I

DEL PLATA AL NIÁGARAICHILELA ESTRUCTURA NACIONALDel cerro andino cuya meseta terminal separa las vertientes argentina y chilena, manan los dos arroyos que, al engrosar en breve su caudal propio con diez corrientes adventicias, dilatarán en la hoya respectiva su faja sinuosa hasta venir á ser los ríos de Mendoza y Aconcagua.¡Aquí elrendez-vousde las prosopopeyas y frases hechas! Retórica obliga. Se llega cansado, hambriento, aterido y abrumado por la trasnochada á mula; harto de valles y quebradas uniformemente pintorescos, con la misma a «sierpe de plata» que se retuerce entre peñascos, reverberando al sol sus móviles escamas. Horas hace que no se alzan los ojos hacia las areniscas y conglomerados de la serranía; nos han fatigado hasta las visiones fantásticas que el crepúsculo y la distancia evocan:ruinas de castillos y catedrales disformes cuyos sillares colosales fueran los estratos ondulantes, remedando las estrías verticales de la roca ya góticas columnatas sin bóveda visible, ya juegos monstruosos de órganos para el Juicio final—con las nevadas cúpulas del Tupungato y Aconcagua sobre el poniente lívido ... No importa: es asunto entendido que, al pisar la cumbre, Perrichón ha estallado en gritos sublimes: «¡Dios! ¡Providencia! ¡Inmensidad! ¡Eternidad! ¡¡Oh!!..» Todo lo cual será redactado, tres días después, en un confortable hotel de Valparaíso, ¡y bien empenachado de signos admirativos!La cordillera es imponente y bella; pero la cumbre no es más que su peldaño final, el menos interesante de todos; se la salva sin verla, embotados los sentidos por lo prolongado de la misma sensación. Por lo demás, así en lo físico como en lo moral, el último paso no conmueve ni sorprende: ha sido previsto, anunciado, descontado. Cuando la fortuna, el amor, la gloria cumplen al fin su gran promesa, llegan demasiado tarde; nos hemos saciado con la ilusión, la realidad nos deja tristes. Las emociones preliminares han agotado de antemano la del triunfo; la fruta madura tiene resabio de ceniza, y el destino nos brinda la copa llena cuando ya no tenemos sed.—En sí mismo, el paisaje carece de variedad y hasta de majestad. El paso de la Iglesia y la cumbre del Bermejo, á pesar de su altitud absoluta, son dos boquetes ó portillos, dos depresiones entre alturas mayores: es mediocre el horizonte contemplado. El cerro próximo, descarnado y sombrío, corta duramente el azul metálico del cielo; en los repliegues de la roca, algunas chapas de nieve hacen centellear sus agujas finísimas, cual hojuelas de mica; asoma la arcilla húmeda y negruzca debajo de la capa fundente: ello es la «corona inmaculada» de la poesía de bufete. Interminablemente,á lo largo de la senda estrecha, desgarrando la delgada epidermis caliza, las vértebras de la cordillera se suceden en rosario de peñones; y se roza con el estribo la cornisa sublime que, desde el valle, admirábamos ayer.—Ni un asomo de vegetación, ni un grito de ave, ni una fuga de insecto entre las grietas. Allá abajo, en el fondo del abismo, como un lustroso rastro de babosa en una piedra obscura, el torrente coagulado en su quebrada se alarga indefinidamente, terso é inmóvil por la distancia, sin una arruga, sin un rumor; en el aire rarefacto, un principio de fatiga y ansiedad penosa acrecienta la impresión de abandono, de soledad, de inhospitalidad. El hombre no se siente aquí pequeño, como suele decirse: tiene la vaga conciencia de ser un punto extraño, un detalle chocante en un medio hostil. Es este un paisaje lunar, reino inviolado del silencio y de la muerte, en cuya atmósfera esterilizada y glacial nuestra vida terrestre procura en vano el más efímero asiento. Concibe la imaginación la grandeza salvaje, el horror sublime de una noche de invierno en estas soledades, cuando la tempestad de nieve desata los ventisqueros y arroja al precipicio los aludes erráticos: pero tales cataclismos no se perpetran para ojos humanos, así como las erupciones volcánicas de nuestro helado satélite ... Ahora, la tibia caricia del sol amigo, la solidez del piso que retumba bajo el casco del la mula, el silbido del arriero indiferente, al desvanecer toda inquietud en la cruzada, acentúan su vulgar monotonía. Durante la breve travesía de la planicie divisoria, la sensación dominante no es otra que el deseo de bajar y divisar la posta del Juncal. Como el Augusto de Corneille, se experimenta la nostalgia de la llanura:Et monté sur le faíte, on aspire à descendre...Entre tanto, con mi hábito de la observación interna, me doy cuenta de que el desarrollo del paisaje, además de su reproducción pintoresca en la imaginación, ha movido la reflexión que creía adormecida: descubro que he pensado, además de soñar. Lentamente, en el espíritu casi pasivo, se está elaborando un concepto general, una como transposición abstracta del panorama material, provocada inconscientemente por las semejanzas y contrastes de la doble vertiente andina, trepada y descendida desde Mendoza. Poco ó nada ha cambiado en la decoración natural, en el aspecto de los sitios. Los accidentes de la montaña permanecen casi idénticos á los de la hoya argentina. La implacable serenidad del cielo bíblico se aviene siempre con la severidad adusta de las quebradas grises é impone el mismo sentimiento de postración. Me ocurre que las separaciones políticas han de ser más sutiles que las de la naturaleza ... Pero, muy luego, percibo netamente cierto cambio inicial: se nota lo escarpado de la pendiente chilena por la aspereza mayor de la bajada y los saltos bruscos del arroyo Juncal, primer tributario del Aconcagua. La misma falda, en el descenso, exhibe una primera prueba del enorme desnivel: hacia la derecha, en la intersección de las pendientes del Portillo, una vasta laguna, llena hasta rebosar en su pila ovalada, despliega deliciosamente bajo el cielo azul el virgen cristal de sus ondas glaucas, que sólo bañan el ala de las aves de paso. ¡Encantadora sorpresa! Es la primera «sonrisa húmeda» de esa Iliada de piedra y el anuncio próximo de otra Cibeles enternecida. Á poco, en los declives del Juncal, la enjuta vegetación asoma como un vello ligero en las paredes lisas de la roca; las verbenas y llaretas tapizan ya las depresiones del terreno, y las calandrinas alzan sus flores de púrpura por sobre la masa herbácea de lascañadas. Después de los arbustos de matorral, arrayanes y espinos, primeros triunfadores de la aridez ambiente, crecen laboriosamente las hayas y acacias en las riberas más clementes; los cactos erizados, los cirios rígidos yerguen en las pendientes más ásperas sus candelabros verticales. Pero, en el Salto del Soldado, las parásitas y enredaderas se enlazan ahora en los troncos de las encinas y nogales; el río ha ensanchado más y más su cuenca ya irrigable; las acequias orillan alegremente el rudo sendero pedregoso. Entonces, bruscamente, una erupción de frondosidades invade el paisaje: sauces, olmos, castaños, todo el reino cultivado ha tomado posesión del suelo humedecido; los altos cortinajes de las alamedas limitan los alfalfares y viñedos; las casas de campo y blancas alquerías emergen de los trigales y praderas: y Santa Rosa de los Andes, dormida en su marco de festones vegetales, anuncia la entrada en el espléndido valle de Aconcagua, gloriosa diadema de la patria chilena, populoso y fecundo como un pedazo de Francia, y donde todos los plantíos de la zona templada prosperan magníficamente. En un trayecto de pocas leguas, la flora ha recorrido la escala que en la opuesta vertiente requiere varios días para trasponerse, desde los pobres sembrados de Uspallata hasta los opulentos dominios de Santa Fe y Buenos Aires. Algunas horas más y se entra en Valparaíso: en menos de un día se ha cruzado á todo Chile, de la cordillera hasta el mar.Desde el primer día, en efecto, hiere la vista esa diferencia fundamental entre las dos regiones: dos epítetos que parecen triviales, y son profundamente significativos, vagan constantemente en los labios, al recorrer la accidentada falda chilena y la vasta llanura argentina: todo lo que pertenece á la primera trae adherido el calificativo decircunscrito, con todas las ideasconexas de altura, rigidez, densidad; del propio modo que evoca la segunda todas las derivaciones de loilimitado: amplitud, espacio, desarrollo sin fin. Y lo característico de esas voces que creíamos provisionales, es que preesisten después del examen detenido y del doble estudio histórico y sociológico, cual si entrañaran una definición completa en su imperiosa brevedad. Veremos cómo, sin deliberación ni prejuicio, todas las conclusiones materiales y morales respecto de Chile tienen por rasgo definitivo lacondensación, del propio modo que las que á la Argentina se refieran evocan la noción opuesta deexpansión.En pocas leguas, antes de la confluencia del Putaendo, la adjunción del Juncal, del río Blanco y del Colorado han constituído al caudaloso Aconcagua, que riega copiosamente sus fértiles vertientes y, por cien canales abiertos que lo dejan casi exhausto, lleva la abundancia y la vida á las valiosas haciendas de Santa Rosa y San Felipe, rodea luego á Quillota, cada vez más lento y como deseoso de prolongar su obra fecunda, antes de cruzar la sierra de la costa y perderse en el mar. Como un pequeño Nilo, en su breve curso de 150 kilómetros ha derramado la prosperidad en toda la zona atravesada; aunque más y más detenida su velocidad inicial de torrente andino, tanto ha rectificado su curso que, salvo el sinuoso recodo de Quillota, el río casi sigue el camino más corto de su hoya; en un solo día ha concluído su misión benéfica desde la cordillera hasta el Océano. Compréndese que en esta faja estrecha y volcada hacia el Pacífico no haya espacio para los desiertos inmensos de la sabana argentina; y la comparación de esta corriente, tan bien empleada, con su antagónica de la vertiente opuesta se impone irresistiblemente. ¡Qué diferencia entre el laborioso Aconcagua y el río de Mendoza que abandonamosayer! Apenas bañada la mínima parte de la provincia natal, muy lejos aún del mar buscado, muy antes de cruzar la pampa sedienta, desfallece nuestra corriente «criolla» y se arrastra perezosa hasta perderse en una laguna cenagosa é inerte ...Poco á poco, alrededor de este núcleo material, vienen á envolverse mil datos y nociones fragmentarias, desprendidas de la sociología de ambos países: jirones de historia, geografía, estadística, política, que se enlazan en torno de la percepción presente como las lianas en un tronco secular. Al pronto, parece que la evolución general de los dos pueblos rivales pudiera simbolizarse con la carrera de los ríos divergentes que, naciendo en el mismo macizo y descendiendo casi por el mismo paralelo, desempeñan, en su curso tan breve, misión tan diferente y alcanzan tan diverso destino.—Frente á la evolución histórica del pueblo chileno, tan precisa y práctica en su marcha ascendente, se recuerda cuán dolorosa y contradictoria fuera la revolución argentina, siempre fluctuando entre los conflictos renacientes de la barbarie primitiva y la importada civilización, y remedando, con sus rápidos adelantos y sus bruscos retrocesos, los cataclismos elementales de un mundo en formación. Se admira involuntariamente el trazado tan neto y lógico de la primera, que forma cabal contraste con el tanteo penoso de la segunda; y, desde luego, se entra á desconfiar de que la exageración territorial, las realizaciones democráticas y liberales, el mismo incremento material sólo debido á la avenida europea, sean factores absolutos de grandeza nacional.Pero, la duda no se prolonga. Con sumar mentalmente á Santiago con Valparaíso y compararlas á la sola Buenos Aires, renace la convicción de que ésta representa un esfuerzo civilizadorque supera al de las otras agrupaciones urbanas de la América latina. Todos los extravíos pasados y presentes, lejos de aminorar este resultado, acentúan su importancia: si á esto se ha llegado luchando contra la corriente ¿qué no hubiera sido ayudándose con ella? Un lapso de medio siglo no es más que un día en la vida de los pueblos; y también es probable que se cumpla en sociología la ley biológica que proporciona el tiempo y los trabajos de la gestación á la longevidad é importancia del organismo engendrado. Volviendo entonces al punto departida, se descubre que el inmenso desierto argentino es la condición necesaria de esos colosos fluviales del Paraná y del Uruguay, depósitos de las grandes vertientes continentales, en cuyo seno se absorberían los Aconcaguas y Biobios sin alterar su nivel[1]. Por fin, sin dejar de aplaudir el espíritu de orden y economía que tan admirable partido ha sacado de un arroyo mediocre, se piensa que la misma corriente mendocina que vimos perderse en una travesía, embebe el subsuelo pampeano y contribuye á formar ese mar dulce que surgirá más tarde bajo la sonda del agricultor, continuando en otra forma y á la distancia su obra interrumpida de fertilización ...Además de este concepto fortuíto, el viajero penetra en Chile con un conjunto de nociones más ó menos exactas, desprendidas de sus lecturas é informaciones anteriores. Al pronto, todo ello se aglomera para constituir un juicioa priori, provisional y fluctuante en los detalles. Esta hipótesis debequedar flexible y rectificable; sin adelantar conclusión definitiva, sirve sobre todo para concretar las primeras impresiones confusas en torno de su núcleo consistente, del propio modo que un tronco de árbol en un delta favorece y activa el sedimento aluvial.Puede escribirse de un país extranjero después de residir en él varios años, viviendo mezclado é interesado el escritor en la evolución colectiva, estudiando sus accidentes externos é internos, respirando largamente la atmósfera nacional hasta conocer al pueblo y su territorio en su historia, en sus órganos vitales y sus manifestaciones significativas. Parece que este método fuera el único practicable y legítimo; lo es, en todo caso, para escribir un libro de conjunto y dejar un documento duradero, si no definitivo. El método del viajero es casi fatalmente incompleto y superficial. Puede, sin embargo, no carecer de utilidad, y hasta suele contener un elemento precioso, casi siempre debilitado por la estancia prolongada: el choque vivo y directo del contraste. Esta impresión instantánea y sincera, en que se procede por comparación explícita ó sobrentendida, logra adquirir un valor inapreciable, si es analizada inmediata y escrupulosamente por un espíritu reflexivo. La sensación diferencial es la más espontánea y segura de todas; todas las otras sensaciones pueden ser ilusorias, pero la que comprueba una diferencia contiene siempre un fondo de verdad. No son, pues, necesariamente frívolas y despreciables las observaciones del transeunte, siempre que se formulen con buena fe, apoyadas en algún conocimiento anterior del país recorrido y referidas á un término de comparación que no sea ni muy análogo ni harto distante.—No necesito decir que, en este rápido bosquejo de Chile, la base de referencia no ha de ser mi país natal, sino la República Argentina: tengo para ellotodas las razones de utilidad práctica y de conveniencia especulativa. Sobre un breve resumen de datos y rasgos significativos, procuraré asentar un juicio hipotético, una conclusión provisional, que someteré luego á la contraprueba de mis observaciones personales. Aunque fugaces y fragmentarias, éstas serán relativamente probantes si concuerdan con la teoría. No creo que exista otro método para que la impresión casi repentina del viajero que no es un simple descriptor alcance alguna eficacia documentaria. ¡Ojalá el que aquí habla no carezca en absoluto de perspicacia, como no le faltan la conciencia y la sinceridad, para que la observación directa y material sea una buena piedra de toque de las inducciones sacadas de la geografía y la historia!Entre los factores sociológicos, son primordiales los permanentes ó lentamente modificables: así el suelo y la raza. Son componentes del primero, además de la extensión y naturaleza del territorio, su configuración general y situación geográfica, que rigen su clima y producciones. Ahora bien, entre todos estos elementos, sólo uno es común á ambos países limítrofes; pero es tal su importancia, que basta por sí solo para señalar una línea indeleble de separación entre éstos y los restantes del continente austral. En el grupo de las repúblicas latino-americanas, Chile y la Argentina son las únicas comarcas de vasta extensión cuyo clima y latitud correspondan á los de la región central europea.Esta zona favorecida es la que parece, en la actualidad, plenamente adecuada á la civilización que llamaré «secundaria». México y el Perú, por ejemplo, han debido ser, por sus condiciones naturales, los asientos de la civilización primaria en América, lo propio que el Egipto y la India en el viejo mundo.—Noes imposible, por otra parte, que en un porvenir lejano se establezca sobre las ruinas de la actual otra civilización «terciaria», más independiente del calor solar y del medio ambiente, y cuyos límites se extiendan hacia las regiones glaciales del norte y del sud. Pero, en el período presente y el futuro divisable, es evidente que los órganos complejos de nuestra civilización, fundada en la división del trabajo y las concurrencias nacionales, no se desarrollan y funcionan plenamente sino allí donde el clima intermedio y tonificante torna productiva la labor material y estimula el ejercicio del pensamiento. Con la identidad originaria de la raza europea,—muy modificada ya,—la analogía geográfica es, pues, el primer elemento común á la Argentina y Chile. Casi todos los otros son diversos, si no antagónicos; y ello ha bastado para crear, en tres ó cuatro generaciones, dos variedades sociológicas americanas profundamente distintas. Empero, y desde luego, no parece dudoso que en el continente sudamericano la hegemonía deba pertenecer á los dos pueblos favorecidos.Para una población sensiblemente igual, que hoy mismo no alcanza á tres millones de nativos, la superficie de Chile (deduciendo las recientes anexiones) es la sexta parte de la República Argentina. Ahora bien, en el sentido americano, lo que significa la expresiónorganizarse nacionalmente, es, ocupar realmente el suelo bajo el triple aspecto demográfico, político y económico: abreviando las distancias despobladas y reduciendo los desiertos baldíos, multiplicando, por fin, las agrupaciones urbanas, ganglios sociológicos depositarios de la riqueza y transmisores de la civilización. La empresa acometida por uno y otro pueblo, durante el medio siglo de su evolución decisiva (1825-1875), ha sido, pues, tan desigual como la de dos propietarios que, con recursos presentes casiiguales, resolviesen amueblar y sostener sus casas respectivas, teniendo la una seis veces más capacidad y departamentos que la otra.Así, desde el principio de la Independencia, el formidable problema de la organización nacional se ha planteado de una manera incomparablemente más accesible y resoluble para Chile que para la Argentina. En tanto que su medianía territorial (sin vedarle, como al Uruguay, las grandes ambiciones patrióticas) facilitaba una relativa condensación demográfica en los valles productores, su enorme alejamiento de Europa disminuía singularmente sus aptitudes como país de colonización. Á trueque de esta causa de lentitud en el desenvolvimiento económico podía alcanzar un grado mayor de homogeneidad y cohesión en su estructura social. El principio y el fin de cualquier estudio comparativo entre ambos países está resumido en esa última frase; todo lo que precede y seguirá no es sino su comentario.Al hablar de la raza chilena, no debe confundirse la clase dirigente con la masa popular: si aquella capa superior es análoga por su origen á la correspondiente en las otras repúblicas hispano-americanas, no así la muchedumbre suburbana y rural. Al paso que la infiltración europea—fuera de la española primitiva—era muy escasa en el grupo superior chileno, es bien evidente que en la masa popular su mezcla infinitesimal no merece tenerse en cuenta. El dato demográfico que debe dominar constantemente todo paralelo entre estos pueblos limítrofes, es el siguiente: según el último censo de 1885, Chile contaba entonces, en todo su territorio, 26.241 europeos; ahora bien, ¡en el solo quindenio de 1871-1886se han establecidoen la República Argentina 650.000 extranjeros! Epilogad y reducid cuanto queráis: el rasgo diferencialqueda indeleble, y es tan significativo que, lo repito, debe anteponerse á cualquiera otra consideración sociológica. Durante el solo año de 1884, por ejemplo, la Argentina se anexaba por la pacífica inmigración un número de agricultores europeos mayor que el de los peruanos y bolivianos amarrados á Chile por los resultados de la guerra. Admitiendo que ambos grupos anexos se hayan reproducido en proporción igual: ved ahí, por una parte, un contingente de chileno-peruanos, y por otra, un grupo igual de argentino-europeos, agregados al núcleo nacional respectivo: la consecuencia no ha de ser idéntica.Es así como las leyes naturales de territorio y situación han creado las variedades sociológicas que con el tiempo, factor omnipotente, tendrán que acentuarse más y más. Mientras que la Argentina podía esperar los resultados de su evolución social por la mezcla é infiltración europeas, en Chile la necesidad desarrollaba en el propio seno, y casi con los solos elementos nativos, las aptitudes industriales, las virtualidades materiales é intelectuales, que forman la compleja estructura indispensable para la vida de un moderno organismo político. Siendo Chile una faja «de gran longura» y mediocre extensión entre la cordillera y el mar, tuvo su pueblo que procurar laboriosamente su desarrollo, ocupando la costa, surcando el océano civilizador, atacando la montaña receladora de tesoros ocultos, apropiando, por último, la zona intermedia y los valles centrales á la alimentación del grupo entero. Todo fachada sobre el Pacífico, ha sido marino, dedicado al tráfico internacional, y, á las veces, preparado para las conquistas litorales; al hacerle minero, la cordillera, que protegía su espalda é invadía su territorio escaso, le impuso también la obligación, como le enseñó los medios, de cultivar intensamente el suelo ingrato,abriendo sendas y canales, cortando, cavando, nivelando, luchando victoriosamente con la estéril arena y la roca enemiga. El aislamiento y la pobreza, por fin, acostumbrándole de antiguo á bastarse á sí mismo, fomentaron su tendencia fabril; y este propietario de las islas de Juan Fernández parecía en verdad predestinado á realizar en América el tipo nacional de Robinson. Agricultor, marino, industrial: sin influencias externas ni mezclas exóticas, ascendió rápidamente á una situación sociológica superior á la de otros pueblo más ricos, casi exclusivamente pastores ó expendedores de productos preciosos.Al propio tiempo que las leyes permanentes de la raza y del medio delineaban los rasgos fundamentales de la fisonomía chilena, la ausencia de la gran inmigración europea, innovadora y perturbadora de la tradición, permitió conservar casi intacto el edificio colonial, sin más que cambiar la inscripción de su portada. La revolución chilena quedó exterior en sus causas y sus efectos: un ejército argentino cortó definitivamente el cordón umbilical que ataba la colonia á su metrópoli; y esta rápida operación, lejos de arrasar con lo existente lo mantuvo en pie, reduciendo el cambio de estado á un acto de emancipación y á la toma de posesión del país por los nativos. El dictador O’Higgins casi pudiera creer que recibía y administraba la herencia política de su ilustre padre, el fundador de Santa Rosa y Vallenar. Todo concurría, pues, á perpetuar la dualidad originaria del pueblo chileno: una clase dirigente en la punta de la pirámide, una masa anónima y sumisa abajo, con una faja de separación casi insalvable: así, en el cerro de Aconcagua, la zona amorfa de arenisca impide que se confunda el conglomerado de la base con las estrías del vértice. De suerte que, después de un breve extravío democráticoy un experimento único de federalismo que produjeron la anarquía y bastaron á demostrar su falta de adecuación, elaboróse una constitución resueltamente centralista,—tan poco democrática, que las dos fracciones del grupo dirigente se han sucedido en el poder sin alterar la forma constitutiva; tan poco republicana en el fondo, que las facultades del presidente, unidas á la reelección indefinida—antes de la reforma de 1871—y á su irresponsabilidad inmediata, eran más importantes y absorbentes que las de un monarca constitucional.Conviene insistir en este consorcio armónico de la raza y la estructura originaria con las circunstancias y las instituciones políticas, en esta feliz apropiación del pueblo chileno al medio ambiente, porque ello da la clave de esa evolución ulterior, que, con la colonia más lejana y pobre del dominio español, ha hecho al pueblo más civilizado y fuerte del Pacífico: á la nación que en cincuenta años de labor incesante y administración honrada, tenía ya alcanzada la legítima hegemonía moral en esta vertiente de los Andes, mucho antes que la conquista militar le agregara su sanción brutal. Votada sin grandes disidencias, después del sangriento conflicto que diera el triunfo al partido conservador, la constitución unitaria del año 33 ha quedado subsistente en sus grandes lineamientos, precisamente porque no era más que la consagración legal del orden político históricamente establecido. La accesión al poder del partido liberal no ha sido la señal de destrucción de la constitución conservadora: han bastado algunas reformas parciales y paulatinas para completar su adaptación. En lugar de las veinte constituciones de papel que, en el pueblo vecino, se volaban arrebatadas por cada tormenta anárquica, se ha podido aquí, una vez por todas, esculpir en el granito la carta fundamental;porque ésta no era una concepción artificial y postiza, una ley teórica encargada de modelar las costumbres de todo un pueblo, sino la reglamentación de los hábitos y tendencias seculares. Es posible que el molde ideado ó copiado por los legisladores argentinos fuera superior al chileno; pero éste fué hecho por medida y, sin esfuerzo ni sufrimiento, han podido vaciarse en él las generaciones sucesivas.—Una población centralizada y relativamente compacta; un grupo superior apoyado en el clero católico, muestra y modelo de las jerarquías, y apoyando á la vez sus pretensiones tradicionales; un gobierno elegido periódicamente en la sola clase privilegiada, rica y noble, que llevaba al poder sus tradiciones domésticas de honradez administrativa, y que no podía buscar en el mando la fortuna ó la satisfacción vanidosa que poseía desde la cuna; la existencia originaria de dos partidos antagónicos, pero extraídos de la misma clase superior y cuya rivalidad abierta era menos un peligro que una garantía; abajo, la muchedumbre innominada, vinculada al terruño, á la mina, al taller, sin más sentimiento común con la aristocracia que el mismo patriotismo exaltado é intransigente, tan pujante en el patricio que sacrifica fortuna y vida por la grandeza nacional, como en elrotohumilde que vierte su sangre por una tierra que nunca le perteneció, y pelea por instinto de raza como sus antepasados del Arauco: tales son las grandes estratificaciones de la masa chilena, que la organización política y la historia han contribuído á solidificar.No hay aquí espacio ilimitado, ni horizonte misterioso y tentador; nada, por tanto, que se parezca á la libre y feliz vagancia del gaucho argentino en sus desiertos pampeanos ó en sus montes «arribeños». Cada hombre del pueblo nace obrero, inquilino, peón,rotodel campo ó del suburbio; todos tienenpatrón, son moléculas de un fragmento compacto, pertenecen á unagensurbana ó territorial. Para mantener incólume contra la infiltración externa tan anticuado edificio, no bastaban los tradicionales hábitos de sumisión, fomentados por las supersticiones y la ignorancia popular, hasta hoy tolerada fuera de las ciudades: era necesario que todas las influencias ambientes y todos los resortes internos conspirasen al mismo fin. Por el lado extranjero: la distancia de Europa, la pronta ocupación del suelo, la escasez de buenas tierras disponibles y el desarrollo industrial criollo, mantenían desviada hacia el Plata la gran corriente inmigratoria é impedían la formación de una numerosa clase media; por el lado popular: la raza enérgica, el clima tonificante, la labor penosa de la montaña y del mar habían forjado una masa proletaria sufrida y ruda, capaz de disputar el suelo al inmigrante agricultor ó sostener contra el obrero europeo la lucha por la vida,—instrumento excelente en la guerra como en la paz, siempre que su arrojo brutal encontrara el saqueo como premio y corolario de la victoria, y se le permitiera devastar las comarcas opulentas que sus dueños enervados ó disolutos no sabrían defender. Por el lado dirigente, por fin: junto al lujo, á las pretensiones nobiliarias, á las distinciones de clase, á los mayorazgos y las vinculaciones, á las preocupaciones de raza y religión, á todas las vanidades prestigiosas que van desapareciendo,—han subsistido las verdaderas condiciones y salvaguardias de las aristocracias: el voto restricto; la ilustración y la autoridad moral; los grandes fundos productivos; la concentración del grupo gobernante en una capital mediterránea, lejos del contacto europeo y comercial; la ausencia casi completa de clase media, por exclusión, no como en otra parte, por confusión y mezcla de los rasgos sociales. Tal es la fuerte organización históricaque ha hecho al Chile actual, ó más exactamente al anterior á las últimas guerras: es decir, al primer pueblo de Sud-América, si se tuviera sólo en cuenta el desarrollo normal y la estructura coherente de la nacionalidad.Advertid que este pueblo ha llegado al período adulto antes que todos sus vecinos, bastándose á sí propio casi completamente en su territorio, primitivamente el más pobre del dominio español. Ha creado con su propia substancia ó la rápida é inteligente iniciación, su administración moralmente ejemplar, su ejército y su marina, cuyas campañas han despertado la atención del mundo; sus industrias mineras y agrícolas, durante un medio siglo de orden interno que le ha conquistado en los mercados europeos, antes que la gloria militar, esa gloria económica que se llama el crédito. Además, ha llevado á las especulaciones más altas y desinteresadas que constituyen propiamente la civilización, sus cualidades nativas de conciencia juiciosa y paciente laboriosidad. Sin duda, hanle faltado, no sólo el genio, la llama sagrada, la originalidad soberana,—como á los otros pueblos americanos,—sino la gracia elegante y el mismo gusto artístico: el numen de Bello, descolorido y frío como el agua, ha presidido á sus inspiraciones. Pero en las ciencias aplicadas, en la historia y en el derecho ha seguido con paso mesurado y seguro las huellas de los maestros. Su propia escuela de pintura y escultura revela cualidades y aptitudes de disciplina poco comunes en América. Sus Facultades profesionales é Institutos superiores ó secundarios parecen igualmente dignos de aprecio por su administración y sus estudios. En suma, este país posee en pleno desarrollo todos los órganos necesarios al funcionamiento social: los que han quedado embrionarios ó faltan por completo no son indispensables. No está demostrado que una nación, aunen América, tenga que ser una democracia ateniense, ni siquiera una república; y si Chile hubiera de continuar siendo una aristocracia utilitaria más ó menos abierta, convendría estudiarlo imparcialmente desde ese punto de vista, sin tener desde luego por inferioridad lo que sólo revela al pronto una diversidad.Las líneas generales y las deducciones abstractas no pueden forzosamente representar más que el esqueleto de un organismo tan vasto y complejo como lo es una sociedad; no dan cabida á los accidentes que alteran más ó menos profundamente el trazado teórico de la historia. En anatomía y fisiología, por ejemplo, se dibuja el esquema rectilíneo de un órgano ó aparato para explicar con eficacia mayor sus formas ó funciones; la «fisiognomonía» caracteriza el juego de los músculos expresivos de las emociones con rasgos precisos y rígidos, bosquejando una cara humana con cuatro ó cinco rectas esenciales: claro está que con ello no se pretende representar la imagen exacta y compleja de una fisonomía ó de un órgano, los cuales jamás contienen el elemento rectilíneo. Lo propio ocurre en estos ensayos de síntesis sociales: se acentúa un rasgo característico y se omiten los accesorios, en gracia de la sencillez y brevedad, pero sin pretender á la semejanza completa. Además, en estos bosquejos provisorios, es fuerza fijar é inmovilizar un estado general correspondiente á un período preciso y significativo, descuidando las lentas deformaciones que son obra incesante del tiempo y constituyen la evolución de un grupo nacional.Por distante y aislado que estuviera, Chile no vivía solo en el continente: de ahí ciertas influencias y modificaciones que nacían de las infiltraciones vecinales, cuando no de las guerrasde invasión ó conquista. Á pesar ó en razón misma de su concentración mediterránea en lo político y social, no podía dejar de fomentar el movimiento comercial europeo que le traía los elementos vitales de que carecía, en cambio de las materias primeras, cuya explotación y exportación eran su fuente de recursos: de ahí el desarrollo material de Valparaíso y demás ciudades litorales, cuyo contacto y corriente exótica introducían en la masa colonial un fermento transformador. Entre Santiago y Valparaíso la diferencia de naturaleza era tan profunda, que debía mantener vivo por mucho tiempo el antagonismo. Irresistiblemente, la «democratización» había de penetrar por la vía marítima; y la comunicación con el extranjero ó la incorporación del forastero al grupo nativo tenía que crear la clase intermedia, contigua al pueblo por su origen humilde, mezclada á la aristocracia nativa por su fortuna. Activarían este movimiento «igualitario» la difusión inevitable de la educación, las propagandas del libro y de la prensa, los compromisos y promiscuidades imprescindibles de las contiendas electorales.—Por otra parte, las consecuencias sociales de las dos últimas guerras, exterior y civil, serán probablemente mucho más considerables que las políticas. Podría desde luego demostrarse que la primera ha traído á la segunda; y que la militarización, unida á la brusca inflación de las rentas fiscales por la anexión del territorio salitrero, ha generalizado el espíritu de ambición y aventura, junto al gusto del agio y de las satisfacciones materiales en una proporción antes desconocida. Sin aceptar las exageraciones é injusticias partidarias, creo que la administración Balmaceda señala un acceso de megalomanía nacional, fomentada por el gobierno, pero cuyos estragos morales sobrevivirán al desgraciado dictador. ¡De esa convulsión terrible noes sólo el papel de banco el que sale quebrantado! Tal vez la misma conquista peruana contenga el desquite futuro de los vencidos, y, guardadas las proporciones, pueda aplicarse en cierto modo al vencedor el verso terrible de Juvenal:Luxuria incubuit, victumque ulciscitur...Todo ello, y mucho más, habría de considerarse en una síntesis de la sociología chilena, para redondear los ángulos agudos de una apreciación tan somera como la que vengo ensayando. Sin embargo, todas las variaciones adventicias no alcanzan á destruir los caracteres fundamentales y específicos. Si los elementos arriba indicados son realmente característicos, tienen que ser duraderos, aunque no absolutamente fijos; y á despecho de todas las modificaciones subsiguientes, Chile debe aparecer en conjunto al observador imparcial, tal cual he podido inducirlo por su historia evolutiva que nuevamente resumo. Políticamente: un pueblo centralizado, con un poder ejecutivo predominante, una clase dirigente emanada de la aristocracia de raza y fortuna territorial. Socialmente: un pueblo amigo del orden y sometido á la autoridad legal, con fuerte estructura orgánica y todas las cualidades y defectos de un patriotismo exagerado, casi español; práctico por el espíritu y la conducta; probo y severo en su administración; con horizontes intelectuales proporcionados á los materiales; concienzudo, laborioso, perseverante; económico, primero por necesidad y luego por hábito. En suma, una nación más intrínsecamente completa que sus hermanas del continente,—es decir, que ya ha pasado para ella el período de mayor crecimiento;—predestinada por su organización y fibra viril á ser vencedora de su vecina del Pacífico, cuya riqueza al alcance de la mano era una tentación tanto más irritante cuanto más segura erala presa. Un pueblo de tanta sensatez nativa, sin embargo, que contempla él mismo y confiesa ya la influencia perniciosa de la conquista, y que, prudente en los límites del honor nacional, parece sincera y verdaderamente curado de nuevas veleidades invasoras.En sus grandes líneas fisonómicas, tal había visto al pueblo chileno antes de rozarme con él. Si, lo repito, mis inducciones son exactas, han de concordar con mis actuales observaciones. Bien sé que no he podido verlo todo ni estudiar nada bien; por más que en un país centralizado el estudio de la capital sea de importancia incomparable, comprendo que éste no basta, aunque le agregue rápidas correrías en los departamentos vecinos y algunas visitas á Valparaíso y demás pueblos litorales del tránsito. Con todo, los sondajes esparcidos en una vasta extensión del país y multiplicados en su centro pueden suministrar una base no despreciable para el estudio. No pueden tacharse de erróneas las conclusiones por el mero hecho de no corresponder sino á una proporción muy reducida de experimentos parciales respecto de la totalidad. Si hay mil bolillas de diversos colores mezcladas en una urna, y, extrayéndolas al azar, se obtiene una serie de diez bolillas iguales, puédese afirmar matemáticamente, sin más averiguación, que las de dicho color constituyen la inmensa mayoría.En las páginas siguientes presentaré al lector algunos resultados de mi extracción.

DEL PLATA AL NIÁGARAICHILELA ESTRUCTURA NACIONALDel cerro andino cuya meseta terminal separa las vertientes argentina y chilena, manan los dos arroyos que, al engrosar en breve su caudal propio con diez corrientes adventicias, dilatarán en la hoya respectiva su faja sinuosa hasta venir á ser los ríos de Mendoza y Aconcagua.¡Aquí elrendez-vousde las prosopopeyas y frases hechas! Retórica obliga. Se llega cansado, hambriento, aterido y abrumado por la trasnochada á mula; harto de valles y quebradas uniformemente pintorescos, con la misma a «sierpe de plata» que se retuerce entre peñascos, reverberando al sol sus móviles escamas. Horas hace que no se alzan los ojos hacia las areniscas y conglomerados de la serranía; nos han fatigado hasta las visiones fantásticas que el crepúsculo y la distancia evocan:ruinas de castillos y catedrales disformes cuyos sillares colosales fueran los estratos ondulantes, remedando las estrías verticales de la roca ya góticas columnatas sin bóveda visible, ya juegos monstruosos de órganos para el Juicio final—con las nevadas cúpulas del Tupungato y Aconcagua sobre el poniente lívido ... No importa: es asunto entendido que, al pisar la cumbre, Perrichón ha estallado en gritos sublimes: «¡Dios! ¡Providencia! ¡Inmensidad! ¡Eternidad! ¡¡Oh!!..» Todo lo cual será redactado, tres días después, en un confortable hotel de Valparaíso, ¡y bien empenachado de signos admirativos!La cordillera es imponente y bella; pero la cumbre no es más que su peldaño final, el menos interesante de todos; se la salva sin verla, embotados los sentidos por lo prolongado de la misma sensación. Por lo demás, así en lo físico como en lo moral, el último paso no conmueve ni sorprende: ha sido previsto, anunciado, descontado. Cuando la fortuna, el amor, la gloria cumplen al fin su gran promesa, llegan demasiado tarde; nos hemos saciado con la ilusión, la realidad nos deja tristes. Las emociones preliminares han agotado de antemano la del triunfo; la fruta madura tiene resabio de ceniza, y el destino nos brinda la copa llena cuando ya no tenemos sed.—En sí mismo, el paisaje carece de variedad y hasta de majestad. El paso de la Iglesia y la cumbre del Bermejo, á pesar de su altitud absoluta, son dos boquetes ó portillos, dos depresiones entre alturas mayores: es mediocre el horizonte contemplado. El cerro próximo, descarnado y sombrío, corta duramente el azul metálico del cielo; en los repliegues de la roca, algunas chapas de nieve hacen centellear sus agujas finísimas, cual hojuelas de mica; asoma la arcilla húmeda y negruzca debajo de la capa fundente: ello es la «corona inmaculada» de la poesía de bufete. Interminablemente,á lo largo de la senda estrecha, desgarrando la delgada epidermis caliza, las vértebras de la cordillera se suceden en rosario de peñones; y se roza con el estribo la cornisa sublime que, desde el valle, admirábamos ayer.—Ni un asomo de vegetación, ni un grito de ave, ni una fuga de insecto entre las grietas. Allá abajo, en el fondo del abismo, como un lustroso rastro de babosa en una piedra obscura, el torrente coagulado en su quebrada se alarga indefinidamente, terso é inmóvil por la distancia, sin una arruga, sin un rumor; en el aire rarefacto, un principio de fatiga y ansiedad penosa acrecienta la impresión de abandono, de soledad, de inhospitalidad. El hombre no se siente aquí pequeño, como suele decirse: tiene la vaga conciencia de ser un punto extraño, un detalle chocante en un medio hostil. Es este un paisaje lunar, reino inviolado del silencio y de la muerte, en cuya atmósfera esterilizada y glacial nuestra vida terrestre procura en vano el más efímero asiento. Concibe la imaginación la grandeza salvaje, el horror sublime de una noche de invierno en estas soledades, cuando la tempestad de nieve desata los ventisqueros y arroja al precipicio los aludes erráticos: pero tales cataclismos no se perpetran para ojos humanos, así como las erupciones volcánicas de nuestro helado satélite ... Ahora, la tibia caricia del sol amigo, la solidez del piso que retumba bajo el casco del la mula, el silbido del arriero indiferente, al desvanecer toda inquietud en la cruzada, acentúan su vulgar monotonía. Durante la breve travesía de la planicie divisoria, la sensación dominante no es otra que el deseo de bajar y divisar la posta del Juncal. Como el Augusto de Corneille, se experimenta la nostalgia de la llanura:Et monté sur le faíte, on aspire à descendre...Entre tanto, con mi hábito de la observación interna, me doy cuenta de que el desarrollo del paisaje, además de su reproducción pintoresca en la imaginación, ha movido la reflexión que creía adormecida: descubro que he pensado, además de soñar. Lentamente, en el espíritu casi pasivo, se está elaborando un concepto general, una como transposición abstracta del panorama material, provocada inconscientemente por las semejanzas y contrastes de la doble vertiente andina, trepada y descendida desde Mendoza. Poco ó nada ha cambiado en la decoración natural, en el aspecto de los sitios. Los accidentes de la montaña permanecen casi idénticos á los de la hoya argentina. La implacable serenidad del cielo bíblico se aviene siempre con la severidad adusta de las quebradas grises é impone el mismo sentimiento de postración. Me ocurre que las separaciones políticas han de ser más sutiles que las de la naturaleza ... Pero, muy luego, percibo netamente cierto cambio inicial: se nota lo escarpado de la pendiente chilena por la aspereza mayor de la bajada y los saltos bruscos del arroyo Juncal, primer tributario del Aconcagua. La misma falda, en el descenso, exhibe una primera prueba del enorme desnivel: hacia la derecha, en la intersección de las pendientes del Portillo, una vasta laguna, llena hasta rebosar en su pila ovalada, despliega deliciosamente bajo el cielo azul el virgen cristal de sus ondas glaucas, que sólo bañan el ala de las aves de paso. ¡Encantadora sorpresa! Es la primera «sonrisa húmeda» de esa Iliada de piedra y el anuncio próximo de otra Cibeles enternecida. Á poco, en los declives del Juncal, la enjuta vegetación asoma como un vello ligero en las paredes lisas de la roca; las verbenas y llaretas tapizan ya las depresiones del terreno, y las calandrinas alzan sus flores de púrpura por sobre la masa herbácea de lascañadas. Después de los arbustos de matorral, arrayanes y espinos, primeros triunfadores de la aridez ambiente, crecen laboriosamente las hayas y acacias en las riberas más clementes; los cactos erizados, los cirios rígidos yerguen en las pendientes más ásperas sus candelabros verticales. Pero, en el Salto del Soldado, las parásitas y enredaderas se enlazan ahora en los troncos de las encinas y nogales; el río ha ensanchado más y más su cuenca ya irrigable; las acequias orillan alegremente el rudo sendero pedregoso. Entonces, bruscamente, una erupción de frondosidades invade el paisaje: sauces, olmos, castaños, todo el reino cultivado ha tomado posesión del suelo humedecido; los altos cortinajes de las alamedas limitan los alfalfares y viñedos; las casas de campo y blancas alquerías emergen de los trigales y praderas: y Santa Rosa de los Andes, dormida en su marco de festones vegetales, anuncia la entrada en el espléndido valle de Aconcagua, gloriosa diadema de la patria chilena, populoso y fecundo como un pedazo de Francia, y donde todos los plantíos de la zona templada prosperan magníficamente. En un trayecto de pocas leguas, la flora ha recorrido la escala que en la opuesta vertiente requiere varios días para trasponerse, desde los pobres sembrados de Uspallata hasta los opulentos dominios de Santa Fe y Buenos Aires. Algunas horas más y se entra en Valparaíso: en menos de un día se ha cruzado á todo Chile, de la cordillera hasta el mar.Desde el primer día, en efecto, hiere la vista esa diferencia fundamental entre las dos regiones: dos epítetos que parecen triviales, y son profundamente significativos, vagan constantemente en los labios, al recorrer la accidentada falda chilena y la vasta llanura argentina: todo lo que pertenece á la primera trae adherido el calificativo decircunscrito, con todas las ideasconexas de altura, rigidez, densidad; del propio modo que evoca la segunda todas las derivaciones de loilimitado: amplitud, espacio, desarrollo sin fin. Y lo característico de esas voces que creíamos provisionales, es que preesisten después del examen detenido y del doble estudio histórico y sociológico, cual si entrañaran una definición completa en su imperiosa brevedad. Veremos cómo, sin deliberación ni prejuicio, todas las conclusiones materiales y morales respecto de Chile tienen por rasgo definitivo lacondensación, del propio modo que las que á la Argentina se refieran evocan la noción opuesta deexpansión.En pocas leguas, antes de la confluencia del Putaendo, la adjunción del Juncal, del río Blanco y del Colorado han constituído al caudaloso Aconcagua, que riega copiosamente sus fértiles vertientes y, por cien canales abiertos que lo dejan casi exhausto, lleva la abundancia y la vida á las valiosas haciendas de Santa Rosa y San Felipe, rodea luego á Quillota, cada vez más lento y como deseoso de prolongar su obra fecunda, antes de cruzar la sierra de la costa y perderse en el mar. Como un pequeño Nilo, en su breve curso de 150 kilómetros ha derramado la prosperidad en toda la zona atravesada; aunque más y más detenida su velocidad inicial de torrente andino, tanto ha rectificado su curso que, salvo el sinuoso recodo de Quillota, el río casi sigue el camino más corto de su hoya; en un solo día ha concluído su misión benéfica desde la cordillera hasta el Océano. Compréndese que en esta faja estrecha y volcada hacia el Pacífico no haya espacio para los desiertos inmensos de la sabana argentina; y la comparación de esta corriente, tan bien empleada, con su antagónica de la vertiente opuesta se impone irresistiblemente. ¡Qué diferencia entre el laborioso Aconcagua y el río de Mendoza que abandonamosayer! Apenas bañada la mínima parte de la provincia natal, muy lejos aún del mar buscado, muy antes de cruzar la pampa sedienta, desfallece nuestra corriente «criolla» y se arrastra perezosa hasta perderse en una laguna cenagosa é inerte ...Poco á poco, alrededor de este núcleo material, vienen á envolverse mil datos y nociones fragmentarias, desprendidas de la sociología de ambos países: jirones de historia, geografía, estadística, política, que se enlazan en torno de la percepción presente como las lianas en un tronco secular. Al pronto, parece que la evolución general de los dos pueblos rivales pudiera simbolizarse con la carrera de los ríos divergentes que, naciendo en el mismo macizo y descendiendo casi por el mismo paralelo, desempeñan, en su curso tan breve, misión tan diferente y alcanzan tan diverso destino.—Frente á la evolución histórica del pueblo chileno, tan precisa y práctica en su marcha ascendente, se recuerda cuán dolorosa y contradictoria fuera la revolución argentina, siempre fluctuando entre los conflictos renacientes de la barbarie primitiva y la importada civilización, y remedando, con sus rápidos adelantos y sus bruscos retrocesos, los cataclismos elementales de un mundo en formación. Se admira involuntariamente el trazado tan neto y lógico de la primera, que forma cabal contraste con el tanteo penoso de la segunda; y, desde luego, se entra á desconfiar de que la exageración territorial, las realizaciones democráticas y liberales, el mismo incremento material sólo debido á la avenida europea, sean factores absolutos de grandeza nacional.Pero, la duda no se prolonga. Con sumar mentalmente á Santiago con Valparaíso y compararlas á la sola Buenos Aires, renace la convicción de que ésta representa un esfuerzo civilizadorque supera al de las otras agrupaciones urbanas de la América latina. Todos los extravíos pasados y presentes, lejos de aminorar este resultado, acentúan su importancia: si á esto se ha llegado luchando contra la corriente ¿qué no hubiera sido ayudándose con ella? Un lapso de medio siglo no es más que un día en la vida de los pueblos; y también es probable que se cumpla en sociología la ley biológica que proporciona el tiempo y los trabajos de la gestación á la longevidad é importancia del organismo engendrado. Volviendo entonces al punto departida, se descubre que el inmenso desierto argentino es la condición necesaria de esos colosos fluviales del Paraná y del Uruguay, depósitos de las grandes vertientes continentales, en cuyo seno se absorberían los Aconcaguas y Biobios sin alterar su nivel[1]. Por fin, sin dejar de aplaudir el espíritu de orden y economía que tan admirable partido ha sacado de un arroyo mediocre, se piensa que la misma corriente mendocina que vimos perderse en una travesía, embebe el subsuelo pampeano y contribuye á formar ese mar dulce que surgirá más tarde bajo la sonda del agricultor, continuando en otra forma y á la distancia su obra interrumpida de fertilización ...Además de este concepto fortuíto, el viajero penetra en Chile con un conjunto de nociones más ó menos exactas, desprendidas de sus lecturas é informaciones anteriores. Al pronto, todo ello se aglomera para constituir un juicioa priori, provisional y fluctuante en los detalles. Esta hipótesis debequedar flexible y rectificable; sin adelantar conclusión definitiva, sirve sobre todo para concretar las primeras impresiones confusas en torno de su núcleo consistente, del propio modo que un tronco de árbol en un delta favorece y activa el sedimento aluvial.Puede escribirse de un país extranjero después de residir en él varios años, viviendo mezclado é interesado el escritor en la evolución colectiva, estudiando sus accidentes externos é internos, respirando largamente la atmósfera nacional hasta conocer al pueblo y su territorio en su historia, en sus órganos vitales y sus manifestaciones significativas. Parece que este método fuera el único practicable y legítimo; lo es, en todo caso, para escribir un libro de conjunto y dejar un documento duradero, si no definitivo. El método del viajero es casi fatalmente incompleto y superficial. Puede, sin embargo, no carecer de utilidad, y hasta suele contener un elemento precioso, casi siempre debilitado por la estancia prolongada: el choque vivo y directo del contraste. Esta impresión instantánea y sincera, en que se procede por comparación explícita ó sobrentendida, logra adquirir un valor inapreciable, si es analizada inmediata y escrupulosamente por un espíritu reflexivo. La sensación diferencial es la más espontánea y segura de todas; todas las otras sensaciones pueden ser ilusorias, pero la que comprueba una diferencia contiene siempre un fondo de verdad. No son, pues, necesariamente frívolas y despreciables las observaciones del transeunte, siempre que se formulen con buena fe, apoyadas en algún conocimiento anterior del país recorrido y referidas á un término de comparación que no sea ni muy análogo ni harto distante.—No necesito decir que, en este rápido bosquejo de Chile, la base de referencia no ha de ser mi país natal, sino la República Argentina: tengo para ellotodas las razones de utilidad práctica y de conveniencia especulativa. Sobre un breve resumen de datos y rasgos significativos, procuraré asentar un juicio hipotético, una conclusión provisional, que someteré luego á la contraprueba de mis observaciones personales. Aunque fugaces y fragmentarias, éstas serán relativamente probantes si concuerdan con la teoría. No creo que exista otro método para que la impresión casi repentina del viajero que no es un simple descriptor alcance alguna eficacia documentaria. ¡Ojalá el que aquí habla no carezca en absoluto de perspicacia, como no le faltan la conciencia y la sinceridad, para que la observación directa y material sea una buena piedra de toque de las inducciones sacadas de la geografía y la historia!Entre los factores sociológicos, son primordiales los permanentes ó lentamente modificables: así el suelo y la raza. Son componentes del primero, además de la extensión y naturaleza del territorio, su configuración general y situación geográfica, que rigen su clima y producciones. Ahora bien, entre todos estos elementos, sólo uno es común á ambos países limítrofes; pero es tal su importancia, que basta por sí solo para señalar una línea indeleble de separación entre éstos y los restantes del continente austral. En el grupo de las repúblicas latino-americanas, Chile y la Argentina son las únicas comarcas de vasta extensión cuyo clima y latitud correspondan á los de la región central europea.Esta zona favorecida es la que parece, en la actualidad, plenamente adecuada á la civilización que llamaré «secundaria». México y el Perú, por ejemplo, han debido ser, por sus condiciones naturales, los asientos de la civilización primaria en América, lo propio que el Egipto y la India en el viejo mundo.—Noes imposible, por otra parte, que en un porvenir lejano se establezca sobre las ruinas de la actual otra civilización «terciaria», más independiente del calor solar y del medio ambiente, y cuyos límites se extiendan hacia las regiones glaciales del norte y del sud. Pero, en el período presente y el futuro divisable, es evidente que los órganos complejos de nuestra civilización, fundada en la división del trabajo y las concurrencias nacionales, no se desarrollan y funcionan plenamente sino allí donde el clima intermedio y tonificante torna productiva la labor material y estimula el ejercicio del pensamiento. Con la identidad originaria de la raza europea,—muy modificada ya,—la analogía geográfica es, pues, el primer elemento común á la Argentina y Chile. Casi todos los otros son diversos, si no antagónicos; y ello ha bastado para crear, en tres ó cuatro generaciones, dos variedades sociológicas americanas profundamente distintas. Empero, y desde luego, no parece dudoso que en el continente sudamericano la hegemonía deba pertenecer á los dos pueblos favorecidos.Para una población sensiblemente igual, que hoy mismo no alcanza á tres millones de nativos, la superficie de Chile (deduciendo las recientes anexiones) es la sexta parte de la República Argentina. Ahora bien, en el sentido americano, lo que significa la expresiónorganizarse nacionalmente, es, ocupar realmente el suelo bajo el triple aspecto demográfico, político y económico: abreviando las distancias despobladas y reduciendo los desiertos baldíos, multiplicando, por fin, las agrupaciones urbanas, ganglios sociológicos depositarios de la riqueza y transmisores de la civilización. La empresa acometida por uno y otro pueblo, durante el medio siglo de su evolución decisiva (1825-1875), ha sido, pues, tan desigual como la de dos propietarios que, con recursos presentes casiiguales, resolviesen amueblar y sostener sus casas respectivas, teniendo la una seis veces más capacidad y departamentos que la otra.Así, desde el principio de la Independencia, el formidable problema de la organización nacional se ha planteado de una manera incomparablemente más accesible y resoluble para Chile que para la Argentina. En tanto que su medianía territorial (sin vedarle, como al Uruguay, las grandes ambiciones patrióticas) facilitaba una relativa condensación demográfica en los valles productores, su enorme alejamiento de Europa disminuía singularmente sus aptitudes como país de colonización. Á trueque de esta causa de lentitud en el desenvolvimiento económico podía alcanzar un grado mayor de homogeneidad y cohesión en su estructura social. El principio y el fin de cualquier estudio comparativo entre ambos países está resumido en esa última frase; todo lo que precede y seguirá no es sino su comentario.Al hablar de la raza chilena, no debe confundirse la clase dirigente con la masa popular: si aquella capa superior es análoga por su origen á la correspondiente en las otras repúblicas hispano-americanas, no así la muchedumbre suburbana y rural. Al paso que la infiltración europea—fuera de la española primitiva—era muy escasa en el grupo superior chileno, es bien evidente que en la masa popular su mezcla infinitesimal no merece tenerse en cuenta. El dato demográfico que debe dominar constantemente todo paralelo entre estos pueblos limítrofes, es el siguiente: según el último censo de 1885, Chile contaba entonces, en todo su territorio, 26.241 europeos; ahora bien, ¡en el solo quindenio de 1871-1886se han establecidoen la República Argentina 650.000 extranjeros! Epilogad y reducid cuanto queráis: el rasgo diferencialqueda indeleble, y es tan significativo que, lo repito, debe anteponerse á cualquiera otra consideración sociológica. Durante el solo año de 1884, por ejemplo, la Argentina se anexaba por la pacífica inmigración un número de agricultores europeos mayor que el de los peruanos y bolivianos amarrados á Chile por los resultados de la guerra. Admitiendo que ambos grupos anexos se hayan reproducido en proporción igual: ved ahí, por una parte, un contingente de chileno-peruanos, y por otra, un grupo igual de argentino-europeos, agregados al núcleo nacional respectivo: la consecuencia no ha de ser idéntica.Es así como las leyes naturales de territorio y situación han creado las variedades sociológicas que con el tiempo, factor omnipotente, tendrán que acentuarse más y más. Mientras que la Argentina podía esperar los resultados de su evolución social por la mezcla é infiltración europeas, en Chile la necesidad desarrollaba en el propio seno, y casi con los solos elementos nativos, las aptitudes industriales, las virtualidades materiales é intelectuales, que forman la compleja estructura indispensable para la vida de un moderno organismo político. Siendo Chile una faja «de gran longura» y mediocre extensión entre la cordillera y el mar, tuvo su pueblo que procurar laboriosamente su desarrollo, ocupando la costa, surcando el océano civilizador, atacando la montaña receladora de tesoros ocultos, apropiando, por último, la zona intermedia y los valles centrales á la alimentación del grupo entero. Todo fachada sobre el Pacífico, ha sido marino, dedicado al tráfico internacional, y, á las veces, preparado para las conquistas litorales; al hacerle minero, la cordillera, que protegía su espalda é invadía su territorio escaso, le impuso también la obligación, como le enseñó los medios, de cultivar intensamente el suelo ingrato,abriendo sendas y canales, cortando, cavando, nivelando, luchando victoriosamente con la estéril arena y la roca enemiga. El aislamiento y la pobreza, por fin, acostumbrándole de antiguo á bastarse á sí mismo, fomentaron su tendencia fabril; y este propietario de las islas de Juan Fernández parecía en verdad predestinado á realizar en América el tipo nacional de Robinson. Agricultor, marino, industrial: sin influencias externas ni mezclas exóticas, ascendió rápidamente á una situación sociológica superior á la de otros pueblo más ricos, casi exclusivamente pastores ó expendedores de productos preciosos.Al propio tiempo que las leyes permanentes de la raza y del medio delineaban los rasgos fundamentales de la fisonomía chilena, la ausencia de la gran inmigración europea, innovadora y perturbadora de la tradición, permitió conservar casi intacto el edificio colonial, sin más que cambiar la inscripción de su portada. La revolución chilena quedó exterior en sus causas y sus efectos: un ejército argentino cortó definitivamente el cordón umbilical que ataba la colonia á su metrópoli; y esta rápida operación, lejos de arrasar con lo existente lo mantuvo en pie, reduciendo el cambio de estado á un acto de emancipación y á la toma de posesión del país por los nativos. El dictador O’Higgins casi pudiera creer que recibía y administraba la herencia política de su ilustre padre, el fundador de Santa Rosa y Vallenar. Todo concurría, pues, á perpetuar la dualidad originaria del pueblo chileno: una clase dirigente en la punta de la pirámide, una masa anónima y sumisa abajo, con una faja de separación casi insalvable: así, en el cerro de Aconcagua, la zona amorfa de arenisca impide que se confunda el conglomerado de la base con las estrías del vértice. De suerte que, después de un breve extravío democráticoy un experimento único de federalismo que produjeron la anarquía y bastaron á demostrar su falta de adecuación, elaboróse una constitución resueltamente centralista,—tan poco democrática, que las dos fracciones del grupo dirigente se han sucedido en el poder sin alterar la forma constitutiva; tan poco republicana en el fondo, que las facultades del presidente, unidas á la reelección indefinida—antes de la reforma de 1871—y á su irresponsabilidad inmediata, eran más importantes y absorbentes que las de un monarca constitucional.Conviene insistir en este consorcio armónico de la raza y la estructura originaria con las circunstancias y las instituciones políticas, en esta feliz apropiación del pueblo chileno al medio ambiente, porque ello da la clave de esa evolución ulterior, que, con la colonia más lejana y pobre del dominio español, ha hecho al pueblo más civilizado y fuerte del Pacífico: á la nación que en cincuenta años de labor incesante y administración honrada, tenía ya alcanzada la legítima hegemonía moral en esta vertiente de los Andes, mucho antes que la conquista militar le agregara su sanción brutal. Votada sin grandes disidencias, después del sangriento conflicto que diera el triunfo al partido conservador, la constitución unitaria del año 33 ha quedado subsistente en sus grandes lineamientos, precisamente porque no era más que la consagración legal del orden político históricamente establecido. La accesión al poder del partido liberal no ha sido la señal de destrucción de la constitución conservadora: han bastado algunas reformas parciales y paulatinas para completar su adaptación. En lugar de las veinte constituciones de papel que, en el pueblo vecino, se volaban arrebatadas por cada tormenta anárquica, se ha podido aquí, una vez por todas, esculpir en el granito la carta fundamental;porque ésta no era una concepción artificial y postiza, una ley teórica encargada de modelar las costumbres de todo un pueblo, sino la reglamentación de los hábitos y tendencias seculares. Es posible que el molde ideado ó copiado por los legisladores argentinos fuera superior al chileno; pero éste fué hecho por medida y, sin esfuerzo ni sufrimiento, han podido vaciarse en él las generaciones sucesivas.—Una población centralizada y relativamente compacta; un grupo superior apoyado en el clero católico, muestra y modelo de las jerarquías, y apoyando á la vez sus pretensiones tradicionales; un gobierno elegido periódicamente en la sola clase privilegiada, rica y noble, que llevaba al poder sus tradiciones domésticas de honradez administrativa, y que no podía buscar en el mando la fortuna ó la satisfacción vanidosa que poseía desde la cuna; la existencia originaria de dos partidos antagónicos, pero extraídos de la misma clase superior y cuya rivalidad abierta era menos un peligro que una garantía; abajo, la muchedumbre innominada, vinculada al terruño, á la mina, al taller, sin más sentimiento común con la aristocracia que el mismo patriotismo exaltado é intransigente, tan pujante en el patricio que sacrifica fortuna y vida por la grandeza nacional, como en elrotohumilde que vierte su sangre por una tierra que nunca le perteneció, y pelea por instinto de raza como sus antepasados del Arauco: tales son las grandes estratificaciones de la masa chilena, que la organización política y la historia han contribuído á solidificar.No hay aquí espacio ilimitado, ni horizonte misterioso y tentador; nada, por tanto, que se parezca á la libre y feliz vagancia del gaucho argentino en sus desiertos pampeanos ó en sus montes «arribeños». Cada hombre del pueblo nace obrero, inquilino, peón,rotodel campo ó del suburbio; todos tienenpatrón, son moléculas de un fragmento compacto, pertenecen á unagensurbana ó territorial. Para mantener incólume contra la infiltración externa tan anticuado edificio, no bastaban los tradicionales hábitos de sumisión, fomentados por las supersticiones y la ignorancia popular, hasta hoy tolerada fuera de las ciudades: era necesario que todas las influencias ambientes y todos los resortes internos conspirasen al mismo fin. Por el lado extranjero: la distancia de Europa, la pronta ocupación del suelo, la escasez de buenas tierras disponibles y el desarrollo industrial criollo, mantenían desviada hacia el Plata la gran corriente inmigratoria é impedían la formación de una numerosa clase media; por el lado popular: la raza enérgica, el clima tonificante, la labor penosa de la montaña y del mar habían forjado una masa proletaria sufrida y ruda, capaz de disputar el suelo al inmigrante agricultor ó sostener contra el obrero europeo la lucha por la vida,—instrumento excelente en la guerra como en la paz, siempre que su arrojo brutal encontrara el saqueo como premio y corolario de la victoria, y se le permitiera devastar las comarcas opulentas que sus dueños enervados ó disolutos no sabrían defender. Por el lado dirigente, por fin: junto al lujo, á las pretensiones nobiliarias, á las distinciones de clase, á los mayorazgos y las vinculaciones, á las preocupaciones de raza y religión, á todas las vanidades prestigiosas que van desapareciendo,—han subsistido las verdaderas condiciones y salvaguardias de las aristocracias: el voto restricto; la ilustración y la autoridad moral; los grandes fundos productivos; la concentración del grupo gobernante en una capital mediterránea, lejos del contacto europeo y comercial; la ausencia casi completa de clase media, por exclusión, no como en otra parte, por confusión y mezcla de los rasgos sociales. Tal es la fuerte organización históricaque ha hecho al Chile actual, ó más exactamente al anterior á las últimas guerras: es decir, al primer pueblo de Sud-América, si se tuviera sólo en cuenta el desarrollo normal y la estructura coherente de la nacionalidad.Advertid que este pueblo ha llegado al período adulto antes que todos sus vecinos, bastándose á sí propio casi completamente en su territorio, primitivamente el más pobre del dominio español. Ha creado con su propia substancia ó la rápida é inteligente iniciación, su administración moralmente ejemplar, su ejército y su marina, cuyas campañas han despertado la atención del mundo; sus industrias mineras y agrícolas, durante un medio siglo de orden interno que le ha conquistado en los mercados europeos, antes que la gloria militar, esa gloria económica que se llama el crédito. Además, ha llevado á las especulaciones más altas y desinteresadas que constituyen propiamente la civilización, sus cualidades nativas de conciencia juiciosa y paciente laboriosidad. Sin duda, hanle faltado, no sólo el genio, la llama sagrada, la originalidad soberana,—como á los otros pueblos americanos,—sino la gracia elegante y el mismo gusto artístico: el numen de Bello, descolorido y frío como el agua, ha presidido á sus inspiraciones. Pero en las ciencias aplicadas, en la historia y en el derecho ha seguido con paso mesurado y seguro las huellas de los maestros. Su propia escuela de pintura y escultura revela cualidades y aptitudes de disciplina poco comunes en América. Sus Facultades profesionales é Institutos superiores ó secundarios parecen igualmente dignos de aprecio por su administración y sus estudios. En suma, este país posee en pleno desarrollo todos los órganos necesarios al funcionamiento social: los que han quedado embrionarios ó faltan por completo no son indispensables. No está demostrado que una nación, aunen América, tenga que ser una democracia ateniense, ni siquiera una república; y si Chile hubiera de continuar siendo una aristocracia utilitaria más ó menos abierta, convendría estudiarlo imparcialmente desde ese punto de vista, sin tener desde luego por inferioridad lo que sólo revela al pronto una diversidad.Las líneas generales y las deducciones abstractas no pueden forzosamente representar más que el esqueleto de un organismo tan vasto y complejo como lo es una sociedad; no dan cabida á los accidentes que alteran más ó menos profundamente el trazado teórico de la historia. En anatomía y fisiología, por ejemplo, se dibuja el esquema rectilíneo de un órgano ó aparato para explicar con eficacia mayor sus formas ó funciones; la «fisiognomonía» caracteriza el juego de los músculos expresivos de las emociones con rasgos precisos y rígidos, bosquejando una cara humana con cuatro ó cinco rectas esenciales: claro está que con ello no se pretende representar la imagen exacta y compleja de una fisonomía ó de un órgano, los cuales jamás contienen el elemento rectilíneo. Lo propio ocurre en estos ensayos de síntesis sociales: se acentúa un rasgo característico y se omiten los accesorios, en gracia de la sencillez y brevedad, pero sin pretender á la semejanza completa. Además, en estos bosquejos provisorios, es fuerza fijar é inmovilizar un estado general correspondiente á un período preciso y significativo, descuidando las lentas deformaciones que son obra incesante del tiempo y constituyen la evolución de un grupo nacional.Por distante y aislado que estuviera, Chile no vivía solo en el continente: de ahí ciertas influencias y modificaciones que nacían de las infiltraciones vecinales, cuando no de las guerrasde invasión ó conquista. Á pesar ó en razón misma de su concentración mediterránea en lo político y social, no podía dejar de fomentar el movimiento comercial europeo que le traía los elementos vitales de que carecía, en cambio de las materias primeras, cuya explotación y exportación eran su fuente de recursos: de ahí el desarrollo material de Valparaíso y demás ciudades litorales, cuyo contacto y corriente exótica introducían en la masa colonial un fermento transformador. Entre Santiago y Valparaíso la diferencia de naturaleza era tan profunda, que debía mantener vivo por mucho tiempo el antagonismo. Irresistiblemente, la «democratización» había de penetrar por la vía marítima; y la comunicación con el extranjero ó la incorporación del forastero al grupo nativo tenía que crear la clase intermedia, contigua al pueblo por su origen humilde, mezclada á la aristocracia nativa por su fortuna. Activarían este movimiento «igualitario» la difusión inevitable de la educación, las propagandas del libro y de la prensa, los compromisos y promiscuidades imprescindibles de las contiendas electorales.—Por otra parte, las consecuencias sociales de las dos últimas guerras, exterior y civil, serán probablemente mucho más considerables que las políticas. Podría desde luego demostrarse que la primera ha traído á la segunda; y que la militarización, unida á la brusca inflación de las rentas fiscales por la anexión del territorio salitrero, ha generalizado el espíritu de ambición y aventura, junto al gusto del agio y de las satisfacciones materiales en una proporción antes desconocida. Sin aceptar las exageraciones é injusticias partidarias, creo que la administración Balmaceda señala un acceso de megalomanía nacional, fomentada por el gobierno, pero cuyos estragos morales sobrevivirán al desgraciado dictador. ¡De esa convulsión terrible noes sólo el papel de banco el que sale quebrantado! Tal vez la misma conquista peruana contenga el desquite futuro de los vencidos, y, guardadas las proporciones, pueda aplicarse en cierto modo al vencedor el verso terrible de Juvenal:Luxuria incubuit, victumque ulciscitur...Todo ello, y mucho más, habría de considerarse en una síntesis de la sociología chilena, para redondear los ángulos agudos de una apreciación tan somera como la que vengo ensayando. Sin embargo, todas las variaciones adventicias no alcanzan á destruir los caracteres fundamentales y específicos. Si los elementos arriba indicados son realmente característicos, tienen que ser duraderos, aunque no absolutamente fijos; y á despecho de todas las modificaciones subsiguientes, Chile debe aparecer en conjunto al observador imparcial, tal cual he podido inducirlo por su historia evolutiva que nuevamente resumo. Políticamente: un pueblo centralizado, con un poder ejecutivo predominante, una clase dirigente emanada de la aristocracia de raza y fortuna territorial. Socialmente: un pueblo amigo del orden y sometido á la autoridad legal, con fuerte estructura orgánica y todas las cualidades y defectos de un patriotismo exagerado, casi español; práctico por el espíritu y la conducta; probo y severo en su administración; con horizontes intelectuales proporcionados á los materiales; concienzudo, laborioso, perseverante; económico, primero por necesidad y luego por hábito. En suma, una nación más intrínsecamente completa que sus hermanas del continente,—es decir, que ya ha pasado para ella el período de mayor crecimiento;—predestinada por su organización y fibra viril á ser vencedora de su vecina del Pacífico, cuya riqueza al alcance de la mano era una tentación tanto más irritante cuanto más segura erala presa. Un pueblo de tanta sensatez nativa, sin embargo, que contempla él mismo y confiesa ya la influencia perniciosa de la conquista, y que, prudente en los límites del honor nacional, parece sincera y verdaderamente curado de nuevas veleidades invasoras.En sus grandes líneas fisonómicas, tal había visto al pueblo chileno antes de rozarme con él. Si, lo repito, mis inducciones son exactas, han de concordar con mis actuales observaciones. Bien sé que no he podido verlo todo ni estudiar nada bien; por más que en un país centralizado el estudio de la capital sea de importancia incomparable, comprendo que éste no basta, aunque le agregue rápidas correrías en los departamentos vecinos y algunas visitas á Valparaíso y demás pueblos litorales del tránsito. Con todo, los sondajes esparcidos en una vasta extensión del país y multiplicados en su centro pueden suministrar una base no despreciable para el estudio. No pueden tacharse de erróneas las conclusiones por el mero hecho de no corresponder sino á una proporción muy reducida de experimentos parciales respecto de la totalidad. Si hay mil bolillas de diversos colores mezcladas en una urna, y, extrayéndolas al azar, se obtiene una serie de diez bolillas iguales, puédese afirmar matemáticamente, sin más averiguación, que las de dicho color constituyen la inmensa mayoría.En las páginas siguientes presentaré al lector algunos resultados de mi extracción.

DEL PLATA AL NIÁGARA

CHILE

LA ESTRUCTURA NACIONAL

Del cerro andino cuya meseta terminal separa las vertientes argentina y chilena, manan los dos arroyos que, al engrosar en breve su caudal propio con diez corrientes adventicias, dilatarán en la hoya respectiva su faja sinuosa hasta venir á ser los ríos de Mendoza y Aconcagua.

¡Aquí elrendez-vousde las prosopopeyas y frases hechas! Retórica obliga. Se llega cansado, hambriento, aterido y abrumado por la trasnochada á mula; harto de valles y quebradas uniformemente pintorescos, con la misma a «sierpe de plata» que se retuerce entre peñascos, reverberando al sol sus móviles escamas. Horas hace que no se alzan los ojos hacia las areniscas y conglomerados de la serranía; nos han fatigado hasta las visiones fantásticas que el crepúsculo y la distancia evocan:ruinas de castillos y catedrales disformes cuyos sillares colosales fueran los estratos ondulantes, remedando las estrías verticales de la roca ya góticas columnatas sin bóveda visible, ya juegos monstruosos de órganos para el Juicio final—con las nevadas cúpulas del Tupungato y Aconcagua sobre el poniente lívido ... No importa: es asunto entendido que, al pisar la cumbre, Perrichón ha estallado en gritos sublimes: «¡Dios! ¡Providencia! ¡Inmensidad! ¡Eternidad! ¡¡Oh!!..» Todo lo cual será redactado, tres días después, en un confortable hotel de Valparaíso, ¡y bien empenachado de signos admirativos!

La cordillera es imponente y bella; pero la cumbre no es más que su peldaño final, el menos interesante de todos; se la salva sin verla, embotados los sentidos por lo prolongado de la misma sensación. Por lo demás, así en lo físico como en lo moral, el último paso no conmueve ni sorprende: ha sido previsto, anunciado, descontado. Cuando la fortuna, el amor, la gloria cumplen al fin su gran promesa, llegan demasiado tarde; nos hemos saciado con la ilusión, la realidad nos deja tristes. Las emociones preliminares han agotado de antemano la del triunfo; la fruta madura tiene resabio de ceniza, y el destino nos brinda la copa llena cuando ya no tenemos sed.—En sí mismo, el paisaje carece de variedad y hasta de majestad. El paso de la Iglesia y la cumbre del Bermejo, á pesar de su altitud absoluta, son dos boquetes ó portillos, dos depresiones entre alturas mayores: es mediocre el horizonte contemplado. El cerro próximo, descarnado y sombrío, corta duramente el azul metálico del cielo; en los repliegues de la roca, algunas chapas de nieve hacen centellear sus agujas finísimas, cual hojuelas de mica; asoma la arcilla húmeda y negruzca debajo de la capa fundente: ello es la «corona inmaculada» de la poesía de bufete. Interminablemente,á lo largo de la senda estrecha, desgarrando la delgada epidermis caliza, las vértebras de la cordillera se suceden en rosario de peñones; y se roza con el estribo la cornisa sublime que, desde el valle, admirábamos ayer.—Ni un asomo de vegetación, ni un grito de ave, ni una fuga de insecto entre las grietas. Allá abajo, en el fondo del abismo, como un lustroso rastro de babosa en una piedra obscura, el torrente coagulado en su quebrada se alarga indefinidamente, terso é inmóvil por la distancia, sin una arruga, sin un rumor; en el aire rarefacto, un principio de fatiga y ansiedad penosa acrecienta la impresión de abandono, de soledad, de inhospitalidad. El hombre no se siente aquí pequeño, como suele decirse: tiene la vaga conciencia de ser un punto extraño, un detalle chocante en un medio hostil. Es este un paisaje lunar, reino inviolado del silencio y de la muerte, en cuya atmósfera esterilizada y glacial nuestra vida terrestre procura en vano el más efímero asiento. Concibe la imaginación la grandeza salvaje, el horror sublime de una noche de invierno en estas soledades, cuando la tempestad de nieve desata los ventisqueros y arroja al precipicio los aludes erráticos: pero tales cataclismos no se perpetran para ojos humanos, así como las erupciones volcánicas de nuestro helado satélite ... Ahora, la tibia caricia del sol amigo, la solidez del piso que retumba bajo el casco del la mula, el silbido del arriero indiferente, al desvanecer toda inquietud en la cruzada, acentúan su vulgar monotonía. Durante la breve travesía de la planicie divisoria, la sensación dominante no es otra que el deseo de bajar y divisar la posta del Juncal. Como el Augusto de Corneille, se experimenta la nostalgia de la llanura:

Et monté sur le faíte, on aspire à descendre...

Entre tanto, con mi hábito de la observación interna, me doy cuenta de que el desarrollo del paisaje, además de su reproducción pintoresca en la imaginación, ha movido la reflexión que creía adormecida: descubro que he pensado, además de soñar. Lentamente, en el espíritu casi pasivo, se está elaborando un concepto general, una como transposición abstracta del panorama material, provocada inconscientemente por las semejanzas y contrastes de la doble vertiente andina, trepada y descendida desde Mendoza. Poco ó nada ha cambiado en la decoración natural, en el aspecto de los sitios. Los accidentes de la montaña permanecen casi idénticos á los de la hoya argentina. La implacable serenidad del cielo bíblico se aviene siempre con la severidad adusta de las quebradas grises é impone el mismo sentimiento de postración. Me ocurre que las separaciones políticas han de ser más sutiles que las de la naturaleza ... Pero, muy luego, percibo netamente cierto cambio inicial: se nota lo escarpado de la pendiente chilena por la aspereza mayor de la bajada y los saltos bruscos del arroyo Juncal, primer tributario del Aconcagua. La misma falda, en el descenso, exhibe una primera prueba del enorme desnivel: hacia la derecha, en la intersección de las pendientes del Portillo, una vasta laguna, llena hasta rebosar en su pila ovalada, despliega deliciosamente bajo el cielo azul el virgen cristal de sus ondas glaucas, que sólo bañan el ala de las aves de paso. ¡Encantadora sorpresa! Es la primera «sonrisa húmeda» de esa Iliada de piedra y el anuncio próximo de otra Cibeles enternecida. Á poco, en los declives del Juncal, la enjuta vegetación asoma como un vello ligero en las paredes lisas de la roca; las verbenas y llaretas tapizan ya las depresiones del terreno, y las calandrinas alzan sus flores de púrpura por sobre la masa herbácea de lascañadas. Después de los arbustos de matorral, arrayanes y espinos, primeros triunfadores de la aridez ambiente, crecen laboriosamente las hayas y acacias en las riberas más clementes; los cactos erizados, los cirios rígidos yerguen en las pendientes más ásperas sus candelabros verticales. Pero, en el Salto del Soldado, las parásitas y enredaderas se enlazan ahora en los troncos de las encinas y nogales; el río ha ensanchado más y más su cuenca ya irrigable; las acequias orillan alegremente el rudo sendero pedregoso. Entonces, bruscamente, una erupción de frondosidades invade el paisaje: sauces, olmos, castaños, todo el reino cultivado ha tomado posesión del suelo humedecido; los altos cortinajes de las alamedas limitan los alfalfares y viñedos; las casas de campo y blancas alquerías emergen de los trigales y praderas: y Santa Rosa de los Andes, dormida en su marco de festones vegetales, anuncia la entrada en el espléndido valle de Aconcagua, gloriosa diadema de la patria chilena, populoso y fecundo como un pedazo de Francia, y donde todos los plantíos de la zona templada prosperan magníficamente. En un trayecto de pocas leguas, la flora ha recorrido la escala que en la opuesta vertiente requiere varios días para trasponerse, desde los pobres sembrados de Uspallata hasta los opulentos dominios de Santa Fe y Buenos Aires. Algunas horas más y se entra en Valparaíso: en menos de un día se ha cruzado á todo Chile, de la cordillera hasta el mar.

Desde el primer día, en efecto, hiere la vista esa diferencia fundamental entre las dos regiones: dos epítetos que parecen triviales, y son profundamente significativos, vagan constantemente en los labios, al recorrer la accidentada falda chilena y la vasta llanura argentina: todo lo que pertenece á la primera trae adherido el calificativo decircunscrito, con todas las ideasconexas de altura, rigidez, densidad; del propio modo que evoca la segunda todas las derivaciones de loilimitado: amplitud, espacio, desarrollo sin fin. Y lo característico de esas voces que creíamos provisionales, es que preesisten después del examen detenido y del doble estudio histórico y sociológico, cual si entrañaran una definición completa en su imperiosa brevedad. Veremos cómo, sin deliberación ni prejuicio, todas las conclusiones materiales y morales respecto de Chile tienen por rasgo definitivo lacondensación, del propio modo que las que á la Argentina se refieran evocan la noción opuesta deexpansión.

En pocas leguas, antes de la confluencia del Putaendo, la adjunción del Juncal, del río Blanco y del Colorado han constituído al caudaloso Aconcagua, que riega copiosamente sus fértiles vertientes y, por cien canales abiertos que lo dejan casi exhausto, lleva la abundancia y la vida á las valiosas haciendas de Santa Rosa y San Felipe, rodea luego á Quillota, cada vez más lento y como deseoso de prolongar su obra fecunda, antes de cruzar la sierra de la costa y perderse en el mar. Como un pequeño Nilo, en su breve curso de 150 kilómetros ha derramado la prosperidad en toda la zona atravesada; aunque más y más detenida su velocidad inicial de torrente andino, tanto ha rectificado su curso que, salvo el sinuoso recodo de Quillota, el río casi sigue el camino más corto de su hoya; en un solo día ha concluído su misión benéfica desde la cordillera hasta el Océano. Compréndese que en esta faja estrecha y volcada hacia el Pacífico no haya espacio para los desiertos inmensos de la sabana argentina; y la comparación de esta corriente, tan bien empleada, con su antagónica de la vertiente opuesta se impone irresistiblemente. ¡Qué diferencia entre el laborioso Aconcagua y el río de Mendoza que abandonamosayer! Apenas bañada la mínima parte de la provincia natal, muy lejos aún del mar buscado, muy antes de cruzar la pampa sedienta, desfallece nuestra corriente «criolla» y se arrastra perezosa hasta perderse en una laguna cenagosa é inerte ...

Poco á poco, alrededor de este núcleo material, vienen á envolverse mil datos y nociones fragmentarias, desprendidas de la sociología de ambos países: jirones de historia, geografía, estadística, política, que se enlazan en torno de la percepción presente como las lianas en un tronco secular. Al pronto, parece que la evolución general de los dos pueblos rivales pudiera simbolizarse con la carrera de los ríos divergentes que, naciendo en el mismo macizo y descendiendo casi por el mismo paralelo, desempeñan, en su curso tan breve, misión tan diferente y alcanzan tan diverso destino.—Frente á la evolución histórica del pueblo chileno, tan precisa y práctica en su marcha ascendente, se recuerda cuán dolorosa y contradictoria fuera la revolución argentina, siempre fluctuando entre los conflictos renacientes de la barbarie primitiva y la importada civilización, y remedando, con sus rápidos adelantos y sus bruscos retrocesos, los cataclismos elementales de un mundo en formación. Se admira involuntariamente el trazado tan neto y lógico de la primera, que forma cabal contraste con el tanteo penoso de la segunda; y, desde luego, se entra á desconfiar de que la exageración territorial, las realizaciones democráticas y liberales, el mismo incremento material sólo debido á la avenida europea, sean factores absolutos de grandeza nacional.

Pero, la duda no se prolonga. Con sumar mentalmente á Santiago con Valparaíso y compararlas á la sola Buenos Aires, renace la convicción de que ésta representa un esfuerzo civilizadorque supera al de las otras agrupaciones urbanas de la América latina. Todos los extravíos pasados y presentes, lejos de aminorar este resultado, acentúan su importancia: si á esto se ha llegado luchando contra la corriente ¿qué no hubiera sido ayudándose con ella? Un lapso de medio siglo no es más que un día en la vida de los pueblos; y también es probable que se cumpla en sociología la ley biológica que proporciona el tiempo y los trabajos de la gestación á la longevidad é importancia del organismo engendrado. Volviendo entonces al punto departida, se descubre que el inmenso desierto argentino es la condición necesaria de esos colosos fluviales del Paraná y del Uruguay, depósitos de las grandes vertientes continentales, en cuyo seno se absorberían los Aconcaguas y Biobios sin alterar su nivel[1]. Por fin, sin dejar de aplaudir el espíritu de orden y economía que tan admirable partido ha sacado de un arroyo mediocre, se piensa que la misma corriente mendocina que vimos perderse en una travesía, embebe el subsuelo pampeano y contribuye á formar ese mar dulce que surgirá más tarde bajo la sonda del agricultor, continuando en otra forma y á la distancia su obra interrumpida de fertilización ...

Además de este concepto fortuíto, el viajero penetra en Chile con un conjunto de nociones más ó menos exactas, desprendidas de sus lecturas é informaciones anteriores. Al pronto, todo ello se aglomera para constituir un juicioa priori, provisional y fluctuante en los detalles. Esta hipótesis debequedar flexible y rectificable; sin adelantar conclusión definitiva, sirve sobre todo para concretar las primeras impresiones confusas en torno de su núcleo consistente, del propio modo que un tronco de árbol en un delta favorece y activa el sedimento aluvial.

Puede escribirse de un país extranjero después de residir en él varios años, viviendo mezclado é interesado el escritor en la evolución colectiva, estudiando sus accidentes externos é internos, respirando largamente la atmósfera nacional hasta conocer al pueblo y su territorio en su historia, en sus órganos vitales y sus manifestaciones significativas. Parece que este método fuera el único practicable y legítimo; lo es, en todo caso, para escribir un libro de conjunto y dejar un documento duradero, si no definitivo. El método del viajero es casi fatalmente incompleto y superficial. Puede, sin embargo, no carecer de utilidad, y hasta suele contener un elemento precioso, casi siempre debilitado por la estancia prolongada: el choque vivo y directo del contraste. Esta impresión instantánea y sincera, en que se procede por comparación explícita ó sobrentendida, logra adquirir un valor inapreciable, si es analizada inmediata y escrupulosamente por un espíritu reflexivo. La sensación diferencial es la más espontánea y segura de todas; todas las otras sensaciones pueden ser ilusorias, pero la que comprueba una diferencia contiene siempre un fondo de verdad. No son, pues, necesariamente frívolas y despreciables las observaciones del transeunte, siempre que se formulen con buena fe, apoyadas en algún conocimiento anterior del país recorrido y referidas á un término de comparación que no sea ni muy análogo ni harto distante.—No necesito decir que, en este rápido bosquejo de Chile, la base de referencia no ha de ser mi país natal, sino la República Argentina: tengo para ellotodas las razones de utilidad práctica y de conveniencia especulativa. Sobre un breve resumen de datos y rasgos significativos, procuraré asentar un juicio hipotético, una conclusión provisional, que someteré luego á la contraprueba de mis observaciones personales. Aunque fugaces y fragmentarias, éstas serán relativamente probantes si concuerdan con la teoría. No creo que exista otro método para que la impresión casi repentina del viajero que no es un simple descriptor alcance alguna eficacia documentaria. ¡Ojalá el que aquí habla no carezca en absoluto de perspicacia, como no le faltan la conciencia y la sinceridad, para que la observación directa y material sea una buena piedra de toque de las inducciones sacadas de la geografía y la historia!

Entre los factores sociológicos, son primordiales los permanentes ó lentamente modificables: así el suelo y la raza. Son componentes del primero, además de la extensión y naturaleza del territorio, su configuración general y situación geográfica, que rigen su clima y producciones. Ahora bien, entre todos estos elementos, sólo uno es común á ambos países limítrofes; pero es tal su importancia, que basta por sí solo para señalar una línea indeleble de separación entre éstos y los restantes del continente austral. En el grupo de las repúblicas latino-americanas, Chile y la Argentina son las únicas comarcas de vasta extensión cuyo clima y latitud correspondan á los de la región central europea.

Esta zona favorecida es la que parece, en la actualidad, plenamente adecuada á la civilización que llamaré «secundaria». México y el Perú, por ejemplo, han debido ser, por sus condiciones naturales, los asientos de la civilización primaria en América, lo propio que el Egipto y la India en el viejo mundo.—Noes imposible, por otra parte, que en un porvenir lejano se establezca sobre las ruinas de la actual otra civilización «terciaria», más independiente del calor solar y del medio ambiente, y cuyos límites se extiendan hacia las regiones glaciales del norte y del sud. Pero, en el período presente y el futuro divisable, es evidente que los órganos complejos de nuestra civilización, fundada en la división del trabajo y las concurrencias nacionales, no se desarrollan y funcionan plenamente sino allí donde el clima intermedio y tonificante torna productiva la labor material y estimula el ejercicio del pensamiento. Con la identidad originaria de la raza europea,—muy modificada ya,—la analogía geográfica es, pues, el primer elemento común á la Argentina y Chile. Casi todos los otros son diversos, si no antagónicos; y ello ha bastado para crear, en tres ó cuatro generaciones, dos variedades sociológicas americanas profundamente distintas. Empero, y desde luego, no parece dudoso que en el continente sudamericano la hegemonía deba pertenecer á los dos pueblos favorecidos.

Para una población sensiblemente igual, que hoy mismo no alcanza á tres millones de nativos, la superficie de Chile (deduciendo las recientes anexiones) es la sexta parte de la República Argentina. Ahora bien, en el sentido americano, lo que significa la expresiónorganizarse nacionalmente, es, ocupar realmente el suelo bajo el triple aspecto demográfico, político y económico: abreviando las distancias despobladas y reduciendo los desiertos baldíos, multiplicando, por fin, las agrupaciones urbanas, ganglios sociológicos depositarios de la riqueza y transmisores de la civilización. La empresa acometida por uno y otro pueblo, durante el medio siglo de su evolución decisiva (1825-1875), ha sido, pues, tan desigual como la de dos propietarios que, con recursos presentes casiiguales, resolviesen amueblar y sostener sus casas respectivas, teniendo la una seis veces más capacidad y departamentos que la otra.

Así, desde el principio de la Independencia, el formidable problema de la organización nacional se ha planteado de una manera incomparablemente más accesible y resoluble para Chile que para la Argentina. En tanto que su medianía territorial (sin vedarle, como al Uruguay, las grandes ambiciones patrióticas) facilitaba una relativa condensación demográfica en los valles productores, su enorme alejamiento de Europa disminuía singularmente sus aptitudes como país de colonización. Á trueque de esta causa de lentitud en el desenvolvimiento económico podía alcanzar un grado mayor de homogeneidad y cohesión en su estructura social. El principio y el fin de cualquier estudio comparativo entre ambos países está resumido en esa última frase; todo lo que precede y seguirá no es sino su comentario.

Al hablar de la raza chilena, no debe confundirse la clase dirigente con la masa popular: si aquella capa superior es análoga por su origen á la correspondiente en las otras repúblicas hispano-americanas, no así la muchedumbre suburbana y rural. Al paso que la infiltración europea—fuera de la española primitiva—era muy escasa en el grupo superior chileno, es bien evidente que en la masa popular su mezcla infinitesimal no merece tenerse en cuenta. El dato demográfico que debe dominar constantemente todo paralelo entre estos pueblos limítrofes, es el siguiente: según el último censo de 1885, Chile contaba entonces, en todo su territorio, 26.241 europeos; ahora bien, ¡en el solo quindenio de 1871-1886se han establecidoen la República Argentina 650.000 extranjeros! Epilogad y reducid cuanto queráis: el rasgo diferencialqueda indeleble, y es tan significativo que, lo repito, debe anteponerse á cualquiera otra consideración sociológica. Durante el solo año de 1884, por ejemplo, la Argentina se anexaba por la pacífica inmigración un número de agricultores europeos mayor que el de los peruanos y bolivianos amarrados á Chile por los resultados de la guerra. Admitiendo que ambos grupos anexos se hayan reproducido en proporción igual: ved ahí, por una parte, un contingente de chileno-peruanos, y por otra, un grupo igual de argentino-europeos, agregados al núcleo nacional respectivo: la consecuencia no ha de ser idéntica.

Es así como las leyes naturales de territorio y situación han creado las variedades sociológicas que con el tiempo, factor omnipotente, tendrán que acentuarse más y más. Mientras que la Argentina podía esperar los resultados de su evolución social por la mezcla é infiltración europeas, en Chile la necesidad desarrollaba en el propio seno, y casi con los solos elementos nativos, las aptitudes industriales, las virtualidades materiales é intelectuales, que forman la compleja estructura indispensable para la vida de un moderno organismo político. Siendo Chile una faja «de gran longura» y mediocre extensión entre la cordillera y el mar, tuvo su pueblo que procurar laboriosamente su desarrollo, ocupando la costa, surcando el océano civilizador, atacando la montaña receladora de tesoros ocultos, apropiando, por último, la zona intermedia y los valles centrales á la alimentación del grupo entero. Todo fachada sobre el Pacífico, ha sido marino, dedicado al tráfico internacional, y, á las veces, preparado para las conquistas litorales; al hacerle minero, la cordillera, que protegía su espalda é invadía su territorio escaso, le impuso también la obligación, como le enseñó los medios, de cultivar intensamente el suelo ingrato,abriendo sendas y canales, cortando, cavando, nivelando, luchando victoriosamente con la estéril arena y la roca enemiga. El aislamiento y la pobreza, por fin, acostumbrándole de antiguo á bastarse á sí mismo, fomentaron su tendencia fabril; y este propietario de las islas de Juan Fernández parecía en verdad predestinado á realizar en América el tipo nacional de Robinson. Agricultor, marino, industrial: sin influencias externas ni mezclas exóticas, ascendió rápidamente á una situación sociológica superior á la de otros pueblo más ricos, casi exclusivamente pastores ó expendedores de productos preciosos.

Al propio tiempo que las leyes permanentes de la raza y del medio delineaban los rasgos fundamentales de la fisonomía chilena, la ausencia de la gran inmigración europea, innovadora y perturbadora de la tradición, permitió conservar casi intacto el edificio colonial, sin más que cambiar la inscripción de su portada. La revolución chilena quedó exterior en sus causas y sus efectos: un ejército argentino cortó definitivamente el cordón umbilical que ataba la colonia á su metrópoli; y esta rápida operación, lejos de arrasar con lo existente lo mantuvo en pie, reduciendo el cambio de estado á un acto de emancipación y á la toma de posesión del país por los nativos. El dictador O’Higgins casi pudiera creer que recibía y administraba la herencia política de su ilustre padre, el fundador de Santa Rosa y Vallenar. Todo concurría, pues, á perpetuar la dualidad originaria del pueblo chileno: una clase dirigente en la punta de la pirámide, una masa anónima y sumisa abajo, con una faja de separación casi insalvable: así, en el cerro de Aconcagua, la zona amorfa de arenisca impide que se confunda el conglomerado de la base con las estrías del vértice. De suerte que, después de un breve extravío democráticoy un experimento único de federalismo que produjeron la anarquía y bastaron á demostrar su falta de adecuación, elaboróse una constitución resueltamente centralista,—tan poco democrática, que las dos fracciones del grupo dirigente se han sucedido en el poder sin alterar la forma constitutiva; tan poco republicana en el fondo, que las facultades del presidente, unidas á la reelección indefinida—antes de la reforma de 1871—y á su irresponsabilidad inmediata, eran más importantes y absorbentes que las de un monarca constitucional.

Conviene insistir en este consorcio armónico de la raza y la estructura originaria con las circunstancias y las instituciones políticas, en esta feliz apropiación del pueblo chileno al medio ambiente, porque ello da la clave de esa evolución ulterior, que, con la colonia más lejana y pobre del dominio español, ha hecho al pueblo más civilizado y fuerte del Pacífico: á la nación que en cincuenta años de labor incesante y administración honrada, tenía ya alcanzada la legítima hegemonía moral en esta vertiente de los Andes, mucho antes que la conquista militar le agregara su sanción brutal. Votada sin grandes disidencias, después del sangriento conflicto que diera el triunfo al partido conservador, la constitución unitaria del año 33 ha quedado subsistente en sus grandes lineamientos, precisamente porque no era más que la consagración legal del orden político históricamente establecido. La accesión al poder del partido liberal no ha sido la señal de destrucción de la constitución conservadora: han bastado algunas reformas parciales y paulatinas para completar su adaptación. En lugar de las veinte constituciones de papel que, en el pueblo vecino, se volaban arrebatadas por cada tormenta anárquica, se ha podido aquí, una vez por todas, esculpir en el granito la carta fundamental;porque ésta no era una concepción artificial y postiza, una ley teórica encargada de modelar las costumbres de todo un pueblo, sino la reglamentación de los hábitos y tendencias seculares. Es posible que el molde ideado ó copiado por los legisladores argentinos fuera superior al chileno; pero éste fué hecho por medida y, sin esfuerzo ni sufrimiento, han podido vaciarse en él las generaciones sucesivas.—Una población centralizada y relativamente compacta; un grupo superior apoyado en el clero católico, muestra y modelo de las jerarquías, y apoyando á la vez sus pretensiones tradicionales; un gobierno elegido periódicamente en la sola clase privilegiada, rica y noble, que llevaba al poder sus tradiciones domésticas de honradez administrativa, y que no podía buscar en el mando la fortuna ó la satisfacción vanidosa que poseía desde la cuna; la existencia originaria de dos partidos antagónicos, pero extraídos de la misma clase superior y cuya rivalidad abierta era menos un peligro que una garantía; abajo, la muchedumbre innominada, vinculada al terruño, á la mina, al taller, sin más sentimiento común con la aristocracia que el mismo patriotismo exaltado é intransigente, tan pujante en el patricio que sacrifica fortuna y vida por la grandeza nacional, como en elrotohumilde que vierte su sangre por una tierra que nunca le perteneció, y pelea por instinto de raza como sus antepasados del Arauco: tales son las grandes estratificaciones de la masa chilena, que la organización política y la historia han contribuído á solidificar.

No hay aquí espacio ilimitado, ni horizonte misterioso y tentador; nada, por tanto, que se parezca á la libre y feliz vagancia del gaucho argentino en sus desiertos pampeanos ó en sus montes «arribeños». Cada hombre del pueblo nace obrero, inquilino, peón,rotodel campo ó del suburbio; todos tienenpatrón, son moléculas de un fragmento compacto, pertenecen á unagensurbana ó territorial. Para mantener incólume contra la infiltración externa tan anticuado edificio, no bastaban los tradicionales hábitos de sumisión, fomentados por las supersticiones y la ignorancia popular, hasta hoy tolerada fuera de las ciudades: era necesario que todas las influencias ambientes y todos los resortes internos conspirasen al mismo fin. Por el lado extranjero: la distancia de Europa, la pronta ocupación del suelo, la escasez de buenas tierras disponibles y el desarrollo industrial criollo, mantenían desviada hacia el Plata la gran corriente inmigratoria é impedían la formación de una numerosa clase media; por el lado popular: la raza enérgica, el clima tonificante, la labor penosa de la montaña y del mar habían forjado una masa proletaria sufrida y ruda, capaz de disputar el suelo al inmigrante agricultor ó sostener contra el obrero europeo la lucha por la vida,—instrumento excelente en la guerra como en la paz, siempre que su arrojo brutal encontrara el saqueo como premio y corolario de la victoria, y se le permitiera devastar las comarcas opulentas que sus dueños enervados ó disolutos no sabrían defender. Por el lado dirigente, por fin: junto al lujo, á las pretensiones nobiliarias, á las distinciones de clase, á los mayorazgos y las vinculaciones, á las preocupaciones de raza y religión, á todas las vanidades prestigiosas que van desapareciendo,—han subsistido las verdaderas condiciones y salvaguardias de las aristocracias: el voto restricto; la ilustración y la autoridad moral; los grandes fundos productivos; la concentración del grupo gobernante en una capital mediterránea, lejos del contacto europeo y comercial; la ausencia casi completa de clase media, por exclusión, no como en otra parte, por confusión y mezcla de los rasgos sociales. Tal es la fuerte organización históricaque ha hecho al Chile actual, ó más exactamente al anterior á las últimas guerras: es decir, al primer pueblo de Sud-América, si se tuviera sólo en cuenta el desarrollo normal y la estructura coherente de la nacionalidad.

Advertid que este pueblo ha llegado al período adulto antes que todos sus vecinos, bastándose á sí propio casi completamente en su territorio, primitivamente el más pobre del dominio español. Ha creado con su propia substancia ó la rápida é inteligente iniciación, su administración moralmente ejemplar, su ejército y su marina, cuyas campañas han despertado la atención del mundo; sus industrias mineras y agrícolas, durante un medio siglo de orden interno que le ha conquistado en los mercados europeos, antes que la gloria militar, esa gloria económica que se llama el crédito. Además, ha llevado á las especulaciones más altas y desinteresadas que constituyen propiamente la civilización, sus cualidades nativas de conciencia juiciosa y paciente laboriosidad. Sin duda, hanle faltado, no sólo el genio, la llama sagrada, la originalidad soberana,—como á los otros pueblos americanos,—sino la gracia elegante y el mismo gusto artístico: el numen de Bello, descolorido y frío como el agua, ha presidido á sus inspiraciones. Pero en las ciencias aplicadas, en la historia y en el derecho ha seguido con paso mesurado y seguro las huellas de los maestros. Su propia escuela de pintura y escultura revela cualidades y aptitudes de disciplina poco comunes en América. Sus Facultades profesionales é Institutos superiores ó secundarios parecen igualmente dignos de aprecio por su administración y sus estudios. En suma, este país posee en pleno desarrollo todos los órganos necesarios al funcionamiento social: los que han quedado embrionarios ó faltan por completo no son indispensables. No está demostrado que una nación, aunen América, tenga que ser una democracia ateniense, ni siquiera una república; y si Chile hubiera de continuar siendo una aristocracia utilitaria más ó menos abierta, convendría estudiarlo imparcialmente desde ese punto de vista, sin tener desde luego por inferioridad lo que sólo revela al pronto una diversidad.

Las líneas generales y las deducciones abstractas no pueden forzosamente representar más que el esqueleto de un organismo tan vasto y complejo como lo es una sociedad; no dan cabida á los accidentes que alteran más ó menos profundamente el trazado teórico de la historia. En anatomía y fisiología, por ejemplo, se dibuja el esquema rectilíneo de un órgano ó aparato para explicar con eficacia mayor sus formas ó funciones; la «fisiognomonía» caracteriza el juego de los músculos expresivos de las emociones con rasgos precisos y rígidos, bosquejando una cara humana con cuatro ó cinco rectas esenciales: claro está que con ello no se pretende representar la imagen exacta y compleja de una fisonomía ó de un órgano, los cuales jamás contienen el elemento rectilíneo. Lo propio ocurre en estos ensayos de síntesis sociales: se acentúa un rasgo característico y se omiten los accesorios, en gracia de la sencillez y brevedad, pero sin pretender á la semejanza completa. Además, en estos bosquejos provisorios, es fuerza fijar é inmovilizar un estado general correspondiente á un período preciso y significativo, descuidando las lentas deformaciones que son obra incesante del tiempo y constituyen la evolución de un grupo nacional.

Por distante y aislado que estuviera, Chile no vivía solo en el continente: de ahí ciertas influencias y modificaciones que nacían de las infiltraciones vecinales, cuando no de las guerrasde invasión ó conquista. Á pesar ó en razón misma de su concentración mediterránea en lo político y social, no podía dejar de fomentar el movimiento comercial europeo que le traía los elementos vitales de que carecía, en cambio de las materias primeras, cuya explotación y exportación eran su fuente de recursos: de ahí el desarrollo material de Valparaíso y demás ciudades litorales, cuyo contacto y corriente exótica introducían en la masa colonial un fermento transformador. Entre Santiago y Valparaíso la diferencia de naturaleza era tan profunda, que debía mantener vivo por mucho tiempo el antagonismo. Irresistiblemente, la «democratización» había de penetrar por la vía marítima; y la comunicación con el extranjero ó la incorporación del forastero al grupo nativo tenía que crear la clase intermedia, contigua al pueblo por su origen humilde, mezclada á la aristocracia nativa por su fortuna. Activarían este movimiento «igualitario» la difusión inevitable de la educación, las propagandas del libro y de la prensa, los compromisos y promiscuidades imprescindibles de las contiendas electorales.—Por otra parte, las consecuencias sociales de las dos últimas guerras, exterior y civil, serán probablemente mucho más considerables que las políticas. Podría desde luego demostrarse que la primera ha traído á la segunda; y que la militarización, unida á la brusca inflación de las rentas fiscales por la anexión del territorio salitrero, ha generalizado el espíritu de ambición y aventura, junto al gusto del agio y de las satisfacciones materiales en una proporción antes desconocida. Sin aceptar las exageraciones é injusticias partidarias, creo que la administración Balmaceda señala un acceso de megalomanía nacional, fomentada por el gobierno, pero cuyos estragos morales sobrevivirán al desgraciado dictador. ¡De esa convulsión terrible noes sólo el papel de banco el que sale quebrantado! Tal vez la misma conquista peruana contenga el desquite futuro de los vencidos, y, guardadas las proporciones, pueda aplicarse en cierto modo al vencedor el verso terrible de Juvenal:

Luxuria incubuit, victumque ulciscitur...

Todo ello, y mucho más, habría de considerarse en una síntesis de la sociología chilena, para redondear los ángulos agudos de una apreciación tan somera como la que vengo ensayando. Sin embargo, todas las variaciones adventicias no alcanzan á destruir los caracteres fundamentales y específicos. Si los elementos arriba indicados son realmente característicos, tienen que ser duraderos, aunque no absolutamente fijos; y á despecho de todas las modificaciones subsiguientes, Chile debe aparecer en conjunto al observador imparcial, tal cual he podido inducirlo por su historia evolutiva que nuevamente resumo. Políticamente: un pueblo centralizado, con un poder ejecutivo predominante, una clase dirigente emanada de la aristocracia de raza y fortuna territorial. Socialmente: un pueblo amigo del orden y sometido á la autoridad legal, con fuerte estructura orgánica y todas las cualidades y defectos de un patriotismo exagerado, casi español; práctico por el espíritu y la conducta; probo y severo en su administración; con horizontes intelectuales proporcionados á los materiales; concienzudo, laborioso, perseverante; económico, primero por necesidad y luego por hábito. En suma, una nación más intrínsecamente completa que sus hermanas del continente,—es decir, que ya ha pasado para ella el período de mayor crecimiento;—predestinada por su organización y fibra viril á ser vencedora de su vecina del Pacífico, cuya riqueza al alcance de la mano era una tentación tanto más irritante cuanto más segura erala presa. Un pueblo de tanta sensatez nativa, sin embargo, que contempla él mismo y confiesa ya la influencia perniciosa de la conquista, y que, prudente en los límites del honor nacional, parece sincera y verdaderamente curado de nuevas veleidades invasoras.

En sus grandes líneas fisonómicas, tal había visto al pueblo chileno antes de rozarme con él. Si, lo repito, mis inducciones son exactas, han de concordar con mis actuales observaciones. Bien sé que no he podido verlo todo ni estudiar nada bien; por más que en un país centralizado el estudio de la capital sea de importancia incomparable, comprendo que éste no basta, aunque le agregue rápidas correrías en los departamentos vecinos y algunas visitas á Valparaíso y demás pueblos litorales del tránsito. Con todo, los sondajes esparcidos en una vasta extensión del país y multiplicados en su centro pueden suministrar una base no despreciable para el estudio. No pueden tacharse de erróneas las conclusiones por el mero hecho de no corresponder sino á una proporción muy reducida de experimentos parciales respecto de la totalidad. Si hay mil bolillas de diversos colores mezcladas en una urna, y, extrayéndolas al azar, se obtiene una serie de diez bolillas iguales, puédese afirmar matemáticamente, sin más averiguación, que las de dicho color constituyen la inmensa mayoría.

En las páginas siguientes presentaré al lector algunos resultados de mi extracción.


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