II

Como surgiendo de silente abismo,El mundo americanoAlborozado se escuchó á sí mismo:El Plata oyó su trueno;La Pampa, sus rumores;Y el verjel tucumano,Prestando oído á su agitado seno,Sobre el poeta derramó sus flores.Desde la hierba humildeHasta el ombú de copa gigantea;Desde el ave rastrera que no alcanzaDe los cielos la altura,Hasta el chajá que allí se balancea,Y á cada nube oscuraA grito herido sus alertas lanza;Todo tiene un acentoEn su estrofa divina,Pues no hay soplo, latido, movimiento,Que no traiga á sus versos el alientoDe la tierra argentina.

Como surgiendo de silente abismo,El mundo americanoAlborozado se escuchó á sí mismo:El Plata oyó su trueno;La Pampa, sus rumores;Y el verjel tucumano,Prestando oído á su agitado seno,Sobre el poeta derramó sus flores.Desde la hierba humildeHasta el ombú de copa gigantea;Desde el ave rastrera que no alcanzaDe los cielos la altura,Hasta el chajá que allí se balancea,Y á cada nube oscuraA grito herido sus alertas lanza;Todo tiene un acentoEn su estrofa divina,Pues no hay soplo, latido, movimiento,Que no traiga á sus versos el alientoDe la tierra argentina.

Como surgiendo de silente abismo,El mundo americanoAlborozado se escuchó á sí mismo:El Plata oyó su trueno;La Pampa, sus rumores;Y el verjel tucumano,Prestando oído á su agitado seno,Sobre el poeta derramó sus flores.Desde la hierba humildeHasta el ombú de copa gigantea;Desde el ave rastrera que no alcanzaDe los cielos la altura,Hasta el chajá que allí se balancea,Y á cada nube oscuraA grito herido sus alertas lanza;Todo tiene un acentoEn su estrofa divina,Pues no hay soplo, latido, movimiento,Que no traiga á sus versos el alientoDe la tierra argentina.

En todos los versos de Ud. hay inspiración propia, por donde, sin buscar la originalidad, Ud. la tiene. Se conoce que ha leído Ud. los poetas españoles, hasta los más recientes, como Campoamor, Núñez de Arce y Velarde. En trozos descriptivos, sobre todo en décimas, creo notar cierto confuso recuerdo del estilo de los dos últimos.En varias composiciones amorosas de Ud. hay también algo del modo de Bécquer. Siempre, no obstante, la imitación ó la coincidencia es tan vaga, que no está uno seguro de que no sea ilusión.

Por lo demás, nada tan opuesto como su espíritu de Ud., sano, optimista, lleno de esperanzas en el progreso y en la grandeza de la patria, y de todo el humano linaje, al espíritu de Bécquer, pesimista y hondamente herido. Hasta en las poesías más melancólicas de Ud. hay consuelo, hay bálsamo, hay luz celestial que lo alegra é ilumina todo. Así, por ejemplo, enEl hogar vacío, donde tan sentida y tiernamente llora Ud. la muerte de una joven, dulce compañera de su niñez acaso, termina Ud. con esta estrofa, cuya sencillez no deja comprender bien el efecto que produce al terminar la composición, si antes no se ha leído la composición toda:

Así mi lira llorará tu ausencia.Tu cándida existenciaCual blanca nube se elevó del sueloY en lo infinito desplegó sus galas.....Los que nacen con alas,¡Cuán pronto suben de la tierra al cielo!

Así mi lira llorará tu ausencia.Tu cándida existenciaCual blanca nube se elevó del sueloY en lo infinito desplegó sus galas.....Los que nacen con alas,¡Cuán pronto suben de la tierra al cielo!

Así mi lira llorará tu ausencia.Tu cándida existenciaCual blanca nube se elevó del sueloY en lo infinito desplegó sus galas.....Los que nacen con alas,¡Cuán pronto suben de la tierra al cielo!

Tal vez cuando, en mi sentir, recuerda Ud. más á Bécquer por la forma, es cuando por el fondo dista Ud. más de él; cuando hay en Ud., no ya la luz y la gloria delamor que pasa, sino el júbilo y el dulce contento del amor que vive y queda en el alma para siempre, haciéndola dichosa:

Porque el amor es dueñoDe todo Paraíso;Porque toda belleza de la tierraEs un fragmento del Edén perdido.

Porque el amor es dueñoDe todo Paraíso;Porque toda belleza de la tierraEs un fragmento del Edén perdido.

Porque el amor es dueñoDe todo Paraíso;Porque toda belleza de la tierraEs un fragmento del Edén perdido.

Por eso, sin duda, hay más alegría, más resplandores beatificantes que en la aparición momentánea del amor de Bécquer, en la aparición, en el bosque, que se mostraba mustio, de la mujer por Ud. amada:

Pero llegas....., y el agua,El bosque, el cielo mismo,Es como una explosión de mil colores,Y el aire rompe en sonorosos himnos.Así la primaveraDel trópico vecinoDesciende, y canta repartiendo floresY colgando en las vides los racimos.¡Cuán suenan gratamenteAcordes, en un ritmo,Del agua el melancólico murmulloY el leve susurrar de tu vestido!

Pero llegas....., y el agua,El bosque, el cielo mismo,Es como una explosión de mil colores,Y el aire rompe en sonorosos himnos.Así la primaveraDel trópico vecinoDesciende, y canta repartiendo floresY colgando en las vides los racimos.¡Cuán suenan gratamenteAcordes, en un ritmo,Del agua el melancólico murmulloY el leve susurrar de tu vestido!

Pero llegas....., y el agua,El bosque, el cielo mismo,Es como una explosión de mil colores,Y el aire rompe en sonorosos himnos.Así la primaveraDel trópico vecinoDesciende, y canta repartiendo floresY colgando en las vides los racimos.¡Cuán suenan gratamenteAcordes, en un ritmo,Del agua el melancólico murmulloY el leve susurrar de tu vestido!

Difícil es dar á conocer á un poeta citando así trozos arrancados de sus obras. Más que darle á conocer es esto despedazarle. Por eso no gusto yo de hacer muchas citas.

A más de excelente poeta lírico me parece Ud. buen poeta narrativo, según el testimonio brillante que de ello da en la leyenda de Santos Vega. Las décimas en que está escrita esta leyenda son no menos fluidas, bien hechas y ricas de rimas que las décimas empleadas por Núñez de Arce y por Velarde en descripciones y narraciones. Las de Ud. tienen además para mí algode peregrino y nuevo: me pintan, con el colorido y la precisión de la verdad, la pampa y la vida primitiva de sus habitantes; me traen como un aroma sutil de sus flores y un eco suave y adormido de sus músicas y de sus rumores misteriosos.

Santos Vega es elpayador de larga fama: el más celebrado poeta, cantor y tocador de guitarra que ha habitado en la pampa entre los gauchos. Su contienda con otro trovador exótico, medio hechicero, que aparece obrando prodigios, y el triunfo de este nuevo trovador sobre el antiguo, que muere de pesar del vencimiento, todo es sin duda simbólico: es el triunfo de la vida moderna, y de la industria, y de los ferrocarriles, y de las ciudades, sobre el modo agreste de vivir en lo antiguo, en aquel florido y verde desierto, en aquella extensa llanura que los Andes limitan; pero si bien Ud., como poeta, lamenta la pérdida de un poco de poesía, harto deja conocer que sobre esa poesía perdida, si es que se pierde, ha de florecer otra, y ya florece en la mente y en el libro de Ud., que vale muchísimo más que la delpayadorSantos Vega.

Justo es, no obstante, que Ud. dé á Santos Vega las alabanzas que merece, por más que, al dárselas, se las dé escribiendo tan preciosa leyenda, y dándole envidia de la que el pobre Santos Vega sería capaz de morirse, si ya en la lucha con el trovador y mago intruso no hubiera muerto.

Como por el retrato veo que es Ud. joven, espero que seguirá escribiendo poesías líricas y leyendas no menos bonitas que las que aquí con tanta justicia he celebrado.

** *

16 de Abril de 1888.

Á D. Enrique García Mérou

Muy señor mío y distinguido amigo: Cuando en el verano pasado de 1887 tuve el gusto de conocer y de tratar en Spa á Ud. y al general don Julio Roca, hablamos mucho de la patria de usted, de su próspera situación y del brillante porvenir que todo el mundo le augura.

Bien puede afirmarse que el general D. Julio Roca ha sido quien más ha contribuído á disipar las nubes que oscurecían y velaban el horizonte, y quien así nos ha dejado ver el cielo de ese porvenir despejado y claro.

Dicho general, venciendo definitivamente á los indios, errantes por la inmensa soledad de la Pampa, aumentó el territorio de la república con muchos millones de hectáreas, preparó todos aquellos campos para el advenimiento de la civilización y de la colonización europea, y, libertándolos de las invasiones y rapiñas de los salvajes, les dió un valor que sólo puede significarse por centenares de millones de pesetas.

Todo esto se hizo humana y hábilmente, sin disparar un tiro, sin derramar una gota de sangre. Los indios fueron perseguidos, cazados y confinados en sitios donde tendrán que reducirse á la vida civil, ó morir y extinguirse como raza. Quichuas, guaranies, tehuelches, pehuenches y araucanos, todo va á desaparecer y á ceder por completo la tierra, desde el límite occidental de la dilatada provincia de Buenos Aires y los límites meridionales de las de Córdoba, San Luis y Mendoza, á fin de que por allí se explaye y se difunda la civilización americano-española, hasta el estrecho de Magallanes.

¿Debemos recelar que amenace ahora cierto peligro á esta civilización, y á la raza que la representa, y al lenguaje que la expresa? Yo creo que no, á pesar de lo que sostienen y pronostican autores de nota, entre los cuales sobresale el francés Emilio Daireaux, cuya obra,Vida y costumbres en la Plata, Ud. mismo me ha dado á leer.

Suponiendo que en el día cuenta la República Argentina con una población de cerca de cuatro millones de hombres, sólo podremos considerar la cuarta parte, un millón, como inmigrados extranjeros, y aun en este número habrá que contar más de 160.000 españoles. Los italianos son los más numerosos entre estos inmigrados. Los franceses vienen después, casi en el mismo número que los españoles. Y hay, por último, ingleses, alemanes y de otros países de Europa.

A la verdad que no es corta esta inmigración.Para el pronto crecimiento y grandeza de la República se ha de presumir que irá la inmigración en aumento constante, pues hay tanto terreno desierto que poblar y que cultivar; pero ni aun así creo yo que deba pronosticarse que ha de fallecer la virtud absorbente de la raza española criolla, que forma ya una nación perfecta y entera, y que del aluvión y conjunto de gentes que acuden y acudirán de todas partes, habrá de surgir una nacionalidad nueva y distinta, con otro idioma, con otra manera de ser y con otros rasgos y caracteres que los que tienen hoy los argentinos y llevaron allí los primeros colonos que fueron de España.

Para dar por seguro ó por probable lo contrario es menester suponer, como sin duda supone Daireaux, que en la Plata no hay verdaderamente nación todavía, sino gérmenes de nación, cuya elaboración definitiva dice él que ha empezado, si bien se ignora qué elemento prevalecerá, y qué lenguaje y qué modo de ser tendrán ustedes. Por lo pronto, afirma el Sr. Daireaux que la raza, que era española en un principio, aunque con mucha mezcla de judíos y de moros (lo cual pongo yo en duda, y si lo concediese, no concedería que esos moros y esos judíos no fuesen ya al ir á la Plata enteramente españoles), ha dejado de ser española y se ha hecho latina, y afirma también que la lengua va sufriendo allí rápidas modificaciones. Dentro de poco no podremos entendernos. Hablarán Uds. en latín, ya que son ustedes latinos, ó en francés, que es la lengua más de moda entre las neolatinas, ó tal vez en una lengua franca y flamante, que saldrá de la mezcla de los diversos idiomas que hablen los que vayan allí de inmigrados.

De nada de esto veo yo, por dicha, ni señales. Y digo por dicha, ya que, si para nosotros, habitantes de esta Península ibérica, sería terrible mortificación de amor propio que desapareciese hasta la huella de que esa república es hija de España, para Uds. la mortificación sería mayor al quedar tan absorbidos y tan desaparecidos como tendrán que quedar los pehuenches ú otras tribus así.

La actividad, la energía y la riqueza que muestran hoy los argentinos, hasta en empresas que parecen aventuradas y de inseguro buen éxito, nos quitan todo recelo de esa á modo de desnaturalización con que el autor francés amenaza á Uds. Sola la provincia de Buenos Aires, privada de su capital, que se ha hecho neutra para ser capital de toda la república, se ha creado en cinco años una nueva y magnífica capital, La Plata, llena de soberbios edificios, monumentos y palacios, y poblada ya de 50.000 ciudadanos.

Pero ni esta bizarría y alarde de poder material, ni el comercio floreciente, ni los adelantos en las varias industrias, prueban tanto el arraigo en aquella tierra del ser argentino, español de origen, que conservan y conservarán Uds., como el movimiento intelectual, cada día más castizo, rico y fecundo, en todas las provincias de la república, y en Buenos Aires sobre todo. El mismo Sr. Daireaux da testimonio del valer é importancia de este movimiento, encomiando las obras del general Mitre y del doctor V. F. López, que trazan la historia de la independencia sudamericana; las de otros autores, como los doctores Vicente Quesada, Navarro Viola y Trelles, que publican documentos sobre los orígenes y la vida social; las de los estadistas y economistas Agote, Latzina, Coni y Navarro; las de los antropólogos, etnógrafos y exploradores Moreno, Ceballos, Lista y Fontana, y las de los jurisconsultos Alcorta, Montes de Oca, Tejedor, Obarrio, Segovia, y Carlos Calvo singularmente, «cuyo tratado de Derecho internacional público y privado resume los progresos de esta ciencia oscura, en la época moderna, figura entre las obras maestras de esta clase, y es consultado por todas las cancillerías y por todos los diplomáticos».

Teatro, á lo que parece, no tienen Uds. aún.

De novelas, yo sólo conozco laAmalia, de Mármol; pero el Sr. Daireaux citaPablo ó el hijo de las Pampas, de doña Eduarda García, y varias otras novelas de D. Eduardo Gutiérrez, comoJuan MoreirayEl tigre de Quequen, cuyos lances tremendos, crímenes y horrores, compara á los de Eugenio Sue.

Donde, á la verdad, así en la República Argentina como en los demás Estados de la América del Sur, se muestra más el genio castizo ó español de origen, es en la poesía lírica y narrativa. Varias causas contribuyen á esto. Las generales son las que en el siglo presente, aunque se llamapositivo, hacen que florezca la poesía en todas las regiones de la tierra, como no ha florecido nunca. Y en cuanto á lo castizo y propio, las causas son especiales. Ya sea porque nuestro lenguaje poético está más trabajado y formado, ya sea porque nuestra prosodia es tan distinta de la francesa, ello es que, aun queriendo, el poeta español más entusiasta de los franceses no acertará á imitarlos en la forma si escribe en castellano. Los galicismos de toda clase son más frecuentes en prosa que en verso. Y en cuanto á los galicismos de fondo ó de pensamiento, también en verso tienen que ser más raros; porque aun cuando el poeta siga ó adopte sistemas ó doctrinas que estén de moda en París, como en la poesía entra por mucho el sentimiento nacional y el individual, éstos se combinan con lo que tal vez se aceptó por moda y le presta fisonomía y valer castizos.

En cierto sentido no hay sabiospopulares; pero hay y hubo siempre poetas populares que llevan la voz del pueblo y hacen oir con grata resonancia y ritmo adecuado las palpitaciones del grande corazón colectivo. De aquí que la ciencia sea cosmopolita y la poesía no.

En la República Argentina ha existido y existe esta poesía del pueblo ó del vulgo al lado de la poesía sabia. Desde muy antiguo, desde que hubo gauchos en la Pampa, los cuales no me puedo persuadir—á pesar de cuanto dice Daireaux—de que sean más árabes ó más moros que cualquier habitante de mi lugar ó de otro cualquier lugar de Andalucía ó de Extremadura, hubo entre dichos gauchos cantadores y tocadores de guitarra, músicos y poetas á la vez, quehan lucido y nos han dejado en sus coplas y canciones tesoros de inspiración original y fieles pinturas de la vida nómada que en aquellos campos se hacía. Los poetas de esta clase eran llamados ó se llamanpayadores, y se citan como los más ilustres entre ellos á Estanislao del Campo, á José Hernández y á Ascasubi. Ignoro si el famoso payador simbólico Santos Vega, de quien escribió Rafael Obligado leyenda tan preciosa, es personaje histórico ó mítico; pero esto importa poco á mi propósito. Basta con que haya habido otrospayadores.

Coincidiendo con su poesía popular y agreste, produjo la tierra argentina, como el resto de la América española, aun antes de la independencia, otra poesía erudita y clásica, la cual siguió siempre la manera de ser de la poesía de la metrópoli; y yo creo que esta poesía, sobre todo la lírica, apenas se dejó influir por el gusto francés en tiempo delclasicismo, ni en España, ni en sus colonias, ni en los Estados independientes que de ellas nacieron. Hasta los poetas más ajustados, en la teórica, á los preceptos de Boileau, que al cabo no eran exclusivos de Francia, son muy españoles cuando escriben versos. Meléndez, Jovellanos, Lista, Gallego, Quintana, todo el estol de líricos españoles del siglo pasado y de principios del presente, no se parecen más á los poetas franceses que fray Luis de León, Garcilaso, Herrera y Rioja, de quienes son dignos sucesores. Lo mismo se puede afirmar de los líricos hispano-americanos de aquella escuela y período: de Olmedo y de Bello, por ejemplo.

Menor fué la independencia y mayor fué el remedo de lo francés cuando vino el romanticismo. En la vieja España fué más fácil que algunos poetas se libertasen de este remedo, refugiándose en lo pasado; en la edad media, en nuestros romances, en nuestras tradiciones y en nuestro teatro del sigloXVII; pero en América hubo menos reparo y defensa, y la imitación de lo francés tuvo que ser mayor entre los románticos.

José Mármol es excepción de la regla. La vehemente energía de su odio contra el tirano Rosas presta robusta entonación á sus versos, é imprime en los mejores un sello característico y original, que les da grandísimo valor á pesar de las incorrecciones y desaliños.

En cuanto á Echevarría, ¿cómo negar que malogró en parte sus no comunes prendas? No lo digo yo: lo dice su compatriota de Ud. D. Calixto Oyuela: «precisamente por haberse apartado de lo español y castizo más de lo que nuestra propia naturaleza consiente, no pudo ser bastante americano.» Y Oyuela añade luego: «Si Echevarría quiso renegar de esta índole y de estas afinidades naturales, debió ser lógico, y renegar también del idioma, que es su consecuencia necesaria, proponiendo que hablásemos en francés ó en quichua.»—«Y no se alegue la quimera de formar nuevo dialecto, desprendido del castellano: la historia nos enseña que de los idiomas formados y fijados sólo pueden salir jergas informes.»

A pesar del pesimismo que muestra el señorOyuela en este punto, bien podemos afirmar, y más aún poniéndole á él y á su amigo Rafael Obligado por claros y vivos testimonios, que en la Plata no se hablará jerga nueva, ni francés, ni quichua, sino castellano puro y limpio.

Ni siquiera valdrá para torcerle, italianizándole, la gran colonia italiana; porque si el influjo de la rica y noble literatura clásica de Italia se deja sentir en la literatura argentina, será de modo benéfico, como se dejó siempre sentir en la triple literatura española, en Portugal, en Cataluña y en Castilla, tanto en los siglosXVyXVI, cuanto en elXVIIIy en elXIX.

Dispense Ud. que me valga de tan largos preámbulos y rodeos para llegar al verdadero asunto.

Me pidió Ud., y yo prometí, un juicio franco sobre el poeta argentino Olegario Andrade.

Sus obras, reunidas en un tomo elegantísimo, fueron impresas en el año pasado (1887) en Buenos Aires, á expensas del Tesoro nacional, que consignó por ley 16.000 pesos para la adquisición de los originales y 6.000 para su impresión. Tan espléndido favor á este poeta y á sus obras hace patente la altísima estimación de que gozan en su país de Ud. Yo he prometido decir sin disimulo mi parecer sobre estas obras, que bien se ve, por lo que queda expuesto, que son el reflejo más popular y el eco más vivo del sentir y del pensar argentino en este momento y del gusto literario que allí prevalece.

Como prenda y señal de lo prometido, el general D. Julio Roca me dió el mismo ejemplar queél tenía por no haber otro á mano. No puedo, pues, excusarme.

Mi empeño es ineludible y muy arduo y comprometido. Confieso que lo que más temo es que no parezca mi crítica bastante encomiástica. Por la incorrección, por el descuido á veces de la forma, tendré que censurar no poco en las poesías de Olegario Andrade; pero me consuela y anima que mis alabanzas han de ser grandes, sinceras y fervorosas, y muy superiores á las que tributé ya á D. Rafael Obligado, poeta sin duda más elegante y correcto, pero que jamás se remontó hasta ahora tan alto en sus canciones como Andrade se remonta, ni tomó para ellas, como toma Andrade, asuntos que mueven ó deben mover el ánimo de toda la nación para quien canta. Andrade, á veces, movido por el asunto mismo que trata y por su elevada inspiración, es más que un poeta nacional, es uno de aquellos pocos poetas que aciertan á dirigir la voz dignamente á todo el linaje de los hombres, excitando en ellos el amor de las teorías, la fe en los propósitos que le son más caros, y la sublime esperanza de que pronto habrán de realizarse. De esta suerte, el poeta tiene, hasta donde es posible en lo humano y en una edad tan descreída como la nuestra, algo del profeta antiguo: es el vate.

Ya se ve que debe ser difícil y delicado juzgar bien á Andrade; pero sin creer en todas sus teorías y sin esperar el cumplimiento de todos sus vaticinios, bien podemos celebrar el entusiasmo con que los expresa y decir desde luego que por este entusiasmo le colocamos en el número deaquellos poetas universales y sublimementedidácticos, entre los que descuellan Schiller, Manzoni, Quintana y Víctor Hugo.

Con lo dicho se explica la razón de tan extenso preámbulo. Para entrar de lleno en materia tendré que escribir otras cartas.

Ignoro si ésta alcanzará á Ud. en París, en Roma ó en Oriente; pero donde quiera llegaEl Imparcial, á quien la confío. Con ella van mis saludos afectuosos para el general D. Julio Roca, y para Ud. la seguridad de que empiezo á cumplir mi promesa.

** *

23 de Abril de 1888.

Mi distinguido amigo: Cuando murió, poco há, Olegario Andrade, su muerte dió ocasión para que se manifestase del modo más solemne el entusiasmo que inspiraba á sus compatriotas. El gobierno nacional mandando publicar á su costa, y con gran lujo, las obras del poeta; el general Roca pronunciando la más sentida oración fúnebre; Benjamín Basualdo escribiendo un prólogo altamente encomiástico, y la prensa periódica aplaudiéndolo todo, vinieron á corroborar lo que ya era opinión del público argentino, y había sido afirmado por los críticos de más autoridad,como los doctores Wilde y D. Nicolás Avellaneda y el poeta Carlos Guido Spano: que Andrade era un genio y que sus cantos tendrían vida imperecedera y gloriosa.

Yo quiero y debo, no obstante, prescindir de todo esto al dar mi parecer; darle como si nada de esto supiera, y no ceder al influjo de los que tal vez por patriotismo y por la contagiosa sobreexcitación de un momento ponen desmedida hipérbole en su alabanza.

Las poesías de Andrade son harto difíciles de juzgar con acierto y suscitan multitud de dudas y cuestiones, supongo que en la mente de todos, y de seguro en la mía, sobrado escéptica quizás, pues no sólo halla muy sujeta á errores la aplicación de las reglas que sirven para juzgar y apreciar las obras de un singular poeta, sino que, aun en las reglas mismas, nota cierta confusión, contradicción é incertidumbre.

Lo llano, lo cómodo para mí sería no mostrar mis vacilaciones, seguir la corriente y aplaudir sin reparo, como los otros; pero mi sinceridad se sobrepone á toda consideración. El diablillo crítico que me atormenta, y por el que estoy no sé si obseso ó poseído, no consiente que diga yo cuando escribo aquello que quiero decir, sino aquello que él quiere que yo diga; y lo más que logro á veces, y esto es peor, es decir lo que él quiere y lo que yo quiero; de donde resulta, en algo como diálogo, más que discurso, una verdadera sarta ó ristra deantinomias, según las llaman ahora.

Yo he calificado á Andrade de poeta sublimemente didáctico, poniéndole en el grupo en que pongo á Manzoni, á Quintana y á Víctor Hugo.

Pero, apenas dicto mi primera sentencia, cuando interviene mi diablillo é interpone su apelación. ¿Qué enseña, dice, la poesía en nuestro siglo? ¿Qué sistemas filosóficos, qué doctrinas políticas y sociales, qué dogmas religiosos, qué problemas y qué teoremas de la ciencia de naturaleza podrá nadie resolver ó enseñar en verso, que no estén mejor enseñados ó resueltos, explicados y demostrados, en el más compendioso manual, catecismo ó cartilla para los niños de la escuela? Y como aun reconociendo en el poeta, en Dante, Goethe ó Leopardi, por ejemplo, todas las prendas de un sabio de primera magnitud, y creyendo que su cerebro fué ó es el archivo de todos los conocimientos divinos y humanos que en su época podían penetrar y conservarse con orden en el cerebro de una persona mortal, todavía dudo de la virtud docente de su poesía, mil veces más tengo que dudar de que ocurra y obre esta virtud en quien, lejos de haber estudiado y aprendido mucho, deja el colegio prematuramente con algunas ligeras nociones de historia y noticias muy elementales de literatura, y se lanza á la vida del periodismo, tan agitada y laboriosa.

Mirando este asunto bajo su aspecto prosaico, acude al pensamiento, al ver cómo nos dedicamos muchos al magisterio de la prensa antes de saber algo que enseñar, aquello del «Maestro Ciruela, que no sabía leer y ponía escuela», ó el chistoso epígrafe de un capítulo de la novela del Padre Isla que ha quedado como refrán: «DejaFray Gerundio los estudios y se mete á predicador.»

Claro está que en este sentido, cuando ni los poetas que fueron también grandes sabios pueden ser poetas didácticos en el sigloXIX, menos lo es Olegario Andrade, cuyos estudios habían sido cortos y someros; pero hay otro sentido, según el cual, como por ciencia infusa, puede un poeta ser sublimemente didáctico en nuestros días.

Las elevadas aspiraciones, el ideal cuya realización se columbra en el porvenir, los planes, doctrinas y esperanzas que están en la mente colectiva de un pueblo ó de la humanidad toda, por estilo vago, informe y confuso, resplandecen con mayor luz en el alma del poeta, y merced á la energía plástica que el poeta tiene, se revisten de forma determinada, precisa y hermosa, en versos que muestran con claridad aquello mismo que agitaba el centro oscuro del alma y que el vulgo apenas comprendía. Para ser así poeta didáctico se requieren dos grandes y raras condiciones, sin las cuales no se alcanza la perfección de la forma en que estriba el misterio. Se requieren el entusiasmo y el buen gusto.

El entusiasmo, esto es, el sentimiento fervoroso y la imaginación potente que le pone de manifiesto, habilitaban é ilustraban, sin duda, el espíritu de Olegario Andrade: poseía esta primera condición para ser gran poeta docente. Sobre la otra condición, sobre la del buen gusto, hay reparos que poner.

En mi sentir, es necesario dar á la forma extraordinaria belleza para que este género de poesía transcendental y encumbrada penetre bien en las inteligencias y en los corazones, y venga á ser como la fórmula duradera de una tendencia general, de una aspiración nacional ó humana.

No bastan las imágenes de que reviste y adorna el poeta su pensamiento, ni el fuego de la pasión con que le presta calor y vida; son indispensables, además, el esmero, la reflexión y el arte más exquisito.

Acontece en ocasiones que un poeta, sin pensamientos muy por cima de lo vulgar, pero con sentimiento delicado, cuando posee y emplea ese arte exquisito, comunica al lector dicho sentimiento y le conmueve más que el poeta desaliñado, aunque tenga ideas más hondas y nuevas. Así entre nosotros, Moratín, hijo, es el más artista, el más primoroso cincelador de versos. Gracias á aquel magistral arte suyo, lo más insignificante á veces, por el fondo, nos penetra, interesa ó enternece. El pensamiento expresado con nitidez y mesura no toca en lo ridículo por el empeño de llegar á lo sublime; y el sentir, expresado con mesura también, aparece sincero, y se apodera de nosotros, mientras que un sentir, más sincero quizá, si está expresado con exageración, nos parece falso, y nos hace reir cuando pretende hacer que lloremos.

No es esto decir que lo primoroso y atildado de la forma salve nunca lo que carece de fondo, lo que está vacío de pensamiento, y frío de sentimiento, ó recalentado con sentimiento falso y postizo. Sean ejemplo de esto los versos políticos de Monti: son un prodigio dehechura, pero á míme dejan helado: apenas tengo paciencia para leerlos.

No hay arte con que disimule el poeta la falta de convicción. Lo que sí puede ser es que por ampulosidad sobrada se estropee un sentimiento leal y sincero, y aparezca falso y mentido. Esto se advierte á veces en Víctor Hugo. No ha de extrañarse, pues, que también se advierta en Olegario Andrade, que tomó á Víctor Hugo por ídolo y modelo.

Víctor Hugo tenía mucho arte: ponía en la forma el mayor esmero y estudio, como casi todos los poetas franceses; pero nuestros poetas románticos, que no pueden imitar en la forma la poesía francesa, por ser tan distinta, y que acaso se dejan engañar por lo que dice el poeta extranjero de que la inspiración le arrebata y de que no reflexiona, ni lima, ni pule, escriben sin arte y allá corren desbocados, dando rienda suelta á su portentosa facilidad.

Presupuestos, con todo, el sentir y el pensar con hondura, y la sinceridad, y el brío en el estilo, que todo esto tiene Andrade, no se puede negar que fué egregio poeta, por más que á veces le falten el arte, la mesura, la nitidez y la elegancia.

Contra los principios y doctrinas que sostiene y divulga, nada tiene que decir el crítico que ama la poesía por la poesía. Lo que importa es la nobleza del intento, la grandeza del fin, el valor de aquellas ideas y aspiraciones generales en que estamos todos de acuerdo. Después, tan gran poeta parece Schiller kantiano, como Manzonicatólico-liberal, como Whittier cuákero liberalísimo, como Quintana enciclopedista-progresista.

La historia, la filosofía, las religiones, todo puede ser asunto de versos con tal de que el asunto se trate bien; pero yo no me cansaré de repetir que en estos asuntos han de exigirse más que en nada la perfección de la forma, lo limpio y hermoso de la dicción, la riqueza de las imágenes y el buen gusto y el peregrino empleo de frases y giros. El poeta que no labre con todo esto sus versos filosóficos y políticos, se expone á que parezcanartículos de fondocon rimas ó índices y extractos del Bouillet ó de cualquier librejo de texto, puestos en coplas.

Con cuanto queda dicho se señalan y previenen los tropiezos á que se expone el que se lanza á poetahierofante, digámoslo así. Que Andrade quería ser poeta de este género, y en lo posible lo era, se ve claro en su composición á Víctor Hugo. Allí, al ensalzar al maestro, explica Andrade el concepto que tuvo de la poesía y de la misión del poeta en este mundo.

Diremos, entre paréntesis, que Víctor Hugo, que recibió la composición, no la leyó, ó si la leyó, no entendió ni chispa, y contestó dando las gracias, con tres frases huecas y frías, en vil prosa.

La composición á Víctor Hugo fué, pues, mal pagada, y, á mi juicio, fué también despilfarrada. En este juicio no hay discrepancia entre mi diablillo crítico y yo: estamos de acuerdo; pero el mal pago, y cuando no el peor empleo, el derroche, no implican que sea mala la composición. La composición, á pesar de las enormes alabanzas al poeta francés, y á pesar de otros defectos, contiene, en mi sentir, bellezas de primer orden.

Los que versificaban en castellano en el sigloXVIno se curaban de evitar las asonancias.

En el día, nuestros oídos son más delicados y no las pueden sufrir; pero Andrade se quedó con los antiguos y no cayó en esto. Sus versos están plagados de asonancias que los desentonan y afean. Lo advierto, porque, si bien procuraré citar versos en que no haya asonancias inoportunas, será difícil.

Para Andrade, analizando ya la composición á Víctor Hugo, el poeta es un hierofante, es quien trae luz á la humanidad cuando se extravía en las tinieblas y quien le enseña el camino que debe seguir:

Así la humanidad despierta inquieta,En la noche moral abrumadora,Cuando surge el poeta,Ave también de vuelo soberano,Que en las horas sombriasCanta al oído del linaje humanoIgnotas harmonías,Misteriosos acordes celestiales,Enseñando á los pueblos rezagadosEl rumbo de las grandes travesías,La senda de las cumbres inmortales.

Así la humanidad despierta inquieta,En la noche moral abrumadora,Cuando surge el poeta,Ave también de vuelo soberano,Que en las horas sombriasCanta al oído del linaje humanoIgnotas harmonías,Misteriosos acordes celestiales,Enseñando á los pueblos rezagadosEl rumbo de las grandes travesías,La senda de las cumbres inmortales.

Así la humanidad despierta inquieta,En la noche moral abrumadora,Cuando surge el poeta,Ave también de vuelo soberano,Que en las horas sombriasCanta al oído del linaje humanoIgnotas harmonías,Misteriosos acordes celestiales,Enseñando á los pueblos rezagadosEl rumbo de las grandes travesías,La senda de las cumbres inmortales.

Hecha ya esta definición, la ilustra con varios ejemplos históricos: pone como prototipos de estos poetas que enseñan á la humanidad y que la sacan ó tratan de sacarla del atolladero y de lastinieblas en que se ha hundido, á Isaías, á Esquilo, á Juvenal y á Dante; y, por último, síntesis maravillosa de todos éstos, y superándolos á todos, suscita Dios á Víctor Hugo, cuya misión es más alta que la de Isaías, que la de Juvenal y que la de Dante, porque viene á renovar el linaje humano, nada menos.

Diré aquí con toda franqueza que si yo fuese Víctor Hugo, y alguien me hubiera echado tanto incienso, y no tontamente, sino con gracia, y moviendo bien el turíbulo, hubiera yo escrito una carta menos seca, pagando al poeta sus alabanzas con otras iguales y no menos justas. La carta de Víctor Hugo me da rabia, como si yo fuese Andrade. La única disculpa que tiene la carta es que Víctor Hugo no sabía castellano y no entendió los versos de su admirador.

La verdad es que, ó debe uno callarse y dejar que le adoren como á un Dios, ó contestar con algo mejor que tres frases hechas á requiebros como los que siguen:

Todo lo tienes tú, la voz de truenoDel gran profeta hebreo,Fulminador de crímenes y tronos!El grito fragoroso del que un díaEncarnó, para ejemplo de los siglos,La idea del derecho en Prometeo;La cuerda de agrios tonosDe Juvenal, aquel Daniel latino,Tremendo justiciero de su siglo,Y el rumor de caverna de los cantosDel viejo Ghibelino.Todo lo tienes tú; por eso el cieloTe dió tan vasto sin igual proscenio.No hay notas que no vibren en tu lira,Ni espacios que no se abran á tu genio.Cantas al porvenir, y los que sufren,Esclavos de la fuerza ó la mentira,Sienten abrirse á sus llorosos ojosDe la esperanza las azules puertas.Apostrofas al tiempo, y se levantan,Mágico evocador de edades muertas,Como viviente, inmenso torbellino,Razas extintas, pueblos fenecidos,Fantasmas y vestiglos,Para contarte en misterioso idiomaLa colosalLeyenda de los siglos!Todo lo tienes tú; todo lo fuiste:Profeta, precursor, mártir, proscrito.Gigante en el dolor te levantasteCuando en la noche lóbrega sentisteTemblar los mares, vacilar la tierra,Con pavorosa conmoción extraña,Cual si un titán demente forcejeasePor arrancar de cuajo una montaña.Era Francia, montaña en cuya cumbreAnida el genio humano;La Francia de tu amor, que tambaleabaHerida por el hacha del germano;Y arrojando la lira en que cantabasLaCanción de los bosques y las calles,Fuiste á tocar llamada,De París sobre el muro ennegrecido,En el ronco clarín de Roncesvalles.

Todo lo tienes tú, la voz de truenoDel gran profeta hebreo,Fulminador de crímenes y tronos!El grito fragoroso del que un díaEncarnó, para ejemplo de los siglos,La idea del derecho en Prometeo;La cuerda de agrios tonosDe Juvenal, aquel Daniel latino,Tremendo justiciero de su siglo,Y el rumor de caverna de los cantosDel viejo Ghibelino.Todo lo tienes tú; por eso el cieloTe dió tan vasto sin igual proscenio.No hay notas que no vibren en tu lira,Ni espacios que no se abran á tu genio.Cantas al porvenir, y los que sufren,Esclavos de la fuerza ó la mentira,Sienten abrirse á sus llorosos ojosDe la esperanza las azules puertas.Apostrofas al tiempo, y se levantan,Mágico evocador de edades muertas,Como viviente, inmenso torbellino,Razas extintas, pueblos fenecidos,Fantasmas y vestiglos,Para contarte en misterioso idiomaLa colosalLeyenda de los siglos!Todo lo tienes tú; todo lo fuiste:Profeta, precursor, mártir, proscrito.Gigante en el dolor te levantasteCuando en la noche lóbrega sentisteTemblar los mares, vacilar la tierra,Con pavorosa conmoción extraña,Cual si un titán demente forcejeasePor arrancar de cuajo una montaña.Era Francia, montaña en cuya cumbreAnida el genio humano;La Francia de tu amor, que tambaleabaHerida por el hacha del germano;Y arrojando la lira en que cantabasLaCanción de los bosques y las calles,Fuiste á tocar llamada,De París sobre el muro ennegrecido,En el ronco clarín de Roncesvalles.

Todo lo tienes tú, la voz de truenoDel gran profeta hebreo,Fulminador de crímenes y tronos!El grito fragoroso del que un díaEncarnó, para ejemplo de los siglos,La idea del derecho en Prometeo;La cuerda de agrios tonosDe Juvenal, aquel Daniel latino,Tremendo justiciero de su siglo,Y el rumor de caverna de los cantosDel viejo Ghibelino.Todo lo tienes tú; por eso el cieloTe dió tan vasto sin igual proscenio.No hay notas que no vibren en tu lira,Ni espacios que no se abran á tu genio.Cantas al porvenir, y los que sufren,Esclavos de la fuerza ó la mentira,Sienten abrirse á sus llorosos ojosDe la esperanza las azules puertas.Apostrofas al tiempo, y se levantan,Mágico evocador de edades muertas,Como viviente, inmenso torbellino,Razas extintas, pueblos fenecidos,Fantasmas y vestiglos,Para contarte en misterioso idiomaLa colosalLeyenda de los siglos!Todo lo tienes tú; todo lo fuiste:Profeta, precursor, mártir, proscrito.Gigante en el dolor te levantasteCuando en la noche lóbrega sentisteTemblar los mares, vacilar la tierra,Con pavorosa conmoción extraña,Cual si un titán demente forcejeasePor arrancar de cuajo una montaña.Era Francia, montaña en cuya cumbreAnida el genio humano;La Francia de tu amor, que tambaleabaHerida por el hacha del germano;Y arrojando la lira en que cantabasLaCanción de los bosques y las calles,Fuiste á tocar llamada,De París sobre el muro ennegrecido,En el ronco clarín de Roncesvalles.

Larga es la cita que acabo de hacer; pero ella muestra la excesiva, candorosa y casi desdeñada adoración á Víctor Hugo; el concepto que formaba Andrade de lo que era ó debía ser un poeta grande; y aun algunos de sus sentimientos y creencias sobre el progreso y la libertad, y sobre el alto destino de Francia,cumbre donde anida el genio humano.

Las faltas de Andrade se ven también en losversos que acabo de citar. Por ellos se puede afirmar que se le empieza á conocer; mas para conocerle á fondo, es fuerza hablar de suPrometeo, de suAtlántiday de otras composiciones que piden más cartas. Por hoy añadiré sólo que al terminar los versos á Víctor Hugo, muestra Andrade otro de sus entusiasmos y sus creencias más poéticas: que el glorioso porvenir del humano linaje está en el mundo que descubrió Colón.

Desde aquí, teatro nuevoQue Dios destina al drama del futuro,Razas libres te admiran y se mezclanAl coro de tu gloria,Orfeo que bajasteEn busca de tu amante arrebatada,La santa democracia,A las más hondas simas de la historia!Desde aquí te contemplanEntre dos siglos batallando airadoY arrancando á la liraLa vibración del porvenir rasgadoO el triste acento de la edad que espira!Y al través de los mares,Astro que bajas al ocaso, envueltoEn torrentes de llama brilladora,Entonando tus cantos seculares,Te saludan los hijos de la aurora.

Desde aquí, teatro nuevoQue Dios destina al drama del futuro,Razas libres te admiran y se mezclanAl coro de tu gloria,Orfeo que bajasteEn busca de tu amante arrebatada,La santa democracia,A las más hondas simas de la historia!Desde aquí te contemplanEntre dos siglos batallando airadoY arrancando á la liraLa vibración del porvenir rasgadoO el triste acento de la edad que espira!Y al través de los mares,Astro que bajas al ocaso, envueltoEn torrentes de llama brilladora,Entonando tus cantos seculares,Te saludan los hijos de la aurora.

Desde aquí, teatro nuevoQue Dios destina al drama del futuro,Razas libres te admiran y se mezclanAl coro de tu gloria,Orfeo que bajasteEn busca de tu amante arrebatada,La santa democracia,A las más hondas simas de la historia!Desde aquí te contemplanEntre dos siglos batallando airadoY arrancando á la liraLa vibración del porvenir rasgadoO el triste acento de la edad que espira!Y al través de los mares,Astro que bajas al ocaso, envueltoEn torrentes de llama brilladora,Entonando tus cantos seculares,Te saludan los hijos de la aurora.

Este final es magnífico.

No es más grandioso y arrogante nada de Víctor Hugo; pero, como el poeta argentino, envolviendo á su ídolo en nubes de incienso y en nimbos y aureolas de luz, le llama viejo y astro que baja al ocaso, ¿quién sabe si Víctor Hugo lo entendería y se enojaría un poco?

Basta ya, por ahora. Otro día veremos cómoentrevé y predice Andrade el porvenir de su América, y cómo teje guirnaldas ó coronas poéticas con las flores que toma en la filosofía de la historia; jardín público donde cada cultivador planta y recoge las flores que le convienen ó le gustan; ciencia que cada cual construye, entiende y explica según le place.

** *

7 de Mayo de 1888.

Mi distinguido amigo: La última producción de Andrade, tituladaAtlántida, es el canto de cisne, donde su sentir patriótico y de raza está expresado con mayor elegancia y brío. Premiado el canto en público certamen, y siendo además la obra más encomiada del poeta, bien puede afirmarse que las ideas y los sentimientos que contiene son de los más populares en las orillas de La Plata.

No pretendo yo negar que el canto es hermoso. No me propongo escatimar las alabanzas, ni deslustrar los aciertos sacando á relucir faltas y errores. Tampoco gusto, por lo común, de impugnar, con la fría dialéctica de la prosa, lo que tal vez afirma un poeta arrebatado por el estro; pero ¿cómo prescindir de mi propia manera de sentir, de mi ser de español-peninsular, y nocontradecir sentimientos é ideas que en laAtlántidase expresan y que en algo ó en mucho nos lastiman?

El cantoAtlántidaestá dedicado al porvenir dela raza latina en América, y esto deraza latinaofende mi amor propio español. En esto, para España, hay algo que hiere, como se sentiría herido un anciano al saber que un hijo suyo, emancipado, rico, con gran porvenir, establecido en remotos países y lleno de altas miras ambiciosas, justas y fundadas, había renegado del apellido paterno, y en vez de llamarse como se llamó su padre, había adoptado el apellido de un amo, á quien su padre sirvió en la mocedad.

Al llamarse latinos los americanos de origen español, se diría que lo hacen por desdén ó desvío del ser que tienen y de la sangre que corre por sus venas. Ellos se distinguen, entre sí y de nosotros, llamándose argentinos, mexicanos, colombianos, peruanos, chilenos, etc. Pero si buscan luego algo de común que enlace pueblos tan diversos é independientes, me parece que el tronco de las distintas ramas no está en el Lacio, sino en esta tierra española. Los Estados y las naciones que han surgido en América de nuestras antiguas colonias son tan españoles como fueron griegas las colonias independientes que los griegos fundaron en Africa, en Asia, en Italia, en Sicilia, en España y en las Galias. No se avergonzaron estos griegos independientes de seguir llamándose griegos, y no imaginaron llamarse pelasgos ó arios para borrar ó esfumar su helenismo en calificación más vasta y comprensiva.

Y aunque se diga que los portugueses no son españoles y que hay un gran imperio de origen portugués en América, el argumento no vale. Si hemos de reducir á un común denominador á los luso-americanos y á los hispano-americanos, á fin de sumarlos luego, más natural sería hacerlos á todos, no latinos, sino ibéricos y hasta españoles. Los portugueses, en los siglos de su mayor auge y florecimiento, cuando tenían navegantes, héroes y poetas, como Gama, Cabral, Diego Correa, D. Juan de Castro, Alburquerque y Camoens, no desdeñaban el ser españoles, por más que dentro de este predicamento general pusieran la distinción específica de portugueses. Ni sé yo que los austriacos, cuando no son húngaros, bohemios ó croatas, así como tampoco otros pueblos germánicos, que no dependen del imperio alemán, fundado por los prusianos, repugnen el dictado de alemanes y pretendan llamarse de otra manera. Más derecho sería negar al imperio flamante el exclusivo título de alemán.

De esta suerte pudieran los portugueses, si hubiera tribunal con jurisdicción para decidir y el negocio importase más, poner pleito á España por haberse alzado con el nombre de España y pedir que este Estado se llamase Reino Unido de Aragón y Castilla.

Me parece, por otra parte, que el título de América latina disuena más al promover la contraposición con la Américayankee, que han dado en apellidaranglo-sajona. Para que la contraposición fuese exacta, convendría, si llamamos anglo-sajona á una América porque se apoderó de Inglaterra un pueblo bárbaro llamado anglo-sajón, llamar visogótica á la otra América, porque otro pueblo bárbaro, llamado visogodo, conquistó la España. Igual razón habría para llamar á los Estados Unidos y al Canadá América normanda, con tal de que la restante América se llamase moruna ó berberisca.

La verdadera contraposición, la innegable diferencia entre losyankeesy los hispano-americanos de cualquier república que sean, no está en lo germánico, ni en lo latino, ni en lo normando, ni en lo moruno, ni en lo anglo-sajón, ni en lo visogótico, sino en que una América, civilizada ya, procede de ingleses, y de españoles otra, cuando Inglaterra y España eran al fin dos naciones perfectamente formadas y distintas, con condiciones propias y con carácter peculiar y con sello de originalidad indeleble. Y este sello tiene ó debe tener fuerza y virtud informante para marcar y asimilar á la gente que entre por aluvión á ser parte de la población de los nuevos Estados. Y así como no es de presumir que los franceses del Canadá y de Nueva Orleans, y que los españoles de origen de California, Texas y la Florida, y mucho menos los seis ó siete millones de negros, ciudadanos libres hoy de la república que fundó Washington, cambien el ser de aquella república y borren su origen, en su mayor parte inglés, menos debe temerse que los italianos ó los franceses que emigran ahora á la América, de origen, no en su mayor parte, sino exclusivamente española ó ibérica, borren la filiación y las señales de la procedencia y conviertan aquella América en latina.

Hechas estas consideraciones para que quede en su punto la verdad, severa y prosaicamente considerada, no debiéramos disputar más con el poeta, sino repetir la sentencia de Horacio delquidlibet audendi, y dejarle imaginar lo que se le antojara y convertir en latinos á todos los hispano-americanos desde Nueva Méjico á Patagonia.

En medio de todo no hay concepto generalizador que, aun pareciendo absurdo por un lado, no tenga por otro cierto racional fundamento, el cual estriba en nociones vagas, que se desprenden de ciencias nuevas, como, en este caso, de la filosofía de la historia, de la etnografía y de la filología comparativa, y pasan al dominio del vulgo. De aquí, sin duda, que habiendo sido tan pocos los latinos, allá en un principio, nos convirtamos ahora todos en latinos, con sorpresa y pasmo de los que no están en el secreto y por obra y gracia de las mencionadas ciencias.

Podemos llamarnos latinos, aunque no raza latina, como ya nos llamaron latinos los griegos del Bajo Imperio, para quienes los alemanes y los ingleses, y con sobrada razón, eran latinos, porque habíamos sido todos civilizados por el latín y con el latín: por el Imperio latino de Roma y después por la Iglesia latina, de Roma. Podemos llamarnos latinos, porque nuestras lenguas proceden del latín, y, en este sentido, no son latinos los alemanes; pero no sé yo por qué los ingleses han de ser más germánicos que latinos ó celtas. Si es cuestión de vocablos, acaso, casi de seguro, hay en un Diccionario inglés tantas palabras tomadas del latín como tomadas de otroidioma. Y si nuestro latinismo se funda en el influjo civilizador de la Iglesia romana, desde la caída del Imperio hasta la Reforma, los ingleses y los irlandeses resultan más latinos que los españoles, quienes, durante toda la edad media, estuvieron mucho más separados que Inglaterra y que Irlanda del influjo de Roma.

En resolución, y bajo cualquier aspecto que esto se mire, yo comprendo que, con el andar de los siglos, desaparezca del todo entre losyankeesla huella de su origen inglés, y entre los hispano-americanos la huella de su origen español, para queyankeesé hispano-americanos sean algo enteramente nuevo; pero no comprendo queyankeesé hispano-americanos se borren el ser inglés ó español que tienen para que aparezca por bajo un ser anglo-sajón ó latino, á la manera que se puede borrar lo escrito recientemente en un palimpsesto, para que salga á relucir por bajo alguna obra clásica de antigüedad remota.

Si otro modo de transformación puede ó no ocurrir, misterio es profético en el que no debo entrar. Sólo digo que esta transformación, por cuya virtud quedasendescastadoslos españoles ultramarinos, los vejaría más á ellos que á los españoles peninsulares. ¿Carecerá la raza que colonizó tan inmensa extensión de ambas Américas de vigor y de nervio suficientes para imponer el sello característico que la distingue? ¿Cederá al empuje de la inmigración creciente, dejando, v. gr., que los franceses ó los italianos se sobrepongan, y que las nuevas nacionalidades y tal vez las lenguas sean un conjunto italo-franco-hispano-lusitano, que venga á denominarselatino, para que no sea tan largo el término de expresión?

Me parece que, en todo caso, han de pasar centenares de años antes de que esto ocurra.

Lo más probable, así como lo más deseable, será que el Brasil, prescindiendo de tupinambas y guaranies, y de negros bundas y minas, y considerado como nación civilizada, siga siendo portugués de casta y origen, y que sus habitantes sigan hablando y escribiendo la lengua portuguesa, enriquecida ya por ellos con un tesoro de poesía épica y lírica y con muy estimables libros de historia y de derecho; que todas las repúblicas hispano-americanas, como pueblos civilizados, sigan siendo de origen español, y que sus ciudadanos sigan hablando la lengua de Castilla, en que han escrito Alarcón, Sor Juana Inés, Valbuena, Gorostiza, Ventura de la Vega, Baralt, Bello y Olmedo; y que los sesenta millones deyankees, que podrán dentro de poco pasar de ciento, sigan siendo ingleses por su origen, como pueblo civilizado, y sigan hablando la lengua inglesa. Las literaturas de estos pueblos seguirán siendo también literaturas inglesa, portuguesa y española, lo cual no impide que con el tiempo, ó tal vez mañana, ó ya salgan autoresyankeesque valgan más que cuanto ha habido hasta ahora en Inglaterra; ni impide tampoco que nazcan en Río Janeiro, en Pernambuco ó en Bahía escritores que valgan más que cuanto Portugal ha producido; ó que en Buenos Aires, en Lima, en México, en Bogotá ó en Valparaíso lleguen á florecer las ciencias, las letras y las artes con más lozanía y hermosura que en Madrid, en Sevilla y en Barcelona.

No niego yo la posibilidad de que los hispano-americanos nos superen; y si no deseo que se nos adelanten, porque la caridad bien ordenada empieza por uno mismo, deseo que nos igualen. Lo que niego es que, á no ser por decadencia y no por primor ó por adelanto, se vuelvan latinos. Afirmo la persistencia del españolismo, y en este sentido creo que la sentencia del Duque de Frías no puede fallar. Durante muchos siglos aún podremos exclamar con dicho poeta:


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