XXIVCasas de habitacion.—Baños turcos y rusos.—Una aventura de wagon.AUNQUE he hablado con mucha repeticion de las casas americanas, insistiendo en su uniformidad, haciendo comprender que calles enteras parecen hechas con molde, mejor dicho, que se tiran ejemplares de casas, como de un aviso ó de un retrato fotográfico, quiero ahora que he penetrado en el interior de varias de esas casas, consignar mis recuerdos.La casa americana ocupa un cuadrilongo, dividido en dos terceras partes para la habitacion y otra para corral ó seccion interior á la espalda de la habitacion, en que se deposita la leña y el carbon, se solazan pollos y gallinas, y por lo comun se hacinan toda clase de trebejos: allí suele existir el depósito de la agua.Entremos á la habitacion. En su parte interior, corre del uno al otro extremo un angosto pasadizo, á donde dan por un lado las puertas de las piezas del primer piso y por el otro da la escalera al piso ó los pisos superiores.A la entrada de la calle existe siempre, en uno de los costados del pasadizo, un mueble como tocador con su armazon, para depositar bastones y paraguas, y su perchero, pues así deberia llamarse donde se colocan sombreros y abrigos y puede asearse la visita para presentarsecome il faut: debajo de la escalera está imperturbablemente la despensa, en que se guardan las provisiones todas de la familia.El pasadizo descrito conduce al salon. Este, en general, es extenso: en su centro se levanta un arco y ese arco sustenta un cancel de tablas corredizo, que divide, cuando se requiere, el salon en dos salones pequeños, segun las distribuciones de la casa.Siguen al salon dos ó tres cuartos, y en el fondo del pasadizo están ubicados el baño y el comun (water closer), departamento con agua corriente, perfectamente aseado, y al que se dan siempre nombres que no despierten ideas desagradables.Del pasadizo parten dos escaleras; una ascendente, la otra descendente: la primera conduce á las recámaras, con sus ventanas, su comun inglés y sucloseró perchero para la ropa. En esas habitaciones hay tambien su baño.La escalera que desciende lleva al comedor, en elbassementó subterráneo, porque está hundido medio cuerpo y solo asoma los ojos de sus ventanas al jardin exterior ó la banqueta de la calle.En el comedor se ve una alacena, que no es propiamentesino ventana ó punto de comunicacion con la cocina, lugar por donde se sirve, sin percibirse desde la primera pieza el tragin de la oficina culinaria, ni dar lugar á las disputas de los criados.Las piezas de los varios pisos, en su espalda, se comunican con el corral.Pero en todo esto no hay un claro de luz, ni un pedazo de cielo, sino el que se ve por las ventanas: cada casa es un estuche; con una asa en la azotea, se podria trasportar como una portavianda: es una construccion como de buque; son cajones de madera más bien para empaque que para habitacion: de ahí nace la tendencia á la vida exterior y al aire libre. En esas pichoneras nos asfixiariamos los mexicanos.En las construcciones de San Francisco y en casi todas las de los Estados-Unidos, hay una singularidad. Puertas y ventanas, sin excepcion alguna, son del mismo tamaño, las mismas dimensiones para marcos y vidrios, el mismo herraje y hasta el propio color, de suerte que pérdidas y deterioros se reparan con la mayor facilidad, y las casas enteras están en fracciones, de suerte que no es más que armarlas. Las improvisaciones son muy comunes.Los artesanos trabajan centuplicados ejemplares de celosías, de goznes, de todos los artículos de carpintería y herrería, y aun familias hay que parece tienen una especie de balero para reproducir individualidades exactamente iguales.Cuando salen del órden comun las habitaciones, entónces esas cajas que hemos descrito cobran mayores dimensiones; ostenta en ellas sus primores la arquitectura, y están ubicadas en el centro de un jardin delicioso en que se admiranestatuas soberbias, se deleita la vista con fuentes y cascadas, y se recrea con la competencia de los primores de la naturaleza y del arte.Ocupábame de las apuntaciones anteriores, para dar á conocer las casas de habitacion de San Francisco y de la mayor parte de las ciudades de los Estados-Unidos, cuando, como lo tenian de costumbre mis amigos, que se esmeraban en prepararme diariamente una nueva sorpresa, llegaron, no obstante que corria un cierzo cruel, con la peregrina ocurrencia de llevarme á tomar unbaño turco.—Hombre, vdes. se han vuelto locos! Si en mi tierra, y con su aire amoroso y las aguas dulcemente templadas, esto del baño lo veo como asunto de pensarse sériamente, ¿qué será aquí? Vayan vdes. con la música á otra parte.Instaron, resistí; persuadió Alatorre, forzó Ibarra, espiaron todos mis lados débiles, y dí al traste con mis propósitos, no sin ofrecer y cumplir que seria simple espectador en el lance de aprender de condenado, con que me brindaban.Hicimos la excursion: contaria maravillas si la describiese puntualmente. Despues que los bañadores salieron frescos y rozagantes, tuvieron la bondad de mostrarme el establecimiento, que tiene el nombre de “Hamman” y está en la conjuncion de las calles de Dupont y del Mercado.Los baños turcos de que hablo se construyeron bajo la direccion del Dr. Loryea, quien ántes de poner mano á la obra habia recorrido por todo el universo mundo los más famosos establecimientos de su género.Proponíame hacer la descripcion lo mejor que pudiese,cuando cayó en mis manos la traduccion que del inglés hizo mi amado amigo y hermano Francisco Urquidi, del periódicoOverland Montly, que conservaba inédito entre sus papeles, y que yo me tomé la libertad de extractar y acomodar al tono de esta obrilla. Oigamos:“Subiendo la calle de Dupont, el viajero se detiene ante una hermosa fuente de bronce, cuyos elevados chorros brillan con el sol.“Sobre la puerta que da entrada al establecimiento que vamos á describir, hay una inscripcion primorosamente ejecutada, que dice en árabe: “Bismi Uah Allá il Allá.”“A la derecha de la entrada se ve un departamento provisto de refrescos y de estimulantes adecuados: á la izquierda está el despacho, que se comunica por medio de tubos con los diferentes departamentos del “Hamman.” Allí es donde el bañador deposita sus prendas, inscribe su nombre y recibe su boleto. Despues de estos preliminares, penetra almustabyó cuarto fresco, cuyo centro está ocupado por una especie de tina de mármol blanco, de seis piés de profundidad, seis de ancho y como seis varas de largo. En ese departamento derrama sus purísimas aguas una hermosa fuente de plata.“A cada lado de la fuente hay piezas para descansar y para fumar, espléndidamente amuebladas y separadas cada una de ellas por cortinajes y tableros de madera calada y labrada, por donde penetra, como adelgazándose y refrescándose, el aire.“Los techos y paredes están magníficamente pintados al fresco. El dia penetra en aquellas estancias por dos grandes tragaluces circulares cubiertos de vidrios de colores,cuyos matices están graduados de manera que impresionen con la sensacion de frescura que se experimenta en aquel recinto.“Sobre todas las puertas y algunas paredes, hay sentencias tomadas del Koran y preces que se dirigen al consuelo de las buenas almas de Moslen.“Inmensos espejos reproducen por todas partes los objetos, y el visitador, con aquella luz ténue, aquel murmurar de la fuente, aquel sosiego y frescura, se siente dominado por una languidez soñolienta, voluptuosa, esencialmente oriental, viendo, al mismo tiempo que crece su ilusion de lo turco, lo pérsico y lo asiático que le rodea.“Con precaucion científica, se han cubierto los suelos de una hermosa estera de la India, para que no se conserve el menor calor.“Elmustabyó pieza del fresco y del frio, es elopodyterium, cónclave óspoliatorumde los romanos.“Contiguo almustabyestá eltepideryum, correspondiente al “mas” de los indios y alpisciniumde los romanos. Este es el cuarto ó la cámara caliente que con constancia se mantiene de 120° á 130° Fharenheit.“En este departamento todo corresponde al nombre que lo anuncia, y concurre á producir el calor.“La inmediata en el órden de las piezas es elcalidariumósudatorium, que corresponde á los baños de piedra caliente de los rusos, irlandeses y algunas tribus de América. El calor de esta pieza es de 160° á 180° y puede aumentarse á discrecion del superintendente. Aquí tambien cada cosa está en relacion con el nombre y uso del departamento. Toda la pieza es de mármol, y de mármol la gran mesaque se halla en el centro, rodeada de sillones de mármol tambien, destinada para el procedimiento sudatorio, que es muy singular.“Todos los empleados de los baños son turcos, educados en aquel oficio desde la edad de ocho años.“Los dependientes trabajan generalmente ocho años en los baños, y si se debilitasen por estar expuestos tanto tiempo á tan alta temperatura, se notaria en su apariencia, lo cual no sucede.“El hermoso cielo arqueado delcalidarium, refleja é irradia el calor con igualdad por toda la pieza, iluminada por soberbios candelabros de exquisito gusto y en perfecta armonía con sus accesorios.“Separados de esta pieza por gruesas cortinas de fieltro, hechas é importadas especialmente para su objeto, hay otros tres departamentos más chicos, en dos de los cuales la temperatura es mucho más alta que en la pieza principal. Habiendo pasado por elcalidariumy sus auxiliares, el visitante encuentra la entrada de las señoras enBagley Place, donde una escalera volada une el segundo y tercer piso, estando destinado el segundo al uso de ellas y el tercero á toda clase de baños medicinales.“Las piezas de las señoras están suntuosamente amuebladas y profusamente provistas de cuanto puede conducir al deleite.“La pieza destinada á los baños de vapor mercurial, está toda compuesta de espejos trasparentes, de manera que quien se baña pueda ser visto por el facultativo; esta es una nueva y valiosa idea introducida por el Dr. Loryea.“Sin emprender una descripcion de los departamentos delas señoras, los cuales solo vistos se les puede hacer justicia, inspira una gran admiracion la manera con que las investigaciones de la ciencia han sido utilizadas y combinadas para hacer el “Hamman” tan perfecto como es posible.“Es un hecho establecido, que la química suministra el modo de extraer los ingredientes activos de las aguas medicinales, por medio de lo cual pueden ser trasportadas, en pequeño volúmen, disueltas de nuevo y reproducidas las aguas, sin pérdida alguna de sus efectos, sino ántes bien, con el poder de remediar algunos defectos existentes en las aguas originales, y asegurando por tanto la certeza en su operacion, que no se obtiene siempre en su estado primitivo.“El Dr. Loryea se ha servido felizmente de la ayuda que proporciona la química, y despues de haber examinado á fondo los principios activos de las más célebres aguas sanitarias de Europa, ha condensado aquellos principios y está preparado para administrar los baños de más nota en el mundo. Puede uno allí tomar los baños de mar del Mediterráneo, sin pasar el estrecho de Gibraltar; los baños de carbonato ó alcalinos de Vichy, están á nuestras puertas; los famosos baños de la serpiente de Schlaugenbad, han sido trasportados á la ciudad; los de Kesselbrunen, Swalbash, Mariembad y Bareges, se han establecido aquí.“Baños eléctricos administrados por diestros operadores, y hasta baños cosméticos perfumados, para entonar la complexion delicada, encontramos entre estos prodigios neptunianos.“Las cuasi fabulosas virtudes de Bethesda, Siloam y elJordan, han sido restauradas y concentradas para nuestro regalo.”Tal es la descripcion de los famosos baños turcos.Miéntras los tomaban mis compañeros, yo conversaba en la pieza de la entrada con unamateur, que disertó conmigo de lo lindo sobre las excelencias del remojo humano.Elamateurtenia sus puntas de erudito y de médico; disertaba sobre las excelencias de los baños de aire para conservar libres los poros.Yo, que deseaba no quedar en mal concepto con aquel personaje tan entendido, y á la vez tan obsequioso, emprendí una disertacion sobre elTemascalliazteca, que yo mismo por dentro me dí coraje de verme tan charlatan: despues me he persuadido de que es enfermedad que acomete sin sentir al viajero.Aquella indiezuela doliente que quiere vivificar su sangre y su existencia, para renovar, despues de ser madre, sus gracias para presentarse al esposo.El local, especie de horno con su depósito de agua interior, en que hace sus abluciones la jóven para exponerse á las devorantes caricias de un aire como llama; el lienzo que se agita y con el aire que despide refresca sus formas como envolviéndola en deliciosas emociones; las ramas de árbol empapadas en agua helada y sacudidas sobre la piel, tostada casi por la temperatura del horno.... yo no sé como expresé todo esto, que el desconocido compañero, primero escuchó atónito, despues tomó apuntes, renovó sus obsequios y me ofreció muy formalmente que pronto tendria la dicha de participarme el establecimiento delTemascalliazteca en San Francisco.Mis compañeros salieron complacidos al extremo de los baños turcos; no así un español cejijunto y de alborotado cabello sobre la frente, que aseguraba haber pasado las penas del purgatorio, y que al sentirse en el cuarto caliente, echó á correr, desnudo como estaba, golpeando las puertas y pidiendo socorro por haber caido en el mismo infierno!Separéme de mis compañeros, y como de costumbre, me metí al acaso en el primer wagon que atravesaba, sin cuidarme de la direccion que llevaba, y como lugar cómodo para ir haciendo mis apuntaciones. Elwagoncitourbano la llevaba larga.Quedamos gran trecho de tiempo, y casi á la salida de la ciudad, dos pasajeros que nos espiábamos sobre nuestros respectivos libros.Uno de estos transeuntes no era pasajero, era pasajera; pero la hembra más excitadora del mundo para esto de la conversacion.La señorita era francesa, ó por lo ménos sabia francés, á dar crédito al libro que llevaba abierto en las manos; este descubrimiento ya era algo para aquel á quien iba sabiendo la boca á medalla.Yo veia, tosia.... dejaba escapar una que otra palabra como hablando á solas.... y recordaba los usos de la tierra.... y me estaba fuerte.... al fin, ella, dizque entregada á su lectura, alzó la voz.... leia el “Viaje á Oriente” de Lamartine, con acento tan dulce y con tan apasionada modulacion, que yo, sin que al caso viniese, ni saber precisamente de lo que se trataba.... me acerqué, como enajenado con la lectura, diciendo:—“¡Oh: señorita, eso es divino,divino, Lamartine es mi poeta....!” Por supuesto que tales exclamaciones requerian cierto acortamiento de distancias....Así se entabló la conversacion, primero desconfiada y curiosa, despues franca y cordial, haciendo la señorita la debida justicia á mis años, y dando esto soltura á nuestra naciente relacion.En frente de la parte despoblada de la calle de Franklin, se detuvo, cambiamos nuestras tarjetas y me invitó para su tertulia en la calle de Washington; tertulia que se verificaba los miércoles y á la que asistia Mr. Lestalié, jóven comerciante á quien profeso particular cariño, que me habia presentado á la mejor sociedad francesa de San Francisco.Como es de suponerse, acudí puntual á la cita.El tabique de la sala de la tertulia Washington se habia corrido: en una de las secciones se charlaba, se tomaban refrescos, bizcochos y dulces: la otra seccion estaba consagrada á los artistas que ocupaban el piano, cantaban y hacian ostentacion de sus notables habilidades.En el rol de los artistas unas jóvenes italianas, las Sritas. Rotanzi, deslumbradoras de gracia y sentimiento, rodearon el piano, reclamando su nombre la atencion universal.Interrumpióse el cuchicheo delicioso de viajes, de modas, de amores y de bromas sabrosas, y las tres artistas preludiaron un canto en medio del silencio más profundo.Si á mí me hubiera tocado en suerte bautizar á las tres señoritas, que sin pretenderlo se imponian á nuestra admiracion, á una hubiera llamadoEnsueño, á la otraPasionéInocenciaá la tercera.Ensueñosoltó sobre las teclas las deliciosas armoníasque estaban escondidas entre sus dedos, y dejó flotar en el éter invisible, la inspiracion divina que se anidaba en su mente.Alentadas con aquel ensayo, piando primero, despues en torbellino de notas estusiastas, al último, en requiebro apasionado de desesperacion, de locura y gemidos, se seguian las voces como cuando á dos aves en el espacio separa el viento y luchan por reunirse, y ráfagas tempestuosas las dividen, hasta juntarse y guarecerse bajo una rama amiga, reprimiendo los sollozos para dar vuelo á las emociones del placer.La concurrencia entera se agolpó al rededor de las artistas: yo veia reproducidos los grupos en los espejos, pareciendo cuadros allí fijados, ó más bien vistas fotográficas de otros países. Aquellos viejos de anchas y relucientes calvas y cabellos canos colgando sobre los hombros; aquellas jóvenes como estampas de un periódico de modas; el perro junto á la chimenea; el jarron con flores sobre la consola; el retrato de Napoleon I en su caballo blanco cruzando los Alpes, todo me parecia que eran recuerdos que animaban en aquel instante mi fantasía.Redobles continuados de aplausos ardientes, acogieron las notas de aquel terceto en que la música fué el pretexto, la ejecucion un accesorio, y la vida y el drama de pasion estaba en las animadas fisonomías de aquellas celestiales hijas del Adriático.El gozo dejó caer su lluvia de hojas de rosa y sus rayos de oro, y tomó la concurrencia el carácter más agradable del mundo.Disputábanse las muchachas el piano y los cantos; americanos,rusos, ingleses, hebráicos y de todo el mundo, encontraron intérprete.Hay en México una cancion que tiene su fecha: no se conoce su autor, ni dos personas cantan los mismos versos. Es una cancioncilla que ni cruza dorados salones, ni se anida entre el populacho; vive como paloma consentida al calor de los corazones sensibles.Esa cancion que me parece es de mi amigo el apasionado Antonio Plaza, la arrullamos, la escondemos, es una confidencia y una duda; se exhala caliente con un beso; muere como un sollozo entre los labios de quien canta.La cancion evoca el recuerdo de la adorable clase media de mi patria; la polluela obstinada y heróica para el sacrificio, el galan rendido y esperando su ingreso al presupuesto para la realizacion de sus ensueños; lirio escondido para el escribiente de oficina; albor de luz risueña para el colegial que está al romper el huevo de la preparatoria y pretende volar á jurisprudencia ó medicina; desahogo del teniente, en las altas horas de la noche, que vela en su guardia, y éxtasis para el ranchero que va desde la hacienda á pasar el domingo en una ciudad de tierra adentro con su novia; esa cancion, cuyo nombre no recuerdo, pero dice en uno de sus versos, remendados como han querido los cantantes:Pero mi amor aun al delirio excede;Pero mi anhelo vence el cruel dolor;Mi corazon sufrir ya más no puede:Quiero morir, pero morir de amor,esa la cantóPasionen su castellano peculiar, con tal ternura, con tan intenso sentimiento, que la cancion vino á mí comouna querida que se lanza á nuestro cuello y nos envuelve en ella é inunda con sus cabellos nuestro rostro, y esculpe su semblante sobre nuestro abrasado corazon.México, sus guitarras, sus pollas, sus enamorados, su zócalo, sus noches de luna, todo vivia en aquella voz, y me requebraba y me enloquecia.... “Quíteme vd. de aquí, le dije á mi compañero, porque de fijo cometo una barbaridad si sigue ese canto.”La misma dificultad de la pronunciacion española; vamos! ¿para qué lo he de negar? me caia en gracia y me tenia trastornado el cerebro.Yo quiere mucho mi morir damore.Terminó la cancion: la Srita. Rotanzi recibió con suma amabilidad mis cumplimientos, y mi compañera dewagon, á quien llamaremos Clara, dijo: “La señorita dice, que quiere obtener de vd. un favor, M. Guillermo.—¡Favor! ¿quién no lo recibe sirviendo á la señorita?—Lo vamos á ver.—La señorita canta una cancion italiana, cuyos versos ha olvidado; quiere que vd. improvise los versos: nosotros haremos coro.A este anuncio, la concurrencia toda se puso en pié,Pasionensayó las primeras notas y en un momento estuvo en corriente el coro.Yo, sobre el piano, iba improvisando lo quePasioncantaba.Antes dijeron que me dieran el asunto de la cancion.Clarita dijo: “Figúrese vd. la vista del mar, la playa, elmuelle; el buque que se ve, está pronto á partir.... un jóven se despide de su patria, y de su amor....”Mil aplausos celebraron el asunto de Clarita.Comenzó la música....Pasion, inclinada, veia sobre mi hombro lo que yo iba escribiendo, y nacia en la voz dePasion, viva en mi oido, la idea que acababa de depositar en el papel mi corazon.El asunto, el compás acelerado y vehemente de los coros, la voz vibrante dePasion, la luz, la animacion de las fisonomías, todo realzaba el cuadro y lo hacia interesante.A medida que yo iba improvisando, tomaban parte todos en el coro y me estimulaban á continuar.Yo no sé de dónde aparecieron funcionando una flauta y un violin, despues un piston que clamaba sus sonoras notas con acentos apasionados.Yo, aunque hago esfuerzo, no puedo recordar lo que improvisaba; era el estallar de mis propios dolores; dejar su quejido á mis penas, guardando su revelacion en el misterio; eran alusiones á esos hondos infortunios que lloran dentro de nuestra alma y encuentran simpatías en todos los corazones.¡Oh patria! ¡oh sagrado nombre! ¿quién te pronuncia indiferente cuando teme perderte?Al último, viejos, mujeres, muchachos, todos cantábamos agolpados al piano y teniamos los ojos llenos de lágrimas.Pues, señor, no puedo recordar ni una estrofa de los tales versos, y ahora que no los puedo recordar, creo que estaban bonitos; ¡qué diantre de cosa!Miéntras nosotros componiamos y cantábamos, un viejo coronel italiano, de calva frente, frac con cinta en el ojaldel holgado redingote, y pierna de palo, habia mandado por unas botellas de Champaña, y al terminar el canto, entre hurras y palmadas, estalló una salva de taponazos para resucitar á los muertos.Por de contado, que yo era el amigo de todo el mundo, y vino aquello de losAlbums, y los encargos de epitafios, y todo lo que ya saben los copleros que esto lean, que acaso sean pocos.Clarita estaba ufana con su presentacion, como con un gorrillo nuevo: me llenó de agasajos, me presentó á su novio, me dijo que le habia hablado mucho de mí M. Lestalier, y que estaba cierta, cuando le hablé en elwagon, que yo era el viejoFidel, siempre amigo de las muchachas alegres y de las buenas mozas.Esto explica su fácil amabilidad con mi persona, en el encuentro delwagon.Aquella familia y aquella Clarita me dieron dias verdaderamente agradables.En una de mis visitas á Clarita, la hallé á la entrada de la casa, frente al jardin, bajo el pórtico cubierto de enredaderas, blanqueando entre los huecos del cortinaje de yerba.Vinieron á nosotros como aves parleras que buscan sus nidos, los recuerdos infantiles: me refirió Clarita sus dias de pobreza, y cómo debió su fortuna á una tia que tenia en gran veneracion, y de quien me contó la anécdota que van vdes. á saber:“Como digo de mi tia, era una mujer de humilde nacimiento, robusta como un carretero irlandés y con un buen sentido que ya envidiarian más de cuatro gobernantes de naciones.“La santa señora era viuda y solo me tenia á mí en el mundo; á mí que perdí á mis padres desde mi tierna infancia y quedé á sus expensas, porque ella era hermana de mi padre.“Luchando á brazo partido con la miseria, se hundia su buque y ella sobrenadaba dejando media vida en la lucha.“Algunos de los amigos más íntimos de mi tia, sumidos como ella en la desgracia, pensaron en alzar el vuelo, seducidos no sé por qué leyendas de ventura, y situarse en las inmediaciones de San Francisco California.“Omito decir á vd. cuántos fueron los trabajos para disponer la partida, las despedidas y lágrimas de los viejos, el contento de los muchachos y lo romancesco que es lanzarse sin un cuarto á correr aventuras en tierras desconocidas.“El terror á los peligros, la esperanza de la adquisicion de una fortuna y una posicion, los proyectos frustrados, las ilusiones deslumbradoras.“Despues de establecidos en Oakland, y no sé al cabo de cuántas fatigas, mi tia hacia sus pequeños acopios de carne salada, y se contrató en una línea de vapores para hacer su tráfico á la Baja California y Guaymas.“Parece que la estoy viendo con su gran falla de lienzo blanco, los rizos de sus canas saliendo sobre sus sienes, su pañolon de madraz, su burdo vestido negro y sus chinelas de gruesas suelas, como un marino. Ella era sin embargo fresca, derecha y hermosa.“Su honradez, su comedimiento, y su desembarazo para servir en cuanto se ofrecia, la hicieron muy querida, especialmente del capitan, jóven americano, franco, alegre, valiente, liberal y comedido con las mujeres.“Mi tia fué como la madre de aquella tripulacion: ella veia al capitan como á su hijo, y acrecia su fortuna, al punto de que ya Mme.Peplier conducia, no un barril de salazon, sino barriles, y se hallaba al frente de un tráfico respetable.“Yo estaba, aunque niña, al frente de los trabajos de la casa.“El capitalito de mi tia seria de unos 10,000 pesos: ella contrataba los cerdos, compraba semillas, regañaba, escribia y navegaba como un Nelson.“Cuando nuestra fortuna parecia más propicia, cátese vd. que se va poniendo una línea de vapores y establece la competencia á la línea de M. Prittson, protector de mi tia.“Los vapores de nuestra línea eran hermosísimos y andadores; los de la competencia les igualaron: dispusieron los contrarios que hubiese á bordo de sus barcos soberbias músicas que atrajeran el concurso; las músicas que nosotros llamamos á bordo eran de más renombre: anunció entónces la Compañía competidora pasajes grátis; la nuestra prometió grátis el pasaje y la comida: entónces, grandes carteles llamaron á bailes suntuosos en los vapores de la Compañía enemiga; y parvadas de lindas muchachas poblaron las cubiertas de nuestros barcos.“Fijóse, pues, la competencia en la celeridad, sin que en tres viajes consecutivos se pudiese sacar la ventaja una á otra línea.“Tratábase de una guerra en forma, hacíanse cuantiosas apuestas, la gente de mar se dividió en bandos, y las tripulaciones de los buques, de mil amores habrian convertido en naval batalla, aquella porfiada competencia.“Al partir los buques de los muelles y al llegar á su destino,millares de espectadores agitaban sus pañuelos, alzaban en alto sus sombreros y saludaban con hurras y palmadas á los campeones marítimos.“En uno de esos viajes, acaso el más empeñado, en medio de la travesía faltó carbon á la línea de M. Prittson, en que iba mi tia; la congoja fué inmensa, la desesperacion tocaba á su colmo, la tripulacion acarreaba de sobre cubierta cuanto podia servir de combustible, y todo lo devoraba en instantes la llama, levantándose remolinos de humo en la agonía del fuego, que anunciaba vergüenza y derrota.“Mi tia, con el valor de Juana de Arco, con una intrepidez digna de los tiempos fabulosos, se puso al frente de la desesperada situacion.“Mandó que se arrojase al fuego cuanto habia en las bodegas, excitaba á los marinos, alentaba los ánimos caidos, predecia la victoria, anticipando su entusiasmo; pero faltaba el combustible: entónces, y sin esfuerzo, como por una inspiracion salvadora, mandó atizar las calderas con su barrilaje de lardo; la llama, alimentada, revive; el vapor cobra demasiado empuje; la tripulacion se alienta; el buque se reanima, y volando sobre las aguas, llega triunfal al puerto, con la valerosa matrona en la popa, que se habia apoderado y revoleaba la bandera americana.“La línea competidora no sobrevivió á su derrota; á mi tia le hicieron grandes obsequios: no obstante que en sus barriles de lardos cifraba su fortuna, rehusó que se los pagasen, diciendo que cuando la Compañía estuviese en fondos, repartiese el valor de sus barriles entre los bravos marinos que habian alcanzado aquella victoria.“La prensa, con sus mil trompetas, publicó estos sucesos,y del fondo del Kentuky vino un riquísimo banquero, hizo la corte á mi tia y se casó con ella, declarándola poseedora de una opulenta fortuna.“De esa fortuna participé yo, y ve vd. que mis títulos de nobleza son tan buenos, como los de cualquier potentado europeo.”Clarita fué de las personas más queridas para mí.Al separarme esa noche de la tertulia, dejé escritos en su Album estos versos, que no puedo decir que improvisé, porque yo jamás hago otra cosa:A CLARA——¿Habrá una cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Cuanto más miro tu cara,La miro con más placer.——Es hermoso hallar el diaEn el limpio azul del cielo,Cuando sin un solo veloLa aurora su luz envía....Pero pasa esa alegría....¿Y habrá una cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,La miro con más placer.——Dios mismo quiso adunarEn tu nacer, jóven bella,Lo apacible de la estrellaA lo grandioso del mar.Podrá su encanto pasar;Pero, ¿habrá cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,La miro con más placer.——En ella brilla el contento,En ella el alma más pura,Sabe realzar la hermosuraCon las gracias del talento....Así es momento á momento,Porque, ¿habrá cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,Mucho más la quiero ver.——Se tiembla de que haya un diaQue nuble tus negros ojosY provoque tus enojosVoluble, la suerte impía.Yo niego tal tiranía,Porque, ¿habrá cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,Mucho más la quiero ver.——Es un festin de hermosuraEse mirar y ese cuello,Y esas ondas de cabelloContraste de tu blancura.El mirarlo da ventura;Por eso no es cosa rara,Clara,Aunque no lo quieras creer,Que mirándote la cara,Mucho más la quiero ver.——Voy á partir, y te dejo,No mis recuerdos de amores,Sí de mi patria unas floresPara adorno de tu espejo.Porque, por más que estoy viejo,Es una cosa muy rara,Clara:Aunque no lo quieras creer,Siento haber visto tu cara,Porque no la vuelvo á ver.Alta California, Marzo 29 de 1877.Guillermo Prieto.
XXIVCasas de habitacion.—Baños turcos y rusos.—Una aventura de wagon.AUNQUE he hablado con mucha repeticion de las casas americanas, insistiendo en su uniformidad, haciendo comprender que calles enteras parecen hechas con molde, mejor dicho, que se tiran ejemplares de casas, como de un aviso ó de un retrato fotográfico, quiero ahora que he penetrado en el interior de varias de esas casas, consignar mis recuerdos.La casa americana ocupa un cuadrilongo, dividido en dos terceras partes para la habitacion y otra para corral ó seccion interior á la espalda de la habitacion, en que se deposita la leña y el carbon, se solazan pollos y gallinas, y por lo comun se hacinan toda clase de trebejos: allí suele existir el depósito de la agua.Entremos á la habitacion. En su parte interior, corre del uno al otro extremo un angosto pasadizo, á donde dan por un lado las puertas de las piezas del primer piso y por el otro da la escalera al piso ó los pisos superiores.A la entrada de la calle existe siempre, en uno de los costados del pasadizo, un mueble como tocador con su armazon, para depositar bastones y paraguas, y su perchero, pues así deberia llamarse donde se colocan sombreros y abrigos y puede asearse la visita para presentarsecome il faut: debajo de la escalera está imperturbablemente la despensa, en que se guardan las provisiones todas de la familia.El pasadizo descrito conduce al salon. Este, en general, es extenso: en su centro se levanta un arco y ese arco sustenta un cancel de tablas corredizo, que divide, cuando se requiere, el salon en dos salones pequeños, segun las distribuciones de la casa.Siguen al salon dos ó tres cuartos, y en el fondo del pasadizo están ubicados el baño y el comun (water closer), departamento con agua corriente, perfectamente aseado, y al que se dan siempre nombres que no despierten ideas desagradables.Del pasadizo parten dos escaleras; una ascendente, la otra descendente: la primera conduce á las recámaras, con sus ventanas, su comun inglés y sucloseró perchero para la ropa. En esas habitaciones hay tambien su baño.La escalera que desciende lleva al comedor, en elbassementó subterráneo, porque está hundido medio cuerpo y solo asoma los ojos de sus ventanas al jardin exterior ó la banqueta de la calle.En el comedor se ve una alacena, que no es propiamentesino ventana ó punto de comunicacion con la cocina, lugar por donde se sirve, sin percibirse desde la primera pieza el tragin de la oficina culinaria, ni dar lugar á las disputas de los criados.Las piezas de los varios pisos, en su espalda, se comunican con el corral.Pero en todo esto no hay un claro de luz, ni un pedazo de cielo, sino el que se ve por las ventanas: cada casa es un estuche; con una asa en la azotea, se podria trasportar como una portavianda: es una construccion como de buque; son cajones de madera más bien para empaque que para habitacion: de ahí nace la tendencia á la vida exterior y al aire libre. En esas pichoneras nos asfixiariamos los mexicanos.En las construcciones de San Francisco y en casi todas las de los Estados-Unidos, hay una singularidad. Puertas y ventanas, sin excepcion alguna, son del mismo tamaño, las mismas dimensiones para marcos y vidrios, el mismo herraje y hasta el propio color, de suerte que pérdidas y deterioros se reparan con la mayor facilidad, y las casas enteras están en fracciones, de suerte que no es más que armarlas. Las improvisaciones son muy comunes.Los artesanos trabajan centuplicados ejemplares de celosías, de goznes, de todos los artículos de carpintería y herrería, y aun familias hay que parece tienen una especie de balero para reproducir individualidades exactamente iguales.Cuando salen del órden comun las habitaciones, entónces esas cajas que hemos descrito cobran mayores dimensiones; ostenta en ellas sus primores la arquitectura, y están ubicadas en el centro de un jardin delicioso en que se admiranestatuas soberbias, se deleita la vista con fuentes y cascadas, y se recrea con la competencia de los primores de la naturaleza y del arte.Ocupábame de las apuntaciones anteriores, para dar á conocer las casas de habitacion de San Francisco y de la mayor parte de las ciudades de los Estados-Unidos, cuando, como lo tenian de costumbre mis amigos, que se esmeraban en prepararme diariamente una nueva sorpresa, llegaron, no obstante que corria un cierzo cruel, con la peregrina ocurrencia de llevarme á tomar unbaño turco.—Hombre, vdes. se han vuelto locos! Si en mi tierra, y con su aire amoroso y las aguas dulcemente templadas, esto del baño lo veo como asunto de pensarse sériamente, ¿qué será aquí? Vayan vdes. con la música á otra parte.Instaron, resistí; persuadió Alatorre, forzó Ibarra, espiaron todos mis lados débiles, y dí al traste con mis propósitos, no sin ofrecer y cumplir que seria simple espectador en el lance de aprender de condenado, con que me brindaban.Hicimos la excursion: contaria maravillas si la describiese puntualmente. Despues que los bañadores salieron frescos y rozagantes, tuvieron la bondad de mostrarme el establecimiento, que tiene el nombre de “Hamman” y está en la conjuncion de las calles de Dupont y del Mercado.Los baños turcos de que hablo se construyeron bajo la direccion del Dr. Loryea, quien ántes de poner mano á la obra habia recorrido por todo el universo mundo los más famosos establecimientos de su género.Proponíame hacer la descripcion lo mejor que pudiese,cuando cayó en mis manos la traduccion que del inglés hizo mi amado amigo y hermano Francisco Urquidi, del periódicoOverland Montly, que conservaba inédito entre sus papeles, y que yo me tomé la libertad de extractar y acomodar al tono de esta obrilla. Oigamos:“Subiendo la calle de Dupont, el viajero se detiene ante una hermosa fuente de bronce, cuyos elevados chorros brillan con el sol.“Sobre la puerta que da entrada al establecimiento que vamos á describir, hay una inscripcion primorosamente ejecutada, que dice en árabe: “Bismi Uah Allá il Allá.”“A la derecha de la entrada se ve un departamento provisto de refrescos y de estimulantes adecuados: á la izquierda está el despacho, que se comunica por medio de tubos con los diferentes departamentos del “Hamman.” Allí es donde el bañador deposita sus prendas, inscribe su nombre y recibe su boleto. Despues de estos preliminares, penetra almustabyó cuarto fresco, cuyo centro está ocupado por una especie de tina de mármol blanco, de seis piés de profundidad, seis de ancho y como seis varas de largo. En ese departamento derrama sus purísimas aguas una hermosa fuente de plata.“A cada lado de la fuente hay piezas para descansar y para fumar, espléndidamente amuebladas y separadas cada una de ellas por cortinajes y tableros de madera calada y labrada, por donde penetra, como adelgazándose y refrescándose, el aire.“Los techos y paredes están magníficamente pintados al fresco. El dia penetra en aquellas estancias por dos grandes tragaluces circulares cubiertos de vidrios de colores,cuyos matices están graduados de manera que impresionen con la sensacion de frescura que se experimenta en aquel recinto.“Sobre todas las puertas y algunas paredes, hay sentencias tomadas del Koran y preces que se dirigen al consuelo de las buenas almas de Moslen.“Inmensos espejos reproducen por todas partes los objetos, y el visitador, con aquella luz ténue, aquel murmurar de la fuente, aquel sosiego y frescura, se siente dominado por una languidez soñolienta, voluptuosa, esencialmente oriental, viendo, al mismo tiempo que crece su ilusion de lo turco, lo pérsico y lo asiático que le rodea.“Con precaucion científica, se han cubierto los suelos de una hermosa estera de la India, para que no se conserve el menor calor.“Elmustabyó pieza del fresco y del frio, es elopodyterium, cónclave óspoliatorumde los romanos.“Contiguo almustabyestá eltepideryum, correspondiente al “mas” de los indios y alpisciniumde los romanos. Este es el cuarto ó la cámara caliente que con constancia se mantiene de 120° á 130° Fharenheit.“En este departamento todo corresponde al nombre que lo anuncia, y concurre á producir el calor.“La inmediata en el órden de las piezas es elcalidariumósudatorium, que corresponde á los baños de piedra caliente de los rusos, irlandeses y algunas tribus de América. El calor de esta pieza es de 160° á 180° y puede aumentarse á discrecion del superintendente. Aquí tambien cada cosa está en relacion con el nombre y uso del departamento. Toda la pieza es de mármol, y de mármol la gran mesaque se halla en el centro, rodeada de sillones de mármol tambien, destinada para el procedimiento sudatorio, que es muy singular.“Todos los empleados de los baños son turcos, educados en aquel oficio desde la edad de ocho años.“Los dependientes trabajan generalmente ocho años en los baños, y si se debilitasen por estar expuestos tanto tiempo á tan alta temperatura, se notaria en su apariencia, lo cual no sucede.“El hermoso cielo arqueado delcalidarium, refleja é irradia el calor con igualdad por toda la pieza, iluminada por soberbios candelabros de exquisito gusto y en perfecta armonía con sus accesorios.“Separados de esta pieza por gruesas cortinas de fieltro, hechas é importadas especialmente para su objeto, hay otros tres departamentos más chicos, en dos de los cuales la temperatura es mucho más alta que en la pieza principal. Habiendo pasado por elcalidariumy sus auxiliares, el visitante encuentra la entrada de las señoras enBagley Place, donde una escalera volada une el segundo y tercer piso, estando destinado el segundo al uso de ellas y el tercero á toda clase de baños medicinales.“Las piezas de las señoras están suntuosamente amuebladas y profusamente provistas de cuanto puede conducir al deleite.“La pieza destinada á los baños de vapor mercurial, está toda compuesta de espejos trasparentes, de manera que quien se baña pueda ser visto por el facultativo; esta es una nueva y valiosa idea introducida por el Dr. Loryea.“Sin emprender una descripcion de los departamentos delas señoras, los cuales solo vistos se les puede hacer justicia, inspira una gran admiracion la manera con que las investigaciones de la ciencia han sido utilizadas y combinadas para hacer el “Hamman” tan perfecto como es posible.“Es un hecho establecido, que la química suministra el modo de extraer los ingredientes activos de las aguas medicinales, por medio de lo cual pueden ser trasportadas, en pequeño volúmen, disueltas de nuevo y reproducidas las aguas, sin pérdida alguna de sus efectos, sino ántes bien, con el poder de remediar algunos defectos existentes en las aguas originales, y asegurando por tanto la certeza en su operacion, que no se obtiene siempre en su estado primitivo.“El Dr. Loryea se ha servido felizmente de la ayuda que proporciona la química, y despues de haber examinado á fondo los principios activos de las más célebres aguas sanitarias de Europa, ha condensado aquellos principios y está preparado para administrar los baños de más nota en el mundo. Puede uno allí tomar los baños de mar del Mediterráneo, sin pasar el estrecho de Gibraltar; los baños de carbonato ó alcalinos de Vichy, están á nuestras puertas; los famosos baños de la serpiente de Schlaugenbad, han sido trasportados á la ciudad; los de Kesselbrunen, Swalbash, Mariembad y Bareges, se han establecido aquí.“Baños eléctricos administrados por diestros operadores, y hasta baños cosméticos perfumados, para entonar la complexion delicada, encontramos entre estos prodigios neptunianos.“Las cuasi fabulosas virtudes de Bethesda, Siloam y elJordan, han sido restauradas y concentradas para nuestro regalo.”Tal es la descripcion de los famosos baños turcos.Miéntras los tomaban mis compañeros, yo conversaba en la pieza de la entrada con unamateur, que disertó conmigo de lo lindo sobre las excelencias del remojo humano.Elamateurtenia sus puntas de erudito y de médico; disertaba sobre las excelencias de los baños de aire para conservar libres los poros.Yo, que deseaba no quedar en mal concepto con aquel personaje tan entendido, y á la vez tan obsequioso, emprendí una disertacion sobre elTemascalliazteca, que yo mismo por dentro me dí coraje de verme tan charlatan: despues me he persuadido de que es enfermedad que acomete sin sentir al viajero.Aquella indiezuela doliente que quiere vivificar su sangre y su existencia, para renovar, despues de ser madre, sus gracias para presentarse al esposo.El local, especie de horno con su depósito de agua interior, en que hace sus abluciones la jóven para exponerse á las devorantes caricias de un aire como llama; el lienzo que se agita y con el aire que despide refresca sus formas como envolviéndola en deliciosas emociones; las ramas de árbol empapadas en agua helada y sacudidas sobre la piel, tostada casi por la temperatura del horno.... yo no sé como expresé todo esto, que el desconocido compañero, primero escuchó atónito, despues tomó apuntes, renovó sus obsequios y me ofreció muy formalmente que pronto tendria la dicha de participarme el establecimiento delTemascalliazteca en San Francisco.Mis compañeros salieron complacidos al extremo de los baños turcos; no así un español cejijunto y de alborotado cabello sobre la frente, que aseguraba haber pasado las penas del purgatorio, y que al sentirse en el cuarto caliente, echó á correr, desnudo como estaba, golpeando las puertas y pidiendo socorro por haber caido en el mismo infierno!Separéme de mis compañeros, y como de costumbre, me metí al acaso en el primer wagon que atravesaba, sin cuidarme de la direccion que llevaba, y como lugar cómodo para ir haciendo mis apuntaciones. Elwagoncitourbano la llevaba larga.Quedamos gran trecho de tiempo, y casi á la salida de la ciudad, dos pasajeros que nos espiábamos sobre nuestros respectivos libros.Uno de estos transeuntes no era pasajero, era pasajera; pero la hembra más excitadora del mundo para esto de la conversacion.La señorita era francesa, ó por lo ménos sabia francés, á dar crédito al libro que llevaba abierto en las manos; este descubrimiento ya era algo para aquel á quien iba sabiendo la boca á medalla.Yo veia, tosia.... dejaba escapar una que otra palabra como hablando á solas.... y recordaba los usos de la tierra.... y me estaba fuerte.... al fin, ella, dizque entregada á su lectura, alzó la voz.... leia el “Viaje á Oriente” de Lamartine, con acento tan dulce y con tan apasionada modulacion, que yo, sin que al caso viniese, ni saber precisamente de lo que se trataba.... me acerqué, como enajenado con la lectura, diciendo:—“¡Oh: señorita, eso es divino,divino, Lamartine es mi poeta....!” Por supuesto que tales exclamaciones requerian cierto acortamiento de distancias....Así se entabló la conversacion, primero desconfiada y curiosa, despues franca y cordial, haciendo la señorita la debida justicia á mis años, y dando esto soltura á nuestra naciente relacion.En frente de la parte despoblada de la calle de Franklin, se detuvo, cambiamos nuestras tarjetas y me invitó para su tertulia en la calle de Washington; tertulia que se verificaba los miércoles y á la que asistia Mr. Lestalié, jóven comerciante á quien profeso particular cariño, que me habia presentado á la mejor sociedad francesa de San Francisco.Como es de suponerse, acudí puntual á la cita.El tabique de la sala de la tertulia Washington se habia corrido: en una de las secciones se charlaba, se tomaban refrescos, bizcochos y dulces: la otra seccion estaba consagrada á los artistas que ocupaban el piano, cantaban y hacian ostentacion de sus notables habilidades.En el rol de los artistas unas jóvenes italianas, las Sritas. Rotanzi, deslumbradoras de gracia y sentimiento, rodearon el piano, reclamando su nombre la atencion universal.Interrumpióse el cuchicheo delicioso de viajes, de modas, de amores y de bromas sabrosas, y las tres artistas preludiaron un canto en medio del silencio más profundo.Si á mí me hubiera tocado en suerte bautizar á las tres señoritas, que sin pretenderlo se imponian á nuestra admiracion, á una hubiera llamadoEnsueño, á la otraPasionéInocenciaá la tercera.Ensueñosoltó sobre las teclas las deliciosas armoníasque estaban escondidas entre sus dedos, y dejó flotar en el éter invisible, la inspiracion divina que se anidaba en su mente.Alentadas con aquel ensayo, piando primero, despues en torbellino de notas estusiastas, al último, en requiebro apasionado de desesperacion, de locura y gemidos, se seguian las voces como cuando á dos aves en el espacio separa el viento y luchan por reunirse, y ráfagas tempestuosas las dividen, hasta juntarse y guarecerse bajo una rama amiga, reprimiendo los sollozos para dar vuelo á las emociones del placer.La concurrencia entera se agolpó al rededor de las artistas: yo veia reproducidos los grupos en los espejos, pareciendo cuadros allí fijados, ó más bien vistas fotográficas de otros países. Aquellos viejos de anchas y relucientes calvas y cabellos canos colgando sobre los hombros; aquellas jóvenes como estampas de un periódico de modas; el perro junto á la chimenea; el jarron con flores sobre la consola; el retrato de Napoleon I en su caballo blanco cruzando los Alpes, todo me parecia que eran recuerdos que animaban en aquel instante mi fantasía.Redobles continuados de aplausos ardientes, acogieron las notas de aquel terceto en que la música fué el pretexto, la ejecucion un accesorio, y la vida y el drama de pasion estaba en las animadas fisonomías de aquellas celestiales hijas del Adriático.El gozo dejó caer su lluvia de hojas de rosa y sus rayos de oro, y tomó la concurrencia el carácter más agradable del mundo.Disputábanse las muchachas el piano y los cantos; americanos,rusos, ingleses, hebráicos y de todo el mundo, encontraron intérprete.Hay en México una cancion que tiene su fecha: no se conoce su autor, ni dos personas cantan los mismos versos. Es una cancioncilla que ni cruza dorados salones, ni se anida entre el populacho; vive como paloma consentida al calor de los corazones sensibles.Esa cancion que me parece es de mi amigo el apasionado Antonio Plaza, la arrullamos, la escondemos, es una confidencia y una duda; se exhala caliente con un beso; muere como un sollozo entre los labios de quien canta.La cancion evoca el recuerdo de la adorable clase media de mi patria; la polluela obstinada y heróica para el sacrificio, el galan rendido y esperando su ingreso al presupuesto para la realizacion de sus ensueños; lirio escondido para el escribiente de oficina; albor de luz risueña para el colegial que está al romper el huevo de la preparatoria y pretende volar á jurisprudencia ó medicina; desahogo del teniente, en las altas horas de la noche, que vela en su guardia, y éxtasis para el ranchero que va desde la hacienda á pasar el domingo en una ciudad de tierra adentro con su novia; esa cancion, cuyo nombre no recuerdo, pero dice en uno de sus versos, remendados como han querido los cantantes:Pero mi amor aun al delirio excede;Pero mi anhelo vence el cruel dolor;Mi corazon sufrir ya más no puede:Quiero morir, pero morir de amor,esa la cantóPasionen su castellano peculiar, con tal ternura, con tan intenso sentimiento, que la cancion vino á mí comouna querida que se lanza á nuestro cuello y nos envuelve en ella é inunda con sus cabellos nuestro rostro, y esculpe su semblante sobre nuestro abrasado corazon.México, sus guitarras, sus pollas, sus enamorados, su zócalo, sus noches de luna, todo vivia en aquella voz, y me requebraba y me enloquecia.... “Quíteme vd. de aquí, le dije á mi compañero, porque de fijo cometo una barbaridad si sigue ese canto.”La misma dificultad de la pronunciacion española; vamos! ¿para qué lo he de negar? me caia en gracia y me tenia trastornado el cerebro.Yo quiere mucho mi morir damore.Terminó la cancion: la Srita. Rotanzi recibió con suma amabilidad mis cumplimientos, y mi compañera dewagon, á quien llamaremos Clara, dijo: “La señorita dice, que quiere obtener de vd. un favor, M. Guillermo.—¡Favor! ¿quién no lo recibe sirviendo á la señorita?—Lo vamos á ver.—La señorita canta una cancion italiana, cuyos versos ha olvidado; quiere que vd. improvise los versos: nosotros haremos coro.A este anuncio, la concurrencia toda se puso en pié,Pasionensayó las primeras notas y en un momento estuvo en corriente el coro.Yo, sobre el piano, iba improvisando lo quePasioncantaba.Antes dijeron que me dieran el asunto de la cancion.Clarita dijo: “Figúrese vd. la vista del mar, la playa, elmuelle; el buque que se ve, está pronto á partir.... un jóven se despide de su patria, y de su amor....”Mil aplausos celebraron el asunto de Clarita.Comenzó la música....Pasion, inclinada, veia sobre mi hombro lo que yo iba escribiendo, y nacia en la voz dePasion, viva en mi oido, la idea que acababa de depositar en el papel mi corazon.El asunto, el compás acelerado y vehemente de los coros, la voz vibrante dePasion, la luz, la animacion de las fisonomías, todo realzaba el cuadro y lo hacia interesante.A medida que yo iba improvisando, tomaban parte todos en el coro y me estimulaban á continuar.Yo no sé de dónde aparecieron funcionando una flauta y un violin, despues un piston que clamaba sus sonoras notas con acentos apasionados.Yo, aunque hago esfuerzo, no puedo recordar lo que improvisaba; era el estallar de mis propios dolores; dejar su quejido á mis penas, guardando su revelacion en el misterio; eran alusiones á esos hondos infortunios que lloran dentro de nuestra alma y encuentran simpatías en todos los corazones.¡Oh patria! ¡oh sagrado nombre! ¿quién te pronuncia indiferente cuando teme perderte?Al último, viejos, mujeres, muchachos, todos cantábamos agolpados al piano y teniamos los ojos llenos de lágrimas.Pues, señor, no puedo recordar ni una estrofa de los tales versos, y ahora que no los puedo recordar, creo que estaban bonitos; ¡qué diantre de cosa!Miéntras nosotros componiamos y cantábamos, un viejo coronel italiano, de calva frente, frac con cinta en el ojaldel holgado redingote, y pierna de palo, habia mandado por unas botellas de Champaña, y al terminar el canto, entre hurras y palmadas, estalló una salva de taponazos para resucitar á los muertos.Por de contado, que yo era el amigo de todo el mundo, y vino aquello de losAlbums, y los encargos de epitafios, y todo lo que ya saben los copleros que esto lean, que acaso sean pocos.Clarita estaba ufana con su presentacion, como con un gorrillo nuevo: me llenó de agasajos, me presentó á su novio, me dijo que le habia hablado mucho de mí M. Lestalier, y que estaba cierta, cuando le hablé en elwagon, que yo era el viejoFidel, siempre amigo de las muchachas alegres y de las buenas mozas.Esto explica su fácil amabilidad con mi persona, en el encuentro delwagon.Aquella familia y aquella Clarita me dieron dias verdaderamente agradables.En una de mis visitas á Clarita, la hallé á la entrada de la casa, frente al jardin, bajo el pórtico cubierto de enredaderas, blanqueando entre los huecos del cortinaje de yerba.Vinieron á nosotros como aves parleras que buscan sus nidos, los recuerdos infantiles: me refirió Clarita sus dias de pobreza, y cómo debió su fortuna á una tia que tenia en gran veneracion, y de quien me contó la anécdota que van vdes. á saber:“Como digo de mi tia, era una mujer de humilde nacimiento, robusta como un carretero irlandés y con un buen sentido que ya envidiarian más de cuatro gobernantes de naciones.“La santa señora era viuda y solo me tenia á mí en el mundo; á mí que perdí á mis padres desde mi tierna infancia y quedé á sus expensas, porque ella era hermana de mi padre.“Luchando á brazo partido con la miseria, se hundia su buque y ella sobrenadaba dejando media vida en la lucha.“Algunos de los amigos más íntimos de mi tia, sumidos como ella en la desgracia, pensaron en alzar el vuelo, seducidos no sé por qué leyendas de ventura, y situarse en las inmediaciones de San Francisco California.“Omito decir á vd. cuántos fueron los trabajos para disponer la partida, las despedidas y lágrimas de los viejos, el contento de los muchachos y lo romancesco que es lanzarse sin un cuarto á correr aventuras en tierras desconocidas.“El terror á los peligros, la esperanza de la adquisicion de una fortuna y una posicion, los proyectos frustrados, las ilusiones deslumbradoras.“Despues de establecidos en Oakland, y no sé al cabo de cuántas fatigas, mi tia hacia sus pequeños acopios de carne salada, y se contrató en una línea de vapores para hacer su tráfico á la Baja California y Guaymas.“Parece que la estoy viendo con su gran falla de lienzo blanco, los rizos de sus canas saliendo sobre sus sienes, su pañolon de madraz, su burdo vestido negro y sus chinelas de gruesas suelas, como un marino. Ella era sin embargo fresca, derecha y hermosa.“Su honradez, su comedimiento, y su desembarazo para servir en cuanto se ofrecia, la hicieron muy querida, especialmente del capitan, jóven americano, franco, alegre, valiente, liberal y comedido con las mujeres.“Mi tia fué como la madre de aquella tripulacion: ella veia al capitan como á su hijo, y acrecia su fortuna, al punto de que ya Mme.Peplier conducia, no un barril de salazon, sino barriles, y se hallaba al frente de un tráfico respetable.“Yo estaba, aunque niña, al frente de los trabajos de la casa.“El capitalito de mi tia seria de unos 10,000 pesos: ella contrataba los cerdos, compraba semillas, regañaba, escribia y navegaba como un Nelson.“Cuando nuestra fortuna parecia más propicia, cátese vd. que se va poniendo una línea de vapores y establece la competencia á la línea de M. Prittson, protector de mi tia.“Los vapores de nuestra línea eran hermosísimos y andadores; los de la competencia les igualaron: dispusieron los contrarios que hubiese á bordo de sus barcos soberbias músicas que atrajeran el concurso; las músicas que nosotros llamamos á bordo eran de más renombre: anunció entónces la Compañía competidora pasajes grátis; la nuestra prometió grátis el pasaje y la comida: entónces, grandes carteles llamaron á bailes suntuosos en los vapores de la Compañía enemiga; y parvadas de lindas muchachas poblaron las cubiertas de nuestros barcos.“Fijóse, pues, la competencia en la celeridad, sin que en tres viajes consecutivos se pudiese sacar la ventaja una á otra línea.“Tratábase de una guerra en forma, hacíanse cuantiosas apuestas, la gente de mar se dividió en bandos, y las tripulaciones de los buques, de mil amores habrian convertido en naval batalla, aquella porfiada competencia.“Al partir los buques de los muelles y al llegar á su destino,millares de espectadores agitaban sus pañuelos, alzaban en alto sus sombreros y saludaban con hurras y palmadas á los campeones marítimos.“En uno de esos viajes, acaso el más empeñado, en medio de la travesía faltó carbon á la línea de M. Prittson, en que iba mi tia; la congoja fué inmensa, la desesperacion tocaba á su colmo, la tripulacion acarreaba de sobre cubierta cuanto podia servir de combustible, y todo lo devoraba en instantes la llama, levantándose remolinos de humo en la agonía del fuego, que anunciaba vergüenza y derrota.“Mi tia, con el valor de Juana de Arco, con una intrepidez digna de los tiempos fabulosos, se puso al frente de la desesperada situacion.“Mandó que se arrojase al fuego cuanto habia en las bodegas, excitaba á los marinos, alentaba los ánimos caidos, predecia la victoria, anticipando su entusiasmo; pero faltaba el combustible: entónces, y sin esfuerzo, como por una inspiracion salvadora, mandó atizar las calderas con su barrilaje de lardo; la llama, alimentada, revive; el vapor cobra demasiado empuje; la tripulacion se alienta; el buque se reanima, y volando sobre las aguas, llega triunfal al puerto, con la valerosa matrona en la popa, que se habia apoderado y revoleaba la bandera americana.“La línea competidora no sobrevivió á su derrota; á mi tia le hicieron grandes obsequios: no obstante que en sus barriles de lardos cifraba su fortuna, rehusó que se los pagasen, diciendo que cuando la Compañía estuviese en fondos, repartiese el valor de sus barriles entre los bravos marinos que habian alcanzado aquella victoria.“La prensa, con sus mil trompetas, publicó estos sucesos,y del fondo del Kentuky vino un riquísimo banquero, hizo la corte á mi tia y se casó con ella, declarándola poseedora de una opulenta fortuna.“De esa fortuna participé yo, y ve vd. que mis títulos de nobleza son tan buenos, como los de cualquier potentado europeo.”Clarita fué de las personas más queridas para mí.Al separarme esa noche de la tertulia, dejé escritos en su Album estos versos, que no puedo decir que improvisé, porque yo jamás hago otra cosa:A CLARA——¿Habrá una cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Cuanto más miro tu cara,La miro con más placer.——Es hermoso hallar el diaEn el limpio azul del cielo,Cuando sin un solo veloLa aurora su luz envía....Pero pasa esa alegría....¿Y habrá una cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,La miro con más placer.——Dios mismo quiso adunarEn tu nacer, jóven bella,Lo apacible de la estrellaA lo grandioso del mar.Podrá su encanto pasar;Pero, ¿habrá cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,La miro con más placer.——En ella brilla el contento,En ella el alma más pura,Sabe realzar la hermosuraCon las gracias del talento....Así es momento á momento,Porque, ¿habrá cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,Mucho más la quiero ver.——Se tiembla de que haya un diaQue nuble tus negros ojosY provoque tus enojosVoluble, la suerte impía.Yo niego tal tiranía,Porque, ¿habrá cosa más rara,Clara,Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,Mucho más la quiero ver.——Es un festin de hermosuraEse mirar y ese cuello,Y esas ondas de cabelloContraste de tu blancura.El mirarlo da ventura;Por eso no es cosa rara,Clara,Aunque no lo quieras creer,Que mirándote la cara,Mucho más la quiero ver.——Voy á partir, y te dejo,No mis recuerdos de amores,Sí de mi patria unas floresPara adorno de tu espejo.Porque, por más que estoy viejo,Es una cosa muy rara,Clara:Aunque no lo quieras creer,Siento haber visto tu cara,Porque no la vuelvo á ver.Alta California, Marzo 29 de 1877.Guillermo Prieto.
Casas de habitacion.—Baños turcos y rusos.—Una aventura de wagon.
AUNQUE he hablado con mucha repeticion de las casas americanas, insistiendo en su uniformidad, haciendo comprender que calles enteras parecen hechas con molde, mejor dicho, que se tiran ejemplares de casas, como de un aviso ó de un retrato fotográfico, quiero ahora que he penetrado en el interior de varias de esas casas, consignar mis recuerdos.
La casa americana ocupa un cuadrilongo, dividido en dos terceras partes para la habitacion y otra para corral ó seccion interior á la espalda de la habitacion, en que se deposita la leña y el carbon, se solazan pollos y gallinas, y por lo comun se hacinan toda clase de trebejos: allí suele existir el depósito de la agua.
Entremos á la habitacion. En su parte interior, corre del uno al otro extremo un angosto pasadizo, á donde dan por un lado las puertas de las piezas del primer piso y por el otro da la escalera al piso ó los pisos superiores.
A la entrada de la calle existe siempre, en uno de los costados del pasadizo, un mueble como tocador con su armazon, para depositar bastones y paraguas, y su perchero, pues así deberia llamarse donde se colocan sombreros y abrigos y puede asearse la visita para presentarsecome il faut: debajo de la escalera está imperturbablemente la despensa, en que se guardan las provisiones todas de la familia.
El pasadizo descrito conduce al salon. Este, en general, es extenso: en su centro se levanta un arco y ese arco sustenta un cancel de tablas corredizo, que divide, cuando se requiere, el salon en dos salones pequeños, segun las distribuciones de la casa.
Siguen al salon dos ó tres cuartos, y en el fondo del pasadizo están ubicados el baño y el comun (water closer), departamento con agua corriente, perfectamente aseado, y al que se dan siempre nombres que no despierten ideas desagradables.
Del pasadizo parten dos escaleras; una ascendente, la otra descendente: la primera conduce á las recámaras, con sus ventanas, su comun inglés y sucloseró perchero para la ropa. En esas habitaciones hay tambien su baño.
La escalera que desciende lleva al comedor, en elbassementó subterráneo, porque está hundido medio cuerpo y solo asoma los ojos de sus ventanas al jardin exterior ó la banqueta de la calle.
En el comedor se ve una alacena, que no es propiamentesino ventana ó punto de comunicacion con la cocina, lugar por donde se sirve, sin percibirse desde la primera pieza el tragin de la oficina culinaria, ni dar lugar á las disputas de los criados.
Las piezas de los varios pisos, en su espalda, se comunican con el corral.
Pero en todo esto no hay un claro de luz, ni un pedazo de cielo, sino el que se ve por las ventanas: cada casa es un estuche; con una asa en la azotea, se podria trasportar como una portavianda: es una construccion como de buque; son cajones de madera más bien para empaque que para habitacion: de ahí nace la tendencia á la vida exterior y al aire libre. En esas pichoneras nos asfixiariamos los mexicanos.
En las construcciones de San Francisco y en casi todas las de los Estados-Unidos, hay una singularidad. Puertas y ventanas, sin excepcion alguna, son del mismo tamaño, las mismas dimensiones para marcos y vidrios, el mismo herraje y hasta el propio color, de suerte que pérdidas y deterioros se reparan con la mayor facilidad, y las casas enteras están en fracciones, de suerte que no es más que armarlas. Las improvisaciones son muy comunes.
Los artesanos trabajan centuplicados ejemplares de celosías, de goznes, de todos los artículos de carpintería y herrería, y aun familias hay que parece tienen una especie de balero para reproducir individualidades exactamente iguales.
Cuando salen del órden comun las habitaciones, entónces esas cajas que hemos descrito cobran mayores dimensiones; ostenta en ellas sus primores la arquitectura, y están ubicadas en el centro de un jardin delicioso en que se admiranestatuas soberbias, se deleita la vista con fuentes y cascadas, y se recrea con la competencia de los primores de la naturaleza y del arte.
Ocupábame de las apuntaciones anteriores, para dar á conocer las casas de habitacion de San Francisco y de la mayor parte de las ciudades de los Estados-Unidos, cuando, como lo tenian de costumbre mis amigos, que se esmeraban en prepararme diariamente una nueva sorpresa, llegaron, no obstante que corria un cierzo cruel, con la peregrina ocurrencia de llevarme á tomar unbaño turco.
—Hombre, vdes. se han vuelto locos! Si en mi tierra, y con su aire amoroso y las aguas dulcemente templadas, esto del baño lo veo como asunto de pensarse sériamente, ¿qué será aquí? Vayan vdes. con la música á otra parte.
Instaron, resistí; persuadió Alatorre, forzó Ibarra, espiaron todos mis lados débiles, y dí al traste con mis propósitos, no sin ofrecer y cumplir que seria simple espectador en el lance de aprender de condenado, con que me brindaban.
Hicimos la excursion: contaria maravillas si la describiese puntualmente. Despues que los bañadores salieron frescos y rozagantes, tuvieron la bondad de mostrarme el establecimiento, que tiene el nombre de “Hamman” y está en la conjuncion de las calles de Dupont y del Mercado.
Los baños turcos de que hablo se construyeron bajo la direccion del Dr. Loryea, quien ántes de poner mano á la obra habia recorrido por todo el universo mundo los más famosos establecimientos de su género.
Proponíame hacer la descripcion lo mejor que pudiese,cuando cayó en mis manos la traduccion que del inglés hizo mi amado amigo y hermano Francisco Urquidi, del periódicoOverland Montly, que conservaba inédito entre sus papeles, y que yo me tomé la libertad de extractar y acomodar al tono de esta obrilla. Oigamos:
“Subiendo la calle de Dupont, el viajero se detiene ante una hermosa fuente de bronce, cuyos elevados chorros brillan con el sol.
“Sobre la puerta que da entrada al establecimiento que vamos á describir, hay una inscripcion primorosamente ejecutada, que dice en árabe: “Bismi Uah Allá il Allá.”
“A la derecha de la entrada se ve un departamento provisto de refrescos y de estimulantes adecuados: á la izquierda está el despacho, que se comunica por medio de tubos con los diferentes departamentos del “Hamman.” Allí es donde el bañador deposita sus prendas, inscribe su nombre y recibe su boleto. Despues de estos preliminares, penetra almustabyó cuarto fresco, cuyo centro está ocupado por una especie de tina de mármol blanco, de seis piés de profundidad, seis de ancho y como seis varas de largo. En ese departamento derrama sus purísimas aguas una hermosa fuente de plata.
“A cada lado de la fuente hay piezas para descansar y para fumar, espléndidamente amuebladas y separadas cada una de ellas por cortinajes y tableros de madera calada y labrada, por donde penetra, como adelgazándose y refrescándose, el aire.
“Los techos y paredes están magníficamente pintados al fresco. El dia penetra en aquellas estancias por dos grandes tragaluces circulares cubiertos de vidrios de colores,cuyos matices están graduados de manera que impresionen con la sensacion de frescura que se experimenta en aquel recinto.
“Sobre todas las puertas y algunas paredes, hay sentencias tomadas del Koran y preces que se dirigen al consuelo de las buenas almas de Moslen.
“Inmensos espejos reproducen por todas partes los objetos, y el visitador, con aquella luz ténue, aquel murmurar de la fuente, aquel sosiego y frescura, se siente dominado por una languidez soñolienta, voluptuosa, esencialmente oriental, viendo, al mismo tiempo que crece su ilusion de lo turco, lo pérsico y lo asiático que le rodea.
“Con precaucion científica, se han cubierto los suelos de una hermosa estera de la India, para que no se conserve el menor calor.
“Elmustabyó pieza del fresco y del frio, es elopodyterium, cónclave óspoliatorumde los romanos.
“Contiguo almustabyestá eltepideryum, correspondiente al “mas” de los indios y alpisciniumde los romanos. Este es el cuarto ó la cámara caliente que con constancia se mantiene de 120° á 130° Fharenheit.
“En este departamento todo corresponde al nombre que lo anuncia, y concurre á producir el calor.
“La inmediata en el órden de las piezas es elcalidariumósudatorium, que corresponde á los baños de piedra caliente de los rusos, irlandeses y algunas tribus de América. El calor de esta pieza es de 160° á 180° y puede aumentarse á discrecion del superintendente. Aquí tambien cada cosa está en relacion con el nombre y uso del departamento. Toda la pieza es de mármol, y de mármol la gran mesaque se halla en el centro, rodeada de sillones de mármol tambien, destinada para el procedimiento sudatorio, que es muy singular.
“Todos los empleados de los baños son turcos, educados en aquel oficio desde la edad de ocho años.
“Los dependientes trabajan generalmente ocho años en los baños, y si se debilitasen por estar expuestos tanto tiempo á tan alta temperatura, se notaria en su apariencia, lo cual no sucede.
“El hermoso cielo arqueado delcalidarium, refleja é irradia el calor con igualdad por toda la pieza, iluminada por soberbios candelabros de exquisito gusto y en perfecta armonía con sus accesorios.
“Separados de esta pieza por gruesas cortinas de fieltro, hechas é importadas especialmente para su objeto, hay otros tres departamentos más chicos, en dos de los cuales la temperatura es mucho más alta que en la pieza principal. Habiendo pasado por elcalidariumy sus auxiliares, el visitante encuentra la entrada de las señoras enBagley Place, donde una escalera volada une el segundo y tercer piso, estando destinado el segundo al uso de ellas y el tercero á toda clase de baños medicinales.
“Las piezas de las señoras están suntuosamente amuebladas y profusamente provistas de cuanto puede conducir al deleite.
“La pieza destinada á los baños de vapor mercurial, está toda compuesta de espejos trasparentes, de manera que quien se baña pueda ser visto por el facultativo; esta es una nueva y valiosa idea introducida por el Dr. Loryea.
“Sin emprender una descripcion de los departamentos delas señoras, los cuales solo vistos se les puede hacer justicia, inspira una gran admiracion la manera con que las investigaciones de la ciencia han sido utilizadas y combinadas para hacer el “Hamman” tan perfecto como es posible.
“Es un hecho establecido, que la química suministra el modo de extraer los ingredientes activos de las aguas medicinales, por medio de lo cual pueden ser trasportadas, en pequeño volúmen, disueltas de nuevo y reproducidas las aguas, sin pérdida alguna de sus efectos, sino ántes bien, con el poder de remediar algunos defectos existentes en las aguas originales, y asegurando por tanto la certeza en su operacion, que no se obtiene siempre en su estado primitivo.
“El Dr. Loryea se ha servido felizmente de la ayuda que proporciona la química, y despues de haber examinado á fondo los principios activos de las más célebres aguas sanitarias de Europa, ha condensado aquellos principios y está preparado para administrar los baños de más nota en el mundo. Puede uno allí tomar los baños de mar del Mediterráneo, sin pasar el estrecho de Gibraltar; los baños de carbonato ó alcalinos de Vichy, están á nuestras puertas; los famosos baños de la serpiente de Schlaugenbad, han sido trasportados á la ciudad; los de Kesselbrunen, Swalbash, Mariembad y Bareges, se han establecido aquí.
“Baños eléctricos administrados por diestros operadores, y hasta baños cosméticos perfumados, para entonar la complexion delicada, encontramos entre estos prodigios neptunianos.
“Las cuasi fabulosas virtudes de Bethesda, Siloam y elJordan, han sido restauradas y concentradas para nuestro regalo.”
Tal es la descripcion de los famosos baños turcos.
Miéntras los tomaban mis compañeros, yo conversaba en la pieza de la entrada con unamateur, que disertó conmigo de lo lindo sobre las excelencias del remojo humano.
Elamateurtenia sus puntas de erudito y de médico; disertaba sobre las excelencias de los baños de aire para conservar libres los poros.
Yo, que deseaba no quedar en mal concepto con aquel personaje tan entendido, y á la vez tan obsequioso, emprendí una disertacion sobre elTemascalliazteca, que yo mismo por dentro me dí coraje de verme tan charlatan: despues me he persuadido de que es enfermedad que acomete sin sentir al viajero.
Aquella indiezuela doliente que quiere vivificar su sangre y su existencia, para renovar, despues de ser madre, sus gracias para presentarse al esposo.
El local, especie de horno con su depósito de agua interior, en que hace sus abluciones la jóven para exponerse á las devorantes caricias de un aire como llama; el lienzo que se agita y con el aire que despide refresca sus formas como envolviéndola en deliciosas emociones; las ramas de árbol empapadas en agua helada y sacudidas sobre la piel, tostada casi por la temperatura del horno.... yo no sé como expresé todo esto, que el desconocido compañero, primero escuchó atónito, despues tomó apuntes, renovó sus obsequios y me ofreció muy formalmente que pronto tendria la dicha de participarme el establecimiento delTemascalliazteca en San Francisco.
Mis compañeros salieron complacidos al extremo de los baños turcos; no así un español cejijunto y de alborotado cabello sobre la frente, que aseguraba haber pasado las penas del purgatorio, y que al sentirse en el cuarto caliente, echó á correr, desnudo como estaba, golpeando las puertas y pidiendo socorro por haber caido en el mismo infierno!
Separéme de mis compañeros, y como de costumbre, me metí al acaso en el primer wagon que atravesaba, sin cuidarme de la direccion que llevaba, y como lugar cómodo para ir haciendo mis apuntaciones. Elwagoncitourbano la llevaba larga.
Quedamos gran trecho de tiempo, y casi á la salida de la ciudad, dos pasajeros que nos espiábamos sobre nuestros respectivos libros.
Uno de estos transeuntes no era pasajero, era pasajera; pero la hembra más excitadora del mundo para esto de la conversacion.
La señorita era francesa, ó por lo ménos sabia francés, á dar crédito al libro que llevaba abierto en las manos; este descubrimiento ya era algo para aquel á quien iba sabiendo la boca á medalla.
Yo veia, tosia.... dejaba escapar una que otra palabra como hablando á solas.... y recordaba los usos de la tierra.... y me estaba fuerte.... al fin, ella, dizque entregada á su lectura, alzó la voz.... leia el “Viaje á Oriente” de Lamartine, con acento tan dulce y con tan apasionada modulacion, que yo, sin que al caso viniese, ni saber precisamente de lo que se trataba.... me acerqué, como enajenado con la lectura, diciendo:—“¡Oh: señorita, eso es divino,divino, Lamartine es mi poeta....!” Por supuesto que tales exclamaciones requerian cierto acortamiento de distancias....
Así se entabló la conversacion, primero desconfiada y curiosa, despues franca y cordial, haciendo la señorita la debida justicia á mis años, y dando esto soltura á nuestra naciente relacion.
En frente de la parte despoblada de la calle de Franklin, se detuvo, cambiamos nuestras tarjetas y me invitó para su tertulia en la calle de Washington; tertulia que se verificaba los miércoles y á la que asistia Mr. Lestalié, jóven comerciante á quien profeso particular cariño, que me habia presentado á la mejor sociedad francesa de San Francisco.
Como es de suponerse, acudí puntual á la cita.
El tabique de la sala de la tertulia Washington se habia corrido: en una de las secciones se charlaba, se tomaban refrescos, bizcochos y dulces: la otra seccion estaba consagrada á los artistas que ocupaban el piano, cantaban y hacian ostentacion de sus notables habilidades.
En el rol de los artistas unas jóvenes italianas, las Sritas. Rotanzi, deslumbradoras de gracia y sentimiento, rodearon el piano, reclamando su nombre la atencion universal.
Interrumpióse el cuchicheo delicioso de viajes, de modas, de amores y de bromas sabrosas, y las tres artistas preludiaron un canto en medio del silencio más profundo.
Si á mí me hubiera tocado en suerte bautizar á las tres señoritas, que sin pretenderlo se imponian á nuestra admiracion, á una hubiera llamadoEnsueño, á la otraPasionéInocenciaá la tercera.
Ensueñosoltó sobre las teclas las deliciosas armoníasque estaban escondidas entre sus dedos, y dejó flotar en el éter invisible, la inspiracion divina que se anidaba en su mente.
Alentadas con aquel ensayo, piando primero, despues en torbellino de notas estusiastas, al último, en requiebro apasionado de desesperacion, de locura y gemidos, se seguian las voces como cuando á dos aves en el espacio separa el viento y luchan por reunirse, y ráfagas tempestuosas las dividen, hasta juntarse y guarecerse bajo una rama amiga, reprimiendo los sollozos para dar vuelo á las emociones del placer.
La concurrencia entera se agolpó al rededor de las artistas: yo veia reproducidos los grupos en los espejos, pareciendo cuadros allí fijados, ó más bien vistas fotográficas de otros países. Aquellos viejos de anchas y relucientes calvas y cabellos canos colgando sobre los hombros; aquellas jóvenes como estampas de un periódico de modas; el perro junto á la chimenea; el jarron con flores sobre la consola; el retrato de Napoleon I en su caballo blanco cruzando los Alpes, todo me parecia que eran recuerdos que animaban en aquel instante mi fantasía.
Redobles continuados de aplausos ardientes, acogieron las notas de aquel terceto en que la música fué el pretexto, la ejecucion un accesorio, y la vida y el drama de pasion estaba en las animadas fisonomías de aquellas celestiales hijas del Adriático.
El gozo dejó caer su lluvia de hojas de rosa y sus rayos de oro, y tomó la concurrencia el carácter más agradable del mundo.
Disputábanse las muchachas el piano y los cantos; americanos,rusos, ingleses, hebráicos y de todo el mundo, encontraron intérprete.
Hay en México una cancion que tiene su fecha: no se conoce su autor, ni dos personas cantan los mismos versos. Es una cancioncilla que ni cruza dorados salones, ni se anida entre el populacho; vive como paloma consentida al calor de los corazones sensibles.
Esa cancion que me parece es de mi amigo el apasionado Antonio Plaza, la arrullamos, la escondemos, es una confidencia y una duda; se exhala caliente con un beso; muere como un sollozo entre los labios de quien canta.
La cancion evoca el recuerdo de la adorable clase media de mi patria; la polluela obstinada y heróica para el sacrificio, el galan rendido y esperando su ingreso al presupuesto para la realizacion de sus ensueños; lirio escondido para el escribiente de oficina; albor de luz risueña para el colegial que está al romper el huevo de la preparatoria y pretende volar á jurisprudencia ó medicina; desahogo del teniente, en las altas horas de la noche, que vela en su guardia, y éxtasis para el ranchero que va desde la hacienda á pasar el domingo en una ciudad de tierra adentro con su novia; esa cancion, cuyo nombre no recuerdo, pero dice en uno de sus versos, remendados como han querido los cantantes:
Pero mi amor aun al delirio excede;Pero mi anhelo vence el cruel dolor;Mi corazon sufrir ya más no puede:Quiero morir, pero morir de amor,
esa la cantóPasionen su castellano peculiar, con tal ternura, con tan intenso sentimiento, que la cancion vino á mí comouna querida que se lanza á nuestro cuello y nos envuelve en ella é inunda con sus cabellos nuestro rostro, y esculpe su semblante sobre nuestro abrasado corazon.
México, sus guitarras, sus pollas, sus enamorados, su zócalo, sus noches de luna, todo vivia en aquella voz, y me requebraba y me enloquecia.... “Quíteme vd. de aquí, le dije á mi compañero, porque de fijo cometo una barbaridad si sigue ese canto.”
La misma dificultad de la pronunciacion española; vamos! ¿para qué lo he de negar? me caia en gracia y me tenia trastornado el cerebro.
Yo quiere mucho mi morir damore.
Terminó la cancion: la Srita. Rotanzi recibió con suma amabilidad mis cumplimientos, y mi compañera dewagon, á quien llamaremos Clara, dijo: “La señorita dice, que quiere obtener de vd. un favor, M. Guillermo.
—¡Favor! ¿quién no lo recibe sirviendo á la señorita?
—Lo vamos á ver.
—La señorita canta una cancion italiana, cuyos versos ha olvidado; quiere que vd. improvise los versos: nosotros haremos coro.
A este anuncio, la concurrencia toda se puso en pié,Pasionensayó las primeras notas y en un momento estuvo en corriente el coro.
Yo, sobre el piano, iba improvisando lo quePasioncantaba.
Antes dijeron que me dieran el asunto de la cancion.
Clarita dijo: “Figúrese vd. la vista del mar, la playa, elmuelle; el buque que se ve, está pronto á partir.... un jóven se despide de su patria, y de su amor....”
Mil aplausos celebraron el asunto de Clarita.
Comenzó la música....
Pasion, inclinada, veia sobre mi hombro lo que yo iba escribiendo, y nacia en la voz dePasion, viva en mi oido, la idea que acababa de depositar en el papel mi corazon.
El asunto, el compás acelerado y vehemente de los coros, la voz vibrante dePasion, la luz, la animacion de las fisonomías, todo realzaba el cuadro y lo hacia interesante.
A medida que yo iba improvisando, tomaban parte todos en el coro y me estimulaban á continuar.
Yo no sé de dónde aparecieron funcionando una flauta y un violin, despues un piston que clamaba sus sonoras notas con acentos apasionados.
Yo, aunque hago esfuerzo, no puedo recordar lo que improvisaba; era el estallar de mis propios dolores; dejar su quejido á mis penas, guardando su revelacion en el misterio; eran alusiones á esos hondos infortunios que lloran dentro de nuestra alma y encuentran simpatías en todos los corazones.
¡Oh patria! ¡oh sagrado nombre! ¿quién te pronuncia indiferente cuando teme perderte?
Al último, viejos, mujeres, muchachos, todos cantábamos agolpados al piano y teniamos los ojos llenos de lágrimas.
Pues, señor, no puedo recordar ni una estrofa de los tales versos, y ahora que no los puedo recordar, creo que estaban bonitos; ¡qué diantre de cosa!
Miéntras nosotros componiamos y cantábamos, un viejo coronel italiano, de calva frente, frac con cinta en el ojaldel holgado redingote, y pierna de palo, habia mandado por unas botellas de Champaña, y al terminar el canto, entre hurras y palmadas, estalló una salva de taponazos para resucitar á los muertos.
Por de contado, que yo era el amigo de todo el mundo, y vino aquello de losAlbums, y los encargos de epitafios, y todo lo que ya saben los copleros que esto lean, que acaso sean pocos.
Clarita estaba ufana con su presentacion, como con un gorrillo nuevo: me llenó de agasajos, me presentó á su novio, me dijo que le habia hablado mucho de mí M. Lestalier, y que estaba cierta, cuando le hablé en elwagon, que yo era el viejoFidel, siempre amigo de las muchachas alegres y de las buenas mozas.
Esto explica su fácil amabilidad con mi persona, en el encuentro delwagon.
Aquella familia y aquella Clarita me dieron dias verdaderamente agradables.
En una de mis visitas á Clarita, la hallé á la entrada de la casa, frente al jardin, bajo el pórtico cubierto de enredaderas, blanqueando entre los huecos del cortinaje de yerba.
Vinieron á nosotros como aves parleras que buscan sus nidos, los recuerdos infantiles: me refirió Clarita sus dias de pobreza, y cómo debió su fortuna á una tia que tenia en gran veneracion, y de quien me contó la anécdota que van vdes. á saber:
“Como digo de mi tia, era una mujer de humilde nacimiento, robusta como un carretero irlandés y con un buen sentido que ya envidiarian más de cuatro gobernantes de naciones.
“La santa señora era viuda y solo me tenia á mí en el mundo; á mí que perdí á mis padres desde mi tierna infancia y quedé á sus expensas, porque ella era hermana de mi padre.
“Luchando á brazo partido con la miseria, se hundia su buque y ella sobrenadaba dejando media vida en la lucha.
“Algunos de los amigos más íntimos de mi tia, sumidos como ella en la desgracia, pensaron en alzar el vuelo, seducidos no sé por qué leyendas de ventura, y situarse en las inmediaciones de San Francisco California.
“Omito decir á vd. cuántos fueron los trabajos para disponer la partida, las despedidas y lágrimas de los viejos, el contento de los muchachos y lo romancesco que es lanzarse sin un cuarto á correr aventuras en tierras desconocidas.
“El terror á los peligros, la esperanza de la adquisicion de una fortuna y una posicion, los proyectos frustrados, las ilusiones deslumbradoras.
“Despues de establecidos en Oakland, y no sé al cabo de cuántas fatigas, mi tia hacia sus pequeños acopios de carne salada, y se contrató en una línea de vapores para hacer su tráfico á la Baja California y Guaymas.
“Parece que la estoy viendo con su gran falla de lienzo blanco, los rizos de sus canas saliendo sobre sus sienes, su pañolon de madraz, su burdo vestido negro y sus chinelas de gruesas suelas, como un marino. Ella era sin embargo fresca, derecha y hermosa.
“Su honradez, su comedimiento, y su desembarazo para servir en cuanto se ofrecia, la hicieron muy querida, especialmente del capitan, jóven americano, franco, alegre, valiente, liberal y comedido con las mujeres.
“Mi tia fué como la madre de aquella tripulacion: ella veia al capitan como á su hijo, y acrecia su fortuna, al punto de que ya Mme.Peplier conducia, no un barril de salazon, sino barriles, y se hallaba al frente de un tráfico respetable.
“Yo estaba, aunque niña, al frente de los trabajos de la casa.
“El capitalito de mi tia seria de unos 10,000 pesos: ella contrataba los cerdos, compraba semillas, regañaba, escribia y navegaba como un Nelson.
“Cuando nuestra fortuna parecia más propicia, cátese vd. que se va poniendo una línea de vapores y establece la competencia á la línea de M. Prittson, protector de mi tia.
“Los vapores de nuestra línea eran hermosísimos y andadores; los de la competencia les igualaron: dispusieron los contrarios que hubiese á bordo de sus barcos soberbias músicas que atrajeran el concurso; las músicas que nosotros llamamos á bordo eran de más renombre: anunció entónces la Compañía competidora pasajes grátis; la nuestra prometió grátis el pasaje y la comida: entónces, grandes carteles llamaron á bailes suntuosos en los vapores de la Compañía enemiga; y parvadas de lindas muchachas poblaron las cubiertas de nuestros barcos.
“Fijóse, pues, la competencia en la celeridad, sin que en tres viajes consecutivos se pudiese sacar la ventaja una á otra línea.
“Tratábase de una guerra en forma, hacíanse cuantiosas apuestas, la gente de mar se dividió en bandos, y las tripulaciones de los buques, de mil amores habrian convertido en naval batalla, aquella porfiada competencia.
“Al partir los buques de los muelles y al llegar á su destino,millares de espectadores agitaban sus pañuelos, alzaban en alto sus sombreros y saludaban con hurras y palmadas á los campeones marítimos.
“En uno de esos viajes, acaso el más empeñado, en medio de la travesía faltó carbon á la línea de M. Prittson, en que iba mi tia; la congoja fué inmensa, la desesperacion tocaba á su colmo, la tripulacion acarreaba de sobre cubierta cuanto podia servir de combustible, y todo lo devoraba en instantes la llama, levantándose remolinos de humo en la agonía del fuego, que anunciaba vergüenza y derrota.
“Mi tia, con el valor de Juana de Arco, con una intrepidez digna de los tiempos fabulosos, se puso al frente de la desesperada situacion.
“Mandó que se arrojase al fuego cuanto habia en las bodegas, excitaba á los marinos, alentaba los ánimos caidos, predecia la victoria, anticipando su entusiasmo; pero faltaba el combustible: entónces, y sin esfuerzo, como por una inspiracion salvadora, mandó atizar las calderas con su barrilaje de lardo; la llama, alimentada, revive; el vapor cobra demasiado empuje; la tripulacion se alienta; el buque se reanima, y volando sobre las aguas, llega triunfal al puerto, con la valerosa matrona en la popa, que se habia apoderado y revoleaba la bandera americana.
“La línea competidora no sobrevivió á su derrota; á mi tia le hicieron grandes obsequios: no obstante que en sus barriles de lardos cifraba su fortuna, rehusó que se los pagasen, diciendo que cuando la Compañía estuviese en fondos, repartiese el valor de sus barriles entre los bravos marinos que habian alcanzado aquella victoria.
“La prensa, con sus mil trompetas, publicó estos sucesos,y del fondo del Kentuky vino un riquísimo banquero, hizo la corte á mi tia y se casó con ella, declarándola poseedora de una opulenta fortuna.
“De esa fortuna participé yo, y ve vd. que mis títulos de nobleza son tan buenos, como los de cualquier potentado europeo.”
Clarita fué de las personas más queridas para mí.
Al separarme esa noche de la tertulia, dejé escritos en su Album estos versos, que no puedo decir que improvisé, porque yo jamás hago otra cosa:
A CLARA
——
¿Habrá una cosa más rara,
Clara,
Aunque no lo quieras creer?Cuanto más miro tu cara,La miro con más placer.
——
Es hermoso hallar el diaEn el limpio azul del cielo,Cuando sin un solo veloLa aurora su luz envía....
Pero pasa esa alegría....¿Y habrá una cosa más rara,
Clara,
Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,La miro con más placer.
——
Dios mismo quiso adunarEn tu nacer, jóven bella,Lo apacible de la estrellaA lo grandioso del mar.
Podrá su encanto pasar;Pero, ¿habrá cosa más rara,
Clara,
Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,La miro con más placer.
——
En ella brilla el contento,En ella el alma más pura,Sabe realzar la hermosuraCon las gracias del talento....
Así es momento á momento,Porque, ¿habrá cosa más rara,
Clara,
Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,Mucho más la quiero ver.
——
Se tiembla de que haya un diaQue nuble tus negros ojosY provoque tus enojosVoluble, la suerte impía.
Yo niego tal tiranía,Porque, ¿habrá cosa más rara,
Clara,
Aunque no lo quieras creer?Miéntras más miro tu cara,Mucho más la quiero ver.
——
Es un festin de hermosuraEse mirar y ese cuello,Y esas ondas de cabelloContraste de tu blancura.
El mirarlo da ventura;Por eso no es cosa rara,
Clara,
Aunque no lo quieras creer,Que mirándote la cara,Mucho más la quiero ver.
——
Voy á partir, y te dejo,No mis recuerdos de amores,Sí de mi patria unas floresPara adorno de tu espejo.
Porque, por más que estoy viejo,Es una cosa muy rara,
Clara:
Aunque no lo quieras creer,Siento haber visto tu cara,Porque no la vuelvo á ver.
Alta California, Marzo 29 de 1877.
Guillermo Prieto.