De mozo jué muy jinete,No lo bajaba un bagual;Pa ensillar un animalSin necesitar de otro,Se encerraba en el corralY allí galopiaba el potro.
De mozo jué muy jinete,No lo bajaba un bagual;Pa ensillar un animalSin necesitar de otro,Se encerraba en el corralY allí galopiaba el potro.
De mozo jué muy jinete,
No lo bajaba un bagual;
Pa ensillar un animal
Sin necesitar de otro,
Se encerraba en el corral
Y allí galopiaba el potro.
La característica por el pié, es bien conocida de los elegantes; y en los dominios de la patología sexual, constituye un caso asaz común de fetichismo.
Narrando el gaucho Cruz su ya mencionada trapatiesta en el baile de la pulpería, recuerda este detalle de apariencia trivial:
Yo tenía unas medias botasCon tamaños verdugones;Me pusieron los talonesCon crestas como los gallos;Si viera mis aflicionesPensando yo que eran callos.
Yo tenía unas medias botasCon tamaños verdugones;Me pusieron los talonesCon crestas como los gallos;Si viera mis aflicionesPensando yo que eran callos.
Yo tenía unas medias botas
Con tamaños verdugones;
Me pusieron los talones
Con crestas como los gallos;
Si viera mis afliciones
Pensando yo que eran callos.
La bota era una prenda cara y difícil de obtener, puesto que sólo podían apararla obreros muy escasos. Ya he dicho que en la época colonial, no los había; por lo cual los gauchos hubieron de calzarse con el cuero crudo del jarrete caballar, o con los retales transformados en sandalias. Después, aquella mortificación del pié, particularmente desagradable para hombres acostumbrados a una cuasi descalcez, iba poniendo al protagonista en un estado poco apto para bromas. El freno de plata y las botas, constituían el lujo por excelencia. Era habitual llevarlas a la grupa, para no ponérselas sino a la entrada de la población o de los sitios respetables.
Por último, los ternos tan abundantes en lengua española, saltan una que otra vez, a título de complementos interjectivos, bien que sean muy escasos, y siempre disimulados con palabras de análoga eufonía:
Ahi empezaba el afán,Se entiende, de puro vicio,De enseñarle el ejercicioA tanto gaucho recluta,Con un estrutor... ¡qué bruta!Que nunca sabía su oficio.
Ahi empezaba el afán,Se entiende, de puro vicio,De enseñarle el ejercicioA tanto gaucho recluta,Con un estrutor... ¡qué bruta!Que nunca sabía su oficio.
Ahi empezaba el afán,
Se entiende, de puro vicio,
De enseñarle el ejercicio
A tanto gaucho recluta,
Con un estrutor... ¡qué bruta!
Que nunca sabía su oficio.
Don Quijote era menos escrupuloso, y el Dante usó más de una vez la mala palabra.
Si el poeta alarga por ahí sus versos, o mezcla estrofas de metro diferente, como cuandoPicardía, turbado, decíaArtículos de Santa Fe, por artículos de la fe, o cuando el guitarrero provocador de Cruz canta dos coplas de seguidilla entre las sextinas octosilábicas, no es por impotencia, sino por rectitud lógica con el tema. Así procedían también los romanceros con sus estribillos e interpolaciones; siendo de notar que casi todas estas libertades, pertenecieron a los anónimos populares. El verso es para el pueblo y para los grandes poetas, un lenguaje de hablar, no de hacer literatura[57].
El lector necesita, aquí, una advertencia.
Muchas estrofas del poema, causan a primera vista la impresión de la rima forzada:
Y menudiando los tragos,Aquel viejo como cerro,No olvidés, me decía, Fierro,Que el hombre no debe crer,En lágrimas de mujerNi en la renguera del perro.
Y menudiando los tragos,Aquel viejo como cerro,No olvidés, me decía, Fierro,Que el hombre no debe crer,En lágrimas de mujerNi en la renguera del perro.
Y menudiando los tragos,
Aquel viejo como cerro,
No olvidés, me decía, Fierro,
Que el hombre no debe crer,
En lágrimas de mujer
Ni en la renguera del perro.
La composición refiérese al vientre hipertrofiado del alcoholista,y es de gran propiedad en el lenguaje gaucho. Si ello constituye un ripio, demuéstranlo las estrofas finales del mismo canto y del subsiguiente, donde la rima enerroestá empleada con la habitual fluidez.
Otro ejemplo de impotencia aparente en la más ajustada propiedad:
Y aunque a las aves les dió,Con otras cosas que inoro,Esos piquitos como oroY un plumaje como tabla,Le dió al hombre más tesoroAl darle una lengua que habla.
Y aunque a las aves les dió,Con otras cosas que inoro,Esos piquitos como oroY un plumaje como tabla,Le dió al hombre más tesoroAl darle una lengua que habla.
Y aunque a las aves les dió,
Con otras cosas que inoro,
Esos piquitos como oro
Y un plumaje como tabla,
Le dió al hombre más tesoro
Al darle una lengua que habla.
"Como tabla", es decir, parejito. Un rústico no podía comparar de otro modo, y la lisura del plumaje es la primera belleza del ave libre.
Cuando nuestros gauchos se regocijan con el poema que a los cultos también nos encanta, es porque unos y otros oímos pensar y decir cosas bellas, interesantes, pintorescas, exactas, a un verdadero gaucho. Pero seamos justos con el pueblo rural. Él fué quien comprendió primero, correspondiendo a la intención del poeta, con uno de esos éxitos cuya solidez es otra grandeza épica. Naturalmente exento de trabas preceptistas, sabía por instinto que la descripción de una existencia humana, no es un puro recreo lírico; que las miserias, las asperezas, la prosa de la vida, en fin, forman parte de la obra, porque el héroe es un hombre y sólo a causa de esto nos resulta admirable. De tal modo, el gaucho Martín Fierro tomó pronto existencia real. He oído decir a un hombre de la campaña, que cierto amigo suyo lo había conocido; muchos otros creíanlo así; y no sé que haya sobre la tierra gloria más grande para un artista. Es ésa la verdadera creación, el concepto fundamental de los tipos clásicos. Así vivían los héroes homéricos cuyas hazañas cantaba el aeda en el palacio de los reyes y en la cabaña de los pastores. Todos los entendían, a causa de que representaban la vida integral.
Más de una vez he leído el poema ante el fogón que congregabaa los jornaleros después de la faena. La soledad circunstante de los campos, la dulzura del descanso que sucedía a las sanas duras tareas, el fuego doméstico cuyas farpas de llama iluminaban como bruscos pincelazos los rostros barbudos, componían la justa decoración. Y las interjecciones pintorescas, los breves comentarios, la hilaridad dilatada en aquellas grandes risas que el griego elogia, recordábanme los vivaques de Jenofonte. Otras veces, teniente eventual de compañía en la Guardia Nacional cuya convocatoria exigieron las revoluciones, aquella impresión precisábase todavía. Las partes tristes del relato suscitaban pensativas compasiones, nostalgias análogas; entonces el oficial adolescente evocaba también a Ulises conmovido de oir cantar sus propios trabajos en el vestíbulo de Alcinoo. El vínculo de la raza fortalecíase en él como la cuerda en la tabla del instrumento rústico, y penetrado por aquella emoción que exaltaba su sangre con un sabor de lealtad y de ternura, proponíase como un deber de justicia el elogio del poema, cuando algún día llegase a considerar digna de él su mezquina prosa. Y así ha esperado veinte años.
¿Qué valen, efectivamente, todos nuestros libros juntos ante esa creación? ¿Qué nuestras míseras vanidades de jardineros ante la excelsitud de aquel árbol de la selva? Cuando ellas no existan ya, sino acaso como flores de herbario en las vanas antologías, el tronco robusto estará ahí, trabada su raigambre con el alma del pueblo, multiplicado en la madera de las guitarras cuyos brazos señalan el camino del corazón, cuando ellas ocupan en nuestras rodillas el sitio de la mujer amada; llenos de brisa y de follaje aquellos gajos que parecen enarbolar el cielo de la patria, y beber en su azul, lejano, ay de mí, como el agua venturosa de los oasis...
Ah, ésa no es popularidad de un día, ganada con discursos engañosos o falacias electorales. Cuarenta años lleva de crecer, con tiradas que cuentan por cientos los millares de humildes cuadernos. Y esto en un país de población iletrada, donde los cultos no compran libros nacionales. Para honra de nuestra población rural, no hay un rancho argentino donde falten la guitarra y elMartín Fierro. Los que no saben leer, apréndenlo al oído; los que apenas silabean trabajosamente, hacen del poema su primera lectura.
Conozco el caso de un gaucho viejo que vivía sólo con su mujer, también anciana, en cierto paraje muy solitario de las sierras cordobesas. Ninguno de los dos sabía leer. Pero tenían el cuaderno bien guardado en el antiguo almofrez o "petaca" de cuero crudo, para que cuando llegase algún pasajero leído, los deleitara con la habitual recitación. Tal fenómeno de sensibilidad, autorizaría el orgullo de cualquier gran pueblo. Ya he dicho que constituye también un resultado épico de la mayor importancia para la apreciación del poema.
Por otra parte, ello demuestra la eficacia del verso como elemento de cultura. La clase gobernante que suele desdeñarlo, envilecida por el utilitarismo comercial, tiene una prueba concluyente en aquel éxito. La única obra permanente y popular de nuestra literatura, es una obra en verso. La verdadera gloria intelectual pertenece, entre nosotros, a un poeta. Porque la gloria es el fenómeno de sobrevivir en la admiración de los hombres.
La ley de la vida tiene que ser una ley de proporción, o sea la condición fundamental de existir para todo cuanto es complejo. El don del poeta, consiste en percibirla por observación directa de las cosas; y de aquí que su expresión la formule y sensibilice en el verso, o sea en aquella estructura verbal compuesta por la música y por la rima: dos elementos de rigurosa proporción. Por esto, el verso es el lenguaje natural de la poesía. La armonía, que es un resultado de la proporción entre elementos desemejantes—valores musicales, metáforas, órganos biológicos—manifiesta en el verso aquella ley con mayor elocuencia que en todo otro conjunto.
Tan profunda fué aquella compenetración del poeta con su raza y con su tipo, que el nombre de éste se le pegó.Martín Fierro, era él mismo. Claro instinto de las multitudes, que así reconocía en el poeta su encarnación efectiva y genial.
Hernández adoptó, asimismo, la estrofa popular de los payadores, aquella fácil y bien redondeada sextina, que no es sinouna amplificación de la cuarteta, demasiado corta y con ello monótona para la narración. Pero también manejó con desembarazo la redondilla y el romance, a manera de interludios que evitaban la monotonía. Esto, sobre todo en la segunda parte, considerablemente más larga que la primera, pues cuenta casi el triple de versos: 4800 contra 1700 en números redondos.
Lo singular es que en tan pocas líneas, apenas equivalentes a cien páginasin octavocomún, haya podido describir toda la campaña, mover cuarenta y dos personajes, sin contar los grupos en acción, narrar una aventura interesantísima, constituída casi toda por episodios de grande actividad pasional y física, poner en escena tres vidas enteras—las de Fierro, Cruz y el viejo Vizcacha—evocar paisajes y filosofar a pasto.
La vida manifiesta con tamaña eficacia de belleza y de verdad en esos personajes, dimana de que todos ellos proceden y hablan como deben obrar y decir. La materia es tosca; mas, precisamente, el mérito capital del arte consiste en que la ennoblece espiritualizándola. Esto es lo que quiere decir la fórmula del arte por la vida. El principio opuesto del arte por el arte, o sea el fundamento de la retórica, pretende que la vida sea un pretexto para aplicar las reglas de construir con habilidad, cuando la rectitud y la buena fe, inspiran lo contrario: las reglas al servicio del objeto superior que aquella misma vida es. De tal manera, todo cuanto exprese claramente la verdad y produzca nobles emociones, sea ocurrencia de rústico o invención de artista, está bien dicho, aunque viole las reglas.Debe, todavía, violarlas para decirlo, si encuentra en ellas obstáculos. Pues no existe, a este respecto, sino una regla permanente: todo aquello que engendra emociones nobles y que se hace entender bien, es obra bella.
El lector va a apreciar en nuestro poema, con qué vigor, con qué precisión, está ello expresado: con qué abundancia pintoresca, con qué riqueza de imágenes y conceptos.
Maravilloso descriptor, aun le sobra material para ser difuso y redundante. Porque ese espontáneo está lleno de defectos. Su propósito moralizador, vuélvele, a ratos, cargoso. El poemano es, muchas veces, sino una abundante paremiología, pues entiendo que gran parte de sus lecturas consistía en los refraneros donde creía hallar condensada la sabiduría de las naciones. Así lo dice en el prólogo de la segunda parte, y el único libro que cita, es uno de esta especie. Otras veces, el estilo epilogal, inherente al género, convierte el poema en una especie de centón rimado, bien que la narrativa gaucha suele estar siempre sembrada de reflexiones filosóficas:
Era la casa del baile,Un rancho de mala muerte;Y se enllenó de tal suerte,Que andábamos a empujones.
Era la casa del baile,Un rancho de mala muerte;Y se enllenó de tal suerte,Que andábamos a empujones.
Era la casa del baile,
Un rancho de mala muerte;
Y se enllenó de tal suerte,
Que andábamos a empujones.
Ésta es la descripción, enteramente fiel, de esos jolgorios de campaña. El gaucho añade, con toda naturalidad, la consabida reflexión:
Nunca faltan encontronesCuando un pobre se divierte.
Nunca faltan encontronesCuando un pobre se divierte.
Nunca faltan encontrones
Cuando un pobre se divierte.
Pero esto no es siempre oportuno en el poema, y a veces las consideraciones de orden filosófico interrumpen la narración con redundancias impertinentes.
Sea dicho, no obstante, en su descargo: la poesía homérica adolece de igual defecto. En el propio momento del combate, sus héroes pronuncian máximas y sentencias que, por lo menos, sorprenden con su anacronismo. Y los romances caballerescos presentan, no poco, este rasgo de familia. Muchas de las anteriores citas dantescas tienen análogo carácter.
He aquí, pues, el defecto capital. En cambio, el ejemplo de vida heroica formada alternativamente de valor y de estoicismo, es constante. El ideal de justicia anima la obra. El amor a la patria palpita en todas sus bellezas, puesto que todas ellas son nativas de sus costumbres y de su suelo. Y con ello, es completa la verdad de los detalles y del conjunto. No hay cosa más nuestra que ese poema, y tampoco hay nada más humano. Todas las pasiones,todas las ideas fundamentales están en él. Las nobles y superiores, exaltadas como función simpática de la vida en acción, que representa el ejemplo eficaz; las indignas y bajas, castigadas por la verdad y por la sátira. Tal es el concepto de la salud moral. Cuando el pueblo exige que en los cuentos y las novelas triunfe el bueno injustamente oprimido, aquella pretensión formula uno de los grandes fines del arte. La victoria de la justicia es un espectáculo de belleza. En ello, como en el amor, el deleite proviene de una exaltación de vida. Solamente los pervertidos, que son enfermos, gozan con los actos y las teorías que la niegan o defraudan, generalizando, así, el estado de su propia enfermedad. Ellos son producto pasajero de las civilizaciones en decadencia. El tipo permanente de la vida progresiva, el que representa su éxito como entidad espiritual y como especie, es el héroe, el campeón de la libertad y la justicia.
Y por eso, porque personifica la vida heroica de la raza con su lenguaje y sus sentimientos más genuinos, encarnándola en un paladín, o sea el tipo más perfecto del justiciero y del libertador; porque su poesía constituye bajo esos aspectos una obra de vida integral, Martín Fierro es un poema épico.
NOTAS:[53]Domingo F. Sarmiento (hijo) en su introducción a las poesías recopiladas de aquel autor, cita ese panfleto tituladoEl Corro. No he conseguido verlo, porque no está en la Biblioteca Nacional ni en la del Museo Mitre.[54]Era la tarde y la horaEn que el sol la cresta doraDe los Andes. El DesiertoInconmensurable, abiertoY misterioso, a sus piesSe extiende, etc.Imposible decir peor las cosas. En esa sola estrofa, el desierto está calificado por seis adjetivos igualmente pobres: inconmensurable, abierto, misterioso, triste, solitario y taciturno. La siguiente empieza con cuatro versos tan mal dispuestos, que cambiándolos de posición, resultan mucho más soportables:Gira en vano, reconcentraSu inmensidad (?) y no encuentraLa vista, en su vivo anhelo,Do fijar su fugaz vuelo.Habría que hacer del tercer verso el primero, del primero el segundo y del segundo el tercero, para que resultara menos malo. Y todo el poema adolece de igual miseria. Es sencillamente lamentable.[55]Los trovadores, maestros y antecesores inmediatos del Dante, habían usado con gran desembarazo de esta libertad, que provenía, a su vez, de la poesía clásica. He aquí un verso que contiene doce palabras en once sílabas:Que per cinc sois n'a hom la pessa e'l pan.El trovador Sordel, autor de este endecasílabo, fué todavía sobrepasado por Bernardo de Vantadour, quien hizo caber trece palabras en once sílabas:Que m bat e m fier, per qu' ai razon que m duelha.(Raynouard—Lexique Roman, I. 331-474).[56]Conocido es el rigor de la rima francesa. He aquí, no obstante, al mismo Lamartine, raudal prodigioso y espontáneo como ninguno, cometiendo enLa Chûte d'un Angeuna rima imperfecta:Quelques-uns d'eux, errant dans ces demi-"ténébres,"Etaient venus planer sur les cimes des "cèdres".(Première Vision).[57]Entre los clásicos, basta citar a Góngora con sus letrillas y romances: verdadero origen de nuestras estrofas en versos de metro libre. Unos y otros subordinan el ritmo de cada verso al del conjunto de la estrofa. Así:No son todos ruiseñores,Los que cantan entre flores,Sino campanitas de plataQue tocan al alba,Sino trompeticas de oro,Que hacen la salvaA los soles que adoro.(Letrillas Líricas. IV).Alma niña, quieres, dí,Parte de aquel, y no poca,Blanco Maná que está allí?Sí, sí, sí.Cierra los ojos y abre la boca.Ay Dios, qué comíQue me sabe así?(Letrillas Sacras. XXI).
NOTAS:
[53]Domingo F. Sarmiento (hijo) en su introducción a las poesías recopiladas de aquel autor, cita ese panfleto tituladoEl Corro. No he conseguido verlo, porque no está en la Biblioteca Nacional ni en la del Museo Mitre.
[53]Domingo F. Sarmiento (hijo) en su introducción a las poesías recopiladas de aquel autor, cita ese panfleto tituladoEl Corro. No he conseguido verlo, porque no está en la Biblioteca Nacional ni en la del Museo Mitre.
[54]Era la tarde y la horaEn que el sol la cresta doraDe los Andes. El DesiertoInconmensurable, abiertoY misterioso, a sus piesSe extiende, etc.Imposible decir peor las cosas. En esa sola estrofa, el desierto está calificado por seis adjetivos igualmente pobres: inconmensurable, abierto, misterioso, triste, solitario y taciturno. La siguiente empieza con cuatro versos tan mal dispuestos, que cambiándolos de posición, resultan mucho más soportables:Gira en vano, reconcentraSu inmensidad (?) y no encuentraLa vista, en su vivo anhelo,Do fijar su fugaz vuelo.Habría que hacer del tercer verso el primero, del primero el segundo y del segundo el tercero, para que resultara menos malo. Y todo el poema adolece de igual miseria. Es sencillamente lamentable.
[54]
Era la tarde y la horaEn que el sol la cresta doraDe los Andes. El DesiertoInconmensurable, abiertoY misterioso, a sus piesSe extiende, etc.
Era la tarde y la horaEn que el sol la cresta doraDe los Andes. El DesiertoInconmensurable, abiertoY misterioso, a sus piesSe extiende, etc.
Era la tarde y la hora
En que el sol la cresta dora
De los Andes. El Desierto
Inconmensurable, abierto
Y misterioso, a sus pies
Se extiende, etc.
Imposible decir peor las cosas. En esa sola estrofa, el desierto está calificado por seis adjetivos igualmente pobres: inconmensurable, abierto, misterioso, triste, solitario y taciturno. La siguiente empieza con cuatro versos tan mal dispuestos, que cambiándolos de posición, resultan mucho más soportables:
Gira en vano, reconcentraSu inmensidad (?) y no encuentraLa vista, en su vivo anhelo,Do fijar su fugaz vuelo.
Gira en vano, reconcentraSu inmensidad (?) y no encuentraLa vista, en su vivo anhelo,Do fijar su fugaz vuelo.
Gira en vano, reconcentra
Su inmensidad (?) y no encuentra
La vista, en su vivo anhelo,
Do fijar su fugaz vuelo.
Habría que hacer del tercer verso el primero, del primero el segundo y del segundo el tercero, para que resultara menos malo. Y todo el poema adolece de igual miseria. Es sencillamente lamentable.
[55]Los trovadores, maestros y antecesores inmediatos del Dante, habían usado con gran desembarazo de esta libertad, que provenía, a su vez, de la poesía clásica. He aquí un verso que contiene doce palabras en once sílabas:Que per cinc sois n'a hom la pessa e'l pan.El trovador Sordel, autor de este endecasílabo, fué todavía sobrepasado por Bernardo de Vantadour, quien hizo caber trece palabras en once sílabas:Que m bat e m fier, per qu' ai razon que m duelha.(Raynouard—Lexique Roman, I. 331-474).
[55]Los trovadores, maestros y antecesores inmediatos del Dante, habían usado con gran desembarazo de esta libertad, que provenía, a su vez, de la poesía clásica. He aquí un verso que contiene doce palabras en once sílabas:
Que per cinc sois n'a hom la pessa e'l pan.
Que per cinc sois n'a hom la pessa e'l pan.
Que per cinc sois n'a hom la pessa e'l pan.
El trovador Sordel, autor de este endecasílabo, fué todavía sobrepasado por Bernardo de Vantadour, quien hizo caber trece palabras en once sílabas:
Que m bat e m fier, per qu' ai razon que m duelha.
Que m bat e m fier, per qu' ai razon que m duelha.
Que m bat e m fier, per qu' ai razon que m duelha.
(Raynouard—Lexique Roman, I. 331-474).
[56]Conocido es el rigor de la rima francesa. He aquí, no obstante, al mismo Lamartine, raudal prodigioso y espontáneo como ninguno, cometiendo enLa Chûte d'un Angeuna rima imperfecta:Quelques-uns d'eux, errant dans ces demi-"ténébres,"Etaient venus planer sur les cimes des "cèdres".(Première Vision).
[56]Conocido es el rigor de la rima francesa. He aquí, no obstante, al mismo Lamartine, raudal prodigioso y espontáneo como ninguno, cometiendo enLa Chûte d'un Angeuna rima imperfecta:
Quelques-uns d'eux, errant dans ces demi-"ténébres,"Etaient venus planer sur les cimes des "cèdres".
Quelques-uns d'eux, errant dans ces demi-"ténébres,"Etaient venus planer sur les cimes des "cèdres".
Quelques-uns d'eux, errant dans ces demi-"ténébres,"
Etaient venus planer sur les cimes des "cèdres".
(Première Vision).
[57]Entre los clásicos, basta citar a Góngora con sus letrillas y romances: verdadero origen de nuestras estrofas en versos de metro libre. Unos y otros subordinan el ritmo de cada verso al del conjunto de la estrofa. Así:No son todos ruiseñores,Los que cantan entre flores,Sino campanitas de plataQue tocan al alba,Sino trompeticas de oro,Que hacen la salvaA los soles que adoro.(Letrillas Líricas. IV).Alma niña, quieres, dí,Parte de aquel, y no poca,Blanco Maná que está allí?Sí, sí, sí.Cierra los ojos y abre la boca.Ay Dios, qué comíQue me sabe así?(Letrillas Sacras. XXI).
[57]Entre los clásicos, basta citar a Góngora con sus letrillas y romances: verdadero origen de nuestras estrofas en versos de metro libre. Unos y otros subordinan el ritmo de cada verso al del conjunto de la estrofa. Así:
No son todos ruiseñores,Los que cantan entre flores,Sino campanitas de plataQue tocan al alba,Sino trompeticas de oro,Que hacen la salvaA los soles que adoro.
No son todos ruiseñores,Los que cantan entre flores,Sino campanitas de plataQue tocan al alba,Sino trompeticas de oro,Que hacen la salvaA los soles que adoro.
No son todos ruiseñores,
Los que cantan entre flores,
Sino campanitas de plata
Que tocan al alba,
Sino trompeticas de oro,
Que hacen la salva
A los soles que adoro.
(Letrillas Líricas. IV).
Alma niña, quieres, dí,Parte de aquel, y no poca,Blanco Maná que está allí?Sí, sí, sí.Cierra los ojos y abre la boca.Ay Dios, qué comíQue me sabe así?
Alma niña, quieres, dí,Parte de aquel, y no poca,Blanco Maná que está allí?Sí, sí, sí.Cierra los ojos y abre la boca.Ay Dios, qué comíQue me sabe así?
Alma niña, quieres, dí,
Parte de aquel, y no poca,
Blanco Maná que está allí?
Sí, sí, sí.
Cierra los ojos y abre la boca.
Ay Dios, qué comí
Que me sabe así?
(Letrillas Sacras. XXI).