Cenefa de adornoDemanda de audiencia
Cenefa de adorno
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Elestilo que ha de caracterizar los escritos de petición de audiencia, siempre ha de corresponder al carácter y posición de aquel a quien se dirijan, debiendo distinguirse por su laconismo; pues tratándose sencillamente de solicitar de una persona que reciba al demandante, no hay que entrar en pormenores, bastando en todo caso una breve indicación del objeto.
Se espera a que el que conceda la audiencia dirija primero la palabra a la persona a quien recibe, porque así se le da una prueba de respeto y consideración, tanto más necesaria cuanto más elevada es la posición de la persona en cuya presencia se está. Igual regla debe observarse en las recepciones, cuidando de no prolongar la audiencia ni la conversación cuando deba tener término, y procurando que en ella jamás se vea charlatanería. En este, como en muchos actos de la vida social, hay que tener en cuenta que la persona que nos recibe se ve obligada a conceder igual favor a muchas otras, y, por lo tanto, la cortesía exige no molestarla.
La petición para obtener audiencia del Papa se dirige mediante el embajador de la nación respectiva a la secretaría del Vaticano. Esta es la costumbre, que no excluye el que se pueda dirigir por conducto de otra persona muy caracterizada, y directamente a la secretaría, si no hay otro medio.
Las señoras, a las cuales solo en casos excepcionales concede audiencia Su Santidad, se presentan sin sombrero, con vestido negro, guante blanco y velo negro o blanco.
Los caballeros llevan frac, corbata blanca y guantes también blancos o perla-claro.
Se ponen de rodillas las señoras al entrar el Papa en la galería donde están aguardando, y no se levantan hasta que se lo indica Su Santidad.
Al ser introducido en el salón de audiencia el postulante, en vez de las tres reverencias que se hacen a un soberano, tres genuflexiones, una al entrar, otra a la mitad del salón, y otra junto a Su Santidad, quedándose arrodillado hasta terminada la audiencia, o hasta que el Papa le invite a ponerse en pie.
Para obtener audiencia de un soberano, se envía a mano del mayordomo de palacio una petición explicando claramente y sin difusión la causa por que se solicita la audiencia, incluyendo otra petición breve y concisa dirigida al soberano.
Preséntanse a esta audiencia las señoras con traje sencillo, elegante y de colores no vistosos, sin llevar manguito ni abrigo, que dejarán siempre en la antecámara; los caballeros de frac, corbata blanca y guante blanco, si bien la moda autoriza el blanco-perla, llevándose puesto solo el de la mano izquierda. Si la audiencia fuese por la mañana, se llevará levita. Vestirán de uniforme, si pertenecen a un cuerpo, orden o instituto que les autorice a llevarlo.
El interesado debe llegar con mucha exactitud a la hora fijada. Nunca se ha de dar ocasión a que el que concede la audiencia pueda repetir la frase de Luis XIV: «He estado a punto de esperar...»
Al entrar en el salón de espera, saluda si hay gente, desde la puerta, y en seguida toma asiento en una butaca o en una silla, según sea señora o caballero, aguardando a queel gentil hombre de servicio pronuncie su nombre en alta voz.
Entonces, saludando a los que quedan en la sala, pasa al salón de audiencia.
Al entrar en él hará una reverencia; a los pocos pasos la segunda, y al acercarse al soberano la tercera, esperando respetuosamente a que este le dirija la palabra.
Terminada la audiencia, se retirará el peticionario, haciendo una reverencia en medio de la sala y otra junto a la puerta.
Se solicita la audiencia de un ministro, de un cardenal o de un obispo, mediante una petición dirigida a la secretaría, que se envía franqueada por el correo, o se manda a mano, que es lo más regular.
Para presentarse a un príncipe de la Iglesia los caballeros llevan guante blanco; las señoras guante negro, con traje y velo del propio color.
A la audiencia de obispo o ministro van las señoras con traje sencillo; los caballeros con guantes de medio color y levita ajustada.
Se hace una reverencia al ser introducido en el salón donde recibe el personaje a quien se visita, y otra al llegar a su presencia.
Los hombres permanecen de pie durante la audiencia; las mujeres toman asiento si se les ofrece.
El peticionario espera que se le invite a hablar para exponer su pensamiento, en forma breve y respetuosa, despidiéndose en cuanto se le significa que la audiencia está terminada.
Al salir hará una reverencia junto a la puerta del salón.
Es excusado advertir que en las audiencias se da al personaje visitado el mismo tratamiento que en la petición escrita.
Viñeta de adorno