Chapter 18

CORO.

CORO.

¡Oh anciano, que después de haberme sido tan odioso me eres ahora tan querido, nunca por mi voluntad me apartaré de tus consejos! Animado por tus palabras he prometido y jurado que si tú, fiel a tus santas promesas, te unes a mí, sin dolo alguno, para atacar a los dioses, estos no conservarán mucho tiempo el cetro que me pertenece. Todo lo que dependa de la fuerza, queda a nuestro cargo; y al tuyo lo que exija habilidad y consejo.

LA ABUBILLA.

¡Por Júpiter! no es tiempo de dormirse y darlargas a la manera de Nicias,[463]sino de obrar con energía y rapidez. Entrad en mi nido de pajas y ramaje, y decidnos vuestros nombres.

PISTETERO.

Es fácil: me llamo Pistetero.

LA ABUBILLA.

¿Y ese?

PISTETERO.

Evélpides, de la aldea de Cría.

LA ABUBILLA.

Salud a entrambos.

PISTETERO.

Aceptamos el augurio.

LA ABUBILLA.

Entrad, pues.

PISTETERO.

Vamos, dirígenos tú.

LA ABUBILLA.

Venid.

PISTETERO.

¡Ah cielos! Ven, vuelve acá. ¿Cómo este y yo, que no tenemos alas, os hemos de seguir cuando voléis?

LA ABUBILLA.

Muy fácilmente.

PISTETERO.

Piénsalo bien: mira que Esopo dice en sus fábulas que a la zorra le causó grave perjuicio su alianza con el águila.[464]

LA ABUBILLA.

Nada temas; hay una raíz, que en cuanto la comáis os saldrán alas.

PISTETERO.

Entremos con esa condición. Ea, Jantias, y tú, Manodoro,[465]coged nuestro equipaje.

CORO.

¡Hola! ¡Eh, Abubilla! A ti te llamo.

LA ABUBILLA.

¿Qué me quieres?

CORO.

Llévate a esos y dales bien de comer; pero déjanos a la melodiosa Procne, cuyos cantos son dignos de las musas: hazla salir para que nos divirtamos con ella.

PISTETERO.

Sí, cede a sus deseos: hazla salir de entre las floridas cañas. Por los dioses te pido que la llames para que contemplemos también nosotros al ruiseñor.

LA ABUBILLA.

Puesto que lo deseáis, fuerza es obedeceros: sal, Procne, y muéstrate a nuestros huéspedes.

(Sale Procne.)[466]

PISTETERO.

¡Oh venerado Júpiter! ¡Qué hermosa avecilla! ¡Qué tierna! ¡Qué brillante!

EVÉLPIDES.

¿Sabes que la estrecharía con gusto entre mis brazos?[467]

PISTETERO.

¡Cuánto oro trae sobre sí! Parece una doncella.

EVÉLPIDES.

Tentado estoy de darle un beso.

PISTETERO.

Pero, desdichado, ¿no ves que tiene por pico dos asadores?

EVÉLPIDES.

¿Qué importa? ¿Hay más que quitarle la cascarilla que le cubre la cabeza como si fuese un huevo, y besarla después?

LA ABUBILLA.

Vamos.

PISTETERO.

Guíanos en hora buena.

CORO.

Amable avecilla, el más querido de mis alados compañeros, mi señor, que presides nuestros cantos; al fin viniste a mi presencia; viniste para dejar oír tu suavísimo gorjeo. Tú, que en la flauta armoniosa tañes primaverales melodías, preludianuestros anapestos.[468]Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera, impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que, privados de alas, pasáis vuestra vida fugaz como vanas sombras o ensueños mentirosos, escuchad a las aves, seres inmortales y eternos, aéreos, exentos de la vejez, y ocupados siempre en pensamientos perdurables; nosotros os daremos a conocer los fenómenos celestes, la naturaleza de las aves, y el verdadero origen de los dioses, de los ríos, del Erebo y del Caos; con tal enseñanza podréis causar envidia al mismo Pródico.[469]En el principio solo existían el Caos y la Noche, el negro Erebo y el profundo Tártaro; la Tierra, el Aire y el Cielo no habían nacido todavía; al fin, la Noche de negras alas puso en el seno infinito del Erebo un huevo sin germen, del cual, tras el proceso de largos siglos, nació el apetecido Amor con alas de oro resplandeciente, y rápido como el torbellino. El Amor, uniéndose en los abismos del Tártaro al Caos alado y tenebroso, engendró nuestra raza, la primera que nació a la luz. La de los inmortales no existía antes de que el Amor mezclase los gérmenes de todas las cosas; pero, al confundirlos, brotaron de tan sublime unión el Cielo, la Tierra, el Océano, y la raza eterna de las deidades bienaventuradas. He aquí cómo nosotros somos muchísimo más antiguos que los dioses. Nosotrossomos hijos del Amor; mil pruebas lo confirman; volamos como él, y favorecemos a los amantes. ¡Cuántos lindos muchachos, habiendo jurado ser insensibles, se rindieron a sus amantes al declinar su edad florida, vencidos por el regalo de una codorniz, de un porfirión, de un ánade o de un gallo! Nos deben los mortales sus mayores bienes. En primer lugar, anunciamos las estaciones; la primavera, el invierno y el otoño: la grulla al emigrar a Libia advierte al labrador[470]que siembre; al piloto que cuelgue el timón[471]y se entregue al descanso; a Orestes[472]que se mande tejer un manto, para que el frío no le incite a robárselo a los transeúntes. El milano anuncia, al aparecer, otra estación y el momento oportuno de trasquilar los primaverales vellones; y la golondrina dice que ya es preciso abandonar el manto y vestirse una túnica ligera. Las aves reemplazamos para vosotros a Amón, a Delfos, a Dodona y a Apolo. Para todo negocio comercial, o compra de víveres, o matrimonios nos consultáis previamente y dais el nombre deauspiciosa todo cuanto sirve para revelaros el porvenir: una palabra es un auspicio;[473]un estornudo es un auspicio; un encuentro es un auspicio;una voz[474]es un auspicio; el nombre de un esclavo es un auspicio; un asno es un auspicio. ¿No está claro que somos para vosotros el fatídico Apolo? Si nos reconocéis por dioses, hallaréis en nosotros las Musas proféticas, los vientos suaves, las estaciones, el invierno, el estío, un calor moderado; no iremos como Júpiter a posarnos orgullosos sobre las nubes, sino que, viviendo a vuestro lado, dispensaremos a vosotros y a vuestros hijos, y a los hijos de vuestros hijos, riquezas y salud, felicidad, larga vida, paz, juventud, risas, danzas, banquetes, delicias increíbles;[475]en fin, tal abundancia de bienes, que llegaréis a saciaros. ¡Tan ricos seréis todos!

Musa silvestre de variados tonos, tio tio tio tio tio tio tio tix,[476]yo canto contigo en las selvas y en la cumbre de los montes, tio tio tio tio tix, posado entre el follaje de un fresno copudo, tio tio tio tio tix, exhalo de mi delicada garganta himnos sagrados, tio tio tio tix que se unen en las montañas a los augustos coros en honor de Pan y la madre de los dioses, to to to to to to to to to tix. En ellos, a modo de abeja, liba Frínico el néctar de sus inmortales versos y de sus dulcísimas canciones, tio tio tio tio tix.

Espectadores, si alguno de vosotros quiere pasar dulcemente su existencia viviendo con las aves,que acuda a nosotros. Todo lo que en la tierra es torpe y se halla prohibido por las leyes, goza entre la gente alígera de no pequeño honor. Entre los hombres, por ejemplo, es un crimen odioso el pegar a su padre; entre las aves nada más bello que acometerle gritando: si riñes, coge tu espolón. El siervo prófugo, marcado con infamante estigma,[477]pasa aquí por pintado francolín: un bárbaro, un frigio, tal como Espíntaro, será entre nosotros el frigilo, de la familia de Filemón:[478]un esclavo de Caria, Execéstides,[479]por ejemplo, podría proveerse entre las aves de abuelos y parientes. ¿Qué más? ¿Quiere el hijo de Pisias[480]abrir las puertas a los infames? Pues trasfórmese en perdiz, digno hijo de su padre, que por acá no es deshonroso escaparse como la perdiz.

Así los cisnes, tio tio tio tio tio tio tio tix, uniendo sus voces y batiendo las alas, cantan a Apolo tio tio tio tix; deteniéndose en las orillas del Hebro,[481]tio tio tio tix, sus acentos atraviesan las etéreas nubes; escúchanlos las fieras arrobadas y el mar serenando sus olas, to to to to to to to to to tix; todo el Olimpo resuena: los dioses inmortales, las Musas y las Gracias repiten gozosos aquella melodía,tio tio tio tix. Nada hay mejor, nada hay más agradable que tener alas. Si uno de vosotros las tuviese, podría, cuando asistiendo impaciente y mal humorado a una interminable tragedia se siente desfallecer de hambre, volar a su casa, comer, y regresar satisfecho su apetito. Si Patróclides se viera acosado en el teatro por una apremiante necesidad, no tendría que ensuciar su manto, pues volaría a otra parte, y después de desahogarse, tornaría a su asiento recobradas las fuerzas. Aún más: si alguno de vosotros, no importa quién, abrasado por adúltera llama, distinguía al marido de su amante en las gradas de los senadores, podría extendiendo sus alas trasladarse a la amorosa cita, y satisfecha su pasión volver a su puesto. ¿Comprendéis ahora las inmensas ventajas de ser alado? Por eso Diítrefes,[482]aunque solo tiene alas de mimbre, ha sido nombrado filarco primero; después hiparco; y de hombre de nada, se ha convertido en gran personaje, y hoy es ya el gallito de su tribu.

PISTETERO.[483]

Ya está hecho. ¡Por Júpiter! No he visto nunca cosa más ridícula.

EVÉLPIDES.

¿De qué te ríes?

PISTETERO.

De tus alas. ¿Sabes lo que pareces con ellas? Un ganso pintado de brocha gorda.

EVÉLPIDES.

Y tú un mirlo con la cabeza desplumada.

PISTETERO.

Nosotros lo hemos querido; y como Esquilo dice: «No son plumas de otro, sino nuestras».[484]

LA ABUBILLA.

¡Ea! ¿Qué debemos hacer?

PISTETERO.

Lo primero dar a la ciudad un nombre ilustre y pomposo; después ofrecer un sacrificio a los dioses.

EVÉLPIDES.

Opino lo mismo.

LA ABUBILLA.

Pues veamos el nombre que ha de ponérsele.

PISTETERO.

¿Queréis que le demos uno magnífico tomado de Lacedemonia? ¿Queréis que la llamemos Esparta?

EVÉLPIDES.

¡Por Hércules! ¿Esparta mi ciudad? Cuando ni siquiera consiento que sea de esparto[485]mi lecho, aunque solo tenga una estera de junco.

PISTETERO.

¿Pues qué nombre le daremos?

EVÉLPIDES.

Uno magnífico, tomado de las nubes y de estas elevadas regiones.

PISTETERO.

¿Qué te parece Nefelococigia?[486]

LA ABUBILLA.

¡Oh! ¡Oh! Ese sí que es bello y grandioso.

EVÉLPIDES.

¿No es en Nefelococigia donde están todas las grandes riquezas de Teógenes y Esquines?[487]

PISTETERO.

No, donde están es en el llano de Flegra,[488]en el que los dioses aniquilaron la arrogancia de los gigantes.

EVÉLPIDES.

Será una ciudad hermosísima. ¿Pero cuál será su divinidad protectora? ¿Para quién tejeremos el peplo?[489]

PISTETERO.

¿Por qué no escogemos a Minerva Poliada?

EVÉLPIDES.

¿Podrá estar bien arreglada una ciudad en que una mujer vaya completamente armada y Clístenes se dedique a hilar?

PISTETERO.

¿Quién guardará el muro pelárgico?[490]

LA ABUBILLA.

Uno de los nuestros oriundo de Persia, que se proclama el más valiente de todos, un pollo de Marte.[491]

EVÉLPIDES.

¡Oh pollo señor! ¡Es un dios a propósito para vivir sobre las piedras!

PISTETERO.

Ea, vete al aire, a ayudar a los albañiles que construyen la muralla; llévales morrillos; desnúdate y haz mortero; sube la gamella; cáete de la escala; pon centinelas; guarda el fuego bajo la ceniza; ronda con tu campanilla,[492]y duérmete; envía luego dos heraldos, uno arriba a los dioses, otro abajo a los hombres, y después vuelve a mi lado.

EVÉLPIDES.

Tú quédate aquí, y revienta.[493]

PISTETERO.

Anda, amigo mío, a donde te envío; nada de cuanto te he dicho puede hacerse sin ti. Yo voy a ofrecer un sacrificio a los nuevos dioses, y a llamar al sacerdote para que presida la procesión. ¡Eh,tú, esclavo! trae el canastillo y la sagrada vasija.[494]

CORO.

Yo uno a las tuyas mis fuerzas y mi voluntad, y te exhorto a dirigir a los dioses súplicas espléndidas y solemnes, y a inmolar una víctima en acción de gracias. Entonemos en honor del dios canciones píticas acompañadas por la flauta de Queris.

PISTETERO (Al flautista).

Deja de soplar, Hércules. ¿Qué es eso? Por Júpiter, muchos prodigios he visto, pero nunca a un cuervo con bozal.[495]Sacerdote, cumple tu deber, y sacrifica a los nuevos dioses.

EL SACERDOTE.

Lo haré. ¿Dónde está el que tiene el canastillo? Rogad a la Vesta de las aves, al milano protector del hogar, y a todos los pájaros, olímpicos y olímpicas, dioses y diosas...

PISTETERO.

¡Salve, gavilán protector de Sunio, rey pelásgico![496]

EL SACERDOTE.

Al cisne Pítico y Delio, a Latona madre de las codornices,[497]a Diana jilguero...

PISTETERO.

En adelante no habrá Diana Colenis,[498]sino Diana jilguero.

EL SACERDOTE.

A Baco pinzón, a Cibeles avestruz, augusta madre de los dioses y los hombres...

PISTETERO.

¡Oh poderosa Cibeles avestruz, madre de Cleócrito![499]

EL SACERDOTE.

Que den salud y felicidad a los nefelococigios y a sus aliados de Quíos.[500]

PISTETERO.

Me gusta ver en todas partes a los de Quíos.

EL SACERDOTE.

A los héroes, a las aves, a los hijos de los héroes, al porfirión, al pelícano, al pelecino, al fléxide, al tetraón, al pavo real, al elea, a la cerceta, al elasa, a la garza, al mergo, al becafigo, al pavo...

PISTETERO.

Acaba, hombre infernal; acaba tus invocaciones.Desdichado, ¿a qué víctimas llamas a los buitres y a las águilas de mar? ¿No ves que un milano basta para devorar estas viandas? ¡Lárgate de aquí con tus ínfulas! Ya ofreceré yo solo el sacrificio.

EL SACERDOTE.

Es preciso que para la aspersión entone un nuevo himno sacro y piadoso, e invoque a los dioses, a uno siquiera, si es que tenéis bastantes provisiones, pues vuestras decantadas víctimas veo que se reducen a barbas y cuernos.

PISTETERO.

Oremos al sacrificar a los dioses alados.

UN POETA.

Celebra, oh Musa, en tus himnos y canciones a la feliz Nefelococigia.

PISTETERO.

¿Qué significa esto? Di, ¿quién eres?

EL POETA.

Yo soy un cantor melifluo, un celoso servidor de las musas, como dice Homero.

PISTETERO.

Si eres esclavo, ¿cómo llevas largo el cabello?[501]

EL POETA.

No es eso; todos los poetas somos celosos servidores de las Musas, al decir de Homero.

PISTETERO.

Ya no me asombro: tu manto demuestra muchos años de servicio. Pero, desdichado poeta, ¿qué mal viento te ha traído aquí?

EL POETA.

He compuesto versos en honor de vuestra Nefelococigia, y muchos hermosos ditirambos y partenias,[502]en el estilo de Simónides.

PISTETERO.

¿Y cuándo los has compuesto?

EL POETA.

Hace mucho tiempo, mucho tiempo, que yo canto a esta ciudad.

PISTETERO.

¡Pero si en este instante celebro la fiesta de su fundación, y acabo de ponerla un nombre como a los niños de diez días![503]

EL POETA.

¡Qué importa! La voz de las Musas vuela como los más rápidos corceles. ¡Oh tú, padre mío, fundador del Etna, tú cuyo nombre recuerda los divinos templos, otórgame propicio los bienes que para ti desearías!

PISTETERO.

No nos vamos a quitar de encima esta calamidad,si no le damos alguna cosa. Tú,[504]que tienes ese abrigo sobre la túnica, quítatelo y dáselo a este discretísimo poeta. Toma este abrigo; pues me parece que estás tiritando.

EL POETA.

Mi Musa acepta regocijada este presente. Escucha tú estos versos pindáricos...[505]

PISTETERO.

¿No se marchará nunca este importuno?

EL POETA.

Sin vestido de linoVaga Estratón en el confín heladoDel errabundo escita:Burdo manto le han dado,Pero aún túnica fina necesita.[506]

Sin vestido de linoVaga Estratón en el confín heladoDel errabundo escita:Burdo manto le han dado,Pero aún túnica fina necesita.[506]

Sin vestido de linoVaga Estratón en el confín heladoDel errabundo escita:Burdo manto le han dado,Pero aún túnica fina necesita.[506]

Sin vestido de lino

Vaga Estratón en el confín helado

Del errabundo escita:

Burdo manto le han dado,

Pero aún túnica fina necesita.[506]

¿Comprendes lo que quiero decir?

PISTETERO.

Vaya si comprendo: quieres que te regale una túnica. Quítatela: es preciso obsequiar a los poetas. Tómala, márchate.

EL POETA.

Me voy, y al irme compongo estos versos en honor de vuestra ciudad:

Numen de áureo trono,Celebra esta ciudadQue tirita a los soplosDe un céfiro glacial.Yo su campiña fértil,Vengo de visitar,Alfombrada de nieve.¡Tralalá, tralalá!

Numen de áureo trono,Celebra esta ciudadQue tirita a los soplosDe un céfiro glacial.Yo su campiña fértil,Vengo de visitar,Alfombrada de nieve.¡Tralalá, tralalá!

Numen de áureo trono,Celebra esta ciudadQue tirita a los soplosDe un céfiro glacial.Yo su campiña fértil,Vengo de visitar,Alfombrada de nieve.¡Tralalá, tralalá!

Numen de áureo trono,

Celebra esta ciudad

Que tirita a los soplos

De un céfiro glacial.

Yo su campiña fértil,

Vengo de visitar,

Alfombrada de nieve.

¡Tralalá, tralalá!

(Vase.)

PISTETERO.

Sí, pero te escapas de estos helados campos con una buena túnica. Jamás hubiera creído, Júpiter soberano, que ese maldito poeta pudiera adquirir tan pronto noticias de esta ciudad. (Al sacerdote.) Coge la vasija y da vuelta al altar.

EL SACERDOTE.

¡Silencio!

UN ADIVINO.

No inmoles el chivo.[507]

PISTETERO.

¿Quién eres tú?

EL ADIVINO.

¿Quién soy? un adivino.

PISTETERO.

¡Vete en hora mala!

EL ADIVINO.

Amigo mío, no desprecies las cosas divinas: hay una profecía de Bacis[508]que se refiere claramente a Nefelococigia.

PISTETERO.

¿Por qué no me hablaste de ese oráculo antes de fundar la ciudad?

EL ADIVINO.

Un dios me lo impedía.

PISTETERO.

No hay inconveniente en que oigamos el vaticinio.

EL ADIVINO.

«Cuando los lobos y las encanecidas cornejas habitaren juntos en el espacio que separa a Corinto de Sicione...»[509]

PISTETERO.

¿Pero qué tenemos que ver con los Corintios?

EL ADIVINO.

Bacis, al expresarse de ese modo, se refería al aire. «Sacrificad primeramente a Pandora un blanco vellocino; y después regalad al profeta que interprete mis oráculos un buen vestido y zapatos nuevos...»

PISTETERO.

¿Están también los zapatos?

EL ADIVINO.

Toma y lee. «Y dadle además una copa y un buen trozo de las entrañas de la víctima.»

PISTETERO.

¿También hay que darle un trozo de las entrañas?

EL ADIVINO.

Toma y lee. «Joven divino, si obedecieres mismandatos, serás un águila en las nubes: si no le das nada, ni tórtola, ni águila, ni pito real.»

PISTETERO.

¿También está eso?

EL ADIVINO.

Toma y lee.

PISTETERO.

Pero tu oráculo en nada se parece a otro que escribí yo mismo bajo la inspiración de Apolo. «Cuando, sin que nadie le llame, venga un charlatán a molestarte mientras estás ofreciendo un sacrificio, y pida una porción de las entrañas, deberás molerle las costillas a palos.»

EL ADIVINO.

Tú deliras.

PISTETERO.

Toma y lee. «Y no le perdones, aunque sea un águila en las nubes, aunque sea Lampón, aunque sea el gran Diopites.»[510]

EL ADIVINO.

¿También está eso?

PISTETERO.

Toma y lee, ¡y lárgate al infierno!

EL ADIVINO.

¡Ay, pobre de mí!

PISTETERO.

Pronto, pronto, vete a profetizar a otra parte.

METÓN.[511]

Vengo a...

PISTETERO.

Otro importuno. ¿Qué te trae aquí? ¿Cuáles son tus proyectos? ¿Qué te propones viniendo tan encopetado con tus coturnos?

METÓN.

Quiero medir las llanuras aéreas, y dividirlas en calles.

PISTETERO.

En nombre de los dioses, ¿quién eres?

METÓN.

¿Quién soy? Metón, conocido en toda la Grecia y en la aldea de Colona.[512]

PISTETERO.

Dime, ¿qué es eso que traes ahí?

METÓN.

Reglas para medir el aire. Pues todo el aire, en su forma general, es enteramente parecido a un horno.[513]Por tanto, aplicando por arriba esta línea curva y ajustando el compás... ¿Comprendes?

PISTETERO.

Ni una palabra.

METÓN.

Con esta otra regla trazo una línea recta, inscribo un cuadrado en el círculo, y coloco en su centro la plaza; a ella afluyen de todas partes calles derechas, del mismo modo que del sol, aunque es circular, parten rayos rectos en todas direcciones.

PISTETERO.

¡Este hombre es un Tales... Metón!

METÓN.

¿Qué?

PISTETERO.

Ya sabes que te quiero; pues bien, voy a darte un buen consejo: márchate cuanto antes.

METÓN.

¿Pues qué peligro...?

PISTETERO.

Aquí, como en Lacedemonia,[514]es costumbre expulsar a los extranjeros, y en la ciudad llueven garrotazos.

METÓN.

¿Hay alguna sedición?

PISTETERO.

Nada de eso.

METÓN.

¿Pues qué?

PISTETERO.

Hemos tomado por unanimidad la resolución de echar a todos los charlatanes.

METÓN.

Pues huyo.

PISTETERO.

Creo que ya es tarde: la tempestad estalla. (Le pega.)

METÓN.

¡Desdichado de mí! (Huye.)

PISTETERO.

¿No te lo decía hace tiempo? Vete con tus medidas a otra parte.

UN INSPECTOR.

¿Dónde están los próxenos?[515]

PISTETERO.

¿Quién es este Sardanápalo?

EL INSPECTOR.

Soy un inspector[516]designado por la suerte para vigilar en Nefelococigia.

PISTETERO.

¡Un inspector! ¿Quién te ha enviado?

EL INSPECTOR.

Un maldito decreto de Téleas.[517]

PISTETERO.

¿Quieres recibir tu sueldo, y marcharte, sin tomarte la menor molestia?

EL INSPECTOR.

Sí, por cierto; precisamente tenía hoy necesidad de estar en Atenas para asistirá la asamblea: tengo un asunto de Farnaces.[518]

PISTETERO.

Toma y llévate esto; este será tu sueldo. (Le pega.)

EL INSPECTOR.

¿Qué es esto?

PISTETERO.

Es la asamblea en que has de defender a Farnaces.

EL INSPECTOR.

¡Sed testigos de que me pega! ¡A mí! ¡A un inspector!

PISTETERO.

¿No te irás con tus malditas urnas judiciales? Esto es insoportable; ¡enviar inspectores a una ciudad antes de haberse ofrecido el sacrificio de consagración!

UN VENDEDOR DE DECRETOS.

«El nefelococigio que faltase a un ateniense...»

PISTETERO.

¿Qué nueva calamidad es esta, cargada de pergaminos?

EL VENDEDOR DE DECRETOS.

Soy un vendedor de decretos, y vengo a venderos leyes nuevas.

PISTETERO.

¿Cuáles?

EL VENDEDOR DE DECRETOS.

«Los habitantes de Nefelococigia tendrán las mismas leyes, pesos y medidas que los Olofixios.»[519]

PISTETERO.

Ahora vas a conocer las de los Ototixios.[520]

EL VENDEDOR DE DECRETOS.

Eh, ¿qué haces?

PISTETERO.

¿No te largas con tus decretos? Pues te voy a aplicar unos bien crueles.

EL INSPECTOR (Volviendo).

Cito por injurias a Pistetero para el mes Muniquion.[521]

PISTETERO.

¡Cómo! ¿Aún estabas ahí?

EL VENDEDOR DE DECRETOS.

«El que expulsare a un magistrado y no le recibiese como prescribe el edicto fijado en la columna...»

PISTETERO (Al inspector).

¡Oh, desdicha! ¿Ahí estabas también tú?

EL INSPECTOR.

¡Ya me las pagarás! Te he de hacer condenar a diez mil dracmas de multa.

PISTETERO.

Yo haré pedazos tus urnas.

EL INSPECTOR.

¿Te acuerdas de aquella tarde en que hiciste tus necesidades junto a la columna de edictos?

PISTETERO.

Ea, echadle mano a ese. ¡Hola! parece que no te quedas.

EL SACERDOTE.

Marchémonos de aquí cuanto antes, y sacrifiquemos dentro el macho cabrío.

(Vanse todos.)

CORO.

Ya todos los mortales ofrecerán sus votos y sacrificios a mí que todo lo inspecciono y gobierno. Porque con mi vista abarco el mundo entero y conservo los frutos en flor, destruyendo las infinitas castas de animales que, en el seno de la tierra o en las ramas de los árboles, los devoran antes de que hayan brotado del tierno cáliz. Yo mato los insectos que corrompen con su fétido contacto los perfumados huertos; y todos los reptiles y venenosos sapos mueren al golpe de mis forzudas alas.

Hoy que se pregona principalmente este edicto:«El que matase a Diágoras Meliense,[522]recibirá un talento: el que matase a uno de los tiranos nuestros,[523]recibirá un talento», queremos nosotros promulgar también este decreto: «El que matare a Filócrates el pajarero, recibirá un talento; cuatro el que lo traiga vivo: él es quien ata los pinzones de siete en siete y los vende por un óbolo; él es quien atormenta a los tordos inflándolos para que parezcan más gordos; él atraviesa con plumas el pico de los mirlos; él reúne palomas y las encierra obligándolas a reclamar a otras y atraerlas a sus redes. Este es nuestro edicto: mandamos además que todo el que tenga aves encerradas en su patio, las suelte inmediatamente. El que no obedeciere será apresado por las aves, y servirá cargado de cadenas para señuelo de otros hombres.»

¡Oh raza afortunada la de las aves! ni en invierno tenemos necesidad de túnicas, ni en estío nos molestan los abrasadores rayos de un sol canicular.En los valles floridos, a la sombra del tupido follaje, hallo fresco reposo, mientras la divina cigarra, enfurecida por el calor del mediodía deja oír su agudo canto: cuevas profundas, en que jugueteo con las monteses ninfas, me abrigan en invierno; y en primavera, picoteo las blancas y virginales bayas del mirto, y saqueo los huertecillos de las Gracias.

Queremos decir a los jueces una palabra sobre el premio: si nos lo adjudican, les otorgaremos toda clase de bienes; bienes más preciosos que los que recibió el mismo Paris.[524]En primer lugar, cosa la más apetecida por todos los jueces, las lechuzas de Laurium[525]no os abandonarán jamás; habitarán dentro de vuestras casas, anidarán en vuestros bolsillos y empollarán en ellos pequeñas moneditas. Además vuestras habitaciones parecerán templos magníficos, porque elevaremos sus techos en forma de alas de águila.[526]Si conseguís una magistratura y queréis robar algo, armaremos vuestras manos con las garras veloces del azor. Y si vais a un banquete, os proveeremos de espaciosos buches. Pero si no nos adjudicáis el premio, ya podéisproveeros de sombrillas como las de las estatuas;[527]que el que no la lleve nos las pagará todas juntas. Pues cuando salga ostentando su túnica blanca, todas las aves se la mancharemos con nuestras inmundicias.

PISTETERO.

Aves, el sacrificio ha sido favorable; pero me extraña que no venga de la muralla ningún mensajero para anunciamos cómo va la obra. ¡Ah! Ahí viene uno corriendo sin aliento.[528]

MENSAJERO PRIMERO.

¿Dónde, dónde está? ¿Dónde, dónde, dónde está? ¿Dónde, dónde, dónde está? ¿Dónde está Pistetero, nuestro jefe?

PISTETERO.

Aquí estoy.

MENSAJERO PRIMERO.

Tus murallas están construidas.

PISTETERO.

Muy bien.

MENSAJERO PRIMERO.

Es una obra soberbia y hermosísima: la anchura del muro es tan grande, que si Proxénides el fanfarróny Teógenes[529]se encontrasen sobre él dirigiendo dos carros tirados por caballos tan grandes como el de Troya, pasarían sin dificultad.[530]

PISTETERO.

¡Magnífico!

MENSAJERO PRIMERO.

Su largura (yo mismo la he medido) es de cien brazas.[531]

PISTETERO.

¡Por Neptuno, qué largura! ¿Quiénes han construido tan gigantesca muralla?

MENSAJERO PRIMERO.

Las aves, y nadie más que las aves; allí no ha habido ni albañiles egipcios, ni canteros; todo lo han hecho por sí mismas con una habilidad asombrosa. De África vinieron cerca de treinta mil grullas que descargaron su lastre de piedras,[532]las cuales, después de arregladas por el pico de los rascones, han servido para los cimientos. Diez mil cigüeñas fabricaron los ladrillos. Los chorlitos y demás aves fluviales subían al aire el agua de la tierra.

PISTETERO.

¿Quiénes traían el mortero?

MENSAJERO PRIMERO.

Las garzas, en gamellas.

PISTETERO.

¿Pero cómo pudieron echarlo en las gamellas?

MENSAJERO PRIMERO.

¡Oh, es una invención ingeniosísima! Los gansos revolvían con sus patas, a guisa de paletas, el mortero, y después lo echaban en las gamellas.

PISTETERO.

¿Qué no harán los pies?[533]

MENSAJERO PRIMERO.

Era de ver cómo traían ladrillos los ánades. También ayudaban a la faena las golondrinas trayendo mortero en el pico y la llana en la cola, como si fuesen niños.

PISTETERO.

¿Qué necesidad habrá ya de pagar operarios? Pero dime: ¿quiénes labraron las maderas necesarias?

MENSAJERO PRIMERO.

Los pelícanos, como habilísimos carpinteros, arreglaron con sus picos las jambas de las puertas: cuando desbastaban las maderas, se oía un ruido parecido al de los arsenales. Ahora está ya todo cerrado con puertas y cerrojos y cuidadosamente guardado: las rondas recorren el recinto con sus campanillas: hay centinelas en todas partes, y antorchas en las torres. Pero yo corro a lavarme: a ti te toca terminar la obra.

CORO.

Vamos, ¿qué haces? ¿Te admiras de la prontitud con que el muro ha sido construido?

PISTETERO.

Sí por cierto; la cosa es digna de admiración; parece una fábula. Pero ahí viene uno de los centinelas de la ciudad con marcial continente.

MENSAJERO SEGUNDO.

¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!

PISTETERO.

¿Qué ocurre?

MENSAJERO SEGUNDO.

Una cosa indigna. Uno de los dioses de la corte de Júpiter ha atravesado las puertas y ha penetrado en el aire burlando la vigilancia de los grajos qué dan la guardia de día.

PISTETERO.

¡Oh indigno y criminal atentado! ¿Qué dios es?

MENSAJERO SEGUNDO.

Lo ignoramos; solo sabemos que tiene alas.

PISTETERO.

¿Por qué no habéis lanzado en seguida guardias en su persecución?

MENSAJERO SEGUNDO.

Hemos enviado tres mil azores, arqueros de caballería: todas las aves de ganchudas uñas, cernícalos, gerifaltes, buitres, águilas y gavilanes vuelan en su busca, haciendo resonar el aire con el rápido batir de sus alas. El dios no debe estar lejos; si no me engaño, helo ahí.

PISTETERO.

¡Armémonos de la honda y el arco! Aquí, mis amigos; disparad todos vuestras saetas; dadme una honda.

CORO.

Declárase una guerra, una guerra nefanda entre nosotros y los dioses. Hijos del Erebo, guardad cuidadosos el aire y las nubes que le entoldan para que ningún dios las atraviese: vigilad todo el circuito. Ya se oye cerca un ruido de alas, como el de un inmortal cuando vuela.

(Iris aparece volando y es detenida.)

PISTETERO.

¡Eh, tú! ¿A dónde vuelas? Estate quieta, inmóvil. ¡Alto! detente. ¿Quién eres? ¿De qué país? Es preciso que digas de dónde vienes.

IRIS.

Vengo de la mansión de los dioses olímpicos.

PISTETERO.

¿Cómo te llamas, navío o casco?[534]

IRIS.

La rápida Iris.

PISTETERO.

¿La Paralos, o la Salamina?[535]

IRIS.

¿Qué dices?

PISTETERO.

¿No habrá un gerifalte[536]que emprenda el vuelo y se lance sobre ella?

IRIS.

¿Que se lance sobre mí? ¿Qué significan estos ultrajes?

PISTETERO.

Vas a llorar a mares.

IRIS.

Pero esto es absurdo.

PISTETERO.

¿Por qué puerta has penetrado en la ciudad, gran malvada?

IRIS.

¿Por qué puerta? No lo sé, por vida mía.

PISTETERO.

¿Oís cómo se burla de nosotros? ¿Te has presentado al capitán de los grajos? Responde. ¿Traes un pase autorizado con el sello de las cigüeñas?

IRIS.

¿Qué es esto?

PISTETERO.

¿No lo traes?

IRIS.

¿Estás en tu juicio?

PISTETERO.

¿No te ha enviado un salvoconducto algún jefe de las aves?

IRIS.

Nadie me ha enviado nada, imbécil.

PISTETERO.

¿Y te has atrevido a atravesar en silencio el aire y una ciudad extraña?

IRIS.

¿Pues por dónde hemos de pasar los dioses?

PISTETERO.

No lo sé; pero no por aquí. Lo cierto es que tú has delinquido. ¿Sabes que si te aplicase la pena merecida nos apoderaríamos de ti y moriría la bella Iris?

IRIS.

Soy inmortal.

PISTETERO.

No por eso dejarías de morir. Esto es insoportable; mandamos en todos los seres del mundo, y ahora nos vienen los dioses echándoselas de insolentes y negándose a obedecer a los más fuertes. Vamos, contesta: ¿a dónde dirigías tu vuelo?

IRIS.

¿Yo? Llevo encargo de mi padre de ordenar a los hombres que ofrezcan víctimas a los dioses del Olimpo; que inmolen bueyes y ovejas, y llenen las calles con el humo de los sacrificios.

PISTETERO.

¿Qué dices? ¿A qué dioses?

IRIS.

¿A qué dioses? a nosotros, a los dioses del cielo.

PISTETERO.

¿Pero vosotros sois dioses?

IRIS.

¿Pues qué, hay otros?

PISTETERO.

Las aves son ahora los dioses de los hombres; y a ellas, por vida mía, han de ofrecerse los sacrificios y no a Júpiter.

IRIS.

¡Ah, insensato, insensato! No provoques las graves iras de los dioses; guarda que la Justicia, armada del terrible azadón de Júpiter, no extirpe de raíz toda tu raza; teme que sus rayos vengadores te reduzcan a cenizas con todos tus palacios.[537]

PISTETERO.

Oye, déjate de palabras campanudas, y estate quieta. Dime, ¿crees que me vas a espantar con ese lenguaje, como si fuese algún esclavo lidio o de la Frigia?[538]¿Sabes que si Júpiter me molesta más, enviaré águilas igníferas que incendien su morada y el palacio de Anfión?[539]¿Sabes que puedo mandar al cielo contra él más de seiscientos alados porfiriones[540]cubiertos con pieles de leopardos? Ycuenta que uno solo le dio mucho que hacer. Y a ti, bella mensajera, como me incomodes, te agarro y te doy a conocer, con asombro tuyo, que, aunque viejo, pocos me ganan en las lides amorosas.

IRIS.

¡Ojalá revientes, estúpido, con tus dicharachos!

PISTETERO.

¿Te marchas o no? ¡Largo pronto! ¡Cuidado con los golpes!

IRIS.

¡Ah! Mi padre castigará tu insolencia.

PISTETERO.

¡Vaya un susto! ¡Vuela, vuela, vete a llenar con el humo y el hollín de tus rayos a otros más jóvenes que yo!

CORO.

Queda prohibido a los dioses, hijos de Júpiter, el paso por nuestra ciudad; prohíbese también a los mortales cuando les ofrezcan sacrificios el que hagan atravesar por aquí el humo de sus víctimas.

PISTETERO.

Temo que no acabe de volver el heraldo que envié a los hombres.

UN HERALDO.

¡Oh feliz Pistetero! ¡Oh sapientísimo! ¡Oh celebérrimo! ¡Oh sapientísimo! ¡Oh hermosísimo! ¡Oh felicísimo! ¡Oh...! Vamos, apunta.[541]

PISTETERO.

¿Qué estás diciendo?

EL HERALDO.

Todos los pueblos, admirados de tu sabiduría, te ofrecen esta corona de oro.

PISTETERO.

La acepto; pero ¿por qué los pueblos me decretan tan señalado honor?

EL HERALDO.

Tú no sabes, ilustre fundador de una ciudad aérea, la inmensa estimación en que te tienen los mortales, y la afición extraordinaria que se ha desarrollado por este país. Antes de que echases los cimientos de esta célebre ciudad, todos los hombres atacados de la lacomanía se dejaban crecer el cabello, ayunaban, iban sucios, vivían socráticamente,[542]y llevaban bastones espartanos; ahora ha cambiado la moda y les domina la manía por las aves, complaciéndose en imitar su modo de vivir. En cuanto apunta el alba saltan todos a la vez del lecho y vuelan, como nosotros, a su pasto habitual; después se dirigen a los carteles y se atracan de decretos. Su manía por las aves es tan grande que muchos llevan nombres de volátiles: un tabernero cojo, se llama perdiz; Menipo, golondrina; Opuncio, cuervo tuerto;Filocles, alondra; Teógenes, ganso-zorro; Licurgo, ibis; Querefonte, murciélago; Siracosio, urraca; y Midias se llama codorniz,porque, en efecto, tiene toda la traza de una codorniz muerta de un porrazo en la cabeza.[543]La pasión por las aves hace que se canten versos, donde es de rigor hablar de golondrinas, de penélopes, de gansos, de palomas, o por lo menos algo de plumaje. Así anda la cosa. ¡Ah!, te advierto que pronto vendrán aquí más de diez mil personas pidiéndote alas y garras ganchudas; por tanto, ya puedes hacer provisión de plumas para los nuevos huéspedes.

PISTETERO.

Entonces no hay tiempo que perder. Anda, llena de alas todos los cestos y cestillos, y dile a Manes[544]que me los traiga aquí. Yo me encargo de recibir a los que vengan.

CORO.

Esta ciudad va a ser pronto muy populosa.

PISTETERO.

Si la fortuna nos favorece.

CORO.

El amor a nuestra ciudad se propaga.

PISTETERO (Al esclavo).

Trae eso pronto.

CORO.

¿Qué falta en ella de cuanto puede hacer grata su mansión? Aquí se encuentran la Sabiduría, el Amor, las Gracias inmortales, y el plácido semblante de la querida Paz.

PISTETERO.

¡Qué calma, justo cielo! Trae eso pronto.

CORO.

Sí, traed pronto un cesto lleno de alas; y tú hazle moverse a palos, como lo hago yo: es más pesado que un asno.

PISTETERO.

Sí, Manes es un perezoso.

CORO.

Tú, pon en orden esas alas, las musicales,[545]las proféticas,[546]las marítimas.[547]Procura después que cada uno se lleve las que le convengan.

PISTETERO (A Manes).

¡Ah, lo juro por los cernícalos! Esta no te la perdono, si continúas tan perezoso y tardón.

UN PARRICIDA.

¡Quién fuera el águila de altísimo vuelo, para cernerse sobre las ondas cerúleas del estéril mar![548]

PISTETERO.

Veo que el mensajero dijo la verdad; ahí viene no sé quién cantando a las águilas.

EL PARRICIDA.

¡Oh, nada hay tan delicioso como volar! Yo adorolas leyes de los pájaros; la afición a las aves me vuelve loco; yo vuelo, yo quiero vivir con vosotros, soy apasionado por vuestras leyes.

PISTETERO.

¿Por cuáles?, pues las aves tienen muchas clases.[549]

EL PARRICIDA.

Por todas; más principalmente por esa en virtud de la cual es lícito a un pájaro morder a su padre y retorcerle el pescuezo.

PISTETERO.

Es verdad, nosotros tenemos por muy valiente al que, pollito aún, pega a su padre.

EL PARRICIDA.

Por eso he emigrado a esta región; deseo estrangular a mi padre para heredar todos sus bienes.

PISTETERO.

Pero tenemos también otra ley inscrita en la columna de edictos de las cigüeñas: «Cuando la cigüeña haya criado sus hijos y los haya puesto en disposición de volar, estos tendrán a su vez obligación de alimentar a sus padres.»

EL PARRICIDA.

¡Pues bastante he ganado con venir, si tengo que sostener a mi padre!

PISTETERO.

No, no; ya que con tan benévolas intenciones has acudido a nosotros, te emplumaré como convienea un pájaro huérfano.[550]Además, pobre joven, te daré un buen consejo que aprendí en mi niñez. No maltrates a tu padre; coge esta ala en una mano y ese espolón en la otra; figúrate que tienes una cresta de gallo, y haz guardias, vete a la guerra, vive de tu estipendio, y deja en paz a tu padre. Ya que eres tan belicoso, dirige tu vuelo a Tracia,[551]y combate allí.

EL PARRICIDA.

¡Por Baco! Tu consejo me parece excelente, y lo seguiré.

PISTETERO.

Obrarás discretamente.


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