XIII.Le dijo el grajo al cuervo.Hora y media después todos los ilustres compañerosde merienda estaban de vuelta en laciudad. El señor obispo y su familia habíanllegado con bastante anticipación, gracias al coche,45-5y hallábanse ya en palacio, donde los dejaremosrezando sus devociones.El insigne abogado, que era muy seco, y losdos canónigos, a cual más grueso y respetable,acompañaron al Corregidor hasta la puerta del45-10ayuntamiento, donde su señoría dijo tener quetrabajar, y tomaron luego el camino de sus respectivascasas, guiándose por las estrellas comolos navegantes, o sorteando a tientas las esquinascomo los ciegos: pues ya había cerrado la45-15noche; aun no había salido la luna, y el alumbradopúblico, lo mismo que las demás luces deeste siglo, todavía estaba allí en la mente divina.En cambio, no era raro ver discurrir poralgunas calles tal o cual linterna o farolillo con45-20que respetuoso servidor alumbraba a sus magníficosamos, quienes se dirigían a la habitualtertulia o de visita a casa de sus parientes...Cerca de casi todas las rejas bajas se veía, ose olfateaba, por mejor decir, un silencioso bulto45-25negro. Eran galanes que al sentir pasos, habíandejado por un momento de pelar la pava...—¡Somos unos calaveras!—iban diciéndose elabogado y los dos canónigos.—¿Qué pensaránen nuestras casas al vernos llegar a estas horas?46-5—Pues ¿qué dirán los que nos encuentren enla calle, de este modo, a las siete y pico de lanoche, como unos bandoleros amparados de lastinieblas?—Hay que mejorar de conducta...46-10—¡Ah, sí... pero ese dichoso molino!...—Mi mujer lo tiene sentado en la boca delestómago...—dijo el académico, con un tono enque se traslucía mucho miedo a próxima peloteraconyugal.46-15—Pues ¿y mi sobrina?—exclamó uno de loscanónigos, que por cierto era penitenciario.—Misobrina dice que los sacerdotes no deben visitarcomadres...Y sin embargo, interrumpió su compañero,46-20que era magistral, lo que allí pasa no puede sermás inocente...—¡Toma! Como que va el mismísimo señorobispo!—Y luego, señores, ¡a nuestra edad!... repuso46-25el penitenciario. Yo he cumplido ayer lossetenta y cinco.—¡Es claro!—replicó el magistral.—Pero hablemosde otra cosa: ¡qué guapa estaba esta tardela señá Frasquita!46-30—¡Oh, lo que es eso... como guapa, es guapa!—dijoel abogado, afectando imparcialidad.—Muy guapa... repitió el penitenciario dentrodel embozo.—Y si no,—añadió el predicador de oficio,—que46-35se lo pregunten al Corregidor...—¡El pobre hombre está enamorado de ella!...—¡Ya lo creo!—exclamó el Confesor de la catedral.—¡De seguro! (agregó el Académico... correspondiente).—Conque,señores, yo tomo por aquí parallegar antes a casa... ¡Muy buenas noches!47-5—Buenas noches...—le contestaron los Capitulares.Y anduvieron algunos pasos en silencio.—¡También le gusta a ese la Molinera!—murmuróentonces el Magistral, dándole con el codo alPenitenciario.47-10—¡Como si lo viera! (respondió éste, parándose ala puerta de su casa).—¡Y qué bruto es!—Conquehasta mañana, compañero.—Que le sienten a V. muybien las uvas.—Hasta mañana, si Dios quiere...—Que pase V.47-15muy buena noche.—¡Buenas noches nos dé Dios!—rezó el Penitenciario,ya desde el portal, que por más señas tenía faroly Virgen.Y llamó a la aldaba.47-20Una vez solo en la calle, el otro Canónigo (que eramás ancho que alto, y que parecía que rodaba al andar)siguió avanzando lentamente hacia su casa; pero, antesde llegar a ella, se paró, y murmuró, pensando sin dudaen su cofrade de coro:47-25—¡También te gusta a ti la señá Frasquita!...—¡Yla verdad es (añadió al cabo de un momento) que,como guapa, es guapa!XIVLOS CONSEJOS DE GARDUÑAEntretanto, el Corregidor había subido al Ayuntamiento,acompañado de Garduña con quien manteníahacía rato, en el salón de sesiones, una conversaciónmás familiar de lo correspondiente a persona de sucalidad y oficio.48-5—¡Crea Usía a un perro perdiguero que conoce lacaza! (decía el innoble Alguacil). La señá Frasquitaestá perdidamente enamorada de Usía, y todo lo queUsía acaba de contarme contribuye a hacérmelo ver másclaro que esa luz...48-10Y señalaba a un velón de Lucena, que apenas siesclarecía la octava parte del salón.—¡No estoy yo tan seguro como tú, Garduña!—contestóD. Eugenio, suspirando lánguidamente.—¡Pues no sé por qué!—Y, si no, hablemos con48-15franqueza.—Usía... (dicho sea con perdón) tieneuna tacha en su cuerpo... ¿No es verdad?—¡Bien, sí! (repuso el Corregidor). Pero esa tachala tiene también el tío Lucas. ¡Él es más jorobadoque yo!48-20—¡Mucho más! ¡muchísimo más! ¡sin comparaciónde ninguna especie!—Pero en cambio (y es a lo queiba), Usía tiene una cara de muy buen ver..., lo quese llama una bella cara..., mientras que el tío Lucasse parece al sargento Utrera, que reventó de feo.48-25El Corregidor sonrió con cierta ufanía.—Además (prosiguió el Alguacil), la señá Frasquitaes capaz de tirarse por una ventana con tal de agarrarel nombramiento de su sobrino...—Hasta ahí estamos de acuerdo. ¡Ese nombramiento49-5es mi única esperanza!—¡Pues manos a la obra, señor! Ya le he explicadoa Usía mi plan... ¡No hay más que ponerlo en ejecuciónesta misma noche!—¡Te he dicho muchas veces que no necesito consejos!—gritó49-10D. Eugenio, acordándose de pronto de quehablaba con un inferior.—Creí que Usía me los había pedido...—balbuceóGarduña.—¡No me repliques!49-15Garduña saludó.—¿Conque decías (prosiguió el de Zúñiga, volviendoa amansarse) que esta misma noche puede arreglarsetodo eso?—Pues ¡mira, hijo! me parece bien.—¡Quédiablos! ¡Así saldré pronto de esta cruel incertidumbre!49-20Garduña guardó silencio.El Corregidor se dirigió al bufete y escribió algunaslíneas en un pliego de papel sellado, que selló tambiénpor su parte, guardándoselo luego en la faltriquera.—¡Ya está hecho el nombramiento del sobrino!49-25(dijo entonces, tomando un polvo de rapé). ¡Mañaname las compondré yo con los Regidores..., y, o loratifican con un acuerdo, o habrá la de San Quintín!—¿Note parece que hago bien?—¡Eso! ¡eso! (exclamó Garduña entusiasmado,49-30metiendo la zarpa en la caja del Corregidor y arrebatándoleun polvo). ¡Eso! ¡eso! El antecesor de Usíano se paraba tampoco en barras. Cierta vez...—¡Déjate de bachillerías! (repuso el Corregidor,sacudiéndole una guantada en la ratera mano).—Mi50-5antecesor era un bestia, cuando te tuvo de alguacil.—Perovamos a lo que importa. Acabas de decirme queel molino del tío Lucas pertenece al término del lugarcilloinmediato, y no al de esta población... ¿Estásseguro de ello?50-10—¡Segurísimo! La jurisdicción de la ciudad acabaen la ramblilla donde yo me senté esta tarde a esperarque Vuestra Señoría... ¡Voto a Lucifer! ¡Si yo hubieraestado en su caso!—¡Basta! (gritó D. Eugenio).—¡Eres un insolente!50-15Y, cogiendo media cuartilla de papel, escribió unaesquela, cerrola, doblándole un pico, y se la entregó aGarduña.—Ahí tienes (le dijo al mismo tiempo) la carta queme has pedido para el alcalde del Lugar. Tú le explicarás50-20de palabra todo lo que tiene que hacer.—¡Yaves que sigo tu plan al pie de la letra! ¡Desgraciadode ti si me metes en un callejón sin salida!—¡No hay cuidado! (contestó Garduña). El señorJuan López tiene mucho que temer, y en cuanto vea la50-25firma de Usía, hará todo lo que yo le mande.—¡Lomenos le debe mil fanegas de grano al Pósito Real, yotro tanto al Pósito Pío!... Esto último contra todaley, pues no es ninguna viuda ni ningún labrador pobrepara recibir el trigo sin abonar creces ni recargo, sino50-30un jugador, un borracho y un sin vergüenza, muy amigode faldas, que trae escandalizado el pueblecillo...—¡Yaquel hombre ejerce autoridad!... ¡Así anda elmundo!—¡Te he dicho que calles! ¡Me estás distrayendo!51-5(bramó el Corregidor).—Conque vamos al asunto(añadió luego, mudando de tono). Son las siete y cuarto...Lo primero que tienes que hacer es ir a casa yadvertirle a la señora que no me espere a cenar ni adormir. Dile que esta noche me estaré trabajando aquí51-10hasta la hora de laqueda, y que después saldré de rondasecreta contigo, a ver si atrapamos a ciertos malhechores...En fin, engáñala bien para que se acuestedescuidada.—De camino, dile a otro alguacil que metraiga la cena... ¡Yo no me atrevo a parecer esta noche51-15delante de la señora, pues me conoce tanto, que escapaz de leer en mis pensamientos!—Encárgale a lacocinera que ponga unos pestiños de los que se hicieronhoy, y dile a Juanete que, sin que lo vea nadie, mealargue de la taberna medio cuartillo de vino blanco.—En51-20seguida te marchas al Lugar, donde puedes hallartemuy bien a las ocho y media...—¡A las ocho en punto estoy allí!—exclamóGarduña.—¡No me contradigas!—rugió el Corregidor, acordándose51-25otra vez de lo que era.Garduña saludó.—Hemos dicho (continuó aquél, humanizándose denuevo) que a las ocho en punto estás en el Lugar. DelLugar al molino habrá... Yo creo que habrá una media51-30legua...—Corta.—¡No me interrumpas!El Alguacil volvió a saludar.—Corta... (prosiguió el Corregidor). Por consiguiente,a las diez... ¿Crees tú que a las diez?...52-5—¡Antes de las diez! ¡A las nueve y media puedeUsía llamar descuidado a la puerta del molino!—¡Hombre! ¡No me digas a mí lo que tengo quehacer!...—Por supuesto que tú estarás...—Yo estaré en todas partes... Pero mi cuartel52-10general será la ramblilla.—¡Ah, se me olvidaba!...Vaya Usía a pie, y no lleve linterna...—¡Maldita la falta que me hacían tampoco esos consejos!¿Si creerás tú que es la primera vez que salgoa campaña?52-15—Perdone Usía...—¡Ah! Otra cosa. No llameUsía a la puerta grande que da a la plazoleta del emparrado,sino a la puertecilla que hay encima del caz...—¿Encima del caz hay otra puerta?—¡Mira tú unacosa que nunca se me hubiera ocurrido!52-20—Sí, señor. La puertecilla del caz da al mismísimodormitorio de los Molineros..., y el tío Lucas noentra ni sale nunca por ella. De forma que, aunquevolviese de pronto...—Comprendo, comprendo... ¡No me aturdas más52-25los oídos!—Por último: procure Usía escurrir el bulto antesdel amanecer.—Ahora amanece a las seis...—¡Mira otro consejo inútil!—A las cinco estaré devuelta en mi casa...—Pero bastante hemos hablado52-30ya... ¡Quítate de mi presencia!—Pues entonces, señor...¡buena suerte!—exclamóel Alguacil, alargando lateralmente una mano alCorregidor y mirando al techo al mismo tiempo.El Corregidor puso en aquella mano una peseta, yGarduña desapareció como por ensalmo.53-5—¡Por vida de!...(murmuró el viejo al cabo deun instante). Se me ha olvidado decirle a ese bachilleroque me trajesen también una baraja! ¡Con ellame hubiera entretenido hasta las nueve y media, viendosi me salía aquelsolitario!...53-10XVDESPEDIDA EN PROSASeríanlas nueve de aquella misma noche, cuando eltío Lucas y la señá Frasquita, terminadas todas lashaciendas del molino y de la casa, se cenaron unafuente de ensalada de escarola, una libreja de carneguisada con tomates, y algunas uvas de las que quedaban54-5en la consabida cesta; todo ello rociado con unpoco de vino y con grandes risotadas a costa del Corregidor:después de lo cual miráronse afablemente losdos esposos, como muy contentos de Dios y de sí mismos,y se dijeron, entre un par de bostezos que revelaban54-10toda la paz y tranquilidad de sus corazones:—Pues, señor, vamos a acostarnos, y mañana seráotro día.En aquel momento sonaron dos fuertes y ejecutivosgolpes aplicados a la puerta grande delmolino.54-15El marido y la mujer se miraron sobresaltados.Era la primera vez que oían llamar a su puerta asemejante hora.—Voy a ver...—dijo la intrépida navarra, encaminándosehacia la plazoletilla.54-20—¡Quita! ¡Eso me toca a mí! (exclamó el tíoLucas con tal dignidad, que la señá Frasquita le cedióel paso).—¡Te he dicho que no salgas!—añadió luegocon dureza, viendo que la obstinada Molinera queríaseguirle.54-25Ésta obedeció, y se quedó dentro de la casa.—¿Quién es?—preguntó el tío Lucas desde enmedio de la plazoleta.—¡La Justicia!—contestó una voz al otro lado delportón.55-5—¿Qué Justicia?—La del Lugar.—¡Abra V. al señor Alcalde!El tío Lucas había aplicado entretanto un ojo a ciertamirilla muy disimulada que tenía el portón, y reconocidoa la luz de la luna al rústico Alguacil delLugar55-10inmediato.—¡Dirás que le abra al borrachón del Alguacil!—repusoel Molinero, retirando la tranca.—¡Es lo mismo...(contestó el de afuera); puesque traigo una orden escrita de su Merced!—Tenga55-15V. muy buenas noches, tío Lucas...—agregó luegoentrando, con voz menos oficial, más baja y más gorda,como si ya fuera otro hombre.—¡Dios te guarde, Toñuelo! (respondió el murciano).—Veamosqué orden es esa...¡Y bien podía el55-20señor Juan López escoger otra hora más oportuna dedirigirse a los hombres de bien!—Por supuesto, que laculpa será tuya.—¡Como si lo viera, te has estadoemborrachando en las huertas del camino!—¿Quieresun trago?55-25—No, señor; no hay tiempo para nada. ¡Tiene V.que seguirme inmediatamente! Lea V. la orden.—¿Cómo seguirte? (exclamó el tío Lucas, penetrandoen el molino, después de tomar el papel).—¡Aver, Frasquita! ¡alumbra!55-30La señá Frasquita soltó una cosa que tenía en lamano, y descolgó el candil.El tío Lucas miró rápidamente el objeto que habíasoltado su mujer, y reconoció su bocacha, o sea unenorme trabuco que calzaba balas de a media libra.56-5El Molinero dirigió entonces a la navarra una miradallena de gratitud y ternura, y le dijo, tomándole la cara:—¡Cuánto vales!La señá Frasquita, pálida y serena como una estatuade mármol, levantó el candil, cogido con dos dedos, sin56-10que el más leve temblor agitase su pulso, y contestósecamente:—¡Vaya, lee!La orden decía así:«Para el mejor servicio de S. M. el Rey Nuestro56-15Señor (Q. D. G.), prevengo a Lucas Fernández, molinero,de estos vecinos, que tan luego como reciba lapresente orden, comparezca ante mi autoridad sin excusani pretexto alguno; advirtiéndole que, por serasunto reservado, no lo pondrá en conocimiento de56-20nadie: todo ello bajo las penas correspondientes, casode desobediencia.—El Alcalde:Juan López.»Y había una cruz en vez de rúbrica.—Oye, tú. ¿Y qué es esto? (le preguntó el tío Lucas56-25al Alguacil). ¿A qué viene esta orden?—No lo sé...(contestó el rústico; hombre de unostreinta años, cuyo rostro esquinado y avieso, propio deladrón o de asesino, daba muy triste idea de su sinceridad).Creo que se trata de averiguar algo de brujería,o de moneda falsa... Pero la cosa no va con V....Lo llaman como testigo o como perito.—En fin, yo nome he enterado bien del particular... El señor JuanLópez se lo explicará a V. con más pelos y señales.57-5—¡Corriente! (exclamó el Molinero). Dile que irémañana.—¡Ca! ¡no, señor!... Tiene V. que venirse ahoramismo, sin perder un minuto.—Tal es la orden que meha dado el señor Alcalde.57-10Hubo un instante de silencio.Los ojos de la señá Frasquita echaban llamas.El tío Lucas no separaba los suyos del suelo, como sibuscara alguna cosa.—Me concederás cuando menos (exclamó al fin,57-15levantando la cabeza) el tiempo preciso para ir a lacuadra y aparejar una burra...—¡Qué burra ni qué demontre! (replicó el Alguacil).¡Cualquiera se anda a pie media legua! La noche estámuy hermosa, y hace luna...57-20—Ya he visto que ha salido...—Pero yo tengo lospies muy hinchados...—Pues entonces no perdamos tiempo. Yo le ayudaréa V. a aparejar la bestia.—¡Hola! ¡Hola! ¿Temes que me escape?57-25—Yo no temo nada, tío Lucas...(respondió Toñuelocon la frialdad de un desalmado). Yo soy laJusticia.Y, hablando así,descansó armas; con lo que dejó verel retaco que llevaba debajo del capote.57-30—Pues mira, Toñuelo... (dijo la Molinera). Yaque vas a la cuadra... a ejercer tu verdadero oficio...,hazme el favor de aparejar también la otra burra.—¿Para qué?—interrogó el Molinero.—¡Para mí!—Yo voy con vosotros.58-5—¡No puede ser, señá Frasquita! (objetó el Alguacil).Tengo orden de llevarme a su marido de V. nadamás, y de impedir que V. lo siga.—En ello me van «eldestino y el pescuezo.»—Así me lo advirtió el señorJuan López.—Conque... vamos, tío Lucas...58-10Y se dirigió hacia la puerta.—¡Cosa más rara!—dijo a media voz el murcianosin moverse.—¡Muy rara!—contestó la señá Frasquita.—Esto es algo... que yo me sé...—continuó58-15murmurando el tío Lucas, de modo que no pudieseoírlo Toñuelo.—¿Quieres que vaya yo a la ciudad (cuchicheó lanavarra), y le dé aviso al Corregidor de lo que nossucede?...58-20—¡No! (respondió en alta voz el tío Lucas). ¡Esono!—¿Pues qué quieres que haga?—dijo la Molineracon gran ímpetu.—Que me mires...—respondió el antiguo soldado.58-25Los dos esposos se miraron en silencio, y quedarontan satisfechos ambos de la tranquilidad, la resolucióny la energía que se comunicaron sus almas, que acabaronpor encogerse de hombros y reírse.Después de esto, el tío Lucas encendió otro candil y58-30se dirigió a la cuadra, diciendo al paso a Toñuelo consocarronería:—¡Vaya, hombre! ¡Ven y ayúdame... supuestoque eres tan amable!Toñuelo lo siguió, canturriando una copla entre59-5dientes.Pocos minutos después, el tío Lucas salía del molino,caballero en una hermosa jumenta y seguido delAlguacil.La despedida de los esposos se había reducido a lo59-10siguiente:—Cierra bien...—dijo el tío Lucas.—Embózate, que hace fresco...—dijo la señáFrasquita, cerrando con llave, tranca y cerrojo.Y no hubo más adiós, ni más beso, ni más abrazo, ni59-15más mirada.¿Para qué?XVIUN AVE DE MAL AGÜEROSigamospor nuestra parte al tío Lucas.Ya habían andado un cuarto de legua sin hablar palabra,el Molinero subido en la borrica, y el Alguacilarreándola con su bastón de autoridad, cuando divisarondelante de sí, en lo alto de un repecho que hacía el60-5camino, la sombra de un enorme pajarraco que se dirigíahacia ellos.Aquella sombra se destacó enérgicamente sobre elcielo, esclarecido por la luna, dibujándose en él contanta precisión, que el Molinero exclamó en el acto:60-10—Toñuelo, ¡aquel es Garduña, con su sombrero detres picos y sus patas de alambre!Mas, antes de que contestara el interpelado, la sombra,deseosa sin duda de eludir aquel encuentro, habíadejado el camino y echado a correr a campo travieso60-15con la velocidad de una verdadera garduña.—No veo a nadie...—respondió entonces Toñuelocon la mayor naturalidad.—Ni yo tampoco,—replicó el tío Lucas, comiéndosela partida.60-20Y la sospecha que ya se le ocurrió en el molino principióa adquirir cuerpo y consistencia en el espíritu recelosodel jorobado.—Este viaje mío (díjose interiormente) es una estratagemaamorosa del Corregidor. La declaración quele oí esta tarde desde lo alto del emparrado me demuestraque el vejete madrileño no puede esperar más.Indudablemente, esta noche va a volver de visita almolino, y por eso ha principiado quitándome de en61-5medio... Pero ¿qué importa? ¡Frasquita es Frasquita...,y no abrirá la puerta aunque le peguen fuegoa la casa!... Digo más: aunque la abriese; aunque elCorregidor lograse, por medio de cualquier ardid, sorprendera mi excelente navarra, el pícaro viejo saldría61-10con las manos en la cabeza. ¡Frasquita es Frasquita!—Sinembargo (añadió al cabo de un momento),¡bueno será volverme esta noche a casa lo más tempranoque pueda!Llegaron con esto al Lugar el tío Lucas y el Alguacil,61-15y dirigiéronse a casa del señor Alcalde.XVIIUN ALCALDE DE MONTERILLAElSr. Juan López, que como particular y comoAlcalde era la tiranía, la ferocidad y el orgullo personificados(cuando trataba con sus inferiores), dignábase,sin embargo, a aquellas horas, después de despacharlos asuntos oficiales y los de su labranza y de pegarle a62-5su mujer la cotidiana paliza, beberse un cántaro de vinoen compañía del secretario y del sacristán, operaciónque iba más de mediada aquella noche, cuando el Molinerocompareció en su presencia.—¡Hola, tío Lucas! (le dijo, rascándose la cabeza62-10para excitar en ella la vena de los embustes). ¿Cómova de salud?—¡A ver, Secretario; échele V. un vasode vino al tío Lucas!—¿Y la señá Frasquita? ¿Seconserva tan guapa? ¡Ya hace mucho tiempo que nola he visto!—Pero, hombre..., ¡qué bien sale ahora62-15la molienda! ¡El pan de centeno parece de trigo candeal!—Conque...,vaya... Siéntese V., y descanse;que, gracias a Dios, no tenemos prisa.—¡Por mi parte, maldita aquella!—contestó el tíoLucas, que hasta entonces no había despegado los62-20labios, pero cuyas sospechas eran cada vez mayores alver el amistoso recibimiento que se le hacía, después deuna orden tan terrible y apremiante.—Pues entonces, tío Lucas (continuó el Alcalde),supuesto que no tiene V. gran prisa, dormirá V. acá62-25esta noche, y mañana temprano despacharemos nuestroasuntillo...—Me parece bien... (respondió el tío Lucas conuna ironía y un disimulo que nada tenían que envidiara la diplomacia del Sr. Juan López).—Supuesto que la63-5cosa no es urgente..., pasaré la noche fuera de mi casa.—Ni urgente, ni de peligro para V. (añadió elAlcalde, engañado por aquel a quien creía engañar).Puede V. estar completamente tranquilo.—Oye tú,Toñuelo... Alarga esa media-fanega, para que se63-10siente el tío Lucas.—Entonces... ¡venga otro trago!—exclamó elMolinero, sentándose.—¡Venga de ahí!—repuso el Alcalde, alargándoleel vaso lleno.63-15—Está en buena mano... Médielo V.—¡Pues, por su salud!—dijo el señor Juan López,bebiéndose la mitad del vino.—Por la de V..., señor Alcalde,—replicó el tíoLucas, apurando la otra mitad.63-20—¡A ver, Manuela! (gritó entonces el Alcalde demonterilla). Dile a tu ama que el tío Lucas se quedaa dormir aquí. Que le ponga una cabecera en elgranero...—¡Ca! no... ¡De ningún modo! Yo duermo en63-25el pajar como un rey.—Mire V. que tenemos cabeceras...—¡Ya lo creo! Pero ¿a qué quiere V. incomodara la familia? Yo traigo mi capote...—Pues, señor, como V. guste.—¡Manuela! dile a63-30tu ama que no la ponga...—Lo que sí va V. a permitirme (continuó el tío Lucas,bostezando de un modo atroz) es que me acueste enseguida. Anoche he tenido mucha molienda, y no hepegado todavía los ojos...—¡Concedido! (respondió majestuosamente el Alcalde).—Puede64-5V. recogerse cuando quiera.—Creo que también es hora de que nos recojamosnosotros (dijo el Sacristán, asomándose al cántaro devino para graduar lo que quedaba). Ya deben de serlas diez... o poco menos.64-10—Las diez menos cuartillo...—notificó el Secretario,después de repartir en los vasos el resto del vinocorrespondiente a aquella noche.—¡Pues a dormir, caballeros!—exclamó el anfitrión,apurando su parte.64-15—Hasta mañana, señores,—añadió el Molinero,bebiéndose la suya.—Espere V. que le alumbren...—¡Toñuelo!Lleva al tío Lucas al pajar.—¡Por aquí, tío Lucas!...—dijo Toñuelo, llevándose64-20también el cántaro, por si le quedaban algunas gotas.—Hasta mañana, si Dios quiere,—agregó el Sacristán,después de escurrir todos los vasos.Y se marchó, tambaleándose y cantando alegrementeelDe profundis.64-25. . . . . . . . . . .—Pues, señor... (díjole el Alcalde al Secretariocuando se quedaron solos). El tío Lucas no ha sospechadonada. Nos podemos acostar descansadamente,y... ¡buena pro le haga al Corregidor!XVIIIDONDE SE VERÁ QUE EL TÍO LUCAS TENÍA EL SUEÑO MUY LIGEROCincominutos después, un hombre se descolgaba porla ventana del pajar del señor Alcalde; ventana quedaba a un corralón y que no distaría cuatro varas delsuelo.En el corralón había un cobertizo sobre una gran65-5pesebrera, a la cual hallábanse atadas seis ú ocho caballeríasde diversa alcurnia, bien que todas ellas del sexodébil.—Los caballos, mulos y burros del sexo fuerteformaban rancho aparte en otro local contiguo.El hombre desató una borrica, que por cierto estaba65-10aparejada, y se encaminó, llevándola del diestro, haciala puerta del corral; retiró la tranca y desechó el cerrojoque la aseguraban; abriola con mucho tiento, yse encontró en medio del campo.Una vez allí, montó en la borrica, metiole los talones,65-15y salió como una flecha con dirección a la Ciudad;—masno por el carril ordinario, sino atravesando siembrasy cañadas, como quien se precave contra algúnmal encuentro.Era el tío Lucas, que se dirigía a su molino.65-20XIXVOCES CLAMANTES IN DESERTO¡Alcaldesa mí, que soy de Archena! (iba diciéndoseel murciano). ¡Mañana por la mañana pasaré a veral señor Obispo, como medida preventiva, y le contarétodo lo que me ha ocurrido esta noche!—¡Llamarmecon tanta prisa y reserva, a hora tan desusada; decirme66-5que venga solo; hablarme del servicio del rey, y demoneda falsa, y de brujas, y de duendes, para echarmeluego dos vasos de vino y mandarme a dormir!... ¡Lacosa no puede ser más clara! Garduña trajo al Lugaresas instrucciones de parte del Corregidor, y esta es la66-10hora en que el Corregidor estará ya en campaña contrami mujer... ¡Quién sabe si me lo encontraré llamandoa la puerta del molino! ¡Quién sabe si me loencontraré ya dentro!...—¡Quién sabe!...—Pero¿qué voy a decir? ¡Dudar de mi navarra!... ¡Oh,66-15esto es ofender a Dios! ¡Imposible que ella!...¡Imposible que mi Frasquita!... ¡Imposible!...—Mas¿qué estoy diciendo? ¿Acaso hay algo imposibleen el mundo? ¿No se casó conmigo, siendo ella tanhermosa y yo tan feo?66-20Y, al hacer esta última reflexión, el pobre jorobadose echó a llorar...Entonces paró la burra para serenarse; se enjugó laslágrimas: suspiró hondamente; sacó los avíos de fumar;picó y lió un cigarro de tabaco negro; empuñóluego pedernal, yesca y eslabón, y, al cabo de algunosgolpes, consiguió encender candela.En aquel mismo momento sintió rumor de pasos haciael camino,—que distaría de allí unas trescientas varas.67-5—¡Qué imprudente soy! (dijo). ¡Si me andará yabuscando la Justicia, y yo me habré vendido al echarestas yescas!Escondió, pues, la lumbre, y se apeó, ocultándosedetrás de la borrica.67-10Pero la borrica entendió las cosas de diferente modo,y lanzó un rebuzno de satisfacción.—¡Maldita seas!—exclamó el tío Lucas, tratandode cerrarle la boca con las manos.Al propio tiempo resonó otro rebuzno en el camino,67-15por vía de galante respuesta.—¡Estamos aviados! (prosiguió pensando el molinero).¡Bien dice el refrán: el mayor mal de los maleses tratar con animales!Y, así discurriendo, volvió a montar, arreó la bestia67-20y salió disparado en dirección contraria al sitio enque había sonado el segundo rebuzno.Y lo más particular fue que la persona que iba en eljumento interlocutor, debió de asustarse del tío Lucastanto como el tío Lucas se había asustado de ella. Lo67-25digo, porque apartose también del camino, recelandosin duda que fuese un alguacil o un malhechor pagadopor D. Eugenio, y salió a escape por los sembrados dela otra banda.El murciano, entretanto, continuó cavilando de este67-30modo:—¡Qué noche! ¡Qué mundo! ¡Qué vida la míadesde hace una hora! ¡Alguaciles metidos a alcahuetes;alcaldes que conspiran contra mi honra; burros querebuznan cuando no es menester; y aquí, en mi pecho,un miserable corazón que se ha atrevido a dudar de la68-5mujer más noble que Dios ha criado!—¡Oh! ¡Diosmío, Dios mío! ¡Haz que llegue pronto a mi casa yque encuentre allí a mi Frasquita!Siguió caminando el tío Lucas, atravesando siembrasy matorrales, hasta que al fin, a eso de las once de la68-10noche, llegó sin novedad a la puerta grande delmolino...¡Condenación! ¡La puerta del molino estaba abierta!XXLA DUDA Y LA REALIDADEstabaabierta... ¡y él, al marcharse, había oído asu mujer cerrarla con llave, tranca y cerrojo!Por consiguiente, nadie más que su propia mujerhabía podido abrirla.Pero ¿cómo? ¿cuándo? ¿por qué?—¿De resultas69-5de un engaño? ¿A consecuencia de una orden?—¿Obien deliberada y voluntariamente, en virtud de previoacuerdo con el Corregidor?¿Qué iba a ver? ¿Qué iba a saber? ¿Qué leaguardaba dentro de su casa?—¿Se habría fugado la69-10señá Frasquita? ¿Se la habrían robado? ¿Estaríamuerta?—¿O estaría en brazos de su rival?—El Corregidor contaba con que yo no podría veniren toda la noche... (se dijo lúgubremente el tío Lucas).El Alcalde del Lugar tendría orden hasta de encadenarme,69-15antes que permitirme volver...—¿Sabía todoesto Frasquita? ¿Estaba en el complot?—¿O ha sidovíctima de un engaño, de una violencia, de una infamia?No empleó más tiempo el sin ventura en hacer todasestas crueles reflexiones que el que tardó en atravesar69-20la plazoletilla del emparrado.También estaba abierta la puerta de la casa, cuyoprimer aposento (como en todas las viviendas rústicas)era la cocina...Dentro de la cocina no había nadie.Sin embargo, una enorme fogata ardía en la chimenea...;¡chimenea que él dejó apagada, y que no seencendía nunca hasta muy entrado el mes de Diciembre!Por último, de uno de los ganchos de la espetera70-5pendía un candil encendido...¿Qué significaba todo aquello? ¿Y cómo se compadecíasemejante aparato de vigilia y de sociedad conel silencio de muerte que reinaba en la casa?¿Qué había sido de su mujer?70-10Entonces, y sólo entonces, reparó el tío Lucas en unasropas que había colgadas en los espaldares de dos otres sillas puestas alrededor de la chimenea...Fijó la vista en aquellas ropas, y lanzó un rugido tanintenso, que se le quedó atravesado en la garganta,70-15convertido en sollozo mudo y sofocante.Creyó el infortunado que se ahogaba, y se llevó lasmanos al cuello, mientras que, lívido, convulso, con losojos desencajados, contemplaba aquella vestimenta,poseído de tanto horror como el reo en capilla a quien70-20le presentan la hopa.Porque lo que allí veía era la capa de grana, el sombrerode tres picos, la casaca y la chupa de color detórtola, el calzón de seda negra, las medias blancas,los zapatos con hebilla y hasta el bastón, el espadín y70-25los guantes del execrable Corregidor... ¡Lo que allíveía era la hopa de su ignominia, la mortaja de suhonra, el sudario de su ventura!El terrible trabuco seguía en el mismo rincón en quedos horas antes lo dejó la navarra...70-30El tío Lucas dio un salto de tigre, y se apoderó de él.—Sondeóel cañón con la baqueta, y vio que estabacargado. Miró la piedra, y halló que estaba en su lugar.Volviose entonces hacia la escalera que conducía a lacámara en que había dormido tantos años con la señá71-5Frasquita, y murmuró sordamente:—¡Allí están!Avanzó, pues, un paso en aquella dirección; pero enseguida se detuvo para mirar en torno de sí y ver sialguien lo estaba observando...71-10—¡Nadie! (dijo mentalmente). ¡Sólo Dios..., yEse... ha querido esto!Confirmada así la sentencia, fue a dar otro paso,cuando su errante mirada distinguió un pliego que habíasobre la mesa...71-15Verlo, y haber caído sobre él, y tenerlo entre susgarras, fue todo cosa de un segundo.¡Aquel papel era el nombramiento del sobrino de laseñá Frasquita, firmado por D. Eugenio de Zúñiga yPonce de León!71-20—¡Este ha sido el precio de la venta! (pensó el tíoLucas, metiéndose el papel en la boca para sofocar susgritos y dar alimento a su rabia). ¡Siempre recelé quequisiera a su familia más que a mí!—¡Ah! ¡No hemostenido hijos!... ¡He aquí la causa de todo!71-25Y el infortunado estuvo a punto de volver a llorar.Pero luego se enfureció nuevamente, y dijo con unademán terrible, ya que no con la voz:—¡Arriba! ¡Arriba!Y empezó a subir la escalera, andando a gatas con71-30una mano, llevando el trabuco en la otra, y con el papelinfame entre los dientes.En corroboración de sus lógicas sospechas, al llegara la puerta del dormitorio (que estaba cerrada), vio quesalían algunos rayos de luz por las junturas de las72-5tablas y por el ojo de la llave.—¡Aquí están!—volvió a decir.Y se paró un instante, como para pasar aquel nuevotrago de amargura.Luego continuó subiendo... hasta llegar a la puerta72-10misma del dormitorio.Dentro de él no se oía ningún ruido.—¡Si no hubiera nadie!—le dijo tímidamente laesperanza.Pero en aquel mismo instante el infeliz oyó toser72-15dentro del cuarto...¡Era la tos medio asmática del Corregidor!¡No cabía duda! ¡No había tabla de salvación enaquel naufragio!El Molinero sonrió en las tinieblas de un modo horroroso.—¿Cómo72-20no brillan en la obscuridad semejantesrelámpagos? ¿Qué es todo el fuego de las tormentascomparado con el que arde a veces en el corazón delhombre?Sin embargo, el tío Lucas (tal era su alma, como ya72-25dijimos en otro lugar) principió a tranquilizarse, no bienoyó la tos de su enemigo...La realidad le hacía menos daño que la duda.—Segúnle anunció él mismo aquella tarde a la señá Frasquita,desde el punto y hora en que perdía la única fe72-30que era vida de su alma, empezaba a convertirse en unhombre nuevo.Semejante al moro de Venecia (con quien ya lo comparamosal describir su carácter), el desengaño matabaen él de un solo golpe todo el amor, transfigurando de73-5paso la índole de su espíritu y haciéndole ver el mundocomo una región extraña a que acabara de llegar. Laúnica diferencia consistía en que el tío Lucas era poridiosincrasia menos trágico, menos austero y más egoístaque el insensato sacrificador de Desdémona.73-10¡Cosa rara, pero propia de tales situaciones! Laduda, o sea la esperanza (que para el caso es lo mismo),volvió todavía a mortificarle un momento...—¡Si me hubiera equivocado! (pensó). ¡Si la toshubiese sido de Frasquita!...73-15En la tribulación de su infortunio, olvidábasele quehabía visto las ropas del Corregidor cerca de la chimenea;que había encontrado abierta la puerta del molino;que había leído la credencial de su infamia...Agachose, pues, y miró por el ojo de la llave, temblando73-20de incertidumbre y de zozobra.El rayo visual no alcanzaba a descubrir más que unpequeño triángulo de cama, por la parte del cabecero...¡Pero precisamente en aquel pequeño triángulo se veíaun extremo de las almohadas, y sobre las almohadas la73-25cabeza del Corregidor!Otra risa diabólica contrajo el rostro del Molinero.Dijérase que volvía a ser feliz...—¡Soy dueño de la verdad!... ¡Meditemos!—murmuró,irguiéndose tranquilamente.73-30Y volvió a bajar la escalera con el mismo tiento queempleó para subirla...—El asunto es delicado... Necesito reflexionar.Tengo tiempo de sobra paratodo...—iba pensandomientras bajaba.74-5Llegado que hubo a la cocina, sentose en medio deella, y ocultó la frente entre las manos.Así permaneció mucho tiempo, hasta que lo despertóde su meditación un leve golpe que sintió en un pie...Era el trabuco que se había deslizado de sus rodillas,74-10y que le hacía aquella especie de seña...—¡No¡ ¡Te digo que no! (murmuró el tío Lucas,encarándose con el arma).—¡No me convienes! Todoel mundo tendría lástima deellos..., ¡y a mí me ahorcarían!¡Se trata de un Corregidor..., y matar a un74-15Corregidor es todavía en España cosa indisculpable!Dirían que lo maté por infundados celos, y que luegolo desnudé y lo metí en mi cama... Dirían, además,que maté a mi mujer por simples sospechas... ¡Y meahorcarían! ¡Vaya si me ahorcarían!—Además, yo74-20habría dado muestras de tener muy poca alma, muypoco talento, si al remate de mi vida fuera digno decompasión! ¡Todos se reirían de mí! ¡Dirían quemi desventura era muy natural, siendo yo jorobado yFrasquita tan hermosa!—¡Nada! ¡no! Lo que yo74-25necesito es vengarme, y, después de vengarme, triunfar,despreciar, reír, reírme mucho, reírme de todos...,evitando por tal medio que nadie pueda burlarse nuncade esta jiba que yo he llegado a hacer hasta envidiable,y que tan grotesca sería en una horca!74-30Así discurrió el tío Lucas, tal vez sin darse cuenta deello puntualmente, y, en virtud de semejante discurso,colocó el arma en su sitio, y principió a pasearse con losbrazos atrás y la cabeza baja, como buscando su venganzaen el suelo, en la tierra, en las ruindades de la75-5vida, en alguna bufonada ignominiosa y ridícula parasu mujer y para el Corregidor, lejos de buscar aquellamisma venganza en la justicia, en el desafío, en el perdón,en el cielo..., como hubiera hecho en su lugarcualquier otro hombre de condición menos rebelde que75-10la suya a toda imposición de la naturaleza, de la sociedado de sus propios sentimientos.De repente, paráronse sus ojos en la vestimenta delCorregidor...Luego se paró él mismo...75-15Después fue demostrando poco a poco en su semblanteuna alegría, un gozo, un triunfo indefinibles...;hasta que, por último, se echó a reír de una maneraformidable..., esto es, a grandes carcajadas, pero sinhacer ningún ruido (a fin de que no lo oyesen desde75-20arriba), metiéndose los puños por los ijares para no reventar,estremeciéndose todo como un epiléptico, yteniendo que concluir por dejarse caer en una sillahasta que le pasó aquella convulsión de sarcásticoregocijo.—Era la propia risa de Mefistófeles.75-25No bien se sosegó, principió a desnudarse con unaceleridad febril; colocó toda su ropa en las mismas sillasque ocupaba la del Corregidor; púsose cuantas prendaspertenecían a éste, desde los zapatos de hebilla hastael sombrero de tres picos; ciñose el espadín; embozose75-30en la capa de grana; cogió el bastón y los guantes, ysalió del molino y se encaminó a la Ciudad, balanceándosede la propia manera que solía D. Eugenio deZúñiga, y diciéndose de vez en cuando esta frase, quecompendiaba su pensamiento:76-5¡También la Corregidora es guapa!XXI¡EN GUARDIA, CABALLERO!Abandonemospor ahora al tío Lucas, y enterémonosde lo que había ocurrido en el molino desde que dejamosallí sola a la señá Frasquita hasta que su esposovolvió a él y se encontró con tan estupendas novedades.Una hora habría pasado después que el tío Lucas se77-5marchó con Toñuelo, cuando la afligida navarra, que sehabía propuesto no acostarse hasta que regresara sumarido, y que estaba haciendo calceta en su dormitorio,situado en el piso de arriba, oyó lastimeros gritos fuerade la casa, hacia el paraje, allí muy próximo, por donde77-10corría el agua del caz.—¡Socorro, que me ahogo! ¡Frasquita! ¡Frasquita!...—exclamabauna voz de hombre, con ellúgubre acento de la desesperación.—¿Si será Lucas?—pensó la navarra, llena de un77-15terror que no necesitamos describir.En el mismo dormitorio había una puertecilla, de queya nos habló Garduña, y que daba efectivamente sobrela parte alta del caz.—Abriola sin vacilación la señáFrasquita, por más que no hubiera reconocido la voz77-20que pedía auxilio, y encontrose de manos a boca con elCorregidor, que en aquel momento salía todo chorreandode la impetuosísima acequia...—¡Dios me perdone! ¡Dios me perdone! (balbuceabael infame viejo).—¡Creí que me ahogaba!77-25—¡Cómo! ¿Es V.? ¿Qué significa? ¿Cómo seatreve? ¿A qué viene V. a estas horas?...—gritóla Molinera con más indignación que espanto, peroretrocediendo maquinalmente.—¡Calla! ¡Calla, mujer! (tartamudeó el Corregidor,78-5colándose en el aposento detrás de ella). Yo te lo dirétodo... ¡He estado para ahogarme! ¡El agua me llevabaya como a una pluma!—¡Mira, mira cómo me hepuesto!—¡Fuera, fuera de aquí! (replicó la señá Frasquita78-10con mayor violencia). ¡No tiene V. nada que explicarme!...¡Demasiado lo comprendo todo! ¿Qué meimporta a mí que V. se ahogue? ¿Lo he llamado yo aV.?—¡Ah! ¡Qué infamia! ¡Para esto ha mandadoV. prender a mi marido!78-15—Mujer, escucha...—¡No escucho! ¡Márchese V. inmediatamente,señor Corregidor!... ¡Márchese V., o no respondo desu vida!...—¿Qué dices?78-20—¡Lo que V. oye!—Mi marido no está en casa;pero yo me basto para hacerla respetar. ¡MárcheseV. por donde ha venido, si no quiere que yo le arrojeotra vez al agua con mis propias manos!—¡Chica, chica! ¡no grites tanto, que no soy sordo!...78-25(exclamó el viejo libertino). ¡Cuando yo estoyaquí, por algo será!... Vengo a libertar al tío Lucas,a quien ha preso por equivocación un alcalde de monterilla...—Pero,ante todo, necesito que me sequesestas ropas... ¡Estoy calado hasta los huesos!78-30—¡Le digo a V. que se marche!—¡Calla, tonta!... ¿Qué sabes tú?—Mira...aquí te traigo el nombramiento de tu sobrino...—Enciendela lumbre, y hablaremos...—Por lo demás,mientras se seca la ropa, yo me acostaré en esta cama...79-5—¡Ah, ya! ¿Conque declara V. que venía por mí?¿Conque declara V. que para eso ha mandado arrestara mi Lucas? ¿Conque traía V. su nombramiento ytodo?—¡Santos y Santas del cielo! ¿Qué se habráfigurado de mí este mamarracho?79-10—¡Frasquita! ¡soy el Corregidor!—¡Aunque fuera V. el Rey! A mí, ¿qué?—¡Yosoy la mujer de mi marido, y el ama de mi casa!—¿CreeV. que yo me asusto de los Corregidores? ¡Yosé ir a Madrid, y al fin del mundo, a pedir justicia contra79-15el viejo insolente que así arrastra su autoridad porlos suelos! Y, sobre todo, yo sabré mañana ponermela mantilla, e ir a ver a la señora Corregidora...—¡No harás nada de eso! (repuso el Corregidor,perdiendo la paciencia, o mudando de táctica). No79-20harás nada de eso; porque yo te pegaré un tiro, si veoque no entiendes de razones...—¡Un tiro!—exclamó la señá Frasquita con vozsorda.—Un tiro, sí... Y de ello no me resultará perjuicio79-25alguno. Casualmente he dejado dicho en la ciudad quesalía esta noche a caza de criminales...—¡Conqueno seas necia... y quiéreme... como yo te adoro!—Señor Corregidor; ¿un tiro?—volvió a decir lanavarra, echando los brazos atrás y el cuerpo hacia79-30adelante, como para lanzarse sobre su adversario.—Si te empeñas, te lo pegaré, y así me veré libre detus amenazas y de tu hermosura...—respondió elCorregidor, lleno de miedo y sacando un par decachorrillos.—¿Conque pistolas también? ¡Y en la otra faltriquera80-5el nombramiento de mi sobrino! (dijo la señáFrasquita, moviendo la cabeza de arriba abajo).—Pues,señor, la elección no es dudosa.—Espere Usíaun momento; que voy a encender la lumbre.Y, así hablando, se dirigió rápidamente a la escalera,80-10y la bajó en tres brincos.El Corregidor cogió la luz, y salió detrás de la Molinera,temiendo que se escapara; pero tuvo que bajarmucho más despacio, de cuyas resultas, cuando llegó ala cocina, tropezó con la navarra, que volvía ya en su80-15busca.—¿Conque decía V. que me iba a pegar un tiro?(exclamó aquella indomable mujer dando un paso atrás).—Pues,¡en guardia, caballero; que yo ya lo estoy!Dijo, y se echó a la cara el formidable trabuco que80-20tanto papel representa en esta historia.—¡Detente, desgraciada! ¿Qué vas a hacer? (gritóel Corregidor, muerto de susto). Lo de mi tiro era unabroma... Mira... Los cachorrillos están descargados.—Encambio, es verdad lo del nombramiento...—Aquí80-25lo tienes... Tómalo... Te lo regalo... Tuyoes... de balde, enteramente de balde...Y lo colocó temblando sobre la mesa.—¡Ahí está bien! (repuso la navarra). Mañana meservirá para encender la lumbre, cuando le guise el80-30almuerzo a mi marido.—¡De V. no quiero ya ni lagloria; y, si mi sobrino viniese alguna vez de Estella,sería para pisotearle a V. la fea mano con que ha escritosu nombre en ese papel indecente!—¡Ea, lo dicho!¡Márchese V. de mi casa!—¡Aire! ¡aire! ¡pronto!...81-5¡que ya se me sube la pólvora a la cabeza!El Corregidor no contestó a este discurso. Habíasepuesto lívido, casi azul; tenía los ojos torcidos, y untemblor como de terciana agitaba todo su cuerpo. Porúltimo, principió a castañetear los dientes, y cayó al81-10suelo, presa de una convulsión espantosa.El susto del caz, lo muy mojadas que seguían todassus ropas, la violenta escena del dormitorio, y el miedoal trabuco con que le apuntaba la navarra, habían agotadolas fuerzas del enfermizo anciano.81-15—¡Me muero! (balbuceó).—¡Llama a Garduña!...Llama a Garduña, que estará ahí... en la ramblilla...—¡Yono debo morirme en esta casa!...No pudo continuar. Cerró los ojos, y se quedó comomuerto.81-20—¡Y se morirá como lo dice! (prorrumpió la señáFrasquita).—Pues, señor, ¡esta es la más negra! ¿Quéhago yo ahora con este hombre en mi casa? ¿Quédirían de mí, si se muriese? ¿Qué diría Lucas?...¿Cómo podría justificarme, cuando yo misma le he81-25abierto la puerta?—¡Oh! no... Yo no debo quedarmeaquí con él. ¡Yo debo buscar a mi marido; yo deboescandalizar el mundo antes de comprometer mi honra!Tomada esta resolución, soltó el trabuco, fuese alcorral, cogió la burra que quedaba en él, la aparejó de81-30cualquier modo, abrió la puerta grande de la cerca,montó de un salto, a pesar de sus carnes, y se dirigió ala ramblilla.—¡Garduña! ¡Garduña!—iba gritando la navarra,conforme se acercaba a aquel sitio.82-5—¡Presente! (respondió al cabo el Alguacil, apareciendodetrás de un seto).—¿Es V., señá Frasquita?—Sí, soy yo.—¡Ve al molino, y socorre a tu amo,que se está muriendo!...—¿Qué dice V.?—¡Vaya un maula!82-10—Lo que oyes, Garduña...—¿Y V., alma mía? ¿Adónde va a estas horas?—¿Yo?...—¡Quita allá, badulaque!—Yo voy...¡a la Ciudad por un médico!—contestó la señá Frasquita,arreando la burra con un talonazo y a Garduña con un82-15puntapié.Y tomó..., no el camino de la Ciudad, como acababade decir, sino el del Lugar inmediato.Garduña no reparó en esta última circunstancia;pues iba ya dando zancajadas hacia el molino y discurriendo82-20al par de esta manera:—¡Va por un médico!... ¡La infeliz no puedehacer más!—¡Pero él es un pobre hombre!—¡Famosaocasión de ponerse malo!... ¡Dios le da confites aquien no puede roerlos!82-25XXIIGARDUÑA SE MULTIPLICACuandoGarduña llegó al molino, el Corregidor principiabaa volver en sí, procurando levantarse del suelo.En el suelo también, y a su lado, estaba el velón encendidoque bajó Su Señoría del dormitorio.—¿Se ha marchado ya?—fue la primera frase de83-5D. Eugenio.—¿Quién?—¡El demonio!... Quiero decir, la Molinera....—Sí, señor... Ya se ha marchado..., y no creoque iba de muy buen humor...83-10—¡Ay, Garduña! Me estoy muriendo....—Pero ¿qué tiene Usía?—¡Por vida de loshombres!...Me he caído en el caz, y estoy hecho una sopa....¡Los huesos se me parten de frío!83-15—¡Toma, toma! ¡ahora salimos con eso!—¡Garduña!... ¡ve lo que te dices!...—Yo no digo nada, señor....—Pues bien: sácame de este apuro....—Voy volando.... ¡Verá Usía qué pronto lo arreglo83-20todo!Así dijo el Alguacil, y, en un periquete, cogió la luzcon una mano, y con la otra se metió al Corregidordebajo del brazo; subiolo al dormitorio; púsolo encueros; acostolo en la cama; corrió al jaraiz; reunióun brazado de leña; fue a la cocina; hizo una granlumbre; bajó todas las ropas de su amo; colocolas enlos espaldares de dos o tres sillas; encendió un candil;lo colgó de la espetera, y tornó a subir a la cámara.84-5—¿Qué tal vamos?—preguntole entonces a D.Eugenio, levantando en alto el velón para verle mejorel rostro.—¡Admirablemente! ¡Conozco que voy a sudar!—¡Mañanate ahorco, Garduña!84-10—¿Por qué, señor?—¿Y te atreves a preguntármelo? ¿Crees tú que, alseguir el plan que me trazaste, esperaba yo acostarmesolo en esta cama, después de recibir por segunda vezel sacramento del bautismo?—¡Mañana mismo te84-15ahorco!—Pero cuénteme Usía algo...—¿La señáFrasquita?...—La señá Frasquita ha querido asesinarme. ¡Estodo lo que he logrado con tus consejos!—Te digo84-20que te ahorco mañana por la mañana.
Le dijo el grajo al cuervo.
Hora y media después todos los ilustres compañerosde merienda estaban de vuelta en laciudad. El señor obispo y su familia habíanllegado con bastante anticipación, gracias al coche,45-5y hallábanse ya en palacio, donde los dejaremosrezando sus devociones.
El insigne abogado, que era muy seco, y losdos canónigos, a cual más grueso y respetable,acompañaron al Corregidor hasta la puerta del45-10ayuntamiento, donde su señoría dijo tener quetrabajar, y tomaron luego el camino de sus respectivascasas, guiándose por las estrellas comolos navegantes, o sorteando a tientas las esquinascomo los ciegos: pues ya había cerrado la45-15noche; aun no había salido la luna, y el alumbradopúblico, lo mismo que las demás luces deeste siglo, todavía estaba allí en la mente divina.
En cambio, no era raro ver discurrir poralgunas calles tal o cual linterna o farolillo con45-20que respetuoso servidor alumbraba a sus magníficosamos, quienes se dirigían a la habitualtertulia o de visita a casa de sus parientes...
Cerca de casi todas las rejas bajas se veía, ose olfateaba, por mejor decir, un silencioso bulto45-25negro. Eran galanes que al sentir pasos, habíandejado por un momento de pelar la pava...
—¡Somos unos calaveras!—iban diciéndose elabogado y los dos canónigos.—¿Qué pensaránen nuestras casas al vernos llegar a estas horas?46-5
—Pues ¿qué dirán los que nos encuentren enla calle, de este modo, a las siete y pico de lanoche, como unos bandoleros amparados de lastinieblas?
—Hay que mejorar de conducta...46-10
—¡Ah, sí... pero ese dichoso molino!...
—Mi mujer lo tiene sentado en la boca delestómago...—dijo el académico, con un tono enque se traslucía mucho miedo a próxima peloteraconyugal.46-15
—Pues ¿y mi sobrina?—exclamó uno de loscanónigos, que por cierto era penitenciario.—Misobrina dice que los sacerdotes no deben visitarcomadres...
Y sin embargo, interrumpió su compañero,46-20que era magistral, lo que allí pasa no puede sermás inocente...
—¡Toma! Como que va el mismísimo señorobispo!
—Y luego, señores, ¡a nuestra edad!... repuso46-25el penitenciario. Yo he cumplido ayer lossetenta y cinco.
—¡Es claro!—replicó el magistral.—Pero hablemosde otra cosa: ¡qué guapa estaba esta tardela señá Frasquita!46-30
—¡Oh, lo que es eso... como guapa, es guapa!—dijoel abogado, afectando imparcialidad.
—Muy guapa... repitió el penitenciario dentrodel embozo.
—Y si no,—añadió el predicador de oficio,—que46-35se lo pregunten al Corregidor...
—¡El pobre hombre está enamorado de ella!...
—¡Ya lo creo!—exclamó el Confesor de la catedral.
—¡De seguro! (agregó el Académico... correspondiente).—Conque,señores, yo tomo por aquí parallegar antes a casa... ¡Muy buenas noches!47-5
—Buenas noches...—le contestaron los Capitulares.
Y anduvieron algunos pasos en silencio.
—¡También le gusta a ese la Molinera!—murmuróentonces el Magistral, dándole con el codo alPenitenciario.47-10
—¡Como si lo viera! (respondió éste, parándose ala puerta de su casa).—¡Y qué bruto es!—Conquehasta mañana, compañero.—Que le sienten a V. muybien las uvas.
—Hasta mañana, si Dios quiere...—Que pase V.47-15muy buena noche.
—¡Buenas noches nos dé Dios!—rezó el Penitenciario,ya desde el portal, que por más señas tenía faroly Virgen.
Y llamó a la aldaba.47-20
Una vez solo en la calle, el otro Canónigo (que eramás ancho que alto, y que parecía que rodaba al andar)siguió avanzando lentamente hacia su casa; pero, antesde llegar a ella, se paró, y murmuró, pensando sin dudaen su cofrade de coro:47-25
—¡También te gusta a ti la señá Frasquita!...—¡Yla verdad es (añadió al cabo de un momento) que,como guapa, es guapa!
XIV
LOS CONSEJOS DE GARDUÑA
Entretanto, el Corregidor había subido al Ayuntamiento,acompañado de Garduña con quien manteníahacía rato, en el salón de sesiones, una conversaciónmás familiar de lo correspondiente a persona de sucalidad y oficio.48-5
—¡Crea Usía a un perro perdiguero que conoce lacaza! (decía el innoble Alguacil). La señá Frasquitaestá perdidamente enamorada de Usía, y todo lo queUsía acaba de contarme contribuye a hacérmelo ver másclaro que esa luz...48-10
Y señalaba a un velón de Lucena, que apenas siesclarecía la octava parte del salón.
—¡No estoy yo tan seguro como tú, Garduña!—contestóD. Eugenio, suspirando lánguidamente.
—¡Pues no sé por qué!—Y, si no, hablemos con48-15franqueza.—Usía... (dicho sea con perdón) tieneuna tacha en su cuerpo... ¿No es verdad?
—¡Bien, sí! (repuso el Corregidor). Pero esa tachala tiene también el tío Lucas. ¡Él es más jorobadoque yo!48-20
—¡Mucho más! ¡muchísimo más! ¡sin comparaciónde ninguna especie!—Pero en cambio (y es a lo queiba), Usía tiene una cara de muy buen ver..., lo quese llama una bella cara..., mientras que el tío Lucasse parece al sargento Utrera, que reventó de feo.48-25
El Corregidor sonrió con cierta ufanía.
—Además (prosiguió el Alguacil), la señá Frasquitaes capaz de tirarse por una ventana con tal de agarrarel nombramiento de su sobrino...
—Hasta ahí estamos de acuerdo. ¡Ese nombramiento49-5es mi única esperanza!
—¡Pues manos a la obra, señor! Ya le he explicadoa Usía mi plan... ¡No hay más que ponerlo en ejecuciónesta misma noche!
—¡Te he dicho muchas veces que no necesito consejos!—gritó49-10D. Eugenio, acordándose de pronto de quehablaba con un inferior.
—Creí que Usía me los había pedido...—balbuceóGarduña.
—¡No me repliques!49-15
Garduña saludó.
—¿Conque decías (prosiguió el de Zúñiga, volviendoa amansarse) que esta misma noche puede arreglarsetodo eso?—Pues ¡mira, hijo! me parece bien.—¡Quédiablos! ¡Así saldré pronto de esta cruel incertidumbre!49-20
Garduña guardó silencio.
El Corregidor se dirigió al bufete y escribió algunaslíneas en un pliego de papel sellado, que selló tambiénpor su parte, guardándoselo luego en la faltriquera.
—¡Ya está hecho el nombramiento del sobrino!49-25(dijo entonces, tomando un polvo de rapé). ¡Mañaname las compondré yo con los Regidores..., y, o loratifican con un acuerdo, o habrá la de San Quintín!—¿Note parece que hago bien?
—¡Eso! ¡eso! (exclamó Garduña entusiasmado,49-30metiendo la zarpa en la caja del Corregidor y arrebatándoleun polvo). ¡Eso! ¡eso! El antecesor de Usíano se paraba tampoco en barras. Cierta vez...
—¡Déjate de bachillerías! (repuso el Corregidor,sacudiéndole una guantada en la ratera mano).—Mi50-5antecesor era un bestia, cuando te tuvo de alguacil.—Perovamos a lo que importa. Acabas de decirme queel molino del tío Lucas pertenece al término del lugarcilloinmediato, y no al de esta población... ¿Estásseguro de ello?50-10
—¡Segurísimo! La jurisdicción de la ciudad acabaen la ramblilla donde yo me senté esta tarde a esperarque Vuestra Señoría... ¡Voto a Lucifer! ¡Si yo hubieraestado en su caso!
—¡Basta! (gritó D. Eugenio).—¡Eres un insolente!50-15
Y, cogiendo media cuartilla de papel, escribió unaesquela, cerrola, doblándole un pico, y se la entregó aGarduña.
—Ahí tienes (le dijo al mismo tiempo) la carta queme has pedido para el alcalde del Lugar. Tú le explicarás50-20de palabra todo lo que tiene que hacer.—¡Yaves que sigo tu plan al pie de la letra! ¡Desgraciadode ti si me metes en un callejón sin salida!
—¡No hay cuidado! (contestó Garduña). El señorJuan López tiene mucho que temer, y en cuanto vea la50-25firma de Usía, hará todo lo que yo le mande.—¡Lomenos le debe mil fanegas de grano al Pósito Real, yotro tanto al Pósito Pío!... Esto último contra todaley, pues no es ninguna viuda ni ningún labrador pobrepara recibir el trigo sin abonar creces ni recargo, sino50-30un jugador, un borracho y un sin vergüenza, muy amigode faldas, que trae escandalizado el pueblecillo...—¡Yaquel hombre ejerce autoridad!... ¡Así anda elmundo!
—¡Te he dicho que calles! ¡Me estás distrayendo!51-5(bramó el Corregidor).—Conque vamos al asunto(añadió luego, mudando de tono). Son las siete y cuarto...Lo primero que tienes que hacer es ir a casa yadvertirle a la señora que no me espere a cenar ni adormir. Dile que esta noche me estaré trabajando aquí51-10hasta la hora de laqueda, y que después saldré de rondasecreta contigo, a ver si atrapamos a ciertos malhechores...En fin, engáñala bien para que se acuestedescuidada.—De camino, dile a otro alguacil que metraiga la cena... ¡Yo no me atrevo a parecer esta noche51-15delante de la señora, pues me conoce tanto, que escapaz de leer en mis pensamientos!—Encárgale a lacocinera que ponga unos pestiños de los que se hicieronhoy, y dile a Juanete que, sin que lo vea nadie, mealargue de la taberna medio cuartillo de vino blanco.—En51-20seguida te marchas al Lugar, donde puedes hallartemuy bien a las ocho y media...
—¡A las ocho en punto estoy allí!—exclamóGarduña.
—¡No me contradigas!—rugió el Corregidor, acordándose51-25otra vez de lo que era.
Garduña saludó.
—Hemos dicho (continuó aquél, humanizándose denuevo) que a las ocho en punto estás en el Lugar. DelLugar al molino habrá... Yo creo que habrá una media51-30legua...
—Corta.
—¡No me interrumpas!
El Alguacil volvió a saludar.
—Corta... (prosiguió el Corregidor). Por consiguiente,a las diez... ¿Crees tú que a las diez?...52-5
—¡Antes de las diez! ¡A las nueve y media puedeUsía llamar descuidado a la puerta del molino!
—¡Hombre! ¡No me digas a mí lo que tengo quehacer!...—Por supuesto que tú estarás...
—Yo estaré en todas partes... Pero mi cuartel52-10general será la ramblilla.—¡Ah, se me olvidaba!...Vaya Usía a pie, y no lleve linterna...
—¡Maldita la falta que me hacían tampoco esos consejos!¿Si creerás tú que es la primera vez que salgoa campaña?52-15
—Perdone Usía...—¡Ah! Otra cosa. No llameUsía a la puerta grande que da a la plazoleta del emparrado,sino a la puertecilla que hay encima del caz...
—¿Encima del caz hay otra puerta?—¡Mira tú unacosa que nunca se me hubiera ocurrido!52-20
—Sí, señor. La puertecilla del caz da al mismísimodormitorio de los Molineros..., y el tío Lucas noentra ni sale nunca por ella. De forma que, aunquevolviese de pronto...
—Comprendo, comprendo... ¡No me aturdas más52-25los oídos!
—Por último: procure Usía escurrir el bulto antesdel amanecer.—Ahora amanece a las seis...
—¡Mira otro consejo inútil!—A las cinco estaré devuelta en mi casa...—Pero bastante hemos hablado52-30ya... ¡Quítate de mi presencia!
—Pues entonces, señor...¡buena suerte!—exclamóel Alguacil, alargando lateralmente una mano alCorregidor y mirando al techo al mismo tiempo.
El Corregidor puso en aquella mano una peseta, yGarduña desapareció como por ensalmo.53-5
—¡Por vida de!...(murmuró el viejo al cabo deun instante). Se me ha olvidado decirle a ese bachilleroque me trajesen también una baraja! ¡Con ellame hubiera entretenido hasta las nueve y media, viendosi me salía aquelsolitario!...53-10
XV
DESPEDIDA EN PROSA
Seríanlas nueve de aquella misma noche, cuando eltío Lucas y la señá Frasquita, terminadas todas lashaciendas del molino y de la casa, se cenaron unafuente de ensalada de escarola, una libreja de carneguisada con tomates, y algunas uvas de las que quedaban54-5en la consabida cesta; todo ello rociado con unpoco de vino y con grandes risotadas a costa del Corregidor:después de lo cual miráronse afablemente losdos esposos, como muy contentos de Dios y de sí mismos,y se dijeron, entre un par de bostezos que revelaban54-10toda la paz y tranquilidad de sus corazones:
—Pues, señor, vamos a acostarnos, y mañana seráotro día.
En aquel momento sonaron dos fuertes y ejecutivosgolpes aplicados a la puerta grande delmolino.54-15
El marido y la mujer se miraron sobresaltados.
Era la primera vez que oían llamar a su puerta asemejante hora.
—Voy a ver...—dijo la intrépida navarra, encaminándosehacia la plazoletilla.54-20
—¡Quita! ¡Eso me toca a mí! (exclamó el tíoLucas con tal dignidad, que la señá Frasquita le cedióel paso).—¡Te he dicho que no salgas!—añadió luegocon dureza, viendo que la obstinada Molinera queríaseguirle.54-25
Ésta obedeció, y se quedó dentro de la casa.
—¿Quién es?—preguntó el tío Lucas desde enmedio de la plazoleta.
—¡La Justicia!—contestó una voz al otro lado delportón.55-5
—¿Qué Justicia?
—La del Lugar.—¡Abra V. al señor Alcalde!
El tío Lucas había aplicado entretanto un ojo a ciertamirilla muy disimulada que tenía el portón, y reconocidoa la luz de la luna al rústico Alguacil delLugar55-10inmediato.
—¡Dirás que le abra al borrachón del Alguacil!—repusoel Molinero, retirando la tranca.
—¡Es lo mismo...(contestó el de afuera); puesque traigo una orden escrita de su Merced!—Tenga55-15V. muy buenas noches, tío Lucas...—agregó luegoentrando, con voz menos oficial, más baja y más gorda,como si ya fuera otro hombre.
—¡Dios te guarde, Toñuelo! (respondió el murciano).—Veamosqué orden es esa...¡Y bien podía el55-20señor Juan López escoger otra hora más oportuna dedirigirse a los hombres de bien!—Por supuesto, que laculpa será tuya.—¡Como si lo viera, te has estadoemborrachando en las huertas del camino!—¿Quieresun trago?55-25
—No, señor; no hay tiempo para nada. ¡Tiene V.que seguirme inmediatamente! Lea V. la orden.
—¿Cómo seguirte? (exclamó el tío Lucas, penetrandoen el molino, después de tomar el papel).—¡Aver, Frasquita! ¡alumbra!55-30
La señá Frasquita soltó una cosa que tenía en lamano, y descolgó el candil.
El tío Lucas miró rápidamente el objeto que habíasoltado su mujer, y reconoció su bocacha, o sea unenorme trabuco que calzaba balas de a media libra.56-5
El Molinero dirigió entonces a la navarra una miradallena de gratitud y ternura, y le dijo, tomándole la cara:
—¡Cuánto vales!
La señá Frasquita, pálida y serena como una estatuade mármol, levantó el candil, cogido con dos dedos, sin56-10que el más leve temblor agitase su pulso, y contestósecamente:
—¡Vaya, lee!
La orden decía así:
«Para el mejor servicio de S. M. el Rey Nuestro56-15Señor (Q. D. G.), prevengo a Lucas Fernández, molinero,de estos vecinos, que tan luego como reciba lapresente orden, comparezca ante mi autoridad sin excusani pretexto alguno; advirtiéndole que, por serasunto reservado, no lo pondrá en conocimiento de56-20nadie: todo ello bajo las penas correspondientes, casode desobediencia.—El Alcalde:
Juan López.»
Y había una cruz en vez de rúbrica.
—Oye, tú. ¿Y qué es esto? (le preguntó el tío Lucas56-25al Alguacil). ¿A qué viene esta orden?
—No lo sé...(contestó el rústico; hombre de unostreinta años, cuyo rostro esquinado y avieso, propio deladrón o de asesino, daba muy triste idea de su sinceridad).
Creo que se trata de averiguar algo de brujería,o de moneda falsa... Pero la cosa no va con V....Lo llaman como testigo o como perito.—En fin, yo nome he enterado bien del particular... El señor JuanLópez se lo explicará a V. con más pelos y señales.57-5
—¡Corriente! (exclamó el Molinero). Dile que irémañana.
—¡Ca! ¡no, señor!... Tiene V. que venirse ahoramismo, sin perder un minuto.—Tal es la orden que meha dado el señor Alcalde.57-10
Hubo un instante de silencio.
Los ojos de la señá Frasquita echaban llamas.
El tío Lucas no separaba los suyos del suelo, como sibuscara alguna cosa.
—Me concederás cuando menos (exclamó al fin,57-15levantando la cabeza) el tiempo preciso para ir a lacuadra y aparejar una burra...
—¡Qué burra ni qué demontre! (replicó el Alguacil).¡Cualquiera se anda a pie media legua! La noche estámuy hermosa, y hace luna...57-20
—Ya he visto que ha salido...—Pero yo tengo lospies muy hinchados...
—Pues entonces no perdamos tiempo. Yo le ayudaréa V. a aparejar la bestia.
—¡Hola! ¡Hola! ¿Temes que me escape?57-25
—Yo no temo nada, tío Lucas...(respondió Toñuelocon la frialdad de un desalmado). Yo soy laJusticia.
Y, hablando así,descansó armas; con lo que dejó verel retaco que llevaba debajo del capote.57-30
—Pues mira, Toñuelo... (dijo la Molinera). Yaque vas a la cuadra... a ejercer tu verdadero oficio...,hazme el favor de aparejar también la otra burra.
—¿Para qué?—interrogó el Molinero.
—¡Para mí!—Yo voy con vosotros.58-5
—¡No puede ser, señá Frasquita! (objetó el Alguacil).Tengo orden de llevarme a su marido de V. nadamás, y de impedir que V. lo siga.—En ello me van «eldestino y el pescuezo.»—Así me lo advirtió el señorJuan López.—Conque... vamos, tío Lucas...58-10
Y se dirigió hacia la puerta.
—¡Cosa más rara!—dijo a media voz el murcianosin moverse.
—¡Muy rara!—contestó la señá Frasquita.
—Esto es algo... que yo me sé...—continuó58-15murmurando el tío Lucas, de modo que no pudieseoírlo Toñuelo.
—¿Quieres que vaya yo a la ciudad (cuchicheó lanavarra), y le dé aviso al Corregidor de lo que nossucede?...58-20
—¡No! (respondió en alta voz el tío Lucas). ¡Esono!
—¿Pues qué quieres que haga?—dijo la Molineracon gran ímpetu.
—Que me mires...—respondió el antiguo soldado.58-25
Los dos esposos se miraron en silencio, y quedarontan satisfechos ambos de la tranquilidad, la resolucióny la energía que se comunicaron sus almas, que acabaronpor encogerse de hombros y reírse.
Después de esto, el tío Lucas encendió otro candil y58-30se dirigió a la cuadra, diciendo al paso a Toñuelo consocarronería:
—¡Vaya, hombre! ¡Ven y ayúdame... supuestoque eres tan amable!
Toñuelo lo siguió, canturriando una copla entre59-5dientes.
Pocos minutos después, el tío Lucas salía del molino,caballero en una hermosa jumenta y seguido delAlguacil.
La despedida de los esposos se había reducido a lo59-10siguiente:
—Cierra bien...—dijo el tío Lucas.
—Embózate, que hace fresco...—dijo la señáFrasquita, cerrando con llave, tranca y cerrojo.
Y no hubo más adiós, ni más beso, ni más abrazo, ni59-15más mirada.
¿Para qué?
XVI
UN AVE DE MAL AGÜERO
Sigamospor nuestra parte al tío Lucas.
Ya habían andado un cuarto de legua sin hablar palabra,el Molinero subido en la borrica, y el Alguacilarreándola con su bastón de autoridad, cuando divisarondelante de sí, en lo alto de un repecho que hacía el60-5camino, la sombra de un enorme pajarraco que se dirigíahacia ellos.
Aquella sombra se destacó enérgicamente sobre elcielo, esclarecido por la luna, dibujándose en él contanta precisión, que el Molinero exclamó en el acto:60-10
—Toñuelo, ¡aquel es Garduña, con su sombrero detres picos y sus patas de alambre!
Mas, antes de que contestara el interpelado, la sombra,deseosa sin duda de eludir aquel encuentro, habíadejado el camino y echado a correr a campo travieso60-15con la velocidad de una verdadera garduña.
—No veo a nadie...—respondió entonces Toñuelocon la mayor naturalidad.
—Ni yo tampoco,—replicó el tío Lucas, comiéndosela partida.60-20
Y la sospecha que ya se le ocurrió en el molino principióa adquirir cuerpo y consistencia en el espíritu recelosodel jorobado.
—Este viaje mío (díjose interiormente) es una estratagemaamorosa del Corregidor. La declaración quele oí esta tarde desde lo alto del emparrado me demuestraque el vejete madrileño no puede esperar más.Indudablemente, esta noche va a volver de visita almolino, y por eso ha principiado quitándome de en61-5medio... Pero ¿qué importa? ¡Frasquita es Frasquita...,y no abrirá la puerta aunque le peguen fuegoa la casa!... Digo más: aunque la abriese; aunque elCorregidor lograse, por medio de cualquier ardid, sorprendera mi excelente navarra, el pícaro viejo saldría61-10con las manos en la cabeza. ¡Frasquita es Frasquita!—Sinembargo (añadió al cabo de un momento),¡bueno será volverme esta noche a casa lo más tempranoque pueda!
Llegaron con esto al Lugar el tío Lucas y el Alguacil,61-15y dirigiéronse a casa del señor Alcalde.
XVII
UN ALCALDE DE MONTERILLA
ElSr. Juan López, que como particular y comoAlcalde era la tiranía, la ferocidad y el orgullo personificados(cuando trataba con sus inferiores), dignábase,sin embargo, a aquellas horas, después de despacharlos asuntos oficiales y los de su labranza y de pegarle a62-5su mujer la cotidiana paliza, beberse un cántaro de vinoen compañía del secretario y del sacristán, operaciónque iba más de mediada aquella noche, cuando el Molinerocompareció en su presencia.
—¡Hola, tío Lucas! (le dijo, rascándose la cabeza62-10para excitar en ella la vena de los embustes). ¿Cómova de salud?—¡A ver, Secretario; échele V. un vasode vino al tío Lucas!—¿Y la señá Frasquita? ¿Seconserva tan guapa? ¡Ya hace mucho tiempo que nola he visto!—Pero, hombre..., ¡qué bien sale ahora62-15la molienda! ¡El pan de centeno parece de trigo candeal!—Conque...,vaya... Siéntese V., y descanse;que, gracias a Dios, no tenemos prisa.
—¡Por mi parte, maldita aquella!—contestó el tíoLucas, que hasta entonces no había despegado los62-20labios, pero cuyas sospechas eran cada vez mayores alver el amistoso recibimiento que se le hacía, después deuna orden tan terrible y apremiante.
—Pues entonces, tío Lucas (continuó el Alcalde),supuesto que no tiene V. gran prisa, dormirá V. acá62-25esta noche, y mañana temprano despacharemos nuestroasuntillo...
—Me parece bien... (respondió el tío Lucas conuna ironía y un disimulo que nada tenían que envidiara la diplomacia del Sr. Juan López).—Supuesto que la63-5cosa no es urgente..., pasaré la noche fuera de mi casa.
—Ni urgente, ni de peligro para V. (añadió elAlcalde, engañado por aquel a quien creía engañar).Puede V. estar completamente tranquilo.—Oye tú,Toñuelo... Alarga esa media-fanega, para que se63-10siente el tío Lucas.
—Entonces... ¡venga otro trago!—exclamó elMolinero, sentándose.
—¡Venga de ahí!—repuso el Alcalde, alargándoleel vaso lleno.63-15
—Está en buena mano... Médielo V.
—¡Pues, por su salud!—dijo el señor Juan López,bebiéndose la mitad del vino.
—Por la de V..., señor Alcalde,—replicó el tíoLucas, apurando la otra mitad.63-20
—¡A ver, Manuela! (gritó entonces el Alcalde demonterilla). Dile a tu ama que el tío Lucas se quedaa dormir aquí. Que le ponga una cabecera en elgranero...
—¡Ca! no... ¡De ningún modo! Yo duermo en63-25el pajar como un rey.
—Mire V. que tenemos cabeceras...
—¡Ya lo creo! Pero ¿a qué quiere V. incomodara la familia? Yo traigo mi capote...
—Pues, señor, como V. guste.—¡Manuela! dile a63-30tu ama que no la ponga...
—Lo que sí va V. a permitirme (continuó el tío Lucas,bostezando de un modo atroz) es que me acueste enseguida. Anoche he tenido mucha molienda, y no hepegado todavía los ojos...
—¡Concedido! (respondió majestuosamente el Alcalde).—Puede64-5V. recogerse cuando quiera.
—Creo que también es hora de que nos recojamosnosotros (dijo el Sacristán, asomándose al cántaro devino para graduar lo que quedaba). Ya deben de serlas diez... o poco menos.64-10
—Las diez menos cuartillo...—notificó el Secretario,después de repartir en los vasos el resto del vinocorrespondiente a aquella noche.
—¡Pues a dormir, caballeros!—exclamó el anfitrión,apurando su parte.64-15
—Hasta mañana, señores,—añadió el Molinero,bebiéndose la suya.
—Espere V. que le alumbren...—¡Toñuelo!Lleva al tío Lucas al pajar.
—¡Por aquí, tío Lucas!...—dijo Toñuelo, llevándose64-20también el cántaro, por si le quedaban algunas gotas.
—Hasta mañana, si Dios quiere,—agregó el Sacristán,después de escurrir todos los vasos.
Y se marchó, tambaleándose y cantando alegrementeelDe profundis.64-25
. . . . . . . . . . .
—Pues, señor... (díjole el Alcalde al Secretariocuando se quedaron solos). El tío Lucas no ha sospechadonada. Nos podemos acostar descansadamente,y... ¡buena pro le haga al Corregidor!
XVIII
DONDE SE VERÁ QUE EL TÍO LUCAS TENÍA EL SUEÑO MUY LIGERO
Cincominutos después, un hombre se descolgaba porla ventana del pajar del señor Alcalde; ventana quedaba a un corralón y que no distaría cuatro varas delsuelo.
En el corralón había un cobertizo sobre una gran65-5pesebrera, a la cual hallábanse atadas seis ú ocho caballeríasde diversa alcurnia, bien que todas ellas del sexodébil.—Los caballos, mulos y burros del sexo fuerteformaban rancho aparte en otro local contiguo.
El hombre desató una borrica, que por cierto estaba65-10aparejada, y se encaminó, llevándola del diestro, haciala puerta del corral; retiró la tranca y desechó el cerrojoque la aseguraban; abriola con mucho tiento, yse encontró en medio del campo.
Una vez allí, montó en la borrica, metiole los talones,65-15y salió como una flecha con dirección a la Ciudad;—masno por el carril ordinario, sino atravesando siembrasy cañadas, como quien se precave contra algúnmal encuentro.
Era el tío Lucas, que se dirigía a su molino.65-20
XIX
VOCES CLAMANTES IN DESERTO
¡Alcaldesa mí, que soy de Archena! (iba diciéndoseel murciano). ¡Mañana por la mañana pasaré a veral señor Obispo, como medida preventiva, y le contarétodo lo que me ha ocurrido esta noche!—¡Llamarmecon tanta prisa y reserva, a hora tan desusada; decirme66-5que venga solo; hablarme del servicio del rey, y demoneda falsa, y de brujas, y de duendes, para echarmeluego dos vasos de vino y mandarme a dormir!... ¡Lacosa no puede ser más clara! Garduña trajo al Lugaresas instrucciones de parte del Corregidor, y esta es la66-10hora en que el Corregidor estará ya en campaña contrami mujer... ¡Quién sabe si me lo encontraré llamandoa la puerta del molino! ¡Quién sabe si me loencontraré ya dentro!...—¡Quién sabe!...—Pero¿qué voy a decir? ¡Dudar de mi navarra!... ¡Oh,66-15esto es ofender a Dios! ¡Imposible que ella!...¡Imposible que mi Frasquita!... ¡Imposible!...—Mas¿qué estoy diciendo? ¿Acaso hay algo imposibleen el mundo? ¿No se casó conmigo, siendo ella tanhermosa y yo tan feo?66-20
Y, al hacer esta última reflexión, el pobre jorobadose echó a llorar...
Entonces paró la burra para serenarse; se enjugó laslágrimas: suspiró hondamente; sacó los avíos de fumar;picó y lió un cigarro de tabaco negro; empuñóluego pedernal, yesca y eslabón, y, al cabo de algunosgolpes, consiguió encender candela.
En aquel mismo momento sintió rumor de pasos haciael camino,—que distaría de allí unas trescientas varas.67-5
—¡Qué imprudente soy! (dijo). ¡Si me andará yabuscando la Justicia, y yo me habré vendido al echarestas yescas!
Escondió, pues, la lumbre, y se apeó, ocultándosedetrás de la borrica.67-10
Pero la borrica entendió las cosas de diferente modo,y lanzó un rebuzno de satisfacción.
—¡Maldita seas!—exclamó el tío Lucas, tratandode cerrarle la boca con las manos.
Al propio tiempo resonó otro rebuzno en el camino,67-15por vía de galante respuesta.
—¡Estamos aviados! (prosiguió pensando el molinero).¡Bien dice el refrán: el mayor mal de los maleses tratar con animales!
Y, así discurriendo, volvió a montar, arreó la bestia67-20y salió disparado en dirección contraria al sitio enque había sonado el segundo rebuzno.
Y lo más particular fue que la persona que iba en eljumento interlocutor, debió de asustarse del tío Lucastanto como el tío Lucas se había asustado de ella. Lo67-25digo, porque apartose también del camino, recelandosin duda que fuese un alguacil o un malhechor pagadopor D. Eugenio, y salió a escape por los sembrados dela otra banda.
El murciano, entretanto, continuó cavilando de este67-30modo:
—¡Qué noche! ¡Qué mundo! ¡Qué vida la míadesde hace una hora! ¡Alguaciles metidos a alcahuetes;alcaldes que conspiran contra mi honra; burros querebuznan cuando no es menester; y aquí, en mi pecho,un miserable corazón que se ha atrevido a dudar de la68-5mujer más noble que Dios ha criado!—¡Oh! ¡Diosmío, Dios mío! ¡Haz que llegue pronto a mi casa yque encuentre allí a mi Frasquita!
Siguió caminando el tío Lucas, atravesando siembrasy matorrales, hasta que al fin, a eso de las once de la68-10noche, llegó sin novedad a la puerta grande delmolino...
¡Condenación! ¡La puerta del molino estaba abierta!
XX
LA DUDA Y LA REALIDAD
Estabaabierta... ¡y él, al marcharse, había oído asu mujer cerrarla con llave, tranca y cerrojo!
Por consiguiente, nadie más que su propia mujerhabía podido abrirla.
Pero ¿cómo? ¿cuándo? ¿por qué?—¿De resultas69-5de un engaño? ¿A consecuencia de una orden?—¿Obien deliberada y voluntariamente, en virtud de previoacuerdo con el Corregidor?
¿Qué iba a ver? ¿Qué iba a saber? ¿Qué leaguardaba dentro de su casa?—¿Se habría fugado la69-10señá Frasquita? ¿Se la habrían robado? ¿Estaríamuerta?—¿O estaría en brazos de su rival?
—El Corregidor contaba con que yo no podría veniren toda la noche... (se dijo lúgubremente el tío Lucas).El Alcalde del Lugar tendría orden hasta de encadenarme,69-15antes que permitirme volver...—¿Sabía todoesto Frasquita? ¿Estaba en el complot?—¿O ha sidovíctima de un engaño, de una violencia, de una infamia?
No empleó más tiempo el sin ventura en hacer todasestas crueles reflexiones que el que tardó en atravesar69-20la plazoletilla del emparrado.
También estaba abierta la puerta de la casa, cuyoprimer aposento (como en todas las viviendas rústicas)era la cocina...
Dentro de la cocina no había nadie.
Sin embargo, una enorme fogata ardía en la chimenea...;¡chimenea que él dejó apagada, y que no seencendía nunca hasta muy entrado el mes de Diciembre!
Por último, de uno de los ganchos de la espetera70-5pendía un candil encendido...
¿Qué significaba todo aquello? ¿Y cómo se compadecíasemejante aparato de vigilia y de sociedad conel silencio de muerte que reinaba en la casa?
¿Qué había sido de su mujer?70-10
Entonces, y sólo entonces, reparó el tío Lucas en unasropas que había colgadas en los espaldares de dos otres sillas puestas alrededor de la chimenea...
Fijó la vista en aquellas ropas, y lanzó un rugido tanintenso, que se le quedó atravesado en la garganta,70-15convertido en sollozo mudo y sofocante.
Creyó el infortunado que se ahogaba, y se llevó lasmanos al cuello, mientras que, lívido, convulso, con losojos desencajados, contemplaba aquella vestimenta,poseído de tanto horror como el reo en capilla a quien70-20le presentan la hopa.
Porque lo que allí veía era la capa de grana, el sombrerode tres picos, la casaca y la chupa de color detórtola, el calzón de seda negra, las medias blancas,los zapatos con hebilla y hasta el bastón, el espadín y70-25los guantes del execrable Corregidor... ¡Lo que allíveía era la hopa de su ignominia, la mortaja de suhonra, el sudario de su ventura!
El terrible trabuco seguía en el mismo rincón en quedos horas antes lo dejó la navarra...70-30
El tío Lucas dio un salto de tigre, y se apoderó de él.—Sondeóel cañón con la baqueta, y vio que estabacargado. Miró la piedra, y halló que estaba en su lugar.
Volviose entonces hacia la escalera que conducía a lacámara en que había dormido tantos años con la señá71-5Frasquita, y murmuró sordamente:
—¡Allí están!
Avanzó, pues, un paso en aquella dirección; pero enseguida se detuvo para mirar en torno de sí y ver sialguien lo estaba observando...71-10
—¡Nadie! (dijo mentalmente). ¡Sólo Dios..., yEse... ha querido esto!
Confirmada así la sentencia, fue a dar otro paso,cuando su errante mirada distinguió un pliego que habíasobre la mesa...71-15
Verlo, y haber caído sobre él, y tenerlo entre susgarras, fue todo cosa de un segundo.
¡Aquel papel era el nombramiento del sobrino de laseñá Frasquita, firmado por D. Eugenio de Zúñiga yPonce de León!71-20
—¡Este ha sido el precio de la venta! (pensó el tíoLucas, metiéndose el papel en la boca para sofocar susgritos y dar alimento a su rabia). ¡Siempre recelé quequisiera a su familia más que a mí!—¡Ah! ¡No hemostenido hijos!... ¡He aquí la causa de todo!71-25
Y el infortunado estuvo a punto de volver a llorar.
Pero luego se enfureció nuevamente, y dijo con unademán terrible, ya que no con la voz:
—¡Arriba! ¡Arriba!
Y empezó a subir la escalera, andando a gatas con71-30una mano, llevando el trabuco en la otra, y con el papelinfame entre los dientes.
En corroboración de sus lógicas sospechas, al llegara la puerta del dormitorio (que estaba cerrada), vio quesalían algunos rayos de luz por las junturas de las72-5tablas y por el ojo de la llave.
—¡Aquí están!—volvió a decir.
Y se paró un instante, como para pasar aquel nuevotrago de amargura.
Luego continuó subiendo... hasta llegar a la puerta72-10misma del dormitorio.
Dentro de él no se oía ningún ruido.
—¡Si no hubiera nadie!—le dijo tímidamente laesperanza.
Pero en aquel mismo instante el infeliz oyó toser72-15dentro del cuarto...
¡Era la tos medio asmática del Corregidor!
¡No cabía duda! ¡No había tabla de salvación enaquel naufragio!
El Molinero sonrió en las tinieblas de un modo horroroso.—¿Cómo72-20no brillan en la obscuridad semejantesrelámpagos? ¿Qué es todo el fuego de las tormentascomparado con el que arde a veces en el corazón delhombre?
Sin embargo, el tío Lucas (tal era su alma, como ya72-25dijimos en otro lugar) principió a tranquilizarse, no bienoyó la tos de su enemigo...
La realidad le hacía menos daño que la duda.—Segúnle anunció él mismo aquella tarde a la señá Frasquita,desde el punto y hora en que perdía la única fe72-30que era vida de su alma, empezaba a convertirse en unhombre nuevo.
Semejante al moro de Venecia (con quien ya lo comparamosal describir su carácter), el desengaño matabaen él de un solo golpe todo el amor, transfigurando de73-5paso la índole de su espíritu y haciéndole ver el mundocomo una región extraña a que acabara de llegar. Laúnica diferencia consistía en que el tío Lucas era poridiosincrasia menos trágico, menos austero y más egoístaque el insensato sacrificador de Desdémona.73-10
¡Cosa rara, pero propia de tales situaciones! Laduda, o sea la esperanza (que para el caso es lo mismo),volvió todavía a mortificarle un momento...
—¡Si me hubiera equivocado! (pensó). ¡Si la toshubiese sido de Frasquita!...73-15
En la tribulación de su infortunio, olvidábasele quehabía visto las ropas del Corregidor cerca de la chimenea;que había encontrado abierta la puerta del molino;que había leído la credencial de su infamia...
Agachose, pues, y miró por el ojo de la llave, temblando73-20de incertidumbre y de zozobra.
El rayo visual no alcanzaba a descubrir más que unpequeño triángulo de cama, por la parte del cabecero...¡Pero precisamente en aquel pequeño triángulo se veíaun extremo de las almohadas, y sobre las almohadas la73-25cabeza del Corregidor!
Otra risa diabólica contrajo el rostro del Molinero.
Dijérase que volvía a ser feliz...
—¡Soy dueño de la verdad!... ¡Meditemos!—murmuró,irguiéndose tranquilamente.73-30
Y volvió a bajar la escalera con el mismo tiento queempleó para subirla...
—El asunto es delicado... Necesito reflexionar.Tengo tiempo de sobra paratodo...—iba pensandomientras bajaba.74-5
Llegado que hubo a la cocina, sentose en medio deella, y ocultó la frente entre las manos.
Así permaneció mucho tiempo, hasta que lo despertóde su meditación un leve golpe que sintió en un pie...
Era el trabuco que se había deslizado de sus rodillas,74-10y que le hacía aquella especie de seña...
—¡No¡ ¡Te digo que no! (murmuró el tío Lucas,encarándose con el arma).—¡No me convienes! Todoel mundo tendría lástima deellos..., ¡y a mí me ahorcarían!¡Se trata de un Corregidor..., y matar a un74-15Corregidor es todavía en España cosa indisculpable!Dirían que lo maté por infundados celos, y que luegolo desnudé y lo metí en mi cama... Dirían, además,que maté a mi mujer por simples sospechas... ¡Y meahorcarían! ¡Vaya si me ahorcarían!—Además, yo74-20habría dado muestras de tener muy poca alma, muypoco talento, si al remate de mi vida fuera digno decompasión! ¡Todos se reirían de mí! ¡Dirían quemi desventura era muy natural, siendo yo jorobado yFrasquita tan hermosa!—¡Nada! ¡no! Lo que yo74-25necesito es vengarme, y, después de vengarme, triunfar,despreciar, reír, reírme mucho, reírme de todos...,evitando por tal medio que nadie pueda burlarse nuncade esta jiba que yo he llegado a hacer hasta envidiable,y que tan grotesca sería en una horca!74-30
Así discurrió el tío Lucas, tal vez sin darse cuenta deello puntualmente, y, en virtud de semejante discurso,colocó el arma en su sitio, y principió a pasearse con losbrazos atrás y la cabeza baja, como buscando su venganzaen el suelo, en la tierra, en las ruindades de la75-5vida, en alguna bufonada ignominiosa y ridícula parasu mujer y para el Corregidor, lejos de buscar aquellamisma venganza en la justicia, en el desafío, en el perdón,en el cielo..., como hubiera hecho en su lugarcualquier otro hombre de condición menos rebelde que75-10la suya a toda imposición de la naturaleza, de la sociedado de sus propios sentimientos.
De repente, paráronse sus ojos en la vestimenta delCorregidor...
Luego se paró él mismo...75-15
Después fue demostrando poco a poco en su semblanteuna alegría, un gozo, un triunfo indefinibles...;hasta que, por último, se echó a reír de una maneraformidable..., esto es, a grandes carcajadas, pero sinhacer ningún ruido (a fin de que no lo oyesen desde75-20arriba), metiéndose los puños por los ijares para no reventar,estremeciéndose todo como un epiléptico, yteniendo que concluir por dejarse caer en una sillahasta que le pasó aquella convulsión de sarcásticoregocijo.—Era la propia risa de Mefistófeles.75-25
No bien se sosegó, principió a desnudarse con unaceleridad febril; colocó toda su ropa en las mismas sillasque ocupaba la del Corregidor; púsose cuantas prendaspertenecían a éste, desde los zapatos de hebilla hastael sombrero de tres picos; ciñose el espadín; embozose75-30en la capa de grana; cogió el bastón y los guantes, ysalió del molino y se encaminó a la Ciudad, balanceándosede la propia manera que solía D. Eugenio deZúñiga, y diciéndose de vez en cuando esta frase, quecompendiaba su pensamiento:76-5
¡También la Corregidora es guapa!
XXI
¡EN GUARDIA, CABALLERO!
Abandonemospor ahora al tío Lucas, y enterémonosde lo que había ocurrido en el molino desde que dejamosallí sola a la señá Frasquita hasta que su esposovolvió a él y se encontró con tan estupendas novedades.
Una hora habría pasado después que el tío Lucas se77-5marchó con Toñuelo, cuando la afligida navarra, que sehabía propuesto no acostarse hasta que regresara sumarido, y que estaba haciendo calceta en su dormitorio,situado en el piso de arriba, oyó lastimeros gritos fuerade la casa, hacia el paraje, allí muy próximo, por donde77-10corría el agua del caz.
—¡Socorro, que me ahogo! ¡Frasquita! ¡Frasquita!...—exclamabauna voz de hombre, con ellúgubre acento de la desesperación.
—¿Si será Lucas?—pensó la navarra, llena de un77-15terror que no necesitamos describir.
En el mismo dormitorio había una puertecilla, de queya nos habló Garduña, y que daba efectivamente sobrela parte alta del caz.—Abriola sin vacilación la señáFrasquita, por más que no hubiera reconocido la voz77-20que pedía auxilio, y encontrose de manos a boca con elCorregidor, que en aquel momento salía todo chorreandode la impetuosísima acequia...
—¡Dios me perdone! ¡Dios me perdone! (balbuceabael infame viejo).—¡Creí que me ahogaba!77-25
—¡Cómo! ¿Es V.? ¿Qué significa? ¿Cómo seatreve? ¿A qué viene V. a estas horas?...—gritóla Molinera con más indignación que espanto, peroretrocediendo maquinalmente.
—¡Calla! ¡Calla, mujer! (tartamudeó el Corregidor,78-5colándose en el aposento detrás de ella). Yo te lo dirétodo... ¡He estado para ahogarme! ¡El agua me llevabaya como a una pluma!—¡Mira, mira cómo me hepuesto!
—¡Fuera, fuera de aquí! (replicó la señá Frasquita78-10con mayor violencia). ¡No tiene V. nada que explicarme!...¡Demasiado lo comprendo todo! ¿Qué meimporta a mí que V. se ahogue? ¿Lo he llamado yo aV.?—¡Ah! ¡Qué infamia! ¡Para esto ha mandadoV. prender a mi marido!78-15
—Mujer, escucha...
—¡No escucho! ¡Márchese V. inmediatamente,señor Corregidor!... ¡Márchese V., o no respondo desu vida!...
—¿Qué dices?78-20
—¡Lo que V. oye!—Mi marido no está en casa;pero yo me basto para hacerla respetar. ¡MárcheseV. por donde ha venido, si no quiere que yo le arrojeotra vez al agua con mis propias manos!
—¡Chica, chica! ¡no grites tanto, que no soy sordo!...78-25(exclamó el viejo libertino). ¡Cuando yo estoyaquí, por algo será!... Vengo a libertar al tío Lucas,a quien ha preso por equivocación un alcalde de monterilla...—Pero,ante todo, necesito que me sequesestas ropas... ¡Estoy calado hasta los huesos!78-30
—¡Le digo a V. que se marche!
—¡Calla, tonta!... ¿Qué sabes tú?—Mira...aquí te traigo el nombramiento de tu sobrino...—Enciendela lumbre, y hablaremos...—Por lo demás,mientras se seca la ropa, yo me acostaré en esta cama...79-5
—¡Ah, ya! ¿Conque declara V. que venía por mí?¿Conque declara V. que para eso ha mandado arrestara mi Lucas? ¿Conque traía V. su nombramiento ytodo?—¡Santos y Santas del cielo! ¿Qué se habráfigurado de mí este mamarracho?79-10
—¡Frasquita! ¡soy el Corregidor!
—¡Aunque fuera V. el Rey! A mí, ¿qué?—¡Yosoy la mujer de mi marido, y el ama de mi casa!—¿CreeV. que yo me asusto de los Corregidores? ¡Yosé ir a Madrid, y al fin del mundo, a pedir justicia contra79-15el viejo insolente que así arrastra su autoridad porlos suelos! Y, sobre todo, yo sabré mañana ponermela mantilla, e ir a ver a la señora Corregidora...
—¡No harás nada de eso! (repuso el Corregidor,perdiendo la paciencia, o mudando de táctica). No79-20harás nada de eso; porque yo te pegaré un tiro, si veoque no entiendes de razones...
—¡Un tiro!—exclamó la señá Frasquita con vozsorda.
—Un tiro, sí... Y de ello no me resultará perjuicio79-25alguno. Casualmente he dejado dicho en la ciudad quesalía esta noche a caza de criminales...—¡Conqueno seas necia... y quiéreme... como yo te adoro!
—Señor Corregidor; ¿un tiro?—volvió a decir lanavarra, echando los brazos atrás y el cuerpo hacia79-30adelante, como para lanzarse sobre su adversario.
—Si te empeñas, te lo pegaré, y así me veré libre detus amenazas y de tu hermosura...—respondió elCorregidor, lleno de miedo y sacando un par decachorrillos.
—¿Conque pistolas también? ¡Y en la otra faltriquera80-5el nombramiento de mi sobrino! (dijo la señáFrasquita, moviendo la cabeza de arriba abajo).—Pues,señor, la elección no es dudosa.—Espere Usíaun momento; que voy a encender la lumbre.
Y, así hablando, se dirigió rápidamente a la escalera,80-10y la bajó en tres brincos.
El Corregidor cogió la luz, y salió detrás de la Molinera,temiendo que se escapara; pero tuvo que bajarmucho más despacio, de cuyas resultas, cuando llegó ala cocina, tropezó con la navarra, que volvía ya en su80-15busca.
—¿Conque decía V. que me iba a pegar un tiro?(exclamó aquella indomable mujer dando un paso atrás).—Pues,¡en guardia, caballero; que yo ya lo estoy!
Dijo, y se echó a la cara el formidable trabuco que80-20tanto papel representa en esta historia.
—¡Detente, desgraciada! ¿Qué vas a hacer? (gritóel Corregidor, muerto de susto). Lo de mi tiro era unabroma... Mira... Los cachorrillos están descargados.—Encambio, es verdad lo del nombramiento...—Aquí80-25lo tienes... Tómalo... Te lo regalo... Tuyoes... de balde, enteramente de balde...
Y lo colocó temblando sobre la mesa.
—¡Ahí está bien! (repuso la navarra). Mañana meservirá para encender la lumbre, cuando le guise el80-30almuerzo a mi marido.—¡De V. no quiero ya ni lagloria; y, si mi sobrino viniese alguna vez de Estella,sería para pisotearle a V. la fea mano con que ha escritosu nombre en ese papel indecente!—¡Ea, lo dicho!¡Márchese V. de mi casa!—¡Aire! ¡aire! ¡pronto!...81-5¡que ya se me sube la pólvora a la cabeza!
El Corregidor no contestó a este discurso. Habíasepuesto lívido, casi azul; tenía los ojos torcidos, y untemblor como de terciana agitaba todo su cuerpo. Porúltimo, principió a castañetear los dientes, y cayó al81-10suelo, presa de una convulsión espantosa.
El susto del caz, lo muy mojadas que seguían todassus ropas, la violenta escena del dormitorio, y el miedoal trabuco con que le apuntaba la navarra, habían agotadolas fuerzas del enfermizo anciano.81-15
—¡Me muero! (balbuceó).—¡Llama a Garduña!...Llama a Garduña, que estará ahí... en la ramblilla...—¡Yono debo morirme en esta casa!...
No pudo continuar. Cerró los ojos, y se quedó comomuerto.81-20
—¡Y se morirá como lo dice! (prorrumpió la señáFrasquita).—Pues, señor, ¡esta es la más negra! ¿Quéhago yo ahora con este hombre en mi casa? ¿Quédirían de mí, si se muriese? ¿Qué diría Lucas?...¿Cómo podría justificarme, cuando yo misma le he81-25abierto la puerta?—¡Oh! no... Yo no debo quedarmeaquí con él. ¡Yo debo buscar a mi marido; yo deboescandalizar el mundo antes de comprometer mi honra!
Tomada esta resolución, soltó el trabuco, fuese alcorral, cogió la burra que quedaba en él, la aparejó de81-30cualquier modo, abrió la puerta grande de la cerca,montó de un salto, a pesar de sus carnes, y se dirigió ala ramblilla.
—¡Garduña! ¡Garduña!—iba gritando la navarra,conforme se acercaba a aquel sitio.82-5
—¡Presente! (respondió al cabo el Alguacil, apareciendodetrás de un seto).—¿Es V., señá Frasquita?
—Sí, soy yo.—¡Ve al molino, y socorre a tu amo,que se está muriendo!...
—¿Qué dice V.?—¡Vaya un maula!82-10
—Lo que oyes, Garduña...
—¿Y V., alma mía? ¿Adónde va a estas horas?
—¿Yo?...—¡Quita allá, badulaque!—Yo voy...¡a la Ciudad por un médico!—contestó la señá Frasquita,arreando la burra con un talonazo y a Garduña con un82-15puntapié.
Y tomó..., no el camino de la Ciudad, como acababade decir, sino el del Lugar inmediato.
Garduña no reparó en esta última circunstancia;pues iba ya dando zancajadas hacia el molino y discurriendo82-20al par de esta manera:
—¡Va por un médico!... ¡La infeliz no puedehacer más!—¡Pero él es un pobre hombre!—¡Famosaocasión de ponerse malo!... ¡Dios le da confites aquien no puede roerlos!82-25
XXII
GARDUÑA SE MULTIPLICA
CuandoGarduña llegó al molino, el Corregidor principiabaa volver en sí, procurando levantarse del suelo.
En el suelo también, y a su lado, estaba el velón encendidoque bajó Su Señoría del dormitorio.
—¿Se ha marchado ya?—fue la primera frase de83-5D. Eugenio.
—¿Quién?
—¡El demonio!... Quiero decir, la Molinera....
—Sí, señor... Ya se ha marchado..., y no creoque iba de muy buen humor...83-10
—¡Ay, Garduña! Me estoy muriendo....
—Pero ¿qué tiene Usía?—¡Por vida de loshombres!...
Me he caído en el caz, y estoy hecho una sopa....¡Los huesos se me parten de frío!83-15
—¡Toma, toma! ¡ahora salimos con eso!
—¡Garduña!... ¡ve lo que te dices!...
—Yo no digo nada, señor....
—Pues bien: sácame de este apuro....
—Voy volando.... ¡Verá Usía qué pronto lo arreglo83-20todo!
Así dijo el Alguacil, y, en un periquete, cogió la luzcon una mano, y con la otra se metió al Corregidordebajo del brazo; subiolo al dormitorio; púsolo encueros; acostolo en la cama; corrió al jaraiz; reunióun brazado de leña; fue a la cocina; hizo una granlumbre; bajó todas las ropas de su amo; colocolas enlos espaldares de dos o tres sillas; encendió un candil;lo colgó de la espetera, y tornó a subir a la cámara.84-5
—¿Qué tal vamos?—preguntole entonces a D.Eugenio, levantando en alto el velón para verle mejorel rostro.
—¡Admirablemente! ¡Conozco que voy a sudar!—¡Mañanate ahorco, Garduña!84-10
—¿Por qué, señor?
—¿Y te atreves a preguntármelo? ¿Crees tú que, alseguir el plan que me trazaste, esperaba yo acostarmesolo en esta cama, después de recibir por segunda vezel sacramento del bautismo?—¡Mañana mismo te84-15ahorco!
—Pero cuénteme Usía algo...—¿La señáFrasquita?...
—La señá Frasquita ha querido asesinarme. ¡Estodo lo que he logrado con tus consejos!—Te digo84-20que te ahorco mañana por la mañana.