquin Redo y su esposa, honra y decoro de las matronas de mi patria; á esas personas quiero consignar este recuerdo de tierna gratitud.En Mazatlan se verificó la desmembracion completa de la familia embarcada en el Manzanillo; hombres heróicos, corazones nobles, caballeros sacrificados á la idea del deber, caian como náufragos en una playa que pudieran llamar extraña, sin recursos, sin arrimo, sin otra espectativa que la de la persecucion y la miseria, y sin haber salvado otra cosa que la dignidad del hombre y las inspiraciones de la conciencia.Vuelta la proa á San Francisco, alzadas las áncoras, viendo perderse en el horizonte las alturas de Mazatlan, como seextinguen las luces de un festin nocturno, se abatió sobre nuestras frentes la tristeza y seguimos al destino, oyendo el resoplar del vapor y sintiendo cimbrar bajo nuestras plantas el costillar del buque que cortaba impetuoso las olas.La noche fué sombría; á deshora, D. Juanito, que se paseaba haciendo X por el salon, sin duda por el recio movimiento del buque, entonó una melodía de Shubert, acompañándose con el piano, tan tierna, tan hondamente sentida, que me pareció que habian encontrado acento todas las dolorosas amarguras, que hechas lágrimas estaban al desbordarse de mis ojos.Llegó el momento de hacer formal conocimiento con la cocina americana.Anúncianse las comidas con un instrumento especial que hace las veces de campana. Este instrumento es un disco de hoja de lata más grande, pero de la figura de uncomal; á este disco, se golpea con un bolillo dejándolo resbalar vibrante, lo que produce estrepitosas notas; mejor dicho, una algarabía de ruidos encerrados en un solo ruido, de venirse el mundo abajo. Ese escándalo de hoja de lata, se llamagongo.Un chino lo suspende por uno de sus lados, tomando por punto de partida la cocina, empuña el bolillo y echa á correr por todo el buque, subiendo y bajando escaleras y armando una algazara verdaderamente infernal.La gula tiene culto especial en un buque; se toma té, se tomalonche, se come, se cena, se vuelve á tomar té y las quijadas pueden resolver el movimiento perpétuo con poquísimo esfuerzo.La mesa está cubierta de platos y escudillas pequeñas conmanjares, si es que tan lisonjero nombre puede darse á esas confecciones inventadas expresamente para martirio y sonrojo de los estómagos.Maíces fresquecitos acabados de llegar de la milpa y á medio cocer, nadando en leche, con trozos de huevo empedernido, jitomates crudos que fungen, bien como frutas, bien como materia prima para ensalada, ramas colosales de ápio, erguidas sobre picheles y jarrones, tortillas de huevo que rociadas con melaza sirven de dulce, mantequilla que se mezcla indistintamente á las frutas, á las conservas y á las más repugnantes grasas, y unos pasteles de intestinos de calabaza mezclados con ruibarbo, capaces de resucitar á un muerto si se le pasa por la nariz.Pero este es solo el pretexto; la verdadera confeccion de los manjares reside en elconvoy, ó lo que se llama las angarillas ó aceiteras y sus adminículos.Todos los cáusticos, todos los tósigos, todos los similares del aguarrás, del álcali y del petróleo, están encerrados en botellitas que hacen temblar las carnes, con los nombres de salsas, pikles, pimientas, polvos y sazones.Llega el manjar, y caldo ó carne todo es uno, llueven polvos, vinagres, melazas, el caos de los sabores, la Babel de los tósigos; aquello se devora y su hervor se apaga con cerveza ó se inunda en agua, varias veces nauseabunda....La mesa era, pues, la béstia negra para mis compañeros y para mí; pero pasadas sus embestidas, renacia el buen humor y se trataba de comunicar variedad al triste encierro que nos sujetaba.El piano levantaba los ánimos, el aprendizaje del idioma estrechaba los vínculos, y la amabilidad mexicana hizo talesconquistas, que á poco tiempo los chinos ensayaban dancitas, los empleados tarareaban elsombrero ancho, el servicio se relajaba y el capitan se tiraba las barbas al ver que lafiebre mecsicanahubiese invadido su ántes silenciosa y austera mansion.Un pasajero de la Baja California, ancho de espaldas, resuelto de mirada, pero de finas maneras, me sorprendió en la tarde dirigiendo piropos á las nubes, extasiado con el espectáculo magnífico de la caida del sol (ya es conocida de mis amigos mi manía de declamar mis versos al improvisarlos, manía que me ha valido algunos chascos).El cuadro que yo tenia delante de los ojos era de una grandiosidad inexplicable.Moles inmensas de nubes veíanse tendidas y como superpuestas en la dilatada extension del horizonte; sobre aquella gradería aérea se condensaban grupos de nubes formando árboles, arcos, pirámides, cabezas de monstruos con garras y alas, caballos, columnas, ancianos de profusa barba y dragones gigantescos: de las extremidades de ese horizonte amplísimo colgaban cortinajes caudalosos de púrpura, que se revolvian ó se derramaban sobre las gradas: el sol, primero apareció como en el centro de un pórtico fantástico y fué descendiendo tras la gradería, trasparentándola, tiñéndola de escarlata, bordando de oro los cortinajes, circuyendo de ráfagas, árboles, arcos y columnas, dejando como en la sombra, rocas, ancianos y monstruos; descendió más y el globo inmenso de fuego tornó en raudalosas cataratas de llama las gradas, apareciendo el astro rey ahogándose en el infinito de luz que reproducian las aguas como incendiándose, en tanto que vislumbraba la luna en Oriente comoinundada en lágrimas al presenciar la agonía de su hijo, el padre del dia.... El cuadro, aunque desnaturalizado por mi pluma, era magnífico, la tripulacion entera asistia á él, ébria de deliciosa admiracion. Yo estaba aislado, y como digo, declamando no sé cuantos disparates.... sentí á mi espalda un ruido y era el pasajero que me decia:—Continúe vd., señor.... continúe vd., yo rezaba tambien como vd.El pasajero es amigo del Sr. Pedrines, vecino de la Baja California, con quien por tal motivo contraje relacion.—Allí tiene vd. mi casa, esa es la Baja California, yo poseo unos ranchos cerca de San José. Cierto es, continuó, que la Baja California no tiene los tesoros que la Alta; pero es opulentísima, son innumerables los ganados que sustenta, de sus minas tienen vdes. noticias bastante exactas por los escritos de los Sres. Esteva y Castillo, el comercio de la orchilla podria hacerse fecundísimo, la pesca de la ballena es ramo que ha producido cuantiosas ganancias y no tengo noticia de que se haga la pesca de la perla, que produce cuarenta y cincuenta mil pesos anuales, en mejores condiciones que aquí.Sobre todo, hay islas no explotadas que encierran inmensas riquezas. ¿Vd. no tiene conocimiento del proyecto del Sr. D. Guillermo Andrade para enlazar por medio de comunicaciones rápidas, Guaymas, es decir, Sonora, la Baja California y San Francisco ó mejor dicho, para comunicar varios pueblos por el Golfo de Cortés?—No, señor; pero debe ser de importancia, porque el Sr. Andrade es hombre calculador y audaz para los negocios.—No sé los pormenores del Proyecto, aunque anda impresoen varias manos; pero sé que se reduce á pedir subvencion para las comunicaciones frecuentes entre esos puntos que á vd. digo, por medio de vapores que conduzcan pasajeros, carga y correspondencia.Como complemento del Proyecto se pide la habilitacion como puerto de altura al de la Libertad, hoy solo de cabotaje, y el de San Felipe en la Baja California, cercano á los valles de la Trinidad, Santa Catarina y los placeres de oro que ahora se tienen que surtir de San Diego, con perjuicio de los intereses nacionales.—De solo harina, continuó uno de los que estaban cerca de mi amigo, se consumirian más de 50,000 pesos al año. La harina de California, puesta en San Rafael, cuesta de cuatro á cinco pesos quintal, ó sean de doce á quince pesos carga; abierto el puerto de San Felipe, tendriamos carga de harina del Altar, por ocho pesos.Lo propio que digo de la harina podria decirse del azúcar, manteca, jabon, tabaco, aguardiente, sal, maíz, frijol y otros artículos.—Tiene vd. razon; yo he oido decir que artículos nacionales, como panocha, mezcal, sombreros, sillas de montar, zarapes, etc., tienen primero que ir á San Francisco, donde pagan derechos, y despues venirse á vender á la Baja California.Esa tendencia á unirse una parte de Sonora en intereses con San Francisco, depende de las pésimas disposiciones fiscales, y el gobierno protegeria con solo no oprimir al trabajo.Medio de oro hubiese yo dado á misvencedoreslos proteccionistas de México, porque hubieran aprovechado laslecciones sábias del Sr. Pedrines, á quien apedrearian sin duda los capataces de nuestros buenos y crédulos artesanos.En estas conversaciones íbamos al frente del Cabo de San Lúcas: allí, en una humilde barca de pescadores, resuelto, y sin arrimo ni otra proteccion que la del cielo, ganó la playa nuestro caballeroso y leal compañero Antonio Gomez, que se separó de nosotros siguiendo la ruta que le marcó su sino.La sencilla y majestuosa celebracion del domingo me conmovió profundamente.Sin antecedente el más ligero, uno de aquellos caballeros, que en nada se diferenciaba de los demás, fué resultando sacerdote. Por supuesto que jamás le ví al lado de sobrinitas cariñosas de parecido perfecto del siervo del Señor; nunca le escoltaba un creyente de fisonomía humilde y estúpida; nunca manifestó esa superioridad del que por creerse en relaciones con el cielo, puede hacer de la tierra cera y pábilo.El comedor se adicionó con una mesa cubierta con la bandera americana, y sobre la mesa un libro.Detrás de la mesa estaba el sacerdote: en las bancas, y al rededor de las mesas se sentaron los creyentes; niñas primorosamente vestidas, señoritas adornadas con elegancia extraña, jóvenes y caballeros entre quienes reinaba el silencio y la compostura.Nada más sencillo que aquel cuadro; pero el recogimiento, la seriedad y el espíritu religioso preponderante, convirtieron en augusto templo aquel departamento del buque y dieron solemnidad al que á primera vista parecia trivial espectáculo.En determinado momento, el sacerdote inició, y los circunstantes formaron coros tan acordes, tan llenos de majestad,que me encantaron; y cuando por las ventanillas del buque distinguia el hervor de las olas de oro que cortaba la proa, y cuando en los intervalos del canto se oia el respirar esforzado de la máquina titánica, domadora de las aguas: en algo de vago y de infinito, tendia sus alas el espíritu, sintiéndose como enaltecido y purificado por la manifestacion del Hacedor Supremo en aquel desierto, en que como algas leves flotaban nuestras vidas en la inmensidad del Océano.Despues de los coros, pusiéronse los circunstantes en pié y el sacerdote hizo una invocacion sublime, que conmovió profundamente.Terminada la ceremonia, unas damas pasearon sobre cubierta, otras se refugiaron al salon, y yo, acurrucado en mi camarote, de pié y haciendo que una tablilla puesta sobre el colchon fungiese de mesa, improvisé los siguientes versos:AL MARTe siento en mí; cuando tu voz potenteSaludó retronando en lontananza,Se renovó mi ser, alcé mi frente,Nunca abatida por el hado impío,Y vibrante brotó del pecho mioUn cántico de amor y de alabanza!¿Te encadenó el Señor en estas playas,Cuando Satán del mundoTemerario plagiando el infinito,Le quisiste destruir, y en lo profundoGimes ¡oh mar! en sempiterneo grito?Tú tambien te retuerces cual remedoDe la eterna agonía;Tambien como al sér mioLa soledad te cercan y el vacío;Y siempre en inquietud y en amargura,Te acaricia la luz del claro dia,Te ven los astros de la noche oscura.A mí te ví venir como en locuraDesparcido el cabello de tus ondasDe espuma en el vaiven, como cercadaDe invisibles espíritus, llegandoDe abismos ignorados y clamandoEn acentos humanos que morianY el grito y el sollozo confundian.A mí te ví venir ¡oh mar divino!Y supe contener tanta grandeza,Como tiembla la gota de la lluvia,En la hoja leve del robusto encino!Eres sublime ¡oh mar! los horizontesRecogiendo las alas fatigadasSe prosternan á tí desde los montes.Prendida de tus hombros la luz bella,Forma los pliegues de tu manto inmenso.Entre la blanca brumaSe perciben los tumbos de tus ondas,Cual de hermosa en el seno palpitanteLos encajes levísimos de espuma.Si te agitas, arrojas de tu senoEn explosion tremenda las montañas,Y es un remedo de la brisa el trueno,Terrible mar, si gimen tus entrañas.¿Quién te describe ¡oh mar! cuando bravía,Como mujer celosa,En medio de tu marcha procelosaEl escollo tus iras desafía?Vas, te encrespas, le ciñes con porfía,Retrocedes rugiente,Y del tenaz luchar desesperada,Te precipitas en su negro seno,Despedazando tu altanera frente.En tanto el viento horrible,Arrastrando al relámpago y al rayo,Cimbra el espacio, rasga el negro veloDe la tiniebla, se prosterna el mundoY un siniestro contento se percibe¡Oh mar! en lo profundo,Cual si con esa pompa celebraras,Entre el eterno duelo,Tus nupcias con el cielo!Cansada de fatiga, cual si el auraTierna te prodigara sus caricias,A su encanto dulcísimo te entregas,Calma tu enojo, viertes tus sonrisas,Y como niña con las olas juegasCuando te dan su música las brisas.Tú eres un sér de vida y de pasiones:Escuchas, amas, te enloqueces, lloras,Nos sobrecoges de terrible espanto,Embriagas de grandeza y enamoras.Cuando por vez primera ¡oh mar sublime!Me ví junto de tí, como tocandoEl borde del magnífico infinito,Dios, clamó el labio en entusiasta grito:Dios, repitió tu inquieta lontananza:YDios, me pareció que proclamabanLas ondas, repitiendo mi alabanza.Entónces ¡ay! la juventud herviaEn mi temprano corazon, la suerteCual guirnalda de luz embelleciaLa frente horrible de la misma muerte.Y grande, grande el corazon, y abiertoAl amor, á la patria y á la gloria,Émulo me sentí de tu grandezaY mi orgullo me daba la victoria.Entónces, el celaje que cruzabaPor el espacio con sus alas de oro,De la patria me hablaba.Entónces ¡ay! en la ola que moriaReclinada en la arena sollozando,Recordaba el mirar de mi María,Sus lindos ojos y su acento blando.Si una huérfana rama atravesaba,Juguete de las ondas, cual yo errante,Léjos de su pensil y de su fuente,La saludaba con mi voz amante,La consolaba de la patria ausente.Si el pájaro perdido iba siguiendo,Rendido de fatiga, mi navío,¡Cuánto sufrir, Dios mio!Su ala se plega, aléjase la nave,Y se esfuerza, y se abate y desfallece,Y convulsa, arrastrándose en las ondas,El hijo de los bosques desparece.En tanto, tus inmensas soledadesLa gaviota recorre, desafiandoLas fieras tempestades.Entónces, en la popa dominandoLa inmensa soledad, me pareciaQue una voz á lo léjos me llamaba,Y acentos misteriosos me decia:Y yo le preguntaba:¿Quién eres tú? ¿de la creacion olvidoTe quedaste sus formas esperandoEngendro indescifrable, en agoníaEntre el ser y el no ser siempre luchando?¿Al desunirse de la tierra el cielo,En tus entrañas refugiaste el caos?¿O mágica creacion, rebelde un diaProvocaste á tu Dios, se alzó tremendo:Sobre tu frente derramó la nadaY te dejó gimiendoA tu muro de arena encadenada?¿O promesa de bien, en tus cristalesLos átomos conservas, que algun diaCuando la tierra muera,Produzca con encantos celestialesOtra luz, otros séres, otro mundo,Y entónces nuestro sueloA tus plantas se llame mar profundoEn que retrate su grandeza el cielo?⁂Hoy llegué junto á tí como otro tiempoSiguiendo ¡oh libertad! tu blanca estela;Hoy llegué junto á tí cuando se hundiaEn abismos de horror y de anarquíaLa linfa de cristal de mi esperanza,Y hoy como en otro tiempo la voz mia,En himno se tornó de tu alabanza.Porque tú eres un poema de grandeza,Porque en tí el huracan sus notas vierte,Luz y vida coronan tu cabeza,Tienes por pedestal tiniebla y muerte.⁂Nadie muere en la tierra; allí se duermeDe tierna madre en el amante pecho:Velan cipreses nuestro sueño tristeY riegan flores nuestro triste lecho.Solitaria una cruz dice al viajeroQue pague su tributoDe lágrimas y lutoEn el extenso llano y el sendero.En tí se muere ¡oh mar! ni la cenizaLe das al viento: en la ola que sepultaLa rica pompa de poblada naveNada conserva las mortales huellas,Se pierden.... y en tu seno indiferenteNace la aurora y brillan las estrellas.A tí me entrego ¡oh mar! roto navío,Destrozado en las recias tempestades,Sin rumbo, sin timon, siempre anhelantePor el seguro puerto,Encerrando en mi pecho doloridoLas tumbas y el desierto....Pero humillado no; y en mi fiereza,A tí tendiendo las convulsas manos,Sintiendo en tí de mi alma la grandeza,Y ahogando mi tormento,Le pido á Dios la paz de mis hermanos:Y renuevo mi augusto juramentoDe mi odio á la traicion y á los tiranos.Enero de 1877.A bordo del “Granada” en el mar Pacífico.Guillermo Prieto.El amor irreflexivo de padre me hizo enseñar mis versitos, y cátenme vdes. en posesion de la más molesta, perjudicial y engorrosa para mí, de todas las reputaciones: la reputacion de poeta.A ella debo que mis estudios más sesudos se hayan graduado de quimeras; de ello ha tomado pié la maledicencia para pintarme como un sér insustancial y soñador; por ella cualquierquídamme hace objeto de sus sátiras y soy el tema obligado de todas las detracciones y calumnias. Ella me hace la mina inagotable de las gracejadas de todos los necios, y el objeto predilecto para los desahogos de los pedantes y malvados.Yo tengo aversion al título de poeta, entre otras cosas, porque no lo merezco: doy todos mis laureles por una gota de olvido de mi manía.Pero no hubo remedio. Joaquin Alcalde y yo fuimos los poetas del buque; en ménos que canta un gallo, se nos volvieron todas nuestras compañeras de viaje, literatas y sentimentales, llovieronálbumsy aquello fué una gloria.A persona tan circunspecta y retraida como Francisco Gomez del Palacio, le asediaban pidiéndole traducciones denuestros versos, y este buen amigo pegaba el grito al cielo por la tarea que le imponian nuestra facundia y los deberes de urbanidad.La fiebre poética se apoderó hasta del sexo fiero, y no faltó bigotudo que se hiciera conducir á mi presencia con su intérprete, diciéndome que cuánto podia bajarle en el precio de una pequeña cantidad de versos de tristeza y de amor.Pero tal circunstancia estableció la confianza, menudeaban las confidencias, se hacia comunicativa la alegría y era de escucharseun palomocoreado por las lindas hijas de Guillermo Penn y de Washington, con sus medias lenguas.La aurora del 25 de Enero nos saludó anunciándonos nuestro pronto arribo al puerto de California.El buque tenia más aseo y estaba más engalanado que de costumbre; los chinos, desde las tres de la mañana, habian hecho maniobrar sus bombas, y chorros y cataratas de agua habian dejado la embarcacion como un espejo.En todos los cuartos se hacian líos y se preparaban los objetos pertenecientes á cada individuo para su fácil trasporte, corrian los niños vestidos de lujo, por corredores, escaleras y cubierta, salieron á luz canarios, guacamayas y perritos falderos, y damas y galanes, guapos como para asistir á un baile, esperaban con sus sacos, bastones, paraguas y sombrillas al lado, el deseado momento del desembarco.Solo el grupo de mexicanos, asaz tristes y derrotados, veian aquel que para los demás era término, como principio de desdichas y como confinacion, algunos al destierro y acaso á la miseria.La navegacion habia sido un paseo, sin una sombra depeligro; el capitan se habia hecho acreedor á nuestra sincera estimacion y gratitud.El mar estaba terso y reluciente con el sol, como un inmenso lago de acero y oro fundidos; comenzamos á percibir buques en todas direcciones, ya cruzando arrogantes por en medio de las aguas, ya en tragin perpétuo, cercanos á la costa. A los primeros se interrogaba con la vista: ¿cuál es tu rumbo? ¿qué destino te prepara el cielo? á los segundos se les veia como de casa, como la servidumbre de la entrada de los palacios, con la que se quiere uno informar de las costumbres de los amos y de las poridades de familia.Los veteranos del mar, los conocedores de las costas, iban nombrando las rocas y designando los accidentes del terreno.... La bulla crecia, la tripulacion de nuestro buque coronaba la cubierta y los corredores vestida de gala, viéndose en los balaustrados del exterior como orlas de rostros humanos, sorbetes y sombrillas de todos colores.De un grupo de buques que parecia venir á nosotros se desprendió el práctico, sonaron los pitos de los vapores, como el relincho de dos caballos que se reconocen.En semicírculo inmenso fueron desplegándose las rocas, los árboles y las alturas de la bahía. Por el centro del pórtico que parece formar al descubrirse, sobre olas de nácar y de llama, se distinguian bosques de mástiles, entre los que negreaban las chimeneas de los vapores, arrojando torrentes de humo blanco y negro que subia vago y se tendia dorándose con el sol. Cordajes y banderas de todas hechuras y colores, formaban redes en los aires, y surcando las aguas, se agitaban embarcaciones de todos tamaños con sus velas hinchadas y sus remeros alegres.Forman gigantescos peñones como inmenso pórtico á la entrada de aquel mar interior que se llama la bahía de San Francisco, una de las más grandes y más bellas del mundo.La bahía de San Francisco tiene grandiosidad sin ejemplo, porque es realmente una cadena de bahías, eslabonadas por las peculiaridades de un terreno cuyos accidentes forman una sucesion de prodigios.El puerto es propiamente laPuerta de orodel Pacífico; dilatadas costas se extienden á sus lados, forman un estrecho promontorio de rocas, que parecen penetrar en las nubes, y enormes peñascos le forman pórtico y la decoran.Islas, fuertes y montañas, forman el cañón de su entrada, y al extenderse como que aparta la tierra empujándola y se dilata diez y ocho leguas. Los bordes de esta inmensa bahía, tranquila y de limpias aguas, están decorados en uno y otro márgen por pueblos, fábricas, molinos y estancias circuidas de árboles y por sementeras risueñas que casi tocan las olas.Cuando uno cree que se terminó la bahía porque se tocaron sus confines, se interna y se percibe una isla que como que la limita; pero al trasponerse la isla, ve abrirse y dilatarse el panorama magnífico de la bahía de San Pablo, encerrada entre fertilísimas tierras, ceñida de árboles gigantes y circundada tambien de habitaciones de campo, que blanquean entre los trigales y al través de los sombríos emparrados. Ebria de tanta hermosura se quiere como reposar la vista, y entonces ve como partidas las montañas y que se precipitan á su espalda en ese cañón profundo, los rios de San Joaquin y del Sacramento, trayendo en su corriente parvadas de embarcaciones que penetran por esa sucesion de bahías y se extienden y como que juegan en las aguas hasta dispersarseen la gran bahía, como una legion de aves acuáticas.Y cuando se ven como perdidas en aquella inmensidad tres mil y más embarcaciones de todos los países, entónces parece trivial el cálculo de que aquellas bahías pueden encerrar la marina de todo el universo.Un jóven amabilísimo de la familia del Sr. D. Guillermo Andrade (Manuel Gonzalez), con quien habiamos contraido muy buenas relaciones, se encargó de ser miciceroneluego que nos acercamos á la bahía.El jóven á quien me refiero, perfectamente educado y de buenos estudios náuticos, me habia instruido en las riquezas de la costa, se habia extendido en hacerme explicaciones sobre el importante buceo de la perla, la pesca de la ballena, el cultivo de la orchilla y otros ramos de riquísimo comercio, de la Sonora y de la Baja California.A grandes rasgos, y sin pretensiones de pedagogo, más bien con la pasion de mexicano patriota, me decia:—¡Ah, señor! qué tesoros perdió nuestra patria; este es un suelo divino, acaso destinado para una sorprendente revolucion en la gran metamórfosis de las nacionalidades americanas, cuando despedazados los miembros del coloso del Norte, adquiera vida propia cada uno de ellos.La California está limitada al Norte por el Oregon, á los 42 grados de latitud setentrional; al Este por las Montañas Rocallosas y la Sierra de los Mimbres; al Sur por Sonora y la Baja California, que acabamos de ver; al Oeste por el Océano Pacífico. Su extension de Norte á Sur es de cerca de setecientas millas; de Este á Oeste de seiscientas á ochocientas: su superficie de 400,000 millas cuadradas!Levántase en los mares de Occidente California, como apoyándose en las abiertas costas de México; desde el Ecuador le tienden los brazos y la cortejan como á una reina las Américas hermanas; las islas de Sandwich y la Australia romancesca, la ven aduladoras y le envían sus frutos: el istmo de Panamá la aclama el gran depósito de los efectos de Europa; el de Suez le sonríe tras los horizontes como celebrando sus nupcias con el mundo antiguo, y el Japon y la China con los encantos de la leyenda, y las tradiciones de la cuna del mundo, la lisonjean, con todo lo que tiene de más grandioso el espectáculo del porvenir de la humanidad.—Yo, replicaba casi avergonzado de mi ignorancia, todo lo que sé de California es que fué descubierta en 1548 por Cortés y explotada por el navegante español Juan Rodriguez Cabrillo. Treinta años despues la visitó Francisco Drake, quien le dió el nombre de la Nueva Albion, y que colonizada por los españoles en 1768, formó parte de una de tantas provincias de la Nueva España.—Ya estamos en la entrada de la bahía, me dijo Manuel; vea vd., forma horizonte, parece un mar interior; diga vd. francamente si tenia idea de un tumulto, de una aglomeracion de embarcaciones semejante; y en tal movimiento, ¿ve vd. esa isla asentada en el centro de la bahía?—Es la isla del Alcatráz.Estos lienzos de roca que parecen precipitarse en el mar, por los que sin embargo hay caminos que culebrean de alto á bajo, son fortines y campamentos para las tropas. El lugar ó entrada por donde estamos pasando esGolden Gate(puerta de oro). Vea vd. entre esos promontorios de rocas ese palacio como volado sobre el mar: esCliff House, casa pública derecreo magnífica: ¡qué balaustradas y qué espléndidos corredores! ¡y cuán concurrido de damas y caballeros! Al frente, en esos arrecifes, están los famosos leones marinos, que viven bajo la proteccion de la ciudad. Las falúas de la capitanía del puerto, del cuerpo de sanidad y del correo estaban abajo de nuestro buque, tambaleándose en las olas, multitud de negociantes, de agentes de periódicos, de amigos y curiosos se nos acercaban: numerosos botes proclamaban sus asientos y medios de trasporte, y por entre los viajeros circulaban en enjambres con sus tarjetas en las manos, personas que nos brindaban hospitalidad en hoteles,restaurants, casas de huéspedes y paraderos infinitos. El “Granada” avanzaba por un laberinto de buques sobre los que flotaban banderas de todos los pueblos del globo, se oian acentos en todos los idiomas conocidos, y se veian los trages variadísimos del chino, del danés, del ruso, del austriaco, del europeo y del americano.Aturdian los mil ruidos, deslumbraba el sol reverberando en las olas inquietas, embriagaba la multitud.Ibamos viendo como ascendiendo á las alturas las calles de la vasta ciudad, rozábamos multitud de corredores de madera que daban á inmensas galeras bajo las cuales habia coches, ómnibus y carros en número sorprendente: eran losmuelles; en los claros que éstos dejaban, veíanse regados y amontonados tercios, maquinaria de fierro, madera en montañas y tragin de carga y de descarga.En las posas que hacia nuestro buque ántes de acomodarse en su respectivo muelle, se hablaban los amigos, los esposos se decian ternezas, los niños desde los brazos de las madres tendian sus bracitos inquietos á los autores de sus dias.Algunos, impacientes, tomando en sus manos una especie de morillo con muescas terminado en gancho (bichero), le afianzaban á la orilla del buque, trepaban de sorbete y paraguas por sus costados como una lagartija, y caian entre risas y lágrimas en los brazos de personas queridas.De mis compañeros y de mí se habia apoderado un recaudador de viajeros y nos condujo al hotel Gaillard; hotelito para la gente de mediana fortuna, pero en el que se comia á la francesa, recomendacion poderosa para los que traiamos el estómago en un hilo á causa delplanósistemaamericano.Rompiamos un mar de transeuntes y carruajes, nos deslumbraban por todas partes edificios magníficos de donde entraban y salian raudales de gentes bien vestidas, y venciendo cuestas y trepando alturas, llegamos al suspirado hotel y quedamos oficialmente instalados.El hotel, como la mayor parte de las casas, está construido bajo el tema de buque.Son grandes cajones de madera dentro de los cuales, y siempre bajo de techo, se superponen pisos de cuartos, comunicados por escaleras de caoba con escalones forrados de metal, los cuartos tienen ventanillas á la calle ó se alumbran con tragaluces de variadas formas. No se conoce lo que llamamos patio, y esto empuja á las gentes á la calle como temerosas de la asfixia.Por lo demás, aunque nuestro hotel fluctúa entre la segunda y la tercera clase, no faltaban sus alfombras y su gas en los tránsitos, ni en los cuartos su cama matrimonial, sus cómodas con mármol, su tocador, su perchero y su mesilla exígua para escribir ó refrescar.El comedor está situado en el primer piso que da á lacalle, tiene sus mesillas como nuestros cafés, su mostrador tras el cual yacia como embutida la monumental directora de escena y un sirviente jorobado, de sesgos ojos azules, sarcástico y pacienzudo como un jefe de glosa del antiguo régimen.Percheros en las paredes, avisos de teatros colgando acá y acullá, un espejo vergonzante, retratos de héroes ó bailarinas, ese era el comedor que se veia á la entrada y frente por frente de la cantina y despacho del hotel, en donde elLager beerimpera, loscoptailsabundan, verdeguea la yerbabuena y está tendido patiabierto el libro colosal en que los mismos viajeros inscriben su nombre al instalarse.Hay sus mesillas para los bebedores sedentarios y su mesa de billar para que maten el fastidio los devotos del trago.Al recomendar mi escaso equipo á un sirviente francés, de charlar inagotable, patilla de contrabandista y empaque de teniente de dragones enamorado, me dijo:—Aquí no hay ladrones; no estamos en México.Acababa de hacer esa reminiscencia de mi cara patria, cuando pasaba un compañero caritativo y supo acentuar con un puntapié tan á tiempo la frasecilla del francés, que jamás se borró de su memoria, conservando hácia mí, sin motivo alguno, especial antipatía.Al frente de la ventana de mi cuarto está un hospital y templo chino, las bocacalles próximas dan á la opulentísima calle de Kearny, asciende la vista por un extremo hasta perderse en la altura silenciosa y poco poblada de la calle dePiney desciende hasta emborucarse en el tropel de calles y vericuetos, que como que se atropellan buscando la orilla del mar.Descansaba en la noche en mi cuarto, cuando en la esquina próxima brotó un desaguisado de tambora, tambores, trompetas, platillos y triángulos, que me conmovió como golpe eléctrico.Asoméme á la ventana, fijé la vista y era una orquesta entre hachones, que alumbraban en carteles estupendos, danzarinas, negros, caballos, y no se cuántas figuras más, con el nombre de Circacianas.Descendí para ver de cerca la gresca, la concurrencia se agolpaba al borde de una escalera que conducia á un subterráneo, que era un verdadero abismo de luz vivísima.Sin más averiguacion, me descolgué por aquella escalera y me encontré en un saloncito pequeño, con su mostrador al rededor del cual, hervian fieltros y sorbetes, levitones y chaquetas de punto, y gente, ya con lo abigarrado del desórden y la dejadez, ya con cierta pulcritud, que certificaba el guante, la cadena del reloj y el bastoncillo pretencioso.En los extremos de la salita hay dos entradas: una para el salon del espectáculo, la otra para los palcos. Yo nada de esto sabia, ni entendia palabra de lo que á mi alrededor se hablaba.Fuí literalmente despojado de medio peso y me empujó suavemente uno de los empresarios á un corredor angosto y no muy alumbrado, que corre á la espalda de los palcos.Entré á uno de esos palquitos cuyo techo casi tocaba con la mano. Son de reducido espacio, tienen hácia el salon una cortinita que se cierra y se abre discretamente.En el palco, y guiados por un mismo impulso de curiosidad impertinente, se encontraban, Alfonso Lancaster, Pablo Ibarra y Manuel Alatorre, de la comitiva mexicana el primero;los otros dos, mexicanos, pero personas independientes, bien acomodadas, ligados á nosotros por sus afectos á Lancaster y el deseo de servirnos personalmente.Mi contento fué extremo. Ellos estaban muy sérios viendo el salon. El tal salon está cubierto de bancas de madera pintada, sin más atavíos ni adminículos; es casi cuadrado, de techo bajo y ancho de extension. En el fondo se levanta sobre gruesos vigones un teatrito, tan escurrido y apocado, que se avergonzaria si se encontrase al frente de nuestros más humildes teatros caseros de casa de vecindad. Unos picos de gas pegados á la pared, un candilillo en el centro á cuarta parte de haber y una hilera de mecheros en el palco escénico, en que no se conoce la concha del apuntador: este es el salon.En cuanto á la concurrencia, masculina en su inmensa mayoría, ya hemos visto algunos bosquejos á la entrada; pero con la luz del gas se ponian en relieve aquellas barbas amarillas como untadas de cera, aquellos cuellos largos y empedrados de poros escarlatas como el cuello de unguajolote, aquellos ojos pardos, pequeños y llenos de penetracion y de audacia, y aquellas concatenaciones de trapos de todas las formas, de todas las procedencias, de la ruina de todas las hechuras, salpicados con botones de vidrio, cadenas de acero, anillos dedoubléy todos los caprichos de la mercería, y estos narigudos, cuellilargos y burdos personajes, envueltos en espesas nubes de tabaco de puro ó de pipa, que ponen la atmósfera de poderse cortar con un cuchillo.El telon estaba levantado y se representaban cuadros animados de no sé cuántas atrocidades mitológicas, históricas y bíblicas.Seguian servilmente la desnudez de las mujeres, ajustadas carnes de finísimo punto; en los hombres habia mayores economías sin ofender el pudor.Pero es de advertir que la propia especulacion y la abundancia de hermosas, hacen que se soliciten por los empresarios mujeres de rara belleza, de suerte que independientemente de la exactitud histórica, la simple exposicion de aquellas damas esclaviza y enamora.El foco en que aparece el cuadro se ilumina con luz eléctrica, miéntras el gas disminuye su fulgor, quedando casi oscura la pieza.Acababa de presentarse el cuadro de Sanson y Dálila; el teatro se hundia á palmadas y gritos.Echóse el telon, blasfemó la música no sé cuántas cosas, y quedó casi desierto el salon, por ser la hora, segun despues supimos, de las grandes libaciones.Nosotros, siguiendo las costumbres que veiamos, corrimos la cortinilla de nuestro palco para fumar con mayor comodidad.Apénas hicimos esto, cuando sin más antecedente y de manos á boca se encontró el palquito invadido por las deidades bíblicas del sexo contrario, que tanto habian encantado al público.Mandaba la guerrilla de hermosas, una matrona gravedosa que conducia cerveza y Champañapara obsequiarnos.Alatorre habla inglés perfectamente; dió las gracias, brindamos asientos á aquellas criaturas que parecian salir del baño, tomamos una copa y llamó una campanilla á la escena á nuestras bellas visitadoras.Por más que ninguno de nosotros tuviese una aureola deinocencia, la visita nos sorprendió altamente, por la excesiva economía en los trages de nuestras favorecedoras.En medio de nuestra sorpresa, no habiamos notado que las hijas de Eva habian despabilado lagos de Champaña. La matrona austera llegó á cobrar una barbaridad por el obsequio que nos habia hecho (dos onzas de oro).Continuó la funcion: á la entrada del proscenio habia unas sillas de palo y en ellas sentados negros y negras, falsificados con perfeccion; los unos tocaban el tambor, otro agitaba una pandereta con cascabeles, el otro tenia unos palillos pequeños entre los dedos, los que sacudiendo fuertemente la mano, castañetean, repican y forman una ruidera espantosa. Todos, cuando el caso llegaba, zapateaban de punta y talon, azotando la pata á trechos con ímpetu desaforado.Estos negros son el alma de la funcion, que no sé por qué se llama deMinistrils; ellos dicen gracejadas obscenas, ellos se dan puñadas y se derriban de las sillas; pero con tan extravagantes contorsiones, con tan descompasados gritos, con puñetazos y patadas tan soeces, que nuestros payasos más desastrados se ruborizarian de semejantes émulos.La escena suele representar un matrimonio mal avenido, con un nene de á dos varas, á quien vapulan, poniendo el reverso de su cuerpo en espectáculo, ó bien le dan papilla en un lavamanos y con una cuchara como una pala. Ya es un negro sirviente de un doctor que le usurpa sus funciones en sus ausencias, equivocando recetas y poniendo á la muerte á los clientes, quienes se vengan á porrazos; ya un chino camarista de su señora, que se ostenta más frio y estúpido,miéntras ella es más abandonada, y que sin la intervencion del telon, único representante de la decencia, yo no sé hasta dónde habria llevado sus libertades.Pero esta farsa indigna es el regocijo de la canalla, silba desaforadamente, que es un modo peculiar de aplaudir, golpea las bancas, grita, aulla y hace que se repitan las escenas más repugnantes, exigiéndolo con frenesí.Apénas terminó el acto, cuando oimos los pasos de las negritas; entónces cerramos el palco, atrancamos con sillas, pusimos verdaderas barricadas; ellas empujaban, de hacer retemblar el cancel, escalaron el tabique y sacaban sus negras caras y sus lanudos cabellos por encima de las tablas; nosotros permanecimos impasibles, atrayéndonos al fin no sé cuántas injurias.No era posible resistir más; en la primera coyuntura, abandonamos el campo, no obstante la curiosidad de viajeros y á pesar de que el espectáculo suele prolongarse hasta la una ó dos de la mañana.Cuando al siguiente dia impuse á Francisco Gomez del Palacio de mi primera aventura, reprochó altamente mi excursion.—¿No sabes que á esos teatros subterráneos, cafés cantantes y salones de baile les llamanlos infiernos? ¿No sabes que esos son los receptáculos de la gente más perdida, de la que hay en grande abundancia en esta tierra? ¿Ignoras que noche á noche en esos lugares hace grandes colectas la policía?En efecto, á los dos ó tres dias de nuestro primer estudio en el teatro de las Circacianas, supimos que Dálila, Sanson y la comitiva de Filisteos y espectadores estaban en la cárcel,de donde nunca debieron haber salido segun sesudas opiniones.La ciudad de California está construida al E. en línea oblícua á la Península, sembrada en su centro de colinas elevadas de tierra pobrísima y de arena; en las ondulaciones rebajadas y aplanadas desde 1846, y en las cuencas de los valles, la vegetacion se ha forzado y se ven algunos árboles tendiéndose en pequeños jardines, follajes pomposos de enredaderas de infinita variedad; á todos los vientos y por donde quiera que se alcanza una altura, se divisa la bahía, que siempre bella, siempre poblada de multitud de buques, ó sorprende nuestra vista con su febril tráfico, ó deja ver á lo léjos melancólica y poética la inmensidad del mar.En el ángulo N. E. de la ciudad se halla el cerro del Telégrafo, á 294 piés de alto; en el ángulo S. E. el cerro Kincon, y al O. la Montaña Rusa, á 360 piés de altura.La parte plana de ese terreno que da al mar y se halla en contacto con la bahía, es la de los grandes almacenes, la de los barqueros y pescadores; se asciende, y es el tráfico en toda su opulencia; se aleja de la bahía, y el terreno se deprime: son las estancias aisladas ó formando calles silenciosas, las grandes casas, los palacios de los banqueros y las mansiones de las familias de la clase media.Porque es de saber que comerciantes, banqueros, letrados, y en general, los hombres todos de negocios, asisten á despachos ú oficinas al interior de la ciudad y residen en mansiones campestres, rodeándose de todo género de comodidades, que se llamanresidencias.Al caminar por el interior de la ciudad se asciende, se desciende ó se camina como hundido en una barranca, siempre presentando regularidad las casas. Pero en las bocacalles, esencialmente en las que se retiran de la bahía, las perspectivas son magníficas; son montañas de casas de campo, palacios y templos; son hondonadas con risueñas mansiones y parques opulentos, y son inmensos horizontes que forma el mar, ya desierto, ya cruzando sus olas una barca aventurera en pos de las posesiones rusas ó la China, ó aisladas barquillas de pescadores.La ciudad puede llamarse naciente: por todas partes se ven señales de propiedades que están esperando elecsurgede la arquitectura para saltar de entre la arena como Vénus de las ondas; grandes huecos como tanques que serán almacenes, salones y lugares de placer, y esqueletos descarnados como peines, como huacales inmensos, como ordenadas osamentas, cartílagos y fibras, que se envolverán en ricos tapices, se engalanarán con cuadros, espejos y candelabros y se revestirán de una capa de cantería ó granito hecho polvo, pero que á la vista y al tacto consuman la suplantacion del mármol y la cantera.Y no obstante que esas jaulas de madera tienen un valor tres ó cuatro veces superior á nuestros edificios de piedra, los creemos roperos habitados, casas de chanza, falsificaciones que no podemos hacer formales por más que queramos.Por otra parte, la vejez de esas casas es verdaderamente espantosa. Si no se tiene sumo cuidado, las persianas se desarticulan, pierden su quicio cornisas y columnas, vuela un pedazo de lienzo como denunciando un fraude, y de lostechos se ven próximos á caer, tablones ennegrecidos por la tierra, el sol y la lluvia, latas desclavadas, costillares al descubierto, balcones desdentados y gateras y tuseros que son el harapo, la hilacha, la piltrafa y la zurrapa de la humana habitacion.
Á LOS
ESTADOS-UNIDOS
POR FIDEL
DESPERTABA como de un sueño á la orilla del mar Pacífico y en el puerto del Manzanillo el 13 de Enero de 1877.
Y cuidado que el sueño picaba en historia: habia de todo, como en los dramas románticos: escursiones á caballo, lastimeras y dolientes como unde profundis, entrevistas al rayo de la luna, como parodiando las que tuvo el Ariosto con los recaudadores de equipajes en los caminos, mansiones en una especie de sepulcros de vivos, de donde habia huido para siempre el ruido y caminaban maquinalmente los cadáveres con los ojos abiertos: arcos triunfales, repiques, banquetes y entusiasmo frenético, descensos á las entrañas de la tierra,sonrisas del poder, cobardía y traiciones viles, y en fin, tanto y tan variado suceso, que á ser mi objeto, formaria entretenidas leyendas y sabrosas enseñanzas para los presentes y venideros siglos.
Yo tenia la conciencia de haber visitado en otro tiempo,dulce y alegre cuando Dios queria, aquellos mismos lugares, embriagado de luz con la grande epopeya de la Reforma, y tratando de seguir las huellas, como por mi fortuna las seguí de cerca, de Juarez, de Ocampo y Degollado. Pero aunque mi memoria insistia en restablecer el cuadro que entónces se ofreció á mis ojos, no quedaba ni un fragmento, ni un resquicio, ni señal ninguna que sirviese de punto de apoyo á mis recuerdos.
Entónces (1858), mal feridos y desgobernados en nuestros rocines y llevando á cuestas el retumbante título dela familia enferma, llegamos al Manzanillo, Juarez, Ocampo, Leon Guzman, Ruiz Manuel, Cendejas Francisco, Jacinto Aguilar, Zambrano, D. Matías Romero y algunos otros, como perseguida compañía de cómicos de la legua.
Era en aquel tiempo Manzanillo una playa casi desierta en donde la fiebre se enseñoreaba, tenia el apodo de centro mercantil una tienda de lona, habitada por unos alemanes que no interrumpian su eterno sueño sino para agotar toneladas de cerveza ó hacer sus excursiones á la aduana.
Estaba enriquecida con titulo tan afianzador y conspicuo una galera sucia y sombría con el brazo tendido de una viga sobre las aguas, para afianzar los cargamentos que no habia querido recoger el contrabando, porque en cuanto á los náufragos, se encargaban de ellos los tiburones, únicos competidores en voracidad con el hambriento resguardo marítimo.
Unos cuantos jacales hundidos en la arena, como sapos y tortugas que hubiesen dejado en seco las mareas, la falda escabrosa del monte, de que parecian precipitarse enormes peñas, y un cerro avanzado hácia el mar, pomposo y arrogante, que desde entónces, á la entrada de la bocana, pide á gritos un faro, sin que nadie le haga maldito el caso.
Recordaba con enérgica fidelidad, que habiendo llegado muy enfermo y manifestando deseo de ver la bahía, Juarez y Ocampo me hicieron silla de manos y me pasearon en la playa, yendo yo orgulloso y triunfal y con el alma luminosa dentro del pecho, más feliz que sobre el primer trono del mundo: mi amado Pancho Cendejas iba por delante haciendo farsa. De repente volvia los ojos y me sorprendian las brillantes huellas que iban dejando mis conductores (eran los efectos del fósforo): alegres con mis sorpresas, los acompañantes de mis amigos restregaban la arena con las manos y la esparcian refulgente como polvo de luceros....
Ahora el puerto del Manzanillo tiene sus calles regulares, sus tiendas y valiosos almacenes, su capitanía, su cuartel, su plaza, con asientos y embanquetado, y su aduana, que es un edificio de madera con sus amplísimos corredores viendo á la bahía, que es por cierto poética y encantadora.
El Manzanillo sale de las aguas de la laguna de Cuyutlan, sacude su cabellera y se escurre entre dos altísimas montañas: parecen descender, saltando sobre las rocas, casucas alegres con sus huertecitos llenos de flores, á ver pasar á la pequeña ciudad que se asienta en la arena de la playa, entre edificios de apariencia americana, con sus ventanillas con persianas verdes, sus enverjados y sus chimeneas en alto, agitando sus plumeros de humo.
Caminaba al lado de Joaquin Alcalde, haciéndole partícipe de mis impresiones: éste, con sus ojazos negros, su fisonomía animada y su mímica vehemente, acentuaba mi relacion, produciéndome vivo placer.
Vestía Joaquin frac gris y pantalon ajustado, bota fuerte y un fieltro tan elástico y expresivo como la fisonomía del propietario.
Ibamos al acaso, cuando de un balconcillo pequeño, angosto, desdentado y trémulo de barandal, una señora frescachona, morena, alegre y de blanquísima dentadura, nos dió el alto.
—Aquí, Sr. D. Guillermo, aquí, yo soy Fermina, la que asistió á vdes. la otra vez; aquí, en este lugar, vivió el Sr. Juarez, yo tengo la silla en que estuvo sentado, y no la doy por todo el oro de la tierra.... Pasen vdes.
En dos por tres renovamos conocimientos, procuróse una cómoda instalación en una piececita aseada con sus blancas cortinas de musolina en los catres y cómodas butacas de fresca vaqueta en las puertas.
Miéntras yo hacia preguntas á Fermina y la acompañaba, tomando posesion de su casa, Alcalde, en el expendio de tabacos, anexo á la misma casa, se daba á conocer con el marido de Fermina, portugués recalcitrante, recio de carnes, flaco de costillar, con unos nervios como cables y unas venas como tubos de acueducto.
El portugués es marino consumado,atracajunto á un tonel y se queda fresco, fuma unos tabaquillos como baupré de navío y dispara unas desvergüenzas capaces de descalabrar al más pintado.
LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Puerto del Manzanillo.
LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Puerto del Manzanillo.
LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.
Puerto del Manzanillo.
En el Manzanillo, y asistidos por Fermina y su consorte, duramos cuatro dias, hasta que el dia 17 las señales delCerro del Frailenos anunciaron la llegada del vapor que debia conducirnos para Mazatlan.
El vapor “Granada” en que nos embarcamos es hermoso, y se distingue entre los palacios flotantes, que con el nombre de vapores, atraviesan las aguas del Pacífico.
Sobresale del seno de las aguas el casco inmenso del buque, que apénas cabria en una de las calles que llamamos cabeceras, teniendo mayor altura.
Dos fajas de balaustrados lo ciñen exteriormente, formando corredores, y la superior que es, digámoslo así, la cubierta ó azotea del barco.
En los corredores se ven las puertecitas de los cuartitos ó camarotes.
En el interior, por pisos que comunican régias escaleras, están el amplísimo corredor con sus lámparas, alfombras y muebles riquísimos, y en el piso superior, cuyo techo es la cubierta, hay un salon espléndido con espejos y sofaes riquísimos, mesas y sillones y un soberbio piano que suele ser solaz y contento de la tripulacion, cuando el dios de las aguas echa una cana al aire.
Sobre la cubierta está la elegante estancia del capitan, contigua á un precioso gabinete destinado á los fumadores.
Sombrea la cubierta tendida lona, bajo la que están colocados cómodos asientos de bejuco, ocupados dia y noche por los que se recrean con el espectáculo siempre nuevo y sorprendente del mar.
El “Granada” mide 2,500 toneladas y está al mando de un excelente marino, que es además cumplido caballero.
Luego que hicimos nuestros arreglos de instalacion, pasé revista á mis compañeros de viaje.
Eranladysdeliciosas, entre las que abundaban personas de esmerada educacion; habia una Sussy dulce y melancólica como la estrella de Occidente cuando brilla solitaria sobre las montañas de mi patria; una Emma poética como una pasionaria viéndose en las aguas del dormido lago; una Katty bulliciosa y sensual como una inspiracion maliciosa de Lecoq, y una Lora sentimental como una melodía de Shubert.
Por supuesto no faltaba una literata que iba en pos de impresiones á la California, ni una buena esposa que corría tras del marido escurridizo, ni una víctima que iba á gestionar su divorcio de una especie de tigre feroz que habia marchitado en flor su juventud.
Habia viajeros pacíficos de distinguida clase y que viajaban en el estricto órden constitucional.
En este número se contaba un acreditado doctor homeópata y su linda esposa. Esta señora es andaluza, y á pesar de su circunspeccion y de su estado, derrama la sal de Jesus por todos los cuatro costados.
El servicio del buque se hacia á nuestra llegada con rigorosa puntualidad, y el capitan, que es un cronómetro de cachucha azul, no permitia se relajase en lo más leve la disciplina.
La servidumbre era toda de chinos. No dejó de excitar nuestra curiosidad el conocimiento con estos bípedos que están metiendo tanto ruido.
El chino no es un hombre, es un ejemplar de una obra inmensa; los chinos son como alfabetos de imprenta; el queconoce unabminúscula, conoce todas lasb b. El chino se produce por moldes, sus poblaciones son como paquetes de alfileres.
Cabeza obtusa con el pelo alisado y dos grandes trenzas que rematan en listones negros, y le dan en la parte posterior de los muslos, tez de amarillo deslavazado, ojos oblícuos, nariz chata, boca grande....
Una especie de solideo sobre el occipucio, una muy holgada y luenga blusa hasta abajo de la rodilla; la blusa azul ó negra de seda ó lienzo de algodon; calzones anchísimos, azules ó negros; medias blancas como la nieve, y un calzado que tiene mucho de lachalupa, con las puntas agudas vueltas hácia arriba, y una suela gruesa de tres dedos en el centro, dada de blanco como correaje de tropa.Eseson los chinos, y esos chinos componian la servidumbre del buque.
La parte masculina eran negociantes ó viajeros retraidos, aventureros alegres y buenos bebedores, y la colonia mexicana en perpétuo movimiento por todos los vericuetos de la embarcacion, las pocas horas que no hicieron amistades extrañas.
Pocos de nuestros compañeros, y por desgracia los más graves, sabian inglés, y tambien por desgracia, pocos viajeros, esencialmente viajeras, conocian el español.
A Ramon Alcalde quedó reservada la gloria de dar vida y comunicar cohesion á aquellas almas huérfanas que se consumian de fastidio.
Acercóse en la noche como distraido al piano, alzó su tapa, preludió algunas quejosas melodías; pero tan silenciosas, por expresarme así, tan ténues, que parecia que hablaba ásolas el piano.... en medio de aquellos rumores tímidos oiamos abrir las puertas de los camarotes, tambien con mucha precaucion. El músico requiere auditorio, se rinde á la alucinacion de la gloria.
Las teclas, al fin, dejaron piar, con coquetería indecible, la Paloma.... esa Paloma comprometedora é insurgente, que no puede escuchar con calma ningun ente de razon.
Aletea, se sacude y estallan los requiebros abrasadores de la cancion habanera. Los mexicanos, como movidos por un resorte, cercaron el piano y ensayaron el canto: de repente, surge vibrante y sonora una voz ejercitada, dulcísima, llena de aquel jaleo y aquellas cosquillas que nos sacan de quicio; era la esposa del doctor, que dejándolo con tantos ojos abiertos, siguió las notas, se envolvió en ellas, y se pronunció por México.... bendita sea su boca!.... las risas, las palmadas, el entusiasmo, se parecian al delirio.... Lasladysestaban á las puertas de sus camarotes.... retiradas, pero no esquivas; á la Paloma siguióse elTéy elTá; habia un D. Juanito, aleman, de voz privilegiada, que regaba con excelente champaña sin cesar, que acometió elTéy elTá, que siguió á la Paloma con desusado brío, sin interrumpir los compases, al brindarnos con su champaña.... lasladysse acercaron al piano.... amables, pero no comunicativas.... Alcalde, superándose á sí mismo, dejó caer entre una tempestad de notas incendiarias nuestro himno nacional.... hubo entonces explosiones de entusiasmo frenético.... los ojos brillaban con lágrimas, las manos redoblaban los palmoteos, alguno se pasó la mano sobre la frente por sentir como cosquillas; era el tacto de las plumas de los sombrerillos de lasladys,que se inclinaban tambien sobre el piano.... Era necesario no tener pizca de vergüenza, para no estar hecho una aleluya....
Al dia siguiente, todos aprendiamos inglés, y lasladysbalbutian palabras españolas que era un contento. La desciplina del buque sufrió un golpe contuso. Uno de los empleados me decia:como estás alborota los mecsicanos.
La cosa fué tal, que nadie paró mientes en que el sol caduco que llamamos luna, tenia una glorificacion sublime en el desierto inmenso de las aguas.
La navegacion del Manzanillo á Mazatlan se hace casi sin perder de vista las costas, y las nuestras en esa parte del mar Pacífico, si bien desiertas, tienen belleza extremada, por la verdura de los campos cercanos y por las caprichosas montañas que las animan y les quitan su monotonía.
Aunque muchas veces, léjos de disminuirse los peligros con la proximidad de las costas se aumentan, hay algo de arrimo con ver la tierra; se nos figura que en un siniestro viene en nuestro auxilio; sobre todo, la idea de un pronto y feliz término del viaje, envolvia las largas horas de fastidio en las distracciones de las sorpresas de los que por primera vez se embarcan.
La curiosidad de ver una ballena tenia preocupados á varios de los compañeros, desde el Manzanillo. Al dia siguiente de nuestro embarque, y cruzando las inquietas aguas de Cabo Corrientes, álguien vió aparecer y desaparecer el monstruo, como un relámpago.
Agolpámonos sobre cubierta, los conocedores rastreaban con curiosidad el rumbo; al fin vimos salir de entre las aguas una cabeza enorme, boluda, unida á un cuello largo, muylargo y angosto, que como que se balanceaba, dependiente de una masa negruzca que se sumergia en las aguas.
Como la navegacion en último término es el abandono de la personalidad; como el ócio es una llama solapada que consume los jugos del espíritu; como la espectativa del acaso, luego que se prolonga produce la indolencia, que es una especie de catalepsia para el alma, cualquier accidente cobra desusada importancia en el mar.
La rama vagamunda que se balancea sin rumbo en las olas, la gaviota que sigue al barco para merodear sus desechos y nosotros la creemos cortejo cariñoso, el pájaro perdido en el rastro de humo que deja el vapor, y forma como hileras de árboles y cimas de montañas en el vacío, todo nos despierta, nos interesa, lo encadenamos al mundo que hemos dejado, lo atesoramos, como atesora el pájaro los granos de la planta, y todo lo convierte en reliquia nuestro apartamiento de la madre tierra.
Se agobia con preguntas á los viejos marinos y á los navegantes aguerridos, que por su parte se hacen los menesterosos y dan valía á sus conocimientos, viendo con cierta piedad á los neófitos.
—Ya verá vd., me decia uno de esos marinos viejos, poseido del provincialismo de las aguas; ya verá vd. si admite comparacion aquel mar encallejonado y mezquino de Veracruz, con este mar que es un señor mar.
En aquel mar se revuelven las olas como las nueces en un talego; aquí, no señor, parece que se arrancan del confin del cielo y vienen inmensas y se elevan poderosas y se rompen á los piés de vd., que ve como despedazarse un universo de cristales.
Vea vd. qué costas inmensas y desiertas con acceso por todas partes.... dígame si con dos buquecillos como cáscaras de coco y cuatro gatos de resguardo se podrá evitar el contrabando. ¡Y qué costas! Vd. no puede calcular, aunque quiera, la inmensa riqueza de eseValle de Banderasque tenemos al frente y el partido que podria sacarse para la exportacion. Solo en maderas posee tesoros que no se pueden ni valuar; tiene vd. ébano en abundancia,Primavera, que es la codicia de los artistas, linaloé aromático, moral, huayacan y otros muchos árboles preciosos. Pero desde aquí hasta Compostela, donde vamos á llegar, el tabaco crece casi espontáneo, y bastaria un ligero cultivo para hacer de ese ramo un venero inagotable de riqueza.
¡Oh y qué atencion tan especial merecen los puertos del Pacífico! Sin los puertos de depósito en estas costas, sin las franquicias arancelarias, se perderán para siempre; no se canse vd.; la desmembracion del territorio, los compromisos de la independencia, no los procuran los yankees; los agentes de esa perdicion están en México, en las aduanas interiores, en las levas, en la bestial proteccion á la industria, que no puede tener otra más eficaz que la libertad y la seguridad.
Aquella rinconada que se ve desde aquí, es Ipala.
—Sí, señor, es el puentecillo en que han hecho tantos su fortuna.... á poco distinguimos á San Blas, encapotado sesgo entre las rocas, como si quisiera sustraerse á toda vigilancia. El clima dicen que es pésimo.
—Así, así; al que perdona la fiebre, le matan las calenturas, y al que no la disenteria; al sol se tuesta el cristiano, y á la sombra se encargan de la tarea de devorarlo los mosquitos y otros bichos.
Cuentan de un paisano que quiso venir á instalarse en ese puerto y paró en la casa de un andaluz su amigo. A las veinticuatro horas de estar en San Blas, ya ardia su alma y alzaba el grito al cielo. Quejóse con el andaluz; éste, sin chistar palabra, le tomó por la mano y le llevó al templo: le colocó frente á Señor San Blas, patrono de la ciudad; el santo está muy fresco, con su monterilla puntiaguda, su aire resuelto como el de un majo, el brazo tendido y en alto dos dedos de la derecha mano.
—¿Ve vd. ese caballero? dijo el andaluz á su amigo.
—Lo veo, ¿y eso qué me importa?
—¿Sabe vd. lo que quieren decir esos dos dedos?
—No, señor.
—Pues quieren decir.... ó aguantarse, ó largarse.
—Vdes. ven que el santo no se anda con chiquillas ni con escrúpulos de monja.
Poco despues de amanecer el 19, y en la mañana más alegre y fresca que puede darse, nos encontrábamos frente á Mazatlan.
Mazatlan se percibe á poco más de dos millas, le forma el mar una herradura inversa á la bahía que cierran enormes peñas, que dan idea como de que el mar corre entre ruinas á estrecharse con la alegre ciudad.
Las casitas blancas del puerto parece que bajan en tropel de la colina, atravesando arboledas, trepando sobre las rocas, corriendo por la playa en tumulto, llevando en alto astas, torres y banderas que flotan en los aires.
En la bahía percibimos una que otra nave; pero en cambio, multitud de botes cayucos y embarcaciones pequeñas, ya tendiendo sus velas, ya abriendo y cerrando en afanosamarcha sus remos, como las largas patas de animales acuáticos.
Dirigiéronse al vapor, como parvada de aves, algunos botes oficiales, otros rodearon el buque como hormigas un terron de azúcar....
Como he dicho, contábamos con hacer pié en Mazatlan; pero los hados lo dispusieron de otra manera, y de un modo inesperado, instantáneo, nos encontramos con que debiamos seguir á California. El cambio era súbito y la cuestion de presupuesto, entre otras, se nos presentó con toda su tremebunda deformidad.
Antes de partir, visitaron nuestra embarcacion los Sres. Kelly, Ferreira y otros nobles caballeros que nos hicieron generosas ofertas y se apresuraron á aliviar la suerte de los compañeros, que no por no aceptar sus favores dejaron de reconocerlos en lo más íntimo de sus corazones.
Yo recibí especiales atenciones de mis amigos Joaquin Redo y su esposa, honra y decoro de las matronas de mi patria; á esas personas quiero consignar este recuerdo de tierna gratitud.
En Mazatlan se verificó la desmembracion completa de la familia embarcada en el Manzanillo; hombres heróicos, corazones nobles, caballeros sacrificados á la idea del deber, caian como náufragos en una playa que pudieran llamar extraña, sin recursos, sin arrimo, sin otra espectativa que la de la persecucion y la miseria, y sin haber salvado otra cosa que la dignidad del hombre y las inspiraciones de la conciencia.
Vuelta la proa á San Francisco, alzadas las áncoras, viendo perderse en el horizonte las alturas de Mazatlan, como seextinguen las luces de un festin nocturno, se abatió sobre nuestras frentes la tristeza y seguimos al destino, oyendo el resoplar del vapor y sintiendo cimbrar bajo nuestras plantas el costillar del buque que cortaba impetuoso las olas.
La noche fué sombría; á deshora, D. Juanito, que se paseaba haciendo X por el salon, sin duda por el recio movimiento del buque, entonó una melodía de Shubert, acompañándose con el piano, tan tierna, tan hondamente sentida, que me pareció que habian encontrado acento todas las dolorosas amarguras, que hechas lágrimas estaban al desbordarse de mis ojos.
Llegó el momento de hacer formal conocimiento con la cocina americana.
Anúncianse las comidas con un instrumento especial que hace las veces de campana. Este instrumento es un disco de hoja de lata más grande, pero de la figura de uncomal; á este disco, se golpea con un bolillo dejándolo resbalar vibrante, lo que produce estrepitosas notas; mejor dicho, una algarabía de ruidos encerrados en un solo ruido, de venirse el mundo abajo. Ese escándalo de hoja de lata, se llamagongo.
Un chino lo suspende por uno de sus lados, tomando por punto de partida la cocina, empuña el bolillo y echa á correr por todo el buque, subiendo y bajando escaleras y armando una algazara verdaderamente infernal.
La gula tiene culto especial en un buque; se toma té, se tomalonche, se come, se cena, se vuelve á tomar té y las quijadas pueden resolver el movimiento perpétuo con poquísimo esfuerzo.
La mesa está cubierta de platos y escudillas pequeñas conmanjares, si es que tan lisonjero nombre puede darse á esas confecciones inventadas expresamente para martirio y sonrojo de los estómagos.
Maíces fresquecitos acabados de llegar de la milpa y á medio cocer, nadando en leche, con trozos de huevo empedernido, jitomates crudos que fungen, bien como frutas, bien como materia prima para ensalada, ramas colosales de ápio, erguidas sobre picheles y jarrones, tortillas de huevo que rociadas con melaza sirven de dulce, mantequilla que se mezcla indistintamente á las frutas, á las conservas y á las más repugnantes grasas, y unos pasteles de intestinos de calabaza mezclados con ruibarbo, capaces de resucitar á un muerto si se le pasa por la nariz.
Pero este es solo el pretexto; la verdadera confeccion de los manjares reside en elconvoy, ó lo que se llama las angarillas ó aceiteras y sus adminículos.
Todos los cáusticos, todos los tósigos, todos los similares del aguarrás, del álcali y del petróleo, están encerrados en botellitas que hacen temblar las carnes, con los nombres de salsas, pikles, pimientas, polvos y sazones.
Llega el manjar, y caldo ó carne todo es uno, llueven polvos, vinagres, melazas, el caos de los sabores, la Babel de los tósigos; aquello se devora y su hervor se apaga con cerveza ó se inunda en agua, varias veces nauseabunda....
La mesa era, pues, la béstia negra para mis compañeros y para mí; pero pasadas sus embestidas, renacia el buen humor y se trataba de comunicar variedad al triste encierro que nos sujetaba.
El piano levantaba los ánimos, el aprendizaje del idioma estrechaba los vínculos, y la amabilidad mexicana hizo talesconquistas, que á poco tiempo los chinos ensayaban dancitas, los empleados tarareaban elsombrero ancho, el servicio se relajaba y el capitan se tiraba las barbas al ver que lafiebre mecsicanahubiese invadido su ántes silenciosa y austera mansion.
Un pasajero de la Baja California, ancho de espaldas, resuelto de mirada, pero de finas maneras, me sorprendió en la tarde dirigiendo piropos á las nubes, extasiado con el espectáculo magnífico de la caida del sol (ya es conocida de mis amigos mi manía de declamar mis versos al improvisarlos, manía que me ha valido algunos chascos).
El cuadro que yo tenia delante de los ojos era de una grandiosidad inexplicable.
Moles inmensas de nubes veíanse tendidas y como superpuestas en la dilatada extension del horizonte; sobre aquella gradería aérea se condensaban grupos de nubes formando árboles, arcos, pirámides, cabezas de monstruos con garras y alas, caballos, columnas, ancianos de profusa barba y dragones gigantescos: de las extremidades de ese horizonte amplísimo colgaban cortinajes caudalosos de púrpura, que se revolvian ó se derramaban sobre las gradas: el sol, primero apareció como en el centro de un pórtico fantástico y fué descendiendo tras la gradería, trasparentándola, tiñéndola de escarlata, bordando de oro los cortinajes, circuyendo de ráfagas, árboles, arcos y columnas, dejando como en la sombra, rocas, ancianos y monstruos; descendió más y el globo inmenso de fuego tornó en raudalosas cataratas de llama las gradas, apareciendo el astro rey ahogándose en el infinito de luz que reproducian las aguas como incendiándose, en tanto que vislumbraba la luna en Oriente comoinundada en lágrimas al presenciar la agonía de su hijo, el padre del dia.... El cuadro, aunque desnaturalizado por mi pluma, era magnífico, la tripulacion entera asistia á él, ébria de deliciosa admiracion. Yo estaba aislado, y como digo, declamando no sé cuantos disparates.... sentí á mi espalda un ruido y era el pasajero que me decia:
—Continúe vd., señor.... continúe vd., yo rezaba tambien como vd.
El pasajero es amigo del Sr. Pedrines, vecino de la Baja California, con quien por tal motivo contraje relacion.
—Allí tiene vd. mi casa, esa es la Baja California, yo poseo unos ranchos cerca de San José. Cierto es, continuó, que la Baja California no tiene los tesoros que la Alta; pero es opulentísima, son innumerables los ganados que sustenta, de sus minas tienen vdes. noticias bastante exactas por los escritos de los Sres. Esteva y Castillo, el comercio de la orchilla podria hacerse fecundísimo, la pesca de la ballena es ramo que ha producido cuantiosas ganancias y no tengo noticia de que se haga la pesca de la perla, que produce cuarenta y cincuenta mil pesos anuales, en mejores condiciones que aquí.
Sobre todo, hay islas no explotadas que encierran inmensas riquezas. ¿Vd. no tiene conocimiento del proyecto del Sr. D. Guillermo Andrade para enlazar por medio de comunicaciones rápidas, Guaymas, es decir, Sonora, la Baja California y San Francisco ó mejor dicho, para comunicar varios pueblos por el Golfo de Cortés?
—No, señor; pero debe ser de importancia, porque el Sr. Andrade es hombre calculador y audaz para los negocios.
—No sé los pormenores del Proyecto, aunque anda impresoen varias manos; pero sé que se reduce á pedir subvencion para las comunicaciones frecuentes entre esos puntos que á vd. digo, por medio de vapores que conduzcan pasajeros, carga y correspondencia.
Como complemento del Proyecto se pide la habilitacion como puerto de altura al de la Libertad, hoy solo de cabotaje, y el de San Felipe en la Baja California, cercano á los valles de la Trinidad, Santa Catarina y los placeres de oro que ahora se tienen que surtir de San Diego, con perjuicio de los intereses nacionales.
—De solo harina, continuó uno de los que estaban cerca de mi amigo, se consumirian más de 50,000 pesos al año. La harina de California, puesta en San Rafael, cuesta de cuatro á cinco pesos quintal, ó sean de doce á quince pesos carga; abierto el puerto de San Felipe, tendriamos carga de harina del Altar, por ocho pesos.
Lo propio que digo de la harina podria decirse del azúcar, manteca, jabon, tabaco, aguardiente, sal, maíz, frijol y otros artículos.
—Tiene vd. razon; yo he oido decir que artículos nacionales, como panocha, mezcal, sombreros, sillas de montar, zarapes, etc., tienen primero que ir á San Francisco, donde pagan derechos, y despues venirse á vender á la Baja California.
Esa tendencia á unirse una parte de Sonora en intereses con San Francisco, depende de las pésimas disposiciones fiscales, y el gobierno protegeria con solo no oprimir al trabajo.
Medio de oro hubiese yo dado á misvencedoreslos proteccionistas de México, porque hubieran aprovechado laslecciones sábias del Sr. Pedrines, á quien apedrearian sin duda los capataces de nuestros buenos y crédulos artesanos.
En estas conversaciones íbamos al frente del Cabo de San Lúcas: allí, en una humilde barca de pescadores, resuelto, y sin arrimo ni otra proteccion que la del cielo, ganó la playa nuestro caballeroso y leal compañero Antonio Gomez, que se separó de nosotros siguiendo la ruta que le marcó su sino.
La sencilla y majestuosa celebracion del domingo me conmovió profundamente.
Sin antecedente el más ligero, uno de aquellos caballeros, que en nada se diferenciaba de los demás, fué resultando sacerdote. Por supuesto que jamás le ví al lado de sobrinitas cariñosas de parecido perfecto del siervo del Señor; nunca le escoltaba un creyente de fisonomía humilde y estúpida; nunca manifestó esa superioridad del que por creerse en relaciones con el cielo, puede hacer de la tierra cera y pábilo.
El comedor se adicionó con una mesa cubierta con la bandera americana, y sobre la mesa un libro.
Detrás de la mesa estaba el sacerdote: en las bancas, y al rededor de las mesas se sentaron los creyentes; niñas primorosamente vestidas, señoritas adornadas con elegancia extraña, jóvenes y caballeros entre quienes reinaba el silencio y la compostura.
Nada más sencillo que aquel cuadro; pero el recogimiento, la seriedad y el espíritu religioso preponderante, convirtieron en augusto templo aquel departamento del buque y dieron solemnidad al que á primera vista parecia trivial espectáculo.
En determinado momento, el sacerdote inició, y los circunstantes formaron coros tan acordes, tan llenos de majestad,que me encantaron; y cuando por las ventanillas del buque distinguia el hervor de las olas de oro que cortaba la proa, y cuando en los intervalos del canto se oia el respirar esforzado de la máquina titánica, domadora de las aguas: en algo de vago y de infinito, tendia sus alas el espíritu, sintiéndose como enaltecido y purificado por la manifestacion del Hacedor Supremo en aquel desierto, en que como algas leves flotaban nuestras vidas en la inmensidad del Océano.
Despues de los coros, pusiéronse los circunstantes en pié y el sacerdote hizo una invocacion sublime, que conmovió profundamente.
Terminada la ceremonia, unas damas pasearon sobre cubierta, otras se refugiaron al salon, y yo, acurrucado en mi camarote, de pié y haciendo que una tablilla puesta sobre el colchon fungiese de mesa, improvisé los siguientes versos:
AL MAR
Te siento en mí; cuando tu voz potenteSaludó retronando en lontananza,Se renovó mi ser, alcé mi frente,Nunca abatida por el hado impío,Y vibrante brotó del pecho mioUn cántico de amor y de alabanza!
¿Te encadenó el Señor en estas playas,Cuando Satán del mundoTemerario plagiando el infinito,Le quisiste destruir, y en lo profundoGimes ¡oh mar! en sempiterneo grito?Tú tambien te retuerces cual remedoDe la eterna agonía;Tambien como al sér mioLa soledad te cercan y el vacío;Y siempre en inquietud y en amargura,Te acaricia la luz del claro dia,Te ven los astros de la noche oscura.
A mí te ví venir como en locuraDesparcido el cabello de tus ondasDe espuma en el vaiven, como cercadaDe invisibles espíritus, llegandoDe abismos ignorados y clamandoEn acentos humanos que morianY el grito y el sollozo confundian.
A mí te ví venir ¡oh mar divino!Y supe contener tanta grandeza,Como tiembla la gota de la lluvia,En la hoja leve del robusto encino!
Eres sublime ¡oh mar! los horizontesRecogiendo las alas fatigadasSe prosternan á tí desde los montes.
Prendida de tus hombros la luz bella,Forma los pliegues de tu manto inmenso.Entre la blanca brumaSe perciben los tumbos de tus ondas,Cual de hermosa en el seno palpitanteLos encajes levísimos de espuma.
Si te agitas, arrojas de tu senoEn explosion tremenda las montañas,Y es un remedo de la brisa el trueno,Terrible mar, si gimen tus entrañas.
¿Quién te describe ¡oh mar! cuando bravía,Como mujer celosa,En medio de tu marcha procelosaEl escollo tus iras desafía?
Vas, te encrespas, le ciñes con porfía,Retrocedes rugiente,Y del tenaz luchar desesperada,Te precipitas en su negro seno,Despedazando tu altanera frente.
En tanto el viento horrible,Arrastrando al relámpago y al rayo,Cimbra el espacio, rasga el negro veloDe la tiniebla, se prosterna el mundoY un siniestro contento se percibe¡Oh mar! en lo profundo,Cual si con esa pompa celebraras,Entre el eterno duelo,Tus nupcias con el cielo!
Cansada de fatiga, cual si el auraTierna te prodigara sus caricias,A su encanto dulcísimo te entregas,Calma tu enojo, viertes tus sonrisas,Y como niña con las olas juegasCuando te dan su música las brisas.
Tú eres un sér de vida y de pasiones:Escuchas, amas, te enloqueces, lloras,Nos sobrecoges de terrible espanto,Embriagas de grandeza y enamoras.
Cuando por vez primera ¡oh mar sublime!Me ví junto de tí, como tocandoEl borde del magnífico infinito,Dios, clamó el labio en entusiasta grito:Dios, repitió tu inquieta lontananza:YDios, me pareció que proclamabanLas ondas, repitiendo mi alabanza.
Entónces ¡ay! la juventud herviaEn mi temprano corazon, la suerteCual guirnalda de luz embelleciaLa frente horrible de la misma muerte.Y grande, grande el corazon, y abiertoAl amor, á la patria y á la gloria,Émulo me sentí de tu grandezaY mi orgullo me daba la victoria.
Entónces, el celaje que cruzabaPor el espacio con sus alas de oro,De la patria me hablaba.Entónces ¡ay! en la ola que moriaReclinada en la arena sollozando,Recordaba el mirar de mi María,Sus lindos ojos y su acento blando.Si una huérfana rama atravesaba,Juguete de las ondas, cual yo errante,Léjos de su pensil y de su fuente,La saludaba con mi voz amante,La consolaba de la patria ausente.
Si el pájaro perdido iba siguiendo,Rendido de fatiga, mi navío,¡Cuánto sufrir, Dios mio!Su ala se plega, aléjase la nave,Y se esfuerza, y se abate y desfallece,Y convulsa, arrastrándose en las ondas,El hijo de los bosques desparece.
En tanto, tus inmensas soledadesLa gaviota recorre, desafiandoLas fieras tempestades.Entónces, en la popa dominandoLa inmensa soledad, me pareciaQue una voz á lo léjos me llamaba,Y acentos misteriosos me decia:Y yo le preguntaba:¿Quién eres tú? ¿de la creacion olvidoTe quedaste sus formas esperandoEngendro indescifrable, en agoníaEntre el ser y el no ser siempre luchando?¿Al desunirse de la tierra el cielo,En tus entrañas refugiaste el caos?¿O mágica creacion, rebelde un diaProvocaste á tu Dios, se alzó tremendo:Sobre tu frente derramó la nadaY te dejó gimiendoA tu muro de arena encadenada?
¿O promesa de bien, en tus cristalesLos átomos conservas, que algun diaCuando la tierra muera,Produzca con encantos celestialesOtra luz, otros séres, otro mundo,Y entónces nuestro sueloA tus plantas se llame mar profundoEn que retrate su grandeza el cielo?
⁂
Hoy llegué junto á tí como otro tiempoSiguiendo ¡oh libertad! tu blanca estela;Hoy llegué junto á tí cuando se hundiaEn abismos de horror y de anarquíaLa linfa de cristal de mi esperanza,Y hoy como en otro tiempo la voz mia,En himno se tornó de tu alabanza.
Porque tú eres un poema de grandeza,Porque en tí el huracan sus notas vierte,Luz y vida coronan tu cabeza,Tienes por pedestal tiniebla y muerte.
⁂
Nadie muere en la tierra; allí se duermeDe tierna madre en el amante pecho:Velan cipreses nuestro sueño tristeY riegan flores nuestro triste lecho.Solitaria una cruz dice al viajeroQue pague su tributoDe lágrimas y lutoEn el extenso llano y el sendero.
En tí se muere ¡oh mar! ni la cenizaLe das al viento: en la ola que sepultaLa rica pompa de poblada naveNada conserva las mortales huellas,Se pierden.... y en tu seno indiferenteNace la aurora y brillan las estrellas.
A tí me entrego ¡oh mar! roto navío,Destrozado en las recias tempestades,Sin rumbo, sin timon, siempre anhelantePor el seguro puerto,Encerrando en mi pecho doloridoLas tumbas y el desierto....
Pero humillado no; y en mi fiereza,A tí tendiendo las convulsas manos,Sintiendo en tí de mi alma la grandeza,Y ahogando mi tormento,Le pido á Dios la paz de mis hermanos:Y renuevo mi augusto juramentoDe mi odio á la traicion y á los tiranos.
Enero de 1877.
A bordo del “Granada” en el mar Pacífico.
Guillermo Prieto.
El amor irreflexivo de padre me hizo enseñar mis versitos, y cátenme vdes. en posesion de la más molesta, perjudicial y engorrosa para mí, de todas las reputaciones: la reputacion de poeta.
A ella debo que mis estudios más sesudos se hayan graduado de quimeras; de ello ha tomado pié la maledicencia para pintarme como un sér insustancial y soñador; por ella cualquierquídamme hace objeto de sus sátiras y soy el tema obligado de todas las detracciones y calumnias. Ella me hace la mina inagotable de las gracejadas de todos los necios, y el objeto predilecto para los desahogos de los pedantes y malvados.
Yo tengo aversion al título de poeta, entre otras cosas, porque no lo merezco: doy todos mis laureles por una gota de olvido de mi manía.
Pero no hubo remedio. Joaquin Alcalde y yo fuimos los poetas del buque; en ménos que canta un gallo, se nos volvieron todas nuestras compañeras de viaje, literatas y sentimentales, llovieronálbumsy aquello fué una gloria.
A persona tan circunspecta y retraida como Francisco Gomez del Palacio, le asediaban pidiéndole traducciones denuestros versos, y este buen amigo pegaba el grito al cielo por la tarea que le imponian nuestra facundia y los deberes de urbanidad.
La fiebre poética se apoderó hasta del sexo fiero, y no faltó bigotudo que se hiciera conducir á mi presencia con su intérprete, diciéndome que cuánto podia bajarle en el precio de una pequeña cantidad de versos de tristeza y de amor.
Pero tal circunstancia estableció la confianza, menudeaban las confidencias, se hacia comunicativa la alegría y era de escucharseun palomocoreado por las lindas hijas de Guillermo Penn y de Washington, con sus medias lenguas.
La aurora del 25 de Enero nos saludó anunciándonos nuestro pronto arribo al puerto de California.
El buque tenia más aseo y estaba más engalanado que de costumbre; los chinos, desde las tres de la mañana, habian hecho maniobrar sus bombas, y chorros y cataratas de agua habian dejado la embarcacion como un espejo.
En todos los cuartos se hacian líos y se preparaban los objetos pertenecientes á cada individuo para su fácil trasporte, corrian los niños vestidos de lujo, por corredores, escaleras y cubierta, salieron á luz canarios, guacamayas y perritos falderos, y damas y galanes, guapos como para asistir á un baile, esperaban con sus sacos, bastones, paraguas y sombrillas al lado, el deseado momento del desembarco.
Solo el grupo de mexicanos, asaz tristes y derrotados, veian aquel que para los demás era término, como principio de desdichas y como confinacion, algunos al destierro y acaso á la miseria.
La navegacion habia sido un paseo, sin una sombra depeligro; el capitan se habia hecho acreedor á nuestra sincera estimacion y gratitud.
El mar estaba terso y reluciente con el sol, como un inmenso lago de acero y oro fundidos; comenzamos á percibir buques en todas direcciones, ya cruzando arrogantes por en medio de las aguas, ya en tragin perpétuo, cercanos á la costa. A los primeros se interrogaba con la vista: ¿cuál es tu rumbo? ¿qué destino te prepara el cielo? á los segundos se les veia como de casa, como la servidumbre de la entrada de los palacios, con la que se quiere uno informar de las costumbres de los amos y de las poridades de familia.
Los veteranos del mar, los conocedores de las costas, iban nombrando las rocas y designando los accidentes del terreno.... La bulla crecia, la tripulacion de nuestro buque coronaba la cubierta y los corredores vestida de gala, viéndose en los balaustrados del exterior como orlas de rostros humanos, sorbetes y sombrillas de todos colores.
De un grupo de buques que parecia venir á nosotros se desprendió el práctico, sonaron los pitos de los vapores, como el relincho de dos caballos que se reconocen.
En semicírculo inmenso fueron desplegándose las rocas, los árboles y las alturas de la bahía. Por el centro del pórtico que parece formar al descubrirse, sobre olas de nácar y de llama, se distinguian bosques de mástiles, entre los que negreaban las chimeneas de los vapores, arrojando torrentes de humo blanco y negro que subia vago y se tendia dorándose con el sol. Cordajes y banderas de todas hechuras y colores, formaban redes en los aires, y surcando las aguas, se agitaban embarcaciones de todos tamaños con sus velas hinchadas y sus remeros alegres.
Forman gigantescos peñones como inmenso pórtico á la entrada de aquel mar interior que se llama la bahía de San Francisco, una de las más grandes y más bellas del mundo.
La bahía de San Francisco tiene grandiosidad sin ejemplo, porque es realmente una cadena de bahías, eslabonadas por las peculiaridades de un terreno cuyos accidentes forman una sucesion de prodigios.
El puerto es propiamente laPuerta de orodel Pacífico; dilatadas costas se extienden á sus lados, forman un estrecho promontorio de rocas, que parecen penetrar en las nubes, y enormes peñascos le forman pórtico y la decoran.
Islas, fuertes y montañas, forman el cañón de su entrada, y al extenderse como que aparta la tierra empujándola y se dilata diez y ocho leguas. Los bordes de esta inmensa bahía, tranquila y de limpias aguas, están decorados en uno y otro márgen por pueblos, fábricas, molinos y estancias circuidas de árboles y por sementeras risueñas que casi tocan las olas.
Cuando uno cree que se terminó la bahía porque se tocaron sus confines, se interna y se percibe una isla que como que la limita; pero al trasponerse la isla, ve abrirse y dilatarse el panorama magnífico de la bahía de San Pablo, encerrada entre fertilísimas tierras, ceñida de árboles gigantes y circundada tambien de habitaciones de campo, que blanquean entre los trigales y al través de los sombríos emparrados. Ebria de tanta hermosura se quiere como reposar la vista, y entonces ve como partidas las montañas y que se precipitan á su espalda en ese cañón profundo, los rios de San Joaquin y del Sacramento, trayendo en su corriente parvadas de embarcaciones que penetran por esa sucesion de bahías y se extienden y como que juegan en las aguas hasta dispersarseen la gran bahía, como una legion de aves acuáticas.
Y cuando se ven como perdidas en aquella inmensidad tres mil y más embarcaciones de todos los países, entónces parece trivial el cálculo de que aquellas bahías pueden encerrar la marina de todo el universo.
Un jóven amabilísimo de la familia del Sr. D. Guillermo Andrade (Manuel Gonzalez), con quien habiamos contraido muy buenas relaciones, se encargó de ser miciceroneluego que nos acercamos á la bahía.
El jóven á quien me refiero, perfectamente educado y de buenos estudios náuticos, me habia instruido en las riquezas de la costa, se habia extendido en hacerme explicaciones sobre el importante buceo de la perla, la pesca de la ballena, el cultivo de la orchilla y otros ramos de riquísimo comercio, de la Sonora y de la Baja California.
A grandes rasgos, y sin pretensiones de pedagogo, más bien con la pasion de mexicano patriota, me decia:
—¡Ah, señor! qué tesoros perdió nuestra patria; este es un suelo divino, acaso destinado para una sorprendente revolucion en la gran metamórfosis de las nacionalidades americanas, cuando despedazados los miembros del coloso del Norte, adquiera vida propia cada uno de ellos.
La California está limitada al Norte por el Oregon, á los 42 grados de latitud setentrional; al Este por las Montañas Rocallosas y la Sierra de los Mimbres; al Sur por Sonora y la Baja California, que acabamos de ver; al Oeste por el Océano Pacífico. Su extension de Norte á Sur es de cerca de setecientas millas; de Este á Oeste de seiscientas á ochocientas: su superficie de 400,000 millas cuadradas!
Levántase en los mares de Occidente California, como apoyándose en las abiertas costas de México; desde el Ecuador le tienden los brazos y la cortejan como á una reina las Américas hermanas; las islas de Sandwich y la Australia romancesca, la ven aduladoras y le envían sus frutos: el istmo de Panamá la aclama el gran depósito de los efectos de Europa; el de Suez le sonríe tras los horizontes como celebrando sus nupcias con el mundo antiguo, y el Japon y la China con los encantos de la leyenda, y las tradiciones de la cuna del mundo, la lisonjean, con todo lo que tiene de más grandioso el espectáculo del porvenir de la humanidad.
—Yo, replicaba casi avergonzado de mi ignorancia, todo lo que sé de California es que fué descubierta en 1548 por Cortés y explotada por el navegante español Juan Rodriguez Cabrillo. Treinta años despues la visitó Francisco Drake, quien le dió el nombre de la Nueva Albion, y que colonizada por los españoles en 1768, formó parte de una de tantas provincias de la Nueva España.
—Ya estamos en la entrada de la bahía, me dijo Manuel; vea vd., forma horizonte, parece un mar interior; diga vd. francamente si tenia idea de un tumulto, de una aglomeracion de embarcaciones semejante; y en tal movimiento, ¿ve vd. esa isla asentada en el centro de la bahía?—Es la isla del Alcatráz.
Estos lienzos de roca que parecen precipitarse en el mar, por los que sin embargo hay caminos que culebrean de alto á bajo, son fortines y campamentos para las tropas. El lugar ó entrada por donde estamos pasando esGolden Gate(puerta de oro). Vea vd. entre esos promontorios de rocas ese palacio como volado sobre el mar: esCliff House, casa pública derecreo magnífica: ¡qué balaustradas y qué espléndidos corredores! ¡y cuán concurrido de damas y caballeros! Al frente, en esos arrecifes, están los famosos leones marinos, que viven bajo la proteccion de la ciudad. Las falúas de la capitanía del puerto, del cuerpo de sanidad y del correo estaban abajo de nuestro buque, tambaleándose en las olas, multitud de negociantes, de agentes de periódicos, de amigos y curiosos se nos acercaban: numerosos botes proclamaban sus asientos y medios de trasporte, y por entre los viajeros circulaban en enjambres con sus tarjetas en las manos, personas que nos brindaban hospitalidad en hoteles,restaurants, casas de huéspedes y paraderos infinitos. El “Granada” avanzaba por un laberinto de buques sobre los que flotaban banderas de todos los pueblos del globo, se oian acentos en todos los idiomas conocidos, y se veian los trages variadísimos del chino, del danés, del ruso, del austriaco, del europeo y del americano.
Aturdian los mil ruidos, deslumbraba el sol reverberando en las olas inquietas, embriagaba la multitud.
Ibamos viendo como ascendiendo á las alturas las calles de la vasta ciudad, rozábamos multitud de corredores de madera que daban á inmensas galeras bajo las cuales habia coches, ómnibus y carros en número sorprendente: eran losmuelles; en los claros que éstos dejaban, veíanse regados y amontonados tercios, maquinaria de fierro, madera en montañas y tragin de carga y de descarga.
En las posas que hacia nuestro buque ántes de acomodarse en su respectivo muelle, se hablaban los amigos, los esposos se decian ternezas, los niños desde los brazos de las madres tendian sus bracitos inquietos á los autores de sus dias.
Algunos, impacientes, tomando en sus manos una especie de morillo con muescas terminado en gancho (bichero), le afianzaban á la orilla del buque, trepaban de sorbete y paraguas por sus costados como una lagartija, y caian entre risas y lágrimas en los brazos de personas queridas.
De mis compañeros y de mí se habia apoderado un recaudador de viajeros y nos condujo al hotel Gaillard; hotelito para la gente de mediana fortuna, pero en el que se comia á la francesa, recomendacion poderosa para los que traiamos el estómago en un hilo á causa delplanósistemaamericano.
Rompiamos un mar de transeuntes y carruajes, nos deslumbraban por todas partes edificios magníficos de donde entraban y salian raudales de gentes bien vestidas, y venciendo cuestas y trepando alturas, llegamos al suspirado hotel y quedamos oficialmente instalados.
El hotel, como la mayor parte de las casas, está construido bajo el tema de buque.
Son grandes cajones de madera dentro de los cuales, y siempre bajo de techo, se superponen pisos de cuartos, comunicados por escaleras de caoba con escalones forrados de metal, los cuartos tienen ventanillas á la calle ó se alumbran con tragaluces de variadas formas. No se conoce lo que llamamos patio, y esto empuja á las gentes á la calle como temerosas de la asfixia.
Por lo demás, aunque nuestro hotel fluctúa entre la segunda y la tercera clase, no faltaban sus alfombras y su gas en los tránsitos, ni en los cuartos su cama matrimonial, sus cómodas con mármol, su tocador, su perchero y su mesilla exígua para escribir ó refrescar.
El comedor está situado en el primer piso que da á lacalle, tiene sus mesillas como nuestros cafés, su mostrador tras el cual yacia como embutida la monumental directora de escena y un sirviente jorobado, de sesgos ojos azules, sarcástico y pacienzudo como un jefe de glosa del antiguo régimen.
Percheros en las paredes, avisos de teatros colgando acá y acullá, un espejo vergonzante, retratos de héroes ó bailarinas, ese era el comedor que se veia á la entrada y frente por frente de la cantina y despacho del hotel, en donde elLager beerimpera, loscoptailsabundan, verdeguea la yerbabuena y está tendido patiabierto el libro colosal en que los mismos viajeros inscriben su nombre al instalarse.
Hay sus mesillas para los bebedores sedentarios y su mesa de billar para que maten el fastidio los devotos del trago.
Al recomendar mi escaso equipo á un sirviente francés, de charlar inagotable, patilla de contrabandista y empaque de teniente de dragones enamorado, me dijo:
—Aquí no hay ladrones; no estamos en México.
Acababa de hacer esa reminiscencia de mi cara patria, cuando pasaba un compañero caritativo y supo acentuar con un puntapié tan á tiempo la frasecilla del francés, que jamás se borró de su memoria, conservando hácia mí, sin motivo alguno, especial antipatía.
Al frente de la ventana de mi cuarto está un hospital y templo chino, las bocacalles próximas dan á la opulentísima calle de Kearny, asciende la vista por un extremo hasta perderse en la altura silenciosa y poco poblada de la calle dePiney desciende hasta emborucarse en el tropel de calles y vericuetos, que como que se atropellan buscando la orilla del mar.
Descansaba en la noche en mi cuarto, cuando en la esquina próxima brotó un desaguisado de tambora, tambores, trompetas, platillos y triángulos, que me conmovió como golpe eléctrico.
Asoméme á la ventana, fijé la vista y era una orquesta entre hachones, que alumbraban en carteles estupendos, danzarinas, negros, caballos, y no se cuántas figuras más, con el nombre de Circacianas.
Descendí para ver de cerca la gresca, la concurrencia se agolpaba al borde de una escalera que conducia á un subterráneo, que era un verdadero abismo de luz vivísima.
Sin más averiguacion, me descolgué por aquella escalera y me encontré en un saloncito pequeño, con su mostrador al rededor del cual, hervian fieltros y sorbetes, levitones y chaquetas de punto, y gente, ya con lo abigarrado del desórden y la dejadez, ya con cierta pulcritud, que certificaba el guante, la cadena del reloj y el bastoncillo pretencioso.
En los extremos de la salita hay dos entradas: una para el salon del espectáculo, la otra para los palcos. Yo nada de esto sabia, ni entendia palabra de lo que á mi alrededor se hablaba.
Fuí literalmente despojado de medio peso y me empujó suavemente uno de los empresarios á un corredor angosto y no muy alumbrado, que corre á la espalda de los palcos.
Entré á uno de esos palquitos cuyo techo casi tocaba con la mano. Son de reducido espacio, tienen hácia el salon una cortinita que se cierra y se abre discretamente.
En el palco, y guiados por un mismo impulso de curiosidad impertinente, se encontraban, Alfonso Lancaster, Pablo Ibarra y Manuel Alatorre, de la comitiva mexicana el primero;los otros dos, mexicanos, pero personas independientes, bien acomodadas, ligados á nosotros por sus afectos á Lancaster y el deseo de servirnos personalmente.
Mi contento fué extremo. Ellos estaban muy sérios viendo el salon. El tal salon está cubierto de bancas de madera pintada, sin más atavíos ni adminículos; es casi cuadrado, de techo bajo y ancho de extension. En el fondo se levanta sobre gruesos vigones un teatrito, tan escurrido y apocado, que se avergonzaria si se encontrase al frente de nuestros más humildes teatros caseros de casa de vecindad. Unos picos de gas pegados á la pared, un candilillo en el centro á cuarta parte de haber y una hilera de mecheros en el palco escénico, en que no se conoce la concha del apuntador: este es el salon.
En cuanto á la concurrencia, masculina en su inmensa mayoría, ya hemos visto algunos bosquejos á la entrada; pero con la luz del gas se ponian en relieve aquellas barbas amarillas como untadas de cera, aquellos cuellos largos y empedrados de poros escarlatas como el cuello de unguajolote, aquellos ojos pardos, pequeños y llenos de penetracion y de audacia, y aquellas concatenaciones de trapos de todas las formas, de todas las procedencias, de la ruina de todas las hechuras, salpicados con botones de vidrio, cadenas de acero, anillos dedoubléy todos los caprichos de la mercería, y estos narigudos, cuellilargos y burdos personajes, envueltos en espesas nubes de tabaco de puro ó de pipa, que ponen la atmósfera de poderse cortar con un cuchillo.
El telon estaba levantado y se representaban cuadros animados de no sé cuántas atrocidades mitológicas, históricas y bíblicas.
Seguian servilmente la desnudez de las mujeres, ajustadas carnes de finísimo punto; en los hombres habia mayores economías sin ofender el pudor.
Pero es de advertir que la propia especulacion y la abundancia de hermosas, hacen que se soliciten por los empresarios mujeres de rara belleza, de suerte que independientemente de la exactitud histórica, la simple exposicion de aquellas damas esclaviza y enamora.
El foco en que aparece el cuadro se ilumina con luz eléctrica, miéntras el gas disminuye su fulgor, quedando casi oscura la pieza.
Acababa de presentarse el cuadro de Sanson y Dálila; el teatro se hundia á palmadas y gritos.
Echóse el telon, blasfemó la música no sé cuántas cosas, y quedó casi desierto el salon, por ser la hora, segun despues supimos, de las grandes libaciones.
Nosotros, siguiendo las costumbres que veiamos, corrimos la cortinilla de nuestro palco para fumar con mayor comodidad.
Apénas hicimos esto, cuando sin más antecedente y de manos á boca se encontró el palquito invadido por las deidades bíblicas del sexo contrario, que tanto habian encantado al público.
Mandaba la guerrilla de hermosas, una matrona gravedosa que conducia cerveza y Champañapara obsequiarnos.
Alatorre habla inglés perfectamente; dió las gracias, brindamos asientos á aquellas criaturas que parecian salir del baño, tomamos una copa y llamó una campanilla á la escena á nuestras bellas visitadoras.
Por más que ninguno de nosotros tuviese una aureola deinocencia, la visita nos sorprendió altamente, por la excesiva economía en los trages de nuestras favorecedoras.
En medio de nuestra sorpresa, no habiamos notado que las hijas de Eva habian despabilado lagos de Champaña. La matrona austera llegó á cobrar una barbaridad por el obsequio que nos habia hecho (dos onzas de oro).
Continuó la funcion: á la entrada del proscenio habia unas sillas de palo y en ellas sentados negros y negras, falsificados con perfeccion; los unos tocaban el tambor, otro agitaba una pandereta con cascabeles, el otro tenia unos palillos pequeños entre los dedos, los que sacudiendo fuertemente la mano, castañetean, repican y forman una ruidera espantosa. Todos, cuando el caso llegaba, zapateaban de punta y talon, azotando la pata á trechos con ímpetu desaforado.
Estos negros son el alma de la funcion, que no sé por qué se llama deMinistrils; ellos dicen gracejadas obscenas, ellos se dan puñadas y se derriban de las sillas; pero con tan extravagantes contorsiones, con tan descompasados gritos, con puñetazos y patadas tan soeces, que nuestros payasos más desastrados se ruborizarian de semejantes émulos.
La escena suele representar un matrimonio mal avenido, con un nene de á dos varas, á quien vapulan, poniendo el reverso de su cuerpo en espectáculo, ó bien le dan papilla en un lavamanos y con una cuchara como una pala. Ya es un negro sirviente de un doctor que le usurpa sus funciones en sus ausencias, equivocando recetas y poniendo á la muerte á los clientes, quienes se vengan á porrazos; ya un chino camarista de su señora, que se ostenta más frio y estúpido,miéntras ella es más abandonada, y que sin la intervencion del telon, único representante de la decencia, yo no sé hasta dónde habria llevado sus libertades.
Pero esta farsa indigna es el regocijo de la canalla, silba desaforadamente, que es un modo peculiar de aplaudir, golpea las bancas, grita, aulla y hace que se repitan las escenas más repugnantes, exigiéndolo con frenesí.
Apénas terminó el acto, cuando oimos los pasos de las negritas; entónces cerramos el palco, atrancamos con sillas, pusimos verdaderas barricadas; ellas empujaban, de hacer retemblar el cancel, escalaron el tabique y sacaban sus negras caras y sus lanudos cabellos por encima de las tablas; nosotros permanecimos impasibles, atrayéndonos al fin no sé cuántas injurias.
No era posible resistir más; en la primera coyuntura, abandonamos el campo, no obstante la curiosidad de viajeros y á pesar de que el espectáculo suele prolongarse hasta la una ó dos de la mañana.
Cuando al siguiente dia impuse á Francisco Gomez del Palacio de mi primera aventura, reprochó altamente mi excursion.
—¿No sabes que á esos teatros subterráneos, cafés cantantes y salones de baile les llamanlos infiernos? ¿No sabes que esos son los receptáculos de la gente más perdida, de la que hay en grande abundancia en esta tierra? ¿Ignoras que noche á noche en esos lugares hace grandes colectas la policía?
En efecto, á los dos ó tres dias de nuestro primer estudio en el teatro de las Circacianas, supimos que Dálila, Sanson y la comitiva de Filisteos y espectadores estaban en la cárcel,de donde nunca debieron haber salido segun sesudas opiniones.
La ciudad de California está construida al E. en línea oblícua á la Península, sembrada en su centro de colinas elevadas de tierra pobrísima y de arena; en las ondulaciones rebajadas y aplanadas desde 1846, y en las cuencas de los valles, la vegetacion se ha forzado y se ven algunos árboles tendiéndose en pequeños jardines, follajes pomposos de enredaderas de infinita variedad; á todos los vientos y por donde quiera que se alcanza una altura, se divisa la bahía, que siempre bella, siempre poblada de multitud de buques, ó sorprende nuestra vista con su febril tráfico, ó deja ver á lo léjos melancólica y poética la inmensidad del mar.
En el ángulo N. E. de la ciudad se halla el cerro del Telégrafo, á 294 piés de alto; en el ángulo S. E. el cerro Kincon, y al O. la Montaña Rusa, á 360 piés de altura.
La parte plana de ese terreno que da al mar y se halla en contacto con la bahía, es la de los grandes almacenes, la de los barqueros y pescadores; se asciende, y es el tráfico en toda su opulencia; se aleja de la bahía, y el terreno se deprime: son las estancias aisladas ó formando calles silenciosas, las grandes casas, los palacios de los banqueros y las mansiones de las familias de la clase media.
Porque es de saber que comerciantes, banqueros, letrados, y en general, los hombres todos de negocios, asisten á despachos ú oficinas al interior de la ciudad y residen en mansiones campestres, rodeándose de todo género de comodidades, que se llamanresidencias.
Al caminar por el interior de la ciudad se asciende, se desciende ó se camina como hundido en una barranca, siempre presentando regularidad las casas. Pero en las bocacalles, esencialmente en las que se retiran de la bahía, las perspectivas son magníficas; son montañas de casas de campo, palacios y templos; son hondonadas con risueñas mansiones y parques opulentos, y son inmensos horizontes que forma el mar, ya desierto, ya cruzando sus olas una barca aventurera en pos de las posesiones rusas ó la China, ó aisladas barquillas de pescadores.
La ciudad puede llamarse naciente: por todas partes se ven señales de propiedades que están esperando elecsurgede la arquitectura para saltar de entre la arena como Vénus de las ondas; grandes huecos como tanques que serán almacenes, salones y lugares de placer, y esqueletos descarnados como peines, como huacales inmensos, como ordenadas osamentas, cartílagos y fibras, que se envolverán en ricos tapices, se engalanarán con cuadros, espejos y candelabros y se revestirán de una capa de cantería ó granito hecho polvo, pero que á la vista y al tacto consuman la suplantacion del mármol y la cantera.
Y no obstante que esas jaulas de madera tienen un valor tres ó cuatro veces superior á nuestros edificios de piedra, los creemos roperos habitados, casas de chanza, falsificaciones que no podemos hacer formales por más que queramos.
Por otra parte, la vejez de esas casas es verdaderamente espantosa. Si no se tiene sumo cuidado, las persianas se desarticulan, pierden su quicio cornisas y columnas, vuela un pedazo de lienzo como denunciando un fraude, y de lostechos se ven próximos á caer, tablones ennegrecidos por la tierra, el sol y la lluvia, latas desclavadas, costillares al descubierto, balcones desdentados y gateras y tuseros que son el harapo, la hilacha, la piltrafa y la zurrapa de la humana habitacion.