II

IILA FILIPINA EN LOS PRIMITIVOS TIEMPOSLainfluenciade la mujer sobre el varón data de la época primitiva.No es cierto, es pura invención, lo que el elegante escritor filipino, Dr. Paterno, en su libroLa Antigua Civilización de Filipinas, escribe relativo á que «Iday, Sinang, Titay y Daga han dirigido y gobernado el puebloluzónico4á impulsos de sus femeniles sentimientos.»Pero hay mucha verdad en el fondo.Como ocurre siempre en las naciones jóvenes ó nacientes, Filipinas estaba dominado por laaniteriaó fetiquismo malayo, y naturalmente los sacerdotes ejercían influencia sobre el pueblo, hecho juguete de sus oráculos. Pues bien, la mayoría de esos ministros eran mujeres.Estas sacerdotisas se llamaban entre los tagalosKatalonan, entre los visayasBabailan, entre los monteses de AbraBaglan, y entre los pangasinanes,managanito.Las sacerdotisas eran astutas y muy listas, aunque su buena fé y decoro andaban por los suelos.En los sacrificios vestían unos estrambóticos trajes con una cabellera amarilla postiza, sobre la cual ostentaban una especie de diadema, llevando en la mano un abanico de paja. Y la que servía de sacristana ó ayudante, que era una jóven, aprendiz yaspirante ábabailan, llevaba una caña delgada, como los maestros de ceremonias su varita.En casos de enfermedad se sacrificaban cerdos ó gallinas, según los recursos del paciente. Comenzaban dichos sacrificios colocándose, en un altar convenientemente adornado, la víctima con otros comistrajos y bebidas. En esto, la sacerdotisa rompía á bailar al són de ensordecedores tambores, ramas de palmera y trompetas de caña, haciendo ademanes y visajes muy análogos á los que hasta ahora se vea en las batallas de las comedias filipinas y alzaba con frecuencia los ojos á lo alto, fingiendo ver y hablar con siniestras visiones. Da ella una lanzada á la víctima y con la sangre los concurrentes se mojan la frente y untan al enfermo. Baila otra vez y cae al suelo como extasiada cierto tiempo, y una vez recobrada la razón cuenta las inspiraciones que dice haber recibido de los dioses durante su éxtasis, cuyas inspiraciones son ambiguas, de tal modo que sea cual fuese el resultado ó desenlace de la enfermedad, tenía siempre la sacerdotisa subterfugio y era en vano tratar de cogerla una mentirosa profecía. Despues limpiaban y asaban la víctima y se la repartían, correspondiendo á la sacerdotisa la mejor parte, ademas de la paga que recibía. Estos sacrificios se practican hasta ahora por los monteses de Luzón.A veces, cuando el enfermo era unprincipal(especie de noble), se inmolaban hasta esclavos para aplacar la ira de losanitos, y en Cebú la sacerdotisa atravesaba con una lanza á las víctimas.Tambien intervenían las sacerdotisas en las ceremonias de la boda y de la purificación de los que habían estado en el cautiverio.Y eran al propio tiempo curanderas.Otra prueba de que la mujer filipina siempre ha ejercido cierta influencia sobre los varones, es que figuran diosas en su Mitología primitiva, comoBugan,Buhas,Dalingay,Daungen,Baingan,Libongan,Libugon,Limoany otras.Hasta hoy dia en Filipinas se respetan, mucho por miedo á las supuestasmangkukulamyasuang(mujeres endemoniadas.)Cuando en 1521 llegaron los españoles á Filipinas, éste no era ya un pueblo salvaje. Ya los habitantes estaban agrupados en pueblos; sostenían relaciones mercantiles con China, Japon y los musulmanes de Borneo, Molucas y otros paises malayos del Asia; usaban armas de fuego, hasta cañones; imponían derechos de aduana, profesaban una religión, que denotaba no mucho atraso, pues conocían el alma; poseían escritura propia y tenían una constitución social y legislación consuetudinaria ó basada en los usos.Según dicha constitución, había cinco clases de personas: 1.a la principalía, especie de nobleza; 2.a la de los libres (kailianókabalangay); 3.a libertos ótimaua(algunos autores refunden la 2.a y 3.a clase en una sola); 4.a aparceros óaliping namamahay; y 5.a esclavos óaliping sagigilir. Y dentro de esta división general cabían algunas subdivisiones.A la 1.a clase pertenecían aquellos que ya por sus riquezas, ya por sus fuerzas físicas ó sagacidad se distinguían en los pueblos; los ricos y sus familias, que nunca fueron esclavos. Esta clase gozaba de ciertos privilegios, estando exenta de prestar los servicios que tributaban lostimaoasy era el plantelde losaris(régulos) y de sús ancianos consejeros.Un régulo dominaba en una provincia, disponía de vidas y haciendas; pero no de una manera muy arbitraria, recibiendo tributo de sus vasallos.El poder, se decía que era hereditario: pero la verdad era que se conquistaba ó arrebataba á viva fuerza. El P. Rada, que vino á Filipinas con Legaspi en 1564, escribe: «casi todos los caciques son tiranos que han conquistado su puesto por el pillaje y fechorías.» Si, muerto el régulo, no dejaba más herederos que alguna pobre mujer, el principal más poderoso, no tardaba en arrebatarla el trono.Pero las herederas eran muy listas y procuraban casarse cuanto antes con un poderoso principal que pudiera sostener sus derechos en el campo de batalla, como lo hizo la hija del cacique de Cebú Hamabao, y hasta obligaban, una vez casadas, a sus padres régulos, si éstos eran ya decrépitos, á abdicarles el poder en vida. Pero sólo entraban heredar el poder las hijas en defecto de herederos varones.El mirar la mujer de losprincipales, ó el pasar por el lugar donde se estaba bañando ella, se castigaba con la esclavitud.Ésta era más benigna para las mujeres. Lostomatabanesde los visayas estaban obligados á trabajar cinco días al mes en beneficio de su señor en las faenas agrícolas, pagando además un tributo anual de cinco fanegas de arroz. Y las mujeres de la misma clase tejían é hilaban, cuando lo ordenaba el amo, medio dia, siendo la otra mitad en beneficio propio.Las mujerestumarampokeyhalon(clases inferiores de la esclavitud) trabajaban constantemente en las casas de sus señores; pero éstos estaban obligados á alimentarlas.Hé aquí las ocupaciones de las filipinas en general, en la época de la conquista española.«Labores de aguja, de que son muy curiosas, y todo género de costura. Y tejen mantas, y hilan algodon, sirven las casas de sus maridos y padres. Pilan el arroz que se ha de comer, y aderesan lo demás. Crían gallínas y lechones, y guardan las casas entretanto que los hombres entienden en las labores del campo y en sus pesquerías, navegaciones y granjerías.»5Para los efectos de las leyes tradicionales no valían las circunstancias de sexo y edad.En Luzón se practicaba la monogamia y en varios puntos de Visayas se admitía la poligamia.La mujer no aportaba dote ni otra cosa alguna á la sociedad conyugal, sino en todo caso, lo que la correspondía de herencia en los bienes dejados por sus parientes difuntos. El varón era el que tenía obligación de llevar al matrimonio considerables donacionespropter nuptias, para asegurar el porvenir de su futura esposa.Los bienes gananciales se repartían en partes iguales, disuelto el matrimonio. Si el divorcio era por culpa de la mujer, se quedaba sin las donacionespropter nuptias: en otro caso eran para ella; si ésta moría, dichas donaciones pasaban á sus hijos y en su defecto, al padre de ella; y si el esposo fuéel que murió, la mujer heredaba dichas donaciones. Por lo regular, éstos eran los únicos bienes del esposo; y como, se vé, la mujer estaba muy favorecida por los usos legales de los antiguos filipinos.Un borracho que hubiese prometido á una mujer casarse y luego, recobrada la razón, se retractaba, tenía que pagar una multa.Si un principal ó liberto había tenido acceso con una esclava que no era suya, pagaba al señor mediotae6de oro por el peligro del parto y por dejar de trabajar durante el tiempo de su preñez, siendo el hijo mitad libre y mitad esclavo, si el padre lo alimentaba, y si no, se quedaba verdadero esclavo del señor de su madre. Si la violada era una mujerprincipal, la indemnización era cuantiosa y generalmente el pleito se arreglaba en una sangrienta lucha, si no intervenían los ancianos.En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertosárboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamadoskalombigasaprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de lasprincipales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.

IILA FILIPINA EN LOS PRIMITIVOS TIEMPOSLainfluenciade la mujer sobre el varón data de la época primitiva.No es cierto, es pura invención, lo que el elegante escritor filipino, Dr. Paterno, en su libroLa Antigua Civilización de Filipinas, escribe relativo á que «Iday, Sinang, Titay y Daga han dirigido y gobernado el puebloluzónico4á impulsos de sus femeniles sentimientos.»Pero hay mucha verdad en el fondo.Como ocurre siempre en las naciones jóvenes ó nacientes, Filipinas estaba dominado por laaniteriaó fetiquismo malayo, y naturalmente los sacerdotes ejercían influencia sobre el pueblo, hecho juguete de sus oráculos. Pues bien, la mayoría de esos ministros eran mujeres.Estas sacerdotisas se llamaban entre los tagalosKatalonan, entre los visayasBabailan, entre los monteses de AbraBaglan, y entre los pangasinanes,managanito.Las sacerdotisas eran astutas y muy listas, aunque su buena fé y decoro andaban por los suelos.En los sacrificios vestían unos estrambóticos trajes con una cabellera amarilla postiza, sobre la cual ostentaban una especie de diadema, llevando en la mano un abanico de paja. Y la que servía de sacristana ó ayudante, que era una jóven, aprendiz yaspirante ábabailan, llevaba una caña delgada, como los maestros de ceremonias su varita.En casos de enfermedad se sacrificaban cerdos ó gallinas, según los recursos del paciente. Comenzaban dichos sacrificios colocándose, en un altar convenientemente adornado, la víctima con otros comistrajos y bebidas. En esto, la sacerdotisa rompía á bailar al són de ensordecedores tambores, ramas de palmera y trompetas de caña, haciendo ademanes y visajes muy análogos á los que hasta ahora se vea en las batallas de las comedias filipinas y alzaba con frecuencia los ojos á lo alto, fingiendo ver y hablar con siniestras visiones. Da ella una lanzada á la víctima y con la sangre los concurrentes se mojan la frente y untan al enfermo. Baila otra vez y cae al suelo como extasiada cierto tiempo, y una vez recobrada la razón cuenta las inspiraciones que dice haber recibido de los dioses durante su éxtasis, cuyas inspiraciones son ambiguas, de tal modo que sea cual fuese el resultado ó desenlace de la enfermedad, tenía siempre la sacerdotisa subterfugio y era en vano tratar de cogerla una mentirosa profecía. Despues limpiaban y asaban la víctima y se la repartían, correspondiendo á la sacerdotisa la mejor parte, ademas de la paga que recibía. Estos sacrificios se practican hasta ahora por los monteses de Luzón.A veces, cuando el enfermo era unprincipal(especie de noble), se inmolaban hasta esclavos para aplacar la ira de losanitos, y en Cebú la sacerdotisa atravesaba con una lanza á las víctimas.Tambien intervenían las sacerdotisas en las ceremonias de la boda y de la purificación de los que habían estado en el cautiverio.Y eran al propio tiempo curanderas.Otra prueba de que la mujer filipina siempre ha ejercido cierta influencia sobre los varones, es que figuran diosas en su Mitología primitiva, comoBugan,Buhas,Dalingay,Daungen,Baingan,Libongan,Libugon,Limoany otras.Hasta hoy dia en Filipinas se respetan, mucho por miedo á las supuestasmangkukulamyasuang(mujeres endemoniadas.)Cuando en 1521 llegaron los españoles á Filipinas, éste no era ya un pueblo salvaje. Ya los habitantes estaban agrupados en pueblos; sostenían relaciones mercantiles con China, Japon y los musulmanes de Borneo, Molucas y otros paises malayos del Asia; usaban armas de fuego, hasta cañones; imponían derechos de aduana, profesaban una religión, que denotaba no mucho atraso, pues conocían el alma; poseían escritura propia y tenían una constitución social y legislación consuetudinaria ó basada en los usos.Según dicha constitución, había cinco clases de personas: 1.a la principalía, especie de nobleza; 2.a la de los libres (kailianókabalangay); 3.a libertos ótimaua(algunos autores refunden la 2.a y 3.a clase en una sola); 4.a aparceros óaliping namamahay; y 5.a esclavos óaliping sagigilir. Y dentro de esta división general cabían algunas subdivisiones.A la 1.a clase pertenecían aquellos que ya por sus riquezas, ya por sus fuerzas físicas ó sagacidad se distinguían en los pueblos; los ricos y sus familias, que nunca fueron esclavos. Esta clase gozaba de ciertos privilegios, estando exenta de prestar los servicios que tributaban lostimaoasy era el plantelde losaris(régulos) y de sús ancianos consejeros.Un régulo dominaba en una provincia, disponía de vidas y haciendas; pero no de una manera muy arbitraria, recibiendo tributo de sus vasallos.El poder, se decía que era hereditario: pero la verdad era que se conquistaba ó arrebataba á viva fuerza. El P. Rada, que vino á Filipinas con Legaspi en 1564, escribe: «casi todos los caciques son tiranos que han conquistado su puesto por el pillaje y fechorías.» Si, muerto el régulo, no dejaba más herederos que alguna pobre mujer, el principal más poderoso, no tardaba en arrebatarla el trono.Pero las herederas eran muy listas y procuraban casarse cuanto antes con un poderoso principal que pudiera sostener sus derechos en el campo de batalla, como lo hizo la hija del cacique de Cebú Hamabao, y hasta obligaban, una vez casadas, a sus padres régulos, si éstos eran ya decrépitos, á abdicarles el poder en vida. Pero sólo entraban heredar el poder las hijas en defecto de herederos varones.El mirar la mujer de losprincipales, ó el pasar por el lugar donde se estaba bañando ella, se castigaba con la esclavitud.Ésta era más benigna para las mujeres. Lostomatabanesde los visayas estaban obligados á trabajar cinco días al mes en beneficio de su señor en las faenas agrícolas, pagando además un tributo anual de cinco fanegas de arroz. Y las mujeres de la misma clase tejían é hilaban, cuando lo ordenaba el amo, medio dia, siendo la otra mitad en beneficio propio.Las mujerestumarampokeyhalon(clases inferiores de la esclavitud) trabajaban constantemente en las casas de sus señores; pero éstos estaban obligados á alimentarlas.Hé aquí las ocupaciones de las filipinas en general, en la época de la conquista española.«Labores de aguja, de que son muy curiosas, y todo género de costura. Y tejen mantas, y hilan algodon, sirven las casas de sus maridos y padres. Pilan el arroz que se ha de comer, y aderesan lo demás. Crían gallínas y lechones, y guardan las casas entretanto que los hombres entienden en las labores del campo y en sus pesquerías, navegaciones y granjerías.»5Para los efectos de las leyes tradicionales no valían las circunstancias de sexo y edad.En Luzón se practicaba la monogamia y en varios puntos de Visayas se admitía la poligamia.La mujer no aportaba dote ni otra cosa alguna á la sociedad conyugal, sino en todo caso, lo que la correspondía de herencia en los bienes dejados por sus parientes difuntos. El varón era el que tenía obligación de llevar al matrimonio considerables donacionespropter nuptias, para asegurar el porvenir de su futura esposa.Los bienes gananciales se repartían en partes iguales, disuelto el matrimonio. Si el divorcio era por culpa de la mujer, se quedaba sin las donacionespropter nuptias: en otro caso eran para ella; si ésta moría, dichas donaciones pasaban á sus hijos y en su defecto, al padre de ella; y si el esposo fuéel que murió, la mujer heredaba dichas donaciones. Por lo regular, éstos eran los únicos bienes del esposo; y como, se vé, la mujer estaba muy favorecida por los usos legales de los antiguos filipinos.Un borracho que hubiese prometido á una mujer casarse y luego, recobrada la razón, se retractaba, tenía que pagar una multa.Si un principal ó liberto había tenido acceso con una esclava que no era suya, pagaba al señor mediotae6de oro por el peligro del parto y por dejar de trabajar durante el tiempo de su preñez, siendo el hijo mitad libre y mitad esclavo, si el padre lo alimentaba, y si no, se quedaba verdadero esclavo del señor de su madre. Si la violada era una mujerprincipal, la indemnización era cuantiosa y generalmente el pleito se arreglaba en una sangrienta lucha, si no intervenían los ancianos.En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertosárboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamadoskalombigasaprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de lasprincipales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.

IILA FILIPINA EN LOS PRIMITIVOS TIEMPOSLainfluenciade la mujer sobre el varón data de la época primitiva.No es cierto, es pura invención, lo que el elegante escritor filipino, Dr. Paterno, en su libroLa Antigua Civilización de Filipinas, escribe relativo á que «Iday, Sinang, Titay y Daga han dirigido y gobernado el puebloluzónico4á impulsos de sus femeniles sentimientos.»Pero hay mucha verdad en el fondo.Como ocurre siempre en las naciones jóvenes ó nacientes, Filipinas estaba dominado por laaniteriaó fetiquismo malayo, y naturalmente los sacerdotes ejercían influencia sobre el pueblo, hecho juguete de sus oráculos. Pues bien, la mayoría de esos ministros eran mujeres.Estas sacerdotisas se llamaban entre los tagalosKatalonan, entre los visayasBabailan, entre los monteses de AbraBaglan, y entre los pangasinanes,managanito.Las sacerdotisas eran astutas y muy listas, aunque su buena fé y decoro andaban por los suelos.En los sacrificios vestían unos estrambóticos trajes con una cabellera amarilla postiza, sobre la cual ostentaban una especie de diadema, llevando en la mano un abanico de paja. Y la que servía de sacristana ó ayudante, que era una jóven, aprendiz yaspirante ábabailan, llevaba una caña delgada, como los maestros de ceremonias su varita.En casos de enfermedad se sacrificaban cerdos ó gallinas, según los recursos del paciente. Comenzaban dichos sacrificios colocándose, en un altar convenientemente adornado, la víctima con otros comistrajos y bebidas. En esto, la sacerdotisa rompía á bailar al són de ensordecedores tambores, ramas de palmera y trompetas de caña, haciendo ademanes y visajes muy análogos á los que hasta ahora se vea en las batallas de las comedias filipinas y alzaba con frecuencia los ojos á lo alto, fingiendo ver y hablar con siniestras visiones. Da ella una lanzada á la víctima y con la sangre los concurrentes se mojan la frente y untan al enfermo. Baila otra vez y cae al suelo como extasiada cierto tiempo, y una vez recobrada la razón cuenta las inspiraciones que dice haber recibido de los dioses durante su éxtasis, cuyas inspiraciones son ambiguas, de tal modo que sea cual fuese el resultado ó desenlace de la enfermedad, tenía siempre la sacerdotisa subterfugio y era en vano tratar de cogerla una mentirosa profecía. Despues limpiaban y asaban la víctima y se la repartían, correspondiendo á la sacerdotisa la mejor parte, ademas de la paga que recibía. Estos sacrificios se practican hasta ahora por los monteses de Luzón.A veces, cuando el enfermo era unprincipal(especie de noble), se inmolaban hasta esclavos para aplacar la ira de losanitos, y en Cebú la sacerdotisa atravesaba con una lanza á las víctimas.Tambien intervenían las sacerdotisas en las ceremonias de la boda y de la purificación de los que habían estado en el cautiverio.Y eran al propio tiempo curanderas.Otra prueba de que la mujer filipina siempre ha ejercido cierta influencia sobre los varones, es que figuran diosas en su Mitología primitiva, comoBugan,Buhas,Dalingay,Daungen,Baingan,Libongan,Libugon,Limoany otras.Hasta hoy dia en Filipinas se respetan, mucho por miedo á las supuestasmangkukulamyasuang(mujeres endemoniadas.)Cuando en 1521 llegaron los españoles á Filipinas, éste no era ya un pueblo salvaje. Ya los habitantes estaban agrupados en pueblos; sostenían relaciones mercantiles con China, Japon y los musulmanes de Borneo, Molucas y otros paises malayos del Asia; usaban armas de fuego, hasta cañones; imponían derechos de aduana, profesaban una religión, que denotaba no mucho atraso, pues conocían el alma; poseían escritura propia y tenían una constitución social y legislación consuetudinaria ó basada en los usos.Según dicha constitución, había cinco clases de personas: 1.a la principalía, especie de nobleza; 2.a la de los libres (kailianókabalangay); 3.a libertos ótimaua(algunos autores refunden la 2.a y 3.a clase en una sola); 4.a aparceros óaliping namamahay; y 5.a esclavos óaliping sagigilir. Y dentro de esta división general cabían algunas subdivisiones.A la 1.a clase pertenecían aquellos que ya por sus riquezas, ya por sus fuerzas físicas ó sagacidad se distinguían en los pueblos; los ricos y sus familias, que nunca fueron esclavos. Esta clase gozaba de ciertos privilegios, estando exenta de prestar los servicios que tributaban lostimaoasy era el plantelde losaris(régulos) y de sús ancianos consejeros.Un régulo dominaba en una provincia, disponía de vidas y haciendas; pero no de una manera muy arbitraria, recibiendo tributo de sus vasallos.El poder, se decía que era hereditario: pero la verdad era que se conquistaba ó arrebataba á viva fuerza. El P. Rada, que vino á Filipinas con Legaspi en 1564, escribe: «casi todos los caciques son tiranos que han conquistado su puesto por el pillaje y fechorías.» Si, muerto el régulo, no dejaba más herederos que alguna pobre mujer, el principal más poderoso, no tardaba en arrebatarla el trono.Pero las herederas eran muy listas y procuraban casarse cuanto antes con un poderoso principal que pudiera sostener sus derechos en el campo de batalla, como lo hizo la hija del cacique de Cebú Hamabao, y hasta obligaban, una vez casadas, a sus padres régulos, si éstos eran ya decrépitos, á abdicarles el poder en vida. Pero sólo entraban heredar el poder las hijas en defecto de herederos varones.El mirar la mujer de losprincipales, ó el pasar por el lugar donde se estaba bañando ella, se castigaba con la esclavitud.Ésta era más benigna para las mujeres. Lostomatabanesde los visayas estaban obligados á trabajar cinco días al mes en beneficio de su señor en las faenas agrícolas, pagando además un tributo anual de cinco fanegas de arroz. Y las mujeres de la misma clase tejían é hilaban, cuando lo ordenaba el amo, medio dia, siendo la otra mitad en beneficio propio.Las mujerestumarampokeyhalon(clases inferiores de la esclavitud) trabajaban constantemente en las casas de sus señores; pero éstos estaban obligados á alimentarlas.Hé aquí las ocupaciones de las filipinas en general, en la época de la conquista española.«Labores de aguja, de que son muy curiosas, y todo género de costura. Y tejen mantas, y hilan algodon, sirven las casas de sus maridos y padres. Pilan el arroz que se ha de comer, y aderesan lo demás. Crían gallínas y lechones, y guardan las casas entretanto que los hombres entienden en las labores del campo y en sus pesquerías, navegaciones y granjerías.»5Para los efectos de las leyes tradicionales no valían las circunstancias de sexo y edad.En Luzón se practicaba la monogamia y en varios puntos de Visayas se admitía la poligamia.La mujer no aportaba dote ni otra cosa alguna á la sociedad conyugal, sino en todo caso, lo que la correspondía de herencia en los bienes dejados por sus parientes difuntos. El varón era el que tenía obligación de llevar al matrimonio considerables donacionespropter nuptias, para asegurar el porvenir de su futura esposa.Los bienes gananciales se repartían en partes iguales, disuelto el matrimonio. Si el divorcio era por culpa de la mujer, se quedaba sin las donacionespropter nuptias: en otro caso eran para ella; si ésta moría, dichas donaciones pasaban á sus hijos y en su defecto, al padre de ella; y si el esposo fuéel que murió, la mujer heredaba dichas donaciones. Por lo regular, éstos eran los únicos bienes del esposo; y como, se vé, la mujer estaba muy favorecida por los usos legales de los antiguos filipinos.Un borracho que hubiese prometido á una mujer casarse y luego, recobrada la razón, se retractaba, tenía que pagar una multa.Si un principal ó liberto había tenido acceso con una esclava que no era suya, pagaba al señor mediotae6de oro por el peligro del parto y por dejar de trabajar durante el tiempo de su preñez, siendo el hijo mitad libre y mitad esclavo, si el padre lo alimentaba, y si no, se quedaba verdadero esclavo del señor de su madre. Si la violada era una mujerprincipal, la indemnización era cuantiosa y generalmente el pleito se arreglaba en una sangrienta lucha, si no intervenían los ancianos.En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertosárboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamadoskalombigasaprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de lasprincipales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.

IILA FILIPINA EN LOS PRIMITIVOS TIEMPOSLainfluenciade la mujer sobre el varón data de la época primitiva.No es cierto, es pura invención, lo que el elegante escritor filipino, Dr. Paterno, en su libroLa Antigua Civilización de Filipinas, escribe relativo á que «Iday, Sinang, Titay y Daga han dirigido y gobernado el puebloluzónico4á impulsos de sus femeniles sentimientos.»Pero hay mucha verdad en el fondo.Como ocurre siempre en las naciones jóvenes ó nacientes, Filipinas estaba dominado por laaniteriaó fetiquismo malayo, y naturalmente los sacerdotes ejercían influencia sobre el pueblo, hecho juguete de sus oráculos. Pues bien, la mayoría de esos ministros eran mujeres.Estas sacerdotisas se llamaban entre los tagalosKatalonan, entre los visayasBabailan, entre los monteses de AbraBaglan, y entre los pangasinanes,managanito.Las sacerdotisas eran astutas y muy listas, aunque su buena fé y decoro andaban por los suelos.En los sacrificios vestían unos estrambóticos trajes con una cabellera amarilla postiza, sobre la cual ostentaban una especie de diadema, llevando en la mano un abanico de paja. Y la que servía de sacristana ó ayudante, que era una jóven, aprendiz yaspirante ábabailan, llevaba una caña delgada, como los maestros de ceremonias su varita.En casos de enfermedad se sacrificaban cerdos ó gallinas, según los recursos del paciente. Comenzaban dichos sacrificios colocándose, en un altar convenientemente adornado, la víctima con otros comistrajos y bebidas. En esto, la sacerdotisa rompía á bailar al són de ensordecedores tambores, ramas de palmera y trompetas de caña, haciendo ademanes y visajes muy análogos á los que hasta ahora se vea en las batallas de las comedias filipinas y alzaba con frecuencia los ojos á lo alto, fingiendo ver y hablar con siniestras visiones. Da ella una lanzada á la víctima y con la sangre los concurrentes se mojan la frente y untan al enfermo. Baila otra vez y cae al suelo como extasiada cierto tiempo, y una vez recobrada la razón cuenta las inspiraciones que dice haber recibido de los dioses durante su éxtasis, cuyas inspiraciones son ambiguas, de tal modo que sea cual fuese el resultado ó desenlace de la enfermedad, tenía siempre la sacerdotisa subterfugio y era en vano tratar de cogerla una mentirosa profecía. Despues limpiaban y asaban la víctima y se la repartían, correspondiendo á la sacerdotisa la mejor parte, ademas de la paga que recibía. Estos sacrificios se practican hasta ahora por los monteses de Luzón.A veces, cuando el enfermo era unprincipal(especie de noble), se inmolaban hasta esclavos para aplacar la ira de losanitos, y en Cebú la sacerdotisa atravesaba con una lanza á las víctimas.Tambien intervenían las sacerdotisas en las ceremonias de la boda y de la purificación de los que habían estado en el cautiverio.Y eran al propio tiempo curanderas.Otra prueba de que la mujer filipina siempre ha ejercido cierta influencia sobre los varones, es que figuran diosas en su Mitología primitiva, comoBugan,Buhas,Dalingay,Daungen,Baingan,Libongan,Libugon,Limoany otras.Hasta hoy dia en Filipinas se respetan, mucho por miedo á las supuestasmangkukulamyasuang(mujeres endemoniadas.)Cuando en 1521 llegaron los españoles á Filipinas, éste no era ya un pueblo salvaje. Ya los habitantes estaban agrupados en pueblos; sostenían relaciones mercantiles con China, Japon y los musulmanes de Borneo, Molucas y otros paises malayos del Asia; usaban armas de fuego, hasta cañones; imponían derechos de aduana, profesaban una religión, que denotaba no mucho atraso, pues conocían el alma; poseían escritura propia y tenían una constitución social y legislación consuetudinaria ó basada en los usos.Según dicha constitución, había cinco clases de personas: 1.a la principalía, especie de nobleza; 2.a la de los libres (kailianókabalangay); 3.a libertos ótimaua(algunos autores refunden la 2.a y 3.a clase en una sola); 4.a aparceros óaliping namamahay; y 5.a esclavos óaliping sagigilir. Y dentro de esta división general cabían algunas subdivisiones.A la 1.a clase pertenecían aquellos que ya por sus riquezas, ya por sus fuerzas físicas ó sagacidad se distinguían en los pueblos; los ricos y sus familias, que nunca fueron esclavos. Esta clase gozaba de ciertos privilegios, estando exenta de prestar los servicios que tributaban lostimaoasy era el plantelde losaris(régulos) y de sús ancianos consejeros.Un régulo dominaba en una provincia, disponía de vidas y haciendas; pero no de una manera muy arbitraria, recibiendo tributo de sus vasallos.El poder, se decía que era hereditario: pero la verdad era que se conquistaba ó arrebataba á viva fuerza. El P. Rada, que vino á Filipinas con Legaspi en 1564, escribe: «casi todos los caciques son tiranos que han conquistado su puesto por el pillaje y fechorías.» Si, muerto el régulo, no dejaba más herederos que alguna pobre mujer, el principal más poderoso, no tardaba en arrebatarla el trono.Pero las herederas eran muy listas y procuraban casarse cuanto antes con un poderoso principal que pudiera sostener sus derechos en el campo de batalla, como lo hizo la hija del cacique de Cebú Hamabao, y hasta obligaban, una vez casadas, a sus padres régulos, si éstos eran ya decrépitos, á abdicarles el poder en vida. Pero sólo entraban heredar el poder las hijas en defecto de herederos varones.El mirar la mujer de losprincipales, ó el pasar por el lugar donde se estaba bañando ella, se castigaba con la esclavitud.Ésta era más benigna para las mujeres. Lostomatabanesde los visayas estaban obligados á trabajar cinco días al mes en beneficio de su señor en las faenas agrícolas, pagando además un tributo anual de cinco fanegas de arroz. Y las mujeres de la misma clase tejían é hilaban, cuando lo ordenaba el amo, medio dia, siendo la otra mitad en beneficio propio.Las mujerestumarampokeyhalon(clases inferiores de la esclavitud) trabajaban constantemente en las casas de sus señores; pero éstos estaban obligados á alimentarlas.Hé aquí las ocupaciones de las filipinas en general, en la época de la conquista española.«Labores de aguja, de que son muy curiosas, y todo género de costura. Y tejen mantas, y hilan algodon, sirven las casas de sus maridos y padres. Pilan el arroz que se ha de comer, y aderesan lo demás. Crían gallínas y lechones, y guardan las casas entretanto que los hombres entienden en las labores del campo y en sus pesquerías, navegaciones y granjerías.»5Para los efectos de las leyes tradicionales no valían las circunstancias de sexo y edad.En Luzón se practicaba la monogamia y en varios puntos de Visayas se admitía la poligamia.La mujer no aportaba dote ni otra cosa alguna á la sociedad conyugal, sino en todo caso, lo que la correspondía de herencia en los bienes dejados por sus parientes difuntos. El varón era el que tenía obligación de llevar al matrimonio considerables donacionespropter nuptias, para asegurar el porvenir de su futura esposa.Los bienes gananciales se repartían en partes iguales, disuelto el matrimonio. Si el divorcio era por culpa de la mujer, se quedaba sin las donacionespropter nuptias: en otro caso eran para ella; si ésta moría, dichas donaciones pasaban á sus hijos y en su defecto, al padre de ella; y si el esposo fuéel que murió, la mujer heredaba dichas donaciones. Por lo regular, éstos eran los únicos bienes del esposo; y como, se vé, la mujer estaba muy favorecida por los usos legales de los antiguos filipinos.Un borracho que hubiese prometido á una mujer casarse y luego, recobrada la razón, se retractaba, tenía que pagar una multa.Si un principal ó liberto había tenido acceso con una esclava que no era suya, pagaba al señor mediotae6de oro por el peligro del parto y por dejar de trabajar durante el tiempo de su preñez, siendo el hijo mitad libre y mitad esclavo, si el padre lo alimentaba, y si no, se quedaba verdadero esclavo del señor de su madre. Si la violada era una mujerprincipal, la indemnización era cuantiosa y generalmente el pleito se arreglaba en una sangrienta lucha, si no intervenían los ancianos.En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertosárboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamadoskalombigasaprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de lasprincipales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.

IILA FILIPINA EN LOS PRIMITIVOS TIEMPOS

Lainfluenciade la mujer sobre el varón data de la época primitiva.No es cierto, es pura invención, lo que el elegante escritor filipino, Dr. Paterno, en su libroLa Antigua Civilización de Filipinas, escribe relativo á que «Iday, Sinang, Titay y Daga han dirigido y gobernado el puebloluzónico4á impulsos de sus femeniles sentimientos.»Pero hay mucha verdad en el fondo.Como ocurre siempre en las naciones jóvenes ó nacientes, Filipinas estaba dominado por laaniteriaó fetiquismo malayo, y naturalmente los sacerdotes ejercían influencia sobre el pueblo, hecho juguete de sus oráculos. Pues bien, la mayoría de esos ministros eran mujeres.Estas sacerdotisas se llamaban entre los tagalosKatalonan, entre los visayasBabailan, entre los monteses de AbraBaglan, y entre los pangasinanes,managanito.Las sacerdotisas eran astutas y muy listas, aunque su buena fé y decoro andaban por los suelos.En los sacrificios vestían unos estrambóticos trajes con una cabellera amarilla postiza, sobre la cual ostentaban una especie de diadema, llevando en la mano un abanico de paja. Y la que servía de sacristana ó ayudante, que era una jóven, aprendiz yaspirante ábabailan, llevaba una caña delgada, como los maestros de ceremonias su varita.En casos de enfermedad se sacrificaban cerdos ó gallinas, según los recursos del paciente. Comenzaban dichos sacrificios colocándose, en un altar convenientemente adornado, la víctima con otros comistrajos y bebidas. En esto, la sacerdotisa rompía á bailar al són de ensordecedores tambores, ramas de palmera y trompetas de caña, haciendo ademanes y visajes muy análogos á los que hasta ahora se vea en las batallas de las comedias filipinas y alzaba con frecuencia los ojos á lo alto, fingiendo ver y hablar con siniestras visiones. Da ella una lanzada á la víctima y con la sangre los concurrentes se mojan la frente y untan al enfermo. Baila otra vez y cae al suelo como extasiada cierto tiempo, y una vez recobrada la razón cuenta las inspiraciones que dice haber recibido de los dioses durante su éxtasis, cuyas inspiraciones son ambiguas, de tal modo que sea cual fuese el resultado ó desenlace de la enfermedad, tenía siempre la sacerdotisa subterfugio y era en vano tratar de cogerla una mentirosa profecía. Despues limpiaban y asaban la víctima y se la repartían, correspondiendo á la sacerdotisa la mejor parte, ademas de la paga que recibía. Estos sacrificios se practican hasta ahora por los monteses de Luzón.A veces, cuando el enfermo era unprincipal(especie de noble), se inmolaban hasta esclavos para aplacar la ira de losanitos, y en Cebú la sacerdotisa atravesaba con una lanza á las víctimas.Tambien intervenían las sacerdotisas en las ceremonias de la boda y de la purificación de los que habían estado en el cautiverio.Y eran al propio tiempo curanderas.Otra prueba de que la mujer filipina siempre ha ejercido cierta influencia sobre los varones, es que figuran diosas en su Mitología primitiva, comoBugan,Buhas,Dalingay,Daungen,Baingan,Libongan,Libugon,Limoany otras.Hasta hoy dia en Filipinas se respetan, mucho por miedo á las supuestasmangkukulamyasuang(mujeres endemoniadas.)Cuando en 1521 llegaron los españoles á Filipinas, éste no era ya un pueblo salvaje. Ya los habitantes estaban agrupados en pueblos; sostenían relaciones mercantiles con China, Japon y los musulmanes de Borneo, Molucas y otros paises malayos del Asia; usaban armas de fuego, hasta cañones; imponían derechos de aduana, profesaban una religión, que denotaba no mucho atraso, pues conocían el alma; poseían escritura propia y tenían una constitución social y legislación consuetudinaria ó basada en los usos.Según dicha constitución, había cinco clases de personas: 1.a la principalía, especie de nobleza; 2.a la de los libres (kailianókabalangay); 3.a libertos ótimaua(algunos autores refunden la 2.a y 3.a clase en una sola); 4.a aparceros óaliping namamahay; y 5.a esclavos óaliping sagigilir. Y dentro de esta división general cabían algunas subdivisiones.A la 1.a clase pertenecían aquellos que ya por sus riquezas, ya por sus fuerzas físicas ó sagacidad se distinguían en los pueblos; los ricos y sus familias, que nunca fueron esclavos. Esta clase gozaba de ciertos privilegios, estando exenta de prestar los servicios que tributaban lostimaoasy era el plantelde losaris(régulos) y de sús ancianos consejeros.Un régulo dominaba en una provincia, disponía de vidas y haciendas; pero no de una manera muy arbitraria, recibiendo tributo de sus vasallos.El poder, se decía que era hereditario: pero la verdad era que se conquistaba ó arrebataba á viva fuerza. El P. Rada, que vino á Filipinas con Legaspi en 1564, escribe: «casi todos los caciques son tiranos que han conquistado su puesto por el pillaje y fechorías.» Si, muerto el régulo, no dejaba más herederos que alguna pobre mujer, el principal más poderoso, no tardaba en arrebatarla el trono.Pero las herederas eran muy listas y procuraban casarse cuanto antes con un poderoso principal que pudiera sostener sus derechos en el campo de batalla, como lo hizo la hija del cacique de Cebú Hamabao, y hasta obligaban, una vez casadas, a sus padres régulos, si éstos eran ya decrépitos, á abdicarles el poder en vida. Pero sólo entraban heredar el poder las hijas en defecto de herederos varones.El mirar la mujer de losprincipales, ó el pasar por el lugar donde se estaba bañando ella, se castigaba con la esclavitud.Ésta era más benigna para las mujeres. Lostomatabanesde los visayas estaban obligados á trabajar cinco días al mes en beneficio de su señor en las faenas agrícolas, pagando además un tributo anual de cinco fanegas de arroz. Y las mujeres de la misma clase tejían é hilaban, cuando lo ordenaba el amo, medio dia, siendo la otra mitad en beneficio propio.Las mujerestumarampokeyhalon(clases inferiores de la esclavitud) trabajaban constantemente en las casas de sus señores; pero éstos estaban obligados á alimentarlas.Hé aquí las ocupaciones de las filipinas en general, en la época de la conquista española.«Labores de aguja, de que son muy curiosas, y todo género de costura. Y tejen mantas, y hilan algodon, sirven las casas de sus maridos y padres. Pilan el arroz que se ha de comer, y aderesan lo demás. Crían gallínas y lechones, y guardan las casas entretanto que los hombres entienden en las labores del campo y en sus pesquerías, navegaciones y granjerías.»5Para los efectos de las leyes tradicionales no valían las circunstancias de sexo y edad.En Luzón se practicaba la monogamia y en varios puntos de Visayas se admitía la poligamia.La mujer no aportaba dote ni otra cosa alguna á la sociedad conyugal, sino en todo caso, lo que la correspondía de herencia en los bienes dejados por sus parientes difuntos. El varón era el que tenía obligación de llevar al matrimonio considerables donacionespropter nuptias, para asegurar el porvenir de su futura esposa.Los bienes gananciales se repartían en partes iguales, disuelto el matrimonio. Si el divorcio era por culpa de la mujer, se quedaba sin las donacionespropter nuptias: en otro caso eran para ella; si ésta moría, dichas donaciones pasaban á sus hijos y en su defecto, al padre de ella; y si el esposo fuéel que murió, la mujer heredaba dichas donaciones. Por lo regular, éstos eran los únicos bienes del esposo; y como, se vé, la mujer estaba muy favorecida por los usos legales de los antiguos filipinos.Un borracho que hubiese prometido á una mujer casarse y luego, recobrada la razón, se retractaba, tenía que pagar una multa.Si un principal ó liberto había tenido acceso con una esclava que no era suya, pagaba al señor mediotae6de oro por el peligro del parto y por dejar de trabajar durante el tiempo de su preñez, siendo el hijo mitad libre y mitad esclavo, si el padre lo alimentaba, y si no, se quedaba verdadero esclavo del señor de su madre. Si la violada era una mujerprincipal, la indemnización era cuantiosa y generalmente el pleito se arreglaba en una sangrienta lucha, si no intervenían los ancianos.En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertosárboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamadoskalombigasaprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de lasprincipales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.

Lainfluenciade la mujer sobre el varón data de la época primitiva.

No es cierto, es pura invención, lo que el elegante escritor filipino, Dr. Paterno, en su libroLa Antigua Civilización de Filipinas, escribe relativo á que «Iday, Sinang, Titay y Daga han dirigido y gobernado el puebloluzónico4á impulsos de sus femeniles sentimientos.»

Pero hay mucha verdad en el fondo.

Como ocurre siempre en las naciones jóvenes ó nacientes, Filipinas estaba dominado por laaniteriaó fetiquismo malayo, y naturalmente los sacerdotes ejercían influencia sobre el pueblo, hecho juguete de sus oráculos. Pues bien, la mayoría de esos ministros eran mujeres.

Estas sacerdotisas se llamaban entre los tagalosKatalonan, entre los visayasBabailan, entre los monteses de AbraBaglan, y entre los pangasinanes,managanito.

Las sacerdotisas eran astutas y muy listas, aunque su buena fé y decoro andaban por los suelos.

En los sacrificios vestían unos estrambóticos trajes con una cabellera amarilla postiza, sobre la cual ostentaban una especie de diadema, llevando en la mano un abanico de paja. Y la que servía de sacristana ó ayudante, que era una jóven, aprendiz yaspirante ábabailan, llevaba una caña delgada, como los maestros de ceremonias su varita.

En casos de enfermedad se sacrificaban cerdos ó gallinas, según los recursos del paciente. Comenzaban dichos sacrificios colocándose, en un altar convenientemente adornado, la víctima con otros comistrajos y bebidas. En esto, la sacerdotisa rompía á bailar al són de ensordecedores tambores, ramas de palmera y trompetas de caña, haciendo ademanes y visajes muy análogos á los que hasta ahora se vea en las batallas de las comedias filipinas y alzaba con frecuencia los ojos á lo alto, fingiendo ver y hablar con siniestras visiones. Da ella una lanzada á la víctima y con la sangre los concurrentes se mojan la frente y untan al enfermo. Baila otra vez y cae al suelo como extasiada cierto tiempo, y una vez recobrada la razón cuenta las inspiraciones que dice haber recibido de los dioses durante su éxtasis, cuyas inspiraciones son ambiguas, de tal modo que sea cual fuese el resultado ó desenlace de la enfermedad, tenía siempre la sacerdotisa subterfugio y era en vano tratar de cogerla una mentirosa profecía. Despues limpiaban y asaban la víctima y se la repartían, correspondiendo á la sacerdotisa la mejor parte, ademas de la paga que recibía. Estos sacrificios se practican hasta ahora por los monteses de Luzón.

A veces, cuando el enfermo era unprincipal(especie de noble), se inmolaban hasta esclavos para aplacar la ira de losanitos, y en Cebú la sacerdotisa atravesaba con una lanza á las víctimas.

Tambien intervenían las sacerdotisas en las ceremonias de la boda y de la purificación de los que habían estado en el cautiverio.

Y eran al propio tiempo curanderas.

Otra prueba de que la mujer filipina siempre ha ejercido cierta influencia sobre los varones, es que figuran diosas en su Mitología primitiva, comoBugan,Buhas,Dalingay,Daungen,Baingan,Libongan,Libugon,Limoany otras.

Hasta hoy dia en Filipinas se respetan, mucho por miedo á las supuestasmangkukulamyasuang(mujeres endemoniadas.)

Cuando en 1521 llegaron los españoles á Filipinas, éste no era ya un pueblo salvaje. Ya los habitantes estaban agrupados en pueblos; sostenían relaciones mercantiles con China, Japon y los musulmanes de Borneo, Molucas y otros paises malayos del Asia; usaban armas de fuego, hasta cañones; imponían derechos de aduana, profesaban una religión, que denotaba no mucho atraso, pues conocían el alma; poseían escritura propia y tenían una constitución social y legislación consuetudinaria ó basada en los usos.

Según dicha constitución, había cinco clases de personas: 1.a la principalía, especie de nobleza; 2.a la de los libres (kailianókabalangay); 3.a libertos ótimaua(algunos autores refunden la 2.a y 3.a clase en una sola); 4.a aparceros óaliping namamahay; y 5.a esclavos óaliping sagigilir. Y dentro de esta división general cabían algunas subdivisiones.

A la 1.a clase pertenecían aquellos que ya por sus riquezas, ya por sus fuerzas físicas ó sagacidad se distinguían en los pueblos; los ricos y sus familias, que nunca fueron esclavos. Esta clase gozaba de ciertos privilegios, estando exenta de prestar los servicios que tributaban lostimaoasy era el plantelde losaris(régulos) y de sús ancianos consejeros.

Un régulo dominaba en una provincia, disponía de vidas y haciendas; pero no de una manera muy arbitraria, recibiendo tributo de sus vasallos.

El poder, se decía que era hereditario: pero la verdad era que se conquistaba ó arrebataba á viva fuerza. El P. Rada, que vino á Filipinas con Legaspi en 1564, escribe: «casi todos los caciques son tiranos que han conquistado su puesto por el pillaje y fechorías.» Si, muerto el régulo, no dejaba más herederos que alguna pobre mujer, el principal más poderoso, no tardaba en arrebatarla el trono.

Pero las herederas eran muy listas y procuraban casarse cuanto antes con un poderoso principal que pudiera sostener sus derechos en el campo de batalla, como lo hizo la hija del cacique de Cebú Hamabao, y hasta obligaban, una vez casadas, a sus padres régulos, si éstos eran ya decrépitos, á abdicarles el poder en vida. Pero sólo entraban heredar el poder las hijas en defecto de herederos varones.

El mirar la mujer de losprincipales, ó el pasar por el lugar donde se estaba bañando ella, se castigaba con la esclavitud.

Ésta era más benigna para las mujeres. Lostomatabanesde los visayas estaban obligados á trabajar cinco días al mes en beneficio de su señor en las faenas agrícolas, pagando además un tributo anual de cinco fanegas de arroz. Y las mujeres de la misma clase tejían é hilaban, cuando lo ordenaba el amo, medio dia, siendo la otra mitad en beneficio propio.

Las mujerestumarampokeyhalon(clases inferiores de la esclavitud) trabajaban constantemente en las casas de sus señores; pero éstos estaban obligados á alimentarlas.

Hé aquí las ocupaciones de las filipinas en general, en la época de la conquista española.

«Labores de aguja, de que son muy curiosas, y todo género de costura. Y tejen mantas, y hilan algodon, sirven las casas de sus maridos y padres. Pilan el arroz que se ha de comer, y aderesan lo demás. Crían gallínas y lechones, y guardan las casas entretanto que los hombres entienden en las labores del campo y en sus pesquerías, navegaciones y granjerías.»5

Para los efectos de las leyes tradicionales no valían las circunstancias de sexo y edad.

En Luzón se practicaba la monogamia y en varios puntos de Visayas se admitía la poligamia.

La mujer no aportaba dote ni otra cosa alguna á la sociedad conyugal, sino en todo caso, lo que la correspondía de herencia en los bienes dejados por sus parientes difuntos. El varón era el que tenía obligación de llevar al matrimonio considerables donacionespropter nuptias, para asegurar el porvenir de su futura esposa.

Los bienes gananciales se repartían en partes iguales, disuelto el matrimonio. Si el divorcio era por culpa de la mujer, se quedaba sin las donacionespropter nuptias: en otro caso eran para ella; si ésta moría, dichas donaciones pasaban á sus hijos y en su defecto, al padre de ella; y si el esposo fuéel que murió, la mujer heredaba dichas donaciones. Por lo regular, éstos eran los únicos bienes del esposo; y como, se vé, la mujer estaba muy favorecida por los usos legales de los antiguos filipinos.

Un borracho que hubiese prometido á una mujer casarse y luego, recobrada la razón, se retractaba, tenía que pagar una multa.

Si un principal ó liberto había tenido acceso con una esclava que no era suya, pagaba al señor mediotae6de oro por el peligro del parto y por dejar de trabajar durante el tiempo de su preñez, siendo el hijo mitad libre y mitad esclavo, si el padre lo alimentaba, y si no, se quedaba verdadero esclavo del señor de su madre. Si la violada era una mujerprincipal, la indemnización era cuantiosa y generalmente el pleito se arreglaba en una sangrienta lucha, si no intervenían los ancianos.

En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.

En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.

Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.

Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertosárboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.

Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.

Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamadoskalombigasaprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.

Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de lasprincipales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.


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