XXILOS DUENDESEl duende es uno de los séres mitológicos introducidos en Filipinas por los españoles, á juzgar porque hasta su nombre exótico se conserva y no tiene equivalente en ilocano. Sin embargo, me parece cierto lo que dicen varios autores relativo á que en el Folk-Lore Universal se observa que todos los pueblos tienen idea de demonios-niños ó sea el duende. Éste se parece aldiaño burlónde los asturianos y catalanes; á losbrowniesde Irlanda, los enanos de Bretaña, los sátiros de la mitología pagana, elkaibaande los ilocanos y altianakde los tagalos.El duende en Filipinas está modificado, atribuyéndosele algunas de las fabulosas cualidades delKaibaanóotrosanitosdel país, como el enamorarse de las mujeres humanas, tirar piedrecitas, hacer bromas pesadas etc.En Vigan he visto á una muchacha de 15 á 16 años de edad, al parecer simplota; decía ella haber encontrado en unos sotos criaturas tan pequeñas como muñecos, y que sin embargo, andaban, dándose á conocer como que eran ya hechos unos hombres. Les recogió en sutapis, especie de delantal, y desaparecieron internándose en su cuerpo.Desde éste, hablaban y contestaban á los que les preguntasen el paradero de objetos perdidos, y quién los haya robado.Me presenté á la muchacha, para hacer algunas preguntas á las famosas criaturas que llamabanduendes, y ella, como su familia, me contestaron que no eran ciertas mis noticias sobre este particular, temiendo que las autoridades eclesiásticas llegasen á saber su picardía.Mas después, aparentando yo creer en los duendes, y con dinero, conseguí que me descubriesen su secreto.Una vieja de la familia me presentó la muchacha de los duendes; ésta se sentó delante de mí, y entonces la vieja llamó:—¡Ciriaco, oh Ciriaco!Como nadie contestaba, volvió á llamar. Entonces oí una especie de silbido, apenas perceptible, que al parecer partía del interior de la muchacha, la cual no despegó sus labios.Aquella repuso.—¡Ah!¿qué estabais haciendo?La contestación fué otro silbido.—¿Lo has entendido?—me preguntó la vieja—No.—Pues decía estar dormido.Y así ella continuó preguntando, é interpretando á su manera los silbidos.Sospechábase que dentro de la nariz de la muchacha había cera ó cosa así, con la que se pudiera producir dichos sonidos con la respiración.
XXILOS DUENDESEl duende es uno de los séres mitológicos introducidos en Filipinas por los españoles, á juzgar porque hasta su nombre exótico se conserva y no tiene equivalente en ilocano. Sin embargo, me parece cierto lo que dicen varios autores relativo á que en el Folk-Lore Universal se observa que todos los pueblos tienen idea de demonios-niños ó sea el duende. Éste se parece aldiaño burlónde los asturianos y catalanes; á losbrowniesde Irlanda, los enanos de Bretaña, los sátiros de la mitología pagana, elkaibaande los ilocanos y altianakde los tagalos.El duende en Filipinas está modificado, atribuyéndosele algunas de las fabulosas cualidades delKaibaanóotrosanitosdel país, como el enamorarse de las mujeres humanas, tirar piedrecitas, hacer bromas pesadas etc.En Vigan he visto á una muchacha de 15 á 16 años de edad, al parecer simplota; decía ella haber encontrado en unos sotos criaturas tan pequeñas como muñecos, y que sin embargo, andaban, dándose á conocer como que eran ya hechos unos hombres. Les recogió en sutapis, especie de delantal, y desaparecieron internándose en su cuerpo.Desde éste, hablaban y contestaban á los que les preguntasen el paradero de objetos perdidos, y quién los haya robado.Me presenté á la muchacha, para hacer algunas preguntas á las famosas criaturas que llamabanduendes, y ella, como su familia, me contestaron que no eran ciertas mis noticias sobre este particular, temiendo que las autoridades eclesiásticas llegasen á saber su picardía.Mas después, aparentando yo creer en los duendes, y con dinero, conseguí que me descubriesen su secreto.Una vieja de la familia me presentó la muchacha de los duendes; ésta se sentó delante de mí, y entonces la vieja llamó:—¡Ciriaco, oh Ciriaco!Como nadie contestaba, volvió á llamar. Entonces oí una especie de silbido, apenas perceptible, que al parecer partía del interior de la muchacha, la cual no despegó sus labios.Aquella repuso.—¡Ah!¿qué estabais haciendo?La contestación fué otro silbido.—¿Lo has entendido?—me preguntó la vieja—No.—Pues decía estar dormido.Y así ella continuó preguntando, é interpretando á su manera los silbidos.Sospechábase que dentro de la nariz de la muchacha había cera ó cosa así, con la que se pudiera producir dichos sonidos con la respiración.
XXILOS DUENDESEl duende es uno de los séres mitológicos introducidos en Filipinas por los españoles, á juzgar porque hasta su nombre exótico se conserva y no tiene equivalente en ilocano. Sin embargo, me parece cierto lo que dicen varios autores relativo á que en el Folk-Lore Universal se observa que todos los pueblos tienen idea de demonios-niños ó sea el duende. Éste se parece aldiaño burlónde los asturianos y catalanes; á losbrowniesde Irlanda, los enanos de Bretaña, los sátiros de la mitología pagana, elkaibaande los ilocanos y altianakde los tagalos.El duende en Filipinas está modificado, atribuyéndosele algunas de las fabulosas cualidades delKaibaanóotrosanitosdel país, como el enamorarse de las mujeres humanas, tirar piedrecitas, hacer bromas pesadas etc.En Vigan he visto á una muchacha de 15 á 16 años de edad, al parecer simplota; decía ella haber encontrado en unos sotos criaturas tan pequeñas como muñecos, y que sin embargo, andaban, dándose á conocer como que eran ya hechos unos hombres. Les recogió en sutapis, especie de delantal, y desaparecieron internándose en su cuerpo.Desde éste, hablaban y contestaban á los que les preguntasen el paradero de objetos perdidos, y quién los haya robado.Me presenté á la muchacha, para hacer algunas preguntas á las famosas criaturas que llamabanduendes, y ella, como su familia, me contestaron que no eran ciertas mis noticias sobre este particular, temiendo que las autoridades eclesiásticas llegasen á saber su picardía.Mas después, aparentando yo creer en los duendes, y con dinero, conseguí que me descubriesen su secreto.Una vieja de la familia me presentó la muchacha de los duendes; ésta se sentó delante de mí, y entonces la vieja llamó:—¡Ciriaco, oh Ciriaco!Como nadie contestaba, volvió á llamar. Entonces oí una especie de silbido, apenas perceptible, que al parecer partía del interior de la muchacha, la cual no despegó sus labios.Aquella repuso.—¡Ah!¿qué estabais haciendo?La contestación fué otro silbido.—¿Lo has entendido?—me preguntó la vieja—No.—Pues decía estar dormido.Y así ella continuó preguntando, é interpretando á su manera los silbidos.Sospechábase que dentro de la nariz de la muchacha había cera ó cosa así, con la que se pudiera producir dichos sonidos con la respiración.
XXILOS DUENDESEl duende es uno de los séres mitológicos introducidos en Filipinas por los españoles, á juzgar porque hasta su nombre exótico se conserva y no tiene equivalente en ilocano. Sin embargo, me parece cierto lo que dicen varios autores relativo á que en el Folk-Lore Universal se observa que todos los pueblos tienen idea de demonios-niños ó sea el duende. Éste se parece aldiaño burlónde los asturianos y catalanes; á losbrowniesde Irlanda, los enanos de Bretaña, los sátiros de la mitología pagana, elkaibaande los ilocanos y altianakde los tagalos.El duende en Filipinas está modificado, atribuyéndosele algunas de las fabulosas cualidades delKaibaanóotrosanitosdel país, como el enamorarse de las mujeres humanas, tirar piedrecitas, hacer bromas pesadas etc.En Vigan he visto á una muchacha de 15 á 16 años de edad, al parecer simplota; decía ella haber encontrado en unos sotos criaturas tan pequeñas como muñecos, y que sin embargo, andaban, dándose á conocer como que eran ya hechos unos hombres. Les recogió en sutapis, especie de delantal, y desaparecieron internándose en su cuerpo.Desde éste, hablaban y contestaban á los que les preguntasen el paradero de objetos perdidos, y quién los haya robado.Me presenté á la muchacha, para hacer algunas preguntas á las famosas criaturas que llamabanduendes, y ella, como su familia, me contestaron que no eran ciertas mis noticias sobre este particular, temiendo que las autoridades eclesiásticas llegasen á saber su picardía.Mas después, aparentando yo creer en los duendes, y con dinero, conseguí que me descubriesen su secreto.Una vieja de la familia me presentó la muchacha de los duendes; ésta se sentó delante de mí, y entonces la vieja llamó:—¡Ciriaco, oh Ciriaco!Como nadie contestaba, volvió á llamar. Entonces oí una especie de silbido, apenas perceptible, que al parecer partía del interior de la muchacha, la cual no despegó sus labios.Aquella repuso.—¡Ah!¿qué estabais haciendo?La contestación fué otro silbido.—¿Lo has entendido?—me preguntó la vieja—No.—Pues decía estar dormido.Y así ella continuó preguntando, é interpretando á su manera los silbidos.Sospechábase que dentro de la nariz de la muchacha había cera ó cosa así, con la que se pudiera producir dichos sonidos con la respiración.
XXILOS DUENDES
El duende es uno de los séres mitológicos introducidos en Filipinas por los españoles, á juzgar porque hasta su nombre exótico se conserva y no tiene equivalente en ilocano. Sin embargo, me parece cierto lo que dicen varios autores relativo á que en el Folk-Lore Universal se observa que todos los pueblos tienen idea de demonios-niños ó sea el duende. Éste se parece aldiaño burlónde los asturianos y catalanes; á losbrowniesde Irlanda, los enanos de Bretaña, los sátiros de la mitología pagana, elkaibaande los ilocanos y altianakde los tagalos.El duende en Filipinas está modificado, atribuyéndosele algunas de las fabulosas cualidades delKaibaanóotrosanitosdel país, como el enamorarse de las mujeres humanas, tirar piedrecitas, hacer bromas pesadas etc.En Vigan he visto á una muchacha de 15 á 16 años de edad, al parecer simplota; decía ella haber encontrado en unos sotos criaturas tan pequeñas como muñecos, y que sin embargo, andaban, dándose á conocer como que eran ya hechos unos hombres. Les recogió en sutapis, especie de delantal, y desaparecieron internándose en su cuerpo.Desde éste, hablaban y contestaban á los que les preguntasen el paradero de objetos perdidos, y quién los haya robado.Me presenté á la muchacha, para hacer algunas preguntas á las famosas criaturas que llamabanduendes, y ella, como su familia, me contestaron que no eran ciertas mis noticias sobre este particular, temiendo que las autoridades eclesiásticas llegasen á saber su picardía.Mas después, aparentando yo creer en los duendes, y con dinero, conseguí que me descubriesen su secreto.Una vieja de la familia me presentó la muchacha de los duendes; ésta se sentó delante de mí, y entonces la vieja llamó:—¡Ciriaco, oh Ciriaco!Como nadie contestaba, volvió á llamar. Entonces oí una especie de silbido, apenas perceptible, que al parecer partía del interior de la muchacha, la cual no despegó sus labios.Aquella repuso.—¡Ah!¿qué estabais haciendo?La contestación fué otro silbido.—¿Lo has entendido?—me preguntó la vieja—No.—Pues decía estar dormido.Y así ella continuó preguntando, é interpretando á su manera los silbidos.Sospechábase que dentro de la nariz de la muchacha había cera ó cosa así, con la que se pudiera producir dichos sonidos con la respiración.
El duende es uno de los séres mitológicos introducidos en Filipinas por los españoles, á juzgar porque hasta su nombre exótico se conserva y no tiene equivalente en ilocano. Sin embargo, me parece cierto lo que dicen varios autores relativo á que en el Folk-Lore Universal se observa que todos los pueblos tienen idea de demonios-niños ó sea el duende. Éste se parece aldiaño burlónde los asturianos y catalanes; á losbrowniesde Irlanda, los enanos de Bretaña, los sátiros de la mitología pagana, elkaibaande los ilocanos y altianakde los tagalos.
El duende en Filipinas está modificado, atribuyéndosele algunas de las fabulosas cualidades delKaibaanóotrosanitosdel país, como el enamorarse de las mujeres humanas, tirar piedrecitas, hacer bromas pesadas etc.
En Vigan he visto á una muchacha de 15 á 16 años de edad, al parecer simplota; decía ella haber encontrado en unos sotos criaturas tan pequeñas como muñecos, y que sin embargo, andaban, dándose á conocer como que eran ya hechos unos hombres. Les recogió en sutapis, especie de delantal, y desaparecieron internándose en su cuerpo.
Desde éste, hablaban y contestaban á los que les preguntasen el paradero de objetos perdidos, y quién los haya robado.
Me presenté á la muchacha, para hacer algunas preguntas á las famosas criaturas que llamabanduendes, y ella, como su familia, me contestaron que no eran ciertas mis noticias sobre este particular, temiendo que las autoridades eclesiásticas llegasen á saber su picardía.
Mas después, aparentando yo creer en los duendes, y con dinero, conseguí que me descubriesen su secreto.
Una vieja de la familia me presentó la muchacha de los duendes; ésta se sentó delante de mí, y entonces la vieja llamó:
—¡Ciriaco, oh Ciriaco!
Como nadie contestaba, volvió á llamar. Entonces oí una especie de silbido, apenas perceptible, que al parecer partía del interior de la muchacha, la cual no despegó sus labios.
Aquella repuso.
—¡Ah!¿qué estabais haciendo?
La contestación fué otro silbido.
—¿Lo has entendido?—me preguntó la vieja
—No.
—Pues decía estar dormido.
Y así ella continuó preguntando, é interpretando á su manera los silbidos.
Sospechábase que dentro de la nariz de la muchacha había cera ó cosa así, con la que se pudiera producir dichos sonidos con la respiración.