LIBRO TERCERO.

LIBRO TERCERO.

Armas di a los griegos contra las amazonas; armas me sobran para darte a ti, Pentesilea[27], y a tus tropas. Id al combate iguales: venzan los que protegiere alma Dione y el muchacho alado. No era justo guerrear sin armas con armados; y hubiera sido para vosotros, varones, sin gloria el triunfo.

[27]Pentesilea, reina de las amazonas.

[27]Pentesilea, reina de las amazonas.

Dirame alguno, ¿para qué añades ponzoña a la serpiente, y entregas el aprisco a la hambrienta loba? No confundáis a todas en la malicia de algunas, y mirad a cada una por sus buenas cualidades. Si el menor atrida tuvo por que culpar a Elena, y el mayor atrida a su hermana Clitemnestra: si, por traición deErifile, descendió en caballos vivos Anfiarao vivo al Averno; Penélope ha sido fiel al marido dos lustros que hizo la guerra, y otros tantos que peregrinó países. Ved a Laodamía acompañar a su marido, y fallecer tempranamente. Alceste redimió el hado de Admeto, sufriendo por su esposo la funeral ventura. Recíbeme, Capaneo, mezclaremos nuestras cenizas, dijo Evadne, y se arrojó en la hoguera. La virtud misma toma el vestido y nombre de mujer, y no es de extrañar que favorezca a su sexo. Mas no necesitan de mi arte las virtuosas: solo las menos buenas se embarcan en mi esquife. Allí nada se aprende sino lascivos amores: enseñaré pues a las mujeres el arte de amar.

La mujer ni enciende la llama, ni dispara los crueles arcos. Raramente veo dañar sus tiros a los hombres. Los hombres regularmente engañan; no las tiernas mujeres regularmente: y si se averigua, lasamancillan pocos crímenes de perfidia. El falaz Jasón repudió a Medea, hecha ya madre; y en otras nupcias estrechó en su seno a Creúsa. ¡Cuánto no amedrentaron las aves marinas a Ariadna, abandonada por ti, Teseo, en la inhóspita ribera! Inquirid por qué Filis hizo nueve veces un viaje; y oíd que lloraron a Filis las selvas despojadas de sus galas. Renombre tiene de piadoso, tu huésped Eneas, pero te dio la causa y la espada, Dido, para tu muerte. ¿Diré, mujeres, lo que os pierde? El no saber amar. Os falta el arte, y con el arte se encadena el amor.

Aun ahora lo ignoraríais, pero Citerea me ordenó enseñároslo. Apareciéndoseme puesta en pie: ¿En qué pecaron, me dijo, las infelices mujeres? Has entregado la grey inerme a los varones armados. Dos libros tuyos adiestraron a estos; instruye pues la otra parte con tu doctrina. Estesícoro, que antes con versos contumeliosos difamara aElena, cantó después sus alabanzas con más próspera lira. Si mal no te conozco, no desairarás a todas las mujeres. Este beneficio imploran de tu agudeza. Dijo: y del mirto que ceñía sus cabellos me dio una hoja y algunas bayas.

Sentí en mi cuerpo un fuego divino, el aire resplandeció más puro, y en mi mente cesaron las dificultades.

Mientras alumbra mi ingenio, escuchad mis preceptos, jóvenes, vosotras a quienes no coartan las leyes, el pudor ni las prerrogativas. Acordaos desde ahora de la venidera senectud, y así ningún momento pasaréis en balde. Mientras es dado, ya que ahora devoráis los juveniles años, holgaos; pues los años corren como el agua deleznable. Ni las corrientes que pasan retroceden; ni las horas que pasan pueden volver. Gozad de la edad, pues se desliza la edad con veloces pies: ni es tan buena la que sigue comofue buena la primera. Yo vi en su verdor a estos arbolillos, que ya se secan: tejí coronas con rosas de estos rosales, ya solo erizados de espinas. Tiempo será en que vosotras, que ahora despreciáis los amantes, dormiréis viejas frías en solitaria noche. No golpearán a vuestra puerta con nocturna bulla, ni por la mañana hallaréis colgados en los umbrales ramilletes de rosas. ¡Cuán presto, ay de mí, se afea la cara con arrugas, y perece la tez en las tersas mejillas! Esas canas que juráis tener desde la infancia, blanquearán bien presto toda vuestra cabeza. Con la tenue piel desnudan su vejez las serpientes, y descargando sus cuernos no se hacen viejos los ciervos. Nuestros días huyen sin remedio: coged las flores, que a no ser cogidas, tristemente se caerán. Añadid que los partos abrevian el espacio de la juventud: envejece el campo con las continuas cosechas.

No fue ruboroso para ti, Luna, adormecer a Endimión; ni la rosada aurora se corrió de amar a Céfalo. Aunque Venus se apasionase de Adonis, al que llora todavía, ¿de quién proceden su Eneas y Hermione? Bellezas mortales, pisad las huellas de las diosas; no neguéis placeres a los apasionados hombres. Puesto que os engañen, ¿qué perdéis? Todo os queda. Aunque tomen mil favores, de allí nada se menoscaba. Consúmese el hierro, y los pedernales se desgastan con el uso: pero subsiste, y no hay miedo de que se aniquile aquella parte. ¿Quién se opondría a dejar tomar luz de otra luz, o quién economizaría las vastas aguas del abismoso mar? Decís no convenir que la mujer tenga tratos con hombres; mas respondedme ¿qué es sino echar agua de abundante fuente? No os prostituye mi voz, pero os prohíbe temer vanos daños, en que no os inducen vuestros favores.

Navegaré con recio viento, puesmientras estoy en el puerto, blando céfiro sopla. Empiezo por la compostura: abunda el vino en las viñas bien cultivadas, y solo el cultivo produce fecundas mieses. La hermosura es don del cielo; pero ¿quiénes y cuántas descuellan en hermosura? La mayor parte de vosotras carece de esta joya. La tez se hermosea con el cuidado: la tez descuidada se deteriora, aunque sea semejante a la de Idalia. Si las mujeres antiguas no se aderezaron así, ni los antiguos tuvieron hombres así adornados. Si Andrómaca vestía ropas burdas, ¿de qué nos maravillamos? Era mujer de un soldado feroz. ¿Acaso la mujer de Áyax se engalanaría para parecer bien a aquel, cuyo escudo era reforzado con siete cueros de buey?

Antiguamente reinaba entre nosotros una grosera simplicidad; mas ya la dorada Roma posee las exorbitantes riquezas del orbe conquistado. Mirad lo que fue, y lo quees ahora el Capitolio; diríais que parece consagrado a otro Júpiter. La curia, que ahora es digna del augusto congreso, se atechaba con paja, reinando Tacio. El refulgente Palatino, asiento ahora de Apolo y de los Césares, ¿qué era sino pastos para los bueyes de labranza? Alaben otros la antigüedad: yo finalmente me congratulo de haber nacido ahora, pues esta edad es conforme a mi genio: no porque ahora se saca de las entrañas de la tierra el codiciado oro, ni porque vienen las perlas cogidas en diversas costas: no porque se allanan los montes extrayendo mármol, ni porque se enfrena con diques el salobre mar; sino porque reina la cultura, ni permaneciendo en nuestro siglo, la rudeza de nuestros antepasados.

No carguéis las orejas con las costosas pedrerías que el macilento indio envía de sus remotas costas: no os presentéis orgullosas con vestiduras recamadas de oro, con cuyobrillo pensáis atraernos, y más bien nos ahuyentáis. El aseo nos cautiva: no traigáis en desorden el cabello, porque la buena figura la dan y la quitan las manos que lo componen. No es uno solo el género de tocado: escoged el que os convenga, consultando antes el espejo. A las de cara larga les prueba la crencha partida sin ornato: así se peinaba Laodamía. Las de cara redonda quieren el pelo atado en un rizo pequeño encima de la frente, enseñando las orejas. Algunas dejan flotar sus cabellos por los hombros, al modo del dios de las artes, cuando tañe la lira. Otras los añudan detrás de la cerviz, dejándolos tendidos, imitando a la ágil Diana, cuando a su costumbre persigue las espantadas fieras. Cuadra a muchas llevar el pelo inflado flojamente: y a otras les agracia apretadamente atado. A algunas les sienta bien el peinado en figura de tortuga; y a otras llevar un rizado undulante a semejanza delas olas. Pero así como son innumerables las bellotas de las copudas encinas, las abejas del Hibla y las fieras de los Alpes, así no podré yo reducir a número los diferentes peinados, porque cada día aumentan las modas.

Agracia a muchas el cabello descompuesto: al verlas pensaremos que se peinaron ayer, y acaban de tocarse. Parezca el arte efecto del acaso: así, en Ecalia conquistada, se mostró Íole a Hércules, quien dijo al verla: ¡Oh amada mujer! Así pareciste, Ariadna, a los ojos de Baco, cuando te llevó en su carro en medio de los gritantes sátiros.

¡O cuán indulgente es para vosotras la naturaleza! ¡Cuántos medios os deja para disimular los daños que padece vuestra hermosura! El hombre no puede encubrirlos: sus cabellos arrebatados por los años caen como las hojas sacudidas por el aquilón. La mujer tiñe los suyoscon hierbas de Germania, que les dan un más bello color; o no repara en adornar su cabeza con otros, comprados públicamente: la vemos ajustarlos en presencia de Hércules y del coro de las musas[28].

[28]Eran plazas con estos nombres.

[28]Eran plazas con estos nombres.

¿Y qué diré del vestido? No hablo de las ropas franjeadas, ni de las dos veces teñidas con tiria púrpura. Pues que hay tantos colores de menor coste, ¿qué furor es el de echarse a cuestas toda la hacienda? He allí el color del cielo cuando está exento de nubes, y el templado austro no concita las aguas llovedizas. He allí el leonado color del carnero que libró a Frixo e Íole del cuchillo de Ino. El que imita al mar, y tiene nombre de verdemar, es el color que yo diría amado de las nereidas. Otro hay parecido al de lahúmeda aurora, cuando unce los lucientes caballos. Otros figuran el mirto de Pafos, la violada amatista, las albas rosas, la grulla traciana. Ni falta para ti, Amarilis, el color de castaña, ni el de almendra; y hasta la cera da su color a los vellones. No matizan a los campos tantas flores, cuando en la apacible primavera la vid se cubre de vástagos y muere el perezoso invierno, cuantos colores recibe la tejida lana. Escoged el que os cuadre, porque no todos son propios para todas las mujeres. El negro conviene a las de nevado cutis; a Hipodamía le estaba bien el negro, y negro vestía cuando fue robada; el blanco cae bien a las morenas: el blanco era tu adorno, hija de Cefeo, y de blanco andabas vestida cuando morabas en Serifos.

No exhalen los sobacos olor chotuno, ni las piernas estén ásperas con el duro vello. Pero no dirijopreceptos a mujeres del peñascoso Cáucaso, ni a las que beben las aguas del Caico[29]. ¿Os advertiré que no ennegrezcan por desidia los dientes, y que de mañana lavéis la cara con agua? Sabéis buscar la blancura en el barniz de la cera, y arrebolar con afeites lo que naturaleza no arrebola. Alcoholáis los desnudos confines de las cejas, y emplastáis con delicadas membranas las descarnadas mejillas. No tenéis rubor de marcar los ojos con ceniza sutil, o con azafrán traído de Cilicia. Tengo escrito un libro, pequeño volumen, pero grande en sustancia, el cual contiene medicamentos para vuestra hermosura. En él hallarán refugio las de figura desfavorecida; porque no es indolente en vuestras cosas mi ingenio.

[29]Esto es, a mujeres sin civilización ni limpieza, como las de países salvajes.

[29]Esto es, a mujeres sin civilización ni limpieza, como las de países salvajes.

Con todo eso, no hallen los amantes encima de la mesa expuestos losbotes de ungüento: ayude a la hermosura el arte simulado. ¿A quién no repugnará un rostro embadurnado de adobos, que fluyen disueltos hasta el caliente seno? Aunque venido de Atenas, ¿a quién no ofenderá el olor del jugo oleoso de la grasienta lana? Delante de gente no os sirváis de las médulas de cierva ni delante de gente frotéis los dientes. Todo esto os hermoseará, pero sería desagradable el verlo. Muchas cosas hay feas cuando se hacen, y gratas después de hechas. Las estatuas ahora célebres del laborioso Mirón fueron en algún tiempo informe y pesada masa. Para hacer una sortija, primero se bate el oro: y los vestidos que lleváis, fueron sucia lana. Cuando se esculpía era bruta piedra, y ahora es excelente figura Venus en desnudez exprimiendo el agua de los mojados cabellos.

Hacednos creer que estáis durmiendo el tiempo que tardéis en adobaros; con más ventaja os miraránenteramente tocadas. ¿Para qué he de saber yo de donde proviene la blancura de vuestra tez? Cerrad la puerta del tocador, ¿a qué manifestar todo el mal vistoso material? Importa que los hombres ignoren muchas cosas; y la mayor parte de ellas les chocará, si no las guardáis con cuidado. Las figuras sobredoradas que adornan el teatro, veréis que son madera cubierta de una tenue lata de oro; pero no se exponen a la vista del pueblo, sino cuando están compuestas: tampoco la hermosura se ha de afeitar sino a escondidas de los hombres.

No prohíbo que delante de gente dejéis peinar vuestros cabellos, ni que ondeen esparcidos por las espaldas. No seáis entonces descontentadizas, ni manoseéis muchas veces la desatada madeja. No maltratéis a la camarera: me enoja ver arañar con las uñas su cara, y picar con la aguja su brazo. Ella peina maldiciendola cabeza de su señora, y juntamente llora sangrienta sobre su detestable cabellera.

La que sea mal crinada, ponga centinela a la puerta, o aderécese siempre en el templo de la buena diosa. Dijeron a cierta señora que entraba yo repentinamente, y perturbada se puso al revés la cabellera. Acontezca a nuestros enemigos la causa de tan fea vergüenza, y recaiga tal corrimiento en las nueras de los partos. Una res descornada parece deforme: deforme el campo sin verdura, y el árbol sin frondosidad, y la cabeza sin cabello. No vinisteis vosotras, Sémele y Leda, a ser por mí enseñadas; ni tú, Europa, que vadeaste el mar en el lomo del fingido toro: ni tú, Elena, a quien con razón reclamaba Menelao, y a quien con razón retenía el robador troyano. Venga a ser enseñada la turba de mujeres hermosas y feas, aunque las feas son en más número que las hermosas. Tampoco el auxilio demi arte y preceptos cumple tanto a las hermosas, pues la hermosura sin arte es poderosa para suplir la dote. Cuando el mar es bonancible, el piloto descansa en seguridad, cuando está embravecido, recurre a su ciencia.

Es raro el semblante en que no se advierten tachas. Encubrid las tachas y los defectos del cuerpo, según podáis. Si sois de breve estatura, sentaos, para que no parezcáis sentadas estando en pie: y para que echadas no parezcáis poquita cosa, ocultad los pies con la ropa: y así no podrán tomaros medida. Las demasiadamente flacas usen vestimentas de telas gruesas, y caiga ancho el vestido desde los hombros. Las pálidas retoquen su cara con colorete; las más morenas acudan por remedio al estiércol de cocodrilo. Los mal formados pies disimúlense siempre con calzado blanco, y las piernas enjutas no se ciñan con ligaduras: la giba se disimula con almohadillas,y el pecho hundido con la corbata.

Gesticulad poco cuando habléis las que tenéis gordos los dedos y las uñas desiguales. Las que exhalan mal olor en el aliento, nunca hablen en ayunas, y siempre distantes de la cara de los hombres. Si tenéis los dientes negros o grandes, o mal colocados, riendo a carcajadas grandísimos perjuicios cogeréis.

¿Quién lo creería? También aprenden a reírse las mujeres. Hasta en esta gracia buscan su embellecimiento. Abrid pues módicamente la boca, haced pequeños hoyos en las dos mejillas, y el labio inferior cubra los dientes de arriba. No oprimáis los ijares con destempladas risas, y suene en ellas un suave y femenil no sé qué. Las hay que tuercen la boca con un descompasado reír: otras riendo alegres parece que lloran. Algunas hacen un bronco sonido y un estridor desapacible, como rebuzna la lerda pollina atada a la escabrosa tahona.

¿Hasta dónde no alcanza el arte? Aprenden también a llorar graciosamente. Lloran cuando quieren y como quieren. ¿Y qué diré de las que no pronuncian ciertas letras necesarias, y constriñen la lengua a tartamudear algunas palabras? Cifran la gracia en el vicio de articular mal, y hablan menos bien para hablar con mayor garbo. Aplicaos pues a estas arterías, que os son provechosas.

Aprended a llevar el cuerpo con paso femenil: en el andar hay una parte de agrado no despreciable, y que atrae o ahuyenta a los hombres desconocidos. Unas mueven blandamente los costados, dejando flotar sus ropas a discreción del viento, y tendiendo los pies con aire brioso. Otras andan como las bermejas mujeres de Umbría, dando desmedidos pasos con las piernas abiertas. Pero en esto guardad medio, como en otras cosas: porque la una manera de andar es tosca, y la otra demasiado muelle.

Llevad desnuda la parte inferior de los hombros, y superior del morcillo del brazo, que se ha de ver por el lado izquierdo. Esto conviene especialmente a las de nevada blancura. Cuando yo veo esto, me siento incitado a besar el hermoso hombro que se descubre.

Monstruos del mar eran las sirenas, las cuales con canora voz detenían irresistiblemente las naves veleras. Oídas por Ulises, pudo apenas permanecer ligado al mástil, y a sus compañeros les tapó con cera las orejas. Dulcísima cosa es la melodía: aprended pues a cantar, porque la sonora voz excusa para muchas el incentivo de la hermosura. Repetid ya las composiciones oídas en los marmóreos teatros, ya las cantilenas acompañadas con tonos egipcios[30]. Ni por mi Consejo ignore la mujer culta tañer la lira con ladiestra, y la cítara con la siniestra mano. Orfeo con el son de su lira movió en el Ródope las fieras y peñascos, el tartáreo lago, y el trifauce cerbero. Y tú Anfión, justísimo vengador de tu madre, edificaste los tebanos muros con las consonancias de tu canto. Suspendieron a los mudos peces los acordados acentos de la lira de Arión. Aprended también a revolver con ambas manos la festiva nabla[31], pues conviene a los placenteros juegos.

[30]Eran canciones desenvueltas y provocativas.

[30]Eran canciones desenvueltas y provocativas.

[31]Instrumento músico de cuerdas a manera de salterio.

[31]Instrumento músico de cuerdas a manera de salterio.

Leed las poesías de Calímaco y de Filetas, y del vinoso viejo de Teos[32]. Leed a Safo; ¿qué mujer más lasciva que ella? No olvidéis al lépido Terencio; ni los versos del tierno Propercio, ni los de Galo y Tibulo. Ande en vuestras manosel poema sobre la conquista del famoso vellón, en el que deplora Varrón la suerte de Frixo y su hermana. Leed al prófugo Eneas, origen de la soberbia Roma: la más excelsa obra de las musas latinas. Acaso algún día se mezclará entre estos mi nombre, y mis escritos no serán abismados en las aguas del Leteo. Y dirá alguno, leed los numerosos versos de nuestro maestro, con los cuales instruyó en artes eróticas a hombres y a mujeres. De sus tres libros elegid el que mejor explique los amores, y los más fluidos y dulces versos. O cantad con modulado acento sus Heroidas, género que él inventó y los demás desconocieron. ¡Quiéraslo así, Apolo: queraislo así, númenes tutelares de los poetas, Baco de insignes cuernos, y las nueve musas!

[32]Porque Anacreonte era natural de Teos, ciudad de la Jonia.

[32]Porque Anacreonte era natural de Teos, ciudad de la Jonia.

¿Dudárase de que han de saber bailar las mujeres, para lucir su agilidad en los vinolentos convites? Se aman las escénicas pantomimasdel histrión; y solo aquella movilidad se tiene por decoro.

No omitamos cosas menos importantes. Sepa la mujer echar los dados, y conocer la fuerza de las jugadas. Y ya lleve tres suertes, ya piense cautelosa el peligro que la amenaza, y cuántos puntos le faltan para ganar. Juegue con destreza las guerras del ajedrez, particularmente cuando una pieza es acometida por dos enemigas. El rey pelea separado de la reina; y el contrario repite muchas veces el camino. Aprenda el juego de damas, que es un tablero cubierto de ligeros peones, y del cual ninguno se quita sino el que se come al adversario. Hay otro juego reducido a otras tantas bolas, como meses tiene el fugitivo año. Cada uno pone en el tablero tres piedrecitas, y para ganar se han de colocar todas en fila. En fin hay mil juegos: que el ignorarlos sería demérito en la mujer, porque muchas veces jugando nace el amor.

Pero es menor cualidad el saber jugar expeditamente que la de conducirse en el juego con juicio correspondiente a las buenas costumbres. Cuando el espíritu no está sobre sí, sino preocupado con un mismo estudio, como sucede jugando, los interiores se descubren manifiestamente. Aparece la ira, pasión terrible, y la codicia de la ganancia; las disputas, las querellas, y el solícito sentimiento. Se dicen improperios: el aire retumba con los gritos; y cada uno invoca para sí a los dioses airados. Nada se espera en el juego si no se implora con votos: he visto yo muchas veces correr de rabia lágrimas por las mejillas de los jugadores. Preserve Júpiter de tan abominable vicio a las que viven con el cuidado de propiciar los hombres.

Débil naturaleza asigna estos juegos a las mujeres, mientras los hombres se recrean con más nobles ejercicios. Tienen el de la ligerapelota, el del dardo, y el del disco, el de la esgrima, y el de obligar a los caballos a correr en giros: las faenas del Campo Marcio, las de la frigidísima fuente virgen, y las del nadar en el Tíber de sosegadas corrientes.

Conviene y aprovecha a las mujeres solazarse a la sombra del pórtico de Pompeyo, cuando el signo de la virgen lanza sobre nosotros el fuego del estío. Visitad el Palatino, consagrado al laureado Apolo: el que sumergió en el hondo mar las naves egipcias[33]. Paseaos en los pórticos construidos por Octavia y Livia, hermana y mujer de César; y en el de Agripa, su yerno, cuya cabeza ciñó la honorífica corona naval en testimonio de valor. Visitad las aras donde se queman inciensos en loor de Isis, vaca de Menfis. Visitad los tres teatros de aquel lugar insigne en monumentos.Presenciad las luchas de los gladiadores, cuya sangre mancha la arena, y los juegos circenses, donde la hervorosa rueda volteará en derredor de la meta.

[33]Otra alusión a la batalla de Accio.

[33]Otra alusión a la batalla de Accio.

Lo oculto no se conoce, ni se desea lo desconocido. Es sin fruto la hermosura que carece de testigos. Vosotras, aunque aventajéis en el canto a Tamiris y Amebeo, no granjearéis aplauso teniendo en retiro la lira. Si Apeles no hubiera pintado a Venus, aún la esconderían sumergida las aguas del mar. ¿Qué ambicionan los divinos poetas sino la celebridad? Este deseo lleva a la cima sus trabajos. En otro tiempo eran los poetas delicia de los dioses y de los reyes; y los antiguos cantos premiados con grandes galardones. Santo respeto y nombre venerable tenían entonces los vates, y muchas veces se les prodigaban riquezas. Ennio, nacido en los montes de Calabria, mereció ser sepultado en tu sepulcro,grande Escipión. Mas hoy la yedra que corona a los poetas vegeta sin honor: y las arduas y afanosas vigilias de las doctas musas tienen nombre de ociosidad. Pero a la fama se sube por vigilias: ¿quién conociera a Homero, si estuviese oculta la Ilíada, inmortal poema? ¿Quién conocería a Dánae, si hubiera estado siempre en prisión, y se hubiese escondido vieja en la torre?

Os convienen, mujeres hermosas, las concurrencias. Vagad a menudo con suelto pie fuera de vuestros umbrales. El lobo acecha muchas ovejas para depredar una; y el águila se precipita en la banda de aves. Así salga al mundo a ser vista la mujer hermosa, pues entre muchos por ventura habrá alguno a quien atraiga.

Hállese en parajes de concurso con el conato de agradar, y ostente con todo esmero su belleza. La casualidad rueda en todas partes,llevad siempre echado el anzuelo; caerá el pez en el agua en que menos se piense. Muchas veces los perros buscan inútilmente caza en los montañosos bosques, y el ciervo da en las redes sin ser perseguido. ¿Cómo podría esperar Andrómeda enamorada ser sus lágrimas eficaces para insinuarse en Perseo? Tal vez en los funerales del marido se encuentra otro marido: todo consiste en la gracia de ir desmelenadas y anegadas en llanto.

Evitad a los hombres ocupados solo en su hermosura y atavío, y a los que ordenan artificiosamente sus cabellos. Son voltarios; su amor no se fija en ninguna, y os dicen a vosotras lo que dijeron a mil mujeres. Qué hará la mujer, siendo hombres más livianos que ella. Apenas me creeréis, pero creedme: que aún no se hubiera arruinado Troya, si hubiera atendido a los consejos de su Príamo. Hay hombres que estafan con la aparienciade falso amor, y por los medios tales consiguen vuestra deshonra. No os deslumbre la cabellera empapada en olorosas esencias, ni la angosta faja formada en pliegues. No os seduzca la toga de finísima tela, ni el ver en los dedos anillos y más anillos. Por ventura el más compuesto de estos es un ladrón, y arde en deseo de vuestras ropas. Vuélveme lo mío, vocean con frecuencia las mujeres robadas, vuélveme lo mío, resonando con sus gritos todo el foro. Venus desde el reluciente dorado templo, ve indolente estas pendencias, y los lupanares de las calles Apias[34].

[34]En estas calles vivía la chusma plebeya y meretricia de Roma.

[34]En estas calles vivía la chusma plebeya y meretricia de Roma.

Otros hay cuyos nombres, marcados en la opinión, señalan las maldades de esos amantes embusteros. Escarmentadas con los duelos ajenos, aprended a evitar la misma suerte, cerrando la puerta a semejantesbribones. Oh hijas de Cécrope, no creáis a los juramentos de Teseo, porque hará después de haber jurado lo que hizo antes. Ni a ti, Demofonte, heredero de la perfidia de Teseo, te ha quedado fe alguna desde que engañaste a Filis. Si prometen mucho, prometedles con otras tantas palabras: si dieren, dadles vosotras también los placeres contratados. La que, recibida la dádiva, niega las prometidas noches, es capaz de extinguir el fuego eterno de Vesta, profanar los sacrificios de Isis, y emponzoñar al hombre con cicuta triturada mezclada con acónito. Pero mi fantasía vuela muy lejos: tira, musa mía, las riendas, no abandones el carro a la impetuosidad de su carrera.

Tentará el vado el amante con cartas, que ha de recibir la confidencial sirvienta. Examinadlas; y por su contenido colegiréis si fingen, o si ruegan con solícitas veras. Responded con breve demora; la demoraestimula siempre a los amantes, como sea de corto espacio. Pero no os prometáis fácil al joven que ruega; ni tampoco deneguéis con obstinada boca su petición. Haced que tema y espere juntamente; y que a cada repulsa que le haréis vea más cierta la esperanza, y menor el temor.

Escribid, mujeres, en términos puros y usados, aunque ambiguos: el estilo llano es el que conviene. ¡Cuántas veces inflamó al amante irresoluto un billete bien escrito, y perjudicó a las beldades el lenguaje bárbaro! Y puesto que, sin afectar maneras de gazmoña, ponéis vuestro cuidado en engañar a los maridos, no confiéis vuestras cartas sino a manos de una sierva fiel o de un muchachito: guardaos de dar vuestro recado a un joven bisoño. Vi yo mujeres consternadas sufrir por este miedo una esclavitud miserable toda la vida. Pérfido ciertamente es aquel que guarda talesprendas, para servirse de ellas como de un rayo del Etna. En mi entender es lícito repeler el fraude con el fraude, y el derecho permite tomar las armas contra los armados. Acostumbrad pues vuestra mano a formar letras de muchos caracteres. ¡Ah, perezcan aquellos por cuya causa doy este consejo! Ni se ha de escribir sobre el mismo papel, afín de que no se vean en él letras de dos puños. Escribid al amante como a una mujer, y firmad siempre las cartas con su nombre.

Conviene empero trasladar el pensamiento de pequeñas a mayores cosas, y desplegar toda la vela en anchurosa ensenada; digo pues que las hermosas han de reprimir las violentas pasiones. A los hombres conviene la candorosa paz, a las bestias la rabiosa furia. El semblante se hincha con la ira; las venas negrean con la sangre; los ojos arden en más impetuoso fuego que los de Gorgona. Anda lejos deaquí, flauta, que no te aprecio en tanto, dijo Palas, cuando vio en los cristales del río sus infladas mejillas. Si las mujeres se mirasen también al espejo en medio de la ira, apenas conocería ninguna su semblante.

No menor perjuicio hace a vuestra cara el orgullo. Solo el halagüeño aspecto convida al amor. Son aborrecibles (creed a la experiencia) los fastuosos modales. Por lo regular un semblante callado siembra odio. Mirad al que os mire: reíd dulcemente al que os ría. Si os hacen señas, volved también las aceptas señas. Luego que se ensaya así, empieza el vendado rapaz a sacar de su aljaba los dardos agudos, dejando los embotados.

Las adustas son también aborrecibles. Ame Áyax a Tecmesa, pero con nosotros, gente de buen humor, solo se insinúan las hembras alegres. Nunca te rogaría yo, Andrómaca, ni a ti, Tecmesa, que fueseis amiga mía niuna ni otra. Si la prole no me obligara, me persuadiría apenas que os hubieseis ayuntado con vuestros maridos. ¿La tristísima mujer diría a Áyax:corazón mío, u otras ternezas que suelen lisonjear a los hombres?

¿Quién me impedirá citar, en menores asuntos, ejemplos de cosas grandes? Un buen general da el mando de un batallón al uno, al otro el de un escuadrón, y confía de otro la guarda de las banderas. Del mismo modo habéis de mirar vosotros también cuál de nosotros es útil, y emplear a cada uno según su disposición. El rico alargue dones; el jurisconsulto desembrolle los negocios; el elocuente defienda la causa de la que litigue. Nosotros los que componemos versos ofreceremos solamente versos. Los de este gremio somos los que antes de todos merecemos vuestro amor.Hacemos célebres en todas partes las beldades que obsequiamos. Némesis tiene nombradía; Cintia es famosa; el oriente y occidente conocen a Licoris; y muchos con curiosidad preguntan quién es mi Corina. Demás de que en los sublimes vates no caben insidias; y nuestra arte acomoda a sí nuestras costumbres. Ni la ambición nos incita, ni nos contagia la sed de atesorar: despreciando el foro, cultivamos el lecho y la sombra[35]. Pero nos prendamos fácilmente, y ardemos con llama durable, y sabemos amar con fe demasiado segura. Ciertamente sazonamos el ingenio con la plácida arte; y al estudio van conformes las costumbres. Sed propicias, mujeres, a los aonios poetas, pues dentro de ellos se halla la divinidad, y las musas los protegen. Está dios en nosotros, y comerciamos con elcielo; nuestro ingenio nos viene de las etéreas regiones. Es pues maldad exigir nada de los sabios poetas; mas, ¡ay de mí!, ninguna mujer teme esta maldad.

[35]Expresión poética que denota las comodidades de la vida privada.

[35]Expresión poética que denota las comodidades de la vida privada.

Disimulad empero; no os mostréis a deshora interesadas; porque el nuevo amante se retira viendo la trampa. El escudero no maneja con bridas iguales al potro que poco ha siente el freno, que al ya adiestrado caballo. Ni se ha de seguir una misma senda para captar a los de edad ya sentada, que a la lozana juventud. El inexperto aprendiz, venido por primera vez a los estandartes del amor, presa nueva que arribó a vuestro tálamo, conozcaos a sola vos, y esté siempre a vuestro único lado. Esta mies se ha de cercar con altos setos. Huid de tener rival: reinaréis mientras poseáis solas. El cetro y el amor quedan poco tiempo en poder de dos compañeros.

El veterano en esta milicia amarápoco a poco y con prudencia, y sufrirá muchas cosas intolerables para el bisoño. No romperá la puerta, ni la incendiará colérico, ni lastimará con las uñas las tiernas mejillas de su señora, ni rasgará la ropa de ella, ni la ropa suya; ni arrancando sus cabellos la dará motivo de llorar. Estas cosas son propias de mancebos en la efervescencia de la edad y del amor. Los otros soportarán los graves sentimientos sin desmandarse: los otros se abrasarán con fuego lento, como la húmeda tea, como el árbol poco ha cortado que permanece en la montaña. Este amador es más firme: más inconstante y fecundo el otro. Coged con presta mano una fruta que se conserva poco. Franqueadle todo: abrid las puertas al enemigo, y poned fe en su misma fidelidad.

Alimenta mal un largo amor lo que se da fácilmente. Mezclad alguna rara repulsa con los deleitososjuegos. Tenedle a la puerta: quéjese allí de vuestro rigor, diciendo humilde muchas cosas, y muchas amenazando. Fastidiados de los dulces manjares despertemos el apetito con agrios jugos. Naufraga a veces el bajel oprimido con excesiva calma. He aquí lo que impide a las casadas ser amadas, es que los maridos se juntan a su albedrío con ellas. Si les cerraran la puerta, y el portero les dijese broncamente: no se puede entrar; la exclusión renovaría también en ellos el amor.

Poned ya los cuchillos botos, y pelead con otros más agudos aunque yo deba ser herido con mis propias saetas. Que el nuevo amante, caído en vuestros lazos, se crea solo señor de vuestro cariño; mas luego después haced que teme un rival, y sospeche partida la posesión del lecho. Si no usáis de estas estratagemas, envejecerá su amor. Corre mejor el vigoroso caballo, cuando, abierta la barrera, tienecaballos que preceder y que seguir. Por apagado que esté el fuego, le reanima la injuria. Aquí estoy yo (lo confieso) que no amo sino con este aguijón. Sin embargo no sea muy manifiesta la causa de sus penas, y quede a su inquietud algo que imaginar y temer de más de lo que sabe.

Excitadle con la fingida vigilancia del mentido siervo, y con el cuidado en extremo molesto del riguroso marido. Es de menos quilates el deleite que se goza sin obstáculo. Aunque estéis en más libertad que la cortesana Tais, aparentad sobresaltos. Aun cuando sea más fácil por la puerta, admitidle por la ventana fingiendo en el semblante muestras de temor. La astuta sierva échese fuera diciendo, somos perdidas: vosotras meted en algún escondrijo al asustado galán. Disfrute empero sin sobresalto a Venus, temiendo no le parezcan demasiado penosas unas noches sin cesar inquietadas.

Pasaba por alto el modo de engañaral marido celoso, y la vigilancia de su custodia. La mujer tema al marido: sea escrupulosa la guarda de la casada. Así conviene: así lo prescriben las leyes, y la justicia y el pudor. Pero ¿quién sufrirá que también seáis guardadas vosotras, a quienes la pretórica varilla acaba de redimir[36]? Para engañar, venid a mi escuela. Aunque os observen tantos ojos como tenía Argos, los burlaréis, queriendo de veras. ¿Os impedirá el celador escribir, en el tiempo que toméis para bañaros? ¿Os impedirá dar a la confidente las cartas amatorias, y que esta las lleve ocultas con la ancha corbata en el templado seno, o atadas en las ligas, o finalmente en la suela de los zapatos? Si esto precave el guardador, la espalda de la tercera suplirá la carta, escribiendo allí concisamentecuanto ocurra. También se forma letras con leche fresca, las cuales no se pueden leer sino echando en ellas polvos de carbón. Tampoco podrán leerse las que se hagan con la caña de lino verde, y el papel en blanco contendrá ocultos los caracteres.

[36]Las esclavas declaradas libres por el pretor, cuya declaración se hacía dándoles el lictor con la vara en la cabeza.

[36]Las esclavas declaradas libres por el pretor, cuya declaración se hacía dándoles el lictor con la vara en la cabeza.

Nada omitió Acrisio para guardar a Dánae, y ella sin embargo con su delito le hizo abuelo. ¿Qué hará un celador, cuando hay tantos teatros en la ciudad? ¿Cuando vaya de buena gana al espectáculo de los uncidos caballos? ¿Cuando asista afanosa al concierto de los sistros en el templo de Isis? ¿Cuando vaya adonde está prohibido ir al que la acompaña? ¿Cuando se libre de la vista de su centinela en el templo de la buena diosa, cuya entrada está prohibida a los hombres, excepto a los que ella manda entrar? ¿Cuando el custodio esté fuera guardando los vestidos de su señora, y los seguros baños encubran losfurtivos varones? ¿Cuando cuantas veces sea necesario se finja enferma, y quede en cama todo el tiempo que quiera? ¿Cuando una llave adúltera enseñe con su nombre lo que se haya de hacer, y con sola una puerta franquee las entradas que se desean? ¿Cuando burle los cuidados de su guardián, emborrachándole con mucho vino, o con el selecto que se cría en la montuosa España? ¿No hay también drogas que causan soporoso sueño, cargando sobre los ojos la oscuridad del Leteo? ¿No podrá la confidente divertir al enojoso con lentos deleites, para que la otra se divierta entretanto a todo vagar?

¿Pero por qué me canso en rodeos y pequeños consejos, cuando el celador puede comprarse con un cortísimo regalo? Creedme, las dádivas atraen a los hombres, y a los dioses. El mismo Júpiter se aplaca con ofrendas. ¿Qué hará el sabio, si el insensato se alegra también con losdones? El marido mismo enmudecerá, recibiendo dádivas. Pero al celador se le ha de ganar una vez para siempre, porque prestará siempre las manos que una vez haya prestado.

Acuérdome: me he quejado de que se han de temer los compañeros; y esta queja no habla solo con los hombres. Si fuereis confiadas, otras arrebatarán vuestros deleites, y levantaréis la liebre para otras. La que os presta generosa su lecho y habitación, ha estado conmigo no una vez sola. Ni os sirváis de sierva hermosa en demasía, pues regularmente estas alternaron conmigo en la suerte de su señora.

¿Adonde me lleva mi furor? ¿Por qué con pecho descubierto me arrojo sobre el enemigo, y con mi delación me vendo a mí mismo? No muestran las aves al cazador los medios de ser cogidas: ni enseña la sierva a correr a los dañinos perros. Pero no importa, dictaréfielmente mis preceptos. Daré contra mí mismo los cuchillos de Belona.

Haced que nos creamos amados: es fácil, porque la fe del deseoso le inclina en consentir en sus deseos. Mirad con más amabilidad al joven, suspirad íntimamente, y preguntadle por qué ha tardado tanto. Sobrevengan las lágrimas, y la simulada aflicción de que ama a otra; y lastimad con las uñas su semblante. Al punto quedará persuadido, se sentirá enternecerse, y dirá, esta muere de amor por mí. Especialmente si es lindo, y satisfecho de sí por el espejo, creerá que puede interesar a las diosas.


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