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XVCHICAGOIIILA CIUDAD Y LA EXPOSICIÓNEl hombre de bien que se meta por estos Estados Unidos tiene que precaverse contra los juicios anticipados. Si en Méjico ó San Francisco, verbigracia, le ha tocado soportar el chorro entusiasta de un inocente turista que se volvió «petaca» de un viaje anterior; y si luego agrega á ello la absorción de algunas guías y pinturas de Chicago, en ese estilo de dentista emérito, que aquí reina: es muy difícil que no se deje «sugestionar»—para emplear una palabra que felizmente empieza á pasar de moda. Señalo el peligro porque lo he corrido;non ignarus mali ...que dijo el otro. Lo que lógicamente infería yo de los elogios de Bertoldo y los reclamos de Barnum, era que iba á encontrarme en laWorld’s Fair Citycon un mamarracho monumental; tal es en mí la forma ordinaria de la sugestión.Pero las cosas de este mundo no se gobiernan por la lógica pura. El simplesnobno expresa únicamente su opinión personal. ¡¿Qué felicidad mayor, para un filósofo, que ver desplegarse una necedad de buena ley, maciza y esterlina, en su marco natural, es decir, en los labios de un necio? Ahora bien: estas satisfacciones son raras. Casi siempre el sufragante universal combina lo que realmente siente con lo que ha oído tocar por el organillo de la esquina. Aplaude en la ópera, y con las mismas manos, áRuy BlasyLohengrin; á raíz de deleitarse con Ohnet, concede que Maupassant «también tiene cosas bonitas»; decide por sí y ante sí que Lombroso es un gran pensador, sin negar á Darwin las consideraciones de su particular estima ... Y si lo primero es alegre, lo segundo es triste; pues debiera ser el destino infalible del hombre superior el ser llamado tonto por Bertoldo ...No he encontrado, pues, la «ciudad ventosa» tan displicente como las descripciones de marras me lo hicieran temer. Tiene su belleza especial. Más aún: acompaño á los chicagoenses en su convicción de que Chicago es la ciudad más bella de los Estados Unidos;—sólo disentimos, según creo, en el punto de aplicación de nuestro común entusiasmo ... La misma vida material es muy soportable. Si eran sofocantes algunos días de verano, las noches solían ponerse deliciosas, con la brisa fresca del Michigán. Algunas veces el carbón ambiente contrariaba las mucosas y dañaba un tanto á la estética, pero un vago perfil de foguista no deshonra á nadie; y he oído decir—en Chicago—que una atmósfera compuesta por partes iguales de humo espeso y polvo sutil, es excelente para el pulmón:¡no consumptive!—Tenía mi buen cuarto, conbay-window, naturalmente, sobre Michigan Avenue;y cuando me sentía el alma un poco «despeada», bastábame contemplar el desfile de los carruajes y biciclos para reirme solo. Me libraba del mal servicio de los hoteles, con no tener ninguno. Á la calle por cualquiera provisión ó utensilio: es decir, á la próxima botica, donde encontraréis, como en una pulpería de la pampa, cuanto podáis necesitar: ropa, bebidas, guantes, diarios, estampillas, cigarros, velas, etc. El mismo alquimista diplomado (cost$160) no tiene á menos serviros unice-cream. Pululan las oficinas de mensajeros; pero el mandadero me quedaba casi siempre más lejos que el mandado. Además, hay mensajes delicados: si v. g. vuestro frac reclama un planchazo, lo más prudente es envolverlo en un diario y cargar con el bulto por esas veredas. Recomiendo la receta á mis amigos del Círculo de Armas: para el efecto, ningúnHeraldniTribunepueden medirse con nuestra «sábana gris»[28]. En cuanto á otras reparaciones de carácter más personal, sin incurrir en inmodestia creo que nunca tuve botones mejor cosidos; por ahí anda todavía mi dedal ...También se ha exagerado mucho lo defectuoso del servicio culinario. Cierto es que, en el mejor restaurant, os quedáis unos cuarenta minutos delante del mantel limpio—he escrito allí casi todos mis apuntes;—pero todo se explica cuando el negro arremete con la bandeja de abundancia y os sirve todo de una vez. ¿De qué os quejáis? Lo tenéis todo por delante en fuentecitas japonesas, desde el caldo y la mazamorra de avena (oat-meal) hasta el asado y la fruta; podéis picaren contorno como en un ejercicio de «copófono»; se establece un equilibrio de temperatura entre los platos diversos, de suerte que, al postre, si el café está un poco frío, en cambio el helado resulta casi caliente. ¡Hay que ser justo!—La prueba, por otra parte, de que no atribuía yo mismo tanta importancia á estos detalles gastronómicos, es que, teniendo cerca el excelente restaurant Kinsley, muy superior á las caravaneras del Auditorium y Palmer House, solía almorzar en el Lexington de la esquina, cuando no en una barraca de «Midway Plaisance». Así asegurada la paz de «la bestia», provisto de buena salud y humor pasable, con algunas relaciones cordiales de chicagoenses que sólo me encontraban un poco «peculiar», he podido conocer bien el antro de Polifemo, y describirlo con equidad y simpatía puesto que no me he aburrido en él.En su vasto conjunto material, Chicago puede ser considerado bajo dos faces distintas: la primera y la más evidente es la que perciben y admiran desde luego lossnobstranseuntes; es también la que los naturales y los guías ensalzan coninexhaustiblefervor. Esta faz vulgar carece en absoluto de carácter y originalidad, es el aspecto estereotípico de las ciudades americanas, cuyos edificios parecen fabricados por gruesas, á manera de juguetes de un Nuremberg ciclópeo. Nacida la última, desarrollada en veinte años con los derrames del Este y de Europa, sin tener á la vista otros modelos y ejemplos de gusto que sus hermanas mayores, es natural que la Chicago arquitectónica carezca por igual de elegancia y acentuación. Anchas calles paralelas y perpendiculares, bien edificadas y pavimentadas en los barrios centrales, plagadas de baches y cubiertas de casuchas en los excéntricos; acá y allá, elevadísimosbuildings, sin la menor sospecha de laarmonía necesaria entre su altura y su base,—cuya arquitectura participa de la garita y del palomar; interminables avenidas idénticamente bordadas de residencias, cuyo tipo fundamental se repite hasta el enervamiento: lavillaó elcottagede ladrillo y madera, de dos pisos y buhardilla, con techo de pizarra ó listón, la galería externa, la saliente ventana con vidriera, el parche de césped hasta la enlosada vereda, y sus filas de robles ó álamos delgados que se prolongan hasta el confín del horizonte, delante de otras mil residencias análogas ... Es lo pintoresco de pacotilla, la ornamentación convencional y de confección, el idealne varieturque algunos arquitectos de lance han aderezado á gusto y satisfacción de esossettlersy mercaderes, cuya dudosa burguesía data desde el gran incendio. Multiplicad por dos ó por veinte, según el caso, el número deblocksincompletamente edificados, y tendréis, como ya dije, el patrón sempiterno de la misma agrupación norteamericana, nacida de ayer ó anteayer, en California ó el Colorado, con el mismísimo sello de elegancia adocenada y de confortable al por mayor. Al principio, el contraste de esta «novedad» urbana con los villorrios coloniales del Perú y Méjico, causa una agradable sorpresa. Pero cansa muy pronto lo flamante y ficticio de estas estalagmitas de fabricación humana, sin sólido cimiento ni larga tradición, en que las paredes han crecido más de prisa que las arboledas. Se comprueba muy luego que la monotonía de las casillas pintadas es más abrumadora que la de los escombros; y, más allá de estos efímeros hogares que no alcanzan á abrigar una generación, la fantasía enternecida evoca aquellas nuestras pobres aldeas seculares, hechas lentamente á la medida del grupo y de la familia sedentaria, donde á la sombra del campanario amigo el hombre no ha vivido solamente de pan, y cuyas cabañasy calles retorcidas parecían adaptarse á la fisonomía del habitante, trasmitiéndose de padres á hijos, cada vez más resistentes, más venerables, más impregnadas de humanidad ...Chicago disputa enérgicamente á Cincinatti y Pittsburg el calificativo de «ciudad ahumada» (Smoky City). Una capa de hollín cubre los edificios más recientes, y, reemplazando la noble pátina del tiempo, confunde bajo el mismo matiz sombrío todas las pinturas exteriores y los materiales de construcción. Su aspecto general es el de la vejez precoz, bien distinta de la pensativa antigüedad. En seis meses, laWhite Cityde la exposición había descendido del blanco deslumbrador al tono del granito obscuro, lo propio que el Correo y el Auditorium. Ello, por cierto, no contribuye á ennoblecer el carácter arquitectónico de la enorme ciudad, pero tampoco le quita mucho. Semejante á una mujer fea á quien sobrevienen viruelas, como llovido sobre mojado, Chicago tenía poco que perder.—Acaso el efecto más marcado de este color negruzco sea el achicamiento aparente de las construcciones más colosales. Sabido es que esa ilusión óptica se demuestra y explica científicamente. He asistido cien veces, en el tramway de Wabash Avenue, á la decepción de los forasteros delante del hotel mammoth: «¿Esesoel Auditorium?»—Esos cándidos visitantes lo habían admirado en las guías y en las fotografías.Es bastante curioso comprobar la armonía preexistente entre esa arquitectura de poco más ó menos y su reproducción por la fotografía: la musa delclichéha cobijado amorosamente ambos destinos; y todo lo que con ésta pierde la verdadera obra de arte, lo gana el mamarracho decorativo. Los yankees tienen que ser los primeros fotógrafos del mundo: desde luego hanreveladoen la Exposición bellezas monumentales que hacen ilusión, pues sólo existen en la placa sensible.El hecho tiene su explicación estética; pero resultaría un poco larga, para ser completa. Sabido es que un retrato fotográfico bien tomado tiende á deslucir la hermosura y á mejorar la fealdad. La fotografía es la democracia en el arte. Pero, en el efecto á que he aludido, obran otras razones complementarias que deduciré cuando tenga tiempo. Sea como fuere, el espíritu del Oeste, esencialmente desbastador, ha procedido por instinto cual pudiera hacerlo por cálculo. En esa clientela trashumante de la Exposición, los conocedores no eran la minoría, sino la excepción: no están los que son artistas y no son los que están. ¡Adelante, entonces, con las fotografías y las descripciones grotesco-líricas! Elboastingy elhumbugson las dos columnas de la novísima civilización, y por eso es que Barnum formaba parte del Congreso americano.Dije ya que el tamaño, el número, lacantidad, constituyen el canon y la base del criterio de todas las civilizaciones primitivas: no se llega sino después de un largo refinamiento á la sobria elegancia, á la gracia discreta, á lacalidad. Todo es aquí excesivo, recargado, desproporcionado: el mamut lo simboliza exactamente, así en el conjunto como en los detalles; desde la extensión del país, que corresponde á un continente, hasta sus ríos, sus rasgos geográficos, sus producciones y sus empresas. Este pueblo estaba destinado á encontraren su suelo árboles de 400 pies, comparados con los cuales nuestros robles y cedros parecen arbustos. Ha ajustado á la realidad ambiente su informe ideal, y lossequoiasgigantescos de Yosemite Valley parecen el modelo del colosal telescopio de Lick—the largest in the world—que se yergue en el condado vecino. Estamos como Gulliver en el reino de Brobdingnag. Toda apreciación comparativa se ajusta al tamaño y al costo material; lo demás es accesorio. Las descripciones se reducen generalmenteá dar las dimensiones de los edificios y la suma del dinero invertido.—Parece imposible que se cometa un error arquitectónico en el diseño de un obelisco: ahora bien, el vulgarísimo «Monumento de Washington», en la capital, está malogrado, y la pirámide terminal es demasiado aguda; pero con esta punta suplementaria se ha llegado á la altura de 555 pies y «cuatro pulgadas». Es el monumento más alto del mundo:era, mejor dicho; pero los yankees se consuelan, consignando que la absurda torre Eiffel no es sino de hierro (but is built of iron), y quedan siempre como dueños orgullosos de la más alta masa de albañilería levantada por el hombre (the loftiest structure of masonry ever reared by man). ¡Tal es la forma de su Excelsior!—Oyeron decir que todos los pueblos poseían parques nacionales, más ó menos extensos: entonces el Congreso decretó la formación del Yellowstone Park para «recreo del pueblo». El parque—que, por otra parte, tiene bellezas naturales incomparables—se halla á unas 2500 millas de la capital, en el rincón noroeste del Wyoming; tiene una extensión de 3575 millas cuadradas y se necesita una semana para recorrerlo rápidamente.—Y así con todo. No encontraréis en Chicago una plaza cuadrada con edificios alrededor; pero sí ochenta millas de bulevares que circundan la ciudad, con una anchura que, para el de Drexel, alcanza á 250 pies, y 2000 acres de parques cubiertos de céspedes, árboles, estanques y lagunas, flores é invernáculos. Lincoln Park es el «Bosque» de Chicago, yLake Shore Drivesu «Avenida de los Campos Eliseos». En este último bulevar, que orilla el Michigan, se suceden las mansiones lujosas, imitaciones de castillos feudales y villas italianas, descomunal batalla de órdenes y estilos cosmopolitas con más colgajos y adornos externos que una pagoda, ymás dorados interiores que un ídolo oriental.—La residencia de la bella é inteligente Mrs. Potter Palmer es, por fuera y por dentro, una cuasi reproducción del castillo de Miramar; cuéntase que ha sido rehecho dos veces, casi al techarse, para seguir la voluble fantasía del propietario, que se daba cuenta del plano cuando la fábrica estaba ya en pie. Lincoln Park tiene 250 acres y está en una situación admirable; á falta de imponentes arboledas, posee magníficos céspedes y macizos de flores, lagunas, fuentes pintorescas, estatuas y monumentos. La colección zoológica—elZoo, como aquí dicen—atrae á los muchachos, el desfile por el Lake Shore atrae á las mujeres, las carreras y regatas atraen á los hombres—y la vista del Michigan, azul é infinito como un mar, no atrae á nadie. Los monumentos de Grant y Lincoln son tenidos aquí por obras magistrales; los encuentro vulgares y «fotográficos», inferiores al «grupo indio» de bronce, y sobre todo alSchillervecino. Pero el primero costó 100.000 dollars y el segundo 50.000: por consiguiente figuran entre «las más bellas esculturas del universo».Los otros parques del oeste y del sud, algunos más extensos que el de Lincoln, como el de Washington y el Jackson Park de la feria, tienen el mismo carácter de dilatación en el vacío, acrecentado por el gusto mezquino y pueril de la ornamentación: no se ven más que confecciones rústicas, emblemas, iniciales, odiosos dibujos vegetales, «monos» informes y caricaturales que deberían atraer la lapidación, como se dice que ciertas profanaciones atraen el rayo. Esos adefesios son objeto de un culto admirativo; en sendos librotes publicados para eterna memoria del gran advenimiento, se reproducen todos esosflower bedsyfloral designs—éstos, sobre todo, con especial esmero: hay hombres que reman, segadoresacostados, ginetes con sombrero cilíndrico y botas de pocero, todos ellos fabricados con terrones de césped y que recuerdan los vestigios del arte troglodita.Ese carnaval arquitectónico despliega sus máscaras y disfraces por las calles y avenidas, por todos los intersticios de la madrépora colosal. Todos los estilos se chocan ó amalgaman sin plan aparente ó pretexto disculpable, sin discernimiento en el plagio ni conciencia en la parodia. Las columnas y capiteles de cualquier orden se superponen, lo propio en el macizoCity Hallque en el hotel dePalmer House; los mismos arcos de granito y el mismo aspecto carcelario decoran elArt Institutey el almacén por mayor de Marshall Field (Known throughout the civilized world!). ¿Pensábais que esa masa de once pisos, recargada de molduras y salidizos, con base románica, cuerpo medieval y cumbre Renacimiento, fuese—además de un pesado despropósito—algún «hotel mammoth»? Pues bien: es un templo, elTemperance Temple; pero no lo confundáis con elPullman building, que ostenta por ahí cerca idénticos encantos. La confusión, por otra parte, no sería muy grave: algunas iglesias neogriegas y pseudogóticas,desafectadaspor razones diversas, se alquilan para depósitos, y no se sabe cuándo su estructura correspondió mejor á su destino. Hospitales ó colegios, estaciones ó residencias particulares, iglesias ú hoteles, bancos ó cárceles, constituyen indistintamente un conglomerado de ojivas, cariátides, balaustres y cornisas, en que el capitel corintio flanquea el rosetón gótico, los tréboles y encajes moriscos coronan el medio punto romano, y los macizos y cuadrados marcos asirios soportan unaloggiaitaliana ó—como el Auditorium—esbeltas volutas jónicas, á manera de un elefante que cargaun niño ... Es natural que todos esos plagios y rapsodias de fórmulas exóticas barajadas al tanteo, seduzcan el gusto bárbaramente infantil de estos primitivos, que han traslucido un reflejo de la civilización anterior: así los monjes del siglo quinto zurcían indiferentemente centones de Virgilio ó Claudiano para fabricar poemas á la Virgen.—Todo ello, artísticamente hablando, nace muerto; está vacío de substancia y vida orgánica: á semejanza de esos mosaicos de voces extraídas de veinte vocabularios, que los visionarios de la filología nos presentan como una futura lengua universal, fabricada con detritus de todas las otras. La lengua estética que hablan las calles de Chicago es el volapük de la arquitectura.No sería extraño que el gusto cuaternario reinara aquí con autocrática potencia: lo que agrava el caso es lo de teorizar esa deformidad. El Oeste es bárbaro con plena convicción y por razón demostrativa. Cuando Matthew Arnold, el más latino de los críticos sajones, procuraba enseñarles por qué el materialismo advenedizo no es compatible con el concepto artístico de la vida, comenzaban por injuriarle y concluían oponiéndole esta triunfante réplica: «No hay razónpara que nuestros monumentos y paseos no sean los mejores del mundo,puesto queno se ha ahorrado gasto en su construcción—for no expense was spared»!... ¿Qué podéis contestar á tales razones? ¿Cómo persuadir al cíclope de que su ojo único no realiza el ideal de la belleza, por más que tenga dimensiones de claraboya? Para cambiar instantáneamente las ideas que brotan en ese cráneo rudimentario, habría que romperlo y rehacer el molde cerebral.La doble noción que, cual semilla dehiscente, engendra los mil árboles de esta selva moral, es, lo repito, que el tamaño y el costo venal de cualquiera producción humana dan lamedida de su valor absoluto. Ahora bien: la prueba de ser este el criterio dominante la encontráis patente en cualquier orden de manifestación material ó moral, individual ó colectiva. Escuchad una estrofa del himno de Polifemo, que parece compuesto por el millonario Carnegie[29]:«El Oeste americano es la primera región de los Estados Unidos—y, por consiguiente, del mundo,—puesto que no tiene rival en la rapidez de su desarrollo agrícola, comercial y fabril. Poco importa que su agricultura extensiva consista en desflorar y agotar en veinte años el suelo virgen, para producir por hectárea una mitad menos que en las buenas y viejas tierras europeas; que su industria y su comercio dependan de tarifas draconianas, y que un cambio de frente de Inglaterra pueda arruinar los Estados mineros ó derribar sus bancos como castillos de naipes. Chicago será mañana el centro del mundo (desatendamos la nota más aguda que ya lo proclama hoy), por todo lo que sabéis de susStock-yards, de sus elevadores, de sus ferrocarriles, de sus casas de quince pisos—en una palabra, de su prodigioso incremento de veinte años. Y si admitimos, como cosa evidente, que el signo primordial de la civilización sea el desenvolvimiento de la actividad alimenticia, siendo el vientre el órgano que nos distingue de las especies inferiores: claro está que quien puede lo más puede lo menos—¡y que le ha bastado á Chicago distraer una mínima parte de su savia orgánica, hacia las ramas accesorias de dicha civilización, para sobresalir en ellas como en todas las demás!—De su arquitectura no hablemos más, para no humillar al resto del mundo; de sus bellas artes, basta decir que elArt Institute, construído de granito y mármol (cost800.000 pesos),tendrá 320 pies de largo por 170 de alto; de su enseñanza superior, basta este solo dato, más elocuente que todas las disertaciones: el edificio de la Universidad costará ocho millones, pagando un tercio del total el célebre John D. Rockefeller, el rey del aceite. ¿Cómo dudar, entonces, que será superior de primer golpe á la de Harvard, cuyo valor material no pasa de cinco?Et sic de cœteris.»Pero ningún monumento de Chicago alcanza la importancia material y simbólica del Auditorium. Es el Panteón, el Coliseo, la Santa Sofía, el palacio de San Marcos—la maravilla de las maravillas americanas. Sería necesario pedir á un literato local su pincel-escoba para celebrarlo dignamente, con ese estilo peculiar en que alterna el lirismo descabellado con el cálculo positivo de las dimensiones, el volumen cúbico y el peso de los materiales, rematando la descripción ¡con el costo total que pasa de cuatro millones de dollars! Un libro que tengo á la vista condensa la admiración de los pan-americanos, que lo visitaron en 1889, en un grito de entusiasmo del señor Zelaya, de Honduras: «¡Conozco el universo entero: no existe nada igual!». Su dedicación, en diciembre del mismo año, fué una solemnidad nacional: el presidente Harrison vino desde Washington para inaugurar el hotel-teatro ...Es una ciclópea y negruzca contrucción de piedra que para cárcel parecería muy lúgubre. El exterior es el de una maciza fortaleza cuadrada, en que las estrechas ventanas parecen troneras ó nichos sepulcrales; no hay unaloggia, un balcón, un relieve que alegre la vista del prisionero ó del espectador. El hall es obscuro; los cuartos requieren luz á medio día; y los arcos rebajados, la selva de pilares de mármol y granito, el pavimento de mosaico, la monacal desnudezde las paredes ó, por partes, sus recargados ornamentos, completan el aspecto abrumador de un hipogeo egipcio. El conjunto no es bello ni feo, ni acepta epíteto alguno que pueda convenir á cualquiera producción arquitectónica: es monstruoso, elefantino, cuaternario.El Auditorium propiamente dicho, vale decir la sala de espectáculo, contiene 7000 asientos, y es del mismo estilo que el resto del edificio. Una inmensa bóveda circular, sin más relieve que sus arcos paralelos, remata en el escenario que remeda una chimenea colosal. La cruda luz eléctrica reverbera en las superficies desnudas: allá en las paredes del paraíso, perdidos en la obscuridad, se adivinan dos frescos borrosos, que probablemente ganan con no ser vistos. Además de los asientos—todos ocupados, en la noche única que estuve allí,—la muchedumbre cuajaba las galerías, los pasadizos, las escaleras. Representaban algo así como unExcelsioryankee:America, en cuyas escenas Colón y Washington alternaban con los saltos de losminstrelsy las cabriolas de los acróbatas. Durante cuatro ó cinco meses, fué necesario asegurar la entrada con una semana de anticipación; había dos funciones diarias, y los inevitables Abbey y Grau han levantado una fortuna ... Era el tiempo en que los conciertos sinfónicos de la Exposición fueron brutalmente suprimidos «porqueno pagaban».—Y en ese coliseo enorme, con sus «vomitorios» y su anfiteatro repleto de espectadores, me volvían recuerdos de los circos romanos, de los hipódromos del Bajo Imperio, y comparaba en mi imaginación esta barbarie con esa decadencia ... Estaban al lado mío algunos amigos de Chicago; una señora, literata, música, que había educado á su hija en Roma: había visto durante cinco años, San Pedro, el Vaticano, las ruinasimponentes y los museos maravillosos ... Y ella fué la que me preguntó si no encontraba el Auditorium más bello que la Ópera de París ... ¡Contesté que sí! con un entusiasmo que el mismo señor Zelaya—de Honduras—me hubiera envidiado ...Los hallo «impermeables» á todo lo que sea gusto y verdadera civilización. Sus diarios, sus piezas de teatro, sus conversaciones, sus adornos, sus joyas, sus procesiones, sus comidas: todo esmammoth. Su ingenuidad es tan enorme, que llega á ser grandiosa. Y si se logra echar en olvido, por algunos días, todas las nociones de la belleza, heredadas ó adquiridas con el estudio y la contemplación de las obras maestras artísticas; si se contempla esa acumulación material, cual se hiciera con las manifestaciones proporcionales de otro planeta mayor que el nuestro,—poco á poco se experimenta una sensación de asombro é inquietud que casi viene á ser estética.—Á eso aludía, al decir que Chicago tenía su belleza propia, en cierto modo superior, por su ruda y descomunal primitividad, á las imitaciones europeas de las metrópolis del Este. El espectáculo prolongado de la fuerza inconsciente y brutal alcanza á cierta hermosura «calibanesca».—La inmensidad de los corrales, el vaivén de los trenes, delelevatedy de los carros de tramway que pasan eternamente rellenos de pueblo; las atrevidas construcciones que rebosan afanada muchedumbre, los inmensosbuildingscomerciales; las sesenta líneas férreas que irradian de las estaciones centrales, con sus millares de vagones estacionados y que parecen destinados á no moverse jamás; los túneles debajo del río, los puentes movedizos que se abren por segundos ante los buques cargados; y ese mismo río negruzco y plebeyo, cuajado de mástiles, con sus riberas obstruídas de elevadores y depósitos; el potente rumor de las maquinarias en actividad; los silbidos que desgarranel oído, y, en cualquiera parte, hasta el fondo de los teatros y el silencio de los congresos, cortan bruscamente la palabra de los oradores ó cubren la música, con no sé qué desdén salvaje de esas puerilidades de otra civilización, aquí fuera de su lugar:—todo ello á la larga produce una sensación indecible. Se viene recordando que esa mole prodigiosa ha brotado casi toda en veinte años; y se experimenta, ante esa manifestación de la fuerza irresistible, la impresión de respeto y asombro que inspiraría el levantamiento de una montaña. El monumento no es airoso, ni esbelto, ni definitivamente organizado; toda su estructura revela el apuro, la factura provisional y al por mayor: pero es formidable, incomparablemente colosal, y al lado suyo, por un momento, cualquiera otro parecería desmedrado y mezquino.Con esas ideas embrionarias y tendencias primitivas, apoyadas en una fuerza de empuje irresistible, es como han emprendido y realizado su feria universal. Creo que en las páginas anteriores se encuentra implícitamente descrita. Además, no puede ser materia de actualidad documentaria lo que ya no existe. Quizá en otra forma razonada y metódica aparezca su estudio positivo; ó acaso bosqueje algún día, en una fábula novelesca, su compleja y contrastada psicología: pues, al cabo, ese organismo monstruoso y efímero, ha vivido, ha tenido sualmaexótica y fugaz ...¡PobreWhite City! La volví á mirar por vez postrera durante una tarde agria y descolorida de este invierno precoz, en el siniestrodésarroide las mudanzas y demoliciones. Retumbaban los vastos edificios solitarios bajo los martillazos de los embaladores; los rieles de las vías volantes se alargaban por las calles desiertas; los céspedes helados ostentaban elpisoteo de un campo de batalla; y una gran melancolía se desprendía de esas ruinas nuevas, de ese sueño disparatado y colosal, pero sueño brillante al fin, ¡entregado como un cadáver gigantesco á la labor de destrucción! Yo mismo, que he vivido allí algunos meses, surcado veinte veces las lagunas y los canales que bañaban las graderías de los palacios de yeso y su endeble armazón, completando con algunas góndolas importadas esa parodia de Venecia americana; yo mismo recuerdo de algunas tardes de verano cuyos tintes apagados armonizaban los chillones edificios griegos é italianos, los grupos escultóricos, las cúpulas flamantes, prestando á esas frágiles confecciones un reflejo de belleza y una apariencia de verdad. No todo fué allí vulgaridad y desencanto.—Y aunque sólo fuera por esa noche deliciosa en que, idealmente iluminados los follajes por la luna y los invisibles focos de la luz eléctrica, se representó, en un parque real de álamos y encinas, la vaga y encantadora comedia deAs you like it, perdonaría á Midway-Plaisance su brutal exotismo. Experimenté allí una sensación exquisita y única de olvido y rejuvenecimiento; la olvidada poesía llegaba hacia mí, envuelta en la brisa del próximo lago, refrescando con su caricia mi frente entristecida. Me sentía á mil leguas de las manufacturas y las máquinas, volvía á vivir en la región azul de los ensueños juveniles; y en esta selva de los Ardennes poblada de apariciones vaporosas, de Rosalindas que se desvanecían en las misteriosas espesuras, cantaban tan melodiosos los versos del divino Shakespeare, que el aleteo de algunos pájaros ocultos, turbados por la música, remedaba un ensayado arrullo que diera la réplica al ruiseñor inmortal ... Por esta sola hora de olvido y éxtasis, no he de hablar sin emoción de la Feria difunta. Con todas sus vulgaridades y atentadoscontra el gusto artístico, quedará absuelta en mi memoria; tornándose más bella cuanto más lejana, se esfumará lentamente en el pasado irrevocable, y, soñador incorregible, seguiré siempre con la mirada enternecida la dorada copa del rey de Thule, que cayó vacía en las ondas obscuras del lago Michigan ...

XVCHICAGOIIILA CIUDAD Y LA EXPOSICIÓNEl hombre de bien que se meta por estos Estados Unidos tiene que precaverse contra los juicios anticipados. Si en Méjico ó San Francisco, verbigracia, le ha tocado soportar el chorro entusiasta de un inocente turista que se volvió «petaca» de un viaje anterior; y si luego agrega á ello la absorción de algunas guías y pinturas de Chicago, en ese estilo de dentista emérito, que aquí reina: es muy difícil que no se deje «sugestionar»—para emplear una palabra que felizmente empieza á pasar de moda. Señalo el peligro porque lo he corrido;non ignarus mali ...que dijo el otro. Lo que lógicamente infería yo de los elogios de Bertoldo y los reclamos de Barnum, era que iba á encontrarme en laWorld’s Fair Citycon un mamarracho monumental; tal es en mí la forma ordinaria de la sugestión.Pero las cosas de este mundo no se gobiernan por la lógica pura. El simplesnobno expresa únicamente su opinión personal. ¡¿Qué felicidad mayor, para un filósofo, que ver desplegarse una necedad de buena ley, maciza y esterlina, en su marco natural, es decir, en los labios de un necio? Ahora bien: estas satisfacciones son raras. Casi siempre el sufragante universal combina lo que realmente siente con lo que ha oído tocar por el organillo de la esquina. Aplaude en la ópera, y con las mismas manos, áRuy BlasyLohengrin; á raíz de deleitarse con Ohnet, concede que Maupassant «también tiene cosas bonitas»; decide por sí y ante sí que Lombroso es un gran pensador, sin negar á Darwin las consideraciones de su particular estima ... Y si lo primero es alegre, lo segundo es triste; pues debiera ser el destino infalible del hombre superior el ser llamado tonto por Bertoldo ...No he encontrado, pues, la «ciudad ventosa» tan displicente como las descripciones de marras me lo hicieran temer. Tiene su belleza especial. Más aún: acompaño á los chicagoenses en su convicción de que Chicago es la ciudad más bella de los Estados Unidos;—sólo disentimos, según creo, en el punto de aplicación de nuestro común entusiasmo ... La misma vida material es muy soportable. Si eran sofocantes algunos días de verano, las noches solían ponerse deliciosas, con la brisa fresca del Michigán. Algunas veces el carbón ambiente contrariaba las mucosas y dañaba un tanto á la estética, pero un vago perfil de foguista no deshonra á nadie; y he oído decir—en Chicago—que una atmósfera compuesta por partes iguales de humo espeso y polvo sutil, es excelente para el pulmón:¡no consumptive!—Tenía mi buen cuarto, conbay-window, naturalmente, sobre Michigan Avenue;y cuando me sentía el alma un poco «despeada», bastábame contemplar el desfile de los carruajes y biciclos para reirme solo. Me libraba del mal servicio de los hoteles, con no tener ninguno. Á la calle por cualquiera provisión ó utensilio: es decir, á la próxima botica, donde encontraréis, como en una pulpería de la pampa, cuanto podáis necesitar: ropa, bebidas, guantes, diarios, estampillas, cigarros, velas, etc. El mismo alquimista diplomado (cost$160) no tiene á menos serviros unice-cream. Pululan las oficinas de mensajeros; pero el mandadero me quedaba casi siempre más lejos que el mandado. Además, hay mensajes delicados: si v. g. vuestro frac reclama un planchazo, lo más prudente es envolverlo en un diario y cargar con el bulto por esas veredas. Recomiendo la receta á mis amigos del Círculo de Armas: para el efecto, ningúnHeraldniTribunepueden medirse con nuestra «sábana gris»[28]. En cuanto á otras reparaciones de carácter más personal, sin incurrir en inmodestia creo que nunca tuve botones mejor cosidos; por ahí anda todavía mi dedal ...También se ha exagerado mucho lo defectuoso del servicio culinario. Cierto es que, en el mejor restaurant, os quedáis unos cuarenta minutos delante del mantel limpio—he escrito allí casi todos mis apuntes;—pero todo se explica cuando el negro arremete con la bandeja de abundancia y os sirve todo de una vez. ¿De qué os quejáis? Lo tenéis todo por delante en fuentecitas japonesas, desde el caldo y la mazamorra de avena (oat-meal) hasta el asado y la fruta; podéis picaren contorno como en un ejercicio de «copófono»; se establece un equilibrio de temperatura entre los platos diversos, de suerte que, al postre, si el café está un poco frío, en cambio el helado resulta casi caliente. ¡Hay que ser justo!—La prueba, por otra parte, de que no atribuía yo mismo tanta importancia á estos detalles gastronómicos, es que, teniendo cerca el excelente restaurant Kinsley, muy superior á las caravaneras del Auditorium y Palmer House, solía almorzar en el Lexington de la esquina, cuando no en una barraca de «Midway Plaisance». Así asegurada la paz de «la bestia», provisto de buena salud y humor pasable, con algunas relaciones cordiales de chicagoenses que sólo me encontraban un poco «peculiar», he podido conocer bien el antro de Polifemo, y describirlo con equidad y simpatía puesto que no me he aburrido en él.En su vasto conjunto material, Chicago puede ser considerado bajo dos faces distintas: la primera y la más evidente es la que perciben y admiran desde luego lossnobstranseuntes; es también la que los naturales y los guías ensalzan coninexhaustiblefervor. Esta faz vulgar carece en absoluto de carácter y originalidad, es el aspecto estereotípico de las ciudades americanas, cuyos edificios parecen fabricados por gruesas, á manera de juguetes de un Nuremberg ciclópeo. Nacida la última, desarrollada en veinte años con los derrames del Este y de Europa, sin tener á la vista otros modelos y ejemplos de gusto que sus hermanas mayores, es natural que la Chicago arquitectónica carezca por igual de elegancia y acentuación. Anchas calles paralelas y perpendiculares, bien edificadas y pavimentadas en los barrios centrales, plagadas de baches y cubiertas de casuchas en los excéntricos; acá y allá, elevadísimosbuildings, sin la menor sospecha de laarmonía necesaria entre su altura y su base,—cuya arquitectura participa de la garita y del palomar; interminables avenidas idénticamente bordadas de residencias, cuyo tipo fundamental se repite hasta el enervamiento: lavillaó elcottagede ladrillo y madera, de dos pisos y buhardilla, con techo de pizarra ó listón, la galería externa, la saliente ventana con vidriera, el parche de césped hasta la enlosada vereda, y sus filas de robles ó álamos delgados que se prolongan hasta el confín del horizonte, delante de otras mil residencias análogas ... Es lo pintoresco de pacotilla, la ornamentación convencional y de confección, el idealne varieturque algunos arquitectos de lance han aderezado á gusto y satisfacción de esossettlersy mercaderes, cuya dudosa burguesía data desde el gran incendio. Multiplicad por dos ó por veinte, según el caso, el número deblocksincompletamente edificados, y tendréis, como ya dije, el patrón sempiterno de la misma agrupación norteamericana, nacida de ayer ó anteayer, en California ó el Colorado, con el mismísimo sello de elegancia adocenada y de confortable al por mayor. Al principio, el contraste de esta «novedad» urbana con los villorrios coloniales del Perú y Méjico, causa una agradable sorpresa. Pero cansa muy pronto lo flamante y ficticio de estas estalagmitas de fabricación humana, sin sólido cimiento ni larga tradición, en que las paredes han crecido más de prisa que las arboledas. Se comprueba muy luego que la monotonía de las casillas pintadas es más abrumadora que la de los escombros; y, más allá de estos efímeros hogares que no alcanzan á abrigar una generación, la fantasía enternecida evoca aquellas nuestras pobres aldeas seculares, hechas lentamente á la medida del grupo y de la familia sedentaria, donde á la sombra del campanario amigo el hombre no ha vivido solamente de pan, y cuyas cabañasy calles retorcidas parecían adaptarse á la fisonomía del habitante, trasmitiéndose de padres á hijos, cada vez más resistentes, más venerables, más impregnadas de humanidad ...Chicago disputa enérgicamente á Cincinatti y Pittsburg el calificativo de «ciudad ahumada» (Smoky City). Una capa de hollín cubre los edificios más recientes, y, reemplazando la noble pátina del tiempo, confunde bajo el mismo matiz sombrío todas las pinturas exteriores y los materiales de construcción. Su aspecto general es el de la vejez precoz, bien distinta de la pensativa antigüedad. En seis meses, laWhite Cityde la exposición había descendido del blanco deslumbrador al tono del granito obscuro, lo propio que el Correo y el Auditorium. Ello, por cierto, no contribuye á ennoblecer el carácter arquitectónico de la enorme ciudad, pero tampoco le quita mucho. Semejante á una mujer fea á quien sobrevienen viruelas, como llovido sobre mojado, Chicago tenía poco que perder.—Acaso el efecto más marcado de este color negruzco sea el achicamiento aparente de las construcciones más colosales. Sabido es que esa ilusión óptica se demuestra y explica científicamente. He asistido cien veces, en el tramway de Wabash Avenue, á la decepción de los forasteros delante del hotel mammoth: «¿Esesoel Auditorium?»—Esos cándidos visitantes lo habían admirado en las guías y en las fotografías.Es bastante curioso comprobar la armonía preexistente entre esa arquitectura de poco más ó menos y su reproducción por la fotografía: la musa delclichéha cobijado amorosamente ambos destinos; y todo lo que con ésta pierde la verdadera obra de arte, lo gana el mamarracho decorativo. Los yankees tienen que ser los primeros fotógrafos del mundo: desde luego hanreveladoen la Exposición bellezas monumentales que hacen ilusión, pues sólo existen en la placa sensible.El hecho tiene su explicación estética; pero resultaría un poco larga, para ser completa. Sabido es que un retrato fotográfico bien tomado tiende á deslucir la hermosura y á mejorar la fealdad. La fotografía es la democracia en el arte. Pero, en el efecto á que he aludido, obran otras razones complementarias que deduciré cuando tenga tiempo. Sea como fuere, el espíritu del Oeste, esencialmente desbastador, ha procedido por instinto cual pudiera hacerlo por cálculo. En esa clientela trashumante de la Exposición, los conocedores no eran la minoría, sino la excepción: no están los que son artistas y no son los que están. ¡Adelante, entonces, con las fotografías y las descripciones grotesco-líricas! Elboastingy elhumbugson las dos columnas de la novísima civilización, y por eso es que Barnum formaba parte del Congreso americano.Dije ya que el tamaño, el número, lacantidad, constituyen el canon y la base del criterio de todas las civilizaciones primitivas: no se llega sino después de un largo refinamiento á la sobria elegancia, á la gracia discreta, á lacalidad. Todo es aquí excesivo, recargado, desproporcionado: el mamut lo simboliza exactamente, así en el conjunto como en los detalles; desde la extensión del país, que corresponde á un continente, hasta sus ríos, sus rasgos geográficos, sus producciones y sus empresas. Este pueblo estaba destinado á encontraren su suelo árboles de 400 pies, comparados con los cuales nuestros robles y cedros parecen arbustos. Ha ajustado á la realidad ambiente su informe ideal, y lossequoiasgigantescos de Yosemite Valley parecen el modelo del colosal telescopio de Lick—the largest in the world—que se yergue en el condado vecino. Estamos como Gulliver en el reino de Brobdingnag. Toda apreciación comparativa se ajusta al tamaño y al costo material; lo demás es accesorio. Las descripciones se reducen generalmenteá dar las dimensiones de los edificios y la suma del dinero invertido.—Parece imposible que se cometa un error arquitectónico en el diseño de un obelisco: ahora bien, el vulgarísimo «Monumento de Washington», en la capital, está malogrado, y la pirámide terminal es demasiado aguda; pero con esta punta suplementaria se ha llegado á la altura de 555 pies y «cuatro pulgadas». Es el monumento más alto del mundo:era, mejor dicho; pero los yankees se consuelan, consignando que la absurda torre Eiffel no es sino de hierro (but is built of iron), y quedan siempre como dueños orgullosos de la más alta masa de albañilería levantada por el hombre (the loftiest structure of masonry ever reared by man). ¡Tal es la forma de su Excelsior!—Oyeron decir que todos los pueblos poseían parques nacionales, más ó menos extensos: entonces el Congreso decretó la formación del Yellowstone Park para «recreo del pueblo». El parque—que, por otra parte, tiene bellezas naturales incomparables—se halla á unas 2500 millas de la capital, en el rincón noroeste del Wyoming; tiene una extensión de 3575 millas cuadradas y se necesita una semana para recorrerlo rápidamente.—Y así con todo. No encontraréis en Chicago una plaza cuadrada con edificios alrededor; pero sí ochenta millas de bulevares que circundan la ciudad, con una anchura que, para el de Drexel, alcanza á 250 pies, y 2000 acres de parques cubiertos de céspedes, árboles, estanques y lagunas, flores é invernáculos. Lincoln Park es el «Bosque» de Chicago, yLake Shore Drivesu «Avenida de los Campos Eliseos». En este último bulevar, que orilla el Michigan, se suceden las mansiones lujosas, imitaciones de castillos feudales y villas italianas, descomunal batalla de órdenes y estilos cosmopolitas con más colgajos y adornos externos que una pagoda, ymás dorados interiores que un ídolo oriental.—La residencia de la bella é inteligente Mrs. Potter Palmer es, por fuera y por dentro, una cuasi reproducción del castillo de Miramar; cuéntase que ha sido rehecho dos veces, casi al techarse, para seguir la voluble fantasía del propietario, que se daba cuenta del plano cuando la fábrica estaba ya en pie. Lincoln Park tiene 250 acres y está en una situación admirable; á falta de imponentes arboledas, posee magníficos céspedes y macizos de flores, lagunas, fuentes pintorescas, estatuas y monumentos. La colección zoológica—elZoo, como aquí dicen—atrae á los muchachos, el desfile por el Lake Shore atrae á las mujeres, las carreras y regatas atraen á los hombres—y la vista del Michigan, azul é infinito como un mar, no atrae á nadie. Los monumentos de Grant y Lincoln son tenidos aquí por obras magistrales; los encuentro vulgares y «fotográficos», inferiores al «grupo indio» de bronce, y sobre todo alSchillervecino. Pero el primero costó 100.000 dollars y el segundo 50.000: por consiguiente figuran entre «las más bellas esculturas del universo».Los otros parques del oeste y del sud, algunos más extensos que el de Lincoln, como el de Washington y el Jackson Park de la feria, tienen el mismo carácter de dilatación en el vacío, acrecentado por el gusto mezquino y pueril de la ornamentación: no se ven más que confecciones rústicas, emblemas, iniciales, odiosos dibujos vegetales, «monos» informes y caricaturales que deberían atraer la lapidación, como se dice que ciertas profanaciones atraen el rayo. Esos adefesios son objeto de un culto admirativo; en sendos librotes publicados para eterna memoria del gran advenimiento, se reproducen todos esosflower bedsyfloral designs—éstos, sobre todo, con especial esmero: hay hombres que reman, segadoresacostados, ginetes con sombrero cilíndrico y botas de pocero, todos ellos fabricados con terrones de césped y que recuerdan los vestigios del arte troglodita.Ese carnaval arquitectónico despliega sus máscaras y disfraces por las calles y avenidas, por todos los intersticios de la madrépora colosal. Todos los estilos se chocan ó amalgaman sin plan aparente ó pretexto disculpable, sin discernimiento en el plagio ni conciencia en la parodia. Las columnas y capiteles de cualquier orden se superponen, lo propio en el macizoCity Hallque en el hotel dePalmer House; los mismos arcos de granito y el mismo aspecto carcelario decoran elArt Institutey el almacén por mayor de Marshall Field (Known throughout the civilized world!). ¿Pensábais que esa masa de once pisos, recargada de molduras y salidizos, con base románica, cuerpo medieval y cumbre Renacimiento, fuese—además de un pesado despropósito—algún «hotel mammoth»? Pues bien: es un templo, elTemperance Temple; pero no lo confundáis con elPullman building, que ostenta por ahí cerca idénticos encantos. La confusión, por otra parte, no sería muy grave: algunas iglesias neogriegas y pseudogóticas,desafectadaspor razones diversas, se alquilan para depósitos, y no se sabe cuándo su estructura correspondió mejor á su destino. Hospitales ó colegios, estaciones ó residencias particulares, iglesias ú hoteles, bancos ó cárceles, constituyen indistintamente un conglomerado de ojivas, cariátides, balaustres y cornisas, en que el capitel corintio flanquea el rosetón gótico, los tréboles y encajes moriscos coronan el medio punto romano, y los macizos y cuadrados marcos asirios soportan unaloggiaitaliana ó—como el Auditorium—esbeltas volutas jónicas, á manera de un elefante que cargaun niño ... Es natural que todos esos plagios y rapsodias de fórmulas exóticas barajadas al tanteo, seduzcan el gusto bárbaramente infantil de estos primitivos, que han traslucido un reflejo de la civilización anterior: así los monjes del siglo quinto zurcían indiferentemente centones de Virgilio ó Claudiano para fabricar poemas á la Virgen.—Todo ello, artísticamente hablando, nace muerto; está vacío de substancia y vida orgánica: á semejanza de esos mosaicos de voces extraídas de veinte vocabularios, que los visionarios de la filología nos presentan como una futura lengua universal, fabricada con detritus de todas las otras. La lengua estética que hablan las calles de Chicago es el volapük de la arquitectura.No sería extraño que el gusto cuaternario reinara aquí con autocrática potencia: lo que agrava el caso es lo de teorizar esa deformidad. El Oeste es bárbaro con plena convicción y por razón demostrativa. Cuando Matthew Arnold, el más latino de los críticos sajones, procuraba enseñarles por qué el materialismo advenedizo no es compatible con el concepto artístico de la vida, comenzaban por injuriarle y concluían oponiéndole esta triunfante réplica: «No hay razónpara que nuestros monumentos y paseos no sean los mejores del mundo,puesto queno se ha ahorrado gasto en su construcción—for no expense was spared»!... ¿Qué podéis contestar á tales razones? ¿Cómo persuadir al cíclope de que su ojo único no realiza el ideal de la belleza, por más que tenga dimensiones de claraboya? Para cambiar instantáneamente las ideas que brotan en ese cráneo rudimentario, habría que romperlo y rehacer el molde cerebral.La doble noción que, cual semilla dehiscente, engendra los mil árboles de esta selva moral, es, lo repito, que el tamaño y el costo venal de cualquiera producción humana dan lamedida de su valor absoluto. Ahora bien: la prueba de ser este el criterio dominante la encontráis patente en cualquier orden de manifestación material ó moral, individual ó colectiva. Escuchad una estrofa del himno de Polifemo, que parece compuesto por el millonario Carnegie[29]:«El Oeste americano es la primera región de los Estados Unidos—y, por consiguiente, del mundo,—puesto que no tiene rival en la rapidez de su desarrollo agrícola, comercial y fabril. Poco importa que su agricultura extensiva consista en desflorar y agotar en veinte años el suelo virgen, para producir por hectárea una mitad menos que en las buenas y viejas tierras europeas; que su industria y su comercio dependan de tarifas draconianas, y que un cambio de frente de Inglaterra pueda arruinar los Estados mineros ó derribar sus bancos como castillos de naipes. Chicago será mañana el centro del mundo (desatendamos la nota más aguda que ya lo proclama hoy), por todo lo que sabéis de susStock-yards, de sus elevadores, de sus ferrocarriles, de sus casas de quince pisos—en una palabra, de su prodigioso incremento de veinte años. Y si admitimos, como cosa evidente, que el signo primordial de la civilización sea el desenvolvimiento de la actividad alimenticia, siendo el vientre el órgano que nos distingue de las especies inferiores: claro está que quien puede lo más puede lo menos—¡y que le ha bastado á Chicago distraer una mínima parte de su savia orgánica, hacia las ramas accesorias de dicha civilización, para sobresalir en ellas como en todas las demás!—De su arquitectura no hablemos más, para no humillar al resto del mundo; de sus bellas artes, basta decir que elArt Institute, construído de granito y mármol (cost800.000 pesos),tendrá 320 pies de largo por 170 de alto; de su enseñanza superior, basta este solo dato, más elocuente que todas las disertaciones: el edificio de la Universidad costará ocho millones, pagando un tercio del total el célebre John D. Rockefeller, el rey del aceite. ¿Cómo dudar, entonces, que será superior de primer golpe á la de Harvard, cuyo valor material no pasa de cinco?Et sic de cœteris.»Pero ningún monumento de Chicago alcanza la importancia material y simbólica del Auditorium. Es el Panteón, el Coliseo, la Santa Sofía, el palacio de San Marcos—la maravilla de las maravillas americanas. Sería necesario pedir á un literato local su pincel-escoba para celebrarlo dignamente, con ese estilo peculiar en que alterna el lirismo descabellado con el cálculo positivo de las dimensiones, el volumen cúbico y el peso de los materiales, rematando la descripción ¡con el costo total que pasa de cuatro millones de dollars! Un libro que tengo á la vista condensa la admiración de los pan-americanos, que lo visitaron en 1889, en un grito de entusiasmo del señor Zelaya, de Honduras: «¡Conozco el universo entero: no existe nada igual!». Su dedicación, en diciembre del mismo año, fué una solemnidad nacional: el presidente Harrison vino desde Washington para inaugurar el hotel-teatro ...Es una ciclópea y negruzca contrucción de piedra que para cárcel parecería muy lúgubre. El exterior es el de una maciza fortaleza cuadrada, en que las estrechas ventanas parecen troneras ó nichos sepulcrales; no hay unaloggia, un balcón, un relieve que alegre la vista del prisionero ó del espectador. El hall es obscuro; los cuartos requieren luz á medio día; y los arcos rebajados, la selva de pilares de mármol y granito, el pavimento de mosaico, la monacal desnudezde las paredes ó, por partes, sus recargados ornamentos, completan el aspecto abrumador de un hipogeo egipcio. El conjunto no es bello ni feo, ni acepta epíteto alguno que pueda convenir á cualquiera producción arquitectónica: es monstruoso, elefantino, cuaternario.El Auditorium propiamente dicho, vale decir la sala de espectáculo, contiene 7000 asientos, y es del mismo estilo que el resto del edificio. Una inmensa bóveda circular, sin más relieve que sus arcos paralelos, remata en el escenario que remeda una chimenea colosal. La cruda luz eléctrica reverbera en las superficies desnudas: allá en las paredes del paraíso, perdidos en la obscuridad, se adivinan dos frescos borrosos, que probablemente ganan con no ser vistos. Además de los asientos—todos ocupados, en la noche única que estuve allí,—la muchedumbre cuajaba las galerías, los pasadizos, las escaleras. Representaban algo así como unExcelsioryankee:America, en cuyas escenas Colón y Washington alternaban con los saltos de losminstrelsy las cabriolas de los acróbatas. Durante cuatro ó cinco meses, fué necesario asegurar la entrada con una semana de anticipación; había dos funciones diarias, y los inevitables Abbey y Grau han levantado una fortuna ... Era el tiempo en que los conciertos sinfónicos de la Exposición fueron brutalmente suprimidos «porqueno pagaban».—Y en ese coliseo enorme, con sus «vomitorios» y su anfiteatro repleto de espectadores, me volvían recuerdos de los circos romanos, de los hipódromos del Bajo Imperio, y comparaba en mi imaginación esta barbarie con esa decadencia ... Estaban al lado mío algunos amigos de Chicago; una señora, literata, música, que había educado á su hija en Roma: había visto durante cinco años, San Pedro, el Vaticano, las ruinasimponentes y los museos maravillosos ... Y ella fué la que me preguntó si no encontraba el Auditorium más bello que la Ópera de París ... ¡Contesté que sí! con un entusiasmo que el mismo señor Zelaya—de Honduras—me hubiera envidiado ...Los hallo «impermeables» á todo lo que sea gusto y verdadera civilización. Sus diarios, sus piezas de teatro, sus conversaciones, sus adornos, sus joyas, sus procesiones, sus comidas: todo esmammoth. Su ingenuidad es tan enorme, que llega á ser grandiosa. Y si se logra echar en olvido, por algunos días, todas las nociones de la belleza, heredadas ó adquiridas con el estudio y la contemplación de las obras maestras artísticas; si se contempla esa acumulación material, cual se hiciera con las manifestaciones proporcionales de otro planeta mayor que el nuestro,—poco á poco se experimenta una sensación de asombro é inquietud que casi viene á ser estética.—Á eso aludía, al decir que Chicago tenía su belleza propia, en cierto modo superior, por su ruda y descomunal primitividad, á las imitaciones europeas de las metrópolis del Este. El espectáculo prolongado de la fuerza inconsciente y brutal alcanza á cierta hermosura «calibanesca».—La inmensidad de los corrales, el vaivén de los trenes, delelevatedy de los carros de tramway que pasan eternamente rellenos de pueblo; las atrevidas construcciones que rebosan afanada muchedumbre, los inmensosbuildingscomerciales; las sesenta líneas férreas que irradian de las estaciones centrales, con sus millares de vagones estacionados y que parecen destinados á no moverse jamás; los túneles debajo del río, los puentes movedizos que se abren por segundos ante los buques cargados; y ese mismo río negruzco y plebeyo, cuajado de mástiles, con sus riberas obstruídas de elevadores y depósitos; el potente rumor de las maquinarias en actividad; los silbidos que desgarranel oído, y, en cualquiera parte, hasta el fondo de los teatros y el silencio de los congresos, cortan bruscamente la palabra de los oradores ó cubren la música, con no sé qué desdén salvaje de esas puerilidades de otra civilización, aquí fuera de su lugar:—todo ello á la larga produce una sensación indecible. Se viene recordando que esa mole prodigiosa ha brotado casi toda en veinte años; y se experimenta, ante esa manifestación de la fuerza irresistible, la impresión de respeto y asombro que inspiraría el levantamiento de una montaña. El monumento no es airoso, ni esbelto, ni definitivamente organizado; toda su estructura revela el apuro, la factura provisional y al por mayor: pero es formidable, incomparablemente colosal, y al lado suyo, por un momento, cualquiera otro parecería desmedrado y mezquino.Con esas ideas embrionarias y tendencias primitivas, apoyadas en una fuerza de empuje irresistible, es como han emprendido y realizado su feria universal. Creo que en las páginas anteriores se encuentra implícitamente descrita. Además, no puede ser materia de actualidad documentaria lo que ya no existe. Quizá en otra forma razonada y metódica aparezca su estudio positivo; ó acaso bosqueje algún día, en una fábula novelesca, su compleja y contrastada psicología: pues, al cabo, ese organismo monstruoso y efímero, ha vivido, ha tenido sualmaexótica y fugaz ...¡PobreWhite City! La volví á mirar por vez postrera durante una tarde agria y descolorida de este invierno precoz, en el siniestrodésarroide las mudanzas y demoliciones. Retumbaban los vastos edificios solitarios bajo los martillazos de los embaladores; los rieles de las vías volantes se alargaban por las calles desiertas; los céspedes helados ostentaban elpisoteo de un campo de batalla; y una gran melancolía se desprendía de esas ruinas nuevas, de ese sueño disparatado y colosal, pero sueño brillante al fin, ¡entregado como un cadáver gigantesco á la labor de destrucción! Yo mismo, que he vivido allí algunos meses, surcado veinte veces las lagunas y los canales que bañaban las graderías de los palacios de yeso y su endeble armazón, completando con algunas góndolas importadas esa parodia de Venecia americana; yo mismo recuerdo de algunas tardes de verano cuyos tintes apagados armonizaban los chillones edificios griegos é italianos, los grupos escultóricos, las cúpulas flamantes, prestando á esas frágiles confecciones un reflejo de belleza y una apariencia de verdad. No todo fué allí vulgaridad y desencanto.—Y aunque sólo fuera por esa noche deliciosa en que, idealmente iluminados los follajes por la luna y los invisibles focos de la luz eléctrica, se representó, en un parque real de álamos y encinas, la vaga y encantadora comedia deAs you like it, perdonaría á Midway-Plaisance su brutal exotismo. Experimenté allí una sensación exquisita y única de olvido y rejuvenecimiento; la olvidada poesía llegaba hacia mí, envuelta en la brisa del próximo lago, refrescando con su caricia mi frente entristecida. Me sentía á mil leguas de las manufacturas y las máquinas, volvía á vivir en la región azul de los ensueños juveniles; y en esta selva de los Ardennes poblada de apariciones vaporosas, de Rosalindas que se desvanecían en las misteriosas espesuras, cantaban tan melodiosos los versos del divino Shakespeare, que el aleteo de algunos pájaros ocultos, turbados por la música, remedaba un ensayado arrullo que diera la réplica al ruiseñor inmortal ... Por esta sola hora de olvido y éxtasis, no he de hablar sin emoción de la Feria difunta. Con todas sus vulgaridades y atentadoscontra el gusto artístico, quedará absuelta en mi memoria; tornándose más bella cuanto más lejana, se esfumará lentamente en el pasado irrevocable, y, soñador incorregible, seguiré siempre con la mirada enternecida la dorada copa del rey de Thule, que cayó vacía en las ondas obscuras del lago Michigan ...

CHICAGO

LA CIUDAD Y LA EXPOSICIÓN

El hombre de bien que se meta por estos Estados Unidos tiene que precaverse contra los juicios anticipados. Si en Méjico ó San Francisco, verbigracia, le ha tocado soportar el chorro entusiasta de un inocente turista que se volvió «petaca» de un viaje anterior; y si luego agrega á ello la absorción de algunas guías y pinturas de Chicago, en ese estilo de dentista emérito, que aquí reina: es muy difícil que no se deje «sugestionar»—para emplear una palabra que felizmente empieza á pasar de moda. Señalo el peligro porque lo he corrido;non ignarus mali ...que dijo el otro. Lo que lógicamente infería yo de los elogios de Bertoldo y los reclamos de Barnum, era que iba á encontrarme en laWorld’s Fair Citycon un mamarracho monumental; tal es en mí la forma ordinaria de la sugestión.

Pero las cosas de este mundo no se gobiernan por la lógica pura. El simplesnobno expresa únicamente su opinión personal. ¡¿Qué felicidad mayor, para un filósofo, que ver desplegarse una necedad de buena ley, maciza y esterlina, en su marco natural, es decir, en los labios de un necio? Ahora bien: estas satisfacciones son raras. Casi siempre el sufragante universal combina lo que realmente siente con lo que ha oído tocar por el organillo de la esquina. Aplaude en la ópera, y con las mismas manos, áRuy BlasyLohengrin; á raíz de deleitarse con Ohnet, concede que Maupassant «también tiene cosas bonitas»; decide por sí y ante sí que Lombroso es un gran pensador, sin negar á Darwin las consideraciones de su particular estima ... Y si lo primero es alegre, lo segundo es triste; pues debiera ser el destino infalible del hombre superior el ser llamado tonto por Bertoldo ...

No he encontrado, pues, la «ciudad ventosa» tan displicente como las descripciones de marras me lo hicieran temer. Tiene su belleza especial. Más aún: acompaño á los chicagoenses en su convicción de que Chicago es la ciudad más bella de los Estados Unidos;—sólo disentimos, según creo, en el punto de aplicación de nuestro común entusiasmo ... La misma vida material es muy soportable. Si eran sofocantes algunos días de verano, las noches solían ponerse deliciosas, con la brisa fresca del Michigán. Algunas veces el carbón ambiente contrariaba las mucosas y dañaba un tanto á la estética, pero un vago perfil de foguista no deshonra á nadie; y he oído decir—en Chicago—que una atmósfera compuesta por partes iguales de humo espeso y polvo sutil, es excelente para el pulmón:¡no consumptive!—Tenía mi buen cuarto, conbay-window, naturalmente, sobre Michigan Avenue;y cuando me sentía el alma un poco «despeada», bastábame contemplar el desfile de los carruajes y biciclos para reirme solo. Me libraba del mal servicio de los hoteles, con no tener ninguno. Á la calle por cualquiera provisión ó utensilio: es decir, á la próxima botica, donde encontraréis, como en una pulpería de la pampa, cuanto podáis necesitar: ropa, bebidas, guantes, diarios, estampillas, cigarros, velas, etc. El mismo alquimista diplomado (cost$160) no tiene á menos serviros unice-cream. Pululan las oficinas de mensajeros; pero el mandadero me quedaba casi siempre más lejos que el mandado. Además, hay mensajes delicados: si v. g. vuestro frac reclama un planchazo, lo más prudente es envolverlo en un diario y cargar con el bulto por esas veredas. Recomiendo la receta á mis amigos del Círculo de Armas: para el efecto, ningúnHeraldniTribunepueden medirse con nuestra «sábana gris»[28]. En cuanto á otras reparaciones de carácter más personal, sin incurrir en inmodestia creo que nunca tuve botones mejor cosidos; por ahí anda todavía mi dedal ...

También se ha exagerado mucho lo defectuoso del servicio culinario. Cierto es que, en el mejor restaurant, os quedáis unos cuarenta minutos delante del mantel limpio—he escrito allí casi todos mis apuntes;—pero todo se explica cuando el negro arremete con la bandeja de abundancia y os sirve todo de una vez. ¿De qué os quejáis? Lo tenéis todo por delante en fuentecitas japonesas, desde el caldo y la mazamorra de avena (oat-meal) hasta el asado y la fruta; podéis picaren contorno como en un ejercicio de «copófono»; se establece un equilibrio de temperatura entre los platos diversos, de suerte que, al postre, si el café está un poco frío, en cambio el helado resulta casi caliente. ¡Hay que ser justo!—La prueba, por otra parte, de que no atribuía yo mismo tanta importancia á estos detalles gastronómicos, es que, teniendo cerca el excelente restaurant Kinsley, muy superior á las caravaneras del Auditorium y Palmer House, solía almorzar en el Lexington de la esquina, cuando no en una barraca de «Midway Plaisance». Así asegurada la paz de «la bestia», provisto de buena salud y humor pasable, con algunas relaciones cordiales de chicagoenses que sólo me encontraban un poco «peculiar», he podido conocer bien el antro de Polifemo, y describirlo con equidad y simpatía puesto que no me he aburrido en él.

En su vasto conjunto material, Chicago puede ser considerado bajo dos faces distintas: la primera y la más evidente es la que perciben y admiran desde luego lossnobstranseuntes; es también la que los naturales y los guías ensalzan coninexhaustiblefervor. Esta faz vulgar carece en absoluto de carácter y originalidad, es el aspecto estereotípico de las ciudades americanas, cuyos edificios parecen fabricados por gruesas, á manera de juguetes de un Nuremberg ciclópeo. Nacida la última, desarrollada en veinte años con los derrames del Este y de Europa, sin tener á la vista otros modelos y ejemplos de gusto que sus hermanas mayores, es natural que la Chicago arquitectónica carezca por igual de elegancia y acentuación. Anchas calles paralelas y perpendiculares, bien edificadas y pavimentadas en los barrios centrales, plagadas de baches y cubiertas de casuchas en los excéntricos; acá y allá, elevadísimosbuildings, sin la menor sospecha de laarmonía necesaria entre su altura y su base,—cuya arquitectura participa de la garita y del palomar; interminables avenidas idénticamente bordadas de residencias, cuyo tipo fundamental se repite hasta el enervamiento: lavillaó elcottagede ladrillo y madera, de dos pisos y buhardilla, con techo de pizarra ó listón, la galería externa, la saliente ventana con vidriera, el parche de césped hasta la enlosada vereda, y sus filas de robles ó álamos delgados que se prolongan hasta el confín del horizonte, delante de otras mil residencias análogas ... Es lo pintoresco de pacotilla, la ornamentación convencional y de confección, el idealne varieturque algunos arquitectos de lance han aderezado á gusto y satisfacción de esossettlersy mercaderes, cuya dudosa burguesía data desde el gran incendio. Multiplicad por dos ó por veinte, según el caso, el número deblocksincompletamente edificados, y tendréis, como ya dije, el patrón sempiterno de la misma agrupación norteamericana, nacida de ayer ó anteayer, en California ó el Colorado, con el mismísimo sello de elegancia adocenada y de confortable al por mayor. Al principio, el contraste de esta «novedad» urbana con los villorrios coloniales del Perú y Méjico, causa una agradable sorpresa. Pero cansa muy pronto lo flamante y ficticio de estas estalagmitas de fabricación humana, sin sólido cimiento ni larga tradición, en que las paredes han crecido más de prisa que las arboledas. Se comprueba muy luego que la monotonía de las casillas pintadas es más abrumadora que la de los escombros; y, más allá de estos efímeros hogares que no alcanzan á abrigar una generación, la fantasía enternecida evoca aquellas nuestras pobres aldeas seculares, hechas lentamente á la medida del grupo y de la familia sedentaria, donde á la sombra del campanario amigo el hombre no ha vivido solamente de pan, y cuyas cabañasy calles retorcidas parecían adaptarse á la fisonomía del habitante, trasmitiéndose de padres á hijos, cada vez más resistentes, más venerables, más impregnadas de humanidad ...

Chicago disputa enérgicamente á Cincinatti y Pittsburg el calificativo de «ciudad ahumada» (Smoky City). Una capa de hollín cubre los edificios más recientes, y, reemplazando la noble pátina del tiempo, confunde bajo el mismo matiz sombrío todas las pinturas exteriores y los materiales de construcción. Su aspecto general es el de la vejez precoz, bien distinta de la pensativa antigüedad. En seis meses, laWhite Cityde la exposición había descendido del blanco deslumbrador al tono del granito obscuro, lo propio que el Correo y el Auditorium. Ello, por cierto, no contribuye á ennoblecer el carácter arquitectónico de la enorme ciudad, pero tampoco le quita mucho. Semejante á una mujer fea á quien sobrevienen viruelas, como llovido sobre mojado, Chicago tenía poco que perder.—Acaso el efecto más marcado de este color negruzco sea el achicamiento aparente de las construcciones más colosales. Sabido es que esa ilusión óptica se demuestra y explica científicamente. He asistido cien veces, en el tramway de Wabash Avenue, á la decepción de los forasteros delante del hotel mammoth: «¿Esesoel Auditorium?»—Esos cándidos visitantes lo habían admirado en las guías y en las fotografías.

Es bastante curioso comprobar la armonía preexistente entre esa arquitectura de poco más ó menos y su reproducción por la fotografía: la musa delclichéha cobijado amorosamente ambos destinos; y todo lo que con ésta pierde la verdadera obra de arte, lo gana el mamarracho decorativo. Los yankees tienen que ser los primeros fotógrafos del mundo: desde luego hanreveladoen la Exposición bellezas monumentales que hacen ilusión, pues sólo existen en la placa sensible.El hecho tiene su explicación estética; pero resultaría un poco larga, para ser completa. Sabido es que un retrato fotográfico bien tomado tiende á deslucir la hermosura y á mejorar la fealdad. La fotografía es la democracia en el arte. Pero, en el efecto á que he aludido, obran otras razones complementarias que deduciré cuando tenga tiempo. Sea como fuere, el espíritu del Oeste, esencialmente desbastador, ha procedido por instinto cual pudiera hacerlo por cálculo. En esa clientela trashumante de la Exposición, los conocedores no eran la minoría, sino la excepción: no están los que son artistas y no son los que están. ¡Adelante, entonces, con las fotografías y las descripciones grotesco-líricas! Elboastingy elhumbugson las dos columnas de la novísima civilización, y por eso es que Barnum formaba parte del Congreso americano.

Dije ya que el tamaño, el número, lacantidad, constituyen el canon y la base del criterio de todas las civilizaciones primitivas: no se llega sino después de un largo refinamiento á la sobria elegancia, á la gracia discreta, á lacalidad. Todo es aquí excesivo, recargado, desproporcionado: el mamut lo simboliza exactamente, así en el conjunto como en los detalles; desde la extensión del país, que corresponde á un continente, hasta sus ríos, sus rasgos geográficos, sus producciones y sus empresas. Este pueblo estaba destinado á encontraren su suelo árboles de 400 pies, comparados con los cuales nuestros robles y cedros parecen arbustos. Ha ajustado á la realidad ambiente su informe ideal, y lossequoiasgigantescos de Yosemite Valley parecen el modelo del colosal telescopio de Lick—the largest in the world—que se yergue en el condado vecino. Estamos como Gulliver en el reino de Brobdingnag. Toda apreciación comparativa se ajusta al tamaño y al costo material; lo demás es accesorio. Las descripciones se reducen generalmenteá dar las dimensiones de los edificios y la suma del dinero invertido.—Parece imposible que se cometa un error arquitectónico en el diseño de un obelisco: ahora bien, el vulgarísimo «Monumento de Washington», en la capital, está malogrado, y la pirámide terminal es demasiado aguda; pero con esta punta suplementaria se ha llegado á la altura de 555 pies y «cuatro pulgadas». Es el monumento más alto del mundo:era, mejor dicho; pero los yankees se consuelan, consignando que la absurda torre Eiffel no es sino de hierro (but is built of iron), y quedan siempre como dueños orgullosos de la más alta masa de albañilería levantada por el hombre (the loftiest structure of masonry ever reared by man). ¡Tal es la forma de su Excelsior!—Oyeron decir que todos los pueblos poseían parques nacionales, más ó menos extensos: entonces el Congreso decretó la formación del Yellowstone Park para «recreo del pueblo». El parque—que, por otra parte, tiene bellezas naturales incomparables—se halla á unas 2500 millas de la capital, en el rincón noroeste del Wyoming; tiene una extensión de 3575 millas cuadradas y se necesita una semana para recorrerlo rápidamente.—Y así con todo. No encontraréis en Chicago una plaza cuadrada con edificios alrededor; pero sí ochenta millas de bulevares que circundan la ciudad, con una anchura que, para el de Drexel, alcanza á 250 pies, y 2000 acres de parques cubiertos de céspedes, árboles, estanques y lagunas, flores é invernáculos. Lincoln Park es el «Bosque» de Chicago, yLake Shore Drivesu «Avenida de los Campos Eliseos». En este último bulevar, que orilla el Michigan, se suceden las mansiones lujosas, imitaciones de castillos feudales y villas italianas, descomunal batalla de órdenes y estilos cosmopolitas con más colgajos y adornos externos que una pagoda, ymás dorados interiores que un ídolo oriental.—La residencia de la bella é inteligente Mrs. Potter Palmer es, por fuera y por dentro, una cuasi reproducción del castillo de Miramar; cuéntase que ha sido rehecho dos veces, casi al techarse, para seguir la voluble fantasía del propietario, que se daba cuenta del plano cuando la fábrica estaba ya en pie. Lincoln Park tiene 250 acres y está en una situación admirable; á falta de imponentes arboledas, posee magníficos céspedes y macizos de flores, lagunas, fuentes pintorescas, estatuas y monumentos. La colección zoológica—elZoo, como aquí dicen—atrae á los muchachos, el desfile por el Lake Shore atrae á las mujeres, las carreras y regatas atraen á los hombres—y la vista del Michigan, azul é infinito como un mar, no atrae á nadie. Los monumentos de Grant y Lincoln son tenidos aquí por obras magistrales; los encuentro vulgares y «fotográficos», inferiores al «grupo indio» de bronce, y sobre todo alSchillervecino. Pero el primero costó 100.000 dollars y el segundo 50.000: por consiguiente figuran entre «las más bellas esculturas del universo».

Los otros parques del oeste y del sud, algunos más extensos que el de Lincoln, como el de Washington y el Jackson Park de la feria, tienen el mismo carácter de dilatación en el vacío, acrecentado por el gusto mezquino y pueril de la ornamentación: no se ven más que confecciones rústicas, emblemas, iniciales, odiosos dibujos vegetales, «monos» informes y caricaturales que deberían atraer la lapidación, como se dice que ciertas profanaciones atraen el rayo. Esos adefesios son objeto de un culto admirativo; en sendos librotes publicados para eterna memoria del gran advenimiento, se reproducen todos esosflower bedsyfloral designs—éstos, sobre todo, con especial esmero: hay hombres que reman, segadoresacostados, ginetes con sombrero cilíndrico y botas de pocero, todos ellos fabricados con terrones de césped y que recuerdan los vestigios del arte troglodita.

Ese carnaval arquitectónico despliega sus máscaras y disfraces por las calles y avenidas, por todos los intersticios de la madrépora colosal. Todos los estilos se chocan ó amalgaman sin plan aparente ó pretexto disculpable, sin discernimiento en el plagio ni conciencia en la parodia. Las columnas y capiteles de cualquier orden se superponen, lo propio en el macizoCity Hallque en el hotel dePalmer House; los mismos arcos de granito y el mismo aspecto carcelario decoran elArt Institutey el almacén por mayor de Marshall Field (Known throughout the civilized world!). ¿Pensábais que esa masa de once pisos, recargada de molduras y salidizos, con base románica, cuerpo medieval y cumbre Renacimiento, fuese—además de un pesado despropósito—algún «hotel mammoth»? Pues bien: es un templo, elTemperance Temple; pero no lo confundáis con elPullman building, que ostenta por ahí cerca idénticos encantos. La confusión, por otra parte, no sería muy grave: algunas iglesias neogriegas y pseudogóticas,desafectadaspor razones diversas, se alquilan para depósitos, y no se sabe cuándo su estructura correspondió mejor á su destino. Hospitales ó colegios, estaciones ó residencias particulares, iglesias ú hoteles, bancos ó cárceles, constituyen indistintamente un conglomerado de ojivas, cariátides, balaustres y cornisas, en que el capitel corintio flanquea el rosetón gótico, los tréboles y encajes moriscos coronan el medio punto romano, y los macizos y cuadrados marcos asirios soportan unaloggiaitaliana ó—como el Auditorium—esbeltas volutas jónicas, á manera de un elefante que cargaun niño ... Es natural que todos esos plagios y rapsodias de fórmulas exóticas barajadas al tanteo, seduzcan el gusto bárbaramente infantil de estos primitivos, que han traslucido un reflejo de la civilización anterior: así los monjes del siglo quinto zurcían indiferentemente centones de Virgilio ó Claudiano para fabricar poemas á la Virgen.—Todo ello, artísticamente hablando, nace muerto; está vacío de substancia y vida orgánica: á semejanza de esos mosaicos de voces extraídas de veinte vocabularios, que los visionarios de la filología nos presentan como una futura lengua universal, fabricada con detritus de todas las otras. La lengua estética que hablan las calles de Chicago es el volapük de la arquitectura.

No sería extraño que el gusto cuaternario reinara aquí con autocrática potencia: lo que agrava el caso es lo de teorizar esa deformidad. El Oeste es bárbaro con plena convicción y por razón demostrativa. Cuando Matthew Arnold, el más latino de los críticos sajones, procuraba enseñarles por qué el materialismo advenedizo no es compatible con el concepto artístico de la vida, comenzaban por injuriarle y concluían oponiéndole esta triunfante réplica: «No hay razónpara que nuestros monumentos y paseos no sean los mejores del mundo,puesto queno se ha ahorrado gasto en su construcción—for no expense was spared»!... ¿Qué podéis contestar á tales razones? ¿Cómo persuadir al cíclope de que su ojo único no realiza el ideal de la belleza, por más que tenga dimensiones de claraboya? Para cambiar instantáneamente las ideas que brotan en ese cráneo rudimentario, habría que romperlo y rehacer el molde cerebral.

La doble noción que, cual semilla dehiscente, engendra los mil árboles de esta selva moral, es, lo repito, que el tamaño y el costo venal de cualquiera producción humana dan lamedida de su valor absoluto. Ahora bien: la prueba de ser este el criterio dominante la encontráis patente en cualquier orden de manifestación material ó moral, individual ó colectiva. Escuchad una estrofa del himno de Polifemo, que parece compuesto por el millonario Carnegie[29]:

«El Oeste americano es la primera región de los Estados Unidos—y, por consiguiente, del mundo,—puesto que no tiene rival en la rapidez de su desarrollo agrícola, comercial y fabril. Poco importa que su agricultura extensiva consista en desflorar y agotar en veinte años el suelo virgen, para producir por hectárea una mitad menos que en las buenas y viejas tierras europeas; que su industria y su comercio dependan de tarifas draconianas, y que un cambio de frente de Inglaterra pueda arruinar los Estados mineros ó derribar sus bancos como castillos de naipes. Chicago será mañana el centro del mundo (desatendamos la nota más aguda que ya lo proclama hoy), por todo lo que sabéis de susStock-yards, de sus elevadores, de sus ferrocarriles, de sus casas de quince pisos—en una palabra, de su prodigioso incremento de veinte años. Y si admitimos, como cosa evidente, que el signo primordial de la civilización sea el desenvolvimiento de la actividad alimenticia, siendo el vientre el órgano que nos distingue de las especies inferiores: claro está que quien puede lo más puede lo menos—¡y que le ha bastado á Chicago distraer una mínima parte de su savia orgánica, hacia las ramas accesorias de dicha civilización, para sobresalir en ellas como en todas las demás!—De su arquitectura no hablemos más, para no humillar al resto del mundo; de sus bellas artes, basta decir que elArt Institute, construído de granito y mármol (cost800.000 pesos),tendrá 320 pies de largo por 170 de alto; de su enseñanza superior, basta este solo dato, más elocuente que todas las disertaciones: el edificio de la Universidad costará ocho millones, pagando un tercio del total el célebre John D. Rockefeller, el rey del aceite. ¿Cómo dudar, entonces, que será superior de primer golpe á la de Harvard, cuyo valor material no pasa de cinco?Et sic de cœteris.»

Pero ningún monumento de Chicago alcanza la importancia material y simbólica del Auditorium. Es el Panteón, el Coliseo, la Santa Sofía, el palacio de San Marcos—la maravilla de las maravillas americanas. Sería necesario pedir á un literato local su pincel-escoba para celebrarlo dignamente, con ese estilo peculiar en que alterna el lirismo descabellado con el cálculo positivo de las dimensiones, el volumen cúbico y el peso de los materiales, rematando la descripción ¡con el costo total que pasa de cuatro millones de dollars! Un libro que tengo á la vista condensa la admiración de los pan-americanos, que lo visitaron en 1889, en un grito de entusiasmo del señor Zelaya, de Honduras: «¡Conozco el universo entero: no existe nada igual!». Su dedicación, en diciembre del mismo año, fué una solemnidad nacional: el presidente Harrison vino desde Washington para inaugurar el hotel-teatro ...

Es una ciclópea y negruzca contrucción de piedra que para cárcel parecería muy lúgubre. El exterior es el de una maciza fortaleza cuadrada, en que las estrechas ventanas parecen troneras ó nichos sepulcrales; no hay unaloggia, un balcón, un relieve que alegre la vista del prisionero ó del espectador. El hall es obscuro; los cuartos requieren luz á medio día; y los arcos rebajados, la selva de pilares de mármol y granito, el pavimento de mosaico, la monacal desnudezde las paredes ó, por partes, sus recargados ornamentos, completan el aspecto abrumador de un hipogeo egipcio. El conjunto no es bello ni feo, ni acepta epíteto alguno que pueda convenir á cualquiera producción arquitectónica: es monstruoso, elefantino, cuaternario.

El Auditorium propiamente dicho, vale decir la sala de espectáculo, contiene 7000 asientos, y es del mismo estilo que el resto del edificio. Una inmensa bóveda circular, sin más relieve que sus arcos paralelos, remata en el escenario que remeda una chimenea colosal. La cruda luz eléctrica reverbera en las superficies desnudas: allá en las paredes del paraíso, perdidos en la obscuridad, se adivinan dos frescos borrosos, que probablemente ganan con no ser vistos. Además de los asientos—todos ocupados, en la noche única que estuve allí,—la muchedumbre cuajaba las galerías, los pasadizos, las escaleras. Representaban algo así como unExcelsioryankee:America, en cuyas escenas Colón y Washington alternaban con los saltos de losminstrelsy las cabriolas de los acróbatas. Durante cuatro ó cinco meses, fué necesario asegurar la entrada con una semana de anticipación; había dos funciones diarias, y los inevitables Abbey y Grau han levantado una fortuna ... Era el tiempo en que los conciertos sinfónicos de la Exposición fueron brutalmente suprimidos «porqueno pagaban».—Y en ese coliseo enorme, con sus «vomitorios» y su anfiteatro repleto de espectadores, me volvían recuerdos de los circos romanos, de los hipódromos del Bajo Imperio, y comparaba en mi imaginación esta barbarie con esa decadencia ... Estaban al lado mío algunos amigos de Chicago; una señora, literata, música, que había educado á su hija en Roma: había visto durante cinco años, San Pedro, el Vaticano, las ruinasimponentes y los museos maravillosos ... Y ella fué la que me preguntó si no encontraba el Auditorium más bello que la Ópera de París ... ¡Contesté que sí! con un entusiasmo que el mismo señor Zelaya—de Honduras—me hubiera envidiado ...

Los hallo «impermeables» á todo lo que sea gusto y verdadera civilización. Sus diarios, sus piezas de teatro, sus conversaciones, sus adornos, sus joyas, sus procesiones, sus comidas: todo esmammoth. Su ingenuidad es tan enorme, que llega á ser grandiosa. Y si se logra echar en olvido, por algunos días, todas las nociones de la belleza, heredadas ó adquiridas con el estudio y la contemplación de las obras maestras artísticas; si se contempla esa acumulación material, cual se hiciera con las manifestaciones proporcionales de otro planeta mayor que el nuestro,—poco á poco se experimenta una sensación de asombro é inquietud que casi viene á ser estética.—Á eso aludía, al decir que Chicago tenía su belleza propia, en cierto modo superior, por su ruda y descomunal primitividad, á las imitaciones europeas de las metrópolis del Este. El espectáculo prolongado de la fuerza inconsciente y brutal alcanza á cierta hermosura «calibanesca».—La inmensidad de los corrales, el vaivén de los trenes, delelevatedy de los carros de tramway que pasan eternamente rellenos de pueblo; las atrevidas construcciones que rebosan afanada muchedumbre, los inmensosbuildingscomerciales; las sesenta líneas férreas que irradian de las estaciones centrales, con sus millares de vagones estacionados y que parecen destinados á no moverse jamás; los túneles debajo del río, los puentes movedizos que se abren por segundos ante los buques cargados; y ese mismo río negruzco y plebeyo, cuajado de mástiles, con sus riberas obstruídas de elevadores y depósitos; el potente rumor de las maquinarias en actividad; los silbidos que desgarranel oído, y, en cualquiera parte, hasta el fondo de los teatros y el silencio de los congresos, cortan bruscamente la palabra de los oradores ó cubren la música, con no sé qué desdén salvaje de esas puerilidades de otra civilización, aquí fuera de su lugar:—todo ello á la larga produce una sensación indecible. Se viene recordando que esa mole prodigiosa ha brotado casi toda en veinte años; y se experimenta, ante esa manifestación de la fuerza irresistible, la impresión de respeto y asombro que inspiraría el levantamiento de una montaña. El monumento no es airoso, ni esbelto, ni definitivamente organizado; toda su estructura revela el apuro, la factura provisional y al por mayor: pero es formidable, incomparablemente colosal, y al lado suyo, por un momento, cualquiera otro parecería desmedrado y mezquino.

Con esas ideas embrionarias y tendencias primitivas, apoyadas en una fuerza de empuje irresistible, es como han emprendido y realizado su feria universal. Creo que en las páginas anteriores se encuentra implícitamente descrita. Además, no puede ser materia de actualidad documentaria lo que ya no existe. Quizá en otra forma razonada y metódica aparezca su estudio positivo; ó acaso bosqueje algún día, en una fábula novelesca, su compleja y contrastada psicología: pues, al cabo, ese organismo monstruoso y efímero, ha vivido, ha tenido sualmaexótica y fugaz ...

¡PobreWhite City! La volví á mirar por vez postrera durante una tarde agria y descolorida de este invierno precoz, en el siniestrodésarroide las mudanzas y demoliciones. Retumbaban los vastos edificios solitarios bajo los martillazos de los embaladores; los rieles de las vías volantes se alargaban por las calles desiertas; los céspedes helados ostentaban elpisoteo de un campo de batalla; y una gran melancolía se desprendía de esas ruinas nuevas, de ese sueño disparatado y colosal, pero sueño brillante al fin, ¡entregado como un cadáver gigantesco á la labor de destrucción! Yo mismo, que he vivido allí algunos meses, surcado veinte veces las lagunas y los canales que bañaban las graderías de los palacios de yeso y su endeble armazón, completando con algunas góndolas importadas esa parodia de Venecia americana; yo mismo recuerdo de algunas tardes de verano cuyos tintes apagados armonizaban los chillones edificios griegos é italianos, los grupos escultóricos, las cúpulas flamantes, prestando á esas frágiles confecciones un reflejo de belleza y una apariencia de verdad. No todo fué allí vulgaridad y desencanto.—Y aunque sólo fuera por esa noche deliciosa en que, idealmente iluminados los follajes por la luna y los invisibles focos de la luz eléctrica, se representó, en un parque real de álamos y encinas, la vaga y encantadora comedia deAs you like it, perdonaría á Midway-Plaisance su brutal exotismo. Experimenté allí una sensación exquisita y única de olvido y rejuvenecimiento; la olvidada poesía llegaba hacia mí, envuelta en la brisa del próximo lago, refrescando con su caricia mi frente entristecida. Me sentía á mil leguas de las manufacturas y las máquinas, volvía á vivir en la región azul de los ensueños juveniles; y en esta selva de los Ardennes poblada de apariciones vaporosas, de Rosalindas que se desvanecían en las misteriosas espesuras, cantaban tan melodiosos los versos del divino Shakespeare, que el aleteo de algunos pájaros ocultos, turbados por la música, remedaba un ensayado arrullo que diera la réplica al ruiseñor inmortal ... Por esta sola hora de olvido y éxtasis, no he de hablar sin emoción de la Feria difunta. Con todas sus vulgaridades y atentadoscontra el gusto artístico, quedará absuelta en mi memoria; tornándose más bella cuanto más lejana, se esfumará lentamente en el pasado irrevocable, y, soñador incorregible, seguiré siempre con la mirada enternecida la dorada copa del rey de Thule, que cayó vacía en las ondas obscuras del lago Michigan ...


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