CENA CUARTA DEL TERCERO ACTO.

CENA CUARTA DEL TERCERO ACTO.En que Isabela, leida la carta que la vieja dexó, y entendiendo enteramente el caso, mucho su celeridad y poco miramiento incusa; Cecilia le da muchos consuelos; en fin de pláticas va á llamar á Valera para que entienda en las amistades de Dolosina con ellas. Introdúcense:ISABELA. — CECILIA.

En que Isabela, leida la carta que la vieja dexó, y entendiendo enteramente el caso, mucho su celeridad y poco miramiento incusa; Cecilia le da muchos consuelos; en fin de pláticas va á llamar á Valera para que entienda en las amistades de Dolosina con ellas. Introdúcense:

ISABELA. — CECILIA.

Isab.Agora ¿consideras, Cecilia, quantos engaños y traiciones hay por el mundo? ¿Quién pensára tal, que esta mala vieja, con sus fingidas santidades y palabras dulces, vinia á contaminar el homenaje de mi limpieza?

Cec.Cierto, señora, que no debia ser esperta en las armas; pues viniendo á dar combate á fortaleza, venía sin amparo de capacete para las piedras y petrechos que los cercados habian de soltar en su defensa.

Isab.¿No viste cómo se hizo muerta como raposa apaleada?

Cec.Si vi, mas poco le prestó, que si mi espada no hiciera muestras de se quebrar, no cesára aún por su industria la batalla.

Isab.Agora bien, vaya á la mala ventura, que por el necio atrevido de quien la envió, no faltaré al amor que á Selvago tengo; pues por sus razones este dia pasado claramente conocí no vivir engañada.

Cec.¡Ce, señora, qué digo yo! ¿No ves la carta que traia la falsaria á par de la puerta?

Isab.Por tu fe, Cecilia, que la hagas pedazos, que me parece ofender á Selvago lo contrario haciendo.

Cec.Por mi salud, señora, que tal no sea, sino que hemos de saber en qué mundo vivimos, y reir un poco con sus necedades, pues se puede hacer tan á nuestro salvo.

Isab.Haz tú lo que por bien tuvieres, mas yo lavo en ello mis manos; mas mira á todo esto no sea recepta de purga, como dixo la vieja, y te quedes soplando las manos, tu gozo en el pozo, con la miel en los labios.

Cec.Anda, señora, que no es noramaza, que toda la sangre de alteracion se me habia ido á la servilla: mas oye si te parece, pues á tí viene dirigida, y si algun paso lamentable en ella vieres, mira que con lágrimas y sospiros le solenices, porque así conviene, y es precepto en la ley de bien amar.

Isab.Anda en mal hora, ó la rompe, ó acaba ya.

Cec.Agora oye:

Carta.

«Si fuerza en la mia hubiese para la que de tu parte me viene, seráfica dea, en alguna manera relatar, no sólo mi rabiosa fatiga en ello recibiria contento, mas á tu grande piedad y benivolencia, acerca de ella, mostrarie en alguna manera su sér; mas ¡ay de mí! que ni la pena que por tí padezco consiente, por ser tal, en papel ser esculpida, ni ya que lo fuese de tí, ni de ninguno de los mortales por lo mesmo le serie dado crédito, porque todas quantas veces el radiante Febo, su lucida corona del Oriente en nuestra Europa nos demuestra, en fénix convertido, en fuegos por mí mismo fabricados, soy deshecho, tornando en el instante á renacer; porque la pena siendo perdurable, infinito sea su tormento. No dexo de recebir, mi dea, algun pequeño consuelo por tan á la clara haberte mi propósito declarado, aunque por otra parte considerando la cruda respuesta, por ser ninguna, que por tí me fué dada, en más y mayor descontento es convertido; de donde una tal desesperacioná mis sentidos se demuestra, que la vida tienen por pena, y la muerte les sería muy agradable vida, la que, último y postrer medio de descanso en mi trabajosa cuita deseo que fuese, y sin duda será, si tú, mi preclara dea, no truxeres el saludable letuario de tu soberana gracia al en tí convertido Selvago, y por tí crudamente de la vida excluido.»

Isab.¡Ay de mí! la más sin ventura doncella de las nacidas, y ¿qué oigo? ¿Y es verdad que de parte de mi Selvago me viene este mensaje? Muestra, muestra, Cecilia, ese bienaventurado papel, aunque en muy fortunado tiempo llegado, seré en ello bien certificada para que la pena, que tan bien he merecido en dar tal pago á quien tanto bien me traia, en mí execute.

Cec.Mira, señora, que no me parecen bien los extremos que muestras, pues más con razon habias de tomar gozo con tal acaescimiento, que por él demostrar tanta tristeza.

Isab.¡Ay desventurada yo, que áun esto es poco, pues tan desaconsejada he sido con quien toda mi gloria en su poder tiene! dime tú, ¿no ves quánta razon tengo para salir de sentido, pues por mi poco saber, no ménos que de mi muerte he sidocausa, si Selvago de lo que con su mensajero pase es sabidor? pues es cierto que de hoy más de mí no tendrá cura, habiendo una vez á él y otra á su carta con tanta esquiveza tratado.

Cec.Señora Isabela, ántes en eso vives engañada, porque la condicion de los hombres es tal, que aquello que les es negado con mayor eficacia procuran, y lo que fácilmente les conceden, muy presto dellos es olvidado; quanto más que siendo, como es, Selvago bien entendido, sabiendo el caso por entero, ántes por él te dará gracias, que, como dices, se apartará de su propósito, porque si tú apaciblemente á la vieja y su mensaje recibieras ignorando la parte, no sólo de liviana fueras ultrajada, mas áun de inconstante amadora adquirieras renombre; pues la fe á su verdadero amor debida, recibiendo mensaje ignorando ser suyo, del todo era falsada.

Isab.Por verdad, hermana Cecilia, gran consolacion y deleite de tus palabras me viene, que sin ellas fuera imposible remediar mi vida; mas pídote por el amor y fidelidad que me eres deudora, pues en lo uno tan bien has razonado, que en lo que de aquí resulta me aconsejes, para que si algo por mi ignorancia se ha perdido, con tumucha discrecion se recupere, y yo, del crudo tormento que padezco, algun remedio reciba.

Cec.No dexo de conocer, mi señora, ser gran presuncion la mia en ponerse á dar parecer á quien á mí y á muchos otros le puede dar, mas porque no parezca que tu mandamiento recuso, cumpliré lo que por tí me es mandado; digo, pues, que, sin más detenimiento, á tu ama Valera mandes llamar, la qual venida, ella dará algun medio como te reconcilies con aquesta vieja que con el mensaje aquí vino, que yo sé que las dos tienen en sí gran amistad; porque, si no me engaño, aunque con hábito de mendicante venía disfrazada, es Dolosina, la famosa alcagüeta, que tales ensayos hace para más á su salvo ordenar sus tratos.

Isab.Bien me parece, Cecilia, lo que has dicho; por tanto, por mi amor, que tú recibas el trabajo en llegarte á su posada á la llamar.

Cec.Señora, en todo cumpliré tu mandamiento; por tanto á Dios quedes, que yo voy.

Isab.Por tu fe, Cecilia, que no tardes, y vé en buen hora.


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