Españoles seréis, no americanos,
Españoles seréis, no americanos,
Españoles seréis, no americanos,
y podremos afirmar que el navegante que vaya por allí desde Europa,
Al arrojar el áncora pesadaEn las playas antípodas distantes,Verá la Cruz del Gólgota plantadaY escuchará la lengua de Cervantes.
Al arrojar el áncora pesadaEn las playas antípodas distantes,Verá la Cruz del Gólgota plantadaY escuchará la lengua de Cervantes.
Al arrojar el áncora pesadaEn las playas antípodas distantes,Verá la Cruz del Gólgota plantadaY escuchará la lengua de Cervantes.
Bolívar pudo sacudir el yugo del tirano Fernando VII; pero el otro yugo, suave y natural, del Manco de Lepanto y del ejército de escritores que le sigue, es yugo que nadie quiere, ni debe, ni puede sacudir.
Otro sentimiento, que no nos es favorable, se deja traslucir además en el cantoAtlántida. Es legítimo, sin duda, el deseo, y no deja de tener fundamento la esperanza que anima á los americanos, esto es, á los descendientes de europeosque fueron á colonizar á América, de que el porvenir de la humanidad está allí: de que, si en Asia, cuna de la civilización, hizo la humanidad grandes cosas, y de que, si más tarde, tal vez desde las guerras médicas, Europa adquiere la hegemonía, civiliza, domina el mundo y obra mil portentos, todavía América los obrará mayores en lo futuro, eclipsando las glorias de las más ilustres naciones de Asia y de Europa. Hasta este punto, el pensar y el aspirar son razonables y nada tienen de odiosos. Nada hay que decir, pongo por caso, de que un ciudadano de Chicago espere que el esplendor de su ciudad anuble dentro de poco el esplendor de la memoria de Roma, ó de que Nueva York haga olvidar á Sidón y á Tiro, ó de que por Boston se venga á oscurecer la fama de Atenas. Pero ya es de censurar, si traspasando este límite se advierte la impaciencia, que tiene algo de antinatural, como cuando un hijo piensa en que se le muera pronto su padre para heredarle, de que decaiga Europa, á fin de que se levanten las naciones de América con superior y no disputada grandeza.
De todos modos, yo no apruebo esta especie de naciente rivalidad entre el mundo nuevo y el viejo, y creo compatible la grandeza de ambos mundos y posible el florecimiento de las naciones de por allá y de las de por acá; pero como de la emulación nacen los grandes hechos, y no hay éxito dichoso donde no hay confianza, aplaudo el júbilo soberbio con que Andrade parece que espera más de su raza que de Europa y que de losyankees, asegurando que su raza va á cumplir laspromesas de oro del porvenir, el cual está reservado (en América se entiende)
Á la raza fecundaCuyo seno engendró para la historiaLos Césares del genio y de la espada.
Á la raza fecundaCuyo seno engendró para la historiaLos Césares del genio y de la espada.
Á la raza fecundaCuyo seno engendró para la historiaLos Césares del genio y de la espada.
Andrade quiere decir con esto, y yo me alegraría de que tuviese razón, pues aunque quiero bien á losyankees, quiero más á la gente de mi casta y sangre, que lo grande que tiene aún que hacer la humanidad lo van á hacer los hispano-americanos. Ojalá, repito, que sea así. Pero ¿qué necesidad hay para ello de que nos considere ya muertos ó arruinados?
Andrade, profetizando en favor de su raza, que él llama latina, exclama:
Aquí va á realizar lo que no pudoDel mundo antiguo en los escombros yertos:La más bella visión de las visiones:Al himno colosal de los desiertos,La eterna comunión de las naciones.
Aquí va á realizar lo que no pudoDel mundo antiguo en los escombros yertos:La más bella visión de las visiones:Al himno colosal de los desiertos,La eterna comunión de las naciones.
Aquí va á realizar lo que no pudoDel mundo antiguo en los escombros yertos:La más bella visión de las visiones:Al himno colosal de los desiertos,La eterna comunión de las naciones.
Supongo que el poeta intenta decir, aunque, francamente, lo dice mal, que, escuchando el himno colosal de los desiertos, esto es, en medio de la magnífica, exuberante y hermosa naturaleza de aquel nuevo é inmenso continente, la raza latina realizará al cabo
La eterna comunión de las naciones,
La eterna comunión de las naciones,
La eterna comunión de las naciones,
ó sea una confederación y consorcio de pueblos libres, prósperos, fuertes, ricos y llenos de altísima cultura.
A nada de esto debe oponerse, sino aplaudir, todolatinode por acá. Lo que yo no apruebo, y lo que no aprobará ningúnlatinode los de esta banda, es que loslatinosde la otra banda pongan como condición, á lo que parece, el que se convierta enescombros yertoseste mundo antiguo, en el que hemos nacido y en el que vivimos.
En un porvenir remoto, todo, sin embargo, es posible. Tal vez dentro de algunos siglos, en vez de venir los chilenos, peruanos, brasileños, etc., á estudiar, á divertirse y á gozar, en escuelas, teatros y bullicios de París, de Roma y hasta de Madrid y Sevilla, aunque decaídas ya estas poblaciones, vengan á visitar sus ruinas como visitan ahora los europeos las ruinas de Persépolis, Palmira, Nínive y Babilonia. Lo que casi no es posible, y vuelvo á mi tema, es que los hispano-americanos, aun después de ocurrido todo lo que dejo consignado, se conviertan enlatinos. ¡Cuidado que á mí me encantan Horacio y Virgilio, y los Gracos y los Scipiones, y Paulo Emilio y Régulo, y los Fabios y los Decios! Aunque propiamente no sean latinas, todas las grandes cosas de la Italia moderna me maravillan también y me atraen. Yo reconozco y bendigo el influjo civilizador de Italia, la cual, hasta el sigloXVI, y desde siete siglos antes de Cristo, y aun desde más temprano si contamos con el florecimiento de la Etruria y de la Magna Grecia, es la maestra de las gentes; pero los discípulos no han perdido su ser y dejado de ser lo que eran. Un cordobés, paisano de Lucano y de Séneca; un señorito de Sevilla, paisano casi de Silio Itálico y de los emperadores Trajano, Adriano y Teodosio el Grande, ó un natural de Cádiz, paisano de los Balbos, me chocaría á mí que saliese con la tonada de que era latino, cuando tal vez no supiese decir en latín sino elGloria Patriy elSicut erat. Hágase Ud. cargo si me chocará que un ciudadano de Buenos Aires, ó de Montevideo, ó de Quito, salga con que es latino ó de raza latina, como si tuviese á menos ó se avergonzase de ser de raza española.
Pero, en fin, nada de esto destruye el mérito de los versos de Andrade, de que seguiré hablando otro día.
Perdone Ud. que por hoy haya perdido yo tanto tiempo en mi inocente desahogo contra estalatinidadpostiza que por moda científica nos han colgado á todos.
** *
14 de Mayo de 1888.
Mi distinguido amigo: Confieso que el cantoAtlántidahace que me asalten con vigor mis dudas y cavilaciones sobre la poesíadocenteen nuestra edad, en que todas las ciencias están metodizadas y ordenadas.
Es de toda evidencia que existe aún sublime poesíadocente, la cual, no sólo enseña el camino del progreso al linaje humano, sino que hablade Dios, revela los misterios del universo y de la historia, y mueve y levanta los corazones para que realicen nobles y útiles empresas. El influjo de esta poesía es hoy como nunca poderoso, y da un mentís á los que afirman que vivimos en época positiva y prosaica. Más que Tirteo en la antigua Grecia, influyen Whittier en la guerra civil de los Estados Unidos para dar libertad á los esclavos, y Quintana, en España, sosteniendo á la vez, con idéntico brío y en maravillosa y rica combinación, las ideas y los sentimientos que habían producido la revolución en Francia y el fervoroso patriotismo que abominaba de los que, por fuerza y sometidos ya á un tirano, aparentaban divulgar esos sentimientos y esas ideas á costa de la dignidad y de la independencia de las otras naciones.
Jamás como ahora, á pesar de la manía de afirmar que estamos en la edad de la razón y que ha pasado la edad de la fe, ha sido el entusiasmo más contagioso, ni ha tenido más eficacia, precediendo á la acción el pensamiento, y revistiéndose para propagarse y transformarse en obras de la palabra rítmica, sonora y alada.
Pero todo esto no es porque los poetas patenticen los arcanos que antes sabían sólo asociaciones secretas, ni hagan raros descubrimientos de que nadie se hubiera enterado hasta que ellos lo dijeron, sino porque á lo sentido, á lo imaginado y á lo pensado por muchos, tal vez informe y confusamente, aciertan á dar forma divina, sintiéndolo con más energía, imaginándolo con mayor lucidez, pensándolo con más limpia y puraclaridad y comunicándolo así á las muchedumbres.
Todo depende, pues, de una feliz forma íntima, de la oportunidad y del tino.
Cierto escritor israelita ha compuesto un libro donde trata de probar que no hay sentencia alguna en elSermón de la Montañaque no hubieran pronunciado antes de Cristo estos ó aquellos doctores de la Sinagoga ó de sectas judaicas en disidencia. Miremos el asunto con mirada racionalista y profana, y concedamos por un instante que dice verdad el autor del libro. El mérito de Jesús no se menoscabará por eso; antes crece en nuestra mente y se magnifica. ¡Con qué inspiración imperiosamente persuasiva, con qué soberano magisterio, con qué arte prodigioso no diría Jesús su Sermón, cuando de un tejido de frases olvidadas ó desdeñadas de rabinos obscuros, y de los que nadie hacía ya caso, compuso una obra moral y social que ha renovado el mundo y que hace cerca de dos mil años es como el fundamento ideal de la vida y de las costumbres entre las naciones que gobiernan y dirigen los destinos humanos!
En escala inferior, así es toda obra de un gran poeta. Nada explica mejor esto que dos palabras que no sé por qué han caído en desuso en nuestra lengua: la virtud de laconcinidady el poder delconcionador, en su acepción más elevada.
Por una concinidad inspirada por el cielo, suponiendo fundada la crítica del autor israelita, hizo Jesús ley de la humanidad de un centón de máximas rabínicas; y por concinidad semejante,aunque en más baja esfera, influye un poeta en el porvenir de su pueblo con otro centón de lugares comunes.
Todo estriba, más que en lo que se dice, en el modo de decirlo; pero este modo no está sujeto á reglas, ni se aprende estudiando la poética y la retórica, sino que brota del alma humana, altamente iluminada, predestinada y escogida. Así se concibe que sea poeta docente, poeta concionador, Olegario Andrade, que al cabo, en prosa, sabía poquísimo, y no tenía, por consiguiente, mucho que enseñar.
Dos terribles escollos tiene que evitar el poeta que se engolfa por este mar de la poesíadocente: el de mostrar enfático y falso sentimiento, que en vez de entusiasmar mueve á risa, y en este escollo Andrade, que es sincero, no tropieza jamás; y el de aspirar inocentemente á lo muy didáctico y caer en el prosaísmo, en lo cual no he de ocultar que Andrade alguna vez tropieza.
Para enseñar de cierto modo, no vale ya ni sirve la verdadera poesía, aunque el metro y los consonantes valgan aún como recurso mnemotécnico. Cuando se apela á este recurso, en vez de crear versos áureos, como los de Pitágoras, ó máximas solemnes, como las de los antiguos sabios y poetas gnómicos, se suelen hacer versos, cuya utilidad yo no niego, pero que hacen reir de puro ramplones. Menester fué de todo el talento y buen gusto de Martínez de la Rosa para que sus dísticos delLibro de los Niñosno parezcan ridículas aleluyas, y suenen bien como suena:
La conciencia es á la vezTestigo, fiscal y juez.
La conciencia es á la vezTestigo, fiscal y juez.
La conciencia es á la vezTestigo, fiscal y juez.
Las máximas del barón de Andilla, por ejemplo, pueden ponerse en solfa, aunque enseñan cosas útiles, como la que dice:
Niña, en la iglesia la cabeza tapa:San Lino lo ordenó, segundo Papa.
Niña, en la iglesia la cabeza tapa:San Lino lo ordenó, segundo Papa.
Niña, en la iglesia la cabeza tapa:San Lino lo ordenó, segundo Papa.
Y en versitos, útiles también, viven en boca de las personas cultas las diferentes formas del silogismo, los impedimentos dirimentes del matrimonio, los requisitos que debe tener toda demanda de un abogado, los pretéritos y supinos y otras reglas de la gramática latina, y no pocos aforismos de medicina casera, como
Post prandium, dormire;Post cenam, mille passus ire.
Post prandium, dormire;Post cenam, mille passus ire.
Post prandium, dormire;Post cenam, mille passus ire.
Ya, con mayor amplitud, se ha escrito en verso la Historia; y de ello nos da muestra notable el reverendo padre Isla, escribiendo la de España, que aprendí yo cuando chiquillo, desde
Libre España, feliz é independiente,Se abrió al cartaginés incautamente,
Libre España, feliz é independiente,Se abrió al cartaginés incautamente,
Libre España, feliz é independiente,Se abrió al cartaginés incautamente,
hasta
Logre el cetro español años completosEn Felipe, en sus hijos y en sus nietos.
Logre el cetro español años completosEn Felipe, en sus hijos y en sus nietos.
Logre el cetro español años completosEn Felipe, en sus hijos y en sus nietos.
El cantoAtlántida, si bien realzado con vuelos filosóficos, tiene algo de compendio de la historia de los pueblos latinos. Empieza el poeta con Roma, cuyo origen, crecimiento y grandeza nospinta. Luego trae su decadencia y caída. Después de Roma, se levanta España, y el poeta encarece con amor nuestros grandes actos en la vida de la humanidad. Caemos también, y el poeta lamenta nuestra caída, y la atribuye á que cayó sobre nuestro espíritu
La sombra enervadora del Papado,
La sombra enervadora del Papado,
La sombra enervadora del Papado,
lo cual me desagrada, no tanto porque dude yo de que el Papado tengasombra enervadora, ni de que esta sombra sea como la del manzanillo, causa de perdición y muerte, cuanto por el feísimo vocabloPapado, que hace pensar en lapapada, y que se me resiste en verso heroico.
En pos de España, que
..... duerme acurrucadaAl pie de los altares,Calentando su espíritu ateridoEn la hoguera infernal de Torquemada,
..... duerme acurrucadaAl pie de los altares,Calentando su espíritu ateridoEn la hoguera infernal de Torquemada,
..... duerme acurrucadaAl pie de los altares,Calentando su espíritu ateridoEn la hoguera infernal de Torquemada,
viene Francia, recoge el cetro de los latinos, produce á Voltaire, y nos da en seguida su magnífica revolución, hoguera de efecto contrario al de la hoguera inquisitorial:
Hoguera en cuya lumbre soberanaVa a forjar, como en fragua ciclopea,Su eterno cetro la razón humana.
Hoguera en cuya lumbre soberanaVa a forjar, como en fragua ciclopea,Su eterno cetro la razón humana.
Hoguera en cuya lumbre soberanaVa a forjar, como en fragua ciclopea,Su eterno cetro la razón humana.
Francia cae también en Sedán, y ya le llega su turno á la América. Andrade, con todo, no nos da por muertos aún. Cree que aun tenemos ser, y lo expresa en estos versos generosos:
Anteos de la historia,Los pueblos que el espíritu y la sangreLlevan de aquella tribu aventureraQue encadenó á su carro la victoria,Ya los postre ó abataLa corrupción ó la traición artera,No mueren aunque caigan. Así RomaEn su tumba de mármol se enderezaY renace en Italia, como plantaQue el polvo de los siglos fecundiza.Así España sacude la cabezaTras largas horas de sopor profundo,Y arroja los fragmentosDe su pasada lápida mortuoria,Para anunciar al mundoQue no ha roto su pacto con la gloria.Y Francia, la ancha heridaDel pecho no cerrada,En la sombra se agita cual si oyeraRumores de alborada.
Anteos de la historia,Los pueblos que el espíritu y la sangreLlevan de aquella tribu aventureraQue encadenó á su carro la victoria,Ya los postre ó abataLa corrupción ó la traición artera,No mueren aunque caigan. Así RomaEn su tumba de mármol se enderezaY renace en Italia, como plantaQue el polvo de los siglos fecundiza.Así España sacude la cabezaTras largas horas de sopor profundo,Y arroja los fragmentosDe su pasada lápida mortuoria,Para anunciar al mundoQue no ha roto su pacto con la gloria.Y Francia, la ancha heridaDel pecho no cerrada,En la sombra se agita cual si oyeraRumores de alborada.
Anteos de la historia,Los pueblos que el espíritu y la sangreLlevan de aquella tribu aventureraQue encadenó á su carro la victoria,Ya los postre ó abataLa corrupción ó la traición artera,No mueren aunque caigan. Así RomaEn su tumba de mármol se enderezaY renace en Italia, como plantaQue el polvo de los siglos fecundiza.Así España sacude la cabezaTras largas horas de sopor profundo,Y arroja los fragmentosDe su pasada lápida mortuoria,Para anunciar al mundoQue no ha roto su pacto con la gloria.Y Francia, la ancha heridaDel pecho no cerrada,En la sombra se agita cual si oyeraRumores de alborada.
Á pesar de todo, América se adelanta y se apercibe ya á hacer el primer papel:
Á celebrar las bodas del futuroEn sus campos de eterna primavera,
Á celebrar las bodas del futuroEn sus campos de eterna primavera,
Á celebrar las bodas del futuroEn sus campos de eterna primavera,
y á dar
Ámbito y luz en apartadas zonasAl genio inquieto de la vieja raza,Debelador de tronos y coronas.
Ámbito y luz en apartadas zonasAl genio inquieto de la vieja raza,Debelador de tronos y coronas.
Ámbito y luz en apartadas zonasAl genio inquieto de la vieja raza,Debelador de tronos y coronas.
Nada falta ya en América á este genio latino. Allí va á realizar prodigios que en balde hemos pugnado por realizar nosotros: el poeta sueña hasta con una nueva religión más comprensiva y sublime que las profesadas hasta ahora.
Y el Andes, con sus gradas ciclopeas,Con sus rojas antorchas de volcanes,Será el altar de fulgurantes velosEn que el himno inmortal de las ideasLa tierra entera elevará á los cielos.
Y el Andes, con sus gradas ciclopeas,Con sus rojas antorchas de volcanes,Será el altar de fulgurantes velosEn que el himno inmortal de las ideasLa tierra entera elevará á los cielos.
Y el Andes, con sus gradas ciclopeas,Con sus rojas antorchas de volcanes,Será el altar de fulgurantes velosEn que el himno inmortal de las ideasLa tierra entera elevará á los cielos.
En la descripción de esta América, ocupada por laraza latina, campo abierto á su afán, pone Andrade rasgos brillantes y espléndidos colores.
La enumeración y la calificación de las diversas repúblicas tienen hermosos versos.
Allí vemos á
..... Colombia adormecidaDel Tequendama al retemblar profundo;Colombia la opulenta,Que parece llevar en las entrañasLa inagotable juventud del mundo;
..... Colombia adormecidaDel Tequendama al retemblar profundo;Colombia la opulenta,Que parece llevar en las entrañasLa inagotable juventud del mundo;
..... Colombia adormecidaDel Tequendama al retemblar profundo;Colombia la opulenta,Que parece llevar en las entrañasLa inagotable juventud del mundo;
Á Venezuela, cuna de Bolívar; al Perú, aunque vencido, no humillado; á Chile, el vencedor, que
..... fuerte en la guerra,Pero más fuerte en el trabajo, vuelveA colgar en el techoLas vengadoras armas, convencidoDe que es estéril siempre la victoriaDe la fuerza brutal sobre el derecho;
..... fuerte en la guerra,Pero más fuerte en el trabajo, vuelveA colgar en el techoLas vengadoras armas, convencidoDe que es estéril siempre la victoriaDe la fuerza brutal sobre el derecho;
..... fuerte en la guerra,Pero más fuerte en el trabajo, vuelveA colgar en el techoLas vengadoras armas, convencidoDe que es estéril siempre la victoriaDe la fuerza brutal sobre el derecho;
al Brasil,
Á quien sólo le faltaEl ser más libre para ser más grande;
Á quien sólo le faltaEl ser más libre para ser más grande;
Á quien sólo le faltaEl ser más libre para ser más grande;
y, por último, á la patria del poeta, á la rica y extensa patria argentina:
La patria, que ensanchó sus horizontesRompiendo las barrerasQue en otrora su espíritu aterraron,Y á cuyo paso en los nevados montesDel Génesis los ecos despertaron.La patria, que, olvidadaDe la civil querella, arrojó lejosEl fratricida acero,Y que lleva orgullosaLa corona de espigas en la frente,Menos pesada que el laurel guerrero.¡La patria! En ella cabeCuanto de grande el pensamiento alcanza:En ella el sol de redención se enciende;Ella al encuentro del futuro avanza,Y su mano, del Plata desbordanteLa inmensa copa á las naciones tiende.
La patria, que ensanchó sus horizontesRompiendo las barrerasQue en otrora su espíritu aterraron,Y á cuyo paso en los nevados montesDel Génesis los ecos despertaron.La patria, que, olvidadaDe la civil querella, arrojó lejosEl fratricida acero,Y que lleva orgullosaLa corona de espigas en la frente,Menos pesada que el laurel guerrero.¡La patria! En ella cabeCuanto de grande el pensamiento alcanza:En ella el sol de redención se enciende;Ella al encuentro del futuro avanza,Y su mano, del Plata desbordanteLa inmensa copa á las naciones tiende.
La patria, que ensanchó sus horizontesRompiendo las barrerasQue en otrora su espíritu aterraron,Y á cuyo paso en los nevados montesDel Génesis los ecos despertaron.La patria, que, olvidadaDe la civil querella, arrojó lejosEl fratricida acero,Y que lleva orgullosaLa corona de espigas en la frente,Menos pesada que el laurel guerrero.¡La patria! En ella cabeCuanto de grande el pensamiento alcanza:En ella el sol de redención se enciende;Ella al encuentro del futuro avanza,Y su mano, del Plata desbordanteLa inmensa copa á las naciones tiende.
Los últimos versos, á pesar de las asonancias repetidas, y que ya no se sufren, son un bellísimo y entusiasta llamamiento á los europeos, deraza latina, para que vayan á colonizar en la Plata.
¡Ámbito inmenso, abiertoDe la raza latina al hondo anhelo!¡El mar, el mar gigante, la montañaEn eterno coloquio con el cielo.....Y más allá desierto!¡Acá ríos que corren desbordados;Allá valles que ondeanComo ríos eternos de verdura,Los bosques á los bosques enlazados;Doquier la libertad, doquier la vidaPalpitando en el aire, en la pradera,Y en explosión magnífica encendida!
¡Ámbito inmenso, abiertoDe la raza latina al hondo anhelo!¡El mar, el mar gigante, la montañaEn eterno coloquio con el cielo.....Y más allá desierto!¡Acá ríos que corren desbordados;Allá valles que ondeanComo ríos eternos de verdura,Los bosques á los bosques enlazados;Doquier la libertad, doquier la vidaPalpitando en el aire, en la pradera,Y en explosión magnífica encendida!
¡Ámbito inmenso, abiertoDe la raza latina al hondo anhelo!¡El mar, el mar gigante, la montañaEn eterno coloquio con el cielo.....Y más allá desierto!¡Acá ríos que corren desbordados;Allá valles que ondeanComo ríos eternos de verdura,Los bosques á los bosques enlazados;Doquier la libertad, doquier la vidaPalpitando en el aire, en la pradera,Y en explosión magnífica encendida!
Por lo citado y expuesto, se ve que, á pesar de todo su desaliño y demás faltas, era Andrade un inspirado y original poeta; pero tal vez resplandecen más sus buenas cualidades cuando desecha la serenidad didáctica, es lírico puro y se deja llevar de la pasión que le agita. Habrá acaso en esta pasión algo de poco razonable; pero estono importa cuando la pasión no es singular, sino de muchas gentes, de las cuales el poeta se hace eco y es órgano.
Así, más que el patriotismo, el americanismo de Andrade.
Justo es que todo Estado independiente ponga el mayor empeño en conservar y hacer respetar su autonomía. Justa es también cierta mancomunidad de intereses entre todas las repúblicas de origen español, y así lamentamos las guerras, harto crueles con frecuencia, que se han hecho entre sí estas repúblicas. Chile ha asolado y arruinado el Perú. El Paraguay ha quedado medio desierto después de la última guerra. Justo es que todas estas repúblicas, ya que se separaron de la metrópoli y de los Estados de Europa, se enojen de toda tutela ó curatela que aspiremos á imponerles. Nada más impolítico, absurdo y deplorable que nuestra guerra del Pacífico y que la expedición á México, que puso al infeliz Maximiliano sobre su instable y peligroso trono.
Delirio fué, en mi sentir, el más ó menos vago proyecto, no nacional, sino palaciego, que hubo, tiempo há, en España, ya de levantar en la misma México, ya en Quito, un trono para algún príncipe ó semipríncipe de nuestra dinastía. España, por dicha, no piensa ya, si es que pensó alguna vez, en nada semejante, y hasta abomina de ello.
Las demás naciones de Europa, escarmentadas con el cruelísimo ejemplo de Maximiliano, y convencidas de que no es posible, ni conveniente, que reine en América un príncipe europeo, no acometerán ya jamás tales empresas, y no se dejarán seducir, y se taparán las orejas para no oir las excitaciones, los ruegos y las promesas de los americanos monárquicos, si aun los hubiere después del escarmiento último. Pero concediendo esto, no podemos conceder que haya nada de juicioso en el americanismo exagerado. ¿Dónde está, ni cómo puede concebirse este antagonismo ó contraposición entre Europa y América, cuando la América civilizada no es, ni puede ser, sino la prolongación, el complemento, una parte del triunfo de la civilización europea y cristiana sobre la naturaleza bravía y no domada aún por el hombre; y sobre las razas bárbaras y salvajes, que, al contacto de los europeos, ó se mezclan con ellos y se regeneran y levantan, ó perecen y se hunden?
Alzar en América un reino ó imperio nuevo sería locura. Admirémonos de la previsión astuta de D. Juan VI, ó de sus consejeros, que habilitó á D. Pedro de Braganza para decir su famosofico, me quedo, y quedar en efecto de emperador del Brasil; pero lo que no se hizo en sazón no se remedia cuando fuera de sazón quiere hacerse. La América española debe ya ser, y es menester que siga siendo republicana y señora de sí misma. No autoriza esto, con todo, ni menos justifica los arbitrarios asertos de que la virtud, el desinterés y la libertad se fueron al Nuevo Mundo, y el hablar con horror de la tiranía de los reyes y de la bajeza lacayuna de los pueblos que los sufren, cuando en América se hansufrido dictadores y tiranos más zafios, ruines, sanguinarios y codiciosos que nuestros peores reyes. En ninguna nación civilizada de Europa ha habido, desde hace un siglo, sobre ningún trono, más aborrecible y cruel tirano que Rosas. Y, por otra parte, el sufrir los desmanes, los vicios, los crímenes y las insolencias de un rey no humilla tanto, ya que, en virtud de una ficción legal, aquel hombre está, para bien de todos, colocado aparte, y como por cima de los demás, y es monumento vivo de antiguos héroes y caudillos y de mil gloriosos hechos; mientras que un tirano improvisado sale á veces de la hez, del cieno, del más hondo sedimento de las cloacas sociales, y se encumbra, por fuerza ó astucia, no en virtud de ley antigua y veneranda, sino hollando todas las leyes, para plantar su rudo pie sobre el pescuezo de sus iguales y de sus superiores.
Pero, por cima de todas estas consideraciones, vienen á ponerse el brío patriótico, la noble independencia, y el orgullo, para mí digno de aplauso, que prefiere hasta la mayor infelicidad en casa, á un bien, á una ventura, á una felicidad que acudan á traernos los extraños; por todo lo cual aplaudo yo á Andrade, más que cuando adoctrina á todo el humano linaje, cuando se revuelve contra nosotros los europeos y nos injuria elegantemente, en el ardor de su lírica vehemencia, y nos llama enflaquecidos, corrompidos, lacayos, esclavos y otras lindezas.
Su poesíaLa Libertad y la Américaes á la vez una diatriba contra nosotros, un himno triunfalal Nuevo Mundo y un cartel de desafío á los europeos.
Y, sin embargo, ésta es la composición que más me agrada de Andrade. En la facilidad, en la riqueza y en la fluidez, parece de Zorrilla; y parece de Víctor Hugo en la crudeza y en el furor con que ensalza á los suyos y á nosotros nos vilipendia y deprime.
Aquí donde algún día vendrán las razas pariasA entrelazar sus brazos en fraternal unión,A despertar acaso las selvas solitarias,Con el sublime acento de místicas plegarias,Cantando los esclavos su eterna redención.Aquí la vieja Europa con mano enflaquecida,Con la altanera audacia de la codicia vil,Quiere injertar su sangre, su sangre corrompida,Que se derrama á chorros por anchurosa herida,En la caliente sangre de un pueblo varonil.Y allá en la blanca cima do el cóndor aletea,Clavar sobre los cielos su roto pabellón;Y acá sobre su espalda robusta y giganteaColgar de sus lacayos la mísera librea,Colgar de sus esclavos la insignia de baldón.
Aquí donde algún día vendrán las razas pariasA entrelazar sus brazos en fraternal unión,A despertar acaso las selvas solitarias,Con el sublime acento de místicas plegarias,Cantando los esclavos su eterna redención.Aquí la vieja Europa con mano enflaquecida,Con la altanera audacia de la codicia vil,Quiere injertar su sangre, su sangre corrompida,Que se derrama á chorros por anchurosa herida,En la caliente sangre de un pueblo varonil.Y allá en la blanca cima do el cóndor aletea,Clavar sobre los cielos su roto pabellón;Y acá sobre su espalda robusta y giganteaColgar de sus lacayos la mísera librea,Colgar de sus esclavos la insignia de baldón.
Aquí donde algún día vendrán las razas pariasA entrelazar sus brazos en fraternal unión,A despertar acaso las selvas solitarias,Con el sublime acento de místicas plegarias,Cantando los esclavos su eterna redención.Aquí la vieja Europa con mano enflaquecida,Con la altanera audacia de la codicia vil,Quiere injertar su sangre, su sangre corrompida,Que se derrama á chorros por anchurosa herida,En la caliente sangre de un pueblo varonil.Y allá en la blanca cima do el cóndor aletea,Clavar sobre los cielos su roto pabellón;Y acá sobre su espalda robusta y giganteaColgar de sus lacayos la mísera librea,Colgar de sus esclavos la insignia de baldón.
Contra este supuesto propósito de Europa, el poeta se alza lleno de indignación, y llama al combate, así á los héroes vivos, como á los héroes muertos; á aquellos que, durante la guerra de emancipación,
En el mar, en el valle, en las montañas,Revolcaban al león de las Españas,Que bramaba de rabia y de coraje.
En el mar, en el valle, en las montañas,Revolcaban al león de las Españas,Que bramaba de rabia y de coraje.
En el mar, en el valle, en las montañas,Revolcaban al león de las Españas,Que bramaba de rabia y de coraje.
Volviendo luego al primer metro, continúa el cántico triunfal y profético americano, vaticinando un porvenir glorioso para el Nuevo Mundo, é implícitamente al menos, la ruina del Mundo Antiguo.
¡América! tus ríos te ofrecen ancha copa;La túnica del iris, espléndido dosel;Las selvas seculares son pliegues de tu ropa;En tus desiertos cabe la vanidad de Europa:Las razas del futuro te buscan en tropel.¡Ni siervos, ni señores, ni estúpido egoísmo!Al Universo anuncia tu gigantesca voz.En vez de las almenas del viejo feudalismo,Con la frente en el cielo, la planta en el abismo,Los Andes se levantan para tocar á Dios.
¡América! tus ríos te ofrecen ancha copa;La túnica del iris, espléndido dosel;Las selvas seculares son pliegues de tu ropa;En tus desiertos cabe la vanidad de Europa:Las razas del futuro te buscan en tropel.¡Ni siervos, ni señores, ni estúpido egoísmo!Al Universo anuncia tu gigantesca voz.En vez de las almenas del viejo feudalismo,Con la frente en el cielo, la planta en el abismo,Los Andes se levantan para tocar á Dios.
¡América! tus ríos te ofrecen ancha copa;La túnica del iris, espléndido dosel;Las selvas seculares son pliegues de tu ropa;En tus desiertos cabe la vanidad de Europa:Las razas del futuro te buscan en tropel.¡Ni siervos, ni señores, ni estúpido egoísmo!Al Universo anuncia tu gigantesca voz.En vez de las almenas del viejo feudalismo,Con la frente en el cielo, la planta en el abismo,Los Andes se levantan para tocar á Dios.
Y, por último, el poeta asegura que la historia va á terminar allí; que elnon plus ultrade todos los ideales está en su continente; que no hay otro más allá de bello, de bueno, de noble, ni de santo, que lo que su América realice:
Tus Andes son el templo de cúpula de hielo,En que, después de rudo y ardiente batallar,Vendrá á colgar sus armas con religioso anheloLa caravana humana para elevar al cieloEl himno sacrosanto de amor y libertad.
Tus Andes son el templo de cúpula de hielo,En que, después de rudo y ardiente batallar,Vendrá á colgar sus armas con religioso anheloLa caravana humana para elevar al cieloEl himno sacrosanto de amor y libertad.
Tus Andes son el templo de cúpula de hielo,En que, después de rudo y ardiente batallar,Vendrá á colgar sus armas con religioso anheloLa caravana humana para elevar al cieloEl himno sacrosanto de amor y libertad.
Claro está que en todo esto hay mil parabienes agoreros que deben lisonjear á los argentinos; justas aspiraciones y egregias esperanzas, y además lirismo y pompa poética que á todos nos hechizan. Hay también extravagancias, así en el fondo como en la forma, de cuyas tres cuartas partes, lo menos, hago yo responsable á Víctor Hugo y á la manía que inspira de imitarle.
Veremos aún elPrometeoy otros poemas. Temo cansar á Ud. con tan largo examen crítico;pero Ud. lo ha querido, y ya no hay más sino llevarlo con paciencia.
** *
4 de Junio de 1888.
Mi distinguido amigo: Incompleto quedaría mi examen de las obras poéticas de Andrade si no hablase yo de la más transcendental: de suPrometeo, inspirado por el de Esquilo.
La crítica literaria dictó en el siglo pasado sentencias tan contrarias á las que dicta en el nuestro, que sería largo demostrar aquí que hoy es cuando tenemos razón, y que los críticos de entonces se equivocaban. Así, pues, suprimo pruebas en gracia de la brevedad, y doy por demostrado que tenemos razón ahora: que ahora toda sentencia que recae sobre libros de la clásica antigüedad es definitiva é irrevocable.
ElPrometeode Esquilo, por lo tanto, drama para los críticos franceses pseudoclásicos, como Voltaire y La Harpe, bárbaro, sin acción y sin caracteres, es para nosotros, y en realidad y para siempre, un prodigio de poesía: una de las obras más sublimes que ha producido el ingenio humano. Dicen que Esquilo consagró sus tragedias al Tiempo, y tuvo razón, ya que el Tiempo agradecido le hace justicia. Hoy las admiramos todas,y sobre todas la dePrometeo, aunque es la segunda parte de su trilogia, de la cual, salvo cortos fragmentos, se han perdido la primera parte y la tercera. En traducir elPrometeo, en comentarle, en explicarle, en completarle ó en imitarle, se han empleado los más egregios poetas, críticos, filólogos y pensadores de nuestra edad: Shelley, Byron, Edgardo Quinet, Goethe, Bunsen, A. Maury, Patin y mil otros. Unos han puesto en verso cuanto suponen que Esquilo dejó por decir, ó cuanto dijo y se perdió; otros han dado sentido nuevo á la fábula; otros han disertado largamente para desentrañar todos los misterios que la fábula esconde.
Tal vez esta fábula, entendida de cierto modo, se aviene con el prurito de impiedad y de rebeldía blasfema que hoy atosiga muchos espíritus, y que ha inspirado, por ejemplo, el himno á Satanás de Josué Carducci: tal vez se aviene con la suposición de que en el Supremo Dispensador de los destinos humanos hay tiranía y malevolencia, y de que la gloria y la grandeza del audaz linaje de Japeto está en rebelarse contra esa tiranía y su bienaventuranza en sacudir el yugo.
Aun antes de nuestro siglo, entre los vates precursores, aparece Milton, el cual, en medio de su fe cristiana, sentía ya ese espíritu de rebelión y simpatizaba con él; por donde pone noble grandeza y egregia hermosura en su Príncipe de los demonios, y aun toma para pintarle rasgos del Prometeo del trágico griego.
La sospecha ó la acusación contra la impiedad de Esquilo hubo de mostrarse ya cuando él vivía,y dar origen á la historia de que le mató el águila de Júpiter, dejando caer sobre su calva frente una tortuga que llevaba entre sus garras por el aire.
Críticos y comentadores hay, con todo, que, lejos de ver impiedad en Esquilo, le consideran piadosísimo, y explican la trilogia de Prometeo dándole significación profundamente religiosa. Si el poeta pecó en algo, fué en divulgar doctrinas esotéricas, que se transmitían sólo á los iniciados en los misterios y que se custodiaban en el seno de colegios sacerdotales.
Por lo demás, como todas las mitologías, y singularmente la griega, se formaron por amalgama ó fusión de opuestas y encontradas creencias y modos de sentir y entender, resulta que en esta fábula de Prometeo hay varias y aun opuestas interpretaciones, según se la considere, y aun según sea el autor de que se tome, pues también antes de Esquilo la trató Hesíodo.
De aquí que muchos, apoyándose en la idea de que hubo una revelación primitiva, cuya luz aparece, aunque ofuscada, en el seno del paganismo, ya ven en el Titán filántropo, que padece por amor de los hombres, una confusa prefiguración del Redentor; y ya ven lo mismo en el hijo de Júpiter, en Hércules, que mata el buitre ó el águila que devoraba el renaciente hígado de Prometeo, y reconcilia á éste con Júpiter, á la cual interpretación vienen á dar más fuerza las palabras en que explica Hesíodo la buena voluntad con que Júpiter perdona; porque «así se difundía con mayor gloria sobre la tierra la virtud de su Hijo muy amado».
En el poema de Andrade, más lírico que épico, donde se narra poco y hay muchos versos en que habla el Titán, esta confusión, ó más bien oscuridad entre lo impío y lo piadoso, persiste y no se disipa.
¿Será á Júpiter, ó á Dios mismo, á quien por boca del Titán dice el poeta todos estos insultos y amenazas?
¡Oh Dios caduco! gritaEl titán impotente:Como esta negra carne que renaceBajo el pico voraz del cuervo inmundo,Renacerá fulgentePara alumbrar y fecundar el mundoLa chispa redentoraQue arrebaté á tu cielo despiadado.Germen de eterna auroraDel caos en las entrañas arraigado!Desata, Dios caduco,La turba ladradora de tus vientos;Sacude los andrajos de tus nubes,Y acuda á tus acentosLa noche con sus sombras,Con montañas de espuma el Oceano:No apagarán la luz inextinguibleDel pensamiento humano.¿Qué importa mi martirio,Mi martirio de siglos, si aun atado,Júpiter inmortal, yo te provoco,Júpiter inmortal, yo te maldigo?¿Si el viejo Prometeo, el titán loco,El mártir de tu encono,Siente tronar la ráfaga tremendaQue va á tumbar tu trono?
¡Oh Dios caduco! gritaEl titán impotente:Como esta negra carne que renaceBajo el pico voraz del cuervo inmundo,Renacerá fulgentePara alumbrar y fecundar el mundoLa chispa redentoraQue arrebaté á tu cielo despiadado.Germen de eterna auroraDel caos en las entrañas arraigado!Desata, Dios caduco,La turba ladradora de tus vientos;Sacude los andrajos de tus nubes,Y acuda á tus acentosLa noche con sus sombras,Con montañas de espuma el Oceano:No apagarán la luz inextinguibleDel pensamiento humano.¿Qué importa mi martirio,Mi martirio de siglos, si aun atado,Júpiter inmortal, yo te provoco,Júpiter inmortal, yo te maldigo?¿Si el viejo Prometeo, el titán loco,El mártir de tu encono,Siente tronar la ráfaga tremendaQue va á tumbar tu trono?
¡Oh Dios caduco! gritaEl titán impotente:Como esta negra carne que renaceBajo el pico voraz del cuervo inmundo,Renacerá fulgentePara alumbrar y fecundar el mundoLa chispa redentoraQue arrebaté á tu cielo despiadado.Germen de eterna auroraDel caos en las entrañas arraigado!Desata, Dios caduco,La turba ladradora de tus vientos;Sacude los andrajos de tus nubes,Y acuda á tus acentosLa noche con sus sombras,Con montañas de espuma el Oceano:No apagarán la luz inextinguibleDel pensamiento humano.¿Qué importa mi martirio,Mi martirio de siglos, si aun atado,Júpiter inmortal, yo te provoco,Júpiter inmortal, yo te maldigo?¿Si el viejo Prometeo, el titán loco,El mártir de tu encono,Siente tronar la ráfaga tremendaQue va á tumbar tu trono?
Otro punto hay también, en el cual los opuestos y discordantes elementos que entraron en la fábula, argumento de la tragedia de Prometeo,hacen oscura su significación en Esquilo. Todavía, después de tantos siglos, queda en el poema de Andrade la misma oscuridad, vaguedad ó indecisión, la cual sería grave falta en cualquiera obra didáctica en prosa; pero en verso está bien y tiene singular hechizo, pues pinta la indecisión, las dudas, las contradicciones de la mente humana, así cinco ó seis siglos antes de Cristo, como diez y nueve después.
Entonces y ahora los hombres no estaban ni están contentos y satisfechos de lo presente; y así, ya fingen la edad de oro en lo pasado, de la cual hemos descendido por nuestra culpa hasta esta mísera edad de hierro; ya pintan, en lo pasado, una humanidad bestial y feroz, que ha ido y va levantándose, poco a poco, hacia el bien, la luz y la perfección; ya, concertando la antinomia, aseguran la caída primera, creen en una redención ulterior, y en pos de esta redención en el progreso.
De todo esto hay vagamente en Esquilo; y de todo esto hay también vagamente en Andrade.
A la verdad, cuando el Prometeo de este último, atado siempre y padeciendo su martirio, llega á descubrir sobre el Gólgota la Cruz del Salvador, el poeta argentino nos alucina por un momento y nos parece completamente cristiano. Se puede imaginar que la significación profética que da Augusto Nicolás á Prometeo es la que le inspira. El Prometeo de Andrade dice algo por el orden de las santas y hermosas palabras del viejo Simeón:Nunc dimittis servum tuum, Domine, in pace, quia viderunt oculi mei salutare tuum.
«¡Al fin puedo morir—grita el giganteCon sublime ademán y voz de trueno.—Aquella es la bandera de combate,Que en el aire serenoÓ al soplo de pujantes tempestadesVa á desplegar el pensamiento humano,Teñida con la sangre de otro mártir,Prometeo cristiano,Para expulsar del orgulloso OlimpoLas caducas deidades.Es un nuevo planeta que apareceTras los montes salvajes de JudeaPara alumbrar un ancho derroteroÁ la conciencia humana:El germen fulgurante de la ideaQue arrebaté al Olimpo despiadado;La encarnación gigante de mi raza,La raza prometeana.¡Al fin puedo morir! Hijo de Urano,Llevo sangre de dioses en las venas.¡Sangre que al fin se hiela!Aquel que me sucede, hijo del hombre,Lleva el fuego sagrado,Que eternamente riela,Ya le azoten los siglos con sus alas,Ó el viento furibundo;El fuego del espíritu, herederoDel imperio del mundo.»
«¡Al fin puedo morir—grita el giganteCon sublime ademán y voz de trueno.—Aquella es la bandera de combate,Que en el aire serenoÓ al soplo de pujantes tempestadesVa á desplegar el pensamiento humano,Teñida con la sangre de otro mártir,Prometeo cristiano,Para expulsar del orgulloso OlimpoLas caducas deidades.Es un nuevo planeta que apareceTras los montes salvajes de JudeaPara alumbrar un ancho derroteroÁ la conciencia humana:El germen fulgurante de la ideaQue arrebaté al Olimpo despiadado;La encarnación gigante de mi raza,La raza prometeana.¡Al fin puedo morir! Hijo de Urano,Llevo sangre de dioses en las venas.¡Sangre que al fin se hiela!Aquel que me sucede, hijo del hombre,Lleva el fuego sagrado,Que eternamente riela,Ya le azoten los siglos con sus alas,Ó el viento furibundo;El fuego del espíritu, herederoDel imperio del mundo.»
«¡Al fin puedo morir—grita el giganteCon sublime ademán y voz de trueno.—Aquella es la bandera de combate,Que en el aire serenoÓ al soplo de pujantes tempestadesVa á desplegar el pensamiento humano,Teñida con la sangre de otro mártir,Prometeo cristiano,Para expulsar del orgulloso OlimpoLas caducas deidades.Es un nuevo planeta que apareceTras los montes salvajes de JudeaPara alumbrar un ancho derroteroÁ la conciencia humana:El germen fulgurante de la ideaQue arrebaté al Olimpo despiadado;La encarnación gigante de mi raza,La raza prometeana.¡Al fin puedo morir! Hijo de Urano,Llevo sangre de dioses en las venas.¡Sangre que al fin se hiela!Aquel que me sucede, hijo del hombre,Lleva el fuego sagrado,Que eternamente riela,Ya le azoten los siglos con sus alas,Ó el viento furibundo;El fuego del espíritu, herederoDel imperio del mundo.»
Sin embargo, después de la atenta lectura de estos versos, se nota harto bien que el sentimiento cristiano ha entrado en ellos en pequeñísima dosis.
Cristo, según el poeta, vale más que Prometeo, no porque es Dios, sino porque es menos Dios y más hombre que el titán. Para el poeta, Prometeo, Cristo, Galileo, Sócrates, en suma, todo sabio que haya sido algo perseguido ó muy perseguido por clérigos y frailes, por inquisidores ó por dioses de cualquiera laya, viene á ser un titán, un Prometeo de mayor ó menor calibre, la personificación ó la encarnación del pensamiento humano, que es el verdadero Dios que inspira su poema y á quien le dedica.
El Prometeo de Andrade muere en cuanto ve morir á Jesús, y muere porque mueren los dioses todos para que reine sin rival el espíritu del hombre.
El poeta termina su obra entonando á este espíritu un cántico triunfal muy entusiasta. Todos los pensadores futuros serán otros tantos Prometeos, que es de suponer que no llegarán á padecer, ni con mucho, lo que padeció el titán, ni serán crucificados como Cristo, ni beberán cicuta como Sócrates, ni tendrán que sentir ninguna otra desazón mayúscula, como no hagan alguna tunantería ó algún disparate. Estos nuevos pensadores contribuirán á que amanezca pronto el claro día
En que el error y el fanatismo espirenCon doliente y confuso clamoreo.
En que el error y el fanatismo espirenCon doliente y confuso clamoreo.
En que el error y el fanatismo espirenCon doliente y confuso clamoreo.
Los poetas harán también brillante papel en este drama del porvenir. Andrade no cree, por dicha, como creen y sostienen ahora algunos pensadores del Ateneo de Madrid, que la poesía, al menos la rimada ó metrificada, va á morir por inútil. Los poetas serán las aves que cantarán la venida de esa aurora mental y social, y que secarán con sus alas la sangre y el sudor de los pensadores, perseguidos ó afanosos, si ellos se afanan y si alguien los persigue.
Para mí es evidentísimo que hay en todo este poema de Andrade portentoso brío y gran vuelo de inspiración. Lo que se echa muy de menos, y ¿por qué no decirlo con franqueza? es el estudio para prepararse á escribirle y el estudio al escribirle.
No quiero pararme en el desaliño ni en las rarezas del lenguaje. No gusto de disputar, y alguien hallará bien quizás lo que yo hallo deplorable; pero quede consignado, sin atreverme á decir que no está bien, que no me suena el que Cristo seaplaneta, y que preferiría que fueseestrellaósol; que la razaprometeaname choca y lastima los oídos, y que celebraría yo que Prometeo viese la Cruz y no lasiluetade la Cruz. Lasiluetame hace pensar en seguida en figurillas de papel recortadas con tijeras.
Las fábulas gentílicas no merecen el respeto que merece la historia. El poeta puede modificarlas á su antojo y bordar sobre ellas; pero aun en esta licencia se han de poner condiciones: de no observarlas, surgirán inconvenientes en daño del poema licencioso. Mientras más clara y transparente sea en Prometeo la representación del genio del hombre ó del pensamiento humano, menos vida poética tendrá el personaje: más se acercará á la fría abstracción: más se esfumará como mera é insustancial alegoría. Para Esquilo y para los atenienses, público de Esquilo, Prometeo era persona de verdad; y Júpiter y las ninfas del Océano, y todos los seres que aparecen en el drama, distan mucho de ser abstracciones y vanas prosopopeyas. Por esto sólo, aunque no lo fuese por más, sería el Prometeo de Esquilo superior á todos los Prometeos que se han escrito más tarde.
Los denuestos del poeta griego contra su Zeus ó Júpiter, vivo y reinante, debían de pasmar por su audacia: eran la protesta hermosa del derecho y de la razón contra la violencia y el poder. En el día nada significa hablar mal de Júpiter. Y si Júpiter es la superstición, el fanatismo, la idea de Dios ó un Dios en quien no se cree, y es como si no fuera, todo elemento dramático y épico se desvanece, y se reduce el poema á la lucha de una abstracción contra otra.
Ya se entiende que digo esto como consideración general, que afecta poco al mérito del poema de Andrade. El, ó reflexivamente ó por instinto, pensó como yo, é hizo su poema lírico, y no epopeya ni drama.
Y no es esto decir que, en nuestra edad moderna, no sea posible una epopeya ó un drama sobre Prometeo; pero, á mi ver, ha de ser de uno de estos tres modos: ya poniendo en parodia y en solfa el asunto, como en las operetas de Offenbach; ya ciñéndose con inspiración erudita al espíritu y pensar de los antiguos, sin bastardear ni mezclar las ideas anacrónicamente. Por tal estilo, bien podría un poeta muy helenista y muy sabio restaurar la trilogía, completando lo que de Esquilo nos falta, así como Leopardi compuso el himno á Neptuno, que parece traducción literal de uno de los himnos que se atribuyen á Homero. Puede, por último, y más bien pudo hará doscientos ó más años, cuando la filosofíade la historia no se había popularizado tanto, y cuando los poetas no metafisiqueaban tanto como hoy á sabiendas y reflexivamente, dar la fábula de Prometeo asunto para un drama, que no fuese bufo como las operetas, ni arqueológico tampoco, sino con moderno significado.
Calderón, á mi ver, nos dejó lindo ejemplo de esto en su precioso dramaLa estatua de Prometeo. Su intento fué sólo escribir una gran comedia de magia con mucha vistosa pompa, música y canto; pero la inspiración fué más allá del intento. Informada é iluminada la fábula terrible por la luz del cristianismo y por sus alegres esperanzas, toma el aspecto más risueño y tiene el desenlace más dichoso. El coro canta, con razón, al terminar: