XIISALT LAKE CITYIIEL MORMONISMOPara mi gobierno, atribuyo una importancia que sin duda encontraréis excesiva á la impresión total que los hombres y las cosas producen en mí. Tomo el pulso á mi instinto, y sólo después procuro explicarme su manifestación, siquiera asome tan obscura como irresistible.—Salgo de esa entrevista, tan atenta y cortés, con un marcado sentimiento de antipatía. Me pregunto ¿por qué? Analizo, estudio, reflexiono—y la respuesta de mi sentido recto y honrado es que allí falta la sinceridad. ¡Oh! ¡distingamos aquí como en otras empresas, entre los predicadores y los creyentes, entre los promotores ardientes de la sociedad y el dócil rebaño de los accionistas! Un movimiento religioso moderno, que no se apoyase en la fe de sus adeptos, se estancaría muy pronto en la inmovilidad y la muerte. No fundaría nada estable y sólido, á semejanza de esos ridículos y nómades «salvacionistas», que reclutan los vagabundos del mundo entero yvienen á ser los gitanos del proselitismo. Pero los iniciadores del mormonismo han sido meros impostores. Y era tan grosera la impostura, que sólo en aquellos Estados Unidos rudos y crédulos de hace medio siglo ha podido ser acogida y prosperar.Los tres factores sociales que con desigual energía han cooperado á la fortuna del mormonismo, venciendo los obstáculos que levantara el egoísmo material, y sobre todo lo absurdo y vulgar de la doctrina, son los siguientes: 1º la ausencia de cultura general y de espíritu crítico (correlativa de lo muy robusto y eficaz del sentimiento religioso), que hasta ahora, y á pesar de las apariencias contrarias, constituye la fuerza moral al par que la inferioridad intelectual del pueblo americano; 2º la escasa densidad de la población y la disponibilidad de vastos territorios vacantes en el oeste; 3º la laxitud del vínculo federal, caracterizada por la celosa y, entonces, más que hoy, preponderante autonomía de los Estados. Conviene tener á la vista estos tres factores, que he enumerado en el orden de su importancia, para fallar sobre el porvenir del mormonismo: si ellos subsisten intactos, la secta cumplirá su cabal desarrollo; si ellos han mermado y tienden á desaparecer, la secta languidecerá fatalmente, y su absorción por el organismo nacional será tan sólo cuestión de pocos años.Encontraréis en todas partes la historia de su origen y rápida propagación; pero no puede gustarse plenamente el sabor americano de esta fruta religiosa, sino estudiando en los voluminosos documentos que me han sido facilitados, los caracteres de la planta y las peripecias de su crecimiento semisecular. Y no se tenga por asunto de poco momento: el problema religioso vuelve á ser la cuestión palpitante del mundo.Ahora bien, con todas sus deficiencias y vulgaridades, elmormonismo muestra realizado en nuestro tiempo un experimento completo que, no sólo suministra indicaciones preciosas acerca del espíritu de credulidad del pueblo americano, sino que arroja al propio tiempo vivísima luz sobre el proceso histórico y legendario de todas las religiones. No puedo, por ahora, hacer más que justificar brevemente mis conclusiones; pero no abandono definitivamente el tema. Creo que un estudio substancial y filosófico del movimiento mormónico constituiría el mejor comentario crítico de tantas historias religiosas como este siglo ha producido: representaría un cartabón ó marco fiel para el contraste de aquellas innumerables inducciones, ya tímidas, ya temerarias, que la simbólica y la exégesis modernas han acuñado, con dudosa aleación de arte y ciencia, de conjetura y de realidad.Como entidad religiosa, el mormonismo presenta un conjunto más completo que el protestantismo—sin que ello importe comparar la Biblia alLibro de Mormón; tiene revelación, milagros, mártires, misterios y sacramentos, jerarquía eclesiástica, y hasta un embrión de culto simbólico, adulterado por evidentes preocupaciones materiales: en suma, todos los elementos y todos los ingredientes de una iglesia establecida. El organismo es, lo repito, de aspecto vulgar, de concepción grosera y factura primitiva, pero vivificado y ennoblecido por la fe robusta de sus adeptos. Se parece á una moneda fiduciaria cuya garantía de emisión, con ser una quimera, fuese por todo un pueblo aceptada firmemente como un valor positivo: provisionalmente, la ilusión tendría el poder representativo y la plena eficacia de la verdad.«La letra mata y el espíritu vivifica». La letra del mormonismo era, en efecto, de una torpeza tan enorme y caricatural,que hubiese bastado á matar en su germen la tentativa, á sembrarse en cualquiera otra comarca de mediana cultura intelectual.—Un pequeño campesino del Vermont, ocioso y desequilibrado, con la cabeza llena de visiones y profecías, después de indigestarse de lecturas bíblicas y embriagarse derevivalssectarios, concibe hacia 1820 el pensamiento de una nueva religión. Nosotros, gente de imaginación ponderada y contenida por el guardalado de la crítica social, clasificamos la idea entre las que conducen más ó menos directamente al manicomio. Hay, desde luego, una parte de exactitud en el diagnóstico. Los retratos de Joe Smith—con su cráneo dolicocéfalo de impulsivo, su perfil huyente y la extraña hilaridad comunicativa del conjunto—reproducen una fisonomía de iluminado tangente á la imbecilidad, y con pasaje ya tomado para la provincia de Megalomanía. Todos sus contemporáneos y no convertidos vecinos mencionan su ignorancia y estupidez (stupidity and illiterate character). Es muy posible que la abierta válvula de su profetismo impidiera la explosión de la demencia, desviando al alienado latente hacia eljocrisse. En todo caso, su personalidad forma contraste cabal con la de su sucesor, el carpintero Brigham Young, el verdadero hombre de la secta, que fué el sólido empresario de las colonias religioso-comerciales: capaz de hacer frente á todas las dificultades y conflictos de una organización social; muy poco dado á visiones apocalípticas, y tan celoso de la multiplicación de los accionistas como de sus dividendos. Este fué quien sustituyó el título de «Profeta» por el de Presidente, más adecuado á su papel y á su ambición. Puede admitirse que las primeras alucinaciones de José Smith fuesen «reales» es decir, patológicas. Un ángel, llamado Moroni, «le aparecía como una luz y se disipaba como un humo», despuésde anunciarle que Dios le había elegido para revelar al mundo el «evangelio eterno»—el cual se encontraba escrito «con caracteres egipcios, caldaicos, siriacos y árabes», sobre unas planchas de oro, enterradas en la vecina colina de Cumorah. Junto á la caja preciosa, hallaría Joe un par de anteojos de diamante, que le permitirían leer la traducción del sagrado texto.La imaginación inculta teje su red maravillosa con los elementos que halla á su alcance, á manera del ave que construye su nido con la paja y las fibras de las cercanías. Un gaucho argentino describe la «salamanca» de los brujos, figurándose su lujo inaudito como una mezcla de tienda y pulpería. Los accesorios maravillosos de Smith no eran sino materiales de su profesión. Más que agricultor, él era un «cateador de tesoros» (money-digger); mitad vagabundo, mitad charlatán, hacía el oficio de zahorí, descubriendo minas ocultas con sus gafas deseer, ó bien señalando los manantiales subterráneos con la conocida vara de avellano. En cuanto á la composición delLibro de Mormón, punto de arranque de la propaganda, fué tarea laboriosa y compleja: una verdadera rapsodia compilada en cinco ó seis años de correrías por el New York y la Pensilvania. La lectura de la Biblia y la asidua frecuentación de losrevivalsreligiosos le suministraron el núcleo doctrinario; la parte histórica fué extraída de una extraña novela de Spaulding, acerca del supuesto origen hebraico de los indios americanos, de cuyo manuscrito Smith tuvo conocimiento.—Para destruir esta aserción, los modernos sectarios no han hallado mejor procedimiento que publicar ellos mismos el pretendido manuscrito de la novela, descubierto por un Mr. Rice, mormón de Honolulú; y en la misma historia oficial que me han regalado, se «demuestra»la completa diferencia de uno y otro texto, ¡confrontando una página delLibro de Mormóncon otra página delManuscript Storyde Spaulding! Esta exégesis polinésica recuerda la argumentación del reo de marras, que quería aniquilar la declaración de dos testigos oculares, trayendo él á cincuenta «que no le habían visto» ...Bajo pretexto de traducción, elLibro de Mormónfué elaborado pacientemente con la cooperación de dos ó tres personajes, más tarde famosos; el incauto Harris, quien, además de escribiente, fué el primer socio capitalista de la sociedad; el maestro de escuela Cowdery, el pastor Parley Pratt y el orador Sidney Rigdon: he ahí los verdaderos autores de las varias obras de doctrina y propaganda que llevan el nombre del inculto vidente Smith. Sabido es que no hay nada más fácil que la imitación exterior de la fraseología bíblica. Por lo demás, elLibro de Mormónes una compilación indigente é indigesta, en que la soldadura de los extractos bíblicos con las lucubraciones novelescas es visible y puede tocarse con el dedo. En mi vida he acometido lectura más tediosa. Los mismos nombres propios forjados son generalmente extraños á toda fonética oriental. La «innobilidad» de su origen no ha perjudicado al éxito de la doctrina, pero ha trascendido á toda su evolución ulterior: el mormonismo ha quedado grosero, como nació; y sus producciones más recientes, bajo el esmero de la ejecución material, conservan el mismo sello de repugnante charlatanismo y de baja fabricación. Sucede exactamente lo contrario con el sansimonismo, cuya nobleza primitiva y valía intelectual inspiran respeto: pero esto mismo ha sido el primer obstáculo para su popularidad. Las mismas palabras lo indican: el pueblo es el vulgo; un éxito popular es una vulgarización. Ahora bien, no existe vulgo másvulgar que el de los Estados Unidos. Los yankees conquistarán el mundo: es asunto entendido; entretanto, son todavía lo que de ellos ha escrito Schopenhauer: los plebeyos de la humanidad. De ahí el éxito delLibro de Mormón, y sobre todo de la doctrina predicada, que rebajaba la religión al nivel de todas las inteligencias y de todos los apetitos.Como doctrina y culto, el mormonismo carece por igual de elevación y de originalidad. Sería un simple plagio del cristianismo primitivo, si la adulteración de algunos principios no lo tornase una parodia de aquél. SuCredo, redactado por el apóstol Pratt y proclamado por Smith, admite la Trinidad, el bautismo por inmersión, la remisión de los pecados por la penitencia y la imposición de las manos; el dón de profecía é interpretación de lenguas, el reino final de Cristo en la tierra y la restauración de las tribus de Israel; la organización de una jerarquía eclesiástica; por fin, los artículos recientes de su profesión de fe contienen un acto de acatamiento para con las autoridades constituídas, añadiendo una declaración de respeto por las «virtudes sociales»—la castidad, inclusive—lo que significa un certificado públicode vita et moribusque se otorgan á sí mismos los interesados ...Pero, aun antes de la proclamación dogmática de la poligamia, es necesario ver en los textos apostólicos lo que realmente se oculta debajo de esos artículos de fe, para convencerse de que no es el mormonismo, como lo dije, más que la disparatada parodia del cristianismo. Su trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo está constituída en realidad por dos hombres inmortales y un fluido esparcido ¡análogo á la electricidad! El Padre y el Hijo revisten cuerpo; comen, beben, tienen mujeres, en medio de una corte de elegidos que viven como ellos. La «salvación» es la entrada en esavida inmortal de banquetes y amores libres, que parece untippling-housedel paraíso de Mahoma. Cristo ha tenido ya una resurrección después de su muerte; pero cumplirá otras dos ... José Smith, que no miraba mucho más allá de su propia existencia—«¡después de mí el diluvio!»—había fijado para 1890 la próxima venida de Jesucristo. Los mormones actuales tratan de hacer olvidar la malhadada fecha; pero no pueden destruir todos los textos ya impresos; se contentan con omitir la cláusula en las nuevas ediciones. Desde 1890 debía comenzar el reinado efectivo y corporal de Cristo en Salt Lake, el cual duraría mil años; la tierra sería un inmenso jardín, «surcado de ferrocarriles y telégrafos», con casas de oro y piedras preciosas, donde los gentiles seríamos los sirvientes de los «Santos del último día». Todas esas torpezas y locuras, además de las que omito, representan el ideal de un artesano yankee, exaltado por la lectura de la Biblia y embriagado por los reclamos charlatanescos de una prensa para emigrantes famélicos, que coloca el fin de la civilización en la riqueza, la hartura física y la enormidad material.El evangelio nuevo se encontraba á nivel de esas poblaciones depioneersenérgicos é incultos. Se propagó con la rapidez de un incendio en la pradera. En 1830 Smith dió principio á su misión, convirtiendo á cinco miembros de su familia; algunos años después predicaba delante de veinte mil adeptos. Los ataques violentos, las persecuciones del populacho, atraillado por las sectas rivales, producían el efecto del viento en la quemazón: lejos de apagar el entusiasmo, duplicaban su ardor. Cuanto más grotescos y ridículos fueran los sermones de Joe, más absurdas sus visiones y profecías, tanto más eficaz era la propaganda. La naciente asociación satisfacía á la par los dos sentimientos cardinales del alma americana: laintensidad de la aspiración religiosa y la energía del espíritu positivo y práctico.El mero hecho, en efecto, de acometer un territorio virgen cualquier grupo laborioso y disciplinado traía inmediatamente la abundancia y la prosperidad. Suponed que diez mil familias, vinculadas por un espíritu de confraternidad y absoluta obediencia á dos ó tres jefes ambiciosos, se establecieran en el río Negro ó en Misiones, en grupos compactos y abnegados, dispuestos para el trabajo y el sufrimiento: en diez años transformarían el desierto en un distrito exuberante de riquezas. Los jesuítas lo consiguieron en parte, en sus reducciones de la América española; pero no eran allí sino el Estado mayor europeo de un ejército indígena; además no podían «crecer y multiplicar», al igual que estos polígamos sometidos voluntariamente, yad majorem Dei gloriam, ¡á una organización tan fuerte como la jesuítica!Los progresos anuales de la secta le permitían ya desprender enjambres por el oeste, en el Ohío y el Missouri. Cerca de Independence, en el condado de Jackson (Missouri), fundaban la «Nueva Sión», desbordándose en los condados vecinos de Clay y Lafayette; invadían los condados de Portage, Carroll y Lake en el Ohío; fundaban en Kirtland bancos, manufacturas, un templo que costó 41.000 dollars y fué dedicado en 1837. Arrojados del Missouri por el odio y la envidia del populacho, creaban á Nauvoo, en la frontera de Illinois, cerca de la confluencia del río Des Moines y el Mississipi: en pocos años la soledad se convertía en un «sitio de abundancia y riqueza» (an abode of plenty and richness). Las mieses y el ganado cubrían las campiñas; los botes cargados de pasajeros y mercaderías surcaban el gran río; las anchas calles se llenaban de edificios públicos y residencias. Se erigióun templo sobre los planos de Smith, que el arquitecto «gentil» encontró tan absurdos como complicados; pero el Profeta tuvo una consulta con el Señor, quien declaró que el mamarracho le parecía¡all right!—Se enviaban misiones de reclutamiento á Europa, África, Palestina, y afluía una inmigración más numerosa que selecta, cuyos desórdenes fueron la causa ó el pretexto de la creciente hostilidad de la población. Smith obtuvo para Nauvoo y su territorio carta de distrito libre, y gobernó su «teo-democracia» con el absolutismo de un rey oriental, cuya poligamia practicaba ya aunque no era todavía un dogma promulgado.No parece dudoso que en esta época (1843) la exaltación mental de Joseph fuera un pródromo del delirio de las grandezas. Trataba con risible altivez á los prohombres de Washington, exigía de Clay y Calhoun declaraciones categóricas acerca del mormonismo; concluyó por lanzar su propia candidatura presidencial. Su despotismo doméstico acarreaba la defección de algunos adeptos importantes, que descorrían el velo de una conducta muy poco profética. Esas discordias intestinas atizaban el odio instintivo ó interesado del populacho. Se produjeron denuncias graves; el gobernador del Illinois, pasando por sobre las franquicias otorgadas, dictó auto de prisión contra el profeta y sus consejeros. El 27 de junio de 1844 la cárcel fué asaltada y el profeta asesinado. Era ya tiempo para la secta y la misma carrera extraviada del reformador. El crimen de la canalla transformó al loco en mártir de su religión.Fué elegido Brigham Young, contra las pretensiones, al parecer fundadas, de Sidney Rigdon, á quien se excomulgó. Pero Brigham Young, que tomó el título desde entonces definitivo de Presidente, era el hombre del momento:the manfor the hour. El rudo carpintero, cual otro zar Pedro, era el único capaz de dominar esos elementos rústicos, salvando la institución por la disciplina y la energía. Comprendió, desde luego, que la posición no era defendible y, después de inaugurar el nuevo templo, lo abandonó todo y preparó sin descanso la expatriación.El éxodo cruel comenzó el 4 de febrero de 1846: millares de familias cruzaron el Mississipi congelado. Detalle que hace estremecer las entrañas: en esa primera noche de frío terrible, bajo la lona de las carretas, once criaturas vieron la luz. ¡Ay! ¡miseria profunda del rebaño humano! En carros, á caballo, á pie, con el ganado que se pudo salvar, la caravana se abría camino por las nevadas llanuras y los desiertos del Iowa. Pasó el invierno, más breve que el odio de los hombres; en junio, la vanguardia, conducida por el mismo Young, divisó el Missouri; los pájaros cantaban en las sabanas cubiertas de flores; y los indios omahas, menos despiadados que los cristianos del Illinois, recibieron con bondad á los proscriptos. Allí se detuvieron algunos meses, en Council Bluffs,—que es hoy una encantadora villa y la estación convergente de las líneas del oeste con laUnion Pacific. Algunos peregrinos cruzaron al pronto el Missouri y levantaron sus casuchas en la opuesta orilla, delineando la que es hoy ciudad de Omaha, con 150.000 habitantes, y aspira á ser, con Kansas City, la rival futura de Chicago ... Evocaba estos recuerdos melancólicos en la tarde de verano en que pasé el puente del Missouri, para ir á esperar el tren en la estación vecina. Y no pretendo que esta evocación sea del mismo orden artístico que la de Chateaubriand en el valle de Esparta ...Volvió el invierno cruel con sus vientos y sus escarchas; los fugitivos tuvieron que cavar cuevas en losbluffs(barrancas)que sustentan hoy pintorescas residencias. Al fin asomó la primavera de 1847, y con ella aparecieron los emisarios que Young enviara, cual otro Josué, á explorar la nueva tierra de promisión: uno de éstos era el actual presidente Woodruff. Después de otras semanas de fatigas, el valle del Utah fué divisado desde las montañas del este.—Todavía tenían por delante muchos años de sufrimiento y escasez, antes de transformar ese yermo poblado de indios y azotado por mangas de langostas, en el terrestre paraíso que he descrito. Para soportar esas penurias y, finalmente, vencer en la lucha con los hombres y la naturaleza, no eran suficientes la fibra del colono americano y el temple delsettleraventurero. Fué necesaria la energía indomable y siempre renaciente, que infunden en el alma humana la fe religiosa y la confianza en un Dios tutelar. Diez años después, el Utah era el territorio más rico y floreciente del país: contaba ochenta mil mormones en el solo valle, fuera de un número mayor en el resto del mundo y que se sentía atraído á la nueva Sión. El triunfo del «Evangelio eterno» parecía asegurado: el gobierno de Washington lo sancionaba, nombrando á Brigham Young gobernador político del territorio que era su obra y creación.—Entonces visitó Salt Lake el francés Rémy, cuyo libro optimista no tiene hoy más importancia que haber inspirado á Taine un estudio profundo y magistral, como todo lo que ha salido de su pluma soberana.Después de cuarenta años transcurridos lo visito á mi vez, pero es para comprobar que todos los progresos materiales, antes iniciados por obra del mormonismo, se han llevado á término contra su influencia decreciente. Al día siguiente de su conquista, la población mormona quedaba estacionaria, en tanto que la inmigración «gentil» crecía en número y poderío, hasta triunfar en las últimas elecciones municipales.—¿Quéhabía sucedido? ¡Oh! muy poco en la apariencia: un pequeño hecho «moral», que pudo tenerse por insignificante en ese mundo de emigrantes y cazadores de dollars. En cuanto se sintiera aislado del resto del país y soberano absoluto en su valle perdido, Brigham Young había promulgado el dogma de la poligamia que, por su cuenta, practicaba concienzudamente. Como una lepra moral, el virus disolvente se infiltró en el organismo robusto, hasta secar la misma fuente de la vida. La poligamia que esterilizó al Islam ha paralizado el desarrollo mormónico.—La piedra angular del edificio social es la familia; y no hay familia, en el augusto sentido de la palabra, allí donde la mujer se halla rebajada por la promiscuidad, y el hogar santo se prostituye en harém. Bastó la ley de Edmunds, que castigaba la cohabitación repugnante del gineceo, para rebajar la pretendida religión mormónica al nivel de un concubinato vergonzante. Se han visto los jefes de la secta obligados á exhibir en público, y ante un tribunal de «gentiles», el estigma clandestino de su carne. Y demostróse claramente lo que eran esas «esposas espirituales» de los sacerdotes, cuando el viejo Young, que ya tenía diez y ocho mujeres «legítimas», para negar una miserable pensión alimenticia á otras desgraciadas ¡tuvo el cinismo sórdido de probar que eran ya casadas y, por lo tanto, meras concubinas suyas!Suscitáronse luego las causas escandalosas de Cannon y otros pontífices de la poligamia, y el ridículo enterró al dogma que la vindicta legal había herido de muerte. Á medida que el Utah se abría al progreso material y moral, tuvieron los mormones que refugiarse más y más en su templo cerrado á los «profanos», huyendo como aves nocturnas ante la luz. La poligamia ha matado al mormonismo. La población disidente, que aspira legítimamente á constituir un nuevo Estadoautónomo, persigue la expulsión del elemento cuya presencia es un obstáculo para su emancipación del gobierno federal. Los mormones ya preparan una emigracion á Méjico, á las islas Hawai, donde tienen fuertes colonias: realizarán su último éxodo, pero sin la fe ni la energía de los pasados días. Los factores que antes enunciara, como cooperadores del éxito, se han debilitado ó vuelto adversos. Como el islamismo, y por la misma causa íntima, el mormonismo es el «hombre enfermo» de que habla la diplomacia europea al discutir la cuestión de Oriente: sólo que la agonía de éste será mucho más breve, como que ha sido mucho menos larga é importante su evolución histórica.La última tarde que pasé en Salt Lake me ha dejado una impresión extraña é indeleble. Con mi inseparable coronel L., fuí á visitar el fuerte Douglas, donde el regimiento 16º de infantería está acuartelado. Es cosa visible que, para la parte culta de la población, la presencia de este cuerpo de línea es doblemente penosa: por los recuerdos de pasadas represiones que evoca, y la situación de mero territorio, que las bayonetas federales acentúan. El fuerte domina la ciudad desde la falda deWasatch Range; el paraje es tan ameno cuanto eficaz la posición estratégica. El camino, por el tramway eléctrico, es un paseo encantador entre quintas y alamedas. Al paso que se trepa la colina, el horizonte se ensancha hacia el oeste; la altura y la hora refrescan deliciosamente el ambiente. En las cercanías de la esplanada, los oficiales casados ocupan bonitos chalets llenos de plantas y flores; la intendencia y la enfermería son residencias campestres; la «villa» del coronel, con sus dos pisos y dobleverandá, rodeada de jardines, ocupa un ángulo de la plaza, en que circulanlos coches de los paseantes. La tropa maniobra en el glacis cercado de árboles y césped; el uniforme obscuro y los cascos de punta remedan los del ejército alemán; pero la vida casera ha espesado á los oficiales, que afectan vanamente la tiesura germánica: sudan y se fatigan durante sus inocentes contramarchas de una cuadra. Esas tropas de línea parecen milicias territoriales, casi compañías de bomberos voluntarios. El jefe veterano asiste paternalmente á la parada desde un banco del paseo. Oigo un doble grito de sorpresa, y veo á mi propio coronel precipitarse en los brazos del otro[24]; éste se vuelve luego hacia mí y me sacude la mano con energía:¡very glad, all right!... Y en tanto que esas ruinas fraternales pasan lista de sus compañeros de armas, ausentes ó difuntos, contemplo embelesado el valle pintoresco que se desenvuelve á mis pies.La masa entera de la ciudad se funde en una niebla azulada; las oleadas del follaje obscuro circundan los edificios casi invisibles; las torres de las iglesias y las chimeneas de las fábricas yerguen sus pirámides agudas y sus tallos rígidos, simbolizando materialmente la fe y el trabajo: las dos fuerzas hermanas que han cumplido la obra de la civilización. El orgulloso Templo mormón está cercado y como acometido por veinte capillas disidentes, tan varias de estilo como de creencias, pero unidas en un solo propósito hostil. El lago Salado, estrecho y terso como una hoja de acero, se alarga de norte á sur, semejando el islote de Cattle la empuñadura de ese alfanje que el sol poniente hace centellear. Un cañonazo da la señal de arriar la bandera que flota en el mástil de la esplanada: delante del regimiento formado y los oficiales que lo saludan, el estandarterojo y blanco desciende lentamente á lo largo de su driza, con no sé qué religiosa solemnidad. Designando las estrellas de plata en campo azul, que representan á los Estados, murmuro á media voz:Falta una ...El jefe endereza la cabeza, me toma del brazo y, alargando hacia Salt Lake su bastón de inválido, me contesta: «Estará dentro de poco:¡befor long!...»Ahora el sol se ha ocultado detrás de la Sierra Nevada; el crepúsculo triste desciende en la colina; el regimiento vuelve á su cuartel, precedido por la música ya lejana que toca laMarcha de Sherman, ensordecida por la distancia cual por el tiempo que nos separa de la evocación. En esta soledad casi augusta, el himno marcial y bien ritmado, que sé de memoria desde San Francisco, me trae recuerdos de lecturas y como ráfagas de esas victorias sangrientas que fueron también triunfos morales. El golpe de audacia del general Sherman, cortando sus comunicaciones con el norte para cruzar la Georgia confederada sobre un espacio de 250 millas y buscar el mar, es un hecho de guerra de primer orden; pero, ante todo, significa para la historia el aniquilamiento definitivo del funesto espíritu separatista, el predominio y la salvación de la nacionalidad, la cauterización necesaria, si bien dolorosa, por el hierro y el fuego, de la llaga vergonzosa y secular de la esclavitud ... Tomo del brazo á mi pobre viejo coronel retirado, que ya no me parece ridículo, y, bajando con él la esplanada del bastión, repito con extraña emoción los versos del canto popular, cuya música apagada nos llega aún en el silencio de la noche:So we sang the chorus from Atlanta to the sea,While we were marching through Georgia...
XIISALT LAKE CITYIIEL MORMONISMOPara mi gobierno, atribuyo una importancia que sin duda encontraréis excesiva á la impresión total que los hombres y las cosas producen en mí. Tomo el pulso á mi instinto, y sólo después procuro explicarme su manifestación, siquiera asome tan obscura como irresistible.—Salgo de esa entrevista, tan atenta y cortés, con un marcado sentimiento de antipatía. Me pregunto ¿por qué? Analizo, estudio, reflexiono—y la respuesta de mi sentido recto y honrado es que allí falta la sinceridad. ¡Oh! ¡distingamos aquí como en otras empresas, entre los predicadores y los creyentes, entre los promotores ardientes de la sociedad y el dócil rebaño de los accionistas! Un movimiento religioso moderno, que no se apoyase en la fe de sus adeptos, se estancaría muy pronto en la inmovilidad y la muerte. No fundaría nada estable y sólido, á semejanza de esos ridículos y nómades «salvacionistas», que reclutan los vagabundos del mundo entero yvienen á ser los gitanos del proselitismo. Pero los iniciadores del mormonismo han sido meros impostores. Y era tan grosera la impostura, que sólo en aquellos Estados Unidos rudos y crédulos de hace medio siglo ha podido ser acogida y prosperar.Los tres factores sociales que con desigual energía han cooperado á la fortuna del mormonismo, venciendo los obstáculos que levantara el egoísmo material, y sobre todo lo absurdo y vulgar de la doctrina, son los siguientes: 1º la ausencia de cultura general y de espíritu crítico (correlativa de lo muy robusto y eficaz del sentimiento religioso), que hasta ahora, y á pesar de las apariencias contrarias, constituye la fuerza moral al par que la inferioridad intelectual del pueblo americano; 2º la escasa densidad de la población y la disponibilidad de vastos territorios vacantes en el oeste; 3º la laxitud del vínculo federal, caracterizada por la celosa y, entonces, más que hoy, preponderante autonomía de los Estados. Conviene tener á la vista estos tres factores, que he enumerado en el orden de su importancia, para fallar sobre el porvenir del mormonismo: si ellos subsisten intactos, la secta cumplirá su cabal desarrollo; si ellos han mermado y tienden á desaparecer, la secta languidecerá fatalmente, y su absorción por el organismo nacional será tan sólo cuestión de pocos años.Encontraréis en todas partes la historia de su origen y rápida propagación; pero no puede gustarse plenamente el sabor americano de esta fruta religiosa, sino estudiando en los voluminosos documentos que me han sido facilitados, los caracteres de la planta y las peripecias de su crecimiento semisecular. Y no se tenga por asunto de poco momento: el problema religioso vuelve á ser la cuestión palpitante del mundo.Ahora bien, con todas sus deficiencias y vulgaridades, elmormonismo muestra realizado en nuestro tiempo un experimento completo que, no sólo suministra indicaciones preciosas acerca del espíritu de credulidad del pueblo americano, sino que arroja al propio tiempo vivísima luz sobre el proceso histórico y legendario de todas las religiones. No puedo, por ahora, hacer más que justificar brevemente mis conclusiones; pero no abandono definitivamente el tema. Creo que un estudio substancial y filosófico del movimiento mormónico constituiría el mejor comentario crítico de tantas historias religiosas como este siglo ha producido: representaría un cartabón ó marco fiel para el contraste de aquellas innumerables inducciones, ya tímidas, ya temerarias, que la simbólica y la exégesis modernas han acuñado, con dudosa aleación de arte y ciencia, de conjetura y de realidad.Como entidad religiosa, el mormonismo presenta un conjunto más completo que el protestantismo—sin que ello importe comparar la Biblia alLibro de Mormón; tiene revelación, milagros, mártires, misterios y sacramentos, jerarquía eclesiástica, y hasta un embrión de culto simbólico, adulterado por evidentes preocupaciones materiales: en suma, todos los elementos y todos los ingredientes de una iglesia establecida. El organismo es, lo repito, de aspecto vulgar, de concepción grosera y factura primitiva, pero vivificado y ennoblecido por la fe robusta de sus adeptos. Se parece á una moneda fiduciaria cuya garantía de emisión, con ser una quimera, fuese por todo un pueblo aceptada firmemente como un valor positivo: provisionalmente, la ilusión tendría el poder representativo y la plena eficacia de la verdad.«La letra mata y el espíritu vivifica». La letra del mormonismo era, en efecto, de una torpeza tan enorme y caricatural,que hubiese bastado á matar en su germen la tentativa, á sembrarse en cualquiera otra comarca de mediana cultura intelectual.—Un pequeño campesino del Vermont, ocioso y desequilibrado, con la cabeza llena de visiones y profecías, después de indigestarse de lecturas bíblicas y embriagarse derevivalssectarios, concibe hacia 1820 el pensamiento de una nueva religión. Nosotros, gente de imaginación ponderada y contenida por el guardalado de la crítica social, clasificamos la idea entre las que conducen más ó menos directamente al manicomio. Hay, desde luego, una parte de exactitud en el diagnóstico. Los retratos de Joe Smith—con su cráneo dolicocéfalo de impulsivo, su perfil huyente y la extraña hilaridad comunicativa del conjunto—reproducen una fisonomía de iluminado tangente á la imbecilidad, y con pasaje ya tomado para la provincia de Megalomanía. Todos sus contemporáneos y no convertidos vecinos mencionan su ignorancia y estupidez (stupidity and illiterate character). Es muy posible que la abierta válvula de su profetismo impidiera la explosión de la demencia, desviando al alienado latente hacia eljocrisse. En todo caso, su personalidad forma contraste cabal con la de su sucesor, el carpintero Brigham Young, el verdadero hombre de la secta, que fué el sólido empresario de las colonias religioso-comerciales: capaz de hacer frente á todas las dificultades y conflictos de una organización social; muy poco dado á visiones apocalípticas, y tan celoso de la multiplicación de los accionistas como de sus dividendos. Este fué quien sustituyó el título de «Profeta» por el de Presidente, más adecuado á su papel y á su ambición. Puede admitirse que las primeras alucinaciones de José Smith fuesen «reales» es decir, patológicas. Un ángel, llamado Moroni, «le aparecía como una luz y se disipaba como un humo», despuésde anunciarle que Dios le había elegido para revelar al mundo el «evangelio eterno»—el cual se encontraba escrito «con caracteres egipcios, caldaicos, siriacos y árabes», sobre unas planchas de oro, enterradas en la vecina colina de Cumorah. Junto á la caja preciosa, hallaría Joe un par de anteojos de diamante, que le permitirían leer la traducción del sagrado texto.La imaginación inculta teje su red maravillosa con los elementos que halla á su alcance, á manera del ave que construye su nido con la paja y las fibras de las cercanías. Un gaucho argentino describe la «salamanca» de los brujos, figurándose su lujo inaudito como una mezcla de tienda y pulpería. Los accesorios maravillosos de Smith no eran sino materiales de su profesión. Más que agricultor, él era un «cateador de tesoros» (money-digger); mitad vagabundo, mitad charlatán, hacía el oficio de zahorí, descubriendo minas ocultas con sus gafas deseer, ó bien señalando los manantiales subterráneos con la conocida vara de avellano. En cuanto á la composición delLibro de Mormón, punto de arranque de la propaganda, fué tarea laboriosa y compleja: una verdadera rapsodia compilada en cinco ó seis años de correrías por el New York y la Pensilvania. La lectura de la Biblia y la asidua frecuentación de losrevivalsreligiosos le suministraron el núcleo doctrinario; la parte histórica fué extraída de una extraña novela de Spaulding, acerca del supuesto origen hebraico de los indios americanos, de cuyo manuscrito Smith tuvo conocimiento.—Para destruir esta aserción, los modernos sectarios no han hallado mejor procedimiento que publicar ellos mismos el pretendido manuscrito de la novela, descubierto por un Mr. Rice, mormón de Honolulú; y en la misma historia oficial que me han regalado, se «demuestra»la completa diferencia de uno y otro texto, ¡confrontando una página delLibro de Mormóncon otra página delManuscript Storyde Spaulding! Esta exégesis polinésica recuerda la argumentación del reo de marras, que quería aniquilar la declaración de dos testigos oculares, trayendo él á cincuenta «que no le habían visto» ...Bajo pretexto de traducción, elLibro de Mormónfué elaborado pacientemente con la cooperación de dos ó tres personajes, más tarde famosos; el incauto Harris, quien, además de escribiente, fué el primer socio capitalista de la sociedad; el maestro de escuela Cowdery, el pastor Parley Pratt y el orador Sidney Rigdon: he ahí los verdaderos autores de las varias obras de doctrina y propaganda que llevan el nombre del inculto vidente Smith. Sabido es que no hay nada más fácil que la imitación exterior de la fraseología bíblica. Por lo demás, elLibro de Mormónes una compilación indigente é indigesta, en que la soldadura de los extractos bíblicos con las lucubraciones novelescas es visible y puede tocarse con el dedo. En mi vida he acometido lectura más tediosa. Los mismos nombres propios forjados son generalmente extraños á toda fonética oriental. La «innobilidad» de su origen no ha perjudicado al éxito de la doctrina, pero ha trascendido á toda su evolución ulterior: el mormonismo ha quedado grosero, como nació; y sus producciones más recientes, bajo el esmero de la ejecución material, conservan el mismo sello de repugnante charlatanismo y de baja fabricación. Sucede exactamente lo contrario con el sansimonismo, cuya nobleza primitiva y valía intelectual inspiran respeto: pero esto mismo ha sido el primer obstáculo para su popularidad. Las mismas palabras lo indican: el pueblo es el vulgo; un éxito popular es una vulgarización. Ahora bien, no existe vulgo másvulgar que el de los Estados Unidos. Los yankees conquistarán el mundo: es asunto entendido; entretanto, son todavía lo que de ellos ha escrito Schopenhauer: los plebeyos de la humanidad. De ahí el éxito delLibro de Mormón, y sobre todo de la doctrina predicada, que rebajaba la religión al nivel de todas las inteligencias y de todos los apetitos.Como doctrina y culto, el mormonismo carece por igual de elevación y de originalidad. Sería un simple plagio del cristianismo primitivo, si la adulteración de algunos principios no lo tornase una parodia de aquél. SuCredo, redactado por el apóstol Pratt y proclamado por Smith, admite la Trinidad, el bautismo por inmersión, la remisión de los pecados por la penitencia y la imposición de las manos; el dón de profecía é interpretación de lenguas, el reino final de Cristo en la tierra y la restauración de las tribus de Israel; la organización de una jerarquía eclesiástica; por fin, los artículos recientes de su profesión de fe contienen un acto de acatamiento para con las autoridades constituídas, añadiendo una declaración de respeto por las «virtudes sociales»—la castidad, inclusive—lo que significa un certificado públicode vita et moribusque se otorgan á sí mismos los interesados ...Pero, aun antes de la proclamación dogmática de la poligamia, es necesario ver en los textos apostólicos lo que realmente se oculta debajo de esos artículos de fe, para convencerse de que no es el mormonismo, como lo dije, más que la disparatada parodia del cristianismo. Su trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo está constituída en realidad por dos hombres inmortales y un fluido esparcido ¡análogo á la electricidad! El Padre y el Hijo revisten cuerpo; comen, beben, tienen mujeres, en medio de una corte de elegidos que viven como ellos. La «salvación» es la entrada en esavida inmortal de banquetes y amores libres, que parece untippling-housedel paraíso de Mahoma. Cristo ha tenido ya una resurrección después de su muerte; pero cumplirá otras dos ... José Smith, que no miraba mucho más allá de su propia existencia—«¡después de mí el diluvio!»—había fijado para 1890 la próxima venida de Jesucristo. Los mormones actuales tratan de hacer olvidar la malhadada fecha; pero no pueden destruir todos los textos ya impresos; se contentan con omitir la cláusula en las nuevas ediciones. Desde 1890 debía comenzar el reinado efectivo y corporal de Cristo en Salt Lake, el cual duraría mil años; la tierra sería un inmenso jardín, «surcado de ferrocarriles y telégrafos», con casas de oro y piedras preciosas, donde los gentiles seríamos los sirvientes de los «Santos del último día». Todas esas torpezas y locuras, además de las que omito, representan el ideal de un artesano yankee, exaltado por la lectura de la Biblia y embriagado por los reclamos charlatanescos de una prensa para emigrantes famélicos, que coloca el fin de la civilización en la riqueza, la hartura física y la enormidad material.El evangelio nuevo se encontraba á nivel de esas poblaciones depioneersenérgicos é incultos. Se propagó con la rapidez de un incendio en la pradera. En 1830 Smith dió principio á su misión, convirtiendo á cinco miembros de su familia; algunos años después predicaba delante de veinte mil adeptos. Los ataques violentos, las persecuciones del populacho, atraillado por las sectas rivales, producían el efecto del viento en la quemazón: lejos de apagar el entusiasmo, duplicaban su ardor. Cuanto más grotescos y ridículos fueran los sermones de Joe, más absurdas sus visiones y profecías, tanto más eficaz era la propaganda. La naciente asociación satisfacía á la par los dos sentimientos cardinales del alma americana: laintensidad de la aspiración religiosa y la energía del espíritu positivo y práctico.El mero hecho, en efecto, de acometer un territorio virgen cualquier grupo laborioso y disciplinado traía inmediatamente la abundancia y la prosperidad. Suponed que diez mil familias, vinculadas por un espíritu de confraternidad y absoluta obediencia á dos ó tres jefes ambiciosos, se establecieran en el río Negro ó en Misiones, en grupos compactos y abnegados, dispuestos para el trabajo y el sufrimiento: en diez años transformarían el desierto en un distrito exuberante de riquezas. Los jesuítas lo consiguieron en parte, en sus reducciones de la América española; pero no eran allí sino el Estado mayor europeo de un ejército indígena; además no podían «crecer y multiplicar», al igual que estos polígamos sometidos voluntariamente, yad majorem Dei gloriam, ¡á una organización tan fuerte como la jesuítica!Los progresos anuales de la secta le permitían ya desprender enjambres por el oeste, en el Ohío y el Missouri. Cerca de Independence, en el condado de Jackson (Missouri), fundaban la «Nueva Sión», desbordándose en los condados vecinos de Clay y Lafayette; invadían los condados de Portage, Carroll y Lake en el Ohío; fundaban en Kirtland bancos, manufacturas, un templo que costó 41.000 dollars y fué dedicado en 1837. Arrojados del Missouri por el odio y la envidia del populacho, creaban á Nauvoo, en la frontera de Illinois, cerca de la confluencia del río Des Moines y el Mississipi: en pocos años la soledad se convertía en un «sitio de abundancia y riqueza» (an abode of plenty and richness). Las mieses y el ganado cubrían las campiñas; los botes cargados de pasajeros y mercaderías surcaban el gran río; las anchas calles se llenaban de edificios públicos y residencias. Se erigióun templo sobre los planos de Smith, que el arquitecto «gentil» encontró tan absurdos como complicados; pero el Profeta tuvo una consulta con el Señor, quien declaró que el mamarracho le parecía¡all right!—Se enviaban misiones de reclutamiento á Europa, África, Palestina, y afluía una inmigración más numerosa que selecta, cuyos desórdenes fueron la causa ó el pretexto de la creciente hostilidad de la población. Smith obtuvo para Nauvoo y su territorio carta de distrito libre, y gobernó su «teo-democracia» con el absolutismo de un rey oriental, cuya poligamia practicaba ya aunque no era todavía un dogma promulgado.No parece dudoso que en esta época (1843) la exaltación mental de Joseph fuera un pródromo del delirio de las grandezas. Trataba con risible altivez á los prohombres de Washington, exigía de Clay y Calhoun declaraciones categóricas acerca del mormonismo; concluyó por lanzar su propia candidatura presidencial. Su despotismo doméstico acarreaba la defección de algunos adeptos importantes, que descorrían el velo de una conducta muy poco profética. Esas discordias intestinas atizaban el odio instintivo ó interesado del populacho. Se produjeron denuncias graves; el gobernador del Illinois, pasando por sobre las franquicias otorgadas, dictó auto de prisión contra el profeta y sus consejeros. El 27 de junio de 1844 la cárcel fué asaltada y el profeta asesinado. Era ya tiempo para la secta y la misma carrera extraviada del reformador. El crimen de la canalla transformó al loco en mártir de su religión.Fué elegido Brigham Young, contra las pretensiones, al parecer fundadas, de Sidney Rigdon, á quien se excomulgó. Pero Brigham Young, que tomó el título desde entonces definitivo de Presidente, era el hombre del momento:the manfor the hour. El rudo carpintero, cual otro zar Pedro, era el único capaz de dominar esos elementos rústicos, salvando la institución por la disciplina y la energía. Comprendió, desde luego, que la posición no era defendible y, después de inaugurar el nuevo templo, lo abandonó todo y preparó sin descanso la expatriación.El éxodo cruel comenzó el 4 de febrero de 1846: millares de familias cruzaron el Mississipi congelado. Detalle que hace estremecer las entrañas: en esa primera noche de frío terrible, bajo la lona de las carretas, once criaturas vieron la luz. ¡Ay! ¡miseria profunda del rebaño humano! En carros, á caballo, á pie, con el ganado que se pudo salvar, la caravana se abría camino por las nevadas llanuras y los desiertos del Iowa. Pasó el invierno, más breve que el odio de los hombres; en junio, la vanguardia, conducida por el mismo Young, divisó el Missouri; los pájaros cantaban en las sabanas cubiertas de flores; y los indios omahas, menos despiadados que los cristianos del Illinois, recibieron con bondad á los proscriptos. Allí se detuvieron algunos meses, en Council Bluffs,—que es hoy una encantadora villa y la estación convergente de las líneas del oeste con laUnion Pacific. Algunos peregrinos cruzaron al pronto el Missouri y levantaron sus casuchas en la opuesta orilla, delineando la que es hoy ciudad de Omaha, con 150.000 habitantes, y aspira á ser, con Kansas City, la rival futura de Chicago ... Evocaba estos recuerdos melancólicos en la tarde de verano en que pasé el puente del Missouri, para ir á esperar el tren en la estación vecina. Y no pretendo que esta evocación sea del mismo orden artístico que la de Chateaubriand en el valle de Esparta ...Volvió el invierno cruel con sus vientos y sus escarchas; los fugitivos tuvieron que cavar cuevas en losbluffs(barrancas)que sustentan hoy pintorescas residencias. Al fin asomó la primavera de 1847, y con ella aparecieron los emisarios que Young enviara, cual otro Josué, á explorar la nueva tierra de promisión: uno de éstos era el actual presidente Woodruff. Después de otras semanas de fatigas, el valle del Utah fué divisado desde las montañas del este.—Todavía tenían por delante muchos años de sufrimiento y escasez, antes de transformar ese yermo poblado de indios y azotado por mangas de langostas, en el terrestre paraíso que he descrito. Para soportar esas penurias y, finalmente, vencer en la lucha con los hombres y la naturaleza, no eran suficientes la fibra del colono americano y el temple delsettleraventurero. Fué necesaria la energía indomable y siempre renaciente, que infunden en el alma humana la fe religiosa y la confianza en un Dios tutelar. Diez años después, el Utah era el territorio más rico y floreciente del país: contaba ochenta mil mormones en el solo valle, fuera de un número mayor en el resto del mundo y que se sentía atraído á la nueva Sión. El triunfo del «Evangelio eterno» parecía asegurado: el gobierno de Washington lo sancionaba, nombrando á Brigham Young gobernador político del territorio que era su obra y creación.—Entonces visitó Salt Lake el francés Rémy, cuyo libro optimista no tiene hoy más importancia que haber inspirado á Taine un estudio profundo y magistral, como todo lo que ha salido de su pluma soberana.Después de cuarenta años transcurridos lo visito á mi vez, pero es para comprobar que todos los progresos materiales, antes iniciados por obra del mormonismo, se han llevado á término contra su influencia decreciente. Al día siguiente de su conquista, la población mormona quedaba estacionaria, en tanto que la inmigración «gentil» crecía en número y poderío, hasta triunfar en las últimas elecciones municipales.—¿Quéhabía sucedido? ¡Oh! muy poco en la apariencia: un pequeño hecho «moral», que pudo tenerse por insignificante en ese mundo de emigrantes y cazadores de dollars. En cuanto se sintiera aislado del resto del país y soberano absoluto en su valle perdido, Brigham Young había promulgado el dogma de la poligamia que, por su cuenta, practicaba concienzudamente. Como una lepra moral, el virus disolvente se infiltró en el organismo robusto, hasta secar la misma fuente de la vida. La poligamia que esterilizó al Islam ha paralizado el desarrollo mormónico.—La piedra angular del edificio social es la familia; y no hay familia, en el augusto sentido de la palabra, allí donde la mujer se halla rebajada por la promiscuidad, y el hogar santo se prostituye en harém. Bastó la ley de Edmunds, que castigaba la cohabitación repugnante del gineceo, para rebajar la pretendida religión mormónica al nivel de un concubinato vergonzante. Se han visto los jefes de la secta obligados á exhibir en público, y ante un tribunal de «gentiles», el estigma clandestino de su carne. Y demostróse claramente lo que eran esas «esposas espirituales» de los sacerdotes, cuando el viejo Young, que ya tenía diez y ocho mujeres «legítimas», para negar una miserable pensión alimenticia á otras desgraciadas ¡tuvo el cinismo sórdido de probar que eran ya casadas y, por lo tanto, meras concubinas suyas!Suscitáronse luego las causas escandalosas de Cannon y otros pontífices de la poligamia, y el ridículo enterró al dogma que la vindicta legal había herido de muerte. Á medida que el Utah se abría al progreso material y moral, tuvieron los mormones que refugiarse más y más en su templo cerrado á los «profanos», huyendo como aves nocturnas ante la luz. La poligamia ha matado al mormonismo. La población disidente, que aspira legítimamente á constituir un nuevo Estadoautónomo, persigue la expulsión del elemento cuya presencia es un obstáculo para su emancipación del gobierno federal. Los mormones ya preparan una emigracion á Méjico, á las islas Hawai, donde tienen fuertes colonias: realizarán su último éxodo, pero sin la fe ni la energía de los pasados días. Los factores que antes enunciara, como cooperadores del éxito, se han debilitado ó vuelto adversos. Como el islamismo, y por la misma causa íntima, el mormonismo es el «hombre enfermo» de que habla la diplomacia europea al discutir la cuestión de Oriente: sólo que la agonía de éste será mucho más breve, como que ha sido mucho menos larga é importante su evolución histórica.La última tarde que pasé en Salt Lake me ha dejado una impresión extraña é indeleble. Con mi inseparable coronel L., fuí á visitar el fuerte Douglas, donde el regimiento 16º de infantería está acuartelado. Es cosa visible que, para la parte culta de la población, la presencia de este cuerpo de línea es doblemente penosa: por los recuerdos de pasadas represiones que evoca, y la situación de mero territorio, que las bayonetas federales acentúan. El fuerte domina la ciudad desde la falda deWasatch Range; el paraje es tan ameno cuanto eficaz la posición estratégica. El camino, por el tramway eléctrico, es un paseo encantador entre quintas y alamedas. Al paso que se trepa la colina, el horizonte se ensancha hacia el oeste; la altura y la hora refrescan deliciosamente el ambiente. En las cercanías de la esplanada, los oficiales casados ocupan bonitos chalets llenos de plantas y flores; la intendencia y la enfermería son residencias campestres; la «villa» del coronel, con sus dos pisos y dobleverandá, rodeada de jardines, ocupa un ángulo de la plaza, en que circulanlos coches de los paseantes. La tropa maniobra en el glacis cercado de árboles y césped; el uniforme obscuro y los cascos de punta remedan los del ejército alemán; pero la vida casera ha espesado á los oficiales, que afectan vanamente la tiesura germánica: sudan y se fatigan durante sus inocentes contramarchas de una cuadra. Esas tropas de línea parecen milicias territoriales, casi compañías de bomberos voluntarios. El jefe veterano asiste paternalmente á la parada desde un banco del paseo. Oigo un doble grito de sorpresa, y veo á mi propio coronel precipitarse en los brazos del otro[24]; éste se vuelve luego hacia mí y me sacude la mano con energía:¡very glad, all right!... Y en tanto que esas ruinas fraternales pasan lista de sus compañeros de armas, ausentes ó difuntos, contemplo embelesado el valle pintoresco que se desenvuelve á mis pies.La masa entera de la ciudad se funde en una niebla azulada; las oleadas del follaje obscuro circundan los edificios casi invisibles; las torres de las iglesias y las chimeneas de las fábricas yerguen sus pirámides agudas y sus tallos rígidos, simbolizando materialmente la fe y el trabajo: las dos fuerzas hermanas que han cumplido la obra de la civilización. El orgulloso Templo mormón está cercado y como acometido por veinte capillas disidentes, tan varias de estilo como de creencias, pero unidas en un solo propósito hostil. El lago Salado, estrecho y terso como una hoja de acero, se alarga de norte á sur, semejando el islote de Cattle la empuñadura de ese alfanje que el sol poniente hace centellear. Un cañonazo da la señal de arriar la bandera que flota en el mástil de la esplanada: delante del regimiento formado y los oficiales que lo saludan, el estandarterojo y blanco desciende lentamente á lo largo de su driza, con no sé qué religiosa solemnidad. Designando las estrellas de plata en campo azul, que representan á los Estados, murmuro á media voz:Falta una ...El jefe endereza la cabeza, me toma del brazo y, alargando hacia Salt Lake su bastón de inválido, me contesta: «Estará dentro de poco:¡befor long!...»Ahora el sol se ha ocultado detrás de la Sierra Nevada; el crepúsculo triste desciende en la colina; el regimiento vuelve á su cuartel, precedido por la música ya lejana que toca laMarcha de Sherman, ensordecida por la distancia cual por el tiempo que nos separa de la evocación. En esta soledad casi augusta, el himno marcial y bien ritmado, que sé de memoria desde San Francisco, me trae recuerdos de lecturas y como ráfagas de esas victorias sangrientas que fueron también triunfos morales. El golpe de audacia del general Sherman, cortando sus comunicaciones con el norte para cruzar la Georgia confederada sobre un espacio de 250 millas y buscar el mar, es un hecho de guerra de primer orden; pero, ante todo, significa para la historia el aniquilamiento definitivo del funesto espíritu separatista, el predominio y la salvación de la nacionalidad, la cauterización necesaria, si bien dolorosa, por el hierro y el fuego, de la llaga vergonzosa y secular de la esclavitud ... Tomo del brazo á mi pobre viejo coronel retirado, que ya no me parece ridículo, y, bajando con él la esplanada del bastión, repito con extraña emoción los versos del canto popular, cuya música apagada nos llega aún en el silencio de la noche:So we sang the chorus from Atlanta to the sea,While we were marching through Georgia...
SALT LAKE CITY
EL MORMONISMO
Para mi gobierno, atribuyo una importancia que sin duda encontraréis excesiva á la impresión total que los hombres y las cosas producen en mí. Tomo el pulso á mi instinto, y sólo después procuro explicarme su manifestación, siquiera asome tan obscura como irresistible.—Salgo de esa entrevista, tan atenta y cortés, con un marcado sentimiento de antipatía. Me pregunto ¿por qué? Analizo, estudio, reflexiono—y la respuesta de mi sentido recto y honrado es que allí falta la sinceridad. ¡Oh! ¡distingamos aquí como en otras empresas, entre los predicadores y los creyentes, entre los promotores ardientes de la sociedad y el dócil rebaño de los accionistas! Un movimiento religioso moderno, que no se apoyase en la fe de sus adeptos, se estancaría muy pronto en la inmovilidad y la muerte. No fundaría nada estable y sólido, á semejanza de esos ridículos y nómades «salvacionistas», que reclutan los vagabundos del mundo entero yvienen á ser los gitanos del proselitismo. Pero los iniciadores del mormonismo han sido meros impostores. Y era tan grosera la impostura, que sólo en aquellos Estados Unidos rudos y crédulos de hace medio siglo ha podido ser acogida y prosperar.
Los tres factores sociales que con desigual energía han cooperado á la fortuna del mormonismo, venciendo los obstáculos que levantara el egoísmo material, y sobre todo lo absurdo y vulgar de la doctrina, son los siguientes: 1º la ausencia de cultura general y de espíritu crítico (correlativa de lo muy robusto y eficaz del sentimiento religioso), que hasta ahora, y á pesar de las apariencias contrarias, constituye la fuerza moral al par que la inferioridad intelectual del pueblo americano; 2º la escasa densidad de la población y la disponibilidad de vastos territorios vacantes en el oeste; 3º la laxitud del vínculo federal, caracterizada por la celosa y, entonces, más que hoy, preponderante autonomía de los Estados. Conviene tener á la vista estos tres factores, que he enumerado en el orden de su importancia, para fallar sobre el porvenir del mormonismo: si ellos subsisten intactos, la secta cumplirá su cabal desarrollo; si ellos han mermado y tienden á desaparecer, la secta languidecerá fatalmente, y su absorción por el organismo nacional será tan sólo cuestión de pocos años.
Encontraréis en todas partes la historia de su origen y rápida propagación; pero no puede gustarse plenamente el sabor americano de esta fruta religiosa, sino estudiando en los voluminosos documentos que me han sido facilitados, los caracteres de la planta y las peripecias de su crecimiento semisecular. Y no se tenga por asunto de poco momento: el problema religioso vuelve á ser la cuestión palpitante del mundo.
Ahora bien, con todas sus deficiencias y vulgaridades, elmormonismo muestra realizado en nuestro tiempo un experimento completo que, no sólo suministra indicaciones preciosas acerca del espíritu de credulidad del pueblo americano, sino que arroja al propio tiempo vivísima luz sobre el proceso histórico y legendario de todas las religiones. No puedo, por ahora, hacer más que justificar brevemente mis conclusiones; pero no abandono definitivamente el tema. Creo que un estudio substancial y filosófico del movimiento mormónico constituiría el mejor comentario crítico de tantas historias religiosas como este siglo ha producido: representaría un cartabón ó marco fiel para el contraste de aquellas innumerables inducciones, ya tímidas, ya temerarias, que la simbólica y la exégesis modernas han acuñado, con dudosa aleación de arte y ciencia, de conjetura y de realidad.
Como entidad religiosa, el mormonismo presenta un conjunto más completo que el protestantismo—sin que ello importe comparar la Biblia alLibro de Mormón; tiene revelación, milagros, mártires, misterios y sacramentos, jerarquía eclesiástica, y hasta un embrión de culto simbólico, adulterado por evidentes preocupaciones materiales: en suma, todos los elementos y todos los ingredientes de una iglesia establecida. El organismo es, lo repito, de aspecto vulgar, de concepción grosera y factura primitiva, pero vivificado y ennoblecido por la fe robusta de sus adeptos. Se parece á una moneda fiduciaria cuya garantía de emisión, con ser una quimera, fuese por todo un pueblo aceptada firmemente como un valor positivo: provisionalmente, la ilusión tendría el poder representativo y la plena eficacia de la verdad.
«La letra mata y el espíritu vivifica». La letra del mormonismo era, en efecto, de una torpeza tan enorme y caricatural,que hubiese bastado á matar en su germen la tentativa, á sembrarse en cualquiera otra comarca de mediana cultura intelectual.—Un pequeño campesino del Vermont, ocioso y desequilibrado, con la cabeza llena de visiones y profecías, después de indigestarse de lecturas bíblicas y embriagarse derevivalssectarios, concibe hacia 1820 el pensamiento de una nueva religión. Nosotros, gente de imaginación ponderada y contenida por el guardalado de la crítica social, clasificamos la idea entre las que conducen más ó menos directamente al manicomio. Hay, desde luego, una parte de exactitud en el diagnóstico. Los retratos de Joe Smith—con su cráneo dolicocéfalo de impulsivo, su perfil huyente y la extraña hilaridad comunicativa del conjunto—reproducen una fisonomía de iluminado tangente á la imbecilidad, y con pasaje ya tomado para la provincia de Megalomanía. Todos sus contemporáneos y no convertidos vecinos mencionan su ignorancia y estupidez (stupidity and illiterate character). Es muy posible que la abierta válvula de su profetismo impidiera la explosión de la demencia, desviando al alienado latente hacia eljocrisse. En todo caso, su personalidad forma contraste cabal con la de su sucesor, el carpintero Brigham Young, el verdadero hombre de la secta, que fué el sólido empresario de las colonias religioso-comerciales: capaz de hacer frente á todas las dificultades y conflictos de una organización social; muy poco dado á visiones apocalípticas, y tan celoso de la multiplicación de los accionistas como de sus dividendos. Este fué quien sustituyó el título de «Profeta» por el de Presidente, más adecuado á su papel y á su ambición. Puede admitirse que las primeras alucinaciones de José Smith fuesen «reales» es decir, patológicas. Un ángel, llamado Moroni, «le aparecía como una luz y se disipaba como un humo», despuésde anunciarle que Dios le había elegido para revelar al mundo el «evangelio eterno»—el cual se encontraba escrito «con caracteres egipcios, caldaicos, siriacos y árabes», sobre unas planchas de oro, enterradas en la vecina colina de Cumorah. Junto á la caja preciosa, hallaría Joe un par de anteojos de diamante, que le permitirían leer la traducción del sagrado texto.
La imaginación inculta teje su red maravillosa con los elementos que halla á su alcance, á manera del ave que construye su nido con la paja y las fibras de las cercanías. Un gaucho argentino describe la «salamanca» de los brujos, figurándose su lujo inaudito como una mezcla de tienda y pulpería. Los accesorios maravillosos de Smith no eran sino materiales de su profesión. Más que agricultor, él era un «cateador de tesoros» (money-digger); mitad vagabundo, mitad charlatán, hacía el oficio de zahorí, descubriendo minas ocultas con sus gafas deseer, ó bien señalando los manantiales subterráneos con la conocida vara de avellano. En cuanto á la composición delLibro de Mormón, punto de arranque de la propaganda, fué tarea laboriosa y compleja: una verdadera rapsodia compilada en cinco ó seis años de correrías por el New York y la Pensilvania. La lectura de la Biblia y la asidua frecuentación de losrevivalsreligiosos le suministraron el núcleo doctrinario; la parte histórica fué extraída de una extraña novela de Spaulding, acerca del supuesto origen hebraico de los indios americanos, de cuyo manuscrito Smith tuvo conocimiento.—Para destruir esta aserción, los modernos sectarios no han hallado mejor procedimiento que publicar ellos mismos el pretendido manuscrito de la novela, descubierto por un Mr. Rice, mormón de Honolulú; y en la misma historia oficial que me han regalado, se «demuestra»la completa diferencia de uno y otro texto, ¡confrontando una página delLibro de Mormóncon otra página delManuscript Storyde Spaulding! Esta exégesis polinésica recuerda la argumentación del reo de marras, que quería aniquilar la declaración de dos testigos oculares, trayendo él á cincuenta «que no le habían visto» ...
Bajo pretexto de traducción, elLibro de Mormónfué elaborado pacientemente con la cooperación de dos ó tres personajes, más tarde famosos; el incauto Harris, quien, además de escribiente, fué el primer socio capitalista de la sociedad; el maestro de escuela Cowdery, el pastor Parley Pratt y el orador Sidney Rigdon: he ahí los verdaderos autores de las varias obras de doctrina y propaganda que llevan el nombre del inculto vidente Smith. Sabido es que no hay nada más fácil que la imitación exterior de la fraseología bíblica. Por lo demás, elLibro de Mormónes una compilación indigente é indigesta, en que la soldadura de los extractos bíblicos con las lucubraciones novelescas es visible y puede tocarse con el dedo. En mi vida he acometido lectura más tediosa. Los mismos nombres propios forjados son generalmente extraños á toda fonética oriental. La «innobilidad» de su origen no ha perjudicado al éxito de la doctrina, pero ha trascendido á toda su evolución ulterior: el mormonismo ha quedado grosero, como nació; y sus producciones más recientes, bajo el esmero de la ejecución material, conservan el mismo sello de repugnante charlatanismo y de baja fabricación. Sucede exactamente lo contrario con el sansimonismo, cuya nobleza primitiva y valía intelectual inspiran respeto: pero esto mismo ha sido el primer obstáculo para su popularidad. Las mismas palabras lo indican: el pueblo es el vulgo; un éxito popular es una vulgarización. Ahora bien, no existe vulgo másvulgar que el de los Estados Unidos. Los yankees conquistarán el mundo: es asunto entendido; entretanto, son todavía lo que de ellos ha escrito Schopenhauer: los plebeyos de la humanidad. De ahí el éxito delLibro de Mormón, y sobre todo de la doctrina predicada, que rebajaba la religión al nivel de todas las inteligencias y de todos los apetitos.
Como doctrina y culto, el mormonismo carece por igual de elevación y de originalidad. Sería un simple plagio del cristianismo primitivo, si la adulteración de algunos principios no lo tornase una parodia de aquél. SuCredo, redactado por el apóstol Pratt y proclamado por Smith, admite la Trinidad, el bautismo por inmersión, la remisión de los pecados por la penitencia y la imposición de las manos; el dón de profecía é interpretación de lenguas, el reino final de Cristo en la tierra y la restauración de las tribus de Israel; la organización de una jerarquía eclesiástica; por fin, los artículos recientes de su profesión de fe contienen un acto de acatamiento para con las autoridades constituídas, añadiendo una declaración de respeto por las «virtudes sociales»—la castidad, inclusive—lo que significa un certificado públicode vita et moribusque se otorgan á sí mismos los interesados ...
Pero, aun antes de la proclamación dogmática de la poligamia, es necesario ver en los textos apostólicos lo que realmente se oculta debajo de esos artículos de fe, para convencerse de que no es el mormonismo, como lo dije, más que la disparatada parodia del cristianismo. Su trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo está constituída en realidad por dos hombres inmortales y un fluido esparcido ¡análogo á la electricidad! El Padre y el Hijo revisten cuerpo; comen, beben, tienen mujeres, en medio de una corte de elegidos que viven como ellos. La «salvación» es la entrada en esavida inmortal de banquetes y amores libres, que parece untippling-housedel paraíso de Mahoma. Cristo ha tenido ya una resurrección después de su muerte; pero cumplirá otras dos ... José Smith, que no miraba mucho más allá de su propia existencia—«¡después de mí el diluvio!»—había fijado para 1890 la próxima venida de Jesucristo. Los mormones actuales tratan de hacer olvidar la malhadada fecha; pero no pueden destruir todos los textos ya impresos; se contentan con omitir la cláusula en las nuevas ediciones. Desde 1890 debía comenzar el reinado efectivo y corporal de Cristo en Salt Lake, el cual duraría mil años; la tierra sería un inmenso jardín, «surcado de ferrocarriles y telégrafos», con casas de oro y piedras preciosas, donde los gentiles seríamos los sirvientes de los «Santos del último día». Todas esas torpezas y locuras, además de las que omito, representan el ideal de un artesano yankee, exaltado por la lectura de la Biblia y embriagado por los reclamos charlatanescos de una prensa para emigrantes famélicos, que coloca el fin de la civilización en la riqueza, la hartura física y la enormidad material.
El evangelio nuevo se encontraba á nivel de esas poblaciones depioneersenérgicos é incultos. Se propagó con la rapidez de un incendio en la pradera. En 1830 Smith dió principio á su misión, convirtiendo á cinco miembros de su familia; algunos años después predicaba delante de veinte mil adeptos. Los ataques violentos, las persecuciones del populacho, atraillado por las sectas rivales, producían el efecto del viento en la quemazón: lejos de apagar el entusiasmo, duplicaban su ardor. Cuanto más grotescos y ridículos fueran los sermones de Joe, más absurdas sus visiones y profecías, tanto más eficaz era la propaganda. La naciente asociación satisfacía á la par los dos sentimientos cardinales del alma americana: laintensidad de la aspiración religiosa y la energía del espíritu positivo y práctico.
El mero hecho, en efecto, de acometer un territorio virgen cualquier grupo laborioso y disciplinado traía inmediatamente la abundancia y la prosperidad. Suponed que diez mil familias, vinculadas por un espíritu de confraternidad y absoluta obediencia á dos ó tres jefes ambiciosos, se establecieran en el río Negro ó en Misiones, en grupos compactos y abnegados, dispuestos para el trabajo y el sufrimiento: en diez años transformarían el desierto en un distrito exuberante de riquezas. Los jesuítas lo consiguieron en parte, en sus reducciones de la América española; pero no eran allí sino el Estado mayor europeo de un ejército indígena; además no podían «crecer y multiplicar», al igual que estos polígamos sometidos voluntariamente, yad majorem Dei gloriam, ¡á una organización tan fuerte como la jesuítica!
Los progresos anuales de la secta le permitían ya desprender enjambres por el oeste, en el Ohío y el Missouri. Cerca de Independence, en el condado de Jackson (Missouri), fundaban la «Nueva Sión», desbordándose en los condados vecinos de Clay y Lafayette; invadían los condados de Portage, Carroll y Lake en el Ohío; fundaban en Kirtland bancos, manufacturas, un templo que costó 41.000 dollars y fué dedicado en 1837. Arrojados del Missouri por el odio y la envidia del populacho, creaban á Nauvoo, en la frontera de Illinois, cerca de la confluencia del río Des Moines y el Mississipi: en pocos años la soledad se convertía en un «sitio de abundancia y riqueza» (an abode of plenty and richness). Las mieses y el ganado cubrían las campiñas; los botes cargados de pasajeros y mercaderías surcaban el gran río; las anchas calles se llenaban de edificios públicos y residencias. Se erigióun templo sobre los planos de Smith, que el arquitecto «gentil» encontró tan absurdos como complicados; pero el Profeta tuvo una consulta con el Señor, quien declaró que el mamarracho le parecía¡all right!—Se enviaban misiones de reclutamiento á Europa, África, Palestina, y afluía una inmigración más numerosa que selecta, cuyos desórdenes fueron la causa ó el pretexto de la creciente hostilidad de la población. Smith obtuvo para Nauvoo y su territorio carta de distrito libre, y gobernó su «teo-democracia» con el absolutismo de un rey oriental, cuya poligamia practicaba ya aunque no era todavía un dogma promulgado.
No parece dudoso que en esta época (1843) la exaltación mental de Joseph fuera un pródromo del delirio de las grandezas. Trataba con risible altivez á los prohombres de Washington, exigía de Clay y Calhoun declaraciones categóricas acerca del mormonismo; concluyó por lanzar su propia candidatura presidencial. Su despotismo doméstico acarreaba la defección de algunos adeptos importantes, que descorrían el velo de una conducta muy poco profética. Esas discordias intestinas atizaban el odio instintivo ó interesado del populacho. Se produjeron denuncias graves; el gobernador del Illinois, pasando por sobre las franquicias otorgadas, dictó auto de prisión contra el profeta y sus consejeros. El 27 de junio de 1844 la cárcel fué asaltada y el profeta asesinado. Era ya tiempo para la secta y la misma carrera extraviada del reformador. El crimen de la canalla transformó al loco en mártir de su religión.
Fué elegido Brigham Young, contra las pretensiones, al parecer fundadas, de Sidney Rigdon, á quien se excomulgó. Pero Brigham Young, que tomó el título desde entonces definitivo de Presidente, era el hombre del momento:the manfor the hour. El rudo carpintero, cual otro zar Pedro, era el único capaz de dominar esos elementos rústicos, salvando la institución por la disciplina y la energía. Comprendió, desde luego, que la posición no era defendible y, después de inaugurar el nuevo templo, lo abandonó todo y preparó sin descanso la expatriación.
El éxodo cruel comenzó el 4 de febrero de 1846: millares de familias cruzaron el Mississipi congelado. Detalle que hace estremecer las entrañas: en esa primera noche de frío terrible, bajo la lona de las carretas, once criaturas vieron la luz. ¡Ay! ¡miseria profunda del rebaño humano! En carros, á caballo, á pie, con el ganado que se pudo salvar, la caravana se abría camino por las nevadas llanuras y los desiertos del Iowa. Pasó el invierno, más breve que el odio de los hombres; en junio, la vanguardia, conducida por el mismo Young, divisó el Missouri; los pájaros cantaban en las sabanas cubiertas de flores; y los indios omahas, menos despiadados que los cristianos del Illinois, recibieron con bondad á los proscriptos. Allí se detuvieron algunos meses, en Council Bluffs,—que es hoy una encantadora villa y la estación convergente de las líneas del oeste con laUnion Pacific. Algunos peregrinos cruzaron al pronto el Missouri y levantaron sus casuchas en la opuesta orilla, delineando la que es hoy ciudad de Omaha, con 150.000 habitantes, y aspira á ser, con Kansas City, la rival futura de Chicago ... Evocaba estos recuerdos melancólicos en la tarde de verano en que pasé el puente del Missouri, para ir á esperar el tren en la estación vecina. Y no pretendo que esta evocación sea del mismo orden artístico que la de Chateaubriand en el valle de Esparta ...
Volvió el invierno cruel con sus vientos y sus escarchas; los fugitivos tuvieron que cavar cuevas en losbluffs(barrancas)que sustentan hoy pintorescas residencias. Al fin asomó la primavera de 1847, y con ella aparecieron los emisarios que Young enviara, cual otro Josué, á explorar la nueva tierra de promisión: uno de éstos era el actual presidente Woodruff. Después de otras semanas de fatigas, el valle del Utah fué divisado desde las montañas del este.—Todavía tenían por delante muchos años de sufrimiento y escasez, antes de transformar ese yermo poblado de indios y azotado por mangas de langostas, en el terrestre paraíso que he descrito. Para soportar esas penurias y, finalmente, vencer en la lucha con los hombres y la naturaleza, no eran suficientes la fibra del colono americano y el temple delsettleraventurero. Fué necesaria la energía indomable y siempre renaciente, que infunden en el alma humana la fe religiosa y la confianza en un Dios tutelar. Diez años después, el Utah era el territorio más rico y floreciente del país: contaba ochenta mil mormones en el solo valle, fuera de un número mayor en el resto del mundo y que se sentía atraído á la nueva Sión. El triunfo del «Evangelio eterno» parecía asegurado: el gobierno de Washington lo sancionaba, nombrando á Brigham Young gobernador político del territorio que era su obra y creación.—Entonces visitó Salt Lake el francés Rémy, cuyo libro optimista no tiene hoy más importancia que haber inspirado á Taine un estudio profundo y magistral, como todo lo que ha salido de su pluma soberana.
Después de cuarenta años transcurridos lo visito á mi vez, pero es para comprobar que todos los progresos materiales, antes iniciados por obra del mormonismo, se han llevado á término contra su influencia decreciente. Al día siguiente de su conquista, la población mormona quedaba estacionaria, en tanto que la inmigración «gentil» crecía en número y poderío, hasta triunfar en las últimas elecciones municipales.—¿Quéhabía sucedido? ¡Oh! muy poco en la apariencia: un pequeño hecho «moral», que pudo tenerse por insignificante en ese mundo de emigrantes y cazadores de dollars. En cuanto se sintiera aislado del resto del país y soberano absoluto en su valle perdido, Brigham Young había promulgado el dogma de la poligamia que, por su cuenta, practicaba concienzudamente. Como una lepra moral, el virus disolvente se infiltró en el organismo robusto, hasta secar la misma fuente de la vida. La poligamia que esterilizó al Islam ha paralizado el desarrollo mormónico.—La piedra angular del edificio social es la familia; y no hay familia, en el augusto sentido de la palabra, allí donde la mujer se halla rebajada por la promiscuidad, y el hogar santo se prostituye en harém. Bastó la ley de Edmunds, que castigaba la cohabitación repugnante del gineceo, para rebajar la pretendida religión mormónica al nivel de un concubinato vergonzante. Se han visto los jefes de la secta obligados á exhibir en público, y ante un tribunal de «gentiles», el estigma clandestino de su carne. Y demostróse claramente lo que eran esas «esposas espirituales» de los sacerdotes, cuando el viejo Young, que ya tenía diez y ocho mujeres «legítimas», para negar una miserable pensión alimenticia á otras desgraciadas ¡tuvo el cinismo sórdido de probar que eran ya casadas y, por lo tanto, meras concubinas suyas!
Suscitáronse luego las causas escandalosas de Cannon y otros pontífices de la poligamia, y el ridículo enterró al dogma que la vindicta legal había herido de muerte. Á medida que el Utah se abría al progreso material y moral, tuvieron los mormones que refugiarse más y más en su templo cerrado á los «profanos», huyendo como aves nocturnas ante la luz. La poligamia ha matado al mormonismo. La población disidente, que aspira legítimamente á constituir un nuevo Estadoautónomo, persigue la expulsión del elemento cuya presencia es un obstáculo para su emancipación del gobierno federal. Los mormones ya preparan una emigracion á Méjico, á las islas Hawai, donde tienen fuertes colonias: realizarán su último éxodo, pero sin la fe ni la energía de los pasados días. Los factores que antes enunciara, como cooperadores del éxito, se han debilitado ó vuelto adversos. Como el islamismo, y por la misma causa íntima, el mormonismo es el «hombre enfermo» de que habla la diplomacia europea al discutir la cuestión de Oriente: sólo que la agonía de éste será mucho más breve, como que ha sido mucho menos larga é importante su evolución histórica.
La última tarde que pasé en Salt Lake me ha dejado una impresión extraña é indeleble. Con mi inseparable coronel L., fuí á visitar el fuerte Douglas, donde el regimiento 16º de infantería está acuartelado. Es cosa visible que, para la parte culta de la población, la presencia de este cuerpo de línea es doblemente penosa: por los recuerdos de pasadas represiones que evoca, y la situación de mero territorio, que las bayonetas federales acentúan. El fuerte domina la ciudad desde la falda deWasatch Range; el paraje es tan ameno cuanto eficaz la posición estratégica. El camino, por el tramway eléctrico, es un paseo encantador entre quintas y alamedas. Al paso que se trepa la colina, el horizonte se ensancha hacia el oeste; la altura y la hora refrescan deliciosamente el ambiente. En las cercanías de la esplanada, los oficiales casados ocupan bonitos chalets llenos de plantas y flores; la intendencia y la enfermería son residencias campestres; la «villa» del coronel, con sus dos pisos y dobleverandá, rodeada de jardines, ocupa un ángulo de la plaza, en que circulanlos coches de los paseantes. La tropa maniobra en el glacis cercado de árboles y césped; el uniforme obscuro y los cascos de punta remedan los del ejército alemán; pero la vida casera ha espesado á los oficiales, que afectan vanamente la tiesura germánica: sudan y se fatigan durante sus inocentes contramarchas de una cuadra. Esas tropas de línea parecen milicias territoriales, casi compañías de bomberos voluntarios. El jefe veterano asiste paternalmente á la parada desde un banco del paseo. Oigo un doble grito de sorpresa, y veo á mi propio coronel precipitarse en los brazos del otro[24]; éste se vuelve luego hacia mí y me sacude la mano con energía:¡very glad, all right!... Y en tanto que esas ruinas fraternales pasan lista de sus compañeros de armas, ausentes ó difuntos, contemplo embelesado el valle pintoresco que se desenvuelve á mis pies.
La masa entera de la ciudad se funde en una niebla azulada; las oleadas del follaje obscuro circundan los edificios casi invisibles; las torres de las iglesias y las chimeneas de las fábricas yerguen sus pirámides agudas y sus tallos rígidos, simbolizando materialmente la fe y el trabajo: las dos fuerzas hermanas que han cumplido la obra de la civilización. El orgulloso Templo mormón está cercado y como acometido por veinte capillas disidentes, tan varias de estilo como de creencias, pero unidas en un solo propósito hostil. El lago Salado, estrecho y terso como una hoja de acero, se alarga de norte á sur, semejando el islote de Cattle la empuñadura de ese alfanje que el sol poniente hace centellear. Un cañonazo da la señal de arriar la bandera que flota en el mástil de la esplanada: delante del regimiento formado y los oficiales que lo saludan, el estandarterojo y blanco desciende lentamente á lo largo de su driza, con no sé qué religiosa solemnidad. Designando las estrellas de plata en campo azul, que representan á los Estados, murmuro á media voz:Falta una ...El jefe endereza la cabeza, me toma del brazo y, alargando hacia Salt Lake su bastón de inválido, me contesta: «Estará dentro de poco:¡befor long!...»
Ahora el sol se ha ocultado detrás de la Sierra Nevada; el crepúsculo triste desciende en la colina; el regimiento vuelve á su cuartel, precedido por la música ya lejana que toca laMarcha de Sherman, ensordecida por la distancia cual por el tiempo que nos separa de la evocación. En esta soledad casi augusta, el himno marcial y bien ritmado, que sé de memoria desde San Francisco, me trae recuerdos de lecturas y como ráfagas de esas victorias sangrientas que fueron también triunfos morales. El golpe de audacia del general Sherman, cortando sus comunicaciones con el norte para cruzar la Georgia confederada sobre un espacio de 250 millas y buscar el mar, es un hecho de guerra de primer orden; pero, ante todo, significa para la historia el aniquilamiento definitivo del funesto espíritu separatista, el predominio y la salvación de la nacionalidad, la cauterización necesaria, si bien dolorosa, por el hierro y el fuego, de la llaga vergonzosa y secular de la esclavitud ... Tomo del brazo á mi pobre viejo coronel retirado, que ya no me parece ridículo, y, bajando con él la esplanada del bastión, repito con extraña emoción los versos del canto popular, cuya música apagada nos llega aún en el silencio de la noche:
So we sang the chorus from Atlanta to the sea,While we were marching through Georgia...