Chapter 17

ESQUILO.

ESQUILO.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

BACO.

¡Eurípides!

EURÍPIDES.

¿Qué hay?

BACO.

Recoge velas; pues esta alcuza va a convertirse en huracán.

EURÍPIDES.

Poco se me importa, por Ceres; ya verás cómo se lo hago soltar de las manos.

BACO.

Continúa recitando, y mucho ojo con la alcuza.

EURÍPIDES.

La ciudad de Sidón abandonandoCadmo, hijo de Agenor...[360]

La ciudad de Sidón abandonandoCadmo, hijo de Agenor...[360]

La ciudad de Sidón abandonandoCadmo, hijo de Agenor...[360]

La ciudad de Sidón abandonando

Cadmo, hijo de Agenor...[360]

ESQUILO.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

BACO.

¡Ay, amigo mío! Cómprale esa bendita alcuza, pues, si no, nos va a echar a pique todos los prólogos.

EURÍPIDES.

¡Cómo! ¿yo comprársela?

BACO.

Si me haces caso.

EURÍPIDES.

No, por cierto. Puedo citarle una porción de prólogos, a los que no podrá aplicarles la alcuza.

Pélope, hijo de Tántalo, partiendoPara Pisa, animando los corcelesDe su carro veloz...[361]

Pélope, hijo de Tántalo, partiendoPara Pisa, animando los corcelesDe su carro veloz...[361]

Pélope, hijo de Tántalo, partiendoPara Pisa, animando los corcelesDe su carro veloz...[361]

Pélope, hijo de Tántalo, partiendo

Para Pisa, animando los corceles

De su carro veloz...[361]

ESQUILO.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

BACO.

¿Lo ves? De nuevo le ha colgado su alcuza. Vamos, Esquilo, véndesela a cualquier precio; que tú por un óbolo podrás comprar otra hermosísima.

EURÍPIDES.

Te digo que no; aún me quedan muchos.

Eneo en su heredad...[362]

Eneo en su heredad...[362]

Eneo en su heredad...[362]

Eneo en su heredad...[362]

ESQUILO.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

EURÍPIDES.

Déjame acabar el primer verso.

Eneo en su heredad, habiendo un díaPingüe cosecha recogido y de ellaOfrecido a los dioses las primiciasEn piadosa oblación...

Eneo en su heredad, habiendo un díaPingüe cosecha recogido y de ellaOfrecido a los dioses las primiciasEn piadosa oblación...

Eneo en su heredad, habiendo un díaPingüe cosecha recogido y de ellaOfrecido a los dioses las primiciasEn piadosa oblación...

Eneo en su heredad, habiendo un día

Pingüe cosecha recogido y de ella

Ofrecido a los dioses las primicias

En piadosa oblación...

ESQUILO.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

Perdió su alcuza.

BACO.

¡Durante el sacrificio! ¿Quién se la quitó?

EURÍPIDES.

Permíteme, amigo mío, que pruebe con este verso:

Jove (la verdad misma lo asegura)[363]

Jove (la verdad misma lo asegura)[363]

Jove (la verdad misma lo asegura)[363]

Jove (la verdad misma lo asegura)[363]

BACO.

Estás perdido; en seguida va a añadir: «Perdió su alcuza.» Porque la tal alcuza se adhiere a tus prólogos como el orzuelo a los párpados. Pero, por todos los dioses, pasa ya a ocuparte de la parte lírica de sus dramas.

EURÍPIDES.

Puedo demostrar hasta la evidencia que sus cantos son perversos y llenos de las mismas repeticiones.

CORO.

¿En qué parará esto? Ansioso estoy de saber qué censuras se atreverá a presentar contra sus infinitosy bellísisimos cantos, tan superiores a los de los poetas del día; no acierto a comprender en qué podrá motejar a este rey de las fiestas de Baco,[364]y le auguro una derrota.

EURÍPIDES.

¡Sí! ¡Admirables cantos líricos! Ahora se verá, pues voy a reunirlos todos en uno.

BACO.

Y yo a llevar la cuenta con estas piedrecitas.

EURÍPIDES.

Aquiles,[365]rey de Ftía, ¿por qué, si oyesEl estruendo feral de la matanza,A aliviar sus trabajos, di, no vuelas?[366]Nosotros, habitantes de este lago,Culto rendimos al sagaz Mercurio,Egregio fundador de nuestra raza,Y a aliviar sus trabajos tú no corres.[367]

Aquiles,[365]rey de Ftía, ¿por qué, si oyesEl estruendo feral de la matanza,A aliviar sus trabajos, di, no vuelas?[366]Nosotros, habitantes de este lago,Culto rendimos al sagaz Mercurio,Egregio fundador de nuestra raza,Y a aliviar sus trabajos tú no corres.[367]

Aquiles,[365]rey de Ftía, ¿por qué, si oyesEl estruendo feral de la matanza,A aliviar sus trabajos, di, no vuelas?[366]Nosotros, habitantes de este lago,Culto rendimos al sagaz Mercurio,Egregio fundador de nuestra raza,Y a aliviar sus trabajos tú no corres.[367]

Aquiles,[365]rey de Ftía, ¿por qué, si oyes

El estruendo feral de la matanza,

A aliviar sus trabajos, di, no vuelas?[366]

Nosotros, habitantes de este lago,

Culto rendimos al sagaz Mercurio,

Egregio fundador de nuestra raza,

Y a aliviar sus trabajos tú no corres.[367]

BACO.

Ya tienes dostrabajos, Esquilo.

EURÍPIDES.

¡Oh, el más ilustre aqueo, ínclito Atrida!Jefe de muchos pueblos poderosos,[368]¿A aliviar sus trabajos tú no corres?

¡Oh, el más ilustre aqueo, ínclito Atrida!Jefe de muchos pueblos poderosos,[368]¿A aliviar sus trabajos tú no corres?

¡Oh, el más ilustre aqueo, ínclito Atrida!Jefe de muchos pueblos poderosos,[368]¿A aliviar sus trabajos tú no corres?

¡Oh, el más ilustre aqueo, ínclito Atrida!

Jefe de muchos pueblos poderosos,[368]

¿A aliviar sus trabajos tú no corres?

BACO.

Ya el tercertrabajo, Esquilo.

EURÍPIDES.

Silencio: las proféticas Melisas[369]De Diana van a abrir el templo augusto,¿Y a aliviar sus trabajos tú no vuelas?Yo puedo proclamar que los guerreros[370]Partieron con auspicios la victoria,A aliviar sus trabajos tú no corres.

Silencio: las proféticas Melisas[369]De Diana van a abrir el templo augusto,¿Y a aliviar sus trabajos tú no vuelas?Yo puedo proclamar que los guerreros[370]Partieron con auspicios la victoria,A aliviar sus trabajos tú no corres.

Silencio: las proféticas Melisas[369]De Diana van a abrir el templo augusto,¿Y a aliviar sus trabajos tú no vuelas?Yo puedo proclamar que los guerreros[370]Partieron con auspicios la victoria,A aliviar sus trabajos tú no corres.

Silencio: las proféticas Melisas[369]

De Diana van a abrir el templo augusto,

¿Y a aliviar sus trabajos tú no vuelas?

Yo puedo proclamar que los guerreros[370]

Partieron con auspicios la victoria,

A aliviar sus trabajos tú no corres.

BACO.

¡Soberano Júpiter! ¡Qué infinidad detrabajos! Quiero ir a bañarme; pues con tantostrabajos, se me han inflamado los riñones.

EURÍPIDES.

Por favor, no te vayas antes de oír este canto arreglado para cítara.

BACO.

Sea; pero pronto y sintrabajos.

EURÍPIDES.[371]

¿Por qué los dos monarcas que comandanLa ardiente juventud de los Aqueos,Flatotrato-flatotrat,La aterradora Esfinge han enviado,Perro factor de negros infortunios?Flatotrato-flatotrat,Vibrando el asta en la potente garraEl ave que impetuosa y vengadora,Flatotrato-flatotrat.Entrega al crudo diente de los perros,Osados vagabundos de los aires,Flatotrato-flatotrat,Los que se inclinan al partido de Áyax,Flatotrato-flatotrat.

¿Por qué los dos monarcas que comandanLa ardiente juventud de los Aqueos,Flatotrato-flatotrat,La aterradora Esfinge han enviado,Perro factor de negros infortunios?Flatotrato-flatotrat,Vibrando el asta en la potente garraEl ave que impetuosa y vengadora,Flatotrato-flatotrat.Entrega al crudo diente de los perros,Osados vagabundos de los aires,Flatotrato-flatotrat,Los que se inclinan al partido de Áyax,Flatotrato-flatotrat.

¿Por qué los dos monarcas que comandanLa ardiente juventud de los Aqueos,Flatotrato-flatotrat,La aterradora Esfinge han enviado,Perro factor de negros infortunios?Flatotrato-flatotrat,Vibrando el asta en la potente garraEl ave que impetuosa y vengadora,Flatotrato-flatotrat.Entrega al crudo diente de los perros,Osados vagabundos de los aires,Flatotrato-flatotrat,Los que se inclinan al partido de Áyax,Flatotrato-flatotrat.

¿Por qué los dos monarcas que comandan

La ardiente juventud de los Aqueos,

Flatotrato-flatotrat,

La aterradora Esfinge han enviado,

Perro factor de negros infortunios?

Flatotrato-flatotrat,

Vibrando el asta en la potente garra

El ave que impetuosa y vengadora,

Flatotrato-flatotrat.

Entrega al crudo diente de los perros,

Osados vagabundos de los aires,

Flatotrato-flatotrat,

Los que se inclinan al partido de Áyax,

Flatotrato-flatotrat.

BACO.

¿Qué es ese flatotrat? ¿En Maratón, o dónde has recogido ese canto de aguadores?

ESQUILO.

No; yo di a lo que era ya bueno una forma igualmente bella, para que no se dijese que cogía en el jardín sagrado de las Musas las mismas flores que Frínico.[372]Pero Eurípides, para tomar sus cantos, acude a los de todas las meretrices, y a los escolios de Meleto,[373]a los aires de la flauta caria, a los acentos doloridos, y a los himnos coreográficos, como os lo voy a demostrar sobre la marcha. Traedme una lira. ¿Pero qué necesidad hay de lira para este? ¿Dónde está la mujer que toca las castañuelas? Ven, oh Musa de Eurípides. Tú eres la única digna de modular sus canciones.

BACO.

¿No ha imitado nunca esa Musa a las Lesbenses?[374]

ESQUILO.[375]

Alciones que gorjeáis sobre las olasInfinitas del piélago salado,Con gotas titilantesDe rocío menudas y cambiantesEl nítido plumaje salpicado;Arañas que en los lóbregos rinconesDe las habitacionesHi-i-i-láis[376]la trama prodigiosaCon la pata ligera,Y con la resonante lanzadera.El delfín cautivadoPor el son de las flautas delicadas,Augurando un buen viaje,Salta regocijadoEn torno de las proas azuladas.Adorno de la vid, crespo follaje,Sostén lozano del racimo bello,Enlaza, hijo, tus brazos a mi cuello.

Alciones que gorjeáis sobre las olasInfinitas del piélago salado,Con gotas titilantesDe rocío menudas y cambiantesEl nítido plumaje salpicado;Arañas que en los lóbregos rinconesDe las habitacionesHi-i-i-láis[376]la trama prodigiosaCon la pata ligera,Y con la resonante lanzadera.El delfín cautivadoPor el son de las flautas delicadas,Augurando un buen viaje,Salta regocijadoEn torno de las proas azuladas.Adorno de la vid, crespo follaje,Sostén lozano del racimo bello,Enlaza, hijo, tus brazos a mi cuello.

Alciones que gorjeáis sobre las olasInfinitas del piélago salado,Con gotas titilantesDe rocío menudas y cambiantesEl nítido plumaje salpicado;Arañas que en los lóbregos rinconesDe las habitacionesHi-i-i-láis[376]la trama prodigiosaCon la pata ligera,Y con la resonante lanzadera.El delfín cautivadoPor el son de las flautas delicadas,Augurando un buen viaje,Salta regocijadoEn torno de las proas azuladas.Adorno de la vid, crespo follaje,Sostén lozano del racimo bello,Enlaza, hijo, tus brazos a mi cuello.

Alciones que gorjeáis sobre las olas

Infinitas del piélago salado,

Con gotas titilantes

De rocío menudas y cambiantes

El nítido plumaje salpicado;

Arañas que en los lóbregos rincones

De las habitaciones

Hi-i-i-láis[376]la trama prodigiosa

Con la pata ligera,

Y con la resonante lanzadera.

El delfín cautivado

Por el son de las flautas delicadas,

Augurando un buen viaje,

Salta regocijado

En torno de las proas azuladas.

Adorno de la vid, crespo follaje,

Sostén lozano del racimo bello,

Enlaza, hijo, tus brazos a mi cuello.

¿Ves tú el ritmo?

BACO.

Lo veo.

ESQUILO.

¡Cómo! ¿Lo ves?

BACO.

Lo veo.

ESQUILO.

¿Y tú, autor de semejantes versos; tú que imitas al componerlos las doce posturas de Cirene,[377]te atreves a censurar los míos? Tales son sus cantos líricos: examinemos ahora sus monólogos:[378]

Oscuridad profunda de la noche,Del fondo de tu abismo tenebroso¿Qué ensueño pavorosoEnvías a mi mente conturbada?Sin duda es un aborto del averno,Un alma inanimada,De horrible aspecto y de letal mirada,Un hijo de la noche y del infierno,De uñas de acero y veste rozagante.La lámpara brillante,Esclavas, encended, y al cristalinoRío hurtadle la linfa en vuestras urnas;Calentadla y podré de este divinoSueño purificarme,Que en las horas nocturnasHa venido espantoso a atormentarme.¡Oh Neptuno! ¿Qué es esto?El prodigio funestoVed, mis consortes en destino impío,¡Ah, Glice sin entrañasHuye, huye, y se lleva el gallo mío!¡Ninfas de las montañas,Y tú, Mania, prended, prended a Glice!Yo que estaba ¡infelice!A mi labor atentaEl blanco lino hi-i-i-i-ilandoQue mi rueca cubría,Y el ovillo formandoQue al despuntar el díaEn la plaza pensabaA buen precio vender; mas él volaba,¡Ay!, volaba[379]y con alas incansablesPor el éter cruzaba;Y penas, penas, ¡ay!, interminables,Me dejó solamente,Y tristezas y enojos,Y convertidos en perenne fuenteDe lágrimas, ¡de lágrimas mis ojos!Cretenses, acudid; hijos del Ida,Con el arco homicidaEn mi auxilio volad, cercad la casa;Divina cazadora,Diana gentil, acude con tus canesY registra los últimos desvanes.Hécate, hija de Júpiter, enciendeDos antorchas, y guíaA la mansión de la ladrona Glice;Quizá, quizá a su luz, ¡ay infelice!Pueda encontrar la pobre hacienda mía.

Oscuridad profunda de la noche,Del fondo de tu abismo tenebroso¿Qué ensueño pavorosoEnvías a mi mente conturbada?Sin duda es un aborto del averno,Un alma inanimada,De horrible aspecto y de letal mirada,Un hijo de la noche y del infierno,De uñas de acero y veste rozagante.La lámpara brillante,Esclavas, encended, y al cristalinoRío hurtadle la linfa en vuestras urnas;Calentadla y podré de este divinoSueño purificarme,Que en las horas nocturnasHa venido espantoso a atormentarme.¡Oh Neptuno! ¿Qué es esto?El prodigio funestoVed, mis consortes en destino impío,¡Ah, Glice sin entrañasHuye, huye, y se lleva el gallo mío!¡Ninfas de las montañas,Y tú, Mania, prended, prended a Glice!Yo que estaba ¡infelice!A mi labor atentaEl blanco lino hi-i-i-i-ilandoQue mi rueca cubría,Y el ovillo formandoQue al despuntar el díaEn la plaza pensabaA buen precio vender; mas él volaba,¡Ay!, volaba[379]y con alas incansablesPor el éter cruzaba;Y penas, penas, ¡ay!, interminables,Me dejó solamente,Y tristezas y enojos,Y convertidos en perenne fuenteDe lágrimas, ¡de lágrimas mis ojos!Cretenses, acudid; hijos del Ida,Con el arco homicidaEn mi auxilio volad, cercad la casa;Divina cazadora,Diana gentil, acude con tus canesY registra los últimos desvanes.Hécate, hija de Júpiter, enciendeDos antorchas, y guíaA la mansión de la ladrona Glice;Quizá, quizá a su luz, ¡ay infelice!Pueda encontrar la pobre hacienda mía.

Oscuridad profunda de la noche,Del fondo de tu abismo tenebroso¿Qué ensueño pavorosoEnvías a mi mente conturbada?Sin duda es un aborto del averno,Un alma inanimada,De horrible aspecto y de letal mirada,Un hijo de la noche y del infierno,De uñas de acero y veste rozagante.La lámpara brillante,Esclavas, encended, y al cristalinoRío hurtadle la linfa en vuestras urnas;Calentadla y podré de este divinoSueño purificarme,Que en las horas nocturnasHa venido espantoso a atormentarme.¡Oh Neptuno! ¿Qué es esto?El prodigio funestoVed, mis consortes en destino impío,¡Ah, Glice sin entrañasHuye, huye, y se lleva el gallo mío!¡Ninfas de las montañas,Y tú, Mania, prended, prended a Glice!Yo que estaba ¡infelice!A mi labor atentaEl blanco lino hi-i-i-i-ilandoQue mi rueca cubría,Y el ovillo formandoQue al despuntar el díaEn la plaza pensabaA buen precio vender; mas él volaba,¡Ay!, volaba[379]y con alas incansablesPor el éter cruzaba;Y penas, penas, ¡ay!, interminables,Me dejó solamente,Y tristezas y enojos,Y convertidos en perenne fuenteDe lágrimas, ¡de lágrimas mis ojos!Cretenses, acudid; hijos del Ida,Con el arco homicidaEn mi auxilio volad, cercad la casa;Divina cazadora,Diana gentil, acude con tus canesY registra los últimos desvanes.Hécate, hija de Júpiter, enciendeDos antorchas, y guíaA la mansión de la ladrona Glice;Quizá, quizá a su luz, ¡ay infelice!Pueda encontrar la pobre hacienda mía.

Oscuridad profunda de la noche,

Del fondo de tu abismo tenebroso

¿Qué ensueño pavoroso

Envías a mi mente conturbada?

Sin duda es un aborto del averno,

Un alma inanimada,

De horrible aspecto y de letal mirada,

Un hijo de la noche y del infierno,

De uñas de acero y veste rozagante.

La lámpara brillante,

Esclavas, encended, y al cristalino

Río hurtadle la linfa en vuestras urnas;

Calentadla y podré de este divino

Sueño purificarme,

Que en las horas nocturnas

Ha venido espantoso a atormentarme.

¡Oh Neptuno! ¿Qué es esto?

El prodigio funesto

Ved, mis consortes en destino impío,

¡Ah, Glice sin entrañas

Huye, huye, y se lleva el gallo mío!

¡Ninfas de las montañas,

Y tú, Mania, prended, prended a Glice!

Yo que estaba ¡infelice!

A mi labor atenta

El blanco lino hi-i-i-i-ilando

Que mi rueca cubría,

Y el ovillo formando

Que al despuntar el día

En la plaza pensaba

A buen precio vender; mas él volaba,

¡Ay!, volaba[379]y con alas incansables

Por el éter cruzaba;

Y penas, penas, ¡ay!, interminables,

Me dejó solamente,

Y tristezas y enojos,

Y convertidos en perenne fuente

De lágrimas, ¡de lágrimas mis ojos!

Cretenses, acudid; hijos del Ida,

Con el arco homicida

En mi auxilio volad, cercad la casa;

Divina cazadora,

Diana gentil, acude con tus canes

Y registra los últimos desvanes.

Hécate, hija de Júpiter, enciende

Dos antorchas, y guía

A la mansión de la ladrona Glice;

Quizá, quizá a su luz, ¡ay infelice!

Pueda encontrar la pobre hacienda mía.

BACO.

Basta de coros.

ESQUILO.

Sí, basta. Ahora quiero traer una balanza, pues es el único medio de aquilatar el valor de nuestra poesía, y calcular el peso de nuestras palabras.

BACO.

Vamos, venid. Me veo reducido a vender por libras el numen de los poetas, como si fuese queso.[380]

CORO.

Las gentes de talento son muy ingeniosas. He ahí una idea peregrina, admirable y extraña que antes a nadie se le había ocurrido. Yo, si alguno me lo hubiese contado, no le hubiera dado crédito pensando que deliraba.

BACO.

Ea, acercaos a los platillos...

ESQUILO Y EURÍPIDES.

Ya estamos.

BACO.

Recitad teniéndolos cogidos, cada uno un verso, y no los soltéis hasta que yo diga: ¡Cucú!

ESQUILO Y EURÍPIDES.

Ya están cogidos.

BACO.

Decid ya un verso sobre la balanza.

EURÍPIDES.

«¡Oh, si elArgosjamás volado hubiera!...»[381]

«¡Oh, si elArgosjamás volado hubiera!...»[381]

«¡Oh, si elArgosjamás volado hubiera!...»[381]

«¡Oh, si elArgosjamás volado hubiera!...»[381]

ESQUILO.

«¡Oh río Esperquio! ¡Oh pastos de los toros!...»[382]

«¡Oh río Esperquio! ¡Oh pastos de los toros!...»[382]

«¡Oh río Esperquio! ¡Oh pastos de los toros!...»[382]

«¡Oh río Esperquio! ¡Oh pastos de los toros!...»[382]

BACO.

¡Cucú! Soltad. ¡Oh! el verso de Esquilo baja mucho más.

EURÍPIDES.

¿Por qué?

BACO.

Porque, a ejemplo de los vendedores de lana, ha mojado su verso, poniendo en él un río, y tú le has aligerado poniéndole alas.

EURÍPIDES.

Que recite otro y lo pese.

BACO.

Coged de nuevo los platillos.

ESQUILO Y EURÍPIDES.

Ya están.

BACO. (A Eurípides.)

Di.

EURÍPIDES.

«De la Persuasión dulce es la elocuenciaEl único santuario...»[383]

«De la Persuasión dulce es la elocuenciaEl único santuario...»[383]

«De la Persuasión dulce es la elocuenciaEl único santuario...»[383]

«De la Persuasión dulce es la elocuencia

El único santuario...»[383]

ESQUILO.

«Solo la muerte es la deidad que no amaLas oblaciones pías...»[384]

«Solo la muerte es la deidad que no amaLas oblaciones pías...»[384]

«Solo la muerte es la deidad que no amaLas oblaciones pías...»[384]

«Solo la muerte es la deidad que no ama

Las oblaciones pías...»[384]

BACO.

Soltad, soltad. De nuevo la balanza cae hacia el lado de Esquilo; y es porque ha echado en el plato la Muerte, que es el más pesado de los males.

EURÍPIDES.

Y yo la Persuasión; mi verso es inmejorable.

BACO.

Pero la Persuasión es cosa ligera y de poco peso. Vamos, busca entre tus versos más pesados uno muy robusto y vigoroso que incline la balanza a tu favor.

EURÍPIDES.

¿Pero dónde encontrarlo? ¿Dónde?

BACO.

Yo te lo diré: «Aquiles ha sacado dos y cuatro.»[385]Recitad; esta es la última prueba.

EURÍPIDES.

«Se apoderó de una ferrada maza...»[386]

«Se apoderó de una ferrada maza...»[386]

«Se apoderó de una ferrada maza...»[386]

«Se apoderó de una ferrada maza...»[386]

ESQUILO.

«El carro sobre el carro, y el cadáverSobre el cadáver...»[387]

«El carro sobre el carro, y el cadáverSobre el cadáver...»[387]

«El carro sobre el carro, y el cadáverSobre el cadáver...»[387]

«El carro sobre el carro, y el cadáver

Sobre el cadáver...»[387]

BACO. (A Eurípides.)

Otra vez te ha vencido.

EURÍPIDES.

¿Cómo?

BACO.

Ha puesto dos carros y dos cadáveres, cuyo peso no podrían levantar ni cien egipcios.[388]

ESQUILO.

Dejémonos de disputar verso por verso: póngase Eurípides en un plato de la balanza, con sus hijos, su mujer, Cefisofonte[389]y todos sus libros, y yo pondré solamente dos versos en el otro.

BACO.

Ambos poetas son amigos míos, y no quiero decidir la cuestión, pues sentiría enemistarme con uno de ellos. El uno me parece muy diestro; el otro me encanta.


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