The Project Gutenberg eBook ofCartas americanas. Primera serieThis ebook is for the use of anyone anywhere in the United States and most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this ebook or online atwww.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you will have to check the laws of the country where you are located before using this eBook.Title: Cartas americanas. Primera serieAuthor: Juan ValeraRelease date: August 20, 2020 [eBook #62984]Most recently updated: October 18, 2024Language: SpanishCredits: Produced by Chuck Greif and the Online DistributedProofreading Team at http://www.pgdp.net (This file wasproduced from images available at The Internet Archive)*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CARTAS AMERICANAS. PRIMERA SERIE ***
This ebook is for the use of anyone anywhere in the United States and most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this ebook or online atwww.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you will have to check the laws of the country where you are located before using this eBook.
Title: Cartas americanas. Primera serieAuthor: Juan ValeraRelease date: August 20, 2020 [eBook #62984]Most recently updated: October 18, 2024Language: SpanishCredits: Produced by Chuck Greif and the Online DistributedProofreading Team at http://www.pgdp.net (This file wasproduced from images available at The Internet Archive)
Title: Cartas americanas. Primera serie
Author: Juan Valera
Author: Juan Valera
Release date: August 20, 2020 [eBook #62984]Most recently updated: October 18, 2024
Language: Spanish
Credits: Produced by Chuck Greif and the Online DistributedProofreading Team at http://www.pgdp.net (This file wasproduced from images available at The Internet Archive)
*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK CARTAS AMERICANAS. PRIMERA SERIE ***
BIBLIOTECA DE AUTORES CÉLEBRESI
OBRAS DE DON JUAN VALERA
DE VENTA EN ESTA CASA
Á la primera serie de lasCartas americanasde D. Juan Valera seguirá muy en breve un tomo conteniendo poesias inéditas del gran poeta D. José Zorrilla.
Para los tomos sucesivos de estaBibliotecacontamos con obras de los Sres. D. José Zorrilla, don Juan Facundo Riaño, D. Gaspar Núñez de Arce, don Manuel del Palacio, D. Ramón Rodriguez Correa, D. Jacinto Octavio Picón, D. Salvador Rueda y otros.
BIBLIOTECA DE AUTORES CÉLEBRES
DON JUAN VALERAPRIMERA SERIEMADRIDFUENTES Y CAPDEVILLE——M DCCC LXXXIXES PROPIEDADMANUEL MINUESA DE LOS RÍOS, IMPRESORMiguel Servet, 13—Teléfono 651
Mi querido amigo: Como pobre muestra de la buena amistad que, desde hace años, me une á Ud., y de la gratitud que le debo por el benigno prólogo que escribió para mis novelas, dedico á Ud. este librito, donde van reunidas algunas de mis cartas sobre literatura de la América española.
Espero que sea Ud. indulgente conmigo y que acepte gustoso la ofrenda, á pesar de su corta ó ninguna importancia.
Yo entiendo, sin afectación de modestia, que mi trabajo es ligerísimo; pero la intención que me mueve y el asunto de que trato le prestan interés, del cual Ud., que con tanto fruto cultiva la historia política de nuestra nación, sabrá estimar el atractivo.
Breve fué la preponderancia de los hombres de nuestra Península en el concierto de las cinco ó seis naciones europeas que crearon la moderna civilización y por toda la tierra la difundieron; mas, á pesar de la brevedad, la preponderancia fué gloriosa y fecunda. Completamos casi, gracias á navegantes y descubridores atrevidos y dichosos, el conocimiento del planeta en que vivimos; ampliando el concepto de lo creado, despertamos é hicimos racional el anhelo de explorarlo y de explicarlo por la ciencia; abrimos y entregamos á la civilización inmensos continentes é islas; y luchamos con fe y con ahinco, ya que no con buena fortuna, porque la excelsa y sacra unidad de esa civilización no se rompiera.
Nuestra caída fué tan rápida y triste como portentosa fué nuestra elevación por su prontitud y magnificencia. Tiempo há que usted, con tanto saber como ingenio crítico, procura investigar las causas. Yo, por mi parte, ora me inclino á imaginar que lo colosal del empeño nos agotó las fuerzas; ora que por combatir en favor de principios que iban á sucumbir, sucumbimos con ellos; ora que la perseverante energia de la voluntad nos dió el imperio, en momento propicio, cuando por la invención de la pólvora y de la imprenta prevalecieron las calidades del espíritu sobre la fuerza material y bruta; imperio, que perdimos pronto, cuando vino á prevalecer otra fuerza, también material, aunque más alambicada: la que nace de las riquezas, creadas por la industria y por el trabajo metódico, bien ordenado, y combinado con el ahorro, en todo lo cual no descollamos nunca.
No son mías, sino en muy pequeña parte, esta atrevida opinión y esta más atrevida explicación de tan alto punto histórico: son de aquel discretísimo fraile dominicano Tomás Campanella, que dice:At postquam astutia plus valuit fortitudine, inventaeque typographiae et tormenta bellica, rerum summa rediit ad hispanos, homines sane impigros, fortes et astutos.
Como quiera que sea, nuestra decadencia llegó, á mi ver, á su colmo, en el primer tercio de este siglo, cuando acabó de desbaratarse el imperio que habíamos fundado, naciendo de la separación de las colonias muchas independientes Repúblicas.
Continuas guerras civiles, y estériles y sangrientas revoluciones, aquí y allí, nos trajeron á tan mísero estado, que nuestros corazones se abatieron, y del abatimiento nació la recriminación desdeñosa.
Los americanos supusieron que cuanto malo les ocurría era transmisión hereditaria de nuestra sangre, de nuestra cultura y de nuestras instituciones. Algunos llegaron al extremo de sostener que, si no hubiéramos ido á América y atajado, en su marcha ascendente, la cultura de Méjico y del Perú, hubiera habido en América una gran cultura original y propia. Nosotros, en cambio, imaginamos, ya que las razas indígenas y la sangre africana, mezclándose con la raza y sangre españolas, las viciaron é incapacitaron; ya que bastó á los criollos el pecadooriginal del españolismo para que, en virtud de ineludible ley histórica, estuviesen condenados á desaparecer y perderse en otras razas europeas, más briosas y entendidas.
El mal concepto que formamos unos de otros, al transcender de la desunión política, estuvo á punto de consumar el divorcio mental, cimentado en el odio y hasta en el injusto menosprecio.
Miras y proyectos ambiciosos, renacidos en España, en ocasiones en que esperábamos salir de la postración, como los conatos de erigir un trono, en el Ecuador ó en Méjico, para un príncipe ó semipríncipe español, y empresas y actos impremeditados, como la anexión de Santo Domingo, la guerra contra Chile y el Perú y la expedición á Méjico, aumentaron la malquerencia de la metrópoli y de las que fueron sus colonias.
Durante este período, si la cultura inglesa hubiese sido más comunicativa, hubiera penetrado en las repúblicas hispano-americanas; pero no lo es, y así apenas se sintió su influjo. Francia, por el contrario, ejerció poderosamente el suyo, que es tan invasor, é informó el movimiento intelectual y fomentó el progreso de la América española, aunque sin borrar, por dicha, ni desfigurar su ser castizo y las condiciones esenciales de su origen.
Hoy parecen ó terminados ó mitigados, tanto en América como en España, aquella fiebre de motines y disturbios, y aquel desasosiego incesante de la soldadesca, movida por caudillos ambiciosos, no siempre ilustrados y capaces, y aquel malestar que era consiguiente.
Más sosegados y menos miserables, así los pueblos de la América española como los de esta Península, se observan con simpática curiosidad, deponen los rencores, confían en el porvenir que les aguarda; y, sin pensar en alianzas ni confederaciones que tengan fin político práctico, pues la suma de tantas flaquezas nada produciría equivalente á los medios y recursos de cualquiera de los cuatro ó cinco Estados que predominan, piensan en reanudar sus antiguas relaciones, en estrechar y acrecentar su comercio intelectual, y en hacer ver que hay en todos los países de lengua española cierta unidad de civilización que la falta de unidad política no ha destruído.
Así va concertándose algo á modo de liga pacífica. Para los circunspectos y juiciosos es resultado satisfactorio el reconocer que la literatura española y la hispano-americana son lo mismo. Contamos y sumamos los espíritus, y no el poder material, y nos consolamos de no tenerle. Todavía, después de la raza inglesa, es la española la más numerosa y la más extendida por el mundo, entre las razas europeas.
A restablecer y conservar esta unidad superior de la raza no puede desconocerse que ha contribuído como nadie la Academia Española. Las Academias correspondientes, establecidas ya en varias Repúblicas, forman como una confederación literaria, donde el centro académico de Madrid, en nombre de España, ejerce cierta hegemonía, tan natural y suave, que ni engendra sospechas, ni suscita celos ó enojos.
En esta situación, se diría que nos hemos acercado y tratado. Apenas hay libro, que se escriba y se publique en América, que no nos le envíe el autor á los que en España nos dedicamos á escribir para el público. Yo, desdo hace seis ó siete años, recibo muchos de estos libros, pocos de los cuales entran aún en el comercio de librería, aquí desgraciadamente inactivo.
Cualquiera que procure darlos á conocer entre nosotros, creo yo que presta un servicio á las letras, y contribuye á la confirmación de la idea de unidad, que persiste, á pesar de la división política.
La América española dista mucho de ser mentalmente infecunda.
Desde antes de la independencia compite con la metrópoli en fecundidad mental. En algunos países, como en Méjico, se cuentan los escritores por miles, antes de que la República se proclamase. Después, y hasta hoy, la afición á escribir y la fecundidad han crecido. En ciencias naturales y exactas, y en industria y comercio, la América inglesa, ya independiente, ha florecido más; pero en letras es lícito decir sin jactancia que, asípor la cantidad como por la calidad, vence la América española á la América inglesa.
Tal vez se acuse á la América española de exuberancia en la poesía lírica; pero ya se advierten síntomas de que esto habrá de remediarse, yendo parte de la savia que hoy absorbe el lirismo á emplearse en vivificar otras ramas del árbol del saber y del ingenio. La crítica, la jurisprudencia, la historia, la geografía, la lingüística, la filosofía y otras severas disciplinas cuentan ya en América con hábiles, laboriosos y afortunados cultivadores. Baste citar, en prueba, y según acuden á mi memoria, los nombres de Alamán, Calvo, García Icazbalceta, Bello, Montes de Oca, Rufino Cuervo, Miguel Antonio Caro, Arango y Escandón, Francisco Pimentel, Liborio Cerda y Juan Montalvo.
Mis cartas carecen de verdadera unidad. Son un conato de dar á conocer pequeñísima parte de tan extenso asunto. Las dirijo á autores que me han enviado sus libros. No son obra completa, sino muestra de lo que he de seguir escribiendo, si el público no me falta. Como noticias y juicios aislados, sólo podrán ser un día un documento más para escribir la historia literaria delas Españasen el siglo presente. Porque las literaturas de Méjico, Colombia, Chile, Perú y demás repúblicas, si bien se conciben separadas, no cobran unidad superior y no son literatura general hispano-americana, sino en virtudde un lazo, para cuya formación es menester contar con la metrópoli.
En fin, tal cual es este librito, yo tengo verdadera satisfacción en dedicársele á Ud., aprovechando esta ocasión de reiterarle el testimonio de la gratitud que le debo y de la amistad que siempre le he consagrado.
27 de Febrero de 1888.
Á UN DESCONOCIDO
Muy señor mío: La carta que Ud. me dirige, ocultando su nombre, llegó á mi poder pocos días há con el periódico en que viene inserta,La Miscelánea, revista literaria y científica que se publica en Medellín, república de Colombia. A pesar de lo indulgente, fino y hasta cariñoso que está Ud. conmigo, lo cual me lisonjea en extremo, no he de negar, aunque lo achaque Ud. á soberbia, que me han dolido sus impugnaciones y que me siento picado y estimulado á replicar á ellas. Ya hace meses que recibí otra revista colombiana, que también me impugnaba y por el mismo motivo. El que escribió este otro artículo en contra mía y le publicó en la revista de Bogotá tituladaEl Telegrama, daba su nombre: era el Sr. Rivas Groot, á quien debe Ud. de conocer.
A él y á Ud. voy á contestar en esta carta, á ver si logro justificarme.
No es posible que Ud. se figure bien cuánto nos halaga, á los que en esta Península, dondese lee poquísimo, nos dedicamos á la literatura, que por esas regiones transatlánticas nos lean ustedes y nos hagan algún caso.
Así es que deseamos conservar el buen concepto en que Uds. tan generosamente nos tienen, y defendernos de cualquiera inculpación que tire á menoscabarle.
Usted y el Sr. Rivas Groot me acusan de Zoilo; de que procuro rebajar el mérito de Víctor Hugo. Pero aunque fuera así, ¿es Víctor Hugo inexpugnable y está por cima de toda crítica? Los fallos que se han dado en su favor, ¿son tan sin apelación que le dejen más á salvo de todo ataque que á Calderón ó á Shakspeare, pongo por caso? Pues bien: el valor de estos dos insignes poetas ha sido de harto distinta manera ponderado y tasado. ¿Qué distancia no hay entre el mediano aprecio que concede Sismondi á Calderón y la idolatría con que le veneran Schack y ambos Schlegel? ¿Seguiremos á Voltaire y á Moratín, ó á Emerson y á Carlyle, para marcar los grados de entusiasmo que debe inspirarnos el autor deHamlet?
La verdad es que si hay una inconcusa filosofía del arte, una estética perenne, no se funda en ella hasta ahora ningún inalterable código universal, ó sea ordenada recopilación de reglas con sujeción á las cuales se ejerza la crítica. Y aun dado que el código exista, yo creo que ha de ser difícil de interpretar y de aplicar, cuando tanta discrepancia se nota en los juicios, no ya sobre un singular autor, sino sobre siglos enteros de la literatura de todas las naciones.
Hasta hace pocos años la critica ilustrada afirmaba que casi toda literatura era bárbara é insufrible, salvo en los cuatro siglos de Pericles, Augusto, León X y Luis XIV, á los cuales correspondían las cuatro Poéticas de Aristóteles, Horacio, Vida y Boileau. Ahora hemos venido á dar en el extremo contrario. ElMahabarata, elRamayana, losEdasy elNibelungenlied, parecen á muchos mejor que laEneida, y elMinnegesangmejor que las Odas de Píndaro y del Venusino.
Sin duda que se ha adelantado mucho en Estética. Sin duda que la erudición ha traído de remotos países ó ha desenterrado del polvo de las Bibliotecas ignorados tesoros literarios. Idiomas, civilizaciones enteras, himnos, dramas, epoyeyas, todo ha vuelto á la luz. Ha habido y hay renacimiento universal y cosmopolita. Pero ¿no recela Ud. que tanta novedad nos deslumbre y atolondre? ¿No podremos decir, citando lo del antiguo romance,
Con la grande polvaredaPerdimos á don Beltrane?
Con la grande polvaredaPerdimos á don Beltrane?
Con la grande polvaredaPerdimos á don Beltrane?
Y este don Beltrane, en el caso presente, ¿no será quizás el sentido común, ó, mejor dicho, el recto y reposado juicio?
La crítica antes no era tan profunda: no se fundaba en filosofías, que el crítico á menudo no entiende, sino que se fundaba en cualquiera de las cuatro ya citadas Poéticas, ó en todas ellas, á cuyos preceptos, convengo en que muy literalmente interpretados, solía ceñirse el que criticaba; pero hoy se va éste por los cerros de Úbeda, arma un caramillo de sutilezas, abre abismos rellenos de inefables sentimientos y pensamientos, y se empeña en convencernos de todo lo que se le antoja, haciéndonos tragar como sublimidades mil rarezas y como maravillas delgeniomil extravagancias.
Contra estas extravagancias y rarezas, que yo no quiero tragar, y de cuya bondad no logra nadie convencerme, es contra lo que yo voy. A Víctor Hugo, aunque abunda en ellas como el conjunto de mil autores de los más extravagantes, yo le celebro, tal vez en demasía. Yo he llegado á decir que pongo á Víctor Hugo en el trono como rey de los poetas de nuestro siglo por su fecundidad, por su pujanza de imaginación y por otras prendas, si bien Goethe era más profundo y más sabio; y Leopardi, que también sabía más, era más elegante, y más sentido, y más limpio y hermoso en la forma; y Manzoni y Whittier y Quintana, más firmes, constantes, fieles y sinceramente convencidos en sus opiniones y doctrinas; y Zorrilla, más espontáneo, más rico de frescura y menos dado á rebuscar pomposidades enormes para llamar la atención.
Sin rayar en delirio no se puede hacer mayor elogio de Víctor Hugo, á pesar de las cortapisas. Ni Ud. ni el Sr. Rivas Groot debieran ponerme pleito, sino los aficionados de Espronceda, de Heine, de Shelley, de Byron, de Moore, de Tennyson, de Garrett, de Miskiewicz, de Lermontoff, de Puschkin y de tantos otros á quienes dejo tamañitos.
Y no hay contradicción en mí, como supone el Sr. Rivas Groot. Si hay contradicción, está en la misma naturaleza de las cosas. Ni yo me contradigo elogiando en general y tratando luego, en los pormenores, de hacer añicos el ídolo que he levantado. El ídolo quedaría en pie, aunque de mi voluntad dependiese derribarle; pero lo que hay en él de feo y de deforme no se lo quitarán de encima sus más elocuentes adoradores.
¿Fué ó no fué Góngora un excelente é inspirado poeta? ¿Quién se atreverá á negar que lo fué? Sus romances, sus letrillas, algunos sonetos, la canción á la Invencible Armada, dan de ello claro é irrefragable testimonio. Hasta en elPolifemoy en lasSoledadessu ingenio resplandece. Pero ¿será menester, á fin de no incurrir en contradicción, cerrar los ojos y no ver los desatinos, las extravagancias y el perverso gusto que afean lasSoledades, elPolifemoy otras obras de mi egregio paisano?
Hágase Ud. cuenta de que Víctor Hugo es algo semejante: es un Góngora francés de nuestros días. Ha escrito más que Góngora, y ha tenido más aciertos, y ha creado más bellezas que Góngora; pero también ha dicho muchísimos más disparates. Si me pusiera yo á sacarlos á relucir, ni en cuatro ó cinco tomos gordos lo conseguiría. Me remito, por lo tanto, y para abreviar, á los que ya puse en misApuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas. Si todo lo citado allí no es desatinado, por la forma ó por el fondo, ó por forma y fondo á la vez, sin duda que soy yo el desatinado, y no discuto y me doy por vencido.Al público imparcial y juicioso apelo. Aquí sólo voy á replicar á las razones que da Ud. para demostrar que dos ó tres de esas frases, que cito yo como grotescas, encierran pensamientos profundos y son como un pozo de insondables filosofías.
Á Nuestro Señor Jesucristo se le representa simbólicamente bajo el nombre deleóny bajo la figura decordero. Es el León de Judá, es el Cordero de Dios, que lleva los pecados del mundo; pero ambos nombres están ya consagrados: por cerca de veinte siglos el decordero, y el deleónpor mucho más: lo menos desde los tiempos de Isaías. Ambos nombres deleóny decorderoresponden á un simbolismo propio de las lenguas y costumbres del antiguo Oriente. Y en el día de hoy no chocan, antes gustan, bien empleados, aunque no se apliquen á Cristo. De un militar animoso y fuerte se dice que es un león, y de un joven inocente y manso se puede decir, en son de elogio, que es un cordero. Pero, señor desconocido, por las ánimas benditas, ¿habilita esto y faculta á nadie para llamar también á Cristoinmensa lechuza de luz y de amor, aunque en francés sea más eufónico que en castellano el nombre de lechuza? Las comparaciones de dioses, de héroes, de semidioses y hasta de hombres con animales no se aguantan hoy, ni se oyen sin risa, como no sean de las ya consagradas por miles de años, ó de las que se hacen con suma habilidad, entre las cuales no es posible poner la de lechuza aplicada á Cristo, aunque la lechuza sea emblema de vigilancia, de sabiduría y de otras cosas muy estimables. En lo antiguo había cierta candidez que consentía esto; pero ¿cómo tomar hoy la misma venia? Homero compara á los guerreros á las moscas, que acuden á un tarro de leche, y á las grullas, que van á combatir á los pigmeos, y compara á Ulises con un carnero lanudo, y á Ayax, defendiendo el cuerpo de Patroclo, á pesar de tanto troyano como embiste y cae sobre él, á un burro terco y hambriento, que sigue pastando, á pesar de los muchos villanos armados de estacas que le sacuden para alejarle del pasto. Todo esto es precioso, y nos hace muchísima gracia en Homero; pero ¿quién no se burlaría ó se indignaría si comparásemos hoy á Napoleón I á un carnero lanudo, y á Daoiz y á Velarde, que se defienden con igual obstinación que Ayax, á lo mismo que Homero compara á Ayax?
Además, Víctor Hugo no se limita á comparar. Con su estilo enfático hace más: transforma. No es Cristo como una lechuza ó semejante á una lechuza, sino que es lechuza.
Sobre otra de mis citas trata Ud. de darme una lección, pero sin motivo. El vocablo francéscrachatsignifica vulgarmente placa de comendador ó de caballero gran cruz. Convenido. ¿Cómo he de ignorar yo esto, por poquísimo francés que sepa? Lo que me sucedió es que al traducir
L’univers étoilé est un crachat de Dieu,
L’univers étoilé est un crachat de Dieu,
L’univers étoilé est un crachat de Dieu,
hallé más grotesca aún la traducción que usted hace que la que yo hice.
Yo no podía figurarme al Padre Eterno de uniforme, con sus grandes cruces colgando, y hasta con espadín y sombrero de tres picos. Vea usted por qué no traduje que el cielo estrellado era la placa de Dios. Pase porque sea el cielo estrellado el manto de Dios, su vestidura, su túnica; pero sucrachat....., vamos, esto es ya demasiado. Todavía, á pesar del alto concepto metafísico y todo espiritual que hoy tenemos de Dios, se consiente que, por la larga costumbre, nos le representemos, valiéndonos de imagen material, como un anciano venerable, con luengas y flotantes vestiduras. Lo que no se puede sufrir es representarle con uniforme de ministro y con placas, aunque sean estas placas soles. Sin duda que uniforme y placas tan desmedidos tienen cierta sublimidad matemática, y corresponden á la inmensidad de Dios por lo extenso; pero hay bastante grosería materialista y risible en figurarse á Dios así, como un ser excesivamente corpulento y vestido á la moda de nuestros días.
Además, habiendo en francés la palabraplaca, valerse de la palabracrachat, más innoble y muy anfibológica, me pareció tan fuera de lo que se usa, que no quise yo persuadirme de que Víctor Hugo hacía de Dios unMonsieur décoré. Entendí, pues, que la intención de Víctor Hugo era la de buscar, no la sublimidad matemática extensa, sino la sublimidad dinámica, y traduje suavizando, y aun creo que no traduje mal,El cielo estrellado es un esputo de Dios. La imagen tiene de esta suerte sabor á poema indio, y hace más grande y poderoso á Dios escupiendo el mundoque llevándole colgado en el uniforme como una venera.
Más natural que llevar colgado el universo, es en un Dios creador lanzarle de su boca. Algo, aunque al revés, recuerdo yo haber leído en elRamayana. Siva, el dios destructor, se encoleriza contra los sesenta mil hijos del rey Sagara y de su legitima esposa Sumatis, hermana de Garuda, rey de los pájaros, porque estos príncipes han hecho doscientas mil insolencias y travesuras, y, sin respeto ni consideración á las tortugas y elefantes colosales que sostienen la pesadumbre del mundo, han bajado al abismo. Entonces Siva da un resoplido con las narices, y los sesenta mil héroes quedan reducidos á ceniza.
En edades primitivas, cuando, para el vulgo al menos, la idea de la Divinidad tenía no poco de infantil, es esto extremadamente sublime; pero en nuestra edad, el poeta que nos quiera representar á Dios valiéndose de imágenes materiales, por gigantescas que sean, se expone, á mi ver, á dar en lo ridículo al ir á buscar lo sublime.
En resolución, y como Ud. mismo declara, yo elogio mucho á Víctor Hugo. La diferencia entre usted y el Sr. Rivas Groot por un lado, y yo por otro, está en que yo le elogio á pesar de sus pecados, y Ud. y su compatriota encarecen el elogio hasta declararle impecable.
Acaso consista esta diferencia en que Ud. se deja guiar en sus juicios por una estética muy encumbrada, mientras que yo, aunque gusto de la estética, y creo que para cierta crítica afirmativa es indispensable, todavía estimo los antiguos preceptos de las Poéticas, fundadas sólo acaso en el sentido común, en el buen gusto y en la observación y el estudio, y creo que dichos preceptos, si no valen para descubrir bellezas y sublimidades, son infalibles y seguros en lo tocante á señalar los verdaderos defectos. Y es indudable que estos defectos deben señalarse, sobre todo en los autores famosos, á quienes suelen imitar los que empiezan, imitando con más frecuencia los extravíos, porque son más fáciles de imitar.
Sólo me queda por decir que agradezco á usted mucho las muestras de afecto y de estimación que me da en su carta, la cual, aunque no sea sino por esto, no he querido dejar sin contestación.
12 de Marzo de 1888.
Á D. Jesús Ceballos Dosamantes
Muy estimado señor mío: Con grande contento y satisfacción de amor propio he recibido la carta de Ud. y el ejemplar, que la acompañaba, del interesante libro que Ud. acaba de publicar en esa ciudad de México, y cuyo título esEl perfeccionismo absoluto. Bases fundamentales de un nuevo sistema filosófico.
Harto bien comprendo el enorme disgusto de usted, después de haber condenado todas las creencias de sus mayores, renegado de ellas y quedándose sin fe en nada, sin religión y sin filosofía. Pero si lo que Ud. piensa ahora no es ilusión, nunca el refránno hay mal que por bien no vengapudo ser traído más á cuento. Lícito es afirmar entonces que la tristísima situación de ánimo en que Ud. se puso, sus dudas y negaciones ultracartesianas, y el vago y vacilante punto de apoyo que sólo sostenía, al borde de un abismo el inseguro ingenio de Ud., fueron á modo detrampolín, que dió empuje á dicho ingenio para brincar y encaramarse á una altura adonde en balde han aspirado á subir los sabios, desde Pitágoras, ó desde mucho antes, hasta nuestros días.
El triunfo de que Ud. se jacta es tan estupendo, es tan soberbio eleurekade Ud., y es tan precioso el hallazgo, que no ha de extrañar Ud. ni tomar á mal que yo dude de todo y no acepte nada sin examen. Usted me honra y me lisonjea mucho consultándome; pero me consulta á titulo de escéptico, y yo desempeñaría pérfidamente mi papel si no mostrase mi escepticismo, en lo esencial al menos.
En lo restante, para no pecar de prolijo, voy á convenir con Ud., y aun voy á ir más allá: voy á dar por demostrado é innegable, así lo que Ud. supone descubierto ya por la ciencia experimental, como las hipótesis plausibles que Ud. aventura.
De esta suerte, Ud. y yo coincidiremos en la idea que de todo el universo formamos, y en la marcha que siguen cuantas cosas hay en él, y principalmente el humano linaje, aproximándose cada vez más á la perfección.
Yo sé poquísimo de ciencias naturales y exactas; pero el saber de los otros suplirá mi saber, y yo me fiaré de lo que Ud. y otros aseguren, y lo tomaré por cierto.
No es del caso entrar en pormenores. Voy á decir, en resumen, lo que tenemos averiguado.
En el espacio infinito hay innumerable muchedumbre de soles. Poco nos importa determinar aquí si estos soles giran en torno de otros solescentrales, se están quietos, ó qué es lo que hacen. Nuestro sol, que es medianejo, no ha de ser privilegiado ni el único que gaste el lujo de tener planetas y cometas. Luego habrá de fijo planetas y cometas en otros soles, y cada uno de ellos formará un sistema solar. Como el globo en que vivimos, con ser bastante ruin, tiene plantas, animales y hombres, no podemos negar, sin injusticia y sin soberbia, plantas, animales y hombres á los otros planetas de nuestro sol, y á los planetas de otros soles, y á los soles mismos. El modo de vivir, los usos y costumbres y el ser orgánico de los vivientes serán muy diversos en cada astro, porque el clima debe de serlo también; pero en cuanto á entender y á discurrir, por todas partes habrá identidad. En todas partes, tres y dos serán cinco; dos cosas iguales á una tercera, serán iguales entre sí; nada podrá ser y no ser al mismo tiempo, etc.
En lo que nos diferenciaremos será en la cantidad y no en la calidad del entendimiento. Podemos presumir que en tal planeta están más atrasados que en éste, y en tal otro están más adelantados. Y podemos presumir también que hay castas de animales racionales, en otros planetas, superiores por naturaleza á los que aquí hay; ya que, aun aquí mismo, en la tierra, hay castas de hombres más listos y capaces que otros, pues no hemos de negar que los ingleses, por ejemplo, son, hasta por naturaleza, y no sólo por educación, superiores á los zulúes.
Dadas ya esta variedad y abundancia de seres que vemos, columbramos ó suponemos, y conasiento nosotros en este teatro, donde asistimos á un espectáculo que no tiene fin, ni en el espacio, ni en el tiempo, ó, si le tiene, va más allá ese fin de la más audaz imaginación y no sólo de los ojos, tratemos de explicar el origen del espectáculo mismo, si origen tuvo, y cuál podrá ser su término ó su desenlace, si alguna vez le tiene. Si hacemos bien esto, construiremos, sin duda, una filosofía verdadera, y por lo tanto perenne, lo cual no será sólo para mera curiosidad, sino será asunto de inmenso interés para todos los hombres, ya que nos hará ver claro cuál es nuestro destino futuro y las causas y propósitos de cuanto existe.
Yo creo que, á pesar del telescopio y del espectroscopio, no estamos aún muy al corriente de lo que pasa en el universo, y que, por arte experimental ó de observación, sólo conocemos del universo un mezquino rinconcillo, y éste mal y de modo somero. Me allano, no obstante, á aceptar con Ud. lo que Ud., no por experiencia, sino por analogía infiere, y doy por verdad el progreso como ley cósmica.
Dice Ud. que nada sale de la nada, y que la sustancia, la materia prima, lo que es, llámese como se llame, existeab aeterno. Sea así. Aunque se me ocurre una grave dificultad, no quiero reparar en ella. Toda la sustancia ha estado en el caos hasta que el universo empezó á formarse. Salió del caos el calor, salió la luz y empezó el progreso. Si supusiésemos ó imaginásemos que antes de este universo progresivo, y antes del caos, hubo algún otro universo que volvió á dicho caos, todo nuestro sistema se hundiría. Adiós, progreso seguro, infalible y sin fin. Así como pudo destruirse otro universo anterior, podría éste destruirse también, y entonces todas nuestras esperanzas de inmortalidad saldrian hueras. Volveríamos al caos todos. Decidamos, pues, que no ha habido ni podido haber otro universo sino el presente, y que antes de él sólo hubo caos eterno, hasta que, hará un millón, un billón ó más de años, se le antojó al caos organizarse, convertirse en universo y ser progresista.
Aquí tropiezo con otra dificultad; pero voy á dar un rodeo para pasar adelante y no quedarme atascado en medio del camino.
En el caos estaban, en potencia, en germen, el calor, la luz, la vida, la inteligencia, la conciencia, etc.; pero desde el germen al desarrollo, desde la potencia al acto, hay una distancia, hay un abismo que no se rellena con el tiempo sólo. Por muchísimos siglos que pongamos entre un ser que casi es no ser, entre el caos ó la materia prima y el universo de ahora, no pondremos puente, y será menester dar un salto audaz é inexplicable.
En el caos estaba el germen de todo, como en la bellota está el germen de la encina; pero, así como la bellota se quedará bellota y no llegará á ser encina nunca si no le dan jugos la tierra, el agua y el aire, y luz y calor el sol, así también el caos se hubiera quedado caos sin algo extraño que moviese sus gérmenes. Ponga Ud. el caos como quien pone un huevo; pero, si alguien no le empolla, huevo se quedará y no saldrá de élpajarillo. Repito, con todo, que yo soy de buen componer, y hago la vista gorda, y paso porque el caos, por sí y ante sí, sin nada de fuera que lo sacuda, tiene en un momento memorable el capricho de organizarse y de dejar de ser caos.
Lo primero que el caos saca entonces de sí mismo es una cosa que Ud. llamaagente cósmicoócausa creadora, como si dijéramos, undemiurgo.
Raro é inexplicable ser es estedemiurgo. Tiene poder é inteligencia, y no es persona. Desde que aparece hasta hoy, su inteligencia y su poder van creciendo, pero sin llegar nunca á la personalidad y á la conciencia. La conciencia y la personalidad sólo aparecen en nosotros y sólo están en nosotros: los hombres.
Mucho queda que andar al caos y aldemiurgoó agente cósmico, que en él reside, para llegar á producirnos, á nosotros, seres humanos. Dejo de señalar aquí los pasos que dan caos ydemiurgo; y si alguien quiere saberlos, le remito á laHistoria de la creación de los seres organizados, donde Ernesto Haeckel lo explica todo con tanta puntualidad y exactitud como si hubiera seguido la pista aldemiurgoy hubiera presenciado sus hábiles é inteligentes, aunque inconscientes, operaciones.
Baste saber en compendio que, allá en la edad primordial, nuestro padre común fué elprotoplasma, organismo sin órganos: un moco, con perdón sea dicho. Este moco, que no era moco de pavo, va progresando, á través de las edades, y llega á ser gusano, con forma de saco. A fuerza de trabajar y luchar por la vida, consigue luego el gusano tener vértebras, pero sin cráneo ni sesos aún. Luego se proporciona cráneo y sesos. Más tarde adquiere mamas ó tetas. En seguida vienen los marsupiales, transición entre el ovíparo y el vivíparo. Síguese el animal que ya pare de veras, y de aquí el mono, y luego el mono catarrinio y con cola, durante el período eoceno; el catarrinio pierde, en el mioceno, la cola; y, por último, en el periodo plioceno, surge el hombre pitecoide,alaloó sin palabra. De este hombre pitecoide nacen luego, siguiendo el progreso, losulotrixos, ó gente de pelo crespo, y loslisotrixos, ó gente de pelo liso; y de éstos, todas las razas humanas, de las cuales las más bien dotadas, hasta hoy, parecen ser laseuplocamas, ó de cabello suave y con bucles; y de estas genteseuplocamas, las más nobles son las que vinieron á establecerse á orillas del Mar Mediterráneo, á saber: semitas, vascos, indo-europeos y caucásicos.
Yo acepto todo esto como si no hubiese la menor objeción que hacer.
Tenemos, pues, los datos para nuestra filosofía. Filosofemos.
El progreso es evidente y constante.
Desde la monera, desde el protoplasma, desde el moco, hemos llegado á un organismo tan complicado como el de nuestro cuerpo, y en él, por vez primera, ha aparecido la persona, la conciencia y la reflexión, por cuya virtud nos entendemos á nosotros mismos y á todo lo que es ó puede ser fuera de nosotros.
¿Acabará aquí el progreso, ó seguirá adelante? Seguirá adelante. La historia de la humanidad lo demuestra. Ahí están todos los primores, lindezas, galas y artefactos, leyes, vestimentas, casas y música, que hemos inventado, desde que dejamos de seralalosy rompimos á hablar, hasta hoy, que tenemos telégrafo, teléfono, fotografía, torpedos y dinamita.
Lo extraño es, y vuelvo á uno de mis temas, que elagente cósmico, lacausa creadora, como usted la llama también, haga todo esto con sabiduría estúpida, y sin saber lo que hace; pues si lo supiera, diría con más razón que Virgilio:Sic vos non vobis. Da inteligencia, da personalidad, da mil cosas más, y se queda sin nada. La antigua sentencia que reza,nemo dat quod in se non habet, pierde aquí todo su valor.
Pero si la conciencia y la personalidad no están en elagente cósmicoy están sólo en cada uno de nosotros, seres humanos, como quiera que nosotros vivimos unos cuantos años y nos morimos luego, la ley del progreso se realizará en todo, menos en la conciencia y en la personalidad individuales.
Usted quiere que dicha ley se cumpla en todo, y para ello afirma que una vez que tenemos persona y conciencia, y aun antes, en la sustancia donde la conciencia y la persona están en preparación, hay inmortalidad. Según Ud., de la materia más sutil y etérea se forman concreciones y organismos sutilísimos, y éstas son las almas de todo; las cuales almas van progresando, educándose y pasando de unos cuerpos en otros,desde el helecho, por ejemplo, hasta el cuerpo de Darwin. Así este ser sutil logra aprenderlo todo por experiencia y desenvuelve sus facultades.
Si estos cuerpos fluidos y etéreos son indestructibles, equivalen á lo que antes llamábamos almas. Así se destruye el dualismo que se ponía entre espíritu y materia. Y á la verdad, como ni de la materia ni del espíritu conocemos la esencia, y sólo sabemos de ellos por los atributos y efectos, yo no quiero, ni debo por lo pronto, suscitar disputa.
Si Ud. da al alma humana todos los caracteres y atributos que al espíritu dábamos antes; si usted reconoce que es una, indivisible, sutilísima é inmortal, nada importa el nombre. Llamémosla, pues, cuerpo fluido, ya que este cuerpo ha de correr con más que eléctrica velocidad, por donde venga á ser como ubicuo, y ha de sustraerse á la corrupción y á la muerte, y ha de cruzar el éter y toda la amplitud de los cielos, y ha de conocer y ha de amar cuanto en ellos se contiene de bueno, verdadero y hermoso.
Muy bien me parece además que estas almas, para ir ascendiendo á la perfección, necesiten de más de una vida, y hasta considero razonable la sospecha que tiene Ud. de que el Flammarión de ahora sea Giordano Bruno redivivo, y de que el benemérito repúblico Benito Juárez, á quien tanto debe la democracia y autonomía mexicanas, no haya sido otro sino el rey ó emperador Cuauhtemoc, de gloriosa memoria.
Lo que se me resiste bastante es eso de quenuestra alma sea neutra, y ora se encarne en cuerpo de mujer, ora en cuerpo de hombre. Alguna fuerza tiene el raciocinio que Ud. hace de que, si fuéramos hombres ó mujeres siempre, no sabríamos por experiencia sino la mitad de lo que hay que saber; pero, ¿qué quiere Ud.?....., á pesar de todo, me repugnan esos cambalaches.
Noto ahora que mi carta va siendo demasiado larga; y como tengo muchísimo que decir aún sobre su libro de Ud., lo dejo para otras, y termino ésta asegurando á Ud. que ha de quedar menos disgustado de lo que me queda por decir que de lo que he dicho hasta ahora. De todos modos soy su atento y seguro servidor y deseo ser su amigo.
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19 de Marzo de 1888.
Muy estimado señor mío: Á pesar de todo mi escepticismo, es tanto lo que me agrada y consuela eso que Ud. asegura de que tenemos un cuerpo fluido inmortal, que me inclino muchísimo á darlo por probado.
No se contenta Ud. con aducir argumentos teóricos en favor de tal aserto, sino que sostiene que la existencia de dichos cuerpos fluidos, sutiles é indivisibles (que, si Ud. me permite, seguiremos llamando almas, por ser más breve), se sabe por experiencia; esto es, que desde muy antiguo estamos en comunicación con las almas, y que no es delirio, sino realidad, lapsicogogiaó nigromancia: el arte de evocar á los muertos y de traerlos á que hablen con los vivos. Las historias profanas y sagradas están llenas de casos semejantes. Saúl evoca, por medio de la Pitonisa de Endor, la sombra ó alma de Samuel; Pausanias de Bizancio, la de su querida Cleonice; y Periandro, la de su esposa Melisa. Con el andar del tiempo, parece que este arte ha adelantado mucho, y hoy se llamaespiritismo.
Yo no he de negar aquí elespiritismo; pero he de apuntar ciertas dudas que me asaltan.
Esos espíritus ó cuerpos tenues, imperceptibles á nuestros sentidos, en el estado normal de éstos, ¿por qué han de ser precisamente almas humanas separadas de sus cuerpos? ¿No podrán ser otro linaje de seres? Como Ud. desecha toda religión positiva, yo me guardaré bien de suponer, ni por medio minuto, que puedan ser diablos ó ángeles; pero ¿por qué no serán duendes, ondinas, sílfides, driadas, gnomos, ó algo así? Ya que Ud. da por segura la existencia de esos cuerpos orgánicos, tenues y etéreos, debe Ud. ser consecuente y no creer que los tales cuerpos sólo se crían para envainarse en cuerpos sólidos humanos y animarlos. ¿Por qué no los ha de haber que vaguen por el aire, ó penetren en las entrañas de la tierra, ó vivan en el seno de los mares, y hasta en la luz y en el fuego, y desdeñen encerrarse en ese forro ó guardapolvo de nuestroscuerpos sólidos y visibles? Ello es que las historias están llenas también de amores, amistades y tratos de estos seres con personas de nuestra especie, que han tenido bastante perspicacia y agudeza en los ojos ó en los oídos para verlos ó para hablar con ellos.
El padre Fuente la Peña ha escrito con buen tino sobre estas relaciones de hombres y de mujeres con entes racionales no humanos, y por lo común invisibles, que viven en nuestro planeta. Y más singular y luminosamente ha tratado el asunto, en una obra eruditísima, el reverendo padre Sinistrari del Ameno. Aseguro á Ud. que son divertidísimos los verídicos amoríos que refiere este último padre de mujeres con duendes y de hombres con sílfides y salamandras. ¿Quién sabe si el precioso cuento de Carlos Nodier, del duende escocés enamorado de la joven casada, será un sucedido?
Pero, en fin, para facilitar nuestra filosofía, demos por de ningún valer las objeciones anteriores, y declaremos que los tales cuerpos fluidos, inteligentes y con conciencia, sólo se crían para informar nuestros cuerpos sólidos; y que dichos cuerpos fluidos, que son inmortales, ó están cesantes y de bureo y huelga hasta colarse en un cuerpo nuevo, ó están empaquetados,incorporadosy en activo servicio.
Da Ud. tales señas y tales pruebas sobre dichos cuerpos fluidos, que es menester creer ó reventar, como vulgarmente se dice.
El gran sabio inglés Guillermo Crookes, de la Sociedad Real de Londres, acude muy á tiempoen auxilio de Ud. con suradiómetro. La sustancia contenida en el tubo de vidrio del aparato llega al más asombroso estado de rarefacción, y despliega entonces sus propiedades y su energía. Esto es lo que llamanmateria radiante, pero inorgánica. Y Ud. raciocina con excelente lógica al suponer que hay otramateria radianteorgánica, y que de ella están confeccionadas nuestras almas. Estamateria radianteorgánica ha de ser más difícil de estudiar, á causa de su extrema sutileza; pero, á lo que Ud. asegura, el citado sabio Guillermo Crookes, que rarifica la materia, acertó á condensar un espíritu que iba de tapadillo á oir sus lecciones, y logró hacerle patente á los ojos de todos sus discípulos. Siete fotógrafos que estaban allí, con sendas máquinas ó cámaras oscuras, sacaron retratos del espíritu desde diversos puntos de vista.
Ya, pues, no cabe duda. Hay seresmonocorpóreos, como Ud. los llama, organismos sutiles inteligentes, cuerpos fluidos vivos, que se han visto y que hasta se han fotografiado.
Con estos cuerpos se explica todo, y el progreso individual no es quimera. Hasta se me pasa el susto, que yo había tenido á veces, de que todo este trabajo que estamos dando los hombres, fuese inútil para nosotros, porque pudiese sobrevenir otra raza que fuera con relación á nosotros lo que nosotros somos con relación al gorila, y que nos mandase á paseo ó tal vez nos destruyese. Ahora ya importa poco esto. Nuestros cuerpos fluidos inmortales saldrán ganando siempre, y tendrán por estuche ó envoltura, si nueva razaaparece, cuerpos sólidos más gallardos y primorosos.
En el movimiento ascensional y en la transformación de las especies, lo que hay en nosotros de individual (el cuerpo fluido) saldrá siempre mejorado.
Me parece que Ud. sabrá, como yo, que no fué Darwin el primero á quien se le ocurrió el transformismo. Ya desde muy antiguo le habían imaginado otros sabios. Algo indica de ello el ilustre Juan Bautista Porta en suMagia natural; y todavía es más explícito, aunque vivió mucho antes, en tiempo de León X, el elegante y docto poeta Fracastoro, el cual expresamente predice que aun han de aparecer en su día y sazón nuevos seres.