Comidas

Cenefa de adornoComidas

Cenefa de adorno

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Ocupanlos banquetes el primer lugar entre los varios alicientes que la sociedad ofrece, tanto por la frecuencia con que se dan como por la significación social que se les atribuye y el aprecio que a los concurrentes merecen.

Una invitación a comer implica mayor grado de estimación o de amistad para con el convidado que el invitarle a cualquier otra reunión, y constituye el cumplido más efectivo que en sociedad pueda una persona ofrecer a otra.

Un banquete es, además, una demostración de cortesía fácil de devolver, circunstanciaque por sí sola basta para darle superioridad sobre todas las demás atenciones.

No hay patente más válida en la buena sociedad que la reputación de dar buenas comidas, pues además de revelar buena posición social en el anfitrión, es medio eficaz para ensanchar el círculo de las relaciones y consolidar las adquiridas.

En las buenas comidas no solo ha de ser perfecta la parte materialculinaria, sino que es preciso que nada deje que desear el arreglo general, la colocación de los invitados y la observancia de la etiqueta para con ellos.

Se extienden siempre en nombre de ambos cónyuges.

La invitación a un superior y a las personas muy respetables se hace por visita; a los iguales y a los inferiores por escrito.

Cuando se va a visitar a un amigo para invitarle, si está en compañía de un pariente o amigo, hay que convidar a este también, pues lo contrario sería ofender a entrambos.

El reparto de las invitaciones es tarea que incumbe a la señora de la casa.

No es costumbre social invitar a más de dos individuos de la misma familia.

Los hijos de las personas invitadas no suelen acompañar a sus padres en los banquetes.

Al hacer las invitaciones debe ponerse cuidado en convidar a tantos caballeros como señoras hayan de asistir a él.

Para los grandes banquetes las invitaciones deben hacerse por lo menos ocho días antes.

El que recibe una invitación a una comida, debe manifestar cuanto antes si acepta o no. Lo contrario sería falta de urbanidad, porque la familia que convida quedaría en la duda de si el invitado asistirá o no, y más tarde se encontraría en la imposibilidad de llenar la vacante convenientemente: si un invitado se excusa con oportunidad, cabe convidar a otra persona; mas si la excusa fue tardía, no debe reemplazarse la vacante sino con un amigo íntimo.

No debe retardarse más de dos días la respuesta a este género de invitaciones; pero si el invitado no la da espontáneamente, no debe pedírsele.

Quince minutos después de la hora indicada en la invitación, debe servirse la comida. Infiérese de aquí cuán obligatoria es la puntualidad en un convite y cuán impertinente falta de atención sería el llegar tarde.

A la hora fijada en la invitación, los dueños de la casa deben estar en el salón, dispuestos a recibir a sus comensales.

La puntualidad de estos permitirá a la señora hacer las presentaciones que considere oportunas.

Las señoras se quitan los abrigos en el gabinete destinado al objeto o en la antesala, donde habrá un criado o mejor una doncella.

Una señora no debe presentarse en el salón con el abrigo puesto.

Los caballeros dejarán sus gabanes y sombreros en la antesala o en el guardarropa respectivo. Deben llevar frac y corbata blanca, excepto el Jueves y Viernes Santo, que puedeusarse la corbata negra. Los caballeros no han de llevar guantes; las señoras sí, y no se los quitan sino después de sentarse a la mesa.

En los grandes convites un criado permanece en el recibimiento para anunciar a los convidados conforme van llegando.

En las pequeñas comidas, o en las casas en que solo hay un criado o una doncella, este o esta guiará y anunciará a los convidados.

La señora o las señoras han de entrar en el salón precediendo al caballero acompañante: sería de mal gusto que un caballero y una señora entrasen de frente, y más aún dándose el brazo.

Los dueños de la casa se adelantarán para estrechar la mano a cada convidado que llegue.

Las señoras que van entrando en el salón se sientan inmediatamente. Los caballeros permanecen de pie, formando grupos en la sala; pero podrán sentarse los que hayan llegado primero.

Si una señora recién llegada conociese a alguno de los convidados presentes, en vez de pasar inmediatamente a saludarle esperará una oportunidad para darle la mano, contentándose, por de pronto, con una ligera inclinación de cabeza o sonrisa si la personaconocida fuese señora, o con una reverencia si caballero. En tal caso este irá a dar la mano a la recién llegada, a no estar conversando con otra señora.

En un pequeño convite, si los invitados no se conociesen mutuamente, la señora de la casa hará la presentación recíproca de los de rango más elevado.

En los grandes convites no hará tal cosa, a no tener motivos especiales para presentar a personas determinadas.

El criado anuncia la comida abriendo de par en par la puerta de la sala y diciendo en voz alta y clara: «La comida está servida.»

Hará este anuncio cuando sepa que han llegado ya todos los convidados que se esperan.

Dado que alguno tardase algo más de lo regular, si el dueño no estima oportuno aguardar, entonces el criado hará el anuncio mencionado.

Únicamente será lícito aguardar algún rato más en el caso de que la persona esperada sea una señora o un caballero de rango muy elevado.

Hecho el anuncio, el anfitrión ofrecerá el brazo a la señora que le merezca mayor consideración y se encaminará con ella hacia el comedor, siguiendo detrás la pareja formada por la señora y caballero que sigan en rango, y así sucesivamente.

Cerrará el desfile la huéspeda acompañada del caballero superior en categoría.

La precedencia es un punto importantísimo de la etiqueta, que hay que observar en los convites.

Es regla invariable que el anfitrión acompañe al comedor a la señora a quien deba más respeto con motivo de su posición social o de sus años, y que el caballero de rango más elevado acompañe a la señora de la casa.

Esta regla sufre excepción en el caso de que el caballero o la señora de mayor jerarquía sean parientes de la casa, pues entonces se prescinde de su rango por cortesía a los demás convidados.

La pareja del dueño sale la primera y van siguiendo las demás parejas, siendo la última la de la señora.

El anfitrión debe indicar a cada caballero, poco después de su llegada, a cuál de las señoras presentes habrá de acompañar al comedor.

No es permitido a un invitado escoger la señora a quien prefiere acompañar; es simplemente cuestión de precedencia.

Si surgiere alguna dificultad con respecto al orden en que los convidados han de seguir al dueño de la casa, la señora, sabiendo la precedencia correspondiente a cada uno de los invitados, indicará a cada caballero su lugar o turno en el desfile, y este ofrecerá al momento su brazo a la señora que le hubiese sido designada como pareja.

Si ocurriera el caso de tener que ceder su derecho de precedencia un caballero o una señora, corresponde ceder a aquel.

No cederá su derecho de precedencia ni la señora acompañada del anfitrión, ni el caballero que haga pareja con una señora de edad.

Siempre es el brazo derecho el que un caballero debe ofrecer a la señora para conducirla al comedor, y es muy regular que enel camino entable conversación con alguna frase atenta.

Si en un convite faltaren dos o tres caballeros, las señoras de rango superior serán acompañadas por los que hubiesen concurrido, siguiendo después solas las restantes señoras.

Semejante situación debe prevenirse en lo posible; pero a veces resulta inevitable, especialmente cuando no han podido hacerse las invitaciones con suficiente antelación.

Si faltase únicamente un caballero, correspondería a la huéspeda ir sola después de la última pareja.

El dueño de la casa ocupa un lugar del centro de la mesa entre sus convidados en calidad de anfitrión.

La señora se coloca en el otro centro enfrente de su marido.

La dueña de la casa dará muestra de exquisito tacto en la colocación de los convidados, sabiendo armonizar las posiciones, las simpatías y las edades.

Si es viuda la señora de la casa, debe sentarse enfrente de su padre, o de su tío, o deun antiguo amigo, o de un pariente de edad; nunca enfrente de un joven, a menos que sea su hijo o pariente.

Si el que convida es viudo, coloca enfrente a su madre o a una señora de edad que sea pariente o antigua amiga.

En llegando al comedor, la señora a quien el huésped ha acompañado se sienta a la derecha de este.

El anfitrión permanecerá de pie en su puesto hasta que todos los convidados hayan ocupado el asiento que él les habrá ido indicando a medida que hayan entrado en el comedor.

En la buena sociedad está abolida la costumbre de señalar el sitio de cada convidado mediante una papeleta que lleva su nombre.

Si el huésped no tiene cuidado en indicar a cada convidado su lugar correspondiente, puede resultar que ocupen asientos inmediatos marido y mujer o personas incompatibles, cosa que debe evitarse, aunque sea apartándose en la colocación de los comensales del orden de precedencia que debe observarse rigurosamente para dirigirse al comedor.

Naturalmente, si el orden de precedencia puede observarse sin estos inconvenientes, hay que atenerse a él en la colocación de los comensales.

En este caso, la señora segunda en rango se sentará a la izquierda del huésped, y las demás señoras ocuparán asientos próximos al mismo, según el orden en que hayan entrado en el comedor.

En cuanto se han sentado a la mesa las señoras se quitan los guantes y despliegan la servilleta, mientras los caballeros la despliegan a su vez.

No se desdobla la servilleta en toda su extensión, sino en una sola faja.

Si una señora necesitase de algún tiempo para quitarse los guantes, cuidará que el criado pueda servirle la sopa sin verse obligado a esperar ni a hacer esperar a los demás.

Para que una comida esté bien servida, no ha de constar de más de doce cubiertos.

En una pequeña comida que se compone de pocos platos, el uso de lista sería harto pretencioso; pero cuando el surtido de platos esabundante, es indispensable la lista para que el convidado pueda consultarla al sentarse a la mesa.

Debe servirse a las señoras antes que a los caballeros.

En los grandes convites la regla es que el criado, vestido de frac y guante blanco, sirva primero a la señora sentada a la derecha del anfitrión, luego a la de la izquierda, y que después continúe siguiendo el orden en que se hallan los convidados, sean señoras o caballeros.

En las reuniones muy numerosas habrá un criado para cada lado de la mesa, y servirán simultáneamente.

El comedor debe alumbrarse algunos minutos antes de anunciarse la comida, para que, al entrar los comensales, la luz sea igual, cuando se usen bujías.

La iluminación ha de ser profusa y la temperatura de unos 18°.

Las decoraciones de la mesa deben ser de una altura muy moderada: se han desterrado ya de ellas las plantas que antiguamente la adornaban, porque impedían ver las personas de enfrente y dificultaban la conversación.

Las decoraciones de mesa son más bien cuestión de gusto que de etiqueta; la abundancia y riqueza deben guardar armonía con sus dimensiones, siendo su principal realce el surtido de vajilla y cubiertos.

La fruta de postre se dispone ordinariamente hacia el centro de la mesa, entre flores y cristales: otros adornan la mesa con flores y vajillas sin poner los postres.

Por bonitas que sean unas vinagreras, nunca deben colocarse en la mesa, sea grande o modesto el convite.

Tampoco se han de poner en los extremos de la mesa frascos sueltos de vinagre o aceite, sino que el criado los presentará en una salvilla a cada comensal, siempre que se requiera. En cambio, hay que poner saleros, uno para cada dos personas.

En las comidas debe haber cuatro copas para cada comensal, colocadas a la derecha del cubierto. Si se sirve más de cuatro clases de vino, los criados sacan otras copas juntamente con las botellas.

Ni en las comidas familiares, ni en los grandes convites se pondrán salvamanteles; pero sí un grueso tapiz debajo del mantel.

El anfitrión debe disponer los platos más delicados que pueda, teniendo en cuenta que una comida ha de corresponder más bien ala posición de los convidados que a la del que la da.

No ha de ponderar la calidad de los manjares, ni instar con persistencia.

Si hace servir champagne en el primer servicio, también deberá hacerlo en todos los demás.

Nadie ha de apoyarse en el respaldo de la silla, sino tener el cuerpo erguido.

Si el espacio es poco holgado, cada cual debe cuidar de no molestar a sus vecinos.

Las señoras procurarán que sus faldas no estorben a los que se sientan a su lado.

Un caballero atiende a las señoras inmediatas con cortesía y sin afectación.

Al criado no se le dan las gracias cuando sirve.

Si uno tiene que pedirle algo, no debe llamarle, sino hacerle una seña en el momento en que aquel mire hacia su lado.

Si un convidado, amigo del dueño, ha llevado a petición de este uno de sus criados, no debe darle órdenes ni reconvenirle, pues a la sazón no es servidor suyo, sino del anfitrión.

Los cuchillos y los tenedores no se colocan en el sentido longitudinal de la mesa, sino siempre a los lados del espacio que ha de ocupar el plato.

Es ocioso decir que el cuchillo no ha de llevarse jamás a la boca: eso sería tan inconveniente como recargar el tenedor con carne y vegetales que deben tomarse por separado.

A medida que se corta, se va comiendo, sin precipitación y sin sobrada lentitud.

El pan, que ya al desplegar la servilleta debe colocarse a la izquierda del plato, se parte sobre este con los dedos.

La sal se toma con la cucharilla.

Evítese el ruido de la masticación, así como el que resulta del choque del cuchillo y tenedor entre sí o con el plato.

No se sopla nunca la comida, ni se tocan los huesos con los dedos, ni se limpia la salsa de los platos.

El cuchillo y el tenedor, concluido cada plato, se dejarán sobre el mismo.

La cuchara debe quedar también en el plato para que sirvió.

El pescado debe comerse con tenedor y cuchillo de plata especiales; no con dos tenedores, como antiguamente, y mucho menos con un tenedor y una costra de pan.

Al comer espárragos se cortan las puntas con el cuchillo y se llevan a la boca con el tenedor, como se hace con los demás vegetales.

La pastelería se come siempre con el tenedor.

Los huesos de las cerezas, ciruelas, albaricoques, etc., se recogerán con la cucharilla o tenedor que se acerca a los labios para recibirlos y depositarlos luego en el borde del plato, cuidando de que esta operación pase desapercibida.

Cuando la fruta es de tamaño regular, es preferible separar en el plato la pulpa del hueso.

Deben comerse con tenedor las jaleas, los pudings, y, en general, todos los dulces cuya consistencia permita prescindir de la cuchara.

El queso se corta en pedacitos que se colocan con el cuchillo sobre otros de pan, que se llevan a la boca con los dedos.

Los convidados no se han de servir ellos mismos los postres, aunque se hallen puestos en la mesa, porque se colocan especialmente como adorno.

Los criados van presentándolos a los convidados en el mismo orden con que sirvieron la comida: si queda algún dulce en las fuentes, vuelven a dejarlas en la mesa.

No está bien hacer observaciones acerca de los platos que se sirven. Debe aceptarse todo cuanto ofrezca el anfitrión.

No es de buen tono señalar lo que guste más, ni repetir de un plato sino a instancias de la dueña de la casa.

Una señora no ofrecerá de beber a un caballero, ni este a aquella la mitad de una fruta.

No es costumbre mondar la fruta entera, sino cortarla a pedazos antes de quitar la piel separando esta en el plato, con tenedor y cuchillo.

Cuando la fruta es de gran tamaño puede ofrecerse la mitad, pasándola sin mondar y no con el tenedor, sino puesta en un platito.

Una señora que cumpla con las vigilias y haya aceptado un convite que se celebra en día en que quiera observar ciertas limitaciones, puede comer de lo que tenga por conveniente, sin hacer ostentación de que se abstiene de determinados platos.

Si uno tiene hipo o cualquier otro accidente, se retirará sin llamar la atención para evitar molestia a los demás, volviendo a la mesa cuando haya pasado la indisposición.

La buena educación en general, y en la mesa en particular, requieren mucha armonía, y como las cuestiones sobre las que hay distinto criterio la quebranta fácilmente, es de suma conveniencia evitar en un convite toda conversación relativa a materias en que pueda haber disidencias.

Ninguno de los comensales se permitirá hablar de modo que pueda ofender a alguien de la reunión.

Sería inconveniente criticar un plato, citar con alabanza los que ya hayan sido retirados de la mesa, o hablar de otra comida a que se haya asistido.

También será impropio que así los dueños como los convidados hablen con la servidumbre.

Los comensales han de procurar que la conversación sea general. Durante ella puede cualquiera hablar con otro sin esforzar la voz, o con un vecino sin bajarla demasiado.

Si algún lance de la conversación general mueve a risa, no debe ser estrepitosa.

Cuando la conversación es particular, debeentablarse diálogo con un vecino en voz natural sin gesticular, en especial si se tiene en las manos el tenedor o el cuchillo.

No está bien el hablar bajo y reír.

Tampoco está bien visto que un caballero y una joven inmediatos sigan una conversación muy seguida y animada.

La conversación de los caballeros ha de ser oportuna y amena, sin pretensiones; la de las señoras amable, sin coquetería.

No se interpelará a una persona que se halle al opuesto extremo de la mesa.

El que habla a un convidado tiene que inclinarse mirándole al pronunciar su nombre.

Cuando hay brindis los inaugura el anfitrión. Los convidados levantarán su vaso, haciendo una ligera inclinación antes de beber.

Si se brinda por un caballero presente, debe este levantarse al saludar; si por una señora, esta no se levanta, pero se inclina y los convidados la saludan.

Puede también indicarse que se va a beber a la salud de la dueña de la casa, o de otra de las señoras presentes, dirigiendo la mirada aaquella por quien se brinda y levantando al propio tiempo el vaso antes de llevarlo a los labios.

Los caballeros pueden apurar los vasos: las señoras solo humedecen sus labios.

Cuando la dueña de la casa da la señal, todos se levantan, dejando la servilleta a la izquierda del plato.

Los convidados, terminada la comida y ya en el salón, entablarán conversaciones o buscarán entretenimiento en la música; pero en los convites de ceremonia no hay que recurrir a este último medio para llenar los dos o tres cuartos de hora que los convidados suelen pasar en la sala después de la comida, a menos que haya concierto o baile después de aquella.

No está sometido a regla el orden en que deben despedirse los convidados, pero sí la hora, que suele ser la de las diez.

La señora de la casa dará la mano a todos los convidados al despedirse, levantándose de su asiento.

Sería insigne grosería que un convidado se marchase sin hacer un galante cumplido a la dueña de la casa.

La etiqueta no exige que los convidados que se conozcan se despidan formalmente unos de otros. Los amigos que se hallen sentados juntos pueden darse la mano.

Si al salir uno de la sala pasa por delante de un conocido le dará las buenas noches; pero sería de mal gusto atravesar el salón y pasar por delante de los demás para ir a saludarle.

El dueño de la casa estará en la antesala mientras las señoras se ponen el abrigo en el cuarto destinado al objeto; y un pariente o amigo especial de la casa podrá estar conversando con las demás señoras que esperan turno para recoger los suyos.

Los convidados no ofrecen propinas a la servidumbre.

La etiqueta exige que los convidados hagan una visita dentro del septenario de la comida a que hayan sido invitados.

Viñeta de adorno


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