MENSAJERO 1.º
MENSAJERO 1.º
¡Oh trabajos y combates! ¡Oh Lámacos![222]
LÁMACO.
¿Quién mueve tanto estrépito en torno de esta casa hermoseada por ornamentos de bronce?[223].
MENSAJERO 1.º
Los estrategas ordenan que, reuniendo a toda prisa tus batallones y penachos, partas hoy mismo, a pesar de la nieve, a custodiar la frontera. Hansabido que los bandidos beocios pensaban invadir nuestro territorio, en ocasión de estarse celebrando la fiesta de las copas y las ollas[224].
LÁMACO.
¡Oh estrategas, cuantos más sois peores! ¿No es terrible el no poder ni siquiera celebrar esta fiesta?
DICEÓPOLIS.
¡Oh ejército bélico-lamacaico![225].
LÁMACO.
¡Oh desgracia! ¿Ya te burlas de mí?
DICEÓPOLIS.
¿Quieres luchar con este Gerión de cuádruple penacho?[226].
LÁMACO.
¡Ay! ¡Ay! ¡Qué noticia tan triste me ha traído este mensajero!
DICEÓPOLIS.
¡Oh! ¡Oh! ¡Qué agradable es la que me trae este otro!
MENSAJERO 2.º
¡Diceópolis!
DICEÓPOLIS.
¿Qué hay?
MENSAJERO 2.º
Corre al festín y lleva una cesta y una copa, pues te invita el sacerdote de Baco[227]: pero apresúrate: los convidados te esperan. Ya está todo preparado, los triclinios, los cojines, los tapetes, las coronas, los perfumes y los postres: hay allí cortesanas y galletas, pasteles, tortas de sésamo, rosquillas y hermosas bailarinas, delicias de Harmodio[228]; pero corre, corre cuanto puedas.
LÁMACO.
¡Infeliz de mí!
DICEÓPOLIS.
¡Infeliz tú, cuando te pavoneas con la gran Gorgona de tu escudo! Cerrad la puerta y preparad la comida.
LÁMACO.
¡Esclavo, esclavo! Tráeme la maleta.
DICEÓPOLIS.
¡Esclavo, esclavo! Tráeme la cesta.
LÁMACO.
Trae sal mezclada con tomillo, y cebollas.
DICEÓPOLIS.
Y a mí peces; me cansan las cebollas.
LÁMACO.
Tráeme aquel rancio guiso envuelto en su hoja de higuera.
DICEÓPOLIS.
Y a mí aquel recién hecho[229]: ya lo coceré yo.
LÁMACO.
Tráeme las plumas de mi casco.
DICEÓPOLIS.
Tráeme pichones y tordos.
LÁMACO.
¡Qué hermosa y qué blanca es esta pluma de avestruz!
DICEÓPOLIS.
¡Qué hermosa y qué dorada está la carne de este pichón!
LÁMACO.
Amigo, deja de burlarte de mi armadura.
DICEÓPOLIS.
Amigo, deja, si puedes, de mirar mis tordos.
LÁMACO.
Dame la caja de mi triple cimera.
DICEÓPOLIS.
Dame ese embutido de carne de liebre.
LÁMACO.
¡Cómo han devorado las polillas mis penachos!
DICEÓPOLIS.
¡Cómo voy a devorar embutidos de liebre antes del banquete!
LÁMACO.
Amigo, ¿no puedes dejar de hablarme?
DICEÓPOLIS.
No te hablo; disputo hace tiempo con mi esclavo. — ¿Quieres apostar (Lámaco decidirá la cuestión) si son más sabrosos los tordos que las langostas?
LÁMACO.
Estás muy insolente.
DICEÓPOLIS.
Dice que son más sabrosas las langostas.
LÁMACO.
Esclavo, esclavo, saca la lanza y tráemela.
DICEÓPOLIS.
Esclavo, esclavo, saca aquella morcilla del fuego y tráemela.
LÁMACO.
Ea, sujeta bien la lanza mientras yo tiro de la vaina.
DICEÓPOLIS.
Ten tú también firme y no lo sueltes[230].
LÁMACO.
Saca las abrazaderas de mi escudo.
DICEÓPOLIS.
Saca del horno los panes, abrazaderas de mi estómago.
LÁMACO.
Tráeme el disco del escudo que tiene una Gorgona.
DICEÓPOLIS.
Tráeme el disco de aquel pastel que tiene un queso.
LÁMACO.
¿No es este un burlón sin gracia?
DICEÓPOLIS.
¿No es este un pastel delicioso?
LÁMACO.
Echa aceite en el escudo. Veo en él la imagen de un viejo que será acusado de cobardía[231].
DICEÓPOLIS.
Echa miel al pastel. Veo en él la imagen de un viejo que hace rabiar al penachudo Lámaco.
LÁMACO.
Esclavo, tráeme la coraza de batalla.
DICEÓPOLIS.
Esclavo, tráeme mi coraza, es decir, mi copa.
LÁMACO.
Con esto defenderé mi pecho contra los enemigos.
DICEÓPOLIS.
Con esto defenderé mi pecho contra los bebedores[232].
LÁMACO.
Sujeta esas correas a mi escudo.
DICEÓPOLIS.
Sujeta los platos a la cesta.
LÁMACO.
Cogeré esta maleta y la llevaré yo mismo.
DICEÓPOLIS.
Yo cogeré este vestido y me marcharé.
LÁMACO.
Toma el escudo y anda. — ¡Oh Júpiter! ¡Está nevando! Tengo que hacer una campaña de invierno.
DICEÓPOLIS.
Recoge las viandas. Tengo que cenar.
(Salen ambos.)
CORO.
Id alegremente a la guerra. ¡Qué caminos tan diversos seguís! Aquel beberá, coronado de flores; tú harás centinela medio helado; aquel dormirá con una hermosísima joven... Lo digo de veras: ¡ojalá Júpiter confunda al hijo de Psacas, a Antímaco, poetastro infeliz, que, siendo corega[233]en las fiestas Leneas, me mandó a mi casa sin cenar! ¡Ojalá le vea yo algún día deseoso de comer un calamar, y cuando esté ya frito, chirriando en la sartén, servido en la mesa, y aderezado con sal, en el momentode llevarlo a la boca, un perro se lo arrebate y escape con él!
Además de ese mal, le deseo otra aventura nocturna. ¡Ojalá al volver febril a su casa, después de la equitación, se tropiece con Orestes[234]borracho, y este enfurecido le rompa la cabeza; y que pensando tirarle una piedra, coja en la oscuridad un excremento reciente, y al lanzarlo con ímpetu como si fuera un guijarro, yerre el golpe y le pegue a Cratino![235].
UN CRIADO DE LÁMACO.
¡Esclavos de Lámaco, pronto, pronto, calentad agua en un pucherillo! Preparad trapos, ungüento, lana virgen y vendas, para atarle el tobillo. Al saltar una zanja se ha herido con una estaca, se ha dislocado un pie y se ha roto la cabeza contra una peña; la Gorgona saltó del escudo, y al ver el héroe su formidable penacho caído entre las piedras, entonó estos versos terribles:
Por la postrera vez, astro brillante,Te ven mis ojos; desfallezco y muero.[236]
Por la postrera vez, astro brillante,Te ven mis ojos; desfallezco y muero.[236]
Por la postrera vez, astro brillante,Te ven mis ojos; desfallezco y muero.[236]
Por la postrera vez, astro brillante,
Te ven mis ojos; desfallezco y muero.[236]
Dicho esto, cae en una zanja, levántase, se arroja sobre los fugitivos, persigue a los bandoleros, los hostiliza con su lanza. Pero helo aquí; abrid pronto la puerta.
LÁMACO.
¡Ay, ay, ay! ¡Qué agudos dolores! ¡Qué frío! ¡Yo muero, triste de mí, herido por una lanza enemiga! Pero aun será mas terrible mi desgracia si Diceópolis viéndome en este estado, se burla de mi infortunio.
DICEÓPOLIS (Con dos cortesanas del brazo).
¡Ay! ¡ay! ¡ay! ¡Vuestro turgente seno tiene la dureza del membrillo! Dadme un beso, tesoro mío, un beso dulce y voluptuoso. Pues yo he sido el que he bebido la primera copa.
LÁMACO.
¡Oh suerte funesta! ¡Oh dolorosísimas heridas!
DICEÓPOLIS.
¡Ah! ¡Ah! Salud, caballero Lámaco.
LÁMACO.
¡Infeliz de mí!
DICEÓPOLIS.
¡Qué desdichado soy!
LÁMACO.
¿Por qué me besas?
DICEÓPOLIS.
¿Por qué me muerdes?
LÁMACO.
¡Infortunado! ¡Qué duro escote he pagado en el combate!
DICEÓPOLIS.
Pues qué, ¿se paga escote en la fiesta de las copas?[237]
LÁMACO.
¡Oh Peán! ¡Peán![238]
DICEÓPOLIS.
Hoy no se celebran las fiestas de Peán.
LÁMACO.
Levantadme, levantadme esta pierna. ¡Ay, amigos míos, sostenedme!
DICEÓPOLIS.
Vosotras, amigas mías, sostenedme también[239].
LÁMACO.
La herida de la cabeza me da vértigos y me turba la vista.
DICEÓPOLIS.
Yo quiero acostarme; no puedo más: necesito descanso[240].
LÁMACO.
Llevadme a casa de Pítalo, cuyas manos son émulas de las de Peán[241].
DICEÓPOLIS.
Llevadme ante los jueces. ¿Dónde está el rey? Dadme el odre señalado como premio.
LÁMACO.
Una lanza terrible se ha clavado en mis huesos.
DICEÓPOLIS.
Mirad esta copa vacía. ¡Victoria! ¡Victoria!
CORO.
¡Victoria! Anciano, pues así lo deseas, clamemos ¡victoria!
DICEÓPOLIS.
He llenado mi copa de vino y la he apurado sin respirar.
CORO.
¡Victoria! recoge tu odre, ilustre vencedor.
DICEÓPOLIS.
Seguidme cantando: ¡Victoria! ¡Victoria!
CORO.
Te seguiremos cantando ¡victoria! ¡victoria! a ti y a tu odre.
FIN DE LOS ACARNIENSES.