Gil Vicente

(1468–1530)ROMANCEEn el plaziente verano,Dó son los dias mayores,Acabaron mis plazeres,Començaron mis dolores.66Quando la tierra da yeruaY los árboles dan flores;Quando aves hazen nidosY cantan los ruyseñores;Quando en la mar sosegada5Entran los navegadores;Quando los lirios y rosasNos dan los buenos olores;Y quando toda la genteOcupados de calores,10Van aliuiando la ropaY buscando los frescores;Dó son las mejores orasLas noches y los albores,En este tiempo que digo15Començaron mis amoresDe una dama que yo ví,Dama de tantos primores;De quantos es conoscidaDe tantos tiene loores.20Su gracia por hermosuraTiene tantos servidoresQuanto yo por desdichadoTengo penas y dolores;Donde se me otorga muerte25Y se me niegan favores;Mas yo nunca olvidaréEstos amargos dulçores,Porque en la mucha firmezaSe muestran los amadores.3067Gil Vicente(1470–1540?)CANCIÓNMuy graciosa es la doncella:¡Cómo es bella y hermosa!Digas tú, el marineroQue en las naves vivías,Si la nave ó la vela ó la estrella5Es tan bella.Digas tú, el caballeroQue las armas vestías,Si el caballo ó las armas ó la guerraEs tan bella.10Digas tú, el pastoricoQue el ganadico guardas,Si el ganado ó los valles ó la sierraEs tan bella.Juan Boscán Almogaver(† 1542)SONETOSIQuien dice que la ausencia causa olvido,15Merece ser de todos olvidado:El verdadero y firme enamoradoEstá estando ausente más perdido.Aviva la memoria su sentido,La soledad levanta su cuidado;20Hallarse de su bien tan apartado,Hace su desear más encendido.68No sanan las heridas en él dadas,Aunque cese el mirar que las causó,Si quedan en el alma confirmadas:Que si uno está con muchas cuchilladas,Porque huya de quien le acuchilló,5No por eso serán mejor curadas.IISi en mitad del dolor tener memoriaDel pasado placer es gran tormento,Así también en el contentamientoAcordarse del mal pasado es gloria.10Por do según el curso de esta historiaNo hay cosa que me venga al pensamientoQue toda no se vuelva en un momentoEn lustre y en favor de mi victoria.Como en la mar después de la tiniebla15Pone alborozo el asomar del día,Y entonces fué placer la noche oscura,Así en mi corazón ida la nieblaLevanta en mayor punto á la alegríaEl pasado dolor de la tristura.20OCTAVA RIMA.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .¡Quanto se ha de estimar uno que quieraSiempre morir, por siempre contentaros!Y que en todo lugar, y con quien quiera,Nunca sepa jamás sino alabaros!Y que en vosotras viva y en sí muera,25Y su vida y morir esté en amaros;Y sus placeres mude y sus enojos,A cada revolver de vuestros ojos!69¡Qué gusto debe ser un caimientoCon un cierto desmayo enamorado!Y un sosegado y blando sentimientoPor mitad de las venas derramado!Y un no sé qué, que está en el pensamiento,5Que al corazón descansa fatigado;Y un pensar si sentís una pisadaQue alguna nueva os traen deseada!¿Y no es placer que halléis muchas razonesPara hallar deleyte en las tristezas?10Y á hurto que escribáis con mil borrones,Y sea el escribir puras llanezas?Y que juntos estén dos corazones,Produciendo de amor grandes finezas?Y en quanto hacéis, pensáis y deseáis,15Que el uno por el otro más valgáis?¿Y no es gusto también así entenderosQue podáis siempre entrambos conformaros?Entrambos en un punto entristeceros,Y en otro punto entrambos alegraros?20Y juntos sin razón embraveceros,Y sin razón también luego amansaros?Y que os hagan en fin vuestros amoresIgualmente mudar de mil colores?¡Qué deleyte, pues, es desaveniros,25Si tras ello sucede concertaros!Y sin por qué, mil lástimas deciros,Y luego blandamente perdonaros!Y alguna vez con lágrimas reiros,Y entre la risa y el llorar quexaros!30Y que pare el quexar en mil dulzuras,Y en mil enamoradas travesuras!Puédese bien contar por muerta aquellaQue estos gustos de amor nunca ha alcanzado;70Quedará tal qual queda la centellaAl tiempo que ceniza se ha tornado;Que ninguno recibe placer della,Y en nonada la veis vuelto su estado;Así es la dama que no siente amores,5Que nunca da placeres ni dolores..   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Garcilaso de la Vega(1503–1536)EGLOGA: SALICIO Y NEMOROSO.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Como al partir del sol la sombra crece,Y en cayendo su rayo se levantaLa negra escuridad que el mundo cubre,De do viene el temor que nos espanta,10Y la medrosa forma en que se ofreceAquello que la noche nos encubre,Hasta que el sol descubreSu luz pura y hermosa;Tal es la tenebrosa15Noche de tu partir, en que he quedadoDe sombra y de temor atormentado,Hasta que muerte el tiempo determineQue á ver el deseadoSol de tu clara vista me encamine.20Cual suele el ruiseñor con triste cantoQuejarse, entre las hojas escondido,Del duro labrador, que cautamenteLe despojó su caro y dulce nido71De los tiernos hijuelos entre tantoQue del amado ramo estaba ausente,Y aquel dolor que sienteCon diferencia tantaPor la dulce garganta5Despide, y á su canto el aire suena,Y la callada noche no refrenaSu lamentable oficio y sus querellas,Trayendo de su penaAl cielo por testigo y las estrellas:10Desta manera suelto yo la riendaÁ mi dolor, y así me quejo en vanoDe la dureza de la muerte airada.Ella en mi corazón metió la mano,Y de allí me llevó mi dulce prenda;15Que aquel era su nido y su morada.¡Ay, muerte arrebatada!Por ti me estoy quejandoAl cielo y enojandoCon importuno llanto al mundo todo;20Tan desigual dolor no sufre modo.No me podrán quitar el doloridoSentir, si ya del todoPrimero no me quitan el sentido.Una parte guardé de tus cabellos,25Elisa, envueltos en un blanco paño,Que nunca de mi seno se me apartan;Descójolos, y de un dolor tamañoEnternecerme siento, que sobre ellosNunca mis ojos de llorar se hartan.30Sin que de allí se partan,Con suspiros calientes,Más que la llama ardientes,Los enjugo del llanto, y de consuno72Casi los paso y cuento uno á uno;Juntándolos, con un cordón los ato.Tras esto el importunoDolor me deja descansar un rato..   .   .   .   .   .   .   .   .   .SONETOEscrito está en mi alma vuestro gesto,5Y cuanto yo escribir de vos deseo,Vos sola lo escribisteis, yo lo leoTan sólo, que aun de vos me guardo en esto.En esto estoy y estaré siempre puesto;Que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,10De tanto bien lo que no entiendo creo,Tomando ya la fe por presupuesto.Yo no nací sino para quereros;Mi mal os ha cortado á su medida.Por hábito del alma misma os quiero.15Cuanto tengo confieso yo deberos;Por vos nascí, por vos tengo la vida,Por vos he de morir, y por vos muero.Fernando de Acuña(† 1580?)SONETOCuando era nuevo el mundo y producíaGentes, como salvajes, indiscretas,20Y el cielo dió furor á los poetasY el canto con que el vulgo los seguíaFingieron dios á ámor y que teníaPor armas fuego, red, arco y saetas,Porque las fieras gentes no sujetas2573Se allanasen al trato y compañía;Después viniendo á más razón los hombres,Los que fueron más sabios y constantesAl amor figuraron niño y ciego,Para mostrar que de él y de estos nombres5Les viene por herencia á los amantesSimpleza, ceguedad, desasosiego.Gutierre de Cetina(1520–1560)MADRIGALESIOjos claros serenos,Si de un dulce mirar sois alabados,¿Por qué, si me miráis, miráis airados?10Si cuanto más piadosos,Más bellos parecéis á aquel que os mira,¿Por qué á mí solo me miráis con ira?Ojos claros, serenos,Ya que así me miráis, ¡miradme al menos!15IICubrir los bellos ojosCon la mano que ya me tiene muerto,Cautela fué por ciertoCon que doblar pensasteis mis enojos:Pero de tal cautela20Harto mayor ha sido el bien que el daño,Que el resplandor estrañoDel sol mejor se ve, mientras se cela.Así pues sucedió cuando intentasteisDe los ojos cubrir la luz inmensa.25Yo os perdono la ofensa,Pues cubiertos mejor verlos dejasteis.74Diego Hurtado de Mendoza(1503–1575)AL SILENCIO DE LAS QUEJASDe los tormentos de amor,Que hacen desesperar,El que tengo por mayorEs no poderse quejarEl hombre de su dolor.5Cualquier mal es duro y fuerte,Y tiene su furor loco;Mas el mío es de tal suerte,Que consume poco á poco,Hasta llegar á la muerte.10No hay mal que con publicalloNo se acabe, aunque sea fiero;Mas yo, cuitado, que callo,¿Cómo es posible pasallo,Si de entrambas cosas muero?15.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .¡Oh, tiempo para llorarse,Donde se sufre y se espera,Y áun para desesperarse,Pues quieres que un triste mueraSin el gusto de quejarse!20Y pues en todo reciboAgravio con daño cierto,Hagan bien á este cautivo,Que está, de medroso, muerto;De desesperado, vivo.2575SONETOTiempo ví yo que amor puso un deseoHonesto en un honesto corazón;Tiempo ví yo, que ahora no lo veo,Que era gloria, y no pena, mi pasión.Tiempo ví yo que por una ocasión,5Dura angustia y congoja, y si venía,Señora, en tu presencia la razónMe faltaba y la lengua enmudecía.Más que quisiera he visto, pues amorQuiere que llore el bien y sufra el daño,10Mas por razón que no por accidente.Crece mi mal, y crece en lo peor,En arrepentimiento y desengaño,Pena del bien pasado y mal presente.Cristóbal de Castillejo(† 1556)CONTRA LOS QUE DEJAN LOS METROS CASTELLANOS Y SIGUEN LOS ITALIANOSPues la santa Inquisición15Suele ser tan diligenteEn castigar con razónCualquier secta y opiniónLevantada nuevamente,Resucítese Lucero20A corregir en EspañaUna muy nueva y extraña,Como aquella de LuteroEn las partes de Alemaña.Bien se pueden castigar25A cuenta de Anabaptistas,76Pues por ley particularSe tornan á bautizarY se llaman Petrarquistas.Han renegado la feDe las trovas castellanas,5Y tras las italianasSe pierden, diciendo queSon más ricas y galanas.El juicio de lo cualYo lo dejo á quien más sabe;10Pero juzgar nadie malDe su patria naturalEn gentileza no cabe;Y aquella cristiana musaDel famoso Juan de Mena,15Sintiendo desto gran pena,Por infieles los acusaY de aleves los condena.«Recuerde el alma dormida,»Dice don Jorge Manrique;20Y mostróse muy sentidaDe cosa tan atrevida,Porque más no se platique.Garci-Sánchez respondió:«¡Quién me otorgase, Señora,25Vida y seso en esta horaPara entrar en campo yoCon gente tan pecadora!»«Si algún Dios de amor había,Dijo luego Cartagena,30Muestre aquí su valentíaContra tan gran osadía,Venida de tierra ajena.»Torres Naharro replica:77«Por hacer, Amor, tus hechosConsientes tales despechos,Y que nuestra España ricaSe prive de sus derechos.»Dios dé su gloria á Boscán5Y á Garcilaso, poeta,Que con no pequeño afánY con estilo galánSostuvieron esta seta,Y la dejaron acá10Ya sembrada entre la gente;Por lo cual debidamenteLes vino lo que diráEste soneto siguiente:SONETOGarcilaso y Boscán, siendo llegados15Al lugar donde están los trovadoresQue en nuestra lengua y sus primoresFueron en este siglo señalados,Los unos á los otros alteradosSe miran, demudadas las colores,20Temiéndose que fuesen corredoresÓ espías ó enemigos desmandados;Y juzgando primero por el traje,Pareciéronles ser, como debía,Gentiles españoles caballeros;25Y oyéndoles hablar nuevo lenguaje,Mezclado de extranjera poesía,Con ojos los miraban de extranjeros..   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .78SONETOMusas italianas y latinas,Gente en estas partes tan extraña,¿Cómo habéis venido á nuestra España,Tan nuevas y hermosas clavellinas?Ó ¿quién os ha traído á ser vecinas5Del Tajo y de sus montes y campaña?Ó ¿quién es el que os guía ó acompañaDe tierras tan ajenas peregrinas?—Don Diego de Mendoza y GarcilasoNos trujeron, y Boscán y Luis de Haro,10Por orden y favor del dios Apolo,Los dos llevó la muerte paso á paso,El otro Solimán, y por amparoSolo queda don Diego, y basta solo.Gregorio de Silvestre(† 1570)VISITA DE AMORUnas coplas muy cansadas,15Con muchos pies arrastrando,A lo toscano imitadas,Entró un amador cantandoEnojosas y pesadas,Cada pie con dos corcovas,20Y de peso doce arrobas,Trovadas al tiempo viejo.Dios perdone á Castillejo,Que bien habló de estas trovas.Dijo Amor: «¿Dónde se aprende25Este metro tan prolijo,79Que las orejas ofende?Por estas coplas se dijoAlgarabía de allende.El sujeto frío y duro,Y el estilo tan oscuro,5Que la dama en quien se empleaDuda, por sabia que sea,Si es requiebro ó si es conjuro.«Ved si la invención es basta,Pues Garcilaso y Boscán,10Las plumas puestas por asta,Cada uno es un Roldán,Y con todo no le basta.Yo no alcanzo cuál engañoTe hizo, para tu daño,15Con locura y desvaríoMeter en mi señoríoMoneda de reino extraño.»Con dueñas y con doncellasDijo Venus: «¿Qué pretende20Quien les dice sus querellasEn lenguaje que no entiendeÉl ni yo, ni vos ni ella?Sentencio al que tal hiciereQue la dama por quien muere25Lo tenga por cascabel,Y que haga burla de élY de cuanto le escribiere.»GLOSANo estés tan contenta, Juana,En verme penar por ti,30Que lo que hoy fuere de míPodrá ser de ti mañana.80No estés tan leda y contenta,Tan soberbia y confiada,Que amor en una vegadaDe mil amos toma cuenta:Y aunque agora estés ufana5De verme penar así,Podrá bien ser que de tiLo estuviere yo mañana.No te muestres tan esquivaA quien te sirve, ¡traidora!10Quel el que te hizo señoraTe podrá hacer cautiva:Viendo amor que de tiranaMe haces penar así,Trocará mi suerte en ti15Antes hoy que no mañana.Guarte de flecha de amorQue sin remedios destruye,Y al que más se esconde y huyeA aquél le acierta mejor:20Agora que es tiempo, Juana,Entiende en mirar por ti,Que aunque puedas hoy dar síQuizás no podrás mañana.Jorge de Montemayor(† 1561)REDONDILLAS Á UNOS CABELLOS PRENDIDOS CON UN CORDÓN DE SEDA VERDECabellos, ¡cuánta mudanza25He visto después que os ví,Y cuán mal parece ahíEse color de esperanza!81¡Ay! cabellos, cuantos díasYo mi Diana miraba.Si os traía ó si os dejaba,Con otras mil niñerías!Y, ¡cuántas veces llorando5(¡Ay, lágrimas engañosas!)Pedía celos de cosasDe que yo estaba burlando!Los ojos que me mataban,Decid, dorados cabellos,10¿Qué culpa tuve en creellos,Pues ellos me aseguraban?¿No visteis vos que algun díaMil lágrimas derramaba,Basta que yo le juraba15Que sus palabras creía?Sobre el arena sentadaDe aquel río la ví yo,Do con el dedo escribióAntes muerta que mudada.20Miren amor lo que ordena,Que un hombre llegue á creerCosas dichas por mujerY escritas en el arena.Luis de Camoens(1524–1579)VILLANCICOIrme quiero, madre,25A aquella galera,Con el marineroA ser marinera.Madre, si me fuereDoquier que vó,30No lo quiero yo;Que el amor lo quiere.Aquel niño fieroHace que me muera,Por un marinero35A ser marinera.82El que todo puede,Madre, no podrá,Pues el alma va,Que el cuerpo se quede,Con él pues que muere5Voy porque no muera,Que si es marineroSeré marinera.Es tirana ley,Del niño señor,10Que por un amorSe deseche un reyPues de esta maneraÉl quiere, irme quieroPor un marinero15A ser marinera.Decid, ondas, ¿cuándoVisteis vos doncellaSiendo tierna y bellaAndar navegando?20Mas ¿qué no se esperaDe aquel niño fiero?¡Vea yo á quien quieroY sea marinero!LETRILLADe dentro tengo mi mal,25Que de fora no hay señal.Mi nueva y dulce querellaEs invisible á la gente:El alma sola la siente,Que el cuerpo no es dino della.30Como la viva centellaSe encubre en el pedernalDe dentro tengo mi mal.Santa Teresa de Jesús(1515–1582)UNA GLOSAVivo sin vivir en mí,Y tan alta vida espero,35Que muero porque no muero.Aquesta divina unión,Del amor con que yo vivo,Hace á Dios ser mi cautivo,83Y libre mi corazón:Mas causa en mí tal pasiónVer á Dios mi prisionero,Que muero porque no muero.¡Ay! ¡Qué larga es esta vida,5Qué duros estos destierros,Esta cárcel y estos hierrosEn que el alma está metida!Sólo esperar la salidaMe causa un dolor tan fiero,10Que muero porque no muero.¡Ay! ¡Qué vida tan amargaDo no se goza el Señor!Y si es dulce el amorNo lo es la esperanza larga;15Quíteme Dios esta carga,Más pesada que de acero,Que muero porque no muero.Sólo con la confianzaVivo de que he de morir;20Porque muriendo, el vivirMe asegura mi esperanza:Muerte do el vivir se alcanza,No te atardes, que te espero,Que muero porque no muero.25Mira que el amor es fuerte;Vida no seas molesta,Mira que sólo te resta,Para ganarte, perderte;Venga ya la dulce muerte,30Venga el morir muy ligero,Que muero porque no muero.Aquella vida de arribaEs la vida verdadera;84Hasta que esta vida muera,No se goza estando viva:Muerte, no seas esquiva;Vivo muriendo primero,Que muero porque no muero.5Vida, ¿qué puedo yo darleA mi Dios, que vive en mí,Si no es perderte á ti,Para mejor á Él gozarle?Quiero muriendo alcanzarle,10Pues á Él solo es el que quiero,Que muero porque no muero.Estando ausente de ti,¿Qué vida puedo tener?Sino muerte padecer15La mayor que nunca ví:Lástima tengo de mí,Por ser mi mal tan entero,Que muero porque no muero.El pez que del agua sale20Aun de alivio no carece,A quien la muerte padeceAl fin la muerte le vale:¿Qué muerte habrá que se igualeA mi vivir lastimero,25Que muero porque no muero?Cuando me empiezo á aliviarViéndote en el Sacramento,Me hace más sentimientoEl no poderte gozar:30Todo es para más penar,Por no verte como quiero,Que muero porque no muero.Cuando me gozo, Señor,85Con esperanza de verte,Viendo que puedo perderte,Se me dobla mi dolor.Viviendo en tanto pavor,Y esperando como espero,5Que muero porque no muero.Sácame de aquesta muerte,Mi Dios, y dame la vida,No me tengas impedidaEn este lazo tan fuerte:10Mira que muero por verte,Y vivir sin ti no puedo,Que muero porque no muero.Lloraré mi muerte ya,Y lamentaré mi vida,15En tanto que detenidaPor mis pecados está.¡Oh mi Dios cuando será,Cuando yo diga de vero,Que muero porque no muero.20LETRILLA QUE LLEVABA POR REGISTRO EN SU BREVIARIONada te turbe;Nada te espante;Todo se pasa;Dios no se muda,La paciencia todo lo alcanza.25Quien á Dios tiene,Nada le falta.Solo Dios basta.86Fernando de Herrera(1534–1597)SONETO: POR LA VITORIA DE LEPANTOHondo Ponto, que bramas atronadoCon tumulto y terror, del turbio senoSaca el rostro, de torpe miedo lleno;Mira tu campo arder ensangrentado,Y junto en este cerco y encontrado5Todo el cristiano esfuerzo y sarraceno,Y cubierto de humo y fuego y trueno,Huir temblando el impío quebrantado.Con profundo murmurio la vitoriaMayor celebra que jamás vió el cielo,10Y más dudosa y singular hazaña;Y di que solo mereció la gloriaQue tanto nombre da á tu sacro sueloEl joven de Austria y el valor de España.SONETO: A SEVILLAReina del grande Océano dichosa,15Sin quien á España falta la grandeza,A quien valor, ingenio y la noblezaHacen más estimada y generosa,¿Cuál diré que tú seas, luz hermosaDe Europa? Tierra no, que tu riqueza20Y gloria no se cierra en su estrecheza;Cielo sí, de virtud maravillosa.Oye y se espanta y no te cree el que miraTu poder y abundancia; de tal modoCon la presencia ve menor la fama.2587No ciudad, eres orbe; en ti se admiraJunto cuanto en las otras se derrama,Parte de España más mejor que el todo.CANCIÓN: AL SUEÑOSuave sueño, tú, que en tardo vueloLas alas perezosas blandamente5Bates, de adormideras coronado,Por el puro, adormido y vago cielo,Ven á la última parte de occidente,Y de licor sagradoBaña mis ojos tristes; que cansado10Y rendido al furor de mi tormento,No admito algún sosiego,Y el dolor desconhorta al sufrimiento.Ven á mi ruego humilde, ¡oh amor de aquellaQue Juno te ofreció, tu ninfa bella!15Divino sueño, gloria de mortales,Regalo dulce al mísero afligido;Sueño amoroso, ven á quien esperaCesar del ejercicio de sus males,Y al descanso volver todo el sentido.20¿Cómo sufres que mueraLejos de tu poder quien tuyo era?¿No es dureza olvidar un solo pechoEn veladora pena,Que sin gozar del bien que al mundo has hecho,25De tu vigor se ajena?Ven, sueño alegre, sueño, ven, dichoso;Vuelve á mi alma ya, vuelve el reposo.Sienta yo en tal estrecho tu grandeza,Baja y esparce líquido el rocío,30Huya el alba, que en torno resplandece;88Mira mi ardiente llanto y mi tristeza,Y cuánta fuerza tiene el pesar mío,Y mi frente humedece;Que ya de fuegos juntos el sol crece.Torna, sabroso sueño, y tus hermosas5Alas suenen ahora,Y huya con sus alas presurosasLa desabrida aurora;Y lo que en mí faltó la noche fríaTermine la cercana luz del día.10Una corona, ¡oh sueño!, de tus floresOfrezco; tú produce el blando efetoEn los desiertos cercos de mis ojos;Que el aire, entrejido con olores,Halaga y ledo mueve en dulce afeto;15Y de estos mis enojosDestierra, manso sueño, los despojos.Ven pues, amado sueño, ven, liviano;Que del rico orienteDespunta el tierno Febo el rayo cano.20Ven ya, sueño clemente,Y acabará el dolor; así te veaEn brazos de tu cara Pasitea.CANCIÓN: POR LA VITORIA DE LEPANTOCantemos al Señor, que en la llanuraVenció del ancho mar al Trace fiero;25Tú, Dios de las batallas, tú eres diestra,Salud y gloria nuestra.Tú rompiste las fuerzas y la duraFrente de Faraón, feroz guerrero;Sus escogidos príncipes cubrieron30Los abismos del mar y descendieron,89Cual piedra, en el profundo, y tu ira luegoLos tragó, como arista seca el fuego.El soberbio tirano, confiadoEn el grande aparato de sus naves,Que de los nuestros la cerviz cautiva5Y las manos avivaAl ministerio injusto de su estado,Derribó con los brazos suyos gravesLos cedros más excelsos de la cimaY el árbol que más yerto se sublima,10Bebiendo ajenas aguas y atrevidoPisando el bando nuestro y defendido.Temblaron los pequeños, confundidosDel impío furor suyo; alzó la frenteContra ti, Señor Dios, y con semblante15Y con pecho arrogante,Y los armados brazos extendidos,Movió el airado cuello aquel potente;Cercó su corazón de ardiente sañaContra las dos Hesperias, que el mar baña,20Porque en ti confiadas le resisten,Y de armas de tu fe y amor se visten.Dijo aquel insolente y desdeñoso:«¿No conocen mis iras estas tierras,Y de mis padres los ilustres hechos,25Ó valieron sus pechosContra ellos con el Húngaro medroso,Y de Dalmacia y Rodas en las guerras?¿Quién las pudo librar? ¿Quién de sus manosPudo salvar los de Austria y los Germanos?30¿Podrá su Dios, podrá por suerte ahoraGuardallas de mi diestra vencedora?«Su Roma, temerosa y humillada,Los cánticos en lágrimas convierte;90Ella y sus hijos tristes mi ira esperanCuando vencidos mueran;Francia está con discordia quebrantada,Y en España amenaza horrible muerteQuien honra de la luna las banderas;5Y aquellas en la guerra gentes fierasOcupadas están en su defensa,Y aunque no, ¿quién hacerme puede ofensa?Los poderosos pueblos me obedecen,Y el cuello con su daño al yugo inclinan,10Y me dan por salvarse ya la mano.Y su valor es vano;Que sus luces cayendo se oscurecen.Sus fuertes á la muerte ya caminan,Sus vírgenes están en cautiverio,15Su gloria ha vuelto al cetro de mi imperio.Del Nilo á Eufrates fértil y Istro frío,Cuanto el sol alto mira todo es mío.»Tú, Señor, que no sufres que tu gloriaUsurpe quien su fuerza osado estima,20Prevaleciendo en vanidad y en ira,Este soberbio mira,Que tus aras afea en su vitoria.No dejes que los tuyos así oprima,Y en sus cuerpos, cruel, las fieras cebe,25Y en su esparcida sangre el odio pruebe;Que hechos ya su oprobrio, dice: «¿DóndeEl Dios de éstos está? ¿De quién se asconde?»Por la debida gloria de tu nombre,Por la justa venganza de tu gente,30Por aquel de los míseros gemido,Vuelve el brazo tendidoContra éste, que aborrece ya ser hombre;Y las honras que celas tú consiente,91Y tres y cuatro veces el castigoEsfuerza con rigor á tu enemigo,Y la injuria á tu nombre cometidaSea el hierro contrario de su vida.Levantó la cabeza el poderoso5Que tanto odio te tiene; en nuestro estragoJuntó el consejo, y contra nos pensaronLos que en él se hallaron.«Venid,» dijeron, «y en el mar ondosoHagamos de su sangre un grande lago;10Deshagamos á éstos de la gente,Y el nombre de su Cristo juntamente,Y dividiendo de ellos los despojos,Hártense en muerte suya nuestros ojos.»Vinieron de Asia y portentosa Egito15Los Árabes y leves Africanos,Y los que Grecia junta mal con ellosCon los erguidos cuellos,Con gran poder y número infinito,Y prometer osaron con sus manos20Encender nuestros fines y dar muerteA nuestra juventud con hierro fuerte,Nuestros niños prender y las doncellas,Y la gloria manchar y la luz dellas.Ocuparon del piélago los senos,25Puesta en silencio y en temor la tierra,Y cesaron los nuestros valerosos,Y callaron dudosos,Hasta que al fiero ardor de SarracenosEl Señor eligiendo nueva guerra,30Se opuso el joven de Austria generosoCon el claro Español y belicoso;Que Dios no sufre ya en Babel cautivaQue su Sión querida siempre viva.92Cual león á la presa apercibido,Sin recelo los impíos esperabanA los que tú, Señor, eras escudo;Que el corazón desnudoDe pavor, y de fe y amor vestido,5Con celestial aliento confiaban.Sus manos á la guerra compusiste,Y sus brazos fortísimos pusisteComo el arco acerado, y con la espadaVibraste en su favor la diestra armada.10Turbáronse los grandes, los robustosRindiéronse temblando y desmayaron;Y tú entregaste, Dios, como la rueda,Como la arista quedaAl ímpetu del viento, á estos injustos,15Que mil huyendo de uno se pasmaron.Cual fuego abrasa selvas, cuya llamaEn las espesas cumbres se derrama,Tal en tu ira y tempestad seguiste,Y su faz de ignominia convertiste.20Quebrantaste al cruel dragón, cortandoLas alas de su cuerpo temerosasY sus brazos terribles no vencidos;Que con hondos gemidosSe retira á su cueva, do silbando25Tiembla con sus culebras venenosas,Lleno de miedo torpe sus entrañas,De tu león temiendo las hazañas;Que, saliendo de España, dió un rugidoQue lo dejó asombrado y aturdido.30Hoy se vieron los ojos humilladosDel sublime varón y su grandeza,Y tú solo, Señor, fuiste exaltado,Que tu día es llegado,93Señor de los ejércitos armados,Sobre la alta cerviz y su dureza,Sobre derechos cedros y extendidos,Sobre empinados montes y crecidos,Sobre torres y muros, y las naves5De Tiro, que á los tuyos fueron graves.Babilonia y Egito amedrentadaTemerá el fuego y la asta violenta,Y el humo subirá á la luz del cielo,Y faltos de consuelo,10Con rostro oscuro y soledad turbadaTus enemigos llorarán su afrenta.Mas tú, Grecia, concorde á la esperanzaEgicia y gloria de su confianza,Triste que á ella pareces, no temiendo15A Dios y á tu remedio no atendiendo,¿Por qué, ingrata, tus hijas adornasteEn adulterio infame á una impía gente,Que deseaba profanar tus frutos,Y con ojos enjutos20Sus odiosos pasos imitaste,Su aborrecida vida y mal presente?Dios vengará sus iras en tu muerte;Que llega á tu cerviz con diestra fuerteLa aguda espada suya; ¿quién, cuitada,25Reprimirá su mano desatada?Mas tú, fuerza del mar, tú, excelsa Tiro,Que en tus naves estabas gloriosa,Y el término espantabas de la tierra,Y si hacías guerra,30De temor la cubrías con suspiro,¿Cómo acabaste, fiera y orgullosa?¿Quién pensó á tu cabeza daño tanto?Dios, para convertir tu gloria en llanto94Y derribar tus ínclitos y fuertes,Te hizo perecer con tantas muertes.Llorad, naves del mar; que es destruidaVuestra vana soberbia y pensamiento.¿Quién ya tendrá de ti lástima alguna,5Tú, que sigues la luna,Asia adúltera, en vicios sumergida?¿Quién mostrará un liviano sentimiento?¿Quién rogará por ti? Que á Dios enciendeTu ira y la arrogancia que te ofende,10Y tus viejos delitos y mudanzaHan vuelto contra ti á pedir venganza.Los que vieron tus brazos quebrantados,Y de tus pinos ir el mar desnudo,Que sus ondas turbaron y llanura,15Viendo tu muerte oscura,Dirán, de tus estragos espantados:¿Quién contra la espantosa tanto pudo?El Señor, que mostró su fuerte manoPor la fe de su príncipe cristiano20Y por el nombre santo de su gloria,A su España concede esta vitoria.Bendita, Señor, sea tu grandeza;Que después de los daños padecidos,Después de nuestras culpas y castigo,25Rompiste al enemigoDe la antigua soberbia la dureza.Adórente, Señor, tus escogidos,Confiese cuanto cerca el ancho cieloTu nombre ¡oh nuestro Dios, nuestro consuelo!30Y la cerviz rebelde, condenada,Perezca en bravas llamas abrasada.95Fray Luis de León

(1468–1530)

En el plaziente verano,Dó son los dias mayores,Acabaron mis plazeres,Començaron mis dolores.66Quando la tierra da yeruaY los árboles dan flores;Quando aves hazen nidosY cantan los ruyseñores;Quando en la mar sosegada5Entran los navegadores;Quando los lirios y rosasNos dan los buenos olores;Y quando toda la genteOcupados de calores,10Van aliuiando la ropaY buscando los frescores;Dó son las mejores orasLas noches y los albores,En este tiempo que digo15Començaron mis amoresDe una dama que yo ví,Dama de tantos primores;De quantos es conoscidaDe tantos tiene loores.20Su gracia por hermosuraTiene tantos servidoresQuanto yo por desdichadoTengo penas y dolores;Donde se me otorga muerte25Y se me niegan favores;Mas yo nunca olvidaréEstos amargos dulçores,Porque en la mucha firmezaSe muestran los amadores.30

En el plaziente verano,

Dó son los dias mayores,

Acabaron mis plazeres,

Començaron mis dolores.

Quando la tierra da yerua

Y los árboles dan flores;

Quando aves hazen nidos

Y cantan los ruyseñores;

Quando en la mar sosegada5

Entran los navegadores;

Quando los lirios y rosas

Nos dan los buenos olores;

Y quando toda la gente

Ocupados de calores,10

Van aliuiando la ropa

Y buscando los frescores;

Dó son las mejores oras

Las noches y los albores,

En este tiempo que digo15

Començaron mis amores

De una dama que yo ví,

Dama de tantos primores;

De quantos es conoscida

De tantos tiene loores.20

Su gracia por hermosura

Tiene tantos servidores

Quanto yo por desdichado

Tengo penas y dolores;

Donde se me otorga muerte25

Y se me niegan favores;

Mas yo nunca olvidaré

Estos amargos dulçores,

Porque en la mucha firmeza

Se muestran los amadores.30

(1470–1540?)

Muy graciosa es la doncella:¡Cómo es bella y hermosa!Digas tú, el marineroQue en las naves vivías,Si la nave ó la vela ó la estrella5Es tan bella.Digas tú, el caballeroQue las armas vestías,Si el caballo ó las armas ó la guerraEs tan bella.10Digas tú, el pastoricoQue el ganadico guardas,Si el ganado ó los valles ó la sierraEs tan bella.

Muy graciosa es la doncella:

¡Cómo es bella y hermosa!

Digas tú, el marinero

Que en las naves vivías,

Si la nave ó la vela ó la estrella5

Es tan bella.

Digas tú, el caballero

Que las armas vestías,

Si el caballo ó las armas ó la guerra

Es tan bella.10

Digas tú, el pastorico

Que el ganadico guardas,

Si el ganado ó los valles ó la sierra

Es tan bella.

(† 1542)

IQuien dice que la ausencia causa olvido,15Merece ser de todos olvidado:El verdadero y firme enamoradoEstá estando ausente más perdido.Aviva la memoria su sentido,La soledad levanta su cuidado;20Hallarse de su bien tan apartado,Hace su desear más encendido.68No sanan las heridas en él dadas,Aunque cese el mirar que las causó,Si quedan en el alma confirmadas:Que si uno está con muchas cuchilladas,Porque huya de quien le acuchilló,5No por eso serán mejor curadas.IISi en mitad del dolor tener memoriaDel pasado placer es gran tormento,Así también en el contentamientoAcordarse del mal pasado es gloria.10Por do según el curso de esta historiaNo hay cosa que me venga al pensamientoQue toda no se vuelva en un momentoEn lustre y en favor de mi victoria.Como en la mar después de la tiniebla15Pone alborozo el asomar del día,Y entonces fué placer la noche oscura,Así en mi corazón ida la nieblaLevanta en mayor punto á la alegríaEl pasado dolor de la tristura.20

I

Quien dice que la ausencia causa olvido,15

Merece ser de todos olvidado:

El verdadero y firme enamorado

Está estando ausente más perdido.

Aviva la memoria su sentido,

La soledad levanta su cuidado;20

Hallarse de su bien tan apartado,

Hace su desear más encendido.

No sanan las heridas en él dadas,

Aunque cese el mirar que las causó,

Si quedan en el alma confirmadas:

Que si uno está con muchas cuchilladas,

Porque huya de quien le acuchilló,5

No por eso serán mejor curadas.

II

Si en mitad del dolor tener memoria

Del pasado placer es gran tormento,

Así también en el contentamiento

Acordarse del mal pasado es gloria.10

Por do según el curso de esta historia

No hay cosa que me venga al pensamiento

Que toda no se vuelva en un momento

En lustre y en favor de mi victoria.

Como en la mar después de la tiniebla15

Pone alborozo el asomar del día,

Y entonces fué placer la noche oscura,

Así en mi corazón ida la niebla

Levanta en mayor punto á la alegría

El pasado dolor de la tristura.20

.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .¡Quanto se ha de estimar uno que quieraSiempre morir, por siempre contentaros!Y que en todo lugar, y con quien quiera,Nunca sepa jamás sino alabaros!Y que en vosotras viva y en sí muera,25Y su vida y morir esté en amaros;Y sus placeres mude y sus enojos,A cada revolver de vuestros ojos!69¡Qué gusto debe ser un caimientoCon un cierto desmayo enamorado!Y un sosegado y blando sentimientoPor mitad de las venas derramado!Y un no sé qué, que está en el pensamiento,5Que al corazón descansa fatigado;Y un pensar si sentís una pisadaQue alguna nueva os traen deseada!¿Y no es placer que halléis muchas razonesPara hallar deleyte en las tristezas?10Y á hurto que escribáis con mil borrones,Y sea el escribir puras llanezas?Y que juntos estén dos corazones,Produciendo de amor grandes finezas?Y en quanto hacéis, pensáis y deseáis,15Que el uno por el otro más valgáis?¿Y no es gusto también así entenderosQue podáis siempre entrambos conformaros?Entrambos en un punto entristeceros,Y en otro punto entrambos alegraros?20Y juntos sin razón embraveceros,Y sin razón también luego amansaros?Y que os hagan en fin vuestros amoresIgualmente mudar de mil colores?¡Qué deleyte, pues, es desaveniros,25Si tras ello sucede concertaros!Y sin por qué, mil lástimas deciros,Y luego blandamente perdonaros!Y alguna vez con lágrimas reiros,Y entre la risa y el llorar quexaros!30Y que pare el quexar en mil dulzuras,Y en mil enamoradas travesuras!Puédese bien contar por muerta aquellaQue estos gustos de amor nunca ha alcanzado;70Quedará tal qual queda la centellaAl tiempo que ceniza se ha tornado;Que ninguno recibe placer della,Y en nonada la veis vuelto su estado;Así es la dama que no siente amores,5Que nunca da placeres ni dolores..   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

¡Quanto se ha de estimar uno que quiera

Siempre morir, por siempre contentaros!

Y que en todo lugar, y con quien quiera,

Nunca sepa jamás sino alabaros!

Y que en vosotras viva y en sí muera,25

Y su vida y morir esté en amaros;

Y sus placeres mude y sus enojos,

A cada revolver de vuestros ojos!

¡Qué gusto debe ser un caimiento

Con un cierto desmayo enamorado!

Y un sosegado y blando sentimiento

Por mitad de las venas derramado!

Y un no sé qué, que está en el pensamiento,5

Que al corazón descansa fatigado;

Y un pensar si sentís una pisada

Que alguna nueva os traen deseada!

¿Y no es placer que halléis muchas razones

Para hallar deleyte en las tristezas?10

Y á hurto que escribáis con mil borrones,

Y sea el escribir puras llanezas?

Y que juntos estén dos corazones,

Produciendo de amor grandes finezas?

Y en quanto hacéis, pensáis y deseáis,15

Que el uno por el otro más valgáis?

¿Y no es gusto también así entenderos

Que podáis siempre entrambos conformaros?

Entrambos en un punto entristeceros,

Y en otro punto entrambos alegraros?20

Y juntos sin razón embraveceros,

Y sin razón también luego amansaros?

Y que os hagan en fin vuestros amores

Igualmente mudar de mil colores?

¡Qué deleyte, pues, es desaveniros,25

Si tras ello sucede concertaros!

Y sin por qué, mil lástimas deciros,

Y luego blandamente perdonaros!

Y alguna vez con lágrimas reiros,

Y entre la risa y el llorar quexaros!30

Y que pare el quexar en mil dulzuras,

Y en mil enamoradas travesuras!

Puédese bien contar por muerta aquella

Que estos gustos de amor nunca ha alcanzado;

Quedará tal qual queda la centella

Al tiempo que ceniza se ha tornado;

Que ninguno recibe placer della,

Y en nonada la veis vuelto su estado;

Así es la dama que no siente amores,5

Que nunca da placeres ni dolores.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

(1503–1536)

.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Como al partir del sol la sombra crece,Y en cayendo su rayo se levantaLa negra escuridad que el mundo cubre,De do viene el temor que nos espanta,10Y la medrosa forma en que se ofreceAquello que la noche nos encubre,Hasta que el sol descubreSu luz pura y hermosa;Tal es la tenebrosa15Noche de tu partir, en que he quedadoDe sombra y de temor atormentado,Hasta que muerte el tiempo determineQue á ver el deseadoSol de tu clara vista me encamine.20Cual suele el ruiseñor con triste cantoQuejarse, entre las hojas escondido,Del duro labrador, que cautamenteLe despojó su caro y dulce nido71De los tiernos hijuelos entre tantoQue del amado ramo estaba ausente,Y aquel dolor que sienteCon diferencia tantaPor la dulce garganta5Despide, y á su canto el aire suena,Y la callada noche no refrenaSu lamentable oficio y sus querellas,Trayendo de su penaAl cielo por testigo y las estrellas:10Desta manera suelto yo la riendaÁ mi dolor, y así me quejo en vanoDe la dureza de la muerte airada.Ella en mi corazón metió la mano,Y de allí me llevó mi dulce prenda;15Que aquel era su nido y su morada.¡Ay, muerte arrebatada!Por ti me estoy quejandoAl cielo y enojandoCon importuno llanto al mundo todo;20Tan desigual dolor no sufre modo.No me podrán quitar el doloridoSentir, si ya del todoPrimero no me quitan el sentido.Una parte guardé de tus cabellos,25Elisa, envueltos en un blanco paño,Que nunca de mi seno se me apartan;Descójolos, y de un dolor tamañoEnternecerme siento, que sobre ellosNunca mis ojos de llorar se hartan.30Sin que de allí se partan,Con suspiros calientes,Más que la llama ardientes,Los enjugo del llanto, y de consuno72Casi los paso y cuento uno á uno;Juntándolos, con un cordón los ato.Tras esto el importunoDolor me deja descansar un rato..   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Como al partir del sol la sombra crece,

Y en cayendo su rayo se levanta

La negra escuridad que el mundo cubre,

De do viene el temor que nos espanta,10

Y la medrosa forma en que se ofrece

Aquello que la noche nos encubre,

Hasta que el sol descubre

Su luz pura y hermosa;

Tal es la tenebrosa15

Noche de tu partir, en que he quedado

De sombra y de temor atormentado,

Hasta que muerte el tiempo determine

Que á ver el deseado

Sol de tu clara vista me encamine.20

Cual suele el ruiseñor con triste canto

Quejarse, entre las hojas escondido,

Del duro labrador, que cautamente

Le despojó su caro y dulce nido

De los tiernos hijuelos entre tanto

Que del amado ramo estaba ausente,

Y aquel dolor que siente

Con diferencia tanta

Por la dulce garganta5

Despide, y á su canto el aire suena,

Y la callada noche no refrena

Su lamentable oficio y sus querellas,

Trayendo de su pena

Al cielo por testigo y las estrellas:10

Desta manera suelto yo la rienda

Á mi dolor, y así me quejo en vano

De la dureza de la muerte airada.

Ella en mi corazón metió la mano,

Y de allí me llevó mi dulce prenda;15

Que aquel era su nido y su morada.

¡Ay, muerte arrebatada!

Por ti me estoy quejando

Al cielo y enojando

Con importuno llanto al mundo todo;20

Tan desigual dolor no sufre modo.

No me podrán quitar el dolorido

Sentir, si ya del todo

Primero no me quitan el sentido.

Una parte guardé de tus cabellos,25

Elisa, envueltos en un blanco paño,

Que nunca de mi seno se me apartan;

Descójolos, y de un dolor tamaño

Enternecerme siento, que sobre ellos

Nunca mis ojos de llorar se hartan.30

Sin que de allí se partan,

Con suspiros calientes,

Más que la llama ardientes,

Los enjugo del llanto, y de consuno

Casi los paso y cuento uno á uno;

Juntándolos, con un cordón los ato.

Tras esto el importuno

Dolor me deja descansar un rato.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Escrito está en mi alma vuestro gesto,5Y cuanto yo escribir de vos deseo,Vos sola lo escribisteis, yo lo leoTan sólo, que aun de vos me guardo en esto.En esto estoy y estaré siempre puesto;Que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,10De tanto bien lo que no entiendo creo,Tomando ya la fe por presupuesto.Yo no nací sino para quereros;Mi mal os ha cortado á su medida.Por hábito del alma misma os quiero.15Cuanto tengo confieso yo deberos;Por vos nascí, por vos tengo la vida,Por vos he de morir, y por vos muero.

Escrito está en mi alma vuestro gesto,5

Y cuanto yo escribir de vos deseo,

Vos sola lo escribisteis, yo lo leo

Tan sólo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;

Que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,10

De tanto bien lo que no entiendo creo,

Tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;

Mi mal os ha cortado á su medida.

Por hábito del alma misma os quiero.15

Cuanto tengo confieso yo deberos;

Por vos nascí, por vos tengo la vida,

Por vos he de morir, y por vos muero.

(† 1580?)

Cuando era nuevo el mundo y producíaGentes, como salvajes, indiscretas,20Y el cielo dió furor á los poetasY el canto con que el vulgo los seguíaFingieron dios á ámor y que teníaPor armas fuego, red, arco y saetas,Porque las fieras gentes no sujetas2573Se allanasen al trato y compañía;Después viniendo á más razón los hombres,Los que fueron más sabios y constantesAl amor figuraron niño y ciego,Para mostrar que de él y de estos nombres5Les viene por herencia á los amantesSimpleza, ceguedad, desasosiego.

Cuando era nuevo el mundo y producía

Gentes, como salvajes, indiscretas,20

Y el cielo dió furor á los poetas

Y el canto con que el vulgo los seguía

Fingieron dios á ámor y que tenía

Por armas fuego, red, arco y saetas,

Porque las fieras gentes no sujetas25

Se allanasen al trato y compañía;

Después viniendo á más razón los hombres,

Los que fueron más sabios y constantes

Al amor figuraron niño y ciego,

Para mostrar que de él y de estos nombres5

Les viene por herencia á los amantes

Simpleza, ceguedad, desasosiego.

(1520–1560)

IOjos claros serenos,Si de un dulce mirar sois alabados,¿Por qué, si me miráis, miráis airados?10Si cuanto más piadosos,Más bellos parecéis á aquel que os mira,¿Por qué á mí solo me miráis con ira?Ojos claros, serenos,Ya que así me miráis, ¡miradme al menos!15IICubrir los bellos ojosCon la mano que ya me tiene muerto,Cautela fué por ciertoCon que doblar pensasteis mis enojos:Pero de tal cautela20Harto mayor ha sido el bien que el daño,Que el resplandor estrañoDel sol mejor se ve, mientras se cela.Así pues sucedió cuando intentasteisDe los ojos cubrir la luz inmensa.25Yo os perdono la ofensa,Pues cubiertos mejor verlos dejasteis.

I

Ojos claros serenos,

Si de un dulce mirar sois alabados,

¿Por qué, si me miráis, miráis airados?10

Si cuanto más piadosos,

Más bellos parecéis á aquel que os mira,

¿Por qué á mí solo me miráis con ira?

Ojos claros, serenos,

Ya que así me miráis, ¡miradme al menos!15

II

Cubrir los bellos ojos

Con la mano que ya me tiene muerto,

Cautela fué por cierto

Con que doblar pensasteis mis enojos:

Pero de tal cautela20

Harto mayor ha sido el bien que el daño,

Que el resplandor estraño

Del sol mejor se ve, mientras se cela.

Así pues sucedió cuando intentasteis

De los ojos cubrir la luz inmensa.25

Yo os perdono la ofensa,

Pues cubiertos mejor verlos dejasteis.

(1503–1575)

De los tormentos de amor,Que hacen desesperar,El que tengo por mayorEs no poderse quejarEl hombre de su dolor.5Cualquier mal es duro y fuerte,Y tiene su furor loco;Mas el mío es de tal suerte,Que consume poco á poco,Hasta llegar á la muerte.10No hay mal que con publicalloNo se acabe, aunque sea fiero;Mas yo, cuitado, que callo,¿Cómo es posible pasallo,Si de entrambas cosas muero?15.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .¡Oh, tiempo para llorarse,Donde se sufre y se espera,Y áun para desesperarse,Pues quieres que un triste mueraSin el gusto de quejarse!20Y pues en todo reciboAgravio con daño cierto,Hagan bien á este cautivo,Que está, de medroso, muerto;De desesperado, vivo.25

De los tormentos de amor,

Que hacen desesperar,

El que tengo por mayor

Es no poderse quejar

El hombre de su dolor.5

Cualquier mal es duro y fuerte,

Y tiene su furor loco;

Mas el mío es de tal suerte,

Que consume poco á poco,

Hasta llegar á la muerte.10

No hay mal que con publicallo

No se acabe, aunque sea fiero;

Mas yo, cuitado, que callo,

¿Cómo es posible pasallo,

Si de entrambas cosas muero?15

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

¡Oh, tiempo para llorarse,

Donde se sufre y se espera,

Y áun para desesperarse,

Pues quieres que un triste muera

Sin el gusto de quejarse!20

Y pues en todo recibo

Agravio con daño cierto,

Hagan bien á este cautivo,

Que está, de medroso, muerto;

De desesperado, vivo.25

Tiempo ví yo que amor puso un deseoHonesto en un honesto corazón;Tiempo ví yo, que ahora no lo veo,Que era gloria, y no pena, mi pasión.Tiempo ví yo que por una ocasión,5Dura angustia y congoja, y si venía,Señora, en tu presencia la razónMe faltaba y la lengua enmudecía.Más que quisiera he visto, pues amorQuiere que llore el bien y sufra el daño,10Mas por razón que no por accidente.Crece mi mal, y crece en lo peor,En arrepentimiento y desengaño,Pena del bien pasado y mal presente.

Tiempo ví yo que amor puso un deseo

Honesto en un honesto corazón;

Tiempo ví yo, que ahora no lo veo,

Que era gloria, y no pena, mi pasión.

Tiempo ví yo que por una ocasión,5

Dura angustia y congoja, y si venía,

Señora, en tu presencia la razón

Me faltaba y la lengua enmudecía.

Más que quisiera he visto, pues amor

Quiere que llore el bien y sufra el daño,10

Mas por razón que no por accidente.

Crece mi mal, y crece en lo peor,

En arrepentimiento y desengaño,

Pena del bien pasado y mal presente.

(† 1556)

Pues la santa Inquisición15Suele ser tan diligenteEn castigar con razónCualquier secta y opiniónLevantada nuevamente,Resucítese Lucero20A corregir en EspañaUna muy nueva y extraña,Como aquella de LuteroEn las partes de Alemaña.Bien se pueden castigar25A cuenta de Anabaptistas,76Pues por ley particularSe tornan á bautizarY se llaman Petrarquistas.Han renegado la feDe las trovas castellanas,5Y tras las italianasSe pierden, diciendo queSon más ricas y galanas.El juicio de lo cualYo lo dejo á quien más sabe;10Pero juzgar nadie malDe su patria naturalEn gentileza no cabe;Y aquella cristiana musaDel famoso Juan de Mena,15Sintiendo desto gran pena,Por infieles los acusaY de aleves los condena.«Recuerde el alma dormida,»Dice don Jorge Manrique;20Y mostróse muy sentidaDe cosa tan atrevida,Porque más no se platique.Garci-Sánchez respondió:«¡Quién me otorgase, Señora,25Vida y seso en esta horaPara entrar en campo yoCon gente tan pecadora!»«Si algún Dios de amor había,Dijo luego Cartagena,30Muestre aquí su valentíaContra tan gran osadía,Venida de tierra ajena.»Torres Naharro replica:77«Por hacer, Amor, tus hechosConsientes tales despechos,Y que nuestra España ricaSe prive de sus derechos.»Dios dé su gloria á Boscán5Y á Garcilaso, poeta,Que con no pequeño afánY con estilo galánSostuvieron esta seta,Y la dejaron acá10Ya sembrada entre la gente;Por lo cual debidamenteLes vino lo que diráEste soneto siguiente:

Pues la santa Inquisición15

Suele ser tan diligente

En castigar con razón

Cualquier secta y opinión

Levantada nuevamente,

Resucítese Lucero20

A corregir en España

Una muy nueva y extraña,

Como aquella de Lutero

En las partes de Alemaña.

Bien se pueden castigar25

A cuenta de Anabaptistas,

Pues por ley particular

Se tornan á bautizar

Y se llaman Petrarquistas.

Han renegado la fe

De las trovas castellanas,5

Y tras las italianas

Se pierden, diciendo que

Son más ricas y galanas.

El juicio de lo cual

Yo lo dejo á quien más sabe;10

Pero juzgar nadie mal

De su patria natural

En gentileza no cabe;

Y aquella cristiana musa

Del famoso Juan de Mena,15

Sintiendo desto gran pena,

Por infieles los acusa

Y de aleves los condena.

«Recuerde el alma dormida,»

Dice don Jorge Manrique;20

Y mostróse muy sentida

De cosa tan atrevida,

Porque más no se platique.

Garci-Sánchez respondió:

«¡Quién me otorgase, Señora,25

Vida y seso en esta hora

Para entrar en campo yo

Con gente tan pecadora!»

«Si algún Dios de amor había,

Dijo luego Cartagena,30

Muestre aquí su valentía

Contra tan gran osadía,

Venida de tierra ajena.»

Torres Naharro replica:

«Por hacer, Amor, tus hechos

Consientes tales despechos,

Y que nuestra España rica

Se prive de sus derechos.»

Dios dé su gloria á Boscán5

Y á Garcilaso, poeta,

Que con no pequeño afán

Y con estilo galán

Sostuvieron esta seta,

Y la dejaron acá10

Ya sembrada entre la gente;

Por lo cual debidamente

Les vino lo que dirá

Este soneto siguiente:

Garcilaso y Boscán, siendo llegados15Al lugar donde están los trovadoresQue en nuestra lengua y sus primoresFueron en este siglo señalados,Los unos á los otros alteradosSe miran, demudadas las colores,20Temiéndose que fuesen corredoresÓ espías ó enemigos desmandados;Y juzgando primero por el traje,Pareciéronles ser, como debía,Gentiles españoles caballeros;25Y oyéndoles hablar nuevo lenguaje,Mezclado de extranjera poesía,Con ojos los miraban de extranjeros..   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Garcilaso y Boscán, siendo llegados15

Al lugar donde están los trovadores

Que en nuestra lengua y sus primores

Fueron en este siglo señalados,

Los unos á los otros alterados

Se miran, demudadas las colores,20

Temiéndose que fuesen corredores

Ó espías ó enemigos desmandados;

Y juzgando primero por el traje,

Pareciéronles ser, como debía,

Gentiles españoles caballeros;25

Y oyéndoles hablar nuevo lenguaje,

Mezclado de extranjera poesía,

Con ojos los miraban de extranjeros.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Musas italianas y latinas,Gente en estas partes tan extraña,¿Cómo habéis venido á nuestra España,Tan nuevas y hermosas clavellinas?Ó ¿quién os ha traído á ser vecinas5Del Tajo y de sus montes y campaña?Ó ¿quién es el que os guía ó acompañaDe tierras tan ajenas peregrinas?—Don Diego de Mendoza y GarcilasoNos trujeron, y Boscán y Luis de Haro,10Por orden y favor del dios Apolo,Los dos llevó la muerte paso á paso,El otro Solimán, y por amparoSolo queda don Diego, y basta solo.

Musas italianas y latinas,

Gente en estas partes tan extraña,

¿Cómo habéis venido á nuestra España,

Tan nuevas y hermosas clavellinas?

Ó ¿quién os ha traído á ser vecinas5

Del Tajo y de sus montes y campaña?

Ó ¿quién es el que os guía ó acompaña

De tierras tan ajenas peregrinas?—

Don Diego de Mendoza y Garcilaso

Nos trujeron, y Boscán y Luis de Haro,10

Por orden y favor del dios Apolo,

Los dos llevó la muerte paso á paso,

El otro Solimán, y por amparo

Solo queda don Diego, y basta solo.

(† 1570)

Unas coplas muy cansadas,15Con muchos pies arrastrando,A lo toscano imitadas,Entró un amador cantandoEnojosas y pesadas,Cada pie con dos corcovas,20Y de peso doce arrobas,Trovadas al tiempo viejo.Dios perdone á Castillejo,Que bien habló de estas trovas.Dijo Amor: «¿Dónde se aprende25Este metro tan prolijo,79Que las orejas ofende?Por estas coplas se dijoAlgarabía de allende.El sujeto frío y duro,Y el estilo tan oscuro,5Que la dama en quien se empleaDuda, por sabia que sea,Si es requiebro ó si es conjuro.«Ved si la invención es basta,Pues Garcilaso y Boscán,10Las plumas puestas por asta,Cada uno es un Roldán,Y con todo no le basta.Yo no alcanzo cuál engañoTe hizo, para tu daño,15Con locura y desvaríoMeter en mi señoríoMoneda de reino extraño.»Con dueñas y con doncellasDijo Venus: «¿Qué pretende20Quien les dice sus querellasEn lenguaje que no entiendeÉl ni yo, ni vos ni ella?Sentencio al que tal hiciereQue la dama por quien muere25Lo tenga por cascabel,Y que haga burla de élY de cuanto le escribiere.»

Unas coplas muy cansadas,15

Con muchos pies arrastrando,

A lo toscano imitadas,

Entró un amador cantando

Enojosas y pesadas,

Cada pie con dos corcovas,20

Y de peso doce arrobas,

Trovadas al tiempo viejo.

Dios perdone á Castillejo,

Que bien habló de estas trovas.

Dijo Amor: «¿Dónde se aprende25

Este metro tan prolijo,

Que las orejas ofende?

Por estas coplas se dijo

Algarabía de allende.

El sujeto frío y duro,

Y el estilo tan oscuro,5

Que la dama en quien se emplea

Duda, por sabia que sea,

Si es requiebro ó si es conjuro.

«Ved si la invención es basta,

Pues Garcilaso y Boscán,10

Las plumas puestas por asta,

Cada uno es un Roldán,

Y con todo no le basta.

Yo no alcanzo cuál engaño

Te hizo, para tu daño,15

Con locura y desvarío

Meter en mi señorío

Moneda de reino extraño.»

Con dueñas y con doncellas

Dijo Venus: «¿Qué pretende20

Quien les dice sus querellas

En lenguaje que no entiende

Él ni yo, ni vos ni ella?

Sentencio al que tal hiciere

Que la dama por quien muere25

Lo tenga por cascabel,

Y que haga burla de él

Y de cuanto le escribiere.»

No estés tan contenta, Juana,En verme penar por ti,30Que lo que hoy fuere de míPodrá ser de ti mañana.80No estés tan leda y contenta,Tan soberbia y confiada,Que amor en una vegadaDe mil amos toma cuenta:Y aunque agora estés ufana5De verme penar así,Podrá bien ser que de tiLo estuviere yo mañana.No te muestres tan esquivaA quien te sirve, ¡traidora!10Quel el que te hizo señoraTe podrá hacer cautiva:Viendo amor que de tiranaMe haces penar así,Trocará mi suerte en ti15Antes hoy que no mañana.Guarte de flecha de amorQue sin remedios destruye,Y al que más se esconde y huyeA aquél le acierta mejor:20Agora que es tiempo, Juana,Entiende en mirar por ti,Que aunque puedas hoy dar síQuizás no podrás mañana.

No estés tan contenta, Juana,

En verme penar por ti,30

Que lo que hoy fuere de mí

Podrá ser de ti mañana.

No estés tan leda y contenta,

Tan soberbia y confiada,

Que amor en una vegada

De mil amos toma cuenta:

Y aunque agora estés ufana5

De verme penar así,

Podrá bien ser que de ti

Lo estuviere yo mañana.

No te muestres tan esquiva

A quien te sirve, ¡traidora!10

Quel el que te hizo señora

Te podrá hacer cautiva:

Viendo amor que de tirana

Me haces penar así,

Trocará mi suerte en ti15

Antes hoy que no mañana.

Guarte de flecha de amor

Que sin remedios destruye,

Y al que más se esconde y huye

A aquél le acierta mejor:20

Agora que es tiempo, Juana,

Entiende en mirar por ti,

Que aunque puedas hoy dar sí

Quizás no podrás mañana.

(† 1561)

Cabellos, ¡cuánta mudanza25He visto después que os ví,Y cuán mal parece ahíEse color de esperanza!81¡Ay! cabellos, cuantos díasYo mi Diana miraba.Si os traía ó si os dejaba,Con otras mil niñerías!Y, ¡cuántas veces llorando5(¡Ay, lágrimas engañosas!)Pedía celos de cosasDe que yo estaba burlando!Los ojos que me mataban,Decid, dorados cabellos,10¿Qué culpa tuve en creellos,Pues ellos me aseguraban?¿No visteis vos que algun díaMil lágrimas derramaba,Basta que yo le juraba15Que sus palabras creía?Sobre el arena sentadaDe aquel río la ví yo,Do con el dedo escribióAntes muerta que mudada.20Miren amor lo que ordena,Que un hombre llegue á creerCosas dichas por mujerY escritas en el arena.

Cabellos, ¡cuánta mudanza25

He visto después que os ví,

Y cuán mal parece ahí

Ese color de esperanza!

¡Ay! cabellos, cuantos días

Yo mi Diana miraba.

Si os traía ó si os dejaba,

Con otras mil niñerías!

Y, ¡cuántas veces llorando5

(¡Ay, lágrimas engañosas!)

Pedía celos de cosas

De que yo estaba burlando!

Los ojos que me mataban,

Decid, dorados cabellos,10

¿Qué culpa tuve en creellos,

Pues ellos me aseguraban?

¿No visteis vos que algun día

Mil lágrimas derramaba,

Basta que yo le juraba15

Que sus palabras creía?

Sobre el arena sentada

De aquel río la ví yo,

Do con el dedo escribió

Antes muerta que mudada.20

Miren amor lo que ordena,

Que un hombre llegue á creer

Cosas dichas por mujer

Y escritas en el arena.

(1524–1579)

Irme quiero, madre,25A aquella galera,Con el marineroA ser marinera.Madre, si me fuereDoquier que vó,30No lo quiero yo;Que el amor lo quiere.Aquel niño fieroHace que me muera,Por un marinero35A ser marinera.82El que todo puede,Madre, no podrá,Pues el alma va,Que el cuerpo se quede,Con él pues que muere5Voy porque no muera,Que si es marineroSeré marinera.Es tirana ley,Del niño señor,10Que por un amorSe deseche un reyPues de esta maneraÉl quiere, irme quieroPor un marinero15A ser marinera.Decid, ondas, ¿cuándoVisteis vos doncellaSiendo tierna y bellaAndar navegando?20Mas ¿qué no se esperaDe aquel niño fiero?¡Vea yo á quien quieroY sea marinero!

Irme quiero, madre,25

A aquella galera,

Con el marinero

A ser marinera.

Madre, si me fuere

Doquier que vó,30

No lo quiero yo;

Que el amor lo quiere.

Aquel niño fiero

Hace que me muera,

Por un marinero35

A ser marinera.

El que todo puede,

Madre, no podrá,

Pues el alma va,

Que el cuerpo se quede,

Con él pues que muere5

Voy porque no muera,

Que si es marinero

Seré marinera.

Es tirana ley,

Del niño señor,10

Que por un amor

Se deseche un rey

Pues de esta manera

Él quiere, irme quiero

Por un marinero15

A ser marinera.

Decid, ondas, ¿cuándo

Visteis vos doncella

Siendo tierna y bella

Andar navegando?20

Mas ¿qué no se espera

De aquel niño fiero?

¡Vea yo á quien quiero

Y sea marinero!

De dentro tengo mi mal,25Que de fora no hay señal.Mi nueva y dulce querellaEs invisible á la gente:El alma sola la siente,Que el cuerpo no es dino della.30Como la viva centellaSe encubre en el pedernalDe dentro tengo mi mal.

De dentro tengo mi mal,25

Que de fora no hay señal.

Mi nueva y dulce querella

Es invisible á la gente:

El alma sola la siente,

Que el cuerpo no es dino della.30

Como la viva centella

Se encubre en el pedernal

De dentro tengo mi mal.

(1515–1582)

Vivo sin vivir en mí,Y tan alta vida espero,35Que muero porque no muero.Aquesta divina unión,Del amor con que yo vivo,Hace á Dios ser mi cautivo,83Y libre mi corazón:Mas causa en mí tal pasiónVer á Dios mi prisionero,Que muero porque no muero.¡Ay! ¡Qué larga es esta vida,5Qué duros estos destierros,Esta cárcel y estos hierrosEn que el alma está metida!Sólo esperar la salidaMe causa un dolor tan fiero,10Que muero porque no muero.¡Ay! ¡Qué vida tan amargaDo no se goza el Señor!Y si es dulce el amorNo lo es la esperanza larga;15Quíteme Dios esta carga,Más pesada que de acero,Que muero porque no muero.Sólo con la confianzaVivo de que he de morir;20Porque muriendo, el vivirMe asegura mi esperanza:Muerte do el vivir se alcanza,No te atardes, que te espero,Que muero porque no muero.25Mira que el amor es fuerte;Vida no seas molesta,Mira que sólo te resta,Para ganarte, perderte;Venga ya la dulce muerte,30Venga el morir muy ligero,Que muero porque no muero.Aquella vida de arribaEs la vida verdadera;84Hasta que esta vida muera,No se goza estando viva:Muerte, no seas esquiva;Vivo muriendo primero,Que muero porque no muero.5Vida, ¿qué puedo yo darleA mi Dios, que vive en mí,Si no es perderte á ti,Para mejor á Él gozarle?Quiero muriendo alcanzarle,10Pues á Él solo es el que quiero,Que muero porque no muero.Estando ausente de ti,¿Qué vida puedo tener?Sino muerte padecer15La mayor que nunca ví:Lástima tengo de mí,Por ser mi mal tan entero,Que muero porque no muero.El pez que del agua sale20Aun de alivio no carece,A quien la muerte padeceAl fin la muerte le vale:¿Qué muerte habrá que se igualeA mi vivir lastimero,25Que muero porque no muero?Cuando me empiezo á aliviarViéndote en el Sacramento,Me hace más sentimientoEl no poderte gozar:30Todo es para más penar,Por no verte como quiero,Que muero porque no muero.Cuando me gozo, Señor,85Con esperanza de verte,Viendo que puedo perderte,Se me dobla mi dolor.Viviendo en tanto pavor,Y esperando como espero,5Que muero porque no muero.Sácame de aquesta muerte,Mi Dios, y dame la vida,No me tengas impedidaEn este lazo tan fuerte:10Mira que muero por verte,Y vivir sin ti no puedo,Que muero porque no muero.Lloraré mi muerte ya,Y lamentaré mi vida,15En tanto que detenidaPor mis pecados está.¡Oh mi Dios cuando será,Cuando yo diga de vero,Que muero porque no muero.20

Vivo sin vivir en mí,

Y tan alta vida espero,35

Que muero porque no muero.

Aquesta divina unión,

Del amor con que yo vivo,

Hace á Dios ser mi cautivo,

Y libre mi corazón:

Mas causa en mí tal pasión

Ver á Dios mi prisionero,

Que muero porque no muero.

¡Ay! ¡Qué larga es esta vida,5

Qué duros estos destierros,

Esta cárcel y estos hierros

En que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

Me causa un dolor tan fiero,10

Que muero porque no muero.

¡Ay! ¡Qué vida tan amarga

Do no se goza el Señor!

Y si es dulce el amor

No lo es la esperanza larga;15

Quíteme Dios esta carga,

Más pesada que de acero,

Que muero porque no muero.

Sólo con la confianza

Vivo de que he de morir;20

Porque muriendo, el vivir

Me asegura mi esperanza:

Muerte do el vivir se alcanza,

No te atardes, que te espero,

Que muero porque no muero.25

Mira que el amor es fuerte;

Vida no seas molesta,

Mira que sólo te resta,

Para ganarte, perderte;

Venga ya la dulce muerte,30

Venga el morir muy ligero,

Que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba

Es la vida verdadera;

Hasta que esta vida muera,

No se goza estando viva:

Muerte, no seas esquiva;

Vivo muriendo primero,

Que muero porque no muero.5

Vida, ¿qué puedo yo darle

A mi Dios, que vive en mí,

Si no es perderte á ti,

Para mejor á Él gozarle?

Quiero muriendo alcanzarle,10

Pues á Él solo es el que quiero,

Que muero porque no muero.

Estando ausente de ti,

¿Qué vida puedo tener?

Sino muerte padecer15

La mayor que nunca ví:

Lástima tengo de mí,

Por ser mi mal tan entero,

Que muero porque no muero.

El pez que del agua sale20

Aun de alivio no carece,

A quien la muerte padece

Al fin la muerte le vale:

¿Qué muerte habrá que se iguale

A mi vivir lastimero,25

Que muero porque no muero?

Cuando me empiezo á aliviar

Viéndote en el Sacramento,

Me hace más sentimiento

El no poderte gozar:30

Todo es para más penar,

Por no verte como quiero,

Que muero porque no muero.

Cuando me gozo, Señor,

Con esperanza de verte,

Viendo que puedo perderte,

Se me dobla mi dolor.

Viviendo en tanto pavor,

Y esperando como espero,5

Que muero porque no muero.

Sácame de aquesta muerte,

Mi Dios, y dame la vida,

No me tengas impedida

En este lazo tan fuerte:10

Mira que muero por verte,

Y vivir sin ti no puedo,

Que muero porque no muero.

Lloraré mi muerte ya,

Y lamentaré mi vida,15

En tanto que detenida

Por mis pecados está.

¡Oh mi Dios cuando será,

Cuando yo diga de vero,

Que muero porque no muero.20

Nada te turbe;Nada te espante;Todo se pasa;Dios no se muda,La paciencia todo lo alcanza.25Quien á Dios tiene,Nada le falta.Solo Dios basta.

Nada te turbe;

Nada te espante;

Todo se pasa;

Dios no se muda,

La paciencia todo lo alcanza.25

Quien á Dios tiene,

Nada le falta.

Solo Dios basta.

(1534–1597)

Hondo Ponto, que bramas atronadoCon tumulto y terror, del turbio senoSaca el rostro, de torpe miedo lleno;Mira tu campo arder ensangrentado,Y junto en este cerco y encontrado5Todo el cristiano esfuerzo y sarraceno,Y cubierto de humo y fuego y trueno,Huir temblando el impío quebrantado.Con profundo murmurio la vitoriaMayor celebra que jamás vió el cielo,10Y más dudosa y singular hazaña;Y di que solo mereció la gloriaQue tanto nombre da á tu sacro sueloEl joven de Austria y el valor de España.

Hondo Ponto, que bramas atronado

Con tumulto y terror, del turbio seno

Saca el rostro, de torpe miedo lleno;

Mira tu campo arder ensangrentado,

Y junto en este cerco y encontrado5

Todo el cristiano esfuerzo y sarraceno,

Y cubierto de humo y fuego y trueno,

Huir temblando el impío quebrantado.

Con profundo murmurio la vitoria

Mayor celebra que jamás vió el cielo,10

Y más dudosa y singular hazaña;

Y di que solo mereció la gloria

Que tanto nombre da á tu sacro suelo

El joven de Austria y el valor de España.

Reina del grande Océano dichosa,15Sin quien á España falta la grandeza,A quien valor, ingenio y la noblezaHacen más estimada y generosa,¿Cuál diré que tú seas, luz hermosaDe Europa? Tierra no, que tu riqueza20Y gloria no se cierra en su estrecheza;Cielo sí, de virtud maravillosa.Oye y se espanta y no te cree el que miraTu poder y abundancia; de tal modoCon la presencia ve menor la fama.2587No ciudad, eres orbe; en ti se admiraJunto cuanto en las otras se derrama,Parte de España más mejor que el todo.

Reina del grande Océano dichosa,15

Sin quien á España falta la grandeza,

A quien valor, ingenio y la nobleza

Hacen más estimada y generosa,

¿Cuál diré que tú seas, luz hermosa

De Europa? Tierra no, que tu riqueza20

Y gloria no se cierra en su estrecheza;

Cielo sí, de virtud maravillosa.

Oye y se espanta y no te cree el que mira

Tu poder y abundancia; de tal modo

Con la presencia ve menor la fama.25

No ciudad, eres orbe; en ti se admira

Junto cuanto en las otras se derrama,

Parte de España más mejor que el todo.

Suave sueño, tú, que en tardo vueloLas alas perezosas blandamente5Bates, de adormideras coronado,Por el puro, adormido y vago cielo,Ven á la última parte de occidente,Y de licor sagradoBaña mis ojos tristes; que cansado10Y rendido al furor de mi tormento,No admito algún sosiego,Y el dolor desconhorta al sufrimiento.Ven á mi ruego humilde, ¡oh amor de aquellaQue Juno te ofreció, tu ninfa bella!15Divino sueño, gloria de mortales,Regalo dulce al mísero afligido;Sueño amoroso, ven á quien esperaCesar del ejercicio de sus males,Y al descanso volver todo el sentido.20¿Cómo sufres que mueraLejos de tu poder quien tuyo era?¿No es dureza olvidar un solo pechoEn veladora pena,Que sin gozar del bien que al mundo has hecho,25De tu vigor se ajena?Ven, sueño alegre, sueño, ven, dichoso;Vuelve á mi alma ya, vuelve el reposo.Sienta yo en tal estrecho tu grandeza,Baja y esparce líquido el rocío,30Huya el alba, que en torno resplandece;88Mira mi ardiente llanto y mi tristeza,Y cuánta fuerza tiene el pesar mío,Y mi frente humedece;Que ya de fuegos juntos el sol crece.Torna, sabroso sueño, y tus hermosas5Alas suenen ahora,Y huya con sus alas presurosasLa desabrida aurora;Y lo que en mí faltó la noche fríaTermine la cercana luz del día.10Una corona, ¡oh sueño!, de tus floresOfrezco; tú produce el blando efetoEn los desiertos cercos de mis ojos;Que el aire, entrejido con olores,Halaga y ledo mueve en dulce afeto;15Y de estos mis enojosDestierra, manso sueño, los despojos.Ven pues, amado sueño, ven, liviano;Que del rico orienteDespunta el tierno Febo el rayo cano.20Ven ya, sueño clemente,Y acabará el dolor; así te veaEn brazos de tu cara Pasitea.

Suave sueño, tú, que en tardo vuelo

Las alas perezosas blandamente5

Bates, de adormideras coronado,

Por el puro, adormido y vago cielo,

Ven á la última parte de occidente,

Y de licor sagrado

Baña mis ojos tristes; que cansado10

Y rendido al furor de mi tormento,

No admito algún sosiego,

Y el dolor desconhorta al sufrimiento.

Ven á mi ruego humilde, ¡oh amor de aquella

Que Juno te ofreció, tu ninfa bella!15

Divino sueño, gloria de mortales,

Regalo dulce al mísero afligido;

Sueño amoroso, ven á quien espera

Cesar del ejercicio de sus males,

Y al descanso volver todo el sentido.20

¿Cómo sufres que muera

Lejos de tu poder quien tuyo era?

¿No es dureza olvidar un solo pecho

En veladora pena,

Que sin gozar del bien que al mundo has hecho,25

De tu vigor se ajena?

Ven, sueño alegre, sueño, ven, dichoso;

Vuelve á mi alma ya, vuelve el reposo.

Sienta yo en tal estrecho tu grandeza,

Baja y esparce líquido el rocío,30

Huya el alba, que en torno resplandece;

Mira mi ardiente llanto y mi tristeza,

Y cuánta fuerza tiene el pesar mío,

Y mi frente humedece;

Que ya de fuegos juntos el sol crece.

Torna, sabroso sueño, y tus hermosas5

Alas suenen ahora,

Y huya con sus alas presurosas

La desabrida aurora;

Y lo que en mí faltó la noche fría

Termine la cercana luz del día.10

Una corona, ¡oh sueño!, de tus flores

Ofrezco; tú produce el blando efeto

En los desiertos cercos de mis ojos;

Que el aire, entrejido con olores,

Halaga y ledo mueve en dulce afeto;15

Y de estos mis enojos

Destierra, manso sueño, los despojos.

Ven pues, amado sueño, ven, liviano;

Que del rico oriente

Despunta el tierno Febo el rayo cano.20

Ven ya, sueño clemente,

Y acabará el dolor; así te vea

En brazos de tu cara Pasitea.

Cantemos al Señor, que en la llanuraVenció del ancho mar al Trace fiero;25Tú, Dios de las batallas, tú eres diestra,Salud y gloria nuestra.Tú rompiste las fuerzas y la duraFrente de Faraón, feroz guerrero;Sus escogidos príncipes cubrieron30Los abismos del mar y descendieron,89Cual piedra, en el profundo, y tu ira luegoLos tragó, como arista seca el fuego.El soberbio tirano, confiadoEn el grande aparato de sus naves,Que de los nuestros la cerviz cautiva5Y las manos avivaAl ministerio injusto de su estado,Derribó con los brazos suyos gravesLos cedros más excelsos de la cimaY el árbol que más yerto se sublima,10Bebiendo ajenas aguas y atrevidoPisando el bando nuestro y defendido.Temblaron los pequeños, confundidosDel impío furor suyo; alzó la frenteContra ti, Señor Dios, y con semblante15Y con pecho arrogante,Y los armados brazos extendidos,Movió el airado cuello aquel potente;Cercó su corazón de ardiente sañaContra las dos Hesperias, que el mar baña,20Porque en ti confiadas le resisten,Y de armas de tu fe y amor se visten.Dijo aquel insolente y desdeñoso:«¿No conocen mis iras estas tierras,Y de mis padres los ilustres hechos,25Ó valieron sus pechosContra ellos con el Húngaro medroso,Y de Dalmacia y Rodas en las guerras?¿Quién las pudo librar? ¿Quién de sus manosPudo salvar los de Austria y los Germanos?30¿Podrá su Dios, podrá por suerte ahoraGuardallas de mi diestra vencedora?«Su Roma, temerosa y humillada,Los cánticos en lágrimas convierte;90Ella y sus hijos tristes mi ira esperanCuando vencidos mueran;Francia está con discordia quebrantada,Y en España amenaza horrible muerteQuien honra de la luna las banderas;5Y aquellas en la guerra gentes fierasOcupadas están en su defensa,Y aunque no, ¿quién hacerme puede ofensa?Los poderosos pueblos me obedecen,Y el cuello con su daño al yugo inclinan,10Y me dan por salvarse ya la mano.Y su valor es vano;Que sus luces cayendo se oscurecen.Sus fuertes á la muerte ya caminan,Sus vírgenes están en cautiverio,15Su gloria ha vuelto al cetro de mi imperio.Del Nilo á Eufrates fértil y Istro frío,Cuanto el sol alto mira todo es mío.»Tú, Señor, que no sufres que tu gloriaUsurpe quien su fuerza osado estima,20Prevaleciendo en vanidad y en ira,Este soberbio mira,Que tus aras afea en su vitoria.No dejes que los tuyos así oprima,Y en sus cuerpos, cruel, las fieras cebe,25Y en su esparcida sangre el odio pruebe;Que hechos ya su oprobrio, dice: «¿DóndeEl Dios de éstos está? ¿De quién se asconde?»Por la debida gloria de tu nombre,Por la justa venganza de tu gente,30Por aquel de los míseros gemido,Vuelve el brazo tendidoContra éste, que aborrece ya ser hombre;Y las honras que celas tú consiente,91Y tres y cuatro veces el castigoEsfuerza con rigor á tu enemigo,Y la injuria á tu nombre cometidaSea el hierro contrario de su vida.Levantó la cabeza el poderoso5Que tanto odio te tiene; en nuestro estragoJuntó el consejo, y contra nos pensaronLos que en él se hallaron.«Venid,» dijeron, «y en el mar ondosoHagamos de su sangre un grande lago;10Deshagamos á éstos de la gente,Y el nombre de su Cristo juntamente,Y dividiendo de ellos los despojos,Hártense en muerte suya nuestros ojos.»Vinieron de Asia y portentosa Egito15Los Árabes y leves Africanos,Y los que Grecia junta mal con ellosCon los erguidos cuellos,Con gran poder y número infinito,Y prometer osaron con sus manos20Encender nuestros fines y dar muerteA nuestra juventud con hierro fuerte,Nuestros niños prender y las doncellas,Y la gloria manchar y la luz dellas.Ocuparon del piélago los senos,25Puesta en silencio y en temor la tierra,Y cesaron los nuestros valerosos,Y callaron dudosos,Hasta que al fiero ardor de SarracenosEl Señor eligiendo nueva guerra,30Se opuso el joven de Austria generosoCon el claro Español y belicoso;Que Dios no sufre ya en Babel cautivaQue su Sión querida siempre viva.92Cual león á la presa apercibido,Sin recelo los impíos esperabanA los que tú, Señor, eras escudo;Que el corazón desnudoDe pavor, y de fe y amor vestido,5Con celestial aliento confiaban.Sus manos á la guerra compusiste,Y sus brazos fortísimos pusisteComo el arco acerado, y con la espadaVibraste en su favor la diestra armada.10Turbáronse los grandes, los robustosRindiéronse temblando y desmayaron;Y tú entregaste, Dios, como la rueda,Como la arista quedaAl ímpetu del viento, á estos injustos,15Que mil huyendo de uno se pasmaron.Cual fuego abrasa selvas, cuya llamaEn las espesas cumbres se derrama,Tal en tu ira y tempestad seguiste,Y su faz de ignominia convertiste.20Quebrantaste al cruel dragón, cortandoLas alas de su cuerpo temerosasY sus brazos terribles no vencidos;Que con hondos gemidosSe retira á su cueva, do silbando25Tiembla con sus culebras venenosas,Lleno de miedo torpe sus entrañas,De tu león temiendo las hazañas;Que, saliendo de España, dió un rugidoQue lo dejó asombrado y aturdido.30Hoy se vieron los ojos humilladosDel sublime varón y su grandeza,Y tú solo, Señor, fuiste exaltado,Que tu día es llegado,93Señor de los ejércitos armados,Sobre la alta cerviz y su dureza,Sobre derechos cedros y extendidos,Sobre empinados montes y crecidos,Sobre torres y muros, y las naves5De Tiro, que á los tuyos fueron graves.Babilonia y Egito amedrentadaTemerá el fuego y la asta violenta,Y el humo subirá á la luz del cielo,Y faltos de consuelo,10Con rostro oscuro y soledad turbadaTus enemigos llorarán su afrenta.Mas tú, Grecia, concorde á la esperanzaEgicia y gloria de su confianza,Triste que á ella pareces, no temiendo15A Dios y á tu remedio no atendiendo,¿Por qué, ingrata, tus hijas adornasteEn adulterio infame á una impía gente,Que deseaba profanar tus frutos,Y con ojos enjutos20Sus odiosos pasos imitaste,Su aborrecida vida y mal presente?Dios vengará sus iras en tu muerte;Que llega á tu cerviz con diestra fuerteLa aguda espada suya; ¿quién, cuitada,25Reprimirá su mano desatada?Mas tú, fuerza del mar, tú, excelsa Tiro,Que en tus naves estabas gloriosa,Y el término espantabas de la tierra,Y si hacías guerra,30De temor la cubrías con suspiro,¿Cómo acabaste, fiera y orgullosa?¿Quién pensó á tu cabeza daño tanto?Dios, para convertir tu gloria en llanto94Y derribar tus ínclitos y fuertes,Te hizo perecer con tantas muertes.Llorad, naves del mar; que es destruidaVuestra vana soberbia y pensamiento.¿Quién ya tendrá de ti lástima alguna,5Tú, que sigues la luna,Asia adúltera, en vicios sumergida?¿Quién mostrará un liviano sentimiento?¿Quién rogará por ti? Que á Dios enciendeTu ira y la arrogancia que te ofende,10Y tus viejos delitos y mudanzaHan vuelto contra ti á pedir venganza.Los que vieron tus brazos quebrantados,Y de tus pinos ir el mar desnudo,Que sus ondas turbaron y llanura,15Viendo tu muerte oscura,Dirán, de tus estragos espantados:¿Quién contra la espantosa tanto pudo?El Señor, que mostró su fuerte manoPor la fe de su príncipe cristiano20Y por el nombre santo de su gloria,A su España concede esta vitoria.Bendita, Señor, sea tu grandeza;Que después de los daños padecidos,Después de nuestras culpas y castigo,25Rompiste al enemigoDe la antigua soberbia la dureza.Adórente, Señor, tus escogidos,Confiese cuanto cerca el ancho cieloTu nombre ¡oh nuestro Dios, nuestro consuelo!30Y la cerviz rebelde, condenada,Perezca en bravas llamas abrasada.

Cantemos al Señor, que en la llanura

Venció del ancho mar al Trace fiero;25

Tú, Dios de las batallas, tú eres diestra,

Salud y gloria nuestra.

Tú rompiste las fuerzas y la dura

Frente de Faraón, feroz guerrero;

Sus escogidos príncipes cubrieron30

Los abismos del mar y descendieron,

Cual piedra, en el profundo, y tu ira luego

Los tragó, como arista seca el fuego.

El soberbio tirano, confiado

En el grande aparato de sus naves,

Que de los nuestros la cerviz cautiva5

Y las manos aviva

Al ministerio injusto de su estado,

Derribó con los brazos suyos graves

Los cedros más excelsos de la cima

Y el árbol que más yerto se sublima,10

Bebiendo ajenas aguas y atrevido

Pisando el bando nuestro y defendido.

Temblaron los pequeños, confundidos

Del impío furor suyo; alzó la frente

Contra ti, Señor Dios, y con semblante15

Y con pecho arrogante,

Y los armados brazos extendidos,

Movió el airado cuello aquel potente;

Cercó su corazón de ardiente saña

Contra las dos Hesperias, que el mar baña,20

Porque en ti confiadas le resisten,

Y de armas de tu fe y amor se visten.

Dijo aquel insolente y desdeñoso:

«¿No conocen mis iras estas tierras,

Y de mis padres los ilustres hechos,25

Ó valieron sus pechos

Contra ellos con el Húngaro medroso,

Y de Dalmacia y Rodas en las guerras?

¿Quién las pudo librar? ¿Quién de sus manos

Pudo salvar los de Austria y los Germanos?30

¿Podrá su Dios, podrá por suerte ahora

Guardallas de mi diestra vencedora?

«Su Roma, temerosa y humillada,

Los cánticos en lágrimas convierte;

Ella y sus hijos tristes mi ira esperan

Cuando vencidos mueran;

Francia está con discordia quebrantada,

Y en España amenaza horrible muerte

Quien honra de la luna las banderas;5

Y aquellas en la guerra gentes fieras

Ocupadas están en su defensa,

Y aunque no, ¿quién hacerme puede ofensa?

Los poderosos pueblos me obedecen,

Y el cuello con su daño al yugo inclinan,10

Y me dan por salvarse ya la mano.

Y su valor es vano;

Que sus luces cayendo se oscurecen.

Sus fuertes á la muerte ya caminan,

Sus vírgenes están en cautiverio,15

Su gloria ha vuelto al cetro de mi imperio.

Del Nilo á Eufrates fértil y Istro frío,

Cuanto el sol alto mira todo es mío.»

Tú, Señor, que no sufres que tu gloria

Usurpe quien su fuerza osado estima,20

Prevaleciendo en vanidad y en ira,

Este soberbio mira,

Que tus aras afea en su vitoria.

No dejes que los tuyos así oprima,

Y en sus cuerpos, cruel, las fieras cebe,25

Y en su esparcida sangre el odio pruebe;

Que hechos ya su oprobrio, dice: «¿Dónde

El Dios de éstos está? ¿De quién se asconde?»

Por la debida gloria de tu nombre,

Por la justa venganza de tu gente,30

Por aquel de los míseros gemido,

Vuelve el brazo tendido

Contra éste, que aborrece ya ser hombre;

Y las honras que celas tú consiente,

Y tres y cuatro veces el castigo

Esfuerza con rigor á tu enemigo,

Y la injuria á tu nombre cometida

Sea el hierro contrario de su vida.

Levantó la cabeza el poderoso5

Que tanto odio te tiene; en nuestro estrago

Juntó el consejo, y contra nos pensaron

Los que en él se hallaron.

«Venid,» dijeron, «y en el mar ondoso

Hagamos de su sangre un grande lago;10

Deshagamos á éstos de la gente,

Y el nombre de su Cristo juntamente,

Y dividiendo de ellos los despojos,

Hártense en muerte suya nuestros ojos.»

Vinieron de Asia y portentosa Egito15

Los Árabes y leves Africanos,

Y los que Grecia junta mal con ellos

Con los erguidos cuellos,

Con gran poder y número infinito,

Y prometer osaron con sus manos20

Encender nuestros fines y dar muerte

A nuestra juventud con hierro fuerte,

Nuestros niños prender y las doncellas,

Y la gloria manchar y la luz dellas.

Ocuparon del piélago los senos,25

Puesta en silencio y en temor la tierra,

Y cesaron los nuestros valerosos,

Y callaron dudosos,

Hasta que al fiero ardor de Sarracenos

El Señor eligiendo nueva guerra,30

Se opuso el joven de Austria generoso

Con el claro Español y belicoso;

Que Dios no sufre ya en Babel cautiva

Que su Sión querida siempre viva.

Cual león á la presa apercibido,

Sin recelo los impíos esperaban

A los que tú, Señor, eras escudo;

Que el corazón desnudo

De pavor, y de fe y amor vestido,5

Con celestial aliento confiaban.

Sus manos á la guerra compusiste,

Y sus brazos fortísimos pusiste

Como el arco acerado, y con la espada

Vibraste en su favor la diestra armada.10

Turbáronse los grandes, los robustos

Rindiéronse temblando y desmayaron;

Y tú entregaste, Dios, como la rueda,

Como la arista queda

Al ímpetu del viento, á estos injustos,15

Que mil huyendo de uno se pasmaron.

Cual fuego abrasa selvas, cuya llama

En las espesas cumbres se derrama,

Tal en tu ira y tempestad seguiste,

Y su faz de ignominia convertiste.20

Quebrantaste al cruel dragón, cortando

Las alas de su cuerpo temerosas

Y sus brazos terribles no vencidos;

Que con hondos gemidos

Se retira á su cueva, do silbando25

Tiembla con sus culebras venenosas,

Lleno de miedo torpe sus entrañas,

De tu león temiendo las hazañas;

Que, saliendo de España, dió un rugido

Que lo dejó asombrado y aturdido.30

Hoy se vieron los ojos humillados

Del sublime varón y su grandeza,

Y tú solo, Señor, fuiste exaltado,

Que tu día es llegado,

Señor de los ejércitos armados,

Sobre la alta cerviz y su dureza,

Sobre derechos cedros y extendidos,

Sobre empinados montes y crecidos,

Sobre torres y muros, y las naves5

De Tiro, que á los tuyos fueron graves.

Babilonia y Egito amedrentada

Temerá el fuego y la asta violenta,

Y el humo subirá á la luz del cielo,

Y faltos de consuelo,10

Con rostro oscuro y soledad turbada

Tus enemigos llorarán su afrenta.

Mas tú, Grecia, concorde á la esperanza

Egicia y gloria de su confianza,

Triste que á ella pareces, no temiendo15

A Dios y á tu remedio no atendiendo,

¿Por qué, ingrata, tus hijas adornaste

En adulterio infame á una impía gente,

Que deseaba profanar tus frutos,

Y con ojos enjutos20

Sus odiosos pasos imitaste,

Su aborrecida vida y mal presente?

Dios vengará sus iras en tu muerte;

Que llega á tu cerviz con diestra fuerte

La aguda espada suya; ¿quién, cuitada,25

Reprimirá su mano desatada?

Mas tú, fuerza del mar, tú, excelsa Tiro,

Que en tus naves estabas gloriosa,

Y el término espantabas de la tierra,

Y si hacías guerra,30

De temor la cubrías con suspiro,

¿Cómo acabaste, fiera y orgullosa?

¿Quién pensó á tu cabeza daño tanto?

Dios, para convertir tu gloria en llanto

Y derribar tus ínclitos y fuertes,

Te hizo perecer con tantas muertes.

Llorad, naves del mar; que es destruida

Vuestra vana soberbia y pensamiento.

¿Quién ya tendrá de ti lástima alguna,5

Tú, que sigues la luna,

Asia adúltera, en vicios sumergida?

¿Quién mostrará un liviano sentimiento?

¿Quién rogará por ti? Que á Dios enciende

Tu ira y la arrogancia que te ofende,10

Y tus viejos delitos y mudanza

Han vuelto contra ti á pedir venganza.

Los que vieron tus brazos quebrantados,

Y de tus pinos ir el mar desnudo,

Que sus ondas turbaron y llanura,15

Viendo tu muerte oscura,

Dirán, de tus estragos espantados:

¿Quién contra la espantosa tanto pudo?

El Señor, que mostró su fuerte mano

Por la fe de su príncipe cristiano20

Y por el nombre santo de su gloria,

A su España concede esta vitoria.

Bendita, Señor, sea tu grandeza;

Que después de los daños padecidos,

Después de nuestras culpas y castigo,25

Rompiste al enemigo

De la antigua soberbia la dureza.

Adórente, Señor, tus escogidos,

Confiese cuanto cerca el ancho cielo

Tu nombre ¡oh nuestro Dios, nuestro consuelo!30

Y la cerviz rebelde, condenada,

Perezca en bravas llamas abrasada.


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