ACTO PRIMERO

Ilustración ornamentalACTO PRIMERO

Ilustración ornamental

Pequeña habitación en un sotabanco humildísimo. Al foro, a la derecha hay una puerta con mirilla y llamador, que da a un pasillo que conduce a la escalera. A la izquierda, una reja con cortina, que da al mismo pasillo. En los laterales derecha, segundo término, otra ventana con vidriera, da a un patio. En los laterales izquierda, primer término, una puerta que conduce a la parte interior de la casa.

El mobiliario pone de manifiesto la extrema miseria de las personas que habitan el sotabanco, y se reduce a dos o tres sillas de Vitoria, desvencijadas; una mesita de pino, una cómoda vieja, un baúl deteriorado, y en un rincón, un lavabo de hierro con palangana, jarro y cubo, una máquina de coser, un cesto de ropa, etc., etc.

En la ventana de la derecha, una jaula vacía, un tiesto sin flores y un botijo.

Es por la mañana temprano, en un día de primavera.

LEONORCITA. Luego DON ANTONIO, por la puerta de la izquierda. VOZ DE HOMBRE y VOZ DE MUJER, en el patio.

Al levantarse el telón aparece Leonorcita, dormida, de bruces sobre la máquina de coser, en la que se ven unos pantalones de niño, no terminados. La mesita de pino está cubierta por una manta vieja, y sobre ella habrá un mantelillo, dos planchas y una tacita con agua. El cesto de la costura, al lado de la máquina. La niña veló, quedando dormida sobre su trabajo. Se ha hechode día y un rayo de sol penetra por la ventana, a medio abrir, e ilumina la cabecita de la muchacha, esclareciendo un poco la penumbra del cuarto. Se escucha la Voz de un hombre que grita desde el patio.

Voz hombre

Señá Balbina, dígale usté a Ufrasio que baje, que son las ocho, y me voy pa la obra.

Voz mujer

Dice que te vayas delante, que ahora va él.

Voz hombre

¿Ha dicho que ahora va?

Voz mujer

Eso ha dicho.

Voz hombre

¡Pues dígale usté que recuerdos y que hasta pasao mañana!

(Se hace un corto silencio y sale don Antonio por la puerta izquierda, despeinado, como hombre que acaba de echarse de la cama. Viste pantalón, camiseta, americana, chanclas y un pañuelo al cuello, todo viejo y raído.)

Antonio

Le he oído gritar al señor Dimas, el cantero, que son las ocho. Y sí lo serán, porque ese es el Longines de la casa, ¡Caramba, las ocho ya! ¡Me he dormido como un tronco!... En cambio, la niña, ¡pobrecita!, se conoce que ha velado, pero, al fin, la rindió el sueño.(Se acerca.)¡Duerme como un angelito!(Abre la ventana. Entra una luz radiante.)Me dijo que la despertase a las siete. ¡Cómo me va a regañar! Por algo quiere la pobrecita, un despertador; pero como no puedo comprárselo, me he comprometido yo a hacer ese oficio... Ahora, que lo hago con una falta de puntualidad, que es para darme un puntapié en la esfera. En fin, vamos a despertarla.(Se acerca a Leonorcita y trata de imitar, durante un breve instante, la vibración del timbre de un despertador.)Rrrrrrrrrrrrrrrrr...

Leonor

(Despertando sobresaltada.)¡Ay!...(Mirándole.)¡Papá, tú!... ¿Pero qué hora es?

Antonio

Las ocho, hija.

Leonor

(Extrañada.)¡Cómo las ocho!

Antonio

Sí, las ocho.(Con cierta vergüenza.)

Leonor

(Enfadada.)¿Pues a qué hora te puse yo anoche?

Antonio

Me pusiste a las siete, pero ya sabes que atraso un poco...

Leonor

Un poco, bueno; pero atrasar una hora, ¿te parece bonito?... ¿Ves como no sirves parareló, papá?... ¡Y que no vale darte cuerda ni nada!

Antonio

Hija, es que está uno ya tan averiado, que por mucha cuerda que me des... en cuanto me meto en la relojera, ¡un leño!...

Leonor

¡Dormírseme el despertador!... ¡Vamos, es el colmo!...

Antonio

Que ya no está uno pa dar la hora, hija mía; hay que desengañarse.

Leonor

(Muy cariñosa.)¿Pero estará para que le den un beso, verdá, so extraplano?

Antonio

¡Más que nunca, hijita mía!(Se besan.)Y tú, qué, ¿es que no te acostaste, vida?

Leonor

Que me levanté a las dos y media. ¡Pero muy callandito, para que no despertaras! Quería acabar el trajecito de marinero del chico de la señora Calixta, que va a tomar mañana la primera comunión en las Carboneras...

Antonio

¡Hombre, qué rico!

Leonor

Y me he estado hasta las seis y media dale que dale... Ahora, que cuando empieza a clarear entra un cansancio que ya no se puede... ¡Y me he quedado...!

Antonio

¿Completamente roque?

Leonor

Roque y familia, porque si tú no me llamas, aún estoy roncando. Y lo peor es que no he podido terminarlo.

Antonio

Déjalo, ahora lo acabas.(Con curiosidad.)Y dime, hija, dime, ¿cómo te ha salido el trajecito?

Leonor

¡Ay, no me lo preguntes, papá, que me aterro! No sé cómo me habrá salido. Yo creo que bien; pero como es el primero que hago, ¿sabes?... Estoy asustada.

Antonio

Sí, claro.

Leonor

¿A ti qué te parece la blusita, papá?(Se la enseña.)

Antonio

Yo no entiendo, pero yo creo que está muy mona; al menos así, a vista de pájaro...

Leonor

¿Te parece que esto está para que el niño tome la primera comunión?

Antonio

Mujer, yo creo que no le pondrán dificultades.

Leonor

¡Dios lo quiera!

Antonio

Ahora, que hay que tener en cuenta que el niño es una lombriz, y una lombriz de marinero, yo no sé el efecto que le hará a un sacerdote... pero, vamos, como vista... Su cuellecito,sus puñitos, sus anclitas... Que puede decir su mamá que se lo han hecho en El Capricho.

Leonor

¡Ay, cómo me animas, papaíto!

Antonio

¿Y qué te falta, hija, qué te falta?

Leonor

Pues una costura del pantaloncito, pero antes verás... voy a chapuzarme en la palangana,(Echa agua en ella.)tengo el sueño metido en los ojos,(Se quila la blusa, quedando en cubrecorsé.)y así me despabilo, y en un segundo, visto y no visto. Lo acabo, lo devuelvo, me lo pagan, me dan las seis pesetas... ¡porque he pedido por él seis pesetas!...

Antonio

¡Seis pesetas! ¡Buen debut!

Leonor

¡Y nos vamos a dar hoy un banquetazo!... Ya verás, papaíto, ya verás... Patatas con bacalao, mojama... aceitunas... ¡una cosa como del Ritz!

Antonio

Y será de razón, hija, porque ayer, ¡todo el día con un pedazo de pan y un racimo de uvas, una criatura que está creciendo!...

Leonor

Eso no. Por ti siento yo estas miserias; porque al cabo, una es joven y todo lo puede aguantar, que cuando se tienen pocos años, ¡anda con Dios!...

Antonio

(Con abatimiento.)¡Qué sé yo!...

Leonor

Mira, papaíto, hazme de aprendiza, anda. Mientras me lavo, veme quitando los hilvanes de la blusa, ¿quieres?

Antonio

Lo que te dé la gana.(Quita hilvanes.)

Leonor

(Echándose agua a la cara.)¡Berrrrr!... ¡Uy, qué fresquita está el agua!...(Se echa más.)¡Qué rica y cómo despeja!... ¡Ay, qué gusto!...(Se lava los brazos y las manos.)Pero no estés triste, ¡qué tonto!... que hoy ya verás. ¡Hasta churros te voy a traer!

Antonio

¡Gracias, hija, gracias!

Leonor

¡Que yo haya acertado es lo que hay que pedirle a Dios!

Antonio

¡Pues ya lo creo!

Leonor

Mira, dame ese mantelillo para secarme.

Antonio

(Dándole el mantelillo de la mesa.)¡Secarte con el mantel!...

Leonor

¡Si no hay otra cosa!... Él, que se creería que nos iba a servir para comer.

Antonio

(Mostrando una forma de plancha tostada que se ve en él.)¡Pues ya ves qué plancha!... Es para secarnos.

Leonor

(Secándose.)No se puede presumir de nada. ¡Ajajá!... ¡Ya estoy más lista y más fresquita!...

DICHOS y MARCOS.

Marcos

(Que desde fuera levanta la cortina de la reja y se asoma.)Leo...

Leonor

(Asustada, se cubre con el mantelillo.)¡Ay, hombre, por Dios, no mires... tapa!

(Marcos suelta la cortina.)

Antonio

Oye, Marquitos, se pide permiso.

Marcos

¡Pero si no he entrao!

Antonio

Tú, no; pero ¿y los ojos?...

Marcos

(Vuelve a mirar.)¡Hombre, las niñas no pecan!

Leonor

¡Que tapes he dicho!

Marcos

Bueno; se puede...

Antonio

¿No has visto que no?

Marcos

Digo que se puede secar y avisarme luego, que no me corre ninguna prisa.

Leonor

¿Pues qué querías?

Marcos

Quería que viese tu padre cómo ha puestoEl Solal señor La Cierva.

Antonio

¿Moreno?

Marcos

Verde. Ya le guardaré a usté el número, don Antonio, que viene bueno.

Antonio

Muchas gracias, hijo.

Leonor

(Se sienta a coser.)Ya puedes asomarte.

Marcos

(Se asoma.)Ya lo había visto por una auje..., digo, por un cálculo que había hecho. ¡Buenos días,(Muy sonriente.)doña Leonor!

Leonor

¿Qué, te vas al taller?

Marcos

No, porque hoy no trabajamos, pa celebrar el éxito de la última huelga. ¡Creo que después de una lucha de tres meses sin trabajar, ya podemos descansar un día!

Antonio

Es de razón... ¿Y qué, la habéis ganao?

Marcos

¡Ya lo creo! Luego le leeré a usté las bases del arreglo con la Patronal. Hemos encontrao una base pa no hacer nada los sábados por la tarde y cobrar dos reales más.

Antonio

Pues no perderla, que es una ganga.

Marcos

Oye, Leo: como veo que ahora estás ocupada, me voy ahí en caa el señor Evaristo, queestamos haciendo un retrato de Lenín con algodón perlé. Cuando acabes, avísame.

Leonor

Bueno, ya te avisaré.

Marcos

Don Antonio, hasta luego, y ¡viva el soviet!

(Vase.)

LEONOR y DON ANTONIO.

Antonio

¡Adiós, terrorista!... ¡Pobre Marquitos, qué bueno es! Es en lo único que has tenido suerte, hija, en el novio. Eso es como un pedazo de pan: ¡lo muerdes y encima te alimenta!

Leonor

No, y físicamente tampoco es despreciable, no creas, papá.

Antonio

Mujer, tanto como eso...(Gesto de duda.)porque como guapo, la verdad...(Se levanta, coge papel, tintero y pluma.)

Leonor

¿Qué tienes que decir de sus ojos?

Antonio

Que son chiquitos como aceitunas... y tiene dos niñas, como dos perdigones.

Leonor

Hombre, no te diré yo que sean unas niñas como para llevarlas con «mamuasel», pero como expresivas...

Antonio

No, si para mí, con que sea bueno y te quiera, ya tiene la mayor hermosura.(Se sienta a escribir.)

Leonor

¿Qué vas a escribir, papá?

Antonio

Pues voy a redactarte el recibito para la señora Calixta. Así, al entregarle el traje, le entregas la cuenta, y siempre es menos violento que pedirle el dinero de viva voz.

Leonor

Y además comprenderá la prisa. ¡Porque si no nos pagara!... ¡Otro día sin nada, Virgen santa!

Antonio

Calla, hijita, no vaticines. No querrá Dios. Verás.(Escribiendo.)He recibido de doña Calixta Cacho... ¿Cómo se llama el marido?

Leonor

Ceneque...(Se levanta, dobla el trajecito y lo envuelve en un pañuelo.)

Antonio

De doña Calixta Cacho de Ceneque, la cantidad de seis pesetas cincuenta céntimos... He añadido estos cincuenta céntimos por si me quieres traer unos pitillitos; así no te soy gravoso... Se lo cargo a Ceneque.

Leonor

Ya lo creo, papaíto; bien hecho.

Antonio

Seis pesetas cincuenta céntimos por la confección de un trajecito marinero, modelo primera comunión, para su señor hijo Anicetín, hecho en piqué, con cuello y bocamangas merino, anclas a realce. Madrid, a tantos de tantos... Leonor Jiménez, especialidad en primeras comuniones para niños y niñas de ambos sexos.

Leonor

Si pones de ambos sexos, sobran las niñas.

Antonio

Es verdad. Para niños de ambos sexos. Ahí va el recibo.(Se lo da.)

Leonor

Y el traje ya está bien envueltecito. ¡Ahora a entregarlo! ¡Tengo un temblor! ¿Me habrá salido bien, papá?

Antonio

¡Ya lo creo, hija!... Ya verás. Dios es bueno.

Leonor

Dios, sí; pero como el patrón era para un niño mayorcito, si no he calculado bien las medidas, pues... ¡En fin, sea lo que Dios quiera!

(Vase.)

Antonio

¡Ánimo, hija mía, ánimo!...(Cierra la puerta.)

DON ANTONIO, solo.

Antonio

¡Bueno, se me parte el alma... porque eso es un ángel!... ¡No cenó anoche, no ha desayunado... pues ni una lágrima, ni una queja!... Sin abrigo, sin alimento, y a los dieciséis años, ¡y tan espigadita como está!... Creciendo, delicada... y a pesar de esto, la pobre hija, por no verme sufrir, por ayudarme a sobrellevar estas miserias, se lanza a todo. Ella costurera, ella modista, ella planchadora, ella peinadora. Y es natural, como la criatura no tiene nociones de nada.... y todo lo hace por afición... por afición a comer, ¡claro!... ¡Pues da cada tropiezo el ángel!... Ayer se empeñó en ondularle el pelo a la señora Cipriana, la del fumista, que iba a una boda. La empezó a ondular, y ¡bueno!... ¡qué cabeza la puso!... Aquello no era ondulación, aquello era un oleaje encrespado. La achicharró las patillas, la tostó los abuelos; unos pelos los tenía quemados, otros de punta... ¡Un desastre! Había que oír a la pobre mujer, conuna cabeza como la de Medusa y el añadido en la mano, gritando amargamente... «¡Ay, mi mata!... ¡Ay, en cuanto me vea mi marido!... ¡Mi mata, Dios mío!... ¡Mi mata!...» Yo me eché a sus pies para aplacarla y de poco me mata de un puñetazo... Estaba furiosa... ¡Claro, la pobre había perdido la cabeza, pero para una temporada!...(Llaman fuertemente a la puerta.)¡Santo Dios, qué llamada más recia!... Me suena al animal del portero. Sí, él debe ser, porque hoy estamos a nueve, y yo le dije que viniese el nueve. Claro que le dije el nueve como le hubiera podido decir el cuatro mil setecientos noventa y cinco... porque lo que es pagarle... Y con lo bruto que es, ¡Dios mío!, se va a poner hecho una fiera... ¡Le tiemblo a este salvaje!... Me alegro que no esté la niña.(Vuelven a llamar más fuerte.)Voy, voy...

DON ANTONIO y SEÑOR TÁRSILO, del foro.

Társilo

(Hombre soez y ordinario, habla ásperamente.)¿S’había usté dormido?

Antonio

(Exagerando la afabilidad.)No, señor, señor Társilo, no me había dormido, era que...

Társilo

Pues me paece que llamo pa que me oigan.

Antonio

Sí, efectivamente, son llamadas de colegio de sordomudos. Pero siéntese usté, señor Társilo.

Társilo

¿Pa qué?... Pa que me ensucie como la otra tarde, que me senté en una silla y aplasté un garbanzo...

Antonio

¡¡Un garbanzo!!...

Társilo

¡Un garbanzo!

Antonio

(Como recordando.)¡Ah!, hará unos ocho días, sí; pues crea usted que es que no lo vimos, porque si no, no se extravía. Aquí los garbanzos, como no se metan bajo tierra, perecen.

Társilo

(Tratando de sonreír.)¡Bajo tierra!... ¡Amos, que tie usté un humor!... ¡Estar en plena miseria y toavía con gana de chirigotas!... ¡Es frescura!

Antonio

No es frescura, señor Társilo; pero si no tomaselas penalidades de la vida con cierta resignación, pues ya me había muerto.

Társilo

¡Pa lo que iba usté a perder!

Antonio

Hombre, iba a perder el mayor bien de la tierra, porque tengo una hija.

Társilo

Y yo tengo dos. Pues por eso hay que mirar por ellas y no estarse mano sobre mano, que los panecillos no caen de la atmósfera, don Antonio.

Antonio

Ya, ya; pero muchas veces de nada sirve la voluntad de los hombres...

Társilo

Bueno, bueno... Después de too, me estoy metiendo en camisa de ocho metros veinticinco, que vienen a ser las once varas, aproximadamente. Conque a lo que vengo.

Antonio

Dígame.

Társilo

Pues usté s’acordará que me dijo el día primero que me pasara por aquí a hacer efectivos los cuatro recibos que me se adeudan, hoy nueve del que corre.

Antonio

(Aparte, angustiado.)(Del que quisiera correr.)

Társilo

(Que ha empezado a hojear un paquete de recibos que lleva.)De forma que aquí los tie usté...(Se moja el dedo, aparta cuatro y los presenta.)

Antonio

Uno, dos, tres, cuatro... exactamente, señor Társilo; cuatro recibos... Ahora bien, es decir, ahora mal... o mejor dicho, el caso es, señor Társilo, que en este momento, y comoquiera que no he podido hacer efectivas ciertas cantidades que yo esperaba, me es imposible...(El señor Társilo da un terrible puñetazo sobre la mesa )¡Mi madre!...(Asustado, suelta los recibos encima de la mesa y los vuelve a recoger el portero.)

Társilo

¡Contraporra!... ¿Pero es que me va usté a salir ahora con que no me paga?

Antonio

No, señor Társilo, no es eso, pero es que en este momento...

Társilo

(Otro puñetazo.)Pues no, señor, ¡vaya!... Que ya estoy yo harto de pamplinas... Cuando los hombres peinan canas y dan una palabra, como usté me la ha dao a mí, por veinte vigésima vez, la cumplen. ¡Y no hay más cera que la que arde! De forma, que hoy me paga usté a mí por encima de too, o salenusté y su hija danzando pa la calle; que no tengo yo cara e palo pa irle con cuentos al casero y que se crea que esto es un juego e compadres.(Puñetazo.)¡Qué porra!

Antonio

Sí, señor, señor Társilo; tiene usté razón que le sobra para enfadarse, lo reconozco.

Társilo

¡Que si la tengo!...

Antonio

Yo le prometí pagarle hoy, es verdad; pero es que me engañan los deseos, señor Társilo... He buscado por todas partes y nadie me auxilia... Estoy en un momento de desgracia, desamparado, solo... Si usté quisiera esperar unos días...

Társilo

¿Cómo unos días?... ¡Ni un minuto ni naa!... que a usté ya le he tañao yo, don Antonio; qué usté lo que s’ha propuesto con sus mansedumbres y sus hipocriterías es vivir de guagua.

Antonio

No me juzgue usté tan cruelmente, señor Társilo.

Társilo

Las cosas como son. Y jugar con el casero y tomarle el pelo a un servidor; pero a mí, ¡magras del Perú!, que tengo yo muchas agallas pa que me zarandee un desahogao como usté.

Antonio

Señor Társilo, eso de desahogado...

Társilo

Eso de desahogao se lo digo yo a usté aquí y en la calle y en toos terrenos. Y si encima de tramposo me se pone usté chulo; le juro a usté...(Amenazador e iracundo.)

Antonio

¿Qué está usté diciendo, señor Társilo? Yo no me pongo chulo, porque ni sé, ni puedo, ni quiero. Yo lo que le ruego a usté es que se compadezca o no de mi desgracia, pero que no me maltrate, ¡porque yo no soy ningún tramposo!

Társilo

(Riendo.)¡¡Menudo!!

Antonio

Yo soy un pobre hombre, vencido, acobardado por la miseria, porque tengo una criatura y quiero luchar para salvarla de este naufragio de mi vida; que si no fuera por ella, ya me habría ido de aquí, y chulo, no, no me pondría; pero me pondría donde se ponen los hombres que tienen dignidad cuando se los maltrata injustamente.

Társilo

¡Injustamente!... ¡Si no mirara!...(Amenazador.)

Antonio

¡Señor Társilo!... ¡Que está usted abusando de mi desgracia!

Társilo

Y hemos acabao, y lo dicho; dentro e media hora vuelvo, y me paga usté u escaleras abajo. Y en la calle ya le diré a usté yo dos o tres cositas ilustrás con grabaos en madera. ¡Que a mí, humitos y rentoys, no!(A punto de agredirle.)Ni usté ni cien como usté... Que si no fuera usté un desgraciao, ahora mismo...(Le amenaza.)

Antonio

(Asustado, retrocede.)¡Pero señor Társilo!... ¿Qué he dicho yo para?...

Leonor

(Entrando aterrada.)¡Papá!... ¡Señor Társilo!... ¿Pero qué ocurre?

Antonio

¡Por Dios, la niña!

Társilo

¡Vaya usté y que le den un caldo! ¡Pues hombre!... ¡El tío farsante!... ¡Maldita sea!...

(Vase.)

LEONORCITA y DON ANTONIO.

Leonor

¿Pero qué está usté diciendo? ¿Por qué ofende a mi papá?...

Antonio

No, nada, hija... Lo de que me den un caldo no es ninguna cosa ofensiva, y menos en nuestra situación...

Leonor

¡Pero estás tembloroso, pálido!... ¿Qué te ha dicho... ese bruto? ¡Si llego yo antes!... ¡Sinvergüenza! ¡Canalla!

Antonio

No, nada, hija; no chilles, no sea que vuelva... Si no ha sido nada... que es un poco grosero... ¡Ya le conoces!...

Leonor

¡Si creí que te iba a pegar!...

Antonio

No, hija... ¡Cualquier día se atreve!

Leonor

No te fíes, que es muy bárbaro. ¡Ay, papaíto, tan contenta como yo venía!

Antonio

¿Y por qué no estarlo?... Y dime, dime, qué, ¿te han pagado, hija mía, te han pagado?

Leonor

¡Tú verás! ¡Mira qué churros más ricos!(Se los enseña.)Me ha dicho la señora Gregoria que me esperase, y míralos, calentitos y con mucho, mucho azuquitar... ¡Como sé que eres tan goloso!...

Antonio

¡Hija mía!...

Leonor

Y fíjate; los pitillos, las cerillas; no se me ha olvidado nada. ¡Tan contenta como yo venía, y ese tío ordinariote!...

Antonio

¡Pero olvida a ese hombre, hija!... Y dime, dime, ¿le gustó el traje a la señora Calixta?

Leonor

Muchísimo, papá.

Antonio

¡No te lo decía yo!...

Leonor

Se ha quedado entusiasmada.

Antonio

¿Ves?... ¿Y cómo, cómo le está al niño?

Leonor

¡Ah, eso no lo sé, porque el niño estaba todavía en la cama, y me dijo que cuando se levantase se lo probaría! Y como me pagó en seguida, ¿sabes?... Y yo estaba tan impaciente por traerte estas cositas, pues me fui a comprarlas. Y lo demás del dinero aquí lo tengo, que me he hecho un nudo en el pañuelo para que no se me perdiese. Verás: un real los churros, treinta de pitillos y la caja de cerillas... y aquí lo demás, cinco pesetas ochenta y cinco céntimos... Cuenta si quieres...

Antonio

Sí, no sea que me hayas sisado... ¿verdad?... ¡Hija de mi alma!

Leonor

¡Ay, papá, qué día más rico vamos a pasar!... Te voy a hacer unas patatas con lomo que...(Llaman a la puerta enérgicamente.)¡Ay! ¿Quién será? ¡Y con qué fuerza llaman!

Antonio

Hoy parece que todos vienen furiosos. Abre, a ver...

Leonor

¡Está una tan asustada!... ¿Quién?(Abre.)

DICHOS, SEÑORA CALIXTA y ANICETÍN.

La madre saca, cogido de la mano, al niño, que viene vestido de marinero, con un traje de piqué blanco, hecho una verdadera birria. Una manga muy corta, la otra muy larga. Lo mismo ocurre con las perneras del pantaloncito. El cuello le viene sobre un hombro, y tiene un ancla en el pecho y la otra en la espalda. El bolsillito casi en el sobaco. Lleva una gorrita blanca con cinta negra, sobre la que se lee en letras doradas:El Terror.

Calixta

(Entrando airada.)Aquí traigo esto. Ustésverán.(Deja al niño en mitad de la habitación. El padre y la hija quedan mirándole con espanto.)

Antonio

(Coge al niño de la mano, lo lleva hasta primer término y le da vueltas, examinándolo con estupor. Mira alternativamente al niño, a su hija y a la señora Calixta., y no sabe si sonreír o afligirse. Al fin adopta un gesto de extrañeza.)¿Y qué es, que... que no le sienta bien del todo?...

Calixta

¿Cómo del todo?... ¡Pero usté s’ha dejao los ojos en su pueblo, hijo!... Amos, que si no fuera por no darle un susto al juez, esto es pa irse al Juzgao de guardia, ¡palabra!, que hay que ver la engañifa; que esto no se hace con unas personas regulares... ¿A usté le parece bonito?

Antonio

Mujer, como bonito...

Leonor

(Aterrada y llorosa.)Pues sí que me choca esto, porque...

Calixta

Más me choca a mí, que te he encargao un trajecito e marinero, y me encuentro al niño haciendo de miraguano, metío en la funda de una almohada. ¡Porque hay que ver la birria!

Antonio

No, no está tan mal; lo que pasa es que el cuellito...

Calixta

¿Pero le llama usté cuellito a esto?... ¡Qué imaginación! Si esto no es cuellito, hijo; si esto es como si se hubiá echao el niño una manta al hombro.

Leonor

¡Qué he hecho yo, Dios mío!

Antonio

Mujer, no tanto; usté exagera.

Calixta

¿Que exagero?... Fíjese usté en las anclitas; una le pilla en las narices y la otra en salva sea la parte... Y un bolsillo en el sobaco... pa guardarse el sudor será... ¡Amos, que esto clama al cielo, hija!... ¡Habernos echao a perder la tela!... ¿Pero ande ties tú los ojos?

Leonor

(Llorosa.)¡Ay, señora Calixta!...

Calixta

¡Qué señora Calixta ni qué narices!... Que si tú no sabes de estas cosas ¿pa qué te metes?

Antonio

No, si la niña sabe.

Leonor

Sí, señora, yo sé... y no es el primer traje de marinero que hago.

Calixta

¡Pero hay que ver la poca vergüenza!... ¿Pues no dice que sabe?...

Leonor

Y además, lo he cortado con patrón...

Antonio

Y ya sabe usté de toda la vida que donde hay patrón...

Calixta

Donde hay patrón no se manda este marinero... que es lo que yo digo. Que fíjense ustés... una manga de pierró... y la otra como si el niño se hubiá remangao pa hacer morcillas... Y el pantaloncito ídem de lienzo; es decir, ídem de piqué... y el talle en las corvas... porque hay que ser francos... ¿Ustés creen que si el niño se presenta así en la parroquia le dan la primera comunión?... Le dan la primera patada. Y luego la ocurrencia de haberle puesto en el letrero de la gorritaEl Terror. ¡El terror va a ser si lo saco a la calle!...

Antonio

¡El Terrores un destróyer, señora!

Calixta

El destróyer lo ha sío su hija de usté... ¡Dos metros de tela perdidos!... ¡No m’ha pasao otra en los años que tengo!... ¡Amos, que el disgusto es pa morirse!...

Leonor

¡Por Dios, no lo tome usté así!

Calixta

No, si yo no lo tomo. ¡Ni así ni de ninguna manera!... Y ustés verán lo que hacen, que yo no pierdo el piqué...

Antonio

Calma, señora Calixta, calma, que me estoy fijando y esto tiene arreglo.

Calixta

¿Cómo arreglo?

Antonio

Sí, señora; verá usted... Al niño, el trajecito, bien, bien del todo no le sienta; ¡pa qué nos vamos a engañar! Ahora, que yo creo que bajándole de aquí, metiéndole de este lao, sacándole de esta sisa...

Calixta

¡Usté quie decir que haciéndole otro, vamos!

Antonio

No, no creo yo que sea para tanto. Mira, Leonorcita, fíjate, hija; a este niño lo que hay que hacer es cortarle el cuello... dame un cuchi... digo, dame unas tijeras.

Leonor

(Se las da.)Toma.

Antonio

Dame los alfileres. Lo dejo como un figurín, va usté a ver. Verás tú cómo remetiéndole de esta sisa...(Le hace un pliegue, le clava un alfiler y le pincha.)

Anicetín

(Dando un grito.)¡¡Ay!!

Antonio

Perdona, rico.(A la madre y sonriendo.)Nada, un ligero pinchacito... que uno está nervioso... Ahora, iguálale esa pernerita.

Leonor

Yo creo que así será bastante.(Le clava otro alfiler.)

Anicetín

¡Ay!(Se lleva la mano a la parte dolorida.)

Antonio

¡Y estrechándole de aquí!(Le clava otro.)

Anicetín

(Huyendo.)¡Ay!... ¡Mamá, que me pinchan!

Calixta

¡Bueno, a ver si dejan ustés al chico, no me lo vayan a agujerear encima!

Antonio

¿Y si le cortáramos la pierna?

Anicetín

¡Que me quieren cortar la pierna!

Calixta

Que no le cortan ustés na, vaya, y no sirven pamplinas. El trajecito está echao a perder, de modo que m’ha dicho mi marido que le diga a ustés que se queden con él...(Coge al niño y lo empieza a desnudar.)

Antonio

Pero si yo creo que cortándole...

Calixta

Que no le corta usté na, hombre, ¡qué empeño! Ahí va la blusita, el pantalón y la gorra.(Se lo tira.)¡El Terror!... ¡Ha sío ocurrencia!

Leonor

Que se va a acatarrar.

Calixta

Está hecho al fresco. Conque busquen ustés otra tela nueva pa esta tarde, que vendrá mi marido a recogerla; y vengan las seis pesetas cincuenta céntimos que le he entregao a la niña.

Antonio

Pero si yo creo que cortándole...

Calixta

Corte usté por donde quiera. Las seis pesetas o doy un escándalo.

Antonio

Bueno, pero es que...

Calixta

Las seis pesetas o vamos al juzgao; ustés verán.

Leonor

No, por Dios; papá, dáselas.

Antonio

Las seis pesetas no es posible, hija, porque...

Calixta

(Furiosa.)¿Cómo que no es posible?

Antonio

Enteras, vamos... porque es que la niña cobró, sabe usté, y claro, la criatura trajo unos churros para el desayuno y unos pitillos para mí... y no nos quedan más que cinco ochenta y cinco...

Calixta

Pos hay que ver la frescura, hijo... En fin, venga lo que sea, en dinero y en lo demás...(Coge el dinero, los pitillos y los churros.)

Leonor

Y se lleva hasta los churros...

Calixta

Te paecen pocos churros los que te dejo. Anda, hijo, cómetelos tú... Eso has sacao.(El niño se va comiendo un churro.)¡Conque esta era la especialidad en primeras comuniones!... ¡Hay que ver!... ¡Se necesita frescura de niña!... Engañar a la gente de esta manera... ¡qué desahogo!... En fin, que ustés lo pasen bien.

(Vanse foro.)

Antonio

(Casi llorando.)¡Dice que lo pasemos bien, hija mía! ¡Y se lo lleva todo!

Leonor

(Echándose en brazos del padre, anegada en llanto.)¡Ay, papaíto de mi vida, que yo no sirvo para nada!

Antonio

¡No, hija, por Dios, no digas eso, no llores!...

Leonor

¡No, papaíto, no sirvo para nada!...

Antonio

¡No has de servir!... ¡Pues menuda habilidad tienes tú! Lo que hay es que te falta práctica, costumbre... y claro...

Leonor

No, papaíto, no, ya lo ves; no sé hacer nada... Yo, que pongo el alma en todo para que me salga bien y ayudarte... Un día que podíamos comer a gusto... por culpa mía... ¡qué rabia!(Sigue llorando.)

Antonio

(Hondamente conmovido.)Mira, hija mía, no llores... ¡no llores, porque se me parte el corazón!... Y déjalo...(Reaccionando y con gran energía.)Es decir, ¡déjalo, no!... No es posible dejarlo. Esto es preciso que termine, pero que termine hoy mismo. Pero no eres tú la que debes trabajar; soy yo, yo el que es necesario que busque, que busque y que encuentre trabajo, sea como sea y donde sea y lo que sea.

Leonor

¡Pero si tú lo has intentado todo, papá!... Aún no hace ocho días viniste a casa... ¡Pobrecito!, muerto de cansancio y con las manos ensangrentadas por haber querido trabajar en un tajo de la Villa...

Antonio

Pero no tuve resistencia. Que uno es blando, que uno es débil. Para los bajos oficios no tengo fuerza ni temperamento, para los altos no tengo favor ni suerte...

Leonor

Desde que perdiste el destino en aquella maldita agencia de negocios, todo se nos volvió al revés.

Antonio

¡Ah! Pero no te apures, hija; todavía me queda un recurso, ¡uno!, y a él hay que recurrir.

Leonor

¿Qué recurso, papá?

Antonio

¿Te acuerdas, hija, que hace ocho días traía yo todas las noches cinco pesetas a casa y tú te extrañabas?...

Leonor

Sí, ¿y de qué eran?

Antonio

Pues que me coloqué de anuncio ambulante y por las tardes...

Leonor

(Aterrada.)¡Papá!... ¿Tú?...

Antonio

Sí, pero no con la cara descubierta, no teasustes; para eso no tenía valor. Iba metido dentro de una gran botella de cartón que anunciaba el coñac «Diez Cepas» de la casa Maroto y Compañía.

Leonor

¿Tú dentro de una botella?

Antonio

Sí, pues ahí está, que me duró poco; porque, claro, como yo no había estado nunca embotellado, una tarde quise atravesar la calle de Alcalá, me atonté y me dio un golpe una motocicleta.

Leonor

¡Qué espanto!

Antonio

(Sonriendo.)Sí, pero no me hizo nada. Salimos rodando... la botella quedó vacía, yo derramado por el suelo... nada, un sustillo. Recogí los cascos, me volví a la Casa anunciadora y, compadecidos, me cambiaron de anuncio. Y como cosa más a propósito para mí, me dieron un disfraz de cabezudo.

Leonor

¿Tú cabezudo?...

Antonio

Ahí lo tengo. Lo escondí debajo de la cama para que no lo vieses; pero hoy, ante la perspectiva de otro día sin pan...

Leonor

No, papá, de ninguna manera. ¡Tú de cabezudo para que te apedreen los chicos! ¡No, jamás, nunca!... ¡Prefiero morir de hambre!

Antonio

No, hija mía, no insistas; es preciso.

Leonor

¡No, papá!

Antonio

¡Anunciar, barrer las calles, pedir limosna, todo para que tú vivas! Es mi obligación y debo cumplirla. Déjame.

Leonor

(Desesperada, llorosa.)¡No, papaíto, no!

Antonio

Déjame.(La aparta y entra en su cuarto, puerta izquierda.)

Leonor

(Golpeando la puerta.)No, papá, papaíto mío, abre... No te vistas, que no te dejo... Yo empeñaré mi abrigo... mis zapatos, todo... Abre, que no te dejo...

Antonio

(Abre y sale con un disfraz de cabezudo, que consiste en una gorda y ridicula cabeza de un señor molletudo y sonriente, con un monóculo y sombrero de paja, ladeado, guiñando un ojo, con el pelo rizado. Lleva un gran batín gris en forma de gabán de trabilla. En la mano, un cartelón sujeto a un palo con un anuncio que dice: «Coñac Diez Cepas. El rey de la alegría. Maroto Hermanos, cosecheros. Jerez de la Frontera. Sucursal, Carmen, 119. Madrid.»)Ya ves que no se me conoce. ¡Déjame,hija mía, déjame!...(Intenta irse.)

Leonor

(Le detiene.)¡Ay, qué horror! ¡Ay, no!... ¡Ay, no, papá!... ¡No quiero verte en esa vergüenza tan ridicula!... ¡No, no sales! ¡Quítate eso!

Antonio

No hay otro remedio: déjame, hija mía. ¡No puedo dejarte morir!

Leonor

(Llorando.)¡No, por Dios, papá; quítate eso, de rodillas te lo pido!(Se arrodilla y se coge a sus pies.)Que no quiero verte así. ¡Quítatelo!


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