Chapter 7

CORO.

CORO.

Ea, divirtámonos, como es mujeril costumbre cuando celebramos los misterios de las diosas, en estos festivos días que Pauson[145]santifica con ayunos, rogando a las dos venerables que los multipliquen en consideración a su persona.

Lanzaos con pie ligero; formad ruedas; enlazad vuestras manos; saltad acompasadamente, con vivos y cadenciosos movimientos; girad los ojos en torno y mirad a todas partes. Al propio tiempo celebre el coro, con trasportes de religiosa alegría, a la raza de los dioses celestiales.

¡Cuán engañado está quien se imagine que, porque soy mujer, voy a hablar mal de los hombres en el templo! Solo tratamos de ejecutar por primera vez, como el baile lo exige, una armoniosa rueda.

Partid, cantando al dios de la sonora lira, y a la casta deidad, armada del arco.[146]¡Salve, Apolo de rápidas flechas, danos la victoria! Tributemos un justo homenaje a Juno, directora de todas las danzas, guarda de las llaves del dulce himeneo.

Mercurio, dios de los pastores, Pan, y vosotras, amadas Ninfas, conceded a los coros una sonrisa benévola.

Ea, partamos con nuevos bríos, y animémonos con vivos palmoteos. Divirtámonos, oh mujeres, según es costumbre, y guardemos absoluto ayuno. Vuélvete ahora hacia ese otro lado; marca el compás con el pie, y entona variados cánticos. Guíanos tú, Baco, coronado de hiedra, pues en mis cantos y danzas te celebro a ti. ¡Oh Evio! ¡Oh Dionisio! ¡Oh Bromio,[147]hijo de Semele!, que te complaces en mezclarte en las montañas a los coros de las amables Ninfas, concluyendo tus himnos con el alegre ¡Evios! ¡Evios! ¡Evohé! — Eco, la Ninfa del Citerón, repite tus acentos, que resuenan bajo las opacasbóvedas del espeso follaje, y entre los peñascos de la selva; en torno de ti, la hiedra enlaza sus ramos, cargados de flores.

EL ARQUERO.

Vas a pasar la pena negra, aquí, al aire libre.[148]

MNESÍLOCO.

Arquero, yo te suplico...

EL ARQUERO.

Nada me pidas.

MNESÍLOCO.

Afloja un poco esa argolla.

EL ARQUERO.

Ya voy a hacerlo.

MNESÍLOCO.

¡Ay! ¡ay! La aprietas más.

EL ARQUERO.

¿Quieres más todavía?

MNESÍLOCO.

¡Ay! que el cielo te confunda.

EL ARQUERO.

Cállate, pobre viejo. Voy a traer una estera, para guardarte con comodidad.[149]

MNESÍLOCO.

¡Estos son los placeres que tengo que agradecer a Eurípides!... Pero, ¡oh dioses y Júpiter salvador!, aún tengo esperanzas. Parece que no piensa abandonarme...

Perseo al desaparecer me indicó disimuladamente que me fingiese Andrómeda;[150]ya estoy atado como aquella princesa infeliz. No hay duda que vendrá a salvarme; de otro modo no hubiera huido volando.[151]

EURÍPIDES. (Fingiéndose Perseo.)

Ninfas amadas, si pudiera acercarme sin que el escita me viera... ¿Me oyes tú, moradora de los antros?[152]En nombre del pudor, permíteme acercarme a mi esposa.

MNESÍLOCO.[153]

¡Un implacable verdugo ha encadenado al más infeliz de los mortales! Logró escapar a duras penas de aquella repugnante vieja, y caí en un nuevoinfortunio: ese escita no se aparta de mi lado: desprovisto de toda defensa, voy a servir de banquete a los cuervos. ¿Lo veis? Ya no tomo parte en los coros de las doncellas, ni llevo el cestillo de los sufragios; cargada de prisiones, me veo expuesta a la voracidad de la ballena Gláucetes.[154]

¡Mujeres, deplorad mi suerte con el himno de la esclavitud, y no con el del himeneo! ¡Ay, que me agobian infinitos males!... ¡Infeliz, infeliz de mí... e infeliz por mis parientes! Presa de tormentos injustos, mis ayes son capaces de arrancar torrentes de lágrimas al insensible Tártaro. ¡Ay, ay! Socórreme, autor de mis males, tú, que me rapaste primero y me enviaste después vestido de amarilla túnica al templo donde estaban reunidas las mujeres. ¡Oh hado inexorable! ¡Oh cruel destino! ¿Quién podrá ver sin compadecerse mi espantosa desdicha? ¡Ojalá los rayos deslumbradores del Éter me aniquilen... a ese bárbaro![155]Porque ya no me es grato contemplar la eterna luz, desde que colgado, estrangulado, loco de dolor, desciendo por el camino más corto a la mansión de los muertos.

EURÍPIDES. (Fingiéndose la ninfa Eco.)

¡Salud, hija querida! ¡Que los dioses confundan a tu padre Cefeo,[156]que te ha expuesto de ese modo!

MNESÍLOCO. (Fingiéndose Andrómeda.)

¿Quién eres tú que así te compadeces de mis males?

EURÍPIDES.

Soy Eco, la ninfa que repite fielmente todas las voces; la misma que el año pasado presté en este lugar mi eficaz ayuda a Eurípides.[157]Pero, hija mía, lo que tú debes hacer es lamentarte lastimosamente.

MNESÍLOCO.

Y tú repetir mis gemidos.

EURÍPIDES.

Así lo haré; principia.

MNESÍLOCO.

¡Oh noche sagrada! ¡Cuán larga es tu carrera! ¡Cuán lento rueda tu carro por la estrellada bóveda de los cielos y el venerando Olimpo!

EURÍPIDES.

Olimpo.

MNESÍLOCO.

¿Por qué a Andrómeda le han tocado con preferencia todos los males en suerte?

EURÍPIDES.

En suerte.

MNESÍLOCO.

¡Muerte mísera!

EURÍPIDES.

¡Muerte mísera!

MNESÍLOCO.

Me asesinas, vieja charlatana.

EURÍPIDES.

Vieja charlatana.

MNESÍLOCO.

A la verdad, estás insoportable.

EURÍPIDES.

Insoportable.

MNESÍLOCO.

Amigo mío, déjame lamentarme solo, y me darás gusto. Basta ya.

EURÍPIDES.

Basta ya.

MNESÍLOCO.

¡Vete al infierno!

EURÍPIDES.

¡Vete al infierno!

MNESÍLOCO.

¡Qué peste!

EURÍPIDES.

¡Qué peste!

MNESÍLOCO.

¡Qué necedad!

EURÍPIDES.

¡Qué necedad!

MNESÍLOCO.

Lo vas a sentir.

EURÍPIDES.

Lo vas a sentir.

MNESÍLOCO.

Y vas a clamar.

EURÍPIDES.

Y vas a clamar.

EL ARQUERO.

¡Eh, tú! ¿qué charlas?

EURÍPIDES.

¡Eh, tú! ¿qué charlas?

EL ARQUERO.

Llamaré a los Pritáneos.

EURÍPIDES.

Llamaré a los Pritáneos.

EL ARQUERO.

¡Es extraño!

EURÍPIDES.

¡Es extraño!

EL ARQUERO.

¿De dónde sale esa voz?

EURÍPIDES.

¿De dónde sale esa voz?

EL ARQUERO.

¿Hablas tú?

EURÍPIDES.

¿Hablas tú?

EL ARQUERO.

¡Cuidado!

EURÍPIDES.

¡Cuidado!

EL ARQUERO.

¿Te burlas de mí?

EURÍPIDES.

¿Te burlas de mí?

MNESÍLOCO.

Yo no, esa mujer que está junto a ti.

EURÍPIDES.

Que está junto a ti.

EL ARQUERO.

¿Dónde está esa bribona? ¡Ah, se escapa! ¿Adónde, adónde vas?

EURÍPIDES.

¿Adónde, adónde vas?

EL ARQUERO.

No te escaparás.

EURÍPIDES.

No te escaparás.

EL ARQUERO.

¿Aún charlas?

EURÍPIDES.

¿Aún charlas?

EL ARQUERO.

Coged a esa bribona.

EURÍPIDES.

Coged a esa bribona.

EL ARQUERO.

¡Gárrula y detestable mujer!

EURÍPIDES. (Fingiéndose Perseo.)

¡Oh dioses! ¿A qué bárbara región me ha traído mi rápido vuelo? Yo soy Perseo, que surcando el éter con mis alados pies, me encamino a Argos, llevando la cabeza de la Gorgona.

EL ARQUERO.

¿Qué dices de la cabeza de Gorgo el escribano?[158]

EURÍPIDES.

He dicho la cabeza de la Gorgona.

EL ARQUERO.

Pues bien, de Gorgo.

EURÍPIDES.

¡Ah! ¿Qué veo? ¿Una doncella semejante a las diosas encadenada a ese escollo como un navío en el puerto?[159]

MNESÍLOCO.

Extranjero, ten piedad de esta mísera, desata mis cadenas.

EL ARQUERO.

Cállate. ¡Habrá audacia como la suya! ¡Está para morir y aún charla!

EURÍPIDES.

¡Oh doncella! Muéveme a compasión el verte encadenada.

EL ARQUERO.

Si no es doncella; si es un viejo zorro, ladrón y canalla.

EURÍPIDES.

Tú desbarras, escita; esa es Andrómeda, la hija de Cefeo.

EL ARQUERO.

Míralo bien; ¿te parece todavía una doncella?[160]

EURÍPIDES.

Escita, dame la mano, para que me acerque a esa joven. Todos los hombres tenemos nuestro flaco; el mío es estar enamorado de esa virgen.

EL ARQUERO.

No te envidio el gusto. Puedes hacer de él lo que quieras, sin que tenga celos.

EURÍPIDES.

¿Por qué no me permites desatarla, y arrojarme en los brazos y en el tálamo de una esposa querida?

EL ARQUERO.

Si tan furiosamente adoras a ese anciano, esa tabla no debe ser obstáculo a tus deseos.[161]

EURÍPIDES.

¡Ah! voy a soltar sus ligaduras.

EL ARQUERO.

Y yo a majarte a palos.

EURÍPIDES.

Pues lo haré.

EL ARQUERO.

Pues te cortaré la cabeza con mi espada.

EURÍPIDES.

¡Ay! ¿Qué hacer? ¿Qué razones emplear? Ese bárbaro no las comprendería. Quien a ingenios rudos presenta pensamientos nuevos o ingeniosos, pierde sin fruto el tiempo.[162]Busquemos otro medio apropiado a su condición.

EL ARQUERO.

¡Zorro maldito! ¡Cómo trataba de engañarme!

MNESÍLOCO.

No olvides, Perseo, el infortunio en que me dejas.

EL ARQUERO.

Está visto que quieres llevar unos cuantos latigazos.


Back to IndexNext