CENA SEGUNDA DEL SEGUNDO ACTO.

CENA SEGUNDA DEL SEGUNDO ACTO.En que Selvago, que con grave enfermedad quedó en su lecho, de su madre y hermana es visitado; asimesmo por su leal amigo Flerinardo, con quien tiene muchas pláticas sobre su inopinada enfermedad. Introdúcense:SELVAGO. — RISDEÑO. — FUNEBRA. — ROSIANA. — FLERINARDO.

En que Selvago, que con grave enfermedad quedó en su lecho, de su madre y hermana es visitado; asimesmo por su leal amigo Flerinardo, con quien tiene muchas pláticas sobre su inopinada enfermedad. Introdúcense:

SELVAGO. — RISDEÑO. — FUNEBRA. — ROSIANA. — FLERINARDO.

Selv.Aderézame, Risdeño, ese lecho en que este mi fatigado cuerpo el último descanso reciba.

Risd.Señor, ya por obra he cumplido lo que de palabra mandaste; mas dime, yo te ruego, qué es lo que en tí sientes, pues en són de doliente usas de sus previlegios.

Selv.Siento tanto, que mi sentido en sentirlo sin sentir queda.

Risd.Di, ¿es enfermedad del cuerpo?

Selv.No, mas poca sanidad del ánima.

Risd.Por ahí anda Isabela.

Selv.Pues dime, adivino malicioso, ¿cómo sabes lo que has hablado?

Risd.Donoso estás, por mi fe, como si yo no estuviera presente quando con ella platicaste.

Selv.Sin dubda, ya no me acordaba; mas ruégote me digas, pues te picas de sabido, ¿qué conjeturas de su meneo concebiste?

Risd.Buenas.

Selv.¿Cómo no me parecieron á mí tales?

Risd.Puede ser, porque los á tí semejantes los favores que les dan no creen, y por el contrario, el disfavor sin que se les dé le reciben; dígolo por causa que sentí de Isabela, que no le pesaba en que le declarabas tu pena, que es buena señal para tu parte.

Selv.Dime, ¿no vistes cómo contorneó la fenestra y se fué?

Risd.Allá voy, no me vuelvas las palabras, que si bien lo miras, no se entró por tu causa, pues con buen semblante hasta el fin oyó tus razones.

Selv.¿Pues por qué crees que lo hiciese?

Risd.Alguna cosa le constriñó en ello, lo que se vido claramente en que primero volvió su cabeza que el cuerpo hiciese muestra de se ir; y despues de entrada no contorneó la fenestra sin que pasase algun tiempo primero, y por tanto no conviene, pues eres discreto, que tales extremos muestres sin causa, que no desde el lecho la has de servir, sino padeciendo en pié trabajos y fatigas por su causa. Y pues lo que te digo vees ser así, esfuérzate, que, como dice el refran, visto hemos acuchillados, que podrá ser que otro dia ganes lo que hoy piensas haber perdido.

Selv.¡Oh, cómo con razon dicen que el sano dice al doliente: Dios te dé salud! Pues hágote saber que más mal hay que parece. Dime, ¿tú no sabes que mi gran amigo Flerinardo pena por ella y que me descubrió á mí su secreto, y que conforme á ley de amistad yo he caido en crímen de traicion?

Risd.No mires en eso, señor, que más obligado eres á tí que no á otro.

Selv.Siendo yo de tu estado y condicion no fuera mucho; mas en el ilustre y magnífico caballero no se consiente, porque no sólo su vida ha de apartar de mácula, mas su fama de pensamiento della, que si bien miras, más se parece en el buen paño la raza que en el no tal, y que tanto en quanto yo y los de mi estado á los del vuestro sobrepujamos, tanto somos más obligados á librar de mácula nuestra fama y honra, y de la misma manera alguna cosa en nosotros sería pecado, que en vosotros no tendría dél especie, por lo qual á mí conviene con alegre voluntad rescebir la temerosa muerte ántes que mi famoso linaje reciba algun peligro en su limpieza; una cosa teruego por la crianza que en tí he fecho, que el caso á todos hasta despues de mi muerte tengas celado, que sin dubda pienso que su venida no puede tardar, segun lo que mi atribulado cuerpo siente y mi afligido espíritu padece.

Risd.Señor, Dios lo hará mejor que vuestro entendimiento en sí concibe; mas agora mirad lo que conviene, que á vuestra madre Funebra, y hermana veo acá venir.

Funebra.Hijo mio, descanso de mi atribulada vejez, ¿qué sentís? ¿qué mal es el vuestro, que mi ánima, despues de lo saber, ningun descanso ha tenido? Por vuestra vida, mi amor, que me lo digais, que si vos en el cuerpo lo sentís, yo en el ánima lo padezco, por causa de ser vos en quien mi vida, despues de la muerte de vuestro padre, está pendiente.

Selv.Señora mia, grave mal es el que siento, y mayor por ignorar la causa; pídoos, porque no me seais causa de mayor pena, que vos no la tomeis, que siendo Dios servido, yo cobraré salud cumplida.

Fun.Así plega á su infinita bondad, que con la muerte de vuestro padre sea contento y no me dé otro semejante azote con la vuestra.

Ros.Señor hermano, si por ser yo la persona que más en esta vida con razon os ama, la causa de vuestra poca salud me descubriésedes, no sería pequeña la merced que de vos recebiria, porque no sólo tendríades en mí quien en igual grado que vos vuestro mal sintiese, mas en ello hasta la muerte trabajaria, buscando la medicina en vuestra pena más conviniente.

Selv.Mi querida hermana, bien de poco entendimiento sería yo si á vuestras consolatorias razones negase, pudiendo, su convenible respuesta; mas hágoos cierta que para lo que decis en mí falta el poder de manifestarlo, por ser del todo en ello ignorante; aunque os hago saber que de tal manera lo podria rodear fortuna, que en vuestras manos mi vida ó muerte estuviese. Mas empero al presente, como he dicho, tan poca razon de mi dolencia os puedo dar, como grande sinrazon sería, sabiéndola, querérosla encubrir.

Ros.Pues tal es, señor, vuestro propósito, no os quiero en esto dar más enojo, sino rogar al Criador de todas las cosas que aquella sanidad os envie que más os conviene, porque mi señora madre, de tal hijo, y yo de tan buen hermano, pudiésemos enteramente gozar.

Selv.Ansí, mi señora, os ruego yo, quegran pena me sería dexar en tal tiempo su postrimera edad en pena y vuestra agradable juventud en angustia.

Risd.Señor Selvago, tu gran amigo Flerinardo te viene á visitar, que sabiendo tu mala disposicion, un punto no se detuvo.

Selv.¡Oh poderoso Dios, que mi fin llega! ¡Ay, ay!

Ros.Señor mio, señor mio; ¡ay desventurada de mí, mi hermano y mi señor muerto!

Fun.¡Oh, la más triste y desdichada de las nacidas! ¡y no revienta madre que tal pudo ver!

Risd.Mirad, señora Rosiana, que puede ser desmayo; rocialde el rostro y tornará en sí.

Ros.Muestra esta redoma; triste fué mi nacimiento, que su rostro no da señal en tales experiencias.

Risd.¿No veis, señora, cómo dixe verdad, que ya vuelve en su sentido?

Selv.¡Oh querida hermana! ¿por qué no dexastes á mi penosa vida que del todo se acabára, porque sus fatigas hicieran lo mesmo?

Risd.Señora Rosiana, usad del mesmo remedio con vuestra madre, que no ménos es necesario para su vida.

Fun.¡Ay, ay, desventurada mujer, que de tal hijo ha de ser privada!

Ros.Mi señora, sabed que no es lo que pensais, que ya está muy mejorado.

Fler.¿Qué es esto, señor Selvago? ¿es por ventura regalo? ¿hoy no estabádes en toda buena disposicion? ¡Válame el poderoso Dios, y qué trocado estais en tan poco tiempo! por mi verdad, que á dubda lo tuviera si por esperiencia no lo hobiera visto.

Selv.En eso verés, señor Flerinardo, qué sentirá el espíritu de dentro, quando tales señales el cuerpo de fuera muestra.

Fler.¡Cómo! ¿y no sabrémos vuestra enfermedad qué sea?

Selv.No he sentido otra cosa sino que en este instante me sobrevino un tal desmayo en el corazon, que á pocas fuera de me quitar la vida.

Fler.¿Pues agora qué tal os sentis?

Selv.Mejor, gracias se den al omnipotente Dios, que todo lo ordena.

Fler.Mi señor, no temais, que placerá al que habeis dicho que del todo vuestra mejoría se cumpla.

Selv.Ansí le plega á su divina clemencia.

Fun.Mi hijo, ¿querés alguna cosa á mí ó á vuestra hermana, que nos vamos á nuestro aposento?

Selv.Mi señora, no otra cosa sino que no tengais pena, que Dios es piadoso y concederá en vuestras plegarias.

Fun.Él lo tenga por bien por quien él es.

Ros.Señor hermano, Dios os cumpla la mejoría, como todos habemos menester.

Selv.Mi querida hermana, en vuestras oraciones me encomiendo.

Ros.Deso podés, mi señor, estar seguro, que aunque indigna, gran parte de la noche presente pienso de gastar en mi oratorio.

Selv.Con esa confianza pienso del todo ser guarecido.


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