ARGVMENTODELLIBRO QVINTO.SEgundo ſitio de Alcaçar: cuidado, i virtud con que lo defendiô D. Duarte, i los cavalleros Portuguezes que ſe hallarõ en esta ocaſion. Muertes de Principes en eſte Reyno: viene a el Don Duarte llamado de el Rey, dale titulo de Conde de Viana, buelve a Alcaçar: ſierras, i lugares que reduxo a la obediencia deſta Corona. Reſolucion que el Rey tomô de paſſar a la conquiſta de Tanjar, iornada que ſuccediò infelizmẽte. Enpreſade Tanjar executada contra el voto de Don Duarte. Viſtas que tuvieron los Reyes de Portugal, i Caſtilla; entrada del Rey en la ſierra de Benacofu. Matan los Moros a Don Duarte; conocio ſu fin antes: ſeñales ciertas de ſu salvacion: i ultimamente ſe trata de ſus decendientes. Eſto en diſcurſo de cinco años deſde el de cinquenta i nueve al de cinquenta i quatro.VIDA DEDON DVARTEDE MENESESTERCERO CONDEde Viana.LIBRO QVINTO.ESforçavaſe el ruydo de las armas, i poder con que el Rey de Fez bolvia ſobre Alcaçar, i no ſe hablava ya en otra coſa; porque Don Duarte ſabia q̃ havia llegado a Tanjar para hazer reſeña de ſus gentes. Hallò dobladas que en la ocaſion paſſada con que formô un exercito que cubria la tierra, trahiendo en el mucha variedad de fieras disformes, mas para cauſar miedo a los nueſtros, que provecho a los ſuyos: i un lunes veinte i dos de Iulio de mil quatrocientos cincuenta, i nueve, appareciò ſobre Alcaçar caſi de repente.(2) Don Duarte acoſtumbrado a eſtas viſtas, quiſo ſalir a eſperarlo, i darle la bien venida con alguna faccion honroſa, repartiendo primero los pueſtos, i guardas de las puertas a los cavalleros màs brioſos, i deſcõfiados; ubo entre ellos grande emulacion ſobre pedir cadauno la parte màs flaca, i peligroſa. D. Alfonſo de Vaſconcelos quedô entre la puerta de Fez, i Ceuta; eſta tenia el Almirante Rodrigo de Melo; Martin de Tavora la de Fez, i en guarda de la Cortina Alfonſo Furtado de Mendoça con tres hijos ſuyos. Deſpues diſpuſo en la primera noche una encamiſada, i aviendola aprovechado muy a ſu guſto, ſe le offreciò otra ocaſion gallarda de moſtrar ſu valor, i fue que haviendo eſcrito al Rey le embiaſſe Doña Iſabel de Caſtro ſu muger con toda ſu caſa a Alcaçar; llegô entonces a aquel puerto. Serviole a Don Duarte de animo lo que a todos es deſmayo; i pareció mayor esfuerço, viendo que ſe apercebia para recebirla; porque ſe tenia a temeridad entrar en aquel aprieto una mugerquando la experiencia, i la razon moſtravan ſer cordura deſviarlas de ſemejantes cercos; porque no ſiendo de utilidad alguna las más vezes enflaquecen con ſus lagrimas los brios de los que procuran defenderlas; dãdo muchas vezes cauſa de que ſe expõgan a partidos no decentes por ſalvarlas; culpa fuera eſta en Don Duarte a no conocer las virtudes de ſu muger, tan parecidas a las ſuyas, que ſin duda tenian ſus dos coraçones una miſma inclinacion, i esfuerço.(3) Admiró el enemigo eſta reſolucion, aunque procurò impedirla; i Don Duarte dandole rebato le fue entreteniendo con una eſcaramuça, mientras Doña Iſabel entrò por una puerta de la Cortina en la ciudad, i ſe fue derecha a la Igleſia mayor, adonde eſtuvo en vigilia toda aquella noche a fuer de aquella coſtumbre antigua, haſta por la mañana en que oyò Miſſa? i deſpues deſde un balvarte eſtuvo viendo el campo contrario con aquella fortaleza, i conſtancia, que ſi fuera ſu marido.(4) Gaſtó el enemigo todo el mes de Iulio en batir la ciudad con tanta porfia, q̃ ſe notô que havia recebido màs de diez mil cañonaços grueſſos. En los primeros de Agoſto ſuſpendiò la bateria, porque acertò de caer ſu Paſchua entonces: feſtejaronla ſolenniſsimamente con rigozijos militares, i mueſtras de cavalleria. Valioſe D. Duarte deſte embaraço para ſaber como ſe guardava el Rio; porque deſeava hazer por alli alguna ſalida provechoſa; para eſte effecto, mandò un Moro tã gran ſu confidente, que no le encubria ſus pẽſamientos, i ardides: havia tiempos que ſe paſſara a los Chriſtianos, i D. Duarte acariciandolo con premios, i buenas palabras, alentò la ſolicitud con que andava de contino meſclado entre los enemigos deſcubriendo ſus intentos. No he podido ſaber ſu nombre, aunque preſumo que era Mahamede de quiẽ havemos hablado antes, ſiendo ſu fama tan digna de veneracion, como de vituperio la de algunos malos Chriſtianos, que de cobardes, i medroſos del poder grande q̃ vieron en los cõtrarios, o tãbien llevados de ſu malicia ſe paſſaron a los Moros. Eſtos les revelarõ la ocupaciõ de nueſtro Moro, el qual ignorãdo aun el aviſo, ſe entrò en el cãpo como acoſtũbrava.Aboacin vigilante ya ſobre ſu caſtigo, ſupo tanto, que lo cogio en el hurto, i haviẽdolo trahido a la preſencia del Rey le afeò con grandes maldiciones la traicion que hazia, a los de ſu ley, i religion: reſpondiò el ſoldado ya de Chriſto, abominandola, i confeſſando que bivia en la fé verdadera de los Chriſtianos. Tornoſe Aboacin a aſſegurarſe en lo que dezia; bolviò ſegunda i muchas vezes a hazer la miſma Confeſsion, aviſando quaſi a bozes la ceguedad de los Moros: irritòlos con eſto mucho màs, i Aboacin fue el primero que le dio una lançada, luego con dos ſaetas le clavaron el vientre, i pecho, cortandole las piernas, i medio muerto le traxeron un eſpacio a viſta de la ciudad, donde la poca vida que le quedava ſe la arrancaron con dos balas: ni ſolo como Leones rabioſos ſe encrudelecieron ſobre el eſtando bivo, ſino que como ſuzios buytres deſpedaçaron el cuerpo muerto, i lo hecharon a los perros.(5) Fue de grande ſentimiento para Don Duarte eſte expectaculo, i no podiendo ſufrir a ſus ojos tantas crueldades, determinò vengarlas; mas los barbaros orgulloſos, i alegres de haver llegado a ſu Real algunas pieſſas de campaña de exceſsiva grandeza; en que tenian la ultima confiança renovaron la bateria, i a los primeros tiros deſmantelaron un pedaço de la muralla. Hizieron con eſto particular fieſta, dandoſe ya los parabienes de la victoria. Pero Don Duarte alçando trincheras por la parte de dentro al nivel del muro, fue reparando eſte daño con tãta brevedad, que a penas diò cuidado: entretanto hizo aſſeſtar dos pieſſas en frente de aquellas grueſſas del enemigo, i fue hecho con tanta deſtreza, que al primer balaſo las deſencavalgaron; luego ordenó a los balleſteros, que tiraſſen con flechas llenas de alquitran, i fuego que ſe abrian, i hechavan de ſi una llama inextinguible no por medio de la polvora, ſino de otras materias, i todos a un tiempo en tal copia, que a manera de nubes encubrian al Sol. Fue de mucho effecto eſta, i otras invenciones de fuego, con que D. Duarte poco a poco iva desbaratando los enemigos, i ſin duda como la malicia entonces de los hombres era menos, que la de nueſtros tiempos, era menos tambien la invencion,que ſe tenia en las eſtratagemas de la guerra: peleava el valor con menos ſubtileza, i lo màs de las victorias ſe devia al animo, aunque ni por eſto condenô lo que deſpues hallò en utilidad deſte exercicio, pues ſe origina de exemplos, i reglas, que los famoſos Capitanes obſervan para abonar ſu prudencia, i engrandecer ſu acuerdo, i aſtucia. Como ſe hecha bien de ver en Don Duarte cuyo talento para eſtas coſas fue ſingular.(6) No paſſava dia en que de los nueſtros no ſe hizieſſe alguna faccion, cõ que el enemigo iva desfalleciendo, viendo que los cercados ſe burlavan de ſu poder, i lo tenian en tan poco, que en el de nueſtra Señora de las Nieves un criado del Rey, por nombre Galaaz Gallo, mancebo brioſo en medio del dia, juntandoſe con otros veinte de ſu edad i eſpiritu llegaron a quemar las caias de aquellas pieſſas con que los Moros batian la ciudad; i el Almirante Rodrigo de Melo embidioſo deſta hazaña, i conociendo la confuſion que havia cauſado al enemigo, viendole que andava preparando otros feſtones para aſſentar las pieſſas les puſo fuego a ſus ojos, degolandole alguna gente: i retirando la ſuya libre, i ſin daño, diò notable demonſtracion de ſu esfuerço, i experiencia.(7) Caſi ſucceſsivamente ſaliò Martin de Tavora con Don Pedro de Noroña ſu yerno, i Rodrigo de Soſa, Vaſco Martines de Soſa, i Iuan de Soſa ſus ſobrinos; i dieron en el quartel que les quedava oppueſto con tanta fuerça, que puſieron en huyda al Alcayde de Alcaçar el Quibir que lo tenia a ſu cuenta; però bolviendo en ſi con eſta affrenta acudiò a remediarla, i algunos de los nueſtros ſocorriendo a Martin de Tavora, como fueron Nuño Vaz de Caſtelblanco, Gonçalo Vaz ſu hermano, Iuan Rodrigues de Sà, i otros cavalleros: Creciò de manera la eſcaramuça, que alberotô los reales, i obligò ſalir al Rey de Fez deſcompueſto de ſu tienda, penſando que era desbaratado; haſta que ſabiendo lo que paſſava eſtimulado de la honra, cargò ſobre Martin de Tavora, que como un Leon bravo andava con ſus compañeros, cercado de muchos eſquadrones por todas laspartes con gran rieſgo de ſus vidas. A las algazaras de los Moros advertiò Don Duarte lo que paſſava, i como Capitan prudente, ſalió con mucha prieſſa, a recoger a aquellos cavalleros, i aunque los viò vencedores, i el daño que havian hecho al enemigo con todo entre las gracias meſclò templadamẽte algunas reprehenſiones, de que huvieſſen ſalido encontrando la orden que tenian de no deſamparar ſus pueſtos; i ponderando el rieſgo a que ſe exponian, i los inconvenientes q̃ reſultavan deſtas ſalidas, tratò de obligarlos con juramento, ya que el valor atropellava la obediencia; hizieronlo todos excepto Alfonſo Furtado de Mendoça, porque en ſus canas, i prudencia hallô D. Duarte que eſtavan los brios màs ſoſſegados que en la edad, i loſania de los mancebos.(8) Era Alfonſo Furtado qualificado, i valiẽte cavallero, de cuyos hechos, i nobleza hazen ſeñaladamente memoria las hiſtorias deſte Reyno, porque tuvo en el, gran lugar, i reputacion; cargado ya de años, i de ſervicios, ſe vino de Lisboa a Alcaçar el ceguer con la noticia deſte ſitio, trayendo conſigo tres hijos muy ſemejantes al padre en el eſfuerço. Deſeavan ſummamente emplearſe en alguna faccion peligroſa, i con eſta ambiciõ fomentada de ſus pocos años, i menos experiencia, violentaron al padre, a que de nuevo contravinieſſe al mandato de Don Duarte, haziẽdo alguna ſalida al enemigo; la deſcõfiança del buen viejo, encaminó la reſoluciõ de los moços, porque le parecia, que haſta a ſus hijos devia moſtrar con el exemplo a no temer rieſgos, ni a huyr peligros. Para executarlo aſſentô con los hijos hechaſſen delante fuera de las trincheras dõde eſtava tres ſoldados de valor, en que entrava Pedro de Mendoça, hijo ultimo de Alfonſo Furtado, para que enbeſtieſſen los Moros como deſmandados, i entonces tendrian ocaſion de hazer lo que deſeavan, a titulo de recogerlos.(9) Eſto que al principio no pareciò màs q̃ una gallardia, tuvo tal empeño en el ſucceſſo, que fue neceſſario el grande acuerdo de Don Duarte, para remediarlo: porque encõtrandoſe una eſquadra de cavallos con los tres Chriſtianos offendidos en la reſiſtenciade ſus golpes appellidaron ſocorro, que fue la mitad del exercito, i por la nueſtra ſaliò Alfonſo Furtado con haſta treinta hombres: Encendioſe el rebato de ambas partes peleando los Portugueſes, mas por ganar honra, que ſalvar las vidas, i los Moros perdiendo muchas, i atropellados de ſu deſorden, ivã creciendo cada vez màs, con que apretavan los nueſtros inconſideradamente con la muchedumbre. Bien deſcuidado deſto andava Don Duarte proveyendo lo neceſſario con perpetua vigilancia, quando viò lo que paſſava, i que Don Alfonſo de Vaſconſelos, i Rodrigo de Melo ſe deſcolgaron del muro con valiente determinacion, i ſe fueron a Alfonſo Furtado, que eſtava ya herido en la boca, i en un braço. Con eſte rumor no quedô hombre en Alcaçar, que no procuraſſe ſer el primero en llegar. Mas D. Duarte acudiẽdo a ſerrar las puertas, por la de la Cortina ſalió con gran prieſſa, i toda la cavalleria a recoger aquellos cavalleros, i bolviendolos a poner en ſus pueſtos, dandoles lugar para q̃ deſcanſaſſen, el miſmo dia los hizo llamar jũtos, i les hablò deſta manera.(10)No puedo negaros (ſeñores) el juſto enojo en q̃ oy me aveis pueſto, quando no ſolo os aſsiſto como Capitã, ſino os amo como padre. Perô quiero valerme deſte nõbre para reprehẽder cõ blãdura lo q̃ pudiera caſtigar cõ rigor. Es poſsible q̃ ignoreis el q̃ moſtravã los antiguos en eſte delicto? pues llegava a ſer capital entre los mayores Capitanes. Fabio Maximo fue entregado al pueblo Romano deſpues de ſer cõdenado a muerte, porq̃ peleô cõtra el edicto de ſu Emperador, aũq̃ ſaliò victorioſo: i Aulo Mãlio Torquato en la guerra q̃ hizo cõtra Francezes, llegô a matar ſu hijo, porq̃ paßò ſus mandatos: quiẽ no los tuvo ſiẽpre por inuiolables, i ſacroſãctos? i cõ mucho fundamẽto, pues q̃ coſa cõſerva la milicia, ſino la obediẽcia? eſta verdad tiene qualificado la experiẽcia con exẽplos. Mirenſe los muchos exercitos q̃ ſalieron vencedores cõ ſoloella en partido muy deſiguales. Penſais que tantos millares de Moros ſon vencidos por nuestro braço; o que baſtan ſeiſcentos hombres, que tenemos, a reſiſtir a duzientos mil, que vemos en eſte cerco? es engaño. Su deſorden los vence màs que nueſtro valor, porque fuera impoſsible a la miſma naturaleza uzar de temeridades ſin mucho daño. Quando cercaron la ciudad, por acudir a vueſtras honras os encarguê los puestos mâs peligroſos. Biſoñeria fue, perdonadme el deſempararlos, i poca diſciplina pues os aventuraſtes, a que el enemigo fiado en ſu muchedumbre procuraße entrar por aquel paſſo hallandole abierto, i ſin guarda. Tuvierades entonces deſculpa a tan grande affrenta? no por cierto: o por ventura no manchara el ſucceſſo perpetuamente vueſtra fama? Por Dios que me digais, que motiuo tuviſtes para provocar el enemigo con eſta ſalida tan ſin tiempo? ſi fue ambicion de gloria no es buen camino eſte para grangearla, porque la temeridad es tanta locura, que aun en los aciertos ſe condena: una coſa es oſadia, i otra esfuerço. Nunqua el valor deſdeñô la prudencia, antes ambas juntas forman un ſoldado brioſo, i honrado; mas lo quedavades en guardar vueſtros pueſtos: porque la ley màs cierta de la honra es cumplir cada uno con ſu obligacion.Tras deſta reprehenſion entrò la alabança, i agradecimiento de la virtud, con que aquel dia pelearon; temploſe con las ultimas palabras la deſapacibilidad de las primeras, i Alfonſo Furtado que parecia el reprehendido las agradecio todas. Con eſto por alegrarlos de nuevo, i olvidarlos de aquel deſabrimiento, ordenô Don Duarte otra ſalida, que aſsi moderava ſus enojos, no obligando menos con los caſtigos, moſtrando que ſi los davaera màs con deſeo de emienda, que no de vengança.(11) Quebrantado el enemigo con tantas eſcaramuças ſe rindiò primero a la opinion, i valor de los Portuguezes, confeſſandolos por inexpugnables. Peró con porfia eſtraña, deſpues que ceſsò la bateria, bolviò los aſſaltos, i duró en ellos con igual daño, i deſabrimiento, haſta faltarle la comida, i la municiõ. Tenia Aboacin prevenido eſta falta con mãdar gran copia de Camellos a Mequines por baſtimentos: mas roboſelos en el camino Xeque Laros (Moro de que havemos hecho mencion) que offendido del Rei de Fez, le negô la obediencia deſcubiertamente, i con mueſtras ya de enemigo, i levantado, andava fatigando aquel Reyno, a ſon de agraviado, con perpetuos robos, i talas, alterando los fieles con quexas, i ruegos, ultimamente con las armas. Temiolas el de Fez con particular cuidado, por el que causò en el real generalmente, entendiendo que la trayciõ de aquel Moro ſe fundava en alguna aliança que huvieſſe hecho con los Chriſtianos. Finalmente ſe reſolviò en levantar el cerco por bolver las armas contra Xeque Laros.(14) Don Duarte entretanto deſde la muralla hizo mueſtra de ſu gente, q̃ victorioſa, i alegre, diò mil vayas a los Moros, viendo q̃ ninguno oſava ſer el ultimo en la retirada; i entonces ſe entendiò el daño, que havian recibido, porque aunque no ay Autor que refiera con certeza el numero de ſus muertos, de nueſtra parte lo fueron veinte i uno, i de la ſuya una grã cãtidad, ſegũ ſe ſupo deſpues. Durô tantos dias eſte cerco como el primero, ambos defendidos gallardamente con el increible valor de Don Duarte de Menezes, i los demâs fronteros, no eſtando en la defenſa ninguno ocioſo, los impedidos ponian animo, peleavan los de entera edad, niños, i mugeres trahian agua piedra, i refreſco a los ſoldados; ſiendo Doña Iſabel de Caſtro la primera que curava por ſu mano los enfermos, i heridos, alentando mucho con eſto, i remediando a los pobres, con tanta piedad, y aſsiſtẽcia q̃ ſe le deven iguales alabanças, q̃ al marido. Los cavalleros q̃ ſe hallaron de ſocorro, en eſta occaſion fueron los proprios que aſsiſtieron en la paſſada, porque tardò tãpoco en bolver el Rey de Fez, q̃ no diò lugar a q̃ ſe apartaſſen de Alcaçar; demàs q̃ cõ eſte reſelo no ubo quien quizieſſe deſampararla.(15) Halló eſta nueva al Rey en Santaren, donde con una proceſsion general dio gracias a Dios de tan felice ſucceſſo, alargandoſe igualmente, que la vez paſſada, en alabanças de Don Duarte, i de aquellos cavalleros, q̃ le aſsiſtiã, entre los quales huvo muchos q̃ deſeoſos del premio, ô forçados de otras cõveniẽcias ſe vinieron a Portugal. Peró Don Duarte como todo ſu cuidado empleava en el ſervicio de ſu Rey, dioſe todo al biẽ publico, ſin q̃ en el particular ſuyo hablaſſe una ſola palabra, i aſsi quando los otros trataron de ſus pretenciones, entonces bolviô los ojos a reſtaurar la fortaleza; rehizo la Cortina de que el enemigo arruinò un gran pedaço; fabricò de nuevo vn buen alojamiento en el caſtillo, para los Capitanes generales, que ſerviò de ennoblecer, i fortalecer la ciudad.(16) Deſpues procurò, que los ſoldados màs pobres tuvieſſen tambien ſatisfacion de tanto trabajo, repartiendo pagas, i ſocorros por todos; i vendiendo para eſte effecto haſta la plata de ſu ſervicio. Aviſô luego al Rey, de como cada uno en particular le havia ſervido, porque nunca uſurpava la gloria de las coſas, que otro havia hecho, antes le ſervia de fiel teſtigo; i porq̃ el enemigo ayudaſſe a eſta paga, fue ſobre Anexames, i otras aldeas pueſtas en la ribera de Guadaleon, i tardô en rendirlas, lo que en acometerlas.(17) La proſperidad de tantos ſucceſſos no ſolo amedrentò a Berberia; però llenò de eſperãças al Rey, para cõſiderar, q̃ empeñandoſe con mayor poder en aquella conquiſta, teniendo tal capitan podia eſtender ſu imperio por aquella parte. Con eſte animo, i deſeo de moſtrar a Don Duarte el que tenia de honrarle le llamò al Reyno por Abril del año ſeguiente de mil quatrociẽtos i ſeſſenta. Partiò en ſu cumplimiento, dexando por teniente en Alcaçar Alfonſo Telles de Menezes ſu ſobrino, cavallero de brio, i experiencia, i de quien oſava fiar ſu reputaciõ.(18) Al llegar a Lisboa adonde eſtava la Corte, le ſalió a recibir, lo màs noble della a la Marina; i el Rey con ſingulares honras, i publicas demonſtraciones mudandoſe, entõcesa Santaren le diò el titulo de Conde de Viana de Camiña (que tuvieron ſus mayores) referiendo largamente en eſta donacion los ſeñalados, i grandes ſervicios, que la corona Portugueſa le devia.(19) Como el Rey por inclinacion tratava de proſeguir la conquiſta de Africa; començò a poner eſte penſamiento en pratica, encaminãdolo a que el Reyno lo reputaſſe por util, i ayudaſſe con impoſiciones, i donativos, ſin los quales ſe impoſsibilitava la jornada. Mas era cierto, que ſegun el eſtado del Reyno eſtava debil, i flaco, ſin las fuerças de la guerra, que era el dinero, i con otras ſemejantes calamidades, començava aora a ſintir los daños generales, i los pueblos ſobre cuyos hõbros cargava eſte pezo, ſabiẽdo q̃ la demaſiada liberalidad del Rey, era vicioſa prodigalidad, cõq̃ empobrecia el Reyno, dãdo màs por coſtũbre, q̃ por remuneraciõ, ſacãdo de las affliciones publicas las mercedes particulares: propuſierõ en unas cortes, q̃ entõces ſe celebrarõ en Lisboa, cõſideraſſe el Rey eſte daño, i trataſſe irſe a la mano en el, cerrãdola a mercedes no juſtas pues la miſma juſticia q̃ cõcede premio al que lo merece, lo niega a otra gẽte menos neceſſaria en las Reſpublicas, i a vezes pernicioſa: para ſãzonarle en eſta peticion le concedieron ciento i cinquenta mil doblas de oro para ſu deſempeño. El Rey vino en ello facilmente en quanto a prometerlo, perô ſiempre executò lo contrario. Con eſtas dificultades ceſſô deſta vez la jornada de Africa, porque tambien el Rey enfermò gravemente, aunque convalecio con breuedad.(20) Succediò por eſte tiempo la muerte del Infante Don Henrique harto ſentida de los Portuguezes, i mucho màs de ſus Reyes, i cõ razon de todos por ſus grandes partes, i proceder: porque alcançando los tiempos calamitoſos de las diſcordias ciuiles deſte Reyno; ya mâs ſe entendiò trataſſe de otra coſa que de enriquecerle con las conquiſtas de Africa, i deſcubrimiẽtos del Occeano, de que fue el origen, i promovedor, i a quien por eſte reſpecto, i el de ſus virtudes ſe deve ſingular memoria. Fallecio en el Algarve dexando por ſu heredero al Infante Don Fernando, el qual tresladò ſu cuerpo el año de mil quatrocientos ſeſſenta i uno al inſigne, i realMonaſterio de la Batalla de Religioſos dominicos.(21) Menos llorada fue la muerte del Duque Don Alfonſo de Bragança ſu hermano, que tambien ſobrevino entonces; Principe poco afable, aũque de gran valor, è induſtria. Succediole Don Fernando Marquez de Villavicioſa ſu hijo ſegundo, por haver muerto el Marques de Valencia el año antes, ſin hijos legitimos. I ſin embargo de tantos lutos; diſpuſo Don Fernãdo ſu primogenito paſſar a Africa en compañia del Conde de Viana con mil hombres pagos a ſu coſta, i otros muchos cavalleros de ſu caſa: porque en aquel tiempo condenavan los mayores el ocio con ſu exemplo, i los ſeñores antes querian que ſus hijos ſe criaſſen en medio de los exercitos, que de las ciudades.(22) Bolvio el Conde por Abril deſte año, i apenas llegado a Alcaçar con la gana que tenia de verſe con el enemigo, corriò brevemente, tres vezes, haſta la ciudad de Tanjar, haziendo, en todas, tanto daño al enemigo, que le degollò mâs de ſetecientos hõbres, i quemò quatro lugares muy ricos, que fueron Palmera, Ceta, Aamar, i Leonçar.(23) Mucho es para alabar una accion, que le ſuccedió al Conde en una entrada deſtas; i fue, que ſiguiendo los nueſtros denodadamente el alcance, Don Henrique de Menezes, no ſatisfecho de haver muerto por ſu braço algunos Moros, ſe empeñò en ſeguir a uno en que hallô mayor reſiſtencia; i fue tãto ſu brio, que hechandoſe el Moro al mar ſe hechò tras del, i le mató; con tanto rieſgo de ahogarſe, que anduuo largo eſpacio luchando con las ondas, i los enemigos; porque paſſando el Conde en perſecucion de la victoria, i viendolo en aquel peligro, no perdiẽdo pũto en ſu officio, la fue continuando ſin dar lugar a que los ſuyos ſe deſmandaſſen en ſalvar al hijo. Però el cielo que lo guardava para mayores coſas le diò valor para vencer las ondas igualmente que a los cõtrarios. Eſta conſtancia del Conde no fue deſigual a la que eſcriuẽ de los Capitanes inſignes, que atropellavan los reſpectos de la ſangre por acudir al mayor, de ſus honras, i obligaciones.(24) Halloſe D. Fernãdo en todas eſtas ocaſiones,portandoſe con gran valor, i prudencia, i meſclando con la Magestad de Principe, ſolicitud, i cuidados de ſoldado particular: porque ſiẽdo el primero en los peligros, moſtrava ſerlo tambien en obedecer, i guardar las ordenes del Conde, como de ſu Capitan, haziendo ley inviolable cõ ſu exemplo; en q̃ particularmente hizo ſingular eſtudio, luego que conociò el animo depravado de algunos cavalleros, que entre la embidia, i el enojo, comẽçaron en vano a induzirle cõtra la authoridad del Cõde; procurãdo poner por medio de ſu vẽgança, la grãdeza del nacimiẽto de D. Fernando, q̃ era lo miſmo q̃ lo obligava a moſtrarſe apazible, i obediẽte. Solicitado del Duque ſu padre bolviò brevemente a Portugal, donde el Rey agradecido a tãtos ſervicios, le diô cõ el titulo de Cõde el eſtado de Guimaranes, q̃ deſpues con el de Duque, quedò en los primogenitos de Bergança cazole tãbiẽ con D. Iſabel hija del Infante D. Fernando ſu hermano de q̃ nacio D. Iaime, q̃ ſiẽdo IIII. Duque de Bergãça, caſado con hija de la gran caſa de Medina Sidonia en Caſtilla, i jurado por Principe heredero deſta corona; por el Rey D. Manoel ſu tio, hermano de ſu madre, entrando a reinar; es biſaguelo del ſereniſsimo Duque de Bergãça, q̃ oy bive ultima reliquia de los Principes de la ſangre real deſte Reyno.(25) Poco deſpues parecieron entre los Moros de aquella comarca dos hijos de Calabẽçala, Alcayde que fue de Ceuta, Alcaçar, Tãjar, i Arzila (como eſtà referido) los quales còmo vieron muerto ſu padre, i ellos deſpojados por los nueſtros de ſu grandeza, porque de toda ella ſolamente les quedava la ſierra de Gibelfabibi, que cae al norte de Alcaçar poco mas de ſeis leguas; tierra fertil, i poblada, perô limitada, i corta; començaron primero con ruegos, i luego con amenazas a repreſentar a ſus naturales la affrenta que padecian, ſuſtentando los Chriſtianos tanto tiempo en ſus tierras; i con animo de deſtruirlos tomaron las armas, juntando ſiete mil cavallos de las ſierras Gibelfabibi, i de Benima Grafot, con el Alcayde de Tãjar, i aſsi jũtos todos embiãdo delãte a correr a Alcaçar, ſe entraron en una emboſcada cerca de la ciudad. Tuvo luego auizo el Conde, i ſaliò a ellos, i los desbarato, degollãdolelos principales, i màs valientes Capitanes, que trahian. Fue eſta Rota de las màs ſintidas, i lloradas que los enemigos tuvieron, porque de más de caer ſobre tantas, quedaron ſin eſperança alguna de remedio: deſcãſando el Conde por no tener que vencer lo que quedava del mez de Iulio, i los tres ſiguientes.(26) Por el fin de Octubre ſe acabò de deſpoblar la ſierra de Amegara, porque el Conde fue ſobre ella, i la reduxo a nueſtra obediencia con muerte de los caudillos que la defendian, i governavan. Quedava a un lado della, hazia Arzila, la ſierra de Luſmara, con muchas aldeas grandes, i bien pobladas. Era la principal, i cabeça Nazere; rendiola el Cõde a penas entrado en Alcaçar de la sierra, i de camino deſtruyô Bogalmaee, lugar pueſto en ſitio eminente, i ſuperior a Guadeleon, q̃ lo cerca con ſus aguas, i aſsi quaſi inexpugnable. Con eſte hecho, ſin otros de menos cuẽta que particularmente eſcriue el Coroniſta Gomes Eanes, concluyò el Conde el año de mil quatrocientos i ſeſſenta i uno, haviendo ſido glorioſo a los Portugueſes por ſu abundancia, i felicidad de los ſucceſſos que tuvieron en Berberia.(27) En Ceuta, deſpues de muchas entradas, i otras victorias que alcanſó Don Pedro de Menezes tercero Conde de Villa Real; ſujetò las ſierras de Benihaſcen, i Benitelid, que algunos llaman Chebit, i quedaron ſus moradores tributarios de Portugal (ſervicio de ſingular reputacion para eſta Corona) i eſtando el Rey en Torreſvedras le preſentô una copa hecha del oro deſte tributo; que fue el primero, que pagaron los Berberiſcos a los Portugueſes como en preſagio de los muchos, que havia de rendirle aquella parte de Africa por el valor deſte cavallero, i de ſus decẽdientes, a cuyas proezas ſe deve mucho en eſta guerra; pprque moſtrô en ella igual virtud al de ſu aguelo, de quien fue digno ſucceſſor en nombre esfuerço, i grandeza.(28) Ya por eſte tiempo tratava el Rey, con menos conſideracion que deviera en negocio de tanto pezo, paſſar a Tanjar, llevandoſe tanto de ſu appetito como del brio del InfanteDon Fernando ſu hermano; fundava eſta deſorden en el parecer de Diego de Barros, i Iuan Falcon, que ſiendo cavalleros màs valeroſos que prudentes, haviẽdo eſtado cautivos en aquella ciudad, facilitaron al Rey el poder ganarla por una parte, a lo que deziã, del muro menos guardado de los Moros; i luego en el principio del año de ſeſſenta i dos, hallo en las historias del Reyno, que el Rey continuando eſte penſamiento, remetiò al Conde de Viana, a Diego de Barros, i Iuan Falcon, para que juntandoſe con un Iuã de Eſcalona (que fue tambien compañero ſuyo en el cautiverio) los encaminaſſe a que reconocieſſen de nuevo la diſpoſicion en q̃ eſtava Tanjar.(29) Llegaron a Alcaçar en ſazon que Don Henrique de Menezes entrava en aquel lugar mal herido, i victorioſo de unos coſſarios Francezes, que con algunos navios moleſtavan el eſtrecho con robos continuos. Saliò a ellos a pezar del Conde ſu padre, porq̃ tuvo a temeridad eſte hecho; màs como en eſtas acciones ſiempre juzgava todo el arrojamiento por de eſtima; armòle una caravela con treinta fronteros eſcogidos, i reſueltos a morir, ô vencer, i otro pequeño, que luego deſgarrò; el Coſſario con tres baxeles, viendo a Don Henrique pareciendole navio de preza, lo fue a encontrar, con menoſprecio, i enviſtiendoſe gallardamente por las proas, travaron por todas partes: peleoſe muchas horas igualmente, haziendo los Francezes ſu dever, però no podiendo deſazirſe, ni eſcaparſe por más que lo procuraron, entrò Don Henrique finalmente la capitana, ſin que en los otros les quedaſſe perſona q̃ no fueſſe muerta, ò herida; tal fue la porfia con q̃ ſe cõbatio. Tuvoſe la victoria por los q̃ biẽ la cõſiderarõ por admirable, por la fortaleza del enemigo ſuperior en fuerças, i gente. El Conde ſaliò a la playa recibir al hijo, llevandolo en ſus braços tan mal tratado, que eſtuvo muchos dias ſin eſperança de vida; però es ſingular el valor, i virtud q̃ D. Iſabel de Caſtro ſu madre moſtrô en eſta ocaſiõ, pues dexãdo al hijo en poder del padre, acudia por ſus manos, i con grã cuidado a curar los demás heridos, tratãdo al enemigo cõ la miſma piedad q̃ a los Portugueſes, de q̃ ſuccediô, q̃ los coſſarios deſpuesde ſanos dandoles el Conde libertad, para que ſe fueſſen donde quiſieſſen, ſe quedaron algunos en ſu compañia lleuados del beneficio, i agradecimiento, que conquiſta los animos màs invencibles en las armas.(30) Con eſte ſucceſſo reposò el Conde haſta el mez de Agoſto, en q̃ ſupo de Alonſo de los Arcos Caſtellano de Tarifa; como tenia cercado a Gibraltar, i eſtava falto de vituallas; pidiendole ſocorro con brevedad, i diligencia. Eſte auizo tardô al Conde, porque paſsò primero a Ceuta, i Pedro de Albuquerque, que governava aquella plaça, queriendo lleuar la gloria de ſocorrerla primero cõ alguna emulacion, i embidia, detuvo la nueva al Conde, de manera que partiendoſe al inſtante que entendiò lo que paſſava; quando llegó a Gibaltar, havia el Duque de Medina Sidonia entrado ya la ciudad, i retirado los Moros al Caſtillo que combatia fuertemente. Llamoſe Gibaltar en ſus principios Heraclea, por ſer fundacion de Hercules el Thebano; pueſta en una larga enſenada, que haze la mar en el eſtrecho Gaditano contrapueſto a Tanjar, en las raizes del Calpe, una de las fabuloſas columnas de Hercules, en cuyo nombre perſeveró, haſta que con la perdida general de Eſpaña, Tarif le preſtò el ſuyo; i le dijerõ Gibaltar, de Gibel, i Tarif, que ſuena en Arabigo lo miſmo que monte, ſi bien algunos lo derivan de Gebel, i Aar, ò de Tarf, q̃ es la cũbre del mõte. Dominaranla los Arabes, haſta que el Rey Don Fernando el Quarto de Caſtilla la ganò; perdiò ſu hijo D. Alonſo el vndecimo, i reſtaurò a ſu coſta D. Iuã Peres de Guſman, primer Duque de Medina Sidonia (de quien vamos hablando) varon inſigne, i de excelentes virtudes.(31) El Duque apretó el combate al caſtillo, i ſabiendo que el de Viana venia a hallarſe alli; le ſalió a recibir grã trecho de la ciudad con grandes cumplimientos, dandole la obediencia de ſoldado, i ſuplicandole una, i muchas vezes quizieſſe governar aquel ſitio; rehuſolo el Cõde con ſu acoſtũbrada modeſtia, i tomó una pica para ſervir; mas los Moros deſcõfiados de ſu defẽſa, ſe entregarõ al Duque por trato, pidiẽdo para rehenes de ſu ſeguridad la palabra ſolamente del Conde de Viana, (tanto fiavan della). El Duque obligocorteſmente al Conde a que ſe encargaſſe de aquella gente, i paſſandolos conſigo a Alcaçar, les diò paſſo ſeguro a Tanjar.(32) El año ſeguiente de 73. por el mez de Abril, rindio a Safa, lugar en los confines de tierra de Benamenir, i de Luſmara a dos leguas de Tanjar en lo más alto, i fragoſo de la ſierra, de haſta quinientas caſas, con tan aſperas entradas, que no pudieron ſubir los cavallos màs que uno a uno. Entrò el Conde con eſtraña dificultad, i peligro, por lo màs agrio, i lo màs defendido, i degollando dos mil hõbres, prendio quatrocientos. No oſó el Alcayde de Tanjar occupar el paſſo de la ſierra al paſſarla Don Duarte, con que llegô a Alcaçar con la preza entera.(33) Sobre tantas perdidas como los Moros padecian continuamente por el braço, i valor del Conde; ſintieron eſta con mayor deſeſperacion, porque el ſitio, i fortaleza de Safa los aſſegurava de ſu ruina.(34) Mientras eſto paſſava en Alcaçar, el Rey de Fez deſpues que ſoſſegò la rebelion de Xeque Laros, con ſu muerte, ſe vino a Tanjar; de donde communicò amigablemente al Conde preſenteandoſe con igual agrado, i correſpondencia; haviã travado grande amiſtad deſpues que el de Fez conoció la virtud, i esfuerço del Conde por tãtas vezes, i ſiẽpre en ſu daño: i verdaderamẽte que dava cõ eſta eſtimaciõ un grã exẽplo de buẽ Principe, pues ni la differẽcia de la religiõ, ni la diviſiõ de los animos, ni los daños recibidos por ſu mano i govierno, le impedia reconocer el valor, en quiẽ lo tenia, ſiẽdo más duro de cõfeſſar en el enemigo; mas era tãto, i tã publico el del Cõde, q̃ mayor veneraciõ le tuvierõ ſin duda los Moros q̃ los miſmos Portuguezes, pues aquellos cõ el miedo, i eſtos cõ la embidia, parece andavan juntamẽte apoſtados a engrãdecer, i deſluſtrar ſus hechos, i ſiẽdo las acciones tan encontradas, no moſtrava menos brio el Conde en vencer con las armas a unos, que con el ſufrimiento a los otros.(35) Obligado deſtas mueſtras ſolicitò haver del Rey Moro, por reſcate, ô liberalidad el cuerpo del Santo Infante D. Hernãdo, como reliquia ineſtimable, por la particular devocion q̃ le tenia. Anda de ſu vida, muerte, i milagros un volume pequeño, grande en lamateria. Tendre diſculpa a no diſcurrir dellos, por no offender con la cortedad de mi talento la lecciõ tã agradable de ſus virtudes.(36) Fueron ocioſas todas las diligencias que hizo el Conde ſobre eſte particular, aunque muchas, i mui apretadas; i quedando ſin effecto ſe bolviò el Moro a Fez, dexãdo reforçado el preſidio de Tãjar, con tres mil cavallos, i por Alcayde a Abraim Bename, Moro de gran opiniõ, i fortuna; porq̃ Xarate aunq̃ era muy valiẽte, fue depueſto del cargo por deſdichado. Cõſideraciõ importãte en la guerra dõde la felicidad tiene mucha parte. Eſta prevẽcion naciò ſin duda de averſe diuulgado la jornada del Rey, intenpeſtivamente con que vino a noticia del enemigo; ſiendo maxima certiſsima de los Principes entendidos reſervar para ſi miſmos los fines de ſus movimiẽtos haſta el tiempo en q̃ importa, i es forçoſo deſcubrirlos. Perô como las emprezas ſe yerran al principio facilmẽte ſe van desliſando los medios: fuerõ pocos cõſiderados, los q̃ tomò Portugal en eſte negocio en q̃ uvo màs debates q̃ conſultas, aunq̃ tãbien no faltarõ advertẽcias del Conde, el qual deſpues de haver cumplido la comiſsiõ de Diego de Barros, i Iuã Falcõ, viẽdo el muro de Tãjar muy deſpacio los bolvió a embiar al Rey cõ eſta nueva, hallãdo poſsible el caſo, i encomẽdãdole el ſecreto, i diſsimulaciõ cõ q̃ avia de proſeguirlo, eſcreviendole era mejor acuerdo le remitieſſe a Alcaçar gẽte, i armas poco a poco, cõ todo el reſguardo, porq̃ deſta ſuerte ſin otro eſtruẽdo, ni cuidado ſe podia executar ſu deſignio ſagaz, i aventajadamente.(37) Offendiò eſta propueſta al Cõde de Villareal, porq̃ cõ la buelta de los reconocedores informado de la facilidad, i grãdeza de la jornada ſe deſcubriô por oppoſitor para la execuciõ. El Infante D. Fernando por otra parte haziaſe dueño della, i el Rey no queria reduzirſe a no paſſar a Berberia; de manera q̃ con tãtas incõſideraciones preſumiẽdoſe q̃ el Cõde de Viana dava eſtos aviſos por hallarſe ſolamẽte en aquella ocaſion, comẽçarõ los entereſados a tener celos de ſu zelo, i cõ eſto moviã al Rey a lo q̃ peor le eſtava. Pudo al fin el de Villareal introduzirſe en la materia, porq̃ ſu calidad, valor, i prudẽcia erã fiadores, para peligros mayores. Todavia como en eſte ſehavia de hallar el Rey, quiso enterarſe primero por ſus ojos de la diſpoſiciõ en q̃ eſtavã las coſas de Tanjar; fueſſe a Ceuta llevãdo cõſigo a Iuan Falcon, i Diego de Barros, con los quales examinô todo lo q̃ paſſava, i aſſegurò de nuevo al Rey del ſucceſſo, con q̃ finalmẽte ſe determinò ſu paſſage. Advierte Ruy de Pina, que al partirſe eſte cavallero, le hizo el Rey algunas mercedes importãtes para ſu caſa, porque aſsi ſe obligã a los ſubditos, a que menoſprecien las vidas en el ſervicio de ſu Rey, grangeando muchas vezes cõ un favor deſtos, grandes felicidades para ſu corona.(38) Sabia el de Viana todas eſtas diligencias, aunque las callava prudentemente; porq̃ deſcubriô embidia en el Conde de Villa Real; ambicion en el Infante D. Hernãdo; i brios en el Rey; i como no ſe hallava con fuerças capazes de luchar cõ tales emulos, remetia al ſufrimiẽto, i diſsimulaciõ eſte agravio, aũq̃ eſperava del, mayor gloria, porq̃ las prevenciones no ſe ajuſtavan a la neceſsidad, creciendo muchos inconvenientes con la dilacion, de ſuerte, q̃ pudo juzgar aliſonja de fortuna lo que muchos imaginaron que fuera ofenſa.(39) En eſte verano fueron muy continuas las eſcaramuças, que el Conde tubo con los Moros, porque el Alcayde de Tanjar con la fuerça que todos los que de nuevo goviernã tienen en ſus principios, procurava emendar la fortuna de Xarate, deſeãdo avẽtajarſe, a los que haſta alli haviã peleado cõ el Cõde: mas deſengañoſe brevemẽte; porq̃ deſpues de haver corrido varias vezes a Alcaçar ſiẽpre con perdida, ſabiendo un dia por ſus eſpias, q̃ el Conde havia pueſto por tierra muchas aldeas del Farrobo, i Benavolẽſe, i ſe retirava cõ grã preza, le ſaliò al encuentro con quatrociẽtos i ſeſſenta cavallos, i mil peones. Trahia el Conde repartida ſu gente en tropas, que era menos la mitad, que el enemigo; i mandando adelantar la preza con la ſuya enviſtio al Alcayde, antes que el Moro ſe pudieſſe determinar en lo q̃ havia de hazer. Eſte repẽte deſcõpuſo al enemigo de manera q̃ cõ poca reſiſtẽcia ſe puſo en huyda, i el Cõde cõtẽtãdoſe cõ vẽcerlos, le hizo puẽte de plata, como dizẽ.(40) A los diez de Iulio ſe jũtarõ los Xeques, de las ſierras de Anjara, Farrobo, i Benabolẽſe, i perſuadidos de uno màs venerable en canas,i conſejo llevados del miedo, i fama invencible del Conde ſe reduxeron a ſu obediencia. Eſta accion contradixeron muchos fronteros Portuguezes, pareciendoles quitaria la paz, la ganancia que hallavan en la guerra; mas el Conde anteponiendo el bien publico al particular, ſe la otorgò debaxo deſtas capitulaciones.Serian tributarios del Rey de Portugal, dando por eſte reconocimiento dos doblas de oro cada padre de familias; biudas una; niños, i donzellas nada.Eſtarian a la obediencia de los generales de Alcaçar el ceguer ſeguro de los Chriſtianos, i amparados de ſus capitanes.No darian favor, ô conſejo a los Moros contrarios; i ſabiendo de ſus ardides, entradas, ô deſinios los revelarian luego al Conde ſin ocultar coſa, q̃ fueſſe en daño de los Portugueſes.Darian paſſo libre por ſus tierras ſin alterarſe ni hazer otro movimiento; mantenimientos, i hoſpedaje a buen precio, i todo el trato de amigos.Podrian libremente los Moros ſembrar i coger ſus coſechas, vender ſus fructos en Alcaçar, i por todas tierras de Christianos, no paßando de treinta los que fueren juntos a eſtas ferias.Siendo neceßario acudirian con armas, perſonas a Alcaçar, ſerviendo cõ fidelidad, diligencia, i cuidado.Eſto miſmo ſe havia de guardar puntualmente con los generales, i fronteros de Ceuta.(41) Publicado eſte aſsiento, ſe guardò deſpues inviolablemente en vida del Conde; porque la verdad, i agrado con que tratava a los Moros de paz, los hazia andar puntuales en ſu obediencia, conſiderando en ella muchas utilidades, que el Rey de Fez les negava con el ſeñorio abſoluto, i tiranico, conq̃ aquellos Principes dominã ſus vaſſallos; ſiẽdo màs ſu govierno Deſpotico, q̃ Monarchico.(42) Con eſta proſperidad no oſaron los Moros de Luſmara a reſiſtir al Conde, en una entrada que hizo en Octubre ſiguiente deſte miſmo año, de que ſacô mucho ganado. I porq̃ ſe hallava falto de vituallas, i Portugal ocupado en apreſtar la empreza de Tanjar, no attendia a otra coſa, olvidãdo, o quiça no pudiendo remediar todo: porque las fuerças eran menos q̃ el animo: y el Rey cõ el appetito, i ambicion de dilatar ſu imperio, obſtinavaſe en ſu parecer, ſin haver nadie q̃ ſe atrevieſſe a contradezirlo; reſolviendoſe los màs prudentes, i ſoldados a ſer compañeros deſte error; porq̃ queriã màs aventurarſe, i perderſe con el, q̃ caer en ſu deſgracia. Era uno deſtos el Cõde de Viana, el qual deſpues q̃ entẽdiò q̃ el Rey le tenia por ſoſpechoſo en eſta jornada por aſſegurarle, i deſmẽtir la opiniõ q̃ ſus emulos esforſauã quãto podiã; embiò al Reyno ſus dos hijos D. Hẽrique, i D. Fernãdo, que era el ſegundo, ambos de gentil diſpoſicion, i brio para q̃ acõpañaſſen el Rey, i juntamẽte apercibieſſen otras coſas neceſſarias.(43) Entretanto no ceſſava un punto de moleſtar al enemigo, i allanando la ſierra de Benamenir, q̃ fue la vez primera q̃ la corriò, quemãdo a Ramele, q̃ era el lugar principal q̃ tenia fuerte, i rico, deſpues a pocos dias corriò a Tanjar por enflaquecer aquel Alcayde de opinion, i gente, juzgandolo aſi por neceſſario, para lo que ſe pretendia. I notando, q̃ en todo aquel cõtorno, ſolo la ciudad ſe ſuſtentava por el enemigo, llegò a deſafiarle al pie del muro de perſona a perſona; ò de la manera que quizieſſe, mas el Alcayde, covarde con eſta reſoluciõ, reſpõdiò cõ la artilleria, de manera q̃ fue forçado apartarſe el Conde; ſiẽdo tã dueño del cãpo, i ſierras, q̃ andava por ellas cõ la ſeguridad q̃ en Alcaçar. Aquel dia llamó a un Moro de preza, vezino de Tãjar, i embiolo al Alcayde con una copia de Carneros, pidiẽdo, q̃ como cavallero los repartieſſe por los Chriſtianos cautivos; porq̃ era eſtraña la piedad con q̃ ſe dolia de los affligidos.(44) Bolvió en ſi el Alcayde de Tanjar, con tantas perdidas, ſabiẽdo q̃ los ſuyos le notavã de cobarde por el ſucceſſo paſſado, ſe reſolviò en buſcarle; mas la buena fortuna del Cõdeſe diô ocaſion de nueua affrenta, porq̃ en el mez ſeguiente fue ſobre Benamaqueda, i a la buelta topò con el Alcayde, y lo venciô, degollandole quinientos hombres.(45) Eſta rota pudiera debilitar los animos, i guarnicion de Tanjar, ſi el Alcayde en la vigilancia, prudencia, i buen ſemblante con q̃ governava, no disfraçara el miedo con los ſuyos, pareciẽdo con ellos más vencedor que vencido. Llegavan eſtas victorias a los oydos de nueſtro Rey, ſin la fama que merecian por la emulacion de los enemigos del Conde: i como trahian todo el govierno del Reyno entre manos, arbitravan a ſu guſto en todo, alterandoſe con eſtos ſucceſſos, i temiendo q̃ el valor del Conde fueſſe tanto, que llevado de la ocaſiõ, i felicidad, ſe diſpuſieſſe a emprẽder la cõquiſta a Tanjar: por deſviarlo deſta gloria, hizieron con el Rey a q̃ partieſſe de Lisboa a ſiete de Nouiembre con dos mil cavallos, i algunos Infantes, ſiendo entrado el invierno con riguridad de aguas, i frios; con que no faltò murmuracion contra miniſtros que hazen a ſus Reyes executores de ſu paſſion, meſclando algunas appariencias de zelo que ſuelen engañar, aun a Principes advertidos.(46) Entrô la armada en el eſtrecho con viento eſcaſo, i alli le ſobrevino tan gran tormenta, que ſe dividiò toda, deſgarrando unos navios a Ceuta, otros a Alcaçar; i algunos ſoçobraron: ſalvôſe el Duque de Bragãça, i ſus hijos, i otros muchos cavalleros quaſi milagroſamente a nado, i el Rey ſe fue a Alcaçar con no poco rieſgo de ſu vida. Eſtos principios pronoſticaron la deſdicha de los fines: mas la tema del Rey, i del Infante tuvo neceſsidad de otros deſengaños, para que llegaſſen a conocer ſu yerro, que es accion aſſas difficultoſa en los poderoſos, i de grandes peligros; porque como el remedio de los aciertos, conſiſte en el arrepentimiento la naturaleza como ofendida de los ſuperiores, quiere emendar una culpa con que ſe cometan muchas, i aſsi van engazando yerros haſta deſpeñarſe, como en eſte caſo ſe probó bien.(47) Aunq̃ el Rey tenia tomada la determinaciõ mucho de antes; viẽdoſe en Alcaçar quiſo juntar a cõſejo más para eſcucharlo, q̃ ſeguirlo; i por no acabar de deſabrir al Condede Viana de todo punto, porque en aquellos pocos dias havia notado, i viſto las maravilloſas coſas que hiziera en ſu ſervicio. Entraron como treinta perſonas; uvo deſputas ſobre ſi convenia acometer a Tanjar tambien por mar. Vencieron en votos al Conde de Viana, que ſe opuſo a eſta reſolucion, fundado en la incertidumbre, i riguridad del invierno, i aſpereza de aquella coſta, con otras razones militares, que la experiencia, i la razon aprovavan con grandes ventajas, mas nada aprovechò, para que el Rey no ſiguieſſe lo contrario. Partiò entonces Luis Mẽdez de Vaſconcelos con doze velas, i el Rey con lo reſtante del Campo, por tierra. Amanecierõ ſobre Tanjar, i Luis Mendez trabajando por deſembarcar ſu gente, eſtuvo a pique de perderſe, porque las olas andavan tan bravas, q̃ no ſe domaron con los remos. Y eſto ſolo ſirvio de deſpertar el enemigo, el qual vigilante antes, con eſte avizo, començò a jugar ſu artilleria contra la Armada; i el Rey advertiendo lo que paſſava, deſeſperado ya del effecto ſe bolviò a Alcaçar, i de alli a Ceuta engrãdeciendo con alabanças al Conde de de Viana, i culpãdo los pareceres q̃ lo havian perſuadido a no darle el credito que merecia ſu valor, i experiencia: peró en eſtas palabras más ſe condenava a ſy miſmo, que a otro alguno, pues ſe dexô llevar de adulaciones, conociẽdo la verdad, i entereſa del Conde, quãdo no ay Principe tan limitado, q̃ no entienda, quien le habla màs a lo juſto, i lo que le conviene, aunq̃ es ordinaria traça ſuya deſcargar ſiempre ſu error ſobre aquellos q̃ le aconſejan en los caſos adverſos, llevandoſe ſolos la gloria, i alabança de los proſperos.(48) Deſte deſabrimiento del Rey tomaron motivo los emulos del Conde de Viana para enviſtir con el Infante D. Hernando, deſengañados ya de q̃ el Rey attendieſſe a ſus perſuaciones; mas el Infante con la demaſiada ambiciõ de aquella empreza andava màs diſpueſto a oyr ſemejantes deſacuerdos; i aſsi diferia al Conde de Odemira, que con particular adulacion le movia a que de ninguna manera deſiſtieſſe de acometer a Tanjar. Premiole eſte Principe el conſejo, como ſi fuera en gracias ya del effecto, con la encomienda mayor de Sanctiago; coſa que elde Odemira pretendia havia mucho tiempo. Tocavan al Infante eſtas proviſiones, porque era Maeſtro de las Ordenes Militares de Chriſtus, i Sanctiago, ſobre ſer Duque de Beja, i Viſeu, con otras muchas tierras, i ſeñorios.(49) Por eſte tiempo Don Pedro Primogenito del Infante Don Pedro, ſe partiò de Ceuta a Cataluña en dos galeras, que de alla vinieron a buſcarle, i el Rey ſu cuñado aunque al principio le diò licencia, deſpues ſe la fue ſuſpendiendo de manera, que Don Pedro preſumiô que lo hazia por reſpeto de Caſtilla, porque el Rey D. Henrique tambien era oppoſitor a Aragon, i la amiſtad eſtrecha que tenia con el Rey Don Alfonſo ſobre el parenteſco de cuñado dava ſoſpechas para todo. Don Pedro pues dexando eſcrito al Rey ſus proteſtos, i cumplimientos; ſe embarcò en las dos galleras, i llegò a Cataluña; donde le juraron por Principe, i a pocos mezes fue muerto por los miſmos Catalanes de veneno, como avemos referido. Quedoſe el Infante Don Fernando en Alcaçar, con deliberacion declarada de bolver a Tanjar, aunque el Conde de Viana le parecia impoſsible el buẽ ſucceſſo deſta jornada.(50) Mas el Infante, como era eſto lo que más ſolicitava, procuró ſeguir el conſejo del Conde de Odemira; i para reſintir al de Viana de ſuerte, que el miſmo ſe apartaſſe, tomò para ſi el quinto de vna rica cavalgada, que por derecho competia a los generales de Alcaçar que ſe hizo aquellos dias, en la qual ſe havia hallado el Infante, i el Conde, i perô no quedò perſona, que no lo murmuraſſe, ni dexaſſe de alabar al Conde por la modeſtia, con que ſe portò en eſta particion, ſiendo tan liberal en renunciarla, como el Infante corto en repartirla, aunque bien ſe entendiò a lo que tirava aquel penſamiento.(51) Deſpues tornò el Infante a hazer conſejo con los cavalleros, que le aſsiſtian en Alcaçar ſobre la gente que era neceſſaria para la execucion de ſu deſeo. Llevantoſe Hernãdo Telles en medio, i pidiò al Infante declaraſſe ſi tenia licencia del Rey ſu hermano para acabar aquella empreza; hiriole mortalmente la pergunta, aunque callô la reſpueſta: i el de Odemira, que conoció ſu enojo porliſonjearle, mas deſcubiertamente ſe deſcõpuſo en palabras con Hernando Telles (cavallero de ſingular animo, i viçarria, aunque mancebo) con que ſe deſviò aquella platica; tratandole ſolamente ſobre la propueſta del Infante, en que el de Viana diſcurrio deſta ſuerte.Bien ſe (ſeñores) que las differẽcias de los votos que eſcuchamos en eſte negocio, nacen mâs de alguna particularidad, a que no puedo dar remedio, que de otra conſideracion alguna, en que ſe note zelo, i cuidado de lo que más importa, con que no dudo, que ſiempre mi pratica parecerâ ſoſpechoſa. Baſtante ocaſion era eſta para dexarme llevar del parecer arrojado de otros. Mas pues eſtoy aqui para dezir lo que ſiento, donde ſolo ſe deve tener la mira al ſervicio de Dios, i honra de mi Rey, no tratare de la mia: por temeridad juſgo ponerſe a una buelta de dado, i en poder de la ciega fortuna mâs poderoſa en la guerra, que en otra parte, vidas, i ſeñorios: la reputacion Portugueſa, donde ſolo peleamos con ella, i nos cueſta el grangearla tanta ſangre, i trabajo, fuerça es perderla en eſta occaſion; porque ſiendo Tanjar una plaça de las más fuertes, i bien guarnicidas, que tiene el Rey de Fez, parece coſa impoſsible, que ſe pueda entrar con tan poca gente, como tenemos. Paſſa de tres mil ſoldados ſu presidio, lleno de vituallas, artilleria, i mucho esfuerço: el ſocorro a la puerta, i que ha de venir por tierra firme, que es ſuya, i de ſus Principes, que eſtan ſin otros embaraços de guerra, ni rebeliones: concluida la de Xeque Laros con ſu muerte; Tremecen quieto; i al fin no ay coſa en el Reyno de Fez, que quite acudir a Tanjar en el aprieto; tiene un capitan de mucha experiencia, i brio,que ſabe guardar ſus muros, de manera que no puede el deſcuido ayudarnos, por mâs que nos certifiquen lo contrario. Contra eſto, que razon ay de nuestra parte para acometer un hecho tan ſin prudencia? el conocimento, i la memoria de las coſas paſſadas, es una luz, i guia de las operaciones humanas, principalmente en las guerras, cuyos errores ninguna diſculpa reciben, ni aun conſientẽ remedio; porque en ſiendo cometidos, cahe la pena ſobre ellos. Prodigioſas fueron ſiempre las jornadas de Tanjar, no permita vueſtra Alteza, que eſta acabe de ſer tumba de nueſtras honras. Eſperemos tiempo, el nos dirâ lo que havemos de hazer: andamos felices en las entradas, però no en los exercitos. Quiçâ nueſtro ſufrimiento, i valor podra occaſionar ſu ruina; i pues ſomos vencedores en lo poco, Dios ordenarà, que ſea tambien en lo mucho.A eſto reſpondiò el Conde de Odemira, llevado de ſu antigua enemiſtad.Si advertis (ſeñores) en las difficultades, que tienen ſemejantes emprezas, ſin mirar primero ſus provechos, i bienes, no ſerâ mucho, que os embarace lo que acabaſtes de eſcuchar aora: perô ſi diſcurris en lo particular deſta, avergonçareisos, en penſar, que tantos apparatos ſean para ningun effecto. Deliberôſe nueſtro Rey en venir ſobre Tanjar, trahiendo conſigo lo mâs luzido de ſu Reyno: ſerâ condenar ſu prudencia, i conſejo, dexar de proſeguir esta determinacion: todos los motivos, que la occaſionaron, eſtan en pie; ningun accidente ha quebrantado fuerças, ni animos; pues que cauſa havemos de dar para deſculpar eſte yerro. La advertenciadel enemigo, i ſu vigilancia, eßa es la que nos ha de dar maior gloria, que vencerlos con ſu deſcuido, no merece gracias; que les ſomos ſuperiores es llano, a quien mirare lo que pocos Portugueſes han hecho contra innumerables Moros en Ceuta, i las demàs fronteras: pues como ſe han de recelar tres mil, quando millares ſe vencen cada dia? Nueſtra gente mâs ſe ha de contar por el valor, que por el numero. Cien Portugueſes baſtan para eſta empreſa: Mi voto es, que vueſtra Alteza execute eſta noche, lo que ha tantas, que nos deſvela: ſalgamos ſeñor, i ſea Tanjar triumpho, gloria un Infante de Portugal, ya que fue de otro oprobrio, i ſepultura.(52) Aprovóſe el parecer en conformidad del guſto, que moſtrava el Infante, que fue ſolo la juſtificacion, a que attendia el Conde de Odemira, el qual por liſonjealle más, alcançò del Inffante en ſecreto, que el de Viana no le acompañaſſe en eſta jornada. Luego apartô cien cavallos, i ſin dezir nada ſaliô de Alcaçar a prima noche.Fue Tanjar tumba, un tiempo de la nobleza de Portugal, por las anſias, con que ſus Principes aſpiraron ſin fuerças baſtantes a conquiſtarla. Eſtà pueſta en la coſta del Occeano Atlantico, quaſi en la boca del eſtrecho de Gibaltar, en ſitio llano, i apazible. Tiene Fez al cierco en diſtancia de cinquenta leguas. De ſu primer nombre, que fue Tingide, tomò aquella provincia Mauritania, el de Tingitania, por differenciarſe de las Ceſarienſe, i Sitifenſe, que tambien ſe denominaron de Ceſaria, i Sitife, ciudades cabeças ſuyas: fue lo ſiempre Tanjar de la Tingitania, por ſu autoridad, i grandeza. Los naturales le llaman oy Tanja, i mezclan ſu fundacion con mil cuentos fabuloſos, a que ſu abundancia, i riquezas dierõ motivo: Iuan Leon, i por el Marmol, i otros dizẽ, q̃ los Romanos la fundaron, i ennoblecieron, i queſeñoreandola deſpues los Godos, quedò ſujeta a Ceuta. Perdiòſe quando eſta, i los Alarabes la reſtauraron, i fortalecieron con la gẽte mejor, i màs valiente de Berberia, de que eſtaua llena por eſte tiempo.(53) Entretanto Diego de Barros, i Iuan Falcon ſe fueron al Conde de Viana, proteſtandole con muchas razones, quiſieſse aviſar al Rey de la reſolucion; porque el Iffante no tomando ninguno de los conſejos acertados (coſa mui dañoſa en los peligros) mientras quiſo ſeguir el del medio, no ſe atreuiô, ni proveyò, como era meneſter; quando llegò a Tanjar era ya mañana, i por no deſcubrirſe, ſe emboſcò aquel dia, embiando al Mariſcal corrieſse el enemigo, haſta que en el ſiguiẽte effectuaſſe lo que tenia determinado. El Rey en ſabiendo lo que paſſava, mandó adelantar a Vaſco Martines de Soſa (ſu capitan de la guardia de cavallos) para que de ſu parte detuvieſse al Iffante, i a ſus eſpaldas partiò de Ceuta, quaſi por la poſta, con ochociẽtos cavallos, i muchos infantes; mas fue tãta la prieſſa, que ſe dió en caminar, imaginando, que el Inffante aſſaltaria a Tanjar ſin el, que vencio el camino en mui pocas horas. Los infantes de canſados, quedaronſe en Alcaçar; i el Rey notando grande ſilencio, en el campo, quanto más ſe acercava ſin hallar el hermano, entendiò, que avia entrado a Tanjar, i començò a feſtejarlo con la facilidad, que hizo todo. En eſto llegò el Mariſcal, que contô lo que paſſava, i el Rey enojado del ſucceſſo, i mucho màs contra el hermano, ſin querer encõtrarle, ſe bolviò a Alcaçar, con que anduvo quinze leguas en aquella noche ſin deſcanſar. Vinoſe el Inffante tras el Rey, por aplacarle, mas el; como Principe, que no ſabia enojarſe contra lo mal hecho, que tambien es falta de valor, i una de las maiores, que ſe conſideran en los Reyes, i de maior daño para los Reynos; no paſsò ſu enojo de una reprehenſion menos aſpera, de lo que el Inffante merecia, por los deſabrimientos, con que ſe huvo en eſta materia: reſultaron della nuevas murmuraciones contra el Cõde, que era el fin de todo, porque el Inffante moſtrandoſe ſentido de la diligencia, que ſe hizo con el Rey; juzgò por autor al Conde, i como los induzimientos del de Odomira, no ceſſavanun punto de perſeguirle, procuravan otros deſacreditarlo, con tan differente effecto, de lo que era ſu animo, que quanto màs le perſeguian, tanto màs le acreditavan, i engrandecian.(54) El Rey, entonces, menos deſabrido, ſe fue a Ceuta con penſamiento de paſſar de alli a Gibaltar, a verſe con el Rey D. Henrique de Caſtilla ſu cuñado, i el Infante acompañandolo haſta aquel lugar, pudo tanto con ſu autoridad, que alcançò licencia del hermano para bolver a Tanjar; conociẽdoſe en eſſo, como en otras varias acciones, que no ay deſvios humanos, que puedan impedir los ſuceſſos, que la providencia divina diſpone por otras cauſas, pues con aver tantas en eſta jornada para atajar la futura deſgracia, vino el appetito de un Principe a poder màs, que la razon, i la experiencia, hallando ſiempre pareceres, que approvaſſen tales deſaciertos.(55) Por otra parte el Infante guiado del conſejo del Conde de Odemira, huyô de ſeguir el de Viana, que ſin embargo de ſus quexas, tornó con ruegos, i perſuaciones a encarecerle el error de aquel acometimiento; i como vió, que a penas lo eſcuchava, con ſolo quatro criados ſe fue a Ceuta, adonde el Rey lo embiava a llamar, para paſſar a Caſtilla, i hazer antes alguna entrada en tierra del enemigo. El Infante apreſtado con quatrociẽtos hombres, en diez i nueve de Henero (q̃ era noche de S. Sebaſtian) dos horas antes de amanecer ſe puſo en Tanjar: los Portugueſes atemorizados cõ prodigios, q̃ por todas partes amenazavan, notarõ vn Cometa, cõ largas, i ſangrientas crines, q̃ ſeguia a la Luna, en mitad de ſu claridad, pueſto ſobre aquella ciudad. Mirò Gomez Freire al Cielo (perſona de grãde prudencia, ceſo, i calidad, i en alta voz) dixo.Ah noche fatal, i deſdichada, para quien te aparejas?Ivan los hombres con eſtas ſeñales con tanta triſteza interior, que a penas davan paſſo, que no juzgaſſen, que era para la ſepultura.(56) Llegados al muro le arrimaron quatro eſcalas, i ſubieron como cien hombres, mas reconocidos por la poſta, yẽdo Iuan de Soſaa herirle con la lança, ſe arrojô del muro abaxo, i començò a dar bozes; i los nueſtros penſando, que del eſtruendo naceria otra confuſion, que embaraçaſse al enemigo para poder defenderſe, tocaron reziamente al arma, quando el enemigo acudió con gran valor a ſu defenſa; esforçòſe con el peligro, i ultimamente hallando los Chriſtianos deſordenados, fue degollando en ellos, ſin que el Inffante pudieſſe valerlos, màs que con el ſentimiẽto. Quiſo arrojadamẽte ſubir al muro, i morir con los demàs compañeros; però el Conde de Odemira, i otros fidalgos lo deſviarõ deſte intento, alẽtandole deſta aflicion, haſta q̃ ſ vino a Alcaçar.(57) Nueva tan deſaſtrada llegô primero, q̃ las reliquias del campo, a Ceuta, como tienẽ de coſtumbre ſiempre las infelicidades; i el Rey animandoſe para el conſuelo, mandò al Conde de Viana, q̃ de ſu parte fueſſe luego a darſele al Inffante, el qual pidiendo al Conde le perdonaſſe no ſeguir ſu cordura, i parecer, ſe aliviò de la perdida. Fue mui grande, la que recibiò eſte Reyno, porque murieron màs de duzientas perſonas calificadas en valor, i ſangre, quedãdo preſas otras ciento. Anduvo el enemigo revolviendo entre los nueſtros, para ver ſi hallava el cuerpo del Conde de Viana, porque juzgava, que a quedar vivo no podia llamar victoria aquella, quando el baſtava a reſtaurar maiores calamidades. Cuentaſe, que en eſta ocaſion dixera un moro viejo gran ſoldado, a ſu Alcaide, eſtas palabrasAbrahem Bename, en vano buſcas el cuerpo de D. Duarte de Meneſes entre eſſos, que miras ſin vida; pues en la deſorden, i poca diſciplina, que moſtraron en eſte caſo los Portugueſes, veo, que no ſe hallò en el.Tanto era el reſpecto, con que hablavan de ſu perſona los enemigos, i la proſperidad de ſu opinion.(58) El Rey no quiſo divulgar la nueva, haſta q̃ ſe embarcò a Gibaltar, q̃ fue el miſmo dia, que ſe la dieron. Eſtava el de Caſtilla aguardandolo, i llevando los dos la grãdeza de ſus cortes, i eſtados, a cabo de algunos dias, q̃ eſtuvieron juntos, aſſentaron coſas, que nunca tuvieroncumplimiento, aunque fueron juradas en manos de D. Iorge de Acoſta Obiſpo de Evora, ſucediendo en eſtas viſtas lo que en todas, que ya màs lo tratado en ellas ſe guardò nunca. Andavan los ſeñores de Caſtilla deſabridos con el Rey dudando de la legitimacion de ſu hija D. Iuana, que era Princeſa unica de aquel Reyno; porque la madre viviendo con menos honeſtidad de lo q̃ requeria ſu grãdeza, dava ocaſiõ a q̃ ſe juzgaſſe al Rey ſu marido por inhabil para tener hijos; i que el pueblo no paraſſe en ſola eſta malicia. El Infante D. Alonſo hermano del Rey de Caſtilla con eſta, i otras cauſas, ſe inquietò de manera que llegô a armar contra el hermano, haziendoſe cabeça de los inobedientes, i malcontentos. Quiſo entonces el Rey caſar al Principe D. Iuan de Portugal, con la Princeza heredera de Caſtilla, i al Rey D. Alfonſo con ſu hermana la Infanta D. Iſabel, que deſpues fue la Reyna Catholica, però el Cielo deſviò el acierto deſtos matrimonios por caſtigar a Heſpaña, con una guerra poco menos que civil, que duró haſta la muerte del Rey Don Alfonſo, de que ay eſcritos copioſos commentarios.(59) Tornòſe el Rey de Gibaltar a Ceuta, donde entrò de nuevo en otro penſamiento de tomar Arzila, ciudad tambien de aquella coſta, metida dentro en un arrecife, que alli haze el mar Occeano Herculeo, la qual ſe llamò antiguamente Zilia, i los naturales, con poca corrupcion dizen Azeila; eſtà quarenta i ſiete leguas de Fez, i ſiete a Poniente del eſtrecho; porque el yerro, con que ſe acometio a Tanjar, le atormentava el coraçon para hallar algun modo, con que pudieſſe reſtaurar el credito, que imaginava menoscabado con la ſobra de animo, que tenia; peró muchas vezes pierdẽ los Principes tanto por dar en valientes, ſi es con temeridad, como por ſer cobardes.(60) Con eſta imaginacion ſe fue a Alcaçar, i de alli con el Infante entrando en la ſierra, por el puerto, que llaman de Alfeixe. Al amanecer diò en unas aldeas, que hallò deſpobladas, con el aviſo, que tuvieron deſta entrada: deſpues corriò ſin ceſſar, haſta legua i media, por la ſierra, con no poco daño del enemigo; anocheciole en eſto,i paſsô el rio de Tagadarte, por alojarſe a ſu orilla; però fue tanto lo que lloviò aquella noche, i la recia tempeſtad, que ſobrevino, que el rio ſiẽdo mui pequeño ſe hizo un mar, i el Rey por eſta cauſa ſe viô perdido, ſin poder paſſar adelante, bolviendoſe triſte, i afligido a Alcaçar, i luego a Ceuta. Pareciole entonces deſpedir ſus gentes, porque ſe deſengañò de la tema, con que andava de un yerro en otro, ſin conſejo, ni prudencia, ſolo por la ambicion de moſtrar valor; ſiendo tan cõpañero en eſte deſeo el Infante ſu hermano, que no ſe podia juzgar de ambos, qual deſacertava màs.(61) Eſte Principe eſtando en Portugal como maeſtro, que era de las dos ordenes militares de Chriſto, i Sanctiago, mandò con edicto publico, que todos los cavalleros deſtos habitos, vinieſſen a ſervirle en eſta empreſa, compeliẽdolos con amenazas, i aunque es lo cierto, que no faltò alguno, q̃ voluntariamẽte dexaſſe de ſeguir el Infante, ſiẽdo ſu exemplo, i el del Rey maior fuerça que todos los demás mandamientos: Con todo como eſte negocio tocava a juriſdicion, i los cavalleros profeſſavan maior zelo, que en eſte tiempo eſtando aqui en Ceuta deſpues de deſpedidos, i con licencia, para que pudieſſen bolverſe a ſus caſas, entre las dos ordenes eſcogierõ a Gonſalo Gomez de valladares Comendador del Mogadouro del habito de Chriſto, i Martin Vaz Maſcareñas, comendador de Aljuſter de Sanctiago, cavalleros de prudencia, i virtud; para que notificaſſen al Infante declaraſſe no eſtar obligados los cavalleros a ſemejantes violencias, ſiendo accion voluntaria, i libre ſeguir los maeſtros en ocaſion de guerra, que no fueſſe declarada en ſus eſtatutos, a quien para maior ſeguridad ſe remetiã.(62) Quando la libertad ſe funda en razon, i juſticia, no es buen Principe, el que la condena, ò caſtiga: pues los buenos ſiempre permiten, que los ſubditos negocien como ſubditos, i no como eſclavos; maiormente en las coſas, en que no mueſtran interes proprio, pues la cauſa publica ha de tener differente aſsiento en el animo del Principe, cuyas orejas, quanto màs abiertas eſtan para los quexoſos, tanto más cumplen con la obligacion de ſu oficio, ſin que para eſtos ſean neceſſariosnuevos tribunales, pues miniſtros con gran dificultad emiendan yerros de otros miniſtros, por no ſe acuſar a ſy meſmos, i aſſi los Reyes lo han de hazer como obligacion preciſa ſuya. El Infante no ſolo los eſcuchô agradablemente, pero examinando los eſtatutos, i privilegios, ſin remetirlo a nadie, ni dilatarlo, viendo todo por ſus ojos, concediò lo que pedian aquellos cavalleros, i con eſto ſe paſsó a Portugal con la maior parte de la armada.(63) Quedòſe el Rey en Ceuta fatigado con tantas adverſidades, que le herian màs porq̃ tocavan en la inclinacion, de que màs ſe preciava, que ſiempre ſuele ſer lo que ſe ſiente con maior vehemencia; i no acabando de reſolverſe en dexar a Berberia ſin alguna demonſtracion, que reparaſse las paſſadas, reconocida la ſierra de Benacofu, partiò cõ ocho cientos cavallos, deſseoſo de verſe con el enemigo roſtro a roſtro; acompañaronle el Duque de Bargança, los Condes de Guimaranes, Faro, Villa real, Penela, i Monſanto, el de Viana con D. Henrique, i D. Fernando ſus hijos, i otros muchos cavalleros de igual calidad, i virtud, aprovando primero eſta entrada, porque queria moſtrar a ſu Rey el valor, con que le ſervia; ſiendo gran ventura de los tiempos, en que los Principes toman las armas, tanto para conocer los ſubditos, como para ſer conocidos dellos.(64) El dia, que el Rey ſaliô de Ceuta ſe fue alojar al caſtillo de Almiñecar, i deſcanſando un rato, entrò de noche en la ſierra: diſta quaſi tres leguas de Ceuta, incluyendoſe en la miſma, que Marmol llama Huat Idris, ſiendo el nombre de Benacofu impueſto por los naturales, por algun accidente, de que no ſabemos la cauſa. Son reputados ſus moradores, por los màs valientes hombres de Berberia: luzieron en eſta occaſion, porque el Rey pareciendole, que todo ſe allanava a ſu poder, anduvo diſcurriendo por la ſierra, como vencedor deſpues de hazer una gran preſa de gente, i ganados; i queriendoſe paſſar a Tetuan, embiô màs de la mitad de los ſuyos adelante. Los Moros provocados de ſu affrenta, i deſtruicion, juntandoſe en gran copia, elegieron una cabeça, i luego cargaron con impetu ſobre los nueſtros,que los descompuſieron al primer encuentro; i deſpues peleando valientemente, valiendoſe de los lugares aſperos, i fragoſos de la miſma ſuerte que de las armas, a penas davan tiempo a los Chriſtianos para defenderſe. Eſta oſadia fue cauſa para que en un momẽto ſe le juntaſſe al enemigo un inmenſo exercito; i los nueſtros ſin ſaber camino, ni ſenda, que no fueſſe en daño ſuyo, començaron a derramarſe de manera q̃ fue forçado al Rey retirarſe obligado de algunos fidalgos: i quedandoſe el Conde de Villa Real en la retaguarda algo lexos, por aſſegurar las eſpaldas, mandò el Rey al Cõde de Viana, que detuvieſſe los Chriſtianos para hazer roſtro al enemigo, mientras el ſe ſalia de la ſierra.(65) Conoció el Conde el rieſgo de la comiſſion, porque muchos de los nueſtros como biſoños en aquellas entradas no hizieron tanto ſu dever, i deſampararon el campo, llevados de ſalvar las vidas; i ſin embargo de ver a ſu Rey en tan evidente peligro, atropellaron primero la honra, i luego la obediencia. El Conde con eſta deſeſperacion ſin que le aprovechaſſen bozes, ni ruegos: dizen, que reſpondiò al Rey.Señor, dura coſa me encarga V. A. en occaſion, en que me hallo ſin mis ſoldados, i con otros, que ni os obedecen, ni me ſiguen; perô pues grangeo con mi vida el ſalvar la vueſtra, en mi muerte vereis el zelo, que ſiempre tuve de ſerviros.Con eſto ſe bolviò a Dios, como quiẽ mucho de antes, el coraçon preſago en los males, le denunciava aquella hora por ultima: i haziendo un breve acto de contricion, proteſtando que moria por ſuſtentar la fé de Ieſu Chriſto, de cuyos aumentos tratò ſiempre, con tantas anſias; i tambiẽ por librar a ſu Rey de aquel peligro (obligacion preciſa de ſubdito) ſe oppuſo a los contrarios tan esforſadamente, que los detuvo, a que no ſiguieſſen al Rey: i peleando con notable conſtancia, i valor, aviendo muertos por ſu braço los más oſados, que por grangear la gloria de vencerle, ſe adelantavan a los otros, porherirle, le mataron el cavallo: apeòſe para darle el ſuyo Nuño Martines de Villalobos, però no pudo, porque ſin executar el intento, quedò ſin vida, dando exemplo de notable fidelidad, pues ſiendo criado del Conde quiſo morir por defendelle, igualando en eſto a lo que el amo hizo con el Rey. Viendo pues el Conde de Monſanto en aquel aprieto al de Viana, corriô tambien por ſocorrerle, i dandole otro cavallo, trabajando por ſubirle en el, el Conde mal herido, i con menos fuerça, pueſto un pie en el eſtribo no pudo llegar al otro, porque hallò los aſiones largos, i embaraçandoſe en eſto, tocó con la eſpuela en la anca del cavallo, de manera que le hizo dar corcobos, con que el Conde bolvió a caer en el ſuelo: gritò entonces al cuñado, q̃ ſe ſalvaſſe, i repetiendo aquellas palabras del pſalmo (en tus mãos, Señor, encomiendo mi eſpirito) acabó de rendirle con mueſtras de invencible ſoldado de Chriſto, i de ſu Rey.(66) Los Moros concluyendo con eſta muerte el triumpho maior, a que aſpiravan, la ſolemniſaron con grandes alaridos, deſpedaçando el cuerpo muerto de manera q̃ fue un dedo la maior parte, que dexaron del entera. Eſte fue el fin glorioſo del Conde de Viana D. Duarte de Meneſes, al qual pronoſticarõ primero algunas ſeñales, como ſucede en las muertes de grandes hombres. Cuentan Ruy de Pina, i Damian de Goes, que muchos años antes, ſe la denunciò un Religioſo Abbad del Convento de las Sarzedas de S. Bernardo, por nombre fray Luis, que era famoſo judiciario, diziendole, que auia de morir en occaſion, q̃ militaſse debaxo del mando de otro capitan; deſpreciò el Conde el aviſo, con la prudencia, i cordura, con que ſe deven vituperar de todo punto los profeſſores deſta ſciencia, quando exceden la moderacion, i limite, que la Igleſia les permite; porque es gente, que guarda ſiempre poca fidelidad, i que totalmente con eſtos eſtudios ſe inhabilita para el ſervicio de la Republica, occupada en inquirir la inclinaciõ de los hombres, que crehen de mejor gana las coſas inciertas.(67) Sucediò el falecimiento del Conde a 20. de Henero del año de mil quatrocẽtos ſeſsẽtai quatro, cumpliendo en ſu edad cinquenta; i porque no falte a ſus aficionados el conocimiento de ſaber, qual era ſu diſpoſicion, i talle; fue bien proporcionado, mas de pequeño cuerpo; cargado moderadamente de carnes; blanco, i el roſtro, i preſencia tan agradable, que facilmente le juzgara qualquier por hombre de bien, i creyera de buena gana, q̃ lo era; algo tartamudo, però no de ſuerte que diſonaſse a los oydos: con eſto hablava de eſpacio con màs ſeveridad, que alegria; era de memoria firme, i entendimiento mui deſpierto; de buena complexion, i eſtremada ſalud; i aunque verdaderamente fue arrebatado en lo mejor de ſu edad perfeta, para los q̃ conſideran la fama con las glorias militares; viviò un largo tiempo, pues quaſi deſde la cuna las començô a lograr, alcançando los verdaderos bienes, que conſiſtẽ en la virtud; i para que ſe entienda el ultimo grado a que podia llegar el valor, i fortuna de un hõbre, es prodigio admirable, que notan los autores deſte capitan; que nunca fueſſe vencido, ni ſalieſſe menos que vencedor de las batallas, en que ſe hallô, que fueron muchas, como ſe echa de ver por lo referido.(68) Dudavan los antigos de Iulio Ceſar, ſi la dicha igualava al brio, ſiendo ambas coſas mui neceſſarias para un capitan, pues en la felicidad, mueſtra la providencia (de donde pẽden las cauſas ſegundas) que aprueva ſu eleccion. Por eſto los antigos tuvieron gran cuidado en encargar las empreſas a valeroſos, i bien afortunados, q̃ es la principal coſa, de q̃ Mario ſe jactava en el ſenado Romano; a los màs famoſos igualô nueſtro Conde, pues ſiẽdo en vida invencible, fue feliſsimo tambien en la muerte, librando a ſu Rey della, quando importa tanto la vida de un Principe, como el ſuſtento de la patria, a cuya ſalud deven los ſubditos las vidas, honras, i haziẽdas. Cumpliò al fin el Conde con todo ello, i moſtrò bien ſer Portuguez en la muerte, por lo que luziò en ellos el amor de ſus Principes, con más ventajas, que en otras naciones; i como eſte genero de acabar era el màs honrado, quiſo el cielo darſele por premio, i realce de ſus glorioſas acciones, i admirables hazañas, que con gran perfeccion obró en la vida.(69) El Rey entre el ſentimiento, i las gracias, aquel miſmo dia llamò a Don Henrique de Meneſes ſu hijo; i le diò liberalmente el titulo, caſa, i oficio del padre: aunque los tiempos adelante le quitô la villa de Viana, i le diò las de Valencia, i Loule, de que tomó el titulo de Conde. Luego embiò a conſolar a la muger, la qual con ſu grande fama, i virtudes, no pudo reſiſtir a la pena deſta falta, con que vivió deſpues algunos años, aunq̃ ſiẽpre como quaſi muerta; doblòle la aflicion el ſaber la crueldad, con q̃ aquellos barbaros ſe encrudelecierõ ſobre el cuerpo difunto del marido, de que ſe alcãçó ſolamẽte un diẽte, q̃ ella tenia guardado, q̃ deſpues ſus hijos traſladaron a Sanctaren, i le labraron una capilla mui hermoſa en el Convẽto de S. Franciſco, donde le puſieron en honorifica ſepultura.(70) Dexò el Conde muchos deſcendientes de iguales merecimientos, porque fue caſado dos veſes: la primera con Doña Iſabel de Melo, de que tuvo una hija ſola, por nõbre Doña Maria, que casò con D. Iuan de Caſtro hijo heredero del Conde de Monſanto.De D. Iſabel de Caſtro ſu ſegunda muger hija de la miſma caſa de Monſanto, uvo D. Henrique, que le ſucedió, el qual deſpues de hallarſe con el padre en las ocaſiones más peligroſas, q̃ tuvo con Moros; aſsiſtiô con el Rey D. Alfonſo en la toma de Arſila, donde quedô por general con la retencion de Alcaçar: juntamente acompañò a ſu Rey en las guerras de Caſtilla; i ſaliendo mal herido de la batalla de Toro, diò motivo para que el Rey le dieſſe la ſucceſsion de las dos plaças, que tenia para un hijo: però vino a morir ſin ellos, tambien a manos de los Moros, como el padre, en la ſierra de Ferrobo, aviendo ſido caſado con hija del ſegundo Duque de Bergança Don Fernando.(71) Llamôſe el hijo ſegundo Don Garcia de Meneſes, i fue clerigo, por ſus letras, i talento Obiſpo de Evora, i de la Guardia juntamente: beneficios entonces compatibles, aũque deſpues prohibidos, por el Concilio de Trento: mezclò eſte Prelado entre ſu mucha erudicion, algunas acciones de ſoldado, porque ſe preciò de ſerlo, i moſtrò tanto valor en occaſiones, q̃ no deſdixo de la imitaciõ del Padre, no ſolo en las guerras, q̃ tuvo Portugalcon Caſtilla, però tambien en Italia, donde paſsó con una grueſſa armada, que el Rey D. Alfonſo embió al Papa Sixto quarto, contra Turcos; entonces hizo una oracion en el conſiſtorio capaz de igualarſe con las de Tulio, i Demoſthenes; mas todos eſtos progreſſos deſdorò el fin, que vino a tener, i le acaeciò, eſtando en el Caſtillo de Palmela, cõ vehemẽtes ſoſpechas de veneno, por una cõſpiracion, de que fue arguido contra el Rey D. Iuan el ſegundo.(72) Deſta deſgracia participò D. Fernando ſu hermano tercero (que llamaron Narizes) porque las perdiô en un recuentro de Africa: i ni eſte ſervicio, ni otros infinitos, que hizo a la corona Portugueſa, fueron parte para evitar la muerte, que le diò el miſmo Rey D. Iuan por la miſma culpa, que al hermano Obiſpo. Dexo muchos deſcendientes, que oy duran noblemente.(73) D. Iuan de Meneſes hijo quarto del Conde de Viana fue, aunque el ultimo de ſus hermanos, el primero en las virtudes, tomãdo eſta herencia del padre, i la fortuna de los tiempos, en que los Principes premiavan merecimientos, conociendo, que los benemeritos eran acreedores de ſu grandeza. Alcançò a quatro, como fueron los Reyes Don Alfonſo, de que avemos hablado, D. Iuan el ſegundo, D. Manuel, i D. Iuan el tercero, en cuyo reinado muriò: ſiendo ordinario aborrecer, ó mudar el Principe, lo que ſu anteceſſor dexa aprovado; con todo las partes de D. Iuan de Meneſes eran tantas, que obligò a todos a ſervirſe de ſu talento, i valor en los maiores pueſtos, i oficios deſta Corona, en la paz, i en la guerra. En la de Africa fue general de Tanjar, i Arzila: i en Portugal, de las armadas del mar Occeano, i en la que el Rey Don Manuel mandô a Italia en ſocorro del Veneſiano; bolviendo deſta empreſa le hizo ſu maiordomo maior, aviendolo ſido antes del Rey D. Iuan el ſegundo Ayo, i governador del Principe D. Alfonſo ſu hijo: deſpues le dieron el Priorato del Crato del habito de S. Iuan, i el titulo de Conde de Tarouca, i el de Alferez maior con otras muchas rentas del eſtado.(74) Sin eſtos hijos tuvo D. Duarte otro baſtardo, que llamaron D. Pedro, avido en ſumocedad, el qual encubriô eſta falta con ſus virtudes, no ſiendo deſigual en ellas a los legitimos.(75) Al Conde Prior ſucediò D. Duarte de Meneſes ſu hijo maior; i en el oficio de Alferes maior D. Luis de Meneſes, que era el tercero, en cuya poſteridad ſe conſerva. A D. Duarte de Meneſes diò el Rey D. Manuel el generalato de Tanjar en propriedad para el, i ſus herederos: i deſpues yendo por Virrey a la India, durò en aquel govierno algunos años, añadiẽdoſele (como notó Iuan de Barros) por ſu gran calidad, i lugar, ſalario al ordinario, que llevaron los otros governadores, que le precedieron. Llamòſe ſu hijo maior D. Iuan, i fue general de Tanjar, i embaxador de Roma del Rey D. Iuan el tercero.(76) Su nieto ſiendo del miſmo nombre luziò en los proprios cargos tanto, que la glorioſa memoria de nueſtro Rey D. Phelipe el ſegundo, hizo del grande eſtima, i aviendole encargado muchas armadas, i el govierno del Reyno del Algarve, lo embiò tambien a la India con grandes poderes. Diego de Couto en la ultima Decada, que anda de mano, latamente diſcurre ſobre ſus virtudes, q̃ fueron muchas, i mui dignas de perpetuas alabãças, i no es la menor, no ſolo ninguna codicia, mas tanta pureza, i deſinteres, que ſalio pobre, i mui endeudado de aquel govierno; coſa ſucedida pocas vezes, i aſsi como rara, màs eſtimable, i que ſe deve deſsear la imiten los que ocupan pueſtos tan grandes, donde ſe apuran los animos màs deſentereſados, i ſe examinan los zeloſos del bien publico.(77) Su hijo primero D. Luis, fue quarto Cõde de Tarouca a imitacion de ſus maiores; governando a Tanjar, dexô por ſuceſſor a Don Duarte, que es el que vive, i por eſſo no hablo aora de ſus coſas, tales, que en cierta manera aſſeguran grandes eſperanças, i efectos, por ſu modeſtia exceſsiva a ſus pocos años, deſtreza en exercicios de cavallero, mucha curioſidad, i eſtudio a lenguas, i libros: medios mui neceſsarios, i ayudadores a diſponer un ſeñor a ſaberlo ſer, i conſeguirlo aventajadamente, cumpliendo bien, con ſu honra (ò digno de alabanças el que lo alcançare, i màs en unos, que en otros tiempos) i obligar a ſu Rey a nuevas mercades, i augmentos ademàsde los que ſe deven a ſu caſa, en cuyo fundador halló la Religion defenſa; los Reyes, amor, i verdad, con muchos, i ſuperiores ſervicios; la patria reputacion; i ſu poſteridad gloria.FINIS.
ARGVMENTODELLIBRO QVINTO.SEgundo ſitio de Alcaçar: cuidado, i virtud con que lo defendiô D. Duarte, i los cavalleros Portuguezes que ſe hallarõ en esta ocaſion. Muertes de Principes en eſte Reyno: viene a el Don Duarte llamado de el Rey, dale titulo de Conde de Viana, buelve a Alcaçar: ſierras, i lugares que reduxo a la obediencia deſta Corona. Reſolucion que el Rey tomô de paſſar a la conquiſta de Tanjar, iornada que ſuccediò infelizmẽte. Enpreſade Tanjar executada contra el voto de Don Duarte. Viſtas que tuvieron los Reyes de Portugal, i Caſtilla; entrada del Rey en la ſierra de Benacofu. Matan los Moros a Don Duarte; conocio ſu fin antes: ſeñales ciertas de ſu salvacion: i ultimamente ſe trata de ſus decendientes. Eſto en diſcurſo de cinco años deſde el de cinquenta i nueve al de cinquenta i quatro.VIDA DEDON DVARTEDE MENESESTERCERO CONDEde Viana.LIBRO QVINTO.ESforçavaſe el ruydo de las armas, i poder con que el Rey de Fez bolvia ſobre Alcaçar, i no ſe hablava ya en otra coſa; porque Don Duarte ſabia q̃ havia llegado a Tanjar para hazer reſeña de ſus gentes. Hallò dobladas que en la ocaſion paſſada con que formô un exercito que cubria la tierra, trahiendo en el mucha variedad de fieras disformes, mas para cauſar miedo a los nueſtros, que provecho a los ſuyos: i un lunes veinte i dos de Iulio de mil quatrocientos cincuenta, i nueve, appareciò ſobre Alcaçar caſi de repente.(2) Don Duarte acoſtumbrado a eſtas viſtas, quiſo ſalir a eſperarlo, i darle la bien venida con alguna faccion honroſa, repartiendo primero los pueſtos, i guardas de las puertas a los cavalleros màs brioſos, i deſcõfiados; ubo entre ellos grande emulacion ſobre pedir cadauno la parte màs flaca, i peligroſa. D. Alfonſo de Vaſconcelos quedô entre la puerta de Fez, i Ceuta; eſta tenia el Almirante Rodrigo de Melo; Martin de Tavora la de Fez, i en guarda de la Cortina Alfonſo Furtado de Mendoça con tres hijos ſuyos. Deſpues diſpuſo en la primera noche una encamiſada, i aviendola aprovechado muy a ſu guſto, ſe le offreciò otra ocaſion gallarda de moſtrar ſu valor, i fue que haviendo eſcrito al Rey le embiaſſe Doña Iſabel de Caſtro ſu muger con toda ſu caſa a Alcaçar; llegô entonces a aquel puerto. Serviole a Don Duarte de animo lo que a todos es deſmayo; i pareció mayor esfuerço, viendo que ſe apercebia para recebirla; porque ſe tenia a temeridad entrar en aquel aprieto una mugerquando la experiencia, i la razon moſtravan ſer cordura deſviarlas de ſemejantes cercos; porque no ſiendo de utilidad alguna las más vezes enflaquecen con ſus lagrimas los brios de los que procuran defenderlas; dãdo muchas vezes cauſa de que ſe expõgan a partidos no decentes por ſalvarlas; culpa fuera eſta en Don Duarte a no conocer las virtudes de ſu muger, tan parecidas a las ſuyas, que ſin duda tenian ſus dos coraçones una miſma inclinacion, i esfuerço.(3) Admiró el enemigo eſta reſolucion, aunque procurò impedirla; i Don Duarte dandole rebato le fue entreteniendo con una eſcaramuça, mientras Doña Iſabel entrò por una puerta de la Cortina en la ciudad, i ſe fue derecha a la Igleſia mayor, adonde eſtuvo en vigilia toda aquella noche a fuer de aquella coſtumbre antigua, haſta por la mañana en que oyò Miſſa? i deſpues deſde un balvarte eſtuvo viendo el campo contrario con aquella fortaleza, i conſtancia, que ſi fuera ſu marido.(4) Gaſtó el enemigo todo el mes de Iulio en batir la ciudad con tanta porfia, q̃ ſe notô que havia recebido màs de diez mil cañonaços grueſſos. En los primeros de Agoſto ſuſpendiò la bateria, porque acertò de caer ſu Paſchua entonces: feſtejaronla ſolenniſsimamente con rigozijos militares, i mueſtras de cavalleria. Valioſe D. Duarte deſte embaraço para ſaber como ſe guardava el Rio; porque deſeava hazer por alli alguna ſalida provechoſa; para eſte effecto, mandò un Moro tã gran ſu confidente, que no le encubria ſus pẽſamientos, i ardides: havia tiempos que ſe paſſara a los Chriſtianos, i D. Duarte acariciandolo con premios, i buenas palabras, alentò la ſolicitud con que andava de contino meſclado entre los enemigos deſcubriendo ſus intentos. No he podido ſaber ſu nombre, aunque preſumo que era Mahamede de quiẽ havemos hablado antes, ſiendo ſu fama tan digna de veneracion, como de vituperio la de algunos malos Chriſtianos, que de cobardes, i medroſos del poder grande q̃ vieron en los cõtrarios, o tãbien llevados de ſu malicia ſe paſſaron a los Moros. Eſtos les revelarõ la ocupaciõ de nueſtro Moro, el qual ignorãdo aun el aviſo, ſe entrò en el cãpo como acoſtũbrava.Aboacin vigilante ya ſobre ſu caſtigo, ſupo tanto, que lo cogio en el hurto, i haviẽdolo trahido a la preſencia del Rey le afeò con grandes maldiciones la traicion que hazia, a los de ſu ley, i religion: reſpondiò el ſoldado ya de Chriſto, abominandola, i confeſſando que bivia en la fé verdadera de los Chriſtianos. Tornoſe Aboacin a aſſegurarſe en lo que dezia; bolviò ſegunda i muchas vezes a hazer la miſma Confeſsion, aviſando quaſi a bozes la ceguedad de los Moros: irritòlos con eſto mucho màs, i Aboacin fue el primero que le dio una lançada, luego con dos ſaetas le clavaron el vientre, i pecho, cortandole las piernas, i medio muerto le traxeron un eſpacio a viſta de la ciudad, donde la poca vida que le quedava ſe la arrancaron con dos balas: ni ſolo como Leones rabioſos ſe encrudelecieron ſobre el eſtando bivo, ſino que como ſuzios buytres deſpedaçaron el cuerpo muerto, i lo hecharon a los perros.(5) Fue de grande ſentimiento para Don Duarte eſte expectaculo, i no podiendo ſufrir a ſus ojos tantas crueldades, determinò vengarlas; mas los barbaros orgulloſos, i alegres de haver llegado a ſu Real algunas pieſſas de campaña de exceſsiva grandeza; en que tenian la ultima confiança renovaron la bateria, i a los primeros tiros deſmantelaron un pedaço de la muralla. Hizieron con eſto particular fieſta, dandoſe ya los parabienes de la victoria. Pero Don Duarte alçando trincheras por la parte de dentro al nivel del muro, fue reparando eſte daño con tãta brevedad, que a penas diò cuidado: entretanto hizo aſſeſtar dos pieſſas en frente de aquellas grueſſas del enemigo, i fue hecho con tanta deſtreza, que al primer balaſo las deſencavalgaron; luego ordenó a los balleſteros, que tiraſſen con flechas llenas de alquitran, i fuego que ſe abrian, i hechavan de ſi una llama inextinguible no por medio de la polvora, ſino de otras materias, i todos a un tiempo en tal copia, que a manera de nubes encubrian al Sol. Fue de mucho effecto eſta, i otras invenciones de fuego, con que D. Duarte poco a poco iva desbaratando los enemigos, i ſin duda como la malicia entonces de los hombres era menos, que la de nueſtros tiempos, era menos tambien la invencion,que ſe tenia en las eſtratagemas de la guerra: peleava el valor con menos ſubtileza, i lo màs de las victorias ſe devia al animo, aunque ni por eſto condenô lo que deſpues hallò en utilidad deſte exercicio, pues ſe origina de exemplos, i reglas, que los famoſos Capitanes obſervan para abonar ſu prudencia, i engrandecer ſu acuerdo, i aſtucia. Como ſe hecha bien de ver en Don Duarte cuyo talento para eſtas coſas fue ſingular.(6) No paſſava dia en que de los nueſtros no ſe hizieſſe alguna faccion, cõ que el enemigo iva desfalleciendo, viendo que los cercados ſe burlavan de ſu poder, i lo tenian en tan poco, que en el de nueſtra Señora de las Nieves un criado del Rey, por nombre Galaaz Gallo, mancebo brioſo en medio del dia, juntandoſe con otros veinte de ſu edad i eſpiritu llegaron a quemar las caias de aquellas pieſſas con que los Moros batian la ciudad; i el Almirante Rodrigo de Melo embidioſo deſta hazaña, i conociendo la confuſion que havia cauſado al enemigo, viendole que andava preparando otros feſtones para aſſentar las pieſſas les puſo fuego a ſus ojos, degolandole alguna gente: i retirando la ſuya libre, i ſin daño, diò notable demonſtracion de ſu esfuerço, i experiencia.(7) Caſi ſucceſsivamente ſaliò Martin de Tavora con Don Pedro de Noroña ſu yerno, i Rodrigo de Soſa, Vaſco Martines de Soſa, i Iuan de Soſa ſus ſobrinos; i dieron en el quartel que les quedava oppueſto con tanta fuerça, que puſieron en huyda al Alcayde de Alcaçar el Quibir que lo tenia a ſu cuenta; però bolviendo en ſi con eſta affrenta acudiò a remediarla, i algunos de los nueſtros ſocorriendo a Martin de Tavora, como fueron Nuño Vaz de Caſtelblanco, Gonçalo Vaz ſu hermano, Iuan Rodrigues de Sà, i otros cavalleros: Creciò de manera la eſcaramuça, que alberotô los reales, i obligò ſalir al Rey de Fez deſcompueſto de ſu tienda, penſando que era desbaratado; haſta que ſabiendo lo que paſſava eſtimulado de la honra, cargò ſobre Martin de Tavora, que como un Leon bravo andava con ſus compañeros, cercado de muchos eſquadrones por todas laspartes con gran rieſgo de ſus vidas. A las algazaras de los Moros advertiò Don Duarte lo que paſſava, i como Capitan prudente, ſalió con mucha prieſſa, a recoger a aquellos cavalleros, i aunque los viò vencedores, i el daño que havian hecho al enemigo con todo entre las gracias meſclò templadamẽte algunas reprehenſiones, de que huvieſſen ſalido encontrando la orden que tenian de no deſamparar ſus pueſtos; i ponderando el rieſgo a que ſe exponian, i los inconvenientes q̃ reſultavan deſtas ſalidas, tratò de obligarlos con juramento, ya que el valor atropellava la obediencia; hizieronlo todos excepto Alfonſo Furtado de Mendoça, porque en ſus canas, i prudencia hallô D. Duarte que eſtavan los brios màs ſoſſegados que en la edad, i loſania de los mancebos.(8) Era Alfonſo Furtado qualificado, i valiẽte cavallero, de cuyos hechos, i nobleza hazen ſeñaladamente memoria las hiſtorias deſte Reyno, porque tuvo en el, gran lugar, i reputacion; cargado ya de años, i de ſervicios, ſe vino de Lisboa a Alcaçar el ceguer con la noticia deſte ſitio, trayendo conſigo tres hijos muy ſemejantes al padre en el eſfuerço. Deſeavan ſummamente emplearſe en alguna faccion peligroſa, i con eſta ambiciõ fomentada de ſus pocos años, i menos experiencia, violentaron al padre, a que de nuevo contravinieſſe al mandato de Don Duarte, haziẽdo alguna ſalida al enemigo; la deſcõfiança del buen viejo, encaminó la reſoluciõ de los moços, porque le parecia, que haſta a ſus hijos devia moſtrar con el exemplo a no temer rieſgos, ni a huyr peligros. Para executarlo aſſentô con los hijos hechaſſen delante fuera de las trincheras dõde eſtava tres ſoldados de valor, en que entrava Pedro de Mendoça, hijo ultimo de Alfonſo Furtado, para que enbeſtieſſen los Moros como deſmandados, i entonces tendrian ocaſion de hazer lo que deſeavan, a titulo de recogerlos.(9) Eſto que al principio no pareciò màs q̃ una gallardia, tuvo tal empeño en el ſucceſſo, que fue neceſſario el grande acuerdo de Don Duarte, para remediarlo: porque encõtrandoſe una eſquadra de cavallos con los tres Chriſtianos offendidos en la reſiſtenciade ſus golpes appellidaron ſocorro, que fue la mitad del exercito, i por la nueſtra ſaliò Alfonſo Furtado con haſta treinta hombres: Encendioſe el rebato de ambas partes peleando los Portugueſes, mas por ganar honra, que ſalvar las vidas, i los Moros perdiendo muchas, i atropellados de ſu deſorden, ivã creciendo cada vez màs, con que apretavan los nueſtros inconſideradamente con la muchedumbre. Bien deſcuidado deſto andava Don Duarte proveyendo lo neceſſario con perpetua vigilancia, quando viò lo que paſſava, i que Don Alfonſo de Vaſconſelos, i Rodrigo de Melo ſe deſcolgaron del muro con valiente determinacion, i ſe fueron a Alfonſo Furtado, que eſtava ya herido en la boca, i en un braço. Con eſte rumor no quedô hombre en Alcaçar, que no procuraſſe ſer el primero en llegar. Mas D. Duarte acudiẽdo a ſerrar las puertas, por la de la Cortina ſalió con gran prieſſa, i toda la cavalleria a recoger aquellos cavalleros, i bolviendolos a poner en ſus pueſtos, dandoles lugar para q̃ deſcanſaſſen, el miſmo dia los hizo llamar jũtos, i les hablò deſta manera.(10)No puedo negaros (ſeñores) el juſto enojo en q̃ oy me aveis pueſto, quando no ſolo os aſsiſto como Capitã, ſino os amo como padre. Perô quiero valerme deſte nõbre para reprehẽder cõ blãdura lo q̃ pudiera caſtigar cõ rigor. Es poſsible q̃ ignoreis el q̃ moſtravã los antiguos en eſte delicto? pues llegava a ſer capital entre los mayores Capitanes. Fabio Maximo fue entregado al pueblo Romano deſpues de ſer cõdenado a muerte, porq̃ peleô cõtra el edicto de ſu Emperador, aũq̃ ſaliò victorioſo: i Aulo Mãlio Torquato en la guerra q̃ hizo cõtra Francezes, llegô a matar ſu hijo, porq̃ paßò ſus mandatos: quiẽ no los tuvo ſiẽpre por inuiolables, i ſacroſãctos? i cõ mucho fundamẽto, pues q̃ coſa cõſerva la milicia, ſino la obediẽcia? eſta verdad tiene qualificado la experiẽcia con exẽplos. Mirenſe los muchos exercitos q̃ ſalieron vencedores cõ ſoloella en partido muy deſiguales. Penſais que tantos millares de Moros ſon vencidos por nuestro braço; o que baſtan ſeiſcentos hombres, que tenemos, a reſiſtir a duzientos mil, que vemos en eſte cerco? es engaño. Su deſorden los vence màs que nueſtro valor, porque fuera impoſsible a la miſma naturaleza uzar de temeridades ſin mucho daño. Quando cercaron la ciudad, por acudir a vueſtras honras os encarguê los puestos mâs peligroſos. Biſoñeria fue, perdonadme el deſempararlos, i poca diſciplina pues os aventuraſtes, a que el enemigo fiado en ſu muchedumbre procuraße entrar por aquel paſſo hallandole abierto, i ſin guarda. Tuvierades entonces deſculpa a tan grande affrenta? no por cierto: o por ventura no manchara el ſucceſſo perpetuamente vueſtra fama? Por Dios que me digais, que motiuo tuviſtes para provocar el enemigo con eſta ſalida tan ſin tiempo? ſi fue ambicion de gloria no es buen camino eſte para grangearla, porque la temeridad es tanta locura, que aun en los aciertos ſe condena: una coſa es oſadia, i otra esfuerço. Nunqua el valor deſdeñô la prudencia, antes ambas juntas forman un ſoldado brioſo, i honrado; mas lo quedavades en guardar vueſtros pueſtos: porque la ley màs cierta de la honra es cumplir cada uno con ſu obligacion.Tras deſta reprehenſion entrò la alabança, i agradecimiento de la virtud, con que aquel dia pelearon; temploſe con las ultimas palabras la deſapacibilidad de las primeras, i Alfonſo Furtado que parecia el reprehendido las agradecio todas. Con eſto por alegrarlos de nuevo, i olvidarlos de aquel deſabrimiento, ordenô Don Duarte otra ſalida, que aſsi moderava ſus enojos, no obligando menos con los caſtigos, moſtrando que ſi los davaera màs con deſeo de emienda, que no de vengança.(11) Quebrantado el enemigo con tantas eſcaramuças ſe rindiò primero a la opinion, i valor de los Portuguezes, confeſſandolos por inexpugnables. Peró con porfia eſtraña, deſpues que ceſsò la bateria, bolviò los aſſaltos, i duró en ellos con igual daño, i deſabrimiento, haſta faltarle la comida, i la municiõ. Tenia Aboacin prevenido eſta falta con mãdar gran copia de Camellos a Mequines por baſtimentos: mas roboſelos en el camino Xeque Laros (Moro de que havemos hecho mencion) que offendido del Rei de Fez, le negô la obediencia deſcubiertamente, i con mueſtras ya de enemigo, i levantado, andava fatigando aquel Reyno, a ſon de agraviado, con perpetuos robos, i talas, alterando los fieles con quexas, i ruegos, ultimamente con las armas. Temiolas el de Fez con particular cuidado, por el que causò en el real generalmente, entendiendo que la trayciõ de aquel Moro ſe fundava en alguna aliança que huvieſſe hecho con los Chriſtianos. Finalmente ſe reſolviò en levantar el cerco por bolver las armas contra Xeque Laros.(14) Don Duarte entretanto deſde la muralla hizo mueſtra de ſu gente, q̃ victorioſa, i alegre, diò mil vayas a los Moros, viendo q̃ ninguno oſava ſer el ultimo en la retirada; i entonces ſe entendiò el daño, que havian recibido, porque aunque no ay Autor que refiera con certeza el numero de ſus muertos, de nueſtra parte lo fueron veinte i uno, i de la ſuya una grã cãtidad, ſegũ ſe ſupo deſpues. Durô tantos dias eſte cerco como el primero, ambos defendidos gallardamente con el increible valor de Don Duarte de Menezes, i los demâs fronteros, no eſtando en la defenſa ninguno ocioſo, los impedidos ponian animo, peleavan los de entera edad, niños, i mugeres trahian agua piedra, i refreſco a los ſoldados; ſiendo Doña Iſabel de Caſtro la primera que curava por ſu mano los enfermos, i heridos, alentando mucho con eſto, i remediando a los pobres, con tanta piedad, y aſsiſtẽcia q̃ ſe le deven iguales alabanças, q̃ al marido. Los cavalleros q̃ ſe hallaron de ſocorro, en eſta occaſion fueron los proprios que aſsiſtieron en la paſſada, porque tardò tãpoco en bolver el Rey de Fez, q̃ no diò lugar a q̃ ſe apartaſſen de Alcaçar; demàs q̃ cõ eſte reſelo no ubo quien quizieſſe deſampararla.(15) Halló eſta nueva al Rey en Santaren, donde con una proceſsion general dio gracias a Dios de tan felice ſucceſſo, alargandoſe igualmente, que la vez paſſada, en alabanças de Don Duarte, i de aquellos cavalleros, q̃ le aſsiſtiã, entre los quales huvo muchos q̃ deſeoſos del premio, ô forçados de otras cõveniẽcias ſe vinieron a Portugal. Peró Don Duarte como todo ſu cuidado empleava en el ſervicio de ſu Rey, dioſe todo al biẽ publico, ſin q̃ en el particular ſuyo hablaſſe una ſola palabra, i aſsi quando los otros trataron de ſus pretenciones, entonces bolviô los ojos a reſtaurar la fortaleza; rehizo la Cortina de que el enemigo arruinò un gran pedaço; fabricò de nuevo vn buen alojamiento en el caſtillo, para los Capitanes generales, que ſerviò de ennoblecer, i fortalecer la ciudad.(16) Deſpues procurò, que los ſoldados màs pobres tuvieſſen tambien ſatisfacion de tanto trabajo, repartiendo pagas, i ſocorros por todos; i vendiendo para eſte effecto haſta la plata de ſu ſervicio. Aviſô luego al Rey, de como cada uno en particular le havia ſervido, porque nunca uſurpava la gloria de las coſas, que otro havia hecho, antes le ſervia de fiel teſtigo; i porq̃ el enemigo ayudaſſe a eſta paga, fue ſobre Anexames, i otras aldeas pueſtas en la ribera de Guadaleon, i tardô en rendirlas, lo que en acometerlas.(17) La proſperidad de tantos ſucceſſos no ſolo amedrentò a Berberia; però llenò de eſperãças al Rey, para cõſiderar, q̃ empeñandoſe con mayor poder en aquella conquiſta, teniendo tal capitan podia eſtender ſu imperio por aquella parte. Con eſte animo, i deſeo de moſtrar a Don Duarte el que tenia de honrarle le llamò al Reyno por Abril del año ſeguiente de mil quatrociẽtos i ſeſſenta. Partiò en ſu cumplimiento, dexando por teniente en Alcaçar Alfonſo Telles de Menezes ſu ſobrino, cavallero de brio, i experiencia, i de quien oſava fiar ſu reputaciõ.(18) Al llegar a Lisboa adonde eſtava la Corte, le ſalió a recibir, lo màs noble della a la Marina; i el Rey con ſingulares honras, i publicas demonſtraciones mudandoſe, entõcesa Santaren le diò el titulo de Conde de Viana de Camiña (que tuvieron ſus mayores) referiendo largamente en eſta donacion los ſeñalados, i grandes ſervicios, que la corona Portugueſa le devia.(19) Como el Rey por inclinacion tratava de proſeguir la conquiſta de Africa; començò a poner eſte penſamiento en pratica, encaminãdolo a que el Reyno lo reputaſſe por util, i ayudaſſe con impoſiciones, i donativos, ſin los quales ſe impoſsibilitava la jornada. Mas era cierto, que ſegun el eſtado del Reyno eſtava debil, i flaco, ſin las fuerças de la guerra, que era el dinero, i con otras ſemejantes calamidades, començava aora a ſintir los daños generales, i los pueblos ſobre cuyos hõbros cargava eſte pezo, ſabiẽdo q̃ la demaſiada liberalidad del Rey, era vicioſa prodigalidad, cõq̃ empobrecia el Reyno, dãdo màs por coſtũbre, q̃ por remuneraciõ, ſacãdo de las affliciones publicas las mercedes particulares: propuſierõ en unas cortes, q̃ entõces ſe celebrarõ en Lisboa, cõſideraſſe el Rey eſte daño, i trataſſe irſe a la mano en el, cerrãdola a mercedes no juſtas pues la miſma juſticia q̃ cõcede premio al que lo merece, lo niega a otra gẽte menos neceſſaria en las Reſpublicas, i a vezes pernicioſa: para ſãzonarle en eſta peticion le concedieron ciento i cinquenta mil doblas de oro para ſu deſempeño. El Rey vino en ello facilmente en quanto a prometerlo, perô ſiempre executò lo contrario. Con eſtas dificultades ceſſô deſta vez la jornada de Africa, porque tambien el Rey enfermò gravemente, aunque convalecio con breuedad.(20) Succediò por eſte tiempo la muerte del Infante Don Henrique harto ſentida de los Portuguezes, i mucho màs de ſus Reyes, i cõ razon de todos por ſus grandes partes, i proceder: porque alcançando los tiempos calamitoſos de las diſcordias ciuiles deſte Reyno; ya mâs ſe entendiò trataſſe de otra coſa que de enriquecerle con las conquiſtas de Africa, i deſcubrimiẽtos del Occeano, de que fue el origen, i promovedor, i a quien por eſte reſpecto, i el de ſus virtudes ſe deve ſingular memoria. Fallecio en el Algarve dexando por ſu heredero al Infante Don Fernando, el qual tresladò ſu cuerpo el año de mil quatrocientos ſeſſenta i uno al inſigne, i realMonaſterio de la Batalla de Religioſos dominicos.(21) Menos llorada fue la muerte del Duque Don Alfonſo de Bragança ſu hermano, que tambien ſobrevino entonces; Principe poco afable, aũque de gran valor, è induſtria. Succediole Don Fernando Marquez de Villavicioſa ſu hijo ſegundo, por haver muerto el Marques de Valencia el año antes, ſin hijos legitimos. I ſin embargo de tantos lutos; diſpuſo Don Fernãdo ſu primogenito paſſar a Africa en compañia del Conde de Viana con mil hombres pagos a ſu coſta, i otros muchos cavalleros de ſu caſa: porque en aquel tiempo condenavan los mayores el ocio con ſu exemplo, i los ſeñores antes querian que ſus hijos ſe criaſſen en medio de los exercitos, que de las ciudades.(22) Bolvio el Conde por Abril deſte año, i apenas llegado a Alcaçar con la gana que tenia de verſe con el enemigo, corriò brevemente, tres vezes, haſta la ciudad de Tanjar, haziendo, en todas, tanto daño al enemigo, que le degollò mâs de ſetecientos hõbres, i quemò quatro lugares muy ricos, que fueron Palmera, Ceta, Aamar, i Leonçar.(23) Mucho es para alabar una accion, que le ſuccedió al Conde en una entrada deſtas; i fue, que ſiguiendo los nueſtros denodadamente el alcance, Don Henrique de Menezes, no ſatisfecho de haver muerto por ſu braço algunos Moros, ſe empeñò en ſeguir a uno en que hallô mayor reſiſtencia; i fue tãto ſu brio, que hechandoſe el Moro al mar ſe hechò tras del, i le mató; con tanto rieſgo de ahogarſe, que anduuo largo eſpacio luchando con las ondas, i los enemigos; porque paſſando el Conde en perſecucion de la victoria, i viendolo en aquel peligro, no perdiẽdo pũto en ſu officio, la fue continuando ſin dar lugar a que los ſuyos ſe deſmandaſſen en ſalvar al hijo. Però el cielo que lo guardava para mayores coſas le diò valor para vencer las ondas igualmente que a los cõtrarios. Eſta conſtancia del Conde no fue deſigual a la que eſcriuẽ de los Capitanes inſignes, que atropellavan los reſpectos de la ſangre por acudir al mayor, de ſus honras, i obligaciones.(24) Halloſe D. Fernãdo en todas eſtas ocaſiones,portandoſe con gran valor, i prudencia, i meſclando con la Magestad de Principe, ſolicitud, i cuidados de ſoldado particular: porque ſiẽdo el primero en los peligros, moſtrava ſerlo tambien en obedecer, i guardar las ordenes del Conde, como de ſu Capitan, haziendo ley inviolable cõ ſu exemplo; en q̃ particularmente hizo ſingular eſtudio, luego que conociò el animo depravado de algunos cavalleros, que entre la embidia, i el enojo, comẽçaron en vano a induzirle cõtra la authoridad del Cõde; procurãdo poner por medio de ſu vẽgança, la grãdeza del nacimiẽto de D. Fernando, q̃ era lo miſmo q̃ lo obligava a moſtrarſe apazible, i obediẽte. Solicitado del Duque ſu padre bolviò brevemente a Portugal, donde el Rey agradecido a tãtos ſervicios, le diô cõ el titulo de Cõde el eſtado de Guimaranes, q̃ deſpues con el de Duque, quedò en los primogenitos de Bergança cazole tãbiẽ con D. Iſabel hija del Infante D. Fernando ſu hermano de q̃ nacio D. Iaime, q̃ ſiẽdo IIII. Duque de Bergãça, caſado con hija de la gran caſa de Medina Sidonia en Caſtilla, i jurado por Principe heredero deſta corona; por el Rey D. Manoel ſu tio, hermano de ſu madre, entrando a reinar; es biſaguelo del ſereniſsimo Duque de Bergãça, q̃ oy bive ultima reliquia de los Principes de la ſangre real deſte Reyno.(25) Poco deſpues parecieron entre los Moros de aquella comarca dos hijos de Calabẽçala, Alcayde que fue de Ceuta, Alcaçar, Tãjar, i Arzila (como eſtà referido) los quales còmo vieron muerto ſu padre, i ellos deſpojados por los nueſtros de ſu grandeza, porque de toda ella ſolamente les quedava la ſierra de Gibelfabibi, que cae al norte de Alcaçar poco mas de ſeis leguas; tierra fertil, i poblada, perô limitada, i corta; començaron primero con ruegos, i luego con amenazas a repreſentar a ſus naturales la affrenta que padecian, ſuſtentando los Chriſtianos tanto tiempo en ſus tierras; i con animo de deſtruirlos tomaron las armas, juntando ſiete mil cavallos de las ſierras Gibelfabibi, i de Benima Grafot, con el Alcayde de Tãjar, i aſsi jũtos todos embiãdo delãte a correr a Alcaçar, ſe entraron en una emboſcada cerca de la ciudad. Tuvo luego auizo el Conde, i ſaliò a ellos, i los desbarato, degollãdolelos principales, i màs valientes Capitanes, que trahian. Fue eſta Rota de las màs ſintidas, i lloradas que los enemigos tuvieron, porque de más de caer ſobre tantas, quedaron ſin eſperança alguna de remedio: deſcãſando el Conde por no tener que vencer lo que quedava del mez de Iulio, i los tres ſiguientes.(26) Por el fin de Octubre ſe acabò de deſpoblar la ſierra de Amegara, porque el Conde fue ſobre ella, i la reduxo a nueſtra obediencia con muerte de los caudillos que la defendian, i governavan. Quedava a un lado della, hazia Arzila, la ſierra de Luſmara, con muchas aldeas grandes, i bien pobladas. Era la principal, i cabeça Nazere; rendiola el Cõde a penas entrado en Alcaçar de la sierra, i de camino deſtruyô Bogalmaee, lugar pueſto en ſitio eminente, i ſuperior a Guadeleon, q̃ lo cerca con ſus aguas, i aſsi quaſi inexpugnable. Con eſte hecho, ſin otros de menos cuẽta que particularmente eſcriue el Coroniſta Gomes Eanes, concluyò el Conde el año de mil quatrocientos i ſeſſenta i uno, haviendo ſido glorioſo a los Portugueſes por ſu abundancia, i felicidad de los ſucceſſos que tuvieron en Berberia.(27) En Ceuta, deſpues de muchas entradas, i otras victorias que alcanſó Don Pedro de Menezes tercero Conde de Villa Real; ſujetò las ſierras de Benihaſcen, i Benitelid, que algunos llaman Chebit, i quedaron ſus moradores tributarios de Portugal (ſervicio de ſingular reputacion para eſta Corona) i eſtando el Rey en Torreſvedras le preſentô una copa hecha del oro deſte tributo; que fue el primero, que pagaron los Berberiſcos a los Portugueſes como en preſagio de los muchos, que havia de rendirle aquella parte de Africa por el valor deſte cavallero, i de ſus decẽdientes, a cuyas proezas ſe deve mucho en eſta guerra; pprque moſtrô en ella igual virtud al de ſu aguelo, de quien fue digno ſucceſſor en nombre esfuerço, i grandeza.(28) Ya por eſte tiempo tratava el Rey, con menos conſideracion que deviera en negocio de tanto pezo, paſſar a Tanjar, llevandoſe tanto de ſu appetito como del brio del InfanteDon Fernando ſu hermano; fundava eſta deſorden en el parecer de Diego de Barros, i Iuan Falcon, que ſiendo cavalleros màs valeroſos que prudentes, haviẽdo eſtado cautivos en aquella ciudad, facilitaron al Rey el poder ganarla por una parte, a lo que deziã, del muro menos guardado de los Moros; i luego en el principio del año de ſeſſenta i dos, hallo en las historias del Reyno, que el Rey continuando eſte penſamiento, remetiò al Conde de Viana, a Diego de Barros, i Iuan Falcon, para que juntandoſe con un Iuã de Eſcalona (que fue tambien compañero ſuyo en el cautiverio) los encaminaſſe a que reconocieſſen de nuevo la diſpoſicion en q̃ eſtava Tanjar.(29) Llegaron a Alcaçar en ſazon que Don Henrique de Menezes entrava en aquel lugar mal herido, i victorioſo de unos coſſarios Francezes, que con algunos navios moleſtavan el eſtrecho con robos continuos. Saliò a ellos a pezar del Conde ſu padre, porq̃ tuvo a temeridad eſte hecho; màs como en eſtas acciones ſiempre juzgava todo el arrojamiento por de eſtima; armòle una caravela con treinta fronteros eſcogidos, i reſueltos a morir, ô vencer, i otro pequeño, que luego deſgarrò; el Coſſario con tres baxeles, viendo a Don Henrique pareciendole navio de preza, lo fue a encontrar, con menoſprecio, i enviſtiendoſe gallardamente por las proas, travaron por todas partes: peleoſe muchas horas igualmente, haziendo los Francezes ſu dever, però no podiendo deſazirſe, ni eſcaparſe por más que lo procuraron, entrò Don Henrique finalmente la capitana, ſin que en los otros les quedaſſe perſona q̃ no fueſſe muerta, ò herida; tal fue la porfia con q̃ ſe cõbatio. Tuvoſe la victoria por los q̃ biẽ la cõſiderarõ por admirable, por la fortaleza del enemigo ſuperior en fuerças, i gente. El Conde ſaliò a la playa recibir al hijo, llevandolo en ſus braços tan mal tratado, que eſtuvo muchos dias ſin eſperança de vida; però es ſingular el valor, i virtud q̃ D. Iſabel de Caſtro ſu madre moſtrô en eſta ocaſiõ, pues dexãdo al hijo en poder del padre, acudia por ſus manos, i con grã cuidado a curar los demás heridos, tratãdo al enemigo cõ la miſma piedad q̃ a los Portugueſes, de q̃ ſuccediô, q̃ los coſſarios deſpuesde ſanos dandoles el Conde libertad, para que ſe fueſſen donde quiſieſſen, ſe quedaron algunos en ſu compañia lleuados del beneficio, i agradecimiento, que conquiſta los animos màs invencibles en las armas.(30) Con eſte ſucceſſo reposò el Conde haſta el mez de Agoſto, en q̃ ſupo de Alonſo de los Arcos Caſtellano de Tarifa; como tenia cercado a Gibraltar, i eſtava falto de vituallas; pidiendole ſocorro con brevedad, i diligencia. Eſte auizo tardô al Conde, porque paſsò primero a Ceuta, i Pedro de Albuquerque, que governava aquella plaça, queriendo lleuar la gloria de ſocorrerla primero cõ alguna emulacion, i embidia, detuvo la nueva al Conde, de manera que partiendoſe al inſtante que entendiò lo que paſſava; quando llegó a Gibaltar, havia el Duque de Medina Sidonia entrado ya la ciudad, i retirado los Moros al Caſtillo que combatia fuertemente. Llamoſe Gibaltar en ſus principios Heraclea, por ſer fundacion de Hercules el Thebano; pueſta en una larga enſenada, que haze la mar en el eſtrecho Gaditano contrapueſto a Tanjar, en las raizes del Calpe, una de las fabuloſas columnas de Hercules, en cuyo nombre perſeveró, haſta que con la perdida general de Eſpaña, Tarif le preſtò el ſuyo; i le dijerõ Gibaltar, de Gibel, i Tarif, que ſuena en Arabigo lo miſmo que monte, ſi bien algunos lo derivan de Gebel, i Aar, ò de Tarf, q̃ es la cũbre del mõte. Dominaranla los Arabes, haſta que el Rey Don Fernando el Quarto de Caſtilla la ganò; perdiò ſu hijo D. Alonſo el vndecimo, i reſtaurò a ſu coſta D. Iuã Peres de Guſman, primer Duque de Medina Sidonia (de quien vamos hablando) varon inſigne, i de excelentes virtudes.(31) El Duque apretó el combate al caſtillo, i ſabiendo que el de Viana venia a hallarſe alli; le ſalió a recibir grã trecho de la ciudad con grandes cumplimientos, dandole la obediencia de ſoldado, i ſuplicandole una, i muchas vezes quizieſſe governar aquel ſitio; rehuſolo el Cõde con ſu acoſtũbrada modeſtia, i tomó una pica para ſervir; mas los Moros deſcõfiados de ſu defẽſa, ſe entregarõ al Duque por trato, pidiẽdo para rehenes de ſu ſeguridad la palabra ſolamente del Conde de Viana, (tanto fiavan della). El Duque obligocorteſmente al Conde a que ſe encargaſſe de aquella gente, i paſſandolos conſigo a Alcaçar, les diò paſſo ſeguro a Tanjar.(32) El año ſeguiente de 73. por el mez de Abril, rindio a Safa, lugar en los confines de tierra de Benamenir, i de Luſmara a dos leguas de Tanjar en lo más alto, i fragoſo de la ſierra, de haſta quinientas caſas, con tan aſperas entradas, que no pudieron ſubir los cavallos màs que uno a uno. Entrò el Conde con eſtraña dificultad, i peligro, por lo màs agrio, i lo màs defendido, i degollando dos mil hõbres, prendio quatrocientos. No oſó el Alcayde de Tanjar occupar el paſſo de la ſierra al paſſarla Don Duarte, con que llegô a Alcaçar con la preza entera.(33) Sobre tantas perdidas como los Moros padecian continuamente por el braço, i valor del Conde; ſintieron eſta con mayor deſeſperacion, porque el ſitio, i fortaleza de Safa los aſſegurava de ſu ruina.(34) Mientras eſto paſſava en Alcaçar, el Rey de Fez deſpues que ſoſſegò la rebelion de Xeque Laros, con ſu muerte, ſe vino a Tanjar; de donde communicò amigablemente al Conde preſenteandoſe con igual agrado, i correſpondencia; haviã travado grande amiſtad deſpues que el de Fez conoció la virtud, i esfuerço del Conde por tãtas vezes, i ſiẽpre en ſu daño: i verdaderamẽte que dava cõ eſta eſtimaciõ un grã exẽplo de buẽ Principe, pues ni la differẽcia de la religiõ, ni la diviſiõ de los animos, ni los daños recibidos por ſu mano i govierno, le impedia reconocer el valor, en quiẽ lo tenia, ſiẽdo más duro de cõfeſſar en el enemigo; mas era tãto, i tã publico el del Cõde, q̃ mayor veneraciõ le tuvierõ ſin duda los Moros q̃ los miſmos Portuguezes, pues aquellos cõ el miedo, i eſtos cõ la embidia, parece andavan juntamẽte apoſtados a engrãdecer, i deſluſtrar ſus hechos, i ſiẽdo las acciones tan encontradas, no moſtrava menos brio el Conde en vencer con las armas a unos, que con el ſufrimiento a los otros.(35) Obligado deſtas mueſtras ſolicitò haver del Rey Moro, por reſcate, ô liberalidad el cuerpo del Santo Infante D. Hernãdo, como reliquia ineſtimable, por la particular devocion q̃ le tenia. Anda de ſu vida, muerte, i milagros un volume pequeño, grande en lamateria. Tendre diſculpa a no diſcurrir dellos, por no offender con la cortedad de mi talento la lecciõ tã agradable de ſus virtudes.(36) Fueron ocioſas todas las diligencias que hizo el Conde ſobre eſte particular, aunque muchas, i mui apretadas; i quedando ſin effecto ſe bolviò el Moro a Fez, dexãdo reforçado el preſidio de Tãjar, con tres mil cavallos, i por Alcayde a Abraim Bename, Moro de gran opiniõ, i fortuna; porq̃ Xarate aunq̃ era muy valiẽte, fue depueſto del cargo por deſdichado. Cõſideraciõ importãte en la guerra dõde la felicidad tiene mucha parte. Eſta prevẽcion naciò ſin duda de averſe diuulgado la jornada del Rey, intenpeſtivamente con que vino a noticia del enemigo; ſiendo maxima certiſsima de los Principes entendidos reſervar para ſi miſmos los fines de ſus movimiẽtos haſta el tiempo en q̃ importa, i es forçoſo deſcubrirlos. Perô como las emprezas ſe yerran al principio facilmẽte ſe van desliſando los medios: fuerõ pocos cõſiderados, los q̃ tomò Portugal en eſte negocio en q̃ uvo màs debates q̃ conſultas, aunq̃ tãbien no faltarõ advertẽcias del Conde, el qual deſpues de haver cumplido la comiſsiõ de Diego de Barros, i Iuã Falcõ, viẽdo el muro de Tãjar muy deſpacio los bolvió a embiar al Rey cõ eſta nueva, hallãdo poſsible el caſo, i encomẽdãdole el ſecreto, i diſsimulaciõ cõ q̃ avia de proſeguirlo, eſcreviendole era mejor acuerdo le remitieſſe a Alcaçar gẽte, i armas poco a poco, cõ todo el reſguardo, porq̃ deſta ſuerte ſin otro eſtruẽdo, ni cuidado ſe podia executar ſu deſignio ſagaz, i aventajadamente.(37) Offendiò eſta propueſta al Cõde de Villareal, porq̃ cõ la buelta de los reconocedores informado de la facilidad, i grãdeza de la jornada ſe deſcubriô por oppoſitor para la execuciõ. El Infante D. Fernando por otra parte haziaſe dueño della, i el Rey no queria reduzirſe a no paſſar a Berberia; de manera q̃ con tãtas incõſideraciones preſumiẽdoſe q̃ el Cõde de Viana dava eſtos aviſos por hallarſe ſolamẽte en aquella ocaſion, comẽçarõ los entereſados a tener celos de ſu zelo, i cõ eſto moviã al Rey a lo q̃ peor le eſtava. Pudo al fin el de Villareal introduzirſe en la materia, porq̃ ſu calidad, valor, i prudẽcia erã fiadores, para peligros mayores. Todavia como en eſte ſehavia de hallar el Rey, quiso enterarſe primero por ſus ojos de la diſpoſiciõ en q̃ eſtavã las coſas de Tanjar; fueſſe a Ceuta llevãdo cõſigo a Iuan Falcon, i Diego de Barros, con los quales examinô todo lo q̃ paſſava, i aſſegurò de nuevo al Rey del ſucceſſo, con q̃ finalmẽte ſe determinò ſu paſſage. Advierte Ruy de Pina, que al partirſe eſte cavallero, le hizo el Rey algunas mercedes importãtes para ſu caſa, porque aſsi ſe obligã a los ſubditos, a que menoſprecien las vidas en el ſervicio de ſu Rey, grangeando muchas vezes cõ un favor deſtos, grandes felicidades para ſu corona.(38) Sabia el de Viana todas eſtas diligencias, aunque las callava prudentemente; porq̃ deſcubriô embidia en el Conde de Villa Real; ambicion en el Infante D. Hernãdo; i brios en el Rey; i como no ſe hallava con fuerças capazes de luchar cõ tales emulos, remetia al ſufrimiẽto, i diſsimulaciõ eſte agravio, aũq̃ eſperava del, mayor gloria, porq̃ las prevenciones no ſe ajuſtavan a la neceſsidad, creciendo muchos inconvenientes con la dilacion, de ſuerte, q̃ pudo juzgar aliſonja de fortuna lo que muchos imaginaron que fuera ofenſa.(39) En eſte verano fueron muy continuas las eſcaramuças, que el Conde tubo con los Moros, porque el Alcayde de Tanjar con la fuerça que todos los que de nuevo goviernã tienen en ſus principios, procurava emendar la fortuna de Xarate, deſeãdo avẽtajarſe, a los que haſta alli haviã peleado cõ el Cõde: mas deſengañoſe brevemẽte; porq̃ deſpues de haver corrido varias vezes a Alcaçar ſiẽpre con perdida, ſabiendo un dia por ſus eſpias, q̃ el Conde havia pueſto por tierra muchas aldeas del Farrobo, i Benavolẽſe, i ſe retirava cõ grã preza, le ſaliò al encuentro con quatrociẽtos i ſeſſenta cavallos, i mil peones. Trahia el Conde repartida ſu gente en tropas, que era menos la mitad, que el enemigo; i mandando adelantar la preza con la ſuya enviſtio al Alcayde, antes que el Moro ſe pudieſſe determinar en lo q̃ havia de hazer. Eſte repẽte deſcõpuſo al enemigo de manera q̃ cõ poca reſiſtẽcia ſe puſo en huyda, i el Cõde cõtẽtãdoſe cõ vẽcerlos, le hizo puẽte de plata, como dizẽ.(40) A los diez de Iulio ſe jũtarõ los Xeques, de las ſierras de Anjara, Farrobo, i Benabolẽſe, i perſuadidos de uno màs venerable en canas,i conſejo llevados del miedo, i fama invencible del Conde ſe reduxeron a ſu obediencia. Eſta accion contradixeron muchos fronteros Portuguezes, pareciendoles quitaria la paz, la ganancia que hallavan en la guerra; mas el Conde anteponiendo el bien publico al particular, ſe la otorgò debaxo deſtas capitulaciones.Serian tributarios del Rey de Portugal, dando por eſte reconocimiento dos doblas de oro cada padre de familias; biudas una; niños, i donzellas nada.Eſtarian a la obediencia de los generales de Alcaçar el ceguer ſeguro de los Chriſtianos, i amparados de ſus capitanes.No darian favor, ô conſejo a los Moros contrarios; i ſabiendo de ſus ardides, entradas, ô deſinios los revelarian luego al Conde ſin ocultar coſa, q̃ fueſſe en daño de los Portugueſes.Darian paſſo libre por ſus tierras ſin alterarſe ni hazer otro movimiento; mantenimientos, i hoſpedaje a buen precio, i todo el trato de amigos.Podrian libremente los Moros ſembrar i coger ſus coſechas, vender ſus fructos en Alcaçar, i por todas tierras de Christianos, no paßando de treinta los que fueren juntos a eſtas ferias.Siendo neceßario acudirian con armas, perſonas a Alcaçar, ſerviendo cõ fidelidad, diligencia, i cuidado.Eſto miſmo ſe havia de guardar puntualmente con los generales, i fronteros de Ceuta.(41) Publicado eſte aſsiento, ſe guardò deſpues inviolablemente en vida del Conde; porque la verdad, i agrado con que tratava a los Moros de paz, los hazia andar puntuales en ſu obediencia, conſiderando en ella muchas utilidades, que el Rey de Fez les negava con el ſeñorio abſoluto, i tiranico, conq̃ aquellos Principes dominã ſus vaſſallos; ſiẽdo màs ſu govierno Deſpotico, q̃ Monarchico.(42) Con eſta proſperidad no oſaron los Moros de Luſmara a reſiſtir al Conde, en una entrada que hizo en Octubre ſiguiente deſte miſmo año, de que ſacô mucho ganado. I porq̃ ſe hallava falto de vituallas, i Portugal ocupado en apreſtar la empreza de Tanjar, no attendia a otra coſa, olvidãdo, o quiça no pudiendo remediar todo: porque las fuerças eran menos q̃ el animo: y el Rey cõ el appetito, i ambicion de dilatar ſu imperio, obſtinavaſe en ſu parecer, ſin haver nadie q̃ ſe atrevieſſe a contradezirlo; reſolviendoſe los màs prudentes, i ſoldados a ſer compañeros deſte error; porq̃ queriã màs aventurarſe, i perderſe con el, q̃ caer en ſu deſgracia. Era uno deſtos el Cõde de Viana, el qual deſpues q̃ entẽdiò q̃ el Rey le tenia por ſoſpechoſo en eſta jornada por aſſegurarle, i deſmẽtir la opiniõ q̃ ſus emulos esforſauã quãto podiã; embiò al Reyno ſus dos hijos D. Hẽrique, i D. Fernãdo, que era el ſegundo, ambos de gentil diſpoſicion, i brio para q̃ acõpañaſſen el Rey, i juntamẽte apercibieſſen otras coſas neceſſarias.(43) Entretanto no ceſſava un punto de moleſtar al enemigo, i allanando la ſierra de Benamenir, q̃ fue la vez primera q̃ la corriò, quemãdo a Ramele, q̃ era el lugar principal q̃ tenia fuerte, i rico, deſpues a pocos dias corriò a Tanjar por enflaquecer aquel Alcayde de opinion, i gente, juzgandolo aſi por neceſſario, para lo que ſe pretendia. I notando, q̃ en todo aquel cõtorno, ſolo la ciudad ſe ſuſtentava por el enemigo, llegò a deſafiarle al pie del muro de perſona a perſona; ò de la manera que quizieſſe, mas el Alcayde, covarde con eſta reſoluciõ, reſpõdiò cõ la artilleria, de manera q̃ fue forçado apartarſe el Conde; ſiẽdo tã dueño del cãpo, i ſierras, q̃ andava por ellas cõ la ſeguridad q̃ en Alcaçar. Aquel dia llamó a un Moro de preza, vezino de Tãjar, i embiolo al Alcayde con una copia de Carneros, pidiẽdo, q̃ como cavallero los repartieſſe por los Chriſtianos cautivos; porq̃ era eſtraña la piedad con q̃ ſe dolia de los affligidos.(44) Bolvió en ſi el Alcayde de Tanjar, con tantas perdidas, ſabiẽdo q̃ los ſuyos le notavã de cobarde por el ſucceſſo paſſado, ſe reſolviò en buſcarle; mas la buena fortuna del Cõdeſe diô ocaſion de nueua affrenta, porq̃ en el mez ſeguiente fue ſobre Benamaqueda, i a la buelta topò con el Alcayde, y lo venciô, degollandole quinientos hombres.(45) Eſta rota pudiera debilitar los animos, i guarnicion de Tanjar, ſi el Alcayde en la vigilancia, prudencia, i buen ſemblante con q̃ governava, no disfraçara el miedo con los ſuyos, pareciẽdo con ellos más vencedor que vencido. Llegavan eſtas victorias a los oydos de nueſtro Rey, ſin la fama que merecian por la emulacion de los enemigos del Conde: i como trahian todo el govierno del Reyno entre manos, arbitravan a ſu guſto en todo, alterandoſe con eſtos ſucceſſos, i temiendo q̃ el valor del Conde fueſſe tanto, que llevado de la ocaſiõ, i felicidad, ſe diſpuſieſſe a emprẽder la cõquiſta a Tanjar: por deſviarlo deſta gloria, hizieron con el Rey a q̃ partieſſe de Lisboa a ſiete de Nouiembre con dos mil cavallos, i algunos Infantes, ſiendo entrado el invierno con riguridad de aguas, i frios; con que no faltò murmuracion contra miniſtros que hazen a ſus Reyes executores de ſu paſſion, meſclando algunas appariencias de zelo que ſuelen engañar, aun a Principes advertidos.(46) Entrô la armada en el eſtrecho con viento eſcaſo, i alli le ſobrevino tan gran tormenta, que ſe dividiò toda, deſgarrando unos navios a Ceuta, otros a Alcaçar; i algunos ſoçobraron: ſalvôſe el Duque de Bragãça, i ſus hijos, i otros muchos cavalleros quaſi milagroſamente a nado, i el Rey ſe fue a Alcaçar con no poco rieſgo de ſu vida. Eſtos principios pronoſticaron la deſdicha de los fines: mas la tema del Rey, i del Infante tuvo neceſsidad de otros deſengaños, para que llegaſſen a conocer ſu yerro, que es accion aſſas difficultoſa en los poderoſos, i de grandes peligros; porque como el remedio de los aciertos, conſiſte en el arrepentimiento la naturaleza como ofendida de los ſuperiores, quiere emendar una culpa con que ſe cometan muchas, i aſsi van engazando yerros haſta deſpeñarſe, como en eſte caſo ſe probó bien.(47) Aunq̃ el Rey tenia tomada la determinaciõ mucho de antes; viẽdoſe en Alcaçar quiſo juntar a cõſejo más para eſcucharlo, q̃ ſeguirlo; i por no acabar de deſabrir al Condede Viana de todo punto, porque en aquellos pocos dias havia notado, i viſto las maravilloſas coſas que hiziera en ſu ſervicio. Entraron como treinta perſonas; uvo deſputas ſobre ſi convenia acometer a Tanjar tambien por mar. Vencieron en votos al Conde de Viana, que ſe opuſo a eſta reſolucion, fundado en la incertidumbre, i riguridad del invierno, i aſpereza de aquella coſta, con otras razones militares, que la experiencia, i la razon aprovavan con grandes ventajas, mas nada aprovechò, para que el Rey no ſiguieſſe lo contrario. Partiò entonces Luis Mẽdez de Vaſconcelos con doze velas, i el Rey con lo reſtante del Campo, por tierra. Amanecierõ ſobre Tanjar, i Luis Mendez trabajando por deſembarcar ſu gente, eſtuvo a pique de perderſe, porque las olas andavan tan bravas, q̃ no ſe domaron con los remos. Y eſto ſolo ſirvio de deſpertar el enemigo, el qual vigilante antes, con eſte avizo, començò a jugar ſu artilleria contra la Armada; i el Rey advertiendo lo que paſſava, deſeſperado ya del effecto ſe bolviò a Alcaçar, i de alli a Ceuta engrãdeciendo con alabanças al Conde de de Viana, i culpãdo los pareceres q̃ lo havian perſuadido a no darle el credito que merecia ſu valor, i experiencia: peró en eſtas palabras más ſe condenava a ſy miſmo, que a otro alguno, pues ſe dexô llevar de adulaciones, conociẽdo la verdad, i entereſa del Conde, quãdo no ay Principe tan limitado, q̃ no entienda, quien le habla màs a lo juſto, i lo que le conviene, aunq̃ es ordinaria traça ſuya deſcargar ſiempre ſu error ſobre aquellos q̃ le aconſejan en los caſos adverſos, llevandoſe ſolos la gloria, i alabança de los proſperos.(48) Deſte deſabrimiento del Rey tomaron motivo los emulos del Conde de Viana para enviſtir con el Infante D. Hernando, deſengañados ya de q̃ el Rey attendieſſe a ſus perſuaciones; mas el Infante con la demaſiada ambiciõ de aquella empreza andava màs diſpueſto a oyr ſemejantes deſacuerdos; i aſsi diferia al Conde de Odemira, que con particular adulacion le movia a que de ninguna manera deſiſtieſſe de acometer a Tanjar. Premiole eſte Principe el conſejo, como ſi fuera en gracias ya del effecto, con la encomienda mayor de Sanctiago; coſa que elde Odemira pretendia havia mucho tiempo. Tocavan al Infante eſtas proviſiones, porque era Maeſtro de las Ordenes Militares de Chriſtus, i Sanctiago, ſobre ſer Duque de Beja, i Viſeu, con otras muchas tierras, i ſeñorios.(49) Por eſte tiempo Don Pedro Primogenito del Infante Don Pedro, ſe partiò de Ceuta a Cataluña en dos galeras, que de alla vinieron a buſcarle, i el Rey ſu cuñado aunque al principio le diò licencia, deſpues ſe la fue ſuſpendiendo de manera, que Don Pedro preſumiô que lo hazia por reſpeto de Caſtilla, porque el Rey D. Henrique tambien era oppoſitor a Aragon, i la amiſtad eſtrecha que tenia con el Rey Don Alfonſo ſobre el parenteſco de cuñado dava ſoſpechas para todo. Don Pedro pues dexando eſcrito al Rey ſus proteſtos, i cumplimientos; ſe embarcò en las dos galleras, i llegò a Cataluña; donde le juraron por Principe, i a pocos mezes fue muerto por los miſmos Catalanes de veneno, como avemos referido. Quedoſe el Infante Don Fernando en Alcaçar, con deliberacion declarada de bolver a Tanjar, aunque el Conde de Viana le parecia impoſsible el buẽ ſucceſſo deſta jornada.(50) Mas el Infante, como era eſto lo que más ſolicitava, procuró ſeguir el conſejo del Conde de Odemira; i para reſintir al de Viana de ſuerte, que el miſmo ſe apartaſſe, tomò para ſi el quinto de vna rica cavalgada, que por derecho competia a los generales de Alcaçar que ſe hizo aquellos dias, en la qual ſe havia hallado el Infante, i el Conde, i perô no quedò perſona, que no lo murmuraſſe, ni dexaſſe de alabar al Conde por la modeſtia, con que ſe portò en eſta particion, ſiendo tan liberal en renunciarla, como el Infante corto en repartirla, aunque bien ſe entendiò a lo que tirava aquel penſamiento.(51) Deſpues tornò el Infante a hazer conſejo con los cavalleros, que le aſsiſtian en Alcaçar ſobre la gente que era neceſſaria para la execucion de ſu deſeo. Llevantoſe Hernãdo Telles en medio, i pidiò al Infante declaraſſe ſi tenia licencia del Rey ſu hermano para acabar aquella empreza; hiriole mortalmente la pergunta, aunque callô la reſpueſta: i el de Odemira, que conoció ſu enojo porliſonjearle, mas deſcubiertamente ſe deſcõpuſo en palabras con Hernando Telles (cavallero de ſingular animo, i viçarria, aunque mancebo) con que ſe deſviò aquella platica; tratandole ſolamente ſobre la propueſta del Infante, en que el de Viana diſcurrio deſta ſuerte.Bien ſe (ſeñores) que las differẽcias de los votos que eſcuchamos en eſte negocio, nacen mâs de alguna particularidad, a que no puedo dar remedio, que de otra conſideracion alguna, en que ſe note zelo, i cuidado de lo que más importa, con que no dudo, que ſiempre mi pratica parecerâ ſoſpechoſa. Baſtante ocaſion era eſta para dexarme llevar del parecer arrojado de otros. Mas pues eſtoy aqui para dezir lo que ſiento, donde ſolo ſe deve tener la mira al ſervicio de Dios, i honra de mi Rey, no tratare de la mia: por temeridad juſgo ponerſe a una buelta de dado, i en poder de la ciega fortuna mâs poderoſa en la guerra, que en otra parte, vidas, i ſeñorios: la reputacion Portugueſa, donde ſolo peleamos con ella, i nos cueſta el grangearla tanta ſangre, i trabajo, fuerça es perderla en eſta occaſion; porque ſiendo Tanjar una plaça de las más fuertes, i bien guarnicidas, que tiene el Rey de Fez, parece coſa impoſsible, que ſe pueda entrar con tan poca gente, como tenemos. Paſſa de tres mil ſoldados ſu presidio, lleno de vituallas, artilleria, i mucho esfuerço: el ſocorro a la puerta, i que ha de venir por tierra firme, que es ſuya, i de ſus Principes, que eſtan ſin otros embaraços de guerra, ni rebeliones: concluida la de Xeque Laros con ſu muerte; Tremecen quieto; i al fin no ay coſa en el Reyno de Fez, que quite acudir a Tanjar en el aprieto; tiene un capitan de mucha experiencia, i brio,que ſabe guardar ſus muros, de manera que no puede el deſcuido ayudarnos, por mâs que nos certifiquen lo contrario. Contra eſto, que razon ay de nuestra parte para acometer un hecho tan ſin prudencia? el conocimento, i la memoria de las coſas paſſadas, es una luz, i guia de las operaciones humanas, principalmente en las guerras, cuyos errores ninguna diſculpa reciben, ni aun conſientẽ remedio; porque en ſiendo cometidos, cahe la pena ſobre ellos. Prodigioſas fueron ſiempre las jornadas de Tanjar, no permita vueſtra Alteza, que eſta acabe de ſer tumba de nueſtras honras. Eſperemos tiempo, el nos dirâ lo que havemos de hazer: andamos felices en las entradas, però no en los exercitos. Quiçâ nueſtro ſufrimiento, i valor podra occaſionar ſu ruina; i pues ſomos vencedores en lo poco, Dios ordenarà, que ſea tambien en lo mucho.A eſto reſpondiò el Conde de Odemira, llevado de ſu antigua enemiſtad.Si advertis (ſeñores) en las difficultades, que tienen ſemejantes emprezas, ſin mirar primero ſus provechos, i bienes, no ſerâ mucho, que os embarace lo que acabaſtes de eſcuchar aora: perô ſi diſcurris en lo particular deſta, avergonçareisos, en penſar, que tantos apparatos ſean para ningun effecto. Deliberôſe nueſtro Rey en venir ſobre Tanjar, trahiendo conſigo lo mâs luzido de ſu Reyno: ſerâ condenar ſu prudencia, i conſejo, dexar de proſeguir esta determinacion: todos los motivos, que la occaſionaron, eſtan en pie; ningun accidente ha quebrantado fuerças, ni animos; pues que cauſa havemos de dar para deſculpar eſte yerro. La advertenciadel enemigo, i ſu vigilancia, eßa es la que nos ha de dar maior gloria, que vencerlos con ſu deſcuido, no merece gracias; que les ſomos ſuperiores es llano, a quien mirare lo que pocos Portugueſes han hecho contra innumerables Moros en Ceuta, i las demàs fronteras: pues como ſe han de recelar tres mil, quando millares ſe vencen cada dia? Nueſtra gente mâs ſe ha de contar por el valor, que por el numero. Cien Portugueſes baſtan para eſta empreſa: Mi voto es, que vueſtra Alteza execute eſta noche, lo que ha tantas, que nos deſvela: ſalgamos ſeñor, i ſea Tanjar triumpho, gloria un Infante de Portugal, ya que fue de otro oprobrio, i ſepultura.(52) Aprovóſe el parecer en conformidad del guſto, que moſtrava el Infante, que fue ſolo la juſtificacion, a que attendia el Conde de Odemira, el qual por liſonjealle más, alcançò del Inffante en ſecreto, que el de Viana no le acompañaſſe en eſta jornada. Luego apartô cien cavallos, i ſin dezir nada ſaliô de Alcaçar a prima noche.Fue Tanjar tumba, un tiempo de la nobleza de Portugal, por las anſias, con que ſus Principes aſpiraron ſin fuerças baſtantes a conquiſtarla. Eſtà pueſta en la coſta del Occeano Atlantico, quaſi en la boca del eſtrecho de Gibaltar, en ſitio llano, i apazible. Tiene Fez al cierco en diſtancia de cinquenta leguas. De ſu primer nombre, que fue Tingide, tomò aquella provincia Mauritania, el de Tingitania, por differenciarſe de las Ceſarienſe, i Sitifenſe, que tambien ſe denominaron de Ceſaria, i Sitife, ciudades cabeças ſuyas: fue lo ſiempre Tanjar de la Tingitania, por ſu autoridad, i grandeza. Los naturales le llaman oy Tanja, i mezclan ſu fundacion con mil cuentos fabuloſos, a que ſu abundancia, i riquezas dierõ motivo: Iuan Leon, i por el Marmol, i otros dizẽ, q̃ los Romanos la fundaron, i ennoblecieron, i queſeñoreandola deſpues los Godos, quedò ſujeta a Ceuta. Perdiòſe quando eſta, i los Alarabes la reſtauraron, i fortalecieron con la gẽte mejor, i màs valiente de Berberia, de que eſtaua llena por eſte tiempo.(53) Entretanto Diego de Barros, i Iuan Falcon ſe fueron al Conde de Viana, proteſtandole con muchas razones, quiſieſse aviſar al Rey de la reſolucion; porque el Iffante no tomando ninguno de los conſejos acertados (coſa mui dañoſa en los peligros) mientras quiſo ſeguir el del medio, no ſe atreuiô, ni proveyò, como era meneſter; quando llegò a Tanjar era ya mañana, i por no deſcubrirſe, ſe emboſcò aquel dia, embiando al Mariſcal corrieſse el enemigo, haſta que en el ſiguiẽte effectuaſſe lo que tenia determinado. El Rey en ſabiendo lo que paſſava, mandó adelantar a Vaſco Martines de Soſa (ſu capitan de la guardia de cavallos) para que de ſu parte detuvieſse al Iffante, i a ſus eſpaldas partiò de Ceuta, quaſi por la poſta, con ochociẽtos cavallos, i muchos infantes; mas fue tãta la prieſſa, que ſe dió en caminar, imaginando, que el Inffante aſſaltaria a Tanjar ſin el, que vencio el camino en mui pocas horas. Los infantes de canſados, quedaronſe en Alcaçar; i el Rey notando grande ſilencio, en el campo, quanto más ſe acercava ſin hallar el hermano, entendiò, que avia entrado a Tanjar, i començò a feſtejarlo con la facilidad, que hizo todo. En eſto llegò el Mariſcal, que contô lo que paſſava, i el Rey enojado del ſucceſſo, i mucho màs contra el hermano, ſin querer encõtrarle, ſe bolviò a Alcaçar, con que anduvo quinze leguas en aquella noche ſin deſcanſar. Vinoſe el Inffante tras el Rey, por aplacarle, mas el; como Principe, que no ſabia enojarſe contra lo mal hecho, que tambien es falta de valor, i una de las maiores, que ſe conſideran en los Reyes, i de maior daño para los Reynos; no paſsò ſu enojo de una reprehenſion menos aſpera, de lo que el Inffante merecia, por los deſabrimientos, con que ſe huvo en eſta materia: reſultaron della nuevas murmuraciones contra el Cõde, que era el fin de todo, porque el Inffante moſtrandoſe ſentido de la diligencia, que ſe hizo con el Rey; juzgò por autor al Conde, i como los induzimientos del de Odomira, no ceſſavanun punto de perſeguirle, procuravan otros deſacreditarlo, con tan differente effecto, de lo que era ſu animo, que quanto màs le perſeguian, tanto màs le acreditavan, i engrandecian.(54) El Rey, entonces, menos deſabrido, ſe fue a Ceuta con penſamiento de paſſar de alli a Gibaltar, a verſe con el Rey D. Henrique de Caſtilla ſu cuñado, i el Infante acompañandolo haſta aquel lugar, pudo tanto con ſu autoridad, que alcançò licencia del hermano para bolver a Tanjar; conociẽdoſe en eſſo, como en otras varias acciones, que no ay deſvios humanos, que puedan impedir los ſuceſſos, que la providencia divina diſpone por otras cauſas, pues con aver tantas en eſta jornada para atajar la futura deſgracia, vino el appetito de un Principe a poder màs, que la razon, i la experiencia, hallando ſiempre pareceres, que approvaſſen tales deſaciertos.(55) Por otra parte el Infante guiado del conſejo del Conde de Odemira, huyô de ſeguir el de Viana, que ſin embargo de ſus quexas, tornó con ruegos, i perſuaciones a encarecerle el error de aquel acometimiento; i como vió, que a penas lo eſcuchava, con ſolo quatro criados ſe fue a Ceuta, adonde el Rey lo embiava a llamar, para paſſar a Caſtilla, i hazer antes alguna entrada en tierra del enemigo. El Infante apreſtado con quatrociẽtos hombres, en diez i nueve de Henero (q̃ era noche de S. Sebaſtian) dos horas antes de amanecer ſe puſo en Tanjar: los Portugueſes atemorizados cõ prodigios, q̃ por todas partes amenazavan, notarõ vn Cometa, cõ largas, i ſangrientas crines, q̃ ſeguia a la Luna, en mitad de ſu claridad, pueſto ſobre aquella ciudad. Mirò Gomez Freire al Cielo (perſona de grãde prudencia, ceſo, i calidad, i en alta voz) dixo.Ah noche fatal, i deſdichada, para quien te aparejas?Ivan los hombres con eſtas ſeñales con tanta triſteza interior, que a penas davan paſſo, que no juzgaſſen, que era para la ſepultura.(56) Llegados al muro le arrimaron quatro eſcalas, i ſubieron como cien hombres, mas reconocidos por la poſta, yẽdo Iuan de Soſaa herirle con la lança, ſe arrojô del muro abaxo, i començò a dar bozes; i los nueſtros penſando, que del eſtruendo naceria otra confuſion, que embaraçaſse al enemigo para poder defenderſe, tocaron reziamente al arma, quando el enemigo acudió con gran valor a ſu defenſa; esforçòſe con el peligro, i ultimamente hallando los Chriſtianos deſordenados, fue degollando en ellos, ſin que el Inffante pudieſſe valerlos, màs que con el ſentimiẽto. Quiſo arrojadamẽte ſubir al muro, i morir con los demàs compañeros; però el Conde de Odemira, i otros fidalgos lo deſviarõ deſte intento, alẽtandole deſta aflicion, haſta q̃ ſ vino a Alcaçar.(57) Nueva tan deſaſtrada llegô primero, q̃ las reliquias del campo, a Ceuta, como tienẽ de coſtumbre ſiempre las infelicidades; i el Rey animandoſe para el conſuelo, mandò al Conde de Viana, q̃ de ſu parte fueſſe luego a darſele al Inffante, el qual pidiendo al Conde le perdonaſſe no ſeguir ſu cordura, i parecer, ſe aliviò de la perdida. Fue mui grande, la que recibiò eſte Reyno, porque murieron màs de duzientas perſonas calificadas en valor, i ſangre, quedãdo preſas otras ciento. Anduvo el enemigo revolviendo entre los nueſtros, para ver ſi hallava el cuerpo del Conde de Viana, porque juzgava, que a quedar vivo no podia llamar victoria aquella, quando el baſtava a reſtaurar maiores calamidades. Cuentaſe, que en eſta ocaſion dixera un moro viejo gran ſoldado, a ſu Alcaide, eſtas palabrasAbrahem Bename, en vano buſcas el cuerpo de D. Duarte de Meneſes entre eſſos, que miras ſin vida; pues en la deſorden, i poca diſciplina, que moſtraron en eſte caſo los Portugueſes, veo, que no ſe hallò en el.Tanto era el reſpecto, con que hablavan de ſu perſona los enemigos, i la proſperidad de ſu opinion.(58) El Rey no quiſo divulgar la nueva, haſta q̃ ſe embarcò a Gibaltar, q̃ fue el miſmo dia, que ſe la dieron. Eſtava el de Caſtilla aguardandolo, i llevando los dos la grãdeza de ſus cortes, i eſtados, a cabo de algunos dias, q̃ eſtuvieron juntos, aſſentaron coſas, que nunca tuvieroncumplimiento, aunque fueron juradas en manos de D. Iorge de Acoſta Obiſpo de Evora, ſucediendo en eſtas viſtas lo que en todas, que ya màs lo tratado en ellas ſe guardò nunca. Andavan los ſeñores de Caſtilla deſabridos con el Rey dudando de la legitimacion de ſu hija D. Iuana, que era Princeſa unica de aquel Reyno; porque la madre viviendo con menos honeſtidad de lo q̃ requeria ſu grãdeza, dava ocaſiõ a q̃ ſe juzgaſſe al Rey ſu marido por inhabil para tener hijos; i que el pueblo no paraſſe en ſola eſta malicia. El Infante D. Alonſo hermano del Rey de Caſtilla con eſta, i otras cauſas, ſe inquietò de manera que llegô a armar contra el hermano, haziendoſe cabeça de los inobedientes, i malcontentos. Quiſo entonces el Rey caſar al Principe D. Iuan de Portugal, con la Princeza heredera de Caſtilla, i al Rey D. Alfonſo con ſu hermana la Infanta D. Iſabel, que deſpues fue la Reyna Catholica, però el Cielo deſviò el acierto deſtos matrimonios por caſtigar a Heſpaña, con una guerra poco menos que civil, que duró haſta la muerte del Rey Don Alfonſo, de que ay eſcritos copioſos commentarios.(59) Tornòſe el Rey de Gibaltar a Ceuta, donde entrò de nuevo en otro penſamiento de tomar Arzila, ciudad tambien de aquella coſta, metida dentro en un arrecife, que alli haze el mar Occeano Herculeo, la qual ſe llamò antiguamente Zilia, i los naturales, con poca corrupcion dizen Azeila; eſtà quarenta i ſiete leguas de Fez, i ſiete a Poniente del eſtrecho; porque el yerro, con que ſe acometio a Tanjar, le atormentava el coraçon para hallar algun modo, con que pudieſſe reſtaurar el credito, que imaginava menoscabado con la ſobra de animo, que tenia; peró muchas vezes pierdẽ los Principes tanto por dar en valientes, ſi es con temeridad, como por ſer cobardes.(60) Con eſta imaginacion ſe fue a Alcaçar, i de alli con el Infante entrando en la ſierra, por el puerto, que llaman de Alfeixe. Al amanecer diò en unas aldeas, que hallò deſpobladas, con el aviſo, que tuvieron deſta entrada: deſpues corriò ſin ceſſar, haſta legua i media, por la ſierra, con no poco daño del enemigo; anocheciole en eſto,i paſsô el rio de Tagadarte, por alojarſe a ſu orilla; però fue tanto lo que lloviò aquella noche, i la recia tempeſtad, que ſobrevino, que el rio ſiẽdo mui pequeño ſe hizo un mar, i el Rey por eſta cauſa ſe viô perdido, ſin poder paſſar adelante, bolviendoſe triſte, i afligido a Alcaçar, i luego a Ceuta. Pareciole entonces deſpedir ſus gentes, porque ſe deſengañò de la tema, con que andava de un yerro en otro, ſin conſejo, ni prudencia, ſolo por la ambicion de moſtrar valor; ſiendo tan cõpañero en eſte deſeo el Infante ſu hermano, que no ſe podia juzgar de ambos, qual deſacertava màs.(61) Eſte Principe eſtando en Portugal como maeſtro, que era de las dos ordenes militares de Chriſto, i Sanctiago, mandò con edicto publico, que todos los cavalleros deſtos habitos, vinieſſen a ſervirle en eſta empreſa, compeliẽdolos con amenazas, i aunque es lo cierto, que no faltò alguno, q̃ voluntariamẽte dexaſſe de ſeguir el Infante, ſiẽdo ſu exemplo, i el del Rey maior fuerça que todos los demás mandamientos: Con todo como eſte negocio tocava a juriſdicion, i los cavalleros profeſſavan maior zelo, que en eſte tiempo eſtando aqui en Ceuta deſpues de deſpedidos, i con licencia, para que pudieſſen bolverſe a ſus caſas, entre las dos ordenes eſcogierõ a Gonſalo Gomez de valladares Comendador del Mogadouro del habito de Chriſto, i Martin Vaz Maſcareñas, comendador de Aljuſter de Sanctiago, cavalleros de prudencia, i virtud; para que notificaſſen al Infante declaraſſe no eſtar obligados los cavalleros a ſemejantes violencias, ſiendo accion voluntaria, i libre ſeguir los maeſtros en ocaſion de guerra, que no fueſſe declarada en ſus eſtatutos, a quien para maior ſeguridad ſe remetiã.(62) Quando la libertad ſe funda en razon, i juſticia, no es buen Principe, el que la condena, ò caſtiga: pues los buenos ſiempre permiten, que los ſubditos negocien como ſubditos, i no como eſclavos; maiormente en las coſas, en que no mueſtran interes proprio, pues la cauſa publica ha de tener differente aſsiento en el animo del Principe, cuyas orejas, quanto màs abiertas eſtan para los quexoſos, tanto más cumplen con la obligacion de ſu oficio, ſin que para eſtos ſean neceſſariosnuevos tribunales, pues miniſtros con gran dificultad emiendan yerros de otros miniſtros, por no ſe acuſar a ſy meſmos, i aſſi los Reyes lo han de hazer como obligacion preciſa ſuya. El Infante no ſolo los eſcuchô agradablemente, pero examinando los eſtatutos, i privilegios, ſin remetirlo a nadie, ni dilatarlo, viendo todo por ſus ojos, concediò lo que pedian aquellos cavalleros, i con eſto ſe paſsó a Portugal con la maior parte de la armada.(63) Quedòſe el Rey en Ceuta fatigado con tantas adverſidades, que le herian màs porq̃ tocavan en la inclinacion, de que màs ſe preciava, que ſiempre ſuele ſer lo que ſe ſiente con maior vehemencia; i no acabando de reſolverſe en dexar a Berberia ſin alguna demonſtracion, que reparaſse las paſſadas, reconocida la ſierra de Benacofu, partiò cõ ocho cientos cavallos, deſseoſo de verſe con el enemigo roſtro a roſtro; acompañaronle el Duque de Bargança, los Condes de Guimaranes, Faro, Villa real, Penela, i Monſanto, el de Viana con D. Henrique, i D. Fernando ſus hijos, i otros muchos cavalleros de igual calidad, i virtud, aprovando primero eſta entrada, porque queria moſtrar a ſu Rey el valor, con que le ſervia; ſiendo gran ventura de los tiempos, en que los Principes toman las armas, tanto para conocer los ſubditos, como para ſer conocidos dellos.(64) El dia, que el Rey ſaliô de Ceuta ſe fue alojar al caſtillo de Almiñecar, i deſcanſando un rato, entrò de noche en la ſierra: diſta quaſi tres leguas de Ceuta, incluyendoſe en la miſma, que Marmol llama Huat Idris, ſiendo el nombre de Benacofu impueſto por los naturales, por algun accidente, de que no ſabemos la cauſa. Son reputados ſus moradores, por los màs valientes hombres de Berberia: luzieron en eſta occaſion, porque el Rey pareciendole, que todo ſe allanava a ſu poder, anduvo diſcurriendo por la ſierra, como vencedor deſpues de hazer una gran preſa de gente, i ganados; i queriendoſe paſſar a Tetuan, embiô màs de la mitad de los ſuyos adelante. Los Moros provocados de ſu affrenta, i deſtruicion, juntandoſe en gran copia, elegieron una cabeça, i luego cargaron con impetu ſobre los nueſtros,que los descompuſieron al primer encuentro; i deſpues peleando valientemente, valiendoſe de los lugares aſperos, i fragoſos de la miſma ſuerte que de las armas, a penas davan tiempo a los Chriſtianos para defenderſe. Eſta oſadia fue cauſa para que en un momẽto ſe le juntaſſe al enemigo un inmenſo exercito; i los nueſtros ſin ſaber camino, ni ſenda, que no fueſſe en daño ſuyo, començaron a derramarſe de manera q̃ fue forçado al Rey retirarſe obligado de algunos fidalgos: i quedandoſe el Conde de Villa Real en la retaguarda algo lexos, por aſſegurar las eſpaldas, mandò el Rey al Cõde de Viana, que detuvieſſe los Chriſtianos para hazer roſtro al enemigo, mientras el ſe ſalia de la ſierra.(65) Conoció el Conde el rieſgo de la comiſſion, porque muchos de los nueſtros como biſoños en aquellas entradas no hizieron tanto ſu dever, i deſampararon el campo, llevados de ſalvar las vidas; i ſin embargo de ver a ſu Rey en tan evidente peligro, atropellaron primero la honra, i luego la obediencia. El Conde con eſta deſeſperacion ſin que le aprovechaſſen bozes, ni ruegos: dizen, que reſpondiò al Rey.Señor, dura coſa me encarga V. A. en occaſion, en que me hallo ſin mis ſoldados, i con otros, que ni os obedecen, ni me ſiguen; perô pues grangeo con mi vida el ſalvar la vueſtra, en mi muerte vereis el zelo, que ſiempre tuve de ſerviros.Con eſto ſe bolviò a Dios, como quiẽ mucho de antes, el coraçon preſago en los males, le denunciava aquella hora por ultima: i haziendo un breve acto de contricion, proteſtando que moria por ſuſtentar la fé de Ieſu Chriſto, de cuyos aumentos tratò ſiempre, con tantas anſias; i tambiẽ por librar a ſu Rey de aquel peligro (obligacion preciſa de ſubdito) ſe oppuſo a los contrarios tan esforſadamente, que los detuvo, a que no ſiguieſſen al Rey: i peleando con notable conſtancia, i valor, aviendo muertos por ſu braço los más oſados, que por grangear la gloria de vencerle, ſe adelantavan a los otros, porherirle, le mataron el cavallo: apeòſe para darle el ſuyo Nuño Martines de Villalobos, però no pudo, porque ſin executar el intento, quedò ſin vida, dando exemplo de notable fidelidad, pues ſiendo criado del Conde quiſo morir por defendelle, igualando en eſto a lo que el amo hizo con el Rey. Viendo pues el Conde de Monſanto en aquel aprieto al de Viana, corriô tambien por ſocorrerle, i dandole otro cavallo, trabajando por ſubirle en el, el Conde mal herido, i con menos fuerça, pueſto un pie en el eſtribo no pudo llegar al otro, porque hallò los aſiones largos, i embaraçandoſe en eſto, tocó con la eſpuela en la anca del cavallo, de manera que le hizo dar corcobos, con que el Conde bolvió a caer en el ſuelo: gritò entonces al cuñado, q̃ ſe ſalvaſſe, i repetiendo aquellas palabras del pſalmo (en tus mãos, Señor, encomiendo mi eſpirito) acabó de rendirle con mueſtras de invencible ſoldado de Chriſto, i de ſu Rey.(66) Los Moros concluyendo con eſta muerte el triumpho maior, a que aſpiravan, la ſolemniſaron con grandes alaridos, deſpedaçando el cuerpo muerto de manera q̃ fue un dedo la maior parte, que dexaron del entera. Eſte fue el fin glorioſo del Conde de Viana D. Duarte de Meneſes, al qual pronoſticarõ primero algunas ſeñales, como ſucede en las muertes de grandes hombres. Cuentan Ruy de Pina, i Damian de Goes, que muchos años antes, ſe la denunciò un Religioſo Abbad del Convento de las Sarzedas de S. Bernardo, por nombre fray Luis, que era famoſo judiciario, diziendole, que auia de morir en occaſion, q̃ militaſse debaxo del mando de otro capitan; deſpreciò el Conde el aviſo, con la prudencia, i cordura, con que ſe deven vituperar de todo punto los profeſſores deſta ſciencia, quando exceden la moderacion, i limite, que la Igleſia les permite; porque es gente, que guarda ſiempre poca fidelidad, i que totalmente con eſtos eſtudios ſe inhabilita para el ſervicio de la Republica, occupada en inquirir la inclinaciõ de los hombres, que crehen de mejor gana las coſas inciertas.(67) Sucediò el falecimiento del Conde a 20. de Henero del año de mil quatrocẽtos ſeſsẽtai quatro, cumpliendo en ſu edad cinquenta; i porque no falte a ſus aficionados el conocimiento de ſaber, qual era ſu diſpoſicion, i talle; fue bien proporcionado, mas de pequeño cuerpo; cargado moderadamente de carnes; blanco, i el roſtro, i preſencia tan agradable, que facilmente le juzgara qualquier por hombre de bien, i creyera de buena gana, q̃ lo era; algo tartamudo, però no de ſuerte que diſonaſse a los oydos: con eſto hablava de eſpacio con màs ſeveridad, que alegria; era de memoria firme, i entendimiento mui deſpierto; de buena complexion, i eſtremada ſalud; i aunque verdaderamente fue arrebatado en lo mejor de ſu edad perfeta, para los q̃ conſideran la fama con las glorias militares; viviò un largo tiempo, pues quaſi deſde la cuna las començô a lograr, alcançando los verdaderos bienes, que conſiſtẽ en la virtud; i para que ſe entienda el ultimo grado a que podia llegar el valor, i fortuna de un hõbre, es prodigio admirable, que notan los autores deſte capitan; que nunca fueſſe vencido, ni ſalieſſe menos que vencedor de las batallas, en que ſe hallô, que fueron muchas, como ſe echa de ver por lo referido.(68) Dudavan los antigos de Iulio Ceſar, ſi la dicha igualava al brio, ſiendo ambas coſas mui neceſſarias para un capitan, pues en la felicidad, mueſtra la providencia (de donde pẽden las cauſas ſegundas) que aprueva ſu eleccion. Por eſto los antigos tuvieron gran cuidado en encargar las empreſas a valeroſos, i bien afortunados, q̃ es la principal coſa, de q̃ Mario ſe jactava en el ſenado Romano; a los màs famoſos igualô nueſtro Conde, pues ſiẽdo en vida invencible, fue feliſsimo tambien en la muerte, librando a ſu Rey della, quando importa tanto la vida de un Principe, como el ſuſtento de la patria, a cuya ſalud deven los ſubditos las vidas, honras, i haziẽdas. Cumpliò al fin el Conde con todo ello, i moſtrò bien ſer Portuguez en la muerte, por lo que luziò en ellos el amor de ſus Principes, con más ventajas, que en otras naciones; i como eſte genero de acabar era el màs honrado, quiſo el cielo darſele por premio, i realce de ſus glorioſas acciones, i admirables hazañas, que con gran perfeccion obró en la vida.(69) El Rey entre el ſentimiento, i las gracias, aquel miſmo dia llamò a Don Henrique de Meneſes ſu hijo; i le diò liberalmente el titulo, caſa, i oficio del padre: aunque los tiempos adelante le quitô la villa de Viana, i le diò las de Valencia, i Loule, de que tomó el titulo de Conde. Luego embiò a conſolar a la muger, la qual con ſu grande fama, i virtudes, no pudo reſiſtir a la pena deſta falta, con que vivió deſpues algunos años, aunq̃ ſiẽpre como quaſi muerta; doblòle la aflicion el ſaber la crueldad, con q̃ aquellos barbaros ſe encrudelecierõ ſobre el cuerpo difunto del marido, de que ſe alcãçó ſolamẽte un diẽte, q̃ ella tenia guardado, q̃ deſpues ſus hijos traſladaron a Sanctaren, i le labraron una capilla mui hermoſa en el Convẽto de S. Franciſco, donde le puſieron en honorifica ſepultura.(70) Dexò el Conde muchos deſcendientes de iguales merecimientos, porque fue caſado dos veſes: la primera con Doña Iſabel de Melo, de que tuvo una hija ſola, por nõbre Doña Maria, que casò con D. Iuan de Caſtro hijo heredero del Conde de Monſanto.De D. Iſabel de Caſtro ſu ſegunda muger hija de la miſma caſa de Monſanto, uvo D. Henrique, que le ſucedió, el qual deſpues de hallarſe con el padre en las ocaſiones más peligroſas, q̃ tuvo con Moros; aſsiſtiô con el Rey D. Alfonſo en la toma de Arſila, donde quedô por general con la retencion de Alcaçar: juntamente acompañò a ſu Rey en las guerras de Caſtilla; i ſaliendo mal herido de la batalla de Toro, diò motivo para que el Rey le dieſſe la ſucceſsion de las dos plaças, que tenia para un hijo: però vino a morir ſin ellos, tambien a manos de los Moros, como el padre, en la ſierra de Ferrobo, aviendo ſido caſado con hija del ſegundo Duque de Bergança Don Fernando.(71) Llamôſe el hijo ſegundo Don Garcia de Meneſes, i fue clerigo, por ſus letras, i talento Obiſpo de Evora, i de la Guardia juntamente: beneficios entonces compatibles, aũque deſpues prohibidos, por el Concilio de Trento: mezclò eſte Prelado entre ſu mucha erudicion, algunas acciones de ſoldado, porque ſe preciò de ſerlo, i moſtrò tanto valor en occaſiones, q̃ no deſdixo de la imitaciõ del Padre, no ſolo en las guerras, q̃ tuvo Portugalcon Caſtilla, però tambien en Italia, donde paſsó con una grueſſa armada, que el Rey D. Alfonſo embió al Papa Sixto quarto, contra Turcos; entonces hizo una oracion en el conſiſtorio capaz de igualarſe con las de Tulio, i Demoſthenes; mas todos eſtos progreſſos deſdorò el fin, que vino a tener, i le acaeciò, eſtando en el Caſtillo de Palmela, cõ vehemẽtes ſoſpechas de veneno, por una cõſpiracion, de que fue arguido contra el Rey D. Iuan el ſegundo.(72) Deſta deſgracia participò D. Fernando ſu hermano tercero (que llamaron Narizes) porque las perdiô en un recuentro de Africa: i ni eſte ſervicio, ni otros infinitos, que hizo a la corona Portugueſa, fueron parte para evitar la muerte, que le diò el miſmo Rey D. Iuan por la miſma culpa, que al hermano Obiſpo. Dexo muchos deſcendientes, que oy duran noblemente.(73) D. Iuan de Meneſes hijo quarto del Conde de Viana fue, aunque el ultimo de ſus hermanos, el primero en las virtudes, tomãdo eſta herencia del padre, i la fortuna de los tiempos, en que los Principes premiavan merecimientos, conociendo, que los benemeritos eran acreedores de ſu grandeza. Alcançò a quatro, como fueron los Reyes Don Alfonſo, de que avemos hablado, D. Iuan el ſegundo, D. Manuel, i D. Iuan el tercero, en cuyo reinado muriò: ſiendo ordinario aborrecer, ó mudar el Principe, lo que ſu anteceſſor dexa aprovado; con todo las partes de D. Iuan de Meneſes eran tantas, que obligò a todos a ſervirſe de ſu talento, i valor en los maiores pueſtos, i oficios deſta Corona, en la paz, i en la guerra. En la de Africa fue general de Tanjar, i Arzila: i en Portugal, de las armadas del mar Occeano, i en la que el Rey Don Manuel mandô a Italia en ſocorro del Veneſiano; bolviendo deſta empreſa le hizo ſu maiordomo maior, aviendolo ſido antes del Rey D. Iuan el ſegundo Ayo, i governador del Principe D. Alfonſo ſu hijo: deſpues le dieron el Priorato del Crato del habito de S. Iuan, i el titulo de Conde de Tarouca, i el de Alferez maior con otras muchas rentas del eſtado.(74) Sin eſtos hijos tuvo D. Duarte otro baſtardo, que llamaron D. Pedro, avido en ſumocedad, el qual encubriô eſta falta con ſus virtudes, no ſiendo deſigual en ellas a los legitimos.(75) Al Conde Prior ſucediò D. Duarte de Meneſes ſu hijo maior; i en el oficio de Alferes maior D. Luis de Meneſes, que era el tercero, en cuya poſteridad ſe conſerva. A D. Duarte de Meneſes diò el Rey D. Manuel el generalato de Tanjar en propriedad para el, i ſus herederos: i deſpues yendo por Virrey a la India, durò en aquel govierno algunos años, añadiẽdoſele (como notó Iuan de Barros) por ſu gran calidad, i lugar, ſalario al ordinario, que llevaron los otros governadores, que le precedieron. Llamòſe ſu hijo maior D. Iuan, i fue general de Tanjar, i embaxador de Roma del Rey D. Iuan el tercero.(76) Su nieto ſiendo del miſmo nombre luziò en los proprios cargos tanto, que la glorioſa memoria de nueſtro Rey D. Phelipe el ſegundo, hizo del grande eſtima, i aviendole encargado muchas armadas, i el govierno del Reyno del Algarve, lo embiò tambien a la India con grandes poderes. Diego de Couto en la ultima Decada, que anda de mano, latamente diſcurre ſobre ſus virtudes, q̃ fueron muchas, i mui dignas de perpetuas alabãças, i no es la menor, no ſolo ninguna codicia, mas tanta pureza, i deſinteres, que ſalio pobre, i mui endeudado de aquel govierno; coſa ſucedida pocas vezes, i aſsi como rara, màs eſtimable, i que ſe deve deſsear la imiten los que ocupan pueſtos tan grandes, donde ſe apuran los animos màs deſentereſados, i ſe examinan los zeloſos del bien publico.(77) Su hijo primero D. Luis, fue quarto Cõde de Tarouca a imitacion de ſus maiores; governando a Tanjar, dexô por ſuceſſor a Don Duarte, que es el que vive, i por eſſo no hablo aora de ſus coſas, tales, que en cierta manera aſſeguran grandes eſperanças, i efectos, por ſu modeſtia exceſsiva a ſus pocos años, deſtreza en exercicios de cavallero, mucha curioſidad, i eſtudio a lenguas, i libros: medios mui neceſsarios, i ayudadores a diſponer un ſeñor a ſaberlo ſer, i conſeguirlo aventajadamente, cumpliendo bien, con ſu honra (ò digno de alabanças el que lo alcançare, i màs en unos, que en otros tiempos) i obligar a ſu Rey a nuevas mercades, i augmentos ademàsde los que ſe deven a ſu caſa, en cuyo fundador halló la Religion defenſa; los Reyes, amor, i verdad, con muchos, i ſuperiores ſervicios; la patria reputacion; i ſu poſteridad gloria.FINIS.
SEgundo ſitio de Alcaçar: cuidado, i virtud con que lo defendiô D. Duarte, i los cavalleros Portuguezes que ſe hallarõ en esta ocaſion. Muertes de Principes en eſte Reyno: viene a el Don Duarte llamado de el Rey, dale titulo de Conde de Viana, buelve a Alcaçar: ſierras, i lugares que reduxo a la obediencia deſta Corona. Reſolucion que el Rey tomô de paſſar a la conquiſta de Tanjar, iornada que ſuccediò infelizmẽte. Enpreſade Tanjar executada contra el voto de Don Duarte. Viſtas que tuvieron los Reyes de Portugal, i Caſtilla; entrada del Rey en la ſierra de Benacofu. Matan los Moros a Don Duarte; conocio ſu fin antes: ſeñales ciertas de ſu salvacion: i ultimamente ſe trata de ſus decendientes. Eſto en diſcurſo de cinco años deſde el de cinquenta i nueve al de cinquenta i quatro.
LIBRO QVINTO.
ESforçavaſe el ruydo de las armas, i poder con que el Rey de Fez bolvia ſobre Alcaçar, i no ſe hablava ya en otra coſa; porque Don Duarte ſabia q̃ havia llegado a Tanjar para hazer reſeña de ſus gentes. Hallò dobladas que en la ocaſion paſſada con que formô un exercito que cubria la tierra, trahiendo en el mucha variedad de fieras disformes, mas para cauſar miedo a los nueſtros, que provecho a los ſuyos: i un lunes veinte i dos de Iulio de mil quatrocientos cincuenta, i nueve, appareciò ſobre Alcaçar caſi de repente.
(2) Don Duarte acoſtumbrado a eſtas viſtas, quiſo ſalir a eſperarlo, i darle la bien venida con alguna faccion honroſa, repartiendo primero los pueſtos, i guardas de las puertas a los cavalleros màs brioſos, i deſcõfiados; ubo entre ellos grande emulacion ſobre pedir cadauno la parte màs flaca, i peligroſa. D. Alfonſo de Vaſconcelos quedô entre la puerta de Fez, i Ceuta; eſta tenia el Almirante Rodrigo de Melo; Martin de Tavora la de Fez, i en guarda de la Cortina Alfonſo Furtado de Mendoça con tres hijos ſuyos. Deſpues diſpuſo en la primera noche una encamiſada, i aviendola aprovechado muy a ſu guſto, ſe le offreciò otra ocaſion gallarda de moſtrar ſu valor, i fue que haviendo eſcrito al Rey le embiaſſe Doña Iſabel de Caſtro ſu muger con toda ſu caſa a Alcaçar; llegô entonces a aquel puerto. Serviole a Don Duarte de animo lo que a todos es deſmayo; i pareció mayor esfuerço, viendo que ſe apercebia para recebirla; porque ſe tenia a temeridad entrar en aquel aprieto una mugerquando la experiencia, i la razon moſtravan ſer cordura deſviarlas de ſemejantes cercos; porque no ſiendo de utilidad alguna las más vezes enflaquecen con ſus lagrimas los brios de los que procuran defenderlas; dãdo muchas vezes cauſa de que ſe expõgan a partidos no decentes por ſalvarlas; culpa fuera eſta en Don Duarte a no conocer las virtudes de ſu muger, tan parecidas a las ſuyas, que ſin duda tenian ſus dos coraçones una miſma inclinacion, i esfuerço.
(3) Admiró el enemigo eſta reſolucion, aunque procurò impedirla; i Don Duarte dandole rebato le fue entreteniendo con una eſcaramuça, mientras Doña Iſabel entrò por una puerta de la Cortina en la ciudad, i ſe fue derecha a la Igleſia mayor, adonde eſtuvo en vigilia toda aquella noche a fuer de aquella coſtumbre antigua, haſta por la mañana en que oyò Miſſa? i deſpues deſde un balvarte eſtuvo viendo el campo contrario con aquella fortaleza, i conſtancia, que ſi fuera ſu marido.
(4) Gaſtó el enemigo todo el mes de Iulio en batir la ciudad con tanta porfia, q̃ ſe notô que havia recebido màs de diez mil cañonaços grueſſos. En los primeros de Agoſto ſuſpendiò la bateria, porque acertò de caer ſu Paſchua entonces: feſtejaronla ſolenniſsimamente con rigozijos militares, i mueſtras de cavalleria. Valioſe D. Duarte deſte embaraço para ſaber como ſe guardava el Rio; porque deſeava hazer por alli alguna ſalida provechoſa; para eſte effecto, mandò un Moro tã gran ſu confidente, que no le encubria ſus pẽſamientos, i ardides: havia tiempos que ſe paſſara a los Chriſtianos, i D. Duarte acariciandolo con premios, i buenas palabras, alentò la ſolicitud con que andava de contino meſclado entre los enemigos deſcubriendo ſus intentos. No he podido ſaber ſu nombre, aunque preſumo que era Mahamede de quiẽ havemos hablado antes, ſiendo ſu fama tan digna de veneracion, como de vituperio la de algunos malos Chriſtianos, que de cobardes, i medroſos del poder grande q̃ vieron en los cõtrarios, o tãbien llevados de ſu malicia ſe paſſaron a los Moros. Eſtos les revelarõ la ocupaciõ de nueſtro Moro, el qual ignorãdo aun el aviſo, ſe entrò en el cãpo como acoſtũbrava.Aboacin vigilante ya ſobre ſu caſtigo, ſupo tanto, que lo cogio en el hurto, i haviẽdolo trahido a la preſencia del Rey le afeò con grandes maldiciones la traicion que hazia, a los de ſu ley, i religion: reſpondiò el ſoldado ya de Chriſto, abominandola, i confeſſando que bivia en la fé verdadera de los Chriſtianos. Tornoſe Aboacin a aſſegurarſe en lo que dezia; bolviò ſegunda i muchas vezes a hazer la miſma Confeſsion, aviſando quaſi a bozes la ceguedad de los Moros: irritòlos con eſto mucho màs, i Aboacin fue el primero que le dio una lançada, luego con dos ſaetas le clavaron el vientre, i pecho, cortandole las piernas, i medio muerto le traxeron un eſpacio a viſta de la ciudad, donde la poca vida que le quedava ſe la arrancaron con dos balas: ni ſolo como Leones rabioſos ſe encrudelecieron ſobre el eſtando bivo, ſino que como ſuzios buytres deſpedaçaron el cuerpo muerto, i lo hecharon a los perros.
(5) Fue de grande ſentimiento para Don Duarte eſte expectaculo, i no podiendo ſufrir a ſus ojos tantas crueldades, determinò vengarlas; mas los barbaros orgulloſos, i alegres de haver llegado a ſu Real algunas pieſſas de campaña de exceſsiva grandeza; en que tenian la ultima confiança renovaron la bateria, i a los primeros tiros deſmantelaron un pedaço de la muralla. Hizieron con eſto particular fieſta, dandoſe ya los parabienes de la victoria. Pero Don Duarte alçando trincheras por la parte de dentro al nivel del muro, fue reparando eſte daño con tãta brevedad, que a penas diò cuidado: entretanto hizo aſſeſtar dos pieſſas en frente de aquellas grueſſas del enemigo, i fue hecho con tanta deſtreza, que al primer balaſo las deſencavalgaron; luego ordenó a los balleſteros, que tiraſſen con flechas llenas de alquitran, i fuego que ſe abrian, i hechavan de ſi una llama inextinguible no por medio de la polvora, ſino de otras materias, i todos a un tiempo en tal copia, que a manera de nubes encubrian al Sol. Fue de mucho effecto eſta, i otras invenciones de fuego, con que D. Duarte poco a poco iva desbaratando los enemigos, i ſin duda como la malicia entonces de los hombres era menos, que la de nueſtros tiempos, era menos tambien la invencion,que ſe tenia en las eſtratagemas de la guerra: peleava el valor con menos ſubtileza, i lo màs de las victorias ſe devia al animo, aunque ni por eſto condenô lo que deſpues hallò en utilidad deſte exercicio, pues ſe origina de exemplos, i reglas, que los famoſos Capitanes obſervan para abonar ſu prudencia, i engrandecer ſu acuerdo, i aſtucia. Como ſe hecha bien de ver en Don Duarte cuyo talento para eſtas coſas fue ſingular.
(6) No paſſava dia en que de los nueſtros no ſe hizieſſe alguna faccion, cõ que el enemigo iva desfalleciendo, viendo que los cercados ſe burlavan de ſu poder, i lo tenian en tan poco, que en el de nueſtra Señora de las Nieves un criado del Rey, por nombre Galaaz Gallo, mancebo brioſo en medio del dia, juntandoſe con otros veinte de ſu edad i eſpiritu llegaron a quemar las caias de aquellas pieſſas con que los Moros batian la ciudad; i el Almirante Rodrigo de Melo embidioſo deſta hazaña, i conociendo la confuſion que havia cauſado al enemigo, viendole que andava preparando otros feſtones para aſſentar las pieſſas les puſo fuego a ſus ojos, degolandole alguna gente: i retirando la ſuya libre, i ſin daño, diò notable demonſtracion de ſu esfuerço, i experiencia.
(7) Caſi ſucceſsivamente ſaliò Martin de Tavora con Don Pedro de Noroña ſu yerno, i Rodrigo de Soſa, Vaſco Martines de Soſa, i Iuan de Soſa ſus ſobrinos; i dieron en el quartel que les quedava oppueſto con tanta fuerça, que puſieron en huyda al Alcayde de Alcaçar el Quibir que lo tenia a ſu cuenta; però bolviendo en ſi con eſta affrenta acudiò a remediarla, i algunos de los nueſtros ſocorriendo a Martin de Tavora, como fueron Nuño Vaz de Caſtelblanco, Gonçalo Vaz ſu hermano, Iuan Rodrigues de Sà, i otros cavalleros: Creciò de manera la eſcaramuça, que alberotô los reales, i obligò ſalir al Rey de Fez deſcompueſto de ſu tienda, penſando que era desbaratado; haſta que ſabiendo lo que paſſava eſtimulado de la honra, cargò ſobre Martin de Tavora, que como un Leon bravo andava con ſus compañeros, cercado de muchos eſquadrones por todas laspartes con gran rieſgo de ſus vidas. A las algazaras de los Moros advertiò Don Duarte lo que paſſava, i como Capitan prudente, ſalió con mucha prieſſa, a recoger a aquellos cavalleros, i aunque los viò vencedores, i el daño que havian hecho al enemigo con todo entre las gracias meſclò templadamẽte algunas reprehenſiones, de que huvieſſen ſalido encontrando la orden que tenian de no deſamparar ſus pueſtos; i ponderando el rieſgo a que ſe exponian, i los inconvenientes q̃ reſultavan deſtas ſalidas, tratò de obligarlos con juramento, ya que el valor atropellava la obediencia; hizieronlo todos excepto Alfonſo Furtado de Mendoça, porque en ſus canas, i prudencia hallô D. Duarte que eſtavan los brios màs ſoſſegados que en la edad, i loſania de los mancebos.
(8) Era Alfonſo Furtado qualificado, i valiẽte cavallero, de cuyos hechos, i nobleza hazen ſeñaladamente memoria las hiſtorias deſte Reyno, porque tuvo en el, gran lugar, i reputacion; cargado ya de años, i de ſervicios, ſe vino de Lisboa a Alcaçar el ceguer con la noticia deſte ſitio, trayendo conſigo tres hijos muy ſemejantes al padre en el eſfuerço. Deſeavan ſummamente emplearſe en alguna faccion peligroſa, i con eſta ambiciõ fomentada de ſus pocos años, i menos experiencia, violentaron al padre, a que de nuevo contravinieſſe al mandato de Don Duarte, haziẽdo alguna ſalida al enemigo; la deſcõfiança del buen viejo, encaminó la reſoluciõ de los moços, porque le parecia, que haſta a ſus hijos devia moſtrar con el exemplo a no temer rieſgos, ni a huyr peligros. Para executarlo aſſentô con los hijos hechaſſen delante fuera de las trincheras dõde eſtava tres ſoldados de valor, en que entrava Pedro de Mendoça, hijo ultimo de Alfonſo Furtado, para que enbeſtieſſen los Moros como deſmandados, i entonces tendrian ocaſion de hazer lo que deſeavan, a titulo de recogerlos.
(9) Eſto que al principio no pareciò màs q̃ una gallardia, tuvo tal empeño en el ſucceſſo, que fue neceſſario el grande acuerdo de Don Duarte, para remediarlo: porque encõtrandoſe una eſquadra de cavallos con los tres Chriſtianos offendidos en la reſiſtenciade ſus golpes appellidaron ſocorro, que fue la mitad del exercito, i por la nueſtra ſaliò Alfonſo Furtado con haſta treinta hombres: Encendioſe el rebato de ambas partes peleando los Portugueſes, mas por ganar honra, que ſalvar las vidas, i los Moros perdiendo muchas, i atropellados de ſu deſorden, ivã creciendo cada vez màs, con que apretavan los nueſtros inconſideradamente con la muchedumbre. Bien deſcuidado deſto andava Don Duarte proveyendo lo neceſſario con perpetua vigilancia, quando viò lo que paſſava, i que Don Alfonſo de Vaſconſelos, i Rodrigo de Melo ſe deſcolgaron del muro con valiente determinacion, i ſe fueron a Alfonſo Furtado, que eſtava ya herido en la boca, i en un braço. Con eſte rumor no quedô hombre en Alcaçar, que no procuraſſe ſer el primero en llegar. Mas D. Duarte acudiẽdo a ſerrar las puertas, por la de la Cortina ſalió con gran prieſſa, i toda la cavalleria a recoger aquellos cavalleros, i bolviendolos a poner en ſus pueſtos, dandoles lugar para q̃ deſcanſaſſen, el miſmo dia los hizo llamar jũtos, i les hablò deſta manera.
(10)No puedo negaros (ſeñores) el juſto enojo en q̃ oy me aveis pueſto, quando no ſolo os aſsiſto como Capitã, ſino os amo como padre. Perô quiero valerme deſte nõbre para reprehẽder cõ blãdura lo q̃ pudiera caſtigar cõ rigor. Es poſsible q̃ ignoreis el q̃ moſtravã los antiguos en eſte delicto? pues llegava a ſer capital entre los mayores Capitanes. Fabio Maximo fue entregado al pueblo Romano deſpues de ſer cõdenado a muerte, porq̃ peleô cõtra el edicto de ſu Emperador, aũq̃ ſaliò victorioſo: i Aulo Mãlio Torquato en la guerra q̃ hizo cõtra Francezes, llegô a matar ſu hijo, porq̃ paßò ſus mandatos: quiẽ no los tuvo ſiẽpre por inuiolables, i ſacroſãctos? i cõ mucho fundamẽto, pues q̃ coſa cõſerva la milicia, ſino la obediẽcia? eſta verdad tiene qualificado la experiẽcia con exẽplos. Mirenſe los muchos exercitos q̃ ſalieron vencedores cõ ſoloella en partido muy deſiguales. Penſais que tantos millares de Moros ſon vencidos por nuestro braço; o que baſtan ſeiſcentos hombres, que tenemos, a reſiſtir a duzientos mil, que vemos en eſte cerco? es engaño. Su deſorden los vence màs que nueſtro valor, porque fuera impoſsible a la miſma naturaleza uzar de temeridades ſin mucho daño. Quando cercaron la ciudad, por acudir a vueſtras honras os encarguê los puestos mâs peligroſos. Biſoñeria fue, perdonadme el deſempararlos, i poca diſciplina pues os aventuraſtes, a que el enemigo fiado en ſu muchedumbre procuraße entrar por aquel paſſo hallandole abierto, i ſin guarda. Tuvierades entonces deſculpa a tan grande affrenta? no por cierto: o por ventura no manchara el ſucceſſo perpetuamente vueſtra fama? Por Dios que me digais, que motiuo tuviſtes para provocar el enemigo con eſta ſalida tan ſin tiempo? ſi fue ambicion de gloria no es buen camino eſte para grangearla, porque la temeridad es tanta locura, que aun en los aciertos ſe condena: una coſa es oſadia, i otra esfuerço. Nunqua el valor deſdeñô la prudencia, antes ambas juntas forman un ſoldado brioſo, i honrado; mas lo quedavades en guardar vueſtros pueſtos: porque la ley màs cierta de la honra es cumplir cada uno con ſu obligacion.
Tras deſta reprehenſion entrò la alabança, i agradecimiento de la virtud, con que aquel dia pelearon; temploſe con las ultimas palabras la deſapacibilidad de las primeras, i Alfonſo Furtado que parecia el reprehendido las agradecio todas. Con eſto por alegrarlos de nuevo, i olvidarlos de aquel deſabrimiento, ordenô Don Duarte otra ſalida, que aſsi moderava ſus enojos, no obligando menos con los caſtigos, moſtrando que ſi los davaera màs con deſeo de emienda, que no de vengança.
(11) Quebrantado el enemigo con tantas eſcaramuças ſe rindiò primero a la opinion, i valor de los Portuguezes, confeſſandolos por inexpugnables. Peró con porfia eſtraña, deſpues que ceſsò la bateria, bolviò los aſſaltos, i duró en ellos con igual daño, i deſabrimiento, haſta faltarle la comida, i la municiõ. Tenia Aboacin prevenido eſta falta con mãdar gran copia de Camellos a Mequines por baſtimentos: mas roboſelos en el camino Xeque Laros (Moro de que havemos hecho mencion) que offendido del Rei de Fez, le negô la obediencia deſcubiertamente, i con mueſtras ya de enemigo, i levantado, andava fatigando aquel Reyno, a ſon de agraviado, con perpetuos robos, i talas, alterando los fieles con quexas, i ruegos, ultimamente con las armas. Temiolas el de Fez con particular cuidado, por el que causò en el real generalmente, entendiendo que la trayciõ de aquel Moro ſe fundava en alguna aliança que huvieſſe hecho con los Chriſtianos. Finalmente ſe reſolviò en levantar el cerco por bolver las armas contra Xeque Laros.
(14) Don Duarte entretanto deſde la muralla hizo mueſtra de ſu gente, q̃ victorioſa, i alegre, diò mil vayas a los Moros, viendo q̃ ninguno oſava ſer el ultimo en la retirada; i entonces ſe entendiò el daño, que havian recibido, porque aunque no ay Autor que refiera con certeza el numero de ſus muertos, de nueſtra parte lo fueron veinte i uno, i de la ſuya una grã cãtidad, ſegũ ſe ſupo deſpues. Durô tantos dias eſte cerco como el primero, ambos defendidos gallardamente con el increible valor de Don Duarte de Menezes, i los demâs fronteros, no eſtando en la defenſa ninguno ocioſo, los impedidos ponian animo, peleavan los de entera edad, niños, i mugeres trahian agua piedra, i refreſco a los ſoldados; ſiendo Doña Iſabel de Caſtro la primera que curava por ſu mano los enfermos, i heridos, alentando mucho con eſto, i remediando a los pobres, con tanta piedad, y aſsiſtẽcia q̃ ſe le deven iguales alabanças, q̃ al marido. Los cavalleros q̃ ſe hallaron de ſocorro, en eſta occaſion fueron los proprios que aſsiſtieron en la paſſada, porque tardò tãpoco en bolver el Rey de Fez, q̃ no diò lugar a q̃ ſe apartaſſen de Alcaçar; demàs q̃ cõ eſte reſelo no ubo quien quizieſſe deſampararla.
(15) Halló eſta nueva al Rey en Santaren, donde con una proceſsion general dio gracias a Dios de tan felice ſucceſſo, alargandoſe igualmente, que la vez paſſada, en alabanças de Don Duarte, i de aquellos cavalleros, q̃ le aſsiſtiã, entre los quales huvo muchos q̃ deſeoſos del premio, ô forçados de otras cõveniẽcias ſe vinieron a Portugal. Peró Don Duarte como todo ſu cuidado empleava en el ſervicio de ſu Rey, dioſe todo al biẽ publico, ſin q̃ en el particular ſuyo hablaſſe una ſola palabra, i aſsi quando los otros trataron de ſus pretenciones, entonces bolviô los ojos a reſtaurar la fortaleza; rehizo la Cortina de que el enemigo arruinò un gran pedaço; fabricò de nuevo vn buen alojamiento en el caſtillo, para los Capitanes generales, que ſerviò de ennoblecer, i fortalecer la ciudad.
(16) Deſpues procurò, que los ſoldados màs pobres tuvieſſen tambien ſatisfacion de tanto trabajo, repartiendo pagas, i ſocorros por todos; i vendiendo para eſte effecto haſta la plata de ſu ſervicio. Aviſô luego al Rey, de como cada uno en particular le havia ſervido, porque nunca uſurpava la gloria de las coſas, que otro havia hecho, antes le ſervia de fiel teſtigo; i porq̃ el enemigo ayudaſſe a eſta paga, fue ſobre Anexames, i otras aldeas pueſtas en la ribera de Guadaleon, i tardô en rendirlas, lo que en acometerlas.
(17) La proſperidad de tantos ſucceſſos no ſolo amedrentò a Berberia; però llenò de eſperãças al Rey, para cõſiderar, q̃ empeñandoſe con mayor poder en aquella conquiſta, teniendo tal capitan podia eſtender ſu imperio por aquella parte. Con eſte animo, i deſeo de moſtrar a Don Duarte el que tenia de honrarle le llamò al Reyno por Abril del año ſeguiente de mil quatrociẽtos i ſeſſenta. Partiò en ſu cumplimiento, dexando por teniente en Alcaçar Alfonſo Telles de Menezes ſu ſobrino, cavallero de brio, i experiencia, i de quien oſava fiar ſu reputaciõ.
(18) Al llegar a Lisboa adonde eſtava la Corte, le ſalió a recibir, lo màs noble della a la Marina; i el Rey con ſingulares honras, i publicas demonſtraciones mudandoſe, entõcesa Santaren le diò el titulo de Conde de Viana de Camiña (que tuvieron ſus mayores) referiendo largamente en eſta donacion los ſeñalados, i grandes ſervicios, que la corona Portugueſa le devia.
(19) Como el Rey por inclinacion tratava de proſeguir la conquiſta de Africa; començò a poner eſte penſamiento en pratica, encaminãdolo a que el Reyno lo reputaſſe por util, i ayudaſſe con impoſiciones, i donativos, ſin los quales ſe impoſsibilitava la jornada. Mas era cierto, que ſegun el eſtado del Reyno eſtava debil, i flaco, ſin las fuerças de la guerra, que era el dinero, i con otras ſemejantes calamidades, començava aora a ſintir los daños generales, i los pueblos ſobre cuyos hõbros cargava eſte pezo, ſabiẽdo q̃ la demaſiada liberalidad del Rey, era vicioſa prodigalidad, cõq̃ empobrecia el Reyno, dãdo màs por coſtũbre, q̃ por remuneraciõ, ſacãdo de las affliciones publicas las mercedes particulares: propuſierõ en unas cortes, q̃ entõces ſe celebrarõ en Lisboa, cõſideraſſe el Rey eſte daño, i trataſſe irſe a la mano en el, cerrãdola a mercedes no juſtas pues la miſma juſticia q̃ cõcede premio al que lo merece, lo niega a otra gẽte menos neceſſaria en las Reſpublicas, i a vezes pernicioſa: para ſãzonarle en eſta peticion le concedieron ciento i cinquenta mil doblas de oro para ſu deſempeño. El Rey vino en ello facilmente en quanto a prometerlo, perô ſiempre executò lo contrario. Con eſtas dificultades ceſſô deſta vez la jornada de Africa, porque tambien el Rey enfermò gravemente, aunque convalecio con breuedad.
(20) Succediò por eſte tiempo la muerte del Infante Don Henrique harto ſentida de los Portuguezes, i mucho màs de ſus Reyes, i cõ razon de todos por ſus grandes partes, i proceder: porque alcançando los tiempos calamitoſos de las diſcordias ciuiles deſte Reyno; ya mâs ſe entendiò trataſſe de otra coſa que de enriquecerle con las conquiſtas de Africa, i deſcubrimiẽtos del Occeano, de que fue el origen, i promovedor, i a quien por eſte reſpecto, i el de ſus virtudes ſe deve ſingular memoria. Fallecio en el Algarve dexando por ſu heredero al Infante Don Fernando, el qual tresladò ſu cuerpo el año de mil quatrocientos ſeſſenta i uno al inſigne, i realMonaſterio de la Batalla de Religioſos dominicos.
(21) Menos llorada fue la muerte del Duque Don Alfonſo de Bragança ſu hermano, que tambien ſobrevino entonces; Principe poco afable, aũque de gran valor, è induſtria. Succediole Don Fernando Marquez de Villavicioſa ſu hijo ſegundo, por haver muerto el Marques de Valencia el año antes, ſin hijos legitimos. I ſin embargo de tantos lutos; diſpuſo Don Fernãdo ſu primogenito paſſar a Africa en compañia del Conde de Viana con mil hombres pagos a ſu coſta, i otros muchos cavalleros de ſu caſa: porque en aquel tiempo condenavan los mayores el ocio con ſu exemplo, i los ſeñores antes querian que ſus hijos ſe criaſſen en medio de los exercitos, que de las ciudades.
(22) Bolvio el Conde por Abril deſte año, i apenas llegado a Alcaçar con la gana que tenia de verſe con el enemigo, corriò brevemente, tres vezes, haſta la ciudad de Tanjar, haziendo, en todas, tanto daño al enemigo, que le degollò mâs de ſetecientos hõbres, i quemò quatro lugares muy ricos, que fueron Palmera, Ceta, Aamar, i Leonçar.
(23) Mucho es para alabar una accion, que le ſuccedió al Conde en una entrada deſtas; i fue, que ſiguiendo los nueſtros denodadamente el alcance, Don Henrique de Menezes, no ſatisfecho de haver muerto por ſu braço algunos Moros, ſe empeñò en ſeguir a uno en que hallô mayor reſiſtencia; i fue tãto ſu brio, que hechandoſe el Moro al mar ſe hechò tras del, i le mató; con tanto rieſgo de ahogarſe, que anduuo largo eſpacio luchando con las ondas, i los enemigos; porque paſſando el Conde en perſecucion de la victoria, i viendolo en aquel peligro, no perdiẽdo pũto en ſu officio, la fue continuando ſin dar lugar a que los ſuyos ſe deſmandaſſen en ſalvar al hijo. Però el cielo que lo guardava para mayores coſas le diò valor para vencer las ondas igualmente que a los cõtrarios. Eſta conſtancia del Conde no fue deſigual a la que eſcriuẽ de los Capitanes inſignes, que atropellavan los reſpectos de la ſangre por acudir al mayor, de ſus honras, i obligaciones.
(24) Halloſe D. Fernãdo en todas eſtas ocaſiones,portandoſe con gran valor, i prudencia, i meſclando con la Magestad de Principe, ſolicitud, i cuidados de ſoldado particular: porque ſiẽdo el primero en los peligros, moſtrava ſerlo tambien en obedecer, i guardar las ordenes del Conde, como de ſu Capitan, haziendo ley inviolable cõ ſu exemplo; en q̃ particularmente hizo ſingular eſtudio, luego que conociò el animo depravado de algunos cavalleros, que entre la embidia, i el enojo, comẽçaron en vano a induzirle cõtra la authoridad del Cõde; procurãdo poner por medio de ſu vẽgança, la grãdeza del nacimiẽto de D. Fernando, q̃ era lo miſmo q̃ lo obligava a moſtrarſe apazible, i obediẽte. Solicitado del Duque ſu padre bolviò brevemente a Portugal, donde el Rey agradecido a tãtos ſervicios, le diô cõ el titulo de Cõde el eſtado de Guimaranes, q̃ deſpues con el de Duque, quedò en los primogenitos de Bergança cazole tãbiẽ con D. Iſabel hija del Infante D. Fernando ſu hermano de q̃ nacio D. Iaime, q̃ ſiẽdo IIII. Duque de Bergãça, caſado con hija de la gran caſa de Medina Sidonia en Caſtilla, i jurado por Principe heredero deſta corona; por el Rey D. Manoel ſu tio, hermano de ſu madre, entrando a reinar; es biſaguelo del ſereniſsimo Duque de Bergãça, q̃ oy bive ultima reliquia de los Principes de la ſangre real deſte Reyno.
(25) Poco deſpues parecieron entre los Moros de aquella comarca dos hijos de Calabẽçala, Alcayde que fue de Ceuta, Alcaçar, Tãjar, i Arzila (como eſtà referido) los quales còmo vieron muerto ſu padre, i ellos deſpojados por los nueſtros de ſu grandeza, porque de toda ella ſolamente les quedava la ſierra de Gibelfabibi, que cae al norte de Alcaçar poco mas de ſeis leguas; tierra fertil, i poblada, perô limitada, i corta; començaron primero con ruegos, i luego con amenazas a repreſentar a ſus naturales la affrenta que padecian, ſuſtentando los Chriſtianos tanto tiempo en ſus tierras; i con animo de deſtruirlos tomaron las armas, juntando ſiete mil cavallos de las ſierras Gibelfabibi, i de Benima Grafot, con el Alcayde de Tãjar, i aſsi jũtos todos embiãdo delãte a correr a Alcaçar, ſe entraron en una emboſcada cerca de la ciudad. Tuvo luego auizo el Conde, i ſaliò a ellos, i los desbarato, degollãdolelos principales, i màs valientes Capitanes, que trahian. Fue eſta Rota de las màs ſintidas, i lloradas que los enemigos tuvieron, porque de más de caer ſobre tantas, quedaron ſin eſperança alguna de remedio: deſcãſando el Conde por no tener que vencer lo que quedava del mez de Iulio, i los tres ſiguientes.
(26) Por el fin de Octubre ſe acabò de deſpoblar la ſierra de Amegara, porque el Conde fue ſobre ella, i la reduxo a nueſtra obediencia con muerte de los caudillos que la defendian, i governavan. Quedava a un lado della, hazia Arzila, la ſierra de Luſmara, con muchas aldeas grandes, i bien pobladas. Era la principal, i cabeça Nazere; rendiola el Cõde a penas entrado en Alcaçar de la sierra, i de camino deſtruyô Bogalmaee, lugar pueſto en ſitio eminente, i ſuperior a Guadeleon, q̃ lo cerca con ſus aguas, i aſsi quaſi inexpugnable. Con eſte hecho, ſin otros de menos cuẽta que particularmente eſcriue el Coroniſta Gomes Eanes, concluyò el Conde el año de mil quatrocientos i ſeſſenta i uno, haviendo ſido glorioſo a los Portugueſes por ſu abundancia, i felicidad de los ſucceſſos que tuvieron en Berberia.
(27) En Ceuta, deſpues de muchas entradas, i otras victorias que alcanſó Don Pedro de Menezes tercero Conde de Villa Real; ſujetò las ſierras de Benihaſcen, i Benitelid, que algunos llaman Chebit, i quedaron ſus moradores tributarios de Portugal (ſervicio de ſingular reputacion para eſta Corona) i eſtando el Rey en Torreſvedras le preſentô una copa hecha del oro deſte tributo; que fue el primero, que pagaron los Berberiſcos a los Portugueſes como en preſagio de los muchos, que havia de rendirle aquella parte de Africa por el valor deſte cavallero, i de ſus decẽdientes, a cuyas proezas ſe deve mucho en eſta guerra; pprque moſtrô en ella igual virtud al de ſu aguelo, de quien fue digno ſucceſſor en nombre esfuerço, i grandeza.
(28) Ya por eſte tiempo tratava el Rey, con menos conſideracion que deviera en negocio de tanto pezo, paſſar a Tanjar, llevandoſe tanto de ſu appetito como del brio del InfanteDon Fernando ſu hermano; fundava eſta deſorden en el parecer de Diego de Barros, i Iuan Falcon, que ſiendo cavalleros màs valeroſos que prudentes, haviẽdo eſtado cautivos en aquella ciudad, facilitaron al Rey el poder ganarla por una parte, a lo que deziã, del muro menos guardado de los Moros; i luego en el principio del año de ſeſſenta i dos, hallo en las historias del Reyno, que el Rey continuando eſte penſamiento, remetiò al Conde de Viana, a Diego de Barros, i Iuan Falcon, para que juntandoſe con un Iuã de Eſcalona (que fue tambien compañero ſuyo en el cautiverio) los encaminaſſe a que reconocieſſen de nuevo la diſpoſicion en q̃ eſtava Tanjar.
(29) Llegaron a Alcaçar en ſazon que Don Henrique de Menezes entrava en aquel lugar mal herido, i victorioſo de unos coſſarios Francezes, que con algunos navios moleſtavan el eſtrecho con robos continuos. Saliò a ellos a pezar del Conde ſu padre, porq̃ tuvo a temeridad eſte hecho; màs como en eſtas acciones ſiempre juzgava todo el arrojamiento por de eſtima; armòle una caravela con treinta fronteros eſcogidos, i reſueltos a morir, ô vencer, i otro pequeño, que luego deſgarrò; el Coſſario con tres baxeles, viendo a Don Henrique pareciendole navio de preza, lo fue a encontrar, con menoſprecio, i enviſtiendoſe gallardamente por las proas, travaron por todas partes: peleoſe muchas horas igualmente, haziendo los Francezes ſu dever, però no podiendo deſazirſe, ni eſcaparſe por más que lo procuraron, entrò Don Henrique finalmente la capitana, ſin que en los otros les quedaſſe perſona q̃ no fueſſe muerta, ò herida; tal fue la porfia con q̃ ſe cõbatio. Tuvoſe la victoria por los q̃ biẽ la cõſiderarõ por admirable, por la fortaleza del enemigo ſuperior en fuerças, i gente. El Conde ſaliò a la playa recibir al hijo, llevandolo en ſus braços tan mal tratado, que eſtuvo muchos dias ſin eſperança de vida; però es ſingular el valor, i virtud q̃ D. Iſabel de Caſtro ſu madre moſtrô en eſta ocaſiõ, pues dexãdo al hijo en poder del padre, acudia por ſus manos, i con grã cuidado a curar los demás heridos, tratãdo al enemigo cõ la miſma piedad q̃ a los Portugueſes, de q̃ ſuccediô, q̃ los coſſarios deſpuesde ſanos dandoles el Conde libertad, para que ſe fueſſen donde quiſieſſen, ſe quedaron algunos en ſu compañia lleuados del beneficio, i agradecimiento, que conquiſta los animos màs invencibles en las armas.
(30) Con eſte ſucceſſo reposò el Conde haſta el mez de Agoſto, en q̃ ſupo de Alonſo de los Arcos Caſtellano de Tarifa; como tenia cercado a Gibraltar, i eſtava falto de vituallas; pidiendole ſocorro con brevedad, i diligencia. Eſte auizo tardô al Conde, porque paſsò primero a Ceuta, i Pedro de Albuquerque, que governava aquella plaça, queriendo lleuar la gloria de ſocorrerla primero cõ alguna emulacion, i embidia, detuvo la nueva al Conde, de manera que partiendoſe al inſtante que entendiò lo que paſſava; quando llegó a Gibaltar, havia el Duque de Medina Sidonia entrado ya la ciudad, i retirado los Moros al Caſtillo que combatia fuertemente. Llamoſe Gibaltar en ſus principios Heraclea, por ſer fundacion de Hercules el Thebano; pueſta en una larga enſenada, que haze la mar en el eſtrecho Gaditano contrapueſto a Tanjar, en las raizes del Calpe, una de las fabuloſas columnas de Hercules, en cuyo nombre perſeveró, haſta que con la perdida general de Eſpaña, Tarif le preſtò el ſuyo; i le dijerõ Gibaltar, de Gibel, i Tarif, que ſuena en Arabigo lo miſmo que monte, ſi bien algunos lo derivan de Gebel, i Aar, ò de Tarf, q̃ es la cũbre del mõte. Dominaranla los Arabes, haſta que el Rey Don Fernando el Quarto de Caſtilla la ganò; perdiò ſu hijo D. Alonſo el vndecimo, i reſtaurò a ſu coſta D. Iuã Peres de Guſman, primer Duque de Medina Sidonia (de quien vamos hablando) varon inſigne, i de excelentes virtudes.
(31) El Duque apretó el combate al caſtillo, i ſabiendo que el de Viana venia a hallarſe alli; le ſalió a recibir grã trecho de la ciudad con grandes cumplimientos, dandole la obediencia de ſoldado, i ſuplicandole una, i muchas vezes quizieſſe governar aquel ſitio; rehuſolo el Cõde con ſu acoſtũbrada modeſtia, i tomó una pica para ſervir; mas los Moros deſcõfiados de ſu defẽſa, ſe entregarõ al Duque por trato, pidiẽdo para rehenes de ſu ſeguridad la palabra ſolamente del Conde de Viana, (tanto fiavan della). El Duque obligocorteſmente al Conde a que ſe encargaſſe de aquella gente, i paſſandolos conſigo a Alcaçar, les diò paſſo ſeguro a Tanjar.
(32) El año ſeguiente de 73. por el mez de Abril, rindio a Safa, lugar en los confines de tierra de Benamenir, i de Luſmara a dos leguas de Tanjar en lo más alto, i fragoſo de la ſierra, de haſta quinientas caſas, con tan aſperas entradas, que no pudieron ſubir los cavallos màs que uno a uno. Entrò el Conde con eſtraña dificultad, i peligro, por lo màs agrio, i lo màs defendido, i degollando dos mil hõbres, prendio quatrocientos. No oſó el Alcayde de Tanjar occupar el paſſo de la ſierra al paſſarla Don Duarte, con que llegô a Alcaçar con la preza entera.
(33) Sobre tantas perdidas como los Moros padecian continuamente por el braço, i valor del Conde; ſintieron eſta con mayor deſeſperacion, porque el ſitio, i fortaleza de Safa los aſſegurava de ſu ruina.
(34) Mientras eſto paſſava en Alcaçar, el Rey de Fez deſpues que ſoſſegò la rebelion de Xeque Laros, con ſu muerte, ſe vino a Tanjar; de donde communicò amigablemente al Conde preſenteandoſe con igual agrado, i correſpondencia; haviã travado grande amiſtad deſpues que el de Fez conoció la virtud, i esfuerço del Conde por tãtas vezes, i ſiẽpre en ſu daño: i verdaderamẽte que dava cõ eſta eſtimaciõ un grã exẽplo de buẽ Principe, pues ni la differẽcia de la religiõ, ni la diviſiõ de los animos, ni los daños recibidos por ſu mano i govierno, le impedia reconocer el valor, en quiẽ lo tenia, ſiẽdo más duro de cõfeſſar en el enemigo; mas era tãto, i tã publico el del Cõde, q̃ mayor veneraciõ le tuvierõ ſin duda los Moros q̃ los miſmos Portuguezes, pues aquellos cõ el miedo, i eſtos cõ la embidia, parece andavan juntamẽte apoſtados a engrãdecer, i deſluſtrar ſus hechos, i ſiẽdo las acciones tan encontradas, no moſtrava menos brio el Conde en vencer con las armas a unos, que con el ſufrimiento a los otros.
(35) Obligado deſtas mueſtras ſolicitò haver del Rey Moro, por reſcate, ô liberalidad el cuerpo del Santo Infante D. Hernãdo, como reliquia ineſtimable, por la particular devocion q̃ le tenia. Anda de ſu vida, muerte, i milagros un volume pequeño, grande en lamateria. Tendre diſculpa a no diſcurrir dellos, por no offender con la cortedad de mi talento la lecciõ tã agradable de ſus virtudes.
(36) Fueron ocioſas todas las diligencias que hizo el Conde ſobre eſte particular, aunque muchas, i mui apretadas; i quedando ſin effecto ſe bolviò el Moro a Fez, dexãdo reforçado el preſidio de Tãjar, con tres mil cavallos, i por Alcayde a Abraim Bename, Moro de gran opiniõ, i fortuna; porq̃ Xarate aunq̃ era muy valiẽte, fue depueſto del cargo por deſdichado. Cõſideraciõ importãte en la guerra dõde la felicidad tiene mucha parte. Eſta prevẽcion naciò ſin duda de averſe diuulgado la jornada del Rey, intenpeſtivamente con que vino a noticia del enemigo; ſiendo maxima certiſsima de los Principes entendidos reſervar para ſi miſmos los fines de ſus movimiẽtos haſta el tiempo en q̃ importa, i es forçoſo deſcubrirlos. Perô como las emprezas ſe yerran al principio facilmẽte ſe van desliſando los medios: fuerõ pocos cõſiderados, los q̃ tomò Portugal en eſte negocio en q̃ uvo màs debates q̃ conſultas, aunq̃ tãbien no faltarõ advertẽcias del Conde, el qual deſpues de haver cumplido la comiſsiõ de Diego de Barros, i Iuã Falcõ, viẽdo el muro de Tãjar muy deſpacio los bolvió a embiar al Rey cõ eſta nueva, hallãdo poſsible el caſo, i encomẽdãdole el ſecreto, i diſsimulaciõ cõ q̃ avia de proſeguirlo, eſcreviendole era mejor acuerdo le remitieſſe a Alcaçar gẽte, i armas poco a poco, cõ todo el reſguardo, porq̃ deſta ſuerte ſin otro eſtruẽdo, ni cuidado ſe podia executar ſu deſignio ſagaz, i aventajadamente.
(37) Offendiò eſta propueſta al Cõde de Villareal, porq̃ cõ la buelta de los reconocedores informado de la facilidad, i grãdeza de la jornada ſe deſcubriô por oppoſitor para la execuciõ. El Infante D. Fernando por otra parte haziaſe dueño della, i el Rey no queria reduzirſe a no paſſar a Berberia; de manera q̃ con tãtas incõſideraciones preſumiẽdoſe q̃ el Cõde de Viana dava eſtos aviſos por hallarſe ſolamẽte en aquella ocaſion, comẽçarõ los entereſados a tener celos de ſu zelo, i cõ eſto moviã al Rey a lo q̃ peor le eſtava. Pudo al fin el de Villareal introduzirſe en la materia, porq̃ ſu calidad, valor, i prudẽcia erã fiadores, para peligros mayores. Todavia como en eſte ſehavia de hallar el Rey, quiso enterarſe primero por ſus ojos de la diſpoſiciõ en q̃ eſtavã las coſas de Tanjar; fueſſe a Ceuta llevãdo cõſigo a Iuan Falcon, i Diego de Barros, con los quales examinô todo lo q̃ paſſava, i aſſegurò de nuevo al Rey del ſucceſſo, con q̃ finalmẽte ſe determinò ſu paſſage. Advierte Ruy de Pina, que al partirſe eſte cavallero, le hizo el Rey algunas mercedes importãtes para ſu caſa, porque aſsi ſe obligã a los ſubditos, a que menoſprecien las vidas en el ſervicio de ſu Rey, grangeando muchas vezes cõ un favor deſtos, grandes felicidades para ſu corona.
(38) Sabia el de Viana todas eſtas diligencias, aunque las callava prudentemente; porq̃ deſcubriô embidia en el Conde de Villa Real; ambicion en el Infante D. Hernãdo; i brios en el Rey; i como no ſe hallava con fuerças capazes de luchar cõ tales emulos, remetia al ſufrimiẽto, i diſsimulaciõ eſte agravio, aũq̃ eſperava del, mayor gloria, porq̃ las prevenciones no ſe ajuſtavan a la neceſsidad, creciendo muchos inconvenientes con la dilacion, de ſuerte, q̃ pudo juzgar aliſonja de fortuna lo que muchos imaginaron que fuera ofenſa.
(39) En eſte verano fueron muy continuas las eſcaramuças, que el Conde tubo con los Moros, porque el Alcayde de Tanjar con la fuerça que todos los que de nuevo goviernã tienen en ſus principios, procurava emendar la fortuna de Xarate, deſeãdo avẽtajarſe, a los que haſta alli haviã peleado cõ el Cõde: mas deſengañoſe brevemẽte; porq̃ deſpues de haver corrido varias vezes a Alcaçar ſiẽpre con perdida, ſabiendo un dia por ſus eſpias, q̃ el Conde havia pueſto por tierra muchas aldeas del Farrobo, i Benavolẽſe, i ſe retirava cõ grã preza, le ſaliò al encuentro con quatrociẽtos i ſeſſenta cavallos, i mil peones. Trahia el Conde repartida ſu gente en tropas, que era menos la mitad, que el enemigo; i mandando adelantar la preza con la ſuya enviſtio al Alcayde, antes que el Moro ſe pudieſſe determinar en lo q̃ havia de hazer. Eſte repẽte deſcõpuſo al enemigo de manera q̃ cõ poca reſiſtẽcia ſe puſo en huyda, i el Cõde cõtẽtãdoſe cõ vẽcerlos, le hizo puẽte de plata, como dizẽ.
(40) A los diez de Iulio ſe jũtarõ los Xeques, de las ſierras de Anjara, Farrobo, i Benabolẽſe, i perſuadidos de uno màs venerable en canas,i conſejo llevados del miedo, i fama invencible del Conde ſe reduxeron a ſu obediencia. Eſta accion contradixeron muchos fronteros Portuguezes, pareciendoles quitaria la paz, la ganancia que hallavan en la guerra; mas el Conde anteponiendo el bien publico al particular, ſe la otorgò debaxo deſtas capitulaciones.
Serian tributarios del Rey de Portugal, dando por eſte reconocimiento dos doblas de oro cada padre de familias; biudas una; niños, i donzellas nada.
Eſtarian a la obediencia de los generales de Alcaçar el ceguer ſeguro de los Chriſtianos, i amparados de ſus capitanes.
No darian favor, ô conſejo a los Moros contrarios; i ſabiendo de ſus ardides, entradas, ô deſinios los revelarian luego al Conde ſin ocultar coſa, q̃ fueſſe en daño de los Portugueſes.
Darian paſſo libre por ſus tierras ſin alterarſe ni hazer otro movimiento; mantenimientos, i hoſpedaje a buen precio, i todo el trato de amigos.
Podrian libremente los Moros ſembrar i coger ſus coſechas, vender ſus fructos en Alcaçar, i por todas tierras de Christianos, no paßando de treinta los que fueren juntos a eſtas ferias.
Siendo neceßario acudirian con armas, perſonas a Alcaçar, ſerviendo cõ fidelidad, diligencia, i cuidado.
Eſto miſmo ſe havia de guardar puntualmente con los generales, i fronteros de Ceuta.
(41) Publicado eſte aſsiento, ſe guardò deſpues inviolablemente en vida del Conde; porque la verdad, i agrado con que tratava a los Moros de paz, los hazia andar puntuales en ſu obediencia, conſiderando en ella muchas utilidades, que el Rey de Fez les negava con el ſeñorio abſoluto, i tiranico, conq̃ aquellos Principes dominã ſus vaſſallos; ſiẽdo màs ſu govierno Deſpotico, q̃ Monarchico.
(42) Con eſta proſperidad no oſaron los Moros de Luſmara a reſiſtir al Conde, en una entrada que hizo en Octubre ſiguiente deſte miſmo año, de que ſacô mucho ganado. I porq̃ ſe hallava falto de vituallas, i Portugal ocupado en apreſtar la empreza de Tanjar, no attendia a otra coſa, olvidãdo, o quiça no pudiendo remediar todo: porque las fuerças eran menos q̃ el animo: y el Rey cõ el appetito, i ambicion de dilatar ſu imperio, obſtinavaſe en ſu parecer, ſin haver nadie q̃ ſe atrevieſſe a contradezirlo; reſolviendoſe los màs prudentes, i ſoldados a ſer compañeros deſte error; porq̃ queriã màs aventurarſe, i perderſe con el, q̃ caer en ſu deſgracia. Era uno deſtos el Cõde de Viana, el qual deſpues q̃ entẽdiò q̃ el Rey le tenia por ſoſpechoſo en eſta jornada por aſſegurarle, i deſmẽtir la opiniõ q̃ ſus emulos esforſauã quãto podiã; embiò al Reyno ſus dos hijos D. Hẽrique, i D. Fernãdo, que era el ſegundo, ambos de gentil diſpoſicion, i brio para q̃ acõpañaſſen el Rey, i juntamẽte apercibieſſen otras coſas neceſſarias.
(43) Entretanto no ceſſava un punto de moleſtar al enemigo, i allanando la ſierra de Benamenir, q̃ fue la vez primera q̃ la corriò, quemãdo a Ramele, q̃ era el lugar principal q̃ tenia fuerte, i rico, deſpues a pocos dias corriò a Tanjar por enflaquecer aquel Alcayde de opinion, i gente, juzgandolo aſi por neceſſario, para lo que ſe pretendia. I notando, q̃ en todo aquel cõtorno, ſolo la ciudad ſe ſuſtentava por el enemigo, llegò a deſafiarle al pie del muro de perſona a perſona; ò de la manera que quizieſſe, mas el Alcayde, covarde con eſta reſoluciõ, reſpõdiò cõ la artilleria, de manera q̃ fue forçado apartarſe el Conde; ſiẽdo tã dueño del cãpo, i ſierras, q̃ andava por ellas cõ la ſeguridad q̃ en Alcaçar. Aquel dia llamó a un Moro de preza, vezino de Tãjar, i embiolo al Alcayde con una copia de Carneros, pidiẽdo, q̃ como cavallero los repartieſſe por los Chriſtianos cautivos; porq̃ era eſtraña la piedad con q̃ ſe dolia de los affligidos.
(44) Bolvió en ſi el Alcayde de Tanjar, con tantas perdidas, ſabiẽdo q̃ los ſuyos le notavã de cobarde por el ſucceſſo paſſado, ſe reſolviò en buſcarle; mas la buena fortuna del Cõdeſe diô ocaſion de nueua affrenta, porq̃ en el mez ſeguiente fue ſobre Benamaqueda, i a la buelta topò con el Alcayde, y lo venciô, degollandole quinientos hombres.
(45) Eſta rota pudiera debilitar los animos, i guarnicion de Tanjar, ſi el Alcayde en la vigilancia, prudencia, i buen ſemblante con q̃ governava, no disfraçara el miedo con los ſuyos, pareciẽdo con ellos más vencedor que vencido. Llegavan eſtas victorias a los oydos de nueſtro Rey, ſin la fama que merecian por la emulacion de los enemigos del Conde: i como trahian todo el govierno del Reyno entre manos, arbitravan a ſu guſto en todo, alterandoſe con eſtos ſucceſſos, i temiendo q̃ el valor del Conde fueſſe tanto, que llevado de la ocaſiõ, i felicidad, ſe diſpuſieſſe a emprẽder la cõquiſta a Tanjar: por deſviarlo deſta gloria, hizieron con el Rey a q̃ partieſſe de Lisboa a ſiete de Nouiembre con dos mil cavallos, i algunos Infantes, ſiendo entrado el invierno con riguridad de aguas, i frios; con que no faltò murmuracion contra miniſtros que hazen a ſus Reyes executores de ſu paſſion, meſclando algunas appariencias de zelo que ſuelen engañar, aun a Principes advertidos.
(46) Entrô la armada en el eſtrecho con viento eſcaſo, i alli le ſobrevino tan gran tormenta, que ſe dividiò toda, deſgarrando unos navios a Ceuta, otros a Alcaçar; i algunos ſoçobraron: ſalvôſe el Duque de Bragãça, i ſus hijos, i otros muchos cavalleros quaſi milagroſamente a nado, i el Rey ſe fue a Alcaçar con no poco rieſgo de ſu vida. Eſtos principios pronoſticaron la deſdicha de los fines: mas la tema del Rey, i del Infante tuvo neceſsidad de otros deſengaños, para que llegaſſen a conocer ſu yerro, que es accion aſſas difficultoſa en los poderoſos, i de grandes peligros; porque como el remedio de los aciertos, conſiſte en el arrepentimiento la naturaleza como ofendida de los ſuperiores, quiere emendar una culpa con que ſe cometan muchas, i aſsi van engazando yerros haſta deſpeñarſe, como en eſte caſo ſe probó bien.
(47) Aunq̃ el Rey tenia tomada la determinaciõ mucho de antes; viẽdoſe en Alcaçar quiſo juntar a cõſejo más para eſcucharlo, q̃ ſeguirlo; i por no acabar de deſabrir al Condede Viana de todo punto, porque en aquellos pocos dias havia notado, i viſto las maravilloſas coſas que hiziera en ſu ſervicio. Entraron como treinta perſonas; uvo deſputas ſobre ſi convenia acometer a Tanjar tambien por mar. Vencieron en votos al Conde de Viana, que ſe opuſo a eſta reſolucion, fundado en la incertidumbre, i riguridad del invierno, i aſpereza de aquella coſta, con otras razones militares, que la experiencia, i la razon aprovavan con grandes ventajas, mas nada aprovechò, para que el Rey no ſiguieſſe lo contrario. Partiò entonces Luis Mẽdez de Vaſconcelos con doze velas, i el Rey con lo reſtante del Campo, por tierra. Amanecierõ ſobre Tanjar, i Luis Mendez trabajando por deſembarcar ſu gente, eſtuvo a pique de perderſe, porque las olas andavan tan bravas, q̃ no ſe domaron con los remos. Y eſto ſolo ſirvio de deſpertar el enemigo, el qual vigilante antes, con eſte avizo, començò a jugar ſu artilleria contra la Armada; i el Rey advertiendo lo que paſſava, deſeſperado ya del effecto ſe bolviò a Alcaçar, i de alli a Ceuta engrãdeciendo con alabanças al Conde de de Viana, i culpãdo los pareceres q̃ lo havian perſuadido a no darle el credito que merecia ſu valor, i experiencia: peró en eſtas palabras más ſe condenava a ſy miſmo, que a otro alguno, pues ſe dexô llevar de adulaciones, conociẽdo la verdad, i entereſa del Conde, quãdo no ay Principe tan limitado, q̃ no entienda, quien le habla màs a lo juſto, i lo que le conviene, aunq̃ es ordinaria traça ſuya deſcargar ſiempre ſu error ſobre aquellos q̃ le aconſejan en los caſos adverſos, llevandoſe ſolos la gloria, i alabança de los proſperos.
(48) Deſte deſabrimiento del Rey tomaron motivo los emulos del Conde de Viana para enviſtir con el Infante D. Hernando, deſengañados ya de q̃ el Rey attendieſſe a ſus perſuaciones; mas el Infante con la demaſiada ambiciõ de aquella empreza andava màs diſpueſto a oyr ſemejantes deſacuerdos; i aſsi diferia al Conde de Odemira, que con particular adulacion le movia a que de ninguna manera deſiſtieſſe de acometer a Tanjar. Premiole eſte Principe el conſejo, como ſi fuera en gracias ya del effecto, con la encomienda mayor de Sanctiago; coſa que elde Odemira pretendia havia mucho tiempo. Tocavan al Infante eſtas proviſiones, porque era Maeſtro de las Ordenes Militares de Chriſtus, i Sanctiago, ſobre ſer Duque de Beja, i Viſeu, con otras muchas tierras, i ſeñorios.
(49) Por eſte tiempo Don Pedro Primogenito del Infante Don Pedro, ſe partiò de Ceuta a Cataluña en dos galeras, que de alla vinieron a buſcarle, i el Rey ſu cuñado aunque al principio le diò licencia, deſpues ſe la fue ſuſpendiendo de manera, que Don Pedro preſumiô que lo hazia por reſpeto de Caſtilla, porque el Rey D. Henrique tambien era oppoſitor a Aragon, i la amiſtad eſtrecha que tenia con el Rey Don Alfonſo ſobre el parenteſco de cuñado dava ſoſpechas para todo. Don Pedro pues dexando eſcrito al Rey ſus proteſtos, i cumplimientos; ſe embarcò en las dos galleras, i llegò a Cataluña; donde le juraron por Principe, i a pocos mezes fue muerto por los miſmos Catalanes de veneno, como avemos referido. Quedoſe el Infante Don Fernando en Alcaçar, con deliberacion declarada de bolver a Tanjar, aunque el Conde de Viana le parecia impoſsible el buẽ ſucceſſo deſta jornada.
(50) Mas el Infante, como era eſto lo que más ſolicitava, procuró ſeguir el conſejo del Conde de Odemira; i para reſintir al de Viana de ſuerte, que el miſmo ſe apartaſſe, tomò para ſi el quinto de vna rica cavalgada, que por derecho competia a los generales de Alcaçar que ſe hizo aquellos dias, en la qual ſe havia hallado el Infante, i el Conde, i perô no quedò perſona, que no lo murmuraſſe, ni dexaſſe de alabar al Conde por la modeſtia, con que ſe portò en eſta particion, ſiendo tan liberal en renunciarla, como el Infante corto en repartirla, aunque bien ſe entendiò a lo que tirava aquel penſamiento.
(51) Deſpues tornò el Infante a hazer conſejo con los cavalleros, que le aſsiſtian en Alcaçar ſobre la gente que era neceſſaria para la execucion de ſu deſeo. Llevantoſe Hernãdo Telles en medio, i pidiò al Infante declaraſſe ſi tenia licencia del Rey ſu hermano para acabar aquella empreza; hiriole mortalmente la pergunta, aunque callô la reſpueſta: i el de Odemira, que conoció ſu enojo porliſonjearle, mas deſcubiertamente ſe deſcõpuſo en palabras con Hernando Telles (cavallero de ſingular animo, i viçarria, aunque mancebo) con que ſe deſviò aquella platica; tratandole ſolamente ſobre la propueſta del Infante, en que el de Viana diſcurrio deſta ſuerte.
Bien ſe (ſeñores) que las differẽcias de los votos que eſcuchamos en eſte negocio, nacen mâs de alguna particularidad, a que no puedo dar remedio, que de otra conſideracion alguna, en que ſe note zelo, i cuidado de lo que más importa, con que no dudo, que ſiempre mi pratica parecerâ ſoſpechoſa. Baſtante ocaſion era eſta para dexarme llevar del parecer arrojado de otros. Mas pues eſtoy aqui para dezir lo que ſiento, donde ſolo ſe deve tener la mira al ſervicio de Dios, i honra de mi Rey, no tratare de la mia: por temeridad juſgo ponerſe a una buelta de dado, i en poder de la ciega fortuna mâs poderoſa en la guerra, que en otra parte, vidas, i ſeñorios: la reputacion Portugueſa, donde ſolo peleamos con ella, i nos cueſta el grangearla tanta ſangre, i trabajo, fuerça es perderla en eſta occaſion; porque ſiendo Tanjar una plaça de las más fuertes, i bien guarnicidas, que tiene el Rey de Fez, parece coſa impoſsible, que ſe pueda entrar con tan poca gente, como tenemos. Paſſa de tres mil ſoldados ſu presidio, lleno de vituallas, artilleria, i mucho esfuerço: el ſocorro a la puerta, i que ha de venir por tierra firme, que es ſuya, i de ſus Principes, que eſtan ſin otros embaraços de guerra, ni rebeliones: concluida la de Xeque Laros con ſu muerte; Tremecen quieto; i al fin no ay coſa en el Reyno de Fez, que quite acudir a Tanjar en el aprieto; tiene un capitan de mucha experiencia, i brio,que ſabe guardar ſus muros, de manera que no puede el deſcuido ayudarnos, por mâs que nos certifiquen lo contrario. Contra eſto, que razon ay de nuestra parte para acometer un hecho tan ſin prudencia? el conocimento, i la memoria de las coſas paſſadas, es una luz, i guia de las operaciones humanas, principalmente en las guerras, cuyos errores ninguna diſculpa reciben, ni aun conſientẽ remedio; porque en ſiendo cometidos, cahe la pena ſobre ellos. Prodigioſas fueron ſiempre las jornadas de Tanjar, no permita vueſtra Alteza, que eſta acabe de ſer tumba de nueſtras honras. Eſperemos tiempo, el nos dirâ lo que havemos de hazer: andamos felices en las entradas, però no en los exercitos. Quiçâ nueſtro ſufrimiento, i valor podra occaſionar ſu ruina; i pues ſomos vencedores en lo poco, Dios ordenarà, que ſea tambien en lo mucho.
A eſto reſpondiò el Conde de Odemira, llevado de ſu antigua enemiſtad.
Si advertis (ſeñores) en las difficultades, que tienen ſemejantes emprezas, ſin mirar primero ſus provechos, i bienes, no ſerâ mucho, que os embarace lo que acabaſtes de eſcuchar aora: perô ſi diſcurris en lo particular deſta, avergonçareisos, en penſar, que tantos apparatos ſean para ningun effecto. Deliberôſe nueſtro Rey en venir ſobre Tanjar, trahiendo conſigo lo mâs luzido de ſu Reyno: ſerâ condenar ſu prudencia, i conſejo, dexar de proſeguir esta determinacion: todos los motivos, que la occaſionaron, eſtan en pie; ningun accidente ha quebrantado fuerças, ni animos; pues que cauſa havemos de dar para deſculpar eſte yerro. La advertenciadel enemigo, i ſu vigilancia, eßa es la que nos ha de dar maior gloria, que vencerlos con ſu deſcuido, no merece gracias; que les ſomos ſuperiores es llano, a quien mirare lo que pocos Portugueſes han hecho contra innumerables Moros en Ceuta, i las demàs fronteras: pues como ſe han de recelar tres mil, quando millares ſe vencen cada dia? Nueſtra gente mâs ſe ha de contar por el valor, que por el numero. Cien Portugueſes baſtan para eſta empreſa: Mi voto es, que vueſtra Alteza execute eſta noche, lo que ha tantas, que nos deſvela: ſalgamos ſeñor, i ſea Tanjar triumpho, gloria un Infante de Portugal, ya que fue de otro oprobrio, i ſepultura.
(52) Aprovóſe el parecer en conformidad del guſto, que moſtrava el Infante, que fue ſolo la juſtificacion, a que attendia el Conde de Odemira, el qual por liſonjealle más, alcançò del Inffante en ſecreto, que el de Viana no le acompañaſſe en eſta jornada. Luego apartô cien cavallos, i ſin dezir nada ſaliô de Alcaçar a prima noche.
Fue Tanjar tumba, un tiempo de la nobleza de Portugal, por las anſias, con que ſus Principes aſpiraron ſin fuerças baſtantes a conquiſtarla. Eſtà pueſta en la coſta del Occeano Atlantico, quaſi en la boca del eſtrecho de Gibaltar, en ſitio llano, i apazible. Tiene Fez al cierco en diſtancia de cinquenta leguas. De ſu primer nombre, que fue Tingide, tomò aquella provincia Mauritania, el de Tingitania, por differenciarſe de las Ceſarienſe, i Sitifenſe, que tambien ſe denominaron de Ceſaria, i Sitife, ciudades cabeças ſuyas: fue lo ſiempre Tanjar de la Tingitania, por ſu autoridad, i grandeza. Los naturales le llaman oy Tanja, i mezclan ſu fundacion con mil cuentos fabuloſos, a que ſu abundancia, i riquezas dierõ motivo: Iuan Leon, i por el Marmol, i otros dizẽ, q̃ los Romanos la fundaron, i ennoblecieron, i queſeñoreandola deſpues los Godos, quedò ſujeta a Ceuta. Perdiòſe quando eſta, i los Alarabes la reſtauraron, i fortalecieron con la gẽte mejor, i màs valiente de Berberia, de que eſtaua llena por eſte tiempo.
(53) Entretanto Diego de Barros, i Iuan Falcon ſe fueron al Conde de Viana, proteſtandole con muchas razones, quiſieſse aviſar al Rey de la reſolucion; porque el Iffante no tomando ninguno de los conſejos acertados (coſa mui dañoſa en los peligros) mientras quiſo ſeguir el del medio, no ſe atreuiô, ni proveyò, como era meneſter; quando llegò a Tanjar era ya mañana, i por no deſcubrirſe, ſe emboſcò aquel dia, embiando al Mariſcal corrieſse el enemigo, haſta que en el ſiguiẽte effectuaſſe lo que tenia determinado. El Rey en ſabiendo lo que paſſava, mandó adelantar a Vaſco Martines de Soſa (ſu capitan de la guardia de cavallos) para que de ſu parte detuvieſse al Iffante, i a ſus eſpaldas partiò de Ceuta, quaſi por la poſta, con ochociẽtos cavallos, i muchos infantes; mas fue tãta la prieſſa, que ſe dió en caminar, imaginando, que el Inffante aſſaltaria a Tanjar ſin el, que vencio el camino en mui pocas horas. Los infantes de canſados, quedaronſe en Alcaçar; i el Rey notando grande ſilencio, en el campo, quanto más ſe acercava ſin hallar el hermano, entendiò, que avia entrado a Tanjar, i començò a feſtejarlo con la facilidad, que hizo todo. En eſto llegò el Mariſcal, que contô lo que paſſava, i el Rey enojado del ſucceſſo, i mucho màs contra el hermano, ſin querer encõtrarle, ſe bolviò a Alcaçar, con que anduvo quinze leguas en aquella noche ſin deſcanſar. Vinoſe el Inffante tras el Rey, por aplacarle, mas el; como Principe, que no ſabia enojarſe contra lo mal hecho, que tambien es falta de valor, i una de las maiores, que ſe conſideran en los Reyes, i de maior daño para los Reynos; no paſsò ſu enojo de una reprehenſion menos aſpera, de lo que el Inffante merecia, por los deſabrimientos, con que ſe huvo en eſta materia: reſultaron della nuevas murmuraciones contra el Cõde, que era el fin de todo, porque el Inffante moſtrandoſe ſentido de la diligencia, que ſe hizo con el Rey; juzgò por autor al Conde, i como los induzimientos del de Odomira, no ceſſavanun punto de perſeguirle, procuravan otros deſacreditarlo, con tan differente effecto, de lo que era ſu animo, que quanto màs le perſeguian, tanto màs le acreditavan, i engrandecian.
(54) El Rey, entonces, menos deſabrido, ſe fue a Ceuta con penſamiento de paſſar de alli a Gibaltar, a verſe con el Rey D. Henrique de Caſtilla ſu cuñado, i el Infante acompañandolo haſta aquel lugar, pudo tanto con ſu autoridad, que alcançò licencia del hermano para bolver a Tanjar; conociẽdoſe en eſſo, como en otras varias acciones, que no ay deſvios humanos, que puedan impedir los ſuceſſos, que la providencia divina diſpone por otras cauſas, pues con aver tantas en eſta jornada para atajar la futura deſgracia, vino el appetito de un Principe a poder màs, que la razon, i la experiencia, hallando ſiempre pareceres, que approvaſſen tales deſaciertos.
(55) Por otra parte el Infante guiado del conſejo del Conde de Odemira, huyô de ſeguir el de Viana, que ſin embargo de ſus quexas, tornó con ruegos, i perſuaciones a encarecerle el error de aquel acometimiento; i como vió, que a penas lo eſcuchava, con ſolo quatro criados ſe fue a Ceuta, adonde el Rey lo embiava a llamar, para paſſar a Caſtilla, i hazer antes alguna entrada en tierra del enemigo. El Infante apreſtado con quatrociẽtos hombres, en diez i nueve de Henero (q̃ era noche de S. Sebaſtian) dos horas antes de amanecer ſe puſo en Tanjar: los Portugueſes atemorizados cõ prodigios, q̃ por todas partes amenazavan, notarõ vn Cometa, cõ largas, i ſangrientas crines, q̃ ſeguia a la Luna, en mitad de ſu claridad, pueſto ſobre aquella ciudad. Mirò Gomez Freire al Cielo (perſona de grãde prudencia, ceſo, i calidad, i en alta voz) dixo.
Ah noche fatal, i deſdichada, para quien te aparejas?
Ivan los hombres con eſtas ſeñales con tanta triſteza interior, que a penas davan paſſo, que no juzgaſſen, que era para la ſepultura.
(56) Llegados al muro le arrimaron quatro eſcalas, i ſubieron como cien hombres, mas reconocidos por la poſta, yẽdo Iuan de Soſaa herirle con la lança, ſe arrojô del muro abaxo, i començò a dar bozes; i los nueſtros penſando, que del eſtruendo naceria otra confuſion, que embaraçaſse al enemigo para poder defenderſe, tocaron reziamente al arma, quando el enemigo acudió con gran valor a ſu defenſa; esforçòſe con el peligro, i ultimamente hallando los Chriſtianos deſordenados, fue degollando en ellos, ſin que el Inffante pudieſſe valerlos, màs que con el ſentimiẽto. Quiſo arrojadamẽte ſubir al muro, i morir con los demàs compañeros; però el Conde de Odemira, i otros fidalgos lo deſviarõ deſte intento, alẽtandole deſta aflicion, haſta q̃ ſ vino a Alcaçar.
(57) Nueva tan deſaſtrada llegô primero, q̃ las reliquias del campo, a Ceuta, como tienẽ de coſtumbre ſiempre las infelicidades; i el Rey animandoſe para el conſuelo, mandò al Conde de Viana, q̃ de ſu parte fueſſe luego a darſele al Inffante, el qual pidiendo al Conde le perdonaſſe no ſeguir ſu cordura, i parecer, ſe aliviò de la perdida. Fue mui grande, la que recibiò eſte Reyno, porque murieron màs de duzientas perſonas calificadas en valor, i ſangre, quedãdo preſas otras ciento. Anduvo el enemigo revolviendo entre los nueſtros, para ver ſi hallava el cuerpo del Conde de Viana, porque juzgava, que a quedar vivo no podia llamar victoria aquella, quando el baſtava a reſtaurar maiores calamidades. Cuentaſe, que en eſta ocaſion dixera un moro viejo gran ſoldado, a ſu Alcaide, eſtas palabras
Abrahem Bename, en vano buſcas el cuerpo de D. Duarte de Meneſes entre eſſos, que miras ſin vida; pues en la deſorden, i poca diſciplina, que moſtraron en eſte caſo los Portugueſes, veo, que no ſe hallò en el.
Tanto era el reſpecto, con que hablavan de ſu perſona los enemigos, i la proſperidad de ſu opinion.
(58) El Rey no quiſo divulgar la nueva, haſta q̃ ſe embarcò a Gibaltar, q̃ fue el miſmo dia, que ſe la dieron. Eſtava el de Caſtilla aguardandolo, i llevando los dos la grãdeza de ſus cortes, i eſtados, a cabo de algunos dias, q̃ eſtuvieron juntos, aſſentaron coſas, que nunca tuvieroncumplimiento, aunque fueron juradas en manos de D. Iorge de Acoſta Obiſpo de Evora, ſucediendo en eſtas viſtas lo que en todas, que ya màs lo tratado en ellas ſe guardò nunca. Andavan los ſeñores de Caſtilla deſabridos con el Rey dudando de la legitimacion de ſu hija D. Iuana, que era Princeſa unica de aquel Reyno; porque la madre viviendo con menos honeſtidad de lo q̃ requeria ſu grãdeza, dava ocaſiõ a q̃ ſe juzgaſſe al Rey ſu marido por inhabil para tener hijos; i que el pueblo no paraſſe en ſola eſta malicia. El Infante D. Alonſo hermano del Rey de Caſtilla con eſta, i otras cauſas, ſe inquietò de manera que llegô a armar contra el hermano, haziendoſe cabeça de los inobedientes, i malcontentos. Quiſo entonces el Rey caſar al Principe D. Iuan de Portugal, con la Princeza heredera de Caſtilla, i al Rey D. Alfonſo con ſu hermana la Infanta D. Iſabel, que deſpues fue la Reyna Catholica, però el Cielo deſviò el acierto deſtos matrimonios por caſtigar a Heſpaña, con una guerra poco menos que civil, que duró haſta la muerte del Rey Don Alfonſo, de que ay eſcritos copioſos commentarios.
(59) Tornòſe el Rey de Gibaltar a Ceuta, donde entrò de nuevo en otro penſamiento de tomar Arzila, ciudad tambien de aquella coſta, metida dentro en un arrecife, que alli haze el mar Occeano Herculeo, la qual ſe llamò antiguamente Zilia, i los naturales, con poca corrupcion dizen Azeila; eſtà quarenta i ſiete leguas de Fez, i ſiete a Poniente del eſtrecho; porque el yerro, con que ſe acometio a Tanjar, le atormentava el coraçon para hallar algun modo, con que pudieſſe reſtaurar el credito, que imaginava menoscabado con la ſobra de animo, que tenia; peró muchas vezes pierdẽ los Principes tanto por dar en valientes, ſi es con temeridad, como por ſer cobardes.
(60) Con eſta imaginacion ſe fue a Alcaçar, i de alli con el Infante entrando en la ſierra, por el puerto, que llaman de Alfeixe. Al amanecer diò en unas aldeas, que hallò deſpobladas, con el aviſo, que tuvieron deſta entrada: deſpues corriò ſin ceſſar, haſta legua i media, por la ſierra, con no poco daño del enemigo; anocheciole en eſto,i paſsô el rio de Tagadarte, por alojarſe a ſu orilla; però fue tanto lo que lloviò aquella noche, i la recia tempeſtad, que ſobrevino, que el rio ſiẽdo mui pequeño ſe hizo un mar, i el Rey por eſta cauſa ſe viô perdido, ſin poder paſſar adelante, bolviendoſe triſte, i afligido a Alcaçar, i luego a Ceuta. Pareciole entonces deſpedir ſus gentes, porque ſe deſengañò de la tema, con que andava de un yerro en otro, ſin conſejo, ni prudencia, ſolo por la ambicion de moſtrar valor; ſiendo tan cõpañero en eſte deſeo el Infante ſu hermano, que no ſe podia juzgar de ambos, qual deſacertava màs.
(61) Eſte Principe eſtando en Portugal como maeſtro, que era de las dos ordenes militares de Chriſto, i Sanctiago, mandò con edicto publico, que todos los cavalleros deſtos habitos, vinieſſen a ſervirle en eſta empreſa, compeliẽdolos con amenazas, i aunque es lo cierto, que no faltò alguno, q̃ voluntariamẽte dexaſſe de ſeguir el Infante, ſiẽdo ſu exemplo, i el del Rey maior fuerça que todos los demás mandamientos: Con todo como eſte negocio tocava a juriſdicion, i los cavalleros profeſſavan maior zelo, que en eſte tiempo eſtando aqui en Ceuta deſpues de deſpedidos, i con licencia, para que pudieſſen bolverſe a ſus caſas, entre las dos ordenes eſcogierõ a Gonſalo Gomez de valladares Comendador del Mogadouro del habito de Chriſto, i Martin Vaz Maſcareñas, comendador de Aljuſter de Sanctiago, cavalleros de prudencia, i virtud; para que notificaſſen al Infante declaraſſe no eſtar obligados los cavalleros a ſemejantes violencias, ſiendo accion voluntaria, i libre ſeguir los maeſtros en ocaſion de guerra, que no fueſſe declarada en ſus eſtatutos, a quien para maior ſeguridad ſe remetiã.
(62) Quando la libertad ſe funda en razon, i juſticia, no es buen Principe, el que la condena, ò caſtiga: pues los buenos ſiempre permiten, que los ſubditos negocien como ſubditos, i no como eſclavos; maiormente en las coſas, en que no mueſtran interes proprio, pues la cauſa publica ha de tener differente aſsiento en el animo del Principe, cuyas orejas, quanto màs abiertas eſtan para los quexoſos, tanto más cumplen con la obligacion de ſu oficio, ſin que para eſtos ſean neceſſariosnuevos tribunales, pues miniſtros con gran dificultad emiendan yerros de otros miniſtros, por no ſe acuſar a ſy meſmos, i aſſi los Reyes lo han de hazer como obligacion preciſa ſuya. El Infante no ſolo los eſcuchô agradablemente, pero examinando los eſtatutos, i privilegios, ſin remetirlo a nadie, ni dilatarlo, viendo todo por ſus ojos, concediò lo que pedian aquellos cavalleros, i con eſto ſe paſsó a Portugal con la maior parte de la armada.
(63) Quedòſe el Rey en Ceuta fatigado con tantas adverſidades, que le herian màs porq̃ tocavan en la inclinacion, de que màs ſe preciava, que ſiempre ſuele ſer lo que ſe ſiente con maior vehemencia; i no acabando de reſolverſe en dexar a Berberia ſin alguna demonſtracion, que reparaſse las paſſadas, reconocida la ſierra de Benacofu, partiò cõ ocho cientos cavallos, deſseoſo de verſe con el enemigo roſtro a roſtro; acompañaronle el Duque de Bargança, los Condes de Guimaranes, Faro, Villa real, Penela, i Monſanto, el de Viana con D. Henrique, i D. Fernando ſus hijos, i otros muchos cavalleros de igual calidad, i virtud, aprovando primero eſta entrada, porque queria moſtrar a ſu Rey el valor, con que le ſervia; ſiendo gran ventura de los tiempos, en que los Principes toman las armas, tanto para conocer los ſubditos, como para ſer conocidos dellos.
(64) El dia, que el Rey ſaliô de Ceuta ſe fue alojar al caſtillo de Almiñecar, i deſcanſando un rato, entrò de noche en la ſierra: diſta quaſi tres leguas de Ceuta, incluyendoſe en la miſma, que Marmol llama Huat Idris, ſiendo el nombre de Benacofu impueſto por los naturales, por algun accidente, de que no ſabemos la cauſa. Son reputados ſus moradores, por los màs valientes hombres de Berberia: luzieron en eſta occaſion, porque el Rey pareciendole, que todo ſe allanava a ſu poder, anduvo diſcurriendo por la ſierra, como vencedor deſpues de hazer una gran preſa de gente, i ganados; i queriendoſe paſſar a Tetuan, embiô màs de la mitad de los ſuyos adelante. Los Moros provocados de ſu affrenta, i deſtruicion, juntandoſe en gran copia, elegieron una cabeça, i luego cargaron con impetu ſobre los nueſtros,que los descompuſieron al primer encuentro; i deſpues peleando valientemente, valiendoſe de los lugares aſperos, i fragoſos de la miſma ſuerte que de las armas, a penas davan tiempo a los Chriſtianos para defenderſe. Eſta oſadia fue cauſa para que en un momẽto ſe le juntaſſe al enemigo un inmenſo exercito; i los nueſtros ſin ſaber camino, ni ſenda, que no fueſſe en daño ſuyo, començaron a derramarſe de manera q̃ fue forçado al Rey retirarſe obligado de algunos fidalgos: i quedandoſe el Conde de Villa Real en la retaguarda algo lexos, por aſſegurar las eſpaldas, mandò el Rey al Cõde de Viana, que detuvieſſe los Chriſtianos para hazer roſtro al enemigo, mientras el ſe ſalia de la ſierra.
(65) Conoció el Conde el rieſgo de la comiſſion, porque muchos de los nueſtros como biſoños en aquellas entradas no hizieron tanto ſu dever, i deſampararon el campo, llevados de ſalvar las vidas; i ſin embargo de ver a ſu Rey en tan evidente peligro, atropellaron primero la honra, i luego la obediencia. El Conde con eſta deſeſperacion ſin que le aprovechaſſen bozes, ni ruegos: dizen, que reſpondiò al Rey.
Señor, dura coſa me encarga V. A. en occaſion, en que me hallo ſin mis ſoldados, i con otros, que ni os obedecen, ni me ſiguen; perô pues grangeo con mi vida el ſalvar la vueſtra, en mi muerte vereis el zelo, que ſiempre tuve de ſerviros.
Con eſto ſe bolviò a Dios, como quiẽ mucho de antes, el coraçon preſago en los males, le denunciava aquella hora por ultima: i haziendo un breve acto de contricion, proteſtando que moria por ſuſtentar la fé de Ieſu Chriſto, de cuyos aumentos tratò ſiempre, con tantas anſias; i tambiẽ por librar a ſu Rey de aquel peligro (obligacion preciſa de ſubdito) ſe oppuſo a los contrarios tan esforſadamente, que los detuvo, a que no ſiguieſſen al Rey: i peleando con notable conſtancia, i valor, aviendo muertos por ſu braço los más oſados, que por grangear la gloria de vencerle, ſe adelantavan a los otros, porherirle, le mataron el cavallo: apeòſe para darle el ſuyo Nuño Martines de Villalobos, però no pudo, porque ſin executar el intento, quedò ſin vida, dando exemplo de notable fidelidad, pues ſiendo criado del Conde quiſo morir por defendelle, igualando en eſto a lo que el amo hizo con el Rey. Viendo pues el Conde de Monſanto en aquel aprieto al de Viana, corriô tambien por ſocorrerle, i dandole otro cavallo, trabajando por ſubirle en el, el Conde mal herido, i con menos fuerça, pueſto un pie en el eſtribo no pudo llegar al otro, porque hallò los aſiones largos, i embaraçandoſe en eſto, tocó con la eſpuela en la anca del cavallo, de manera que le hizo dar corcobos, con que el Conde bolvió a caer en el ſuelo: gritò entonces al cuñado, q̃ ſe ſalvaſſe, i repetiendo aquellas palabras del pſalmo (en tus mãos, Señor, encomiendo mi eſpirito) acabó de rendirle con mueſtras de invencible ſoldado de Chriſto, i de ſu Rey.
(66) Los Moros concluyendo con eſta muerte el triumpho maior, a que aſpiravan, la ſolemniſaron con grandes alaridos, deſpedaçando el cuerpo muerto de manera q̃ fue un dedo la maior parte, que dexaron del entera. Eſte fue el fin glorioſo del Conde de Viana D. Duarte de Meneſes, al qual pronoſticarõ primero algunas ſeñales, como ſucede en las muertes de grandes hombres. Cuentan Ruy de Pina, i Damian de Goes, que muchos años antes, ſe la denunciò un Religioſo Abbad del Convento de las Sarzedas de S. Bernardo, por nombre fray Luis, que era famoſo judiciario, diziendole, que auia de morir en occaſion, q̃ militaſse debaxo del mando de otro capitan; deſpreciò el Conde el aviſo, con la prudencia, i cordura, con que ſe deven vituperar de todo punto los profeſſores deſta ſciencia, quando exceden la moderacion, i limite, que la Igleſia les permite; porque es gente, que guarda ſiempre poca fidelidad, i que totalmente con eſtos eſtudios ſe inhabilita para el ſervicio de la Republica, occupada en inquirir la inclinaciõ de los hombres, que crehen de mejor gana las coſas inciertas.
(67) Sucediò el falecimiento del Conde a 20. de Henero del año de mil quatrocẽtos ſeſsẽtai quatro, cumpliendo en ſu edad cinquenta; i porque no falte a ſus aficionados el conocimiento de ſaber, qual era ſu diſpoſicion, i talle; fue bien proporcionado, mas de pequeño cuerpo; cargado moderadamente de carnes; blanco, i el roſtro, i preſencia tan agradable, que facilmente le juzgara qualquier por hombre de bien, i creyera de buena gana, q̃ lo era; algo tartamudo, però no de ſuerte que diſonaſse a los oydos: con eſto hablava de eſpacio con màs ſeveridad, que alegria; era de memoria firme, i entendimiento mui deſpierto; de buena complexion, i eſtremada ſalud; i aunque verdaderamente fue arrebatado en lo mejor de ſu edad perfeta, para los q̃ conſideran la fama con las glorias militares; viviò un largo tiempo, pues quaſi deſde la cuna las començô a lograr, alcançando los verdaderos bienes, que conſiſtẽ en la virtud; i para que ſe entienda el ultimo grado a que podia llegar el valor, i fortuna de un hõbre, es prodigio admirable, que notan los autores deſte capitan; que nunca fueſſe vencido, ni ſalieſſe menos que vencedor de las batallas, en que ſe hallô, que fueron muchas, como ſe echa de ver por lo referido.
(68) Dudavan los antigos de Iulio Ceſar, ſi la dicha igualava al brio, ſiendo ambas coſas mui neceſſarias para un capitan, pues en la felicidad, mueſtra la providencia (de donde pẽden las cauſas ſegundas) que aprueva ſu eleccion. Por eſto los antigos tuvieron gran cuidado en encargar las empreſas a valeroſos, i bien afortunados, q̃ es la principal coſa, de q̃ Mario ſe jactava en el ſenado Romano; a los màs famoſos igualô nueſtro Conde, pues ſiẽdo en vida invencible, fue feliſsimo tambien en la muerte, librando a ſu Rey della, quando importa tanto la vida de un Principe, como el ſuſtento de la patria, a cuya ſalud deven los ſubditos las vidas, honras, i haziẽdas. Cumpliò al fin el Conde con todo ello, i moſtrò bien ſer Portuguez en la muerte, por lo que luziò en ellos el amor de ſus Principes, con más ventajas, que en otras naciones; i como eſte genero de acabar era el màs honrado, quiſo el cielo darſele por premio, i realce de ſus glorioſas acciones, i admirables hazañas, que con gran perfeccion obró en la vida.
(69) El Rey entre el ſentimiento, i las gracias, aquel miſmo dia llamò a Don Henrique de Meneſes ſu hijo; i le diò liberalmente el titulo, caſa, i oficio del padre: aunque los tiempos adelante le quitô la villa de Viana, i le diò las de Valencia, i Loule, de que tomó el titulo de Conde. Luego embiò a conſolar a la muger, la qual con ſu grande fama, i virtudes, no pudo reſiſtir a la pena deſta falta, con que vivió deſpues algunos años, aunq̃ ſiẽpre como quaſi muerta; doblòle la aflicion el ſaber la crueldad, con q̃ aquellos barbaros ſe encrudelecierõ ſobre el cuerpo difunto del marido, de que ſe alcãçó ſolamẽte un diẽte, q̃ ella tenia guardado, q̃ deſpues ſus hijos traſladaron a Sanctaren, i le labraron una capilla mui hermoſa en el Convẽto de S. Franciſco, donde le puſieron en honorifica ſepultura.
(70) Dexò el Conde muchos deſcendientes de iguales merecimientos, porque fue caſado dos veſes: la primera con Doña Iſabel de Melo, de que tuvo una hija ſola, por nõbre Doña Maria, que casò con D. Iuan de Caſtro hijo heredero del Conde de Monſanto.
De D. Iſabel de Caſtro ſu ſegunda muger hija de la miſma caſa de Monſanto, uvo D. Henrique, que le ſucedió, el qual deſpues de hallarſe con el padre en las ocaſiones más peligroſas, q̃ tuvo con Moros; aſsiſtiô con el Rey D. Alfonſo en la toma de Arſila, donde quedô por general con la retencion de Alcaçar: juntamente acompañò a ſu Rey en las guerras de Caſtilla; i ſaliendo mal herido de la batalla de Toro, diò motivo para que el Rey le dieſſe la ſucceſsion de las dos plaças, que tenia para un hijo: però vino a morir ſin ellos, tambien a manos de los Moros, como el padre, en la ſierra de Ferrobo, aviendo ſido caſado con hija del ſegundo Duque de Bergança Don Fernando.
(71) Llamôſe el hijo ſegundo Don Garcia de Meneſes, i fue clerigo, por ſus letras, i talento Obiſpo de Evora, i de la Guardia juntamente: beneficios entonces compatibles, aũque deſpues prohibidos, por el Concilio de Trento: mezclò eſte Prelado entre ſu mucha erudicion, algunas acciones de ſoldado, porque ſe preciò de ſerlo, i moſtrò tanto valor en occaſiones, q̃ no deſdixo de la imitaciõ del Padre, no ſolo en las guerras, q̃ tuvo Portugalcon Caſtilla, però tambien en Italia, donde paſsó con una grueſſa armada, que el Rey D. Alfonſo embió al Papa Sixto quarto, contra Turcos; entonces hizo una oracion en el conſiſtorio capaz de igualarſe con las de Tulio, i Demoſthenes; mas todos eſtos progreſſos deſdorò el fin, que vino a tener, i le acaeciò, eſtando en el Caſtillo de Palmela, cõ vehemẽtes ſoſpechas de veneno, por una cõſpiracion, de que fue arguido contra el Rey D. Iuan el ſegundo.
(72) Deſta deſgracia participò D. Fernando ſu hermano tercero (que llamaron Narizes) porque las perdiô en un recuentro de Africa: i ni eſte ſervicio, ni otros infinitos, que hizo a la corona Portugueſa, fueron parte para evitar la muerte, que le diò el miſmo Rey D. Iuan por la miſma culpa, que al hermano Obiſpo. Dexo muchos deſcendientes, que oy duran noblemente.
(73) D. Iuan de Meneſes hijo quarto del Conde de Viana fue, aunque el ultimo de ſus hermanos, el primero en las virtudes, tomãdo eſta herencia del padre, i la fortuna de los tiempos, en que los Principes premiavan merecimientos, conociendo, que los benemeritos eran acreedores de ſu grandeza. Alcançò a quatro, como fueron los Reyes Don Alfonſo, de que avemos hablado, D. Iuan el ſegundo, D. Manuel, i D. Iuan el tercero, en cuyo reinado muriò: ſiendo ordinario aborrecer, ó mudar el Principe, lo que ſu anteceſſor dexa aprovado; con todo las partes de D. Iuan de Meneſes eran tantas, que obligò a todos a ſervirſe de ſu talento, i valor en los maiores pueſtos, i oficios deſta Corona, en la paz, i en la guerra. En la de Africa fue general de Tanjar, i Arzila: i en Portugal, de las armadas del mar Occeano, i en la que el Rey Don Manuel mandô a Italia en ſocorro del Veneſiano; bolviendo deſta empreſa le hizo ſu maiordomo maior, aviendolo ſido antes del Rey D. Iuan el ſegundo Ayo, i governador del Principe D. Alfonſo ſu hijo: deſpues le dieron el Priorato del Crato del habito de S. Iuan, i el titulo de Conde de Tarouca, i el de Alferez maior con otras muchas rentas del eſtado.
(74) Sin eſtos hijos tuvo D. Duarte otro baſtardo, que llamaron D. Pedro, avido en ſumocedad, el qual encubriô eſta falta con ſus virtudes, no ſiendo deſigual en ellas a los legitimos.
(75) Al Conde Prior ſucediò D. Duarte de Meneſes ſu hijo maior; i en el oficio de Alferes maior D. Luis de Meneſes, que era el tercero, en cuya poſteridad ſe conſerva. A D. Duarte de Meneſes diò el Rey D. Manuel el generalato de Tanjar en propriedad para el, i ſus herederos: i deſpues yendo por Virrey a la India, durò en aquel govierno algunos años, añadiẽdoſele (como notó Iuan de Barros) por ſu gran calidad, i lugar, ſalario al ordinario, que llevaron los otros governadores, que le precedieron. Llamòſe ſu hijo maior D. Iuan, i fue general de Tanjar, i embaxador de Roma del Rey D. Iuan el tercero.
(76) Su nieto ſiendo del miſmo nombre luziò en los proprios cargos tanto, que la glorioſa memoria de nueſtro Rey D. Phelipe el ſegundo, hizo del grande eſtima, i aviendole encargado muchas armadas, i el govierno del Reyno del Algarve, lo embiò tambien a la India con grandes poderes. Diego de Couto en la ultima Decada, que anda de mano, latamente diſcurre ſobre ſus virtudes, q̃ fueron muchas, i mui dignas de perpetuas alabãças, i no es la menor, no ſolo ninguna codicia, mas tanta pureza, i deſinteres, que ſalio pobre, i mui endeudado de aquel govierno; coſa ſucedida pocas vezes, i aſsi como rara, màs eſtimable, i que ſe deve deſsear la imiten los que ocupan pueſtos tan grandes, donde ſe apuran los animos màs deſentereſados, i ſe examinan los zeloſos del bien publico.
(77) Su hijo primero D. Luis, fue quarto Cõde de Tarouca a imitacion de ſus maiores; governando a Tanjar, dexô por ſuceſſor a Don Duarte, que es el que vive, i por eſſo no hablo aora de ſus coſas, tales, que en cierta manera aſſeguran grandes eſperanças, i efectos, por ſu modeſtia exceſsiva a ſus pocos años, deſtreza en exercicios de cavallero, mucha curioſidad, i eſtudio a lenguas, i libros: medios mui neceſsarios, i ayudadores a diſponer un ſeñor a ſaberlo ſer, i conſeguirlo aventajadamente, cumpliendo bien, con ſu honra (ò digno de alabanças el que lo alcançare, i màs en unos, que en otros tiempos) i obligar a ſu Rey a nuevas mercades, i augmentos ademàsde los que ſe deven a ſu caſa, en cuyo fundador halló la Religion defenſa; los Reyes, amor, i verdad, con muchos, i ſuperiores ſervicios; la patria reputacion; i ſu poſteridad gloria.
FINIS.