LAS RANAS.

LAS RANAS.

JANTIAS.

¿Diré, dueño mío, alguno de esos chistes de cajón que siempre hacen reír a los espectadores?

BACO.

Di lo que se te antoje, excepto el consabido: «No puedo más.»[170]Pues estoy harto de oírlo.

JANTIAS.

¿Y algún otro más gracioso?

BACO.

Con tal que no sea el «estoy hecho pedazos.»

JANTIAS.

¿Entonces no he de decir ninguna agudeza?

BACO.

Sí, por cierto, y sin ningún temor. Solo te prohíbo...

JANTIAS.

¿Qué?

BACO.

Decir, al cambiar el hato de hombro, que no puedes aguantar cierta necesidad.[171]

JANTIAS.

¿Tampoco que si alguno no me alivia de este enorme peso, tendré que dar suelta a algún gas?[172]

BACO.

Nada de eso, te lo suplico: a no ser cuando tenga que vomitar.

JANTIAS.

No sé entonces qué necesidad había de echarme al hombro esta carga, para no poder hacer ninguna de aquellas cosas tan frecuentes en Frínico,[173]Licis[174]y Amipsias,[175]que siempre introducen en sus comedias mozos de cordel.

BACO.

No hagas tal; porque cuando yo me siento entrelos espectadores y miro invenciones tan vulgares, envejezco más de un año.

JANTIAS.

¡Desdichado hombro mío! Sufres y no se te permite hacer reír.

BACO.

¿No es esto el colmo de la insolencia y de la flojedad? Yo, Baco, hijo del ánfora,[176]voy a pie y me fatigo, mientras le cedo a ese sibarita mi asno para que vaya a su gusto y no tenga nada que llevar.

JANTIAS.

Pues qué, ¿no llevo yo nada?

BACO.

¿Cómo has de llevar si eres llevado?

JANTIAS.

Sí, con este equipaje encima.

BACO.

¿Cómo?

JANTIAS.

Que pesa mucho.

BACO.

¿Pero dejará de llevar el asno lo que tú llevas?

JANTIAS.

Por Júpiter, lo que yo llevo no lo lleva él.

BACO.

Pero ¿cómo puedes llevar nada, siendo llevado por otro?

JANTIAS.

No lo sé; pero lo cierto es que mi hombro no puede resistir más.

BACO.

Pues aseguras que el asno no te sirve de nada, cárgate el asno y llévalo a tu vez.

JANTIAS.

¡Triste de mí! ¿Por qué no estuve en la última batalla naval?[177]Ya me hubieras pagado esa bromita.

BACO.

Apéate, bribón; voy a llamar a esta puerta, donde tengo que hacer mi primera parada. ¡Esclavo! ¡Eh! ¡Esclavo![178]

HÉRCULES.

¿Quieres derribar la puerta? Quienquiera que sea, llama como un centauro.[179]Vamos, ¿qué ocurre?

BACO.

¡Jantias!

JANTIAS.

¿Qué?

BACO.

¿No has advertido?

JANTIAS.

¿El qué?

BACO.

El miedo que le he dado.

JANTIAS.

¡Bah! Tú estás loco.

HÉRCULES.

Por Ceres, no puedo contener la risa; por más que me muerdo los labios, sin embargo me río.

BACO.

Acércate, amigo mío; te necesito.

HÉRCULES.

¡Oh! Me es imposible no soltar la carcajada, al ver una piel de león debajo de una túnica amarilla.[180]¿Qué intentas? ¿Qué tienen que ver la maza y los coturnos? ¿Por qué país has viajado?

BACO.

Me embarqué en el Clístenes.[181]

HÉRCULES.

¿Y diste una batalla naval?

BACO.

Ya lo creo, y echamos a pique doce o trece naves enemigas.

HÉRCULES.

¿Vosotros?

BACO.

Por Apolo te lo juro.

HÉRCULES.

Y entonces me desperté.[182]

BACO.

Estaba yo en la nave, leyendo para mí laAndrómeda,[183]cuando de repente se apodera de mi corazón un vivo deseo...

HÉRCULES.

¿Un deseo? ¿De qué especie?

BACO.

Pequeñito, como Molón.[184]

HÉRCULES.

¿De una mujer?

BACO.

No.

HÉRCULES.

¿De un muchacho?

BACO.

Ni por pienso.

HÉRCULES.

¿Entonces de un hombre?

BACO.

Eso es.

HÉRCULES.

Como estabas con Clístenes...

BACO.

No te burles, hermano mío; me siento mal de veras; el tal deseo me martiriza.

HÉRCULES.

Pero, hermanito, sepamos cuál es.

BACO.

No puedo revelártelo, pero te lo daré a entender por medio de un enigma. Di, ¿no te ha asaltado alguna vez un repentino deseo de comer puches?

HÉRCULES.

¿De puches? Ya lo creo: mil veces en mi vida.[185]

BACO.

¿Comprendes bien? ¿O me explico más?

HÉRCULES.

Lo que es de los puches, no tienes que decir más; lo entiendo perfectamente.

BACO.

Pues bien, tal es el deseo que me devora por Eurípides...

HÉRCULES.

¿Por un muerto?[186]

BACO.

Y ningún hombre me disuadirá de que vaya a buscarle.

HÉRCULES.

¿A los profundos infiernos?

BACO.

Y más abajo, si es preciso.

HÉRCULES.

Pero, ¿para qué lo necesitas?

BACO.

Me hace falta un buen poeta,[187]y no hay ninguno, pues los vivos todos son detestables.

HÉRCULES.

¡Cómo! ¿Ha muerto Iofonte?[188]

BACO.

Ese es el único bueno que resta; si es que él es el bueno, pues tengo mis dudas sobre el particular.

HÉRCULES.

Ya que tienes absoluta necesidad de sacar algún poeta de los infiernos, ¿por qué no te llevas a Sófocles, que es superior a Eurípides?

BACO.

No, antes quiero probar a Iofonte y ver lo que puede hacer sin Sófocles. Además, como Eurípides es muy astuto, desplegará todos sus ardides para escaparse conmigo, mientras que el otro es tan sencillote allí como aquí.[189]

HÉRCULES.

Y Agatón,[190]¿dónde está?

BACO.

Aquel buen poeta y amigo querido me abandonó y partió.

HÉRCULES.

¿Adónde se fue el mísero?

BACO.

Al banquete de los bienaventurados.[191]

HÉRCULES.

¿Y Jenocles?[192]

BACO.

¡Qué el cielo le confunda!

HÉRCULES.

¿Y Pitángelo?[193]

JANTIAS.

¡De mí ni una palabra! Y se me está hundiendo el hombro.[194]

HÉRCULES.

¿Pero no componen también tragedias otros diez mil mozalbetes infinitamente más habladores que Eurípides?

BACO.

Esos son ramillos sin savia, verdaderos poetas-golondrinas, gárrulos e insustanciales, peste del arte, que en cuanto la Musa trágica les concede el más pequeño favor lanzan de una vez todo su talento, y caen extenuados de fatiga. ¡Oh! Por mucho que busques, no hallarás uno de esos vates fecundos que seducen con sus magníficas palabras.

HÉRCULES.

¿Cómo fecundos?

BACO.

Sí, fecundos y capaces de inventar estas atrevidas expresiones: «el éter, habitacioncita de Júpiter»,[195]«el pie del tiempo»,[196]«el corazón noquiere jurar,[197]pero la lengua perjura sin la complicidad del corazón.»

HÉRCULES.

¿Y eso te gusta?

BACO.

Estoy más que loco por ellas.

HÉRCULES.

Si son necedades, tú mismo lo conoces.

BACO.

«No habites en mi espíritu: ya tienes tú tu casa.»[198]

HÉRCULES.

Pues todo eso es lo más detestable.

BACO.

En comer me podrás dar lecciones.[199]

JANTIAS.

¡De mí ni una palabra![200]

BACO.

Escucha ahora la razón de haberme vestido como tú. Es para que me digas, por si tengo necesidad, los huéspedes que te acogieron cuando fuiste a buscar al Cerbero. Indícamelos, y también los puertos, panaderías, lupanares, paradores, posadas, fuentes, caminos, ciudades, figones, y las tabernas donde haya menos chinches.

JANTIAS.[201]

¡De mí ni una palabra!

HÉRCULES.

¿Te atreverás a ir, temerario?

BACO.

No hables una palabra en contra de mi proyecto; indícame solamente el camino más corto para ir al infierno: un camino que ni sea demasiado caliente, ni demasiado frío.

HÉRCULES.

¿Cuál camino te indicaré el primero? ¿Cuál? ¡Ah! Este: coges un banquillo y una soga, y te cuelgas.

BACO.

¡Otro! Ese es asfixiante.

HÉRCULES.

Hay otro camino muy corto y muy trillado: el del mortero.[202]

BACO.

¿Te refieres a la cicuta?

HÉRCULES.

Precisamente.

BACO.

Ese es frío y glacial: en seguida se hielan las piernas.[203]

HÉRCULES.

¿Quieres que te diga uno muy rápido y pendiente?

BACO.

Sí, sí, por cierto; pues no soy muy andarín.

HÉRCULES.

Vete al Cerámico.[204]

BACO.

¿Y después?

HÉRCULES.

Sube a lo alto de la torre...

BACO.

¿Para qué?

HÉRCULES.

Ten fijos los ojos en la antorcha, hasta que se dé la señal; y cuando los espectadores te manden que la tires, te arrojas tú mismo.

BACO.

¿Adónde?

HÉRCULES.

Abajo.

BACO.

Y me romperé las dos membranas del cerebro. No me gusta ese camino.

HÉRCULES.

¿Pues cuál?

BACO.

Aquel por donde tú fuiste.

HÉRCULES.

Pero es sumamente largo. Lo primero que encontrarás será una laguna inmensa y profundísima.

BACO.

¿Cómo la atravesaré?

HÉRCULES.

Un barquero viejo te pasará en un botecillo, mediante el pago de dos óbolos.

BACO.

¡Oh, qué poder tienen en todas partes los dos óbolos![205]¿Cómo han llegado hasta allí?

HÉRCULES.

Teseo[206]los llevó. Después verás una multitud de serpientes y monstruos horrendos.

BACO.

No trates de meterme miedo y aterrarme; no me disuadirás.

HÉRCULES.

Luego un vasto cenagal, lleno de inmundicias, y sumergidos en él todos los que faltaron a los deberes de la hospitalidad, los que negaron el salarioa su bardaje, y los que maltrataron a su madre, abofetearon a su padre o copiaron algún pasaje de Mórsimo.[207]

BACO.

A esos deberían agregarse todos los que aprendieron la danza pírrica de Cinesias.[208]

HÉRCULES.

Más lejos encantará tus oídos el dulce sonido de las flautas; verás bosquecillos de mirtos iluminados por una luz purísima como la de aquí; encontrarás grupos bienaventurados de hombres y mujeres, y escucharás alegres palmoteos.

BACO.

Y esos, ¿quiénes son?

HÉRCULES.

Los iniciados...[209]

JANTIAS.

Y yo el asno portador de los misterios;[210]pero, por Júpiter, no los llevaré más.

HÉRCULES.

Que te dirán todo cuanto necesites, pues habitan en el mismo camino, junto a la puerta del palacio de Plutón. Conque, hermano mío, feliz viaje.

BACO.

¡Adiós! Y que Júpiter te oiga. (A Jantias.) Vuelve a cargarte el hato.

JANTIAS.

¿Antes de habérmelo descargado?

BACO.

Y a escape.

JANTIAS.

No, no, te lo suplico: más vale que te ajustes con algún muerto de los que necesariamente tienen que recorrer este camino.

BACO.

¿Y si no lo encuentro?

JANTIAS.

Entonces llévame.

BACO.

Tienes razón. Ahí traen precisamente a un muerto. ¡Eh, tú, a ti te digo, el muerto! ¿Quieres llevar un hatillo a los infiernos?

UN MUERTO.

¿Es pesado?

BACO.

Míralo.

EL MUERTO.

¿Me pagarás dos dracmas?

BACO.

¡Oh, no! Menos.

EL MUERTO.

Adelante, sepultureros.

BACO.

Espera un poco, amigo mío, para ver si podemos arreglarnos.

EL MUERTO.

Si no me das dos dracmas, excusas de hablar.

BACO.

Toma nueve óbolos.[211]

EL MUERTO.

¡Antes resucitar!

JANTIAS.

¡Qué soberbio es el maldito! ¿Y no se le castigará? Iré yo mismo.

BACO.

Eres un buen muchacho. Dirijámonos a la barca.

CARONTE.

¡Hoop! Aborda.

JANTIAS.

¿Qué es eso?

BACO.

Es la laguna de que nos ha hablado Hércules; ya veo la barca.

JANTIAS.

Por Neptuno, ese es Caronte.

BACO.

¡Salud, Caronte! ¡Salud, Caronte! ¡Salud, Caronte![212]

CARONTE.

¿Quién viene del país de las miserias y cuidados a los campos del reposo y del Leteo, a trasquilar la lana de los asnos,[213]a la morada de los cerberios,[214]a los infiernos y al Ténaro?[215]

BACO.

Yo.

CARONTE.

Entra al punto.

BACO.

¿Adónde nos vas a llevar? ¿Al infierno, de veras?

CARONTE.

Sí, por Júpiter, para servirte. Vamos, entra.

BACO.

Ven acá, muchacho.

CARONTE.

No paso al esclavo si no ha combatido en alguna batalla naval por salvar el pellejo.[216]

JANTIAS.

No pude, porque tenía entonces los ojos malos.

CARONTE.

Pues tienes que dar la vuelta a la laguna.

JANTIAS.

¿Y dónde me detengo?

CARONTE.

En la piedra de Aveno,[217]junto a las posadas.

BACO.

¿Has entendido?

JANTIAS.

Perfectamente. ¡Qué desgraciado soy! Sin duda al salir de casa tuve algún encuentro de mal agüero.

(Vase.)

CARONTE.

(A Baco.) Siéntate al remo. — Si hay algún otroque desee pasar, que se apresure. — ¡Eh, tú! ¿Qué haces?[218]

BACO.

¿Qué he de hacer? Me he sentado sobre el remo como me has dicho.

CARONTE.

Colócate ahí, panzón.

BACO.

Ya estoy.

CARONTE.

Adelanta los brazos; extiéndelos.

BACO.

Ya están.

CARONTE.

¡Basta de tonterías! Rema vigorosamente.

BACO.

¿Cómo he de poder remar si no conozco este oficio, ni he estado nunca en Salamina?

CARONTE.

Facilísimamente; porque en cuanto cojas el remo vas a oír bellísimos cánticos.

BACO.

¿De quién?

CARONTE.

De las ranas, émulas de los cisnes; ¡son deliciosos!

BACO.

Ea, manda la maniobra.

CARONTE.

¡Hoop, op! ¡Hoop, op!

LAS RANAS.[219]

Brekekekex, coax, coax; brekekekex, coax, coax. Húmedas hijas de los pantanos, mezclemos nuestro cántico sonoro a los dulces sonidos de las flautas, coax, coax; repitamos los himnos que en honor de Baco Niseo,[220]hijo de Júpiter, entonamos en la sagrada fiesta de las ollas,[221]cuando la multitud embriagada se dirige a nuestro templo del pantano.[222]Brekekekex, coax, coax.

BACO.

Principian a dolerme las nalgas, carísima coax, coax. — Pero a vosotras no se os importa nada.

LAS RANAS.

Brekekekex, coax, coax.

BACO.

¡Así reventéis con vuestro coax! ¡Siempre coax, coax!

LAS RANAS.

Y con razón, imbécil. Porque yo soy la favorita de las Musas, hábiles tañedoras de la lira, y del cornípedo Pan, diestro en el caramillo. Me ama también el citarista Apolo, porque hago crecer en los pantanos cañas para los puentes de sus liras. Brekekekex, coax, coax.

BACO.

Ya se me han levantado ampollas; tengo el trasero inundado de sudor, y pienso que pronto empezaré a decir, brekekekex, coax, coax. Pero callad, raza graznadora.

LAS RANAS.

¡Callar! Al contrario, cantaremos más fuerte. Porque a nosotras nos deleita en los días apacibles saltar entre el fleos[223]y la juncia, entonando los himnos que solemos cantar cuando nadamos; o bien, cuando Júpiter vierte la lluvia, sumergidas en el fondo de nuestras moradas, unir nuestras ágiles voces al ruido de las gotas. Brekekekex, coax, coax.

BACO.

Os prohíbo cantar.

LAS RANAS.

El silencio es para nosotras insoportable.

BACO.

Más insoportable es para mí el destrozarme remando.

LAS RANAS.

Brekekekex, coax, coax.

BACO.

¡Ojalá reventéis! Poco me importaría.

LAS RANAS.

Pues nosotras graznaremos a toda voz, desde la mañana hasta la noche, brekekekex, coax, coax.

BACO.

En eso no me ganaréis.

LAS RANAS.

Ni tú a nosotras.

BACO.

Ni vosotras a mí. Graznaré, si es preciso, todo el día hasta dominar vuestro coax. Brekekekex, coax, coax. Ya sabía yo que os había de hacer callar.

CARONTE.

¡Eh! Para, para. Empuja el bote a la orilla con el remo. Desembarca, y paga.

BACO.

Ahí tienes dos óbolos. — ¡Jantias! ¿Dónde está Jantias? ¡Eh, Jantias!

JANTIAS.

¡Eh!

BACO.

Ven acá.

JANTIAS.

Salud, amo mío.

BACO.

¿Qué es lo que hay ahí?

JANTIAS.

Tinieblas y cieno.

BACO.

¿Has visto en algún lugar a los parricidas y perjuros de que aquel nos habló?

JANTIAS.

¿No los has visto tú?

BACO.

Por Neptuno, ahora los veo.[224]Ea, ¿qué hacemos?

JANTIAS.

Lo mejor será ir más adelante, porque este es el sitio donde nos dijo que estaban los monstruos horrendos.

BACO.

¡Cómo se va a fastidiar! Nos contaba fábulas para meterme miedo; fue pura envidia. ¡Como sabe que yo soy lo más bravo...! Hércules es muy arrogante. Yo quisiera tener algún encuentro, alguna ocasión de hacer famoso mi viaje.

JANTIAS.

Por Júpiter, siento no sé qué ruido.

BACO. (Asustado.)

¿Dónde? ¿dónde?

JANTIAS.

Detrás.

BACO.

Anda detrás.

JANTIAS.

No, es delante.

BACO.

Pues anda delante.

JANTIAS.

Por Júpiter, veo un monstruo gigantesco.

BACO.

¿Cómo es?

JANTIAS.

¡Horrendo! Toma toda clase de formas: ya es un buey, ya es un mico, ya una mujer muy hermosa.

BACO.

¿Dónde está? ¡Oh! Voy a salirle al encuentro.

JANTIAS.

Ya no es mujer; ahora es un perro.

BACO.

Entonces es Empusa.[225]

JANTIAS.

Todo su rostro está lleno de fuego.

BACO.

Tiene una pierna de bronce.

JANTIAS.

Y otra de asno.[226]Tenlo por seguro.

BACO.

¿Adónde me escapo?

JANTIAS.

¿Y yo?

BACO.

¡Oh sacerdote!,[227]sálvame para que pueda beber contigo.

JANTIAS.

¡Estamos perdidos, Hércules poderoso!

BACO.

No lo mientes, querido mío; no pronuncies su nombre.

JANTIAS.

Entonces diré: ¡Oh Baco!

BACO.

Menos aún.

JANTIAS.

Sigue todo derecho. — Aquí, aquí, amo mío.

BACO.

¿Qué pasa?

JANTIAS.

Tranquilízate: la cosa va bien; ya podemos decir como Hegéloco: «Después de la tempestad veo la calma.»[228]Empusa ha desaparecido.

BACO.

Júramelo.

JANTIAS.

Lo juro por Júpiter.

BACO.

Júralo otra vez.

JANTIAS.

Lo juro por Júpiter.

BACO.

Vuélmelo a jurar.

JANTIAS.

Lo juro por Júpiter.

BACO.

¡Oh, cómo he palidecido al ver esa fantasma!

JANTIAS.

Pues ese otro se ha puesto rojo de miedo.[229]

BACO.

¡Ay! ¿Cuál es la causa de todos estos males? ¿A qué dios acusaré de mi desgraciada suerte? «¿Al Éter, habitacioncita de Júpiter, o al pie del Tiempo?»[230]

JANTIAS.

¡Eh, tú!

BACO.

¿Qué hay?

JANTIAS.

¿No has oído?

BACO.

¿Qué?

JANTIAS.

Las flautas.

BACO.

Es verdad, también ha llegado hasta mí el perfume místico de las antorchas. Cállate y escuchémoslos escondidos.


Back to IndexNext