XIIVida externa.—Pick-nic.—Un paseo á la orilla del mar.—La mision de Dolores.—Fort-Point.—El Alcatraz.—La bahía.—El peñon.LA CONSTRUCCION de las casas sin patio ni balcon, dan idea, á primera vista, de la poquísima importancia que tiene la vida íntima, la residencia ociosa, en una ciudad americana.El patio, recuerdo del serrallo, se engalana con flores primorosas y con pájaros cautivos, juegan los niños en sus corredores y recibe el anciano las caricias del sol.El balcon es como el aparador en que las bellas se dan en espectáculo: anima el muro, sirve de atalaya á la vieja curiosa y á la criada diligente; en los países calientes es el punto de reunion en que se anima la tertulia y se reciben los halagos de la brisa.En la casa americana, se come, se duerme, se baila, se cura, se muere; pero no se puede decir que se vive.Tal vez depende la circunstancia en que me he fijado, de que la primera necesidad de estos pueblos es el movimiento.Fomenta la benéfica tendencia á la accion constante, la afluencia de extranjeros, que es á la vez renovacion y purificacion de la sociedad; esa oferta de trabajo más barato y más inteligente; esa emulacion, no se traduce en odios y repulsiones, sino en competencia de mejora, y esto es fundamental, en mi juicio, para aquellos pueblos.Las naciones débiles, como los animales débiles, son celosas; en ciertos países se expía toda superioridad como si fuera crímen: cuando un hombre descuella, cuenta con la insurreccion de las medianías. En estos pueblos no: cuando álguien sobresale, se procura superarle, se ponen los medios para avanzar más; pero sin deprimir al adversario: entónces viene la competencia que perfecciona, el invento que eleva la industria, la supremacía legítima del mérito. La intriga y las envidias, se estrellan en el buen sentido universal.El espíritu de emancipacion es otro motivo de la virilidad de ese pueblo. El niño aspira á hombre, ama la vida propia, le humilla la dádiva, y en la espectativa de la independencia, el trabajo se le presenta con las manos llenas de preciosos dones, y el peligro mismo le sonríe.Es raro encontrar un americano de quince años al cuidado de un criado, pidiéndole á papá, no solo para sus necesidades sino para sus vicios: es raro ver que pase del presupuesto doméstico al presupuesto del gobierno, aunque sea como escribiente; y mucho más raro que forme una familiaparásita al lado de sus padres ó de sus suegros, teniendo en nada la dignidad y la vergüenza.No seguiré, por amor á mis lectores, este fecundo tema; básteme decir, que uno de los rasgos más salientes de la existencia americana, es la propension á la vida externa.Al niño, al mes de nacido le pasean en su carrito por calles y plazas: el niño y las niñas se dirigen solos á sus escuelas, sin escoltas, cómplices ni cuidadores; los hombres corren á sus negocios y toman suluncheal paso, en elrestaurantó la cantina, sin perder su tiempo; la obrera abandona su domicilio y lo cambia por la vida del taller.Laladyfinge negocio para estar en la calle perpétuamente, y la vieja, temblando por quedar confinada al secuestro y al rezago, se acicala, se adereza, acude á su corsé como á un salvavidas, empuña su sombrilla y flota en las aguas de la animacion general.A todas estas causas reunidas se debe que negocios que no se pueden ajustar en la lonja, se emplacen para elbar-roomy para elrestaurant, y que las plazas, los parques y los teatros, sean lugares de citas y contento.La construccion de las casas y su falta de patio quitan el alimento á la crónica escandalosa y al chisme.En el patio de la casa de vecindad se ponen muy de manifiesto, las libertades del muchacho ordinario, las reyertas del matrimonio mal avenido, las comidas del artesano sin trabajo, las visitas misteriosas de la viuda recatada, pero fresca y graciosa. En esta especie de colmenas, cada persona tiene su celda, sin cuidarse de los que viven juntos, á veces por años enteros, desconocidos.Como es de suponerse, el ideal para personas que así se han educado y así gozan, es el Hotel.El provee de servidumbre al alojado; en su seno hay derecho de reprochar por igual el mal servicio y hacerlo mejor; nadie nos acaricia ni nos consuela, pero nadie nos pone mal modo ni nos molesta; no se hace agradable nuestra comida con los halagos y las atenciones delicadas de la mujer, pero no se amarga con el celo y con las impertinencias domésticas.Esta y otras costumbres nos parecen intolerables, y lo son en efecto; pero es necesario tener en cuenta que nosotros lo juzgamos todo desde el punto de vista de nuestros hábitos y de nuestra educacion, que son para nosotros una segunda naturaleza. ¿Cómo juzgaria un pato, me pregunto yo, de las constumbres de un asno? ¿qué papel haria un cerdo á los ojos de un pájaro, columpiándose y dando chillidos en una rama?Muchas de las singularidades de los yankees, dependen de que los juzguemos en nuestra calidad de patos ó de cerdos, y este es un principio realmente ilógico y falible.Entre las constumbres de esta vida externa, elPick-nices de las que me simpatizan, con perdon de vdes.ElPick-nices un paseo en comun, y se divide en dos clases: ó es por empresa, ó es por asociacion.Si por empresa, los empresarios, que suelen ser dependientes de algun establecimiento de beneficencia ó caridad, toman á su cargo un buque, lo engalanan, le dan el atractivo de una orquesta y anuncian excursiones á cualquiera lugar favorito de damas y caballeros, donde se baila, se come y se solaza el prójimo.A veces elPick-nicse cita para un jardin en que se dispone algo como nuestras jamaicas, y es de excelente efecto.ElPick-nicpor asociacion tiene un carácter íntimo y suele dar lugar á expansiones deliciosas.Se reunen siete ú ocho amigos: cada uno se cotiza con un plato para el banquete campestre; otro da el pan, otro los licores, el otro la música, el de más allá los vehículos de conduccion.Como se deja entender, el amor anda con tanto ojo en todos estos aprestos, y desde la deliberacion sobre el punto de reunion y sobre las comidas, es deliciosa.—Iremos al mar, decian las muchachas, hablando delPick-nicá que voy á referirme, y ojalá nos toque un nortecito, verán qué bien arriamos velas y manejamos el timon.—No, por María Santísima, clamaba yo; yo no soy animal acuático; vdes. quieren tener la satisfaccion de vernos ahogados.—No, á la montaña! á la montaña!....—Nos va á dar una fiebre.—El lugar está elegido: vamos áFort Point, dijo un doctor, que sabe unir á una profunda sabiduría, una amabilidad perfecta.En efecto, fuimos invitados y tuvimos nuestroPick-nic, en Fort Point.La estimable familia que nos invitó alPick-nic, es mexicana de orígen; pero la señorita de la casa nació en San Francisco, de madre mexicana, y se educó en Alemania; el doctor, que ya ha tomado la palabra, nació americano; pero ha vivido constantemente en México y es un generoso ranchero del Bajío; habia dos mexicanos, uno de ellos deeducacion inglesapur sang; otras señoritas de California, es decir, de todo el mundo, y coronaba la reunion un polaco, que así pespunteaba un fandango andaluz, como se extasiaba recitando el célebre monólogo del Manfredo, deByron.Eramos representantes netos delmole poblanoyel pulque de piña, una señora esposa de un amigo mio, apreciabilísima, y yo, que me he exhibido bastante para tener necesidad de presentar aquí mi fotografía.Llegaron los carruajes, coronaron el ómnibus los canastos y cajones con los pertrechos de boca, y se acomodaron nuestras compañeras con sus sombreritos de campo, sus flores, sus sombrillas y sus vestidos de lienzo leve, pero elegantísimos.El jóven polaco, sentado en un albardon como una uña, cabalgaba al lado del coche, diciendo chistes y amenizando la concurrencia.Recorriamos médanos y colinas áridas, interrumpidas por deliciosos jardines, régias estancias y chozas entre árboles, rodeadas de ganados.Veiamos, como esqueletos de pié, armazones de casas, con trazos hechos con latas, de departamentos que deberian alojar á la comodidad y al lujo, y se recreaba nuestra vista en paisajes cuyo último término lo forman las sierras, si no tan levantadas y romancescas como las nuestras, sí de grande belleza y majestad.El doctor, á la vista del edificio de adobe del antiguo presidio, aprovechado ahora para una pequeña guarnicion, conservando su tipo español, me decia:—Ya vd. ve lo que es el mundo: la gloria de la conquista de estos lugares se atribuye generalmente á Cabrillo, sin recordaral asesino Jimenez, que de resultas de la muerte que dió á Diego Becerra, tocó en la Paz en 1533; ni á la famosa expedicion de Cortés; ni á las tropas que mandó en 1564 D. Luis Velasco, miéntras otras tomaban posesion definitiva en las islas Filipinas; ni siquiera á las correrías del pirata Francisco Drake, que aunque vino á California, 37 años despues que Cabrillo, quiso poner á California la Nueva Albion y arrogarse la gloria del descubrimiento.Al ver esa humilde iglesia, aunque de construccion muy moderna (1822), continuó señalando la mision de Dolores, no puede dejarse de recordar el zelo apostólico de los padres franciscanos primero, y de los jesuitas despues.—Pues en México, dijo uno de mis compañeros, mexicano, acaso porque lo más precioso de nuestra historia se encuentra en las crónicas de misiones y conventos, las personas estudiosas conocen las relaciones de Clavijero, Gomara, el capitan Sebastian Vizcayno, el derrotero del P. Escobar, el del almirante Anson y los minuciosos detalles del P. Torquemada.¡Qué divino P. Salvatierra! qué P. Piccolo tan lleno de espíritu de caridad! qué ingenioso P. Ugarte! qué ardiente fervor del P. Luyando! cuánta sabiduría muestra el P. Sedelmayer en su reconocimiento del rio Gila!Muy satisfecho se mostraba el doctor de los conocimientos de mis amigos, y se hubiera convertido en Liceo el ómnibus, si las muchachas no apagaran con sus cantos las voces de los sabios, con aplauso general.A poco de que esta interrupcion acontecia, y despues de pasar al frente de los corredores de lo que fué presidio, y de la iglesia con su fachada que termina en triángulo, sostenidopor gruesas columnas, pararon los carruajes, descendimos todos, tomaron los criados el rumbo de la playa inmediata, y nos detuvimos frente á la entrada de la inmensa fortaleza que no ofrece accidente alguno, sino muros lisos, formidables, con sus ventanas y troneras.En la fortaleza no habia nadie absolutamente: uno de nuestros amigos se dirigió al Presidio, hoy residencia de la guarnicion, y solicitó permiso para que unos extranjeros viesen Fort Point: al momento se obtuvo la licencia, presentándosenos para darnos entrada é instrucciones, un jóven sargento, con sus llaves en la mano.Abrió el sargento una puertecilla ancha y del alto de dos varas á lo más, y penetramos en la fortaleza.Desde la entrada de la bahía se percibe la fortaleza que vamos á describir, como un punto saliente en una línea de obras estupendas que van siguiendo las sinuosidades del terreno: cerca de una milla tendrá ese conjunto de obras, y en ella existen veinticinco baterías. Despues hay troneras á corta distancia en que se ven de dos en dos cañones de grueso calibre, teniendo á la retaguardia un bien provisto almacen cada batería, incrustado en el muro fortísimo, de más de tres varas de espesor.El cañon del punto más saliente es una exageracion, una paradoja de bronce.El tránsito á cada batería está dispuesto sobre el glácis del parapeto, formando unas garitas que sirven de refugio á los defensores.Los parapetos tienen treinta y siete piés de ancho y algunos de ellos más: las bóvedas de las travesías miden cinco piés de espesor.Todo el edificio de piedra está construido á prueba de bomba y de fuego, y presenta la solidez del granito.El centro de la línea que parte de la batería está provisto de doce colosales morteros.El fuerte descansa en un gran cimiento ó peana, que combinada con la configuracion del mar, es capaz de resistir á la artillería de mayor calibre.La inmediacion del fuerte al mar es tal, que se rompen las olas constantemente en el muro exterior, y los arrecifes son en aquel lugar tantos y tan erizados, que no digo un esquife ó un bote, pero ni un hombre los podria atravesar fácilmente.Desde la altura de la batería se domina la bahía, y los paisajes que se descubren tienen inmensa grandiosidad.En la bóveda del fuerte, con el mar al frente, con el movimiento inexplicable de las embarcaciones, con los campos cercanos cargados de mieses, con las fantásticas serranías que limitan y embellecen el tendido horizonte, Fort Point es un punto encantador.—Siga vd., me decia el doctor, la línea toda de las obras de fortificacion; fíjese vd. en aquella otra fortaleza no ménos formidable que ésta: es Old Fort.La puerta principal, que es de fierro, está flanqueada por dos gruesos cañones que tienen esculpidas las armas españolas, el nombre de Cárlos III y la fecha de 1760: esos cañones, continuó nuestro amigo, formaron indudablemente parte del armamento de la fragata concedida á los jesuitas. El fuerte es de ladrillo y tiene una triple hilera de cañones. La Puerta de Oro (Goldem Gate), que ve vd. al frente, y Punta Caballo que se distingue á un lado, cierran la cadenade fortificaciones, que hacen la bahía realmente inexpugnable.Pero en medio de aquellos gigantes edificios que parecen encerrar en palacios de granito las formidables divinidades del mar; entre aquellos monstruos de piedra que aparecen coronados de bronces estupendos, que encierran la tempestad y están prestos á lanzar el rayo; entre aquellos prodigios de solidez, que como que compiten y desafian el empuje de las olas, la amenaza tremenda del arrecife y las iras del mar, en que se pierde como átomo la pretensiosa representacion del hombre, nada más grande que la fortaleza del Alcatraz, imperando como sobre un trono de escarpadas rocas en aquella magnífica bahía.Circunda á la fortaleza el mar. Está asentada sobre una isla que por sí sola forma muralla caprichosa y ciudadela. El fuerte que corona la isla se tiende arrogante y como que se empina para dominar el mar, alcanzando ciento diez y nueve piés sobre su nivel. Yo no he visto ostentacion más grande de poder. La bandera que saluda á los pabellones de todos los pueblos del mundo, que están á sus piés, es como una promesa de bienaventuranza y de luz, en un mundo que está despertando á una nueva creacion.El Alcatraz es una prision militar, que tiene una organizacion perfecta, y en la que están establecidos talleres que producen gruesas sumas al establecimiento y á los presos.Mucho hubiéramos querido aprender con el doctor sobre la fortaleza del Presidio Yerbabuena y otras; pero nuestras compañeras no fueron del propio parecer, y subiendo y bajando por toda la fortaleza, con celeridad increible, nos invitaban para el almuerzo, entre la bulla, el tragin de las señoras y la algazara de los chicos.Se habia hecho lumbre á la orilla del mar y á la sombra de empinadísimas rocas. Circuian la lumbrada los sirvientes y las mismas damas, expeditas y alegres, despojadas de sus sombrerillos y sus guantes.Sobre la arena, y siempre al abrigo de las rocas, se tendieron los manteles, blancos como la nieve, dando lucimiento á hileras de botellas, con sus corazas de plata y oro, á cristalería riquísima y á porcelana reluciente.Rodando piedras, se suplió la sillería, y fueron llegando, humeantes, en alto y en procesion, los manjares, preguntando por nuestro apetito que esperaba con tanta boca abierta.Se sentia el halago, la confianza estaba como derramada en la atmósfera, el contento buscaba pretextos para estallar en centellas mil, que llevaban por doquier el regocijo. Competian las damas en amabilidad, los jóvenes en galantería y finura.De la manera más espontánea daban á luz sus gracias los que las poseian, y los que no, de su inutilidad misma sacaban partido.Se cantó en todos los idiomas, se hicieron suertes de prestidigitacion, á que son muy afectos, y una morena de ojos como dos soles, y de una sal de Jesus que quita el sosiego á las piedras, nos dijo la buena ventura, remedando una gitana, que como quiera, se llevaba prendidos pedazos de corazon entre sus gracias.Pero lo que me tenia realmente como lechuza en maitines, era la relacion de aquellos pollos sin pizca de barba.Quién estaba acabadito de llegar de China, á donde se fué en un barco lleno de cadáveres de chinos, en un cementerio flotante, tripulacion la más quieta del mundo, á correr aventuras.Otro chico venia de Australia y nos pintaba caballos color de zafiro, perros de tres cabezas, guajolotes azules, cosas estupendas.Eseyankee, tan pronto está en una carrocería, como es médico ó se ajusta como ingeniero en un ferrocarril; pone una tabla de carnicería y la suelta para ocupar un asiento en el congreso; le desaira el voto público y se reune á unos funámbulos que exhiben fieras, y se arranca de las jaulas de los monos para componer el cuerpo diplomático de Francia ó de Turquía....La comida fué una abreviatura de las bodas de Camacho; algunos se entregaron á esa inmovilidad de la necesidad satisfecha, que es como el éxtasis de la gula; las jóvenes corrian y se lanzaron en busca de un bote para dirigirlo y pasear.Los muchachos saltaban entre las rocas, y yo buscaba, por la primera vez de mi vida, con ternura, á las ancianas, porque cada muchacha era un peligro de muerte.¡Qué soltura para escalar las más escarpadas eminencias; cuánta destreza y cuánto arrojo para correr sobre las angostas citarillas que caen al mar; qué agilidad para equilibrarse sobre las crestas de los arrecifes, rompiéndose y empapándose los vestidos! Aquello era para mí como sentirme condenado á muerte: cada invitacion me parecia una red tendida á mi existencia....Tomé una resolucion desesperada: me oculté á todas las miradas, y lo diré aunque me cueste un sacrificio de amor propio.... me dormí profundamente.
XIIVida externa.—Pick-nic.—Un paseo á la orilla del mar.—La mision de Dolores.—Fort-Point.—El Alcatraz.—La bahía.—El peñon.LA CONSTRUCCION de las casas sin patio ni balcon, dan idea, á primera vista, de la poquísima importancia que tiene la vida íntima, la residencia ociosa, en una ciudad americana.El patio, recuerdo del serrallo, se engalana con flores primorosas y con pájaros cautivos, juegan los niños en sus corredores y recibe el anciano las caricias del sol.El balcon es como el aparador en que las bellas se dan en espectáculo: anima el muro, sirve de atalaya á la vieja curiosa y á la criada diligente; en los países calientes es el punto de reunion en que se anima la tertulia y se reciben los halagos de la brisa.En la casa americana, se come, se duerme, se baila, se cura, se muere; pero no se puede decir que se vive.Tal vez depende la circunstancia en que me he fijado, de que la primera necesidad de estos pueblos es el movimiento.Fomenta la benéfica tendencia á la accion constante, la afluencia de extranjeros, que es á la vez renovacion y purificacion de la sociedad; esa oferta de trabajo más barato y más inteligente; esa emulacion, no se traduce en odios y repulsiones, sino en competencia de mejora, y esto es fundamental, en mi juicio, para aquellos pueblos.Las naciones débiles, como los animales débiles, son celosas; en ciertos países se expía toda superioridad como si fuera crímen: cuando un hombre descuella, cuenta con la insurreccion de las medianías. En estos pueblos no: cuando álguien sobresale, se procura superarle, se ponen los medios para avanzar más; pero sin deprimir al adversario: entónces viene la competencia que perfecciona, el invento que eleva la industria, la supremacía legítima del mérito. La intriga y las envidias, se estrellan en el buen sentido universal.El espíritu de emancipacion es otro motivo de la virilidad de ese pueblo. El niño aspira á hombre, ama la vida propia, le humilla la dádiva, y en la espectativa de la independencia, el trabajo se le presenta con las manos llenas de preciosos dones, y el peligro mismo le sonríe.Es raro encontrar un americano de quince años al cuidado de un criado, pidiéndole á papá, no solo para sus necesidades sino para sus vicios: es raro ver que pase del presupuesto doméstico al presupuesto del gobierno, aunque sea como escribiente; y mucho más raro que forme una familiaparásita al lado de sus padres ó de sus suegros, teniendo en nada la dignidad y la vergüenza.No seguiré, por amor á mis lectores, este fecundo tema; básteme decir, que uno de los rasgos más salientes de la existencia americana, es la propension á la vida externa.Al niño, al mes de nacido le pasean en su carrito por calles y plazas: el niño y las niñas se dirigen solos á sus escuelas, sin escoltas, cómplices ni cuidadores; los hombres corren á sus negocios y toman suluncheal paso, en elrestaurantó la cantina, sin perder su tiempo; la obrera abandona su domicilio y lo cambia por la vida del taller.Laladyfinge negocio para estar en la calle perpétuamente, y la vieja, temblando por quedar confinada al secuestro y al rezago, se acicala, se adereza, acude á su corsé como á un salvavidas, empuña su sombrilla y flota en las aguas de la animacion general.A todas estas causas reunidas se debe que negocios que no se pueden ajustar en la lonja, se emplacen para elbar-roomy para elrestaurant, y que las plazas, los parques y los teatros, sean lugares de citas y contento.La construccion de las casas y su falta de patio quitan el alimento á la crónica escandalosa y al chisme.En el patio de la casa de vecindad se ponen muy de manifiesto, las libertades del muchacho ordinario, las reyertas del matrimonio mal avenido, las comidas del artesano sin trabajo, las visitas misteriosas de la viuda recatada, pero fresca y graciosa. En esta especie de colmenas, cada persona tiene su celda, sin cuidarse de los que viven juntos, á veces por años enteros, desconocidos.Como es de suponerse, el ideal para personas que así se han educado y así gozan, es el Hotel.El provee de servidumbre al alojado; en su seno hay derecho de reprochar por igual el mal servicio y hacerlo mejor; nadie nos acaricia ni nos consuela, pero nadie nos pone mal modo ni nos molesta; no se hace agradable nuestra comida con los halagos y las atenciones delicadas de la mujer, pero no se amarga con el celo y con las impertinencias domésticas.Esta y otras costumbres nos parecen intolerables, y lo son en efecto; pero es necesario tener en cuenta que nosotros lo juzgamos todo desde el punto de vista de nuestros hábitos y de nuestra educacion, que son para nosotros una segunda naturaleza. ¿Cómo juzgaria un pato, me pregunto yo, de las constumbres de un asno? ¿qué papel haria un cerdo á los ojos de un pájaro, columpiándose y dando chillidos en una rama?Muchas de las singularidades de los yankees, dependen de que los juzguemos en nuestra calidad de patos ó de cerdos, y este es un principio realmente ilógico y falible.Entre las constumbres de esta vida externa, elPick-nices de las que me simpatizan, con perdon de vdes.ElPick-nices un paseo en comun, y se divide en dos clases: ó es por empresa, ó es por asociacion.Si por empresa, los empresarios, que suelen ser dependientes de algun establecimiento de beneficencia ó caridad, toman á su cargo un buque, lo engalanan, le dan el atractivo de una orquesta y anuncian excursiones á cualquiera lugar favorito de damas y caballeros, donde se baila, se come y se solaza el prójimo.A veces elPick-nicse cita para un jardin en que se dispone algo como nuestras jamaicas, y es de excelente efecto.ElPick-nicpor asociacion tiene un carácter íntimo y suele dar lugar á expansiones deliciosas.Se reunen siete ú ocho amigos: cada uno se cotiza con un plato para el banquete campestre; otro da el pan, otro los licores, el otro la música, el de más allá los vehículos de conduccion.Como se deja entender, el amor anda con tanto ojo en todos estos aprestos, y desde la deliberacion sobre el punto de reunion y sobre las comidas, es deliciosa.—Iremos al mar, decian las muchachas, hablando delPick-nicá que voy á referirme, y ojalá nos toque un nortecito, verán qué bien arriamos velas y manejamos el timon.—No, por María Santísima, clamaba yo; yo no soy animal acuático; vdes. quieren tener la satisfaccion de vernos ahogados.—No, á la montaña! á la montaña!....—Nos va á dar una fiebre.—El lugar está elegido: vamos áFort Point, dijo un doctor, que sabe unir á una profunda sabiduría, una amabilidad perfecta.En efecto, fuimos invitados y tuvimos nuestroPick-nic, en Fort Point.La estimable familia que nos invitó alPick-nic, es mexicana de orígen; pero la señorita de la casa nació en San Francisco, de madre mexicana, y se educó en Alemania; el doctor, que ya ha tomado la palabra, nació americano; pero ha vivido constantemente en México y es un generoso ranchero del Bajío; habia dos mexicanos, uno de ellos deeducacion inglesapur sang; otras señoritas de California, es decir, de todo el mundo, y coronaba la reunion un polaco, que así pespunteaba un fandango andaluz, como se extasiaba recitando el célebre monólogo del Manfredo, deByron.Eramos representantes netos delmole poblanoyel pulque de piña, una señora esposa de un amigo mio, apreciabilísima, y yo, que me he exhibido bastante para tener necesidad de presentar aquí mi fotografía.Llegaron los carruajes, coronaron el ómnibus los canastos y cajones con los pertrechos de boca, y se acomodaron nuestras compañeras con sus sombreritos de campo, sus flores, sus sombrillas y sus vestidos de lienzo leve, pero elegantísimos.El jóven polaco, sentado en un albardon como una uña, cabalgaba al lado del coche, diciendo chistes y amenizando la concurrencia.Recorriamos médanos y colinas áridas, interrumpidas por deliciosos jardines, régias estancias y chozas entre árboles, rodeadas de ganados.Veiamos, como esqueletos de pié, armazones de casas, con trazos hechos con latas, de departamentos que deberian alojar á la comodidad y al lujo, y se recreaba nuestra vista en paisajes cuyo último término lo forman las sierras, si no tan levantadas y romancescas como las nuestras, sí de grande belleza y majestad.El doctor, á la vista del edificio de adobe del antiguo presidio, aprovechado ahora para una pequeña guarnicion, conservando su tipo español, me decia:—Ya vd. ve lo que es el mundo: la gloria de la conquista de estos lugares se atribuye generalmente á Cabrillo, sin recordaral asesino Jimenez, que de resultas de la muerte que dió á Diego Becerra, tocó en la Paz en 1533; ni á la famosa expedicion de Cortés; ni á las tropas que mandó en 1564 D. Luis Velasco, miéntras otras tomaban posesion definitiva en las islas Filipinas; ni siquiera á las correrías del pirata Francisco Drake, que aunque vino á California, 37 años despues que Cabrillo, quiso poner á California la Nueva Albion y arrogarse la gloria del descubrimiento.Al ver esa humilde iglesia, aunque de construccion muy moderna (1822), continuó señalando la mision de Dolores, no puede dejarse de recordar el zelo apostólico de los padres franciscanos primero, y de los jesuitas despues.—Pues en México, dijo uno de mis compañeros, mexicano, acaso porque lo más precioso de nuestra historia se encuentra en las crónicas de misiones y conventos, las personas estudiosas conocen las relaciones de Clavijero, Gomara, el capitan Sebastian Vizcayno, el derrotero del P. Escobar, el del almirante Anson y los minuciosos detalles del P. Torquemada.¡Qué divino P. Salvatierra! qué P. Piccolo tan lleno de espíritu de caridad! qué ingenioso P. Ugarte! qué ardiente fervor del P. Luyando! cuánta sabiduría muestra el P. Sedelmayer en su reconocimiento del rio Gila!Muy satisfecho se mostraba el doctor de los conocimientos de mis amigos, y se hubiera convertido en Liceo el ómnibus, si las muchachas no apagaran con sus cantos las voces de los sabios, con aplauso general.A poco de que esta interrupcion acontecia, y despues de pasar al frente de los corredores de lo que fué presidio, y de la iglesia con su fachada que termina en triángulo, sostenidopor gruesas columnas, pararon los carruajes, descendimos todos, tomaron los criados el rumbo de la playa inmediata, y nos detuvimos frente á la entrada de la inmensa fortaleza que no ofrece accidente alguno, sino muros lisos, formidables, con sus ventanas y troneras.En la fortaleza no habia nadie absolutamente: uno de nuestros amigos se dirigió al Presidio, hoy residencia de la guarnicion, y solicitó permiso para que unos extranjeros viesen Fort Point: al momento se obtuvo la licencia, presentándosenos para darnos entrada é instrucciones, un jóven sargento, con sus llaves en la mano.Abrió el sargento una puertecilla ancha y del alto de dos varas á lo más, y penetramos en la fortaleza.Desde la entrada de la bahía se percibe la fortaleza que vamos á describir, como un punto saliente en una línea de obras estupendas que van siguiendo las sinuosidades del terreno: cerca de una milla tendrá ese conjunto de obras, y en ella existen veinticinco baterías. Despues hay troneras á corta distancia en que se ven de dos en dos cañones de grueso calibre, teniendo á la retaguardia un bien provisto almacen cada batería, incrustado en el muro fortísimo, de más de tres varas de espesor.El cañon del punto más saliente es una exageracion, una paradoja de bronce.El tránsito á cada batería está dispuesto sobre el glácis del parapeto, formando unas garitas que sirven de refugio á los defensores.Los parapetos tienen treinta y siete piés de ancho y algunos de ellos más: las bóvedas de las travesías miden cinco piés de espesor.Todo el edificio de piedra está construido á prueba de bomba y de fuego, y presenta la solidez del granito.El centro de la línea que parte de la batería está provisto de doce colosales morteros.El fuerte descansa en un gran cimiento ó peana, que combinada con la configuracion del mar, es capaz de resistir á la artillería de mayor calibre.La inmediacion del fuerte al mar es tal, que se rompen las olas constantemente en el muro exterior, y los arrecifes son en aquel lugar tantos y tan erizados, que no digo un esquife ó un bote, pero ni un hombre los podria atravesar fácilmente.Desde la altura de la batería se domina la bahía, y los paisajes que se descubren tienen inmensa grandiosidad.En la bóveda del fuerte, con el mar al frente, con el movimiento inexplicable de las embarcaciones, con los campos cercanos cargados de mieses, con las fantásticas serranías que limitan y embellecen el tendido horizonte, Fort Point es un punto encantador.—Siga vd., me decia el doctor, la línea toda de las obras de fortificacion; fíjese vd. en aquella otra fortaleza no ménos formidable que ésta: es Old Fort.La puerta principal, que es de fierro, está flanqueada por dos gruesos cañones que tienen esculpidas las armas españolas, el nombre de Cárlos III y la fecha de 1760: esos cañones, continuó nuestro amigo, formaron indudablemente parte del armamento de la fragata concedida á los jesuitas. El fuerte es de ladrillo y tiene una triple hilera de cañones. La Puerta de Oro (Goldem Gate), que ve vd. al frente, y Punta Caballo que se distingue á un lado, cierran la cadenade fortificaciones, que hacen la bahía realmente inexpugnable.Pero en medio de aquellos gigantes edificios que parecen encerrar en palacios de granito las formidables divinidades del mar; entre aquellos monstruos de piedra que aparecen coronados de bronces estupendos, que encierran la tempestad y están prestos á lanzar el rayo; entre aquellos prodigios de solidez, que como que compiten y desafian el empuje de las olas, la amenaza tremenda del arrecife y las iras del mar, en que se pierde como átomo la pretensiosa representacion del hombre, nada más grande que la fortaleza del Alcatraz, imperando como sobre un trono de escarpadas rocas en aquella magnífica bahía.Circunda á la fortaleza el mar. Está asentada sobre una isla que por sí sola forma muralla caprichosa y ciudadela. El fuerte que corona la isla se tiende arrogante y como que se empina para dominar el mar, alcanzando ciento diez y nueve piés sobre su nivel. Yo no he visto ostentacion más grande de poder. La bandera que saluda á los pabellones de todos los pueblos del mundo, que están á sus piés, es como una promesa de bienaventuranza y de luz, en un mundo que está despertando á una nueva creacion.El Alcatraz es una prision militar, que tiene una organizacion perfecta, y en la que están establecidos talleres que producen gruesas sumas al establecimiento y á los presos.Mucho hubiéramos querido aprender con el doctor sobre la fortaleza del Presidio Yerbabuena y otras; pero nuestras compañeras no fueron del propio parecer, y subiendo y bajando por toda la fortaleza, con celeridad increible, nos invitaban para el almuerzo, entre la bulla, el tragin de las señoras y la algazara de los chicos.Se habia hecho lumbre á la orilla del mar y á la sombra de empinadísimas rocas. Circuian la lumbrada los sirvientes y las mismas damas, expeditas y alegres, despojadas de sus sombrerillos y sus guantes.Sobre la arena, y siempre al abrigo de las rocas, se tendieron los manteles, blancos como la nieve, dando lucimiento á hileras de botellas, con sus corazas de plata y oro, á cristalería riquísima y á porcelana reluciente.Rodando piedras, se suplió la sillería, y fueron llegando, humeantes, en alto y en procesion, los manjares, preguntando por nuestro apetito que esperaba con tanta boca abierta.Se sentia el halago, la confianza estaba como derramada en la atmósfera, el contento buscaba pretextos para estallar en centellas mil, que llevaban por doquier el regocijo. Competian las damas en amabilidad, los jóvenes en galantería y finura.De la manera más espontánea daban á luz sus gracias los que las poseian, y los que no, de su inutilidad misma sacaban partido.Se cantó en todos los idiomas, se hicieron suertes de prestidigitacion, á que son muy afectos, y una morena de ojos como dos soles, y de una sal de Jesus que quita el sosiego á las piedras, nos dijo la buena ventura, remedando una gitana, que como quiera, se llevaba prendidos pedazos de corazon entre sus gracias.Pero lo que me tenia realmente como lechuza en maitines, era la relacion de aquellos pollos sin pizca de barba.Quién estaba acabadito de llegar de China, á donde se fué en un barco lleno de cadáveres de chinos, en un cementerio flotante, tripulacion la más quieta del mundo, á correr aventuras.Otro chico venia de Australia y nos pintaba caballos color de zafiro, perros de tres cabezas, guajolotes azules, cosas estupendas.Eseyankee, tan pronto está en una carrocería, como es médico ó se ajusta como ingeniero en un ferrocarril; pone una tabla de carnicería y la suelta para ocupar un asiento en el congreso; le desaira el voto público y se reune á unos funámbulos que exhiben fieras, y se arranca de las jaulas de los monos para componer el cuerpo diplomático de Francia ó de Turquía....La comida fué una abreviatura de las bodas de Camacho; algunos se entregaron á esa inmovilidad de la necesidad satisfecha, que es como el éxtasis de la gula; las jóvenes corrian y se lanzaron en busca de un bote para dirigirlo y pasear.Los muchachos saltaban entre las rocas, y yo buscaba, por la primera vez de mi vida, con ternura, á las ancianas, porque cada muchacha era un peligro de muerte.¡Qué soltura para escalar las más escarpadas eminencias; cuánta destreza y cuánto arrojo para correr sobre las angostas citarillas que caen al mar; qué agilidad para equilibrarse sobre las crestas de los arrecifes, rompiéndose y empapándose los vestidos! Aquello era para mí como sentirme condenado á muerte: cada invitacion me parecia una red tendida á mi existencia....Tomé una resolucion desesperada: me oculté á todas las miradas, y lo diré aunque me cueste un sacrificio de amor propio.... me dormí profundamente.
Vida externa.—Pick-nic.—Un paseo á la orilla del mar.—La mision de Dolores.—Fort-Point.—El Alcatraz.—La bahía.—El peñon.
LA CONSTRUCCION de las casas sin patio ni balcon, dan idea, á primera vista, de la poquísima importancia que tiene la vida íntima, la residencia ociosa, en una ciudad americana.
El patio, recuerdo del serrallo, se engalana con flores primorosas y con pájaros cautivos, juegan los niños en sus corredores y recibe el anciano las caricias del sol.
El balcon es como el aparador en que las bellas se dan en espectáculo: anima el muro, sirve de atalaya á la vieja curiosa y á la criada diligente; en los países calientes es el punto de reunion en que se anima la tertulia y se reciben los halagos de la brisa.
En la casa americana, se come, se duerme, se baila, se cura, se muere; pero no se puede decir que se vive.
Tal vez depende la circunstancia en que me he fijado, de que la primera necesidad de estos pueblos es el movimiento.
Fomenta la benéfica tendencia á la accion constante, la afluencia de extranjeros, que es á la vez renovacion y purificacion de la sociedad; esa oferta de trabajo más barato y más inteligente; esa emulacion, no se traduce en odios y repulsiones, sino en competencia de mejora, y esto es fundamental, en mi juicio, para aquellos pueblos.
Las naciones débiles, como los animales débiles, son celosas; en ciertos países se expía toda superioridad como si fuera crímen: cuando un hombre descuella, cuenta con la insurreccion de las medianías. En estos pueblos no: cuando álguien sobresale, se procura superarle, se ponen los medios para avanzar más; pero sin deprimir al adversario: entónces viene la competencia que perfecciona, el invento que eleva la industria, la supremacía legítima del mérito. La intriga y las envidias, se estrellan en el buen sentido universal.
El espíritu de emancipacion es otro motivo de la virilidad de ese pueblo. El niño aspira á hombre, ama la vida propia, le humilla la dádiva, y en la espectativa de la independencia, el trabajo se le presenta con las manos llenas de preciosos dones, y el peligro mismo le sonríe.
Es raro encontrar un americano de quince años al cuidado de un criado, pidiéndole á papá, no solo para sus necesidades sino para sus vicios: es raro ver que pase del presupuesto doméstico al presupuesto del gobierno, aunque sea como escribiente; y mucho más raro que forme una familiaparásita al lado de sus padres ó de sus suegros, teniendo en nada la dignidad y la vergüenza.
No seguiré, por amor á mis lectores, este fecundo tema; básteme decir, que uno de los rasgos más salientes de la existencia americana, es la propension á la vida externa.
Al niño, al mes de nacido le pasean en su carrito por calles y plazas: el niño y las niñas se dirigen solos á sus escuelas, sin escoltas, cómplices ni cuidadores; los hombres corren á sus negocios y toman suluncheal paso, en elrestaurantó la cantina, sin perder su tiempo; la obrera abandona su domicilio y lo cambia por la vida del taller.
Laladyfinge negocio para estar en la calle perpétuamente, y la vieja, temblando por quedar confinada al secuestro y al rezago, se acicala, se adereza, acude á su corsé como á un salvavidas, empuña su sombrilla y flota en las aguas de la animacion general.
A todas estas causas reunidas se debe que negocios que no se pueden ajustar en la lonja, se emplacen para elbar-roomy para elrestaurant, y que las plazas, los parques y los teatros, sean lugares de citas y contento.
La construccion de las casas y su falta de patio quitan el alimento á la crónica escandalosa y al chisme.
En el patio de la casa de vecindad se ponen muy de manifiesto, las libertades del muchacho ordinario, las reyertas del matrimonio mal avenido, las comidas del artesano sin trabajo, las visitas misteriosas de la viuda recatada, pero fresca y graciosa. En esta especie de colmenas, cada persona tiene su celda, sin cuidarse de los que viven juntos, á veces por años enteros, desconocidos.
Como es de suponerse, el ideal para personas que así se han educado y así gozan, es el Hotel.
El provee de servidumbre al alojado; en su seno hay derecho de reprochar por igual el mal servicio y hacerlo mejor; nadie nos acaricia ni nos consuela, pero nadie nos pone mal modo ni nos molesta; no se hace agradable nuestra comida con los halagos y las atenciones delicadas de la mujer, pero no se amarga con el celo y con las impertinencias domésticas.
Esta y otras costumbres nos parecen intolerables, y lo son en efecto; pero es necesario tener en cuenta que nosotros lo juzgamos todo desde el punto de vista de nuestros hábitos y de nuestra educacion, que son para nosotros una segunda naturaleza. ¿Cómo juzgaria un pato, me pregunto yo, de las constumbres de un asno? ¿qué papel haria un cerdo á los ojos de un pájaro, columpiándose y dando chillidos en una rama?
Muchas de las singularidades de los yankees, dependen de que los juzguemos en nuestra calidad de patos ó de cerdos, y este es un principio realmente ilógico y falible.
Entre las constumbres de esta vida externa, elPick-nices de las que me simpatizan, con perdon de vdes.
ElPick-nices un paseo en comun, y se divide en dos clases: ó es por empresa, ó es por asociacion.
Si por empresa, los empresarios, que suelen ser dependientes de algun establecimiento de beneficencia ó caridad, toman á su cargo un buque, lo engalanan, le dan el atractivo de una orquesta y anuncian excursiones á cualquiera lugar favorito de damas y caballeros, donde se baila, se come y se solaza el prójimo.
A veces elPick-nicse cita para un jardin en que se dispone algo como nuestras jamaicas, y es de excelente efecto.
ElPick-nicpor asociacion tiene un carácter íntimo y suele dar lugar á expansiones deliciosas.
Se reunen siete ú ocho amigos: cada uno se cotiza con un plato para el banquete campestre; otro da el pan, otro los licores, el otro la música, el de más allá los vehículos de conduccion.
Como se deja entender, el amor anda con tanto ojo en todos estos aprestos, y desde la deliberacion sobre el punto de reunion y sobre las comidas, es deliciosa.
—Iremos al mar, decian las muchachas, hablando delPick-nicá que voy á referirme, y ojalá nos toque un nortecito, verán qué bien arriamos velas y manejamos el timon.
—No, por María Santísima, clamaba yo; yo no soy animal acuático; vdes. quieren tener la satisfaccion de vernos ahogados.
—No, á la montaña! á la montaña!....
—Nos va á dar una fiebre.
—El lugar está elegido: vamos áFort Point, dijo un doctor, que sabe unir á una profunda sabiduría, una amabilidad perfecta.
En efecto, fuimos invitados y tuvimos nuestroPick-nic, en Fort Point.
La estimable familia que nos invitó alPick-nic, es mexicana de orígen; pero la señorita de la casa nació en San Francisco, de madre mexicana, y se educó en Alemania; el doctor, que ya ha tomado la palabra, nació americano; pero ha vivido constantemente en México y es un generoso ranchero del Bajío; habia dos mexicanos, uno de ellos deeducacion inglesapur sang; otras señoritas de California, es decir, de todo el mundo, y coronaba la reunion un polaco, que así pespunteaba un fandango andaluz, como se extasiaba recitando el célebre monólogo del Manfredo, deByron.
Eramos representantes netos delmole poblanoyel pulque de piña, una señora esposa de un amigo mio, apreciabilísima, y yo, que me he exhibido bastante para tener necesidad de presentar aquí mi fotografía.
Llegaron los carruajes, coronaron el ómnibus los canastos y cajones con los pertrechos de boca, y se acomodaron nuestras compañeras con sus sombreritos de campo, sus flores, sus sombrillas y sus vestidos de lienzo leve, pero elegantísimos.
El jóven polaco, sentado en un albardon como una uña, cabalgaba al lado del coche, diciendo chistes y amenizando la concurrencia.
Recorriamos médanos y colinas áridas, interrumpidas por deliciosos jardines, régias estancias y chozas entre árboles, rodeadas de ganados.
Veiamos, como esqueletos de pié, armazones de casas, con trazos hechos con latas, de departamentos que deberian alojar á la comodidad y al lujo, y se recreaba nuestra vista en paisajes cuyo último término lo forman las sierras, si no tan levantadas y romancescas como las nuestras, sí de grande belleza y majestad.
El doctor, á la vista del edificio de adobe del antiguo presidio, aprovechado ahora para una pequeña guarnicion, conservando su tipo español, me decia:
—Ya vd. ve lo que es el mundo: la gloria de la conquista de estos lugares se atribuye generalmente á Cabrillo, sin recordaral asesino Jimenez, que de resultas de la muerte que dió á Diego Becerra, tocó en la Paz en 1533; ni á la famosa expedicion de Cortés; ni á las tropas que mandó en 1564 D. Luis Velasco, miéntras otras tomaban posesion definitiva en las islas Filipinas; ni siquiera á las correrías del pirata Francisco Drake, que aunque vino á California, 37 años despues que Cabrillo, quiso poner á California la Nueva Albion y arrogarse la gloria del descubrimiento.
Al ver esa humilde iglesia, aunque de construccion muy moderna (1822), continuó señalando la mision de Dolores, no puede dejarse de recordar el zelo apostólico de los padres franciscanos primero, y de los jesuitas despues.
—Pues en México, dijo uno de mis compañeros, mexicano, acaso porque lo más precioso de nuestra historia se encuentra en las crónicas de misiones y conventos, las personas estudiosas conocen las relaciones de Clavijero, Gomara, el capitan Sebastian Vizcayno, el derrotero del P. Escobar, el del almirante Anson y los minuciosos detalles del P. Torquemada.
¡Qué divino P. Salvatierra! qué P. Piccolo tan lleno de espíritu de caridad! qué ingenioso P. Ugarte! qué ardiente fervor del P. Luyando! cuánta sabiduría muestra el P. Sedelmayer en su reconocimiento del rio Gila!
Muy satisfecho se mostraba el doctor de los conocimientos de mis amigos, y se hubiera convertido en Liceo el ómnibus, si las muchachas no apagaran con sus cantos las voces de los sabios, con aplauso general.
A poco de que esta interrupcion acontecia, y despues de pasar al frente de los corredores de lo que fué presidio, y de la iglesia con su fachada que termina en triángulo, sostenidopor gruesas columnas, pararon los carruajes, descendimos todos, tomaron los criados el rumbo de la playa inmediata, y nos detuvimos frente á la entrada de la inmensa fortaleza que no ofrece accidente alguno, sino muros lisos, formidables, con sus ventanas y troneras.
En la fortaleza no habia nadie absolutamente: uno de nuestros amigos se dirigió al Presidio, hoy residencia de la guarnicion, y solicitó permiso para que unos extranjeros viesen Fort Point: al momento se obtuvo la licencia, presentándosenos para darnos entrada é instrucciones, un jóven sargento, con sus llaves en la mano.
Abrió el sargento una puertecilla ancha y del alto de dos varas á lo más, y penetramos en la fortaleza.
Desde la entrada de la bahía se percibe la fortaleza que vamos á describir, como un punto saliente en una línea de obras estupendas que van siguiendo las sinuosidades del terreno: cerca de una milla tendrá ese conjunto de obras, y en ella existen veinticinco baterías. Despues hay troneras á corta distancia en que se ven de dos en dos cañones de grueso calibre, teniendo á la retaguardia un bien provisto almacen cada batería, incrustado en el muro fortísimo, de más de tres varas de espesor.
El cañon del punto más saliente es una exageracion, una paradoja de bronce.
El tránsito á cada batería está dispuesto sobre el glácis del parapeto, formando unas garitas que sirven de refugio á los defensores.
Los parapetos tienen treinta y siete piés de ancho y algunos de ellos más: las bóvedas de las travesías miden cinco piés de espesor.
Todo el edificio de piedra está construido á prueba de bomba y de fuego, y presenta la solidez del granito.
El centro de la línea que parte de la batería está provisto de doce colosales morteros.
El fuerte descansa en un gran cimiento ó peana, que combinada con la configuracion del mar, es capaz de resistir á la artillería de mayor calibre.
La inmediacion del fuerte al mar es tal, que se rompen las olas constantemente en el muro exterior, y los arrecifes son en aquel lugar tantos y tan erizados, que no digo un esquife ó un bote, pero ni un hombre los podria atravesar fácilmente.
Desde la altura de la batería se domina la bahía, y los paisajes que se descubren tienen inmensa grandiosidad.
En la bóveda del fuerte, con el mar al frente, con el movimiento inexplicable de las embarcaciones, con los campos cercanos cargados de mieses, con las fantásticas serranías que limitan y embellecen el tendido horizonte, Fort Point es un punto encantador.
—Siga vd., me decia el doctor, la línea toda de las obras de fortificacion; fíjese vd. en aquella otra fortaleza no ménos formidable que ésta: es Old Fort.
La puerta principal, que es de fierro, está flanqueada por dos gruesos cañones que tienen esculpidas las armas españolas, el nombre de Cárlos III y la fecha de 1760: esos cañones, continuó nuestro amigo, formaron indudablemente parte del armamento de la fragata concedida á los jesuitas. El fuerte es de ladrillo y tiene una triple hilera de cañones. La Puerta de Oro (Goldem Gate), que ve vd. al frente, y Punta Caballo que se distingue á un lado, cierran la cadenade fortificaciones, que hacen la bahía realmente inexpugnable.
Pero en medio de aquellos gigantes edificios que parecen encerrar en palacios de granito las formidables divinidades del mar; entre aquellos monstruos de piedra que aparecen coronados de bronces estupendos, que encierran la tempestad y están prestos á lanzar el rayo; entre aquellos prodigios de solidez, que como que compiten y desafian el empuje de las olas, la amenaza tremenda del arrecife y las iras del mar, en que se pierde como átomo la pretensiosa representacion del hombre, nada más grande que la fortaleza del Alcatraz, imperando como sobre un trono de escarpadas rocas en aquella magnífica bahía.
Circunda á la fortaleza el mar. Está asentada sobre una isla que por sí sola forma muralla caprichosa y ciudadela. El fuerte que corona la isla se tiende arrogante y como que se empina para dominar el mar, alcanzando ciento diez y nueve piés sobre su nivel. Yo no he visto ostentacion más grande de poder. La bandera que saluda á los pabellones de todos los pueblos del mundo, que están á sus piés, es como una promesa de bienaventuranza y de luz, en un mundo que está despertando á una nueva creacion.
El Alcatraz es una prision militar, que tiene una organizacion perfecta, y en la que están establecidos talleres que producen gruesas sumas al establecimiento y á los presos.
Mucho hubiéramos querido aprender con el doctor sobre la fortaleza del Presidio Yerbabuena y otras; pero nuestras compañeras no fueron del propio parecer, y subiendo y bajando por toda la fortaleza, con celeridad increible, nos invitaban para el almuerzo, entre la bulla, el tragin de las señoras y la algazara de los chicos.
Se habia hecho lumbre á la orilla del mar y á la sombra de empinadísimas rocas. Circuian la lumbrada los sirvientes y las mismas damas, expeditas y alegres, despojadas de sus sombrerillos y sus guantes.
Sobre la arena, y siempre al abrigo de las rocas, se tendieron los manteles, blancos como la nieve, dando lucimiento á hileras de botellas, con sus corazas de plata y oro, á cristalería riquísima y á porcelana reluciente.
Rodando piedras, se suplió la sillería, y fueron llegando, humeantes, en alto y en procesion, los manjares, preguntando por nuestro apetito que esperaba con tanta boca abierta.
Se sentia el halago, la confianza estaba como derramada en la atmósfera, el contento buscaba pretextos para estallar en centellas mil, que llevaban por doquier el regocijo. Competian las damas en amabilidad, los jóvenes en galantería y finura.
De la manera más espontánea daban á luz sus gracias los que las poseian, y los que no, de su inutilidad misma sacaban partido.
Se cantó en todos los idiomas, se hicieron suertes de prestidigitacion, á que son muy afectos, y una morena de ojos como dos soles, y de una sal de Jesus que quita el sosiego á las piedras, nos dijo la buena ventura, remedando una gitana, que como quiera, se llevaba prendidos pedazos de corazon entre sus gracias.
Pero lo que me tenia realmente como lechuza en maitines, era la relacion de aquellos pollos sin pizca de barba.
Quién estaba acabadito de llegar de China, á donde se fué en un barco lleno de cadáveres de chinos, en un cementerio flotante, tripulacion la más quieta del mundo, á correr aventuras.
Otro chico venia de Australia y nos pintaba caballos color de zafiro, perros de tres cabezas, guajolotes azules, cosas estupendas.
Eseyankee, tan pronto está en una carrocería, como es médico ó se ajusta como ingeniero en un ferrocarril; pone una tabla de carnicería y la suelta para ocupar un asiento en el congreso; le desaira el voto público y se reune á unos funámbulos que exhiben fieras, y se arranca de las jaulas de los monos para componer el cuerpo diplomático de Francia ó de Turquía....
La comida fué una abreviatura de las bodas de Camacho; algunos se entregaron á esa inmovilidad de la necesidad satisfecha, que es como el éxtasis de la gula; las jóvenes corrian y se lanzaron en busca de un bote para dirigirlo y pasear.
Los muchachos saltaban entre las rocas, y yo buscaba, por la primera vez de mi vida, con ternura, á las ancianas, porque cada muchacha era un peligro de muerte.
¡Qué soltura para escalar las más escarpadas eminencias; cuánta destreza y cuánto arrojo para correr sobre las angostas citarillas que caen al mar; qué agilidad para equilibrarse sobre las crestas de los arrecifes, rompiéndose y empapándose los vestidos! Aquello era para mí como sentirme condenado á muerte: cada invitacion me parecia una red tendida á mi existencia....
Tomé una resolucion desesperada: me oculté á todas las miradas, y lo diré aunque me cueste un sacrificio de amor propio.... me dormí profundamente.