XXXLo de enántes.—La marina.—El Cementerio.MUY conmovidas encontré á Pepa y á Sofía por nuestra conversacion del dia anterior; cuando llegué á la casa, aun se ocupaban de ella con D. Antonio, que es el nombre del viejo, sesudo representante de la imparcialidad la noche anterior.Don Pedro, que es el nombre del otro estimable viejo, decia:—¡Ojalá no hubiera sido la conversacion entre señoras; por eso callaba yo: si hubiera sido entre hombres de mundo, yo habria mostrado que la prostitucion llega á un grado inverosímil. Yo habria dicho de las casas ó establecimientos para dejar sinnuissance(sin estorbos), á las jóvenes desdichadas; habria pintado, con los colores á que se presta, lacolosal fortuna hecha por una charlatana para procurarla soledadpermanente de las jóvenes.Y Doña Sofía, continuaba, ya recordarán lo que acontecia en Indiana, donde el divorcio solo requeria la simple manifestacion de discordancia de génios. Llegaba por el ferrocarril un matrimonio, se presentaba, y al volver á partir el tren, estaban desligados para siempre los más sagrados vínculos.Muchos cócoras, en las estaciones de Indiana, gritaban al llegar los wagones: “¡Veinte minutos para divorciarse!”—Varios anuncios de abogados habrá vd. visto, añadió D. Pedro, que dicen:Fulano,—Licenciado,—Con especialidad para el divorcio, con causa ó sin ella, cinco pesos.—Consultas grátis.Lo que espanta es que aun en la sociedad puritana, como en Vermont, Maine, New-Hampshire, Filadelfia y otros pueblos, se muestre ese disgusto por la duracion de la vida conyugal y esehorror por los niños, como decia M. Dirou, y que más bien en el Oeste y en las poblaciones más sencillas, se hayan refugiado los más puros sentimientos de la naturaleza.Mr. Jannet, en su obra titulada: “Los Estados-Unidos contemporáneos,” publicada en 1876, dice:“Los últimos censos tienen demostrado que en los Estados del Este, la poblacion no crece con especialidad, sino en los distritos manufactureros, donde afluyen los inmigrantes. En los distritos rurales, ó permanece estacionaria, ó disminuye. Los últimos datos sobre la poblacion de Rhode-Island, prueban que cien americanos tienen por término medio dos hijos por año, miéntras seis emigrados tienen seis.Si este desórden continúa, no habrá dentro de cincuenta años un solo habitante de la raza anglo-sajona.”—Contaré á vdes., interrumpió un jóven guatemalteco, que nos escuchaba, una anécdota que es característica, y que reasume, por decirlo así, cuanto hemos hablado sobre el particular.Julio Martinez llamaremos al jóven. Contrajo matrimonio con una lindísimalady, que pudiéramos llamar una de las más ricas joyas de la 5.ª avenida, porque Esther era no solo hermosa, sino que su padre poseia opulenta fortuna.Los primeros albores de la luna de miel los hallaron como dos tórtolas; eran la envidia y el modelo de los amantes entusiastas.Julio es nativo de la Habana, hermoso, perfectamente educado y de riquísimo caudal. Emigró de su país por causas políticas, se enamoró de Esther, fué correspondido y se creia el más feliz de los mortales con su enlace.Un dia, y cuando no se sospechaba siquiera, llegaron á Julio cartas de la Habana en que le participaban que su familia estaba perseguida, que sus bienes los habia confiscado el gobierno y que no contase con auxilio alguno.El jóven participó el acontecimiento á la esposa, lleno de consternacion, y como consecuencia le propuso la reduccion de gastos y su cambio á una modesta habitacion.La jóven escuchó con suma frialdad, casi con indiferencia, aquel relato, y le dijo con cierto tono de superficialidad:—A la modesta habitacion, te vas solo.—¡Cómo! replicó sorprendido el marido, ¿no me sigues?—Oh! á ese barrio de obreras?.... vas tú solito.Quiso el marido esforzarse y obligar á su consorte; perotodo fué en vano. No habia pasado una hora de esta conversacion, cuando Esther estaba en un hotel y el matrimonio en realidad disuelto.Julio.... abandonó la casa en que vivia.... y no se volvió á saber de él......Esther se dirigió á la casa de su padre.—Vengo á decir á vd., le expuso, que Julio me quiere llevar á una casa indigna de nosotros, muy pobre.—Oh! esa es tu cuenta.... dijo el padre.—Yo he resistido, y me vengo á mi casa.—Oh! tú irás con tu marido ó por tu lado; esa es tu cuenta.... Esta no es tu casa.—La beldad no se dió por derrotada: se encerró en su cuarto del hotel á calcular, y se encontró con que teniaun obstáculo(¡un hijo!) que le impedia discurrir con libertad.Nada más sencillo.... como proemio de sus planes, hizo desaparecerel obstáculoy quedó como soltera.Entónces, exhumó sus correspondencias amorosas, pasó una especie de circular á sus antiguos pretendientes, y la tiene vd. instalada de nuevo en su 5.ª avenida, merced á la prodigalidad de un judío millonario, que fué el mejor postor.—Eso es espantoso, exclamé yo.—Será lo que vd. guste, me dijo D. Pedro; pero en esa foja arrancada del Album de la vida íntima, tiene vd. la facilidad de romper las relaciones más estrechas, los vínculos más sagrados, el horror á los niños y la subasta y el remate al martillo.················································Uno de mis compañeros llegó en aquel momento, y tomó otro giro la conversacion.Habia hecho, en union de los Sres. Iglesias, Gomez del Palacio y otros mexicanos, un hermoso paseo en la Bahía, invitados y obsequiados por el Sr. D. Romualdo Pacheco, una de las personas más distinguidas y amables que tratamos en California.Antes de ceder la palabra á mi amigo, en lo que ganarán sin duda mis lectores, para la relacion de su paseo, me la concedo yo para hacer la presentacion del Sr. Pacheco en toda regla.El Sr. D. Romualdo Pacheco nació en el pueblo de Santa Bárbara, donde tenia ricas posesiones y numerosos ganados su familia.Quince años tenia el jóven Pacheco cuando se verificó la guerra americana, y de sus resultas, su cambio de nacionalidad.Pacheco partió para Paris, donde perfeccionó su educacion, y vino á ejercer, como juez de su condado, las primeras funciones públicas, con aplauso universal.Abrazó el partido republicano, se le nombró tesorero del Estado: sus talentos y virtudes le granjearon la estimacion pública, y en 1871 le hizo el voto popular teniente gobernador, y quedó al fin ejerciendo el mando como gobernador, por renuncia que hizo Mr. Booth, nombrado para ese encargo.Hé aquí los términos en que habló entónces del Sr. Pacheco, el periódico más acreditado de California:“En su carrera pública, el gobernador Pacheco ha sido probo entre los probos y honrado entre los honrados. Jamásse le ha atribuido un hecho que pudiera empañar el escudo de un hidalgo en aquellos dias. El gobernador Pacheco heredó los extensos terrenos de su familia, así como sus ganados. Durante los años de sequía, se deshizo de todo eso, que ahora constituiria la fortuna de un príncipe, para socorrer á los pobres. A Pacheco pertenece la honra de haber atravesado una série de pingües destinos, sin haberse enriquecido por ello.“Personalmente posee cualidades que tienen mucho mérito para el pueblo.“Es considerado como el hombre de mejor figura y de más finos modales del Estado.“Laza un oso con la propia facilidad que un becerro, maneja unyatecomo el más diestro marino, es un tirador de primera fuerza, y como cocinero, no le conocemos rival.”Esto dice el periódico americano.Nosotros podemos asegurar que ninguno de esos elogios es exagerado, y que el cariño que profesa á México nos lo hizo recomendable en alto grado.El amigo que venia de disfrutar de la buena compañía del Sr. Pacheco, estaba encantado con los recuerdos de su paseo.Contábame regocijado mi amigo, que el Sr. Pacheco llevó en su compañía al paseo á su hijita, niña encantadora en cuya fisonomía y modales parece que se habian dado cita las dos razas, sajona y española, para ostentar sus gracias: además, se reunieron al caballero obsequiante unos americanos, tan francos, tan alegres, que sin la denuncia impertinente de los años, se habria semejado el paseo á unasaladade colegiales.—Vimos la Bahía, me dijo el amigo, con sus muchos muelles, su tragin y su riqueza deslumbradora.Por una parte, eltheque llega del Oriente, entre la algarabía de los chinos; por otro lado, montones de tercios de trigo, esperando buques para un puerto extranjero.Pacas, costales, barriles, maquinaria de fierro, pianos, cuanto sueña la necesidad, cuanto inventa el lujo, cuanto solicita el trabajo, cuanto imagina la gula.Pasamos por enfrente de San Quintin, que es una isla en que está la prision, y es al mismo tiempo escuela de artes y oficios, cuyos talleres trabajan con la mayor actividad.Allí, me dijo mi amigo, como en otras partes, no ha tenido solucion satisfactoria la cuestion de talleres; el gobierno paga seis reales por la manutencion de cada preso; pero en otras épocas se han apoderado de ellos especuladores, que despues de exprimir su jugo, sueltan al preso casi en la miseria cuando termina su condena.Además, el auxilio del gobierno produce una baratura forzada, que da superioridad á los efectos hechos por los presos, y esto sacrifica al artesano honrado que no tiene más auxilio que su esfuerzo personal.La prision de San Quintin está citada como modelo; pero yo creo que hay instituciones mejores y más humanitarias en Europa.Entre la multitud de asociaciones marítimas deExpresscomisionistas y traficantes de mar, descuella poderosa la Compañía que dirigen MM. Goodall, Nelson y Pekin, titulada: “Compañía de vapores de la Mala del Pacífico,” relacionada con otras compañías que recorren las islas del Pacífico,China, Japon, los principales puertos de América, Europa, Asia, Africa y Australia, haciendo de fácil acceso á California todos los pueblos del mundo.La seguridad, la baratura y las comodidades todas de la vida, se han trasladado á esos buques, al punto que familias enteras se estacionan en ellos.Los negocios de la Compañía requieren, en movimiento perpétuo, 35 agencias colocadas en los puntos más importantes de las costas de los Estados-Unidos, México, Sur, Centro América, el Canadá, Inglaterra, Japon, China y las Indias Occidentales. La capacidad de su flota excede de 70,000 toneladas, y la distancia entre los puertos de salida y entrada que los vapores atraviesan en viajes regulares, es de más de 25,000 millas por viaje.Uno de nuestros complacientes compañeros de paseo, continuó mi amigo, nos hizo una descripcion animadísima del vapor conocido con el nombre de “Ciudad de Pekin,” llamado por los marinos “El Palacio Flotante.”Los salones, decia, refiriéndose á M. Lloyd, escritor americano de gran mérito, son tan espaciosos y elegantes como los de los millonarios de la 5.ª avenida en Nueva-York.Grandes espejos, deliciosas pinturas, jarrones con flores y cuantos primores ha derramado la estética en las estancias de los próceres europeos.La cocina parece dirigida por Brillat de Savary y por Alejandro Dumas á competencia, es un paraíso en donde las seducciones no son manzanas, sino los manjares más exquisitos; seria el orgullo de Manuel Payno, haria las delicias de Morquecho, ese par de amigos de tan exquisito gusto para sus comidas.Cada camarote parece preparado por una novia solícita á un solteron comodino.Solo el “Grande Oriental” es superior en tamaño á la “Ciudad de Pekin,” que mide 5,080 toneladas, es de fierro y hélice y hace el tráfico con China.La flota de la Compañía se compone de 16 buques de fierro y hélice, y 9 de madera de ruedas laterales.Los buques de primera clase tienen los nombres de “Pekin,” “Tokio,” “Gran República,” “Colorado,” “Ciudad de San Francisco,” “New-York,” “Australia,” etc., etc.; miden de 3 á 5,000 toneladas; los de 2.ª y 3.ª clase, de 1 á 3,000.Diez de esos buques, los de primera clase, hacen el tráfico de China y Australia; seis el de New-York y Panamá, y los demás los de las islas y la América Central.Por la brevísima idea que hemos procurado dar de la Mala del Pacífico, se vendrá en conocimiento del movimiento de sus muelles, del tragin de sus almacenes, de la multiplicidad de sus cambios, de la extension de sus relaciones y del impulso que esa sola Compañía comunica á todos los ramos de la riqueza pública.—Volviendo al Sr. Pacheco, dijo mi amigo, es persona altamente considerada, no obstante manifestar su adhesion por México; nosotros le debemos mil atenciones y le estamos profundamente obligados.—¿Creerán vdes. que he pensado muy detenidamente en lo que acontece, no con el Sr. Pacheco, sino con otros mexicanos que conservan con heroismo su nacionalidad? Ellos son tratados como cualquier otro extranjero; léjos de recibir ofensas, son acogidos en la mejor sociedad, y sinembargo, se tiene por nuestra raza sumo desprecio y se siente algo en la atmósfera, que nos sofoca.—Eso depende de dos cosas: primero, de que no se distingue bien entre la gente bien educada y la que no lo es, y en que no es lo mismo las ciudades que los campos.La gente de las fronteras se cree sin fundamento que es, en general, como el sedimento de lo que tienen de peor los dos pueblos; y como el americano tiene la fuerza, y los testigos, y los medios de superioridad; y como de nuestra parte la representacion es tan débil, llevamos la peor parte en todo.—Yo, dije, he estado en Tejas en 1865. La poblacion americana invadia dia por dia la parte central de la ciudad; á sus orillas, bajo las lonas, como la ramazon y los despojos que empujan á la tierra los grandes lagos, se iba aglomerando la poblacion mexicana, sucia, desnuda, corrupta, bajo girones de lienzo, ó bajo cueros de res, apiñándose como gusanos, formando como costras y grumos repugnantes. El cólera imperaba devastando. Se cebó en el barrio mexicano. Cuando iba desapareciendo la plaga, se publicaba: “Demos gracias á Dios. El cólera se va: ya solo mueren algunos negros y muchos mexicanos.”En los jurados generalmente resultaban condenados los mexicanos: los nombres de mugrosos y de ladrones les designaban al castigo: yo jamás me he sentido tan humillado como entre aquellas gentes.—Habia mil razones, replicó mi amigo: los usurpadores de las tierras, pintaban á los mexicanos como bandidos y citaban hechos atroces: los mexicanos, que no tenian justicia ni apoyo alguno, recurrian á la fuerza, se exacerbabanlos odios y siempre el juez decidia en favor de los suyos.Por otra parte, debe tenerse en cuenta que tambien de nuestra parte ha habido violencias.Pero el hecho es que se pueden citar matanzas atroces por órden de las autoridades, robos injustificables, incendios y todo lo que no seria lícito emplear ni para el exterminio de fieras.Pero los hechos que hemos palpado y de los que hemos sido víctimas, son no tener quien hiciera justicia á un mexicano, sino condenarle por la primera delacion; en Brownsvill, no se permitia á un mexicano galopar á caballo, ni tener vela encendida, y la más leve sospecha provocaba ejecuciones espantosas..................................................Pepa, que observó que el terreno en que nos estábamos colocando era muy resbaladizo, cambió de conversacion y me trajo su Album, empeñada en que escribiese en él cualquier cosa que no fuera séria.La conversacion séria voló hecha girones, los concurrentes se rodearon del piano y á mí me dejaron con el Album y un tintero en la mesita del centro de la sala.Allí, al querer ó no, hilvané, en ménos que canta un gallo, unas coplas festivas, que por fortuna de mis lectores no recuerdo.La circunstancia de ser víspera de partida, y la intimidad de mis relaciones con la estimable mamá de Pepita, hicieron pasable la improvisacion, que se hubiera calificado de llaneza, si no estuviera autorizada por la confianza y por la broma.Al siguiente dia de esta entrevista me desprendí de todo compromiso para hacer en la mañana mi paseo solitario al Cementerio, ya que era preciso verlo todo.Al Oeste de la ciudad, entre la árida playa y el Océano, en medio de un hervidero de caprichosas colinas, se levanta entre un grupo de pinos silenciosos, una gigantesca cruz rústica, recuerdo de los primeros misioneros españoles, propagadores de la civilizacion y el Evangelio, en aquellas remotas regiones.La sombra del signo de la redencion se proyecta gigantesca con la luz vespertina, como para abrigar los restos queridos de aquellos que encendieron audaces la doctrina del Evangelio en aquellos dominios de la barbarie; y algo de religioso y de sublime hay en aquel triunfo de las conquistas del espiritu, frente al mar, representacion de lo eterno, y la playa, símbolo del principio y del fin de la vida.Lone-Mountain es el nombre de la ciudad de los muertos, y sus blancas columnas y sus estatuas, sus cúpulas y campanarios, parecian cadáveres de edificios, en que en otro tiempo se habia refugiado la vida.No sabemos por qué, si no es por seguir alguna vulgar imitacion del Este, se ha querido sustituir al nombre de Lon-Mountain el de Laurel-Hill, por mil títulos más adecuado.Sea como fuere, posee el cementerio una grandeza imponente, la soledad y el silencio le revisten de extraña majestad.Desde el pié de la cruz se distinguen, por una parte, las tendidas olas del Océano, y por el otro, el tumulto de casas de la ciudad, corriendo entre las arboledas de las calles, apiñándose en las azoteas, con sus puertas y ventanas comofisonomías, y extendiéndose en las plazas, abriendo campo como en espera de otra comitiva de edificios.Entrando al cercado del cementerio, se ven anchas avenidas de árboles sombríos, calles regulares, tramos de césped y jardines esmeradamente cultivados, rodeando, ya monumentos, ya sencillos sepulcros en que parecen confiadas á las regiones desconocidas, las memorias de los que lloran en este suelo.Templetes, arcos, bóvedas de granito y de mármol, proclamando la opulencia, cruces de piedra denunciando la miseria: tambien allí se ve la desigualdad en la cubierta del polvo.Recorria las inscripciones, muchas sin entenderlas, como si yo fuese instrumento del castigo de la vanidad mundana, como si tambien en la muerte hubiese extranjería!Una flor aislada y marchita, una corona comenzada á destruir por el tiempo, hablaban más alto á mi corazon que los esfuerzos que sin duda habia hecho el talento para protestar contra lo implacable de la nada.Para un extranjero, para uno que viaja, un cementerio es la aparicion de la patria comun, es el aviso de que todos los caminos tienen un fin único, y de que el sueño eterno, lo mismo se concilia bajo todas las zonas del globo.... ¡Qué pequeño es el hombre! ¡qué miserable la existencia!Todos los epitafios son lo mismo: la queja del bien perdido, la protesta contra lo imposible, el ahinco de defraudar al olvido una partícula de lo que tiene de desaparecer para siempre. ¿Pero por qué siente uno morirse más definitivamente en un país extranjero?En la parte más elevada de Lon-Mountain hay un monumentode mármol erigido á una que fué persona muy estimable en California: por un lado del monumento se lee: “Mecánico;” por el otro: “Senador.” Ese epitafio tiene el mérito de que con dos palabras pinta á un yankee.El epitafio que produjo en mí más honda impresion, fué el de Arturo French, muerto en 1860 en el naufragio del vapor “Norterner,” cerca del Cabo Mendocino. French era el primer oficial del buque; parece que habia venido varias veces á la playa para procurar la salvacion de sus compañeros. Contestó á los que trataban de disuadirlo que volviese al buque náufrago: “Yo debo vivir como cualquiera otro; pero mi vida pertenece á los que se hallan á bordo de aquel navío, y así, iré y permaneceré allí con el capitan. Si muero, decid á mi esposa y á mis hijos, que despues que hice siete inútiles tentativas, he muerto cumpliendo con mi deber.”Un mástil solo señala su tumba, emblema significativo de los peligros de su vida y de su heróica muerte.En un lugar apartado del cementerio, sin monumentos ni inscripciones, está el lugar concedido á los extranjeros.Crece allí espontánea la yerba; en piedras humildes están depositadas algunas fechas y algunos nombres; de vez en cuando salpican frescas flores sitios que no tienen inscripcion alguna; lágrimas, confidencias íntimas, desconocidos misterios de amor y quebranto....El murmullo de los árboles en aquel sitio, parece remedar los acentos del hogar distante..........Yo no sé por qué en aquel lugar tuve como la aparicion de todo cuanto amo en el mundo.... La tumba en tierra extraña.... ¿qué más da?.... Oh, no! es horrible morir sin patria!........................................La sensacion que acababa de recibir, no me dejó fijarme en otros suntuosos monumentos ... ni en una seccion destinada á los sepulcros de los individuos de las Compañías de apagar incendios, que es muy bella.Poco me detuve en el Cementerio Chino, que está cerca de Lon-Mountain, ó mejor dicho, que como el Cementerio Católico, son secciones separadas de él.El Cementerio Chino, realmente son depósitos de cadáveres encajonados, que hacen las Compañías para conducirlos al Japon ó China, como es sabido y está pactado: frente á los sepulcros hay hoyos en que se queman lo que ellos llaman perfumes.En estos lugares suele insultar el odio público á los cadáveres, arrojándoles piedras y suciedades; no hay para qué encarecer lo que tiene de sucio y repugnante aquel lugar.En el Cementerio Católico descuella el del Sr. Labiaga, que costó más de cincuenta mil pesos.Aquella tarde fué de honda tristeza.... parece que algo de mí mismo quedó allí sepultado. ¿A qué caminar? ¿á qué vivir? si al fin todos los caminos conducen á la muerte!!!
XXXLo de enántes.—La marina.—El Cementerio.MUY conmovidas encontré á Pepa y á Sofía por nuestra conversacion del dia anterior; cuando llegué á la casa, aun se ocupaban de ella con D. Antonio, que es el nombre del viejo, sesudo representante de la imparcialidad la noche anterior.Don Pedro, que es el nombre del otro estimable viejo, decia:—¡Ojalá no hubiera sido la conversacion entre señoras; por eso callaba yo: si hubiera sido entre hombres de mundo, yo habria mostrado que la prostitucion llega á un grado inverosímil. Yo habria dicho de las casas ó establecimientos para dejar sinnuissance(sin estorbos), á las jóvenes desdichadas; habria pintado, con los colores á que se presta, lacolosal fortuna hecha por una charlatana para procurarla soledadpermanente de las jóvenes.Y Doña Sofía, continuaba, ya recordarán lo que acontecia en Indiana, donde el divorcio solo requeria la simple manifestacion de discordancia de génios. Llegaba por el ferrocarril un matrimonio, se presentaba, y al volver á partir el tren, estaban desligados para siempre los más sagrados vínculos.Muchos cócoras, en las estaciones de Indiana, gritaban al llegar los wagones: “¡Veinte minutos para divorciarse!”—Varios anuncios de abogados habrá vd. visto, añadió D. Pedro, que dicen:Fulano,—Licenciado,—Con especialidad para el divorcio, con causa ó sin ella, cinco pesos.—Consultas grátis.Lo que espanta es que aun en la sociedad puritana, como en Vermont, Maine, New-Hampshire, Filadelfia y otros pueblos, se muestre ese disgusto por la duracion de la vida conyugal y esehorror por los niños, como decia M. Dirou, y que más bien en el Oeste y en las poblaciones más sencillas, se hayan refugiado los más puros sentimientos de la naturaleza.Mr. Jannet, en su obra titulada: “Los Estados-Unidos contemporáneos,” publicada en 1876, dice:“Los últimos censos tienen demostrado que en los Estados del Este, la poblacion no crece con especialidad, sino en los distritos manufactureros, donde afluyen los inmigrantes. En los distritos rurales, ó permanece estacionaria, ó disminuye. Los últimos datos sobre la poblacion de Rhode-Island, prueban que cien americanos tienen por término medio dos hijos por año, miéntras seis emigrados tienen seis.Si este desórden continúa, no habrá dentro de cincuenta años un solo habitante de la raza anglo-sajona.”—Contaré á vdes., interrumpió un jóven guatemalteco, que nos escuchaba, una anécdota que es característica, y que reasume, por decirlo así, cuanto hemos hablado sobre el particular.Julio Martinez llamaremos al jóven. Contrajo matrimonio con una lindísimalady, que pudiéramos llamar una de las más ricas joyas de la 5.ª avenida, porque Esther era no solo hermosa, sino que su padre poseia opulenta fortuna.Los primeros albores de la luna de miel los hallaron como dos tórtolas; eran la envidia y el modelo de los amantes entusiastas.Julio es nativo de la Habana, hermoso, perfectamente educado y de riquísimo caudal. Emigró de su país por causas políticas, se enamoró de Esther, fué correspondido y se creia el más feliz de los mortales con su enlace.Un dia, y cuando no se sospechaba siquiera, llegaron á Julio cartas de la Habana en que le participaban que su familia estaba perseguida, que sus bienes los habia confiscado el gobierno y que no contase con auxilio alguno.El jóven participó el acontecimiento á la esposa, lleno de consternacion, y como consecuencia le propuso la reduccion de gastos y su cambio á una modesta habitacion.La jóven escuchó con suma frialdad, casi con indiferencia, aquel relato, y le dijo con cierto tono de superficialidad:—A la modesta habitacion, te vas solo.—¡Cómo! replicó sorprendido el marido, ¿no me sigues?—Oh! á ese barrio de obreras?.... vas tú solito.Quiso el marido esforzarse y obligar á su consorte; perotodo fué en vano. No habia pasado una hora de esta conversacion, cuando Esther estaba en un hotel y el matrimonio en realidad disuelto.Julio.... abandonó la casa en que vivia.... y no se volvió á saber de él......Esther se dirigió á la casa de su padre.—Vengo á decir á vd., le expuso, que Julio me quiere llevar á una casa indigna de nosotros, muy pobre.—Oh! esa es tu cuenta.... dijo el padre.—Yo he resistido, y me vengo á mi casa.—Oh! tú irás con tu marido ó por tu lado; esa es tu cuenta.... Esta no es tu casa.—La beldad no se dió por derrotada: se encerró en su cuarto del hotel á calcular, y se encontró con que teniaun obstáculo(¡un hijo!) que le impedia discurrir con libertad.Nada más sencillo.... como proemio de sus planes, hizo desaparecerel obstáculoy quedó como soltera.Entónces, exhumó sus correspondencias amorosas, pasó una especie de circular á sus antiguos pretendientes, y la tiene vd. instalada de nuevo en su 5.ª avenida, merced á la prodigalidad de un judío millonario, que fué el mejor postor.—Eso es espantoso, exclamé yo.—Será lo que vd. guste, me dijo D. Pedro; pero en esa foja arrancada del Album de la vida íntima, tiene vd. la facilidad de romper las relaciones más estrechas, los vínculos más sagrados, el horror á los niños y la subasta y el remate al martillo.················································Uno de mis compañeros llegó en aquel momento, y tomó otro giro la conversacion.Habia hecho, en union de los Sres. Iglesias, Gomez del Palacio y otros mexicanos, un hermoso paseo en la Bahía, invitados y obsequiados por el Sr. D. Romualdo Pacheco, una de las personas más distinguidas y amables que tratamos en California.Antes de ceder la palabra á mi amigo, en lo que ganarán sin duda mis lectores, para la relacion de su paseo, me la concedo yo para hacer la presentacion del Sr. Pacheco en toda regla.El Sr. D. Romualdo Pacheco nació en el pueblo de Santa Bárbara, donde tenia ricas posesiones y numerosos ganados su familia.Quince años tenia el jóven Pacheco cuando se verificó la guerra americana, y de sus resultas, su cambio de nacionalidad.Pacheco partió para Paris, donde perfeccionó su educacion, y vino á ejercer, como juez de su condado, las primeras funciones públicas, con aplauso universal.Abrazó el partido republicano, se le nombró tesorero del Estado: sus talentos y virtudes le granjearon la estimacion pública, y en 1871 le hizo el voto popular teniente gobernador, y quedó al fin ejerciendo el mando como gobernador, por renuncia que hizo Mr. Booth, nombrado para ese encargo.Hé aquí los términos en que habló entónces del Sr. Pacheco, el periódico más acreditado de California:“En su carrera pública, el gobernador Pacheco ha sido probo entre los probos y honrado entre los honrados. Jamásse le ha atribuido un hecho que pudiera empañar el escudo de un hidalgo en aquellos dias. El gobernador Pacheco heredó los extensos terrenos de su familia, así como sus ganados. Durante los años de sequía, se deshizo de todo eso, que ahora constituiria la fortuna de un príncipe, para socorrer á los pobres. A Pacheco pertenece la honra de haber atravesado una série de pingües destinos, sin haberse enriquecido por ello.“Personalmente posee cualidades que tienen mucho mérito para el pueblo.“Es considerado como el hombre de mejor figura y de más finos modales del Estado.“Laza un oso con la propia facilidad que un becerro, maneja unyatecomo el más diestro marino, es un tirador de primera fuerza, y como cocinero, no le conocemos rival.”Esto dice el periódico americano.Nosotros podemos asegurar que ninguno de esos elogios es exagerado, y que el cariño que profesa á México nos lo hizo recomendable en alto grado.El amigo que venia de disfrutar de la buena compañía del Sr. Pacheco, estaba encantado con los recuerdos de su paseo.Contábame regocijado mi amigo, que el Sr. Pacheco llevó en su compañía al paseo á su hijita, niña encantadora en cuya fisonomía y modales parece que se habian dado cita las dos razas, sajona y española, para ostentar sus gracias: además, se reunieron al caballero obsequiante unos americanos, tan francos, tan alegres, que sin la denuncia impertinente de los años, se habria semejado el paseo á unasaladade colegiales.—Vimos la Bahía, me dijo el amigo, con sus muchos muelles, su tragin y su riqueza deslumbradora.Por una parte, eltheque llega del Oriente, entre la algarabía de los chinos; por otro lado, montones de tercios de trigo, esperando buques para un puerto extranjero.Pacas, costales, barriles, maquinaria de fierro, pianos, cuanto sueña la necesidad, cuanto inventa el lujo, cuanto solicita el trabajo, cuanto imagina la gula.Pasamos por enfrente de San Quintin, que es una isla en que está la prision, y es al mismo tiempo escuela de artes y oficios, cuyos talleres trabajan con la mayor actividad.Allí, me dijo mi amigo, como en otras partes, no ha tenido solucion satisfactoria la cuestion de talleres; el gobierno paga seis reales por la manutencion de cada preso; pero en otras épocas se han apoderado de ellos especuladores, que despues de exprimir su jugo, sueltan al preso casi en la miseria cuando termina su condena.Además, el auxilio del gobierno produce una baratura forzada, que da superioridad á los efectos hechos por los presos, y esto sacrifica al artesano honrado que no tiene más auxilio que su esfuerzo personal.La prision de San Quintin está citada como modelo; pero yo creo que hay instituciones mejores y más humanitarias en Europa.Entre la multitud de asociaciones marítimas deExpresscomisionistas y traficantes de mar, descuella poderosa la Compañía que dirigen MM. Goodall, Nelson y Pekin, titulada: “Compañía de vapores de la Mala del Pacífico,” relacionada con otras compañías que recorren las islas del Pacífico,China, Japon, los principales puertos de América, Europa, Asia, Africa y Australia, haciendo de fácil acceso á California todos los pueblos del mundo.La seguridad, la baratura y las comodidades todas de la vida, se han trasladado á esos buques, al punto que familias enteras se estacionan en ellos.Los negocios de la Compañía requieren, en movimiento perpétuo, 35 agencias colocadas en los puntos más importantes de las costas de los Estados-Unidos, México, Sur, Centro América, el Canadá, Inglaterra, Japon, China y las Indias Occidentales. La capacidad de su flota excede de 70,000 toneladas, y la distancia entre los puertos de salida y entrada que los vapores atraviesan en viajes regulares, es de más de 25,000 millas por viaje.Uno de nuestros complacientes compañeros de paseo, continuó mi amigo, nos hizo una descripcion animadísima del vapor conocido con el nombre de “Ciudad de Pekin,” llamado por los marinos “El Palacio Flotante.”Los salones, decia, refiriéndose á M. Lloyd, escritor americano de gran mérito, son tan espaciosos y elegantes como los de los millonarios de la 5.ª avenida en Nueva-York.Grandes espejos, deliciosas pinturas, jarrones con flores y cuantos primores ha derramado la estética en las estancias de los próceres europeos.La cocina parece dirigida por Brillat de Savary y por Alejandro Dumas á competencia, es un paraíso en donde las seducciones no son manzanas, sino los manjares más exquisitos; seria el orgullo de Manuel Payno, haria las delicias de Morquecho, ese par de amigos de tan exquisito gusto para sus comidas.Cada camarote parece preparado por una novia solícita á un solteron comodino.Solo el “Grande Oriental” es superior en tamaño á la “Ciudad de Pekin,” que mide 5,080 toneladas, es de fierro y hélice y hace el tráfico con China.La flota de la Compañía se compone de 16 buques de fierro y hélice, y 9 de madera de ruedas laterales.Los buques de primera clase tienen los nombres de “Pekin,” “Tokio,” “Gran República,” “Colorado,” “Ciudad de San Francisco,” “New-York,” “Australia,” etc., etc.; miden de 3 á 5,000 toneladas; los de 2.ª y 3.ª clase, de 1 á 3,000.Diez de esos buques, los de primera clase, hacen el tráfico de China y Australia; seis el de New-York y Panamá, y los demás los de las islas y la América Central.Por la brevísima idea que hemos procurado dar de la Mala del Pacífico, se vendrá en conocimiento del movimiento de sus muelles, del tragin de sus almacenes, de la multiplicidad de sus cambios, de la extension de sus relaciones y del impulso que esa sola Compañía comunica á todos los ramos de la riqueza pública.—Volviendo al Sr. Pacheco, dijo mi amigo, es persona altamente considerada, no obstante manifestar su adhesion por México; nosotros le debemos mil atenciones y le estamos profundamente obligados.—¿Creerán vdes. que he pensado muy detenidamente en lo que acontece, no con el Sr. Pacheco, sino con otros mexicanos que conservan con heroismo su nacionalidad? Ellos son tratados como cualquier otro extranjero; léjos de recibir ofensas, son acogidos en la mejor sociedad, y sinembargo, se tiene por nuestra raza sumo desprecio y se siente algo en la atmósfera, que nos sofoca.—Eso depende de dos cosas: primero, de que no se distingue bien entre la gente bien educada y la que no lo es, y en que no es lo mismo las ciudades que los campos.La gente de las fronteras se cree sin fundamento que es, en general, como el sedimento de lo que tienen de peor los dos pueblos; y como el americano tiene la fuerza, y los testigos, y los medios de superioridad; y como de nuestra parte la representacion es tan débil, llevamos la peor parte en todo.—Yo, dije, he estado en Tejas en 1865. La poblacion americana invadia dia por dia la parte central de la ciudad; á sus orillas, bajo las lonas, como la ramazon y los despojos que empujan á la tierra los grandes lagos, se iba aglomerando la poblacion mexicana, sucia, desnuda, corrupta, bajo girones de lienzo, ó bajo cueros de res, apiñándose como gusanos, formando como costras y grumos repugnantes. El cólera imperaba devastando. Se cebó en el barrio mexicano. Cuando iba desapareciendo la plaga, se publicaba: “Demos gracias á Dios. El cólera se va: ya solo mueren algunos negros y muchos mexicanos.”En los jurados generalmente resultaban condenados los mexicanos: los nombres de mugrosos y de ladrones les designaban al castigo: yo jamás me he sentido tan humillado como entre aquellas gentes.—Habia mil razones, replicó mi amigo: los usurpadores de las tierras, pintaban á los mexicanos como bandidos y citaban hechos atroces: los mexicanos, que no tenian justicia ni apoyo alguno, recurrian á la fuerza, se exacerbabanlos odios y siempre el juez decidia en favor de los suyos.Por otra parte, debe tenerse en cuenta que tambien de nuestra parte ha habido violencias.Pero el hecho es que se pueden citar matanzas atroces por órden de las autoridades, robos injustificables, incendios y todo lo que no seria lícito emplear ni para el exterminio de fieras.Pero los hechos que hemos palpado y de los que hemos sido víctimas, son no tener quien hiciera justicia á un mexicano, sino condenarle por la primera delacion; en Brownsvill, no se permitia á un mexicano galopar á caballo, ni tener vela encendida, y la más leve sospecha provocaba ejecuciones espantosas..................................................Pepa, que observó que el terreno en que nos estábamos colocando era muy resbaladizo, cambió de conversacion y me trajo su Album, empeñada en que escribiese en él cualquier cosa que no fuera séria.La conversacion séria voló hecha girones, los concurrentes se rodearon del piano y á mí me dejaron con el Album y un tintero en la mesita del centro de la sala.Allí, al querer ó no, hilvané, en ménos que canta un gallo, unas coplas festivas, que por fortuna de mis lectores no recuerdo.La circunstancia de ser víspera de partida, y la intimidad de mis relaciones con la estimable mamá de Pepita, hicieron pasable la improvisacion, que se hubiera calificado de llaneza, si no estuviera autorizada por la confianza y por la broma.Al siguiente dia de esta entrevista me desprendí de todo compromiso para hacer en la mañana mi paseo solitario al Cementerio, ya que era preciso verlo todo.Al Oeste de la ciudad, entre la árida playa y el Océano, en medio de un hervidero de caprichosas colinas, se levanta entre un grupo de pinos silenciosos, una gigantesca cruz rústica, recuerdo de los primeros misioneros españoles, propagadores de la civilizacion y el Evangelio, en aquellas remotas regiones.La sombra del signo de la redencion se proyecta gigantesca con la luz vespertina, como para abrigar los restos queridos de aquellos que encendieron audaces la doctrina del Evangelio en aquellos dominios de la barbarie; y algo de religioso y de sublime hay en aquel triunfo de las conquistas del espiritu, frente al mar, representacion de lo eterno, y la playa, símbolo del principio y del fin de la vida.Lone-Mountain es el nombre de la ciudad de los muertos, y sus blancas columnas y sus estatuas, sus cúpulas y campanarios, parecian cadáveres de edificios, en que en otro tiempo se habia refugiado la vida.No sabemos por qué, si no es por seguir alguna vulgar imitacion del Este, se ha querido sustituir al nombre de Lon-Mountain el de Laurel-Hill, por mil títulos más adecuado.Sea como fuere, posee el cementerio una grandeza imponente, la soledad y el silencio le revisten de extraña majestad.Desde el pié de la cruz se distinguen, por una parte, las tendidas olas del Océano, y por el otro, el tumulto de casas de la ciudad, corriendo entre las arboledas de las calles, apiñándose en las azoteas, con sus puertas y ventanas comofisonomías, y extendiéndose en las plazas, abriendo campo como en espera de otra comitiva de edificios.Entrando al cercado del cementerio, se ven anchas avenidas de árboles sombríos, calles regulares, tramos de césped y jardines esmeradamente cultivados, rodeando, ya monumentos, ya sencillos sepulcros en que parecen confiadas á las regiones desconocidas, las memorias de los que lloran en este suelo.Templetes, arcos, bóvedas de granito y de mármol, proclamando la opulencia, cruces de piedra denunciando la miseria: tambien allí se ve la desigualdad en la cubierta del polvo.Recorria las inscripciones, muchas sin entenderlas, como si yo fuese instrumento del castigo de la vanidad mundana, como si tambien en la muerte hubiese extranjería!Una flor aislada y marchita, una corona comenzada á destruir por el tiempo, hablaban más alto á mi corazon que los esfuerzos que sin duda habia hecho el talento para protestar contra lo implacable de la nada.Para un extranjero, para uno que viaja, un cementerio es la aparicion de la patria comun, es el aviso de que todos los caminos tienen un fin único, y de que el sueño eterno, lo mismo se concilia bajo todas las zonas del globo.... ¡Qué pequeño es el hombre! ¡qué miserable la existencia!Todos los epitafios son lo mismo: la queja del bien perdido, la protesta contra lo imposible, el ahinco de defraudar al olvido una partícula de lo que tiene de desaparecer para siempre. ¿Pero por qué siente uno morirse más definitivamente en un país extranjero?En la parte más elevada de Lon-Mountain hay un monumentode mármol erigido á una que fué persona muy estimable en California: por un lado del monumento se lee: “Mecánico;” por el otro: “Senador.” Ese epitafio tiene el mérito de que con dos palabras pinta á un yankee.El epitafio que produjo en mí más honda impresion, fué el de Arturo French, muerto en 1860 en el naufragio del vapor “Norterner,” cerca del Cabo Mendocino. French era el primer oficial del buque; parece que habia venido varias veces á la playa para procurar la salvacion de sus compañeros. Contestó á los que trataban de disuadirlo que volviese al buque náufrago: “Yo debo vivir como cualquiera otro; pero mi vida pertenece á los que se hallan á bordo de aquel navío, y así, iré y permaneceré allí con el capitan. Si muero, decid á mi esposa y á mis hijos, que despues que hice siete inútiles tentativas, he muerto cumpliendo con mi deber.”Un mástil solo señala su tumba, emblema significativo de los peligros de su vida y de su heróica muerte.En un lugar apartado del cementerio, sin monumentos ni inscripciones, está el lugar concedido á los extranjeros.Crece allí espontánea la yerba; en piedras humildes están depositadas algunas fechas y algunos nombres; de vez en cuando salpican frescas flores sitios que no tienen inscripcion alguna; lágrimas, confidencias íntimas, desconocidos misterios de amor y quebranto....El murmullo de los árboles en aquel sitio, parece remedar los acentos del hogar distante..........Yo no sé por qué en aquel lugar tuve como la aparicion de todo cuanto amo en el mundo.... La tumba en tierra extraña.... ¿qué más da?.... Oh, no! es horrible morir sin patria!........................................La sensacion que acababa de recibir, no me dejó fijarme en otros suntuosos monumentos ... ni en una seccion destinada á los sepulcros de los individuos de las Compañías de apagar incendios, que es muy bella.Poco me detuve en el Cementerio Chino, que está cerca de Lon-Mountain, ó mejor dicho, que como el Cementerio Católico, son secciones separadas de él.El Cementerio Chino, realmente son depósitos de cadáveres encajonados, que hacen las Compañías para conducirlos al Japon ó China, como es sabido y está pactado: frente á los sepulcros hay hoyos en que se queman lo que ellos llaman perfumes.En estos lugares suele insultar el odio público á los cadáveres, arrojándoles piedras y suciedades; no hay para qué encarecer lo que tiene de sucio y repugnante aquel lugar.En el Cementerio Católico descuella el del Sr. Labiaga, que costó más de cincuenta mil pesos.Aquella tarde fué de honda tristeza.... parece que algo de mí mismo quedó allí sepultado. ¿A qué caminar? ¿á qué vivir? si al fin todos los caminos conducen á la muerte!!!
Lo de enántes.—La marina.—El Cementerio.
MUY conmovidas encontré á Pepa y á Sofía por nuestra conversacion del dia anterior; cuando llegué á la casa, aun se ocupaban de ella con D. Antonio, que es el nombre del viejo, sesudo representante de la imparcialidad la noche anterior.
Don Pedro, que es el nombre del otro estimable viejo, decia:
—¡Ojalá no hubiera sido la conversacion entre señoras; por eso callaba yo: si hubiera sido entre hombres de mundo, yo habria mostrado que la prostitucion llega á un grado inverosímil. Yo habria dicho de las casas ó establecimientos para dejar sinnuissance(sin estorbos), á las jóvenes desdichadas; habria pintado, con los colores á que se presta, lacolosal fortuna hecha por una charlatana para procurarla soledadpermanente de las jóvenes.
Y Doña Sofía, continuaba, ya recordarán lo que acontecia en Indiana, donde el divorcio solo requeria la simple manifestacion de discordancia de génios. Llegaba por el ferrocarril un matrimonio, se presentaba, y al volver á partir el tren, estaban desligados para siempre los más sagrados vínculos.
Muchos cócoras, en las estaciones de Indiana, gritaban al llegar los wagones: “¡Veinte minutos para divorciarse!”
—Varios anuncios de abogados habrá vd. visto, añadió D. Pedro, que dicen:Fulano,—Licenciado,—Con especialidad para el divorcio, con causa ó sin ella, cinco pesos.—Consultas grátis.
Lo que espanta es que aun en la sociedad puritana, como en Vermont, Maine, New-Hampshire, Filadelfia y otros pueblos, se muestre ese disgusto por la duracion de la vida conyugal y esehorror por los niños, como decia M. Dirou, y que más bien en el Oeste y en las poblaciones más sencillas, se hayan refugiado los más puros sentimientos de la naturaleza.
Mr. Jannet, en su obra titulada: “Los Estados-Unidos contemporáneos,” publicada en 1876, dice:
“Los últimos censos tienen demostrado que en los Estados del Este, la poblacion no crece con especialidad, sino en los distritos manufactureros, donde afluyen los inmigrantes. En los distritos rurales, ó permanece estacionaria, ó disminuye. Los últimos datos sobre la poblacion de Rhode-Island, prueban que cien americanos tienen por término medio dos hijos por año, miéntras seis emigrados tienen seis.Si este desórden continúa, no habrá dentro de cincuenta años un solo habitante de la raza anglo-sajona.”
—Contaré á vdes., interrumpió un jóven guatemalteco, que nos escuchaba, una anécdota que es característica, y que reasume, por decirlo así, cuanto hemos hablado sobre el particular.
Julio Martinez llamaremos al jóven. Contrajo matrimonio con una lindísimalady, que pudiéramos llamar una de las más ricas joyas de la 5.ª avenida, porque Esther era no solo hermosa, sino que su padre poseia opulenta fortuna.
Los primeros albores de la luna de miel los hallaron como dos tórtolas; eran la envidia y el modelo de los amantes entusiastas.
Julio es nativo de la Habana, hermoso, perfectamente educado y de riquísimo caudal. Emigró de su país por causas políticas, se enamoró de Esther, fué correspondido y se creia el más feliz de los mortales con su enlace.
Un dia, y cuando no se sospechaba siquiera, llegaron á Julio cartas de la Habana en que le participaban que su familia estaba perseguida, que sus bienes los habia confiscado el gobierno y que no contase con auxilio alguno.
El jóven participó el acontecimiento á la esposa, lleno de consternacion, y como consecuencia le propuso la reduccion de gastos y su cambio á una modesta habitacion.
La jóven escuchó con suma frialdad, casi con indiferencia, aquel relato, y le dijo con cierto tono de superficialidad:
—A la modesta habitacion, te vas solo.
—¡Cómo! replicó sorprendido el marido, ¿no me sigues?
—Oh! á ese barrio de obreras?.... vas tú solito.
Quiso el marido esforzarse y obligar á su consorte; perotodo fué en vano. No habia pasado una hora de esta conversacion, cuando Esther estaba en un hotel y el matrimonio en realidad disuelto.
Julio.... abandonó la casa en que vivia.... y no se volvió á saber de él......
Esther se dirigió á la casa de su padre.
—Vengo á decir á vd., le expuso, que Julio me quiere llevar á una casa indigna de nosotros, muy pobre.
—Oh! esa es tu cuenta.... dijo el padre.
—Yo he resistido, y me vengo á mi casa.
—Oh! tú irás con tu marido ó por tu lado; esa es tu cuenta.... Esta no es tu casa.
—La beldad no se dió por derrotada: se encerró en su cuarto del hotel á calcular, y se encontró con que teniaun obstáculo(¡un hijo!) que le impedia discurrir con libertad.
Nada más sencillo.... como proemio de sus planes, hizo desaparecerel obstáculoy quedó como soltera.
Entónces, exhumó sus correspondencias amorosas, pasó una especie de circular á sus antiguos pretendientes, y la tiene vd. instalada de nuevo en su 5.ª avenida, merced á la prodigalidad de un judío millonario, que fué el mejor postor.
—Eso es espantoso, exclamé yo.
—Será lo que vd. guste, me dijo D. Pedro; pero en esa foja arrancada del Album de la vida íntima, tiene vd. la facilidad de romper las relaciones más estrechas, los vínculos más sagrados, el horror á los niños y la subasta y el remate al martillo.
················································
Uno de mis compañeros llegó en aquel momento, y tomó otro giro la conversacion.
Habia hecho, en union de los Sres. Iglesias, Gomez del Palacio y otros mexicanos, un hermoso paseo en la Bahía, invitados y obsequiados por el Sr. D. Romualdo Pacheco, una de las personas más distinguidas y amables que tratamos en California.
Antes de ceder la palabra á mi amigo, en lo que ganarán sin duda mis lectores, para la relacion de su paseo, me la concedo yo para hacer la presentacion del Sr. Pacheco en toda regla.
El Sr. D. Romualdo Pacheco nació en el pueblo de Santa Bárbara, donde tenia ricas posesiones y numerosos ganados su familia.
Quince años tenia el jóven Pacheco cuando se verificó la guerra americana, y de sus resultas, su cambio de nacionalidad.
Pacheco partió para Paris, donde perfeccionó su educacion, y vino á ejercer, como juez de su condado, las primeras funciones públicas, con aplauso universal.
Abrazó el partido republicano, se le nombró tesorero del Estado: sus talentos y virtudes le granjearon la estimacion pública, y en 1871 le hizo el voto popular teniente gobernador, y quedó al fin ejerciendo el mando como gobernador, por renuncia que hizo Mr. Booth, nombrado para ese encargo.
Hé aquí los términos en que habló entónces del Sr. Pacheco, el periódico más acreditado de California:
“En su carrera pública, el gobernador Pacheco ha sido probo entre los probos y honrado entre los honrados. Jamásse le ha atribuido un hecho que pudiera empañar el escudo de un hidalgo en aquellos dias. El gobernador Pacheco heredó los extensos terrenos de su familia, así como sus ganados. Durante los años de sequía, se deshizo de todo eso, que ahora constituiria la fortuna de un príncipe, para socorrer á los pobres. A Pacheco pertenece la honra de haber atravesado una série de pingües destinos, sin haberse enriquecido por ello.
“Personalmente posee cualidades que tienen mucho mérito para el pueblo.
“Es considerado como el hombre de mejor figura y de más finos modales del Estado.
“Laza un oso con la propia facilidad que un becerro, maneja unyatecomo el más diestro marino, es un tirador de primera fuerza, y como cocinero, no le conocemos rival.”
Esto dice el periódico americano.
Nosotros podemos asegurar que ninguno de esos elogios es exagerado, y que el cariño que profesa á México nos lo hizo recomendable en alto grado.
El amigo que venia de disfrutar de la buena compañía del Sr. Pacheco, estaba encantado con los recuerdos de su paseo.
Contábame regocijado mi amigo, que el Sr. Pacheco llevó en su compañía al paseo á su hijita, niña encantadora en cuya fisonomía y modales parece que se habian dado cita las dos razas, sajona y española, para ostentar sus gracias: además, se reunieron al caballero obsequiante unos americanos, tan francos, tan alegres, que sin la denuncia impertinente de los años, se habria semejado el paseo á unasaladade colegiales.
—Vimos la Bahía, me dijo el amigo, con sus muchos muelles, su tragin y su riqueza deslumbradora.
Por una parte, eltheque llega del Oriente, entre la algarabía de los chinos; por otro lado, montones de tercios de trigo, esperando buques para un puerto extranjero.
Pacas, costales, barriles, maquinaria de fierro, pianos, cuanto sueña la necesidad, cuanto inventa el lujo, cuanto solicita el trabajo, cuanto imagina la gula.
Pasamos por enfrente de San Quintin, que es una isla en que está la prision, y es al mismo tiempo escuela de artes y oficios, cuyos talleres trabajan con la mayor actividad.
Allí, me dijo mi amigo, como en otras partes, no ha tenido solucion satisfactoria la cuestion de talleres; el gobierno paga seis reales por la manutencion de cada preso; pero en otras épocas se han apoderado de ellos especuladores, que despues de exprimir su jugo, sueltan al preso casi en la miseria cuando termina su condena.
Además, el auxilio del gobierno produce una baratura forzada, que da superioridad á los efectos hechos por los presos, y esto sacrifica al artesano honrado que no tiene más auxilio que su esfuerzo personal.
La prision de San Quintin está citada como modelo; pero yo creo que hay instituciones mejores y más humanitarias en Europa.
Entre la multitud de asociaciones marítimas deExpresscomisionistas y traficantes de mar, descuella poderosa la Compañía que dirigen MM. Goodall, Nelson y Pekin, titulada: “Compañía de vapores de la Mala del Pacífico,” relacionada con otras compañías que recorren las islas del Pacífico,China, Japon, los principales puertos de América, Europa, Asia, Africa y Australia, haciendo de fácil acceso á California todos los pueblos del mundo.
La seguridad, la baratura y las comodidades todas de la vida, se han trasladado á esos buques, al punto que familias enteras se estacionan en ellos.
Los negocios de la Compañía requieren, en movimiento perpétuo, 35 agencias colocadas en los puntos más importantes de las costas de los Estados-Unidos, México, Sur, Centro América, el Canadá, Inglaterra, Japon, China y las Indias Occidentales. La capacidad de su flota excede de 70,000 toneladas, y la distancia entre los puertos de salida y entrada que los vapores atraviesan en viajes regulares, es de más de 25,000 millas por viaje.
Uno de nuestros complacientes compañeros de paseo, continuó mi amigo, nos hizo una descripcion animadísima del vapor conocido con el nombre de “Ciudad de Pekin,” llamado por los marinos “El Palacio Flotante.”
Los salones, decia, refiriéndose á M. Lloyd, escritor americano de gran mérito, son tan espaciosos y elegantes como los de los millonarios de la 5.ª avenida en Nueva-York.
Grandes espejos, deliciosas pinturas, jarrones con flores y cuantos primores ha derramado la estética en las estancias de los próceres europeos.
La cocina parece dirigida por Brillat de Savary y por Alejandro Dumas á competencia, es un paraíso en donde las seducciones no son manzanas, sino los manjares más exquisitos; seria el orgullo de Manuel Payno, haria las delicias de Morquecho, ese par de amigos de tan exquisito gusto para sus comidas.
Cada camarote parece preparado por una novia solícita á un solteron comodino.
Solo el “Grande Oriental” es superior en tamaño á la “Ciudad de Pekin,” que mide 5,080 toneladas, es de fierro y hélice y hace el tráfico con China.
La flota de la Compañía se compone de 16 buques de fierro y hélice, y 9 de madera de ruedas laterales.
Los buques de primera clase tienen los nombres de “Pekin,” “Tokio,” “Gran República,” “Colorado,” “Ciudad de San Francisco,” “New-York,” “Australia,” etc., etc.; miden de 3 á 5,000 toneladas; los de 2.ª y 3.ª clase, de 1 á 3,000.
Diez de esos buques, los de primera clase, hacen el tráfico de China y Australia; seis el de New-York y Panamá, y los demás los de las islas y la América Central.
Por la brevísima idea que hemos procurado dar de la Mala del Pacífico, se vendrá en conocimiento del movimiento de sus muelles, del tragin de sus almacenes, de la multiplicidad de sus cambios, de la extension de sus relaciones y del impulso que esa sola Compañía comunica á todos los ramos de la riqueza pública.
—Volviendo al Sr. Pacheco, dijo mi amigo, es persona altamente considerada, no obstante manifestar su adhesion por México; nosotros le debemos mil atenciones y le estamos profundamente obligados.
—¿Creerán vdes. que he pensado muy detenidamente en lo que acontece, no con el Sr. Pacheco, sino con otros mexicanos que conservan con heroismo su nacionalidad? Ellos son tratados como cualquier otro extranjero; léjos de recibir ofensas, son acogidos en la mejor sociedad, y sinembargo, se tiene por nuestra raza sumo desprecio y se siente algo en la atmósfera, que nos sofoca.
—Eso depende de dos cosas: primero, de que no se distingue bien entre la gente bien educada y la que no lo es, y en que no es lo mismo las ciudades que los campos.
La gente de las fronteras se cree sin fundamento que es, en general, como el sedimento de lo que tienen de peor los dos pueblos; y como el americano tiene la fuerza, y los testigos, y los medios de superioridad; y como de nuestra parte la representacion es tan débil, llevamos la peor parte en todo.
—Yo, dije, he estado en Tejas en 1865. La poblacion americana invadia dia por dia la parte central de la ciudad; á sus orillas, bajo las lonas, como la ramazon y los despojos que empujan á la tierra los grandes lagos, se iba aglomerando la poblacion mexicana, sucia, desnuda, corrupta, bajo girones de lienzo, ó bajo cueros de res, apiñándose como gusanos, formando como costras y grumos repugnantes. El cólera imperaba devastando. Se cebó en el barrio mexicano. Cuando iba desapareciendo la plaga, se publicaba: “Demos gracias á Dios. El cólera se va: ya solo mueren algunos negros y muchos mexicanos.”
En los jurados generalmente resultaban condenados los mexicanos: los nombres de mugrosos y de ladrones les designaban al castigo: yo jamás me he sentido tan humillado como entre aquellas gentes.
—Habia mil razones, replicó mi amigo: los usurpadores de las tierras, pintaban á los mexicanos como bandidos y citaban hechos atroces: los mexicanos, que no tenian justicia ni apoyo alguno, recurrian á la fuerza, se exacerbabanlos odios y siempre el juez decidia en favor de los suyos.
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que tambien de nuestra parte ha habido violencias.
Pero el hecho es que se pueden citar matanzas atroces por órden de las autoridades, robos injustificables, incendios y todo lo que no seria lícito emplear ni para el exterminio de fieras.
Pero los hechos que hemos palpado y de los que hemos sido víctimas, son no tener quien hiciera justicia á un mexicano, sino condenarle por la primera delacion; en Brownsvill, no se permitia á un mexicano galopar á caballo, ni tener vela encendida, y la más leve sospecha provocaba ejecuciones espantosas..................................................
Pepa, que observó que el terreno en que nos estábamos colocando era muy resbaladizo, cambió de conversacion y me trajo su Album, empeñada en que escribiese en él cualquier cosa que no fuera séria.
La conversacion séria voló hecha girones, los concurrentes se rodearon del piano y á mí me dejaron con el Album y un tintero en la mesita del centro de la sala.
Allí, al querer ó no, hilvané, en ménos que canta un gallo, unas coplas festivas, que por fortuna de mis lectores no recuerdo.
La circunstancia de ser víspera de partida, y la intimidad de mis relaciones con la estimable mamá de Pepita, hicieron pasable la improvisacion, que se hubiera calificado de llaneza, si no estuviera autorizada por la confianza y por la broma.
Al siguiente dia de esta entrevista me desprendí de todo compromiso para hacer en la mañana mi paseo solitario al Cementerio, ya que era preciso verlo todo.
Al Oeste de la ciudad, entre la árida playa y el Océano, en medio de un hervidero de caprichosas colinas, se levanta entre un grupo de pinos silenciosos, una gigantesca cruz rústica, recuerdo de los primeros misioneros españoles, propagadores de la civilizacion y el Evangelio, en aquellas remotas regiones.
La sombra del signo de la redencion se proyecta gigantesca con la luz vespertina, como para abrigar los restos queridos de aquellos que encendieron audaces la doctrina del Evangelio en aquellos dominios de la barbarie; y algo de religioso y de sublime hay en aquel triunfo de las conquistas del espiritu, frente al mar, representacion de lo eterno, y la playa, símbolo del principio y del fin de la vida.
Lone-Mountain es el nombre de la ciudad de los muertos, y sus blancas columnas y sus estatuas, sus cúpulas y campanarios, parecian cadáveres de edificios, en que en otro tiempo se habia refugiado la vida.
No sabemos por qué, si no es por seguir alguna vulgar imitacion del Este, se ha querido sustituir al nombre de Lon-Mountain el de Laurel-Hill, por mil títulos más adecuado.
Sea como fuere, posee el cementerio una grandeza imponente, la soledad y el silencio le revisten de extraña majestad.
Desde el pié de la cruz se distinguen, por una parte, las tendidas olas del Océano, y por el otro, el tumulto de casas de la ciudad, corriendo entre las arboledas de las calles, apiñándose en las azoteas, con sus puertas y ventanas comofisonomías, y extendiéndose en las plazas, abriendo campo como en espera de otra comitiva de edificios.
Entrando al cercado del cementerio, se ven anchas avenidas de árboles sombríos, calles regulares, tramos de césped y jardines esmeradamente cultivados, rodeando, ya monumentos, ya sencillos sepulcros en que parecen confiadas á las regiones desconocidas, las memorias de los que lloran en este suelo.
Templetes, arcos, bóvedas de granito y de mármol, proclamando la opulencia, cruces de piedra denunciando la miseria: tambien allí se ve la desigualdad en la cubierta del polvo.
Recorria las inscripciones, muchas sin entenderlas, como si yo fuese instrumento del castigo de la vanidad mundana, como si tambien en la muerte hubiese extranjería!
Una flor aislada y marchita, una corona comenzada á destruir por el tiempo, hablaban más alto á mi corazon que los esfuerzos que sin duda habia hecho el talento para protestar contra lo implacable de la nada.
Para un extranjero, para uno que viaja, un cementerio es la aparicion de la patria comun, es el aviso de que todos los caminos tienen un fin único, y de que el sueño eterno, lo mismo se concilia bajo todas las zonas del globo.... ¡Qué pequeño es el hombre! ¡qué miserable la existencia!
Todos los epitafios son lo mismo: la queja del bien perdido, la protesta contra lo imposible, el ahinco de defraudar al olvido una partícula de lo que tiene de desaparecer para siempre. ¿Pero por qué siente uno morirse más definitivamente en un país extranjero?
En la parte más elevada de Lon-Mountain hay un monumentode mármol erigido á una que fué persona muy estimable en California: por un lado del monumento se lee: “Mecánico;” por el otro: “Senador.” Ese epitafio tiene el mérito de que con dos palabras pinta á un yankee.
El epitafio que produjo en mí más honda impresion, fué el de Arturo French, muerto en 1860 en el naufragio del vapor “Norterner,” cerca del Cabo Mendocino. French era el primer oficial del buque; parece que habia venido varias veces á la playa para procurar la salvacion de sus compañeros. Contestó á los que trataban de disuadirlo que volviese al buque náufrago: “Yo debo vivir como cualquiera otro; pero mi vida pertenece á los que se hallan á bordo de aquel navío, y así, iré y permaneceré allí con el capitan. Si muero, decid á mi esposa y á mis hijos, que despues que hice siete inútiles tentativas, he muerto cumpliendo con mi deber.”
Un mástil solo señala su tumba, emblema significativo de los peligros de su vida y de su heróica muerte.
En un lugar apartado del cementerio, sin monumentos ni inscripciones, está el lugar concedido á los extranjeros.
Crece allí espontánea la yerba; en piedras humildes están depositadas algunas fechas y algunos nombres; de vez en cuando salpican frescas flores sitios que no tienen inscripcion alguna; lágrimas, confidencias íntimas, desconocidos misterios de amor y quebranto....
El murmullo de los árboles en aquel sitio, parece remedar los acentos del hogar distante..........
Yo no sé por qué en aquel lugar tuve como la aparicion de todo cuanto amo en el mundo.... La tumba en tierra extraña.... ¿qué más da?.... Oh, no! es horrible morir sin patria!........................................
La sensacion que acababa de recibir, no me dejó fijarme en otros suntuosos monumentos ... ni en una seccion destinada á los sepulcros de los individuos de las Compañías de apagar incendios, que es muy bella.
Poco me detuve en el Cementerio Chino, que está cerca de Lon-Mountain, ó mejor dicho, que como el Cementerio Católico, son secciones separadas de él.
El Cementerio Chino, realmente son depósitos de cadáveres encajonados, que hacen las Compañías para conducirlos al Japon ó China, como es sabido y está pactado: frente á los sepulcros hay hoyos en que se queman lo que ellos llaman perfumes.
En estos lugares suele insultar el odio público á los cadáveres, arrojándoles piedras y suciedades; no hay para qué encarecer lo que tiene de sucio y repugnante aquel lugar.
En el Cementerio Católico descuella el del Sr. Labiaga, que costó más de cincuenta mil pesos.
Aquella tarde fué de honda tristeza.... parece que algo de mí mismo quedó allí sepultado. ¿A qué caminar? ¿á qué vivir? si al fin todos los caminos conducen á la muerte!!!